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MIRANDO AL SUR - augusto alvarado


NATALES EN EL CORAZÓN

<h2><hr><u>NATALES EN EL CORAZÓN </h2></u>

Por: Amalia - Fuente: Patagonia Mía

Ni siquiera nací en Puerto Natales, pero creo que no recuerdo haber vivido antes en otro lugar.

Al cerrar los ojos en la distancia, mis sentidos evocan, de un modo casi palpable, sus callecitas de veredas irregulares, sus casas de nostálgicas fachadas rodeadas de perfumadas madreselvas y retamos, de donde se asoman esos rostros tan curiosamente familiares a los que sonrío tímidamente, de nombres desconocidos a veces, pero que forman parte de este todo que acaricio con la mirada cada vez que vengo, ansiosa, a llenarme de sensaciones tibias, a aprovisionarme de ellas para enfrentar un nuevo año en mi húmeda y adoptiva ciudad de Concepción.

Llego, año tras año, con los cinco sentidos puestos en captar el aroma exquisito de los bosques de lengas; no falto jamás a mi cita con mi lugar favorito, Puerto Bories, donde paso tardes enteras tendida en sus lomas de largos pastos secos que bailan al compás del viento… me emociono al ver ese lugar tan nostálgico y bello, en que el tiempo quedó como congelado en una red atrapa-sueños. También en Bories, me armo de valor para, en cada visita, pedir permiso para entrar a comer parritas, ruibarbos y grosellas a ese huerto de álamos que cada vez encuentro más olvidado, pero que en lo más íntimo de mi ser es sólo mío. Me imagino que por eso tengo la desfachatez de pedir entrar a verlo, a pesar de las caras de extrañeza de quienes atienden a mi peculiar solicitud.

También es objeto de mi nostalgia el pequeñito Puerto Prat, lugar de los entonces aclanados asados familiares, con historias irreales en torno a la animada fogata, los juegos con los primos, los concursos de “gracias” de quienes éramos los más pequeños, esa playa vacía siempre con algún botecito donde subirse a mirar a la Isla de los Muertos. El regreso a Natales envuelta en un chal, somnolienta, arrullada por los tangos y las zambas de la radio de El Turbio… al recorrer hoy la única calle vacía de Prat, respiro hondo, buscando llevarme dentro también algo de ese rincón sagrado de mi corazón.

Me sorprende el constatar cómo la irreverencia y el desinterés de mi adolescencia se transformó en un afán loco por escuchar viejas historias, no importa que sean repetidas; anécdotas de mis abuelos y tíos, los bailes en el Club Natales, del Socorros Mutuos, las verdaderas hazañas hechas en los viajes entre Punta Arenas y Natales, cuando aquí nevaba el triple y había que ser un verdadero piloto para sortear el camino con éxito. Me regocijo oyendo esos relatos, ojalá contados por alguien bien natalino, de esos que te hablan con acentito y que no se irán jamás de aquí; dan ganas de quedarse en su lugar, sustituyéndolos.

Comprenderán que, absorbiendo tan intensamente cada emoción y viviendo cada instante del modo en que lo hago, los días en mi hermoso pueblo pasan dolorosamente rápido, como me ha vuelto a suceder en esta ocasión. Es hora entonces de tomar mis ramas de lenga, mis fotos en Bories, caminar por última vez a tomar el té donde mi abuela, respirar hondo y partir de nuevo, que no he sido de quienes ha tenido la suerte de encontrar su rumbo en el lugar que más ama en el mundo.


CRÓNICAS DE LOS MARES AUSTRALES

<hr><h2><u>CRÓNICAS DE LOS MARES AUSTRALES</h2></u>

“Patagonia Mía” – Agosto de 2004

Documentación: H. Catalán

LA LEY DEL NUTRIERO



Hermanados en la caza y comercialización de las nutrias los alacalufes de José El Viejo, del grupo kawashkar que habitaba territorios cercanos al Seno Obstrucción y Río Verde, hacía treinta años estaba en contacto con Demógenes Guajardo Rivera. Este era un aventurero chileno que permanentemente viajaba a Natales en los años veinte del siglo pasado, para comercializar los cueros de nutrias entregados por los indios. Luego de largos días de borracheras en los lupanares natalinos, regresaba a Muñoz Gamero en los canales, donde lo esperaba su conviviente -una mujer india- hija de José El Viejo.

José El Viejo, era entre los kawashkar que habitaban la zona del archipiélago Reina Adelaida, Península Muñoz Gamero y Canal Smith un verdadero líder. Reconocido por su capacidad para hacer negocios con los peores aventureros de los canales, tenía su campamento en la Isla Summer. Junto a los suyos participó activamente en muchos “raqueteos” de barcos hundidos en la zona del Canal Smith. Por lo tanto fue una fiesta en grande para el grupo cuando el “Magda” quedó a su disposición. En la repartición de esta presa, empezaron las diferencias con Guajardo; ya que éste trajo socios de su ralea y raza para aprovechar al máximo el naufragio. Sumado a lo anterior las quejas de su hija, fueron precipitando la sed de muerte de José Viejo y su hijo José Chico contra Demógenes Guajardo.

