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MIRANDO AL SUR - augusto alvarado


BOLIVIA: “IMPERIALISMO” VENEZOLANO

<hr><h1><u>BOLIVIA: “IMPERIALISMO” VENEZOLANO</h1></u>

Por Andrés Soliz Rada
La Paz – Bolivia

“Sólo los necios hablan de establecer relaciones perdurables, sin el empleo de la fuerza, entre la raza americana pura, tal como existe en los Estados Unidos, y la raza mestiza hispano india, tal como se encuentra en México y Centro América" .William Walker: “Autobiografía”.1855 (“Guía del Tercer Mundo”. Editorial Bodoni. México, 1979. Página 315).

En las campañas electorales de todo el mundo existen exageraciones y falsedades. Sin embargo, es demasiado que Hernán Terrazas, representante de la candidatura presidencial de Jorge Quiroga, hubiera indicado a Juan Ramón Quintana, delegado de Evo Morales, que este último apoyaba al “Imperialismo Venezolano”, de Hugo Chávez, en respuesta a la crítica que recibió de coincidir con la política de EEUU.

La frase del filibustero norteamericano que inicia esta nota, quien, con apoyo de Washington, se proclamó, en 1856, presidente de Nicaragua, a fin de extender el esclavismo que estaba a punto de ser abolido en su país, se anticipó a la diferencia que establecieron los clásicos del marxismo, sobre todo a partir de Lenin, entre países opresores y oprimidos, caracterizada por la succión del excedente económico que, en mayor o menor grado, sufren las colonias y semicolonias por los imperios, no exenta de invasiones y mutilaciones territoriales.

Sobre el particular, Carlos Montenegro, en su libro “Las Inversiones Extranjeras en América Latina”
, desnuda la brutalidad con que EEUU se anexó la mitad de México, dividió a Colombia para crear la República de Panamá, los desembarcos de marines en Centro América, la prepotencia con que la CIA derrocó a Jacobo Arbenz, en Guatemala, o las matanzas de la United Fruit, en países "bananeros" insumisos al coloso norteamericano.

Lo anterior no sólo es historia. Es también presente. No han pasado muchos años desde el bombardeo a Panamá, las invasiones a Granada o la República Dominicana, las imposiciones de dictaduras inhumanas en la región o los genocidios en Irak o Afganistán, sin olvidar los innecesarios bombardeos atómicos a Hiroshima y Nagasaki, sus cárceles en Bagdad o Guantánamo o los actuales centros de tortura de la CIA en Europa oriental.

Venezuela, en cambio, es una más de las provincias balcanizadas de la Patria Grande. Sufrió todas las consecuencias de esa disgregación, desde la succión petrolera y la mono producción, recordada por Sergio Almaraz en su “Petróleo en Bolivia”. A fines del Siglo XIX y principios del Siglo XX, sufrió el bombardeo de sus puertos, por barcos ingleses, alemanes e italianos, por el no pago de la deuda externa.

Todos los intentos de las semicolonias por detener la humillación han sido denostados por las metrópolis y sus agentes internos. Perón fue tildado de fascista, Villarroel de nazi, el MNR de comunista, al igual que el gobierno del general Alfredo Ovando y Marcelo Quiroga Santa Cruz, por nacionalizar el petróleo.

Con todos los defectos que se quiera encontrar al Presidente venezolano, Hugo Chávez es un referente de la liberación nacional en América Latina, sobre todo por pretender articular a las empresas estatales en América del Sur y Centroamérica. Lo anterior es intolerable para las transnacionales europeas y norteamericanas del oro negro.

En la política cotidiana, no siempre coinciden las visiones de Venezuela y Bolivia, menos si esta se halla gobernada por los continuadores de la política de Gonzalo Sánchez de Lozada. Desde luego que nos alegró que Chávez apoyara la causa marítima de Bolivia y no compartimos su apoyo a José Miguel Insulza para la Secretaría General de la OEA. Hubiéramos preferido que siga comprando soja boliviana y no la de EEUU. Quisiéramos que rompa el anillo energético que busca succionar el gas boliviano.

Sin embargo, una es la política concreta de Chávez que tiene que buscar las formas de detener los intentos de la CIA por derrocarlo y asesinarlo, y otra utilizar esos matices para calificar a su régimen de “imperialista”, como los que presiden los Bush, los Cheney o los Tony Blair.


PINOCHET, EPITAFIO PARA UN TIRANO

<hr><h1><u>PINOCHET, EPITAFIO PARA UN TIRANO</h1></u>

Caricatura de "La Jornada" 

Ediciones Cuarto Propio, Santiago, 2005 - De Pablo Azócar
Comentario: Aristóteles España

“Los militares afirman que en 1973, en Chile, lo que hubo fue una guerra; si fuese cierto, Pinochet sería un criminal de guerra. Pero hasta un niño sabe que aquello no es verdad, y Pinochet, por lo tanto, es lo que es: un criminal a secas”. 

