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MIRANDO AL SUR - augusto alvarado


MALCOLM X (1925 - 1965)

<hr><h2><u>MALCOLM X (1925 - 1965)</h2></u>

Por José Steinsleger - La Jornada

Miércoles 23 de febrero de 2005

"Ella es la encarnación del sueño americano", dijo el senador George Allen, de Virginia, con motivo de la designación de la afro-estadunidense Condoleezza Rice como nueva secretaria de Estado, en remplazo del afro-estadunidense Colin Powell. "Está al servicio de su negrero, George W. Bush", expresó el presidente de Zimbabue, Robert Mugabe, luego de que la funcionaria incluyó al país africano en la nómina imperial de los malditos. ¿Sueño americano al servicio de negreros?

Revisemos los aspectos soterrados de ambas opiniones. La prehistoria de la lucha negra en Estados Unidos empezó con la resistencia a la esclavitud legal. Para asegurarse el apoyo del sur, los negros fueron excluidos de la Declaración de Independencia (1776) y la esclavitud tampoco fue abolida por la Convención Constituyente de 1787. Al contrario, los doctores de la democracia y la libertad discutieron la continuación del comercio de esclavos, que proseguiría "20 años más". A los fines de los impuestos directos, el negro fue computado como "tres quintos de hombre" (sic) y la concesión de su ciudadanía quedó al arbitrio de los estados.

En 1861, las diferencias irreductibles entre el norte industrial y el sur esclavista llevaron a una de las guerras más sanguinarias de la modernidad, llamada por los negros "guerra de ricos y pelea de pobres". Abraham Lincoln proclamó la emancipación de los esclavos y el norte ganó la guerra. Pero en 1896, la Corte Suprema de Justicia consagró la segregación racial con la doctrina "iguales, pero separados".

Entonces, los acorralados "ciudadanos" negros empezaron a formar organizaciones y sectas de autodefensa y autoestima, con matices de índole racial y religiosa. Una fue la de los Musulmanes Negros (Black Muslims), dirigida por el orate Elijah Muhamad. Su primer templo fue erigido en Detroit hacia 1930. Los Black Muslims proclamaban la supremacía negra basándose en una genética absurda y una versión irreconocible del islamismo.

A inicios de la década de 1950, los Black Muslims se expandieron rápidamente en los guetos de las grandes ciudades del norte, y un joven proletario que guardaba prisión por delitos del fuero común, Malcolm Little, cambió el apellido dado por el blanco por una simple "X", convirtiéndose en ministro y fervoroso partidario de los Black Muslims.
Cuando en las urbes de Harlem, Rochester y Filadelfia los negros "con traje de conserje" empezaron a echar fuego y arrancar "con una cuchara los ojos de los cocodrilos" (García Lorca), Martin Luther King denunció desde la prisión de Birmingham: "Los Black Muslims se nutren de la frustración contemporánea ante la dilatada existencia de la discriminación racista" (1963).

Las urbes ardían y la voz de Malcolm X fue oída por millones de negros: "La hora del hombre blanco ha terminado. Las soluciones parciales no lo ayudarán... quizá pueda lograr que el Señor se decida a darle unos pocos años más al demonio blanco" (entrevista con el escritor Louis E. Lomas).

En 1964, guiñándole un ojo al poder imperial, el liberalísimo New York Times publicó un editorial en el que decía: "si el doctor King se convence de que ha sacrificado 10 años de brillante liderazgo, se verá forzado a revisar sus ideas y sólo hay una dirección que puede tomar: la de Malcolm X".

El líder se dio una vuelta por los países de Africa y Asia que luchaban contra el colonialismo y, al retornar a Estados Unidos, su pensamiento, discurso y filosofía pegó un giro radical. "Nos dijeron que usted ha cambiado", le dijo un periodista. Malcolm X respondió: "¿Cómo es posible que un hombre blanco pueda esperar la transformación de un hombre negro antes que él se haya transformado? Es verdad, soy un musulmán, y creo en la fraternidad de los hombres. Pero mi religión no me hace tonto. Mi religión me obliga a combatir todas las formas de racismo".

Para el poder real fue demasiado: líder natural con millones de seguidores, negro, pobre, ex convicto, agitador, orador lúcido, militante revolucionario, islámico y, para colmo, antimperialista.

De modo que cuando el 21 de febrero de 1965 Malcolm X fue asesinado por su ex coidearios racistas, el establishment se limitó a condenar la "violencia", y luego asesinó a Luther King, partidario de "la no violencia" (1968) y premio Nobel de la Paz 1964.

Decía Malcolm X: "Si me ofrecieran el premio Nobel me suicidaría. Sabría que algo marcha mal. Por esto me cae tan simpático ese francés, Sartre, que lo rechazó".

Decía también: "El poder sólo retrocede ante la presencia de un poder mayor... Está en la naturaleza del poder retroceder sólo en presencia de un poder mayor. Y de esto se han dado cuenta los pueblos del sureste de Asia, del Congo, de Cuba y otras partes del mundo".

Malcolm X fue profético: "Sí, cada año discurren un truco nuevo. Van a tomar a uno de sus muchachos, de sus muchachos negros, y lo depositarán en el gabinete para que pueda caminar con un gran puro, brasa en punto y un tonto en la otra". En lo único que se equivocó Malcolm X es que después de un muchacho, el imperialismo eligió a una muchacha que, además, no fuma.


PERFILES DE GRANDES ARGENTINOS

RODOLFO PUIGGRÓS (1906-1980)



Por José Steinsleger

Formador de juventudes, didáctico y con una erudición capaz de transmitir lo aprendido, el historiador argentino Rodolfo Puiggrós fue un revolucionario que escribía libros para renegar de las teorías prefijadas del conocimiento y los cerraba para demostrar que las teorías del conocimiento no sirven cuando se conjugan en singular.

En México le decían "maestro" y en Argentina "profesor". Aquí entregó quince años de producción fructífera. Allá medio siglo de tenaz compromiso político. Y, por donde anduviese, quienes tuvieron la suerte de oírlo pueden dar fe que la verdadera maestría se prueba cuando los discípulos no se parecen a su maestro ni tampoco entre sí.

Quedan sus libros, cerca de treinta textos, algunos de los cuales fueron reeditados y se reeditan por sus alcances universales: De la colonia a la revolución (1940), Historia económica del Río de la Plata (1945), La España que conquistó al nuevo mundo (1961), Las izquierdas y el problema nacional (1966) y la polémica que sostuvo con el sociólogo alemán André Gunder Frank acerca de la realidad estructural de nuestros países, apasionado y apasionante debate que empezó en las páginas del diario El Día de México y cimbró el mundo académico de las universidades latinoamericanas (1965).

