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MIRANDO AL SUR - augusto alvarado


EL MILODÓN Y EL LOCO

<h2><hr><u>EL MILODÓN Y EL LOCO</h2></u>

Por Osvaldo Wegmann Hansen

La Prensa Austral
7 de mayo de 1981

Alimentando sueños de utopía el quimérico Albert Conrad murió loco, pobre y solitario. Se encontró un día su cadáver, tendido sobre el piso de la cabaña que habitaba en el valle del Río de las Vueltas. Junto a su tesoro, consistente en pedazos de cuarzo, que el insano recogía en sus largas exploraciones, se hallaron las más extrañas piedras sin valor. Ahora el sitio se denomina "Valle del Milodón" y, junto al Río de las Vueltas, en territorio argentino, cerca de la vieja y derruida cabaña, se levanta la alta reja de madera de una sepultura, con una cruz y una inscripción que dice: "Alberto Conrad (Q.E.P.D.), fallecido en febrero de 1931". No se sabe el día que murió, porque al hallar el cadáver, ya estaba descompuesto.

En el año 1894, poco después de arribar a estas latitudes, en busca de campos para iniciar la ganadería en la región, el capitán de la Marina Mercante alemana Hermann Eberhard, descubrió en la ladera del cerro Benítez, a 17 kilómetros al noroeste de Puerto Natales, una curiosa caverna, que poco tiempo después también llevó su nombre.

El año 1895, atraídos por el interés que Última Esperanza despertaba en Magallanes, llegaron a la región en viaje de estudios, el geólogo sueco Otto Nordenksjold, el sabio inglés Dusen y el zoólogo Ohlin. Un marinero alemán llamado Alberto Conrad, que trabajaba con el capitán Eberhard, sirvió a los cientistas como guía, para explorar la zona, en busca de motivos de estudio, como ser ejemplares de flora y fauna y sobre todo piezas de origen volcánico. Entonces Conrad los llevó a la extraña caverna, descubierta hacía poco tiempo por Eberhard y un guardiamarina inglés y les mostró semienterrados, los restos fósiles del milodón, despejados por Conrad. El animal prehistórico sería después de estudios, un desdentado del género glossotherium, llamado milodón, idénticos a los que Darwin descubrió en su época al sur de Bahía Blanca.

Expediciones científicas posteriores, como la de Hauthal, Roth, Lehmann y Nietche, encontraron todavía restos de ese animal prehistorico lo mismo que Emperaire muchos años después. Hallaron además esqueleto de un tigre desaparecido, félix listai, el terrible "tigre dientes de sable" que atacaba a los milodones. Todos estos huesos fueron llevados al Museo de la Plata y en mayor proporción al Museo de Londres donde aún estarían encajonados, según averiguaciones hechas en los últimos años por altos funcionarios de Magallanes.

La caverna del Milodón cobró gran importancia, en especial de parte de viajeros, de periodistas y de hombres de estudio. La caverna vecina, la cueva chica, en la que correteé en la infancia, es más impresionante, porque es estrecha, oscura,
penetra en el cerro como un túnel, desciende y no se le conoce fin. Sobre ella se han hecho detalladas descripciones en libros, revistas y diarios nacionales y extranjeros.

Los curiosos que han logrado llegar hasta ella han querido siempre llevar un recuerdo y es así como a martillazos han destruido las estalactitas y estalacmitas de esta caverna y de la otra, para llevárselas como trofeos. De esta manera el gran atractivo de las cuevas, sobre todo de la chica, se va perdiendo y si no se toma una determinación enérgica, se terminará con la obra de cientos de años de la naturaleza.

La gente tenía una idea errónea de lo que fue el Milodón, pues creía que se trataba de un animal de proporciones gigantescas. Era grande sí, pero no tanto. Las dimensiones reales las da la estatua confeccionada en los últimos años por el escultor natalino Harald Krusseel, la que después de ser exhibida en el Museo de la Patagonia, fue trasladada definitivamente a la entrada de la gran cueva. Allí está, erguida, natural, idéntica, tal como lo vieron los hombres primitivos hace 10 mil años, con sus garras enormes, con que cogía las hojas de los árboles.

