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MIRANDO AL SUR - augusto alvarado


DEBE SER EL SISTEMA

<hr><h2><u>DEBE SER EL SISTEMA</h2></u>

Terrorista
Luis Posada Carriles

Por José Steinsleger
La Jornada
- Miércoles 1 de junio de 2005

Grosso modo hay varios tipos de terrorismo: político, delictivo, homofóbico, económico, mercenario, mediático, racista, religioso, ambiental, machista, de Estado. En calidad y eficiencia, el último tipo de terrorismo integra y supera a los precedentes.

El terrorismo político-económico-ambiental involucra a todas las clases sociales; el delictivo corrompe a las instituciones; el homofóbico-machista-religioso-racista subyace en los pliegues de una educación alienada; el mediático embrutece a la sociedad; al mercenario le da igual si le pagan, y el terrorismo de Estado recurre a lacras humanas como el cubano-venezolano Luis Posada Carriles.

Las nociones modernas de libertad, democracia, justicia nacieron del derrumbe del orden feudal europeo durante la Gran Revolución (Francia, 1789). Pero el terrorismo jacobino (1793-95) no fue a causa de sus ideas, sino a consecuencia de los nostálgicos del pasado que fundaron el "Estado moderno" bebiéndose la sangre de los comuneros de París (1871), así como la satrapía de Washington pretende hoy beberse la del mundo entero.

Fue lo que entonces pasó. Sin embargo, algo más pasó: la difusión de los valores y principios de la Gran Revolución, que el neoliberalismo revirtió dos siglos después. De todos modos, aquellos valores y principios "universales" nacieron torcidos.

En El espíritu de las leyes (1748), Montesquieu escribió: "El azúcar sería demasiado cara si no fuera porque la planta que la produce la trabajan los esclavos... No puede concebirse la idea de que Dios, que es un ser sabio, haya puesto un alma, y sobre todo un alma buena, en un cuerpo completamente negro".

La revolución de Haití, primera revuelta cabal de la modernidad, pagó muy caro las consecuencias de una "ideología republicana" que los pueblos de América conocían desde el primer viaje de Colón. Sí, ya sé lo de los aztecas "intolerantes" con los pueblos tributarios, y de los "excesos" de Hidalgo. Mas lo que hoy predomina es una política de exterminio global, científica y sutilmente planificada.

Por ello, cuando revisamos las páginas de los periódicos resta un par de opciones: tirarlos con desdén por la ventana (como hacía el anarcoindividualista Jorge Luis Borges), o bien detenernos en el increíble esfuerzo de la humanidad en su lucha contra el Diablo: los pueblos de Irak y Palestina entre los primeros, y los de América Latina que por todos lados se levantan.

Que en este continente retornemos o no al terrorismo de Estado del duro Robespierre o el más flexible de Danton dependerá, paradójicamente, del grado de lucidez de las oligarquías dominantes, los políticos oportunistas y de la toma de conciencia de quienes en los países ricos, voluntaria o involuntariamente, contribuyen con la expansión del terrorismo imperial.

Soñar no cuesta nada. Hay que confiar. Ayer, en una lavandería de la colonia atendida por una pareja muy joven y endeudada hasta el cuello con las máquinas, recibí la ropa con una bolsita de plástico que contenía ocho pesos. "Estaban en una de sus camisas", dijeron.

¿Cómo entender luego a los sabios a sueldo que hablan de la corrupción, internalizando en la sociedad la baja autoestima, la autodesvaloración? ¿Hablan en nombre de los millones que son honestos, o hablan de los pocos miles que practican el saqueo de las arcas públicas, poniendo en peligro la "seguridad jurídica" de los "inversionistas"?

Negativo. Hablan en nombre de un sistema que, para sostenerse, necesita de los distintos tipos de terrorismo referidos. Para estos pocos, soñar también cuesta nada: creen en la impunidad eterna, en la injusticia eterna, en el atropello eterno. ¿Quiénes serán más "idealistas"? ¿Los que sueñan con la posibilidad de otro mundo, o los que solapan el terrorismo de Estado?

La devolución de ocho pesos habla de la dignidad de un pueblo. ¿Basta con dos? No. Basta con uno. Dicen que el código genético del chimpancé resulta similar en 99 por ciento al de los humanos. Tal diferencia habla de lo que podemos ser. De hecho, en Brujas un manual de capacitación de la policía utiliza fotos que comparan los gestos de George W. Bush (triste o sonriente, dubitativo, soñador) con los de un chimpancé. "No había visto estas fotos y creo que son de mal gusto", dijo Patrick Dewael, ministro del interior de Bélgica. Coincido: ¿qué culpa tienen los chimpancés?

