Blogia

MIRANDO AL SUR - augusto alvarado


IDEAS Y SISTEMAS DE LOS LIBERTADORES

<hr><h2><u>IDEAS Y SISTEMAS DE LOS LIBERTADORES</u></h2>

Por Jorge Abelardo Ramos (*)

San Martín, Bolívar, Miranda, Rivadavia, preferían el sistema monárquico o un nuevo régimen de presidencialismo vitalicio. El general Iturbide llegó a proclamarse emperador de México, el general Santander propuso coronar a Bolívar, el general Belgrano defendió la tesis monárquica en el Congreso de Tucumán. Para todos ellos Europa (o Estados Unidos) eran la “civilización” y el “orden”, frente a las masas anárquicas americanas que se orientaban instintivamente a una modificación radical de la propiedad de la tierra y a una defensa de las industrias nacientes, semi-domésticas, formada en los modestos mercados internos. A los caudillos del latifundismo criollo les bastaba con la soberanía política formal, con la dominación y explotación de las masas indígenas y la enajenación de la política económica a las potencias “civilizadoras” europeas. Tal es la realidad inconmovible de nuestra historia.

Ni Miranda, ni Bolívar, ni San Martín, llegaron a establecer los fundamentos de un programa de unificación nacional del continente, aunque lo intuyeron, Bolívar en especial, adelantándose a la pobre realidad de su tiempo. Tropezaron también con la hostilidad (que ellos confundieron con “¡ayuda!”) de las naciones europeas, para todo intento de unificación: Inglaterra, como Estados Unidos hoy, apoyó siempre en América Latina la “soberanía” de las pequeñas repúblicas frente a las tímidas tentativas de aliarse con sus vecinas, tan débiles como ellas. Las naciones europeas aprovecharon la desarticulación latinoamericana para penetrar profundamente en su economía y en su política y subordinarla a su propia expansión mundial. Pero la incapacidad de los grandes caudillos del siglo pasado para comprender se derivaba de la base de clase en que se apoyaban.

La historia no había proporcionado a las comunidades agrarias o pastoriles y a la embrionaria industria doméstica, otra cosa que el organismo invertebrado y centrífugo, aunque en desarrollo, de los antiguos virreinatos españoles. Toda la intelectualidad era “antinacional”, como los generales y los terratenientes criollos, en el sentido de que identificaba el progreso con la existencia de minúsculos estados, instrumentados con los órganos visibles de la nación: burocracia, parlamento, ejército, aduana. Podríamos añadir su oscuro reverso: consulados extranjeros, librecambio, empréstitos, golpes de estado cíclicos. La pequeña burguesía intelectual que formó los cuadros dirigentes de esos veinte estados, entre la que se contaron muchos hombres eminentes, creyó firmemente, y su credulidad ha formado una tradición intelectual, que el capitalismo extranjero era un factor de desarrollo material y espiritual para el nuevo continente.

Esta asimilación mecánica y puramente externa del proceso histórico del capitalismo, ha encontrado en la historia latinoamericana adictos, y no por casualidad, en las tendencias ideológicas más opuestas de la Argentina: el stalinismo, por ejemplo, en amable fraternidad con la historia de Mitre, López, Groussac, y de su pequeño heredero contemporáneo, Ricardo Levene.

(*) “América Latina: Un país” – Buenos Aires - Ediciones Octubre, 1949 – Páginas 62 a 64.


EL PAINE

<hr><u><h2>EL PAINE</h2></u>

Cuadernos Patagónicos 7 – Julio 2003

La cadena andina, antes de morir con su extrema estribación meridional, la Cordillera Sarmiento, a la altura del grado 51 de latitud Sur, eleva su último macizo granítico de excepcional importancia y belleza. Este grupo orográfico, constituido por algunas imponentes montañas de roca y hielo y por una cadena de torres y obeliscos graníticos, está situado en territorio chileno, en el margen oriental de las grandes extensiones del Hielo Continental Sur. Se lo conoce como Grupo del Paine.

Increíble es el cuadro que se presenta ante quien penetre entre estos montes: surgen ellos casi como un espejismo lejano, dominando un encantado ambiente natural. Grandes lagos, a menudo unidos por un laberinto de torrentes y ríos, prados verdegueantes y floridos, dilatados bosques que otrora, antes de la llegada del hombre, cubrían todo el territorio y que después fueron en gran parte quemados para dar lugar al pastoreo, imponentes y blancas lenguas glaciales que nacen del Hielo Continental. Sobre todo esto dominan las montañas del Paine y, entre ellas, se destacan por su belleza y osadía tres inmensos obeliscos graníticos, que son los principales atractivos montañísticos de la región y que, desde siempre, hacen que sobre sus paredes se concentre la mayor parte de la actividad de los escaladores.

La exploración de esta área montañosa remonta a la segunda mitad del siglo pasado. Para mayor exactitud, las primeras noticias escritas son de 1879, por obra del teniente J. T. Rogers, quien llevó a cabo un amplio reconocimiento en el territorio de Última Esperanza y pudo ver desde lejos las graníticas Torres del Paine. Es interesante señalar que el nombre Paine sólo entró tardíamente en la nomenclatura oficial, y que, al comienzo, todas esas montañas eran denominadas "Cordillera de los Baguales" o "Sierra de los Baguales".

Rogers escribe, en efecto: "La Cordillera de los Baguales, que es solamente una parte o sección de los Andes, es de formas muy caprichosas y sus cimas son nevadas. Aparece truncada en su parte meridional, dejando un monte cortado a pique y tres puntas notables, que se divisan en lontananza y que las gentes de la región llaman Paine por su semejanza con otra montaña del mismo nombre que se halla en la República Argentina". Cinco años más tarde la región fue visitada por el capitán Carlos M. Moyano, quien ha dejado este otro testimonio:"La Cordillera de los Baguales, que he citado como límite oriental de Chile, comienza a distinguirse hacia el noroeste pocas millas después de haber alcanzado el altiplano meridional, destacándose en primera fila un curioso pico, que los indígenas llaman con los nombres de Paine, Carron y otros, mostrando cierta confusión al denominarlo, por lo que he aprovechado esta circunstancia para imponerle el nombre de una de nuestras glorias patrias, el de Andrade".

Según De Agostini, el primer colono que buscó establecerse en estas regiones fue un cierto Don Orozimbo Santos, chileno, emprendedor y muy laborioso que llegó allá el 8 de julio de 1908, encontrando un verdadero paraíso terrenal. Dada la suavidad del clima y la gran riqueza de la región, Don Orozimbo decidió radicarse allí, llevando también unos cincuenta bovinos. Tres años más tarde, habiendo prendido fuego a buena parte de los bosques, le fue posible introducir ovinos, y el millar de cabezas iniciales se multiplicó muy pronto prodigiosamente. Fue el mismo Orozimbo quien hospedó a De Agostini en el curso de las exploraciones de éste en la región, iniciadas en 1917 y proseguidas en 1929 y 1943.

