Blogia

MIRANDO AL SUR - augusto alvarado


EL SIGLO DE FIDEL

<hr><h2><u>EL SIGLO DE FIDEL</h2></u>

Por José Steinsleger

Tricontinental No.158, La Habana, 2004

Cruce de civilizaciones y culturas fusionadas a lo largo de muchos siglos, Cuba y su revolución arrojaron sobre la mesa los naipes marcados de un continente que durante 470 años venía en pos de su destino

Creada y recreada con el paso de los años, Cuba se ha convertido en ejemplo de lo que los pueblos son capaces de conseguir cuando saben de dónde provienen y a dónde quieren ir. Nutrida de poderosas raíces culturales y de un espíritu nacional que por sus logros devino universal, 45 años de revolución bien pueden resumirse en la sentencia de Martí: ”Al salvarse, [Cuba] salva”. Cabe la celebración. Sin embargo, también cabe la reflexión. ¿Por qué las patrias chicas de la América triétnica, padecen de lo que Cuba ya no padece, aquel no saber adónde ir, aquel no saber por dónde seguir? ¿Qué resortes les impide a sus dirigencias políticas verse tal como son? ¿El alivio del sufrimiento en asuntos de salud, alimentación, educación, vivienda y vestido conlleva necesariamente el imperativo de hacer una revolución?

Patéticamente maquilladas con las fórmulas políticas de importación (tales como las que hoy revisten las distintas modalidades del “neoliberalismo”), las dirigencias políticas de América Latina persisten una y otra vez en copiar lo que da en llamarse “democracia moderna”, sin reparar en la adversidad y en los costos que esta actitud representa para salvaguardar sus propios intereses nacionales.

Los resultados de la alienación saltan a la vista: en la mayor parte de nuestros países, la “democracia moderna” engendró un auténtico Frankenstein ideológico que ha mercantilizado el pensamiento liberal y clericalizado el pensamiento conservador, haciendo de la igualdad mito y de la fraternidad filantropía. Dicho de otro modo, ¿creen las dirigencias de América Latina lo que suponen ser, “pragmáticas”,”modernas”, “globalizadotas”, “tolerantes”, “democráticas”?

Vista como ejemplo antes que “modelo”, la experiencia de Cuba indica que la empresa de una revolución social es una tarea difícil pero factible. Naturalmente que la “toma del poder” ya es algo más difícil y menos factible.
Pero de 1959 a la fecha, Cuba ha demostrado que las dificultades reales empiezan cuando hay que sostener y defender una revolución.

Acontecimiento políticamente caótico en sus inicios, no deja de ser curioso que la revolución social sea el hecho conservador por excelencia. Caótico porque al empezar sus efectos se disparan en múltiples y entrecruzadas direcciones.
Conservador porque sus ideales buscan, justamente, preservar el trío de valores que Francia consagró durante la “Gran Revolución”: libertad, igualdad, fraternidad.

¿Qué quiso decir Martí cuando con tono de advertencia señaló que “¡ni de Rousseau ni de Washington viene nuestra América, sino de sí misma!”? Creo que Martí dio a entender que poca es la paja que puede separarse del trigo sin valorar el sentido de libertad profundo que palpitaba en los mal llamados pueblos “indios” y “negros” del periodo colonial, virreinal y republicano. ¿Es que podemos subestimar, o negar, que fueron precisamente las rebeliones
constantes de los indios y de los negros de este continente durante tres siglos ininterrumpidos, las que de par en par abrieron las puertas de la etapa posterior de emancipación colonial, independencia republicana y formación de los
Estados nacionales que configuran la geografía política de América Latina y el Caribe?

Desafortunadamente, ayer y hoy son legión los dirigentes y pensadores de América Latina que, sin inmutarse, hicieron y hacen gala de su minucioso conocimiento de la historia, la filosofía, las artes, las lenguas y la cultura europea, lo que no está mal, mas tienen serias dificultades para siquiera tener ordenado qué fuerzas políticas, sociales y culturales gravitaron en América de 1492 a 1810. De Roma, Santo Tomás, Oliver Cromwell y la caída de Constantinopla saben todo. Pero de cómo estaba constituido el Tahuantinsuyu hace 600 años, o de la contribución de los negros de Haití a la independencia de Estados Unidos, nada.

Bien. Antes de irme por las ramas, me interesa señalar que al empezar las luchas por la independencia muchos hombres y mujeres hincaron el diente en el meollo del asunto. Me refiero a quienes con Simón Bolívar al frente, supieron avizorar el rol del imperialismo norteamericano en el siglo XX.

Hijo de América

De aquella epopeya de luchas e ideas que en el siglo XIX se combinaron con la acción, brotaron, precisamente, pensamientos como el de Fidel Castro. La Revolución Cubana y Fidel recogieron la espada que Simón Bolívar dejó en San Pedro Alejandrino (1830), José Artigas en Ibiray (1850), José Martí en Dos Ríos (1895) y Augusto César Sandino en Managua (1934). No solo esto. Cruce de civilizaciones y culturas fusionadas a lo largo de muchos siglos, Cuba y su revolución arrojaron sobre la mesa los naipes marcados de un continente que durante 470 años venía en pos de su destino.

La Revolución Cubana bien pudo haber optado por el nacionalismo liberal de México, (1910), el nacionalismo revolucionario de Bolivia (1952), el liberalismo a secas de Costa Rica (1948) o bien pudo adoptar el sistema
partidocrático de Chile y Uruguay. De hecho, estas corrientes participaron en 1959. Pero todas, menos la de Fidel, subestimaron al imperialismo norteamericano.

En su afán de acabar con las anacrónicas dictaduras de América Central y el Caribe, Estados Unidos toleró, hasta cierto punto, la irrupción de un movimiento al que veía como “radical” sin más, conducido por un “caudillo” que, en todo
caso, podía ser eliminado como tantos otros de la historia. No obstante, Washington no pudo entender que el Movimiento 26 de Julio descendía en línea directa del grito pegado en el ingenio azucarero de La Demajagua en octubre de
1868: ¡Viva Cuba Libre! O sea, de una memoria popular y nacional que once años antes de la llegada de Carlos Marx al mundo y 119 años antes del nacimiento de Fidel Castro, abominaba de las palabras enviadas en 1807 por el presidente Thomas Jefferson al embajador inglés en Washington: ”...en caso de guerra con España, Estados Unidos se apoderará inmediatamente de Cuba, posesión indispensable para la defensa de la Florida y el Golfo de México”. Mediatizada por la “Enmienda Platt” (1901), que a Estados Unidos permitía la intervención, de estimarlo necesario, la independencia de Cuba fue firmada en ausencia de quienes pelearon por ella: los cubanos. Así nació la “seudorepública”, vigente hasta el triunfo del movimiento que hace 45 años concitó la simpatía de todos los partidos, ideologías y movimientos antidictatoriales de la isla antillana.

Cuando es auténtica, una revolución se vuelca a quienes más la necesitan. A los “condenados de la tierra”, como decía Fanon. En Cuba, estos condenados integraban las mayorías del país, por gravitación natural. No obstante, quienes creían ver en la revolución la versión renovada de sus tejes y manejes, creían también que podían conducir a estas mayorías de un modo conveniente a sus intereses. La demagogia, en primer lugar. Después de todo, hambre y miseria no garantizan necesariamente el éxito de una revolución. Cuando mucho, son flagelos que causan revueltas, golpes de mano, conspiraciones, ingobernabilidad o efímeras tomas del poder.

La Revolución Cubana necesitaba de dirigentes capaces de conducir y organizar, de orientar y asegurar que la sangre derramada contribuyese al renacimiento de un nuevo tipo de sociedad. Y, por sobre todo, que la sangre no iba a ser
negociada por un plato de lentejas. Aquí es donde las dirigencias suelen perderse o, por el contrario, aquilatar las verdaderas dificultades de una revolución. Aquí es donde afloran las ambiciones y mezquindades naturales que
los ideales buscan erradicar. Aquí es donde el altruismo corre peligro de congelarse o torcer su propósito. Aquí es donde surgen el dogmatismo y el sectarismo, el oportunismo y la traición.

La Revolución Cubana desnudó a muchos dirigentes que parecían ser buenos y acabaron al servicio de lo peor y potenció a quienes, sin haber sido necesariamente los mejores del combate, se pusieron al frente con el propósito de afrontar el desafío verdadero. De no haber cumplido con lo prometido, la intuición, historia y temple rebelde del pueblo cubano, hace mucho hubiese acabado con Fidel Castro.

Hasta hoy, ningún dirigente político ha inventado la represión perfecta y ninguno ha podido sostenerse indefinidamente en el poder. Ahí están las dictaduras de América Latina que apoyadas interna y externamente por el
imperialismo fueron derrotadas por sus pueblos
. Por esto, cuando con ligereza se dice que Cuba se sostuvo únicamente con el apoyo de la ex Unión Soviética, deberíamos exigir consecuencia con la inquietud: ¿y qué la sostiene desde la caída del “bloque socialista”? Si como muchos creen, Cuba pudo subsistir únicamente por el apoyo del ex campo socialista, podríamos también preguntar a dónde fueron a parar los miles de millones de dólares que Estados Unidos canalizó hacia más de 300 gobiernos constitucionales o dictatoriales de América Latina en 45 años de revolución. ¡Ah!... nos dicen: ¡pero es que en Cuba no hay “libertad”! ¿Y qué es libertad? ¿La mía, la tuya o la de 300 millones de latinoamericanos que a diario naufragan en la desnutrición, la criminalidad, la desesperanza, la pobreza relativa y extrema? Que en Cuba no hay “democracia”. ¿Y quiénes dictan sus presupuestos? Que Cuba es dirigida por una “nomenclatura” de funcionarios privilegiados. ¿Y cómo se llaman los banqueros y empresarios que a expensas del Estado saquean países enteros sin que los “demócratas” digan pío? Que más de un millón de cubanos han abandonado su país y muchos perdieron la vida en el mar. ¿Y cuántos mueren día tras día al cruzar las fronteras del Mediterráneo o el Río Bravo sin que la noticia conmueva? ¿Cuántos millones hacen cola en las embajadas de los países ricos para trabajar de lo que venga? Que Fidel se mantiene por la “obcecación” de Washington en combatirlo, dice el escritor Carlos Fuentes. ¿Y entonces por qué no lo derroca de una vez? ¿Por qué no acaba con el bloqueo que, según los tartufos, sería causa determinante de su permanencia en el poder? ¿No será que el fin del bloqueo y la normalización de relaciones con Estados Unidos sería prueba de que en América Latina y el mundo es posible la resistencia antimperialista?