Lo que falta, para darle más vida y animación al paisaje, es una escultura del hombre primitivo, junto a la fogata, frente al Milodón, como fue realmente la vida en Ültima Esperanza en esos tiempos.

Recopilación de Jorge Díaz Bustamante

Tomado de Milodon City Cha Cha Cha


VILLA GRIMALDI: MONUMENTO NACIONAL

<hr><h2><u>VILLA GRIMALDI: MONUMENTO NACIONAL</h2></u>

La Tercera - 11-12-2004

Villa Grimaldi, uno de los principales centros de detención y tortura, y que desde marzo de 1997 funciona como un parque, fue convertido en Monumento Nacional.

Junto con la instalación de una placa que lo nómina como un lugar de encuentro, defensa y promoción de los DDHH, el ministro de Educación, Sergio Bitar, firmó un convenio de colaboración para un proyecto educativo en materia de Derechos Humanos.

"Porque sólo el que tiene memoria construye futuro. El que está amnésico, o no se acuerda, o simplemente explica para justificar no puede construir un país mejor. Como ministro de Educación por lo tanto yo destaco la importancia de este lugar para la educación de los niños de Chile. Vamos a hacer convenios para que vengan los estudiantes para que ellos puedan ser ciudadanos mejores en el futuro", señaló Bitar.

Por su parte, Rodrigo Villar, presidente de la Corporación por la Paz Villa Grimaldi, dijo que no basta reconocer jurídicamente los derechos humanos, sino que inculcarlos en la conciencia de todos."Tenemos que cautelar la moral de este país. Es fundamental levantar la moral de este país y que en definitiva las brutalidades, las barbaridades que se cometieron en este país no vuelvan a pasar. La única forma de que nosotros podamos superar esto es a través de enseñar a las nuevas generaciones. Son ellos los que van a dirigir este país en el futuro. Y son ellos los que van a tener que velar para que el respeto a los derechos humanos se mantenga", agregó.

El alcalde de Peñalolen, Claudio Orregó comprometió la creación en Villa Grimaldi de un museo abierto a la comunidad.


DECLARACIÓN DEL CUSCO

<hr><h2><u>DECLARACIÓN DEL CUSCO</h2></u>

III REUNIÓN DE PRESIDENTES DE AMÉRICA DEL SUR



Cuzco (Perú)

13 de diciembre de 2004

Alia2

Los Presidentes de los países de América del Sur reunidos en la ciudad del Cusco en ocasión de la celebración de las gestas libertarias de Junín y Ayacucho y de la convocatoria del Congreso Anfictiónico de Panamá, siguiendo el ejemplo de El Libertador Simón Bolívar, del Gran Mariscal de Ayacucho Antonio José de Sucre, del Libertador José de San Martín, de nuestros pueblos y héroes independentistas que construyeron, sin fronteras, la gran Patria Americana e interpretando las aspiraciones y anhelos de sus pueblos a favor de la integración, la unidad y la construcción de un futuro común, hemos decidido conformar la Comunidad Sudamericana de Naciones.

I. La Comunidad Sudamericana de Naciones se conforma teniendo en cuenta:


La historia compartida y solidaria de nuestras naciones, que desde las gestas de la independencia han enfrentado desafíos internos y externos comunes, demuestra que nuestros países poseen potencialidades aún no aprovechadas tanto para utilizar mejor sus aptitudes regionales como para fortalecer las capacidades de negociación y proyección internacionales; El pensamiento político y filosófico nacido de su tradición, que reconociendo la preeminencia del ser humano, de su dignidad y derechos, la pluralidad de pueblos y culturas, ha consolidado una identidad sudamericana compartida y valores comunes, tales como: la democracia, la solidaridad, los derechos humanos, la libertad, la justicia social, el respeto a la integridad territorial, a la diversidad, la no discriminación y la afirmación de su autonomía, la igualdad soberana de los Estados y la solución pacífica de controversias; La convergencia de sus intereses políticos, económicos, sociales, culturales y de seguridad como un factor potencial de fortalecimiento y desarrollo de sus capacidades internas para su mejor inserción internacional; La convicción de que el acceso a mejores niveles de vida de sus pueblos y la promoción del desarrollo económico, no puede reducirse sólo a políticas de crecimiento sostenido de la economía, sino comprender también estrategias que, junto con una conciencia ambiental responsable y el reconocimiento de asimetrías en el desarrollo de sus países, aseguren una más justa y equitativa distribución del ingreso, el acceso a la educación, la cohesión y la inclusión social, así como la preservación del medio ambiente y la promoción del desarrollo sostenible.