En el mes de octubre de 1933 en la Isla Summer, que visitaba Guajardo Rivera acompañado de su socio Juan Bautista Galindo, José El Viejo ordena el asesinato de su “yerno”. Galindo que es acusado por la policía natalina de ser el autor, declara lo siguiente: “en la noche, como a la oración, el indio Oscar me robó balas de carabina. Más tarde cuando todos estaban durmiendo, sentí un disparo que me alarmó... Esperé que aclarara, cuando observé que mi amigo había sido asesinado. Luego después, José Chico y una de las indias tomaron el cadáver de Guajardo, le amarraron un saco de arena y lo fondearon en baja marea a la orilla de la playa” (Relato completo en “El Magallanes” 10 de octubre de 1933).

Juan Bautista Galindo es tomado rehén por los indios, cuyo grupo estaba compuesto por el líder José El Viejo y sus dos mujeres, José Chico y la mujer de éste. Padre e hijo eran acompañados por un grupo de mocetones indios entre los cuales estaban Oscar, Panchote, Federico, Rosa y Clorinda. El asustado Galindo, declarará a la policía de Natales que se dirigieron al sector de “Veintiún Días”. En una de aquellas islas, quedará sorprendido de la cantidad de cosas pertenecientes al “Magda” que los nativos guardaban. Un hermoso bote, ropas de los marinos, licores finos, tabaco, máquinas de escribir y muchas armas de fuego. En una navegación hacia “Ancón Sin Salida” (frente al Canal de las Montañas) se detuvieron en varios puntos donde había más entierros de restos del “Magda”. La vida con los indios, a bordo de embarcaciones sin reparos, lo enfermó gravemente a Galindo, siendo abandonado en las cercanías del Paso del Kirke, logrando llegar a Natales, donde entregará su testimonio.


CRÓNICAS DE LOS MARES AUSTRALES

<hr><h2><u>CRÓNICAS DE LOS MARES AUSTRALES</h2></u>

“Patagonia Mía” – Agosto de 2004

Documentación: H. Catalán

EL HUNDIMIENTO DEL “MAGDA” (ABRIL DE 1933)



Era la segunda oportunidad que el “Magda” llegaba al muelle de Punta Arenas. Su arribo estaba anunciado para el día sábado primero de abril y muchos vecinos se aprestaban a ir a dar un paseo para esperarlo. Era agradable ver llegar un barco de modernas líneas y de una capacidad que era difícil encontrar por esos años en los transportes de carga regular. El “Magda” era de propiedad de la Compañía Sueca de Navegación, empresa que se lo había arrendado a la Interoceánica de Navegación. Esta empresa naviera cubriría con esta nave los viajes regulares entre El Callao en Perú y Buenos Aires. En este segundo viaje, Correos de Chile, aprovechaba de enviar 58 sacos de correspondencia con destino a los hogares y oficinas públicas de Magallanes.

El “Magda” era un barco de carga. En este viaje traía una tripulación de 30 personas en su mayoría de nacionalidad sueca y algunos daneses. Todo en la navegación se venía dando excelente. Antes de llegar a Chiloé el telegrafista del navío, Jacob Svenson, comunicó al segundo piloto, Costa Bernstson, que los barcos navegando por la zona de los canales en las cercanías del Estrecho de Magallanes, estaban reportando endemoniados temporales. Rápidamente la oficialidad se reunió con el Capitán del “Magda”, Iván Henry Blucker, en el puente. Este oficial sueco se había graduado en la Marina Mercante de su país en 1915. Este era su décimo viaje por los canales magallánicos; otros ocho viajes los había hecho en el vapor “Cordelia”.

La idea fue esperar el paso por el golfo Corcovado y de acuerdo a las condiciones de navegación en el lugar más las informaciones de radio se tomaría la decisión de salir a mar abierto o bien seguir por los canales interiores. Estaba tan malo el golfo que ni siquiera se dio la opción de salir mar afuera. Además influyó la confianza del capitán Blucker, quien ya se creía un conocedor de los canales. El día 31 de marzo, a las 19.30 horas, el “Magda” entra al temido Canal Smith (tumba de muchos barcos). Si bien es cierto había amainado un poco el temporal, el lugar estaba invadido por una espesa neblina. En sus declaraciones del sumario, el capitán sueco describe el entorno...”No pudimos encontrar un lugar adecuado para capear el mal tiempo. Tampoco era prudente volver atrás. De aquí, entonces, que seguimos despacio, a media marcha, vigilando continuamente. En las primeras horas de la noche, divisamos una luz, suponiendo que era la del Faro Fairway y seguimos adelante” (“El Magallanes” - 3/4/1933).

