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MIRANDO AL SUR - augusto alvarado


EL GUATÓN ABDALA

<hr><h2><u>EL GUATÓN ABDALA</h2></u>

(Historia de un represor)



Cuento de Augusto Alvarado

A la memoria de César Oyarzo Vivar


Qué bueno que viniste, cabrito. ¿Cuánto tiempo pasó? ¿31? ¿32? Una punta de años, laputamadre. ¿Qué quien carajos soy? ¿No te acordai? Cuando nos conocimos, hace como cincuenta años, me decían el amordetodas. Algunos, un poco más jóvenes, me conocen como el guatón abdala y los más pendejos me conocen, simplemente, como el huevón de la silla de ruedas. Soy el tom cruise de este pueblo de mierda. ¿Qué? ¿No te acordai de nacido el cuatro de julio? Un pendejo, tom cruise, va a pelear a vietnam como voluntario. Está convencido que va a defender a su país, un estilo de vida, la democracia y la libertad. No le va bien, le meten un par de balazos y vuelve a estados unidos hecho una piltrafa, paralizado de la cintura para abajo. Lo tratan como el culo en un hospital de veteranos y el gil poco a poco va entendiendo que la guerra no es lo que creyó que era. Encima tiene una minita que le comienza a llenar la cabeza de historias contra la guerra. Le empieza a dar al trago y a la droga, va a méxico donde conoce a otros veteranos de guerra hechos mierda. Bueno, tú sabes cabrito, seguramente viste la película, el tom cruise termina siendo un luchador contra la guerra, un defensor de los derechos de las minorías y ahí termina la historia. Por eso digo que soy el tom cruise de este pueblo de mierda porque como ves, cabrito, yo también estoy en una silla de ruedas, no me hirieron en vietnam aunque también tuve mi guerra y quiero contártela capaz que tú cabrito puedes escribir mi historia, o hacer una película, queseyo, tal vez te interesa... Total, no se pierde nada.

(Cuando te ví el otro día caminando por las calles del pueblo después de tantos años me puse contento cabrito, pensé que mi vida otra vez tenía sentido, no me vas a creer, creo que he vivido estos últimos años en esta puta silla de ruedas para esperarte, para contarte, para que sepas, cabrito, que nunca te fallé, para que todos en este pueblo de mierda conozcan la verdadera historia del guatón abdala).

Bueno, como te decía, en algún momento de mi vida me decían el amordetodas. Y a mí me gustaba el apodo porque yo era pintón, ganador, me peinaba con gomina y brillantina, buen bailarín y sobre todas las cosas, un buen deportista. En invierno, que en este pueblo va de abril a septiembre, jugaba al basquet. Cómo hacíamos, no sé. Jugábamos con unas pelotas de cuero enormes, decían que eran número seis, parecían sandías y para picarlas era necesario hacer malabarismos. No había tele, ni cable, ni radios había, ni enebea, ni ligas europeas, nada. Cómo aprendíamos, ya te dije, no sé. Yo tenía mis ventajas, un buen estado físico (en ese tiempo no fumaba ni tomaba), era rápido para las bandejas y tenía buena puntería en lo que ahora llaman tiros de dos puntos. También era bueno para los tiros libres. Con eso bastaba para estar entre los mejores. Y fue más o menos en esa época que te conocí. Porque entrenábamos en el único gimnasio del pueblo y siempre costaba un triunfo juntar diez para hacer por lo menos dos equipos de cinco y practicar como la gente. Y ahí estabas tú, cabrito, con tus amigos, al costado de la cancha esperando que los inviten a jugar. Eran más chicos, diez o doce años menos que nosotros, pero eran empeñosos, no tenían miedo y jugaban bien, por algo se lo pasaban todo el día en el gimnasio. Tenías un lindo lanzamiento, en suspensión le llamaban entonces, tirar al aro con la pelota bien arriba de la cabeza después de tomar impulso y saltar como los dioses. Y la metías seguido, la metías. Fue entonces cuando me encariñé contigo, cabrito, no sé por qué, sería porque no tenía hermanos, ni más chicos ni más grandes, era un amordetodas que estaba muy solo en este mundo. Yo siempre decía, y te juro que no sé por qué, a este campeón lo voy a cuidar, le voy a enseñar los secretos del basquet y los secretos de la vida a este cabrito decía yo.

Después venía la temporada de fútbol y yo también jugaba, cómo no iba a jugar si era todo un atleta, y por supuesto jugaba de arquero, el puesto más difícil, el más arriesgado, solo para valientes. Era bueno y tenía mucha suerte, un culo más grande que una casa decían los muchachos, si yo no la atajaba estaban los postes, el travesaño, alguna pata salvadora de un defensor... Con decirte que un par de temporadas entregué el arco invicto... Pero todas las bellas historias terminan algún día, cabrito, y una vez a los dirigentes del fútbol se les ocurrió traer al colo-colo, el primer equipo profesional que pisaba los potreros del pueblo. Nueve goles me comí cabrito, sin saque, y eso que no vino el chamaco valdés ni el cua-cua hormazábal. Entonces yo dije que a esta huevá no juego más, ningún arquero, ni siquiera el amordetodas, puede llevar nueve goles sobre sus espaldas, en un solo partido. impunemente. Y colgué los chuteadores, cabrito. Así nomás, de un día para otro y para siempre.

Pero sabes donde me hice famoso, y donde llegué a ganar unos pesos, fue en las peleas, en el box, porque no le tenía miedo a nada y ya te dije, era un atleta de tiempo completo, nada de trago ni cigarrillos. Claro que no me gustaba pelear con los gallos del pueblo, eran todos conocidos, así que siempre les gané por puntos, nunca noquié a nadie. Pero que no me trajeran a alguno de otro lado, aunque fuera del pueblo más cercano, los cagaba a tortazos, siempre gané por nocaut y si era argentino, mejor que mejor, porque ahí sí que me salía el indio. Se me inyectaban los ojos de sangre decía un viejo borrachín que escribía en el diario del pueblo. Y fué con un argentino que terminó mi carrera de boxeador, cabrito. Era un mendocino que trabajaba en la mina de carbón, puro músculo el desgraciado, ligero de piernas, rápido con las manos aunque no pegaba fuerte.Tenía una vista de lince el cuyano. Pactaron una pelea a ocho rounds, no sé por qué, siempre eran a cinco o diez vueltas. Ocho rounds y no pude ponerle ni una sola mano al maricón ése, esquivaba todo cabrito, y cada vez que yo pasaba de largo con mis golpes me mostraba la cara y se reía el muy hijo de puta. Se burlaba del amordetodas en su propia casa, en su propio cuadrilátero. La gente me apoyó más o menos hasta el cuarto o quinto round, dale guatón me decían los más viejos, pégale en la bodega amordetodas, gritaban los más jóvenes. Hasta la canción nacional tocaba la banda de música del regimiento, que siempre acompañaba las veladas boxísticas como acostumbraba a decir la gente. Y empezó a ocurrir algo extraordinario, creo que a partir del sexto round. Cada vez que yo pasaba de largo con mis gualetazos la gente gritaba ole, ole y aplaudía al mendocino, laputamadre, nunca pensé que podría pasarme algo semejante, fueron los tres últimos rounds que pelié en mi vida cabrito, todavía tengo el ole en mi cabeza y el puto mendocino que se burlaba y la banda que tocaba adiós al séptimo de línea, la cucaracha y los viejos estandartes. Y el cuyano me punteaba y me punteaba, no pegaba fuerte pero me dejo el hocico como una albóndiga y los ojos chiquititos y cuando escuchaba los ole, ole, por primera vez en mi vida de boxeador quise levantar el brazo y abandonar pero el chileno no se rinde mierda y la banda del regimiento tocaba sin muchas ganas la canción de yungay cuando terminó la pelea y yo dije hasta acá llegó tu carrera pugilística amordetodas me dicen al pasar.

Habrá sido porque no me rendí, porque no levanté la mano, porque no aflojé, que un par de días después vino a verme el jefe del regimiento en persona, un coronel, usted es un buen chileno abdala, me dijo, un patriota, y yo vengo a ofrecerle un lugar en el glorioso ejército de o'higgins. Hombres como usted necesita la patria, me dijo, y yo me puse a lagrimear y a hacer pucheros y en ese momento comprendí que la carrera artística del amordetodas se terminaba y que empezaba la verdadera vida del ciudadano chileno germán abdala, en adelante el guatón abdala, de la gloriosa clase del treinta y seis.

