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MIRANDO AL SUR - augusto alvarado


PETROCARIBE

<hr><h2><u>PETROCARIBE</h2></u>

Por Ángel Guerra Cabrera
www.rodelu.net


El petróleo es un recurso finito que podría haber servido durante mucho más tiempo de fuente de energía para la humanidad. Pero debido al irracional ritmo de derroche del carburante por las sociedades capitalistas de consumo -en particular Estados Unidos- y la insaciable demanda de nuevos gigantes industriales, como China e India, lo más que puede durar es unos 30 años a partir de ahora. Debido a que la producción mundial ha entrado ya en una fase de declive y la demanda continúa aumentando incesantemente, la tendencia actual es a una elevación desmesurada de precio. Los altos precios amenazan con acarrear terribles consecuencias económicas, políticas y sociales a los países del tercer mundo no productores de crudo, que se ven imposibilitados de adquirirlo en los mercados internacionales. Agobiados por el saqueo de sus recursos, el bajo precio de sus materias primas, el intercambio desigual y la carga imposible de la deuda externa, el alza de los precios de los energéticos podría excluir de la economía mundial a estos estados, con frecuencia pequeños y carentes de fuentes significativas de ingresos en divisas, como viene ocurriendo en Africa, el Caribe, América Central y zonas de América Latina, donde la expulsión de migrantes está en el orden del día.

En este panorama, la creación de Petrocaribe, a iniciativa del presidente venezolano, Hugo Chávez, adquiere enorme importancia histórica al convertirse en el primer acuerdo energético de naturaleza solidaria con fines de desarrollo social firmado entre un grupo de estados de cualquier región del mundo. La organización quedó integrada por Antigua y Barbuda, Bahamas, Belice, Cuba, Dominica, República Dominicana, Granada, Guyana, Jamaica, San Vicente y las Granadinas, Santa Lucía, San Cristóbal y Nevis, Surinam y Venezuela. Petrocaribe será una instancia de suministro del crudo venezolano a precios justos, con bajo interés y créditos a largo plazo, más favorable para los importadores que los pactos de Caracas y San José; sólo por esto sería un gran paso de avance. Pero sus objetivos van bastante más allá e incluyen la planificación e integración de la política energética de estos 14 países, a cargo de un comité ministerial, que contemplará desde la exploración y extracción hasta el transporte, nuevas capacidades de refinación, desarrollo de la petroquímica, comercialización, capacitación y asistencia tecnológica, así como la creación de compañías estatales de energía donde no existan. Entre sus bases está el desarrollo de fuentes alternativas de energía renovable, algo que sería suicida dejar de la mano en las circunstancias en que el fin del crudo está a una generación de distancia.

La organización recién creada se concibe, según el acta constitutiva, en el espíritu de la Alternativa Bolivariana para América (Alba), como un cimiento en la solidaridad, la cooperación, la complementación y el desarrollo económico entre los países caribeños. A decir del canciller venezolano, Alí Rodríguez, Petrocaribe intenta tomar como referencia en las relaciones bilaterales del área las que actualmente existen entre Venezuela y Cuba, regidas en su totalidad por el Alba. Este marco de relaciones en torno a un producto de la excepcional importancia estratégica del petróleo y de la idea de la integración energética caribeña contrasta poderosamente con el interés exclusivo por la ganancia, obtenida mediante la depredación y el afán balcanizador, que marca los vínculos económicos extendidos por las trasnacionales petroleras a todos los confines por la globalización neoliberal. Constituye, además, un precedente de gran significación y un poderoso estímulo a la integración solidaria de América Latina y el Caribe, en contraposición con instrumentos colonialistas como son los tratados de libre comercio.

Mientras el Area de Libre Comercio para las Américas (ALCA) pondría el último clavo al grillete de la esclavitud de nuestra América, la Alba sería una gran fuerza liberadora y multiplicadora de energías, la única capaz de conducirla al desarrollo con soberanía, autodeterminación y dignidad. El gobierno del presidente Hugo Chávez se ha tomado muy en serio la revitalización práctica del ideario de Bolívar, quien se dio cuenta con penetrante visión de futuro de la indispensable unión de nuestros pueblos latinoamericanos en una Patria Grande, única forma de sobrevivir soberanamente en el juego de los grandes poderes mundiales.

Publicado en La Jornada el 7 de julio de 2005


LA ORFANDAD DE LOS ESTUDIANTES

<hr><h2><u>LA ORFANDAD DE LOS ESTUDIANTES</h2></u>

por Andrés Monares
El Mostrador
- 3 de julio de 2005

Atrás han quedado esas semanas en que coparon los medios informativos las protestas universitarias con encapuchados apedreando carabineros, cometiendo desmanes y lanzando bombas molotov. Parecía que los editores periodísticos no sabían que tras esos “hechos noticiosos”, habían muchos más estudiantes movilizados de forma no violenta rechazando la ley que establece el financiamiento privado de la educación superior con garantía estatal. Una vez más se “informó” desinformando y se le dio un carácter negativo a un movimiento de protesta social.

Ahora se vienen las negociaciones y con ellas es evidente el triunfo del gobierno. Desmovilizó a los estudiantes y hará invisible el conflicto al sacarlo de las calles. Pero, en lo que sería su mayor “logro”, instauró definitivamente la mercantilización de la educación superior. Pues, se imaginará Ud. que tal negociación no será otra cosa que una pelea por las chauchas.

La Ley ya fue aprobada por un Congreso donde es mayoría absoluta esa megacoalición neoliberal, la Concertación por Chile (¿o era la Alianza de Partidos por la Democracia?); y, promulgada en un transparente secreto por Lagos... Enhorabuena, porque -¡horror de horrores!- la “imagen país” estaba deteriorándose con tanta efervescencia. Qué iban a decir los inversionistas y las consultoras calificadoras de riesgo, cuya opinión e intereses hace rato importan más que la opinión e intereses de los propios chilenos.