Los unos abandonan la lucha por el socialismo y los otros huyen del capitalismo neoliberal, que cultiva la lucha de todos contra todos y borra la solidaridad entre los seres humanos. Pero quienes en Cuba deploran, por ejemplo, la libreta de racionamiento suelen olvidar que la mayoría absoluta de los pobres de América Latina sueñan con poseer una libreta que quizá no alcance para todo el mes, pero existe.

Por lo demás, el socialismo nada tiene que ver con el racionamiento. Mas... ¿qué hacer cuando las guerras del capitalismo combaten con ferocidad el desarrollo del socialismo? En estas condiciones, el socialismo solo puede encararse como opción de conciencia y solidaridad. ¿Existe la “tercera vía”? Sí, existe: el escepticismo socarrón de los cansados y el oportunismo individualista son la “tercera vía”.

Hablar de Fidel Castro resulta difícil. Puede caerse en el ditirambo y la exégesis, la obsecuencia acrítica o esa moral zalamera que el propio Fidel sería el primero en deplorar. Asimismo, podemos caer en la tentación de hablar de un
hombre superdotado por la naturaleza. Mas entonces deberíamos concluir que la Revolución Cubana fue obra y milagro de un ser extraterrestre.

No es verdad. El mérito de Fidel Castro ha consistido en conducir y orientar la resistencia popular ante la agresividad de Estados Unidos y el de levantar a una sociedad que en todas las disciplinas es digna de ejemplo y estímulo para todos los pueblos del mundo. Sin la voluntad política del pueblo cubano, dispuesto a defender y sostener a conciencia lo suyo, ningún superdotado de la especie hubiese podido llevar a buen puerto el desafío implícito de una conducción que, desde el arranque, tenía las de perder.

Fidel ha dicho: El socialismo ha sido el auténtico héroe nacional del pueblo cubano. Y es por esto que la relación entre conducción política y revolución ha sido lúcidamente dialéctica. Sin embargo, cuando se analizan las cosas desde
posiciones privilegiadas, se incurre en el error de creer que los pueblos no necesitan de dirigencias lúcidas, abonándose el terreno para doblegarlos y sepultarlos en la más cruda y desesperante resignación.

Para concluir estas notas escritas al vuelo, ensayemos un ditirambo razonado. La civilización occidental desciende de Pericles, quien vivió en el siglo V antes de Cristo (495-429). A los 34 años, Pericles se erigió en jefe del partido
democrático. Reelegido estratega durante 30 años, Pericles democratizó la vida política de Grecia, permitiendo el acceso de todos los ciudadanos a las altas magistraturas. Y a su alrededor se agrupó un equipo de artistas y pensadores que
le valió pasar a la historia como “el siglo de Pericles”.

Dijo Martí: “Conocer es resolver. Conocer el país, y gobernarlo conforme al conocimiento, es el único modo de librarlo de tiranías [...] Los políticos nacionales han de reemplazar a los políticos exóticos. Injértese en nuestras
repúblicas el mundo; pero el tronco ha de ser el de nuestras repúblicas”
.

En 200 años de vida independiente, los pueblos de América Latina han soportado cerca de mil cien gobiernos que solo han conseguido lamento y frustración; 40 millones de indígenas que viven peor que en los tiempos de la colonia, encabezan
la tabla de los padecimientos. Por esto, creo que el día en que seamos ciudadanos de una patria común, el siglo que pasó bien podría ser recordado como “el siglo de Fidel”.

(*) Escritor y periodista argentino; cronista de La Jornada de México D.F. Autor de varias obras que abordan temas políticos y de la realidad latinoamericana e internacional


COLOANE:PADRE DE LA PATRIA

<hr><h2><u>COLOANE:PADRE DE LA PATRIA</h2></u>

Comedor de ulte y huevos de raya, descendiente honorario de los onas y descubridor literario del inabarcable territorio magallánico, Francisco Coloane ahora se ha convertido en coleóptero. Darwini coloanei se llama el verde espécimen que le dedicó un entomólogo francés a este tótem nacional que ahora en julio cumple 89 años.

- - - - - - - - - -
Por Claudia Donoso - Revista Paula - Julio de 1999

(Francisco Coloane falleció en Agosto de 2002)
- - - - - - - - - -

Hijo ilustre de Quemchi y Caballero de las Artes y las Letras de Francia, poco le importan hoy día todos esos laureles a Francisco Coloane. No quiere saber nada con el ruido o la fama internacional que le ha caído encima y pasa la mayor parte del tiempo tendido de espaldas en su dormitorio que, lleno de conchas de locos, lapas, picorocos y soles marinos, ilustra su histórica y declarada pertenencia al mar oceáno.

Está cansado y no fue menor la hazaña cumplida. "Para producir un libro importante hay que elegir un tema importante. Jamás se ha escrito un libro grande y perdurable sobre una pulga aunque hay muchos que lo han intentado", anoto Herman Melville por ahí y Coloane no se quedó chico. Al recuperar artísticamente el mundo de los confines patagónicos -desconocido incluso para los chilenos- se convirtió en el conquistador literario de ese territorio austral donde enloquecen las brújulas. Describió a los hombres de a caballo o de a bordo que circulan por aquellos páramos y los transformó en un mito.

Los franceses lo han comparado con el autor de Moby Dick, con Verne y Conrad pero se aburrieron de este ejercicio. "contentémonos con encontrar en él a un escritor que no se parece a nadie y cuya obra tiene el sabor agrio y fuerte de los alcoholes clandestinos" expresó el crítico de Le Figaro. L´évènement du jeudi por su parte terció: "Lean a Coloane: es una orden".

Sabíamos que el anciano autor de Cabo de Hornos no quería ver a nadie y menos dar entrevistas. Sabíamos que no estaba bien de salud y que hace unos meses suspendió su cotidiano paseo a la librería Zamorano y Caperán de la Plaza de Armas. Eliana Rojas, su mujer, nos había confidenciado, entre otras cosas, que la reciente visita de Walter Salle -el director brasileño nominado al Oscar por su película Estación central, que ahora quiere filmar El camino de la ballena- lo había dejado por completo indiferente.

Estaba claro que había que respetar su silencio -por lo que nos habíamos contentado con ir varias veces a su departamento de la calle Miraflores en busca de material bibliográfico- cuando de pronto se produjo lo impensable: sorpresivamente emergió Coloane de su cueva marina. Como el capitán que siempre ha sido le preguntó a Eliana Rojas cuánto marcaba el barómetro y se sentó un rato a conversar. Salimos pues de allí con un pequeño e inestimable tesoro bajo el brazo. Lo reservamos, a guisa de corolario, para el final.

Aunque a él ya no le importe, nadie puede detener las reediciones de sus libros a las que se agrega ahora la publicación, por parte de la editorial Alfaguara, de Cuentos completos, en una serie reservada para los clásicos contemporáneos de habla hispana. Será la oportunidad para leer y releer a Coloane, quien ha declarado: "No soy un intelectual. A mí me ha hecho escritor la vida. A los personajes de mis libros los conocí. Yo no invento nada". Su vida, eso sí, ha sido una novela de las buenas.

SÁNGUCHES DE OSTRAS

Nacido en Quemchi en el año 1910 -año en que también se vió pasar al cometa Halley-, se crió rezando padrenuestros dentro de barquichuelas durante los temporales. Su madre, Humiliana Cárdenas, usaba un revólver con cacha de concha de perla al cinto y salía a recorrer sus trescientas cuadras de tierra de a caballo. Además manejaba un bote de cuatro remos -a menudo con el niño Coloane dentro-, en el que iba a cuidar una hijuela plantada con frutillas, que tenía al fondo del estero de Tubildad. En la huerta sobresalían los huesos de ballena traídos por el padre, Juan Agustín Coloane, de sus travesías en su barco ballenero. Quería que su hijo también fuera marino y desde chico lo llevó a navegar por los canales. A veces bajaban a tierra y hacían picnic con ensalada de nalcas y sánguches de ostras que Coloane padre sacaba a cuchillo de las rocas orilleras.

A los 5 años el niño Coloane escuchó que había hombres que emigraban a Argentina y se arrancó de la casa. Su progenitor salió a buscarlo y llegó de vuelta con él en brazos. Marino autodidacto, Juan Agustín Coloane llegó a ser capitán de la Yelcho, el primer barco ballenero que en Chile cazó cetáceos con arpón, y murió de diabetes cuando su hijo tenía 9 años: "Antes de morir me dio la mano y me dijo: "volvamos al mar", ha dicho el escritor. En El camino de la ballena y, a través de su protagonista Juan Nauto, Coloane revivió la memoria de su padre.

ESPONJA DE NIEVE

A los 13 años Coloane dejó el seminario jesuita de Ancud y partió a estudiar al colegio de los sacerdotes salesianos de Punta Arenas. Corría el año 1923. "Por primera vez me encontré en una ciudad que, al llegar, me pareció como una esponja envuelta en nieve", ha contado. Marcada por la presencia de yugoslavos, españoles, noruegos, rusos e italianos emigrados y de los tripulantes de los barcos que pasaban por ese extremo del continente desde el oceáno Atlántico hacia el Pacífico, Punta Arenas tenía un toque internacional pródigo en personajes poco convencionales. El profesor de francés, por ejemplo, era un anciano alemán de apellido Von Streusse que sorbía rapé desde su larga uña del pulgar derecho, y el amigo de adolescencia del joven Coloane se llamaba Jáksic, Esteban Jáksic, un yugoslavo medio poeta que cuando se detenían a mirar las encrespadas aguas del Estrecho de Magallanes, declamaba el siguiente verso: "Allá anda Cristo sobre el mar apacentando sus ovejas".

Cuando a Coloane le han preguntado por su formación de escritor ha insistido en la importancia que tuvieron los suplementos literarios que llegaban a Punta Arenas , desde Buenos Aires, a bordo de los barcos y donde leyó adelantadas traducciones de poetas y novelistas contemporáneos como Rilke y Somerset Maugham.