Y fue más o menos por ahí, el sesenta y tres o el sesenta y cuatro que te perdí de vista, cabrito. Cuando cambió mi vida en ciento ochenta grados. Un sueldito todos los meses, no era mucho, pero era un sueldito. Un uniforme con los galones de cabo. Las reverencias de los soldados conscriptos, permiso mi cabo, buenos días mi cabo, buenas tardes mi cabo, buenas noches mi cabo, permiso para ir al water mi cabo. No era instructor, era un cabo contratado, un poco más que ellos nada más, pero qué mierda sabían esos conscriptos ignorantes que venían casi todos de chiloé. Trote carrera marrr mierda y los pelados salían disparando. Encima me casé con mi antigua novia, el amor de mi vida. Mientras yo me dedicaba al box, la milonga y el hueveo ella se recibía de profesora en la escuela normal de ancud. ¿Qué más podía pedirle a la vida, cabrito? Sí, tienes razón, siempre hay algo que las caga, la mosca en la sopa, el pelo en la leche. Me integraron a la banda del regimiento, la que tocaba la cucaracha cuando el cuyano me sacaba la lengua. La banda de la noche triste. ¿Sabes para tocar qué, cabrito? Los platillos, la puta madre que los parió. ¿Puede haber algo más degradante, digo yo, que tocar los platillos en una banda? Aunque pensándolo bien hay algo peor, tocar el bombo. Y cuando el colifato villegas estaba de vacaciones o se enfermaba me mandaban a tocar el bombo carajo, eso sí que era degradante, cargando la mole esa por las calles los domingos en la plaza, transpirando como un energúmeno. Y las retretas vespertinas y los actos escolares y las autoridades militares que nos visitaban y las autoridades civiles que también nos visitaban y yo dale que dale con el bombo y los platillos meta que la tumba serás de los libres o el asilo contra la opresión carajo.

Después dejé de hacer deportes y me puse a tomar como un infeliz y a comer como un chancho y a fumar como una luciérnaga y me empezó a crecer una guata descomunal, una guata que no nacía debajo de las tetillas como todas las guatas, la mía comenzaba en la base del cuello, era todo un tronco prominente y de ahí, como te imaginarás cabrito, empecé a ser definitivamente el guatón abdala, el chancho abdala, el charchetudo abdala.

Aunque cada día me gustaba menos la huevada esa de ser milico, cabrito. Pelar papas en la cocina, limpiar la bosta en las caballerizas, hacer uno que otro mandado, ensayar y ensayar las mismas putas marchas todos los días. Comer, cagar y dormir era la consigna. Paciencia guatoncito me decía mi mujer, ya vendrán tiempos mejores. La patria espera todo de ustedes nos arengaba el coronel todos los domingos mientras nosotros, los pelotudos de la banda, tocábamos una y otra vez el himno nacional puro chile es tu cielo azulado mierda puras brisas te cruzan también.

Y de repente todo cambió, cabrito, de la noche a la mañana, tenía razón mi mujercita querida, por algo había estudiado la flaquita. Un martes de septiembre del setenta y tres nos levantaron a los gritos a las tres de la mañana, arriba los soldados de la patria carajo, nos vamos a tomar el pueblo porque a partir de hoy vamos a ser gobierno, se acabó la tiranía viva chile mierda. Abdala, villegas y tres soldados con el teniente márquez a un jeep armados hasta los dientes ordenaba el capitán piluso, los demás arriba de los camiones en cinco minutos y viva la patria mierda.

Llegamos al pueblo a las cinco o seis de la mañana, estaba oscuro y hacía mucho frío. Creo que había nevado y todo, en septiembre, cabrito. Toda la plaza estaba rodeada de camiones, jeeps, soldados en los techos, todos apuntando al edificio de la gobernación y a los principales edificios públicos. Gritos, órdenes, nerviosismo, puede haber resistencia armada nos había dicho mi coronel cuando arengó a las tropas en el regimiento. Pero no pasaba nada, todo tranquilo en el pueblo, abdala y villegas consigan un tacho vacío de doscientos litros y hagan fuego nos dijo piluso, tres soldados conmigo a la municipalidad agregó y al rato empezaron a bajar con libros, libros y más libros de la biblioteca municipal, vayan quemando toda esta mierda dijo piluso y yo con el colifato villegas meta quemar carajo, libros chicos, medianos, gordos, enciclopedias, diarios, mapas, lo que cayera viejo y como las ocho de la mañana apareció una flaquita de rulos que era la bibliotecaria, bastante buena la flaquita, y nos empezó a gritar, cavernarios, decía, el pensamiento no se multa ni se encarcela, pero lo estamos quemando le dije yo, y apareció mi suboficial mayor morales, el perro le decían, y le encajó una reverenda patada en el culo a la flaquita y no te quiero ver más por acá le dijo, te fuiste y la flaquita de rulos se fue llorando y nunca más la volví a ver. El colifato villegas sabía de libros y les decía a los soldaditos tráiganme uno de neruda muchachos y si encuentran alguno de gabriela mistral también, arden lindo esos libros porque están hechos con papel de arroz y salen unas llamas azules decía el colifato como poseído y fíjense si encuentran algo de garcía márquez, si es de la editorial sudamericana, mejor, les gritaba mientras los soldaditos subían y subían las escaleras y volvían cargados de libros.

Y a la noche nos mandó a buscar mi coronel gallardo, que era el nuevo gobernador, al colifato villegas, al suboficial morales y a mí. Éramos los únicos del regimiento que estábamos presentes, todos los demás eran oficiales o suboficiales de afuera, de inteligencia militar según nos dijeron, el que más hablaba era un mayor de apellido ruiz, tenemos el control del país nos dijo, el presidente socialista se suicidó, estaba borracho, agregó, pero ahora comienza la tarea más difícil, nuestros informes de inteligencia dicen que todo chile es un arsenal, de arica a magallanes, hay armas rusas, checoslovacas, cubanas, armas por todas partes y nuestra misión, soldados, es encontrarlas, busquen, interroguen, olfateen, escuchen, las armas tienen que aparecer ahora porque los enemigos algún día las usarán contra la patria. Por eso los hemos convocado, soldados, porque su hoja de servicios es brillante y ustedes son valientes y patriotas como buenos chilenos. Así que a trabajar muchachos y viva la patria. Y ahí nomás me ascendieron a sargento, galones nuevos, uniforme nuevo, de camuflaje le llamaban, y armas nuevas, y sobre todo, lo más importante cabrito, carta blanca, chipe libre, todo el poder para el guatón abdala y sus amigos de la inteligencia militar.

Instalamos nuestro cuartel general en un edificio de dos pisos medio abandonado de la cruz roja y empezamos los interrogatorios cabrito, nunca en mi vida trabajé tanto como en esos primeros tiempos de nuestro gobierno militar. Casi no dormíamos, no aparecía por mi casa, a veces la flaquita me traía comida aunque más que nada le dábamos al trago, wiski y pisco tomábamos ahora porque teníamos que estar siempre despiertos, al pie del cañon decía mi mayor ruiz, con los enemigos de la patria nunca se sabía, en cualquier momento podía saltar la liebre. Le sacamos la cresta a medio mundo, jóvenes, viejos, solteros, casados, estudiantes, campesinos, obreros, maestros y las armas no aparecían laputamadrequelosparió.

Y ahora viene la parte que siempre te quise contar, por la que te esperé tanto tiempo, siempre dije, el cabrito tiene que conocer esta parte de la historia. Un día el mayor ruiz nos dijo que en la comisaría de carabineros estaba detenido un huevón peligroso, ése estudió en la universidad, dijo, ése sí que sabe de armas, cáguenlo a palos, tirenlo al mar, métanle corriente hasta por el culo, sáquenle información como sea. Y fuimos con el colifato y el perro morales, contentos porque ya estábamos enviciados con eso de pegarle a la gente y además siempre era más fácil pegarle a un huevón de afuera, como en mi época de boxeador. Entramos al calabozo de los carabineros y gritamos ¡mirando a la pared y las manos atrás carajo! y el huevón no se movía, era un ovillo en el piso y ahí nos dimos cuenta que los pacos o los tiras habían empezado la tarea, querían ellos ganarse los galones, el huevón no se podía ni parar, estaba además cagado de frío, tiritaba aunque tal vez era de miedo. Tuvimos que pararlo y afirmarlo contra la pared para vendarle los ojos y atarle las manos por detrás, era el procedimiento de rutina, cabrito, y ahí nomás empecé a tiritar yo, me temblequeaban las piernas, las manos y las carretillas porque fuí descubriendo que eras tú cabrito, detrás de la mancha negra de esa cara llena de golpes estaban tus ojos cabrito y dije guatón tienes que cumplir con tu promesa al cabrito no le vas a pegar, ya tiene suficiente y llamé al paco que estaba de guardia y le dije quién carajos autorizó que golpeen a este hombre y el paco se cagó todo y dijo fueron los tiras mi sargento y dije a este hombre hay que llevarlo al hospital porque se puede morir en cualquier momento y el paco dijo sí mi sargento y ahí nomás llamó a una ambulancia y vino un médico y dijo sí lo vamos a internar y te llevaron cabrito te tuvieron como quince días en el hospital y la sacaste barata campeón porque después te sacaron del pueblo y te mandaron al pudeto y después a isla dawson y después te mandaron a rancagua y después te fuiste a la argentina cabrito y ahora volviste y yo el guatoncito abdala te cuento esta historia porque fuí un hijo de puta cabrito con mucha gente pero contigo no cabrito, contigo no, porque el guatón abdala tiene palabra y tiene corazón cabrito y a tí nunca te pegué ni permití que ningún hijo de puta, ni el colifato ni el maldito perro morales te toquen, cabrito, porque contigo no cabrito, contigo no.