En el mundo hay cientos de millones como la pareja referida. Sin acaso darse cuenta, estas personas ponen en cuestión el deber ser del sistema. Más arriba cité el caso Posada Carriles. En documentos desclasificados de la CIA vemos que, en efecto, en octubre de 1976 la bestia participó en el bombazo que precipitó al mar de Barbados un avión cubano, con 73 pasajeros civiles a bordo. Venezuela pide su extradición para juzgarlo.

El Departamento de Estado envió un mensaje al gobierno de Hugo Chávez diciendo que "... el pedido no estaba fundamentado suficientemente desde el punto de vista legal" (agencias, 28/5/05). Esta es la diferencia entre el uno y el otro mundo posible. Mucho más que el uno por ciento. De veras: los chimpancés son inocentes.


EDITORIAL CAMINOPROPIO

<hr><h2><u>EDITORIAL CAMINOPROPIO</h2></u>

ANUNCIA LA APARICIÓN DEL LIBRO

Jorge Abelardo Ramos y la Unión Sudamericana

Del Mercosur a la Patria Grande

de Andrés Soliz Rada

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LA DEPENDENCIA PSICOLÓGICA DE CARLOS MESA

<hr><h2><u>LA DEPENDENCIA PSICOLÓGICA DE CARLOS MESA</h2></u>

Andrés Soliz Rada

Por Andrés Solíz Rada
Bolpress
– 29 de Mayo de 2005

Casi todos los allegados al Presidente Carlos Mesa le atribuyen la intención de detener los conflictos sociales y enfrentar con racionalidad los problemas económicos del país, pero que su terror a enfrentar a lo que el denomina la “comunidad internacional” lo paraliza y lo está hundiendo de manera implacable. Para el Jefe de Estado, la comunidad internacional, integrada, de manera protagónica, por las potencias mundiales, organismos internacionales, transnacionales y países de la región, no le permiten ningún respiro, de manera que, desde su punto de vista, su única opción reside en someterse a sus designios.

Más de una vez se ha quejado, en voz baja, de la forma en Petrobrás asume frente a Bolivia las mismas posiciones de las petroleras europeas y norteamericanas, en tanto el argentino Néstor Kirchner actúa como eficaz abogado de la española Repsol. Lo anterior lo ha llevado al fatalismo de enviar al parlamento sucesivos proyectos de ley petrolera al servicio de las transnacionales ¿Es el anterior razonamiento correcto? Desde luego que sería demencial ignorar que el poder económico y político de gobiernos y empresas que se consideran los dueños del mundo. Sin embargo, ¿es la comunidad internacional homogénea y sin resquicios? ¿Acaso esa misma comunidad extranjera no desea liquidar a Petrobrás del Brasil, Codelco de Chile, PDVSA de Venezuela y al resto de las empresas estatales de América Latina y del mundo semicolonial?

¿Por qué unos gobernantes, como los de Venezuela, Chile o Brasil, encuentran resquicios para contener a los imperios, en tanto otros se someten sin resistencia? Mesa, desde mi punto de vista, no es igual que Gonzalo Sánchez de Lozada (GSL). Este, por sus intereses económicos y formación intelectual, es parte del imperialismo. Mesa, en cambio, es un títere del capital financiero internacional. Fue aliado de GSL, pero al llegar al gobierno, se halla tan aterrorizado por las fuerzas foráneas, que, en los hechos, actúa de la misma manera que su antecesor. Los hechos descritos, nos llevan a ratificar la validez de una ecuación política que tiene cumplimiento casi matemático: El gobernante que se somete al Imperio está obligado a dividir y enfrentar a los sectores sociales y populares. Por el contrario, si resuelve defender los intereses vitales del país, sólo puede tener éxito si logra una férrea unidad interna de regiones y capas sociales interesados en la pervivencia y fortalecimiento de la nación oprimida.

