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MIRANDO AL SUR - augusto alvarado


CHILE

<HR><H1><U>CHILE</h1></u>

EL DERECHO A VOTAR EN EL EXTERIOR

Por RAFAEL ARAYA MASRY
Especial para "Río Negro" - Sábado 3 de diciembre de 2005

A pocos días de las elecciones presidenciales y parlamentarias en Chile, vuelve a estar sobre el tapete una de las tareas pendientes de la democracia: el derecho a que los chilenos que residen en el exterior puedan emitir su voto en sus países de residencia para elegir a sus autoridades. 

Cuando se negoció la salida de Augusto Pinochet del gobierno de Chile, luego de la categórica derrota que el dictador sufrió en el plebiscito de 1988 –en el que se suponía seguro triunfador–, pocos pensaban en las leyes y normas "de amarre" que la dictadura les dejaba como legado a los chilenos y de las que ha sido extremadamente difícil salir. Tal vez entre las más paradigmáticas estén la que les impide a los chilenos votar en el exterior, la que crea la "institución" de los senadores designados por diferentes poderes públicos del Estado, la condición de senadores vitalicios para todos los ex presidentes de la República (excluido Patricio Aylwin e incluido Pinochet), el sistema electoral binominal y los preceptos legales que hacen necesarias ciertas mayorías parlamentarias calificadas para modificar la Constitución del país. Pero nos centraremos en el derecho a votar en el exterior. 

Junto con el golpe de Estado de 1973 que derrocó al presidente constitucional de Chile, el Dr. Salvador Allende, la represión desatada por la dictadura y las terribles condiciones económicas en que se sumió el país empujaron a más de un millón de chilenos fuera de las fronteras. Algunos, siendo perseguidos, lograron escapar o fueron condenados al exilio por el régimen militar; otros partieron por el miedo imperante en la sociedad chilena y otros, en busca de un futuro más digno para sí mismos y para los suyos. Cualquiera sea la razón que cada chileno tuvo para emigrar, lo cierto es que sólo en la República Argentina llegó a haber cerca de un millón de ellos extendidos por toda la geografía, pero principalmente en la región patagónica: Neuquén, Río Negro, Chubut y Santa Cruz. Son personas que han aportado al desarrollo político, humano, laboral y cultural de un país que les abrió generosamente sus puertas y los acogió como iguales en momentos en que los chilenos llegaban con las heridas abiertas por los padecimientos sufridos a manos de la dictadura. 

Con frío cálculo matemático y electoral, y teniendo en cuenta este antecedente, la derecha parlamentaria se ha opuesto tenazmente y de manera permanente a aceptar la posibilidad de que los chilenos en el exterior puedan votar cada vez que en ese país hay elecciones. Saben que la correlación de fuerzas les es desfavorable. Entonces –y a partir de ese precepto– se ha condenado sistemáticamente al ostracismo electoral a todo chileno que resida fuera del territorio nacional. 

Han pasado tres gobiernos de la Concertación, una alianza que nació para enfrentar a la dictadura, nos encontramos ante un casi seguro nuevo triunfo de esta coalición, encabezada esta vez por la Dra. Michelle Bachelet, y el tema seguirá pendiente de resolución a la espera de contar con la fuerza parlamentaria suficiente para modificar sustancialmente las más perversas leyes de la Constitución, aquellas que han permitido la supervivencia de enclaves autoritarios propios de los tiempos de la dictadura, aquellas que permiten que si una lista no dobla en votos a la otra, sea elegido un candidato por fórmula, desechando el poder real del voto de la mayoría. 

No obstante, también hay avances. Con la reforma constitucional de agosto último, se han restituido importantes derechos cercenados por la dictadura militar, como el derecho inalienable del presidente de la República a nombrar y destituir a los comandantes en jefe de las FF. AA., el derecho a la doble nacionalidad (cosa muy importante para todos los nacidos en la Argentina hijos de padre y/o madre chilenos) y el carácter del Consejo de Defensa del Estado como órgano de consulta y no resolutivo. En fin, un nuevo avance democrático en el desarrollo político del país. 

