Blogia

MIRANDO AL SUR - augusto alvarado


GALÁPAGOS: OBJETIVO MILITAR

<h2><hr><u>GALÁPAGOS: OBJETIVO MILITAR</h2></u>

Por José Steinsleger

La Jornada - México D.F. Miércoles 21 de julio de 2004

Quito. Voz de alarma reiterada hasta el hartazgo: el frágil ecosistema de las islas Galápagos se halla en acelerado y franco proceso de extinción. Sobre llovido, mojado: tras la destrucción y saqueo del patrimonio bibliográfico y museográfico de Irak, origen de la civilización, Estados Unidos pretende ahora la ocupación militar del archipiélago ecuatoriano, bellísimo mirador del que disponen los terrícolas para observar cómo era la Tierra millones de años atrás.

Las apetencias del imperialismo yanqui sobre las Galápagos se remontan a los años en que el capitán David Porter estableció en las islas la primera base militar, utilizada para atacar a los barcos ingleses que navegaban por el Pacífico (1812). En 1852, Washington redobló sus esfuerzos y encomendó al embajador Cushing la compra de las islas, lo que no llegó a concretarse. Dos años después, un senador gestionó con el gobierno de Quito una concesión para explorarlas a cambio de un préstamo de tres millones de dólares, monto que tendría al territorio insular como... prenda de garantía.

Presiones renovadas tuvieron lugar durante la revolución liberal del primer gobierno de Eloy Alfaro (1895-1901), cuando, estando de por medio un conflicto internacional con Perú el empresario Archer Harman, constructor del ferrocarril trasandino, propuso alquilar las islas por un lapso de 99 años al precio de 15 millones de dólares. Alfaro convocó a un referéndum y la iniciativa sufrió un revés que pareció definitivo. Pero en la Segunda Guerra Mundial el Pentágono construyó en las islas una base militar para sus operaciones. En 1946, el gobierno nacionalista de José María Velasco Ibarra (1944-47) exigió el desmantelamiento de la base, luego de una infructuosa componenda oligárquica que pretendía vender el archipiélago en 20 millones de dólares.

A mediados de 1980, durante el gobierno de Ronald Reagan, el Pentágono trató de abrir en las Galápagos un frente de guerra contra el narcotráfico, so pretexto de una eventual intervención en Nicaragua. La base sería destinada al llamado "proyecto de defensa estratégica" de la agencia espacial estadounidense, mejor conocido con el nombre de guerra de las galaxias, a semejanza de lo convenido con Chile en la isla de Pascua.

La importancia estratégica de la provincia insular se inserta en los objetivos de la llamada Iniciativa Regional Andina (Plan Colombia), proyecto que en América del Sur busca la constitución del mando militar unificado de los ejércitos nacionales, bajo supervisión del Pentágono. Los eufemismos en pos del cometido son conocidos: lucha contra la "inseguridad", el "narcotráfico" y el "terrorismo". Y en el caso de las Galápagos, "mejoramiento portuario".

En marzo pasado, el general James Hill, jefe del Comando Sur, pidió al gobierno de Ecuador la firma de un convenio para permitir a la flota de guerra de Estados Unidos la intercepción de embarcaciones en aguas del país andino. "El convenio sería vital para la seguridad hemisférica", declaró Hill. Simultáneamente, la fragata de guerra Long Way hundía el barco Santa María (3 de marzo), como hizo la fragata McInerney con el pesquero Daiki Maru (30/06/01), que se encontraba a 68 millas de las islas y la fragata Ruben Jans con el barco Exito (05/07/02).

En total, la flota de guerra yanqui ha hundido una docena de modestos barcos de pesca ecuatorianos (Don Ignacio, Challenger, Varie Mariela, Diego Armando, Marfil Margarita, etcétera), con el cargo de "traslado de inmigrantes ilegales".

Los buques del imperio operan desde el puerto de Manta, donde, luego de retirarse de Panamá, el Comando Sur consiguió acuerdos fijados para sólo tres meses de permanencia. Pero durante el gobierno del demócrata cristiano Jamil Mahuad (derrocado por el movimiento indígena en enero de 2001) los acuerdos se extendieron a 10 años, con el añadido de uso irrestricto de los aeropuertos nacionales e inmunidad diplomática para los efectivos de la base.

En la isla de Baltra, la Fuerza Aérea Ecuatoriana (FAE) mantiene el Grupo Aéreo 225, asentado desde 1963. Sin embargo, en julio del año pasado un dictamen judicial emitido por un juez local otorgó la isla en propiedad a la FAE, violando la Ley Orgánica Especial para la Conservación y Desarrollo y la Ley Forestal de Conservación de la Vida Silvestre, la cual señala que las áreas naturales del Estado son "inalienables, imprescriptibles y sobre ellas no puede constituirse derecho real alguno".

Según los semanarios Tintají y El Sucre, los más leídos de Ecuador, la opinión generalizada del pueblo ecuatoriano gira en torno a la certidumbre de que el gobierno de Lucio Gutiérrez tiene la intención de construir en Baltra una base militar, que a la postre será operada por Estados Unidos. En el Congreso Nacional, la venta de Baltra fue rechazada, a más de motivar fuertes críticas. No obstante, el involucramiento progresivo de Ecuador en la guerra de Colombia ya es parte de los planes de Washington en la subregión andina.