Después de 18 meses de gobierno, Mesa ha incrementado la fragmentación social. Sus principales regiones se asemejan a fortalezas plagadas de aprestos bélicos. Aimaras, quechuas, guaraníes, mestizos, cambas y chapacos parecen ciudadanos de países diferentes, con animosidades exacerbadas. Tal vez el ejemplo patético de lo que ha ocasionado la falta de gobernabilidad esté reflejado en lo ocurrido con la refundación de Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB), consagrada en el artículo 23 de la nueva Ley de Hidrocarburos, que establece lo siguiente:El Directorio y la Presidencia Ejecutiva estarán en ciudad de La Paz. La Vicepresidencia de Administración de Contratos y Fiscalización de YPFB en la Provincia Gran Chaco del Departamento de Tarija. La Vicepresidencia Nacional de Operaciones funcionará en la ciudad de Santa Cruz. La Gerencia Nacional de
Exploración y Explotación en la ciudad de Camiri (departamento de Santa Cruz). La Gerencia de Industrialización funcionará en la ciudad de Cochabamba. La Gerencia de Ductos y Redes en la ciudad de Sucre y la Gerencia de Comercialización en la ciudad de La Paz.

Después de aprobada la ley, la ciudad de Tarija presionó con bloqueos para que el directorio y la presidencia ejecutiva sean trasladados a esta ciudad, para lo cual el Parlamento se ha comprometido a cambiar el artículo citado.

Lo ocurrido con YPFB refleja lo que está aconteciendo con Bolivia. En 1781, el coloniaje hispano descuartizó con cuatro caballos las extremidades del líder indígena Tupaj Katari. Hoy Bolivia está sufriendo la "tupacatarización" de su territorio y de sus instituciones. Los jinetes que espoleaban los caballos eran conquistadores. Hoy ejecutan la misma labor Repsol, British Gas, Total y Petrobrás. GSL y Mesa, el primero por convicción y el segundo por cobardía, no supieron unir al país frente al poder foráneo. Ahora es el poder foráneo el que se apresta a desmembrar a Bolivia, "la hija predilecta del Libertador".


ARTIGAS, CAUDILLO DE LAS DOS ORILLAS

<hr><h2><u>ARTIGAS, CAUDILLO DE LAS DOS ORILLAS</h2></u>

Por Alberto Guerberof

La puesta en marcha del Mercosur está suscitando más de un debate. Para sus detractores -los hay de derecha y de izquierda- la integración es inviable y, más aún, inconveniente. Quienes reivindican el empeño integrador lo ven como el embrión de la reunificación latinoamericana en una sola Patria Grande. Apelar a la dimensión histórica -y en nuestro caso a las ideas y actuación de hombres como José Gervasio Artigas- puede echar luz para comprender mejor y encontrarle sentido al emprendimiento mercosureño, más allá de cuestionables esquemas económicos e intereses trasnacionales que gravitan para desviar en su provecho o frustrar el proyecto de una integración plena.

La independencia

En el proceso histórico de la Independencia iberoamericana se advierte desde el inicio el conflicto entre dos líneas antagónicas. Por un lado, el patriciado mercantil de las ciudades-puerto, ansioso por reemplazar el monopolio español por el comercio inglés. Por otro, los pueblos del interior criollo, que resistían esta hegemonía de las minorías liberal-oligárquicas y su apertura a la libre importación de mercancías inglesas baratas que arruinaban las artesanías domésticas.

Se enfrentaban, por consiguiente, dos universos sociales y culturales. En un caso, la élite dirigente, el poder de la “tienda y la hacienda”, que daba la espalda al propio espacio americano y se enajenaba al liberalismo ultramarino con sede imperial en Londres; por otro, el crepitante subsuelo social de indios, gauchos, negros, artesanos y pastores, intérpretes de una realidad geográfica, económica y social incompatible con los modelos europeístas que procuraban imponer los sinuosos doctores de levita de las capitales.

La región del Plata fue escenario notable de esta pugna y Artigas quien encarnó, con más fuerza y proyección que nadie, el rumbo federal, popular y americano de la Revolución emancipadora, en contraposición al unitarismo liberal porteño, cuyas figuras paradigmáticas serían primero Bernardino Rivadavia, y después de Caseros y Pavón, Bartolomé Mitre, que favoreció un proyecto de reducción y finalmente de desmembramiento iberoamericano en los múltiples fragmentos de ficticios “estados nacionales”, unidos cada uno al Imperio inglés.

¿Héroe o “bandido”?