En el curso de la primera campaña de exploración, el salesiano, acompañado por un guía local, recorrió todo el sector meridional de la región de Última Esperanza, siguiendo en buena parte el curso del Río Serrano que, con lentos y perezosos recodos, se desliza por la pampa hasta desembocar en el fiordo de Ultima Esperanza. Durante este viaje, él pudo admirar de cerca las desconocidas vertientes septentrionales del Monte Balmaceda.

La exploración llevada a cabo en 1929 tenía como objetivo determinar la verdadera naturaleza del sector central del macizo, sobre la cual circulaban extraños relatos. En efecto, hasta el capitán Moyano había dejado, de esta cuenca montañosa vista desde lejos, una relación en la cual, si bien prudentemente, adelantaba la hipótesis de que podía tratarse del cráter de un antiguo volcán. De Agostini cuenta así la llegada a la cuenca terminal: "Cuando, a la una de la tarde, llegamos a la cima del cerro a 1.250 metros, se presenta a nuestras miradas el circuito total en el que termina el valle: el misterio que encerraba este rincón remoto del Paine ha sido develado completamente. Nos hallamos encerrados en un amplio anfiteatro, constituido por formidables paredes de montañas que, similares a ciclópeos bastiones y a torres de una terrible fortaleza, defienden esta cuenca contra toda invasión externa... no existe aquí traza alguna de vulcanismo, como lo demuestran las rocas granodioríticas, de las que está formada la cadena".

La última exploración de De Agostini es de 1943, y se dirige al sector septentrional del grupo con un reconocimiento a lo largo del Río Paine hasta las orillas del Lago Dickson. Con ella concluye también virtualmente para el Grupo del Paine la etapa de las grandes exploraciones de reconocimiento geográfico y cognoscitivo y se inicia el periodo dedicado más específicamente a escalar todas aquellas magnificas y grandiosas cimas.


MINORÍAS CRIMINALES

<hr><h2><u>MINORÍAS CRIMINALES</h2></u>

Por José Steinsleger

La Jornada
– 15 de diciembre de 2004

En poco más de un decenio, 10 presidentes latinoamericanos fueron derrocados en sendas rebeliones populares: Fernando Collor de Melo (Brasil, 1992), Carlos Andrés Pérez (Venezuela, 1993), Abdalá Bucaram y Jamil Mahuad (Ecuador, 1997 y 2000). A finales de 2001 e inicio de 2002, la caída de Fernando de la Rúa y el designado por el Congreso, Adolfo Rodríguez Saá (más dos titulares de transición), hizo que Argentina conociese el vacío de poder. Durante el golpe contra Hugo Chávez, en abril de 2002, el empresario venezolano Pedro Carmona duró apenas 47 horas en el poder. El boliviano Gonzalo Sánchez de Lozada cayó en octubre de 2003.

Bucaram, Mahuad y Pérez son fugitivos de la ley. De la Rúa fue investigado por violación de los derechos humanos. Sánchez de Lozada tiene abiertos dos procesos judiciales. Alan García (Perú) terminó su mandato, pero al ser requerido por la justicia huyó del país. En Paraguay, Raúl Cubas renunció tras el asesinato del vicepresidente Luis María Argaña y se refugió en Brasil (marzo de 1999).

En sonados casos de corrupción han sido señalados ocho ex presidentes: Daniel Ortega (Nicaragua), Jaime Paz Zamora (Bolivia), Ernesto Samper (Colombia), Ernesto Pérez Balladares (Panamá), Hipólito Mejía (República Dominicana), Juan Carlos Wasmosy (Paraguay), Hugo Bánzer y Jorge Quiroga (Bolivia). Actualmente, media docena de ex jefes de Estado tienen cuentas pendientes con la justicia: Jaime Lusinchi (Venezuela); Carlos Menem (Argentina); Alberto Fujimori (Perú); Gustavo Noboa (Ecuador), Alfonso Portillo (Guatemala), y el vicepresidente ecuatoriano Alberto Dahik. Entre los investigados figuran tres más: José María Figueres (Costa Rica); Mireya Moscoso (Panamá) y Francisco Flores (El Salvador).

De los que se mantienen en ejercicio, cuatro gobernantes se balancean en la cuerda floja: Carlos Mesa (Bolivia), Alejandro Toledo (Perú), Lucio Gutiérrez (Ecuador) y Enrique Bolaños (Nicaragua). Abel Pacheco (Costa Rica) está siendo investigado por el Congreso. El haitiano Boniface Alexandre fue impuesto por invasión militar de Estados Unidos en 2004, así como el panameño Guillermo Endara a finales de 1989. Apenas tres de los que timonearon "la nave del Estado" cumplen condena leve, en arresto domiciliario: Miguel Angel Rodríguez y Rafael Angel Calderón (Costa Rica), y el nicaragüense Arnoldo Alemán.

Cabe recordar entonces al panameño Manuel Antonio Noriega, primer jefe de Estado en ser capturado por el Pentágono (1989), sentenciado en juicio amañado por la Casa Negra, y sepultado en una prisión de Florida.

A pesar de las abrumadoras pruebas en su contra, los ex mandatarios aseguran ser víctimas de misteriosas conspiraciones políticas. Conclusión: durante el pasado decenio neoliberal los países latinoamericanos han estado dirigidos por un grupo de gobernantes que parecen haber sido discípulos del banquero español Emilio Botín (sic), quien está siendo enjuiciado por la Audiencia Nacional de su país. Y todo esto sin sumar a los funcionarios cómplices, grupos económicos nacionales y extranjeros que los encumbraron y personajes sórdidos detrás del trono: Vladimiro Montesinos (Perú), Paulo César Farías (Brasil), Alfredo Yabrán (Argentina), Gustavo Cisneros (Venezuela), Lino Oviedo (Paraguay), y un largo etcétera que llenaría expedientes con millares de folios.

Algunos politólogos acéfalos han dicho que la democracia latinoamericana aún es "niña". Que "no hay regla sin excepción". Pero si la regla ha sido el "imperio de la ley" de un modelo de libertades que a escala exponencial cosechó hambre, desocupación, miseria, criminalidad y desesperación, bastaría "echar la regla" para ver cuán excepcionalmente putilla ha resultado la niña.

¡Y sólo tiene 15 años! ¿Qué destino nos aguarda cuando "la niña" alcance mayoría de edad y se despose con el ALCA, luego de acostarse con el Plan Puebla-Panamá, el Plan Colombia y los acuerdos bilaterales de "libre comercio"? ¿No será que en lugar de la pobreza, la tragedia de América Latina radica en el "salvajismo", la "barbarie" y los "usos y costumbres" de una legalidad diseñada para despojar a los pueblos de toda posibilidad de dignidad y supervivencia?

Fraudes y componendas, negociados, especulación financiera, privatizaciones y licitaciones fraudulentas, narcotráfico, subasta del patrimonio nacional, enriquecimiento ilícito,
acciones delictivas, peculados, nepotismo y lavado de dinero son los cargos contra quienes en cada una de las reuniones cumbres suscribieron compromisos con los pueblos sin cumplir alguno, sonriendo ante las cámaras
.