MAR PARA BOLIVIA: UNA EXIGENCIA HISTÓRICA

<h2><hr><u>MAR PARA BOLIVIA: UNA EXIGENCIA HISTÓRICA</h2></u>

Foto: Tomás Moulian


por Tomás Moulian (*)
www.elmostrador.cl


Existe en nuestro país una gran cantidad de temas cuyo tratamiento despierta pasiones desproporcionadas. A causa de ello son evitados por columnistas, intelectuales o políticos, puesto que el costo de abordarlos es demasiado alto. Sin embargo, el tupido velo de silencio no los resuelve ni los hace desaparecer, solo impide su discusión y dificulta su abordaje racional. Así, es marginado, de las conversaciones entre ciudadanos, un conjunto de problemas reales. Estas actitudes inquisitoriales contra quienes se atreven a tomar posiciones no convencionales sobre ciertos temas forman parte de un dispositivo de censura y amedrentamiento que opera respecto de ciertos temas culturales y de otros considerados “patrióticos”.

Uno de los asuntos que despierta reacciones viscerales es manifestarse a favor de la concesión de un acceso marítimo a Bolivia. Cuando alguien osa pronunciarse sobre el tema, se arriesga a ser acusado de vulnerar intereses nacionales y de cometer el pecado de mancillar el heroísmo de nuestros soldados caídos en combate.

En esta ocasión estas operaciones de terrorismo verbal han afectado al presidente del Partido Socialista, Gonzalo Martner. Este, en declaraciones a periodistas alemanes, se manifestó a favor de una solución de ese problema histórico, que entorpece nuestras relaciones políticas, culturales y de todo tipo con un país para el cual su reclusión es vivida como una dolorosa herida. En general, no comparto las declaraciones de este dirigente, pero en este caso ha tenido coraje cívico.

Cada vez que este tema sale a colación, la palabra Patria es pronunciada a destajo. Pero es necesario introducir alguna claridad en el uso legítimo de ese concepto. La guerra del Pacífico no tiene el mismo estatuto que la de la Independencia, en la cual estaba involucrada, efectivamente, nuestra identidad nacional.

El más sumario análisis histórico muestra que hay muchos tipos de guerras. Solo algunas afectan intereses nacionales globales y tienen el carácter de patrióticas. Es el caso de los conflictos de liberación nacional o de los conflictos que involucran concepciones civilizatorias, por ejemplo aquel que enfrentó el fascismo y la democracia. Allí puede hablarse con razón de patria o pueden utilizarse con rigor y con verosimilitud legitimaciones universales.

Pero debemos tener el coraje de reconocer que no fue ese el carácter de la guerra del Pacífico. Ella constituyó un conflicto cuyo objetivo era la expansión comercial y la salvaguardia de los intereses contingentes de algunos inversionistas. Se trata de una guerra de gran importancia para nuestro desarrollo como sociedad capitalista, pero no de un conflicto en el cual estuvieran puestos en juego nuestros intereses nacionales de carácter universal.

Ello no significa, por cierto, que los muertos en el combate de Iquique, en la batalla de la Concepción o en la toma del Morro de Arica no sean héroes. Lo son como para Inglaterra los soldados muertos en la conquista colonial de la India. Pero tienen ese carácter pese a que la causa por la que dieron la vida carecía de universalidad o, como en el caso del ejemplo inglés, se trataba de un recurso para la expansión comercial de una sociedad necesitada de materias primas y mercados para sus productos manufacturados, operación envuelta (como es obvio) en la retórica civilizatoria.

El caso de Chile solo se diferencia en los detalles, entre ellos la magnitud de los territorios involucrados. La crisis de los años setenta del siglo XIX que afectó a nuestro tradicional mercado minero y al mercado transitorio del trigo colocó al país en una situación delicada. El triunfo en la Guerra del Pacífico convirtió a Chile, de la noche a la mañana, en una importante potencia exportadora.

Por ello constituye una retórica mañosa escudarse en los grandes valores de la Patria para mezquinarle a Bolivia una salida al mar. Debemos darle un enclave que le permita romper su enclaustramiento por vocación latinoamericana, por realizar gestos políticos de integración. Hace mucho tiempo que debimos hacerlo. Pero, en todo caso, más vale tarde que nunca.

Nada deben tener que ver nuestros gestos de reconciliación con Bolivia con los negocios del gas. Tienen razón aquellos que dicen que los reclamos políticos no son solo un asunto contra Chile. También revelan la postura de ciertos grupos que pretenden que esa gran riqueza no represente solo el negocio de las transnacionales, sino la posibilidad de un polo nacional de desarrollo. Hay pues que separar ambas cosas.

Tenemos con Bolivia una deuda histórica. El verdadero gesto patriótico consiste en reconocerla.

* Rector de la Universidad ARCIS.

Un comentario de Rolando Mermet



Buenos Aires, 22 de julio de 2004

Un buen alegato por la salida al mar. Y escrito por un rector universitario de Chile. Eso es lo principal. Lo aplaudo. Pero discrepo cuando afirma:

(...)hay muchos tipos de guerras. Solo algunas afectan intereses nacionales globales y tienen el carácter de patrióticas. Es el caso de los conflictos de liberación nacional o de los conflictos que involucran concepciones civilizatorias, por ejemplo aquel que enfrentó el fascismo y la democracia. Allí puede hablarse con razón de patria o pueden utilizarse con rigor y con verosimilitud legitimaciones universales. (...)