No obstante, la Ley se estaba tramitando en el Congreso hace unos... ¡tres años!. ¿Dónde estuvimos todo ese tiempo estudiantes, académicos, funcionarios de las instituciones de educación superior, el propio Consejo de Rectores y los ciudadanos en general?. De nuevo, aunque tardíamente, han sido los estudiantes los que dieron la pelea en solitario; como si fuera un exclusivo problema de ellos. Su abandono, sobre todo por parte de los otros estamentos universitarios, ha llegado al punto de hacerlos aparecer como enemigos de sus propias casas de estudio.

Precisamente los que estudiaron gratis -apoyándose en la mala memoria, el derrotismo, la ignorancia y la abulia- nos quieren convencer de lo positivo del acceso a crédito para que los estudiantes paguen por su educación superior. Con lo cual el financiamiento ya no sería problema y, de serlo, no les incumbiría a quienes no estudian. ¡Como si la educación en el país no fuera un asunto de la más alta importancia para todos los ciudadanos!. Y no sólo por su rol fundamental en la formación y reproducción de la nacionalidad.

Incluso, hasta desde el miope individualismo utilitario es evidente que serán esos jóvenes quienes mañana educarán a nuestros hijos, construirán los caminos que recorreremos, las casas donde viviremos, nos defenderán en tribunales o nos sanarán.

Entonces, es necesario comprender que no se trata de una discusión por unos pesos, o unos puntos de interés, más o menos. El problema de la educación superior no debe limitarse a ser una mera disputa entre contadores. Es el gobierno el que ha llevado el asunto hacia ese terreno para manejarse en sus términos economicistas y tecnocráticos.

Es un hecho que el tema del financiamiento es una cuestión fundamental sólo para el modelo socioeconómico y político dominante. Desde su perspectiva lo principal es la ganancia privada; con lo que la educación es una oportunidad más de lucro, como la salud o las pensiones. El logro neoliberal ha sido validar social y hasta legalmente una cuestión que por siglos hubiera sido aberrante.

Lo correcto sería que, después de despejar la cuestión prioritaria de qué educación superior queremos, se diera el paso siguiente: resolver si debe tener algún precio. De ser afirmativa la conclusión, se debe establecer cuánto costará entonces y qué rol tienen en su financiamiento el Estado y los privados. Al analizar el tema desde una óptica menos obtusa y de largo plazo, se entiende que lo principal es discutir sobre el modelo educativo deseado, para que luego los técnicos propongan cómo financiarlo. No podemos seguir poniendo la carreta adelante de los bueyes, por mucho que tal absurdo haya llegado a ser normal y obvio.

Tampoco debemos dejarnos seducir por el espejismo de lo positivo del acceso al crédito. Pues, sólo se intenta hacernos asumir a priori un modelo socioeconómico específico para el cual (por convención) todo es mercancía y, al aceptar esa “lógica”, hace aparecer al financiamiento privado de la educación superior como un camino único, obvio y legítimo. Además, por mucho que se publicite la “neutralidad” del sistema, se percatará Ud. que no es muy inocuo si el Estado le inventa un negocio redondo a la banca, le asegura una demanda cautiva de deudores y además se ofrece como su garante. ¡Mientras al resto de los chilenos nos dicen que debemos ser emprendedores y competitivos!

Pero, qué podía esperarse de un gobierno en que su ministro de Educación expresa públicamente su satisfacción porque en los últimos años la educación superior ha aumentado... ¡su número de matriculados!. O sea, ante las crisis de calidad y financiera, se alegra por lo pujante de ese “mercado”. (Es más, la nueva Ley incentiva la no reprobación de estudiantes y, por ende, la mala educación: castiga a las instituciones de educación superior mientras antes se vaya un alumno deudor, al hacerlas pagar un mayor porcentaje de esa deuda; y viceversa).

De hecho, recuérdense las palabras del propio presidente -de quien se rumorea que en sus tiempos mozos habría sido socialista- a favor de la flexibilización laboral: facilitaría a los jóvenes trabajar para así pagarse sus estudios superiores...

A estas alturas espero que los estudiantes ya se habrán dado cuenta de que la apatía por inscribirse en los registros electorales y votar ha sido su peor enemiga: es cosa de sumar a los jóvenes no inscritos, más quienes votan blanco o nulo, más la izquierda de verdad.

De tal ejercicio podrán concluir que, más que con paros, hubieran tenido un real poder de negociación de haber organizado una campaña de inscripción electoral juvenil para votar contra los tres candidatos presidenciales de la megacoalición, la Alianza de Partidos por la Democracia (¿o era la Concertación por Chile?). Justamente, esa que propone y aprueba leyes mercantiles como la de financiamiento privado de la educación superior. ¿Se entiende ahora el interés de la clase política por el voto voluntario?

Aunque, después de todo, quizás sea una bendición el que de aquí en adelante la educación superior sea una mercancía. Pues, como dijo el locuaz ministro Eyzaguirre a raíz de la subida en las cuentas de luz: ¡un mayor precio incentivará el ahorro!... Imagínense el futuro esplendoroso que se puede esperar en este país donde todo es una mercancía... ¿Cómo era? ¿Más temprano que tarde se venderán hasta las anchas alamedas?

Andrés Monares. Antropólogo, profesor en la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile.


BOLIVIA

<hr><h2><u>BOLIVIA</h2></u>

EL REFERÉNDUM QUE FALTA



Por Andrés Soliz Rada

El periódico “El Deber”, de Santa Cruz, del 18 de junio último, publica una nota del docente de la Universidad Autónoma “Gabriel René Moreno” (UAGRM), José Sánchez Hervas, quien relata que las cadenas de televisión transmitieron una reunión del Consejo Preautonómico de su departamento, en la que muchos mostraban su alegría por ese acontecimiento, en tanto un grupo, encabezado por el Presidente de la Cámara Agropecuaria del Oriente (CAO), José Céspedes, vociferaba a voz en cuello la consigna “¡independencia!, ¡independencia!”