No es casual el odio feroz de la gran burguesía y los intelectuales de floja mollera contra Cuba, Venezuela y políticos conscientes de la crisis terminal de nuestras sociedades. Por esto, a sabiendas de que habrá factura para sus crímenes, los plutócratas del continente conspiran. Y ahí vienen, liderados por George W. Bush, dispuestos a todo.


ISLAM Y NACIONALISMO

<hr><h2><u>ISLAM Y NACIONALISMO</h2></u>

Por José Steinsleger

Sublevaciones y lucha anticolonial; guerra de guerrillas y guerras interárabes o de árabes contra persas; movimientos laicos o religiosos, conservadores o progresistas, más allá y más acá de la cultura occidental fueron, en el siglo xx, distintas facetas de una causa común: la emancipación del Islam y la autoafirmación político-cultural de los árabes.

Hace mil años, cuando los pueblos de la cristiandad discutían acerca del sexo de los ángeles, huían del agua y olían a diablos, el médico y filósofo uzbeko-iraní Abú Alí al-Husayn ibn Sina (conocido como Avicena, 980-1037) intercambiaba correspondencia con Abu I-Rayhan Mohamed ibn-Ahmed (El Biruni), joven astrónomo y naturista afgano que dictaba sus clases en los Baños de Anusha-jan (Jiva, Uzbekistán actual).

En la "Academia de Mamún" (Ghazna, cerca de Kabul), Avicena y El Biruni proseguían la ruta trazada por los sabios de la Antigüedad: estudiaban a los griegos, discutían de La Iliada y La Odisea, de Platón y de Aristóteles, de la física y el cielo, la estructura del universo, la caída libre de los cuerpos y de las partículas que no pueden descomponerse: los átomos.

No hay cómo perderse: eso que llamamos "civilización occidental y cristiana" jamás hubiese existido sin el legado cultural de Avicena y El Biruni, difundidos en Europa por el español Abú-I-Walid Muhammad ibn Rusd (Averroes, 1126-1198). Y sin Averroes y la escuela de traductores árabes de Toledo, tampoco hubiese existido la Suma teológica de Santo Tomás de Aquino (1225-1274), obra que aristotélicamente trata el tema de la conciliación entre la fe y la razón.

Educado en el dialecto "jwarizm" en tiempos de la dominación persa, el afgano El Biruni prefirió, no obstante, servirse deliberadamente de la lengua árabe como instrumento de pensamiento y medio de expresión de su vida intelectual, de fecundo intercambio cultural entre Oriente y Occidente. De igual modo procedieron los primeros pensadores modernos del Islam, temerosos de que la dependencia mental y espiritual hacia Occidente terminase por destruir la "umma" (pueblo, unidad, nación islámica).

Intelectuales como Yamal Afgani (1839-1897) propusieron a los musulmanes la adopción de la tecnología occidental, cuestionando la versión de los monjes y príncipes reaccionarios del Islam, que a su juicio toleraban la decadencia de la religión y perpetuaban la miseria y la opresión de los pueblos islámicos.

Saij Abduh, su discípulo más famoso, predicó la necesidad de educar al pueblo haciendo uso de la razón y la independencia del pensamiento en lugar de aceptar ciegamente las ideas del Corán. Entre sus objetivos figuraba la devolución a la lengua árabe de su antiguo esplendor, ya que sin ella no se podía comprender debidamente la religión.

De las ideas de Abduh surgieron nacionalistas como Kasim Amin, quien luchó por la liberación de la mujer, Amad Sayyid, defensor de las virtudes cívicas y la vida liberal y constitucional, y Aaad Zagul, quien participaría activamente en la revolución egipcia de 1919 contra el colonialismo británico.

Denso y complejo como sus antiguas civilizaciones, el nacionalismo árabe tuvo que remover pirámides de milenaria injusticia social. El primero en mencionar el concepto de "nación árabe" (que incluía tanto a musulmanes como a cristianos) fue el libanés Nayb Azuri, fundador del partido Liga de la Patria Arabe y autor del ensayo La revuelta de la nación árabe contra el Asia turca (1904).

En Siria, Edmon Rabat tomó parte en la formación del Bloque Nacional (1937) y publicó La unidad siria y el devenir árabe. Rabat cuestionó la división artificial del Islam por el colonialismo occidental y advirtió temprano sobre las consecuencias para la región de la creación del Estado de Israel.

En Irak, el exponente más notable del nacionalismo fue Sati al-Husri,
aristócrata educado en la corte otomana. Sati optó por la nacionalidad iraquí y se esforzó por demostrar que un individuo no puede gozar de libertad fuera de la estructura de una nación, que el panarabismo no perjudicaba al Islam y trató de convencer a los egipcios de que su país formaba parte de la nación árabe.

Otro iraquí, Abd al-Rahman al-Bazzaz, puso en guardia al nacionalismo contra el chovinismo y destacó que el nacionalismo árabe se basaba en una cultura árabe. Igualmente, el sirio cristiano Qustantin Zurayq afirmó que el profeta Mahoma había creado una cultura árabe y que esta cultura y su historia eran el pasado común de árabes y cristianos.

El nacionalismo emancipador de los árabes difería según el grado de desarrollo de sus naciones. Inglaterra y Francia intentaron coptar estas luchas (acuerdos Sykes-Picot, 1916), que recomendaron la creación de un Estado árabe independiente, regido por un monarca bajo la "protección occidental". Pero a Winston Churchill, paladín de las libertades democráticas, no le gustó la idea y recomendó el uso del "gas mostaza" (inventado por los alemanes) para solucionar el "problema árabe". Ni George ni papá Bush habían nacido entonces.


¿ALCA O ALBA?

<hr><h2><u>¿ALCA O ALBA?</h2></u>

DECLARACIÓN CONJUNTA CUBA-VENEZUELA



Durante la visita oficial del Presidente Hugo Chávez Frías a Cuba al cumplirse el décimo aniversario de su primer encuentro con el pueblo cubano, se produjo un amplio y profundo intercambio entre el Presidente de la República Bolivariana de Venezuela y el Presidente del Consejo de Estado de la República de Cuba, acompañados de sus respectivas delegaciones. Ambos Jefes de Estado acordaron suscribir los siguientes puntos de vista:


Subrayamos que el Área de Libre Comercio para las Américas (ALCA) es la expresión más acabada de los apetitos de dominación sobre la región y que, de entrar en vigor, constituiría una profundización del neoliberalismo y crearía niveles de dependencia y subordinación sin precedentes.

Analizamos históricamente el proceso de integración de la América Latina y el Caribe, y constatamos que este, lejos de responder a los objetivos de desarrollo independiente y complementariedad económica regional, ha servido como un mecanismo para profundizar la dependencia y la dominación externa.

Constatamos también que los beneficios obtenidos durante las últimas cinco décadas por las grandes empresas transnacionales, el agotamiento del modelo de sustitución de importaciones, la crisis de la deuda externa y, más recientemente, la difusión de las políticas neoliberales, con una mayor transnacionalización de las economías
latinoamericanas y caribeñas y con la proliferación de negociaciones para la conclusión de acuerdos de libre comercio de igual naturaleza que el ALCA, crean las bases que distinguen el panorama de subordinación y retraso que hoy sufre nuestra región.


