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MIRANDO AL SUR - augusto alvarado


BOLIVIA: ABISMOS Y PUENTES

<hr><h2><u>BOLIVIA: ABISMOS Y PUENTES </h2></u>

Por Andrés Soliz Rada

Bolivia nació en 1825 con una “falla geológica”, al privar de derechos ciudadanos al 90% de su población integrada por quechuas y aimaras. La exclusión se agudizó en la segunda mitad del Siglo XIX y en las primeras décadas del Siglo XX, con el asalto oligárquico a las tierras comunitarias indígenas. La revolución de 1952, decretó el voto universal, la nacionalización de las minas y la reforma agraria, suprimió la servidumbre campesina e impulsó la migración quechua-aimara al oriente boliviano. Sin embargo, la reforma agraria no afectó a los latifundios en Santa Cruz de la Sierra, los que más bien se incrementaron con la distribución gratuita de tierras a cargo de dictaduras militares. Varios de los nuevos terratenientes tienen apellidos croatas y libaneses, compañeros de menonitas y japoneses.

Los racistas no ocultaron su desprecio por los indígenas. “El indio incaico es sombrío, asqueroso, huraño, prosternado y sórdido”, decía el escritor cruceño Gabriel René Moreno. “La clase letrada y cristiana siente por los aimaras un grande horror… yo los he contemplado desde mi niñez con espanto por la humanidad”, anotaba el presidente cochabambino Mariano Baptista. “Los indios son seres inferiores y su eliminación no es un delito sino una selección natural”, apuntaba el presidente paceño José Manuel Pando. “El indio es apenas una bestia de carga, miserable y abyecta, a la que no hay que tener compasión y a la que hay que explotar hasta la inhumanidad y lo vergonzoso”, manifestaba el ex presidente, también paceño, Bautista Saavedra.

Semejante racismo engendró el fundamentalismo indigenista del escritor Fausto Reinaga, que tuvo su expresión política en el dirigente del Movimiento Indígena Pachacútec (MIP), Felipe Quispe, quien, en el 2001, exigió la vigencia de una República Aimara. Ese abismo se acentuó por el regionalismo de varios latifundistas de origen croata y libanés. Los remezones de la falla geológica explican en parte la conmoción social que vive Bolivia.

Como ninguna cultura o formación social es estática, los 330 años de coloniaje hispano y los 180 años de vida republicana generaron un mestizaje, que pone en apuros a los dogmáticos. Una reciente investigación sociológica no pudo diferenciar a los mestizos de los indígenas urbanos, que ahora son la mayoría del país. Después de 1952, la migración de quechuas y aimaras alcanzó a todo el país, de manera que no existe un lugar de la geografía nacional en el que no se hubiera producido una simbiosis cultural irreversible. Hoy en día, la primera lengua de los niños indígenas ya no es el quechua, el aimara o el guaraní, sino el castellano, que unifica al país y vincula a Bolivia con América Latina. Es obvio que una Bolivia regional y étnicamente fragmentada no podrá defender sus recursos naturales y sobre todo el gas que tanto apetecen las petroleras y las oligarquías de los países vecinos. Así lo advirtió el quechua Liborio Uño, en su lúcido libro “El Nacionalismo en los Andes”.

Si aimaras, quechuas, cambas, guarayos, chapacos, amazónicos y mestizos conforman la nación oprimida, es obvio que sólo la nación oprimida podrá recuperar la riqueza minera y petrolera enajenada a transnacionales. Gonzalo Sánchez de Lozada GSL) dictó, en 1997, el Código de Minería más liberal del Cono Sur. Sin embargo, las inversiones mineras llegan a Perú, Chile o Argentina, pero no a Bolivia. El hecho se debe a que GSL y sus dos o tres socios sabotean la refundación de la Corporación Minera de Bolivia (COMIBOL) y espantan a capitales que podrían hacerles competencia, ya que han planificado la explotación minera para su exclusivo beneficio. La Empresa Coeur d’Alene Mines, que explotará las colas y desmontes de plata del Cerro de Potosí (proyecto “San Bartolomé”), tuvo que recurrir a la embajada de EEUU para romper el veto del “gonismo”, aliado a la inglesa Rio Tinto Zinc, al delincuente internacional Mark Rich y al multimillonario George Soros.