Sánchez Hervas, al respaldar las aspiraciones autonómicas, hace notar que Céspedes es el dirigente máximo de uno de los gremios económicos más poderosos de Santa Cruz, cuyo amor al dinero, dice, es superior a los intereses de su país, para luego añadir que esas conductas ocasionan el recelo que despierta la propuesta autonómica en otras regiones de la República. El docente universitario reitera su apoyo a una autonomía que combata la corrupción de cuello blanco, que corrija los males del centralismo nacional y de las capitales de provincia, que defienda la propiedad originada en el trabajo, que combata la adquisiciones deshonestas, que permita, en fin, el acceso a la tierra a ricos y pobres y que corte el negocio a los traficantes de tierras.

A las preocupaciones del digno cruceño y boliviano, añadimos que la CAO forma parte de la Federación de Empresarios Privados de Santa Cruz (FEPSC), integrada también por las influyentes transnacionales petroleras, como Repsol, British Gas, Petrobrás, Total y Maxus, convertidas en usina de las consignas separatistas. De manera paralela, la página Web, de la “Nación Camba” indica que la consigna autonomista es insuficiente y que ha llegado el momento de plantear, como Céspedes, la desmembración del país. El vocero de esta organización es el médico Carlos Dabdou, candidato a la prefectura cruceña. La “Nación Camba” pretende reclamar a Naciones Unidas la “autodeterminación de los pueblos” y distorsiona la conciencia nacional mediante el control que tiene sobre los medios de comunicación más influyentes del país.

Los separatistas del Oriente se nutren del fundamentalismo aymara de Felipe Quispe y Germán Choque Huanca, partidarios del retorno al Tahuantinsuyo, de expulsar a los mestizos del territorio nacional y de enarbolar la “whipala” (bandera indígena) en reemplazo de la tricolor nacional. Choque Huanca exhibió sus actitudes histriónicas en el Parlamento al arrancar las páginas de la Constitución Política del Estado y mofarse del himno nacional. La consigna de “República Aymara” es profundamente retrógrada porque confina a los aymaras a las provincias altiplánicas, al negarles el derecho a vivir en cualquier punto de territorio nacional, porque ignora que las culturas son dinámicas y porque sabe que los abismos étnicos y regionales impedirán conformar el Movimiento Patriótico que requiere el país para recuperar sus empresas estratégicas y construir un país sin exclusiones y con justicia social. Las petroleras y los separatistas del Oriente y Occidente coinciden en sabotear cualquier intento de unir al país bajo las banderas de un renovado Movimiento Patriótico.

Frente a los Céspedes y dirigentes de la “Nación Camba”, cuya vanguardia es la militarizada “Unión Juvenil Cruceñista”, tan hermanados con los Quispe y Choque Huanca, consideramos que, antes de las elecciones para renovar a los Poderes Ejecutivo y Judicial, elegir prefectos y aprobar autonomías departamentales, se impone un referéndum mucho más importante, resumido en la siguiente pregunta: ¿Está usted de acuerdo en que Bolivia continúe existiendo como República independiente y soberana?

Si gana el NO que postulan los separatistas y los fundamentalistas, habrá que admitir que Bolivia será borrada del mapa, como anunció el norteamericano Mikael Falcoff, asesor del vicepresidente norteamericano Dick Cheney, así como voceros de las petroleras incrustados en las oligarquías de Brasil, Chile y Argentina. Todos interesados en estrangularnos con el anillo energético. Por el contrario, en caso de ganar el SI, el que saldrá triunfante, estamos seguros, con el 99% de los votantes, habrá llegado el momento de hacer respetar, por medios legales y democráticos, la integridad de la única Patria que tenemos
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ENTREVISTA

<hr><h2><u>ENTREVISTA </h2></u>

ANDRES SOLIZ RADA, ANALISTA
Y EX LEGISLADOR DE BOLIVIA

"Lo único que une a los bolivianos es el gas"



Por Néstor Restivo
Clarín
, Buenos Aires, 4 de junio de 2005

Antes que la agenda que divide a Bolivia (autonomías regionales, asamblea constituyente, elecciones) debe anteponerse "una unidad nacional en torno al gas", opina el analista boliviano Andrés Solíz Rada. "El gas es lo único que une a Bolivia", afirma.

De paso por Buenos Aires para presentar su libro "Jorge Abelardo Ramos y la Unión Sudamericana. Del Mercosur a la Patria Grande", dice este veterano periodista y dirigente político: "No se entiende por qué Santa Cruz o Tarija, donde pesan intereses petroleros, se opondrían a que en vez de exportar gas crudo vendan termoelectricidad o derivados del gas con valor agregado, lo que triplicaría sus ingresos. Y en el altiplano, industrializar el gas y explotar con inteligencia la minería resultaría en un usufructo del recurso que hoy no hay y en la obtención de derivados enriquecidos y exportables, como fertilizantes".

Durante una entrevista concedida a Clarín, este analista sostuvo que el factor energético es el único punto de unión nacional. Bolivia -dice- está partida entre el este y el oeste, sobre todo "por el peso de los intereses detrás de cada uno de estos dos bloques. En oriente, el de las petroleras, y en occidente, el de las ONG, sobre todo europeas, que se mueven detrás de legítimas demandas sociales. Lo admitió el propio Felipe Quispe", dijo aludiendo a uno de los líderes del movimiento indígena.