Es que el Protector de los Pueblos Libres está lejos de ser ese mítico “héroe oriental”, supuesto autor de la independencia uruguaya que todavía 30 años después de su muerte era condenado por los gobernantes porteños y montevideanos como “sedicioso”, “bandido” y “anarquista”.

Vencida la gesta artiguista y su programa de integración federal de los pueblos, el caudillo oriental, que por 1815 encabezó una federación de provincias que abarcaba desde la propia hasta las de Corrientes, Misiones, Entre Ríos, Santa Fe y Córdoba, es rescatado del olvido, como dice el historiador oriental Oscar H. Bruschera, como “un Artigas de bronce, descarnado y difuso, deshumanizado, desarraigado de su mundo, idealizado y falsificado”.

Artigas siempre rechazó la independencia del Uruguay porque consideraba a su Provincia Oriental parte indisociable de las Provincias Unidas y de la patria común iberoamericana. Fue en definitiva un gran caudillo argentino que otorgó a la Revolución de principios del siglo XIX un perfil singular.

El programa político artiguista, contrafigura del que triunfaba en Buenos Aires con el Directorio, postulaba la instauración de una república igualitaria, asentada en una equitativa distribución y tenencia de la tierra y en la regulación del tráfico comercial (Bruschera). De tal modo, el alzamiento oriental adquirió -según el mismo autor- la dimensión de una guerra social que apuntaba a los privilegios de los comerciantes, tenderos y hacendados ricos de Montevideo y la campaña.

No sorprende entonces que la influencia del “Protector” se extendiese rápidamente por la vasta región vertebrada por los tributarios del Río de la Plata y sus afluentes. El núcleo esencial del “sistema” artiguista fueron las misiones jesuíticas, clave de la visión geopolítica del caudillo, eje integrador -con la fórmula federal- de un vasto espacio minero, artesanal y agrícola-ganadero, que con los puertos de Santa Fe y Montevideo podía prescindir, siquiera provisoriamente, de Buenos Aires.

Una revolución agraria

El artiguismo fue el atrevido impulsor de una revolución agraria. La iniciativa -que no deja dudas sobre las razones que alimentaron las injurias que despertaba la sola mención de su nombre entre la llamada “gente principal”- tomó forma en el Reglamento provisorio para el arreglo de la campaña y seguridad de los hacendados, en que se formula la política de reparto de tierras bajo la idea rectora acuñada por el Jefe de los orientales: “Los más infelices serán los más agraciados”.

El Reglamento afectaba de entrada las tierras fiscales y realengas, las abandonadas y aquellas de los “emigrados malos europeos y peores americanos”. Se procuraba, como se ve, tanto un objetivo de incremento productivo como de justicia distributiva. Análoga claridad de fines inspira la normativa aduanera impulsada por Artigas y orientada a frenar el librecambio y a establecer un régimen proteccionista.

El poder al pueblo

Finalmente, cabe reiterar otro rasgo de la gesta de Artigas: su carácter de auténtica revolución popular que busca en las propias raíces el perfil institucional de una democracia apoyada en la deliberación y elección popular, y que rechaza la receta oligárquica del modelo liberal que traían en sus bodegas, junto a las mercancías, ideas y novedades de Europa, las naves de la superpotencia de la época.

La posibilidad de establecer en el Plata una confederación de pueblos, como alternativa al dominio de las oligarquías portuarias socias del poder británico, no pudo prevalecer. “El Protector”, vencido y enfermo, morirá en Asunción -refugiado en el Paraguay gobernado por el doctor Francia- y proclamando amargado: “Ya no tengo patria”.

La Provincia Oriental se había convertido, bajo el auspicio británico, en una “nación independiente”, en la Gibraltar sudamericana, y no faltaba mucho para que el propio caudillo, denostado por la oligarquía de ambas márgenes del Plata por su empecinamiento en defender la unidad federal de los pueblos del antiguo Virreinato, se transmutara en el “héroe” fundador de la nacionalidad uruguaya, como se establecerá por decreto de 1884. De esa manera, Artigas muere dos veces. Pero el ideario de este argentino notable volverá a resplandecer, no ya en el frío mausoleo que en la Plaza Independencia de Montevideo lo consagra falsamente padre de la independencia uruguaya (pergeñada por Canning y Ponsonby), sino junto a San Martín y Bolívar y al proyecto inconcluso de la unión iberoamericana en una única Nación federal.