El marxismo aplicado a la realidad nacional, la historia de España, de la Iglesia católica y su impacto en los movimientos emancipadores de América hispana, los procesos revolucionarios y la lucha anticolonial del tercer mundo fueron temas que Puiggrós analizó desde posiciones críticas que le llevaron a confrontarse con fuerzas poderosas: el nacionalismo conservador, la intelectualidad "conceptualizadora de conceptos", el colonialismo ideológico de la izquierda estalinista y el liberalismo light que festeja la democracia con ciudadanos incapaces de defenderla.

Políticamente, la trayectoria de Puiggrós fundió militancia y pensamiento. Vinculado al Partido Comunista argentino desde su fundación (1921), en el que desempeñó varios cargos de dirección, los comunistas (y en particular su secretario general, el mítico Vittorio Codovila) nunca le perdonaron su adhesión al peronismo en 1946. Pero cuando Puiggrós daba a sus amigos los fundamentos de esta actitud, afloraba con fuerza su ironía rioplatense: "Me fui del partido porque si llovía en Moscú, Codovila abría el paraguas y porque su proyecto era hacer la rivoluzione nacionale en Argentina".

Durante el tercer gobierno de Perón (1973-74), Puiggrós fue designado
interventor de la Universidad Nacional de Buenos Aires. Al explicar por qué había designado decano de la Facultad de Derecho a un abogado de 28 años, respondió: "Es joven, en una facultad de viejos; es de izquierda, en una facultad reaccionaria; es peronista, en una facultad gorila y es judío en una facultad fascista".

En una línea que en México lo acercaba a un Rafael Galván antes que a un Fidel Velázquez, a un Lázaro Cárdenas antes que a un Miguel Alemán, Puiggrós fue un estudioso del "nacionalismo revolucionario". Y como tantos intelectuales y luchadores sociales de América Latina, fue su pasión por México y su pueblo lo que le llevó a permanecer en este país en dos ocasiones, donde siguió luchando hasta el día en que murió, el 12 de noviembre de 1980.

Durante el segundo exilio mexicano, a causa de las amenazas de la llamada Alianza Anticomunista Argentina (AAA), que lo acusaba de haber entregado las aulas "a la subversión", Puiggrós fundó el Comité de Solidaridad con el Pueblo Argentino y fue miembro del Comité Latinoamericano de Solidaridad junto a Pablo González Casanova, Pedro Vuskovic, Agustín Cueva, Carlos Quijano, Jorge Turner, José Luis Balcárcel y otras personalidades del continente.

Aquí lo sorprendió la muerte de su hijo Sergio, oficial montonero caído en combate en lucha desigual con el Ejército (1976). Fue entonces cuando aquel "viejo" que solía interrumpir sus reuniones políticas para repartir caramelos a los niños como si fuese un "Santa Claus socialista" (Turner), también podía llorar desconsoladamente como un niño.

En el Teatro Jiménez Rueda de esta ciudad, sus amigos y compañeros le
organizaron un homenaje. La ocasión pintaba de duelo. Pero Puiggrós, como siempre, fue claro y sencillo: "Nosotros no medimos nuestras horas porque estamos en lucha, sino que medimos las horas de nuestros enemigos, seguros como estamos del triunfo".


EL POETA MIGUEL ARTECHE

<hr><h2><u>EL POETA MIGUEL ARTECHE</h2></u>

Por Aristóteles España

Osvaldo Miguel Salinas Arteche
, conocido como Miguel Arteche en los medios literarios de Chile y Latinoamérica, nació el 24 de junio de 1926 en Nueva Imperial (Cautín). Uno de los grandes poetas chilenos, cultiva con maestría el verso religioso, incorporando formas clásicas e introduciendo en nuestro sistema literario a Berceo, Quevedo, Góngora, Garcilaso, Lupercio, Argensola, Vallejo, Juan Ramón Jiménez. Ajeno al influjo nerudiano, en entrevistas recientes reconoce que no conoció a Huidobro ni a De Rocka, siempre se alejó de Pablo Neruda “porque había en él una atmósfera de idolatría que no acepto. No tengo afinidad con ninguno de ellos, mi sintonía poética parte con Gabriela Mistral. Es la más grande poeta de Chile y tal vez del continente. Mis raíces están en su obra. Ella es mi punto de partida. Admiro su poesía y su posición ética”, dijo al periodista chileno Luis Alberto Mansilla en la revista a“Punto Final”.

Arteche es un poeta del descubrimiento. En sus poemas las elegías tienen tanta importancia como las bicicletas abandonadas en la lluvia, las arpas rotas en el agua y se escuchan los ecos de los trenes que pasan y dejan en los durmientes sus metálicas furias. Admirador de la obra de Luis Cernuda, tiene una fuerte vinculación con la Generación del 27 en España, producto de sus constantes lecturas y de su vinculación con el mundo cultural de ese país durantes sus residencias en la capital española, como estudiante y diplomático chileno en el gobierno de Eduardo Frei Montalva, desde 1965 a 1970.

El poeta Andrés Morales lo describe como un vate vinculado al sur profundo de Chile, a sus árboles, paisajes, a sus vientos que tienen un indiscutible protagonismo. Señala que “Invitación al olvido” (1947) es uno de los mejores primeros libros editados por autores chilenos en el siglo XX.

El novelista José Donoso escribió un artículo en el diario “El Mercurio”> el 10 de octubre de 1963 sobre la obra de Arteche que tituló “la realidad que nos sobrepasa”: Allí rescata su fuerte raigambre hispánica. Dice: “La poesía de Miguel es de corte tradicional y se desarrolla siempre en presencia de las grandes cosas inmutables: Dios, el amor, la muerte”.

Podemos señalar que este poeta ha dado una dimensión religiosa del mundo a nuestra poesía y logrado crear una corriente en este sentido en nuestro país. Además, ha sido riguroso en su escritura, en el sentido que la poesía es, en primer lugar, un arte, y que no se puede escribir bien sin que se domine ese arte.

Arteche es también un poeta bíblico en el sentido de que en sus textos siempre están presentes los elementos de las Sagradas Escrituras, de los sueños que allí subyacen y de los recodos que hay en los pasajes más elementales y significativos como el amor, la creación de un mundo nuevo, los mandamientos.