Solíz Rada fue legislador por Conciencia de Patria (Condepa), una experiencia política "indomestiza" que no prosperó. Enrolado en la "izquierda nacional", valora al MAS (Movimiento al Socialismo) de Evo Morales, pero aunque le reconoce "haber frenado el reciente intento de la oligarquía cruceña de copar el gobierno a través del senador Hormando Vaca Diez", el presidente del Congreso, le critica no haber incidido en la nueva Ley de Hidrocarburos para que el Estado fije el precio interno del combustibles y cobre "más lo que se ex porta a valores muy bajos".

En Bolivia "los gasoductos a Brasil o Argentina, y en menor grado el que pasa por la mina de oro propiedad del ex presidente Gonzalo Sánchez de Lozada, son 70 veces más anchos que el 'cañito' que va de Oruro a El Alto-La Paz, por ejemplo. Así no se puede industrializar la riqueza energética ni minera", indica.

En su opinión no deben esperarse a las elecciones o la Constituyente "para avanzar en estas ideas". Si no, asegura, con sectores políticos sin más que 15% del electorado cada uno, el país seguirá fragmentado y sin salida. "Es clave que a la Constituyente, con trabajo previo, llegue gente inteligente que no vacíe de contenido la reforma, como pasó en Colombia. Allí -señala- la nueva Constitución se asentó en viejos partidos. Necesitamos una reforma patriótica como sí ocurrió en Venezuela, sobre los escombros de los partidos tradicionales".


ANDRÉS SOLIZ RADA EN LA CGT

Causa Popular

"La nacionalización de los hidrocarburos y la industrialización del gas para obtener derivados enriquecidos es el punto de partida para formular un programa revolucionario y la unión nacional de Bolivia" sostuvo Andrés Soliz Rada en el acto realizado en la CGT para presentar su nuevo libro: "Jorge Abelardo Ramos y la Unión Sudamericana: del Mercosur a la Patria Grande".

Más de 150 concurrentes, entre los que se contaban miembros de la comunidad boliviana en la Argentina, integrantes de la Escuela Sindical de la CGT y ex combatientes de Malvinas, siguieron con entusiasmo las palabras de Alberto Buela (vicepresidente del CEES), Enrique Oliva (presidente del Instituto Malvinas) y Alberto Guerberof (secretario general de Causa Popular) quienes presentaron el libro de Soliz Rada.

Los oradores coincidieron en señalar la importancia del pensamiento nacional latinoamericano de Ramos a quien se brindó un merecido homenaje en la casa de los trabajadores.

Promediando el acto se integró a la mesa el Secretario General de Judiciales y Secretario de Derechos humanos de la CGT, el compañero Julio Piumato, quien en nombre de la Comisión Directiva de la Central Obrera dio la bienvenida al huésped boliviano.

Cesar González Trejo, ex titular de la Federación de Veteranos de Malvinas y actual dirigente de Familiares de los Caídos ofició de moderador y la compañera María Elena Rocchio, secretaria de la Escuela Sindical brindó un caluroso saludo a conferencistas y concurrentes.

Se leyeron adhesiones de: Enrique Lacolla y Carlos del Campo de la provincia de Córdoba; del presidente del Centro de Estudios Chilenos (CEDECH) profesor Pedro Godoy; del Centro de Estudios Estratégicos Suramericanos (CEES); de la Agrupación Patria y Pueblo; del presidente del Partido Popular de la Reconstrucción licenciado Breide Obeid; de la Agrupación Peronista de Lanús de Veteranos de Guerra de Malvinas y de Roberto Ferrero y Luis Gargiulo titulares de Causa Popular Córdoba y Necochea respectivamente.

Soliz Rada expresó que "Bolivia necesita una reforma patriótica de su Constitución, sobre los escombros de los viejos partidos, como ocurrió en Venezuela".

EL LIBRO

Con "Jorge Abelardo Ramos y la Unión Sudamericana: Del Mercosur a la Patria Grande", Ediciones Caminopropio ofrece a través del pensamiento del fundador de la Izquierda Nacional una nueva lectura sobre la necesidad de unir los Estados latinoamericanos en una sola Nación.

Su autor, el escritor y ex senador boliviano Andrés Soliz Rada, fue fundador del Grupo Octubre, expresión de la IN en Bolivia y gestor ideológico de Condepa (Conciencia de Patria), movimiento que continuó la tradición revolucionaria de 1952. Soliz Rada, junto a otros destacados militantes, intelectuales y políticos, estuvo al frente de las movilizaciones populares por la nacionalización de los hidrocarburos.

El objetivo que propone a los lectores Ediciones Caminopropio es pensar Sudamérica con cabeza propia y mirar al mundo con ojos propios
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URUGUAY

<hr><h2><u>URUGUAY</h2></u>

ELEUTERIO FERNÁNDEZ HUIDOBRO:
“Junto a miles de personas logramos por fin que Tabaré llegara a la Presidencia de la República”



Rebelión

Confieso para todo aquel que no lo sepa, o que no se haya enterado, que desde el año 1994 trabajé incansablemente para que Tabaré Vázquez fuera Presidente de la República. Lo hice también en 1999 y en 2004. Es público y notorio pero si alguien lo duda hay, de todo ello, una cantidad enorme de pruebas documentales (diarios nacionales y extranjeros, revistas nacionales e internacionales, emisoras radiales de todo el país y del mundo, canales de televisión por "aire" y por cable, documentos políticos internos y públicos, etcétera) y pruebas testimoniales: miles de personas pueden dar fe (incluso muchos escribanos) de que eso es así.

Junto a miles de personas logramos por fin que Tabaré llegara a la Presidencia de la República. Por lo tanto este Presidente es, en humildísima contribución (granito de arena), producto también de nuestra empeñosa militancia.

Declaro muy formalmente que lo sigue siendo.

Para hablar en términos más genéricos y hasta abstractos: formamos parte de este gobierno porque este gobierno es nuestro. De eso también hay pruebas documentales y testimoniales.

