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MIRANDO AL SUR - augusto alvarado


EL PRISMA DEFORMANTE

<hr><h1><u>EL PRISMA DEFORMANTE</h1></u>
Por Enrique Lacolla
La Voz del Interior – Córdoba
13 de noviembre de 2005

En los días posteriores a la Cumbre Interamericana de Mar del Plata, proliferaron los comentarios oficiosos en el sentido de que ésta había sido “un fracaso”.

¿Fracaso para quién?, cabe preguntarse. ¿Para la Argentina, para Brasil... o para los Estados Unidos?

Según lo que ellos mismos expusieron, la mayor parte de los analistas que se inclinaron sobre lo actuado en la Cumbre entendieron que ésta había sido un fracaso para la Argentina. Pero esa estimación, ¿no reflejará más bien la óptica distorsionada de quienes están habituados a mirar la realidad no a través de nuestra propia perspectiva, sino a través del prisma deformante que ofrece el sistema mundial que nos domina?

La reunión de Mar del Plata fue un éxito inequívoco para los países que resisten a la aplanadora del Área de Libre Comercio de las Américas (Alca), que en la práctica sancionaría la extinción de cualquier posibilidad de desarrollo autocentrado de esta parte del planeta. Quizá no la haya enterrado, como quiere suponer el presidente venezolano Hugo Chávez, pues el Imperio tiene múltiples recursos y una persistencia a toda prueba, pero no hay duda de que le infligió un grave traspié.

Al mismo tiempo, dio a luz una nueva constelación sudamericana configurada por los países del Mercosur más Venezuela. Constelación que, por primera vez, se erige como una opción viable para el fortalecimiento regional, indispensable ante una crisis mundial día a día más grave.

Una curiosa noción de la democracia

Es curiosa la forma en que sustentan su crítica muchos de los comentadores negativos del hecho, oficiosos o no, porque entre ellos se encuentra nada menos que el presidente de México, Vicente Fox. Su argumento maestro parece ser el carácter desconsiderado (y en cierto modo, antidemocrático) del pronunciamiento de los países del Mercosur y Venezuela.

En efecto, según ellos, violentaríamos la lógica y nos aislaríamos al asumir una posición contraria a la de la “gran mayoría” de los países del hemisferio occidental.

Una vez más, ¿de qué mayoría nos hablan? Los países del Mercosur y Venezuela suman 75 por ciento del producto interno bruto (PIB) de Sudamérica y agrupan a más de 200 millones de habitantes. Sin embargo, en la compulsa electoral, el voto de la Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay o Venezuela vale lo mismo que el voto, pongamos, de Trinidad y Tobago, que tiene algo más de un millón de habitantes, y de Surinam, con menos de medio millón.

Este democratismo a la violeta contrasta, por otra parte, con las sorprendentes afirmaciones del presidente Fox, en el sentido de que las declaraciones del presidente Néstor Kirchner en contra de la instalación del tema del Alca en la Cumbre estaban dirigidas a ponerse en sintonía con su pueblo y no a asumir la actitud de un estadista responsable.

¿Querrá significar Fox con esto que la responsabilidad del estadista implica darles la espalda a los deseos del pueblo que lo ha votado? En ese caso, ¿cómo compagina esa actitud con la democracia que defendió al nivel del cónclave?

Las embestidas en pro del Alca van a seguir. Pero, más allá de los ajustes tácticos y del reparto de roles entre Argentina, Brasil y Venezuela, por el cual uno dice lo que el otro no quiere decir pero que piensa en el fondo, parece un hecho establecido la resistencia al modelo, requerido por Estados Unidos, de desarrollo dependiente.

Mucho queda por andar, desde luego, y son de esperar retrocesos, golpes y traiciones en el complejo camino que recién ahora comienza a abrirse; pero la actitud mancomunada en ciertos rubros básicos de parte de las principales naciones del subcontinente, más la casi unanimidad de la opinión en el sentido de oponerse ponderadamente al diktat norteamericano, indican que algo cambió en el profundo Sur.

La coincidencia entre al menos una parte del estamento político y la gente, en algunos puntos básicos, es un factor invalorable de progreso.

Es por esto que hay que tener sumo cuidado con los “desconocidos de siempre”, con los apresurados, anónimos y turbulentos provocadores que se enancan en cualquier manifestación popular para promover disturbios que empañan el sentido de una protesta y hacen planear el espectro del caos sobre un clamor popular al que opacan con sus chillidos.

Cuidado con los agentes conscientes o inconscientes del desorden. Ya hicieron naufragar más de una experiencia popular en ascenso. La victoria no se construye en un día, sino que es el fruto de una larga paciencia y de una resolución adamantina.

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