Así comienza este libro del escritor Pablo Azócar (San Fernando, Chile, 1959). El autor apela a la crónica para registrar la vida, pasión y declive del personaje que gobernó Chile con mano de hierro durante 17 años y que fue creando a partir de sus inicios en el gobierno, una suerte de cofradía con lo cual compartió  el poder y la gloria durante todos los años de su “reinado”.

“Tito” como le decían sus familiares y amigos de infancia, era el retoño predilecto de su madre, doña Avelina, quien lo moldeó para la vida militar que inició a temprana edad.

Según el testimonio de su ex Ministra, Mónica Madariaga, “fue educado por su apoderado en la milicia, el general Alfredo Portales Mourgues, quien siempre le dijo: nunca seas el primero ni el último, sé siempre hombre del medio; el que pasa inadvertido es el único que llega a término en la empresa que acomete”.

El escritor Germán Marín, ex alumno suyo en la Escuela Militar lo describe “como un capitán que tenía dominio sobre sus subordinados, con su bigotillo de galán mexicano, cultivaba una relación distante, provocada, creo, por una suerte de sospecha raigal hacia todo bicho viviente”.

Este libro narra la influencia de su esposa en el momento en que debió decidir su apoyo al golpe de estado, y en la estructuración de su gabinete en varias ocasiones,  siendo la más conocida el despido del Canciller Hernán Cubillos después de su frustrado viaje a Filipinas.

Como en los grandes libros sobre dictadores, “El señor Presidente”, del guatemalteco Miguel Angel Asturias; “Yo, El Supremo”, del paraguayo Augusto Roa Bastos, este texto contiene materiales sobre los cambios de ánimo u opinión sobre los sucesos políticos de su tiempo, los vaivenes ocurridos en su entorno con relación a formas de gobernar, la cocinería política detrás del trono, en este caso, el Palacio de la Moneda. Con relación a su postura en el orden mundial siempre sostuvo que “mi gobierno fue el mayor obstáculo existente en la tierra para la acción imperialista de la Unión Soviética”.

Acusado por oficiales de plagiar textos de otros autores, entre ellos, al Coronel Gregorio Rodríguez en 1950, incluyó en sus libros párrafos completos de historiadores y militares, sin citarlos.

“Epitafio para un Tirano” debe leerse, además, como el agudo retrato  de un tiempo que fue, para extraer las mayores experiencias de vida en torno al poder y sirva  a quienes son o serán protagonistas de su época en las más diversas áreas del conocimiento. El retrato de un gobernante no elegido por su pueblo y que hoy está en el ocaso de su vida, debe ser apreciado, además,  por la valentía y lucidez  de este escritor chileno que logra indagar en los laberintos de la mentalidad de una de las personalidades más complejas del siglo XX.

Pablo Azócar, es periodista titulado en la Universidad de Chile. Vivió en Europa, fue corresponsal y luego editor de la agencia italiana Interpress Service (IPS), trabajó para la revista “Hoy” y, más tarde, en APSI. Ha publicado las novelas “Natalia” (1990), con la que obtuvo el Premio Municipal de Literatura de Santiago; “El señor que aparece de espaldas” (1997); “Vivir no es nada nuevo” (1998), Premio del Consejo Nacional del Libro y la Lectura de ese mismo año.


9 XII 1824 – LA BATALLA DE AYACUCHO

<hr><h1><u>9 XII 1824 – LA BATALLA DE AYACUCHO</h1></u>

Batalla de Ayacucho

Antonio Herrera Toro según boceto de Marín Tovar y Tovar

Hacia 1890

 

¡A PASO DE VENCEDORES!

 

Una hermosa y detallada crónica de la batalla de Ayacucho. Tomado de “Las Cuatro Estaciones de Manuela” (libro muy recomendable) de Juan Bautista Von Hagen.

Durante dos meses, los ejércitos se habían perseguido mutuamente, tratando cada uno de llevar al otro a una zona adecuada. Las marchas habían desorganizado al ejército patriota. Había perdido la mitad de sus hombres por enfermedades y deserciones y habían desaparecido todas sus piezas de artillería, salvo un cañón de proyectiles de veinticuatro libras con la cureña rota. Había sido alzado a los altos de Quinua. Sólo quedaban víveres para dos días y no había posibilidad de retirada. Al norte y al sur se abrían profundas barrancas y, a su espalda, cientos de indios esperaban el momento de la retirada para caer sobre ellos. Enfrente estaba todo el ejército realista, más de nueve mil hombres, de los que mil estaban montados: los famosos regimientos españoles de Burgos, Guías, Victoria, Gerona y Fernandinas. También estaba allí el Virrey y sus dieciséis generales. Los patriotas no tenían más opción que la victoria o la muerte.

A pesar de verse superados en la proporción de dos a uno, los ejércitos aliados habían decidido aquella noche en consejo de guerra dar la batalla. En una choza india, de la que el humo de un fuego se abría paso por las pajas del techo como mejor podía, se hallaba el estado mayor del general Sucre. Mientras deliberaban, comían queso, pan duro y trozos de azúcar morena. 