EL PERITO MORENO

<hr><h2><u>EL PERITO MORENO</h2></u>

No para dar por pensado,
sino para dar en qué pensar

Agenda de Reflexión - Nº 288

Año III, Buenos Aires, martes 31 de mayo de 2005

[Investigación biográfica de www.paleonet.com.ar]

El 31 de mayo de 1852 nació en Buenos Aires Francisco Pascasio Moreno. A los 20 años creó, en colaboración con un grupo de ingenieros, la Sociedad Científica Argentina. A los 21 realizó su primer viaje al sur, llegando a Carmen de Patagones. A los 22 emprendió una segunda excursión que lo llevó hasta la desembocadura del río Santa Cruz. Al año siguiente, con medios del gobierno de la provincia de Buenos Aires y de la Sociedad Científica Argentina, remontó el Río Negro y se convirtió en el primer argentino en llegar hasta el lago Nahuel Huapi. En 1879 exploró nuevamente la desembocadura del río Santa Cruz y, siguiendo los pasos que había realizado casi cincuenta años antes Charles Darwin, lo remontó hasta las nacientes cordilleranas. Fue prisionero de los aborígenes pero logró huir, salvando así su vida. No obstante esta experiencia, continuó firme su actitud de “humanizar” las relaciones del país con los aborígenes, exigiendo la necesidad imperiosa de dar tierras y construir escuelas para éstos, en un total desacuerdo con los métodos que se empleaban para supuestamente “civilizarlos” (o más bien exterminarlos).

Desde muy temprana edad había comenzado a recolectar restos fósiles y piezas arqueológicas en los extensos campos de sus padres, y tras uno y otro viaje reunió la importante colección que en 1877 donó, junto con su biblioteca, a la provincia de Buenos Aires. Dicha colección dio origen al surgimiento de una de las instituciones científicas más destacadas del país y de gran prestigio mundial: el Museo de Historia Natural de La Plata. Moreno dirigió la construcción del edificio y la distribución de los materiales de exhibición de acuerdo a un plan que había concebido en base a las ideas darwinistas. Fue director vitalicio del museo hasta 1906, cuando renunció por estar en desacuerdo con la incorporación de la entidad a la Universidad de La Plata. Durante los años en que Moreno estuvo al frente del museo se incorporaron al mismo numerosos naturalistas extranjeros que realizaron expediciones, organizaron los diferentes departamentos y publicaron sus trabajos en los Anales y la Revista del Museo de La Plata. Para 1896 ya era reconocido internacionalmente por sus estudios y exploraciones, y considerado como toda una autoridad suprema en lo referente a la geografía nacional.

En 1897 fue nombrado perito argentino en los conflictos limítrofes con Chile. Cumplida con la misión que le había sido encomendada, viajó por entonces a Londres, pues la corona británica era mediadora en el conflicto suscitado. El tratado de 1881 establecía como frontera las cumbres divisorias de aguas, pero la demarcación efectiva estaba sometida al arbitraje británico. En pocos meses Moreno preparó su obra Frontera argentino-chilena, una notable síntesis de la geografía de las fronteras de nuestro país, que presentó ante la reina de Inglaterra.

Con motivo de su ardua labor recibió en 1902 la Medalla del rey Jorge IV. La Universidad de Córdoba lo nombró doctor honoris causa y también prestigiosas universidades extranjeras le otorgaron numerosos reconocimientos. Ese mismo año el perito Moreno realizó un nuevo viaje al sur con el objetivo de controlar a los encargados de instalar los hitos fronterizos. En 1903 donó a la nación tres leguas aledañas al lago Nahuel Huapi, que le habían sido entregadas por el gobierno en reconocimiento del deber cumplido, con el firme propósito de crear el primer Parque Nacional.

En 1912 el incansable explorador llevó a cabo su último viaje a la Patagonia para acompañar al presidente norteamericano Teodoro Roosevelt. En 1913 presidió el Consejo Nacional de Educación y entre 1910 y 1913 fue diputado nacional. Desde este último cargo impulsó una legislación para promover los estudios científicos.
Entre sus principales obras pueden citarse: Viaje a la Patagonia Septentrional y las Notas preliminares sobre una excursión a los territorios de Neuquén, Río Negro, Chubut y Santa Cruz. También produjo importantes conferencias como El estudio del hombre americano y Patagonia, resto de un continente desaparecido.
Falleció a los 67 años en la madrugada del 22 de noviembre de 1919 en la total pobreza. En 1944 sus restos fueron trasladados a la isla Centinela, en el lago Nahuel Huapi, donde descansan hasta el presente. En la actualidad el Museo de la Patagonia situado en el Centro Cívico de la ciudad de San Carlos de Bariloche y el fabuloso glaciar del Lago Argentino que él descubrió llevan su nombre.