Integro la bancada del Frente Amplio porque soy del Frente Amplio. También desde hace mucho según puede comprobarse, de ser necesario, mediante irrefutables pruebas documentales y testimoniales. Incluso basta con preguntárselo a cualquier persona que habite en este país. Al azar.

Por ende (lógica elemental), soy del Encuentro Progresista y de la Nueva Mayoría. Es más: ayudé a crearlos.

Pertenezco al Espacio 609 y al Movimiento de Participación Popular del que forma parte el Movimiento de Liberación Nacional al que también pertenezco. Estas tres pertenencias también pueden demostrarse, aparte de ser públicas y notorias, por infinidad de documentos y testimonios (y en alguno de esos casos hasta por expedientes judiciales del más variado y nutrido tipo para mi desgracia... Hasta me condenaron por ello).

Esta sarta de obviedades parece ser necesaria hoy. Y cuando lo obvio es necesario, algo anda mal.

Siguiendo por este aburridísimo camino, debo declarar, lo más solemnemente posible que cuando digo que soy, soy.

Algo así como que cuando digo "digo", digo "digo".

En política, hablando en términos normales e inteligibles, estas obvias y elementales afirmaciones y confesiones tienen consecuencias.

Si el gobierno es "mío", si estoy en el gobierno y con el gobierno, no estoy en la oposición.

Si el Frente Amplio es "mío" y estoy en el Frente Amplio y con el Frente Amplio, no estoy en el Partido Colorado (pongamos por caso...) ni en ningún otro lugar. Y así sucesivamente.

Estoy en todos esos lados (que al final son uno solo) por muy profundas razones y convicciones que sería demasiado largo detallar aquí y que, por otra parte, todo el mundo conoce porque las hemos repetido hasta el hartazgo.

El hipotético día en el que también por muy profundas razones y convicciones alguna de esas fuerzas políticas, o todas ellas juntas, sean antagónicas con los dictados de mi conciencia o mi razón, lo declararía de inmediato y muy probablemente haría una de dos cosas posibles: irme para mi casa a disfrutar de un merecido descanso jubilatorio o fundaría (como ya lo hice) una nueva organización política al paladar de mis ideas.

Asumiendo como siempre todas las consecuencias incluidas las peores. No hay otra.
Jamás me quedaría contra mi gusto, mi razón y mi conciencia en una organización con la que discrepara a tanto nivel. Aun cuando quedándome quietito y arropado disfrutara de alguna ventajita material: me sentiría mal, muy incómodo y si de ventajas materiales se tratara se consiguen muchas más y mejores "afuera" que "adentro". Por lo menos las consiguen los que no son inútiles del todo.

Muchísimo menos me quedaría contra mi gusto, mi razón y mi conciencia, de infiltrado, haciendo "entrismo" para llevar agua al molino de otro proyecto.

Pésimo es, por definición, todo "proyecto" que requiera tanta deslealtad para con la gente. Se ha practicado. La verdad es que se lo ha perpetrado a lo largo de la historia, con nefastas consecuencias siempre.

Es además de una extremada torpeza porque la gente, que no es boba, se percata enseguida del doble discurso y del oportunismo galopante que lo ilustra.

La lealtad interna y con los aliados siempre es un valor. Pero en Uruguay y en estos tiempos que vive el mundo ella se transforma en el principal valor.

Porque sin la construcción (aún no acabada) de un enorme Frente Amplio no quedará solucionada la más importante tarea estratégica del período.

Tarea que no es ni para un día ni para cinco años. Será larga. Tendrá largo aliento.
El proceso de acumulación que condujo a las fuerzas populares al gobierno en Uruguay fue el más largo de América Latina. El que acaba de iniciarse a partir de haber llegado al gobierno, tendrá en materia de espacio temporal, más o menos, el mismo volumen y pasará por tantas imprevisibles vicisitudes. O más.

Habrá discrepancias y discusiones, pero los aliados deberán poder tener acerca de nosotros la idea cabal y la certeza de que no somos como el papel higiénico de doble faz. Ni como el queso.

Todo lo contrario: aliados confiables. Estratégicos. De fiar.

Si no logramos eso, TODOS estamos fritos. Y eso se logra con hechos más que con palabras.

El valor de la UNIDAD, por lo tanto, ni es afectivo ni está ligado al romanticismo. No es retórico. Es vital; es de vida o muerte.

Y que nadie delire con la idea de que si fracasa este gobierno, se abrirán puertas para el paso de las "verdaderas" fuerzas de izquierda (que no existen hoy fuera del Frente Amplio y menos existirán si contribuyen a romperlo): en ese aciago caso se abrirán las compuertas para el paso torrencial, implacable y majestuoso de formidables fuerzas de la derecha. Para un derechazo con apoyo popular. A no engañarse.

En momentos como los actuales, ya lo sabemos desde hace muchísimo tiempo, el izquierdismo infantil irrumpe.

En todos los procesos importantes, hemos visto y sufrido por un lado los errores irreparables de esa enfermedad y por otro a la reacción que sin equivocarse no vacila en disfrazarse de rojo para organizar estupendas movilizaciones contra los gobiernos populares. ¿Para qué poner los ejemplos si son harto conocidos? A esta edad ya no podemos chuparnos el dedo
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(*) Senador de la República, escritor


EL LIBRO DE MICHELLE

<hr><h2><u>EL LIBRO DE MICHELLE</h2></u>

(“Michelle”, Ediciones Catalonia, Santiago, 2005)



Por Aristóteles España

Este libro reportaje narrado en distintas voces por las periodistas Elizabeth Subercaseaux y Malú Sierra, ambas de reconocida trayectoria en nuestro país y el extranjero, dan cuenta de un personaje femenino, cuya particularidad principal radica en que apareció de la noche a la mañana convertida de pronto en un ícono que rompió los moldes de la cultura machista imperante en la clase política chilena desde la fundación de la república. Michelle Bachelet es entrevistada con rigor y visión de futuro. Las periodistas dan a conocer su perfil humano poco conocido a nivel nacional e internacional sin los estereotipos que abundan en este tipo de géneros literarios (biografías, testimonios, crónicas, alabanzas a personajes del mundo de la cultura, la política, la televisión) que compiten desde hace décadas con la ficción.

