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MIRANDO AL SUR - augusto alvarado


TARDES DE CINE EN NATALES

<h2><hr><u>TARDES DE CINE EN NATALES</h2></u> por Alejandro Ferrer

Fuente: Patagonia Mía

¿Qué es una fantasía? ¿Acaso vale la pena responder? Todos sabemos lo que es; todos vamos por la vida arrastrando ese costal que nos permite volar sin alas, navegar sin barcos, ganarle a Argentina al fútbol, o sea, imaginar sin pudor ni fronteras lo que se nos ocurra y de paso enfrentar la realidad -muchas veces triste- de nuestras existencias.

Y es en ese sentido que andamos por Puerto Natales volando desenfrenadamente, fantaseando al más alto nivel, jugando a ser lo que no somos y quisiéramos ser: ¡directores de cine!

Y lo lindo del caso es que en nuestra empresa hemos logrado desatar la imaginación de muchos natalinos siempre propensos a desafiar las leyes de gravedad, y ahora estamos todos filma que te filma imágenes, situaciones, episodios, que después de un complicado proceso de ordenamiento darán vida a esa película que sigilosa dormía en nuestro costal de fantasías.

En estos días de falso invierno -¿Qué nos pasa que ya ni siquiera tenemos inviernos?- nuestro equipo de soñadores acondicionó, con gran esmero, un enorme garaje, de esos que huelen a fierros obsoletos y en cuyas paredes abundan fotografías de hembras eróticas, y con más voluntad que destrezas le filmamos, durante la primera semana de julio, una decena de canciones al Grupo Alturas de Punta Arenas, las estrellas de nuestra película.

En realidad, aquella noche fue espectacular: todos calladitos, serios, un poco asustados, buscando ángulos originales, perspectivas nunca vistas, efectos especiales y con una iluminación que envidiarían en Joligud (Hollywood, para los anglófilos). ¡Hasta lágrimas corrían por más de alguna mejilla...!

¡Qué noche, señores... Qué noche!

Mas sin embargo, como a eso de las nueve, mientras afuera el Dorotea se escondía en la oscuridad para seducir a la luna, quizás durante el transcurso de la mejor canción, la más suave y sentimental…¡BROOOOMMMM! las piedras comenzaron a llover sobre el techo del garaje, una tras otra, en un intento por silenciar la magia del momento...

¡Qué está pasando, Dios mío?

Pronto lo supimos. Parece que los vecinos perdieron la paciencia y expresaron su malestar a pedradas. No quedó otra que enviar una cuadrilla de musculosos a enfrentar el agravio:

-¿Por qué tiráis piedras, queridos vecinos?- preguntaron.

-No lo sabemos. Quizás está en nuestra naturaleza-... lo que nos hizo recordar a aquel alacrán que juró no picar a la tortuga si ésta lo cruzaba el río: “Te lo juro por lo más sagrado... no te picaré”, le prometió. Sin embargo, cuando iban por la mitad del cruce le clavó con toda su alma la agujeta llena de veneno en el cuello.

-¿Por qué lo hiciste... por qué rompiste el juramento?- preguntó paralizada la tortuga.

Lo siento... lo siento; no te imaginas cómo lo siento, pero está en mi naturaleza, respondió el alacrán y ambos se ahogaron.

Al recordar esto comprendí por qué el poeta Aristóteles España cuando me escribe siempre encabeza sus cartas con un: “Querido natalino tirapiedras...”

¿Qué nos pasa, señores, qué nos pasa...?

Bueno, continuando con la historia de la película, digamos que insistimos en nuestro propósito aquella noche y plasmamos las mejores imágenes y los más hermosos acordes de Alturas. Algún día -creo que para diciembre- veremos el producto. Si por ahí escucha usted un par de piedras en medio de las canciones, tómelo como una anécdota más, una demostración de cariño malo, una especie de efectos especiales made in Natales.

1 comentario

Alejandro Rosas -

lo de las piedras me ecuerda el triste episodio de casi linchamiento de la familia Inalaf allá por los finales de los 60 o comienzo de los 70s.....Natales, mezcla de finlandia con Zorba el griego. Muchas piedras, y tambien muchas flores. Es curioso pertenecer a un lugar, del que tenemos contacto a cada 30 años talvez.