-No moriremos de indigestión- dijo el general La Mar, cortando un trozo del pan de azúcar.

(...) 

Mientras el enemigo se organizaba en sus posiciones de ataque, un grupo de jinetes se destacó de la masa y galopó hacia las líneas patriotas con una bandera blanca de parlamento. El general Monet, esplendoroso con su uniforme de gala lleno de condecoraciones, saludó a los oficiales:

-Señores, hay en vuestro ejército, como en el nuestro, oficiales que luchan en bandos opuestos y están ligados por lazos de familia o íntima amistad. ¿No sería posible, antes de que nos descalabremos mutuamente, charlar un poco y despedirnos?

Mientras se desarrollaban estas acciones caballerescas, las tropas realistas tomaban lentamente sus posiciones. A las ocho, los oficiales volvieron a sus propias líneas y los patriotas se dispusieron al ataque. Los realistas habían ya abierto el fuego con su artillería y las balas de cañón rodaban campo abajo. Sucre, que llevaba una apretada casaca azul con una hilera de botones dorados, sin cinto ni medallas, se quitó el tricornio adornado con plumas blancas y pronunció una breve alocución. Fueron unas cuantas palabras, pero inolvidables.

-Soldados, la suerte de América del Sur depende de cómo luchéis en esta jornada

Las tropas comenzaron a cruzar el kilómetro que las separaba del enemigo, cuyo fuego pronto comenzó a causarles daño. Córdoba, al frente de los colombianos, ordenó el alto; sacó un largo cuchillo, desmontó, se acercó a la cabeza del animal y lo mató de un golpe bien dirigido:

-No quiero caballo que me permita huir de esta batalla- dijo. 

Luego, levantando su panamá de anchas alas en la punta de su sable, gritó:

- ¡Adelante! ¡Armas a discreción! 

Un capitán, ya herido por una bala perdida, preguntó:

-¡Qué paso, mi general?

-¿Qué paso? ¡Paso de vencedores!

Los patriotas se lanzaron hacia delante, sin detenerse siquiera para apuntar. Desde sus posiciones fijas, el enemigo hacía un fuego mortífero. Las balas de cañón se llevaban cabezas y piernas y los fusiles, disparando a corta distancia, abrían claros en las filas. Éstas vacilaron, se replegaron un instante y avanzaron de nuevo. Los muertos eran ya muchos. Pero continuó el avance y pronto se introdujo una cuña en el centro realista. En seguida, entró en acción la caballería del general Miller. Por aquel hueco abierto por la infantería, se lanzaron los guerrilleros montados sableando a diestro y siniestro, abatiendo a los alabarderos que defendían los cañones y convirtiéndolos en masa informe bajo los cascos de los caballos. Los infantes patriotas se lanzaron sobre las piedras y las volvieron contra las filas enemigas.

La batalla entró ahora en una nueva fase: la retirada realista se convirtió en derrota. Los soldados abandonaron sus fusiles y corrieron hacia los farallones, tratando de escalarlos y de ponerse a salvo. Las balas de cañón se estrellaban contra la roca y mataban más con fragmentos de piedra que directamente o con trozos de metralla. Los jinetes no daban paz a sus sables y la infantería, apuntando cómodamente desde abajo, hacía caer a los fugitivos como muñecos de una galería de tiro. Ya no era una batalla, sino una mañana en un matadero de la montaña. Los realistas dejaron en el campo mil cuatrocientos muertos y setecientos heridos. Los que escaparon a la matanza y llegaron a la altura fueron reunidos en algo que parecía una formación, pero estaban totalmente desfallecidos. Los que sobrevivieron en el llano pronto cayeron prisioneros, incluso el propio virrey La Serna, con su cabello cano manchado de sangre y sus fuerzas agotadas por una herida en ñla cabeza. En el mismo momento en que La Serna ponía su firma a los artículos de la capitulación, su rey, en la lejana España, le recompensaba por sus pasadas victorias con el sonoro título de “Conde de los Andes”. 

La batalla terminó en una hora. Fue uno de los más decisivos encuentros de la historia: había sido derrotado el último de los ejércitos imperiales que pisaba suelo de América.

(...)

Estaban solos aquella noche en la villa. Simón Bolívar se había sentido mal durante todo el día: no había cesado de toser en su pañuelo de cambray. Envuelto en una larga capa azul con alto cuello rojo de bordados, tenía los pies al calor de un brasero de bronce. Con los ojos entornados, escuchaba lo que le leía Manuela con su suave ceceo quiteño. Desde afuera llegó rumor de pasos, un ruido creciente, gritos de centinelas; luego llamaron a la puerta. Entró Juan Santana, sin botas, abotonándose su casaca roja. Había noticias, importantes noticias: se había librado una batalla... Y el capitán Alarcón irrumpió en la habitación como a punto de caerse. Había salvado la distancia desde el campo de batalla de Ayacucho en ocho días. Entregó el despacho al general. 