Una doctora de niños, experta en epidemiología, proveniente de una cultura de izquierda desde su adolescencia, hija de un general de la aviación, torturado por sus pares, acusado de traición a la patria y muerto en la cárcel por los esbirros de la dictadura militar. Esta mujer que llegó a ser Ministra de Salud y Defensa en el tercer gobierno de la Concertación se ganó un espacio en la historia del país recorriendo hospitales, juntas de vecinos, pasando revista a las tropas de las FFAA arriba de tanques y aviones y que logró reivindicar el rol de la mujer en un momento de la historia en que los cargos públicos, privados, legislativos, están en manos de personeros que llevan en sus puestos durante décadas sin abrir espacios legítimos a las generaciones de recambio. La irrupción de Michelle en este escenario cambió la fisonomía del país en todos sus ámbitos, ya sea para sus adherentes o adversarios.

El libro no contiene peroratas ideológicas ni políticas, tampoco da recetas de cómo se deben comportar las mujeres en los escenarios públicos. Simplemente cuenta su infancia de clase media, rodeada de amigos que luchaban por un mundo mejor en la década del 70, su afición por la guitarra y las canciones de moda, los días aciagos del golpe de estado, la prisión junto a su madre Angela Jeria en Villa Grimaldi, los duros instantes del padre muerto sin tener donde enterrarlo porque su institución, la masonería, y todos aquellos que fueron sus amigos simplemente se borraron del mapa. Luego el exilio en Australia, Alemania, sus estudios de medicina en este último país, su militancia en la Juventud Socialista, sus amores y desamores como toda persona que es capaz de enfrentar los avatares de la vida cotidiana que no es color de rosa como caricaturizan los diarios de la derecha chilena con las fotos en colores de sus modelos y parlamentarias.

Una de los capítulos más emotivos es su estadía en Villa Grimaldi, la visita intempestiva del General Manuel Contreras y el recuerdo de sus compañeras de celda, Lucrecia Brito, Patricia Guzmán, María de los Angeles Salinas Farfán, Mónica Villanueva, que tenía 16 años, una dentista cuyo nombre se le escapa, María Eugenia Ruiz Tagle y la primera mujer de Alvaro Covácevich. Se ayudaban mutuamente después de las sesiones de interrogatorios. Michelle atendía a las gravemente heridas. Algunas de ellas le contaron que los días de año nuevo fueron violadas por militares borrachos. Ambas estaban embarazadas de siete y ocho meses. Todas tenían miedo. Cuando se abría la puerta de la celda tenían terror. Ese el mérito de este libro. Que logra transmitir emociones, sentimientos. Nadie puede quedar indiferente. No es un texto de propaganda como los que abundan en períodos como el actual. Es un texto para comprender desde un ángulo escritural diferente la vida de cientos de mujeres olvidadas que soportaron las mismas pesadillas de esta doctora en niños que tiene una cabaña en un lago y que puede ser la primera Presidenta en este remoto país así como Gabriela Mistral fue la primera mujer latinoamericana en obtener el Premio Nóbel de Literatura años antes que sus pares en Chile le otorgaran el Premio Nacional.

El texto tiene fotografías de distintas etapas de su vida, la reproducción del manuscrito que el General Bachelet envió a su esposa desde la cárcel pública de Santiago el 22 de febrero de 1974, días antes de su muerte. Y a lo lejos, en medio de la lectura de este libro se escucha el ruido del avión que las condujo junto a su madre al exilio, su paso (en el avión) por Isla de Pascua, las islas Fiji, y la llegada a Sydney donde su hermano Betingo y Patti, su esposa, los esperaban en el aeropuerto. Los abrazos, el saludo del gobierno, del parlamento. Eran las primeras exiliadas chilenas en Australia. El resto, ya es historia.


“LA NACIÓN SUDAMERICANA”

<hr><h2><u>“LA NACIÓN SUDAMERICANA”</h2></u>

Discurso del Sr. Canciller Rafael Antonio Bielsa
Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales
Presentación del libro "La Nación Sudamericana"
07 Octubre 2004



Señoras y señores
Amigos y amigas
Estimado Carlos

Cuando fui invitado a presentar este nuevo libro de Carlos Piñeiro Iñiguez, titulado "La Nación Sudamericana", me pregunté: "¿Qué mejor invitación puede recibir un Canciller sino la propuesta de presentar un libro cuyo título resume -de manera acabada- el objetivo estratégico central de la política exterior que -sobre la base de los lineamientos trazados por el Presidente de la Nación- instrumenta día a día?”

Como todos hemos aprendido -a veces de modo doloroso- no siempre nuestra primera reacción es la correcta. Por cierto, en más de una ocasión, hubiéramos deseado -ex post- que no se nos hubieran ofrecido ciertas oportunidades o, en su caso, haber rehuido a tiempo tentativos convites. Decía Teresa de Ávila que se va al infierno mucho más por las plegarias que Dios atiende, que por aquellas a las que no hace caso.

No es éste el caso. La lectura y relectura de esta nueva obra de un reconocido estudioso del pensamiento latinoamericano -que reúne tanto la condición de académico como el valor agregado que brinda la experiencia de un diplomático- reafirmó lo acertado de mi primera reacción.

"La Nación Sudamericana", además de reconstruir la idea de la integración regional -abarcada desde los entresijos de la historia política, económica, social y cultural hasta los desafíos de hoy- aborda, aportando claridad a la complejidad, diversas cuestiones que hemos transformado en prioridades de nuestra labor cotidiana en la Cancillería.

