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MIRANDO AL SUR - augusto alvarado


CARTA A RICARDO LAGOS:

<hr><h1><u>CARTA A RICARDO LAGOS:</h1></u>

¿DE QUÉ SE TRATA, PRESIDENTE?



Por Patricia Verdugo

Enviado por Héctor Avílés (Canadá)

Aquí hay gato encerrado, Presidente. Se lo oye maullar. ¿Estará en alguna habitación del Palacio de La Moneda? ¿O en la oficina de la jueza Chevesic, en la Corte de Apelaciones?

No lo sabemos, Presidente, pero lo intuimos. Y por eso las encuestas dicen que la mayoría ciudadana (63 por ciento) no lo respalda en lo que está haciendo. No lo apoya en su decisión de indultar al asesino de Tucapel Jiménez. Entre los jóvenes, ese rechazo sube al 71 por ciento. Y esperamos que esa mayoría ciudadana tampoco lo apoye en su "bendición" al proyecto UDI de punto final. Porque es eso, punto final, una potente señal de impunidad para que los tribunales vayan cerrando los casos de derechos humanos.

¿Sabe, Presidente, cuánto nos costó llegar hasta los niveles de justicia que hoy tenemos? Diecisiete años y medio de dictadura y quince años y medio de transición. Total: treinta y tres años. Ha sido un largo y doloroso tiempo en el cual luchamos primero contra una dictadura que negaba los hechos y ante Tribunales de Justicia que -salvo honrosas excepciones- amparaban a los criminales y no a las víctimas. Un tiempo en que tuvimos también que lidiar con los extraños "consensos" de la transición que -de tanto en tanto- volvían a pactar la impunidad. Nos ocurrió con Aylwin, con Frei y ahora nos sucede con usted.

Arduo trabajo nos tomó hacer abortar los proyectos de impunidad de los años 90. Y durante su mandato -cuando la impunidad se disfrazó de "demencia senil"- seguimos avanzando hasta lograr otros desafueros para el general Pinochet y hasta encarcelar nuevamente a los jefes de la ex DINA.

Y justo cuando estábamos avanzando como nunca antes, comenzó a gestarse este nuevo pacto de impunidad. Un pacto que, hasta ahora, tiene seis movimientos en el tablero.

Primer movimiento, fines de 2004: su presidenta del Consejo de Defensa de Estado planteó la "amnistía impropia", un engendro jurídico inexplicable, en defensa de la cúpula de mando de la DINA. Los tribunales rechazaron la tesis y condenaron al general Contreras y sus criminales asistentes. Usted tuvo que inventar una segunda cárcel militar en Peñalolén. ¿Razón? Ya habíamos logrado copar las celdas de Punta Peuco, esa cárcel-hotel militar que ordenó construir el Presidente Frei y cuyo decreto usted se negó a firmar como ministro de Obras Públicas. Otros tiempos.

Segundo movimiento, comienzos de 2005: el presidente de la Corte Suprema anunció el cierre de los procesos en un plazo máximo de seis meses. Logramos anular la medida.

Tercer movimiento, agosto de 2005: la Sala Penal de la Corte Suprema decidió la prescripción de un caso, inaugurando la sorprendente tesis de que en Chile "no hubo guerra". Mire qué curioso, Presidente, justo cuando los tribunales nos estaban dando la razón, justo cuando el argumento pinochetista de "sí hubo guerra" (avalado por un decreto-ley) nos permitía invocar los Convenios de Ginebra y el carácter imprescriptible de los delitos.

Cuarto movimiento: usted designa al derechista-pinochetista Rubén Ballesteros como nuevo ministro de la Suprema. Quinto movimiento: usted indultó sigilosamente al asesino de Tucapel Jiménez y, cuando la prensa lo hizo público, se limitó a explicar que lo hizo "por el bien superior del país".

Sexto movimiento, septiembre de 2005: la UDI presenta un proyecto para limitar las condenas de militares a diez años de cárcel y la remisión de penas para los criminales uniformados mayores de 70 años. Bueno, no sólo fue la UDI. El partido pinochetista fue acompañado por dos senadores designados de la Concertación (Boenninger y Silva Cimma) que no arriesgan su reelección porque nunca fueron electos por el pueblo y no se presentan como candidatos en diciembre próximo. ¡Qué mejores emisarios del mensaje presidencial! Y usted, como era de esperar, "valoró" la iniciativa y habló de cerrar heridas con miras al futuro.

Seis movimientos en el tablero político, con la música de fondo puesta por la jueza Chevesic y su investigación acerca de lo ocurrido en el Ministerio de Obras Públicas cuando usted fue ministro. ¿Por qué no cambiamos la música y pedimos escuchar una copia de su discurso titulado "No hay mañana sin ayer"?

Seis movimientos que parecen seis puñaladas, Presidente. Y la última llega cuando se cumplen 33 años del golpe militar. Quizás podríamos pedir que se escuchara una copia del último discurso del Presidente Salvador Allende, aquel donde dice que "superarán otros hombres este momento gris y amargo, donde la traición pretende imponerse".

Porque no sólo se trata de traicionar la legítima demanda por justicia para las víctimas de violaciones de derechos humanos, perpetradas por agentes del Estado en nombre de una criminal política de Estado para exterminar a los disidentes. Se trata, Presidente, de traicionar la legítima demanda de los chilenos de hoy para construir una nación fundada en sólidos principios éticos. Si no lo hacemos, ponemos en riesgo a los chilenos de mañana. La impunidad garantiza la repetición de la tragedia.


LO QUE EL VIENTO NO SE LLEVÓ

<hr><h1><u>LO QUE EL VIENTO NO SE LLEVÓ</h1></u>

Por Enrique Lacolla
La Voz del Interior – 11 septiembre 2005



La naturaleza tiene sus fatalidades. Un ciclón, como un terremoto, no es culpa de un gobierno. Entonces, enojarse contra su furor es infantil. Pero los estragos causados por el huracán Katrina no obedecen sólo a la furia de los elementos sino que se agravan por una combinación de causas y efectos que exceden con largueza a los avatares del destino.

De pronto, en la forma que golpea el fenómeno y en la secuela de acontecimientos y actitudes que suscita tras su paso, se pone de relieve la cara oculta (o no tan oculta) de una sociedad.

Nueva Orleans es (o era) una joya intransferible de la cultura norteamericana. Mixtura de elementos franceses, negros y anglosajones, de su folklore nació el jazz y de la naturaleza tropical de su carácter brotó una arquitectura original y bella



Ese escenario, que no dejaba de incubar contradicciones pero que tenía una armonía irrepetible en otros lugares de Estados Unidos, fue arrasado por un desastre anunciado. O, más bien, propiciado.

El servicio meteorológico cumplió bien con sus deberes, pero la previsión de la ruta de los vientos no podía suplir la falla estructural, inducida por la codicia, que exhibían las partes más nuevas de la ciudad, construidas sobre pantanos desecados a un nivel igual o inferior al de las aguas del Golfo de México. Cuando cedieron los diques que protegían esas tierras desde hacía muchos años, nada pudo contener el estropicio



Más allá de esta demostración de la inconsciencia de los seres humanos y de la irresponsabilidad que puede esconderse detrás del afán especulativo, lo que es indicativo de una peculiaridad específica de los norteamericanos es la forma en que el gobierno nacional y las autoridades de los cuerpos de seguridad reaccionaron frente al desastre, así como la manifestación casi instantánea de miedos y resentimientos que dicen mucho sobre el carácter de ese país o, al menos, sobre la naturaleza de cierta Norteamérica profunda y sobre el carácter explosivo del conflicto que la habita.

El factor subterráneo



La cuestión de la raza ha sido siempre la corriente subterránea que se agita en el profundo Sur norteamericano. El miedo de los antiguos dueños de esclavos a la rebelión, la igualación, la violación o el saqueo de parte de aquellos que consideraban como poco más que perros fieles, en el mejor de los casos, o como hermanos mayores del mono, en el peor, delataba también su semiconsciencia de la injusticia que cometían con ellos



La carrera al liderato y el ascenso de Estados Unidos a la categoría de única superpotencia mundial no borró esa grieta en la psiquis de la nación. Se la ha podido disimular y se la enmascara con el acceso pautado de los negros al arte, el espectáculo y la política, pero las estadísticas no mienten, al menos en este caso: en Nueva Orleans el 70 por ciento de una población de 500 mil personas es afronorteamericana, el promedio anual de
homicidios es de alrededor de 300, la tasa de analfabetismo es del 40 por ciento y el 50 por ciento de los muchachos negros que frecuentan el primer año de la escuela superior no conseguirán el título
.

Las industrias han desaparecido, y los trabajos restantes son los en general infrapagados, temporarios y precarios que caracterizan a la economía de servicios.

En este escenario, no es extraño que los temores se agiganten y que las labores de socorro se parezcan más a la represión que a la ayuda



Guardias con uniformes miméticos y con su identidad protegida detrás de sus anteojos oscuros se pasean con sus rifles automáticos o los ponen en uso cuando hace falta; algunos comerciantes se atrincheran en sus establecimientos y el presidente George W. Bush impone como primera prioridad la contención del saqueo, en una ciudad donde los hambrientos se cuentan por miles.

El director Michael Moore puso el dedo en la llaga cuando señaló al miedo como el motor más poderoso de la violencia norteamericana.

Es un miedo fundado en la práctica de la violencia como sistema: violencia contra los negros, contra los indios, contra las minorías inmigrantes que deben a su vez desarrollar sus propios anticuerpos violentos para ponerse a la altura. Y violencia contra los vecinos del patio trasero, si se hace preciso.

Todo esto es extraordinariamente interesante para un ensayo de psicología social; pero, ¿en qué medida esta vehemencia problemática del carácter norteamericano lo califica a ese país para postularse, como lo hace, en dueño del mundo y sheriff del Nuevo Orden?


EL PALACIO DE LA RISA

<hr><h1><u>EL PALACIO DE LA RISA</h1></u>

Panorámica de la ciudad de Punta Arenas.
Al fondo, el estrecho de Magallanes y Tierra del Fuego


Por Aristóteles España
aristotelesespana@esfera.cl



En la ciudad de Punta Arenas, región de Magallanes y Antártida de Chile, la Armada Nacional y el Gobierno devolvieron a las organizaciones de Derechos Humanos de esa zona en el día de ayer 11 de septiembre de 2005 el local denominado “El Palacio de la Risa”, inmueble donde alguna vez funcionó un hospital de las FFAA y que durante la dictadura fue un Centro de Torturas para hombres y mujeres que adherían al gobierno del Presidente Salvador Allende, sin distinción: jóvenes, mujeres, adultos, sindicalistas, académicos, fueron salvajemente torturados en ese local por personal de la Armada de Chile y del Servicio de Inteligencia Militar (SIM).

Los métodos allí utilizados están narrados en el libro “El sur de la memoria” que el suscrito publicó en 1992: parrilla eléctrica, el teléfono, azotes con “tontos de goma”, es decir, “laques de fierro” cubiertos de plástico y otras experiencias difíciles de narrar en esta crónica. A los prisioneros se les colgaba del techo del recinto para obligarlos a declarar inverosímiles historias, creadas en su mayoría por el fallecido General Manuel Torres de la Cruz, quien personalmente vigilaba los interrogatorios. Muchos prisioneros lo observaron cuando se les “corrían” las capuchas o las vendas y contemplaron como éste, junto a su Alto Mando gozaban del espectáculo.

Particular saña tuvieron con Alfonso Cárcamo, Francisco Alarcón, Sergio Lausic, Jeannette Antonin, Sergio Reyes, Nelson Reyes, Sergio Urrutia, Kika González de Zanzi, Sergio Cárdenas, Pablo Jeria, Carlos Zanzi, Hugo Miranda, estos cuatro últimos fallecidos recientemente y decenas de confinados en distintos recintos de detención, como consta en los informes de la Cruz Roja Internacional.

32 años después se intenta reparar el daño causado a las víctimas con exiguas pensiones, becas tardías, disculpas tantas veces postergadas. Pero algo es algo. Lo importante es que este lugar de horror, como Auswitch, Dachau, Treblinka, los centros nazis de tortura, sean ahora museos de la paz, para que no se borre la memoria histórica y las nuevas generaciones no cometan los errores de la clase política de la época y menos se dejen presionar por potencias extranjeras o grupos económicos como lo acaba de contar el ex Embajador norteamericano en Chile durante ese período, en el film de Patricio Guzmán.

Que las Agrupaciones de ex presos políticos de la zona llamadas “Orlando Letelier” y “Salvador Allende” sepan deponer sus diferencias y estén a la altura de lo que hoy nuestra patria requiere. Que “El Palacio de la Risa” albergue documentales, libros, revistas, testimonios orales, pinturas, esculturas, fotografías, que de cabida a los nuevos artistas del sur del mundo para que escriban una historia distinta donde los protagonistas sean jóvenes llenos de alegría y vigor para construir un país distinto. Que las autoridades educacionales inviten a delegaciones de todos los establecimientos a conocer ese lugar donde alguna vez reinó el dolor y la muerte y que se transforme desde hoy en un escenario lleno de vida, de canciones, solidaridad, encuentros. Que se organicen seminarios, eventos culturales donde los autores sean los ciudadanos de la Patagonia. Que se convoque a concursos artísticos para rendir homenaje a las víctimas, a los fusilados, a los desaparecidos de esa zona tan aislada, remota y gallarda.

Bienvenido el gesto de las nuevas autoridades de la Armada de Chile y el Gobierno. Estas medidas contribuyen a sanar de alguna medida los espíritus y a crear una corriente positiva en la sociedad para que nunca más se repitan estos hechos que tanto daño causaron a ese pueblo austral y a Chile entero.


HUGO CHÁVEZ EN LA ONU

<hr><h1><u>HUGO CHÁVEZ EN LA ONU</h1></u>

Discurso del Presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Hugo Chávez Frías en la Sexagésima Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas Organización de Naciones Unidas (ONU). Nueva York (Fragmento)

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Jueves, 15 de septiembre de 2005

Mientras avanzamos hacia un nuevo modelo de Naciones Unidas que haga cierto y suyo ese nosotros de los pueblos, hay cuatro reformas urgentes e irrenunciables que traemos a esta Asamblea. La primera, la expansión del Consejo de Seguridad tanto en sus categorías permanentes como en las no permanentes, dando entrada a nuevos países desarrollados y a países en desarrollo como nuevos miembros permanentes. La segunda, la necesaria mejora de los métodos de trabajo para aumentar la transparencia y no para disminuirla, para aumentar el respeto y no para disminuirlo, para aumentar la inclusión. La tercera, la supresión inmediata, seguimos diciéndolo desde hace seis años desde Venezuela, la supresión inmediata del veto en las decisiones del Consejo de Seguridad, ese vestigio elitesco es incompatible con la democracia, incompatible con la sola idea de igualdad y de democracia.Y en cuarto lugar el fortalecimiento del papel del Secretario General, sus funciones políticas en el marco de la diplomacia preventiva, debe ser consolidado. La gravedad de los problemas convoca a transformaciones profundas, las meras reformas no bastan para recuperar el nosotros que esperan los pueblos del mundo, más allá de las reformas reclamamos desde Venezuela la refundación de Naciones Unidas, y como bien sabemos en Venezuela, por las palabras de Simón Rodríguez, el Robinson de Caracas: “O inventamos o erramos”.

En la reunión de enero pasado de este año 2005 estuvimos en el Foro Social Mundial en Porto Alegre, diferentes personalidades allí pidieron que la sede de Naciones Unidas saliera de Estados Unidos si es que continúan las violaciones a la legalidad internacional por parte de ese país. Hoy sabemos que nunca existieron armas de destrucción masiva en Iraq, el pueblo estadounidense siempre ha sido muy riguroso con la exigencia de la verdad a sus gobernantes, los pueblos del mundo también: nunca hubo armas de destrucción masiva y sin embargo, y por encima de Naciones Unidas, Iraq fue bombardeado, ocupado y continúa ocupado. Por eso proponemos a esta Asamblea que Naciones Unidas salga de un país que no es respetuoso con las propias resoluciones de esta Asamblea. Algunas propuestas han señalado a una Jerusalén convertida en ciudad internacional como una alternativa. La propuesta tiene la generosidad de proponer una respuesta al conflicto que vive Palestina, pero quizás tenga aristas que hagan difícil llevarlo a cabo. Por eso traemos aquí otra propuesta, anclada en la Carta de Jamaica, que escribió Simón Bolívar, el gran Libertador del Sur, en Jamaica, en 1815, hace 190 años. Ahí propuso Bolívar la creación de una ciudad internacional que sirviera de sede a la idea de unidad que planteaba. Bolívar era un soñador que soñó lo que son hoy nuestras realidades.

Creemos que ya es hora de pensar en la creación de una ciudad internacional ajena a la soberanía de ningún Estado, con la fuerza propia de la moralidad de representar a las Naciones del mundo, pero esa ciudad internacional tiene que reequilibrar cinco siglos de desequilibrio. La nueva sede de Naciones Unidas tiene que estar en el Sur, “¡El Sur también existe!”, dijo Mario Benedetti. Esa ciudad que puede existir ya, o podemos inventarla, puede estar donde se crucen varias fronteras o en un territorio que simbolice al mundo, nuestro Continente está en disposición de ofrecer ese suelo sobre el que edificar el equilibrio del universo del que habló Bolívar en 1825.


KIRCHNER EN LA ONU

<HR><h1><u>KIRCHNER EN LA ONU</h1></u>

DISCURSO DEL PRESIDENTE NESTOR KIRCHNER ANTE LA ASAMBLEA PLENARIA DE LA ORGANIZACION DE LAS NACIONES UNIDAS



14/09/2005 - Estados Unidos, Nueva York
Presidencia de la Nación Argentina



Señor Presidente: hace cinco años los gobiernos de nuestros países se reunieron en este mismo recinto con la misma esperanza de trabajar juntos en la solución de algunos de los problemas más urgentes y graves que enfrentaban y enfrentan nuestros pueblos. Así surgió la Declaración del Milenio y el compromiso renovado de la comunidad internacional, a favor del multilateralismo y el respeto a la dignidad humana.

Se propiciaron metas concretas de desarrollo encaminadas a resolver la cuestión dramática del hambre, la pobreza, la mortalidad infantil, las enfermedades, como el HIV sida, la malaria y otras pandemias y la desigualdad jurídica y social de la mujer. El balance de lo realizado en estos años dista de ser satisfactorio, la gravedad de la situación es básicamente la misma.

Los modestos avances en algunos temas no pueden, sin embargo, debilitar nuestra voluntad ni adormecer nuestras conciencias. La pobreza, el hambre y la enfermedad siguen castigando hasta la obscenidad a una gran proporción de las mujeres y los hombres del planeta.

La ausencia del Estado de derecho y las violaciones masivas a los derechos humanos en distintos lugares, provocan grandes sufrimientos y profundizan la inestabilidad política y los conflictos civiles. Las nuevas y graves amenazas a la seguridad internacional, han tenido todo el efecto del debate internacional. La pobreza, las desigualdades sociales, la injusticia, la exclusión social y el divorcio entre las expectativas y las realidades, introducen notas de inestabilidad, conspirando contra el fortalecimiento de la democracia y el desarrollo



Gran parte del problema reside quizás en la falta de correspondencia entre las declaraciones, verdaderas expresiones de deseo, y los actos. Esto es evidente en dos materias clave: la deuda y el comercio internacional. La persistencia de políticas discriminatorias e inequitativas en el comercio internacional se inscriben en esta lista de obstáculos al desarrollo, tanto de las naciones más pobres como de los países más desarrollados, y en países intermedios, como es el caso de mi país, la República Argentina.

El predominio del componente ideológico en las políticas de los organismos internacionales de crédito es también preocupante. El enfoque ortodoxo que se le quiere dar al tema de la deuda, un enfoque éste que ha mostrado sus falencias e ineficacia, y que ha agravado las condiciones de pobreza en el mundo en desarrollo, es quizás el punto donde más se evidencie el predominio de ese componente.

El desarrollo económico, la seguridad y los derechos humanos, constituyen los pilares básicos de las Naciones Unidas, de modo que los progresos simultáneos que alcancemos en esos tres planos constituyen la mejor garantía para la paz internacional y el bienestar de la humanidad.

La Argentina está logrando, con grandes esfuerzos, retomar la senda del desarrollo y ha alcanzado un importante y sostenido crecimiento en su economía, a la vez que ha logrado reducir de manera significativa los índices de desocupación, pobreza e indigencia. Los indicadores muestran, después de la salida de la crisis, un crecimiento sostenido de la economía y la situación superavitaria de las cuentas fiscales y externas, junto con una recomposición de las reservas.

Argentina creció el 8,8 por ciento en 2003, el 9 por ciento en 2004 y, en el primer semestre de 2005, se superó el 9 por ciento; el superávit primario consolidado se ubica en el 5 por ciento del PBI, y las reservas crecieron casi 10 mil millones de dólares, a más de 25 mil millones; las exportaciones superarán este año los 40 mil millones, estimando su crecimiento en un 15 por ciento; el desempleo bajó del 24 por ciento en 2003 al 2,1 en el primer semestre de este año; la pobreza del 57,5 al 40,2; la indigencia del 27,5 en 2003 al 15 en 2004, y continua descendiendo; la mejora de los salarios en el índice general real de salarios alcanza el 16 por ciento. Desde la salida del default Argentina se consolida como una oportunidad para inversiones productivas. La matricula de la enseñanza primaria y el número de alumnos que empiezan el primer grado se ubican por encima del 91 por ciento y el 86 por ciento de la población analfabeta no supera el 3 por ciento, llegando la alfabetización de la mujer al 97,4 por ciento. La participación de la mujer crece de modo que ocupan más del 33 por ciento de las bancas de diputados y un 43 por ciento de senadores; la tasa de mortalidad infantil ha descendido significativamente, bajando del 18,8 por mil al 14,4 por mil; se ejecutan programas de salud, extendiendo la prevención de toda la población; se incrementan las redes de agua potable y cloacas, y en acuerdo con Brasil se producirán medicamentos para cubrir a la población afectada de sida, a un costo accesible.

Lamentablemente, en ese proceso de recuperación, expansión y transformación, no contamos con la ayuda del FMI, que sí apoyó y financió, hasta semanas antes del colapso, el régimen de convertibilidad. Durante la crisis, Argentina realizó pagos netos del orden de los 13.500 millones de dólares

Como tantos países en desarrollo, continuamos siendo afectados tanto por esa visión arcaica del tema de la deuda, como por un sistema de comercio internacional injusto para los productos agrícolas donde los subsidios y medidas paraarancelarias de los países desarrollados, continúan impidiendo que nuestros países puedan crecer plenamente con sus recursos genuinos



En este sentido, llamamos a que en la Conferencia Ministerial de la Organización Mundial de Comercio, a celebrarse a fin de año en Hong Kong, China, se concrete la incumplida promesa de poner al desarrollo como objetivo central del comercio internacional.

Seguimos con atención el debate internacional sobre el concepto de la sustentabilidad de la deuda externa. Pensamos que las finanzas internacionales son demasiado importantes para quedar en manos de intereses concentrados que afectan la estabilidad de los mercados, discriminan contra los inversores más pequeños y generan políticas procíclicas.

Por ello, hemos propuesto en diversos foros modificaciones que aumentan la transparencia del sistema financiero internacional que libera a estos organismos de cierto lobby financiero que den mayor estabilidad al flujo de capitales y que distinguen a favor de los inversores minoristas.

No hay en esto ideología ni política. Mostramos hechos concretos que demuestran que estos organismos financieros no cumplieron con el papel que deben tener. A futuro nuestro país ha estructurado una estrategia de reducción de la deuda con la finalidad de ganar grados de libertad para la aplicación de sus planes de desarrollo y crecimiento de la economía

En ese marco, queremos reiterar nuestra decisión de que el pago de los compromisos financieros externos, no debe hacerse a expensas de los recursos comprometidos para áreas sociales, tales como educación, salud, vivienda y promoción del empleo



Mantendremos con firmeza y convicción esta postura en nuestra negociación con los organismos internacionales de crédito respecto a lo que seguimos reclamando: mayor transparencia, democracia y profunda reestructuración y revisión de sus políticas para dotarlas de equidad y eficiencia.

En sintonía con ello, la Argentina copatrocina desde 2004, en el ámbito de la Comisión de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas, la resolución sobre las consecuencias de las políticas de ajuste estructural y de la deuda externa para el pleno ejercicio de los derechos humanos, en especial, los derechos económicos, sociales y culturales a los cuales se refiere con claridad la relación existente entre el endeudamiento externo y la imposibilidad del goce efectivo de los derechos humanos



Deseo concluir mis palabras señalando que el pueblo argentino espera fervientemente que las Naciones Unidas contribuyan a conducir nuestros destinos por la senda de la paz, la justicia y el desarrollo.

Numerosas resoluciones de esta Asamblea General y de su Comité de Descolonización han establecido que la cuestión de las Islas Malvinas, Georgia del Sur y Sandwich del Sur, constituye una situación colonial especial que debe ser resuelta mediante negociaciones bilaterales entre mi país y el Reino Unido. El Comité de Descolonización se ha pronunciado reiteradamente en ese sentido y mucho valoramos su acción a favor de la búsqueda de una solución de esta cuestión.

Reafirmamos una vez más la permanente disposición de nuestro país a alcanzar una solución justa, pacífica y duradera de esta disputa de soberanía que constituye una cuestión central para el pueblo argentino.

Exhortamos, por lo tanto, al Reino Unido, a dar pronto cumplimiento al llamado de la comunidad internacional a reanudar esas negociaciones
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Muchas gracias. (Aplausos)


BOLIVIA: IMPERIO Y DEMOCRACIA

<hr><h1><u>BOLIVIA: IMPERIO Y DEMOCRACIA</h1></u>

Por Andrés Soliz Rada



Nunca, desde los tiempos de Pericles, se había profundizado tanto el abismo entre contenidos y formas de la democracia. Aún en la antigua Grecia, se sabía que este sistema de gobierno beneficiaba sólo a los hombres libres y no a los esclavos que lo sustentaban. Sin embargo, se lo utiliza hoy para justificar la succión transnacional de recursos naturales, explotación inicua de mano de obra barata y apropiación del excedente económico generado por nuestros pueblos. Los “modernos romanos” dicen que no se recuerda otros momento en la historia en que esta democracia hubiera tenido tanta aceptación generalizada.

A sus críticos se les recuerda que su ausencia condujo a totalitarismos como los de Stalin o Hitler o, en América Latina, a dictaduras genocidas, como las de Videla en la Argentina, García Meza en Bolivia o Pinochet en Chile, con su secuela de desaparecidos, torturados y asesinados. Sus abanderados dicen que la lucha por la democracia necesitó de algunos “sacrificios”, como lanzar bombas atómicas innecesarias sobre Hiroshima y Nagasaki, invadir Vietnam o devastar Irak, a fin de derrocar al dictador Sadam Hussein.

Sus ideólogos olvidan que los sátrapas centroamericanos asesinaron con respaldo directo del Pentágono y que, posteriormente, esos mismos dictadores fueron abandonados a su suerte cuando el imperio advirtió, en su pugna geopolítica con la ex Unión Soviética, las ventajas de reemplazarlos por “demócratas” sumisos. Así, América Latina vivió la tragedia de ofrendar la vida de decenas de miles de jóvenes idealistas que coadyuvaron a expulsar a dictadores instalados por los norteamericanos, reemplazados por una democracia al servicio de los norteamericanos. A partir de Jimmy Carter, los términos democracia y libre mercado se volvieron sinónimos.

La victoria mediática de “La Trilateral” (EEUU, Japón y Alemania Occidental) fue mayúscula. Hoy parece una herejía recordar que en la cúpula del gobierno de EEUU se halla el Presidente George Bush, cuyas campañas electorales fueron financiadas por la Enron, el vicepresidente Dick Cheney, de la Halliburton, la empresa de servicios petroleros más grande del mundo, beneficiaria de enormes contratos de “reconstrucción” del Irak, y la Secretaria de Estado, Condoleezza Rice, vinculada a la petrolera Chevron. No hay parlamentarios que repudien al complejo civil militar que también oprime al pueblo del norte. Ello se debe a que ese complejo determina la viabilidad de los candidatos. Y si alguien, como John Kennedy, pierde el libreto, simplemente se lo asesina.

En semicolonias, como Bolivia, la democracia controlada tuvo efectos devastadores para la conciencia nacional. Como los primeros enemigos eran los dictadores y no el imperialismo, no era reprochable que dirigentes de la Central Obrera Boliviana (COB) recibieran “ayudas” de la Embajada de EEUU, que el Movimiento de Izquierda Revolucionario (MIR), que nació, en 1971, levantando el estandarte del Che, impulse hoy el tratado de inmunidad para las tropas de EEUU, o que destacados intelectuales de la izquierda dogmática acaben como empleados bien remunerados de ONGs, dependientes de los mismos centros de poder mundial.

La democracia controlada borró la línea divisoria entre pro imperialistas y antiimperialistas. Hasta Marcelo Quiroga Santa Cruz firmó un acuerdo en defensa de la democracia con Víctor Paz Estensoro, en ese momento candidato favorito del Departamento de Estado. No se concibió entonces ni ahora generar procesos democráticos que rescaten la autodeterminación nacional. Sobre el particular, Condoleezza Rice dijo que la democracia es el derecho que tiene la gente a emitir su voto, pero no a cambiar de políticas. Su cinismo es irreprochable.

El Presidente Chávez, de Venezuela, ha evitado la invasión del imperio, al no otorgar pretextos a quienes pretenden derrocarlo por ser, supuestamente, anti demócrata. Chávez ha conseguido transparentar la democracia, lo que equivale a develar decretos reservados y contratos ocultos. Esto demuestra que la democracia oculta del imperio no es democracia y que otra democracia es posible.


CARLOS AMADOR MARCHANT

<hr><h1><u>CARLOS AMADOR MARCHANT</h1></u>

"ALONE AGAIN"


Por Aristóteles España



Inspirado en la mítica canción “Alone Again” de Gilber O”Sullivan, el poeta iquiqueño logra crear un mundo lleno de soledades donde las sombras del viento del norte chileno aparecen y desaparecen en sitios invisibles, cerca del Morro de Arica, en las playas de esa ciudad donde alguna vez se crucificó en un madero gigante como un cristo del desierto para protestar por la injusticia y el oscurantismo en la década del 80, en plena dictadura militar.

Sus poemas intentan detener el tiempo. El autor se pregunta que hace ahí, parado, en medio de la metafísica, acortando días, mirando las escasas horas que le quedan, esperando cabizbajo la bofetada de la muerte. De pronto, no hay escapatoria. El lector atraviesa túneles invisibles donde el poeta juega con las orillas que traen toda la espuma sucia que queda impregnada en el mundo, mientras escucha solitario la canción que tiene el título de su poemario. Hay desolación, busca a una mujer que amó en la puerta de un pub, y al rato ella aparece tambaleando, golpea su cabeza en las murallas, se abraza a un hombre desconocido y desaparece de nuevo entre calles y avenidas. El hablante es un ser desolado y pesimista; construye un refugio en Valparaíso para que lo dejen solo, con sus cavilaciones mientras piensa en la tierra que lo cobijará cuando deje este mundo, en un lugar lento y espacioso como nieve.

En su poema “Sobre la escarcha”, donde relata sus vivencias en la soledad del sur chileno, dice: “Porque la vida es como visitar una casa. Pero luego hay que despedirse, hay que salir a la puerta y perderse en la niebla/ En consecuencia, he de volver al silencio”.

Una de las características de este libro es que el autor no ve salida alguna, salvo cuando le escribe a mujeres que habitan sus días en la memoria, sus recuerdos de la pampa, sus viajes por el altiplano, el hermoso poema a su hija Valentina, las mujeres extremas de sus círculos, las esquinas con ojos solitarios donde aparece el porvenir como una lejana lluvia de futuro, la presencia de Luisa Ayala en sus horas en el Puerto y autora de la portada de su texto.

“Alone Again” tiene el olor de las calles de Arica, sus cerros, recodos donde el poeta vivió mejores días con sueños y esperanzas por un destino digno para su pueblo; bares donde salen hombres destruidos, imanes, fotografías donde a veces no se reconoce pero sí el latido de la gente que amó antes de emprender viaje a Valparaíso, a reencontrarse con sus historias y mitos.

Este es un libro de la melancolía, no de la derrota. Por sus páginas se escuchan sonidos de trenes, pájaros enormes, la música del desierto más árido del planeta de donde proviene con sus cánticos y sueños.

Carlos Amador Marchant (Iquique, 1955) ha publicado “Pisando tierra” (1977); “Galpón de redes marinas” (1980); “Después de mi casa” (1983); “Barquero en el puerto” (2001); “Los cururos de la Santa María” (2002); “Alone Again” (2003). Entre 1980 y 1985 dirigió la revista de poesía “Extramuros”, que se transformó en un referente de la literatura del Norte de Chile. Amigo de Andrés Sabella, Mario Bahamonde, organizó encuentros en la ex Universidad Técnica del Estado de Arica y en la Universidad de Chile.

Ha dirigido programas radiales de difusión literaria y actualmente se desempeña como Presidente de la Sociedad de Escritores de Chile, Versión Valparaíso.


MIGUEL HIDALGO, PADRE DE PUEBLOS

<hr><h1><u>MIGUEL HIDALGO, PADRE DE PUEBLOS</h1></u>

Por Mercedes Santos Moray (*)
Argenpress - 18/09/2005

En el primer número de la revista La Edad de Oro, publicada en la ciudad de Nueva York, en español, para los niños de nuestra América, escribió el cubano José Martí un relato que tituló Tres héroes, sobre los hombres que resumían el ideario de la independencia. Entre aquellos padres de pueblos, entre Miguel Hidalgo los aceros del venezolano Simón Bolívar y del argentino José de San Martín, el Apóstol de Cuba situó al 'cura Hidalgo de la raza buena, de los que quieren saber'.

Desde esa narración de ancho amor a la historia americana, la figura del padre de la independencia de México sobresalía como el hombre noble y generoso, sabio y laborioso que enseñó a sus vecinos y a sus feligreses las artes y las industrias.

Así, el sacerdote de Dolores, quien había nacido en Guanajuato, el 16 de septiembre dio el grito de independencia para los mexicanos.

Sumó su talento, su cultura y su sensibilidad a la causa de los más humildes y encabezó el ejército que brotó, como las semillas de la tierra -ante su reclamo-, integrado por campesinos, carpinteros, alfareros, herreros, los hombres y las mujeres que tenían fe en él.

Junto a Allende, a Aldama y a otros patriotas, a valerosas heroínas como Josefa Ortiz de Domínguez, conspiró Hidalgo, porque sabía que sólo la libertad podría permitir a su pueblo el derecho a ser honrado, y como escribiría Martí, 'a pensar y hablar sin hipocresía'.

A caballo avanzó y recibió sus grados de alto oficial, de líder del movimiento insurgente tras la victoria, en Celaya, y como había fabricado con el barro y la piedra, también construyó con su vibrante palabra en los corazones de su gente.

Tenía, incluso, la grandeza de asumir a sus enemigos con generosidad, como expresión de sus principios éticos, soldado que vivió y sufrió la violencia de la guerra, donde ganó y perdió batallas, y padeció también la envidia y la
traición de los hombres.

Hidalgo conoció de esa violencia, y vio a sus compañeros fusilados, siendo él mismo pasado por las armas. 'A Hidalgo le quitaron -narró Martí en su prosa luminosa- uno a uno, como para ofenderlo, los vestidos de sacerdote. Lo sacaron detrás de una tapia, y le dispararon a la cabeza. Cayó vivo, revuelto en la sangre, y en el suelo lo acabaron de matar.'

Después, como un latigazo, cortaron sus cabezas y las colgaron en jaulas, en la Alhóndiga de Granaditas, en Guanajuato, donde había tenido la sede de su gobierno revolucionario, y enterraron aquellos cadáveres descabezados para dejar un mensaje de horror y de miedo que silenciara, para siempre, cualquier aire de independencia en México.

Sólo que Hidalgo no aró en el vacío, sino en la raíz de su pueblo. Diez años después del fusilamiento de los precursores, México proclamaría su independencia como nación.

La erudición y magisterio de Hidalgo como profesor de Teología y de Filosofía, de Moral en el colegio de San Nicolás, donde estudió y llegó a ser rector, su obra apostólica en los curatos de Colima, San Felipe y Dolores, aquella obra social y comunitaria que realizaba entre los más humildes pobladores, están en ese ideario de emancipación que caracteriza, como uno de los valores esenciales, la identidad mexicana.

Como también se manifiesta en la riqueza de un pensamiento renovador, que supera los esquemas y los dogmas y que no enfrenta la fe y la razón, sino que las integra, armoniosamente, en la construcción de una nación soberana, en la que ningún ser humano se vea impedido de expresar sus ideas, y pueda labrarse su destino con laboriosidad e inteligencia.

'Vio a los negros esclavos y se llenó de horror. Vio maltratar a los indios, que son tan mansos y generosos, y se sentó entre ellos como un hermano viejo, a enseñarle las artes finas que el indio aprende bien'.

En cada una de sus fundaciones, en el cultivo de la morera y en la cría del gusano de seda, en su ingeniosa actividad de apicultor, en la fundición de los metales y en el manejo de los hornos está también el mensaje del maestro, quien inició una batalla que todavía no ha concluido, pero gracias a la cual comenzó un pueblo a nacer.

* Mercedes Santos Moray es escritora y periodista.
Doctora en Ciencias Históricas.