Sus principales obras son: “Invitación al olvido” (1947); “Oda fúnebre” (1948); “Una nube” (1949); “El sur dormido” 1950; “Solitario, mira hacia la ausencia” (1953); “Otro continente” (1957); “Quince poemas” (1961); “Antología de 20 años” (1972); “Variaciones alemanas” (1986); “Tercera antología” (1991). Novelas: “La otra orilla” (1964); “La disparatada vida de Félix Palissa” (1975); "El alfil negro” (1992). Cuentos: “Mapas del otro mundo” (1977); “Las naranjas del silencio” (1987: Autor de ensayos antologías, ha recibido premios de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Concepción, de Municipalidades chilenas. Es miembro de la Academia Chilena de la Lengua y de la Real Academia Española.

Fue subdirector de la Biblioteca Nacional de Chile y en 1996 se le otorgó el Premio Nacional de Literatura."


DON QUIJOTE DE LAS PARADOJAS

<hr><h2><u>DON QUIJOTE DE LAS PARADOJAS</h2></u>

Por Eduardo Galeano *

Montevideo (Uruguay) - 15 de febrero de 2005

Tomado de Red Voltaire

Nació en prisión esta aventura de la libertad. En la cárcel de Sevilla, "donde toda incomodidad tiene su asiento y donde todo triste ruido hace habitación", fue engendrado Don Quijote de la Mancha. El papá estaba preso por deudas. Exactamente tres siglos antes, Marco Polo había dictado su libro de viajes en la cárcel de Génova, y sus compañeros de prisión habían escuchado, y escuchándolo habían viajado.

***

Cervantes se propuso escribir una parodia de las novelas de caballería. Ya nadie, o casi nadie, las leía. Estaban pasadas de moda. La tomadura de pelo fue un esfuerzo digno de mejor causa. Y sin embargo, esa inútil aventura literaria resultó mucho más que su proyecto original, viajó más lejos y más alto y se convirtió en la novela más popular de todos los tiempos y de todas las lenguas. Merece gratitud eterna el caballero de la triste figura. A don Quijote los libros de caballería le habían quemado la cabeza, pero él, que se perdió por leer, salva a quienes lo leemos. Nos salva de la solemnidad y del aburrimiento.

***

Famosos estereotipos: don Quijote y Sancho Panza, el caballero y su escudero, la locura y la cordura, el soñador hidalgo con la cabeza en las nubes y el labriego rústico de pata en tierra. Es verdad que don Quijote se vuelve loco de remate cada vez que monta a Rocinante, pero cuando desmonta suele decir frases que vienen del más puro sentido común, y en ocasiones pareciera que se hace el loco sólo por cumplir con el autor o el lector. Y Sancho Panza, el ramplón, el bruto, sabe ejercer con ejemplar sutileza su gobierno de la ínsula de Barataria.

***

Tan frágil que parecía y fue el más duradero. Cada día cabalga con más ganas, y no sólo por la manchega llanura. Tentado por los caminos del mundo, el personaje se escapa del autor y en sus lectores se transfigura. Y entonces hace lo que no hizo, y dice lo que no dijo. Don Quijote jamás pronunció la más famosa de sus frases. "Ladran, Sancho, señal que cabalgamos" no figura en la obra de Cervantes. ¿Qué anónimo lector habrá sido el autor?

***

Metido en su armadura de latón, montado en su rocín hambriento, don Quijote parece destinado a la derrota y al ridículo. Este delirante se cree personaje de novela de caballería y cree que las novelas de caballería son libros de historia. Sin embargo, no siempre cae despatarrado en sus lances imposibles, y a veces hasta aplica honrosas tundas a los enemigos que enfrenta o inventa. Y ridículo es, qué duda cabe, pero entrañablemente ridículo. Cree el niño que una escoba es un caballo, mientras el juego dura, y mientras dura la lectura los lectores acompañamos y compartimos los andares estrafalarios de don Quijote. Reímos de él, sí, pero mucho más reímos con él.

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"No te tomes en serio nada que no te haga reír", me aconsejó alguna vez un amigo brasileño. Y el lenguaje popular se toma en serio los delirios de don Quijote y expresa la dimensión heroica que la gente ha otorgado a este antihéroe. Hasta el Diccionario de la Real Academia Española lo reconoce así. Quijotada es, según el diccionario, "la acción propia de un quijote" y quijote es aquel que "antepone sus ideales a su conveniencia y obra desinteresada y comprometidamente en defensa de causas que considera justas, sin conseguirlo".

***

Dos veces pidió Cervantes empleo en América, y dos veces fue rechazado. Algunas versiones dicen que era dudosa su limpieza de sangre. Los estatutos prohibían viajar a las colonias americanas a quien llevara en sus venas glóbulos judíos, musulmanes o heréticos, que se trasmitían a lo largo de no menos de siete generaciones. Quizá la sospecha de algún abuelo o bisabuelo que fuera judío converso explica la respuesta oficial a las solicitudes de Cervantes: "Busque por acá en qué se le haga merced". El no pudo venir a América. Pero su hijo, don Quijote, sí. Y en América le fue de lo más bien.

***

En 1965, el Che Guevara escribió la última carta a sus padres. Para decirles adiós, no citó a Marx. Escribió: "Otra vez siento bajo mis talones el costillar de Rocinante. Vuelvo al camino con mi adarga al brazo".

***

En sus malandanzas, evocaba don Quijote la edad dorada, cuando todo era común y no había tuyo ni mío. Después, decía, habían empezado los abusos, y por eso había sido necesario que salieran al camino los caballeros andantes, para defender a las doncellas, amparar a las viudas y socorrer a los huérfanos y a los menesterosos. El poeta León Felipe creía que los ojos y la conciencia de don Quijote "ven y organizan el mundo no como es, sino como debiera ser. Cuando don Quijote toma al ventero ladrón por un caballero cortés y hospitalario, a las prostitutas descaradas por doncellas hermosísimas, la venta por un albergue decoroso, el pan negro por pan candeal y el silbo del capador por una música acogedora, dice que en el mundo no debe haber ni hombres ladrones ni amor mercenario ni comida escasa ni albergue oscuro ni música horrible".