"El ambiente cosmopolita de Magallanes y el desaparecimiento de mi madre cuando yo tenía 15 años crearon lo que soy hasta la fecha: un ser que no se siente bien en ninguna parte" señaló Coloane en el discurso con que agradeció el Premio Nacional de Literatura, en 1964. La muerte de Humiliana Cárdenas le desencadenó una tremenda crisis. De ser un alumno destacado pasó a ser uno de los peores de su curso y no terminó el colegio. Huérfano y sin dinero, se embarcó hacia Tierra del Fuego y allí se ganó la vida cazando baguales, nombre que se les da a los ovinos, vacunos o caballares que se apartan de la manada y se tornan salvajes. A los 18 años hizo el servicio militar y a los 19 se empleó como aprendiz en la Estancia Sara, en la Tierra del Fuego argentina. Su primer cuento, Perros, caballos, hombres, da cuenta del clásico trío que recorre pampas donde a menudo se asiste al crudo espectáculo de la explotación del débil por el más fuerte. "El hambre obliga al hombre a comer y la cárcel a trabajar para que no robe su comida", dice el temible "rey del páramo" en el cuento Tierra del Fuego que Miguel Littin ahora ha llevado al cine. Con ese relato Coloane, como siempre lo recalca, no hizo sino recoger los datos de la realidad. El protagonista, el rumano Julio Popper, no sólo existió -hacia fines del siglo XIX-, sino que acuñó monedas de oro con su propia efigie y organizó un ejército particular ataviado a la usanza austrohúngara dedicado, entre otras cosas, al exterminio de los indios fueguinos. Una libra esterlina se pagaba por oreja.

Coloane conoció a fondo aquel mundo austral poblado "de hombres de corazones apeñascados por la codicia" y de ventisqueros azotados por "la serpentina ululante del viento". Le tocó investigar personalmente el asesinato de un yámana a patadas, fue peón, alambrador, capó corderos a diente, amansó caballos, llegó a capataz de estancia y trabajó en las primeras exploraciones petrolíferas de Magallanes. Dice que nunca pensó en ser escritor y que si se convirtió en uno fue por nostalgia de una época que él ha calificado como la más feliz de su vida. Allá en Magallanes se enamoró de Manuela Silva Bonneaud, de la que enviudó muy luego y con la que tuvo a su hijo Alejandro: Alejandro Silva se llamaría luego el joven protagonista de El último grumete de la Baquedano.

Buscando ganarse la vida, Coloane se vino a Santiago donde obtuvo un título como técnico sanitario; después se empleó como jefe de taller de imprenta y desembocó en el periodismo. Su primer trabajo fue como cadáver: posó para un colega reportero gráfico de Las Últimas Noticias con el cual llegaron atrasados al lugar del crimen. El primer cuento, Lobo de dos pelos, lo escribió en cama, gracias a una gripe. No tenía plata ni para los remedios y El Mercurio le pagó por su relato. El último grumete lo escribió en quince días, esta vez aprovechando una intoxicación. Lo envió a un concurso de novela juvenil de Zig-Zag y se sorprendió al ganar el premio. En 1944 se volvió a casar. Lo hizo con Eliana Rojas, asistente social, madre de su hijo Francisco.

DARWINISTA Y ZOOLÁTRICO

Cuando ganó el Premio Nacional también se sorprendió de veras y lamentó que no se lo hubieran dado a Nicomedes Guzmán. Modesto a más no poder, a la cronista que aquí escribe le comentó en 1994 -a propósito de su éxito en Francia y muy en serio- que las traducciones al francés habían mejorado mucho sus libros. Poco tiempo antes había vuelto a Magallanes. Perdió la maleta pero volvió con un pingüino embalsamado. En esa oportunidad también tuvimos la impresión de que su departamento, ubicado frente al Parque Forestal, tenía algo de cueva submarina y Coloane lo confirmó: "Yo me siento muy bien con el ruido de la movilización. En este momento va pasando una ballena blanca con un chorro de smog muy hermoso que se llama, no espanto sino espauto: un espauto de smog. Por lo demás Neruda lo dijo: la casa de un poeta es
como un barco. Y yo le agregaría: en eterno naufragio"
.

La conversación fue animada y siguió en tecla naútica: "Las palabras tienen resonancia y también tienen algo de caracol. La palabra caracol, por ejemplo, es muy distinta a la de jibia. Caracol es una palabra que se afirma. En cambio jibia es escurridiza", elucubró el escritor. Dijo frases locas y artísticas y se declaro además darwinista y zoolátrico:

-En el mar no se puede mentir. Un barco naufragando encierra toda la humanidad y ahí usted ve las grandezas y traiciones en una síntesis tremenda que no se produce en la tierra. El espíritu de los naúfragos siempre permanece allí. Yo creo en los espíritus del mar; en cambio no alcanzo a ver los del cielo. Por eso en mi pieza tengo la concha de un loco con una lapa adentro y, como la lapa es más chica, a través de la lapa se ve la locura del loco.

-¿Podría decirse que su dormitorio es una concha en la que usted habita?

-Claro y también tengo un sol de mar, ¿Usted conoce la playa de los enamorados en Quintero? Es muy peligrosa. Yo no estaba enamorado sino que estaba en las rocas sacando jaibas cuando me resbále y me alcancé a agarrar de ese sol de mar que me salvó la vida. En vista de eso, tengo mi creencia zoolátrica. A mi mujer le pedí tres turquesas con las que se estaba haciendo un collar y se las incrusté al sol de mar en el corazón, así es que se ha convertido en una obra de arte y en un dios. Soy un zoolátrico. ¿Por qué el sol verdadero crea en el fondo del mar otro sol a su imagen y semejanza? Hay un infinito en la profundidad del mar que el hombre todavía no conoce.

-¿Usted cree que venimos de ahí?

-Siempre he sido darwinista. Creo en la evolución de las especies y en que toda la vida vino del océano. En el vientre materno estuvimos como flotando en el mar y la misma tierra, vista desde la estratósfera, se ve azul porque es el mar el que le da color al planeta. Nuestra sangre tiene la misma densidad que el agua de mar y cuando uno se zambulle recibe su energía por osmosis.

ULTIMA CONVERSACIÓN

Desde ese diálogo, en 1994, han pasado cinco años y ahora estamos de nuevo allí. Nos vamos enterando de que está casi ciego y que lo que más hace es escuchar música clásica y noticias en la radio Universidad de Chile. A veces da una breve caminata por el Parque Forestal. Cuenta también Eliana que, después del viaje a Italia que hicieron el año pasado, perdió el apetito y que lo único que le hacía ilusión comer era leche con merengue.

-Le toca cumplir años en julio...

-En julio, 89. Me parece bien llegar al año 2000. Ahí nos encontraremos. Lo que dice Octavio Paz, el mexicano, es grandioso. Dice: "La muerte me habitaba y me abandonó para habitar otro cuerpo" (se ríe con ganas). Ella, la muerte, habitaba en él.

-Es así, tal vez, como va sucediendo.

-Claro porque de uno en otro cuerpo se traslada.

-En un cuento de Cabo de Hornos dice que la gente en esas lejanías se suicida de soledad. ¿Cómo es la muerte por esos lados?

-Hay una piedra muy conocida cerca del Cabo de Hornos que se llama "La piedra del finado Juan". Los marinos de allá de Magallanes saben la historia muy bien. Se trató de un individuo que se resbaló en la piedra y se ahogó, entonces dejó su propio monumento que es una piedra redonda, sobresaliente durante las mareas bajas que llaman "La piedra del finado Juan".

-Oiga ¿y existe ese roquerío del faro del fin del mundo llamado Evangelistas?

-Sí, yo conocí, porque yo trabajé en la Armada. Y conocí, pero se me escapan las cosas y se me vienen.

-En la mesa de la entrada hay un fósil que tiene un papel pegado con un verso de Pablo de Rokha: "Nadie quiere a nadie / todos se quieren en los otros..."

-"El amor es lento / como el crecimiento de las piedras". Cuando joven escribí un solo verso: a mi mujer. A Eliana. Y resultó una cosa fantásticamente premonitoria respecto de lo que me pasa ahora: "Una huella de luz queda en mis ojos / por donde pasó tu imagen fulgurante y una gota de sombra en mi corazón / que de tarde en tarde por mi sangre se reparte". Y sucedió que tengo mis ojos medio ciegos. Con el ojo izquierdo no la veo a usted: su rostro. Veo sus contornos y con el derecho la veo pero me duele. Así es que resultó el verso fulgurante.

-Una premonición. ¿Y usted durmió alguna vez debajo de pieles de guanaco?

-Es muy corriente en Magallanes tener de sobrecama una piel de guanaco. Con los cangurús de Australia hacen lo mismo. Son muy calientitas.

-Me gustó mucho el cuento de La gallina de los huevos de luz, con esos dos hombres aislados dentro del faro. ¿Es también una historia real?

-Sí. Uno de los fareros me contó la síntesis. Como quedaron aislados con las tormentas y no llegaba el escampavía con los víveres. Tenían una gallina que ponía huevos y de ellos se alimentaron, por lo que el faro seguía encendiéndose gracias a una gallina que ponía un huevo que se convertía en una noche de luz para los barcos.

-Lo otro es que usted ahora se ha transformado en un coleóptero verde oscuro que se llama Darwini coloanei.

-¡Ah sí! Y también hay una isla cerca de Macao que se llama Coloane, así es que estoy repartido entre los coleópteros y las islas.

- A propósito: ¿ser isleño como usted, que es chilote, es una condición que define algo?

-Mire, una amiga me mandó un poema, "El hombre isla". Nos conocimos en el sur. Así me llamó y me recuerda. Yo la recuerdo ahora a ella como a una gran isla flotando en mi mente.

-¿Y qué pasa ahora en la mente suya?

-Mire, mi mente a veces no piensa en nada. A veces me tiendo aquí y me quedo dormido y de repente hay un temblor o cualquier cosa y me asusto y me despierto.

-Tal vez se esté usted mineralizando.

-Sí. Ruben Darío dice: "Dichoso el árbol que es apenas sensitivo / y más la piedra dura porque esa ya no siente". Yo recuerdo un cuento de Jorge Luis Borges. El era ciego y está en su ventana mirando a un hombre que lo va a matar, a él, con cuchillo, entonces cuando le pega la puñalada le dice: "Despierta Borges".