Por tanto, rechazamos con firmeza el contenido y los propósitos del ALCA, y compartimos la convicción de que la llamada integración sobre bases neoliberales que esta representa, consolidaría el panorama descrito, y no conduciría más que a la desunión aún mayor de los países
latinoamericanos, a mayor pobreza y desesperación de los sectores mayoritarios de nuestros países, a la desnacionalización de las economías de la región y a una subordinación absoluta a los dictados desde el exterior.

Dejamos claro que si bien la integración es, para los países de la América Latina y el Caribe, una condición imprescindible para aspirar al desarrollo en medio de la creciente formación de grandes bloques regionales que ocupan posiciones predominantes en la economía mundial, solo una integración basada en la cooperación, la solidaridad y la voluntad común de avanzar todos de consuno hacia niveles más altos de
desarrollo, puede satisfacer las necesidades y anhelos de los países latinoamericanos y caribeños y, a la par, preservar su independencia, soberanía e identidad.

Coincidimos en que la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA), propuesta por el Presidente Hugo Chávez Frías en ocasión de la III Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno de la Asociación de Estados del Caribe, celebrada en la isla de Margarita en diciembre del 2001, traza los principios rectores de la verdadera integración latinoamericana y caribeña, basada en la justicia, y nos comprometemos a luchar conjuntamente para hacerla realidad.

Afirmamos que el principio cardinal que debe guiar el ALBA es la solidaridad más amplia entre los pueblos de la América Latina y el Caribe, que se sustenta en el pensamiento de Bolívar, Martí, Sucre, O'Higgins, San Martín, Hidalgo, Petion, Morazán, Sandino y tantos otros próceres, sin nacionalismos egoístas ni políticas nacionales restrictivas que nieguen el objetivo de construir una Patria Grande en la América Latina, según la soñaron los héroes de nuestras luchas emancipadoras
.

En tal sentido, coincidimos plenamente en que el ALBA no se hará realidad con criterios mercantilistas ni intereses egoístas de ganancia empresarial o beneficio nacional en perjuicio de otros pueblos. Solo una amplia visión latinoamericanista, que reconozca la imposibilidad de que nuestros países se desarrollen y sean verdaderamente independientes de forma aislada, será capaz de lograr lo que Bolívar llamó "Formar en América la más grande nación del mundo, menos por su extensión y riqueza que por su libertad y gloria", y que Martí concibiera como la "América Nuestra", para diferenciarla de la otra América, expansionista y de apetitos imperiales.

Expresamos asimismo que el ALBA tiene por objetivo la transformación de las sociedades latinoamericanas, haciéndolas más justas, cultas, participativas y solidarias y que, por ello, está concebida como un proceso integral que asegure la eliminación de las desigualdades sociales y fomente la calidad de vida y una participación efectiva de los pueblos en la conformación de su propio destino.


Suscrita en La Habana, a los catorce días del mes de diciembre de dos mil cuatro. Fidel Castro Ruz - Presidente del Consejo de Estado de la República de Cuba - Hugo Chávez Frías Presidente de la República Bolivariana de Venezuela.


CUANDO LAS CRISIS LLEGAN LOS LÍDERES SURGEN

<h2><hr><u>CUANDO LAS CRISIS LLEGAN LOS LÍDERES SURGEN</h2></u>

Palabras pronunciadas por el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, en el acto de condecoración con la Orden “Carlos Manuel de Céspedes” al Presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Hugo Rafael Chávez Frías, en el X Aniversario de su primera visita a Cuba. Teatro “Carlos Marx”, 14 de diciembre de 2004, “Año del 45 Aniversario del triunfo de la Revolución”. (Versiones Taquigráficas - Consejo de Estado)

----------
Querido hermano Hugo Chávez, Presidente de la República Bolivariana de Venezuela;
Queridos miembros de la numerosa y prestigiosa delegación del Gobierno venezolano que lo acompaña;
Queridos participantes en este acto;
Queridos invitados:
----------
Para saber quién es Hugo Chávez hay que recordar lo que dijo en el discurso pronunciado en el Aula Magna de la Universidad de La Habana el 14 de diciembre de 1994, hace hoy exactamente diez años. He seleccionado unos cuantos de sus párrafos. Aunque puedan parecer numerosos, verán cuánta riqueza de contenido y sentido revolucionario encierran.

Al referirse al hecho de que yo lo esperase en el aeropuerto, expresó con increíble modestia:

“Cuando recibí la inmensa y agradable sorpresa de ser esperado en el aeropuerto internacional «José Martí» por él mismo en persona, le dije: ‘Yo no merezco este honor, aspiro a merecerlo algún día en los meses y en los años por venir’. Lo mismo les digo a todos ustedes, queridos compatriotas cubano-latinoamericanos: Algún día esperamos venir a Cuba en condiciones de extender los brazos y en condiciones de mutuamente alimentarnos en un proyecto revolucionario latinoamericano, imbuidos, como estamos, desde siglos hace, en la idea de un continente hispanoamericano, latinoamericano y caribeño, integrado como una sola nación que somos”.

“En ese camino andamos, y como Aquiles Nazoa dijo de José Martí, nos sentimos de todos los tiempos y de todos los lugares, y andamos como el viento tras esa semilla que aquí cayó un día y aquí, en terreno fértil, retoñó y se levanta como lo que siempre hemos dicho —y no lo digo ahora aquí en Cuba, porque esté en Cuba y porque, como dicen en mi tierra, en el llano venezolano, me sienta guapo y apoyado, sino que lo decíamos en el mismo ejército venezolano antes de ser soldados insurrectos; lo decíamos en los salones, en las escuelas militares de Venezuela—: Cuba es un bastión de la dignidad latinoamericana y como tal hay que verla. Sin duda están ocurriendo cosas interesantes en la América Latina y en el Caribe; sin duda que ese insigne poeta y escritor nuestro, de esta América Nuestra, don Pablo Neruda, tiene profunda razón cuando escribió que Bolívar despierta cada cien años, cuando despierta el pueblo”.

“Sin duda que estamos en una era de despertares, de resurrecciones de pueblos, de fuerzas y de esperanzas; sin duda, Presidente, que esa ola que usted anuncia o que anunció y sigue anunciando en esa entrevista a la que me he referido antes, Un grano de maíz, se siente y se palpa por toda la América Latina.”

“Nosotros tuvimos la osadía de fundar un movimiento dentro de las filas del ejército nacional de Venezuela, hastiados de tanta corrupción, y nos juramos dedicarle la vida a la construcción de un movimiento revolucionario y a la lucha revolucionaria en Venezuela, ahora, en el ámbito latinoamericano”.

“Eso comenzamos a hacerlo en el año bicentenario del nacimiento de Bolívar. Pero veamos que este próximo año es el centenario de la muerte de José Martí, veamos que este año que viene es el bicentenario del nacimiento del mariscal Antonio José de Sucre, veamos que este año que viene es el bicentenario de la rebelión y muerte del zambo José Leonardo Chirinos en las costas de Coro, en Venezuela, tierra, por cierto, de los ascendientes del prócer Antonio Maceo”.