A título meramente enunciativo, y en atención a la necesaria brevedad en función del tiempo disponible, me referiré a algunos puntos salientes:

Carlos Piñeiro nos dice que "sin consenso de los pueblos, no hay integraciones sustentables". Esta frase resume mi convicción sobre la importancia crucial que reviste la participación de la sociedad civil en el proceso de integración regional. Conscientes de la relevancia de este tema, hemos creado -en el ámbito de la Cancillería- una Representación Especial para la Integración Económica Regional y la Participación Social, que contribuye de modo activo para consolidar la idea del Mercosur como patrimonio de la sociedad y no de la circunstancial autoridad. Esta Representación Especial desarrolla su labor en dos grandes ámbitos:

El Consejo Consultivo de la Sociedad Civil, que nació con el fin de informar sobre el desarrollo de las negociaciones del ALCA en el marco de transparencia propiciado por el Gobierno y cuyo espectro se amplió al conjunto de los temas que hacen a la política exterior, y el Foro Consultivo Económico y Social del MERCOSUR.

La decisión de crear la Representación Especial antes mencionada implica el reconocimiento de que, ante coyunturas de creciente complejidad en las que se juegan definiciones críticas relativas al desarrollo de nuestros países, resulta fundamental avanzar hacia consensos nacionales que generen entendimiento y compromisos entre los diversos sectores sociales.

Esta decisión se funda asimismo en nuestra concepción del Estado como el Yo común del sistema de libertades que posee una sociedad. Parafraseando al sociólogo Alvaro García Linera: "lo que importa es la capacidad del Estado de sintetizar a la sociedad… Cuando esto no sucede, el Estado se presenta como parte, no como resumen y entonces el Estado vivirá bajo acecho de la sociedad y el lenguaje gubernamental se agazapará en el castigo, la disuasión y la amenaza de una parte de la sociedad contra otra".

El autor hace referencia también a la conciencia de nacionalidad común, destacando que "las fórmulas supra-estatales de organización regional que han cobrado impulso contienen una doble virtud: son fruto de la globalización -es decir: marchan con los tiempos- y, al mismo tiempo, le ponen límites razonables".Al respecto, desde la Cancillería, comprobamos y destacamos que la estrecha articulación de nuestra región constituye la alternativa más idónea para preservar nuestra identidad nacional, incorporándole una dimensión latinoamericana, fundada en nuestra comunidad de destino. El fenómeno de la globalización, sin las nociones de singularidad en la universalidad, y sin la influencia aleccionadora de una cultura humanitaria templada en la espiritualidad, nos hará sufrir las consecuencias malsanas de la tentación materialista.

En este sentido, podemos extrapolar a nuestro hemisferio las siguientes afirmaciones de Jürgen Haberlas y Jacques Derrida: "La solidaridad del ciudadano del Estado nacional limitado a la solidaridad con la propia nación, deberá extenderse en el futuro a los ciudadanos de otras naciones del continente…. La cultura (en el caso citado, la cultura europea) tuvo que aprender dolorosamente de qué manera se puede establecer una comunicación en la diversidad, institucionalizar diferencias y estabilizar tensiones. También el reconocimiento de las diferencias -el reconocimiento mutuo del otro dentro de su carácter diferente- puede convertirse en característica de una identidad común".

Carlos Piñeiro también se refiere en su obra a la dimensión cultural del MERCOSUR. Nada más afín a la agenda de la Cancillería de hoy. Nosotros concebimos al Mercosur como un proyecto estratégico de vasto alcance que trasciende el plano económico-comercial y constituye la base desde la cual nos proyectamos hacia nuestro objetivo más abarcativo: la creación de un espacio sudamericano que maximice la capacidad de la región de incidir de modo efectivo en el escenario internacional.

En este proyecto -que desarrollamos en forma discreta pero a la vez continua, persistente y profunda- la dimensión cultural reviste importancia superlativa.

La integración de nuestra América Latina refuerza la idea de universalidad como síntesis de lo diferente y esa misma integración, para ser "turbión del espíritu" americano, debe asumirse desde su nivel primario y determinante, es decir, desde la cultura. Sólo así construimos una auténtica amistad, algo muy diferente y más poderoso que la mera ausencia de rivalidad. Consciente de la importancia de este aspecto, quisiera mencionar -a título de ejemplo- un par de iniciativas que hemos plasmado con Brasil en el Acta de Copacabana suscripta en marzo de este año. Los Presidentes Kirchner y Lula advirtieron que la consolidación de una cultura de amistad requiere de una educación para la integración.

Con tal propósito, convinieron instituir el "Día de la Amistad Argentino-Brasileña" que se celebrará el 30 de noviembre de cada año, en conmemoración del encuentro que mantuvieran en Foz do Iguazú los Presidentes Alfonsín y Sarney y en cuya ocasión se suscribiera la Declaración de Iguazú, que dio origen al proceso de integración regional como lo concebimos actualmente. Los institutos educativos argentinos y brasileños dedicarán esta jornada conmemorativa a actividades destinadas a difundir recíprocamente la cultura y la historia del país asociado. Este mismo espíritu inspiró la decisión de crear el Premio Binacional de las Artes y la Cultura, destinado a reconocer la obra y trayectoria de artistas e intelectuales de ambos países.

Señoras, señores

Hemos cambiado la matriz sobre la cual articulamos nuestra política exterior. No adscribimos a concepciones providencialistas del relacionamiento externo y sus consiguientes ilusiones de poder aparente.

Existe hoy conciencia colectiva de que, para que nuestra voz sea escuchada y nuestros países ocupen el espacio que les corresponde en el escenario internacional, debemos trabajar -con las dosis adecuadas de realismo, visión de futuro, creatividad y grandeza de miras- en pos de fortalecer y de profundizar la empresa integradora a la que nos hemos comprometido públicamente.