-Qué buena.

-Había sido un sueño.

-La otra vez contó un sueño en el que usted estaba en la terraza de su casa de Quintero y veía en el cielo a un hombre envuelto en una lona que venía volando y era un naúfrago. ¿Sueña últimamente?

-¿Ahora? No. No sueño. Con todas las cosas que ocurren no hace falta soñar.

-¿Y está pendiente de las cosas que ocurren?

-Pendiente completamente. Me conmueve lo que está pasando en todo el orbe. Eso de Yugoslavia por ejemplo.

-Pensé que podía estar muy afectado usted con eso.

-Muy afectado porque Milosevic, ese apellido, existe en Punta Arenas. Conocí un Milosevic; gente buena para mí, toda.

El entomólogo francés Eric Jiroux le dedicó el coleóptero Darwini coloanei al autor de Cabo de Hornos.

-Con el coleóptero Darwini coloanei su nombre se juntó con el de Darwin a quien usted aprecia tanto...

-Yo soy un enamorado de Darwin. He leído toda su obra y lo considero un poeta. En él se mezcla ciencia y poesía. Tenía 25 años cuando dio la vuelta al mundo y muchas de sus imágenes son extraordinarias. Por ejemplo nombra a la península de Tres Montes, que yo conozco, y ahí la piedra es la que envuelve el corazón de la tierra. Entonces Darwin se admira y se pregunta por qué esas piedras están fuera del mar cuando estuvieron en su profundidad: para contener el calor del corazón de la tierra. Y entonces Darwin dice con mucha precisión: eso ya pertenece al reino de la imaginación. ¿No ve? Era un poeta.

-Más o menos la misma edad de Darwin tenía usted cuando estuvo haciendo su aventura magallánica.

-Claro. Todo lo que he escrito es de cuando joven.

-De lo absorbido en esa época.

-De lo absorbido en esa época. Y trabajando. De ahí salen muchos de mis cuentos.

-¿Cree que los animales son inteligentes?

-Sí. Son. Sobre todo a los que se les enseña. Por ejemplo, yo me he perdido en un bosque en Magallanes y me ha sacado del bosque en que me perdí, mi caballo.

-¿Cómo se llamaba su caballo?

-Jerezano: lo saqué de una canción que había y era un caballo medio tordillo. Nosotros arriábamos caballos salvajes. Ése es el rodeo más difícil.

-¿Era buen jinete?

-No. Eramos corrientes todos pero nunca me botó un caballo. Cuando niño mi padre tenía un caballo que se llamaba Maule, que corría. Mi madre tenía uno que se llamaba Mulato y yo tenía uno que se llamba Huaso. Ese era chiquito y yo lo montaba. Yo mismo casi lo amansé, nos queríamos mucho. Una vez salí del mar agarrado de la cola del caballo de mi abuelo Feliciano Cárdenas y ahora que tengo los ojos así, recuerdo, no sé por qué, que me mordió un caballo al lado izquierdo de la cara y me dejó huellas. Las tuve mucho tiempo, como cicatrices, como lágrimas, y ahora lo recuerdo así también: como lágrimas.

-¿Cómo es la aurora austral?

-Las auroras australes, cuando sale el sol del océano, es ya fantástico. Parece que estuviera uno en otro planeta. Ésa es la impresión que yo tuve siempre, andando a caballo, recogiendo animales, qué sé yo, entonces sale el sol de repente sobre el mar y me descompone: creo que estoy en otro planeta. En um mundo prehistórico también, cuando se formaba el universo.

-Otro misterio de la Tierra del Fuego es que siendo tan inhóspita la gente siempre está pensando en irse y se va, pero después echa de menos y vuelve, como ese escosés de uno de sus cuentos...

-Ese fue compañero mío. Sí. Eso es porque comen un calafate y hay una leyenda que dice que el que comió calafate, siempre vuelve a Tierra del Fuego. Es un espino con una baya chica pero muy rica. Muy rico el calafate. Se hace mermelada con él.

-Y el caballo llamado Flamenco, que en el cuento El Flamenco se venga de la crueldad de los hombres, ¿existió?

-El pelaje de ese caballo era del color de los flamencos. ¿Usted conoce a los flamencos? Era rosado, muy bonito, alto, de pura sangre. Pero no me acuerdo exactamente cómo inventé el cuento.

-No, claro, pero usted sí se acuerda de la crueldad de los que allá en Patagonia mataban a los potrillitos.

-Claro, con una puñalada en el pecho. Se eliminaban porque había demasiados. Si los dejaban libres se reproducían mucho, entonces los rodeábamos una vez al año para dejar los mejores.

-¿Y en qué está ahora?

-Bueno. Me cuida mi mujer. Ella me ayuda. Es más inteligente que yo y cuando estoy intranquilo la llamo. A veces, en este mismo diván donde me duermo, me pasa lo de Borges."


EL PADRE DE AGOSTINI Y EL PROBLEMA DE LOS INDIOS

<hr><h2><u>EL PADRE DE AGOSTINI Y EL PROBLEMA DE LOS INDIOS</h2></u>

Tecpetrol – 2000

En muchos textos de De Agostini hallamos un espacio especial dedicado a estudios etnográficos y a consideraciones sobre las condiciones de las tribus indígenas que iban gradualmente desapareciendo bajo el acoso de la civilización blanca. Evidentemente, el salesiano tomaba muy a pecho el problema; él, por lo demás, como muchos de sus hermanos de orden, se hallaba casi impotente frente a la progresiva declinación de esas gentes. En su peregrinar tuvo ocasión de familiarizarse con los representantes de todas las etnias: los onas, los yamanas y los alacalufes de la Tierra del Fuego; los tehuelches y los araucanos de la Patagonia. También en este caso De Agostini se muestra muy capacitado para describir y nos deja precisas apuntaciones sobre las características antropomórficas de las diversas tribus, sobre sus tradiciones y usos, sobre sus creencias religiosas y vínculos sociales. La obra del misionero reviste en este sentido enorme importancia, pues permite conocer una realidad hoy desaparecida.

La precaria situación de los indígenas y las continuas persecuciones de que eran objeto fueron gran motivo de congoja para el sacerdote, quien por decirlo así se hallaba entre dos estados de ánimo diversos. Por un lado, como hombre de caridad, debía mirar por las poblaciones indígenas: era preciso deber suyo protegerlas y procurar integrarlas de manera lo menos traumática posible en la nueva situación social que estaba imponiéndose.

Por otra parte, empero, De Agostini se daba perfecta cuenta de ser él mismo, junto con la civilización blanca, un perturbador de los equilibrios seculares derivados de un milagroso acuerdo entre hombre y naturaleza. No obstante, no podía tampoco olvidar a sus fieles, los colonos, los mineros y todos los que habían llegado a aquellas tierras en busca de fortuna. No obstante ello, muy a menudo De Agostini denunció abiertamente los delitos que los estancieros cometían contra los indios y llegó hasta a acusar en un libro suyo a Manuel Señoret, gobernador de Punta Arenas. Este había deportado tribus enteras, empujándolas hacia Punta Arenas con el pretexto de "sustraerlas de la miseria y asegurarles el alimento y el vestido de que carecían. La responsabilidad de estas guerras de exterminio contra los onas recae en gran parte sobre el gobernador Señoret... Para proteger los intereses de algunos... y también para oponerse a los misioneros salesianos que él habría querido expulsar de la isla de Dawson, de la cual codicia los bosques y los pastos, favoreció la más indigna de las persecuciones. Expuestos casi desnudos por las calles de la ciudad, los indios fueron distribuidos entre cuantos los requerían (remate de indios) sin tener en cuenta los antecedentes de tales solicitantes...".

Este no es sino el episodio más significativo de la lucha de De Agostini en favor de los indios, lucha verdaderamente difícil y perdida de antemano. En sus escritos todavía leemos: "Los pastores, en gran parte anglosajones, eran quienes veían en los indígenas el mayor impedimento para la propagación de sus rebaños, y de allí la caza sin piedad a que se los sometía como si fuesen animales feroces. El inglés Sam Jslop se vanagloriaba hasta de usar correas fabricadas con la piel de los indígenas, que obtenía de las espaldas de estos infelices. Otro terrible perseguidor de onas fue el escocés Mac Lennan, administrador de la estancia 'Primera Argentina'... Para gloriarse de sus nefandos exterminios, equiparaba el número de sus víctimas con el de los whiskies que había bebido, y que no debían de ser pocos porque se hallaba en perenne estado de embriaguez. Dado que los indígenas, para así mitigar el hambre, se cebaban sin repugnancia en los animales que encontraban muertos por el campo, los pastores envenenaban grandes trozos de carne con estricnina para triunfar más fácilmente en su inicua campaña".

Concluyamos este capítulo también con algunas consideraciones de De Agostini a propósito del problema indígena. "También aquí, como en el Lejano Oeste, como en la Pampa y en el Chaco, la suerte de los indígenas estaba inexorablemente marcada; también aquí, la idéntica historia de todas las colonizaciones... En este triste y rápido declinar de la raza fueguina les correspondió a los misioneros salesianos la noble aunque ingrata tarea de defender al indígena contra el blanco, al débil contra el pionero audaz e inteligente, ávido de lucro, al cual sonreía una fácil e inmensa fortuna en la conquista de esas tierras, hasta entonces dominio absoluto de los onas... Ya no escucharán más las selvas vírgenes, en la quietud profunda de una noche lunar, las antiguas leyendas del héroe Kuanip, hijo de la montaña roja, y de su infortunada esposa, la graciosa Oklta, transformada en murciélago. El koliot (forastero), venido de regiones lejanas, sediento de riquezas y dueño de armas mortíferas, ha cumplido con rapidez su obra nefasta, destruyendo para siempre la felicidad secular de esta raza primitiva, que desde hacía siglos vivía solitaria e innocua en la más singular región de la tierra".

No obstante su avanzada edad, De Agostini continuó trabajando activamente, reordenando sus estudios y pensando siempre en las tierras patagónicas. Le había quedado el deseo insatisfecho de conquistar la cima del Sarmiento, pero también esto debía ser alcanzado por su tesonera voluntad: fue De Agostini, ya viejo, quien guió la expedición italiana que en 1956-57 conquistó la cima con Clemente Maffei y Carlo Maun, grupo que después escaló el Monte Italia. Vuelto a Italia, donde a menudo solía pasar los meses que en la Patagonia eran menos buenos, el padre De Agostini murió el 25 de diciembre 1960 en la Casa Matriz de los Salesianos de Turín.


