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MIRANDO AL SUR - augusto alvarado


DÍA DE LA CONFRATERNIDAD ANTÁRTICA

<hr><h2><u>DÍA DE LA CONFRATERNIDAD ANTÁRTICA</h2></u>

Por Marambio Aq
Argenpress
- 21/06/2005

El día 21 de junio, que es el más corto del año y comienza el Invierno en el hemisferio sur, se conmemora el 'Día de la Confraternidad Antártica'.

En algunas Provincias del país, como la de Buenos Aires, se ha incluido esta fecha en el Calendario Escolar, fijándose como objetivo, promover la difusión y toma de conciencia con respecto a la importancia de la presencia de nuestro país sobre el territorio Antártico.

En ese día, los rayos solares caen perpendiculares a la línea situada en el Trópico de Cáncer, situado a los 23º 27' de latitud norte (allí el sol está en cenit al mediodía).

En ese momento los rayos solares rasan el suelo en un punto situado en el Circulo Polar Antártico; al sur de este círculo que está a los 66º33' de latitud sur, toda la zona polar queda sumida en la sombra.

La noche dura allí 24 horas y por el contrario en la zona boreal, situada más allá del Circulo Polar Artico en la misma latitud, pero del norte, queda iluminada 24 horas y no hay noche.

Para aquellos que han prestado y prestan servicios en Dotaciones Antárticas Anuales, es decir que permanecen un año en el Continente Antártico, el día 21 de junio es muy significativo, porque a partir de ese momento que se inicia el invierno, ellos comienzan a ser 'Antárticos'.

Esto está contemplado en la Ley Nº 25.433 del 16-jul-2001 (Boletín Oficial Nº 29.689), por la cual se autoriza al personal militar y civil de las Fuerzas Armadas y civil dependientes de la Dirección Nacional del Antártico-Instituto Antártico Argentino, que ha realizado o realizará una o más campañas invernales en alguna de las Bases Antárticas que la Nación sostiene en el territorio Antártico Argentino y que se encuentren registrados ante la Asociación Polar 'Pingüinera Antártica Argentina', quedará una vez que dejen el servicio activo, autorizados a agregar al grado y/o título que revisten, la expresión 'Expedicionario al Desierto Blanco'.

El Antártico Argentino, que invernó por primera vez en la historia en la Antártida, es el entonces Alférez de Navío D. José María Sobral, quién permaneció en esas gélidas latitudes durante dos años consecutivos.


HUGO CHÁVEZ

<hr><h2><u>HUGO CHÁVEZ</h2></u>

Conferencia magistral en el Congreso de Paraguay:
'Yo soy socialista y creo que el único camino para salir del subdesarrollo,
la miseria y el atraso en que están nuestros pueblos, es el socialismo'



Argenpress - 21/06/2005

“Tenemos que inventar nuestro propio modelo político, económico y social. Todo es posible con la moral repotenciada de los pueblos. El capitalismo es el demonio.

El presidente de Venezuela, Hugo Chávez Frías, desde el Salón Bicameral del Palacio Legislativo de Asunción, donde dictó este lunes una conferencia sobre la Integración Latinoamericana y Caribeña, invitó a los latinoamericanos a debatir el tema del socialismo del siglo XXI, sistema político y económico que considera la única vía para salir de la situación de miseria en que están los pueblos de la región.

En su disertación el Jefe del Estado venezolano caracterizó al modelo capitalista impuesto por el imperialismo como 'el demonio', por lo que dijo que se ha atrevido a plantear a sus coterráneos discutir la tesis del socialismo, 'como ahora invito a los latinoamericanos' a pensar en esas ideas.

'Es un debate. Yo soy socialista y cada día creo con mayor firmeza que el único camino para salir de la situación de subdesarrollo, de miseria y de atraso en que están nuestros pueblos, es el socialismo. No creo que haya otro camino', enfatizó.

Señaló que su propuesta no se trata de copiar modelo alguno, sino de inventar el socialismo del siglo XXI. 'No debemos caer en el error que ya señalaba el Che por los años 60, ese infinito hombre del Paraná, cuando criticaba la copia de los modelos; o como Simón Rodríguez quien decía por estas mismas tierras del sur, que la América Meridional no debería seguir copiando modelos; originales decía él deben ser nuestras formas de gobierno y de vida'.