La investigación naval, constató que el presunto faro estaba esa noche descompuesto y la luz débil provenía del Faro Félix. Con esa percepción equivocada del lugar, mas el viento que volvió a soplar fuerte a las 23.00 horas, tenía que ocurrir lo peor. El sentir los roqueríos en el vientre del pesado buque; la llegada del agua desde las bodegas a la cubierta; la rápida inclinación del barco entre 12 a 15 grados; eran evidencias que el “Magda” había quedado entrampado y mortalmente herido sobre los roqueríos de la Península Muñoz Gamero en el Canal Smyth, frente a la Isla Larga. Esa penosa noche, a las dos de la madrugada el capitán ordenó alistar los botes, llevar lo indispensable considerando perdida la nave. El temor era sobrevivir en aquel embravecido mar en los botes salvavidas. La desdicha de aquellos rubios marinos, que tenían ante sus ojos, aquel hermoso mercante que había sido su hogar en estas lejanas tierras, duraría hasta el mediodía del día siguiente. Raudamente y alertado por las estaciones de radio de la Armada y de otros barcos que pasaban por el lugar, el vapor “Don Ricardo”, que también viajaba a Punta Arenas, los recoge llevándolos sanos y salvos a Punta Arenas.

Recién el día miércoles 5 de abril de 1933 por orden del Gobernador Marítimo de Punta Arenas, Capitán de Fragata Guillermo Arroyo, zarpa hacia el lugar del accidente el escampavía “Colo-Colo”. En este viaje se embarca el capitán Bluker, conocedor de su barco; deberá informar el lugar exacto donde están los sacos de correspondencia. El “Magda” en este su último viaje transportaba 1830 toneladas de mercaderías varias. Entre otras cosas en las bodegas habían sacos de azúcar, café, arroz, azúcar, cacao, arvejas y lentejas. Otros productos además de la correspondencia para Punta Arenas- que viene a rescatar el “Colo-Colo” - consisten en 300 toneladas de postes telefónicos y 18 chassis de automóviles.

Llegados al barco siniestrado y al recorrer los compartimentos que aún no estaban inundados, el capitán sueco y los marinos chilenos, constataron que del lunes al miércoles se había producido un raqueo de proporciones. Las cámaras de los tripulantes habían sido saqueadas; igual suerte corrieron comedores y todas las dependencias donde se guardaba vestuario, repuestos e instrumental de navegación. Al parecer los saqueadores habían escapado hacía poco- porque aún había olor a alcohol- retirado del bar del comedor de oficiales. Para los marinos chilenos no fue difícil saber que quienes habían participado en el saqueo eran indios alacalufes dirigidos por José Viejo. Este grupo siempre estaba navegando por el sector, intercambiando mercaderías por cueros de nutrias con aventureros que obedecían ciegamente las ordenes de Demógenes Guajardo Rivera.

El escampavía “Colo-Colo”, luego de extraer toda la correspondencia desde la bodega Nº1 del “Magda” partió de regreso a Punta Arenas. A juicio de los oficiales del barco siniestrado era imposible liberar su carga. Ni siquiera valía la pena tratar de salvar los alimentos, puesto que estos estaban contaminados con 481 toneladas de azufre. La posición del barco indicaba que de seguir los temporales, este sería destrozado hasta desaparecer entre roqueríos y sargazos. En algún lugar cercano, deberían estar las canoas alacalufes de José Viejo y los nutrieros de Guajardo, esperando la partida del “Colo-Colo”.


UNIÓN SUDAMERICANA

<h2><hr><u>UNIÓN SUDAMERICANA</h2></u>

EL GRITO



Gabriela Mistral (1922)


¡América, América! Todo por ella, porque todo nos vendrá de ella, desdicha o bien. Somos aún México, Venezuela, Chile el azteca español, el quechua español, el araucano español; pero seremos mañana, cuando la desgracia nos haga crujir entre su dura quijada, un solo dolor y no más que un anhelo.

Maestro: Enseña en tu clase el sueño de Bolívar, el vidente primero. Clávalo en el alma de tus discípulos con agudo garfio de convencimiento. Divulga la América, su Bello, su Sarmiento, su Lastarria, su Martí.

No seas un ebrio de Europa, un embriagado de lo lejano, por lejano extraño, y además caduco, de hermosa caduquez fatal. Describe tu América. Haz amar la luminosa meseta mexicana, la verde estepa de Venezuela, la negra selva austral. Dilo todo de tu América; dí como se canta en la Pampa argentina, como se arranca la perla en el Caribe, cómo se puebla de blancos la Patagonia.

Periodista: Ten la justicia para tu América total. No desprestigies a Nicaragüa para exaltar a Cuba; ni a Cuba para exaltar a la Argentina. Piensa en que llegará la hora en que seamos uno, y entonces tu siembra de desprecio o de sarcasmo te morderá en carne propia.

Artista : Muestra en tu obra la capacidad de finura, la capacidad de sutileza, de exquisitez y hondura a la par, que tenemos. Exprime a tu Lugones, a tu Valencia, a tu Darío y a tu Nervo. Cree en nuestra sensibilidad que puede vibrar como la otra. Manar como la otra, la gota cristalina y breve de la obra perfecta.