Los 100.000 millones de dólares en reservas de gas y petróleo que tiene Bolivia serán saqueados al igual que la plata, el oro, la quina, el caucho y el estaño. Nada cambió con la última Ley de Hidrocarburos impulsada por el Movimiento al Socialismo (MAS) de Evo Morales. La necesidad de transformar el aciago destino nacional, pero sobre todo de indígenas y mestizos, es más urgente que nunca.


ADIÓS A JONÁS

<hr><h2><u>ADIÓS A JONÁS</h2></u>

Por Aristóteles España

Jaime Gómez Rogers (Santiago, 1940 – 2005) falleció en el mes de marzo del presente año en la localidad costera de El Tabo, donde residió durante más de 25 años junto a su esposa Vania Escobar. Autor de una valiosa obra, obtuvo el Premio “Alerce” en la década del 60.

Pocos días antes de su deceso nos hizo su llegar su último libro “Entre el silencio y la lluvia” (Ediciones Alta Marea, El Tabo, 2004), donde vuelve a redescubrir los temas de su mundo poético: la soledad, el mar, la naturaleza, las aves. Su seudónimo (Jonás) lo acompañó desde muy joven en sus labores académicas y casi toda su obra está firmada de esa manera.

Su libro contiene, además, homenajes a los poetas que influyeron en su formación como Jorge Luis Borges, Walt Whitman, Pablo Neruda, Pablo de Rokha, Gabriela Mistral, Vicente Huidobro. Sus imágenes tienen la fuerza de las olas del literal del centro de Chile el que recrea con sus vientos y las furias de los largos inviernos donde el poeta se concentraba para escribir sus ensayos, cuentos, poemas, que divulgaba posteriormente en su revista “Altamarea” que distribuía por correo en Santiago, Lima, Valparaíso, Concepción, Nueva York, Buenos Aires.

Tuvimos la oportunidad de conocerlo en 1980 en el Bar La Unión Chica, junto a Jorge Teillier, Rolando Cárdenas, Alvaro Ruiz, Ramón Díaz Eterovic, Enrique Valdés. Llegaba con sus revistas y libros para dejarlos en librerías, diarios. Solíamos visitar tiendas de antigüedades, conseguir libros antiguos, y en más de una oportunidad lo visitamos en su hogar. Fuimos a Isla Negra, Valparaíso, a participar de eventos, recitales, presentaciones de libros. En uno de sus últimos poemas titulado “La casa” dice que su hogar palpita como las algas y que los silencios son más fuertes que los gritos. Era su despedida, sin duda. Más de una vez lo escuchamos hablar de la muerte, otro tema recurrente en su producción literaria.

Jonás publico “Deshojándome” (1962); “La fuga de Sebastián” (1966); “Diálogo para dos movimientos” (1967); “El circo” ( 1971); “Oración del niño que crecía” (1973); “El jardín de las palabras” (1976); “Signos” (1978); “Tierra madre” (1980); “El corazón enterrado” (1985); “Carta a un poeta” (1985); “Diccionario cabal” (1986); “Adiós a la ciudad” (1989); “Entonces vino el mar” (1989); “El ángel de la orilla” (1991); “Poetas” (1993); “Raíces tabinas” (1993); “Espíritu del valle” (1994); “El huerto en la montaña” (1996); “Bitácora” (1999); “Piedra del trueno” (2000); “Entre el silencio y la lluvia” (2004). Sus textos fueron traducidos al inglés y francés. Durante 25 años dirigió “Altamarea”, una revista imprescindible de la literatura chilena contemporánea.


LAS LECCIONES QUE DA BOLIVIA

<hr><h2><u>LAS LECCIONES QUE DA BOLIVIA</h2></u>

Por Enrique Lacolla

Hay en la crisis boliviana una muestra de afirmación popular que requiere ser oída. Es hora de hacerlo.


La política, y el curso histórico que después la resume, no son un asunto fácil. En especial cuando se trata de fraguar cambios revolucionarios, dando una forma a una agitación creciente y que demanda una salida.