LOS AONIKENK, CAZADORES DE LA ESTEPA

<hr><h2><u>LOS AONIKENK, CAZADORES DE LA ESTEPA</h2></u>

Por Sergio Lausic G.

Punta Arenas - Chile

Raza de gigantes

Cuando se habla del pueblo aonikenk, por lo general, se están refiriendo a los llamados tehuelches. Aunque era varios grupos con denominaciones locales, se puede afirmar que todos ellos mantenían origen y tronco común. Sus desplazamientos correspondían a un espacio geográfico bastante vasto y que se limitaba desde las llanuras pampeanas hasta las costas del estrecho de Magallanes. La cordillera de los Andes y las costas atlánticas eran los lados de este imperfecto triángulo continental americano. Las aguas del estrecho interrumpieron en un momento su viaje hacia el confín austral. Al igual que los selk'nam, que no pudieron retroceder hacia el norte, los aonikenk se encontraron con esa barrera de agua que limitó físicamente los extremos americanos. Esta etnia aonikenk corresponde al tipo de los denominados cazadores recolectores de ambientación terrestre. Así los diferenciamos de otras etnias patagónicas y fueguinas que hicieron del mar su razón de la existencia.

Los aonikenk mantuvieron sus características como cazadores, de individuos que originalmente, desplazándose a pie, recorrieron las extensiones esteparias patagónicas. La llegada de la civilización europea impactó fuertemente sus costumbres, pero, es necesario decirlo, fue uno de los pueblos americanos que mejor había comenzado a convivir entre este mundo autóctono y aborigen y el otro mundo, extraño y complejo, que traían los blancos. La incorporación del caballo a sus costumbres de cazadores fue sin duda la mejor respuesta y el mejor intento de adaptación de este extraño mundo del blanco. Este cambio en sus vivencias culturales no cambio eso sí su modo intrínseco de vida, la de continuar siendo cazadores esteparios. No existe gran documentación sobre las características de los aonikenk, cuando comenzaron a contactarse con los primeros europeos. Lo que si no cabe duda es la enorme especulación que se dio a nivel de literatura, expresada en narraciones de viaje, crónicas, mapas, etc., que los europeos construyeron desde la primera vez que los encontraron. Las descripciones sobre sus dimensiones corporales fue una fuente constante, durante varios siglos de especulaciones, donde la imaginación, fantasías y deseos de conmover a la opinión europea fueron utilizadas con fines muchas veces de índoles muy variadas, menos la de entregar una información una información veraz y confiable. Los lectores europeos fueron impactados durante varios siglos sobre las características físicas de los aonikenk, y fue justamente una descripción de un rastro dejado por el pie la que entregó la denominación "patagones", con que popularmente fueron conocidos y motejados. Se hace necesario entonces desandar el camino y escudriñar y analizar con ojos que no quieren asombrar, sino explicar y constatar las reales características de estos cazadores esteparios, como los fueron los aonikenk.

Sin duda alguna que el primero que describió a estos individuos de la patagonia continental, o por lo menos cuyos escritos se divulgaron masivamente, y que ha llegado hasta nuestros tiempos, es Antonio Pigafetta. Esa es, por ejemplo, su obra titulada "Primer viaje en torno al globo" o como también se la tituló "Viaje alrededor del mundo por el caballero Antonio Pigafetta". Viajaba Pigafetta en la expedición de Hernando de Magallanes. El entrega la primera descripción del habitante de las estepas patagónicas. Su descripción está basada en el primer encuentro entre en aborigen y la expedición de Magallanes, hecho ocurrido en el mes de mayo de 1520. La escuadra de Magallanes había llegado hasta el puerto de San Julián, donde invernaba después de haber soportado violentos temporales, para después continuar viaje hacia el sur en busca de tan codiciado paso que uniera los dos grandes mares del Norte y del Sur, como se conocía el Atlántico y el Pacífico. Fue entonces que, en estos parajes se presentó a los expedicionarios un personaje que, parado sobre la arena de la playa, daba muestras de llamar la atención con una serie de movimientos y voces que Pigafetta describió como cantos y danzas. Este individuo, agrega el cronista, es de estatura gigantesca y al ser observado por la nave capitana, deciden enviar por él con una embarcación. En este primer encuentro se empieza a tejer una serie de especulaciones sobre las características físicas de estos habitantes patagónicos. Manifiesta Pigafetta que él en persona se encontraba en esos momentos y que la figura del aborigen "era tan grande que nuestra cabeza llegaba apenas a su cintura". Por lo que se tiene a la vista, las primeras descripciones, de las que Pigafetta es el iniciador y divulgador, el hombre patagónico es definido, usando la propia lengua del cronista "… un homo de estatura de gigante…".

Costumbres ecuestres

La etnia aonikenk fue impactada por la llegada de los conquistadores europeos; la presencia española en casi gran parte de América del Sur motivó cambios en sus costumbres de cazadores paleolíticos. Estos cambios estuvieron marcados por la incorporación del caballo como vehículo de traslado y de cacería en sus andanzas por todos los territorios esteparios patagónicos. De hábitos de cazador pedestre, el hombre aonikenk pasó a ser un cazador ecuestre. Esto significó cambios importantes que permitieron un movimiento y traslado mucho más rápido desde la costa atlántica hasta las estribaciones cordilleranas. Con el caballo, el cazador aonikenk dispuso de una seguridad no sólo en su movilidad dentro del espacio, sino en obtener el alimento. Guanacos y ñandúes eran presas más fáciles de abatir cabalgando que en jornadas prolongadas de a pie, donde debía utilizarse más astucia y esfuerzo para obtener el alimento. El caballo por lo tanto dio seguridad al grupo, que como banda era el símbolo de la unidad social de estos cazadores. Es más, el caballo y su crianza dio oportunidad de cambiar también, en parte, sus hábitos y dietas alimenticias, ya que este cuadrúpedo fue incorporado a ella. Ahora, el hombre aonikenk estepario y su grupo familiar, tenían asegurada su alimentación. Esta la tenían al alcance de la mano si se quiere así graficar. La crianza de caballares estuvo entonces incorporada a las actividades del cazador aonikenk, no sólo como medio de traslado y de cacería, sino que de alimentación. Con el caballo lograba poseer proteína animal, muy importante para superar el invierno largo, en forma segura y tranquila de vicisitudes por buscar el alimento. Junto con estas innovaciones, la introducción del caballo significó cambios en el vestuario. La utilización de mantas, pantalones, calzado -en función de un jinete cazador- marcaron una diferencia con los antiguos aonikenk descritos por Pigafetta. Al mismo tiempo, se hizo necesario incorporar todo un trabajo artesanal que implicara el confeccionar aperos para la cabalgadura. Mantas, correajes, adornos, estribos y monturas fueron los más importantes. Unido a lo anterior se hizo necesario confeccionar atuendos para el jinete, como fueron las espuelas, lazos, látigos y objetos de uso para un jinete. Sin duda alguna un aspecto que también significa variaciones fue el uso de sus armas. Pigafetta nos relata que los hombres, por ellos vistos, usaban arcos, flechas y que incluso algunos de ellos las llevaban amarradas al cabello sobre la cabeza, como una forma de tener las manos libres y listas para usar el arco. Ahora el cambio en este sentido los representa la utilización en forma más destacada de las boleadoras. El arco y la flecha dejan de ser un arma de uso generalizado, para ir cada vez más perdiendo importancia. Esta arma era poco práctica para ser disparada desde un caballo en movimiento rápido, de ahí que su uso comenzó a disminuir. Ahora la lanza y las boleadoras sus armas características, incluidos los sables, machetes que adquirían y lograban confeccionar, obteniendo los materiales por trueque o recogiéndolos de los desechos que encontraban en la costa, por naufragio o abandono de los navíos que recalaban en las costas patagónicas.

Sobre estos cambios cualitativos en las costumbres de los aonikenk han escrito algunos viajeros o también misioneros. De estos últimos, sin duda, el que llama la atención es Nicolo Mascardi, misionero jesuita, quien después de conocer la realidad de los araucanos y otros pueblos que habitaban la vertiente sur del Pacífico entre este océano y la cordillera de los Andes, decide atravesar dicha cordillera. Con una expedición que organiza con aborígenes puelches, emprende el camino en enero de 1670. Arriba a orillas del lago Nahuel Huapi donde funda una misión, con el propósito de evangelizar a los habitantes aborígenes. Desde esta misión se dirige a recorrer toda la Patagonia, llegando hasta el estrecho de Magallanes y así atravesar por tierra todo este vasto hinterland. Sus informes a su superior, como las epístolas a su padre, nos entregan importantes antecedentes sobre esta etnia aonikenk. Justamente, Mascardi hace ver el cambio cultural que se ha explicado: la introducción del caballo y sus consecuencias. Mascardi nos dice que los "patagones" (así se denominó a los aonikenk o tehuelches desde el primer viaje e Magallanes) vivían de la caza y de la pesca. El ñandú o avestruz americano era una de sus fuentes alimenticias, como igualmente el guanaco. De este último los aborígenes obtenían su sustento; de su piel construían sus viviendas, toldos de cuero de guanaco sujetos con varas enterradas en el suelo. A su vez, nos dice N. Mascardi, de este animal obtenían la "piedra belzar" a la que atribuían condiciones terapéuticas. Ahondando en sus descripciones, este misionero jesuita dice que estos grupos aborígenes se llamaban a sí mismo "tsoneca", que quiere decir "hombres". Su vestuario consistía en una capa de guanaco con la que cubrían el cuerpo, comentando "di pelli per coprire quelo chi deve coprire". Esta situación llamó profundamente la atención al misionero quien, describiendo las costumbres morales de esta etnia, escribió el siguiente comentario: "… esi potrebbero esser esempio di moralitá ai cristiani". En relación al uso del caballo, animal traído a América por los conquistadores españoles y que se divulgó su crianza todo el continente, expresa N. Mascardi que le correspondió presenciar su incorporación a la vida de las etnias aonikenk: "… vinieron con mucho lucimiento, y gente de a cavallo, I muchos más adornos que los primeros con muchos machetones, o espadas anchas, frenos, pretales, cavallos enjaesados al uso de los españoles, y cavallos con jerro mui hermosos…". Se puede decir entonces que la incorporación del caballo significó un cambio muy importante en la vida y costumbres de estas etnias de la Patagonia. Para el aborigen el caballo lo acercaba al europeo, en cuanto a su uso e imitación. A caballo se hacía la guerra, a caballo se hacía la caza y a caballo también se festejaba y hacía la fiesta. La costumbre de cubrirse el cuerpo con grasa de los animales que comían, también la describe este jesuita. Más aún, agrega que la cara era su punto central de ornamentación, en cuanto a pintura se refiere; esta se la pintaban de diferentes colores según las circunstancias. Así se pintan a veces de negro, pero cuando van de visita a otro grupo, se pintan con los colores de aquellos. Agrega Mascardi que esta costumbre es más común en las mujeres. Los hombres cuando andan a caballo llevan un mayor número de ornamentos "… muy aderesados con metal de vasinica, I muchos pretales de cascabeles chicos y grandes de los antiguos de España". Una costumbre, que otros autores no la manifiestan es que algunos individuos, los que hacían de jefes en algún momento, se perforaban la nariz para colocarse adornos en ella. Esta situación según Mascardi, era más frecuente a medida que se internaba por la Patagonia hacia el estrecho de Magallanes. La costumbre de "las narices agujereadas" debía practicarse en algún momento y después abandonarse, ya que no se repite en posteriores descripciones; la perforación y adornos de nariz, labios u orejas fue costumbre original de algunos pueblos de la cuenca amazónica que la trasladaron a otras regiones americanas.