En este contexto, el desarrollo de las regiones interiores del espacio sudamericano, contribuirá a profundizar el proyecto comunitario, así como a mejorar la calidad de vida de estas zonas que se encuentran entre las de menor desarrollo relativo. Su compromiso esencial con la lucha contra la pobreza, la eliminación del hambre, la generación de empleo decente y el acceso de todos a la salud y a la educación como herramientas fundamentales para el desarrollo de los pueblos; Su identificación con los valores de la paz y la seguridad internacionales, a partir de la afirmación de la vigencia del derecho internacional y de un multilateralismo renovado y democrático que integre decididamente y de manera eficaz el desarrollo económico y social en la agenda mundial; La común pertenencia a sistemas democráticos de gobierno y a una concepción de la gobernabilidad, sustentada en la participación ciudadana que incremente la transparencia en la conducción de los asuntos públicos y privados, y ejerza el poder con estricto apego al estado de derecho, conforme a las disposiciones de la Carta Democrática Interamericana, en un marco de lucha contra la corrupción en todos los ámbitos; Su determinación de desarrollar un espacio sudamericano integrado en lo político, social, económico, ambiental y de infraestructura, que fortalezca la identidad propia de América del Sur y que contribuya, a partir de una perspectiva subregional y, en articulación con otras experiencias de integración regional, al fortalecimiento de América Latina y el Caribe y le otorgue una mayor gravitación y representación en los foros internacionales.

Nuestra convicción en el sentido que la realización de los valores e intereses compartidos que nos unen, además de comprometer a los Gobiernos, sólo encontrará viabilidad en la medida que los pueblos asuman el rol protagónico que les corresponde en este proceso. La integración sudamericana es y debe ser una integración de los pueblos.

II. El espacio sudamericano integrado se desarrollará y perfeccionará impulsando los siguientes procesos:

La concertación y coordinación política y diplomática que afirme a la región como un factor diferenciado y dinámico en sus relaciones externas. La profundización de la convergencia entre MERCOSUR, la Comunidad Andina y Chile a través del perfeccionamiento de la zona de libre comercio, apoyándose en lo pertinente en la Resolución 59 del XIII Consejo de Ministros de la ALADI del 18 de octubre de 2004, y su evolución a fases superiores de la integración económica, social e institucional. Los Gobiernos de Suriname y Guyana se asociarán a este proceso, sin perjuicio de sus obligaciones bajo el Tratado revisado de Chaguaramas.
La integración física, energética y de comunicaciones en Sudamérica sobre la base de la profundización de las experiencias bilaterales, regionales y subregionales existentes, con la consideración de mecanismos financieros innovadores y las propuestas sectoriales en curso que permitan una mejor realización de inversiones en infraestructura física para la región.
La armonización de políticas que promuevan el desarrollo rural y agroalimentario.
La transferencia de tecnología y de cooperación horizontal en todos los ámbitos de la ciencia, educación y cultura. La creciente interacción entre las empresas y la sociedad civil en la dinámica de integración de este espacio sudamericano, teniendo en cuenta la responsabilidad social empresarial.