Bolívar lo leyó con expresión de incredulidad. Durante unos instantes miró hacia delante, como una visión; luego, agitando el despacho en su mano, como embriagado, subió a unas sillas, saltó a una mesa y comenzó a bailar gritando: “¡Victoria! ¡Victoria! ¡Victoria!”


REVISTA TALIÓN N° 4

<hr><h1><u>REVISTA TALIÓN N° 4</h1></u>

Amigas y Amigos,

En medio de este intenso fin de año, los interrumpo de exámenes y compras navideñas para contarles que la 4º edición de Revista Talión EXISTE y que pueden encontrarla online en www.talion.cl e impresa en distintas facultades y universidades de la ciudad.


Esta vez la distribución fue un poco más allá... Talión fue repartida en distintas facultades de la Chile, la PUC, la UDP y la Universida Arcis. Para aquellos que no tuvieron oportunidad de oler la tinta los invito a leer la revista en nuestra página web y mandarnos sus pataleos y piropos.


En esta edición encontrarán, entre otras cosas:


LA COLUMNA DE EVARISTO T.: El Reggeaton (o como se escriba).
- EMBESTIDAS: Un espacio para el desahogo y el debate: "Lo que pasó pasó: otoño-invierno es conciencia social... primavera-verano es conciencia sexual"; "Nefastas Patrias"; "Pushers: el que empuja es pajarito nuevo".
- DOSSIER LA TELE: "Perder el control (remoto)" (Por Elisa Broussain y Marianne González); Entrevista a Pedro Peirano (por Ignacio Chacón),  y columnas de Jaime Coloma (sí, ese...) "Sí se puede vivir sin tv" y "Se me apagó la tele" (DMF).
- ARTExARTE LETRAxLETRA: Encontrarán una entrevista al escritor Gonzalo Contreras, la sección de música con crítica de discos y "Depresión + Música", poesía, teatro y comentarios de cine y literatura.
Finalmente un par de novedades, una nueva sección de Adicciones a productos no tradicionales (en esta edición "Soy adicto a mi simulador de vuelo") y bueno... "Como el culo Awards" para cerrar el año. Así pues, los invitamos a leer TALION y a no quedar indiferentes: www.talion.cl .


Esperamos sus comentarios, críticas y piropos y desde luego queda abierta la invitación a hacerse parte de la quinta edición. Nos vemos el 2006.
Salud!.

Alia Trabucco Zerán
Grupo Editorial
Revista TALION
E-Mail: revista@talion.cl
          directora@talion.cl
Web: www.talion.cl


CHILE

<hr><h1><u>CHILE</H1></U>

EE.UU. AUTORIZA VENTA DE AVIONES F 16 A CHILE
 

Santiago de Chile, 5 de diciembre 2005
Crónica Digital/PL


El Departamento norteamericano de Defensa autorizó al gobierno holandés a vender aviones caza F-16 a Chile, según informa el diario El Mercurio.

El Pentágono anunció que Lockheed Martin proveerá piezas y tecnología para que 18 aviones F-16, construidos en los años 80, sean actualizados a la categoría MLU (Mid life upgrade), de manera que puedan portar armamento avanzado y operar por 20 años más.

Holanda requería de la autorización de Estados Unidos para vender estos aparatos, por lo que el pase para que Lockheed proporcione los materiales para la actualización de las aeronaves constituye, además, el visto bueno para que Chile las pueda incorporar.

La información señala que del contrato de modernización por unos 7,5 millones de dólares ya se han cancelado 4,4 millones y los aviones deberán estar listos para finales del 2006.

Esta sería la primera fase de la adquisición de un total de 28 de estos aparatos por cerca de 150 millones de dólares por la Fuerza Aérea chilena. El anuncio de esta compra debería realizarse antes de marzo.

Chile, el mayor comprador de armas en América Latina, había adquirido ya 10 cazabombarderos F-16 de última generación a Estados Unidos, cuyas primeras unidades comenzarán a llegar a finales del próximo año.



OLLANTA HUMALA, EL CHÁVEZ PERUANO

<h1><hr><u>OLLANTA HUMALA, EL CHÁVEZ PERUANO </h1></u>

Un ex teniente coronel nacionalista y que hace campaña con un discurso antichileno es el nuevo "outsider" en la elección presidencial peruana, como antes lo fueron Fujimori y el propio Toledo. Ollanta Humala ya va segundo en las encuestas, y -con su discurso populista estilo Chávez- entusiasma a muchos electores que no confían en la democracia.


 Por Álvaro Vargas Llosa
La Tercera - Chile
Fecha edición: 04-12-2005

 

Desde hace algunos años los peruanos se preguntaban: ¿Y quién será el "outsider" esta vez? Acostumbrados a un electorado que hace "desconocidas", como los caballos, presentían que, al igual que Alberto Fujimori en 1990 y Alejandro Toledo en 2000, alguien vendría a poner las cosas de cabeza esta vez también. Y así ha ocurrido. Ollanta Humala está ya en segundo lugar en los sondeos, pero es como si estuviera primero. El candidato nacionalpopulista tiene ese impulso que los estadounidenses llaman momentum".