Industrial : Ayúdanos tú a vencer, o siquiera a detener la invasión que llaman inofensiva y que es fatal, de la América rubia que quiere vendérnoslo todo, poblarnos los campos y las ciudades de sus maquinarias, sus telas, hasta de lo que tenemos y no sabemos explotar. Instruye a tu obrero, instruye a tus químicos y a tus ingenieros. Industrial: tú deberías ser el jefe de esta cruzada que abandonas a los idealistas.

¿Odio al yankee? ¡No! Nos está venciendo, nos está arrollando por culpa nuestra, por nuestra languidez tórrida, por nuestro fatalismo indio. Nos está disgregando por obra de algunas de sus virtudes y de todos nuestros vicios raciales. ¿Por qué le odiaríamos? Que odiemos lo que en nosotros nos hace vulnerables a su clavo de acero y de oro: a su voluntad y a su opulencia.

Dirijamos toda actividad como una flecha hacia este futuro ineludible: la América española una unificada por dos cosas estupendas: la lengua que le dio Dios y el dolor que le da el Norte. Nosotros ensoberbecimos a ese Norte con nuestra inercia; nosotros estamos creando, con nuestra pereza, su opulencia; nosotros le estamos haciendo aparecer, con nuestros odios mezquinos, sereno y hasta justo.

Discutimos incansablemente, mientras él hace, ejecuta; nos despedazamos, mientras el se oprime, como una carne joven, se hace duro y formidable, suelda de vínculos sus Estados de mar a mar; hablamos, alegamos, mientras él siembra, funda, asierra, labra, multiplica, forja, crea con fuego, tierra, aire, agua, crea minuto a minuto, educa en su propia fe y se hace por esa fe divino e invencible. ¡América y sólo América! ¡Qué embriaguez para semejante futuro, qué hermosura, qué reinado vasto para la libertad y las excelencias mayores!


CRÓNICAS DE LOS MARES AUSTRALES

<h2><hr><u>CRÓNICAS DE LOS MARES AUSTRALES</h2></u>

“Patagonia Mía” – Agosto de 2004

Documentación: H. Catalán

FEDERICO: EL ÚLTIMO RAQUERO KAWASHKAR



Yo sabía que Alberto Caro era fuente de información obligada en cuanto a barcos hundidos en los canales australes. Le leí el diario >“El Magallanes” de Punta Arenas de abril de 1933. Sobre el “Magda” sólo tenía referencias de terceros. Su padre, un aventurero que llegó desde Osorno, se casó con una kawashkar y vivió mucho tiempo con su abundante prole en el sector del Canal de las Montañas. Al lugar llegaban las canoas alacalufes a comercializar pieles y restos de naufragios. Alberto tiene aún en la retina haber presenciado una concentración de alrededor de 30 canoas; los indígenas merodeaban felices una ballena varada, comiendo sus carnes y gorduras. Lanzaban gritos triunfalistas y cantaban en su lenguaje.

Cuando trato de comprobar su conocimiento de los indios que acompañaban a “José El Viejo”, leyendo sus nombres, Caro me detiene cuando nombro a Federico. Pongo en duda su aseveración que a Federico lo vio hace pocos días en la televisión local como interno en un Hogar de Ancianos. Es que no puede ser; después de 70 años de los hechos relatados en esta crónica, haya sobrevivientes y más aun, un joven alacalufe del grupo operativo del jefe indio “José El Viejo”, que para el raque del “Magda” tenía unos veinte años. Por las condiciones de vida en los canales resulta difícil un kawashkar bordeando los 90 años de edad.

En el Hogar de Cristo de Natales, una institución que sobrevive con muchas dificultades, nos atiende una tarde lluviosa de julio Juanita Prado. Con mucha pena, nos comunica que el “abuelito Federico” ya no está en el hogar. El día anterior lo fueron a dejar al Hospital, su estado de salud era crítico, una consecuencia del mucho fumar lo tenía con una bronquitis fulminante. ¡El abuelo, lo único que quiere es morir!, declara decepcionada su cuidadora. El cariño hacia Federico aflora cuando confidencia “es un abuelito tranquilo, cuando supo la muerte de su amigo Tonko, lloró toda la tarde; se sentó aquí en esta Sala de Espera y estuvo cantando canciones en el idioma de ellos, hasta a mí me dio pena”.

Tonko un amigo de la etnia, murió el año pasado ahogado en Puerto Edén. Participaba representando al pueblo alacalufe en encuentros de etnias aborígenes. Tonko cuando viajaba a Natales se dirigía al Hogar de Cristo y contrataba un taxi para sacar a pasear a su amigo Federico. Después de varios días de hospitalización Federico volvió a su querido Hogar, ha tenido una recuperación milagrosa gracias a los cuidados de Juanita y su personal. Está completamente sordo, aislado de un mundo donde sabe que ya no están sus hermanos de raza varando ballenas, cazando nutrias y raqueando barcos en el Canal Smith. Todos ellos se fueron y están con Tonko al que le volverá a cantar algún día; será el día que se reunirá en el cielo kawashkar con las canoas de “José El Viejo” y sus valientes cazadores.