III. La Acción de la Comunidad Sudamericana de Naciones:


La Comunidad Sudamericana de Naciones establecerá e implementará progresivamente sus niveles y ámbitos de acción conjunta, promoviendo la convergencia y sobre la base de la institucionalidad existente, evitando la duplicación y superposición de esfuerzos y sin que implique nuevos gastos financieros.
Los Ministros de Relaciones Exteriores elaborarán una propuesta concreta de cursos de acción que considere, entre otros aspectos, las reuniones de Jefes de Estado como instancia máxima de conducción política y de Cancilleres como ámbito de decisión ejecutiva del proceso. Los Ministros contarán con la cooperación del Presidente del Comité de Representantes Permanentes del MERCOSUR, del Director de la Secretaría del MERCOSUR, del Secretario General de la Comunidad Andina, del Secretario General de la ALADI, y de la Secretaría Permanente de la Organización del Tratado de Cooperación Amazónica, así como de otros esquemas de cooperación e integración subregional. Las reuniones de Jefes de Estado y de Cancilleres sustituirán a las denominadas Cumbres Sudamericanas.
El Gobierno del Perú ejercerá la Secretaría Pro Témpore hasta la realización de la Primera Reunión de Jefes de Estado de la Comunidad Sudamericana de Naciones, que se realizará en Brasil en el año 2005. La Segunda Reunión se realizará en Bolivia.

Firmado en la ciudad del Cusco, a los ocho días del mes de diciembre del año 2004.

Presidentes de la República del Perú, República de Argentina, República de Bolivia, República Federativa del Brasil, República de Chile, República de Colombia, República de Ecuador, República Cooperativa de Guyana, República de Paraguay, República de Suriname, República Oriental del Uruguay y República Bolivariana de Venezuela
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MEA CULPA DE UNA PERIODISTA

<h2><hr><u>MEA CULPA DE UNA PERIODISTA</h2></u>

Foto: El periodista José Carrasco Tapia (Pepone)
asesinado por la dictadura


Por María Angélica de Luigi

Ex periodista de El Mercurio


Lo siento.

Mi tiempo ha estado dentro del tiempo de los otros, como perra al mediodía en el Paseo Ahumada. Yo solo me estiré al sol, remoloneando, entre los zapatos que perseguían y los zapatos que arrancaban por Huérfanos, por Pudahuel y La Victoria. Soñaba lo normal: ternuras, erotismos, una casita, un buen colegio para el hijo.

Mientras Mónica González, Patricia Verdugo, la Camus, la Monckeberg, la dulce y angustiada Elena Gaete, del Apsi, arriesgaban la vida, yo me daba gustos de perra fina bajo los aleros de El Mercurio. Gustitos: escribir bien, forzar preguntas inteligentes, poner en aprietos, colar entrelíneas sofisticadas.
¿Alguien planteó en alguna pauta en El Mercurio que había que hacer un reportaje a los cuarteles de la DINA?

Yo tampoco.

No puedo culpar a nadie. Nunca se me censuró.

Perra.

Mientras a otras chilenas les rompían la vagina con animales, botellas, electricidad, les daban puñetazos y mataban a sus hijos y padres, yo le leía cuentos a mi hijo, pololeaba, iba a las cabañas de los periodistas en El Tabo, usaba suecos y minifalda, carreteaba, ¿era feliz?

Lo siento.

Yo estuve entre los buenos y entre los malos de la guerra fría de Cheyre.

Entre los malos: me conmovió Allende, su discurso social, la reivindicación del pobre, el vino tinto y la empanada. Trabajé por él, voté por él, estuve en la Alameda con pancarta para defender su triunfo después del asesinato de Schneider.

Entre los buenos: mandé a la mierda a los compañeros del Comité de Unidad Popular cuando se convirtieron en camarilla para perseguir periodistas, censurar informaciones y amenazar con matar al momiaje.

¿Te acuerdas, comadre, el cachetón que te mandé por ser tan resentida y odiosa?
Pero tú si que te acuerdas, pelao Carmona, donde estés, de esa conversación sofocante en un sillón del viejo Congreso en 1973: "Angélica, lo que se viene es un gorilazo, aquí se viene la CIA con todo, va a ser un baño de sangre".

Y yo: "Ya estai con tu paranoia del imperialismo y la custión, pelao".

Y después te encontré en un párrafo de crónica, ametrallado en una calle de Santiago.

Guevona.

Pelao, te juro, si ahora tuviera la oportunidad de vivir todo de nuevo, me gustaría figurar entre tus malos. Lo siento.
¿Qué valor tiene decir "lo siento", así, al voleo?