No hay en su caso nada que, aparentemente no hayamos visto varias veces en la historia de América. Es más: tres dictadores del Perú fueron, como Humala, agregados militares en París antes de dar su golpe de Estado: Benavides, Sánchez Cerro y Velasco. Digo "aparentemente" porque sí hay una novedad importante: el golpe de Ollanta es democrático. Y allí radica el significado de su respaldo. Suele decirse que el suyo es un voto "antisistema". Yo iría más lejos: es un voto antidemocrático en un sentido literal. Un sector amplio del pueblo peruano se rebela contra la democracia, como los fascistas de los años 20 y 30 en Europa, desde adentro del sistema. 

"¿Ustedes quieren democracia?", parecen decir. "Muy bien", prosiguen, "aquí la tienen". Y se vuelcan en favor de quien representa una apuesta por el militarismo seudoprogresista que irrumpió en América Latina con Omar Torrijos en Panamá, continuó con un Velasco en Perú y desembocó, hace siete años, en el triunfo de Hugo Chávez en Venezuela. El orden militar y el Estado populista son la cara que adopta por ahora el golpe democrático de los peruanos. 

Los mismos resortes que movieron a muchos a volcarse con Fujimori en 1990 los llevan ahora, no sabemos si irreversiblemente, a los brazos de Humala. Aquello fue una reacción contra la democracia de los años 80. Esta es una reacción contra la democracia del nuevo milenio. Las diferencias entre ambas -la primera estuvo marcada por la inflación y el terrorismo de Sendero Luminoso- no son, para efectos del análisis, más importantes que lo que hay en común: una absoluta incapacidad para dar al ciudadano sentido de pertenencia al marco institucional, al Estado-nación, que en teoría es el suyo. El último ensayo por lograr eso, el proceso descentralizador impulsado por el gobierno de Alejandro Toledo, ha sido el mismo fiasco que tentativas anteriores. El peruano de a pie ve con rencor al juez, al policía, al parlamentario, al ministro, al Presidente. Pero también al sector acomodado de la sociedad civil: el empresario, el abogado, el periodista. Y ve como a un país extranjero el festín de cifras macroeconómicas que les habla de un PIB lozano.

VOTO RECHAZO 

Desde hace algunos años es frecuente que en las zonas más pobres los ciudadanos se tomen la justicia por su propia mano. Ello dice mucho acerca de lo que piensan del Estado que dice representarlos. Humala es la figura -pudo ser otra- que viene a darles a los ciudadanos hastiados de una "democracia" en la que sólo ven corrupción y politiquería, una irracional y ciega sensación de revancha. No extraña que en la última encuesta casi el 60 por ciento de sus votantes afirmen que el respaldo a Humala es "por rechazo" antes que "por convicción". Muchos expresan ese rechazo yéndose del país: la emigración crece vertiginosamente, al punto que la población solía aumentar a un ritmo de 2% al año y, según el último censo, lo hace ahora a un ritmo de 1,4%. Se ha ido medio millón de peruanos en esta nueva democracia. Los que no se fueron, votan por Humala sin saber que ya lo ha hecho antes muchas veces.

¿QUIÉN ES HUMALA? 

¿De dónde sale? Es un militar de ancestros ayacuchanos -y por la vía de su madre, también italianos- nacido en Lima hace 42 anos que alcanzó el rango de teniente coronel como artillero. En su servicio no hubo grandes indisciplinas. Pero sí hubo, como en el caso de Hugo Chávez, la pertenencia a una suerte de logia al interior del Ejército conocida como "MEC", acrónimo de "Militares Etnocaceristas". El nombre es un homenaje al mariscal Juan Avelino Cáceres, héroe de la Guerra del Pacífico con Chile que lideró una guerra de guerrillas cuando la clase dirigente se había rendido (luego fue un pésimo Presidente).

Su momento estelar llegó en octubre de 2000, el día en que Vladimiro Montesinos se fugaba a Panamá -hecho que despierta muchas suspicacias-, cuando se levantó contra Fujimori, junto con casi 70 hombres, en el departamento de Tacna, colindante con Chile. Durante cuatro semanas, él y su hermano Antauro deambularon por el sur, tomaron brevemente una mina y se incrustaron en la retina nacional. Como Chávez, los Humala fueron amnistiados por la democracia naciente. Ollanta fue enviado al exterior y uno de sus seis hermanos, el cabezacaliente Antauro, lanzó un movimiento "etnocacerista" apoyado por reservistas del Ejército que se ha encargado todos estos años de mantener vivo el recuerdo de lo ocurrido a fines del 2000.

