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SU MAJESTAD LA PAPA

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Prof. Pedro Godoy P.

Centro de Estudios Chilenos CEDECH

El Nuevo Mundo efectúa notables contribuciones alimentarias al planeta. Entrega frutos que suprimen las cíclicas hambrunas que flagelan Europa. En esta esfera destaca, como un regalo de Dios, la papa.

Nuestros antepasados los quechuas, a la sazón eximios agrónomos, la cultivan con prolijidad. Distinguen casi un centenar de variedades. En la cocina criolla es clave este tubérculo de noble abolengo que se luce junto al autóctono choclo y a la españolísima cebolla. En la temporada invernal está asociado con el pernil, la prieta y la longaniza. Su cosecha es una fiesta linda. El arado abre el suelo y éste entrega el prodigioso tubérculo. Lo espera la dueña de casa para prepararlo de mil modos desde la pituca papa duquesa a la proletaria papa con mote.

Su Majestad está en la mesa y también en el folklore. La leche materna es "la papa". Después de la lactancia viene la "papilla". El "lolo" que se asoma al sexo "le ve el ojo a la papa". En la fase terminal se "ralla la papa". Durante la juventud pecamos de apurados y "dos cucharadas y a la papa al tiro". Los pedantes dan charlas sobre "la importancia de la papa en la cazuela". Caemos en la tentación de "agarrar papa" y creemos tener "la papita". Al errar "caemos como sacos de papa". Los siúticos "hablan como con una papa en la boca". En cambio, son aplaudidos quienes, han estado "donde las papas queman". Todo lo anotado no son "papas", sino verdades.

Así como verdad es que, valorando ese tubérculo mágico, se contribuye a vigorizar nuestra autoestima suramericana.

Martes, 01 de Noviembre de 2005 19:20 ;?>

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