'Inventemos un socialismo acoplado a nuestra historia, costumbres y realidades. Alimentado, por ejemplo, por las experiencias del Paraguay de los Comuneros y muchas otras', agregó el mandatario venezolano ante los parlamentarios paraguayos.

Explicó que el socialismo que plantea conlleva a colocar lo social por delante y no el capital, así como velar por los verdaderos derechos humanos, 'no los que pregonan con tanta hipocresía los fariseos del Pentágono y la Casa Blanca'.

Todo es posible con la participación de los pueblos.

En otra parte de su discurso el presidente Chávez dijo que Venezuela quiere cada día estar en mejores condiciones para extender los brazos amigos a los pueblos hermanos.

Relató que esfuerzos como el que ha hecho el Gobierno Bolivariano para terminar con el analfabetismo a través de la Misión Robinson, quisiera compartirlos con todos nuestros pueblos.

'Ese es un ejemplo de lo que modestamente en Venezuela estamos haciendo y pudiéramos extenderlo por el continente. Dar una verdadera batida contra el analfabetismo, en todos lados y yo creo que en 5 años pudiéramos decir que América Latina en ese caso sería territorio libre de analfabetismo. Con la participación de los pueblos todo es posible, con la moral repotenciada de los pueblos todo es posible'.


LOS CAMINOS DE AMÉRICA LATINA

<hr><h2><u>LOS CAMINOS DE AMÉRICA LATINA</h2></u>

Por Enrique Lacolla
La Voz del Interior
– Córdoba – Argentina
19 de Junio de 2005

La semana anterior, en la nota dedicada a la crisis de Bolivia, poníamos énfasis en el riesgo que suponen las pulsiones centrífugas que tironean a aquel país.

Se trata de un grave problema, pero cuya peligrosidad no está sólo en el hecho en sí, sino en la compleja articulación en que se presenta. Lo que está en juego es el destino boliviano, pero también el del incipiente emprendimiento unitario de Sudamérica, esbozado en la Comunidad Sudamericana de Naciones (CSN).

En efecto, si el futuro está abierto a la formación de un bloque regional que sea capaz de alternar en el mundo globalizado, también es verdad que su configuración puede asumir formas muy diferentes, que van desde una integración bolivariana o sanmartiniana, que construya a la región como un espacio sociopolítico autónomo, a la primacía de la principal de las naciones que lo componen, Brasil, o a la dispersión de los pueblos sudamericanos en una suerte de neonaciones que prolongarían la balcanización que nos aflige, en términos aún más deprimentes que los actuales. Es decir, a través de la conformación de subregiones agrupadas por los etnicismos o por el privilegio económico que algunas disfrutarían respecto de otras.

En este encuadre, son perspectivas posibles una república andina aymara y quechua, que se elevaría por encima de los actuales límites de Bolivia y Perú; una República de Santa Cruz de la Sierra; una República de la Patagonia y quién sabe si un contralor internacional de la Amazonia.

Perspectivas posibles, desde luego, no significa que sean probables, pues se puede estar seguro de que Brasil, por ejemplo, no consentiría semejante amputación de sus atribuciones territoriales. Pero la tendencia existe y es fogoneada de muchas maneras, desde las más discretas a otras que no lo son tanto, por personeros locales del imperialismo y por mensajes subliminales que se emiten en ciertos medios de comunicación.

¿Se ha reparado, por ejemplo, en la frecuencia con que los documentales televisivos de origen europeo o norteamericano usan el término “Patagonia” como un vocablo en sí mismo, haciendo abstracción de la nación argentina que la incluye?

El valor de un nombre

Como alguien señalara en otra parte, las discrepancias en torno del nombre que debía llevar la declaración fundacional de la Comunidad Sudamericana de Naciones indicó la existencia de tendencias sutilmente contrastantes respecto del proyecto que ésta involucra.

Al principio, se había proyectado llamarla Declaración de Ayacucho, pero se terminó designándola como Declaración de Cuzco.