Pero hay tareas pendientes; una de ellas es el poder ejercer el derecho ciudadano de votar dondequiera que uno se encuentre. Por el momento, las cosas siguen como están. Sin embargo, los chilenos en el exterior se organizan cada vez más para que esto sea modificado y, mientras no lo sea, se dan maña para conseguir que la mayor cantidad de compatriotas inscriptos en los registros electorales concurra a Chile a emitir su voto el próximo 11 de diciembre. Todo sea por mantener erguido el espíritu cívico y ciudadano que hace grandes a los países y a los pueblos.
 


MANUELA SAÉNZ

<hr><h1><u>MANUELA SAÉNZ</h1></u>

Retrato Manuela Sáenz

(Según Oswaldo Viteri) 

 

LA INSEPULTA DE PAITA


Pablo Neruda

Ella se fue, diseminada,
entre las duras cordilleras
y perdió entre sal y peñascos
los más tristes ojos del mundo,
y sus trenzas se convirtieron
en agua, en ríos del Perú,
y sus besos se adelgazaron
en el aire de las colinas,

y aquí está en la tierra y los sueños
y las crepitantes banderas
y ella está aquí, pero ya nadie
puede revivir su belleza.

 


BOLIVIA: LA AGONÍA NACIONAL

<hr><h1><u>BOLIVIA: LA AGONÍA NACIONAL</h1></u>

Por Andrés Soliz Rada

Bolivia agoniza, pero no sólo por la voracidad de las petroleras, la maldad de los organismos financieros o la ambición de las oligarquías vecinas. Agoniza por su crisis espiritual, porque su “ajayu” (palabra aymara que significa alma) está casi desintegrada.

Cuando miles de comerciantes exigen que continúe la venta de ropa usada de EEUU (prohibida en toda la región), lo que ocasiona el cierre de fábricas y talleres, se advierte que la crisis ha alcanzado a sectores populares.

Cuando las FFAA observan impasibles la entrega a EEUU de 28 mísiles defensivos (de corto y mediano alcance), donados por China Popular, para que sean desactivados y luego devueltos como chatarra, se comprueba que carecen de dignidad.

Cuando el candidato presidencial del MNR, Michiaki Nagatani, es aplaudido por asegurar que seguirá pagando a los mayores de 65 años un bono solidario (BONOSOL), cuyo monto (250 dólares al año) es el mismo para un paupérrimo campesino o para el plutócrata Gonzalo Sánchez de Lozada (GSL), con lo que se dilapidan los recursos de la liquidación de las empresas estatales, se engaña al país al decirle qué saldrá de la miseria por el camino de la limosna. ¿Qué hubiera pasado si los europeos occidentales utilizaban los dineros del Plan Marshall para repartirlo entre sus ancianos?

Cuando llega a la sede de gobierno el Presidente de la Cámara Agropecuaria del Oriente (CAO), José Céspedes, después de vociferar la consigna ¡Independencia!, ¡Independencia!, en una reunión pública de Santa Cruz, (“El Deber” 18-06-05), sin que nadie critique su actitud, se demuestra que el fatalismo disgregador ha adormecido a columnistas y comunicadores sociales. Cuando los disgregadores de Bolivia hacen firmar libros a favor del separatismo sin que existan respuestas por la unidad nacional, se comprueba que la capacidad defensiva de los bolivianos es inexistente.

Cuando muchos cooperativistas mineros se oponen a la reorganización de la Corporación Minera de Bolivia (COMIBOL), en alianza con las transnacionales, y sindicalistas de YPFB que impulsaron la liquidación de la estatal petrolera pretenden repetir sus tropelías, ahora que la empresa ha sido reflotada, sin que la sociedad los condene, debe aceptarse que el debilitamientos de la conciencia nacional ha llegado al movimiento obrero. COMIBOL y YPFB pueden ser reorganizadas sin las lacras de la corrupción que las corroyeron.