Abelardo Ramos decía que la guerra entre fascismo y democracia era una guerra entre un imperialismo que había llegado tarde al reparto del mundo, y carecía de colonias (Alemania), y otro que sí tenía Colonias. La ausencia de Democracia de unos, y su belicismo, eran hijos de esa necesidad de conquistarlas como fuera. De ahí su virulencia expansionista y belicosidad militarista. "La democracia" (Interna) de los otros, los Ingleses, o los Franceses, por ejemplo se asentaba en la expoliación y opresión totalitaria de millones de habitantes del Tercer Mundo. Habría que preguntarle a los Hindúes, Argelinos, Sudafricanos, etc., cual era la diferencia entre los métodos de "la democracia" de sus opresores, y digamos, las de Hitler.... Seguramente no encontrarían mucha diferencia.

En Gran Bretaña había parlamento, división de poderes, etc., al igual que en Francia, pero un hindú era poco menos que un esclavo de la Reina. O un Sudafricano o un Argelino, lo era de Franceses o Belgas.

El concepto "Democracia vs. Fascismo", fue adoptado y avalado por los PC latinoamericanos, solo luego de que el pacto Riberntrop-Molotov, fuera roto por la invasión Nazi a la URSS, y a partir de allí, y por necesidades de salvaguardar a Moscú, especie de Meca de la Revolución mundial. Hasta entonces, la caracterización de dicho conflicto era correcta, y era la de "Guerra interimperialista", y " carnicería intercapitalista".

Los Tercermundistas, debíamos mantenernos al margen de esta carnicería mundial, aprovechando al máximo, las favorables condiciones materiales para crecer y consolidar sustitución de importaciones, ganar independencia, y no enviar tropas al conflicto.

Los PC locales, (creo que todos), pagando tributo a su dependencia material y conceptual al eje de Moscú, abogaron por el intervencionismo a favor de los aliados, contra el eje (insisto, sólo después de la invasión Nazi a URSS), y así tildaron de Nazi a Perón, a Ibañez, a Getulio, a los militares Bolivianos nacionalistas, etc. Todo lo que no era pro Aliados, era pro nazi.

El rector chileno que escribe esta nota, probablemente sin saberlo, es tributario de esta concepción, al reivindicar la justicia o el carácter "patriótico" de la causa "Democracia vs. fascismo". Lo Patriótico, fue la neutralidad. Lo verdaderamente patriótico, fue aprovechar la coyuntura para desamarrar la coyunda que nos ataba y sojuzgaba.

Así lo hizo Perón, por ejemplo. Lo otro, era, (y lo es), ser tributarios de un pensamiento eurocéntrico y ajeno a nuestras reales necesidades como Latinoamericanos. Aplaudo al rector, que escribe a favor de la salida al mar para Bolivia. Pero cuestiono su visión eurocéntrica del problema de las guerras.

Como dice Pedro Godoy, otro chileno defensor de esa causa: "Todos los conflictos salvo Malvinas y la Guerra de EE UU contra México, han sido fratricidas. Guerras civiles entre hermanos de una misma Patria”.

En estas materias, y como decía el maestro de Bolívar, Simón Rodriguez: "O inventamos, o erramos".

Rolando Mermet
rmermet@yahoo.com.ar"


EVA PERÓN, EN MUERTE Y EN VIDA

<h2><hr><u>EVA PERÓN, EN MUERTE Y EN VIDA</h2></u>

Por Ana María Giacosa (*)