MOROS EN LA COSTA

Por Aristóteles España

Enrique Moro (Valparaíso, 1956) publicó recientemente su libro antológico “Hay un moro en la costa” (Ediciones del Gobierno Regional de Valparaíso, 2004). Se trata de una compilación de más de veinte años de actividad poética, de este autor porteño ampliamente conocido en nuestro país y el exterior. El poemario está dividido en 6 capítulos (textos publicados anteriormente) que dan cuenta de sus preocupaciones estéticas e ideológicas. La religiosidad, la muerte, el amor, la ciudad llena de túneles y cerros por donde el hombre camina hacia el olvido “que es una barca sin timón”, nos dice.

Poesía en el límite de la desesperación y en la búsqueda de mejores días para su pueblo. El poeta conversa con Dios; “Señor -le dice- tú sabes el paradero de los desaparecidos / así es tu Gracia /. Infórmanos al comité o a un tribunal cualquiera / nunca tan justo como el tuyo / Pero danos al menos esa tranquilidad”.

Poemas con el mundo a su alrededor que giran como un mapamundi en el tiempo. En sus textos hay paisajes desolados, mendigos a la luz de la luna que buscan su alimento en las noches llenas de agua, lodo. A su manera, intercala diálogos con Vallejo, Juan Gelman, Rimbaud. Escribe en el aire, entre las nubes, en la adversidad; el hablante de su libro es un ser indefenso en algunos momentos de la historia de su país; y en otras un personaje que propone dudas, discute, impreca, sueña, en medio de una misteriosa fronda de sonidos musicales; tangos, baladas en la bohemia de un Valparaíso mítico que observa desde su ventana mientras una mujer delgada y triste lo escucha. Al fondo, el mar, las guaridas donde los poetas escuchan los latidos de la muerte que anda vestida de almirante como en los versos de Neruda; o la muerte que canta (esa vieja circunspecta) en la voz de Nicanor Parra.

Poesía política llena de intuiciones, espacios llenos de melancolía, recorren lo largo y ancho de estas páginas llenas del viento porteño; galerías abiertas y repletas de seres solitarios; su visión de mundo tiene el significado de los náufragos que navegan en la noche por los océanos para llegar a puerto seguro con los ojos abiertos y las manos mojadas por el mar que a ratos intentó devorar sus huesos.

En el prólogo, Alejandro Pérez señala: “esta poesía no se incuba en las bibliotecas sino en la experiencia de vivir en el riesgo, de vivenciar extremos y excesos de aventurar amores clandestinos y de reivindicar - muy seriamente- el hueveo como factor de lucha”. Juan Cameron señala: “Estos textos, ahora reunidos para goce del lector son algo más que una mera antología, algo más que una “mora” antología, constituyen en verdad el rescate de cuanto le hemos escuchado y nos pertenece”.

Enrique Moro ha publicado “Moro” (1980); “La bolsa” (1983); “Gracias Señor” (1988); “La piedra feliz y otros tangos”(1996); “Seis canciones” (2002) y ahora “Hay moro un la costa” (2004) con el cual completa un ciclo histórico de toda una vida dedicada a la poesía. El autor publicó en Alemania (1983) una muestra de poesía titulada “Diez poetas chilenos”, libro que contribuyó a difundir la poesía chilena en Europa. Durante las últimas dos décadas ha sido un animador cultural de la región de Valparaíso, en sus más diversas facetas, organizando eventos musicales, teatrales y literarios.


ARTURO JAURETCHE (1901-1974)

<hr><h2><u>ARTURO JAURETCHE (1901-1974)</h2></u>

SU GESTIÓN EN EL
BANCO PROVINCIA DE BUENOS AIRES


Por Alberto Guerberof
Causa Popular


E1 nombre de Arturo Jauretche (1901-1974) suena poco menos que desconocido a las nuevas generaciones. ¿Cuál es su vinculación con el Banco de la Provincia de Buenos Aires? Más aún: cuando el Banco es epicentro de una batalla en que se mide el interés de la Provincia y de la Nación con la angurria del capital financiero transnacional, ¿qué nos puede decir, todavía, Jauretche?