***

Unos años antes de que Cervantes inventara a su febril justiciero, Tomás Moro había contado la utopía. En el libro de Tomás Moro, Utopía, u-topía significaba no-lugar. Pero quizás ese reino de la fantasía encuentra lugar en los ojos que lo adivinan, y en ellos encarna. Bien decía George Bernard Shaw que hay quienes observan la realidad tal cual es y se preguntan por qué, y hay quienes imaginan la realidad como jamás ha sido y se preguntan por qué no. Está visto, y los ciegos lo ven, que cada persona contiene otras personas posibles, y cada mundo contiene su contramundo. Esa promesa escondida, el mundo que necesitamos, no es menos real que el mundo que conocemos y padecemos. Bien lo saben, bien lo viven, los aporreados que todavía cometen la locura de volver al camino, una vez y otra y otra, porque siguen creyendo que el camino es un desafío que espera, y porque siguen creyendo que desfacer agravios y enderezar entuertos es un disparate que vale la pena.

***

Ayuda lo imposible a que lo posible se abra paso. Por decirlo en términos de la farmacia de don Quijote: tan mágico es este bálsamo de Fierabrás, que a veces nos salva de la maldición del fatalismo y de la peste de la desesperanza. ¿No es ésta, al fin y al cabo, la gran paradoja del viaje humano en el mundo? Navega el navegante, aunque sepa que jamás tocará las estrellas que lo guían.

(*) Periodista y escritor uruguayo.


QUIJOTES DE HOY

<hr><h2><u>QUIJOTES DE HOY </h2></u>

Por Ignacio Ramonet - La Voz de Galicia

Publicado el Viernes 18/02/05

EN EL MARCO del Foro Social Mundial de Porto Alegre, ante unos cinco mil jóvenes y junto con José Saramago, Eduardo Galeano y Federico Mayor Zaragoza, el 29 de enero pasado intervine en un panel titulado: El Quijote hoy: utopía y política, sin duda el evento más concurrido del Foro, si se exceptúan las intervenciones especiales de los presidentes Lula y Chávez.

Decía Napoleón de su general Miranda (un venezolano precursor de los Libertadores): «Es un Quijote, pero no está loco». Aunque la cuestión de la locura de Alonso Quijano es asunto sin resolver y sigue siendo objeto de apasionadas discusiones entre especialistas, yo pienso que en el Foro Social Mundial también hay muchos Quijotes -y muchas Quijotas- que tampoco están locos ni locas.

¿Era el Quijote un utopista? En el sentido propio de la palabra no lo creo. Aunque es posible que Cervantes hubiese oído hablar de Utopía, el célebre libro de Tomás Moro editado en latín en 1516 y traducido al inglés en 1551, o sea más de medio siglo antes de la publicación del Quijote. Pero la primera versión castellana de la Utopía sólo se publicaría en 1637, en Córdoba, veintiún años después de la muerte de Cervantes.

Un utopista, en el mero sentido del término, es aquel que desea construir una ciudad ideal, una sociedad perfecta. Una utopía es un proyecto político, un esquema preciso para edificar una República feliz. Tomás Moro, que murió decapitado, describe un mundo ideal, en paz perpetua, detalla con precisión cómo debe ser su Constitución, cómo debe funcionar su economía (la propiedad privada no existe), describe su urbanismo, las relaciones entre los ciudadanos y relata los pormenores de la vida cotidiana de los habitantes de esa isla llamada Utopía (del griego utopos: ningún lugar).

No es el caso del Quijote. Éste no lucha por imponer un modelo de República ideal. Lo que no soporta son las injusticias. Él no quiere hacer entrar el mundo tal como es en un marco preconcebido, sino «enderezar entuertos», es decir: cambiar las cosas. Más (o menos) que utopista, el Quijote es sin duda un altruista, ofrece su valor, su esfuerzo, su generosidad -y la ofrece gratis-, para combatir las injusticias en el mundo. Es, como todos los caballeros andantes , un justiciero itinerante. No lucha por un mundo ideal. Porque todos los «mundos ideales» acaban defraudando. Y a estas alturas de la historia sabemos que todas las utopías realizadas fracasaron, a veces de espantosa manera.

El Quijote piensa que otro mundo es posible pero no tiene un programa preciso, maniático, dogmático de cómo debe ser ese mundo. Y no quiere obligar a nadie a entrar por la fuerza en el corsé de un eventual nuevo mundo feliz.

La analogía principal entre el Quijote y el Foro Social Mundial reside en el hecho de que el Foro es un proyecto desquiciado pero que se ha podido realizar. En sí es una especie de utopía circunstancial, provisoria y efímera. Porque el Foro es la asamblea de la humanidad. No es la asamblea de los gobiernos o de los Estados (eso es la ONU) sino la asamblea de la gente del planeta. Con toda su diversidad. Es Babel reconstruida. Una Babel armoniosa y fraterna. Con un objetivo delirante: cambiar y transformar el mundo. El objetivo del Foro no es el Foro en sí mismo. El objetivo no es que el Foro tenga lugar una vez al año como una especie de feria social mundial o de festival mundial de la crítica de la globalización. No, el propósito del Foro es enderezar los entuertos de este planeta, que son incontables. Son tantos que un solo Quijote no bastaría para combatirlos. Por eso se juntaron una vez más este año, en Porto Alegre, batallones de Quijotes y de «Quijotas». Porque, sin fanatismos, ni dogmatismos, ni violencias, quieren cambiar este mundo. Y hacerlo más justo, más solidario y más fraterno.


VISITA PRESIDENCIAL

<hr><h2><u>VISITA PRESIDENCIAL</u></h2>

1939: PEDRO AGUIRRE CERDA EN PUERTO NATALES



de "Ultima Esperanza: El paisaje y su habitante", por Jorge Díaz Bustamante

«Lleno de júbilo el pueblo de Natales recibe hoy a su excelencia, el Presidente de la República don Pedro Aguirre Cerda». «Con esta visita se cumple la promesa hecha por su Excelencia en los primeros días de su gobierno». «Esperamos que la estadía del primer hombre del Frente Popular sea provechosa para toda nuestra región y que ella sirva para solucionar algunos de los graves problemas que nos agobian».

Así saludaba el diario «Claridad» (23-11-1939) la visita de la primera delegación presidencial que llegaba a Puerto Natales. Junto al Presidente viajaban los diputados socialistas Julio Barrenechea y Juan Efraín Ojeda, este último genuino representante de los trabajadores de Última Esperanza.

El programa oficial de recepción y festejos en honor de S. E., el Presidente de la República, contemplaba como primeras medidas: embanderamiento general de la ciudad; desplazamiento de las autoridades departamentales hasta el Rubens, a objeto de recibir en ese lugar a la comitiva presidencial; llegada del presidente y recorrido por la ciudad; almuerzo popular en el Grupo de Caballería; visita a las reparticiones públicas y participación en la ceremonia de colocación de la primera piedra en el local de la Segunda Compañía de Bomberos (para la ocasión fue nominado padrino y primer socio honorario de la «Bomba Chile»).