Es sin duda conmovedor ver a los indígenas de El Alto y a los mineros bolivianos bajar al centro de La Paz reclamando la nacionalización de los hidrocarburos –única palanca que puede financiar el desarrollo del país del altiplano– y la convocatoria a una Asamblea Constituyente, en el marco de una situación límite en la cual el gobierno se tambalea, el Oriente profundiza su pretensión autonomista y merodean los rumores de golpe militar, al que se le asignan los signos ideológicos más distintos, desde el chavismo de izquierda al reaccionarismo de derecha cocinado en la Escuela de las Américas y fogueado en la represión antipopular.

La intransigencia del pueblo en la calle, de la que se hace vocera la COB (Central Obrera Boliviana) es hasta cierto punto morigerada por Evo Morales, la cabeza más visible del movimiento popular, quien acepta la ley de hidrocarburos tal como ha sido votada por el Congreso –pero hasta ahora resistida por el Presidente Carlos Mesa–, al cual sin embargo Morales sostiene en su pretensión de mantenerse en el cargo hasta completar el mandato de Gonzalo Sánchez de Lozada, de quien Mesa fuera vicepresidente y cuya investidura asumió cuando la rebelión popular arrojó a aquel de su sitial en octubre de 2003.

No faltan quienes tildan a Morales de vacilante o traidor por esta posición aparentemente contradictoria, mientras otros, por el contrario, lo señalan como la primera causa del desorden y solicitan poco menos que su cabeza.

Se diría sin embargo que la posición del dirigente cocalero es sensata y la única posible, por el momento, en la caótica situación que se ha producido. ¿Cuáles son las garantías, en efecto, de que si naufraga el gobierno de Mesa el país no se disloque? ¿Qué capacidad de supervivencia tendría un gobierno integrado por facciones contrapuestas y huérfano de apoyo exterior? Bolivia no es Venezuela, ni Brasil ni Argentina; está tironeada por el separatismo santacruceño –donde se acumulan las principales reservas energéticas del país– y el probable golpe militar que podría salir al paso de esa aventura secesionista, estaría marcado por muchas más incógnitas que certezas. Podría ser de orientación chavista, pero también su contrario. Y esto último abriría las puertas a una amarga confrontación.

La revolución pendiente

No hay duda de que América latina en su mayor parte está recorrida por corrientes populares que se oponen, visceralmente, a la dependencia del exterior y al dogma neoliberal que la expresara a lo largo de las últimas décadas. Esas corrientes se vinculan a la serie de puebladas y luchas que jalonaron nuestra historia a lo largo de casi dos siglos y que son reconocibles con el nombre de populismos; expresión peyorativa para muchos sociólogos al uso, pero cada vez más reivindicada por las corrientes de pensamiento que tratan de aproximarse a la comprensión de nuestra realidad de acuerdo a parámetros genuinos, esto es, no deformados por una perspectiva importada.

En la situación actual de Latinoamérica la valorización y comprensión de las formas originales de protesta, debe ser una herramienta primaria para intentar la modificación de esta realidad deformada por la dependencia.
Y en este sentido es fundamental que los grupos que pretendan postularse como elites dirigentes cumplan con un postergado deber: escuchar a las masas profundas de estos países.

Durante 200 años se han pretendido implantar formas de representación a menudo vacías y que no respondieron a una confusa pero vital aspiración a la unidad, la justicia social y la independencia. Hay que convencerse que su imposición forzosa es imposible. Aunque puedan mantenerse por la fuerza, la presión de abajo las hará saltar repetidamente.

¿Cómo convertir entonces este ir y venir, este avance y retroceso permanentes, en una progresión efectiva? No hay respuestas fáciles. La única certidumbre es que hay que estar atentos a lo que se mueve, y que no hay que desvalorizar el legado de nuestra experiencia histórica concreta, por incongruente que a veces parezca.

La peripecia boliviana de estos días se inscribe de lleno en esta perspectiva y es directa heredera de esas luchas. Es una muestra de la especificidad latinoamericana, aun abigarrada e incipiente, y definida más por lo que rechaza que por lo que quiere. No la perdamos de vista y aprendamos a escuchar su voz.


BOLIVIA ENTRAMPADA

<hr><h2><u>BOLIVIA ENTRAMPADA</h2></u>

Por Pedro Godoy – CEDECH

La nacionalización –ayer del estaño y hoy de los hidrocarburos- será una nueva quimera. Eso no se quiere comprender en La Paz. Evo Morales y Andrés Solís deben informar a su pueblo que esa medidas, sin duda patriótica, se torna un huevo huero porque el país carece de medios para explotarlos. Entonces hay que recurrir a socios. Esos socios no pueden ser sino Brasil, Argentina y Venezuela. La patria de Abaroa y Bush tendrá –pese a la nostalgia- que asumir vocación atlántica.