De la vida nómada y los cazadores aonikenk hemos recibido varios testimonios que hablan sobre las costumbres de esta destacada etnia de la Patagonia. Fueron muchos los navegantes que en el transcurso de varios siglos navegaron las costas atlánticas del extremo austral americano y se introdujeron en el interior de estrechos y canales. De ellos, principalmente, conocemos sus descripciones, sus juicios y opiniones, todas ellas valiosas, ya que la escasez de materiales es muy grande para tener conocimientos definitivos. Sólo nos resta, aplicando metodología de trabajo científico, analizar dichos informes, ya que no están exentos juicios errados, donde los prejuicios raciales y de otra índole borran los verdaderos elementos de estos pueblos, en los campos de las creencias, de sus cosmovisiones. Una de las expediciones navales a las aguas del estrecho de Magallanes que más aportes serios entregó al conocimiento de los aonikenk fue, sin duda alguna, la de la fragata española "Santa María de la Cabeza". Esta expedición española llegó hasta estas latitudes australes con finalidades bien precisas en los campos de la investigación. En su "Relación…" que narra los acontecimientos de dicha expedición, más el apéndice respectivo, se encuentran importantes aportes al conocimiento de la etnia aonikenk. Así esta expedición naval los llama con el nombre genérico de "Patagones", incluyendo con ese término a todos los habitantes de la vertiente atlántica. La definición por ellos establecida nos dice que los "patagones son unas tribus se salvajes errantes que ocupan el vasto país que se extiende desde el Río de la Plata hasta el Estrecho". Esta definición es demasiado amplia, ya que en ella engloba a varias etnias aborígenes, que en el marco geográfico citado, habitaron esas tierras. En todo caso sirve de referencia y de punto de comparación, ya que más adelante comienza a precisar su espacio al señalar que se encuentran más bien en el interior de estos territorios realizando excursiones hacia otras regiones. En este contexto expresa la "Relación…": "… sus domicilios más fijos es en el interior del país; pero en la estación de caza se acercan al Estrecho…". Fue justamente en las tierras inmediatas al estrecho de Magallanes que se encontró en repetidas ocasiones con un grupo destacado de 300 a 400 nativos de sexo masculino. Este es un dato muy importante, pues estaría otorgando uno de los primeros informes sobre las cantidades de población aonikenk que existían hacia fines del siglo XVIII. La misma "Relación…" expresa que no les fue posible conocer a sus mujeres y de esta manera conocer su número y características Se podría inferir que, de acuerdo a estos datos que nos entrega la expedición de la fragata española, los grupos aonikenk que frecuentaban las tierras aledañas al estrecho de Magallanes serían de una cantidad no superior al millar; esto no consideraría poblaciones de otros sectores de la Patagonia, tanto en sus áreas precordilleranas como en sus valles que descienden hacia la costa. Uno de los temas que siempre han suscitado interés, cuando hablamos de los aonikenk, es el que se refiere a su estatura. Ya Pigafetta había lanzado al mundo descripciones que hicieron de los aonikenk, llamados por este "Patagones", raza de gigantes. La expedición de la fragata "Santa María de la Cabeza" abordó este tema y efectuó varias mediciones sobre la población autóctona expresando que la común estatura era de 1,82 metros. Aquí habría que contrastar que la opinión de otro navegante, como lo fue Boungainville, quien relata que "… no es tan notable su estatura como su corpulencia…" En todo caso, la opinión de la expedición española no deja duda sobre la estatura de los aonikenk, a los cuales encontró altos y corpulentos, al decir en su "Relación…" que "su controvertida estatura excede por lo general a la de los europeos…". Las descripciones de los rasgos físicos de estos habitantes patagónicos fue un tema de investigación por parte de los expedicionarios, quienes señalaron que estos hombres eran de buena contextura física y de aspecto agradable. Lo dice así la "Relación…": "están llenos de carne sin poder llamar gordos…", agregando más adelante "…y no es desagradable su figura, aunque la cabeza es grande, o la cara algo larga y un poco chata, los ojos vivos y los dientes extremadamente blancos…" Cuando se trata de entregar una descripción del cabello ésta expresa "… llevan sus negros y recios cabellos amarrados hacia arriba con un pedazo de correa o cinta que les ciñe la frente, dejando la cabeza enteramente descubierta…" Con respecto a las mujeres de la etnia aonikenk no fue mucho más lo que esta expedición pudo investigar, pues los hombres desconfiaban de los españoles y temían que ellas fueran motivo de incidentes. Por eso se encuentra la opinión de uno de los oficiales que alcanzó hasta una de sus tolderías y viéndolas "…aseguró que su estatura es en algo inferior a la de los hombres…" Las descripciones de la expedición de esta fragata española son de un gran valor, pues ellas corresponden a una época en que las costumbres de los aonikenk correspondían a la incorporación del caballo. Ya no era los cazadores de a pie que había visto Magallanes y descrito Pigafetta. Ahora se trataba de individuos que habían asimilado una serie de costumbres de los europeos, léase españoles que desde las tierras del Virreynato de la Plata o del Reino de Chile influían en sus hábitos de vida. Lo fundamental fue la incorporación del caballo y la utilización de toda una indumentaria para el jinete y el animal. En este contexto "… realza mucho su figura el traje que usan, y se compone de una manta de pieles de guanacos o de zorrillos medianamente compuestas con rayas de diferentes colores en la parte interior…" A lo anterior se puede agregar que si bien asimilaron algunas costumbres en los hábitos de vestirse, llama la atención que los aonikenk seguían manteniendo la costumbre de pintarse la cara con sus colores tradicionales "… es bastante general la costumbre de pintarse la cara de blanco, negro y encarnado…" Es esta parte de la presentación de esta etnia patagónica, se hace necesario recalcar que muchas de estas descripciones sobre la vestimenta vista a fines del siglo XVIII, corresponden exactamente a las piezas etnográficas de las colecciones que el museo "Mayorino Borgatello" posee en la actualidad. Así cuando se refiere al calzado y a las espuelas, éstas eran confeccionadas con "dos palitos en forma de horquilla" que se amarraban al calzado. Este era un cuero liado alrededor del pie conformando así una especie de zapato. Con todo lo anterior, es necesario expresar que aún en estos tiempos la mayoría de estos habitantes patagónicos acostumbraban a no tener mucha vestimenta sobre el cuerpo. Si bien algunos de ellos utilizaban las mantas, ponchos y "calzones de igual género y hechura que los criollos del Reyno de Chile y Buenos Ayres…", la mayoría de ellos no poseía estas indumentarias y así lo expresa "Relación…": "… los más estaban desnudos y reducidos a sus mantas de pieles y a una bolsa de cuero, que colgando de una correa que llevaban ceñida a la cintura les cubría sus partes vergonzosas…"

Frente a estas descripciones y sus posteriores comentarios cabe preguntarse: ¿Cuál sería el grado de felicidad de estas etnias?, o también para expresarlo desde otro punto de vista. ¿Serían ellos tan felices como los europeos, a los que veían con mayores elementos de civilización? Sobre estas interrogantes, que salta de la opción de comparar ambos estilos de vida, podemos referir como base de conocimiento, y al mismo tiempo de valorización, las propias opiniones y comentarios de los expedicionarios europeos. Ellos expresaron al escribir sus opiniones en la "Relación del último viaje de la fragata de S.M. Santa María de la Cabeza": "…pocos hombres se hallan en mejor proporción para llamarse dichosos y estar contentos con su suerte como los Patagones: disfrutan de los esenciales bienes de la sociedad…, y gozan de una salud robusta hija de su sobriedad… y no acosados por un trabajo perpetuo y necesario…".


GABRIELA MISTRAL EN EL FIORDO AZUL

<hr><u><h2>GABRIELA MISTRAL EN EL FIORDO AZUL</h2></u>

Ramón Arriagada – “Patagonia Mía”
Puerto Natales – Chile


Rogelio Figueroa era un excéntrico en estos territorios. Era una persona de un bagaje cultural extraordinario. Como político estaba con todas aquellas posiciones que se rebelaban contra la forma abusiva de apropiación de tierras. En esta posición lo acompañaba Herman Eberhard, colono alemán fundador de Puerto Natales.

La posada fue ubicada entre dos lagunas y se llamó “Tres Pasos”. Una de esas lagunas era “Sofía” y la otra con el tiempo se conoció como “Figueroa”. Gabriela Mistral era directora del Liceo de Punta Arenas y fue invitada a visitar Ultima Esperanza por Rogelio que escribía artículos y poemas con el seudónimo de “Tácito” en diarios de Punta Arenas. La visita fue concertada a fines de 1918 y Gabriela viajaría con su amiga Laura Roig en uno de los carros del correo postal de la propiedad de Figueroa.