Y ahora, ya ves, estoy en silla de ruedas cabrito. Hace un par de años me empecé a sentir mal, me costaba un huevo y el otro caminar, no sentía las piernas y la flaquita me llevó al hospital y el médico me dijo estás cagado guatón, casi no llega sangre a tus piernas, mucho trago y mucho cigarrillo guatón, mucha grasa en tu sangre, te vamos a tener que cortar las piernas porque si no te vas a morir muy pronto guatón me dijo el médico y me las cortaron nomás, justo debajo de las criadillas, la pichula la uso para mear nomás, no se te vaya a ocurrir ir al hospital en este pueblo de mierda cabrito, aquí te cortan las piernas por cualquier cosa, seguro que tenemos el record mundial de huevones sin piernas y aquí estoy cabrito, en esta puta silla de ruedas, como el tom cruise, mi mujer me saca a pasear, me lleva a hacer las compras, claro que no dejan entrar en silla de ruedas a los supermercados así que me deja afuera, atadito como un perro, porque los pendejos de mierda, seguro que los hijos o nietos de los enemigos de la patria, me molestan, me tiran piedras, me dicen guatón culiao, métete el bombo en el culo me dicen y yo estoy solo cabrito, al colifato villegas lo mataron en un quilombo y el perro morales se murió solo como un perro y yo me voy a morir en esta puta silla de ruedas pero hoy estoy contento cabrito porque te ví después de tantos años ¿30? ¿32? y te conté mi historia y capaz que tú la escribes cabrito o haces una película y todo el mundo va a conocer la verdadera historia del guatón abdala, el amordetodasmedicenalpasar, el huevón de la silla de ruedas, el milico hijo de puta que cagó a medio mundo pero que cumplió su promesa y nunca te tocó cabrito, jamás cabrito, contigo nunca cabrito ...


LA PATAGONIA DE MADSEN

<hr><h2><u>LA PATAGONIA DE MADSEN </h2></u>

"Este era el mundo de los sueños de mi infancia: espacio sin límites y tierras sin dueño" - Andreas Madsen

Tecpetrol - Cuadernos Patagónicos N° 11 "Estancias de la Cordillera"

Noviembre de 2003

Andreas Madsen nació en Dinamarca en 1881. Durante aquel mismo año Chile y Argentina concluyeron el Tratado de los Límites que establecía teóricamente la frontera entre los dos países a lo largo de la línea divisoria oceánica, el famoso "divortium aquarum". En aquellos tiempos la geografía de la Cordillera era casi desconocida. Cuando en 1892 los peritos designados por los dos países trataron de establecer concretamente las fronteras sobre el terreno, se dieron cuenta de que en la Patagonia no se encontraban ante una sola cadena montañosa con divisorias de aguas bien definidas sino que había diferentes cadenas divididas por valles transversales, cuyos cursos de agua desembocaban en parte en el Atlántico y en parte en el Pacífico. Se instituyeron entonces las Comisiones de Límites que tenían que relevar, ante todo, aquella complicada Cordillera. La obra de relevamiento topográfico fue realizada por chilenos y argentinos, principalmente entre 1894 y 1903.

Las comisiones se valían de ayudantes que lograban contratar para ese arduo trabajo siempre a la intemperie en regiones aisladas. En la comisión argentina, dirigida por Lodovico von Platten, encontró trabajo el joven Madsen. Había abandonado la miseria campesina de Dinamarca para embarcarse como marinero en un pequeño velero que se dirigía a Buenos Aires. Una vez en tierra firme quiso quedarse en Argentina y llegó a la región del Fitz Roy en 1901. Regresó al lugar en los dos años sucesivos y, enamorado del ambiente natural, decidió
establecerse, no sin volver una vez más a Dinamarca a buscar a su novia Fanny que fielmente lo estaba esperando y que sería su heroica compañera para toda la vida.

Inició la construcción de su estancia en 1906, en el valle del Río de las Vueltas, frente al Fitz Roy. Aquel monte representaba para él una síntesis de la belleza de la creación.

Contrariamente a otros pobladores, no eligió un terreno por lo propicio que podía llegar a ser para la cría de ovejas y vacunos sino por su belleza. Permaneció por más de cincuenta años en aquel lugar encantador aunque solitario; cultivó hortalizas, centeno y árboles frutales. Su vida, aunque rica en entusiasmos, iniciativas y
sagacidad, no fue nada fácil, al contrario, muy dura. Sus tres hijos, dos de los cuales se recibieron de guardaparques, murieron antes que él; sólo sobrevivió su hija que, por otra parte, se mudó a Buenos Aires.

Su estancia estaba situada en posición estratégica para el acceso a las cumbres de las cadenas del Fitz Roy y del Cerro Torre y así Madsen se encontró siendo el referente de apoyo para las expediciones. Les prestó su colaboración siempre con generosidad y "por amor a Dios y no al andinismo", como cita el escritor francés Saint-Loup, consejero militar en Argentina, luego de haber pasado por esos pagos en misión de exploración en 1951. El mismo Madsen, que escribió sobre la "Patagonia Vieja", sobre movimientos anárquicos y sobre sus expediciones de caza al león puma, nombró muy poco a los andinistas, algunos famosos, que se dirigieron a él.

Madsen era importante para los otros y no así éstos para Madsen. Su Patagonia era la Patagonia de los espacios, de la serenidad, del trabajo del campo. Podía amar al Fitz Roy sin necesidad de escalarlo. En homenaje al incomparable cerro le puso el nombre Fitz Roy a uno de sus hijos y a su estancia, a la cual los andinista muy a menudo llamaron simplemente Madsen.


EL VELLONERO

<hr><h2><u>EL VELLONERO</h2></u>

Cuento de Francisco Coloane

Cuando el pequeño Manuel Hernández despertó después de una pesadilla en que le pareció andar por un camino polvoriento entre nubes de tierra que le picaban las narices, se encontró en el suelo junto a los camarotes de los peones, sobre los tres clásicos cueros lanudos de oveja que se usan de cama en las estancias, doblados y ajustados con esa maestría campesina que los convierte en un mullido colchón.

Sentándose, vio que se hallaba en medio de una pieza grande en la que había seis u ocho hombres durmiendo en literas adosadas a la pared, como en la tercera clase de los barcos de pasajeros.

El acre olor a cuero de oveja y el tibio y algodonado del sudor humano, que flotaban con pesadez en el ambiente, le recordaron, patético, el sueño del camino polvoriento cuyos remolinos de tierra atascaban sus narices.

Las primeras luces del amanecer le hicieron adquirir más conocimiento del lugar; en las literas destacándose los cuerpos de los hombres cubiertos, la mayor parte, con pieles de guanaco, con el pelaje para adentro, para producir más calor. La carnaza verdoso-amarillenta del cuero, estriada de líneas pálidas donde habían estado los hilos vitales del animal, daba a aquellos cuerpos dormidos una impresión cadavérica. Dibujábase en tal forma la estructura de la huesambre humana, especialmente en los que dormían con las piernas encogidas y las rodillas en alto, que a no mediar el ruido de las respiraciones silbantes o roncas hubiéraseles creído momias reconstruidas en un museo.

El niño miró un momento sin pensar, tan extraña era su situación que se sintió como despegado de su cuerpo, mientras sus dos ojos volaban como dos moscas por sobre las cosas. Un impulso de levantarse y echar a correr lo conmovió. Luego, al inquietarse, se dobló en congoja, tuvo deseos de llorar y no pudo, embargándole una angustia de orfandad y desolación.

La claridad del día entró de lleno por un tragaluz, y con ella un poco de confianza llegó a su espíritu. Se envolvió en las mantas, acurrucóse y empezó a recordar su viaje a la estancia.

II

En el día sentimos una sensación más primitiva de estar en la tierra… Pero en las noches, especialmente cuando en un cielo brillante distinguimos con claridad los astros, nos damos cuenta de que habitamos sólo una isla perdida en el espacio, pues la tierra se pierde, caminamos con los ojos fijos en la vía láctea, y corazón, alma y cerebro vuelan por el cosmos para bajar de nuevo, hasta caer un día definitivamente bajo las cuatro paladas de tierra.

El pequeño Manuel recordó cuando en la pampa infinita, cuya superficie parecía combarse con la redondez de la tierra, surgió de pronto una llamarada grandiosa, y, al rato, una bola de fuego, sanguínea, monstruosa, fue levantándose en el horizonte con gravidez. Los pastizales quietos se cuajaron de oro; una cabeza levantó la cabeza dorada; los alambrados se convirtieron en hilos de luz y las lejanías azules empezaron a palpitar como espejismos.

Recordó el recogimiento de su cuerpo en un rincón oscuro del automóvil, asombrado, y cuando luego avanzó la cabeza, levantó una punta de la capota y sus ojos, tímidamente, se anegaron en el espectáculo que por primera vez veía: una salida de luna sobre la Tierra del Fuego.