No pudieron contigo, Evita. Tu nombre breve y tu breve vida serían de larga memoria. Quemaron tus retratos pero no lograron extinguir tu fuego. El cordón que te ataba a tu pueblo fue más fuerte que las sogas que arrastraron tu efigie. Por decreto te borraron de los libros, aunque no hacía falta letra ni voz para nombrarte. Una vez habías estado y seguías estando aquí.
El amor y el odio impregnan la política tanto como los intereses. En el caso de Eva Perón, más que de partidarios y detractores podemos hablar –sin miedo a caer en la teoría del “carisma”- de los que la amaron y de los que la odiaron. Contribuyó a ello su personalidad apasionada y rebelde, la circunstancia de haber vivido y actuado en un país donde las contradicciones no pueden dirimirse con los buenos modales de la Cámara de los Lores o la Cámara de los Comunes. En el seno de un movimiento que reivindicaba los derechos de los trabajadores y los humildes, enfrentando a los antiguos amos, Eva Perón habló con su propia voz. Ejercitó su enfrentamiento con los poderosos tanto como llevó a la práctica su adhesión a la causa de los desposeídos. Su presencia actuó como un catalizador y quedaron sólo los sentimientos primarios. Por eso el pueblo la amó tanto como la odió la oligarquía. Para unos fue la conciencia de que por primera vez no estaban solos; para los otros, la certidumbre de un enemigo inédito e impecable, imposible de rodear.
La descarnada hostilidad al peronismo de ciertos sectores se expresaba a través de las torpes agresiones contra la persona de Evita. Chistes equívocos, alusiones despectivas a su pasado de actriz; todo era lícito para combatir y descalificar a esta joven mujer que parecía invulnerable. Pero no dudamos que su actuación política le hubiera convertido en blanco de los ataques de esos mismos sectores así hubiera provenido de un convento.
De haber sido sólo una discreta “Primera Dama” las resultantes hubieran sido otras. Eva Perón no pertenecía a ese género neutro. Era una mujer y una mujer de lucha. Contenía una sobredosis de amor, de furia y altanería, coraje y decisión. Esto la alejaba de las grandes señoras del viejo patriciado, sumidas en el artificio mundano de una vida estéril.
No fue extraño que la costumbre de designar presidenta de la Sociedad de Beneficencia a la esposa del Presidente fuera alterada en el caso de Evita aludiendo como excusa la “juventud de la señora de Perón”. Estas damas dueñas de los pobres –que deberían estar siempre aquí para certificarles su acceso al cielo- celebraban cada 2 de octubre el “Día del centavo”, donde huérfanos rapados de uniforme gris extendían la alcancía de barro llamando a la generosidad de los transeúntes bajo la atenta vigilancia de aquellos ángeles custodios de la infancia. ¿Quién que haya vivido hace cuarenta años en Buenos Aires podrá olvidar a estos huérfanos de mirada melancólica extendiendo sus alcancías en la Diagonal Norte y Florida? Se trataba de las mismas damas que en la tradicional velada de gala en el Teatro Colón entregaban a un obrero elegido entre las Asociaciones Católicas el “premio a la virtud”. No hace falta ser muy agudo para darse cuenta de la clase de virtud aplaudida por las esposas de los patrones. No sería la misma que premiaría Eva Perón al convocar a los obreros para “que no se desunan frente a la Antipatria”.
La “Fundación Eva Perón” fue para la oligarquía y sus vasallos –tan inclinados a la admiración de fundaciones de todo tipo desde la Rockefeller hasta la más excéntrica- una espina clavada en el costado. Los pobres, niños y ancianos ya no tenían dueño. La beneficencia había perdido sus destinatarios de mirada húmeda. El orden social establecido había sido alterado en aquellos Hogares Escuela y Colonias de Vacaciones con sus dormitorios de cortinas floreadas, paredes adornadas con personajes infantiles, atención médica, profesores de natación y pollo los domingos. Miles de niños conocerían el mar y la montaña, practicarían deportes y comerían cuatro veces al día. Estas instituciones presentaban a los ojos de los sectores desplazados por la avalancha peronista un alto grado de peligrosidad. Constituían la prueba viviente de que la infancia o la ancianidad tenían derechos, de que el Estado era responsable al margen de la buena voluntad de la gente rica y buena que los obsequiaba con las sobras en humillantes ceremonias. Generaciones de niños crecerían despreocupados sin aprender a bajar la mirada como sus padres. Considerarían natural cursar el secundario y hasta la Universidad. Olvidarían rápidamente la alpargata y el hambre, la limosna y la mano compasiva del amo.
Mientras quemaban sus retratos y borraban por decreto su memoria y la memoria de su tiempo; mientras las comadres de ambos sexos, admiradoras de boatos foráneos, exhibían como un oprobio las joyas, condecoraciones y el armiño de las veladas oficiales, las humildes mujeres argentinas a las que había puesto de pie, ocultaban su ajado retrato. Guardaban su imagen sonriente y agotada, el recuerdo de su voz vibrante y retadora. La mantendrían viva para los hijos y los nietos que no la conocieron.

(*) Publicado en “Viaje alrededor de mí misma” – Ediciones de la Patria Grande – Casa Argentina de Cultura – México – Julio de 1990. Ver más información sobre la autora en la nota “Mujer, el tango te hizo daño” publicada en este mismo espacio el 17 de abril del corriente año.


AMÉRICA LATINA Y EL COLONIALISMO INTELECTUAL

<h2><hr><u>AMÉRICA LATINA Y EL COLONIALISMO INTELECTUAL</h2></u>

Por Guillermo Horacio Lamuedra

(...) Pero los esfuerzos “civilizadores” del colonialismo para imponer patrones culturales a los pueblos de Asia y África sólo alcanzaron éxito con una pequeña minoría de nativos. Tal como señala Blas Alberti: ”Europa actuó allí desde afuera, como saqueadora; se instaló en enclaves coloniales, pero no contaminó profundamente, ni mucho menos, la cultura local” …La independencia de esos pueblos, luego de la Segunda Guerra Mundial, supuso ”el rescate de la propia originalidad cultural, privada por el dominio extranjero, de manifestarse en toda su plenitud, pero preexistente en el espíritu del pueblo. Allí lo extranjero es lo ajeno, lo extraño a la propia identidad”.
Muy distinta es la situación en América Latina; ella es el resultado de una confluencia de culturas y etnias, la síntesis de cinco siglos de mestizaje y de un proceso de sincretismo cultural que se inicia con el descubrimiento y la conquista. Se distinguen básicamente el aporte indígena, el del negro esclavo y el español-portugués, junto con el de corrientes inmigratorias más recientes. Por lo tanto la contribución europea es parte indisoluble de nuestra identidad. Como apunta Blas Alberti: ”… en el propio proceso formativo de la sociedad latinoamericana, la cultura aparece necesariamente como un nexo estructural, no ya como un efecto extraño y ajeno, como ocurre en el caso de los países de Asia y África, sino como parte del cuerpo de la misma sociedad” (1). Pero aquí surge el problema. Porque desde Europa nos llegan ideas, filosofías y corrientes de pensamiento diversas: liberalismo, positivismo, marxismo y otros muchos “ismos”, que suelen aplicarse acríticamente en nuestro sufrido continente a realidades muy diferentes a las de las metrópolis de origen. Su imitación simiesca es a menudo nefasta y ardua la tarea de adaptarlos a su ámbito real. Coincidimos con el autor citado en esta dificultad: ”Y nosotros debemos soportar a la vez la carga de esos discursos en el propio esfuerzo que hacemos para criticarlos, para disolverlos y para plantear un encuentro con nuestra propia identidad a través de esa misma cultura” (2).
Pero el esfuerzo por desenmascarar los mitos de ideologías importadas, la versión falsificada de la historia, el engañoso dilema de “civilización y barbarie” y construir a partir de allí un auténtico pensamiento nacional, es imprescindible. Si en la India eran los administradores británicos los encargados de inculcar al nativo la “superioridad europea”, en América Latina un complejo aparato cultural busca que nosotros mismos nos autodenigremos. ”En las semicolonias, con una independencia política aparente y una subordinación económica verdadera, se requiere la presencia de un fenómeno espiritual que posibilite la perpetuación del sometimiento. En el plano cultural, la colonización pedagógica es el instrumento destinado a impedir la toma de conciencia de la dominación oligárquica e imperialista, ocultando que la opulencia del progreso se forma a costa de la miseria del atraso. Procura, en un sentido más vasto, impedir la estructuración de un pensamiento autónomo”. (3)