Problemas en el camino

El 23 de enero de 1919, tuvieron lugar en Puerto Natales dolorosos momentos. El enfrentamiento entre trabajadores del Frigorífico Bories y guardianes de la Explotadora que actuaban junto a Carabineros, había dejado una secuela de muertos por ambos lados. El levantamiento social dio origen a una situación inaudita y nunca repetida en Chile ya que los sindicalistas, en su mayoría anarquistas, tuvieron bajo control la ciudad por tres días. Las cosas se tranquilizaron cuando destacamentos fronterizos argentinos y luego un barco de la Armada chilena con fusileros llegaron a terminar la revuelta. Los sucesos colocaban en difícil posición a Figueroa pues todos aquellos que se enfrentaban a la Explotadora eran tenidos como sospechosos de colaborar con los sublevados. Pero pudo más el compromiso social de la poetisa; ella había ayudado en Punta Arenas a la conformación de Escuela Nocturnas, gratuitas para trabajadores, un gran anhelo de las organizaciones obreras. Junto a Laura Roig “se preocupó de crear conciencia sobre el problema que la indebida alimentación y la falta suficiente de sol creaba en los niños, produciéndoles descalcificación y raquitismo”. Era de una gran conciencia ecologista. Todos los añosos cipreses de la calle Colón fueron plantados por Gabriela y sus alumnas del Liceo.

Belleza y desolación

Son pocos los biógrafos de Gabriela Mistral que se refieren al viaje a Última Esperanza. Recomiendo leer de nuestro Premio Nacional Roque Esteban Scarpa su obra “La desterrada en su Patria” (Editorial Nascimiento, 1977); quien afirma “creyó que en Magallanes, como en su alma, había una gran desolación, nos honró llamando a su primer libro con el nombre del alma de ella en ese entonces”. Muchos de los poemas en “Desolación”, parte IV titulada “Naturaleza” nos transmiten los sentimientos que le producen las vivencias del viaje. Al pasar por el sector del Rubens queda consternada al ver los restos humeantes de bosques nativos, destruidos por el hombre, para ganar terrenos para el pastoreo.

Qué significativo sería hoy llevar a los jóvenes natalinos a dicho lugar y leer con ellos en voz alta “Árbol Muerto” y el hermoso poema “Tres Árboles. Sería la mejor vivencia de cómo la poesía puede ayudar a los hombres a cuidar su entorno. Quien no se conmueve al leer “Desolación” y encontrar el siguiente verso...”La tierra a la que vine no tiene primavera: tiene su noche larga que cual madre me esconde”. La fecha de los poemas donde toca el tema de la destrucción del bosque es el 2 de febrero de 1919. En aquella época el camino de Punta Arenas a Puerto Natales, pasaba por territorio argentino. Baja por el Cordón Arauco y se encuentra con las panorámicas de la Llanuras de Diana y el Seno de Ultima Esperanza. Ella, amante de la naturaleza, queda extasiada.

Más tarde no podrá evitar detener el carruaje que la lleva al norte de Puerto Natales, hacia “Tres Pasos”. Desde lo alto del camino observa el Frigorífico Bories. Es un día de verano magallánico, escribe “El Fiordo Azul” poema breve que merece una doble lectura...”Agua muda pudorosa/ de su dolor. Yo te traigo/ el mío, que entre los hombres/ va como el tuyo, callado”.

La visita continuará hasta “Tres Pasos”, donde la espera Rogelio Figueroa con su esposa Juanita Vásquez. En el libro de Scarpa éste afirma que viajaron junto a Laura Roig hacia las Torres del Paine. La amiga de Gabriela es pintora y plasma en una acuarela ese paisaje celestial.

La estadía en tierras magallánicas de nuestra máxima poetisa duraría dos años. Partirá hacia el norte para volver a sentir el calor de su tierra árida “donde florecen los almendros”. Para la poesía nos dejó su testimonio, invitando a quienes llegan a estas tierras a vivir con su desafiante desolación.


SUEÑOS DE CARBÓN

<h2><u><hr>SUEÑOS DE CARBÓN</u></h2>

PUERTO NATALES Y LA TRAGEDIA DE RIO TURBIO



Por Ramón Arriagada - Patagonia Mía - Junio de 2004

Un entendido en cuestiones mineras señalaba en la prensa de Punta Arenas que el incendio que se declaró en el pique carbonífero de Río Turbio durará por muchos días más. Para esa ciudad minera de la Patagonia Argentina, significa un duro golpe en su supervivencia. Hace unos días atrás la había visitado el presidente de la nación Néstor Kirchner; llevado en andas por sus habitantes al estrado del gimnasio, entre gritos de “Olé, Olé, Olé, … Lupo, Lupo” había comprometido una fuerte inversión. Se construiría allí una gran planta termoeléctrica alimentada con el carbón que sacarían los rioturbienses.

Ese fatídico lunes 14 llegaba hasta el fondo del pique minero el tercer turno integrado por 80 operarios. Aún resonaba en sus oídos las arengas de “Lupo” que los invitaba a ser protagonistas de un gran futuro para esa cuenca carbonífera. Ellos confiaban en su Presidente, quien desde la Gobernación de la provincia había defendido ante Menem la supervivencia del mineral. Hablar del refugiado ex mandatario en Río Turbio provoca manifestaciones de rechazo. Menem quiso cerrar el mineral (reconvertirlo como dicen los economistas)y nada mejor que entregárselo en concesión a esos amigos facinerosos que a él le sobraban. Estos desmantelaron y vendieron todo lo vendible en los piques y superficie. Kirchner siendo gobernador de Santa Cruz los denunció, pese a ser peronistas, y entregó mucho dinero en inversiones para ir al rescate del Turbio sin terminar con las labores extractivas.

Por eso el Presidente argentino, cuando llegó a Río Turbio, para estar presente por dos horas en el velatorio de cinco de los quince mineros, que hasta ese momento habían sido sacados del fondo del socavón, trasuntaba una profunda tristeza. Kirchner se quebró cuando llegó al féretro de un minero chileno muerto. Conversó con los ojos enrojecidos por la emoción con los dolientes, quienes después partirían rumbo a Puerto Natales para sepultar a José Hernández. El Presidente sabía que en la mina de la cual se sacaría el carbón para su flamante usina, las condiciones de seguridad eran mínimas. Todo se había desmantelado. Las correas transportadoras que ardieron ese día lunes al quedar trancadas, sufrían de fatiga de material como toda la quejumbrosa estructura del mineral saqueado por los compadres de Menem.

Nuestro lejano Puerto Natales, está a tan sólo treinta kilómetros del yacimiento carbonífero argentino. Tres de los mineros muertos en la tragedia vivían en esa ciudad chilena. Después del terremoto del 60, muchos chilotes marcharon hacia la Patagonia. No diferenciaron fronteras. Su bandera y patria estaba en el territorio que primero les ofreciera un futuro para ellos y su familia. En Río Turbio en los años setenta trabajaron cerca de 2.500 chilenos en las labores extractivas del carbón. Muchos de ellos tenían como dormitorio Puerto Natales. Eran los tiempos que la Patagonia era un territorio de hombres solos. Ovejeros, pescadores y mineros buscaban compañía en los “quilombitos” natalinos entre efluvios de vino y ginebra.

La ciudad fronteriza chilena se desarrolló gracias a los sueldos de los mineros de Río Turbio. Para desgracia de los gobiernos chilenos todo terminó a raíz de las beligerancias fronterizas del año 1978. Por razones de seguridad los militares argentinos ahuyentaron a los mineros chilenos y trajeron otros pobres. Estos provenían de las provincias norteñas de Entre Ríos y el Chaco. Hoy sólo quedan no más de 200 mineros chilenos en el mineral del Turbio. Todos ellos en edad de jubilar con 30 años de servicio.

Los natalinos han visto en estos días cómo se habla de ellos y su relación con el mineral de Río Turbio. Las noticias han llenado las primeras páginas de los diarios y noticieros televisivos. En Natales ochocientos mineros jubilados acompañaron con sus lámparas y buzos a los compañeros caídos. Ellos sobreviven en Chile con pensiones miserables por el problema del cambio de moneda. Para tener una atención médica decente deben viajar al otro lado de la frontera. En Chile no tienen acceso a ninguna previsión, son parias.

Si hay algo que ha llamado la atención en estos días es el silencio de las autoridades chilenas. A nivel central el mutismo da a entender que desde el centralismo nadie quiere hablar, porque nadie sabe lo que pasa en el sur. O bien, es la vergüenza cómplice de los gobernantes en Chile, que jamás entenderán qué se puede hacer en territorios vacíos. Al menos queda la satisfacción que Río Turbio no está en Chile, puesto que si así fuera, los interventores de turno ya lo habrían sepultado como a Lota.


"LLEVARÁS POR NOMBRE NATALES

<h2><hr><u>&quot;LLEVARÁS POR NOMBRE NATALES </h2></u>

PUERTO NATALES - CHILE - HISTORIA

Fuente: PATAGONIA MIA Julio 2004
Documentación: Lic. H. Catalán

Ernesto von Heinz: Llevarás por nombre Natales

Poco se habla en las crónicas de fundación de Ultima Esperanza de este colono alemán. Al revisar los documentos sobre los primeros años del poblamiento es común encontrar el nombre de Ernesto Von Heinz. Si hubiera que caracterizarlo con la terminología de hoy se diría que era un trabajólico, además es uno de los pocos colonos con formación avanzada en labores agrícolas. Provenía de la ciudad de Ohlan, Silesia, Alemania, donde había nacido el 17 de agosto de 1865.

En el año 1883, Von Heinz estaba dedicado por completo a la administración de los predios de su padre en la región de Silesia. Era un joven que aún no llegaba a los treinta años y todo indicaba que al incrementar la productividad de los predios paternos, sería uno de los agricultores de status en esas comarcas. Pero el joven Ernesto procuraba mantenerse informado de las andanzas de su primo en los territorios de América. Por lo tanto, cuando Hermann Eberhard, su primo regresa a Silesia al primero que visita es a él para hablarle en vivo y en directo de las hermosas tierras en un territorio llamado Chile-Austral .