El auto avanzaba sobre la huella dilatada, desde la estancia “Bahía Inútil” hacia la de “San Sebastián”, con un rumor poderoso y estremecido por el tubo del escape libre, e iluminado por la luna parecía una cucaracha extraña sobre la costra del planeta dormido.

Después, cuando en una hondonada apareció el bello conjunto de las casas de la estancia, simétricas, trizadas de luz y de sombras, fue para él un oasis de cordialidad en medio del paisaje hermoso pero estático, frío e igual.

El cocinero salió a abrirles y los llevó a la cocina, donde comieron las tradicionales chuletas, pan y café caliente.

- Ese muchacho que me ha pagado sólo medio pasaje. Viene de vellonero a la estancia -dijo el chofer refiriéndose a Manuel, que comía ávidamente su pan.

¡Ah, si supieran su treta! ¡El corazón le saltaba de angustia y creía ver en todos los ojos una mirada de desconfianza, como si ellos supieran que era un mentiroso!

Los latigazos de la arpía de su tía y las patadas del hombrote de su marido habían marcado ronchas en el espíritu del niño, morenos en su corazón tembloroso de adolescente, y así, en cada adulto, mujer u hombre, sus doce años atormentados le hacían ver un verdugo y una azotadora.

Qué alivio cuando desapareció el cocinero con su cara de rata molinera, y el mozo coloradote, que habíase levantado para probar el pisco que convidaba el chofer! Éste lo llevó a la casa de los peones. Él mismo le acondicionó los cueros contra el suelo y le arregló las mantas.

III

Después de despachar al último peón, el capataz de la estancia, un gringo espigado con cara de borracho, con la cachimba entre los dientes y las manos a medio entrar en el pantalón de montar, quedóse mirando distraído las vegas lejanas.

Manuel se hallaba a tres metros de su lado. Se encontraba bajo esos característicos cobertizos donde se guardan los tractores y otras maquinarias de la estancia. Hubiera querido interrumpirle con un “¡Señor…!”, pero qué frialdad emanaba del acero del tractor y de la ventisca que remolineaba bajo el cobertizo revolviendo unas virutillas hostiles. ¡Y aquel hombre silencioso, torvo, más horrible que la arpía de la tía y el hombrote de su marido!

De pronto, el capataz se dio vuelta, levantó el ceño y preguntó intrigado al niño:

- ¿Y tú…?

- Vine a buscar trabajo de vellonero.

- No hay trabajo de vellonero; están todos los puestos ocupados.

- No tengo dónde ir.

- Que te lleve el que te trajo.

- No tengo más dinero.

- ¿Tienes libreta de seguro obrero?

- No me la quisieron dar en la oficina de Magallanes.

- ¿Por qué?

- Porque tenía que llevar una papeleta firmada por mi patrón… y como todavía no tengo patrón no pude hacerlo.

- ¿Te mandaron tus padres?

-No tengo padres; me mandaron mis tíos. Supieron que muchos niños de las escuelas, a mi edad, salían en las vacaciones a trabajar de velloneros a las estancias y que ganaban trescientos treinta pesos mensuales.

El capataz lanzó una gruesa interjección en inglés y continuó:

- Ustedes ya vienen siendo una peste como los caranchos en las estancias. Cruzan los alambrados en manadas como los “chiporros” cuando pierden la madre en tiempo de marca, tiritando de frío, hambrientos y balando en las tardes. Y lo peor, que dan lástima. No se les puede echar a la huella como a los hombres; son tan débiles. ¿A dónde te voy a echar a ti? ¡Y si te doy trabajo sin libreta, las leyes multan a la sociedad y ésta me larga a mí también! Dime: ¿Qué hago contigo?

El muchacho agachó la cabeza entristecido, pero hipócritamente, pues su pequeño corazón ya saltaba alegre y su instinto le decía que ese hombre, rudo por fuera, era bueno por dentro y que le ayudaría. ¡Bueno, anda a “tumbear” entre tanto a las casas! -dijo el capataz, mientras
volvía a ensimismarse en las vegas lejanas.

IV

El galpón de esquila vibraba con un ruido ensordecedor. El ¡oh!, ¡oh! De los corraleros y breteros se mezclaba con el ladrido de los perros, el bochinche de los tarros con piedras de los encerradores y el estridente silbido de los ovejeros.

Como una mar gris de lenta corriente, el ganado entraba jadeante por una manga al corral más amplio del galpón, luego a los más pequeños, finalmente a los bretes, de donde eran sacadas las ovejas por los agarradores y llevadas a mano del esquilador. Éstos, sudorosos, sentaban el animal entre sus piernas y hacían resbalar la máquina esquiladora desde el cogote hasta el cuarto trasero, levantando el espumoso vellón. Después largaban al animal trasquilado, blanco y huesudo, por un portalón que daba a otros corrales desde donde serían reintegrados a sus campos.

Allá en el fondo de un ala del galpón, cuando cesaba el infernal ruido de la aprensadora, se oía, monótona, la voz del clasificador de la lana de las fábricas británicas, el cual en un inglés cerrado iba repitiendo, a medida que unos muchachos le presentaban sobre la mesa los vellones: Quarter!, tree quarter!, a half!

Los velloneros parecían ardillas corriendo desde las guías esquiladoras hasta el mesón de clasificación. El galpón jadeaba como un monstruo; mientras por un extremo entraba una cinta grisácea de ganado, por el otro salía blanca, plateada, después de una extraña elaboración en su vientre gigantesco.

Era vísperas de Año Nuevo, la esquila llegaba a su fin; se detendría sólo para festejar la entrada del nuevo año y luego continuaría hasta terminar la faena, que dura más o menos un mes.

De uno a otro extremo los velloneros, peones, esquiladores, aprensadores, embretadores, fueron reuniéndose en grupos.

- ¡Subiadre, Katunaric, Véliz, Díaz, Vidal! -se llamaban los velloneros.

El mes de trabajo los había cambiado; ya no se gritaban los nombres sino los apellidos, como corresponde a verdaderos “hombres de campo”.

- ¡Qué programa tienen para mañana, “gauchitos”! -exclamó uno de los muchachos.

Lo mismo se decían allá en otros rincones del galpón los hombres. Unos irían a chupar ginebra y whisky al boliche del “Tuerto Santiago”, al otro lado de la frontera, a una cuarta de Chile; algunos a los puestos lejanos a visitar a los amigos, y otros, los más, se quedaron tumbados en sus camarotes dando vueltas a su aburrimiento.

V

Un grito como de guanaco herido estalló en la huella, traspasó los turbales y fue a perderse allá en el páramo.

Manuel Hernández detuvo su cabalgadura. El niño volvía del boliche del “Tuerto Santiago”. Un caballo y una montura prestados; insistentes invitaciones; un “aprende a ser hombre”, y ya el whisky había quemado por primera vez sus entrañas y su alma adolescentes.

Nuevamente el grito vibró sobre los pastales bajo el cielo de plomo. Ahora supo de dónde venía; de atrás, de la huella. Era el “Guachero”. Venía dándole alcance a todo el correr de su caballo y lanzando esos gritos muy suyos, resabio de algún antepasado que trotó por esas mismas pampas corriendo a los “chulengos” o a los onas.

- ¿Por qué te arrancaste, Mañuco, si estaba tan buena la fiesta? -gritó al sentar de una tirada a su zaino nervudo, junto a la cabalgadura del niño, a quien trató de dar un abrazo que éste esquivó con una agachada de cabeza.

- ¡Cuidado, “Guachero”; vamos juntos para la estancia, pero no me abraces; estás borracho y puedes botarme del caballo!

- ¡Y para qué “tenís” piernas entonces, “chulengo”! - exclamó con voz aguardentosa el “Guachero”, y pasando el brazo derecho por la cintura del niño, trató de arrancarlo de la montura, como hacen los jinetes ebrios por la huella, bromeando, mientras se pulsean las fuerzas y la embriaguez por si sobreviene la contienda.

El muchacho se agarró del cojinillo que cubría los bastos, tomó el rebenque por la lonja con la cabeza en alto, iba a descargar el golpe cuando el asaltante lo soltó.

- ¡No seas bravo, vamos como buenos amigos! -continuó apaciguando el
“Guachero”.

Ahora marchaban al tranco. El niño nunca supo por qué le llamaban “Guachero”, término campero que venía de “aguachar”, domesticar animales, aquerenciar, criar guachos. Era un mestizo bastante repulsivo, chato, ñato y con un cuerpo de rana, vigoroso. Sus compañeros de trabajo no lo estimaban. Uno de ellos le había dicho un día al niño Hernández. “Guarda, cuidado con ése; cuando se emborrachaba en la noche se arrastra por los camarotes como una babosa inmunda; lo han dejado medio muerto a patadas y no escarmienta!” Tampoco Manuel entendió claramente esto. Recordó sólo que su cara de cascote le había sonreído una vez con expresión estúpida y que su única gracia era imitar el relincho de los guanacos.

Por la imaginación del muchacho pasaron con rapidez los dramas de las huellas patagónicas, leídos junto a la estufa en las informaciones de El Magallanes. Aquel compañero de huella que degolló al otro en la soledad de la pampa para quitarle el “tirador” con el dinero de una faena. Otros muertos a cachazos de rebenque por unos cuantos cueros de “chulengos”. Pero él no tenía dinero ni cueros y no comprendía la agresividad del “Guachero”.