PUERTO NATALES: CINES Y TEATROS DE AYER

<hr><h2><u>PUERTO NATALES: CINES Y TEATROS DE AYER</h2></u>

Nuestros queridos cines de ayer:
SENTADO EN LA BUTACA DEL RECUERDO



Por Nelson Danilo Alvarez (*)

Patagonia Mía
- Puerto Natales - Junio de 2005

A sólo cinco años de la fundación de nuestro pueblo pareció haberse comenzado a cultivar la cinematografía, este naciente arte que revolucionaba al mundo de aquélla época y que surgiera en París en 1895 gracias a los Hermanos Lumiere.

Así por ejemplo en 1916 los Sres. Lastenio Lara y Carlos Vargas Saldivia, instalan en calle Bulnes N° 120 (actual Turismo Río Natalis) el primer cinematógrafo mudo, con el nombre de “Selecto”.

Al parecer esto fue un buen negocio, pues dos años después comienza a funcionar el cine teatro “Electra”, en calle Eberhard esquina Barros Arana, el que tuvo una corta existencia, para después en ese lugar dar paso al almacén de Ramos Generales Gafo & Villarroel, de Constantino Gafo López y Benjamín Zamora Villarroel.

En 1920 en el sector en que hoy se emplaza la estación Copec, se inaugura con bombos y platillos el cine “Apolo”, propiedad de los españoles Manuel Iglesias Fraga y Ursino González Vásquez, el que después sería vendido al contador Carlos Roberto Aguirre. Años más tarde Aguirre venderá a la Compañía Stubenrauch para instalar su local comercial, que será arrasado por un incendio en 1931.

FINAL A GUSTO DEL ESPECTADOR

En estos cines los natalinos se deleitaban con filmes mudos, inocentes, que mantenían a la gente expectantes y es por ello que la ambientación de los mismos estaba a cargo de un pianista y/o un violinista que hacían la música acorde con la escena que transcurría en la pantalla. Por ejemplo en una carrera o persecución una música rápida, cuando alguien moría una marcha fúnebre. Para entender este tipo de cine mudo se requería tener mucha imaginación, así todos encontraban un final distinto a la historia. Era muy corriente ver películas del legendario Oeste norteamericano, Eddie Polo en “El León de la Sierra” o el singular Charles Chaplin.

Así las cosas, el 17 de Agosto de 1934 con la exhibición de la película “Cabalgata”, la familia compuesta por Bruno Mattioni Batic su esposa Amelia Predolín e hijas Blanca y Bruna inauguran el cine teatro “Palace”, en calle Barros Arana esquina Eberhard, donde anteriormente había funcionado la casa Comercial Braun & Blanchard, cerrada en 1932 o 33. El local debió ser remozado en su interior manteniendo su fachada original. La madera machihembrada que se utilizó fue adquirida en la barraca de la firma L. L. Jacobs que administraba un vecino de apellido Frangópulos.

LO QUE EL VIENTO SE LLEVÓ

Dirigió la obra el prestigioso constructor Alfredo Rivera Mella, que en su currículum cuenta con la construcción del maderamen de la Iglesia Parroquial, el local de la Municipalidad, muelles y casas pioneras de la Provincia. Este edificio tenía una capacidad de 380 butacas, entre platea baja y alta, a lo que se sumaban diez palcos. Aquí se vieron películas como “La Batalla”, “Drácula”, “Rosario La Cortijera”, “La Rosa del Pantano”, o, anunciada con bombos y platillos, el acontecimiento cinematográfico de todos los tiempos “Lo que el viento se llevó”, para el sábado 17 de Abril de 1943, será presentada exactamente como su estreno en Santiago, siendo la duración del espectáculo de cuatro horas. Las hermanas Blanca y Bruna Mattioni atendían la cafetería del cine y ante el fallecimiento de Bruno en 1941, le sucedió su esposa Amelia en la administración, hasta 1966 cuando asume el cargo Manuel Suárez Arce.

El teatro Palace le dio jerarquía a Natales, que era un pueblo humilde. Comenzaron a exhibirse mejores películas, muchas veces estrenos que eran conseguidos en la Argentina. El cine era el centro de atención y atracción de la muchachada que allí se reunían a empaparse de la magia del séptimo arte. ¡Cuántos idilios se tejieron y cuántas ilusiones se derrumbaron en la platea del recordado caserón!.

En Marzo de 1936 el Sindicato de Campo y Frigoríficos, propietario del Teatro Libertad, adquirió maquinarias para proyectar películas, las que instaló en el referido teatro (Bulnes 120), y que bajo la concesión de Antonio Soto Canalejo y Joaquín González Costa presentaban películas sonoras. Definido como el “Cine de Pueblo”, publicaba en el diario “El Natales” que estaba dotado de un equipo sonoro moderno, a fin de asegurar fidelidad y claridad de sonido de las películas que se exhiben ¡ Habladas en castellano!