La disputa etimológica puede esconder contenidos muy concretos. Cuzco implica imponer una nota donde lo dominante es el indigenismo precolombino, mientras que Ayacucho hubiera implicado una reconexión directa con lo más ejemplar de la historia iberoamericana: la victoria de los pueblos del subcontinente en una batalla donde se integraron alrededor de la bandera de la soberanía y los derechos humanos, en la perspectiva democrática y moderna de las luchas paridas por la Revolución Francesa.

Los indigenismos remiten a un pasado superado y son susceptibles de ser instrumentados. Aunque se deben sostener sus legítimas reivindicaciones en favor de sectores postergados de manera infame a lo largo de siglos, su presencia política no puede aislarse del resto de las comunidades iberoamericanas. Y mucho menos si su emergencia “revolucionaria” va acompañada de una desconexión lingüística y cultural del resto de América latina.

El nuevo siglo está lleno de arenas movedizas. Los grandes rediseños el mapa están a la orden del día. La ex Yugoslavia, el Cáucaso, Asia central, son casos demostrativos de la inestabilidad de todo y de la existencia de un plan maestro para desintegrar cualquier cosa que pueda oponerse a la globalización, tal como se la entiende en el mundo desarrollado.

Hay que construir el bloque regional para contrarrestar esas tendencias. Pero no podrá ser un bloque regional débil, escindido en partículas que no se comunican o donde se establecen dependencias internas, sino un bloque compuesto por naciones que acuerdan mutuamente sus políticas de desarrollo. De lo contrario, nos encontraremos sometidos a la hegemonía norteamericana o al interés de Brasil, tal vez capturado por el sueño de ejercer una especie de hegemonía subordinada.

Mucho –o todo– dependerá del signo ideológico que nuestros países sean capaces de darse. Socialista, en el sentido amplio del término, no sería una mala palabra.


CEREMONIAS

<hr><h2><u>CEREMONIAS</h2></u>

Por Aristóteles España

Jaime Huenún (Valdivia, 1967), es un poeta Mapuche Huilliche que obtuvo el Premio Pablo Neruda el año 2003. Autor de una valiosa obra, sus poemas intentan recuperar la memoria histórica de su pueblo desde la invasión española de 1793 hasta nuestros días. Su mundo está dotado de elementos culturales producto del mestizaje. Su libro “Ceremonias” (Editorial Universidad de Santiago, 2004) da cuenta de los bosques de la Gran Tierra del Sur, y construye un gran canto ceremonial con los árboles sagrados; al viento de montes y espesuras con olor a mar y mañanas.

Los poemas de Huenún tienen esa singularidad. El aire fresco de la Mesa de Piedra, la luna frente al brasero de sus días de infancia en la ciudad de Osorno. De alguna manera, rinde homenaje a César Vallejo y Pablo Neruda en los tonos melancólicos y en la adjetivación para poblar su cántico de imágenes sencillas, y diáfanas. Su prologuista el poeta y académico de la Universidad de los Lagos, Sergio Mansilla, dice: “He aquí un libro que no hace concesiones a los estereotipos etnoculturales. Testimonio sí es del mirar lúcido que ve la significación profunda que yace en las ceremonias: lo poderosamente vital contenido en las formas exteriores y regulares de un culto”.

Particularmente emotivo es su homenaje a las víctimas de la matanza de Forrahue de 1912 en que Carabineros masacraron un villorrio de su pueblo en el sur de Chile. En su texto “Cisnes de Rauquemó” habla de su búsqueda junto a los suyos de yerbas medicinales en la pampa (limpiaplata, poleo, hierbabuena, llantén) junto a un sol violeta, se escarchaban los pastos. Bajaba el Rahue oscuro –dice- ya sin lumbre de peces.

“Ceremonias” es también una metáfora del Chile actual, un canto de amor mientras sus hermanos desposeídos llegan a los lugares periféricos de la Gran Ciudad buscando oportunidades para mejorar su calidad de vida mientras en Temuco y sus alrededores encarcelan a los Longos que desean recuperar sus tierras para poder vivir con dignidad y libertad.