Notas:

1 - Blas Alberti: El colonialismo intelectual – Revista “Amauta” – Abril 1989.
2 – Ibid.
3 – Honorio Alberto Díaz – Encuesta sobre Sarmiento a cien años de su muerte – Revista Amauta – Abril 1989.

(*) Tomado de su libro “Breve Historia del Imperialismo (de la caza de esclavos a la globalización)” – Plexo Libros – Buenos Aires, 2002.


REFERÉNDUM PARA REPSOL

<h2><hr><u>REFERÉNDUM PARA REPSOL</h2></u>

Por Andrés Soliz Rada

La Ley de Hidrocarburos 1689, de 30 de abril de 1996, dictada por Gonzalo Sánchez de Lozada (GSL), continúa vigente después del referéndum del 18 de julio pasado, pese a que la pregunta uno de la consulta pidió al país que se pronunciara por su abrogación, lo que fue respondido de manera afirmativa. Sucede que una ley está vigente hasta que no sea reemplazada por una nueva, lo que, al parecer, tardará varios meses en suceder. En consecuencia, el Presidente Carlos Mesa, basado en la Ley de GSL y en el referéndum, ha autorizado a Repsol, filial Bolivia, a ampliar la venta de 4 millones a 6.5 millones de metros cúbicos diarios de gas a Repsol, filial Argentina, prolongando por otro medio año un contrato que debería concluir en octubre próximo y suscrito con el pretexto de solidaridad con el pueblo argentino.

Reiteramos que la solidaridad fue un pretexto ya, por una parte, Argentina nunca tuvo una crisis de abastecimiento energético, pero sirvió para que el Presidente Néstor Kirchner autorizara el incrementar de precios en su país. Por lo que se supo después, tampoco hubo una severa crisis energética en Chile, debido a la disminución de suministros argentinos a la filial de Repsol en Santiago (Metrogas), aunque las petroleras propiciaron algunos cortes eléctricos para mostrar la dimensión de su enojo. Lo real es que Chile (otro de los
triunfadores del referéndum, junto a Repsol) debe cumplir compromisos de mayores volúmenes de exportación de metanol (producto derivado del metano o gas seco) a Europa y Estados Unidos, para lo cual necesita recibir más gas boliviano vía la Argentina.

Si Mesa obrara con honestidad congelaría las ventas de gas a la Argentina hasta que el parlamento apruebe una norma legal que incremente impuestos, garantice la industrialización interna, controle realmente el pago de impuestos y refunde YPFB. El Jefe de Estado, en lugar de cumplir sus ofrecimientos anunció que, a partir del 2006, ampliará las ventas de gas a la Argentina a 25 millones de metros cúbicos día, equiparando los volúmenes de 30 millones de metros cúbicos contratados con Brasil. Argentina está pagando, según dijo en las últimas horas
el Presidente de YPFB residual, Jorge Barrenechea, el precio “solidario" de 0.97 dólares el millar de pies cúbicos. Lo que significa para Bolivia un ingreso de 0.17 dólares por el 18% de regalías, que es el único ingreso seguro con el que cuenta, ya que los impuestos por utilidades han sido sistemáticamente evadidos. Mientras a Bolivia se paga esa cantidad, las empresas norteamericanas que venden gas de la costa oeste de EEUU a Canadá, Japón y México cobran cinco dólares el millar de pies cúbicos y Petrobrás Brasil está pagando a Petrobrás Bolivia 1.30 dólares por millar de pies cúbicos.

Lo que se pretende es que el miserable precio de 0.98 rija para futuros contratos de venta a Brasil, Paraguay y Uruguay y, lo que es peor, a México y Estados Unidos, para lo cual debe construirse un gasoducto de 650 kilómetros que atraviese la Cordillera de Los Andes, se instale una plata de licuefacción en la costa del Pacífico, se cargue el gas en barcos metaneros que naveguen 4.500 kilómetros hasta el puerto de destino y se construya una planta de regasificación, antes de transportarlo a destino final a través de gasoductos domésticos mexicanos o norteamericanos.