Pedir perdón a todos, a nadie.

Prefiero personificar: te pido perdón a ti, periodista Olivia Mora, que cuando naciste traías una bandera de Allende, que fuiste izquierdista de alma, que te la jugaste y nunca fuiste sectaria, que nunca quisiste matar a nadie sino hacer justicia social. Perdona por lo que tuviste que sufrir en el Estadio Nacional, en el exilio, con el asesinato de tu primer marido, el Pepe Carrasco (amigo loco que creíste en mí como periodista).

Y, Olivia, perdona por no haber hecho nada para cortar la cadena de horror que se llevó a uno de tus hijos.
Fui una perra.

Guevona
.


LLEGÓ FAHRENHEIT 451: HAGA CLICK

<h2><hr><u>LLEGÓ FAHRENHEIT 451: HAGA CLICK</h2></u>

El diario “Clarín” de Buenos Aires se alarma: Uno de cada dos argentinos no leyó un solo libro en el último año y más del sesenta por ciento no supo dar el nombre de un escritor conocido. Expertos convocados por el diario culpan al empobrecimiento económico y a la crisis educativa.
Conozcamos la opinión de José Steinsleger al respecto (La Jornada, México D.F., agosto de 2002).


Comunicación, educación y salud. He aquí los enemigos de un sistema que reduce todo a mercancía. He aquí el modelo que depende de la desinformación, de la ignorancia y de las enfermedades para legitimar inequidades e iniquidades. He aquí, en orden alfabético y de prioridades, las fuerzas que al degradarse expanden, conducen y refuerzan el envilecimiento social.

Comunicación, educación y salud. El modelo necesita de la incomunicación (que no se conjura con la mera "información"), de la ignorancia (que no se combate con la mera "instrucción"), de las enfermedades (que no se alivian con la mera "curación"). El modelo necesita del ruido dictatorial mediático, de maestros muertos de hambre que entrenan al esclavo futuro en el tecleo de una consola sin saber para qué, de seres embrutecidos por la desnutrición.

Comunicación, educación y salud. He aquí las tres patas que sostienen eso que con solemnidad llamamos "cultura". ¿Por qué lamentarnos de que el vulgo asocie "cultura" con "privilegio", si la "democracia viable" fue pensada, justamente, para negar el idealismo de El Quijote, la sensualidad de Las mil y una noches y la autonomía del joven Jack Hawkins en La isla del tesoro? Estas obras son subversivas y el modelo pedagógico dominante exige lobotomizar a la juventud que se atreva a ser altruista, gozadora y aventurera.

Por lo demás... ¿desde hace cuántas décadas ya no se leen tales obras? Y si se leyeran... ¿podrían los jóvenes y adultos comprender lo que dicen? En una encuesta reciente entre alumnos de preparatoria, el saldo de palabras conocidas y comprendidas fue noventa (90) de promedio. ¿Qué responsabilidad cabe a los "cultos", que desde hace décadas nos dicen que "una imagen vale por mil palabras"? Mil palabras... ¡Qué ambición!

Todo y más de lo imaginado por Ray Bradbury en su novela de "ciencia ficción" (?) Fahrenheit 451 (1953), temperatura a la que el papel arde, ya está aquí. Hagamos ¡click!: el sábado 10 de agosto pasado, la cartelera cinematográfica del Distrito Federal ofreció lo siguiente: Frío de perros (42 salas), ¡Oye, Arnold! (32), Scooby Doo (37), Spirit, el corcel indomable (27), Amigas para siempre (26), Stuart Little 2 (53), Hombres de negro II (26) y Ouija, el juego de los espíritus (22). En 265 salas de proyección, a razón de cinco funciones diarias y 200 espectadores promedio por función, estas películas fueron vistas por 265 mil personas. Claro, tampoco faltó la "alternancia": Iris y Juana la loca fueron vistas por 7 mil personas el mismo día.