Este cine disponía de un amplio salón, totalmente decorado con pinturas de paisajes regionales pintados por el peluquero italiano José Dardo Caniggia Porta. Poseía además gran escenario, telón de fondo y cortinaje de seda.

El fallecido comentarista de cine Dionisio Frangópulos Grandi; recordaría años más tarde... “Ese era el Teatro Obrero, donde había localidades bien definidas: se iba en “banca” o en “silla”. La mitad de la sala contaba con bancos de madera y la parte de atrás con sillas de Viena, que equivalían a nuestra actual platea. Los niños íbamos en banca y pagábamos tres chauchas por la entrada a la matinée”. Películas que hicieron furor en ese cine de aquellos tiempos serían “Sombras de gloria” y “La voluntad del muerto”.

“EL PALACE” EN LLAMAS

Este arte va adquiriendo cada vez más fanáticos, algunos de ellos fueron José Alvano Imperatore, José Iglesias Alvarez y Vicente Ferrer Martínez, que en octubre de 1953 inauguran y forman la Sección Cine 16 mm del club Deportivo Natales, exhibiendo películas en el salón de esa institución, Eberhard 332. La primera cinta proyectada es “Cuesta Abajo”, con la participación del legendario Carlos Gardel. Esa comisión se disuelve en 1955.

Un hecho inesperado golpea fuertemente el corazón de los natalinos, truncando en un par de minutos toda una historia mágica, gloriosa y llena de recuerdos maravillosos. En la noche del 29 de julio de 1969, se desata un voraz incendio que destruye en un cien por ciento la vieja casona que albergaba al Cine Teatro Palace. Las pérdidas son totales, más esto no destruye el ánimo del infatigable administrador del cine, Manuel Suárez Arce, quien el 27 de septiembre del mismo año firma un contrato con el club Deportivo Natales, representado por su presidente Floridor Sobarzo Soto, para arrendar el gimnasio “Manuel Alvarez Ruiz”, propiedad de esa entidad para proyectar películas en él. Esto duró hasta el año 1973 o 74.

Contemporáneo a ello la Congregación Salesiana, en el gimnasio Alberto de Agostini, inaugura un cine sonoro del mismo nombre, el cual será lugar de exhibiciones hasta fines de los años 90. Pero, si estamos hablando de cine, no podemos olvidar al destacado fotógrafo, segundo Administrador del Frigorífico Natales, deportista y activo dirigente de numerosas instituciones de la ciudad, Esteban Alarcón Cáceres, quien en 1939, creó la primera película netamente natalina, o sea filmada y editada en Natales.

NATALINOS AL CINE

Este film tuvo una duración aproximada de siete minutos y mostraba desfiles de partidos políticos, instituciones y actividades realizadas con motivo de la visita que hiciera el 23 de noviembre de ese año el primer Presidente que visitara Natales, Pedro Aguirre Cerda. Esta cinta se exhibió en los salones de la Asamblea Radical. Posteriormente Alarcón siguió captando escenas regionales, en todos los ámbitos, como por ejemplo: el partido de fútbol del “Club Chile” de Punta Arenas con el Deportivo “Natales”; un arreo de animales para el Frigorífico Natales y un curanto de camaradería en Puerto Bories. Además de paseos al sector de Casas Viejas, campañas realizadas por el Grupo de Exploración “Sofanor Parra”y el vapor “Alondra” cargando carne y mercaderías en el muelle de la Ferronave.

Todo este trabajo le significó a su autor casi una hora de filmación. Como reconocimiento a su labor, el día 23 de junio de 1941 se estrenó en el cine Palace el trabajo realizado por Alarcón, bajo el título de “Manchas Movibles en Ultima Esperanza”. A la presentación asistió gran cantidad de vecinos, quienes coincidieron en otorgarle un merecido reconocimiento a este pionero de la cinematografía local.

Posteriormente Alarcón vendió esta cinta a un miembro de la familia Marino, quien sufrió el incendio de su casa, presumiéndose que en este siniestro desapareció esta película. La primera realizada en Puerto Natales.

INVITACIÓN AL BIÓGRAFO

Antes de concluir debemos reconocer que el éxito de Esteban Alarcón, en la cinematografía natalina, no terminó allí, sino que le fue transmitido a su hijo Luis, quien hoy es todo un orgullo no sólo para nuestro pueblo, si no que para un país entero que lo ha posicionado como uno de los mejores actores que dejan su talento en las tablas y la televisión chilena. A quien lo quiera escuchar Luis Alarcón le confiesa su orgullo de ser natalino. Desde el año 2001 está realizando anualmente el Festival de Cine en la Patagonia, que se basa principalmente en proyectar películas recientes en el Monumento Natural Cueva del Milodón, que cada vez va ganando más adeptos, haciendo que el novedoso festival vaya tomando ribetes de carácter internacional.