En nuestra labor cotidiana buscando materializar nuestra empresa, la empresa de nuestros ciudadanos, nos guía la certeza de que la integración no es una panacea que resuelve mágicamente nuestros problemas. La integración es una dinámica de cultura política donde marchan en un equilibrio -difícil, pero auspicioso y esperanzador- el fortalecimiento de los Estados junto a la construcción de instituciones supranacionales; la defensa de los intereses
económicos y estratégicos nacionales y su potenciación dentro del marco del proceso integrador.

Estoy convencido que hemos avanzado razonablemente en el camino que nos hemos trazado. Para fundar esta afirmación, quisiera mencionar algunos ejemplos. Y cuando pienso en ejemplos, evoco hitos salientes, indicadores de que estamos transitando una senda adecuada.

Evoco así el Consenso de Buenos Aires, un punto de inflexión en la política exterior de la región a partir de la afirmación inequívoca respecto de la integración regional como opción estratégica de inserción en el escenario internacional.

Recuerdo también el Compromiso de Buenos Aires, firmado con Bolivia, que constituye mucho más que un acuerdo de provisión de energía. Constituye por cierto un acuerdo de futuro compartido. En este mismo orden de ideas, no podemos soslayar la importancia de las iniciativas que -sobre la base de lo acordado en el Acta de Copacabana- estamos instrumentando con Brasil para fortalecer la coordinación de nuestras políticas. La serie de acuerdos firmados con Chile hemos que, al tiempo que consolidan nuestra sociedad estratégica, constituyen la puesta en marcha de proyectos que inciden de manera directa en la calidad de vida de nuestros ciudadanos.

Debemos sumar a esta enunciación, de por si limitada como toda selección, otros ejemplos, y me refiero a:

el Encuentro de Caracas, germen de la idea de trabajar en forma conjunta ante los organismos internacionales de crédito;

la Declaración Conjunta sobre Cooperación para el Crecimiento Económico con Equidad firmada en Río de Janeiro, donde se sentó el principio de que el pago de la deuda no se haría a expensas del crecimiento;

los sustantivos avances logrados en materia de ampliación gradual del MERCOSUR, en forma paralela a los importantes pasos dados en pro de su fortalecimiento institucional para superar lo que Carlos Piñeiro denomina las "tareas pendientes del Mercosur".

Estos ejemplos, complementados con otros tantos, que todos los aquí presentes conocen, podemos concluir que no estamos lejos, más aún, estamos muy cerca de nuestro concepto de "nación sudamericana". Basta para ello con extrapolar a nuestra región, la siguiente definición clásica de nación; "algo que tiene un pasado de glorias comunes que reconoce, que tiene un deseo de construir juntos en el presente y que tiene una visión compartida del futuro".

Señoras y señores

Nos encontramos ante una oportunidad histórica para cimentar la nación sudamericana y la unión de América Latina. Si no la aprovechamos, será porque no somos capaces, no por ausencia de oportunidad. En este siglo XXI, la integración ya no es una causa. Constituye un imperativo de la realidad, indispensable para
avanzar en nuestro empeño por vigorizar el proceso de crecimiento económico con equidad social y garantizar niveles de vida dignos para el conjunto de nuestros ciudadanos.

Enfrentamos un gran desafío: consolidar, en todos nuestros países, una auténtica democracia de ciudadanos y no meramente de electores. Para lograr este propósito, utilizando todo el potencial de nuestras capacidades, la región debe trabajar en forma coordinada en pos de un orden internacional solidario y multilateral, promoviendo el imperio de la legalidad y privilegiando un modelo cooperativo, superador de la mera coexistencia. No tenemos opción: nuestro camino es la integración inteligente. Caso contrario, deberemos conformarnos con la intrascendencia permanente.

Amigos:

Tenemos la capacidad y los recursos para escribir nuestra propia historia en el marco del proceso de globalización. No hay destino individual para los países de la región. Mi convicción personal es que el futuro pertenece a los continentes. Debemos por tanto trabajar para que nuestro continente tenga futuro. Para ello, debemos -con coraje y creatividad- aprovechar la oportunidad que nos ofrece la comunidad de principios que compartimos con nuestros socios de la región. Sólo así haremos realidad -de manera conjunta- el sueño de una América del Sur más solidaria, moderna e integrada, capaz de proyectarse al mundo con el vigor que nuestros pueblos merecen y esperan.

La tarea no es sencilla. Al sesgo puramente comercial y

arancelario que caracterizó al proceso de integración desde sus inicios, deberíamos sumarle, de manera decisiva, la construcción y el perfeccionamiento de instituciones políticas que den forma, tal vez, a ámbitos supranacionales en lugar de los actuales intergubernamentales
. El MERCOSUR, de ese modo, ganaría agilidad, efectividad, y también, por ejemplo, la vigencia inmediata e irrestricta de sus normas. Si así no lo hacemos, no podremos aspirar al respeto de las generaciones más jóvenes. En tal sentido, quisiera evocar las palabras de un gran poeta paraguayo, quien también fue un entrañable amigo de la Argentina y un ferviente apóstol de la fraternidad americana.

Me refiero a don Elvio Romero, quien afirmara: "En los días venideros, cada cual tendrá su sitio; aquellos que derramaron su vida por conseguirlos y su juventud volcaron sobre los anchos caminos. Esos llevan en la frente duro metal encendido, simientes de sembradura, relentes de sol invicto. Los que se han puesto de lado, eludiendo su camino, irán como pobres sombras sin saber ni lo que han sido, sin tener en la vejez el respeto de los hijos".

Estimado Carlos:

La lectura de "La Nación Sudamericana" constituye el mejor testimonio de tu compromiso profesional y de tu decisión personal de "no eludir el camino". Te deseo el éxito que la calidad de tu obra preanuncia.

Muchas gracias."