Calles y caminos son cotidianamente bloqueados, con frecuente financiamiento de ONGs, por motivos nimios. No existe preocupación por el país en su conjunto. Muchos creen que los problemas serán resueltos con una Asamblea Constituyente, a realizarse después de las elecciones presidenciales del 18 de diciembre. Están equivocados, porque en estas elecciones se elegirán prefectos departamentales, que antepondrán la región al país y obstaculizarán la reconstitución del Estado Nacional.

Casi la mitad de la población deposita su esperanza en Evo Morales, el primer indígena, con visión nacional, que ocuparía la presidencia de la República. Me sumo a esa ilusión, pero siempre y cuando su acompañante a la vicepresidencia, Álvaro García Linera, abandone su prédica de “nación aymara”, con derecho a territorio propio, a parlamentarios “originarios” y manejo autónomo de recursos naturales. Hasta ahora nadie ha trazado diferencias claras entre indígenas y mestizos o entre territorios de unos o de otros. Por el contrario, la base de la nación es indo mestiza. Pero en tanto el indigenismo a ultranza es sólo testimonial, detrás del separatismo regional están las transnacionales que pretenden controlar el gas de Tarija y Santa Cruz, para beneficio de sus filiales y socias asentadas en Chile, Argentina y Brasil.

Existe poco espacio para la esperanza. Aunque el “ajayu” de Tupak Katari, de los protomártires de la independencia y de patriotas como Busch, Villarroel, Almaraz, Quiroga Santa Cruz y Ortiz Mercado puede aún lograr que el MAS forme parte de un Movimiento Nacional más amplio y unitario, desprovisto de fundamentalismos indigenistas y capaz de salvar a Bolivia.

 


MAIHUE

<h1><u><hr>MAIHUE</u>

SUBDESARROLLO, MESTIZAJE E INTEGRACIÓN
Prof. Pedro Godoy P.
Centro de Estudios Chilenos CEDECH
El naufragio lacustre que enluta a la X Región es el equivalente civil de la hecatombe
castrense de Antuco. En síntesis, por efecto del centralismo la Capital se regocija de sus
logros exhibiendo al país como "moderno" y divorciado de Iberoamérica. Es la punta visible
del témpano -"iceberg", dirán los siúticos-, pero la base es de pobreza y frustración y
sumergida en el atraso. Conscriptos con indumentaria inadecuada que se convierten en
barras de hielo mientras la cúpula sacrifica millones en adquisición de artefactos bélicos
que generan clima de guerra fría con los Estados vecinos, incrementan la dependencia y
endeudan a la república. 
Una barcaza diseñada para siete pasajeros es abordada por una treintena de modestos
campesinos. En cuarteles y campos asoma el subdesarrollo y se desmiente el supuesto
milagro producido por el "modelo neoliberal".
Los reclutas y los campesinos con apellidos hispanos y amerindios y su pobreza contrastan
con La Dehesa, las top models y los "rostros" de la TV... Son la otra patria chilena: criolla en
lo raigal y marginada en lo económico. En torno al lago, hoy de duelo, no están los mapuches
-¿captarán el dato nuestros docentes y alumnos?- sino los huilliches. Hubo ceremonial funerario
mixto, es decir, indocristiano. No podía ser de otro modo, porque somos parte del "pequeño género
humano mixto" aludido por Bolívar y Gabriela Mistral.
Lo conosureño lo representa Manuel Santibánez, arriero argentino que, al despuntar el siglo XX, casose
con la hija del lonco Calcumil cofundando la familia mayormente damnificada por la catástrofe. Maihue y
Antuco -emblemas del Chile mestizo, pobre y suramericano- desmienten a nuestros "blancones"
con su discurso chauvinista y europeizante.