Sus versos tienen el grato olor de las cocinas a leña mientras se comparte el “nütram” conversación mapuche huilliche que entrelaza retazos de mitos, recetas medicinales e historias de parientes y vecinos vivos y difuntos. Cuando se lee este libro se siente la ritualidad de su universo personal, sus amigos que queman hojas de ruda y de canelo para descargar su casa de maldades y brujos.

Jaime Huenún estudió Pedagogía en Castellano en el Instituto Profesional de Osorno y en la Universidad de La Frontera de Temuco. En 1996 y 1997 obtuvo financiamiento del Fondo de Desarrollo de las Artes y la Cultura para sus proyectos de escritura poética “Ceremonias” y “Viajes al país de los manzaneros”. Fragmentos de su poesía se han publicado en revistas y antologías entre las cuales se cuentan “Cartas al azar” (Muestra de poesía chilena, Editorial Ergo Sum, Santiago, 1989): “Zonas de emergencia” (Editorial Páginadura, Valdivia, 1994); “Ül: four mapuche poets”, muestra de poetas de origen mapuche publicado por las editorial “Americas Society” y “Latin American Literary Rewiew Press, Nueva York, 1998. En 1999 obtuvo la beca para escritores del Consejo Nacional del Libro. Ese mismo año obtiene el primer premio en el concurso nacional “El joven Neruda” organizado por la Municipalidad de Temuco con su libro “Puerto Trakl” que publicó el año 2001.

Actualmente dirige la revista “Pewma” (El sueño), ejerce la docencia en la ciudad de Freire en la IX Región de Chile e imparte talleres de expresión poética en Temuco.


BOLIVIA: ESPEJO DE AMÉRICA LATINA

<hr><h2><u>BOLIVIA: ESPEJO DE AMÉRICA LATINA</h2></u>

Habla Andrés Soliz Rada
(Ex senador boliviano)

Presentación del libro


JORGE ABELARDO RAMOS
y a Unión Sudamericana



de Andres Soliz Rada

Presentan

Alberto Guerberof

Alberto Buela

Enrique Oliva


Jueves 30 de Junio 19:00 hs.

Salón Felipe Vallese - CGT

Azopardo 810



CONVOCAN:

CAUSA POPULAR

INSTITUTO MALVINAS

EDICIONES CAMINOPROPIO


LA LEGIÓN DEL TERROR

<hr><h2><u>LA LEGIÓN DEL TERROR</h2></u>

Luis Posada Carriles

Por Ángel Guerra Cabrera
Argenpress
– 16 de Junio de 2005

La entrada en Estados Unidos y renuencia de sus autoridades a aplicar la ley al terrorista Luis Posada Carriles está trayendo consecuencias muy comprometedoras para Washington. El adalid mundial de la 'guerra contra el terrorismo' quedará expuesto como el más grande promotor del terrorismo de Estado en la historia universal pese a los enormes recursos propagandísticos dedicados a fomentar la imagen contraria. La actitud complaciente de George W. ante Posada ha insertado de nuevo en el debate público algo que la maquinaria mediática alguna vez informó de manera inconexa y parcializada pero sepultó hace tiempo en el cajón del olvido: la transnacional del terror articulada por Washington para mantener y ampliar su hegemonía en el mundo. Hiroshima y Nagasaky no se borran de un plumazo.

Gran parte del componente latinoamericano y caribeño de este rompecabezas pudo ser armado con los relatos escuchados en el reciente Encuentro Internacional contra el Terrorismo, por la Verdad y la Justicia, celebrado en La Habana. Obviamente, se habría necesitado de bastante más de tres días para que todos los asistentes ofrecieran sus testimonios y opiniones, atando más cabos sueltos de esta historia escrita con sangre.

El derrocamiento del presidente Jacobo Arbenz y su estela genocida que segó cerca de doscientas mil vidas. La Operación Cóndor, montada por la CIA y las dictaduras militares de América del sur que llevó a la muerte a decenas de miles de activistas, sindicalistas, militantes revolucionarios e intelectuales de Argentina, Chile, Uruguay, Paraguay, Bolivia y Brasil. El papel del gobierno de Estados Unidos en la autoría del golpe de Estado contra el gobierno de Salvador Allende, así como en el baño de sangre que le siguió. La guerra sucia contra los movimientos revolucionarios centroamericanos y la Nicaragua sandinista. Las invasiones yanquis a República Dominicana, Granada y Panamá. La contrarrevolución (anti)cubana de Miami como brazo ejecutor continental de represión, atentados terroristas y operaciones encubiertas de la CIA, que llegaron hasta el Congo y Vietnam.