Por otro lado, nacionalizar los hidrocarburos es una consigna castrada porque Bolivia debe nacionalizarse entera. Está a medio camino de ese proceso sociocultural. Ello explica los indigenismos delirantes y el separatismo cruceño. Esa faena pasa por bolivianizar a Bolivia. De otro modo asomará la frustración. Esa bolivianización impone cuestionar la plurietnicidad, el multiculturalismo y las autonomías. Habrá que escoger entre homogeneizar emulsionando o legitimar la atomización.

Las trasnacionales atentas a fagocitar recursos energéticos y el mundo académico y mediático habituado al pantógrafo e hipnotizado por el I mundo reman en la misma dirección. Nacionalizar los hidrocarburos sin una Bolivia orgánica es un disparo al aire y una superestructura cultural sin sexo patrio empuja al país a hipotecarse o hacia una Babel nihilista de la cual miles anhelan migrar. Los docentes, militares y empresarios nacionales tienen el compromiso del cual no escapa la diplomacia boliviana.


ELEGÍA PARA ANTES DE LEVANTARSE

<hr><h2><u>ELEGÍA PARA ANTES DE LEVANTARSE</h2></u>

Por Aristóteles España

Sergio Madrid Sielfeld (Iquique, 1967), reside en Valparaíso donde es uno de los más importantes poetas de su región y del país. Dotado de una voz interior llena de imágenes renacentistas, publicó recientemente “Elegía antes de levantarse” (Valparaíso, 2004). Sus prologuistas y amigos apuestan por una voz interior cargada de elementos del romanticismo alemán con guiños a una bohemia ritualmente al lado del Conde de Maldoror; sin embargo, el poeta camina por pasillos de luz, con los demonios del conocimiento y se sumerge en la luz del puerto de Valparaíso lleno de imágenes y caricaturas del horizonte huidobriano.

Su poesía está más cerca del conocimiento que de la sangre, donde animales sonríen, y el cielo no está dispuesto a transar. Los textos de Sergio Madrid están repletos de una urbe agobiante donde las imágenes aúllan en el lenguaje de la melancolía. Pensemos en René Char con su apuesta por el porvenir. De pronto Sergio Madrid aletea los sustantivos para dar paso a la voluntad del lenguaje que se mueve como una nube llena de lluvia.

Una apuesta interior que todo artista debe hacer en algún momento es la que hace este poeta porteño. Su construcción verbal está llena, además, de encierros, abandonos, no hay árboles ni calles en la voluntad del poema. Trabaja con las distancias, con los diccionarios que siempre acosan, y con el humo de los cigarrillos en los días del silencio, con poemas que quieren ser eso: silencios, significados, mínimos espacios donde el verbo es una casa que sube hacia habitaciones cerradas.

Poesía de los espacios secretos, de la nimiedad con forma de orejas es la que construye desde Valparaíso, Sergio Madrid.

En los tiempos actuales sus versos huelen a melancolía por lo que pudo ser. “Yo provengo de una época infeliz, dice, donde la muerte se paseaba como una persona anónima en las calles de nuestras urbes”. El poeta está intranquilo, como todos los poetas del mundo actual, por los días venideros, sobre todo, donde el lenguaje de los vates “es oro falso”, “jardines con abono de cadáveres”.

Este libro dotado de habitaciones y ventanas por el mundo que sueña, tiene la intensidad de los románticos alemanes. Augurios, pensamientos al lado de un mar metafísico; gatos que ronronean en sus versos mientras el poeta habla de jardines mustios en un tiempo que no existe.

Finalmente, se despide de los sustantivos que lo invaden , juega con el mes de octubre, el aromo del sol, y en el paisaje con iglesias y cerros del puerto que lo cobijó con el alquitrán de las noches porteñas y las sombras de esa urbe llena de recuerdos y olas.