 


PENSAMIENTOS DE MANUEL UGARTE

<h1><hr><u>PENSAMIENTOS DE MANUEL UGARTE</h1></u>

“Debemos ser altiva y profundamente patriotas... Si no queremos ser mañana la raza sojuzgada que se inclina medrosamente bajo la voz de mando de un conquistador audaz, tenemos que preservar colectivamente, nacionalmente, continentalmente, el gran conjunto común de ideas, de tradiciones y de vida propia fortificando cada vez más el sentimiento que nos une, para poder realizar en el porvenir... la democracia total que será la PATRIA GRANDE del mañana”
(4 de abril de 1912) - Conferencia en la Federación Obrera de la República del Salvador

“Soy un hombre sereno y amigo de la paz pero ante la agresión sistemática, ante la intriga permanente, ante la amenaza manifiesta, todos los atavismos se sublevan en mi corazón y digo que si un día llegara a pesar sobre nosotros una dominación directa, si naufragaran nuestras esperanzas, si nuestra bandera estuviera a punto de ser sustituida por otra, me lanzaría a las calles a predicar la guerra santa brutal y sin cuartel, como la hicieron nuestros antepasados en las primeras épocas de América, porque en ninguna forma ni bajo ningún pretexto podemos aceptar la hipótesis de quedar en nuestros propios lares en calidad de raza sometida ¡Somos indios, somos españoles, somos latinos, somos negros, pero somos lo que somos y no queremos ser otra cosa!” (1912)


ESTADOS UNIDOS Y NOSOTROS

”De dónde sacarían los Estados Unidos la eficacia de su acción, la fuerza de sus penetraciones, el éxito inagotable de su perpetua intriga, sino de la avidez de nuestros hombres de negocios, de la ambición subalterna de nuestros políticos, de la falta de conciencia superior de los pequeños grupos nacionales, de las discusiones entre las repúblicas hermanas, de nuestro caos social, en fin, donde todos dentro de la ciudad aspiran a gobernar, donde todas las regiones dentro de la nación se disputan la primacía, donde todas las naciones dentro de la América hispana se despedazan en la inconsciencia de un delirio fratricida que nos lleva a abrir las puertas al enemigo de afuera para saciar rencores, apetitos o represalias en detrimento del hermano”.

"El porvenir de la América española" (1910)


REDESCUBRIMIENTO DE UGARTE

<h1><u><hr>REDESCUBRIMIENTO DE UGARTE</h1></u>

Manuel Ugarte (1878 - 1951) 

EN UN NUEVO ANIVERSARIO DE SU MUERTE

(2 DE DICIEMBRE DE 1951) 

“Los latinoamericanos deben tender a formar una confederación contra el panamericanismo, porque el Río Grande no solamente es la frontera de México sino de la América Latina” – Manuel Ugarte.


Por Jorge Abelardo Ramos
Febrero de 1985
 

Tengo en mis manos un retrato amarillento y algo borroso, de ambigua retícula. Una muchacha francesa, con una chispa maliciosa en los ojos, observa arrobada a un criollo sereno, bien plantado. Es su marido. Joven todavía, en su pelo rizado se advierten canas. El criollo, de traje, corbata y ancho cuello de camisa a la moda, luce bigotes recortados a la 1914 y un aire formal. Ella se llama Therese. El marido es Manuel Ugarte, un argentino en el destierro. La escena se fija en un solemne estudio de Niza. Son años felices. Las catástrofes del siglo XX aún se incuban en el inescrutable provenir. Pero Ugarte vive su estadía europea con melancolía. 