“El tiempo nos llama y nos impulsa; es, sin duda, tiempo de recorrer de nuevo caminos de esperanza y de lucha. En eso andamos nosotros, ahora dedicados al trabajo revolucionario en tres direcciones fundamentales que voy a permitirme resumir ante ustedes para invitarlos al intercambio, para invitarlos a extender lazos de unión y de trabajo, de construcción concreta”.

“En primer lugar, estamos empeñados en levantar una bandera ideológica pertinente y propicia a nuestra tierra venezolana, a nuestra tierra latinoamericana: la bandera bolivariana. Pero en ese trabajo ideológico de revisión de la historia y de las ideas que nacieron en Venezuela y en este continente hace doscientos años, en ese sumergirnos en la historia buscando nuestras raíces, hemos diseñado y hemos lanzado a la opinión pública nacional e internacional la idea de aquel Simón Bolívar que llamaba, por ejemplo, a esa unidad latinoamericana para poder oponer una nación desarrollada como contrapeso a la pretensión del norte que ya se perfilaba con sus garras sobre nuestra tierra latinoamericana; la idea de aquel Bolívar que desde su tumba casi, ya en
Santa Marta, dijo: ‘Los militares deben empuñar su espada para defender las garantías sociales’; la idea de aquel Bolívar que dijo que el mejor sistema de gobierno es el que le proporciona mayor suma de felicidad a su pueblo, mayor suma de estabilidad política y seguridad social”.

“Esa raíz profunda, esa raíz bolivariana, que está unida por el tiempo, por la historia misma a la raíz robinsoniana, tomando como inspiración el nombre de Samuel Robinson o Simón Rodríguez, a quien conocemos muy poco los latinoamericanos porque nos dijeron desde pequeños: ‘El maestro de Bolívar’, y allí se quedó, como estigmatizado por la historia, el loco estrafalario que murió anciano, deambulando como el viento por los pueblos de la América Latina.

“Simón Rodríguez llamaba a los americanos meridionales a hacer dos revoluciones: la política y la revolución económica. Aquel Simón Rodríguez que llamaba a la construcción de un modelo de economía social y un modelo de economía popular, que dejó para todos los tiempos de América Latina, como un reto para nosotros, aquello de que la América Latina no podía seguir imitando servilmente, sino que tenía que ser original y llamaba a inventar o errar. Ese viejo loco, para los burgueses de la época, que andaba recogiendo niños ya anciano y abandonado, y que decía: ‘Los niños son las piedras del futuro edificio republicano, ¡vengan acá para pulir las piedras para que ese edificio sea sólido y luminoso!’.Nosotros, como militares, andamos tras esa búsqueda, y hoy nos vamos más afianzados en la convicción y en la necesidad de que el ejército de Venezuela tiene que ser de nuevo lo que fue: un ejército del pueblo, un ejército para defender eso que Bolívar llamó las garantías sociales. Sería una primera vertiente de trabajo bien adecuada, Comandante: el próximo año del centenario de la muerte de José Martí, estrechar ese trabajo ideológico, ese binomio de Bolívar y Martí, como forma de levantar la emoción y el orgullo de los latinoamericanos”.

“La otra vertiente de nuestro trabajo, para la cual también necesitamos estrechar nexos con los pueblos de nuestra América, es el trabajo organizativo”.

“En la cárcel recibíamos muchos documentos de cómo el pueblo cubano se fue organizando después del triunfo de la Revolución, y estamos empeñados en organizar en Venezuela un inmenso movimiento social: el Movimiento Bolivariano Revolucionario 200; y más allá, estamos convocando para este próximo año a la creación del Frente Nacional Bolivariano, y estamos llamando a los estudiantes, a los campesinos, a los aborígenes, a los militares que estamos en la calle, a los intelectuales, a los obreros, a los pescadores, a los soñadores, a todos, a conformar ese frente, un gran frente social que enfrente el reto de la transformación de Venezuela”.

“En Venezuela nadie sabe lo que puede ocurrir en cualquier momento. Nosotros, por ejemplo, que estamos entrando en un año electoral, 1995, dentro de un año, en diciembre, habrá en Venezuela otro proceso electoral, ilegal e ilegítimo, signado por una abstención —ustedes no lo van a creer— del 90 por ciento en promedio; es decir, el 90 por ciento de los venezolanos no va a las urnas electorales, no cree en mensajes de políticos, no cree en casi ningún partido político”.

“Este año nosotros aspiramos, con el Movimiento Bolivariano, con el Frente Nacional Bolivariano, polarizar a Venezuela. Los que van al proceso electoral —donde hay gente honesta también que respetamos, pero en lo que no creemos es en el proceso electoral—, ese es un polo; y el otro polo que nosotros vamos a alimentar, a empujar y a reforzar es la solicitud en la calle, con el pueblo, del llamado a elecciones para una Asamblea Nacional Constituyente, para redefinir las bases fundamentales de la república que se vinieron abajo; las bases jurídicas, las bases políticas, las bases económicas, las bases morales incluso, de Venezuela están en el suelo, y eso no se va a arreglar con pequeños parches”.

“Bolívar lo decía: ‘Las gangrenas políticas no se curan con paliativos’, y en Venezuela hay una gangrena absoluta y total. Un mango madura cuando está verde, pero un mango podrido jamás va a madurar; de un mango podrido hay que rescatar su semilla y sembrarla para que nazca una nueva planta. Eso pasa en Venezuela hoy. Este sistema no tiene manera de recuperarse a sí mismo.”

“Nosotros no desechamos la vía de las armas en Venezuela, nosotros seguimos teniendo -y lo dicen las encuestas del mismo gobierno- más del 80 por ciento de opinión favorable en los militares venezolanos, en el ejército, en la marina, en la fuerza aérea y en la Guardia Nacional. A pesar de todo eso, ahí tenemos una fuerza y, además de todo eso, tenemos un altísimo porcentaje de los venezolanos, especialmente, queridos amigos, ese 60 por ciento de venezolanos -tampoco lo van a creer ustedes- en pobreza crítica. Increíble, pero es cierto: en Venezuela se esfumaron 200 mil millones de dólares en 20 años. ¿Y dónde están?, me preguntaba el Presidente Castro. En las cuentas en el exterior de casi todos los que han pasado por el poder en Venezuela, civiles y militares que se enriquecieron al amparo del poder”.

“En esa inmensa mayoría de venezolanos, nosotros tenemos un tremendo impacto positivo y ustedes comprenderán que, al tener esas dos fuerzas, estamos dispuestos a dar el todo por el todo por el cambio necesario en Venezuela. Por eso decimos que no desechamos la vía de utilizar las armas del pueblo que están en los cuarteles para buscar el camino si este sistema político decide, como parece haber decidido, atornillarse de nuevo y buscar recursos para manipular y engañar. Nosotros estamos pidiendo Constituyente y el año que viene -ya les dije- vamos a empujar esta salida como recurso estratégico de corto plazo. Es un proyecto de largo plazo, es un proyecto de un horizonte de 20 a 40 años, un modelo económico soberano; no queremos seguir siendo una economía colonial, un modelo económico complementario.”