Así, Posada Carriles, autor de la voladura de un avión civil cubano, ligado a la represión en Venezuela, El Salvador, Argentina y Guatemala y responsable de abastecer a la contra nicaragüense pudo ser visto no como individualidad sino como integrante de una legión internacional del terror entrenada, organizada y financiada por la CIA no sólo para actuar contra Cuba, sino donde Estados Unidos lo requiriera. Tirando los hilos tras Pinochet, Videla, Stroessner, Banzer y Figuereido fueron saltando a escena Ronald Reagan, George H. W. Bush(padre), Henry Kissinger y John D. Negroponte. En fin, los estrechísimos vínculos de la familia Bush con la mafia (anti)cubana, que alcanzan a los vástagos George W. y Jeb, el uno presidente de Estados Unidos y el otro gobernador del estado de Florida.

Es por eso que los reunidos en La Habana decidieron constituir un tribunal internacional civil para juzgar estos crímenes y acusar como máximos responsables de ellos a la ilustre nómina de personeros del imperio antes citada. Y es que los sistemas judiciales establecidos han demostrado su incapacidad para someter a proceso a los causantes de la eliminación física en nuestra región de casi toda una generación de luchadores sociales y revolucionarios. La prueba más reciente de ello es la farsa judicial escenificada en el caso de Posada Carriles, cuya detención fue llevada a cabo sólo después de casi dos meses de su entrada ilegal en Estados Unidos gracias a las vigorosas denuncias de Fidel Castro y a la solicitud de extradición presentada por Venezuela.

Mientras tanto, y hasta que Posada compareció ante la prensa, las autoridades de ese país decían desconocer su paradero e incluso llegaron a negar que estuviera en su territorio. Ya detenido, sólo se le acusó de inmigrante ilegal y en la primera vista del juicio de migración celebrada en El Paso, Texas, ni siquiera se mencionó la solicitud venezolana de arresto provisional acorde al tratado de extradición vigente entre los dos países. Está en Washington una delegación de la Asamblea Nacional de Venezuela que entregará de nuevo a sus pares estadounidenses la solicitud de extradición, ahora contentiva de un voluminoso expediente, ya remitida por su cancillería al Departamento de Estado. El proceso de Posada parece tomar un sendero de dilaciones que, mientras más largo, más hundirá en el pantano a Bush, el cruzado.


DE ROSTROS Y DE MÁSCARAS

<hr><h2><u>DE ROSTROS Y DE MÁSCARAS</h2></u>

Por Pedro Godoy
CEDECH


No es fácil en política, a veces, distinguir la diferencia entre la cara y el disfraz. Se trata de una comedia de equivocaciones no siempre grata. Hoy los vascos -específicamente minorías fundamentalistas- ante una España perpleja se proclaman nacionalistas. Es, la máscara, tras ella está el regionalismo secesionistas, dicho de otro modo, suplantar la identidad macro por otra micro. Nada más españolísimo que las provincias vascongadas, pero el chauvinismo comarcano es potente. Ya se vió al momento de la Independencia de nuestra América, cada provincia hispana de Ultramar se emancipa respecto a Madrid y se escinde en relación a las vecinas. Ese fue "el laberinto del general" a que alude Gabriel García Márquez.

En Bolivia ya surgen "etarras" domésticos que se proponen defender la "nación camba" de los invasores "coyas"... Eso significa que el disfraz "nacionalista" vuelve a cubrir el rostro del separatismo, es decir, de la balcanización. 15 millones de nuestros paisanos sonríen y muy orondos sentencian: "Bolivia no es un Estado viable", pero no consideran que en la VIII y IX Regiones fermenta el afán de autoderminación de la nacionalidad mapuche. Bastaría un incidente tipo Kosovo y un poco ducho político santiaguino –quizás graduado en el Grange o en el Saint George- que señale como terapia adecuada "la limpieza étnica" para que intervenga arma en mano una fuerza equivalente a la OTAN.