Empecemos por reseñar de quién estamos hablando. Arturo Jauretche fue autor de una docena de títulos de lectura indispensable: Los profetas del odio, El Plan Prebisch, Ejército y Política, El manual de zonceras argentinas, El medio pelo en la sociedad argentina, entre otros. Todos ellos debieran figurar en los planes de estudios de colegios y universidades.

Político, soldado y poeta

Pero Jauretche no fue para nada lo que convencionalmente se entiende por un escritor. Fue ante todo un político, desde joven enrolado en el radicalismo yrigoyenista, que contribuyó como pocos a cimentar la conciencia nacional en los oscuros días de la Década Infame. Cuando llegó a la conclusión de que el radicalismo, muerto Hipólito Yrigoyen en 1933, había sepultado junto con el caudillo las banderas que habían sido su razón de ser, Jauretche y un puñado de hombres de su generación fundaron FORJA y fueron precursores primero, e integrantes luego, del nuevo movimiento nacional que irrumpiría en 1945.

Ese año dio comienzo una década de revolución nacional. Una verdadera y profunda transformación, de signo totalmente contrario a la que se impuso a América Latina en los años ‘90. Nacionalismo económico, impulso a la industrialización, derechos sociales, política exterior autónoma, fueron los ejes de aquella nueva etapa histórica.

En otras palabras, FORJA vio realizar su programa por obra de ese nuevo fenómeno político que un joven coronel conducía con sagacidad y energía. Por las mismas razones, Jauretche ha sido considerado el nexo viviente entre el yrigoyenismo y el peronismo y el forjador de un nacionalismo democrático, popular y revolucionario. El pensador, el orador, el conversador incansable y punzante, fue también soldado y poeta. Participó como combatiente en las patriadas radicales del años ‘30, y cantó luego la gesta en un poema, porque al igual que el protagonista, Julián Barrientos, el autor “anduvo en ella”. El poema se llama El paso de los libres, y en su momento lo prologó Jorge Luis Borges, antes de consagrarse como el gran escritor anglo-europeo del Río de la Plata, y treinta años después lo hizo Jorge Abelardo Ramos, que rescató el texto del olvido.

Jauretche, presidente del Banco

Este hombre, que se sintió ingratamente marginado por el movimiento nacional que tanto había contribuido a plasmar, fue convocado por el gobernador Domingo Mercante en 1946 para presidir el Banco de la Provincia de Buenos Aires.

En octubre de ese año se hace cargo de sus funciones y emprende de inmediato la tarea de su reestructuración, y así el Banco, que funcionaba como institución mixta, pasó a ser banco estatal. Jauretche se empeñó con firmeza y entusiasmo en poner el banco provincial al servicio de una política de apoyo al pequeño y mediano productor rural en los marcos de una orientación nacional de industrialización y promoción del mercado interno.

Hasta esos momentos -recuerda el historiador Honorio Alberto Díaz- “la función crediticia en la Provincia se encontraba tergiversada. Los chacareros se veían obligados a recurrir a las casas de ramos generales para obtener préstamos. Dichos acreedores compraban después la producción a esos deudores comprometidos que, después, no tenían más remedio que volver a endeudarse”. Jauretche puso fin a ese mecanismo perverso.

Su gestión al frente del Banco le permitió conocer en su trama íntima la labor de funcionarios y empleados de la banca oficial. Así pudo escribir: “He vivido bastante para sorprenderme de nada. En mi adolescencia creía que la virtud se había refugiado fundamentalmente en las dos carreras que deben estar más lejos de las seducciones del dinero: la de las armas y el sacerdocio. Hace mucho que mis creencias juveniles fueron puestas a prueba, y puedo asegurar que es en los bancos oficiales, en sus funcionarios y empleados, donde he encontrado sus mejores testimonios”. Aunque en estos tiempos revueltos no faltan deshonrosas excepciones, la reivindicación que hace Jauretche de la labor bancaria estatal es por demás oportuna y se corresponde plenamente con el ideario nacional de quien contribuyó, en un momento peculiar de su historia, a la transformación del Banco de la Provincia de Buenos Aires en una de las más sólidas y prestigiosas instituciones financieras de América Latina.