Éste, de pronto, empezó a mirarlo de hito en hito, con ojos de perro apaleado, sedosos y vengativos. La cara color de teja se iluminaba de vez en cuando, se volvía siniestro el brillo de los ojos y resbalaban hacia el campo y las “matas negras”, que parecían guardar la complicidad de estas miradas. Algo extraño se ocultaba en los pastizales de “coirón”. Del gris del día,, grávido, de la pampa tendida, surgían un anhelo y una angustia primitivos. En el corazón del niño, a huir, y en las sombras del mestizo se convertían en reflejos malsanos, en bestialidad y crimen.

De súbito, el niño largó riendas, pegó un fuerte rebencazo y su caballo saltó disparado en loca carrera. Tomó una delantera de diez metros mientras el “Guachero” se lanzaba a la carrera también.

Los pingos recalentados, corrieron desbocados. El muchacho llevaba las ventajas de la partida y del menor peso; pero el zaino del “Guachero” era superior y empezó a acortar la distancia.

Lastres atávicos revivieron en el alma del mestizo; desde cuando el patagón, montado en pelo y con arco y flecha en una mano, atravesaba las tolderías para raptar doncellas.

El perseguidor emparejó al otro animal, y de un tirón, hacia atrás, arrancó de la montura a su presa y, desviando el corcel de la huella, cortó pampa adentro.

Con una torcida brutal atravesó el débil cuerpo del niño sobre su montura; éste se debatía furiosamente, entablándose una dura lucha en plena carrera.

El niño sintió un bofetón más fuerte que los otros y gritó: “¡No me mates!” Con una mano, desesperadamente, alcanzó a tomar por el pelo al mestizo y lo inclinó hacia un lado; pero luego sintió que un brazo de hierro le doblaba la espalda. Oyó más cerca las resolladas de su victimario, sintió la humedad sudorosa de su rostro asqueroso y…, en un instante, dos ojos negros, fríos y opacos, como algunos sapos de los pantanos, se clavaron en los suyos. Fue un instante supremo. Tembló la carne que presiente el helado filo del cuchillo; pero, en un arrebato, su cuerpo se azotó en forma increíble. Ambos se desprendieron del caballo y cayeron…

El niño se levantó del suelo medio atontado y vio que a la distancia corría el zaino desbocado, arrastrando al “Guachero” prendido del estribo.

Al otro día encontraron el caballo en medio de un pantano con su macabra carga al lado. El cadáver estaba completamente destrozado, y la pampa, como siempre, infinita y silenciosa.

Cuando la campana del liceo llamó a los cursos para la primera formación del año, allá en un rincón del patio, un muchacho cabizbajo que estaba sentado sobre su bolsón de libros, como un viajero abandonado por su barco con un equipaje inútil ya, fue interrumpido por el grito dichoso de un compañero:

- ¡He…, “vellonero”, vamos a clase!


HISTORIA DE LOS PRÍNCIPES HARAGANES

Por José Steinsleger

El día en que los Emiratos Arabes Unidos (EAU) celebraron el primer año de su independencia (1973), el jeque Zayed bin Sultan al-Nahyan, emir de Abu-Dhabi, estaba feliz. Despertó, y cuando se encaminaba a su jardín artificial para cumplir con sus oraciones se encontró con un flamante vehículo color banana y chocolate, obsequio de la Rolls Royce de Inglaterra. Bajo la manga, la Rolls traía una propuesta: que el emir decretase que en adelante la marca sería la oficial de todos los jeques de los EAU. Pero un alcahuete de la corte le arruinó el día: en el vecino Kuwait, el jeque Sabah al Salem Sabbah había recibido un obsequio similar. Zayed montó en cólera. Y al día siguiente prohibió la venta de la Rolls en los siete emiratos regidos por su presidencia. Con el propósito de disuadirle, los ingleses visitaron al jeque. Mas de nada sirvieron los esfuerzos para convencerlo de que el Rolls del kuwaití era color pistache y zarzamora.

Dos años después, riéndose bajito y a costillas del vecino, el emir de
Kuwait adquirió el 10 por ciento del paquete accionario de Volkswagen y el 14,6 del de Mercedez-Benz. Lejos de sentirse derrotado, Zayed purgó la depresión concentrándose en su actividad favorita: invernaderos que producían 56 toneladas de pepinos y 27 de tomate a un costo de 400 dólares el kilo. Arriesgando el cuello, sus asesores le hicieron notar la escasa rentabilidad de tales actividades. Zayed los echó a espadazos acusándolos de "derrotistas". Pero en el Mundial de Futbol de 1990, el jeque recuperó el optimismo gracias a la discreta participación de la selección "nacional" de los EAU, integrada por iraníes, paquistaníes, jordanos, hindúes y palestinos.

Al noroeste de los EAU está Quatar, pequeña protuberancia sin un solo río, bañada por las aguas del golfo Pérsico. Quatar tiene 300 palacios y 141 pozos de petróleo. Según el artículo 22 de la "Constitución": "...el poder es hereditario para los miembros de la familia Al Tahani". Más adelante aclara que el Estado es "independiente, democrático y soberano". En Quatar, los hombres pueden hacer el amor a sus mujeres siempre y cuando pasen de las seis de la tarde. En Doha, la capital, existe un floreciente mall y en los cafés, los fumadores de arguilla (pipa de tabaco cuyo humo pasa por el agua) se la pasan contemplando el techo hasta que el almuecín los llama a la oración, cinco veces al día.

La vida es más enredada en Omán. Allí, los calumniadores de la honestidad femenina" (mirar a una mujer, por ejemplo) recibían hasta no hace mucho 80 azotes y los borrachos 40 y 40 días de calabozo. Y mientras los ingleses tomaban el five o'clock tea y los yanquis malteada de chocolate, el príncipe Saiyid Thuwuainy Sehab Al Said supervisaba desde las ventanas del palacio el cercenamiento de miembros, decapitaciones y ahorcamientos de los infractores, ejecutados
en la plaza pública para escarmentar a la población. Todo aquello era tolerado discretamente por los funcionarios occidentales que, por motivos petroleros, consideraban poco realista denunciar las atrocidades cometidas por la autocracia teocrática omanita. Cuando Omán se "liberó" con la "independencia", Occidente "descubrió" que en las mazmorras los presos eran castigados con el mismo látigo usado por la marina británica en el siglo XVI.

El auténtico paraíso radica en Bahrein, donde se cree que existió el Edén que narra el Antiguo Testamento y tuvo lugar la historia de Adán y Eva. En Manamá, la capital, se puede tomar alcohol, hay un casino, centros de diversión y el prostíbulo más célebre del Golfo, frecuentado por los técnicos occidentales y los jeques disfrazados de laicos para gozar de sus encantos. El sultán Isa Bin Sulman al Califa, emir de Bahrein, tiene gustos costosos: es fanático de las carreras de camellos y en Londres posee una de las mejores cuadrillas de caballos de sangre pura. Al sultán le gusta apostar en los casinos de la Costa Azul, Montecarlo y Beirut. Como odia firmar cheques viaja con un ayudante que carga con un maletín hinchado de libras esterlinas. En cada ocasión que anuncia un viaje, los empleados de los principales hoteles de Europa y Nueva York sufren ataques de ansiedad cuando averiguan si el sultán reservó habitaciones en los sitios donde ellos trabajan.

En Arabia Saudita, principal aliado de Washington y tutor de estos países que rodean su territorio, la policía religiosa (la temible Matowah) tiene orden de pintar de negro las piernas de las mujeres que "se portan mal". Cuando el almuecín llama a la oración desde el alminar de las mezquitas, la Matowah la emprende a garrotazos contra los que se hallan distraídos.

De los jeques de Kuwait, los EAU, Quatar, Bahrein, Oman y Arabia Saudita, en cuyos territorios subyace 65 por ciento del petróleo de la tierra, depende el 20 por ciento de la población mundial que ha condenado a la miseria al 80 por ciento restante. ¿Qué pasaría con la "civilización occidental" si los seguidores de Bin Laden los pasan a degüello?."


LA GUERRA COMO NEGOCIO PRIVADO

Por Roberto Bardini
Bambú Press
- México - 24 de abril de 2005

En la mañana del 21 de abril de 1918, Manfred von Richthofen, as de la aviación alemana conocido como el Barón Rojo, cae abatido en Vaux-sur-Somme (Francia). El aristócrata prusiano ha derribado 80 aeroplanos, el récord más alto de la Primera Guerra Mundial. Admirado por camaradas, adversarios e historiadores, se le considera un 'caballero del aire'. Al morir, le falta un mes para cumplir 26 años.