Entonces tendremos otra tormenta de viento blanco como en Antuco y el "Ejército siempre vencedor y jamás vencido" -ese que se moderniza en la cabeza con sofisticados equipos que constituyen un despilfarro mientras sus conscriptos carecen de parkas térmicas- tendría que inclinarse porque su poder de fuego es insuficiente. Peor aun, tendremos que aceptar una República de Arauco así como España su República de Euzcadi y Bolivia su República de Santa Cruz y hasta el emirato de Tarija. Imagino que nuestros uniformados saben que los imperialismos operan -respecto al III mundo- fomentado la desmembración. Si lo olvidaron, por favor, recuérdenlo. Lo importante es no confundir rostros con máscaras.


UNA FECHA PARA RECORDAR

<hr><h2><u>UNA FECHA PARA RECORDAR</h2></u>

16 DE JUNIO DE 1955


Por Enrique Lacolla
Córdoba (Argentina) – Junio de 2005

Hay fechas que son hitos en la historia de un país porque dan cuenta, de pronto y con un gran aporte de elementos dramáticos, de un cambio que ha estado produciéndose en el substrato social. Y también hay otros, no menos intensos, que expresan una reacción desenfrenada y a veces feroz contra ese mismo cambio.

El 17 de octubre de 1945 fue representativa de la primera de esas instancias. Y el 16 de junio de 1955 resultó abrumadoramente expresiva de la segunda.

El 17 de octubre marcó la irrupción del proletariado urbano y de amplios sectores de la clase media en la generación de los actos de gobierno de una nación que, desde 1930, había visto su vida política mediada por el fraude o por las intervenciones militares.

El 16 de junio implicó el comienzo de una brutal regresión que sirvió de puente entre la ferocidad de las guerras civiles del siglo XIX y el régimen derogador de la voluntad popular que se extendió, casi sin interrupciones, hasta 1983.

Una historia de traiciones

La historia del 16 de junio es bien conocida por quienes eran adultos en ese tiempo, pero las jóvenes generaciones no se la representan cabalmente. No estará de más trazarla en sus grandes rasgos, por lo tanto.

El segundo mandato del general Juan Perón, salido de unas elecciones irreprochables que lo ungieron con una clara mayoría, soportaba los embates de una oposición que se cebaba en los obvios defectos de un régimen afligido por cierta deformación autoritaria, que rechazaba el disenso y daba muy poco o ningún espacio para la expresión de éste. Esa oposición, sin embargo, no expresaba sólo esta impaciencia “ética”, sino que, a sabiendas o no, era la punta de lanza de un introyectado resentimiento de clase y de una conspiración oligárquico-imperialista que apuntaba a demoler el gobierno popular no por sus defectos, sino por sus virtudes.

Entre estas se contaban el establecimiento de una política exterior independiente, una fuerte industrialización, una regulación ponderada de la economía de parte del Estado y, lo último pero no lo menos importante, la difusión de la justicia social, que por primera vez convertía a la Argentina en una sociedad de veras inclusiva y ponía a sus capas más pobres en capacidad de proyectarse hacia el estrato poblacional inmediatamente superior a su condición. La movilidad social, que siempre había existido en el país, pero a una escala y a un ritmo mucho más limitados, se había convertido por fin en un factor esencial de democratización.

El resentimiento de los sectores dominantes ante estas modificaciones y el disgusto que causaban, en un arco más vasto de la opinión, la mediocridad y las manifestaciones de servilismo que muchos de los miembros del entorno del poder tenían hacia su titular, difícilmente hubieran podido generar, por lo tanto, las condiciones para un estallido si no se hubiera dado, por añadidura, un gratuito conflicto con la Iglesia, ornado por el estilo destemplado de Perón, que tornó volátil el ambiente.