De acuerdo a algunas versiones y testimonios, el presidente Pedro Aguirre Cerda se dio suficiente tiempo para apadrinar, en medio de todas estas actividades oficiales, a un niño kawésqar al que llamaban Manolo.

La I. Municipalidad otorgó al presidente una medalla de oro y se realizó un desfile frente a la Gobernación, con la participación del Grupo de Caballería, Escuela Militar, Escuela Naval, Cruz Roja, Bomberos, escuelas, instituciones y partidos políticos. La ciudad completa se volcó a este gran acontecimiento, donde con arcos de triunfo, instalados en diversos lugares de la ciudad, se saludó la presencia del presidente y su comitiva.

A las 18 horas se realizó un comicio público, donde hizo uso de la palabra José Muñoz Espinoza, alcalde de la comuna; el presidente del Frente Popular; el diputado por la circunscripción, Juan Efraín Ojeda y, don Pedro Aguirre Cerda.

En la oportunidad se entregó un extenso memorial, con los principales problemas que aquejaban al poblado y a la zona, con temáticas como colonización, problema educacional, servicios hospitalarios, problemas de las habitaciones, fondos para pavimentación provisoria, exploraciones petrolíferas, normalización de los FF.EE. y creación de nuevas industrias.

Existía un hospital que pertenecía a la Caja de Seguro Obrero y se hacía estrecho para una población de más de 5.000 habitantes; sin embargo, estaba en construcción el Hospital de la Benefíciencia, iniciado durante el gobierno de Ibáñez, que no había sido terminado, para lo que se solicitaron fondos especiales.

Para superar el grave aislamiento que se vivía se pidió la normalización de los servicios de los FF.EE. considerando que las mercaderías y correspondencia llegaban hasta con un mes de atraso. El gremio de obreros marítimos propuso la compra de un muelle y bodega para este servicio, lo que facilitaría la carga y descarga de los vapores.

En materia educacional se informó la existencia de sólo tres escuelas, insuficientes e inadecuadas para contribuir a la formación educacional de los niños y jóvenes natalinos. Se propuso la creación de una Escuela Granja y otra Vocacional, para preparar técnicamente a la juventud, pues los hijos de padres obreros no podían acceder y costear una educación superior.

Uno de los problemas más sentidos y urgentes era entonces (y todavía) la creación de nuevas industrias: «Las faenas ganaderas comprenden la Marca y Esquila y la Frigorización de las carnes -la Marca y la Esquila duran aproximadamente un mes y medio y la Frigorización de las carnes dos meses-, de lo cual se desprende claramente que nuestros obreros trabajan 3 meses y medio quedando el resto del tiempo en una cesantía forzosa». «Es este un problema que presenta caracteres de una gravedad extrema y que al mismo tiempo exige una enérjica y rápida solución del gobierno», (sic) La solución estimada entonces, pasaba por la creación de nuevas industrias que harían resurgir al territorio: «No faltan las materias para ello, por lo tanto sería fácil crear fábricas de tejidos, jabón, velas, y otros derivados de los productos grasos, curtiembres y fábricas de Calzados».

Gran parte de la superficie del territorio se encontraba en manos de poderosas firmas ganaderas. La comunidad manifestaba entonces: «Estas compañías, entre las que destaca la Sociedad Explotadora Tierra del Fuego, mantienen una política de expoliación de nuestros trabajadores y fruto de esta política exterior es el reciente movimiento que vuestra Excelencia ha tenido la ocasión de contemplar y que esta sociedad no evitó ni aún por vuestra visita. Las poblaciones del territorio viven oprimidas por estas sociedades que tienen cercados sus límites y en estas mismas condiciones se encuentra Puerto Natales, el que está limitado por la Explotadora sin tener cómo expandirse ni contar con terrenos que den paso a la producción agrícola necesaria para su mantención».

La propuesta era la subdivisión de tierras y la creación de cooperativas agrarias, en el entendido de una diversificación y masificación de la pequeña economía productiva, que sería el polo de desarrollo que haría surgir a la región de Última Esperanza.
Esta primera visita de un presidente provocó gran expectación en materia de logros para una región que se debatía entre el aislamiento y la marginalidad, brindada principalmente por las condiciones geográficas y autoridades que simplemente desconocían ampliamente las urgentes necesidades de una zona tan alejada.

Muchas de estas demandas fueron solucionadas paulatinamente a través de los años. Lo cierto es que la visita del presidente Pedro Aguirre Cerda y su comitiva marcó un acto de presencia y chilenidad en la región austral, que hasta entonces había permanecido olvidada por los diversos sectores políticos del país.

Al finalizar los festejos se realizaron fuegos artificiales en la plaza de armas y una retreta a cargo de la banda del destacamento «Pudeto» de Magallanes.

Un año antes, en las elecciones presidenciales de 1938, el abanderado del Frente Popular, Pedro Aguirre Cerda, había registrado una cifra histórica: ¡la más alta votación que haya obtenido un candidato en Puerto Natales y probablemente en el país! De un total de 978 votantes logró 926; es decir, el 97% de los sufragios.

BIBLIOGRAFÍA

Claridad
, 23-11-1939
Noticias Gráficas de Magallanes, 1944.
Última Esperanza en el tiempo. Mateo Martinic Beros.


SANDINO, 70 AÑOS

<hr><h2><u>SANDINO, 70 AÑOS</h2></u>

Por José Steinsleger

La Jornada
- México D.F. Febrero de 2004

Ante la Fundación Woodrow Wilson (Washington), el presidente Franklin D. Roosevelt dijo en 1933: "... si yo estuviera empeñado, en calidad de ciudadano de alguna otra república americana, en una campaña política, quizás me sintiera fuertemente tentado de jugar con los temores de mis compatriotas de esa república, acusando a los Estados Unidos de Norteamérica de alguna forma de deseo imperialista de egoísta engrandecimiento..."

Transmitida por radio a los delegados de la Conferencia Panamericana de Montevideo, la "política del Buen Vecino" cautivó a los gobiernos latinoamericanos. Glosando palabras del presidente Wilson (1913), Roosevelt añadió: "La comprensión debe constituir el suelo en el que habrán de crecer todos los frutos de la amistad".

Días después, el aviador estadunidense Earle V. Kingsley habló en Managua con el embajador Arthur Bliss Lane acerca de tratos del primero con Anastasio Somoza, jefe de la Guardia Nacional, con el fin de fletar "un avión para arrojar bombas a los sandinistas". El diplomático contuvo al voluntario, advirtiéndole que desde el primero de enero de aquel año no quedaban soldados extranjeros en el país.