Cuando el avión de Von Richthofen se precipita, un compatriota avanza cuerpo a tierra en suelo francés, en la primera línea de fuego. Se trata del teniente Ernst Jünger, de sólo 23 años, jefe de un grupo de choque. En su mochila, lleva libros de Nietzche y Schopenhauer. El joven oficial bate otro récord: resulta herido 14 veces. Por su valor, es condecorado con la Cruz de Hierro y la Orden al Mérito, la más alta distinción del ejército alemán, creada por el emperador Federico II. Jünger también participará en la Segunda Guerra Mundial y morirá apaciblemente en 1998, a los 102 años de edad, dejando una gran obra literaria. En Tempestades de Acero, el 'filósofo guerrero' relata: "La guerra nos había arrebatado como una borrachera. Habíamos partido hacía el frente bajo una lluvia de flores, en una embriagada atmósfera de rosas y sangre. Ella, la guerra, era la que había de aportarnos aquello, las cosas grandes, viriles, espléndidas. La guerra nos parecía un lance viril, un alegre concurso de tiro celebrado sobre floridas praderas y la sangre era rocío".

Antes de enrolarse, a los 18 años, Jünger se había fugado de la casa paterna para incorporarse a la Legión Extranjera Francesa. El futuro escritor permaneció poco tiempo en un cuartel de Sidi Bel Abbès (Argelia) y, a pedido de su padre, regresó a Alemania para continuar sus estudios. Su novela Juegos Africanos es resultado de esa experiencia.

Algunos intelectuales de renombre pasaron por la Legión en algún momento de sus vidas. Entre ellos se cuentan el dramaturgo francés Jean Genet, creador del 'teatro del absurdo', y el escritor de origen húngaro Arthur Koestler, autor de El Cero y el Infinito. También el abogado y periodista estadunidense Joseph Pulitzer, cuyo nombre identifica al premio anual que se otorga a profesionales destacados, fue en su juventud un soldado de fortuna.

Pero los tiempos cambian. La Legión Extranjera fue perdiendo aquel halo de romántica aventura y se transformó en una rama profesional del ejército francés, con altos niveles de exigencia. Hoy, los legionarios participan fundamentalmente como cascos azules en las misiones de paz de la Organización de Naciones Unidas.

Sin embargo, aún existen soldados de fortuna repartidos en varios países del mundo. No los guían ni el heroísmo ni la búsqueda de gloria, sino los altos salarios en dólares. Sus jefes no se parecen al barón Manfred von Richthofen ni a Ernst Jünger; son gerentes y ejecutivos que se benefician de una nueva modalidad: la 'privatización' de la guerra, sobre todo si es una guerra sucia.

Extremadamente bien pagados

Barry Landoex, productor del programa 60 Minutos, de la CBS, los llama 'la hermandad de los extremadamente bien pagados'. Son mercenarios que trabajan para empresas de seguridad privada y están en alrededor de 50 países, fundamentalmente en los Balcanes, Medio Oriente, Africa Central y el Sudeste asiático. Estas compañías, dirigidas por altos oficiales retirados del ejército, también tienen contratos con Colombia y Guatemala.

Las firmas privadas estadounidenses, británicas e israelíes ofrecen una amplia gama de servicios: seguridad a corporaciones multinacionales petroleras y mineras, entrenamiento a soldados y policías locales, tareas logísticas, protección personal, distribución de correo y alimentos.

"En los últimos años, han operado mercenarios en Liberia, Pakistán, Ruanda y Bosnia. Protegen al presidente de Afganistán, Hamid Karzai, construyeron el centro de detención en Guantánamo (Cuba) para supuestos miembros de Al Qaeda y son una pieza clave de la guerra contra la droga en Latinoamérica", escribió Barry Yeoman en la edición mayo-junio de 2003 de la revista Mother Jones.

La 'privatización' de la guerra ofrece una considerable ventaja al gobierno de Estados Unidos: cuando las víctimas -y han sido varias- pertenecen las compañías contratistas no se incluyen en el recuento militar oficial.

Soluciones globales

Según The New York Times, Gran Bretaña posee el mayor número de organizaciones mercenarias que operan contratos valuados en mas de 150 millones de dólares.

Pero sin duda Estados Unidos cuenta con la más importante de estas empresas: Blackwater Corp. "Tenemos una presencia global y ofrecemos entrenamiento y soluciones tácticas para el siglo 21... Entre nuestros clientes figuran agencias policiales federales, el Departamento de Defensa, el Departamento de Estado, el Departamento de Transporte, entidades locales y federales de todo el país, corporaciones multinacionales y países amigos de todo el mundo", dice la página web de la empresa.

Blackwater, fundada en 1997, creció gracias a contratos del Pentágono. Tiene su sede en Carolina del Norte y posee oficinas en McLean (Virginia), cerca del cuartel general de la CIA.

En el 2002 la compañía obtuvo un contrato de cinco años con la marina por más de 35 millones de dólares para capacitar personal en tareas de 'protección, seguridad para abordar buques, técnicas de búsqueda y encautamiento, y misiones de vigilancia'.

Otra compañía privada es Military Professional Resources Inc (MPRI), con sede en Virginia. Su publicidad asegura que puede movilizar 12.500 ex combatientes. Sus elementos entrenan soldados en Kuwait y Sudáfrica. Al frente de MPRI está el general retirado Carl Vuono, ex jefe del estado mayor del ejército durante la invasión a Panamá y la guerra del Golfo Pérsico.

La firma Global Risk tenía a mil cien hombres en Irak. Ocupaba el sexto lugar entre las potencias de la coalición invasora, ubicada entre Italia y España.

Ganancias millonarias

Doce años atrás, la proporción en cualquier lugar del mundo entre 'contratistas' y soldados era de uno a cien. Actualmente se estima que sólo en Irak podría haber un 'contratista' por cada seis o diez
soldados.

Para mejorar su imagen pública, una docena de corporaciones militares privadas unieron fuerzas en la llamada Asociación Internacional para las Operaciones de Paz. Su director, Doug Brooks, asegura no se trata de despistar ni de lavar la cara a las polémicas empresas. 'La paz y la estabilidad son siempre más rentables que las guerras', afirma Brooks. 'Pero las guerras existen, y nosotros salimos al encuentro de unas
necesidades que están ahí'.

Peter Singer, analista del centro de estudios Brookings Institution y autor del libro Corporate Warriors, afirma que estas compañías generan en todo el mundo negocios por cien mil millones de dólares.

Hoy, una tercera parte de las funciones del Ejército de Estados Unidos está en manos privadas, incluyendo el manejo y mantenimiento del avión presidencial Air Force One. Se cree que el gobierno de George W. Bush aspira a repartir el pastel bélico entre 'contratistas', hasta dejar la proporción en mitad y mitad.

En la modalidad de las guerras actuales, ni el barón Manfred Von Richthofen ni el 'filósofo guerrero' Ernst Jünger tendrían lugar en las filas de ningún ejército. El patriotismo, la caballerosidad y la elegancia fueron sustituidas por el marketing, los subcontratos y la tercerización.


MANDRAKE, NO ESTÁS SOLO

Por Andrés Monares Ruiz
EL Mostrador
- 25 de Abril de 2005

La propuesta de una posible subida de impuestos no cayó bien sobre todo entre el gran empresariado (obviamente por el patriótico motivo de resguardar el bienestar de todos los chilenos). Así, sus críticas sobre Nicolás Eyzaguirre, ministro de Hacienda, no se dejaron esperar. Pero además, hace rato que se viene criticando a la Concertación -personificada al respecto en el citado funcionario- por no incrementar el gasto social para llegar a sectores necesitados de la población. Esa encerrona hizo aflorar el mal humor del ministro. Pues, ¿cómo se podría gastar más en esos grupos mientras se coartan los medios de conseguir más dinero? Cual revival de “Los martes de Merino” (tributo que también Lagos viene realizando cada vez más seguido) señaló molesto que no es Mandrake, en referencia al mago de las historietas.

Evidente es la contradicción: un estado no puede incrementar su gasto si no tiene más entradas. Punto para Eyzaguirre. Sin embargo, es un poco paradójico que una vez establecido un tipo de estado que se priva de intervenir y se automutila gozoso, se caiga en cuenta que se exageró en el empeño. Ya hemos dicho en este espacio que al seguir el extremo neoliberalismo de Friedman -primero la dictadura y luego los maquilladores de la Concertación- en Chile se actuó “con el tejo pasado”. Ahora cualquier revisión del dogma, por mínima que sea, es considerada una aberración: los problemas causados por el neoliberalismo, o sus insuficiencias, se solucionan sólo con más neoliberalismo. O sea, en este caso, crecimiento y no impuestos: ¡jamás impuestos! Política monetaria, nunca fiscal.

Mas, al contrario de los modelos teóricos, los hechos vienen mostrando hace rato que subsidiar sólo a los más pobres de entre los pobres ya no es suficiente (si alguna vez lo fue). Y, como botón de muestra del éxito” del modelo, hasta la clase media viene clamando hace tiempo por ayuda. A la larga, la juerga consumista a la que se nos invitó no se quedaba sólo en artículos de mall a tres meses precio contado. Implicaba también los antaño llamados “servicios públicos”: salud, educación, pensiones, vivienda. Pues, se llegó a considerar normal que todo se pague. Todo y caro. Como el lucro máximo sería el único incentivo de los privados, su materialización en un egoísmo máximo siempre pasa los costos a los consumidores en el precio. El detalle es que se viene pagando con sueldos que no suben.