“Es un proyecto que nosotros hemos lanzado ya al mundo venezolano con el nombre de Proyecto Nacional “Simón Bolívar”, pero con los brazos extendidos al continente latinoamericano y caribeño. Un proyecto en el cual no es aventurado pensar, desde el punto de vista político, en una asociación de Estados latinoamericanos. ¿Por qué no pensar en eso, que fue el sueño original de nuestros libertadores? ¿Por qué seguir fragmentados? Hasta allí, en el área política, llega la pretensión de ese proyecto que no es nuestro ni es original, tiene 200 años, al menos
. Cuántas experiencias positivas en el área cultural, en el área económica -en esta economía de guerra en la que vive Cuba prácticamente- en el área deportiva, en el área de la salud, de la atención a la gente, de la atención al hombre, que es el primer objeto de la patria, el sujeto de la patria.

“En esa área o en esa tercera vertiente, en el proyecto político transformador de largo plazo, extendemos la mano a la experiencia, a los hombres y mujeres de Cuba que tienen años pensando y haciendo por ese proyecto continental.”

“El siglo que viene, para nosotros, es el siglo de la esperanza; es nuestro siglo, es el siglo de la resurrección del sueño bolivariano, del sueño de Martí, del sueño latinoamericano.

“Queridos amigos, ustedes me han honrado con sentarse esta noche a oír estas ideas de un soldado, de un latinoamericano entregado de lleno y para siempre a la causa de la revolución de esta América nuestra”
(Aplausos).
- - - - - - - - - -
Había un pensamiento político y económico revolucionario perfectamente estructurado, coherente, una estrategia y una táctica. Bastante antes de lo que entonces podía pensarse, el proceso bolivariano derrotaría a la oligarquía en limpia lid prácticamente sin recursos, y la convocatoria a la Asamblea Constituyente de que nos habló Chávez se llevó a cabo. Una revolución profunda se iniciaba en la gloriosa patria de Bolívar.

Como pudieron apreciar, en aquel discurso él declaró con toda franqueza: nosotros no desechamos la vía de las armas en Venezuela. En las largas horas de conversaciones e intercambios que sostuvimos durante su visita, este importante tema fue uno de los puntos abordados.

El líder bolivariano prefería la conquista del poder sin derramamientos de sangre. Tenía, sin embargo, gran preocupación de que la oligarquía, por su parte, acudiera al recurso del golpe de estado con la complicidad del alto mando militar para detener el movimiento desatado por los oficiales rebeldes el 4 de febrero de 1992.

Recuerdo que me dijo: Nuestra línea es evitar situaciones graves y derramamientos de sangre; nuestra perspectiva es crear alianzas de fuerzas sociales y políticas, porque podríamos en 1998 lanzar una vigorosa campaña con una importante fuerza electoral, el apoyo de la población y amplios sectores de las Fuerzas Armadas, para llegar al poder por esa vía tradicional. Creo que esa es nuestra mejor estrategia.

No olvido el lacónico pero sincero comentario que le hice: Ese es un buen camino.

Tal como él dijo, ocurrió: en 1998 el movimiento bolivariano, una alianza
de fuerzas patrióticas y de izquierda creada y dirigida por él, con el apoyo del pueblo, la simpatía y la solidaridad de la mayoría de los militares, en especial de los oficiales jóvenes, en las elecciones de ese año obtiene una contundente victoria. Toda una lección para los revolucionarios de que no hay dogmas ni caminos únicos. La propia Revolución Cubana fue también una prueba de ello.

Hace mucho tiempo albergo igualmente la más profunda convicción de que, cuando la crisis llega, los líderes surgen. Así surgió Bolívar cuando la ocupación de España por Napoleón y la imposición de un rey extranjero crearon las condiciones propicias para la independencia de las colonias españolas en este hemisferio. Así surgió Martí, cuando llegó la hora propicia para el estallido de la Revolución independentista en Cuba. Así surgió Chávez, cuando la terrible situación social y humana en Venezuela y América Latina determinaba que el momento de luchar por la segunda y verdadera independencia había llegado.

La batalla ahora es más dura y difícil. Un imperio hegemónico, en un mundo globalizado, la única superpotencia que prevaleció después de la guerra fría y el prolongado conflicto entre dos concepciones políticas, económicas y sociales radicalmente diferentes, constituye un enorme obstáculo para lo único que hoy podría preservar no solo los más elementales derechos del ser humano, sino incluso su propia supervivencia.

Hoy la crisis que atraviesa el mundo no es ni puede ser de un solo país, de un subcontinente o de un continente; es también global. Por ello, tal sistema imperial y el orden económico que ha impuesto al mundo son insostenibles. Los pueblos decididos a luchar, no solo por su independencia sino también por la supervivencia, no pueden ser jamás vencidos, incluso si se trata de un solo pueblo.

Es imposible ignorar lo que ha ocurrido en Cuba durante casi medio siglo y los enormes avances sociales, culturales y humanos alcanzados por nuestro país a pesar del bloqueo económico más prolongado que se conoce en la historia. Imposible ignorar lo ocurrido en Vietnam. Imposible ignorar lo que está hoy ocurriendo en Iraq.

Lo que ocurre hoy en Venezuela es otro impresionante ejemplo. Ni golpe de estado, ni golpe petrolero, ni referendo revocatorio con el apoyo de la casi totalidad de los medios masivos, pudieron impedir una victoria aplastante del movimiento bolivariano que alcanzó casi un 50 por ciento más de votos a favor del NO el 15 de agosto, y otro colosal triunfo en 23 de las 25 gobernaciones regionales, un hecho sin precedentes que el mundo contempla con asombro y simpatía. La batalla, además, se desarrolló dentro de las mismas normas y reglas que el imperio ha impuesto para debilitar y dividir a los pueblos e imponer su podrida y desprestigiada democracia representativa.

En aras del tiempo, no hablo sobre otros temas muy actuales e importantes, incluido nuestro Ejercicio Estratégico Bastión 2004, expresión de la resuelta decisión del pueblo cubano de luchar, como lo ha hecho durante 46 años de creación y de combate.

Permítaseme tan solo expresarles que un día histórico tan simbólico y trascendente como este, en que se cumplen diez años del primer encuentro de Chávez con nuestro pueblo, el Consejo de Estado de la República de Cuba ha decidido otorgarle una segunda condecoración (Aplausos). Ya recibió la Orden “José Martí”, nuestro Héroe Nacional, inspirador de los combatientes que en el centenario de su nacimiento quisieron tomar el cielo por asalto e iniciaron la lucha por la definitiva independencia de Cuba.

Martí, admirador de Bolívar, bolivariano hasta la médula, compartió con éste hasta la muerte su sueño de liberación y unión de los países de nuestra América: “…ya estoy todos los días en peligro de dar mi vida por mi país y por mi deber —puesto que lo entiendo y tengo ánimos con que realizarlo— de impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América. Cuanto hice hasta hoy, y haré, es para eso”, escribió horas antes de su muerte en combate. Para nosotros, José Martí fue como un Sucre: al servicio de la libertad alcanzó con su pensamiento lo que el gran mariscal de Ayacucho alcanzó con su gloriosa espada. Sentimos el orgullo de pensar que en 1959, 63 años después de su muerte, llevando los combatientes como estandarte sus ideas, emerge victoriosa la Revolución Cubana.