En tanto, el general Augusto César Sandino no sabía qué hacer con la paz. Después de librar seis años de guerra victoriosa contra el ejército más poderoso del mundo (1927-32), el héroe había llegado a un acuerdo con el voluble presidente Juan B. Sacasa, tras cumplir con su palabra de desarmar al "pequeño ejército loco".

Sí. ¿Qué hacer con la paz? Desde México, el dirigente Vicente Lombardo Toledano lo presionó: "... que el general Sandino defina mejor su actitud después de la paz, porque en el mundo americano se duda, y eso no conviene a los intereses generales ni a Sandino en particular". Sin embargo, la Guardia Nacional (organizada por los marines durante la ocupación) continuaba asesinando, persiguiendo, fusilando y quemando las casas de los sandinistas.

Las relaciones de Sandino con la izquierda mexicana eran tortuosas. En junio de 1930, al trascender que el jefe del "Partido Liberal en armas" había conseguido apoyo del gobierno
de Plutarco E. Calles, el Partido Comunista Mexicano (PCM) publicó en El Machete un brulote declarándolo "traidor a la causa del internacionalismo proletario".

En comunicado del 29 de mayo, el PCM dijo: "El guerrillero nicaragüense, al aliarse al gobierno contrarrevolucionario de México, se ha convertido en instrumento del imperialismo yanqui".

Lo curioso es que la intervención de 1927 obedecía, justamente, a la ayuda que México brindaba a los liberales nicaragüenses que luchaban contra Adolfo Díaz, títere conservador de Estados Unidos, quien declaró que la intervención estaba justificada porque "... Nicaragua es un país débil y pobre que no puede resistir a los invasores y agentes del bolchevismo mexicano".

Consciente de los riesgos que corría, Sandino decidió entrevistarse con el presidente Sacasa. El 20 de febrero de 1934 abandonó su cuartel general y partió hacia Managua acompañado de su padre, el escritor Sofonías Salvatierra y los generales Estrada y Umanzor. Los sandinistas cenaron con el presidente y, pasadas las nueve, abandonaron la residencia. Al llegar a las garitas del Campo de Marte, que se encuentra al pie de la casa presidencial, el automóvil de Sandino y su comitiva fue detenido por un oficial de la Guardia y llevado a la cárcel del Hormiguero. El presidente Sacasa, enterado por su hija de lo que estaba ocurriendo, habló por teléfono con el embajador de Estados Unidos, quien prometió hacer lo posible "para evitar lo peor".

Del Hormiguero, Sandino, Estrada y Umanzor fueron trasladados en un camión a un sitio de las afueras de la ciudad, llamado La Calavera. La descarga de fuego cruzado mató al "general de hombres libres" y los suyos. Minutos después, en otro lugar de Managua, fue asesinado Sócrates Sandino, hermano mayor. Días más tarde, Somoza arrasó con el pueblo sandinista de Wiwilí. Los cuervos, los perros y los cerdos de los alrededores se dieron un festín de carne humana. El gobierno anunció una amnistía para los sandinistas, con la condición de que se presentaran en la ciudad de Jinotepe "por sus papeles". Los que se confiaron cayeron asesinados.

El presidente Sacasa no levantó la voz contra la matanza. En 1936 Somoza lo echó a patadas del Palacio de Tiscapa y el nuevo "paladín de la democracia" se hizo redactar un decreto que le concedió, simultáneamente, la Cruz del Valor, la Medalla de Distinción y la Medalla Presidencial al Mérito. El 21 de septiembre de 1956, tras el ajusticiamiento de Somoza por el poeta Rigoberto López Pérez, el presidente Dwight Eisenhower manifestó: "La nación y yo, personalmente, lamentamos la muerte del presidente Somoza, ocurrida como resultado del cobarde ataque de un asesino". Conviene apuntar que aquel discurso de Roosevelt, anunciando la era de Buena Vecindad, fue pronunciado un 28 de diciembre, día de los Santos Inocentes.


BOLIVIA: LA CANCILLERÍA FRENTE A CHILE

Por Andrés Soliz Rada

Una parte mayoritaria de la población boliviana reacciona con rencor frente a Chile al recordar el enclaustramiento geográfico, originado en la guerra de 1879. Otra, sin olvidar la usurpación, siente fascinación por el país vecino, similar a la de los ingleses por su reina de turno. Unos y otros admiten que Chile se caracteriza por su disciplina, unidad, orden, espíritu de sacrificio y patriotismo, a diferencia de nosotros que seríamos indisciplinados, desunidos, desordenados y egoístas. La oligarquía boliviana, al igual que la peruana, es pro chilena por antiindígena, ya que, desde su punto de vista, la presencia mayoritaria de quechuas y aimaras es un lastre que impediría el desarrollo nacional (Ver mi libro “La Conciencia Enclaustrada”. Editorial Contemporánea. 1995. La Paz-Bolivia).

El Presidente Aniceto Arce (1884-1888), representante de los oligarcas fascinados, planteó a Bolivia encabezar las conquistas militares de Chile, apropiándose de Tacna y Arica, con lo cual Bolivia hubiera mantenido su condición de país costero. Sin embargo, la iniciativa olvidaba los lazos históricos y antropológicos que vinculan a Perú y Bolivia. Por su parte, los sectores populares, depositarios de la bronca histórica, no dejan de masticar la amargura centenaria. Estas corrientes antagónicas generan la pendular política exterior de Bolivia, la que fluctúa desde raptos de optimismo ante la posibilidad de abrir un resquicio a la tozudez vecina y la angustia sin esperanza.

La pugna retrasa la elaboración de políticas que nos acerquen a la recuperación costera, que pasan por dejar de ver a Chile como a país de superdotadas y superdotados o como a conglomerado de amigos de lo ajeno. Chilenos y chilenas poseen, efectivamente, las cualidades anotadas, pero también tienen debilidades y falencias. El euro centrismo de la mayoría de sus intelectuales, hace que su pueblo tenga una visión distorsionada de nuestra América mestiza que necesita de acciones coordinadas y conjuntas para sobrevivir en los tormentosos tiempos presentes.