Repsol, asociada a British Gas (BG), controla el campo “Margarita”, donde perforó sólo 3 de los 39 pozos que debió hacerlo de acuerdo a ley. Asociada a Petrobrás controla “San Alberto”, asociada a Petrobrás controla Refinor (la refinería más grande del norte argentino), y asociada a British Gas (BG) y Sempras controla Metrogás, empresa que distribuye el energético en la capital chilena. Con esos vínculos, y con el respaldo de la Confederación de Empresarios Privados de Bolivia, de las federaciones empresariales de Tarija y Santa Cruz, de la Cámara Nacional de Hidrocarburos (que agrupa a las petroleras), de organismos internacionales como el BID, el Banco Mundial y la CAF, además del apoyo del MNR y de otros partidos tradicionales, como el MIR, Repsol se ha proclamado la verdadera ganadora del referéndum. Si el Parlamento permite que suceda todo lo anterior habrá sufrido la burla más sangrienta de su Historia."


EVA

<h2><hr><u>EVA</h2></u>

Mujeres argentinas: De la servidumbre al proletariado



Jorge Abelardo Ramos (*)

Había llegado de La Banda, o de San José de la Dormida, de Goya o Reconquista, de Aimogasta o quizás de Pomán. Había cebado mate a los paisanos pelambrudos alzados contra Buenos Aires en el Arroyo de La China, con las fuerzas artiguistas. Derramó lágrimas e hijos a lo largo de la infortunada patria la infatigable soldadura, después de aquella revolución con el sol inca y los oficiales blancos. Padeció la cautividad con Catriel o Pincén, acompañó como cocinera a los involuntarios soldados del Paraguay, madre de muchos padres, obligada sombra en las Campañas del Desierto, protagonista anónima de los entreveros en la guerra civil (y nunca entraba en las listas), arrastrada a los burdeles de Palermo, traída y llevada por el zig-zag del destino, tejedora en Catamarca, industriosa obrera en Tucumán, excluida de las sabias estadísticas por sus “uniones irregulares”. Era la sustancia misma de la tierra dolorosa. Finalmente, cuando parecía que toda turbulencia se había aquietado en esa cosa extraña llamada Argentina, había quedado olvidada en las provincias. Pero estas habían sido reducidas a la pobreza y no podían sostenerla. De ahí había venido vestida de negro riguroso (pues su madre le había entregado el único vestido decente de la familia, el lujo de todas, ya que siempre había algún muerto y no podía faltar el negro).
Calzaba alpargatas al llegar a la Capital y en su mano apretaba un monedero de hule. Su cara estaba lavada con jabón amarillo y las crenchas peinadas hacia abajo, marcando el pómulo reminiscente. Enseguida se conchababa “con cama adentro”. Y la patrona dominaba su vida por completo. Fregaba, cocinaba, lavaba los platos, cosía, lavaba y planchaba, colocaba y descolocaba las cortinas, limpiaba los caireles uno por uno, mientras el hijo varón de la patrona la miraba golosamente desde abajo. Si no le hacían un hijo (que, en ese caso, era enviado enseguida a su pueblo, para que lo criara la madre) al llegar el domingo, después del medio día, la patrona –ese gran ojo que la miraba sin cesar- le decía: “-Andate a dar una vuelta y volvé antes de las ocho para hacer la cena”. Tomaba el tranvía y llegaba a Plaza Italia, frente a los leones y bajo el sol. Allí apretaba la mano áspera de un conscripto de los cuarteles, sentada en un banco. Ambos soñaban con la provincia, las cabras, el cielo, los amigos y la música lejana.
Pero llegó la guerra y con ella el desarrollo de la industria. Las fábricas se erigían por todas partes. Nuevas industrias reclaman mano de obra, en particular de mujeres. Ella oyó hablar vagamente del tema. Finalmente, una compañera de plaza, la invitó a entrar a su fábrica. Así, la sirvienta se transformó en obrera. Cambió servidumbre personal por la explotación impersonal del capitalista. Esto se dice fácil, pero era menester vivirlo. ¡Y los marxistas! ¡Qué decepción! Pues resultaba que pasar de la servidumbre y humillación personal a la “explotación capitalista”, constituía para ella un salto a la libertad. Era una doble emancipación. La primera, era sacarse de encima a la patroncita, -oligarca, mujer de médico, esposa de un bancario o empleado público, cónyuge de un comerciante, si la sirvienta era lo más barato que había en la Argentina-. Y, en segundo lugar, ganar más dinero con menos tiempo de trabajo. De este modo, ella vendía 8 horas a la fábrica. Después era completamente libre para apoderarse de aquella hermosa ciudad hostil.
La primera quincena envió un giro a su madre. La segunda, adquirió un par de zapatos con tacos y su cuerpo cambió. A la siguiente, compró en las cadenas de tiendas Etam un delicado vestido arrancado de un modelo de “Vogue”, con tela de imitación francesa, fabricada por la nueva burguesía judía de Villa Lynch, que dejaba de ser importadora para transformarse en productora. Una maravillosa, indescriptible transformación se operaba en la ex sirvienta. Con dos o tres quincenas más se compró una cartera, artilugios de maquillaje, alguna bisutería. Entonces asestó un toque final a la transformación milagrosa. En todos los barrios habían aparecido “salones de belleza”. Nuevas “cosmetólogas” brotadas de la nada la atendieron durante unas horas, le dieron consejos y la lanzaron a la calle transformada en platinada. Aquella muchacha aindiada era hermosa, tenía rulos, tacos altos (había cambiado de estatura) y nadie hubiera imaginado jamás que al pasear por Santa Fé, Callao o Corrientes, la ex sirvienta era menos bella que las chicas de la clase media o la oligarquía. Al mismo tiempo, entraba en crisis la oferta del servicio doméstico. Aparecía el Estatuto del Servicio Doméstico, con derecho a siesta. ¡Cuántos izquierdistas aprendieron a odiar al peronismo en la mesa familiar de boca de su madre, antes de buscar en venerables textos las razones para rechazarlo en nombre de la Ciencia!
Cuando ellas, las mujeres excluidas del Interior llegaron a Buenos Aires, no sólo desempeñarán un papel político y social decisivo en la historia argentina, sino que los sociólogos hubieran podido decir, sin incurrir en error, que el número de mujeres rubias había aumentado en la Capital. Cuantas más chinitas llegaban, más rubias aparecían. ¿Qué científico entendería al peronismo sin las mujeres de negro que llegaron a ser rubias? Eva les tocó el corazón y ellas fueron su fuerza, energía poderosa que había atravesado muchas generaciones en silencio y ahora hablaba a gritos.