Sergio Madrid estudió Literatura en la Universidad Católica de Valparaíso, donde actualmente ejerce la docencia. Ha publicado “Voz de locura” (1988); “El universo menos el sol” (2000); “Retaguardia de la vanguardia” (2001); “Los novios de Ariadna” (2002); “Melancohía” (2003).


HOMENAJE A VÍCTOR JARA

<hr><h2><u>HOMENAJE A VÍCTOR JARA</h2></u>

Silvio Rodríguez encabezó concierto en La Habana



La Tercera – 5 de junio de 2005
El cantautor cubano Silvio Rodríguez fue una de las principales figuras que participaron en un gran concierto en memoria del cantante chileno Víctor Jara, que concluyó esta madrugada en el Teatro Karl Marx de la capital.

El recital, que sirvió de colofón al Encuentro Internacional Contra el Terrorismo, por la Verdad y la Justicia, que durante tres días se realizó en La Habana, presidido por el gobernante Fidel Castro, y en el que participaron unos 700 delegados de más de 60 países.

Junto a Silvio Rodríguez, uno de los principales exponentes de la Nueva Trova cubana, actuaron además Sara González, Liuba María Hevia, Amaury Pérez, Gerardo Alfonso y Eduardo Sosa, entre otros músicos cubanos.

También compartieron el escenario los intérpretes Beth Carvalho, de Brasil, y su compatriota, el poeta Thiago de Mello, que leyó un poema a Víctor Jara.

Posteriormente actuaron el dominicano Víctor Víctor, el mexicano Fernando Delgadillo, los paraguayos Mario Castelli y Ricardo Flecha, el puertorriqueño Roy Brown, los chilenos Isabel Parra, Tita, Antar y Francisco Villa, el argentino Raly Barrionuevo y el uruguayo Quintín Cabrera.

La figura de Víctor Jara, considerado como una de las primeras víctimas de la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990), fue reflejada en el fondo del escenario durante el concierto, con imágenes realizadas hace más de 30 años por el cineasta cubano Santiago Alvarez. Al recital asistieron numerosos delegados de la reunión, que fue clausurada anoche por Castro, quien propuso la creación de un tribunal continental contra el terrorismo.

Políticos como el vicepresidente de Venezuela, José Vicente Rangel; el líder del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) de Nicaragua, Daniel Ortega y del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional de El Salvador (FMLN) Shafik Handal, participaron en el encuentro.


DEVASTACIÓN DE LA AMAZONIA

<hr><h2><u>DEVASTACIÓN DE LA AMAZONIA</h2></u>

Por Leonardo Boff
Koinonia
– Junio 2005

Los 26.130 kilómetros cuadrados de la Amazonia deforestados en 2005 representan una verdadera devastación. No sin razón se han hecho oír protestas en Brasil y en la prensa internacional. ¿Por qué ocurre esto justamente bajo el Gobierno Lula, en el cual la ministra de Medio Ambiente, Marina Silva es una profunda conocedora de las cuestiones amazónicas y posee una conciencia ecológica como nadie antes la ha tenido en la administración pública?

La razón principal reside en la contradicción entre dos opciones de gobierno: la del crecimiento económico y la de la preservación ambiental. Urgido a pagar la deuda interna y externa, el gobierno optó por el crecimiento económico, especialmente por aquellos frentes de producción que exportan granos y carnes y que traen dólares. La soya y el ganado exigen grandes extensiones de tierra, conquistadas mediante la deforestación de las selvas, principalmente en el Mato Grosso cuyo gobernador es presentando como el «rey mundial de la soya». El crecimiento es preferencial, aunque la retórica gubernamental lo quiera con justicia y distribución del ingreso. Los datos, sin embargo, desmienten tal objetivo: la concentración del ingreso está aumentando, generando desigualdad social que es el verdadero nombre de la injusticia.

La otra opción es a favor de políticas de preservación del medio-ambiente y de la biodiversidad con medidas inteligentes pero cuyos efectos tardan en producirse. Sucede que la falta de una cultura ecológica en la sociedad y en la política no ofrece apoyo para esta opción preservacionista. Por eso no tiene hegemonía y se restringe al Ministerio del Medio Ambiente. La transversalidad de la Ministra Marina Silva tiene un curso corto.
El principal responsable de la deforestación no es el gobierno brasileño, sino el paradigma mundial de producción de bienes materiales, que se impone a todos como modelo único. Acosado por la alta deuda externa, Brasil se ve forzado a asumir este paradigma, cuando podría ser uno de los pocos países del mundo en presentar y realizar una alternativa. Lamentablemente no hay en este gobierno masa crítica para atreverse con otra vía. Por su parte, los más importantes analistas mundiales llevan años advirtiéndonos que el modelo actual es un camino sin salida. A medio plazo será simplemente insostenible, especialmente ahora que China e India se han convertido en verdaderas bombas de succión de recursos naturales escasos en todo el mundo.