Chilenos y chilenas, con excepciones, obviamente, se tragan en silencio sus propias inconsecuencias. Anotemos sólo una de ellas. Las Fuerzas Armadas vecinas rinden enfervorizadas pleitesías a la Gran Bretaña. Esta óptica enfermiza hizo que el general Augusto Pinochet convirtiera a parte del territorio chileno en base de operaciones de aviones ingleses en la guerra de las Malvinas. En “reconocimiento” a ese acto indigno, el dictador fue tratado en Londres como vulgar delincuente, a requerimiento del juez español, Baltasar Garzón.

PEDRO GODOY: LA CONCIENCIA LATINOAMERICANA DE CHILE

Lo anterior es sólo el eslabón de una cadena de distorsiones conceptuales que el profesor Pedro Godoy ha resumido en sus "Siete Tesis Equivocadas en la Historia de Chile” (Revista “Patria Grande” N. 5, abril de 1986, La Paz - Bolivia). En ellas, Godoy deja constancia de la resistencia de sus compatriotas intelectuales a admitir la influencia incaica en territorio chileno, lo que los conduce a una andinofobia obcecada, que desemboca, dice, en una “araucomanía” desequilibrada. La alienación se acrecienta al inventar infranqueables barreras entre el Virreinato de Lima y la Capitanía de Chile (o Nueva Extremadura), bajo la prédica de una insularidad inexistente. Sigue Godoy: Una rama de las FFAA admira al almirante escocés Tomás Cochrane, quien acompañó a las fuerzas patrióticas que, encabezadas por el Libertador José de San Martín, expulsaron por primera vez de Lima al poder hispano. La idolatría a Cochrane trata de disminuir la importancia de los grandes capitanes de la gesta libertaria sudamericana, como Bolívar, San Martín y O Higgins. El afirmar que "Bolivia nunca tuvo mar", como dijera Pinochet, o el sostener que nuestro reclamo es una aspiración y no una demanda, o el afirmar que "no hay nada pendiente" entre los gobiernos de Santiago y La Paz, busca distorsionar la memoria histórica del pueblo chileno y es parte del premeditado aislamiento de Chile, que silencia su propia formación indomestiza.

La figura de Pedro Godoy merece párrafo aparte. Pese al silencio sobre su obra, no cabe duda que pasará a la Historia de América Latina como el chileno que más esfuerzos desplegó, en las últimas décadas, por integrar a su país en la comunidad latinoamericana. En medio de una enorme soledad, se atrincheró en el Centro de Estudios Chilenos CEDECH), para desde allí predicar la hermandad chilena con el Perú, vecino al que, en su opinión, Chile debe devolver sus trofeos de la guerra del Pacífico; con Argentina, país con el que hace causa común por el reclamo de las Malvinas usurpadas por el colonialismo inglés, y con Bolivia, república a la que exige que Santiago le reintegre su condición costera. Con estos elementos, Godoy ha publicado el libro “Chile versus Bolivia, Otra Visión”, en el que reitera que la unidad latinoamericana es condición de nuestra común sobrevivencia.

El aislamiento de Godoy y de los pocos intelectuales que comparten sus ideas, como Enrique Zorrilla, Leonardo Jeffs y Cástulo Martínez, ppodría deberse a que las corrientes nacionales en Chile no han alcanzado las dimensiones del peronismo en la Argentina, del MNR en Bolivia o del aprismo peruano. Sin embargo, la figura de Marmaduque Grove, quien, el 4 de junio de 1932, proclamó la República Socialista de Chile, sobre la base de un programa antiimperialista e indoamericano (aquí se advierte la influencia de Víctor Raúl Haya de la Torre), demuestra que el país vecino, y mucho más con Salvador Allende, no está ausente de las gestas conosurianas.

UNA CANCILLERIA SIN BRUJULA

Estos y otros antecedentes hacen ver que la supuesta inflexibilidad e infalibilidad de la política exterior de Chile es un invento. En el fondo de su conciencia, todo chileno sabe que su país ha despojado a Bolivia de su litoral. Por eso, sólo le queda guardar silencio o admitir entre murmullos la justicia de la demanda boliviana. El “no existe problemas pendientes” se desgrana como galleta al rememorarse el abrazo de Charaña de 1975, entre Banzer y Pinochet, o las recientes declaraciones del ex cónsul en La Paz, Emilio Ruiz Tagle, quien dijo que en algún momento Bolivia tendrá acceso soberano al Pacífico. Los constantes apoyos internacionales a la causa marítima boliviana, cada vez más insistentes y constantes, como los del Secretario General de las Naciones Unidas, Koffi Anan, o de los presidentes de Venezuela, Cuba, México, Brasil y tantos otros golpean al chauvinismo aislacionista de “La Moneda”. Si a lo anterior se añade la actitud de chilenos dignos que respaldan a Bolivia, encabezados por Pedro Godoy, se demostrará que la solución del problema marítimo boliviano no es una causa perdida ni que pueda ser postergada por otro siglo.

Sin embargo, para obtener resultados positivos, Bolivia necesita terminar con el carácter pendular y nebuloso de su Cancillería. Tal debilidad, que no nos abandonó a lo largo de la historia, volvió a repetirse en la década pasada, debido a que el primer gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada (1993-1997), no reclamó ni una sola vez la restitución del litoral cautivo. El silencio fue tan marcado que al asumir el siguiente gobierno, presidido por el General Hugo Banzer Suarez, el nuevo Canciller, Javier Murillo de la Rocha, tuvo grandes dificultades para reinsertar la demanda marítima en la agenda latinoamericana. El hecho se debió a que Sánchez de Lozada y su canciller, Antonio Aranibar, redujeron a negocios las relaciones con Chile para beneficio oligárquico y de las transnacionales. Todo en el marco de la liquidación de las empresas estratégicas del Estado, lo que fue aprovechado por la oligarquía del país vecino para adquirir tierras, bancos, supermercados y ferrocarriles a fin de enterrar el sentimiento marítimo. En este contexto, plutócratas chilenos, como los Pérez Yoma, los Lucsics, los Urenda, se aliaron a oligarcas nativos, como los Petrisevic, los Valdez, los Saavedra Bruno para engrosar sus cuentas bancarias a costa del interés nacional. Para ellos, el recuerdo del Litoral era un estorbo.

Pero si Banzer restituyó el tema marítimo en la agenda internacional, también debilitó a la Cancillería al crear, sin razones valederas, el Ministerio de Comercio Exterior. La idea de separar las relaciones exteriores del comercio internacional no podía ser más descabellada. La decisión no fue adoptada como fruto de reflexiones patrióticas, si no del cuoteo (reparto) de cargos políticos. Bánzer, al no satisfacer la exigencia del Movimiento de Izquierda Revolucionario (MIR) que, en 1997, pedía ocupar la Cancillería, compensó al Partido de Jaime Paz Zamora con el Ministerio de Comercio Exterior, que recayó en su militante Jorge Crespo Velasco. El hecho originó una constante pugna entre ambos ministerios, cuyas funciones no están delimitadas hasta el presente. Con semejante desorden interno, difícilmente se podrá avanzar en una política sostenida y coherente frente a Chile.