Por supuesto que el gran empresariado pondrá el grito en el cielo ante cualquier posibilidad de subir impuestos. Para ellos ha sido muy beneficiosa esta sociedad sin más unidad ni proyecto común que entregarles cuantiosas granjerías. Privilegios que un estado, mera comparsa de sus negocios, ha llegado a legitimar a través de la legislación. No obstante, como supuestamente desapareció la política esgrimen argumentos “técnicos”: subir los tributos desincentiva la inversión, pone trabas a la productividad o coarta a los emprendedores.

Ya nadie se acuerda que los impuestos (más todavía su aspecto en verdad relevante: en qué se gastan) son parte de una concepción que concibe un país como una comunidad solidaria con intereses obviamente comunes. Por el contrario, en las actuales condiciones, ¿en qué radica la conveniencia de ser chileno?, ¿entrega el país algo más que un escenario donde residir?

A pesar de que muchos sigan con la cantinela de aumentar la productividad, ¿no es ya tiempo que una vez por todas nos convenzamos de la ineficacia de esa única opción para redistribuir la riqueza? Yo hubiera usado “falacia” en vez de “ineficacia”, mas utilizaré ese término “técnico” para no ser acusado de populista por los realistas (a pesar que es evidente quiénes son en verdad los populistas de promesas falaces y quiénes los que critican desde los hechos).

A mayor crecimiento del gran empresariado viene aumentando la cesantía o al menos se ha estancado el empleo: su meta es el lucro, no crear trabajo o sólo servirse de él para lucrar. ¿Cuántas veces habrá que repetirlo? Como asimismo que por resultado de este modelo y su exigencia de competitividad que determina bajos salarios, ¡Chile es uno de los países con peor redistribución del ingreso del mundo! Esta grave y vergonzosa situación -silenciada descaradamente por el empresariado, el gobierno, la oposición y la intelectualidad liberal- ha llegado a tal nivel que en el exterior ya nos empieza a acusar de dumpig laboral.

Entonces, no sólo el gobierno está complicado por no tener dinero para afrontar gastos necesarios (requerimientos que sólo ayer supuestamente estaban prontos a desaparecer por la magia del mítico círculo virtuoso del crecimiento económico). Por eso, calma Mandrake. Si te sirve de algún consuelo, no eres el único con tales problemas. En realidad, en Chile gracias a tu granito de arena (nada despreciable como ministro de Hacienda) son millones los que tampoco tienen dinero suficiente para cubrir todas sus necesidades. Ahora bien, no sé si cuando se den cuenta de lo que implica tu trabajo te comprendan o solidaricen contigo en el presente trance en que te encuentras. Pero, por ahora, aún no se percatan de que hay algo raro en estar orgullosos por las cifras macroeconómicas del país y al mismo tiempo tener que hacer magia para llegar a fin de mes con sus suelditos.

Tal vez, para no sentirte un mago solitario, puedes conversar con tus numerosos colegas: los jubilados, los pensionados, los estudiantes de educación superior, los usuarios de las ISAPRE, los pequeños y medianos empresarios, los empleados, los subempleados... Y no te preocupes, no tienes que ir a esos suburbios marginales tan lejanos y desagradables para encontrar a esas personas. La clase media vive mucho más cerca. Ellos, como los pobres, sufren del mismo modo por ese extraño fenómeno económico inversamente proporcional: a menos chorreo más se ahogan.

(*) Antropólogo, profesor en la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile.


PREGUNTAS SOBRE CHILE

por Luis Sepúlveda (*)
El Mostrador - 21 de Abril del 2005

La semana pasada se realizó en la Casa de América, en Madrid, una jornada sobre literatura chilena, y a la hora de hablar de Chile quise hablar de lo mejor de mi país, de su gente esperanzada en alcanzar esa normalidad democrática que nos fue arrebatada y que, a quince años de terminada la dictadura aún no nos es devuelta en todo su esplendor, con todos los derechos garantizados. Lo mejor de Chile es su gente que, mayoritariamente, desea la plena normalidad de las instituciones, y la verdad por sobre los absurdos mitos que determinan gran parte de la realidad chilena.

Quise hablar de lo mejor de mi país, pero el fantasma del delincuente que asesinó, torturó, robó, hurtó, falsificó pasaportes y documentos mercantiles, sobornó, realizó compras fraudulentas y tantos otros delitos que día a día vamos conociendo, es, por desgracia, ineludible, y la mayoría de las preguntas del público aludían a la misma estupefacción que sentimos todos los chilenos: ¿cómo es posible que aún no se le juzgue? ¿cómo es posible que todavía no se embarguen todos sus bienes? ¿ por qué se tarda tanto en castigar su felonía y afán de rapiña?

Alguien del público que colmaba la sala Bolivar de la Casa de América, hizo un comentario que, pese a estar bien intencionado, era la repetición de un mito fraudulento. Dijo que el ejemplo de Pinochet ofendía la "tradición prusiana" del ejército chileno. ¿Qué tradición prusiana? ¿El casco alemán que usan en los desfiles?

Las tradiciones se fundan en un proceso de selección cualitativa, tienen raíces culturales, queda lo mejor de toda una experiencia, y es por esa misma razón que ningún ejército tiene ni puede tener tradiciones. Tal vez tengan costumbres, y si aludimos a los prusianos, estos tenían la costumbre del suicidio para lavar el honor mancillado. A qué militar chileno -salvo a los cómplices de sus robos- puede caberle la menor duda de que Pinochet ha enmierdado el hipotético honor castrense. Los prusianos ponían una pistola sobre la mesa del deshonrado, cerraban la puerta, y esperaban a que se diera un tiro.
¿Algún oficial chileno se atreve a poner la pistola en la mesa de Pinochet, de Contreras, de todos los responsables de la época más negra e innoble de nuestra historia? Dice Benedetti que un torturador no se redime con el suicidio, pero algo es algo, y es cierto.

Luego, en la misma Casa de América, otra persona mencionó el hecho, la realidad vergonzosa que significa la actual Constitución chilena, hecha a medida de los intereses de la dictadura y de sus cómplices de cuello y corbata. ¿Realmente no se puede redactar una constitución democrática, representativa de todos y todas los chilenos, y que esta sea refrendada en una consulta popular, democrática e imprescindible?
¿Qué y quién lo impide? ¿No nos merecemos una explicación al respecto?


Alguien más, aludió a otra de las peculiaridades del Chile actual, a ese 10% de la exportaciones de cobre -nuestra riqueza fundamental, de todos los chilenos-, que es propiedad del ejército. ¿Por qué? ¿Hasta cuándo? ¿Cuántos millones de dólares significa ese porcentaje y en qué se gasta? ¿Existe alguna justificación moral para que el ejército sea un estado dentro del estado? ¿Es acaso el precio que pagamos por la lenta recuperación democrática?

Todas y todos los chilenos tenemos derecho a imaginar y a desear un país en donde sea el poder civil y laico, el poder de los ciudadanos representados en un parlamento libre de cargos designados el que decida en qué se invierten los frutos de nuestra riqueza básica, porque nos pertenece a todos. Cada chilena y cada chileno es guardián de la soberanía, y sólo son soberanos los que deciden plenamente su propio destino. ¿Hasta cuando va a durar el tutelaje? ¿No somos una nación de costumbres sanas y de tradición -ahora sí que es válida la palabra-
democrática?

Quise hablar de lo mejor de mi país, de su gente llena de esperanza, de su imagen que no es la reflejada en la basura mercurial ni en los pasquines de Copesa, de sus anhelos democráticos que no se miden con baremos macroeconómicos ni con estadísticas fraudulentas que omiten el porvenir y la incidencia del presente en el mismo.

Y porque amo mi país hablé de sus hombres y mujeres, de su juventud porfiadamente empeñada en conquistar la felicidad y la justicia. Narré como escritor su presencia ordenada y pacífica en las calles de Santiago durante la marcha del Foro Social chileno, y su clamor durante el funeral de Gladys Marín.

¿Alguien escucha ese vox populi? ¿Alguien tiene los oídos limpios de basura cuartelera? ¿Alguna de las dos mujeres brillantes que concurren a las primarias de la Concertación se atreve a pasar a la historia como la mujer que restituyó a todas y todos los chilenos la plenitud cívica, democrática, civilizada, el orden justo de los pueblos nobles como el nuestro?

Y hubo muchas más preguntas como estas, hablando de Chile en la Casa de América.

Gijón, 18 de abril de 2005

(*)Luis Sepúlveda es escritor y adherente de ATTAC.


PERÚ: ENTREVISTA AL MAYOR ANTAURO HUMALA

Sea por insurgencia o por elecciones


EL ETNONACIONALISMO ESTÁ DESTINADO A SER PODER



Por Hernán De la Cruz Enciso
Subdirector del periódico "Opinión" (Andahuaylas)

- “Andahuaylazo” de Año Nuevo ¿Victoría o derrota?