Hoy añadimos a la Orden “José Martí”, entregada al Presidente de la República Bolivariana de Venezuela, la Orden “Carlos Manuel de Céspedes”, Padre de la Patria (Aplausos), iniciador de la primera guerra por la independencia el 10 de octubre de 1868, que siendo dueño de tierras y una industria azucarera, liberó a los esclavos que en ambas laboraban el mismo día que se alzó en armas contra el coloniaje español.

De la gran patria de Bolívar, dijo Céspedes un día: “Venezuela, que abrió a la América española el camino de la independencia y lo recorrió gloriosamente hasta cerrar su marcha en Ayacucho, es nuestra ilustre maestra de libertad…”

Como colofón de este histórico acto, al cumplirse precisamente el décimo aniversario de la primera visita de Chávez a Cuba y de su discurso en el Aula Magna de la Universidad de La Habana, ambos gobiernos firmarán esta noche una Declaración Conjunta sobre el ALBA, concepción bolivariana de la integración económica, y un acuerdo bilateral para comenzar su aplicación, que harán historia.

Hugo: tú dijiste hace diez años que no merecías los honores que estabas recibiendo de quienes adivinamos en ti las cualidades de un gran revolucionario, cuando fueron llegando noticias de tu historia, tu conducta y tus ideas mientras guardabas prisión en la cárcel de Yare. Tu capacidad organizativa, tu magisterio con los oficiales jóvenes, tu hidalguía y firmeza en la adversidad, te hacían acreedor de aquellos y otros muchos honores.

Prometiste volver un día con propósitos y sueños realizados. Volviste y volviste gigante, ya no solo como líder del proceso revolucionario victorioso de tu pueblo, sino también como una personalidad internacional relevante, querida, admirada y respetada por muchos millones de personas en el mundo, y de modo especial por nuestro pueblo (Aplausos).

Hoy nos parecen pocos los merecidos honores de que hablaste y las dos condecoraciones que te hemos otorgado. Lo que más nos conmueve es que volviste, como también prometiste, para compartir tus luchas bolivarianas y martianas con nosotros.

¡Vivan Bolívar y Martí!(Exclamaciones de: “¡Viva!”)
¡Viva la República Bolivariana de Venezuela! (Exclamaciones de: “¡Viva!”)
¡Viva Cuba! (Exclamaciones de: “¡Viva!”)
¡Que perduren para siempre nuestros lazos de hermandad y solidaridad! (Ovación)


BOLIVIA: INERMIDAD ANTE LA DISGREGACIÓN

<h2><hr><u>BOLIVIA: INERMIDAD ANTE LA DISGREGACIÓN</h2></u>

Por Andrés Soliz Rada

Las elecciones municipales del 5 de diciembre pasado han ratificado la inexistencia de un proyecto político hegemónico y de una fuerza partidaria aglutinadora de la mayoría nacional
. La participación en los comicios de agrupaciones ciudadanas y pueblos indígenas ha incrementado la dispersión, acentuada por el debilitamiento de los partidos políticos. En ese laberinto, la consigna más difundida, en beneficio de posiciones antinacionales, fue lanzada por el candidato Roberto Fernández que obtuvo la primera mayoría en la ciudad de Santa Cruz, al exclamar que la autonomía, la autonomía y la autonomía serán las tres tareas más importantes que cumplirá a la cabeza de su municipio.

No es que las autonomías regionales sean negativas en si mismas. Si ellas impulsan una democracia más participativa, en la que los gobernados fiscalicen mejor a sus gobernantes, y mayores decisiones en el ámbito público, obvio que serán bienvenidas. Sin embargo, si se convierten en instrumento de las petroleras para negociar concesiones con cada región por separado, marginando al Estado nacional, las autonomías serán seguidas de propuestas federalistas y
Separatistas
. El avance de esta segunda alternativa es cada vez más desembozado. La oligarquía cruceña, supeditada sin rubor al poder transnacional, ha decidido auto convocarse a un referéndum vinculante, a realizarse en próximas semanas, sin esperar el llamado a una Asamblea Constituyente en la que debería discutirse los alcances de esa propuesta.

Saúl Lara, Ministro de Gobierno de Carlos Mesa, ha calificado la medida de separatista y sediciosa. Lara fue desautorizado por el Ministro de Participación Popular, Roberto Barbery, quien recordó que el Jefe de Estado es ardiente
partidario de las autonomías. Los disgregadores recolectan firmas preguntando si los habitantes de Santa Cruz están de acuerdo con las autonomías y el empleo. Salta a la vista la maniobra de juntar ambos conceptos conociendo la
desesperación por fuentes de trabajo. En consecuencia, Mesa ha cambiado la “agenda de Octubre de 2003”, la que, fruto de la rebelión popular que logró la fuga de Gonzalo Sánchez de Lozada (GSL), incluía la recuperación de la propiedad
estatal de los hidrocarburos, el cobro del 50 % de regalías a las compañías y la industrialización del gas en territorio nacional, por la “agenda de Junio de 2004”, en la que las oligarquías de Tarija y Santa Cruz proclamaron el régimen autonómico, a fin de exportar el gas a Chile, Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay, México y Estados Unidos.

La discusión, lejos de estancarse en academicismos autonómicos, tiene como trasfondo la pugna por las utilidades que generarán 54 Trillones de Pies Cúbicos de gas y 900 millones de barriles de petróleo que, gracias a un decreto
delincuencial de GSL, han quedado en manos, principalmente, de Repsol, de España, Total, de Francia, British Gas, de Inglaterra, Amoco, de EEUU y Petrobrás de Brasil, equivalentes a más de cien mil millones de dólares, cifra
que podría multiplicarse si se añade valor agregado al gas y al petróleo. Esto explica la pasión con que las petroleras impulsan las autonomías de Tarija y Santa Cruz, a través de cúpulas foráneas.

Desde un punto de vista retrospectivo, se trata de un capítulo más de las maldades del poder petrolero, a lo largo del siglo pasado, en perjuicio de los países sometidos al capital financiero. Lo que llama la atención, en cambio, es la pasividad con que el movimiento popular boliviano, cuyo heroísmo ha llenado muchas páginas en la turbulenta historia de América Latina, observa el advenimiento de lo que podría ser una tragedia nacional. Existen ahora dos proyectos paralelos. En tanto las oligarquías citadas trabajan por un referéndum inmediato, los sectores populares discuten los alcances de una Constituyente a realizarse posteriormente en la que los citados grupos de poder no están interesados.

Por fin en los últimos días, el Comando del Ejército ha advertido que los recursos naturales son del conjunto del país y que el capital extranjero pretende explotarlos sin beneficio nacional. El Cardenal Julio Terrazas ha lanzado similar voz de alerta. Pero lo anotado es insuficiente, ya que la falta de iniciativas, como la apertura de libros en respaldo de la unidad nacional, de movilizaciones, pronunciamientos y de una campaña activa a través de los medios masivos de comunicación social, podría acelerar los intentos separatistas que podrían tornarse irreversibles.