TENGO UN PRIMO EN AMÉRICA

Este primo hermano de Von Heinz, quince años mayor, a diferencia de él que había optado por la agricultura, siguió la tradición familiar. Hermann Eberhard apenas alcanzó la edad mínima para ser militar, ingresó al Cuerpo de Cadetes de Wahlstatt, cursando allí los estudios primarios y secundarios, los que terminó con el Bachillerato en Berlín. Sus afanes aventureros lo hicieron optar por el mar, transformándose rápidamente en capitán de la Marina Mercante. Fue en uno de los barcos de la poderosa compañía de navegación “Kosmos” que llegó a la Patagonia, radicándose en el sector de Chymen Aike, cerca de Gallegos.

El sueño de Eberhard era llegar a “The Plains of Diana”. Después de una aventura que duraría tres meses un día de agosto de 1892, regresan a Punta Arenas “casi exhaustos, con un aspecto de vagabundos, con su ropa completamente deteriorada y adelgazados como esqueletos, dando cuenta de su temerario viaje” (“El Magallanes”, P.Arenas 22.06.1931). La expedición que encabezaba Eberhrard con su inseparable amigo Augusto Kark, junto a otros atrevidos navegantes habían llegado a lo que hoy llamamos Llanuras de Diana. Rápidamente solicitan al Gobernador Manuel Señoret autorización para poblar todo el hermoso valle que han
descubierto. Señoret en un gesto de estadista y visionario da las más amplias prerrogativas para ocupar el lugar. De no ser por la actitud adoptada por tan destacado Gobernador los territorios que hoy conocemos como chilenos pertenecerían a Argentina. He aquí un gesto ejemplarizador, poblar para ganar soberanía por presencia.

De estos territorios le habla Eberhard a Ernesto von Heinz. El capitán de la marina alemana comprendía que estos territorios serían generadores de una riqueza extraordinaria. Necesitaba a su lado la voz autorizada de un profesional en cuestiones de producción agrícola. Al regreso de Alemania ocuparon todo el valle que hoy es la Cuenca Carbonífera de Río Turbio, fundando allí un establecimiento ganadero que llamarían “Silesia” en homenaje a la tierra madre en Alemania.

NATALICIO DE DOROTEA

En la leyenda se le atribuye a von Heinz el haber dado origen al nombre de Puerto Natales. Bien sabemos, que nuestra ciudad debe su nombre al Rio Natalis. Este cauce de acuerdo a las crónicas era importante en los años de los primeros poblamientos. Ubicado en el límite norte de la ciudad hoy es sólo un hilillo de agua. Incluso gran parte de lo que era su cauce hoy está habitado. Nuestro personaje lo descubrió y lo llamó Natalis, porque llegó hasta sus orillas el mismo día del nacimiento de Dorotea, una de las hijas de Eberhard.

Cuando iniciaban con entusiasmo a hacer producir “Silesia”, comenzaron los problemas de límites en el sector entre Chile y Argentina. Informados que el gobierno de Chile cedería el lugar donde estaban ubicados, Von Heinz solicita campos ubicados hacia el Oeste en las orillas del Río Vizcachas. Los campos serían bautizados con la denominación que le daban los tehuelches al sector, es decir, Cerro Palique (¿No debería haberse llamado Pali-Aike?).

Su afán de ir abriendo nuevas tierras a la colonización y a la producción lo hacen aliarse con otro colono alemán, Rodolfo Stubenrauch, que por aquellos años era Cónsul de Alemania en Punta Arenas. Ambos fundan la estancia, hoy argentina, que llevará por nombre Tapi-Aike. A esta empresa de la tierra se incorporará Mauricio Braun. En los años venideros el éxito por la producción de lanares les sonríe a estos socios. La explotación de nuevas tierras sigue siendo la razón de la sociedad, llegando a fundar establecimientos ganaderos en la zona del Río Limay y Río Negro (Argentina).

Respetado por su espíritu de emprender y por su capacidad para incorporar tecnología en los campos de la Patagonia, este ciudadano alemán fallece en Punta Arenas a los 93 años en el año 1958. Para escribir esta crónica hemos tenido a disposición entre los muchos documentos, un recorte de diario donde aparece una pequeña biografía del personaje con motivo de su fallecimiento. Llama la atención el siguiente párrafo del obituario de Ernesto von Heinz...”fue uno de los descubridores de la Cueva del Milodón en los alrededores de Natales, donde halló los restos del fabuloso herbívoro antediluviano que llevados por el navío argentino “Azopardo” fueron obsequiados al Museo de La Plata”.

Desconocíamos este otro destino de los restos del Milodón. Pero, esto será motivo de una nueva crónica. Nuestra intención por ahora era destacar la figura de Ernesto von Heinz. Nuestra pretensión es que trascienda su aporte profesional en el desarrollo incipiente de la ganadería en esta parte de Chile. Pero de no menor importancia ha sido encontrarnos con quien bautizó la ciudad donde hoy vivimos y soñamos.


LOS OLVIDADOS MÚSICOS DEL CORAZÓN

<h2><hr><u>LOS OLVIDADOS MÚSICOS DEL CORAZÓN</h2></u>

Dibujo: Carpani


Fuente: Patagonia Mía

“Perfumes de rosas de la calle Prat
donde se toma whisky con champagne”



En el número anterior de Patagonia Mía hicimos referencia a cómo se divertían los natalinos en los años cuarenta, cuando ni siquiera existía el alumbrado público y domiciliario. Esta ciudad estaba habitada fundamentalmente por obreros que se desempeñaban en las labores de los frigoríficos y estancias además de los mineros que trabajaban en el mineral de Río Turbio.

En aquellos tiempos el índice de masculinidad era notoriamente más alto que ahora. Muchos hombres solos llegaban a Natales los fines de semana. Para ellos debía haber diversión. Surgieron los bailes en los diferentes clubes deportivos y sociales. La realización de tres y cuatros bailes los fines de semana requería de una dotación de músicos y los hubo muchos y de calidad. A aquellos intérpretes les llamamos Los músicos del Pensamiento Libre. Esta denominación obedece a un momento, dentro del baile, anunciado por el baterista en donde las mujeres podían elegir un bailarín. Esta costumbre no se registra en el resto de Chile de los años cuarenta y puede ser influencia cultural de nuestra cercanía con Argentina, o bien, ella fue traída por emigrantes ingleses y escoceses que abundaron en Ultima Esperanza. También en nuestra crónica anterior hicimos referencia a los Músicos Marciales. Ellos datan de los años cuando se creó el primer Orfeón para animar las ceremonias sociales y patrióticas en el naciente territorio. En aquellos años no había destacamento militar en Puerto Natales. Ello no impedía muestras de patriotismo en todas las celebraciones patrias. No olvidemos que debido a una falta de visión del centralismo, Ultima Esperanza estuvo expuesta a ser ocupada por la Marina Argentina, dando lugar a la defensa del territorio para Chile de parte del colono alemán Herman Kruger.

Ahora le toca el turno a los músicos de la bohemia natalina. Ellos alegraron el corazón de muchos desdichados que llegaban a Natales desde los solitarios puestos ganaderos y de los lúgubres pabellones de solteros de Río Turbio. Fueron los testigos del desahogo de las pasiones humanas más bajas. Con sus ritmos románticos hicieron languidecer en tabaco y alcohol a muchas campesinas nortinas que llegaban a rehacer su vida a la Patagonia. Ellos también celebraron la partida del “ambiente” de aquellas mujeres de corazones solitarios que junto a un natalino siguieron recorriendo la vida y se quedaron para siempre.

ALEGRÍA Y LUJURIA

Alberto Melitón Ojeda
es uno de los pocos músicos sobrevivientes de aquellos que alegraron el barrio pecaminoso, ubicado en la calle Prat a una cuadra de las monjitas de María Auxiliadora.

Conversamos largamente con Alberto, la semana pasada, en un día muy lluvioso en Natales. Pronto a cumplir los ochenta años, dice sentirse muy solo en el interior de una casa fría y desvencijada en la calle Chorrillos. Ya no sale a la calle, y en la soledad de una pieza muy pobre resuenan aún en sus recuerdos las noches de alegrías y de lujurias de los años 30 y 40. Cuando tenía apenas catorce años compró un bandoneón muy deteriorado, después de dos años de práctica lo dominaba como el mejor. A los 16 años junto al baterista Luis Díaz y al guitarrista Armando Quinán dan forma al conjunto Los Bohemios. Era el año 1938 cuando fueron contratados para animar las noches del cabaret de doña Candelaria Catriao.

LA NOCHE ES JOVEN

En el sector funcionaban otros “quilombitos”, como el Royal, el Viña del Mar, la Casa de la finá Cañas, el Moulin Rouge y el Shangai con un promedio de 8 a 10 asiladas. La mayoría de las niñas venían del norte del país. Como este era un territorio de “hombres solos, la mayoría de ellas rápidamente se casaban con muy buen resultado ya que incluso las venían a buscar argentinos del mineral del Río Turbio” rememora nuestro informante.

A don Alberto no le cuesta recordar a los otros músicos del ambiente, pues entre ellos había buena comunicación. Por lo demás cada prostíbulo tenía su orquesta. Si se trata de elegir al mejor pianista, el número puesto era Mario Hinojosa, murió de un infarto frente a los teclados del Moulin Rouge. De los trompetistas se queda con Timón, de vez en cuando se juntaban para tocar con bandoneón y trompeta “España Cañí”, un exitazo aplaudido hasta el cansancio en los salones...”a timón la bohemia le carcomió los pulmones y se fue al bombo” sentencia en términos orquestales.

Pero el show debía continuar y aparecen un tal Vásquez bandeonista del “Moulin Rouge”; en acordeón brillaba Eduardo Sorzona; el violinista Demetrio Cholo Díaz lanzaba sus compases hasta el amanecer junto a Pedrito Perotic frente al piano. Tiene recuerdos borrosos de Hinostroza, del argentino Casado, del Chancha Negra; a lo lejos en una noche de viento pareciera estar escuchando las melodías de “Canaro en París”, “Falsa Moneda”, “Abril en Portugal”, pero Alberto Ojeda, sabe que esos compases sólo pertenecen a su imaginación, producto de su incomunicación con un mundo exterior donde predominan otras costumbres y otros compases.