En ese marco, una conspiración cívico-militar desencadenó, poco antes del mediodía de una fría mañana de invierno, lluviosa y con nubes bajas, un ataque contra la sede del Poder Ejecutivo que buscaba, sin lugar a dudas, la eliminación física del Presidente, sin cuidarse de lo que hoy se llaman “daños colaterales”. Formaciones de aviones de la Armada y luego de la Fuerza Aérea –una vez que la base de El Palomar fue copada por insurgentes–, bombardearon el centro de Buenos Aires sin previo aviso y buscando hacer blanco en la Casa Rosada.

La matanza fue espantosa, en especial entre los civiles que concurrían a sus tareas cuando los sorprendió el ataque. La reacción de las formaciones militares leales y la participación popular abortaron el alzamiento, al detener el avance de la infantería de marina y luego rendir el ministerio de esa fuerza armada, pero el saldo de la jornada fue terrible: no menos de 350 muertos y un millar de heridos.

La intentona se constituyó en el prolegómeno de la llamada Revolución Libertadora, que tres meses más tarde derrocaría al gobierno constitucional y abriría un capítulo de la historia argentina connotado, más allá de algunos altibajos, por un persistente desorden, por la supresión de la voluntad popular y por la inversión de las líneas maestras que habían ido marcando el ascenso de la Nación y que, a pesar de los defectos del régimen peronista, este había perfeccionado al ampliar la participación popular y al poner esas coordenadas en una incipiente dimensión latinoamericana.

Líneas de sangre

El 16 de junio trazó una línea de sangre en la historia argentina, que se profundizó al año siguiente al producirse el fusilamiento de muchos militantes y militares peronistas que intentaron revertir las tornas con el alzamiento del general Juan José Valle, ejecutado en esa ocasión.

Nada volvería a ser igual después y no hay que preguntar mucho acerca de las raíces de la violencia subversiva y de la oleada de salvajismo que la sucedió: sus datos estaban inscritos en la bestialidad del alzamiento del 16 de junio del ‘55 y en la represión del ‘56.

Ahora bien, no deja de ser tentador percibir al episodio del que esta semana se cumplen 50 años, en la proyección de la historia argentina. Porque, aunque no se desee verla y aunque el conformismo bienpensante de la historia oficial tienda a excluirla de sus evaluaciones, el ejercicio indiscriminado de la fuerza es una constante de nuestro pasado. Los años de las guerras civiles y de la organización nacional estuvieron puntuados por hechos de enorme violencia, y los sectores económicamente mejor dotados, que en suma fueron los que configuraron el país a la medida de su conveniencia, no fueron los menos propensos a ejercerla.

Pero hacia 1870 esa violencia elemental comenzó a remitir. Hubo aun dos episodios muy sangrientos, la revolución de 1880 que redundó en la capitalización de Buenos Aires (en su nacionalización, digamos) y la de 1890, pero ya fueron hechos en los cuales la contienda se dirimió en términos de conflicto reglado, respetando ciertas normas elementales y sin proceder a tomar venganza contra los vencidos.

A partir de allí el país se estructura en torno a normas sólidamente pautadas aunque no siempre muy justas, pero reconocidas como referentes por la sociedad en su conjunto. Si bien menudearon las revueltas cívico-militares, no se asistió a hechos de sangre de gran magnitud y, una vez dirimido el pleito, a los vencidos siempre se les otorgó la gracia.

Esta situación, con alzas y bajas, se consolidó y permaneció vigente hasta el 16 de junio de 1955, cuando la revulsión que el cambio en marcha suscitaba en algunos sectores, se exteriorizó en una salvajada de la que no había ejemplo en la historia argentina reciente.

El 16 de junio representó el choque entre dos tendencias opuestas: la de un país en gestación y la de una teoría conservadora que se oponía a éste. Fue el indicio o, mejor dicho, el síntoma claro, de los tiempos que se avecinaban. Y no hay duda de que, en ese combate, la segunda tendencia se ha impuesto, hasta ahora, a un costo catastrófico en vidas y en materia de desequilibrio social.

La única ventaja que cabe deducir del tiempo transcurrido, es que la lección que dejó esa terrible experiencia se erige hoy en un obstáculo que hace difícil repetirla. Pero para que esa memoria persista se hace preciso exhumarla de vez en cuando.

Los 50 años del más brutal atentado terrorista que sufrió la Argentina son una ocasión propicia para hacerlo
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