- Políticamente, victoria etnocacerista. Con el Andahuaylazo se fijó el “orden del día” para todo el 2005 y hasta que Toledo se vaya. Se ha despejado el la pugna entre Nacionalismo vs. Globalismo, y, ya no, entre derecha e izquierda. Pero quizás, lo principal sea que se terminó aquella “resignación social” que desmoralizó al pueblo durante el segundo semestre del 2004, al punto que la protesta popular ya había sido domesticada. Desde el Andahuaylazo se trocó en despertar y rebeldía, volviendo al tapete la vacancia del tirano y la insurgencia popular.

- Sin embargo, usted está preso con 296 de sus reservistas…

- A mucha honra, y, justamente la recuperación de ese “clímax insurgente” se debe al sacrificio de los reservistas fallecidos, perseguidos y presos, y por supuesto a la gallarda actitud del pueblo chanka, cuyo ejemplo irradió el Gran Sur, inclusive más allá de las fronteras andinas. Recuerde que la CONAIE ecuatoriana así como el “Mallku” boliviano se solidarizaron inmediatamente en función al etnonacionalismo tahuantinsuyano.

- Hablando de Felipe Quispe “Mallku”, él llegó a ofrecer apoyo material. ¿Acaso ya se plasmó?

- El Mallku es admirado por los etnocaceristas. Le estaremos agradecidos por su deferencia, sin embargo, somos conscientes de la intensidad de su lucha en el Qollasuyo, y que por consiguiente, la mejor manera de apoyarnos “aquí” es haciendo la revolución “allá”. No obstante, en breve reabriremos relaciones hacia el MIP (Movimiento Indígena Pachacútek) con la finalidad de entablar labor conjunta. A su vez, la visita de Evo Morales a Sicuani contribuye a la reunificación del gran pueblo quechuaymara dividido “criollamente” por una estúpida frontera fijada por el espadazo de algún Almagro o Sucre, diciendo: “De aquí para la izquierda es Perú y para la derecha es Bolivia”.

- Hay una izquierda, o por lo menos un sector, que también les hizo “cargamonton”…

- Al unísono con “su” derecha, lo cual confirma lo dicho. Es más, esa izquierda “almagrista” fue la que proporcionó los principales “datos técnicos” a su derecha pizarrista, con respecto a los etnocaceristas: “nazis”, “facistas” y “violentistas”. Esa apestosa “izquierda caviar” y de pedigree virreynal, obviamente tenía que desesperar ante una rebelión del tipo tupakatarista. Estuvo pues, esa izquierda “carapálida” muy cercana a Areche. Hubieran celebrado el asesinato masivo de aquel centenar de muchachos cercados por miles de soldados, policías y tanquetas, ahí en Andahuaylas; y claro, están satisfechos que estemos presos. Pero, lamentablemente para esos Dammert, Lynch, Diez Canseco, etc., la marcha de la historia les es contraria -aquí- en Andinoamérica. Pero también hay que ser justos, hubo un buen sector de la izquierda, la que en verdad lo es, que se solidarizó cuando las papas ardían. Me refiero al Comité Malpica de los compatriotas Ricardo Letts y Delfina Paredes, así como otros grupos que puedo mencionar el PST que edita “Bandera Socialista”.

- ¡Pero si Letts es un “dinosaurio marxista” y con harto “pedigree”! Recuerde que es el tío carnal de Jaime Bayly.

- Bueno, pues la “mariconada” no es genética. Y respecto a lo de “dinosaurio”, en todo caso Letts y sus camaradas no se han quedado en el Pleistoceno. Hablan y teorizan sobre el “socialismo cholo”, ojalá más étnico que clasista, por edificarse en un país de cultura milenaria y de formidable calibre demográfico nativo. Aquella interrogante planteada por Arguedas: “¿Hasta donde entendí el socialismo? No lo sé, pero no quitó en mí, lo mágico”, la están afrontando con lucidez. Definitivamente, constituye el Comité Malpica el círculo intelectual más próximo al etnocacerismo, a manera de bisagra entre izquierda y etnonacionalismo.

- Nacionalismo y socialismo… ¿Acaso el “nacional-socialismo” nazi?

- Mire usted., el nacionalismo tiene opuesta connotación en el Norte globocolonizador y en el sur colonizado “de color” no blanco. Allá ese nacionalismo, digamos “desarrollado”, tiende a convertirse en imperialismo. Las dos guerras mundiales del siglo XX son éso: la confrontación entre los nacional-imperialismos del Eje contra la Entente. Lo mismo puede decirse de las guerras napoleónicas del siglo XIX, entre los imperialismos francés y británico. Pero, aquí en el sur famélico, colonizado y acomplejado, el nacionalismo es plenamente liberador. No tiene nada de opresor ni mucho menos de “facista”. Sinceramente yo que me he formado en los cuarteles de modo autodidacta en cuanto a ciencias políticas y sociales, me quedo absorto cuando escucho tamañas estupideces de las “vacas sagradas” del ambiente académico acriollado, que nos tildan de “facistas”, “nazis”, etc, sin tener noción mínima del Kay Pacha (Aquí y ahora). Entonces, colijo una de dos: o sus ideas se alquilan al sueldo del día 30 o simplemente son unos “catequistas” sin vena de herejes. Unos castrados que solamente pueden decir “sí mi…” a la ONG que los degenera en fariseos.

- Pero, no deja usted de ser militarista…

- Es que salí del cuartel y no del colegio María Auxiliadora. Pero, a su vez, ese “militarismo” es de nuevo tipo en Andinoamérica. Es de tropa y opuesta al “clásico” militarismo del generalato y su clásica Junta Militar Sudamericana. Si el generalato es equivalente a la plutocracia corrupta, la tropa es el pueblo explotado. Es, pues, un militarismo popular, “de abajo” y altamente revolucionario.

(...)

- Se le acusa de ser el “Corpus Christi” que en los 80 ´s arrasó la Zona de Emergencia con un saldo de víctimas campesinas en Huánuco…

-La revista Caretas, mediante uno de sus mequetrefes rentados me acusó no sólo de eso. Además, afirmó que soy abigeo, ladrón, marihuanero, alcohólico, asesino y que “no me violé una viejita porque le faltaba un diente”. Yo egresé en 1985 de la Escuela Militar e inmediatamente fui destacado a las zonas de emergencia. Permanecí durante cuatro años, tuve siete enfrentamientos con Sendero Luminoso y me llevo muchos recuerdos, entre ellos un “cariñoso” balazo en la pierna. Y no los odio, los comprendo. Lamento, sí, haber arriesgado el pellejo por un Estado putrefacto y traidor como el criollo. Todas las bajas que sufrieron mis patrullas así como las que infligí a los senderistas fueron producto de enfrentamientos armados. Fusil contra fusil. Combatiente contra combatiente. Jamás, -y lo he dicho con satisfacción- me presté a ejecuciones del tipo Accomarca, fosas comunes y mucho menos atentar contra la población. Por eso, que a mi paso por Apurímac, Junín y Pasco, jamás he tenido una sola denuncia de la Comisión de la Verdad.

- ¿Cómo ve el panorama electoral?

- Sencillo; por un lado un discurso monocorde de hosannas al globoneoliberalismo, en donde los grados de hipocresía marcan la ínfima diferencia entre una partidocracia criolla tan colapsada que tiene que recurrir a los “frentes”. La única diferencia es que unos quieren privatizar más y otros menos. Por otro lado, veo la posibilidad que se construya una franca oposición, necesariamente nacionalista y hereje, en base al etnocacerismo, FREPAP, Renacimiento Andino y ojalá con el sector más lúcido del socialismo. Si se logra ensamblar este formidable frente en base a puntos concretos y coincidentes, que los hay, estoy seguro que darían la sorpresa con la entrada fija a la segunda vuelta, aún teniendo en contra al establishment. Recuerde que el Gran Sur y los Valles Cocaleros constituyen un baluarte nacionalista, aparte de gruesos segmentos de los conos urbanos costeños. A eso agréguese el potencial Ataucusista en la selva y el aporte de la “izquierda chola”. A eso súmese una constelación de organizaciones regionales afines.

- ¿Entonces participará el etnocacerismo, contraviniendo su discurso del “pre-Andahuaylas”?

- Del “pre”, usted lo ha dicho. Ahora estamos en el post-Andahuaylas”. La insurgencia realizada nos brinda solvencia moral ante el pueblo. Combinar la vía no electoral con la convencional, además, fue aprobada en el Foro Etnocacerista de Tacna-Octubre 2003.

- Rebelión, secuestro, asesinato… se le vienen fuertes sentencias.

- Cuando León Tolstoy fue sentenciado, comentó: “La humanidad tiene dos tipos de hombres: los reclusos y los hipócritas”. Fíjese en los cargos: “Rebelión” ¡Pero si estamos ante un gobierno usurpador inscrito falsamente! “Secuestro” ¿Y qué “rescate” exigimos? “Asesinato” ¿En enfrentamiento y defensa propia?. Todos los cargos son desleznables. Podría hasta parafrasear a Fidel: “La historia me absolverá”.

(*)La web del quincenario Ollanta es: http://www.prensaollanta.com