Así poco a poco el cine en Puerto Natales ha ido cayendo en un triste letargo, disipándose esta sana entretención, dejando una estela de recuerdos avivados ante la majestuosidad de las salas y la inocencia de aquellas viejas películas proyectadas por las también añosas máquinas Kondescope. La televisión, las modernas tecnologías y la comodidad del hogar fueron jugando en contra de este bello arte hasta hacerlo sucumbir en una lenta agonía. Ojalá que en un futuro no lejano alguien se interese por reconstruir alguna pequeña salita cinematográfica. Para que así, al igual como dice una tía “podamos volver a ir al biógrafo”.

(*) El autor es alumno de Enseñanza Media.


ESPERANZA PARA RÍO TURBIO

<hr><u><h2>ESPERANZA PARA RÍO TURBIO</u></h2>

Fuente: "La Opinión Austral" - Río Gallegos, Argentina

RIO TURBIO (Corresponsal).- Una caravana interminable acompañó a la comitiva presidencial desde que arribó al Aeropuerto de 28 de Noviembre. Néstor Kirchner llegó ayer por primera vez como Presidente de los argentinos a los pueblos de 28 de Noviembre y Río Turbio, acompañado por el gobernador Sergio Acevedo, los intendentes de las localidades y funcionarios nacionales como el ministro del Interior Aníbal Fernández, de Desarrollo Social Alicia Kirchner, de Trabajo Carlos Tomada, y de Planificación Julio De Vido, además de representantes de distintos organismos del Estado, el vicepresidente primero de la Cámara de Diputados Eduardo Arnold, también se encontraba presente el interventor de la empresa YCRT Esteban Loncaric.

En una jornada que amaneció a pleno sol y con temperatura sobre cero, desde temprano la gente fue acercándose al centro Cultural Río Turbio para tomar ubicación en las gradas. Para posibilitar la asistencia, los municipios de la Cuenca decretaron el asueto administrativo para la jornada y la mayoría de los comercios cerraron sus puertas en la hora del acto. Los bancos no atendieron al público, adhiriendo a lo que se definía a cada momento como una jornada histórica para el carbón y los pueblos de la Cuenca. Desde su arribo, el presidente Kirchner no paró de saludar uno por uno a quienes lo fueron a esperar. Así fue también en 28 de Noviembre cuando la comitiva paró para descubrir una placa simbólica en la Plazoleta del Minero de esta localidad y un breve acto similar ocurrió en el Monumento al Minero de Río Turbio.

“Nunca creí que me iba a tocar a mí como presidente de los argentinos decirle a mis hermanos y hermanas de Río Turbio y 28 de Noviembre que se terminó la larga noche de la angustia y la desesperanza”, dijo ayer el presidente de la Nación, Néstor Kirchner, al dirigirse a un multitudinario salón colmado, donde se agitaban a cada momento banderas argentinas y también algunas banderas chilenas.

Kirchner cuestionó duramente el desinterés de los gobiernos anteriores por la actividad minera de nuestra provincia, y aseguró que “la mina de Río Turbio va a ser una de las columnas fundamentales de la nueva ecuación energética”. Visiblemente emocionado, el Presidente recordó que “durante la década pasada vivimos la angustia de querer cerrar algo que para los santacruceños y ni hablar para la gente de la Cuenca era vital”. Dijo que cada gobierno, de cualquier signo, trataba de imponer como primer medida de austeridad, cerrar la mina de Río Turbio porque era ineficiente y decían que no servía, acotó Kirchner, quien luego señaló que eso no fue posible “porque hubo un pueblo que de pie y sin bajar los brazos, y con los sueños, pensando en el destino de sus hijos, pelearon con una convicción digna de lo mejor de la Argentina”.

Durante su discurso, Kirchner detalló las obras, que incluyen la construcción de una central térmica y de una línea de interconexión que unirá a la Cuenca Carbonífera con Río Gallegos y con El Calafate y distintas acciones que harán posible que la mina “pueda volver a producir en toda su potencialidad”, al tiempo que reparó en la necesidad de “brindar energía al país para que pueda cambiar, para que haya producción, industria y trabajo”.
“Esos más de 100 años de reserva los vamos a poner al servicio de todos los argentinos”, enfatizó. El Presidente les dijo a los mineros presentes en el acto que son ellos quienes “ van a terminar juntos construyendo la gran historia de todo el pueblo de la Cuenca y de la provincia de Santa Cruz” y consideró que la reactivación de la actividad marca “la victoria del trabajo y la verdad, de la dignidad, del convencimiento de los principios, de no bajar los brazos, del trabajo, el esfuerzo y la solidaridad de las familias de Río Turbio y 28 de Noviembre”.


¿DÓNDE TE FUISTE, AMALIO?