En cuanto a la Amazonia, necesitamos cuidar de ella; si no, el mundo usará contra nosotros el argumento válido sobre toda propiedad privada: sólo se legitima si cumple su función social; en caso contrario, puede ser expropiada. Las políticas de gobierno deben garantizar que la propiedad privada brasilera sobre la Amazonia tenga una clara función social mundial.

Esperamos no ir, irresponsablemente, en dirección a lo peor. Si no, nuestros hijos y nietos dentro de poco dirán contra nosotros: ustedes sabían del posible desastre y no quisieron oír a la ministra Marina Silva ni a tanta otra gente. Vean qué Tierra nos han legado, devastada, sin mancha verde, sin agua suficiente, sin biodiversidad y sin integridad. Tal vez no podamos regenerarla nunca más. ¿Y entonces? Et erat videre miseriam…


LA LEYENDA DE BONNIE & CLYDE, BERTOLT BRECHT Y WALL STREET

<hr><h2><u>LA LEYENDA DE BONNIE &amp; CLYDE, BERTOLT BRECHT Y WALL STREET</h2></u>

Por Roberto Bardini
Bambú Press
- 23-05-2005

En un museo de la pequeña ciudad de Primm (Nevada), a unos 60 kilómetros al sur de Las Vegas, se encuentra el automóvil Ford en el que murieron Bonnie Parker y Clyde Barrow. La célebre pareja de asaltantes fue emboscada el 23 de mayo de 1934 por cinco policías que los acribillaron a tiros en una zona rural de Louisiana. El museo también exhibe la camisa del pistolero, llena de orificios.

Bonnie, una ex camarera de 23 años, recibió 50 balazos; Clyde, de 25, tenía más de veinte impactos. Durante dos años ambos recorren el suroeste de Estados Unidos atracando bancos, gasolinerías y restaurantes, y matan a doce personas, la mayoría policías. En aquella época de crisis económica -derivada del crack de Wall Street en octubre de 1929- Bonnie y Clyde son vistos como una pareja romántica, considerados héroes populares y convertidos en leyenda. En 1967, el director Arthur Penn adapta la historia en una película protagonizada por Faye Dunaway y Warren Beatty. Los asaltantes se transforman en un símbolo de rebeldía contra una sociedad que les negó oportunidades.

Cinco años antes de sus muertes, el poeta y dramaturgo alemán Bertolt Brecht (1898-1956) estrena en Berlín la obra musical que lo consagra como autor: La ópera de los tres centavos. Se trata de una ácida crítica al sistema capitalista, cuyo título podría haber figurado en el epitafio de Bonnie & Clyde: en uno de los diálogos, un personaje afirma que “más grave que asaltar un banco es fundarlo”. Tiempo después, Brecht escribe en un ensayo: “En los países democráticos no se percibe la naturaleza violenta de la economía, mientras que en los países autoritarios lo que no se percibe es la naturaleza económica de la violencia”.

PISTOLEROS SIN FRONTERAS

Parker, Barrow y Brecht viven durante la depresión mundial que comienza el “jueves negro” del 4 de octubre de 1929, con la estrepitosa caída de la bolsa en Nueva York, y se prolonga durante los años 30. Tras una década de crecimiento económico y de especulación bursátil, con beneficios rápidos y fáciles, el país va a la quiebra: el desempleo es enorme, los trabajadores deambulan de un estado a otro, hay hambre. Las consecuencias se extienden a una Europa que aún no ha curado las heridas causadas por la Primera Guerra Mundial.