No era para menos, pues en la irresistible Argentina del Centenario, orgullosa y rica, el emporio triguero del mundo, no había lugar para él. No solamente porque, como decía Miguel Cané, escribir una página desinteresada en Buenos Aires equivalía a recitar un soneto de Petrarca en la Bolsa de Comercio, sino a causa de que Ugarte iría a desenvolver su vida contra la lógica de la factoría euro-porteña: era socialista, aunque criollo y católico; argentino, pero hispanoamericanista. Si bien es cierto que lucharía por la neutralidad en las dos guerras inter-colonialistas del siglo, debería hacerlo contra la opinión dominante del rupturismo demo-izquierdista favorable a las potencias democráticas; más tarde, asumiría la defensa de la industria nacional y de la clase obrera en un país agropecuario, librecambista y antiobrero. En fin, al final de su vida, apoyó al Coronel Perón y fue su Embajador en México. La obra de Ugarte no fue publicada nunca en la Argentina. El único libro que vio la luz entre nosotros, lo publiqué yo en 1953 cuando Ugarte había muerto ya hacía dos años.

En realidad, se había convertido en un muerto civil mucho tiempo antes. Sin el respaldo de un partido, de una capilla, de los grandes diarios, o del orden vigente, ningún editor manifestó nunca el menor interés por publicar algún libro de Ugarte. Semejante maravilla se explica porque la formación del gusto público, en 1914 o en la actualidad, corría por cuenta de los intereses creados por la oligarquía anglófila y su dócil clientela de la clase media urbana, en suma, el cipayo ilustrado, que se cultiva a la orilla de los grandes puertos de la América Latina. La norma de prestigio consistía en que lo bueno se impone. Según el sociólogo alemán Levin Schucking, corresponde formularse la pregunta siguiente: ¿no será que aquello que se impone es lo que después se considerará bueno?

Mi relación personal con Ugarte se redujo a una carta y una frustrada llamada telefónica. En 1949 le envié a Cuba, donde era Embajador, un ejemplar de América Latina: Un país. Me agradeció el libro con unas líneas. En 1951, vivía yo en España. Un día de diciembre lo llamé por teléfono a su casa, pero había viajado a Niza, donde conservaba un pequeño departamento. Tito Livio Foppa, el Cónsul General en Barcelona, me informó días más tarde que Ugarte había muerto en Niza. No me ocultó el consul su creencia en un suicidio. Esto último nunca fue esclarecido. Al regresar de Europa, en 1953, edité El Porvenir de América Latina. Escribí un estudio preliminar, como tributo de homenaje al gran precursor, desaparecido en la oscuridad más completa. Al año siguiente, en noviembre de 1954, organicé una Comisión de Homenaje. Recibimos los restos de Ugarte en el puerto de Buenos Aires, que llegaron con aquella Therese Desmard cuya foto hoy miro a través del tiempo.

Declinaba el gobierno de Perón. Un silencio sepulcral reinaba sobre la República, en cuyo subsuelo toda la reacción conspiraba. Pugnaban por derribar a Perón tanto la agónica partidocracia democrática, como la izquierda cosmopolita y el nacionalismo puramente retórico de ciertos grupos de la derecha antiobrera. En ese momento, Therese Desmord regresó al país con los restos de Manuel Ugarte.

Enseguida organizamos en el salón “Príncipe George” un Funeral Cívico en su homenaje. Hablaron en el acto Carlos María Bravo, Rodolfo Puiggrós, John William Cooke y yo. Corría el mes de noviembre. A pesar de la tensión reinante, congregamos unas cuatrocientas personas. Salvo el Presidente Perón, que envió un telegrama de adhesión, ni el gobierno ni el peronismo oficial se hicieron presentes. Y, va de suyo, nadie de la “inteligentzia” llamada argentina. Soplaba un viento gélido y en el espíritu colectivo palpitaban sórdidos presagios. La contrarrevolución democrática estaba en marcha. El año 1955, año clave para explicar la profundidad de la crisis orgánica que se abatió sobre la sociedad argentina, ya estaba a la vista. 