Un motivo más para defender lo nuestro de la codicia de la banca mundial, disfrazada de globalización, y para recordar a un eminente argentino, hoy gran olvidado, que dio peculiar impulso al Banco que presidió y que fue, más allá de esa circunstancia, un patriota cabal en el pensamiento y en la acción.


UNA POÉTICA DEL EROTISMO

<hr><h2><u>UNA POÉTICA DEL EROTISMO</h2></u>

Por Aristóteles España

La escritora Marcia Flandes (Temuco, 1957), quien reside actualmente en la capital de la Región del Bio-Bío, Chile, publicó recientemente “Y el cuerpo se me rezaga” (Ediciones Etcétera, Concepción, 2004). El breve e interesante libro contiene una poética del erotismo, desarrollado a través de un espacio lingüístico fuertemente cohesionado, lleno de imágenes que recrean un mundo donde atrapa el sudor del tiempo y del ser amado, con referencias de Pablo de Rokha, Eduardo Anguita, Mafud Massis, en el uso de atmósferas intimistas pero con un lenguaje colosal a ratos e impregnados de ruinas, locura, pétalos que salen de su boca y se depositan en el lecho sobre el cuerpo horizontal del macho. El objeto de su deseo mental y físico.

Al poeta Tulio Mendoza, autor penquista, le dedica uno de sus mejores textos: “A ti, que curiosamente indagas: tengo unas terribles ganas de fornicarte las ideas/ con el descontrol de los violadores. / Poseer con lujuria cada página abierta / morder sin piedad tu idioma perverso”.

La autora juega con su cuerpo que se rezaga, el ansia de volar más alto de esas paredes de carne, dice. El título del poemario pertenece a un verso de Gabriela Mistral donde señala que “Y el cuerpo se me rezaga en cada vuelo”. Volar con las aves, con las nubes en un territorio mítico poblado de ángeles que están condenados a la humedad terrible del suelo animal. Su libro es un compendio de cuerpos fusionados por el calor del éxtasis sexual, en el idioma de los dioses nos plantea, sin dejarnos en claro a cuales.

En sus poemas está el vértigo de la carne en piezas de hoteles, dibujos del alma en la ansiedad del #######, en la humedad de labios que caen en óleos sin pinceles ni música de las orillas.

Marcia Flandes realiza de esta forma un aporte a la poesía escrita por mujeres en Chile en un espacio cultivado mayoritariamente por una poética masculina. Versos eróticos, no #######áficos. Versos del calor humano vividos y escritos por una artista en el sur de nuestro país. La forma de abordar los adjetivos nos recuerda a Winett de Rokha, Stella Díaz Varín, Olga Acevedo. Sobre todo en la construcción de imágenes llenas de delirios y pesadillas, en un tiempo como el actual donde la poesía está ensimismada con la palabra y no con la emoción.

Marcia Flandes es Directora de la Sociedad de Escritores de Concepción. Ha participado en los Grupos Literarios “Los artistas del acero” (1992); “Mano de obra” (1994).

Sus primeros poemas fueron publicados en la revista “El beso silabeado en el cielo” (1994); y sus cuentos en el folletín “las revueltas literarias” (1995) de la Casa del Andalién. Su primer libro se titula “Llamado subterráneo” (poemas y relatos) y fue editado por Ediciones La Letra Nueva (1995). En 1997 Ediciones Etcétera publica su tríptico “El canto de las imágenes”. En 1999 publica “El canto del verbo” (Editorial Cuadernos del Sábado). Junto al poeta Tulio Mendoza Belio realiza actividades de Gestión Cultural en conjunto con Universidades locales y el apoyo de la comunidad.

Organizadora de Ferias del Libro, recitales, eventos de narrativa y poesía, es una de las voces poéticas más destacadas de su generación.

LA NOCHE DE LAS MARIPOSAS MUERTAS

Marcia Flandes

Las alas de la noche
siguen cayendo
en el centro de la plaza
mientras el y su poeta
ven pasar el tiempo quebrado
que rebota alrededor.

Impávidos
se tocan los ojos
para no dormir.

De tanto trasnochar por el mundo
los sueños aparecen como fantasmas.

Acosan con tanto verbo suelto
engañando a los ilusos
que se detienen a observar
todo el fulgor de las aguas.

Donde el fin de esta historia?
Donde las mariposas ciegas?
Todas las noches se transportan
en una sola
no amanece nunca.

No bastan los faroles amarillos
no bastan los ojos bien abiertos.

Ellos
todos ellos
no verán el sol.