LA UNIDAD SUDAMERICANA DESDE CHILE

<h2><hr><u>LA UNIDAD SUDAMERICANA DESDE CHILE</h2></u>

por Andrés Monares

El Mostrador
– 14/12/2004

No hará mucho, en un partido de fútbol se enfrentaban uno de nuestros equipos “grandes” con uno argentino del montón. Este dominaba claramente el juego. Desde un sector de las graderías, que dista mucho de ser la de su barra brava, un hincha les gritó molesto: “¡Pobretones!”. La especificidad del “insulto” y su connotación evidente me pareció notable. Una joyita que mostraba nuestra idea de vecindad y cómo nos vemos los chilenos... Lástima que los ricachones, que casualmente están quebrados, hayan terminado perdiendo 2x0...

Mientras, en el Perú, el famoso “sueño bolivariano” ha vuelto a salir a la palestra. No obstante, a estas alturas pareciera que en Chile se le tiene precisamente por un “sueño”. Un mero romanticismo inviable. Aunque el proyecto original del Libertador tenía un ingrediente ideológico-emocional, era de hecho muy práctico: América del Sur debería unirse en un sólo país para equilibrar las relaciones internacionales y para poder negociar de igual a igual con las potencias europeas y Estados Unidos. Los caudillismos, la ceguera, el afán de poder, terminaron con esos sensatos planes. Llevamos casi dos siglos pagando el precio de haber construido pequeños países de un peso insignificante a nivel internacional. Estados separados y hasta enemigos a pesar de que en general —si nos comparamos con la Unión Europea— al menos nos unirían el idioma, experiencias comunes, enemigos comunes y la religión.

Respecto del proyecto comunitario en un diario electrónico aparecían opiniones de lectores de diferentes países del continente. Tras leer unas cuantas, comencé a detenerme sólo en comentarios de chilenos. En su gran mayoría se oponían al plan. No por imposible, sino por indeseable. Sus argumentos olían al mito de la mansión en medio de una población callampa. Casi se podía palpar su aversión a que Chile se rebajara a mezclarse con esa gentecita de piel tan oscura, tan corrupta, de indicadores macroeconómicos tan mediocres cuando no negativos, tan pobres, de democracias tan inestables, tan poco modernos.

Lamentablemente, opiniones de ese tipo y carentes de toda autocrítica nacional no es algo extraño en Chile. En nuestro país de espíritu “nuevo rico” (pero en realidad con pocos ricos), está instalada hace tiempo la firme creencia de que no necesitamos a nuestros vecinos. Lo que se suma al creciente sentimiento de superioridad sobre ellos. De ahí se pueda decir, sin miedo a equivocarse, que es generalizada la opinión de que la unidad suramericana sería un plan que no nos incumbe. Sería algo así como un salvavidas para los fracasados, esos otros que no son exitosos por sí mismos como nosotros.

En ese contexto, no puede ser sorpresa el estudio de Unicef que mostró a un 46% de nuestros niños estima que hay una o más nacionalidades inferiores a la chilena (del total 32% respondió que los peruanos y 30% que los bolivianos). No pocos se preocuparán ante esos juicios. Pero la verdad es que indican la formación que los niños han recibido en sus familias y la escuela. Sus respuestas son reflejo de los patrones culturales del país. Pasada la breve inquietud políticamente correcta por las cifras de Unicef, muchos chilenos de cualquier clase social seguirán usando la palabra “indio” como insulto o etiqueta de inferioridad. Seguirán mirando por sobre el hombro a peruanos y bolivianos, seguirán diciendo que algo chabacano es “tropical” o explicarán la crisis argentina por la corrupción y la flojera transandina. En fin, seguirán saliendo airosos en cualquier comparación a que ellos mismos se sometan con otros suramericanos.

A nivel gubernamental, ante el proyecto comunitario, imaginamos que Chile seguirá expectante. La política de buscar negocios, no aliados, habría dado frutos y muchos... Al menos a ese pequeño grupo que monopoliza la riqueza del país. Para hacer pasable ese “detalle” nos alimentan con un premio de consuelo que se sirve de nuestro sustrato chovinista: somos un ejemplo para el mundo y la envidia de los vecinos. ¡Y funciona! Se ha construido una imagen “país” que ha tenido eco en un número no despreciable de chilenos, dándoles un sentido de unidad y de dignidad. Aunque no puedan acceder a salud decente, a educación superior gratuita o sea un hecho que la mayoría no participa de las ganancias del crecimiento económico, al menos están convencidos de que como “país” están “mejor” y/o como “chilenos” son “mejores” que ese o aquel otro.

(Interesante sería saber qué criterio se usa para determinar nuestra superioridad. Pues, por ejemplo, nuestros gerentes tienen un nivel de comprensión lectora semejante al de un obrero sueco, el porcentaje del PGB destinado a investigación científica es bajísimo, un 60% de los capitalinos no ha leído ni un libro en el último año, estamos entre los países con peor distribución del ingreso del mundo, tenemos un sistema electoral donde el que pierde empata o deportivamente ni hablar).

Me confieso culpable de ser partidario de una unidad basada en la “hermandad”. Sin embargo, también la sigo sosteniendo en las mismas razones prácticas que ya enunció Bolívar en el siglo XIX. Es la sencilla conclusión empírica de que tarde o temprano todos necesitamos amigos, de esos tan cercanos que los consideramos hermanos. Con la salvedad que son hermanos que uno eligió. No es poco para un país pequeño y de poca población poder sumarse a nueve países y conformar una comunidad de más de 17 mil kilómetros cuadrados con unos 380 millones de habitantes.

Para empezar, sería difícil que desde el exterior nos intervinieran, nos presionaran, organizaran golpes y dictaduras en la región. No es poco para quienes algo conocemos la historia de América del Sur alcanzar una verdadera autonomía y fuerza de negociación. Tal unión es del mismo modo atractiva como bloque económico. Más, cuando la megalomanía ataca a los tenderos se olvidan que los clientes lo son sólo hasta que encuentran precios más bajos. Los tecnócratas con su soberbia miopía han de haberse olvidado, a pesar de que se identifican a sí mismos como realistas, que la producción y los negocios necesitan de una base política. Con mayor razón cuando en este mundo globalizado que tanto los fascina, el que no se une a algún bloque político estará perdido.

Un chileno tipo clase media emergente (primera generación con zapatos, como diría alguna señora empingorotada, que hacía todo lo posible porque notaran su nuevo calzado) humillaba cada vez que podía al mozo peruano de un bar santiaguino. Relacionaba su nacionalidad a una mala situación económica. Lástima que él mismo estuviera metido en un bar de medio pelo... Así es Chile. Con una singular y complaciente autopercepción. Convencidos que la cordillera no nos aísla, nos salva. Así es Chile, un poquitín patético.

(*) Antropólogo, profesor en la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile.