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MIRANDO AL SUR - augusto alvarado


AL PASADO NO SE LO SEPULTA: SE LO SUPERA

<h2><hr><u>AL PASADO NO SE LO SEPULTA: SE LO SUPERA</h2></u>

Tabaré Vázquez, Jorge Brovetto y José Mujica
por Arotxa (Rodolfo Arotxarena) Fuente: El País


Por José Mujica (*)

Fuente: Reconquista Popular

Amigos: es tiempo de fogones, fogones de memoria, de recuerdos de la Patria Vieja, de la gesta artiguista -el Reglamento de Tierras, la Ley de Aduanas, que sean los más infelices los más privilegiados-, un proyecto de Patria abortado, Patria Grande y Federal.

Es tiempo de cultivar la memoria, aunque al pasado no se lo sepulta sino que se lo supera; tiempo también de entender que hay una patria gaucha de a caballo y una patria gringa que sobrevino, entreverada -la de nuestros bisabuelos los que nos dieron apellido, trajeron oficios e ideas de organización social-. Es tiempo de recordar a un país singular, pequeño, que tuvo su construcción constitucional antes de ser país.

Costó mucha sangre afirmar los derechos civiles, las libertades públicas. Pero tuvo un proyecto nacional de hecho; una larga etapa de 70 años sin inflación. En 1920 había 10 millones de vacas, 7 mil hectáreas de viñas, tal vez 7 u 8 mil hectáreas de montes frutales, 40 mil toneladas de exportación de harina, (en tiempos del caballo y el buey). El país creció y se desarrolló, fundó empresas públicas a partir de comprar iniciativas privadas, fue gestando un sistema de enseñanza, una condición social que en mi niñez (ya lejana) hacía que los pobres de acá viviéramos mejor que los pobres de Inglaterra y que el ingreso medio de nuestros trabajadores estuviera a la par del de los países desarrollados. Por esos tiempos teníamos 4 mil y pico de kilómetros de línea férrea. ¡Un país sin deuda! (¡nos debían a nosotros!). La gran pregunta: ¿qué nos pasó, qué nos fue pasando?

La acumulación histórica de un proceso devastador

La larga marcha de ese Estado con proyecto nacional -que en sus mejores momentos, a veces se definía como “escudo de los pobres”- fue desembocando en el Estado clientelístico y por momentos, también, enfermizo de corporaciones con poder de “lobby”. Fueron mis tiempos de gurí y de muchacho como de tantos otros que nos dábamos cuenta que se nos iba un país y una historia.

Cincuenta años estuvimos casi flotando sin visión nacional; esta crisis que ha culminado hoy, no empezó ayer ni anteayer, es la acumulación de un proceso devastador donde cambiaron las leyes de intercambio (décadas de 1950 y 1960) pero donde además el país no hizo los cambios más elementales que necesitaba.

El paquidermo no construyó el porvenir

Nos quedamos contemplando nuestro pasado. Así como hubo un Maracaná en el fútbol ¡cuántos maracanazos! quedaron como abortos de iniciativas. El país de pronto vivió de la nostalgia, pero no vivió hacia el porvenir. Así aquel Estado eficiente, punta de lanza, que abría surcos y que tenía responsabilidad en la acción económica y en la acción social, se fue transformando en un paquidermo -altamente costoso- con una concepción (en parte) de Estado amortiguador y en gran medida de Estado clientelístico. Pero el mundo cambiaba aceleradamente y hemos llegado a este hoy.

Acabamos de enterrar 25 años de patria financiera y nadie se hizo responsable de ese intento de nueva Luxemburgo, país cola de paja dedicado a currar (a veces dinero negro de la región), instrumento de servicio en contra de legítimos intereses regionales, refugio para mucha plata negra, constituido en plaza financiera de tal magnitud que fue el desideratum, país de espeso secreto bancario que cuando un banco se fundía, el Estado se tenía que poner. Hay una historia de la deuda pública que es precisamente paralela a esos picos de crisis bancaria.

Seguir sin mirarnos al espejo

De ser un país sin deuda, de economía estable, hemos evolucionado a ser uno de los países proporcionalmente más endeudados de la Tierra. Mi generación tiene el triste privilegio de haber contemplado una tendencia a consumir la acumulación que hicieran nuestros bisabuelos y dejar a nuestros nietos cuentas que tendrán que pagar hasta el 2033. ¡Hasta cuándo, compatriotas! ¡Hasta cuándo vamos a seguir sin mirarnos al espejo y andar soñando una bonanza que va a venir de afuera, que supuestos inversores generosos han de llegar un día. Sin darnos cuenta que estamos solos frente a la historia.

En todo caso, en el mundo en que vivimos, -tan liberal para vendernos, pero no para comprarnos- podremos tener la tentativa de cambiar en parte la conducta del Uruguay pero, objetivamente, el mundo seguirá por su propio camino. En esa historia de intercambio desigual y en el proyecto de tirar la crisis para adelante hemos perdido la última década, década feroz: la del atraso cambiario. Cuando el gobierno del Dr. Lacalle se hizo cargo del país un productor de novillos vivía vendiendo 20 novillos al año y cuando ése terminó y llegó el segundo gobierno del Dr. Sanguinetti, el mismo productor -para comprar lo mismo- tenía que vender 56 novillos. (Podría traducirlo a litros de leche y es todavía más dramático o en atados de acelga y es peor.)

Esta fue la razón de que el país productivo se hiciera harina, se llenara de deudas, que desaparecieran probablemente más de 150 mil puestos industriales y terminara desapareciendo una franja ¡enorme! que trabajaba para el mercado interno. Vivimos la apariencia de un progreso mientras nos prestaban para comprar importado y después nos prestaban plata para que nos endeudáramos comprando lo importado.

No es la fatalidad: es el modelo

El descalabro no fue consecuencia de la crisis argentina ni de la aftosa, ni de la sequía ni de la mar en coche, ni de los términos de intercambio: en términos groseros se pueden promediar como estables a lo largo de la década del 90. La verdadera causa fue el modelo que habíamos adoptado. Y si la crisis bancaria argentina nos sepultó fue como consecuencia de la debilidad estratégica de un país subordinado al sistema financiero, cuya actividad principal era traer dinero de afuera -banca “off shore”.

Nadie se ha hecho responsable de ese modelo; todos miran para arriba, todos le echan la culpa a la fatalidad, la mala suerte, y no a la política que aplicaron los hombres durante tanto tiempo. No negamos la vigencia de factores adversos unidos a la mala suerte, pero la mala suerte fue tener semejantes gobernantes, que no tuvieron una pizca de honestidad intelectual para reconocer enfáticamente: “Nos hemos equivocado en ésto y en esto”. ¡Nadie se hace responsable!

Pobre, no: empobrecido

Entonces, en este momento de fogones para meditar, para pensar en la Patria Vieja, pero fundamentalmente para juntar fuerzas y pensar en los cimientos de una Patria nueva que tiene que elegir lo mejor de lo viejo, hay que empezar por recordar al sistema productivo. El país debe grabarse a fuego que en los últimos 50 años las tres veces que hubo atraso cambiario se terminó estrellando; hay que tener la honestidad intelectual de marcar a fuego por qué razones fueron esas etapas.

La comodidad de detener una inflación no se puede pagar con el precio macabro de una deflación y de una caída fenomenal de todos los valores económicos, y como consecuencia, de los valores sociales. Es demasiado amargo lo que le ha pasado al Uruguay en la historia de crisis más larga que ha padecido, cuyas consecuencias nos han devastado: en gente, en capital, pero sobre todo en esperanza y en valores. El 70 u 80% de la gente que está en el Comcar tiene menos de 25 años y el alud emigratorio se ha llevado una parte sustantiva de nuestra nata más joven.

No estamos en un país pobre: estamos en un país empobrecido que no ha enfrentado sus circunstancias sino que esencialmente se ha dedicado a un juego de barajas y tirar cuentas que tendrán que pagar las generaciones que vienen. De esto, ¡hay responsabilidad política!

Cambios a fondo: ahorro, inversión, créditos para aumentar la producción

Se necesitan cambios muy a fondo que empezarán un día pero tendrán que ir eslabonándose. La “Patria productiva” así dicho, es apenas una consigna; significa previamente la Patria del ahorro y la inversión que tiene que salir de nuestros callos y de nuestro lomo. Significa haber aprendido que no se puede gastar lo que no se tiene y que en todo caso el crédito externo apenas puede y debe utilizarse para aumentar el patrimonio productivo; no para tapar agujeros fiscales.

También significa que hay que acudir y sacudir lo más viejo, pero hay que entender que en este país, por largos años, el sector exportador no le puede dar salida más que al 40% del sector activo del Uruguay (y ello teniendo en cuenta todo el impacto de repercusión de los servicios), que la pregunta es desde hace 40 años, qué hacemos con el resto. Aquel intento del segundo batllismo –distribuir engordando al Estado y sacándole al sector exportador- es también un camino imposible, un fracaso.

Inventar trabajo, generar ahorro

Si no podemos vender al exterior todo lo que necesitamos y no hay tiempo para esperar: hay que inventar trabajo interno en parte de nuestros consumos finales hasta que el mundo cambie o podamos diversificar la matriz exportadora de este Uruguay.

Ningún proyecto es sustentable si no se basa en el trabajo y en el ahorro, pero en un trabajo generador de valor genuino. Eso es punto de arranque; es poner a trabajar toda la capacidad ociosa empezando por transformar al Estado, no en el sentido de echar gente sino que tiene que haber una revolución del campo de la organización del Estado.

Es increíble que mientras el mundo empresarial en los últimos cien años ha hecho tres o cuatro revoluciones en materia de organización de los factores que componen la gesta del trabajo, prácticamente en el Estado uruguayo ¡no pasa nada! No hay cosa más envejecida que el estilo de trabajar del Estado uruguayo -no por culpa de los trabajadores, nadie los convoca a participar un carajo en nada-. Es un Estado donde se asciende envejeciendo, donde se cambian los administradores por el hecho de que no tuvieron votos para salir diputados o senadores; un Estado a contramarcha de lo que tiene que ser un Estado moderno, en un país donde la historia hace que el Estado sea determinante. Los orientales tuvieron Constitución antes de tener Patria; la nación se hizo de arriba hacia abajo y no al revés.

Cambiar al Estado

El que quiera cambiar al Uruguay tiene que entender que tiene que cambiar la matriz del Estado. El Estado tiene que ser el primero que cambie porque éste es un país no afecto al riesgo, con una burguesía raquítica, falta de iniciativa y acostumbrada a acomodarse. Ésta tiene que sentir la picana de un Estado que no la sustituya pero que la lleve a rempujones.

Hacia el mundo de la inteligencia

Hay que introducir en el balero la técnica en el mundo del trabajo, porque el mundo despierta al tiempo de la inteligencia. Una de dos: o entramos a cambiar de raíz la conducta del Estado, de la sociedad uruguaya y de cada uno de nosotros y peleamos por ética y valores, o vamos rumbo a ser como África. Un país que venda atados de troncos o carne en el gancho sin diferenciar, no va a ninguna parte. Pero no se puede gargantear progreso que no se tiene; el progreso se arranca. Ésta es la deuda colosal que tenemos con los que van a venir luego de nosotros: somos responsables de la vida nueva, de la que está viniendo, pero mucho más responsables somos del mundo y el tipo de país que vamos a dejarles.

Repartir selectivamente hacia adentro: recursos para pagar la deuda

Tenemos un número, un compromiso de carácter electoral: ¡no sirve pa’un carajo si en última instancia no se entiende que lo electoral es pa’ganarse el derecho a bailar con la más fea!

En este país habrá una fajina sin precedentes: fumigar, pasar la rasqueta, lavar los pisos, echar aire nuevo. Eso será una batalla llena de resistencia, pero ya no nos queda tiempo, hemos perdido demasiado tiempo. Así como la selección uruguaya es un desastre, el desastre está acampado en todas partes, correlativo con una mentalidad burocrática de seguir tirando la pelota pa’adelante, con un sistema político que le echa la culpa a la sequía, la aftosa, la mar en coche, pero que no asume.

No vamos tampoco a ninguna parte en este mundo donde la piedad no existe; nadie nos va a regalar prosperidad. Hay que entender que la prosperidad hay que pelearla y hay que empezar por ser equitativo en la base, en lo que está más sumergido.

El verdadero modelo es aprender a repartir selectivamente pa’adentro, porque una economía basada en una pata sola -la exportadora- tiene la debilidad del mundo en el cual nos toca vivir. Tiene que haber otra pata, hacia adentro: la intraexpansión de la economía y el desarrollo hacia adentro.

Ése es el otro capítulo que hay que abordar; nunca va a venir capital de afuera, digno, pa’remendar nuestras vergüenzas hasta que suturemos parte del brutal endeudamiento público que tenemos, porque lo que más asusta a cualquier inversión es el tamaño de la deuda, que les hace decir “¡Socorro! Éstos no pueden respetar ningún acuerdo porque no tienen la masa de recursos para pagar lo que deben”.

Al pueblo blanco y colorado: una mano

Entonces al Uruguay hay que levantarlo a partir de los cascotes que tenemos y de nosotros mismos. Lo otro es ¡mentira!, ¡mentira piadosa! Esto lo digo como punto de arranque; no es que estemos contra la inversión directa, es que la verdadera inversión directa que venga de afuera para agrandar al patrimonio productivo no puede venir a un país que vive en el mejor de los casos organizando la lástima, que vive exportando a su gente joven, que como mercado interno se niega a sí mismo.

Todo esto implica cambios políticos muy serios, que no se pueden dar con el crecimiento vegetativo de la vieja izquierda, (tendríamos que haber tenido cada uno 25 ó 30 hijos). La única manera como puede darse es pidiéndole al pueblo blanco y colorado -desesperadamente- que nos dé una mano para empezar a cambiar a partir de octubre. Para eso no hay que renunciar a nada y tampoco que ninguno renuncie de su religión y de su manera de ver el mundo. No hay una cultura; hay diversas subculturas y hay que respetarlas.

Tenemos que ser mucho más amplios que antes, cuando aprendimos el valor geométrico de la suma que significa la amplitud, cuando aprendimos la lección de oro de que no éramos un partido sino un frente -sumatoria estratégica de cosas distintas, con distinto origen- con una tarea común hacia delante. La unidad posible no está en una misma interpretación de la Historia, no está hacia atrás.

Vuelvo a repetir: el pasado no se entierra ni se sepulta, se supera, y la superación es siempre una síntesis, un camino hacia delante, un crédito hacia el futuro, un compromiso con el porvenir. No te olvides de estas cosas: más que por nosotros los veteranos, por los que están llegando. Más abiertos que nunca, pero tampoco te metas a resolver en tiempos de decisiones internas, lo que tiene que hacerse en cada uno de los otros partidos. Hay que tener honestidad intelectual y compromiso con nosotros mismos; si el constituyente dijo “elecciones internas” elige cualquier número -el que más te guste- pero dentro del Frente o del Encuentro; no vayas a la aventura de otras decisiones porque ello les corresponde a esos pedazos de pueblo que se sienten ligados a esos mensajes políticos. Elige lo que se te cante, siempre hacia delante, por el porvenir.

(*) Dirigente del MPP (Movimiento de Participación Popular – Frente Amplio – Uruguay)


ELECCIONES EN URUGUAY

<hr><u><h2>ELECCIONES EN URUGUAY</u></h2>

UN FENÓMENO LLAMADO MUJICA



A muy pocos días de las elecciones generales que tendrán lugar en la República Oriental del Uruguay el próximo 31 de octubre, la coalición de izquierdas Frente Amplio-Encuentro Progresista-Nueva Mayoría es candidata, según todas las encuestas, a imponerse incluso desde la primera vuelta. Retrato de uno de sus líderes, el más popular y fuera de lo común.

Por María Urruzola (*)
Periodista uruguaya.

La anécdota la conoce todo Uruguay. El 15 de febrero de 1995, día en que comenzaba la 44 Legislatura del Parlamento, los porteros de la Cámara de Diputados interceptaron el paso a un señor de aspecto bastante rústico y desgreñado, muy informal, vestido de pantalón y campera jean, que acababa de aparcar una pequeña motocicleta en el estacionamiento equivocado y le advirtieron que la entrada y el parking eran sólo para legisladores. “Es que soy diputado”, contestó con sencillez José Mujica, más conocido como “el Pepe”.

Por primera vez en la historia política del país, un tupamaro, un ex guerrillero de la década de los ‘60, de profesión pequeño campesino o, más específicamente cultivador de flores, ingresaba al Parlamento como diputado nacional. Aquel novel diputado, pero viejo luchador social, es hoy senador, a sus 70 años, y el personaje más popular dentro del Frente Amplio-Encuentro Progresista-Nueva Mayoría, como se llama ahora la coalición de izquierdas que según vaticinan todas las encuestas podría acceder al gobierno el próximo 31 de octubre con un porcentaje de votos que oscila entre 48 y 52%. Es decir, tal vez en la primera vuelta y sin necesidad de ir a un ballotage.

Esa doble condición de líder de izquierdas más votado por la ciudadanía y de ex guerrillero tupamaro fue el argumento al que recurrió el Partido Colorado (específicamente el Foro Batllista, agrupamiento liderado por el ex Presidente Julio María Sanguinetti) que figura último en las encuestas, para desatar la infaltable campaña de “miedo” en el último tramo de la contienda electoral, a tan solo 15 días de que comience la veda publicitaria.

Puesto que no hay inestabilidad cambiaria, ni descenso en la cotización de los papeles de deuda uruguayos, ni aumento del “riesgo país” y tampoco aumento de la inflación; es decir, hay tranquilidad en “los mercados”, el miedo no puede propagarse por el lado de esa infaltable pieza en el ajedrez del poder que es la inestabilidad económica y financiera y, por lo tanto, los argumentos para sembrar el temor entre la ciudadanía tuvieron que extraerse del pasado lejano.

El instrumento fue un documental alemán filmado en 1996 titulado “Tupamaros”, del que se extrajeron algunos minutos de declaraciones de José Mujica, del también senador tupamaro Eleuterio Fernández Huidobro, y de la diputada tupamara Lucía Topolansky (pareja de Mujica), en los que analizan su opción por la vía armada en la década de los ‘60. Esos fragmentos, extraídos de contexto, refieren a la concepción que el MLN-Tupamaros tenía de la democracia en aquella época y a la forma en cómo llegó a realizar un par de ejecuciones de hombres acusados de integrar los escuadrones de la muerte. El anuncio televisivo difundido por el Foro Batllista termina con una pantalla en negro donde se lee: “Ellos son la mayoría del Frente Amplio”.

Antes de que el anuncio fuera puesto al aire en los canales de televisión abierta el MLN prohibió la difusión de imágenes de sus dirigentes en propaganda ajena, y la productora alemana Specogna Filmproduktion prohibió la difusión total o parcial, pública y privada del filme, incluso en la red, donde lo colocó el Foro Batllista, quien lanzó a todos sus dirigentes a una campaña apocalíptica sobre la “censura” de la que estaba siendo “víctima” y lo que eso vaticinaba para el futuro del país bajo gobierno de izquierda. Mientras por un lado se anuncia una batalla legal respecto a si existen derechos de autor o no de esas imágenes (los líderes del Partido Colorado argumentan que “son del dominio público”, pese a que existe una ley de derechos de autor mejorada en enero de 2003), el Foro Batllista dobló su apuesta y comenzó a emitir por radio breves anuncios que simulan un informativo, en los que se anuncia que los senadores tupamaros le quitaron su apoyo al Ministro de Economía, Danilo Astori, o que por viaje del Presidente y del Vicepresidente asume la Primera Magistratura el senador tupamaro José Mujica. ¿Quién es Mujica, este nuevo “cuco” que la derecha agita en un intento desesperado por impedir que la izquierda llegue al gobierno en la primera vuelta de la elección y forzar así un ballotage entre Tabaré Vázquez y el candidato del Partido Nacional, Jorge Larrañaga, segundo en las encuestas?

UN PERSONAJE SINGULAR

Se hace necesario aportar los datos básicos de este nuevo fenómeno de la política uruguaya, aunque no expliquen mucho: nacido el 20 de mayo de 1934 en el seno de una familia campesina por ambas ramas, José Mujica Cordano fue primero militante del Partido Nacional, uno de los dos partidos tradicionales del país, luego de la Unión Popular, un desprendimiento más hacia la izquierda del anterior, y tras la aplastante derrota de todas las opciones algo progresistas en la elección de 1962, fundador del Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros, junto al ya fallecido Raúl Sendic, su máximo dirigente.

En su historia figura haber caído preso por primera vez en 1964, en un fallido asalto del MLN que se hizo pasar por “rapiña común”; haberse enfrentado con la policía a tiros y haber huido por las cloacas de la ciudad; haber sido herido gravemente de seis balazos (se salvó de la muerte por milagro); haberse escapado dos veces de la cárcel de Punta Carretas; haber estado 13 años preso; haber sido torturado sistemáticamente y haber integrado el grupo de nueve presos conocido como “los rehenes”. Poco después del golpe de Estado de junio 1973, nueve dirigentes fundadores del MLN, entre ellos Sendic, Mujica, Mauricio Rosencof y Eleuterio Fernández Huidobro, fueron sacados del Penal de Libertad y llevados de un cuartel a otro permanentemente durante siete años. Vivieron literalmente en un pozo subterráneo, aislados unos de otros y prácticamente sin movilidad. “El síntoma más evidente de vida era siete ranitas, a las cuales las alimentaba con miguitas de pan. ¿Sabés que las hormigas gritan? Lo descubrí al ponerlas en el oído para entretenerme”, contó el senador Mujica en una de las innumerables entrevistas que la han hecho desde su ingreso al Parlamento.

Pero los datos básicos de la vida del Pepe Mujica no alcanzan para explicar cómo su liderazgo llevó al MLN de ser en 1985 un pequeño grupito de ex presos con el que simpatizaban algunos miles de ciudadanos, a integrarse primero al Frente Amplio y volverse luego en poco más de diez años la fuerza más votada dentro de la izquierda, lo que en números significa actualmente alrededor de 400.000 votos según las últimas encuestas, el doble de lo que obtendría el Partido Colorado. Es necesario ubicar primero el análisis de la coyuntura electoral en el contexto de un país literalmente quebrado, donde este año aparecieron en el norte del país, en el departamento de Artigas, casos de muertes de niños por desnutrición infantil, y en la capital cifras que indican que el 58% de los niños viven por debajo de la línea de pobreza. En un libro sobre su vida editado en 1999, Mujica explicó que uno de los elementos constitutivos de la formación inicial del MLN “fue el apoyo a los cañeros de Artigas”. Esos cañeros se agremiaron en 1961 en la Unión de Trabajadores Agrícolas de Artigas (UTAA) gracias a la labor de Raúl Sendic, y en 1962 marcharon más de 600 kilómetros a pie hasta Montevideo para reclamar por sus derechos básicos. En 2004 esos derechos siguen conculcados, tal como demuestran las muertes infantiles por desnutrición, que provocaron un sobresalto de solidaridad en todo el país. La única diferencia entre 1962 y 2004 es que en esta ocasión el recorrido fue inverso -desde Montevideo hacia el norte- y distinto, porque no lo hicieron ciudadanos sino alimentos, ropas y medicamentos enviados por compatriotas solidarios. Además de ese contexto socio-económico hay que tener en cuenta que la dirigencia política uruguaya ha estado siempre mayoritariamente integrada por hombres de origen urbano, abogados -eventualmente contadores- de traje y corbata, lenguaje “jurídico-político” y con una visión tecnocrática de la labor de gobierno.

Mujica, en cambio, es campesino de profesión y de ocupación aún hoy, pero tiene una sólida aunque autodidacta formación intelectual: durante cinco años de los 13 que estuvo en la cárcel sólo pudo leer ciencias -matemáticas, física, química- y en los otros nada; antes, en libertad, había sido un entusiasta lector de historia y luego, de nuevo en libertad, se dedicó a profundizar en antropología para entender al “bicho humano”, según sus términos. Mujica se viste invariablemente con un jean y una campera gastados; se desplaza en motocicleta junto a su compañera Lucía -arrastrando un pequeño trayler cuando llevan sus flores a la feria- y reúne en su temperamento la calma del hombre de campo con la picardía del gaucho; la habilidad del viejo luchador político con la franqueza de quien no tiene nada para perder porque no tiene ni quiere nada, todo ello combinado con un lenguaje desusado en el discurso político nacional, en el que conviven los términos camperos con las malas palabras familiares que todos decimos a lo largo del día y ciertas expresiones de una infinita ternura hacia la raza humana. “Tengo una personalidad un tanto campesina, una mentalidad propia de quien ha vivido de la tierra. Y a medida que me fui intelectualizando diría que fui profundizando más en lo mismo. En algún momento me puse a leer bastante sobre biología y a estudiar bioquímica, y a partir del conocimiento me fue naciendo una especie de admiración cuasi religiosa. He dicho por ahí que soy casi panteísta. Y cuando digo que hablo con las plantas, por supuesto que no estoy diciendo que realmente hable con ellas, sino que trato de interpretarlas. Un terrón debe ser un laboratorio entero, tan complicado que el hombre no está ni en condiciones de remedarlo. Se puede ser religioso por analfabeto. Pero también se puede tener una actitud religiosa cuando se empieza a saber y se comprende que no se sabe nada”, dice en el libro antes citado.

Esa inusual combinación de campesino-intelectual, sobrio y pausado pero rápido como un lince para dar respuestas certeras ante los medios de comunicación, informal de verdad y más preocupado por insuflar esperanzas en los jóvenes que en ganar votos, parlamentario responsable y trabajador en serio, lo posicionó paulatinamente como interlocutor válido para sectores tan diversos como los empresarios, los jóvenes, los universitarios, y sobre todo los habitantes del interior del país, desilusionados y enojados con “la capital”.

Seguramente el mayor peligro que representa este fenómeno llamado Mujica sea similar al que el propio Pepe identificó como uno de los problemas del MLN de los años ‘70: “La gente se nos venía encima”. Así como el aluvión de simpatizantes de la época clandestina los volvió vulnerables a la infiltración y a la policía y fue un elemento que coadyuvó a su derrota militar, el aluvión de votos de esta época parlamentaria los puede tornar incapaces de responder a tantas expectativas, contribuyendo involuntariamente y por efecto bumerang a la desilusión popular que muchos desean y algunos vaticinan a la izquierda en el gobierno. Entre tanto, este abuelo sin nietos se ha vuelto el enemigo público número uno de la derecha aún en el poder.

(*) Tomado del foro de discusión Reconquista Popular.


A LOS IGUALES

“Te has negado a cerrar los ojos, muerto mío, abiertos ante el cielo como dos golondrinas" – Miguel Hernández

Por Eleuterio Fernández Huidobro (*)

Faltan escasas horas para que el martes 15 de febrero de 2005 se instale el Parlamento electo el 31 de octubre de 2004. Esta XLVI Legislatura será un hecho histórico y todos sabemos en Uruguay por qué. Aquí será un Parlamento jamás visto. Me tocará estar allí por obra de la gente que así lo quiso. Hace poco más de un año, en diciembre de 2003, decíamos en el Palacio Peñarol, en oportunidad de un decisivo Congreso del Frente Amplio, que "se podía renunciar a todo menos a la victoria".

Hace pocos días y según las versiones de prensa (porque no estuve presente) Galeano y Saramago debatieron en Porto Alegre (en el Foro Social Mundial)acerca de la utopía.

Galeano repitió que ella está en el horizonte y que a medida que avanzamos se aleja logrando así lo más importante: caminar. Ya lo había dicho Don Quijote: "Lo importante es el camino Sancho, no la Posada". Machado, por su parte, postuló que no hay camino: que se hace al andar. Por su parte Saramago reclamaba ver las crueles realidades contemporáneas proclamando que hoy para la enorme mayoría de la humanidad, utopía es comer mañana. Yo agregaría que si no se come no habrá nada.

Sin embargo, y pidiendo disculpas por mis inexactitudes en la glosa de un debate tan fermental, opino que ambos tienen la razón.

Para mí son necesarias e inseparables ambas posturas. No tenemos por qué optar. Es más: en la opción está la equivocación. El idioma tiene dos conjunciones: la letra "o" es disyuntiva. La "y" es copulativa. Hemos pagado demasiado tributo erróneo a la "o". Fuimos esclavos de la "o" con resultados espantosos. Si por algo debemos optar es por la "y". Habría que hacerle un monumento.

Dentro de pocos días también estará nuevamente entre nosotros Fidel Castro quien el 5 de diciembre de 2004, en otro Congreso (el de los Jóvenes Comunistas cubanos), dijo: "Y digo ideas porque esta lucha de la que estamos hablando va a ser fundamentalmente una lucha de ideas; no serán guerras. Los problemas del mundo no se resolverán con armas nucleares, es imposible, ni se resolverán mediante guerras; e incluso digo más, no se resolverán mediante revoluciones aisladas que, en el orden implantado con la globalización neoliberal, pueden ser aplastadas sencillamente en cuestión de días o cuando más de semanas".

No creo que Fidel haya renunciado a su utopía; estoy convencido de que mira muy bien la realidad y, por verla, sabe y tiene la obligación de elegir los caminos que por entre ella conducen al horizonte.

Porque también hay tozudos senderos que, sin dejar de ver el horizonte, y tal vez viéndolo mejor que nadie, conducen por las cumbres al abismo. Hay desgraciadamente atajos y callejones que no tienen salida o, lo que es peor, conducen al degolladero.

Un 10 de noviembre de 1938 más de veinte mil judíos fueron arrestados en sus casas de Berlín para ser llevados a lugares de nombre espantoso: Dachau, Buchenwald... Esa noche quedó bautizada para siempre como la de los cristales rotos (Kristallnacht)

En esas mismas tinieblas, Pérez Madrigal, un miserable paniaguado publicista radial de Franco, transmitía desde Burgos, "Que los judíos son rojos, lo sabe todo el mundo. Que los judíos sean valientes, que los judíos sean soldados, nadie se lo cree".

Pero en esas mismas horas a las orillas del Ebro y peleando más que heroicamente era exterminada la Compañía judía "Botwin", del Batallón "Palafox", de la XIII Brigada Internacional "Dombrowski", formada mayoritariamente por voluntarios comunistas polacos. Murieron peleando juntos, con heroísmo alucinante, polacos y judíos.

Los prisioneros capturados fueron fusilados de inmediato también juntos. Muy pronto los pocos polacos sobrevivientes tampoco tendrían a dónde ir. Seis días después de la Kristallnacht, la XIII Brigada Internacional, ya sin extranjeros, será la última unidad republicana en retirarse a la otra orilla del Ebro cubriendo a todos los demás. Unos meses antes fueron los primeros en pasarla audazmente rumbo al otro lado.

A las cuatro de la mañana de ese día ellos volaron el último puente. Ciento treinta mil hombres de ambos bandos, por lo menos, quedaron heridos o muertos en
aquel camposanto donde la aviación y otras armas modernas hicieron estragos.

Checoslovaquia recién había sido entregada junto con España y después de Austria, en un intento francés e inglés, ciego, loco y desesperado, por evitar lo inevitable: la enorme carnicería de la Segunda Guerra Mundial que estallará fatalmente en pocos meses a pesar de tanto vano afán malgastado en preservar la
utopía de la paz.

Sin embargo, Gandhi, el apóstol de la no violencia, apoyaba a esos heroicos combatientes de España: no mascaba vidrio.

El terrorismo de los grandes bombardeos aéreos sobre poblaciones indefensas, y en masa, fue inaugurado allí: Guernika, Madrid, Barcelona, Valencia... Con todo su horror, será una pálida demostración comparada con la hecatombe que reventará en cuestión de meses como huracán de la muerte sobre las ciudades de Europa.

Fue maravilloso en esos días el trabajo de la central obrera controlada por los anarquistas en Cataluña: realizaron milagros de producción industrial para que a los combatientes del frente, controlado por los comunistas, no les faltara nada (aunque la superioridad material del enemigo resultó incontrastable), les iba la vida a todos ellos en la retaguardia y en el frente y cuando lo que se va es la vida se dejan de lado las cegueras voluntarias.

Su consigna entonces fue la de Buenaventura Durruti; la que humildemente, ante la indigencia creciente y ante la amenaza de dejar de existir como país, pedí prestada en el Congreso del Frente Amplio: "Renunciamos a todo menos a la victoria". Fui muy criticado entonces por gente que, estoy seguro, no recordaba la prosapia (en algunos casos increíblemente "suya") de esa consigna.

Miguel Hernández tenía un hijo de diez meses enfermo cuando el 19 de octubre de 1938 (un mes antes de la Kristallnacht y de la crucial retirada del Ebro) fue a Orihuela en busca de medicinas. La retaguardia republicana sufría las consecuencias de la nueva manera de hacer la guerra y él, que nunca las eludió ni las eludirá, las soportaba enteras. Cuando regresó, el niño había muerto y entonces mi enorme hermano nos dice:

"Te has negado a cerrar los ojos, muerto mío,
abiertos ante el cielo como dos golondrinas;
su color, coronado de junios, ya es rocío
alejándose hacia ciertas regiones matutinas.

Hoy, que es un día como bajo la tierra,
oscuro, como bajo la tierra,
lluvioso, despoblado, con la humedad sin sol de mi cuerpo futuro,
como bajo la tierra quiero haberte enterrado"
.

Vaya entonces esta mi poltrona de hoy reiterada en el Senado de la República, dedicada al hijo concreto de Miguel que la hizo posible y, en él y por él, a todos los demás iguales que ustedes saben.

(*) Senador de la República. Escritor
."


TABARÉ PRESIDENTE

<hr><h2><u>TABARÉ PRESIDENTE</h2></u>

VINO TRAÍDO POR UN ALUVIÓN
DE VOTOS NUNCA VISTO



Por Eleuterio Fernandez Huidobro *

La República
de Uruguay - 24 de febrero de 2005

El 22 de noviembre de 1989, pocos días antes de las elecciones nacionales de ese año, finalizábamos una columna en Mate Amargo escribiendo: "Hermanos: a clavar nuevamente el tricolor pabellón de Artigas en las almenas más altas de la capital del país. América lo está esperando."

Y el 29 de noviembre de 1989 pudimos decir allí: "La multitud derramada por las calles, los bailes en las esquinas, los festejos en todos los barrios y en las ciudades del Interior, todo, es para agradecérselo a la vida que milagrosamente nos quedó. Estuvimos, compañeros, a la altura de América" (Mate Amargo).

En aquella campaña electoral, ciertos adversarios levantaron el mismo tipo de propaganda que repitieron el año pasado: advertían que si Tabaré llegaba a ganar construiría en Montevideo un muro como el de Berlín... Justo cuando el de Berlín se estaba viniendo abajo.

Posteriormente Jorge Batlle, tratando de analizar, comentaba: "Es inexplicable que cuando el socialismo retrocede por todos lados, acá siga avanzando". Los errores de ese "análisis" producido a fines de 1989 y principios de 1990 eran varios: confundía el derrumbe citado con las ideas socialistas. Jorge Batlle y quienes analizaban como él se creyeron su propio cuento. Ignoraba, por ejemplo, que en esas mismas horas en Brasil, Lula ganaba en primera ronda y una derecha desesperada y sin candidatos conquistaba el balotaje gracias al invento apurado de Colhor quien en poco tiempo demostró lo que era.

Creía como Fukuyama (¿se acuerdan de Fukuyama?) que se había acabado la historia. Con tamaña victoria de los Estados Unidos sobre la Unión Soviética y tal como ella se produjo, debemos reconocer que caer en el error fue fácil. Como dijo Ehrlich hace pocas horas: "Nuestro mayor peligro es creernos dueños del poder y la verdad".

No hay que ser esclavos de las derrotas pero tampoco de las victorias. Estas últimas generan casi siempre el mismo error que venimos señalando. Las potencias vencedoras en la Primera Guerra Mundial, por ejemplo, trataron a la derrotada Alemania con tanta soberbia y abuso que sembraron por ello inmejorables condiciones para la próxima e inminente matanza mundial.

Joseph Stiglitz, Premio Nobel de Economía en 2001, principal asesor de Clinton y luego vicepresidente y economista jefe del Banco Mundial (protagonista de la década de los 90 desde el corazón mismo) publicó recientemente un libro titulado: "Los felices 90: la semilla de la destrucción", en el que formula una aguda y hasta despiadada autocrítica.

Comienza su Epílogo diciendo: "La burbuja estalló. La economía entró en recesión. Era inevitable que ocurriera: los días de los felices noventa se habían construido sobre unas premisas tan falsas, que finalmente tenían que acabar".

Resulta curioso que los tres capítulos en que divide dicho Epílogo se llamen: "La mala gestión de la economía global", "La mala gestión de los escándalos empresariales" y, "La mala gestión de la globalización".

Hasta no hace mucho, encaramado en mi soberbia de campanario, creí que los fenómenos de alta corrupción en estas regiones eran propios de países como los nuestros. Pronto me enteré que uno de los pueblos más
golpeados por ese flagelo es el de los Estados Unidos.

Acá no inventamos nada: se hizo y pasó exactamente lo mismo que allá. Lo que es peor: acá se copió servilmente la sarta de gruesos errores, adquiriendo de paso las mismas pésimas consecuencias inexorables. Ni siquiera fuimos originales: nos equivocamos por cuenta ajena. Con una gran diferencia: allá, ahora, hacen autocrítica y debaten febrilmente acerca de esos desastres, una política económica nefasta y sus consecuencias. Acá, los grandes portaestandartes de ellas siguen olímpicos.

Como si tal cosa. Se ve que no leen...

Jorge Batlle inicia esta loca carrera, con todo el viento en la camiseta exactamente el 15 de julio de 1990 en el Club Huracán de Paso de los Toros donde en nombre de su fuerza política lee solemnemente la
"Declaración del Batllismo Radical al país" (¿se acuerdan acaso?). Algo así como "El Grito del Huracán".

Gobernaba Lacalle y cogobernaba el Partido Colorado como siempre, pero por fin, dados los acontecimientos mundiales, les había llegado la hora tan anhelada: creían tener la cancha abierta.

Baste para sintetizar recordar lo que comentando el Grito del Huracán, decía Marcelo Pereira en Brecha: "Frente a ella los alegatos ideológicos herreristas quedan reducidos a un balbuceo incoherente".

La estuve releyendo y es verdad: la "Declaración del Batllismo Radical" de 1990 contiene toda la panoplia, completa como en un bazar, y bastante bien traducida del inglés, de las ideas que condujeron al abismo. Según decían, nosotros éramos conservadores y ellos unos estupendos radicales revolucionarios. De sofá. Tuvimos que pararles el carro con la paliza propinada en el referéndum de diciembre de 1992. Pero no fue suficiente para detenerlos.

El resto de la historia es conocido y sufrido por la inmensa mayoría de la gente acá y en todas partes. Crecimos en las elecciones de 1994, 1999 y 2004. Trataron por todos los medios de impedir nuestro triunfo.

El martes próximo Tabaré Vázquez será el Presidente de todos los uruguayos. Vino traído por un aluvión de votos nunca visto. Lo dijimos durante la campaña electoral y lo repetimos ahora: ese enorme apoyo expresa entre otras cosas pero fundamentalmente la conciencia generalizada de una gravísima crisis nacional. Tan grave que amenaza la existencia misma del compromiso político llamado República Oriental del Uruguay. Lo mismo les pasa a muchos otros Estados y naciones del planeta.

Ha fracasado una política económica mundial y una política a secas que muestra hoy además de su horror su empantanamiento. No se trata de soplar tizones viejos para incendiar almas con nacionalismos extravagantes y trasnochados. Tampoco de poner la cuestión nacional como un capricho sobre la mesa. Es simplemente una cruda realidad.

En estas postrimerías, además, caen con toda su crueldad algunas de las consecuencias que faltaban (tal vez esperando hasta después de las elecciones): los ciento veinte o ciento cincuenta millones que por
otro garrafal error de Jorge Batlle nos reclaman quienes fundieron al Banco Comercial; los doscientos cuarenta que por crasos errores (o por causas peores aún) le reclaman al Ministerio de Defensa. ¿Falta algún otro golpe todavía? Mucho me temo que sí.

Mucho temo ojalá me equivoque que el próximo gobierno encuentre un panorama peor del que imaginamos. Los organismos internacionales de crédito, duros de pelar, siguen apremiando: exigen sin misericordia un superávit fiscal primario de cifras escalofriantes que este pueblo deberá poner sobre el mostrador de cada año sacándolas de su propia calamidad.

Y entonces ahora también debemos decir: solo una gran unidad popular de anchos ribetes nacionales nos permitirá afrontar la situación y superarla; solo un gobierno como el que se instala podrá estar bien al lado de la gente como para poder llevar a delante esa tarea que como propuso el futuro intendente de Montevideo, también será "entre todos y para todos".

* Senador de la República
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ENTREVISTA CON ELEUTERIO FERNÁNDEZ HUIDOBRO

<hr><h2><u>ENTREVISTA CON ELEUTERIO FERNÁNDEZ HUIDOBRO</h2></u>

“Aquí se va a gobernar con la pata en el suelo,
pegados a los
problemas de la gente”



Por Carlos Aznárez
Resumen Latinoamericano


Fue y es uno de los principales referentes del Movimiento de Liberación Nacional Tupamaros (MLN-T), que durante más de tres décadas viene bregando por una “patria para todos” en el Uruguay. Actualmente, el “Ñato” Fernández Huidobro es senador y figura clave junto con su compañero de organización José “Pepe” Mujica del decisivo vuelco que la el Movimiento de Participación Popular (MPP) que integran, ha producido en el Frente Amplio y en su llegada al gobierno con Tabaré Vázquez como Presidente.

En medio del bullicio y los festejos del pueblo uruguayo por la llegada de la izquierda al gobierno, “Resumen Latinoamericano” dialogó con Fernández Huidobro y estas son sus precisiones sobre el momento que se vive y lo que vendrá.

-Su colega Pepe Mujica nos dijo que “ahora les tocará bailar con la más fea... pero que valía la pena”. ¿Cuál es esa tan “fea” de la que habla Mujica?

-Creo que es estar en el Poder Ejecutivo como el Pepe, tomando decisiones minutos a minuto, tal vez equivocándose en alguna, en un país tan empobrecido y embromado como este. Entonces esas compañeras y
compañeros que están ahora asumiendo sus cargos, en cada ministerio, en cada dependencia ejecutiva donde no hay mucho para discutir y sí mucho para resolver, bailan en la cuerda floja. Porque hay que dar respuestas a las necesidades de la gente y dar respuestas correctas además.

-¿Cuánto tiempo hay para dar esas respuestas y esos guiños importantes para la gente que los llevó al Gobierno?

-Eso lo dirá la gente. Nosotros vamos a gobernar con el pueblo. Esto no es un problema de una agencia de relaciones públicas donde viene alguien que te dice: “...de acuerdo a las estadísticas ustedes tienen tanto 15 dias, uno o diez meses para que los pronósticos sigan siendo favorables”. Eso está bien para los países frívolos donde la gente no participa en el Gobierno, donde el Gobierno se vincula con la gente a
través de los grandes medios de prensa y las campañas de publicidad. Los jopos, los peinados, los liftings... acá no corren, acá es otra realidad. Acá se gobierna con la pata en el suelo, con la gente. En mi
país, la mayoría de nuestros militantes son estrategas, todos ellos. Saben bien, si fracasamos o acertamos, cuáles son las causas, porque van a participar en ellas. Nos vamos a dar de cabeza contra la pared -si nos damos- todos juntos.

No hay un gobierno allá arriba y un pueblo aquí abajo, y en el medio una gran cantidad de productores que nos “producen” el peinado, el discurso... No, acá hay poca clientela para esas agencias vaporosas. Aquí se trata de la realidad concreta: hay que ir a los barrios, pata en el suelo, hablar con los compañeros y compañeras. Tenemos muchos kilómetros rodados en comités centrales, en sindicatos, comisiones de fomentos, marchas, cárceles, torturas, como para pensar que esa gente es tan frívola como para decir “si a mi en cinco meses no me resolvieron mi problemita, yo me cambio de partido”. No, acá no camina eso.

-Cuando salió Raúl Sendic y todos ustedes de la cárcel, se habló de recrear un Frente Grande. ¿Es ese Frente el que está hoy en el Gobierno, el que ustedes soñaron en su momento?

-Algo parecido. Nunca lo que se sueña es exactamente igual a lo que se logra. Cuando se sueña, diseñas estrategias, y grandes brújulas, y con tal de ir para allí, está todo bien. Pero luego, en la práctica todo
toma su carácter más pintoresco. La teoría es muy gris, y eso lo dijo aquel poeta alemán: “el arbol de la vida es mucho más verde” y mucho más multicolor.

-¿Cómo viven aquí en Uruguay esta ola de rebeldía latinoamericana que los incluye?

-Nosotros somos producto y hemos impulsado esa rebeldía. Forma parte de la lucha histórica de nuestros pueblos. Ojalá se siga consolidando bien, entrelazándonos unos con otros, avanzando hacia el futuro.

-El Presidente Tabaré Vázquez aseguró que se va a cumplir con los pagos de la deuda externa pero que también se va a cumplir con la deuda interna. ¿Cuál sería la idea de esta decisión?

-Muy simple: si nosotros hoy le decimos a los organismos internacionales, que no le pagamos más nada, se ríen de nosotros. Nos dirían: gorrión de basurero, sacando pecho arriba de un tarrito de la basura... Cómo vamos a hacer eso, si somos un pequeño país. Ahora si saca pecho Argentina, si roncan las tripas del Brasil y también las de Venezuela, entonces sí nosotros podemos agrandarnos, pero con un poco más de credibilidad. No se le puede pedir a este Gobierno que le declare la guerra a los EEUU y le mande un ultimátum ahora, que si en 24 horas no se rinden, nosotros no nos hacemos cargo de las consecuencias. Tenemos que ubicarnos compañeros y compañeras: este pueblo es estratega, cada militante de base y todos nosotros, debemos tener la cabeza en la utopía, pero los pies parados en la realidad. Yo festejo -porque me ayuda- el éxito de Kirchner en ese default, que es el más grande en la historia del capitalismo. Y festejo a Lula cuando dice: no me incluyan los gastos de infraestructura en las cuentas para calcular el déficit.

Yo estuve en Cuba en 1985 en la gran conferencia que convocó su Gobierno para no pagar la deuda externa (éramos más de 200 delegados de toda América Latina, incluidos de centro y de derecha, porque Cuba tuvo la amplitud de llamarlos a todos). Allí se sugería, todos juntos para no pagar la deuda impagable. Era muy difícil plasmarlo en la vida política, pero ojo, que la pelea fue muy buena. Hoy es lo mismo: el encuentro Sur-Sur, la Patria Grande Latinoamericana, o nos juntamos o no podremos negociar bilateralmente, uno por uno, con la potencia hegemónica y los grandes intereses imperialistas, que no pertenecen solo a esa potencia hegemónica.

-Tabaré habló de saldar una deuda con los uruguayos que viven en la diáspora, a través de institucionalizar el voto epistolar...

-Eso va a ser una gran batalla que se va a dar en el Parlamento. Cuidado, porque algunos dicen que precisamos mayorías especiales, que no basta con la mayoría simple. Alli será bueno ver qué hace el partido Blanco, si van a votar o no esa propuesta con nosotros. Por eso no queremos hacer promesas vacías: va a haber una gran batalla parlamentaria por ese voto epistolar de los compañeros de la patria peregrina. Tenemos que estar atentos para ver lo que hacen los demás partidos. Nuestros votos están, pero si se necesitan mayorías especiales, faltan votos.


O ESTAMOS FRITOS

<hr><h2><u>O ESTAMOS FRITOS </h2></u>

Por Eleuterio Fernández Huidobro (*)

Página 12 – Febrero 2005

Dijo la prensa que el promedio de edad del flamante gabinete designado por Tabaré Vázquez promedia los 65 años. Yo no saqué la cuenta pero poco importa sacarla: eso, más o menos, es así. Y es así también por lo que ya dijimos en una
contratapa publicada la semana pasada aquí mismo: el proceso fue largo.

Pero si ahora agregamos que será largo el que comienza, entonces el tema de la edad, o sea el de la juventud, pasa a ser estratégico por simples y flagrantes razones biológicas. Si al fin de cuentas expresamos a la sociedad tal cual es, no lo hacemos tal como debería ser.

O damos paso a los jóvenes o estamos fritos.