(*) “La era del peronismo (1946-1976)” – Ediciones del Mar Dulce – Buenos Aires – 10° edición – Junio de 1982 – Páginas 115 a 117.


CARLOS ZANZI: ADIÓS AL AMIGO

<h2><hr><u>CARLOS ZANZI: ADIÓS AL AMIGO</h2></u>

Había que estar, tener agallas. Carlos Zanzi rondaba los 60 años en 1973 cuando fue detenido por el Ejército. También su compañera de toda la vida. Nada sabía de sus hijos, cercanos al Presidente Allende y comprometidos políticamente como su padre. Su gran pecado: ser amigo personal del Presidente y ocupar el cargo de Vicepresidente Ejecutivo de CORMAG (Corporación de Magallanes), instrumento destinado a promover el desarrollo regional. Había que estar. Sobre él recayó todo el odio uniformado del General Torres de la Cruz, el hombre de Pinochet en la región austral. En el Regimiento Pudeto de Punta Arenas cientos de presos políticos vivíamos la incertidumbre de esos primeros días de cautiverio, con dolor, con miedo, con terror. Se atropellaba y torturaba diariamente. Y se ejercía sobre nosotros una enorme presión psicológica. Nos instalaron un televisor sólo para ver las noticias y enterarnos de las ejecuciones sumarias, las denuncias contra el Gobierno Popular, la ropa interior femenina y el alcohol encontrados en el despacho del Presidente. En Magallanes el centro de las calumnias era Carlos Zanzi. Había que destruir al amigo de Allende y crear un manto de sospechas contra la labor de CORMAG. Los traidores querían darnos lecciones de moral y justificaban su Golpe artero con un inexistente Plan Z, contrabando de armas desde Cuba, la vagancia y la inmoralidad del gobierno marxista. En nombre de esos supuestos se torturaba, se mancillaba la virtud de las personas, se llegaba hasta el asesinato político.

Y allí estaba Carlos Zanzi con su generosidad, su entereza, asumiendo el papel de padre consejero (no en vano era uno de los mayores entre los prisioneros). Cuando nos trasladaron a Isla Dawson fue el Delegado de nuestra barraca (Charlie) ante los responsables militares de la isla. Sabía de las torturas contra su compañera, nada sabía de sus hijos y sin embargo ese hombre mayor soportaba con entereza duros momentos, seguramente mucho más duros para quien rondaba entonces los sesenta años.

En septiembre de 1974, al año del golpe, estaba con Carlos Zanzi en el Regimiento Cochrane, de la Infantería de Marina, en el sur de Punta Arenas. Ese día recuperamos parcialmente nuestra libertad, pues nos relegarían a diferentes y aislados puntos del país. Fuimos subidos a un camión, entre otros, Carlos Zanzi, Juan Carlos Mandich, Patricio Rettig, Américo Fontana y yo.

Después nunca más lo vi. No tuve oportunidad de transmitirle mi respeto, admiración y cariño, aunque siempre supe de él, de su exilio en España, de su retorno a Chile.

Esta historia de crecer, de venirnos grandes, tiene sus cosas gratas. Vemos crecer a nuestros hijos, llegan los nietos… Pero tiene sus momentos ingratos, dolorosos. Ser testigos de la partida de nuestros mayores, nuestros seres queridos. Enterarnos (como hoy, por ejemplo, en una luminosa mañana del invierno de Buenos Aires), que Carlos Zanzi, compañero, amigo, socialista de toda la vida, amigo de mi padre, nos ha dejado a los 89 años allá en su ciudad, en Punta Arenas, en esa Patagonia que tanto amamos.

Descansa en paz, querido Carlos… y hasta la victoria siempre…Querida Kica, un abrazo y para ti, todo el amor del mundo.