Alemania, la gran derrotada, es la nación que más sufre, víctima del implacable Tratado de Versalles (1919) y con una inflación incontrolable. Durante la débil República de Weimar (1919-1933) se suceden once gobiernos. Los trabajadores no tienen qué comer; la clase media se aterroriza y, como siempre, exige “mano dura”. Todas las mañanas las amas de casa berlinesas van a comprar el pan provistas de su carrito repleto de billetes de cientos de miles de marcos que no valen nada. Esta miserable situación favorece el triunfo de Adolfo Hitler en las elecciones de julio de 1932. Poco después, Alemania va otra vez a la guerra y termina nuevamente derrotada.

Con certeza Bonnie y Clyde no leyeron a Brecht. ¿Habrá leído Saddam Hussein al dramaturgo alemán? En la celda donde sus carceleros del ejército estadounidense lo han fotografiado en calzoncillos y lavando a mano sus camisas, ¿reflexionará el ex hombre fuerte de Irak acerca de la relación entre la guerra y los negocios? Mientras el prisionero sistemáticamente vejado escribe sus memorias, ¿recordará que siempre existe una vinculación entre las invasiones de Estados Unidos, el petróleo, la venta de armas y la expansión del poder económico global concentrado en Wall Street?

En la mayoría de los países, actualmente muchos habitantes atraviesan una situación cercana a la de 1929. Los bancos, en cambio, son cada día más prósperos. Ayer desembarcaron en la disuelta Yugoslavia. Hoy están en Afganistán e Irak junto con las empresas petroleras, los fabricantes de armamento y las compañías gasíferas, aeroespaciales, informáticas, constructoras y eléctricas, ganando dinero en un mundo globalizado que cierra las fronteras a las personas pero las abre para los capitales. A diferencia de Bonnie y Clyde, estos gangsters modernos no asaltan bancos, gasolinerías y restaurantes porque son los dueños de bancos, gasolinerías y restaurantes, además de muchos otros rubros. Destrucción, inversión y ganancias.

En “Claves económicas de la ocupación de Irak”, artículo divulgado el año pasado en la red por Rodrigo Guevara, director de IAR-Noticias, se dan muchos datos en pocas líneas. Por ejemplo: las “cuatro grandes” contratistas del complejo militar-industria (Lockheed Martin, Boeing, Raytheon, General Dynamics) y las “cuatro hermanas” que monopolizan la extracción y comercialización del petróleo a escala mundial (Exxon-Mobil, Chevron-Texaco, Royal Dutch Shell y BP), cotizan sus acciones y se capitalizan en Wall Street.

Luego de los aviones que bombardean, los tanques que destruyen y las tropas de ocupación que arrasan llega otro ejército: los lobbistas, consultores y representantes de los bancos y grupos de inversión de Wall Street dispuestos a “invertir” en la reconstrucción de las infraestructuras e instalaciones devastadas.

Detrás de cada guerra están los fabricantes de armas que extraen su ganancia del billón de dólares anuales destinados a los presupuestos militares, escribe Guevara. Están las petroleras y gasíferas que explotan y regulan los mercados multimillonarios del petróleo y la energía. Están los megabancos y megagrupos de inversión de Wall Street (Citigroup, Goldman Sachs y J.P.Morgan-Chase) que embolsan fabulosas sumas “financiando” las “recontrucciones” de los países destruidos por los misiles y las bombas inteligentes.

Y también están las poderosas trasnacionales industriales como Ford o General Motors, o los megaconsorcios de la electrónica y de la informática como IBM o Microsoft, las líderes de la llamada “nueva economía” y de la tecnología de última generación, que suscriben contratos por miles de millones de dólares con el departamento de Defensa de Estados Unidos.

Estados Unidos controla el dólar, la moneda patrón internacional. Posee la Reserva Federal, la bolsa de Nueva York, el complejo militar-industrial más poderoso del mundo y el poder tecnológico-informático más avanzado del planeta, situado en Silicon Valley. Es el verdadero poder detrás del trono en la ONU, el FMI, el BID y el Banco Mundial.

Por eso a muchos hombres de negocios se les hace agua la boca pensando en una Cuba sin Fidel Castro y en una Venezuela sin Hugo Chávez. No es una “ópera de tres centavos”: son intrigas de miles de millones de dólares. Y lo más triste de todo: quizá algún día se muestren en un museo los calzoncillos de Saddam Hussein, pero ninguno exhibirá nunca la camisa de alguno de estos hombres de negocios con 50 orificios de bala.