Los "etnocaceristas" recorrieron el país vendiendo el pasquín "Ollanta" a un sol y cosquilleando en miles de ciudadanos el resentimiento contra lo establecido, contra Chile y contra la economía moderna. Hoy, Antauro está preso y Ollanta se ha desmarcado de él, pero es evidente que la asociación con su hermano ha tenido un efecto benéfico en el amplio segmento de peruanos que se sienten excluidos. Es cierto que Ollanta asusta a un sector de clase media (su hermano Antauro hablaba de "fusilar a los corruptos" y fue responsable, tras un breve episodio golpista en la localidad de Andahuaylas durante este gobierno, de la muerte de cuatro policías)). Pero en el sector que interesa a Ollanta, la asociación de su nombre (literalmente "guerrero que todo lo ve") con la movilización "etnocacerista" ha servido para colocarlo en boca de mucha gente rápidamente.

EL ETNOCACERISMO 

La figura central en la familia Humala es el padre, Isaac, un delirante ex militante comunista que lleva algunos años predicando un nacionalismo de corte racista, algo que él justifica, porque "de las cuatro razas que existen en el mundo, la cobriza es la marginada". La ideología "etnocacerista" -si puede aplicarse ese adverbio a su prédica- es nacionalista, entendiendo por nacionalismo un rechazo de la influencia europea y extranjerizante en general que se asocia con la Colonia. Hablan, como Velasco, de "peruanizar" las empresas, de un Estado que "debe ser padre" y de "reivindicar al indio". Ollanta es la cara más sofisticada del "etnocacerismo" -de allí que haya eliminado de su Partido Nacionalista Peruano el prefijo "etno"-. Desde París y Seúl, se distanció del mensaje violentista de Antauro y ahora que está bajo cuestionamiento público dice que nunca ha hablado "de estatizar empresas" y que no está por la violencia ni por destruir la democracia. Su paso por París junto a su esposa, Nadine Heredia, una muchacha joven, le sirvió para continuar estudios de ciencia política y dotarse de un aire más cosmopolita que el de su hermano Antauro. Es el eterno lobo con piel de cordero. 

Pone el acento nacionalista en temas fronterizos, por ejemplo. Cuando se le ha preguntado si un gobierno suyo podría reavivar los conflictos, ha respondido que sí, "a menos que sigamos con los pantalones abajo". Critica los acuerdos de Itamaratí que pusieron fin al conflicto de 1995 con Ecuador y fustiga la "penetración chilena" en la economía peruana. Sin embargo, ha dicho que si la Conaie indígena logra gobernar Ecuador y Evo Morales lo hace en Bolivia, "se pueden diluir los problemas". Ello indicaría que la ideología populista de corte socializante es un factor más importante que el nacionalismo. Mejor dicho: su nacionalismo es, como el de Chávez, expansionista. Ve una Sudamérica regida por gobiernos afines, enfrentada a Estados Unidos. 

Hasta ahora, Humala ha eludido presentar un plan de gobierno. No le hace falta y sólo le traería problemas. ¿Para qué quiere un plan de gobierno un candidato que crece como la espuma en los sondeos? Primero, sedujo al sur serrano, luego conquistó la zona central del país arrebatándole simpatizantes a Fujimori y ahora sus números son relativamente buenos en todas partes, incluyendo una Lima poblada de inmigrantes provincianos. Los organizadores de la reunión anual de ejecutivos y empresarios que suele ser la tribuna desde la cual los candidatos exponen sus planes de gobierno le pusieron en bandeja un pretexto para eludir la cita al extenderle una invitación que, a diferencia de los candidatos Lourdes Flores, Alan García y Valentín Paniagua, le planteaba compartir una mesa con candidatos "chicos".
"Es como si me invitaran a una casa y me dijeran que coma en la cocina", respondió. Ese pequeño incidente atrapó con humor el desfase entre el Perú de los oligarcas y el de los marginales que explica su peligroso avance. 

¿Cuáles son las relaciones de Humala con Venezuela? Nadie ha podido determinar los detalles a ciencia cierta, aunque Ollanta ya ha admitido haber viajado a Caracas -lo hizo hace pocas semanas- y ser un admirador del venezolano. Consulté a funcionarios del Departamento de Estado y del Departamento de Defensa a propósito de las persistentes informaciones sobre el apoyo de Chávez a Humala. Insisten en que "lo está asistiendo", pero prefieren mantener "por ahora en reserva" los detalles de sus informaciones, como lo han hecho con respecto al apoyo que recibe Evo Morales en Bolivia. Por el momento, prefieren esperar a que se desinfle, pero acopian información. 

Lo importante no es la relación ya existente con el gobierno de Chávez, sino la que vendrá ahora que la candidatura de Humala se ha disparado. Todos los ingredientes del militarismo socialista de Chávez están en Humala, quien últimamente ha empezado a enfatizar -por primera vez- la idea de la "integración latinoamericana". En la familia nacionalpopulista a la que pertenece, eso significa una alianza geopolítica entre líderes afines a través del manejo férreo de sus Estados para gobernar todo, incluyendo la economía. Humala, como se ha puesto de moda hacerlo, ataca la globalización, pero ya no opone a ella un modelo autárquico, sino "latinoamericano". La súbita "bolivarianización" de su discurso delata vasos comunicantes a tener en cuenta.