Por otra parte, “gonistas” “miristas” y “banzeristas” (y “tutistas” -partidarios del ex Presidente Jorge Quiroga--) tienen sus cuotas en la Cancillería. Todos hablan, desde la fundación de la República, de tener una diplomacia coherente. Los hechos demuestran, sin embargo, que el servicio exterior sigue siendo asilo, salvo pocas excepciones, de oligarcas desocupados. La discriminación a gente de origen popular se inicia en la escuela diplomática y termina en la designación de embajadores y cónsules. Los oligarcas nativos se creen predestinados a ser diplomáticos, en cumplimiento del “acuerdo de caballeros”, llevado a cabo por Adolfo Costa du Rels, en la tercera década del siglo pasado, y en virtud del cual uno de los integrantes del núcleo de predestinados debía ser el Ministro de Relaciones Exteriores y sus amigos íntimos embajadores en EEUU y en los países más importantes de Europa, de manera rotativa.

La orientación oligárquica de nuestra política exterior se caracteriza por otorgar gran resonancia a los comunicados y declaraciones públicas y por su cobardía e incapacidad en los asuntos concretos. Casi todos sus exponentes son incurables memoriones que no se cansan de repetir la importancia de las “notas reversales” de 1950 y la Declaración de la OEA de 1979, en las que se obtuvo promesas de Chile y apoyos externos, respectivamente, a la cuestión marítima. No se trata de disminuir la importancia de esos documentos, pero a condición de no olvidar que, en tanto obteníamos “victorias morales”, Chile destruyó la Confederación Perú Boliviana (en 1839), nos arrebató el Litoral, nos maltrató con las agresiones verbales de Koening y del almirante Merino, nos alejó aún más del Océano con el Tratado de 1904 y el Protocolo de 1929, se apropió de las aguas del río Lauca, ha minado sus fronteras, no deja de remover hitos fronterizos y, en los últimos años, ha incursionado en Bancos, supermercados, tierras y decenas de empresas industriales y comerciales del país.

EL PARADIGMA DE LA INCAPACIDAD

El tema de las vertientes del Silala (en el sudoeste de Bolivia) es el mejor ejemplo de la incapacidad de nuestra diplomacia de “niños bien”, a la que acompañan, como la sombra al cuerpo, el nepotismo, el abandono, la negligencia y la falta de estrategias. En interpelación al canciller Javier Murillo de la Rocha, el 16-3-99 (publicada íntegramente un día después en el periódico “El Diario”, de La Paz), sostuve, en mi condición de diputado nacional, que se trataba del problema más sencillo, más claro y transparente de nuestra política exterior y, en consecuencia, de más fácil solución.

Para comenzar, nuestra Cancillería nunca hizo el menor esfuerzo (y su descuido continúa hasta el día de hoy) por dejar constancia que la palabra “Silala” no existe ni en la geografía ni en la historia de Chile y de Bolivia. Se trata de un invento del ingeniero neocelandés Hosías Harding, quien, en 1906, acuñó la palabra para bautizar un río que sólo existió en su afiebrada mente. El ingeniero Antonio Bazoberry examinó más de cien fotografías satelitales en la Biblioteca del Congreso de EEUU y no encontró el supuesto río por ninguna parte. Se trató de un abuso de Harding, quien, aprovechando su condición de gerente del ferrocarril Antofagasta-Bolivia (de propiedad de los ingleses) y asesor del gobierno de Chile para el trazado de las nuevas fronteras chileno-bolivianas, dibujó el río “Silala”.

¿Si no existe el río Silala, que es lo que existe? Existe el Cantón Quetena, del departamento de Potosí, los bofedales (áreas húmedas) del Quetena y los ojos de agua de esos bofedales. Nuestros diplomáticos no supieron defender ni siquiera el nombre de la región donde se originó el conflicto. El invento de Harding sirvió para que su empresa firmara, en 1908, una concesión de uso de aguas de las vertientes del Silala, para 10 locomotoras que operaban en la zona y que debían gastar 50 litros diarios de agua. Desde hace 96 años, empresas chilenas están utilizando alrededor de 200 litros por segundo (17.950 litros diarios más de lo pactado) de los bofedales del Quetena, los que son vendidos a empresas mineras y poblaciones chilenas, de cuyas enormes utilidades ni Bolivia ni Potosí obtuvieran un solo centavo. Por otra parte, hace más de medio siglo que las locomotoras a vapor han dejado de operar en esa región. Chile aduce que el 50% de las aguas del Quetena le pertenecen por tratarse de un río internacional. Santiago nunca pudo explicar el por qué no utilizó y utiliza esas aguas en su territorio, sin necesidad de concesión alguna. Y no lo hace, porque las aguas del Quetena se insumirían en el terreno arenoso de la zona, si no se hubieran construido canales de mampostería que permiten que fluya el líquido elemento hasta territorio chileno. Confundir un río con un canal artificial es otra de las “habilidades” del gobierno de Santiago.

El problema es de fácil solución porque nada impide a Bolivia usar dentro de su territorio y en su propio beneficio por lo menos el 50% de las aguas de sus bofedales, a lo que Chile no puede oponerse. Sólo se necesita voluntad política para llevar al cantón una comunidad campesina interesada en sembrar quinua, criar camélidos o embotellar el agua para vender a los propios chilenos. En lugar de ello, altos personeros de la Cancillería, como Alberto Zelada y Jorge Gumucio, encargaron al Servicio Geológico Minero (Sergeomín) un estudio para el uso conjunto de las aguas que son exclusivamente bolivianas. El acuerdo considera que debe abarcar a la fauna y la flora de la región. El convenio tendría el nefasto precedente de permitir que Chile interfiera, a título de jurisprudencia, en el uso de todas las aguas de la Cordillera que limita entre ambos países. Si este que es el problema más transparente y sencillo de nuestra política exterior, ¿podrá la actual diplomacia resolver el problema macro de nuestro enclaustramiento? En síntesis, la política exterior de Chile no es una fortaleza invulnerable. Tiene vacilaciones y contradicciones que la castrada diplomacia oligárquica de Bolivia no sabe aprovechar.