Augusto Alvarado


UNA MUJER IMPOSIBLE

<h2><hr><u>UNA MUJER IMPOSIBLE</h2></u>

Por José Steinsleger

HIJA “NATURAL”. Entonces "rencorosa", analiza el sicólogo. Pobre. Entonces "envidiosa", medita el filósofo. Sin formación y con pretensiones de "actriz". Entonces "ignorante", vocifera el intelectual. Rebelde. Entonces "resentida", matiza el sociólogo. Que se acostó con varios hombres. Entonces "puta", sanciona el obispo. ¿Y que-qué...? ¿Que se casó con el coronel? Entonces "trepadora", documenta el historiador. Sicólogos, sociólogos, intelectuales, filósofos, politólogos e historiadores alzan la copa. Mujer al fin... ¿qué puede esperarse de una dama con tales atributos? Y cuando entró al ruedo de la política mostró su perfil "autoritario". Es decir, "fascista". Aspectos que cierto modo de entender la historia propone inflar, pues de lo contrario habría que hablar de cuando compró armas en Europa para organizar milicias obreras cuando el ejército y la oligarquía intentaron el primer golpe contra Perón (1951).

Niña aún (16 años), Evita llegó a Buenos Aires en un tren que la rescató de un paraje perdido de la pampa. Una maleta liviana de cartón era todo su equipaje. El primer día miró en derredor y en carta a su madre dio claras muestras de su vocación "populista": "Querida mamá: bueno, por fin estoy aquí, en esta ciudad tan grande que no es como yo había imaginado. Por sus barrios de miseria, sus calles, sus casas. Se ve aquí también, como allá en Junín, hay ricos y pobres; pero más pobres que ricos, y eso da tristeza".

La niña no se deslumbró con la rica Argentina agroexportadora y "visible" de la que habló Eduardo Mallea en “Historia de una pasión argentina”. Le impactó la "invisible" que en su libro el escritor metafísico describió de oídas.

Diez años más tarde, el 17 de octubre de 1945, un mar de obreros y de peones del campo marcharon sobre la capital exigiendo la liberación de Perón, detenido en una prisión militar. Aquel día un chofer de taxi denunció a un grupo de universitarios que su pasajera era Eva Duarte. Los chicos cultos escupieron y golpearon su cara. "Por cada golpe -recordó Evita- me parecía morir y sin embargo a cada golpe me sentía nacer. Algo rudo pero al mismo tiempo inefable fue aquel bautismo de dolor que me purificó de toda duda y de toda cobardía." Sin haber leído a Simone de Beauvoir, en fracciones de segundo supo del odio de género y de clase, del que ya conocía algo: "¿Qué clase de actriz sos que ni siquiera tenés un amigo que te pague los trapos?", le espetó el director de una compañía.

Eva Duarte conoció a Juan Domingo Perón durante un acto en el estadio del Luna Park, destinado a recaudar fondos para los damnificados del terremoto de San Juan (1944). Al entrar con una amiga, el poeta tanguero Homero Manzi les señaló dos butacas "... que están allá, en el centro. Son las únicas vacías". En una estaba el coronel. Las miradas se cruzaron y un nuevo terremoto partió en dos la historia política de los argentinos.

¿Cómo se distribuyeron los "roles" en la histórica pareja? Perón fue un estratega y un conductor del naciente movimiento de masas: amigo de sus amigos, racionalista, maquiavélico, conciliador, afable. Evita, quien lo adoraba compulsivamente, tenía no obstante su estilo: "Cuando Perón se desinfla yo lo levanto con una patada en las bolas". Pero un dirigente sindical la recuerda como una persona insegura en su lenguaje, del que desconfiaba hasta el punto de repetir cada dos frases: "¿Se entiende lo que quiero decir?"

Preocupada por los problemas de la mujer, logró que se anulara del Código Civil la calificación de "hijos adulterinos", "hijos sacrílegos" e "hijos putativos" (que hasta entonces figuraba en el acta de nacimiento) y sentó las bases para que dos años después el gobierno peronista estableciese el divorcio vincular. Dijo Evita en La razón de mi vida: "Todo, absolutamente todo en este mundo contemporáneo ha sido hecho según la medida del hombre. Nosotras estamos ausentes en los parlamentos. En las organizaciones internacionales. No estamos ni en el Vaticano ni en el Kremlin. Ni en los Estados mayores de los imperialismos. Ni en las 'comisiones de energía atómica'. Ni en la masonería ni en las sociedades secretas. No estamos en ninguno de los grandes centros que constituyen un poder en el mundo".

El 23 de septiembre de 1947, ante una multitud entusiasta convocada por la Confederación General del Trabajo (CGT), Evita presentó la ley que concedía a la mujer el derecho al voto. Desde principios de siglo iniciativas similares venían de fracaso en fracaso. Ante los ojos vigilantes de la Iglesia, los senadores y diputados peronistas, mayoría en ambas cámaras, dieron vueltas y revueltas, luciéndose con extensas filípicas acerca del asunto. Hasta que un día Evita entró con una silla al recinto parlamentario, tomó asiento con discreción y se puso a oír el debate. Los congresistas enmudecieron, mirándose entre sí. Ella preguntó: "¿Molesto?" La ley fue aprobada. En el congreso de 1953, 23 diputadas y seis senadoras ocuparon sus bancas.

Eva Perón falleció hace 52 años, el 26 de julio de 1952, a los 33 años.