A Humala le queda un escollo -la inscripción oficial de su candidatura- y una prueba de fuego: preservar su éxito durante cuatro largos meses, hasta las elecciones. Con respecto a lo primero, la Onpe ya ha determinado que tiene el número de firmas necesarias para inscribir a su partido, pero el Jurado Nacional de Elecciones evalúa si cumple los otros requisitos. Si no se inscribe su candidatura, a ojos del ciudadano anti-democrático se tratará de una confirmación de que las instituciones oficiales son una farsa que esconde privilegios. Lo otro -mantener el ritmo- es más complicado. 

Precisamente porque su candidatura expresa un rechazo a lo establecido, estar expuesto durante tantos meses a la figuración mediática puede restarle a Humala la cualidad de "outsider". La política peruana tiende a convertir al "outsider" en "insider" velozmente. Lo que le interesa es ser un rumor que va corriendo de pueblo en pueblo, no una cara paseando de canal en canal.

Es pronto para pronosticar nada. Pero una cosa es cierta: a poco más de cuatro meses de las elecciones, el Perú apuesta una vez más por la barbarie. La contenta barbarie.


CHILE

<hr><h1>CHILE<u></u>

FUERTE REVUELO POR APOYO DE CRISTINA KIRCHNER A BACHELET

 Lunes 5 de Diciembre de 2005 - 15:00 
El Mercurio en Internet

SANTIAGO.- Los partidos de la Alianza por Chile rechazaron la visita de la Primera Dama argentina, la senadora Cristina Fernández de Kirchner para sumarse al acto final de la campaña de Michelle Bachelet.

Consideraron que además de "imprudente" es una muestra más de que la candidata oficialista necesita seguir recurriendo a "padrinos y madrinas" para suplir "falta de liderazgo", según informa el vespertino La Segunda.

El medio consigna asimismo, que la prensa argentina califica viaje a Chile de la senadora Cristina Fernández como "un apoyo casi oficial" del gobierno trasandino a la candidata oficialista.

El candidato UDI, Joaquín Lavín, dijo que la presencia de Fernández "es totalmente contraproducente", al tiempo que Sebastián Piñera sostuvo que "no es bueno que intervenga en la política" chilena.

Por su parte el senador UDI Hernán Larraín consideró que se trata de una acto de "intervencionismo argentino en los asuntos chilenos".


La diputada RN Lily Pérez fue más pragmática y sostuvo que "afortunadamente los Kirchner no son personas que gocen de tan buen prestigio en Chile".

 


ROSA NÚÑEZ PACHECO

<hr><h1><u>ROSA NÚÑEZ PACHECO </h1></u>

DOCENTE Y ESCRITORA PERUANA

Presentación: Aristóteles España

Rosa Núñez Pacheco, (Arequipa, Perú, 1971) escritora y docente de la Universidad Nacional de San Agustín de Arequipa en la Escuela de Literatura y Lingüística, viajó a Chile en el mes de noviembre, a participar en el X Encuentro Internacional de Escritores realizado en la Provincia de Chañaral, y en la III Región de Copiapó en el norte chileno, evento organizado por la Corporación Cultural de dicha región que dirige el escritor Omar Monroy. Doctorada en Ciencias Sociales, forma parte del equipo editorial de la revista “Apóstrofe” de la misma Casa de Estudios Superiores.

Ha publicado ensayos, artículos, reseñas y entrevistas en distintas revistas culturales y es una de las figuras emergentes de la nueva literatura peruana. Acaba de publicar su primer libro “Objetos de mi tocador” (Logo Sagrado Editores, Perú, 2005), del cual hemos seleccionado dos relatos.
CENTÓN

Mientras los artículos del resto de las vitrinas eran renovados semanal o quincenalmente, los de Centón permanecían presos del tiempo. Aquella vitrina desde que fue colocada junto a la sala de lectura jamás fue trasladada a otro lugar. Nadie sabía a quienes pertenecía ni desde cuándo estaba ahí, sólo unas palabras apostadas al final de uno de los poemas mencionaban una fecha: primavera de 1981.

El nombre de la vitrina era Centón y estaba escrito con letras doradas y en alto relieve sobre una franela negra. Un vidrio vallado por un marco de cedro barnizado resguardaba todo aquello de las iniquidades del tiempo.

Lizardo atravesó el pasadizo y notó que en esos años de ausencia, las gruesas paredes de sillar habían adquirido un color blanco humo más opaco. A esas horas, el sol ya se estaba ocultando y los fluorescentes despedían una luz blanca en el interior de los salones, donde algunos estudiantes tomaban apuntes, leían o, simplemente, oían a sus profesores. El aire solitario que envolvía cada columna, cada esquina, cada ventana de la vieja casona, era el mismo de siempre, es más, ahora la Facultad de Letras parecía un páramo.