Al rendir justicia histórica a la solitaria lucha de Manuel Ugarte, no perseguía yo un simple propósito de vindicación personal, por legítima que fuese. Ugarte resumía en su largo exilio el infortunado destino del pensamiento nacional. Y nosotros veíamos reflejarse en su peripecia individual la suerte que corrían los disconformistas y rebeldes de todos los tiempos en un país semicolonial. Exiliados en el espacio o en el tiempo, en la geografía o la historia, emigrados interiores gracias al olvido organizado, la desfiguración o la murmuración histórica, todos los revolucionarios, que ambicionábamos una patria nueva de un modo u otro, diferencias políticas aparte, sufríamos tribulaciones similares a las de Ugarte.

Decidí titular el ensayo sobre el Precursor, Redescubrimiento de Ugarte. Desprendido del volumen de Ugarte El Porvenir de América Latina, al que servía de prólogo, el ensayo hizo una vida propia y fue reeditado varias veces en la Argentina y en España. Ofrezco a la paciencia del lector aquel prólogo de 1953, con los retoques piadosos que la geriatría literaria exige a un viejo texto.


BOLIVIA: ¿INVASIÓN EN MARCHA?

<hr><h1><u>BOLIVIA: ¿INVASIÓN EN MARCHA?</h1></u>

Por José Steinsleger

La Jornada - Miércoles 30 de noviembre de 2005

En la hipótesis de que el Che Guevara se hubiese equivocado en todo lo que hizo, hay algo en lo que acertó: vislumbrar a Bolivia como eje de la revolución sudamericana. La izquierda chiquita no lo tiene claro y los gobiernos progresistas de América prefieren no tenerlo claro. Pero Washington sí está claro: "Bolivia debe ser borrada del mapa" (Mark Falcoff, asesor del vicepresidente Dick Cheney).
 

Los negros de Haití y los pueblos antiguos del altiplano boliviano en el sur abrieron de par en par las puertas de la independencia americana. El espíritu de la "ilustración" y el republicanismo cartón pintado (el de las libertades sin negros y sin indios) los condenaron a la pobreza y la miseria sin fin, intentando sepultarlos. No pudieron. No pueden. Entonces los intervienen "democráticamente".
 

En 2004 Haití fue intervenida "democráticamente". En 2006, y en caso de que el "indio" Evo Morales ganase los comicios presidenciales el 18 diciembre próximo, Bolivia sería intervenida "democráticamente". Pero si los resultados le fuesen adversos, la "ingobernabilidad" del país andino llevaría a que igualmente sea intervenido.
 

"Desencanto con la democracia", "ingobernabilidad" son nuevos eufemismos que los tecnócratas usan para desacreditar a pueblos indomables con larga tradición en cosas de lucha y rebeldía. Uno de ellos, José Miguel Insulza, ex canciller de Chile y actual secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), promovió la invasión armada a Bolivia. El 24 de junio de 2004, Insulza invocó el artículo 20 de la Carta Democrática de la OEA. Para evitar equívocos el señor dijo: "No hablo de ’intervención’‚ sino de ’incursión’".
 

Impulsado por Washington, el plan de invasión militar a Bolivia empezó a planificarse en noviembre de 2003. Semanas después una reunión de comandantes de Brasil, Argentina y Chile fue dando forma a la "fuerza internacional combinada" para ejecutar el plan con el respaldo de la ONU. En principio, y sólo en principio, Brasil y Argentina rechazaron el plan.
 

En la región occidental (altiplano) las tropas estarían compuestas por soldados chilenos disfrazados de cascos azules de la ONU, y algunos contingentes de militares argentinos y brasileños. En la región oriental (Santa Cruz), el movimiento "autonomista" de la provincia boliviana celebraría la "incursión" de los marines estadunidenses asentados en Paraguay.
 