<hr><h2><u>¿DÓNDE TE FUISTE, AMALIO?</h2></u>

Por Amalia
Patagonia Mía
– Puerto Natales –Chile

Parte importante del cariño que se tiene a la ciudad en que habitamos, radica en el hecho de encontrar en ella espacios fuera de nuestro hogar al cual nos guste concurrir; son esos rincones urbanos en que nos sentimos acogidos, en confianza, en nuestra salsa, o como quiera que llamemos al hecho de considerar un lugar nuestro punto de encuentro, la segunda casa.

Sea el cafetín de la esquina, la peluquería, el puesto de diarios, o el almacén del barrio, es la sensación de llegar, saludarse con todos y gozar de algunos minutos de conversación gratis lo que hace la diferencia entre este y otros lugares que frecuentamos en la prisa cotidiana. Así, sin darnos cuenta, el mozo del café puede llegar a ser nuestro compinche, la peluquera nuestra psicoterapeuta, el suplementero nuestro cable a tierra y la señora del almacén, nuestra gran confidente a la hora de estirar el presupuesto hasta fin de mes. Nadie puede vivir sin el consuelo de saber que tiene al menos un lugarcito propio al cual llegar en confianza.

Hay lugares que marcan a fuego la existencia misma de quienes concurren a refugiarse en ellos y, de ese modo, nos encontramos con la camiseta de un club deportivo, tomando sangría en el Centro Español, jugando bingo en un club social, discutiendo de política en un café o dondequiera que nos lleven nuestras inquietudes. Es la sensación de pertenencia la que importa.

Pero ¿qué pasa cuando ese lugar irrepetible simplemente desaparece, dejándonos huérfanos de sensaciones tibias? ¿Qué pasó con los que no entienden qué hace ese hotel estilo alpino donde antes estaba el siniestrado y mítico Tres Pasos? ¿Dónde han debido aplacar su hambre quienes acostumbraban almorzar entrada, segundo, tercero y postre donde don Segundo Alvarado, que subía las viandas en una bandeja con soga? ¿A quién recurren quienes antes iban al Socorros Mutuos?

En algún momento de mi vida, conocí un lugar de esos; simplemente, se desvaneció en la bruma del puerto, como si nunca hubiese existido en esa calle ni tras esas puertas, y sólo fuese producto de una imaginación sedienta de encontrar un lugar ideal que recordar.

Estaba éste en calle Lautaro Navarro, de Punta Arenas, donde ahora hay una agencia de turismo. Había que bajar por Roca, pasando junto al quiosco ídem, doblar a la derecha en la esquina de casa Magri, cruzar unos metros en diagonal y voilá: tenía el nombre “Escandinavia” prolijamente escrito en el vidrio de la ventana, y era un bar – restaurant de frontis angosto y techo altísimo. Al abrir la puerta, los gritos y las risas de los eternos parroquianos que atiborraban la barra al mediodía lo dejaban a uno inmerso en esa atmósfera alegre de conversación y encuentro. En el bar, preparando sangrías, agitando vainas, sacando corchos y gritando más que todos los demás juntos, estaba Amalio, su dueño. Era un español peladito, con el zezeo de la península intacto, a pesar de los muchos años de residencia que lo hacían considerarse un chileno más. Gritón y cálido, no dejaba caminar más de un par de pasos sin dar la bienvenida de corazón. A esas alturas, uno avanzaba por el pasillo de madera con el alma más reconfortada. El olor a lasagna, puchero, fabada y crema de garbanzos colmaban los sentidos y la impaciencia por probar las delicias que Luz, su esposa, había preparado en la humeantísima cocina, hacían la espera mucho más larga de lo que en verdad llegaba a ser. El comedor, separado inútilmente del griterío por una pared que no aislaba para nada del ensordecedor ruido, estaba decorado por bandadas de pajarillos de hojalata negra, cuadros con damitas chinas y espejos. Todo impecable. Se comía a cuerpo de rey y jamás se salía de allí sin haber tenido el honor de la compañía de Amalio o Luz en la mesa, en la que abundaba en pan calentito y se tomaba crema de puchero con unas cucharas grandotas y contundentes.

Nunca estuvimos seguros de cómo llegaron a Chile. Parece que fue a bordo del Winnipeg, pero no hay certeza. Lo que sí es cierto es que, un día cualquiera, decidieron que ya estaba bueno de tanto griterío, puchero y deslome. Así, vendieron el local para retirarse a descansar en un departamento en Viña del Mar, con dirección que jamás conocimos. Los habitués de toda la vida, ahora huérfanos de barra de mediodía, se fueron a gritar por un tiempo al restaurant Asturias, pero con los años fueron sutilmente desalojados, por tanto se eliminó el bar y su presencia resultó fuera de lugar. Allí les perdí la pista; como el tiempo ha pasado raudo y, por aquél entonces, muchos eran ya bastante viejos, me imagino que se encuentran juntos en algún lugar entre el aquí y el nunca jamás, con Amalio presidiendo la mesa, alzando una copa de jerez.

Ahora saben el por qué de mi nombre.