Lizardo tenía mucho que recordar, desde las eternas postergaciones de exámenes y toma de locales, hasta el afán de soñar con algo imperecedero, capaz de sellar el paso por la Universidad. Sin embargo, aquellos sueños que tuvo él y que tuvieron sus compañeros de repente, sin saber por qué, un día dejaron de ser soñados.

Después de dar el recorrido por el pasadizo y por todos los ambientes de su antigua facultad, se asomó a la sala de lectura donde aún estaban las grandes mesas de madera y el cartel que decía “silencio”. Ingresó en ella y se fue a parar frente a la ventana, como antes lo hacía, al parque poblado por cipreses, en cuyos troncos casi siempre se hallaban apoyados parejas de enamorados o alumnos solitarios con un libro entre las manos.

Los vidrios de la ventana le trajeron a la mente el recuerdo de una vitrina y junto con ésta vinieron las imágenes de sus compañeros. Murmuró algunos nombres. Luego, con gran precisión, recordó la última vez que estuvo con ellos. Fue cuando arreglaron la vitrina. De pronto, su ánimo comenzó a exaltarse y se arrepintió por no haberse detenido frente a las vitrinas que vió en el pasadizo. Con pasos indecisos se dispuso a salir de la sala de lectura. Cuando estuvo afuera sintió un resquemor que le electrizó el cuerpo. Ahí estaba Centón, tal como lo habían dejado la última vez. Fue como ver nuevamente a sus compañeros. Ahí estaba el poema de Mario con sus noches punzantes de estrellitas temerosas, y también estaba el de Paola con el hermetismo de siempre. Leyó todos los poemas, excepto uno: el suyo. Recordó que lo había escrito en la sala de lectura, en las tardes después del taller de literatura.

Era jueves, tal vez un buen día para regresar. Aún no sabía exactamente por qué había ido a dar a ese lugar; pero permaneció parado largo rato, sumido en el pasado. De pronto, alguien le puso la mano sobre el hombro. Era el portero y le dijo: “Vamos a cerrar”. Lizardo asintió y con ojos trémulos volvió a leer a Centón. Se retiró dando pasos cortos. Cruzó el parque y al llegar a la garita de la Universidad, se detuvo y vio que las luces del pabellón de su facultad estaban apagadas. La noche había adquirido una negrura más espesa. Siguió caminando contra el viento. Sus manos sostenían un maletín de negocios. Advirtió que por algunos instantes había dejado de pensar en números y cuentas. Mientras caminaba iba pensando en aquella primavera de 1981 y le pareció que fue el mejo momento que pasó; sin embargo, ahora todo se veía tan lejano. Solo Centón era el nexo con esa época. Sintió ganas de mandarlo todo al diablo: los negocios, los viajes, su vida misma.
SINOPSIS

He decidido escribir esta historia aunque te moleste, porque sé que al leerla sabrás reconocerte y entonces querrás reprochármela y quién sabe quizá hasta negar que existió, pero eso ya no importa. La decisión no fue fácil, incluso pensé que nunca podría hacerlo, sentía que sería algo como escribir en el aire; sin embargo, ahora al contemplar desde el puente el río que se va, comprendo que es preciso ponen un punto final a todo esto, y creo que el momento propicio ha llegado.

Empezaré recurriendo a la primera carta que me enviaste desde esa lejana ciudad a la que nunca quisiste que vaya; probablemente el ir allá hubiera cambiado el curso de nuestra relación, pero no quiero pensar en lo que no fue, sino en lo que realmente pasó. Esa primera carta con la caligrafía hermosísima parecía un grabado, en ella expresabas lo que yo buscaba en los poemas. Tus palabras cobraban vida en mis ojos y tu imagen, aún no desvanecida, aparecía constantemente en cada momento de mi existencia. Bastó vernos un instante para saber que nuestras vidas se habían encontrado.

Las cartas son sólo una pequeña muestra de lo que significó aquel tiempo. Mejor sería hablar de las fotografías. Realmente eran hermosísimas. Entre foto y foto se trasluce una infinita felicidad que la cámara no supo captar, pero que nosotros registramos en nuestra memoria compartida.

Creer que las imágenes, al igual que las palabras, expresan fielmente lo que pasó, es engañarse, ahora lo sé, ya que desde no hace mucho vengo analizando minuciosamente cada carta, cada fotografía y encuentro que, en realidad, hay cosas imprecisas, vagas, que obviamos por mucho tiempo y que hoy es preciso aclarar.

Llegado a este punto, nuestra historia adquiere otro matiz, recurrir a un objeto ayuda mucho a la memoria. No serán las cartas ni las fotos, que ya caen sobre el agua, ni tampoco los innumerables regalos que me hacías los que me harán dar sentido a lo vivido, sino los objetos más simples como las velas que alumbraban nuestras veladas y que tú te empeñabas en apagar cada vez que yo las encendía; más precisamente son las flores que deshojabas mientras me mirabas sin hablar. Apagaste mi vida, deshojaste mi ser; ésa es la sinopsis de esta historia que ahora encuentra su final.