Va a ser duro comprender y aceptar que el proceso será otra vez largo porque especialmente nosotros, los que venimos de cuando se inventó el rock y el Che, llevamos en la mochila, como los soldados de Napoleón el Código Civil (es decir, varios “manuales” recetarios de la revolución) y el bastón de mariscal (el Hombre Nuevo) y somos en el fondo entrañablemente milenaristas. Traspasado cierto umbral, viene la revolución sin retorno posible, ataremos los perros
con ristras de morcillas y, en todo caso, la Unión Soviética nos ayudará desinteresadamente... Todos los niños del mundo, al ritmo del Negro Rada, tocarán candombe en las lonjas templadas de sus barriguitas llenas. Para siempre.

Ojalá fuera pero no será así. No fue nunca así. Jamás fue, ni podía ser. Habrá lucha y será larga y dura. Como siempre. Como decía Galeano: a medida que avancemos, el querido horizonte irá también avanzando. Es una ley de la vida. Y de la física.

Llegué a comprender la gran verdad que me confesara preso un excelente compañero:

–Para que yo sea un Hombre Nuevo a esta altura de la vida, me tendrán que operar.

Tenía vicios el camarada pero, como él decía, resultaban módicos: le gustaban el vino y los caballos de carrera así como a Platero le gustaban los higos y las burras.

–Les tengo pánico –agregaba– a esos compañeros a los que no se les conoce vicio de ésos. Por lo general tienen alguno terrible. Y un día lo descubrimos cuando ya es demasiado tarde.

¡Vaya si nos habrá pasado!

La famosa frase de Bertolt Brecht, la de los imprescindibles, aparece en este análisis incompleta. Le debería haber agregado que, a veces, los que militamos toda la vida, debemos comprender que también somos prescindibles. Y saber dar un paso al costado, dejar abiertas las anchas alamedas que profetizó Allende y dejar pasar por ellas no solo al Hombre Libre sino también al Hombre y a la Mujer Joven.

Y finalmente traigo en la maleta, ya en edad que podría comenzar a ser calificada de provecta, y luego de tres extenuantes y recientes campañas electorales (la que condujo al triunfo en el referéndum en defensa
del ente petrolero el 7 de diciembre de 2003 y que fuera el primer gran golpe a los principales líderes blancos y colorados; la que condujera al triunfo en las “internas” del 27 de mayo de 2004 y la que nos trajo a la histórica victoria del 31 de octubre), una anécdota que me puso el dedo en la llaga como pocas veces en tantos miles de kilómetros.

Un paisano, militante de base de un heroico y humilde comité perdido en el profundo interior rural de Uruguay digno de un cuento de Borges, me preguntó qué pasaría si en el caso de ganar, mejorando la calidad de vida de los uruguayos, comenzaran a venir desde las abiertas fronteras los argentinos y brasileños pobres, así como pasó otras veces, como sucedía en el pasado, o como nosotros hicimos cuando en esos países había más trabajo y comida que en el nuestro.

– ¡Porque hay pobreza y pico, como acá, en esos lugares! –exclamó.

No tuve más remedio que señalarles a él y a los demás compañeros y compañeras, una foto grande, ajada, del Che riendo en la descascarada pared del rancho.

–Pregúntale a él –le dije–, o al Viejo Artigas. Tanto da.

Tenía razón el paisano de pie, con su sombrero entre las dos manos (por respeto al senador). Era un estratega: de nada valía arreglar con egoísmo necio nuestras cosas si la pueblada vecina no las arreglaba también. Pero tampoco nada podríamos arreglar solos (apenas tres millones de personas: un barrio de SanPablo o de Buenos Aires), si el arreglo no era para todos. Y ése iba a ser el desafío que ahora es, porque ganamos. El paisano y el humilde comité hoy son gobierno.

Y esta faceta, a cuenta de mayor cantidad, coloca otro de los cruciales agregados imperiosos en la estrategia: o somos parte o seremos nada.

Antes se discutía si era posible el socialismo en un solo país. Dado el mundo tal cual es, hoy puede discutirse si es posible el batllismo o el peronismo en un solo país. O, sencillamente, si es posible seguir siendo país en un solo país.

* Senador uruguayo por la coalición Encuentro Progresista - Frente Amplio Nueva – Mayoría
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SPILIMBERGO

CAUSA POPULAR

Movimiento Popular, Patriótico y Latinoamericano



Con el fallecimiento, el 3 del corriente mes, de Jorge Enea Spilimbergo, el país pierde a uno de sus más lúcidos pensadores, a un político ejemplar, inflexible en su recato y su decencia, a un patriota que no renegó un instante de sus convicciones y que apostó su vida entera a la revolución nacional y social en América Latina.

Su nombre estará siempre asociado a la gestación de la Izquierda Nacional a la que contribuyo de manera decisiva con sus libros, conferencias y cursos, pero sobre todo con su meticulosa labor de formación de los cuadros políticos que alimentaron a la IN en sus etapas de desarrollo como PSIN y FIP. Durante dos décadas, acompañó, en aquellos difíciles comienzos, al Colorado Ramos del que fue su mejor camarada, aunque siempre dueño celoso de un espacio propio desde el que desenvolvía su singular visión del socialismo nacional.

Defensor del legado del peronismo histórico fue crítico implacable de cierto nacionalismo elitista, siempre funcional al liberalismo oligárquico. Aborrecía el izquierdismo abstracto y europeizante, cuyo papel histórico consistió en separar a la pequeña burguesía de tradición democrática de los trabajadores y las masas pobres.

Con Spilimbergo no sólo se produce una irreparable pérdida para todos aquellos que postulan y luchan por un nuevo movimiento nacional y revolucionario. Con él se despide una etapa histórica del país, de América Latina y el mundo, que deja en pie inéditos desafíos para abordar los cuales, la memoria de “Spili”, ese gran compañero y patriota intachable, será potente faro iluminador.

Alberto Guerberof - Augusto Alvarado


Buenos Aires, 5 de septiembre de 2004


EVA

<h2><hr><u>EVA</h2></u>

“Declaro que pertenezco ineludiblemente y para siempre a la ‘ignominiosa raza de los pueblos’. De mi no se dirá jamás que traicioné a mi pueblo, mareada por las alturas del poder y de la gloria. Eso lo saben todos los pobres y todos los ricos de mi tierra, por eso me quieren los descamisados y los otros me odian y me calumnian.
Nadie niega en mi Patria que, para bien o para mal, yo no me dejé arrancar el alma que traje de la calle. Por eso, porque sigo pensando y sintiendo como pueblo, no he podido vencer todavía nuestro "resentimiento" con la oligarquía que nos explotó.
¡Ni quiero vencerlo! Lo digo todos los días con mi vieja indignación descamisada, dura y torpe, pero sincera como la luz que no sabe cuando alumbra y cuando quema. Como el viento que no distingue entre borrar las nubes del cielo y sembrar la desolación en su camino. No entiendo los términos medios ni las cosas equilibradas. Sólo reconozco dos palabras como hijas predilectas de mi corazón: el odio y el amor.
Nunca sé cuando odio ni cuando estoy amando, y en este encuentro confuso del odio y del amor frente a la oligarquía de mi tierra -y frente a todas las oligarquías del mundo- no he podido encontrar el equilibrio que me reconcilie con las fuerzas que sirvieron antaño entre nosotros a la raza maldita de los explotadores.”