En el altiplano chileno, lindante con el boliviano y ampliando su área de acción hasta las fronteras con Perú, el gobierno de Santiago viene reforzando con artillería pesada y tropas de elite los campamentos militares de Pisagua, Todos Santos, Tambo Quemado y Charaña. Hasta marzo de 2004, el ejército chileno contaba con más de 30 mil hombres en la zona.
 

En junio de 2005, con el pretexto de evaluar la situación en Haití, el jefe del comando sur del ejército estadunidense se reunió con los comandantes de Argentina, Brasil y Paraguay. Dos meses más tarde empezó a funcionar la base militar Mariscal Estigarribia en territorio paraguayo: 3 mil 800 metros de longitud (la necesaria para el aterrizaje de bombarderos) a tan sólo 200 kilómetros de la frontera con Bolivia.
 

Aliados principales de Estados Unidos en América del Sur, el militarismo y la oligarquía de Chile parecen estar dispuestos a jugar el rol histórico jugado en el pasado, cuando en la guerra del Pacífico despojaron a Bolivia de su litoral marítimo (1879) y en la de las Malvinas (1982) maniobraron a favor de Inglaterra.
 

Con más de 4 por ciento del PIB destinado a armamentos (cerca de 3 mil millones de dólares anuales), Chile es el país de América Latina que más dinero per cápita destina por habitante a gastos militares.
 

En 2002, las fuerzas armadas de Chile cerraron trato con la compañía Lockheed Martin de Estados Unidos para la compra de 10 bombarderos F-16 artillados con misiles Amraam, pagando más de 600 millones de dólares. En 2004, el gobierno "socialista" de Ricardo Lagos adquirió tres fragatas tipo Spruance, buques de guerra con capacidad de transportar misiles teledirigidos Tomahawk (que tienen un alcance de mil 800 kilómetros) y dos nuevos submarinos valuados en 450 millones de dólares.
 

Según el analista Wilson García, el armamentismo confirmaría la vieja sospecha de que Chile aspira a cumplir en la subregión el mismo papel de Israel en Medio Oriente. Los aviones F-16 son de origen estadunidense, pero llegaron con técnicos y asesores israelíes.
 

¿Quién sería el "enemigo"? Desde este burdo razonamiento -observa García- se habría identificado a los pueblos indígenas aymaras, quechuas y mapuches como "los musulmanes de Sudamérica". En el cono sur el "libre comercio" tiene, en efecto, socios muy "eficientes" y "pragmáticos".


MAGIA

<hr><h1><u>MAGIA</h1></u>

 Por Alejandro Dolina

De: “El libro del fantasma” – Ediciones Colihue – Buenos Aires – 1999.
 

El mago Rizzuto no conocía ningún truco. Su número era bien sencillo: golpeaba su galera con su varita azul y esperaba que apareciera una paloma.

Naturalmente, la total ausencia de dobles fondos, de mangas hospitalarias y de juegos de manos conducía siempre al mismo resultado desalentador. La paloma no aparecía.

Rizzuto solía presentarse en teatros humildes y en festivales de barrio, de donde casi siempre lo echaban a patadas. La verdad es que el hombre creía en la magia, en la verdadera magia. Y en cada actuación, en cada golpe de su varita azul estaba la fervorosa esperanza de un milagro. Él no se contentaba con las técnicas del engaño. Quería que su paloma apareciera redondamente. 

Durante largo tiempo lo acompañaron la desilusión y los silbidos. Otro cualquiera hubiera abandonado la lucha. Pero Rizzuto confiaba. 

Una noche se presentó en el club Fénix. Otros magos lo habían precedido. Cuando le llegó el turno, dio su clásico golpe con la varita azul. Y desde el fondo de la galera apareció una paloma, una paloma blanca que voló hacia una ventana y se perdió en la noche. 

Apenas si lo aplaudieron. 

Las muchedumbres prefieren un arte hecho de trampas aparatosas a los milagros puros. 

Rizzuto no volvió a los escenarios. Tal vez siga haciendo aparecer palomas en forma particular.