Yabba-dabba-doo. No desesperéis, gracias a la publicidad del fundamentalismo católico, El crimen del padre Amaro promete una asistencia superior a la motivada por la visita del Papa y debates sapientísimos como los que sacudieron al catolicismo de hace mil años. ¿Cuántos días aguantará en cartelera? En el infierno de la "cultura" neoliberal, la literatura y las humanidades han sido reducidas a cenizas. Sostengamos una plática con los jóvenes de las universidades públicas y privadas; indaguemos en su ortografía, sintaxis y capacidad de comprensión, y tendremos una idea clara de un futuro que ya es presente. El pasado nunca fue mejor. Pero se leía. Bien, mal, regular, se leía.

Hoy basta con hacer ¡click!

La "cultura" neoliberal requiere de sociedades postradas y acríticas. Objetivos que se alcanzan cuando se empieza desde muy abajo, con los más chiquitos
. El Banco Mundial anda detrás de los planes de estupidización colectiva, y desde hace años reclama "elevar el nivel" de la enseñanza según la entienden los "modernos": fin de la historia y de la pretensión de formar seres capaces de deliberar acerca de las causas que en el pasado derramaron la sangre, su sangre.

Que la historia, como dice Enrique Krauze, sea "entretenida". Y que todo sea "mito": Hidalgo, Guerrero, Juárez, la Reforma, los Flores Magón, la bandera, Zapata, la Constitución de 1917, el escudo. Que todo sea relativo. Que nada sea verdad. El escepticismo tiene su "glamour".

Bradbury escribió: "Durante un periodo utilizaremos mucho las computadoras. Así crearemos una civilización de estúpidos tecnológicos, mientras una elite se irá quedando con todo. Y cuando hablo de elite hablo de gente como yo, que puede leer. Porque creo que, a la larga, aquellos que se quedan sentados frente a Internet se convertirán en unos idiotas, y los que vayamos a las bibliotecas nos haremos cargo de la civilización. Por ahora, buena parte de la felicidad depende de saber cómo y cuándo apagar el televisor".

En Fahrenheit 451 hay un "parque de la diversión" que aspira a eliminar la necesidad de pensar. Lo necesario es el placer y la excitación. Sin embargo, Bradbury no es un pesimista de esos de a peso que abundan sin peso. Montag, personaje de la novela, consigue escapar del sabueso-robot que detecta a los propietarios de libros y se une al grupo que conserva los clásicos de memoria.


LECCIONES DE LA IMAGINACIÓN

<hr><h2><u>LECCIONES DE LA IMAGINACIÓN</h2></u>

Por Sergio Ramírez

San José, noviembre 2004.

Ahora que celebramos este año el centenario del nacimiento de Alejo Carpentier, que se cumple en el mes de diciembre, no puedo sino pensar en él como el padre fundador de la imaginación mágica en nuestra literatura, un aporte del Caribe al acervo de nuestra cultura hispanoamericana.

¿Dónde sino en el Caribe de Carpentier habría de aparecer Henri Christophe, el personaje de El reino de este mundo, antiguo cocinero de una fonda que peleó por la libertad de los esclavos y luego inventó el trono de Haití para coronarse rey? Un rey que llegó a tener poder de vida y muerte sobre sus súbditos, los antiguos esclavos que él mismo había liberado, después de pasar a cuchillo a los colonos franceses, y que bajo su férula volvían a ser lo mismo de siempre, esclavos. Una historia que no la magia, sino la realidad, sigue repitiendo incesantemente en Haití.

El rey Christopher hizo construir encima de las lejanas rocas de las cumbre del Gorro del Obispo la ciudadela de La Ferrière, cada bloque de piedras subido a lomo de sus súbditos esclavos, y en el palacio de cantera rosada de Sans Souci estableció su remedo de corte francesa con duques y marqueses que llevaban ahora las pelucas empolvadas de sus antiguos amos.

A las ventanas del palacio se asomaban damas coronadas de plumas, con el abundante pecho alzado por el talle demasiado alto de los vestidos de moda. En uno de los suntuosos salones ensayaba una orquesta de cámara. Los oficiales de casaca roja y bicornio, con espadas al cinto, parecían oficiales napoleónicos. “Negras eran aquellas hermosas señoras, de firme nalgatorio, que ahora bailaban la rueda en torno a una fuente de tritones”. Y aquel mundo maravilloso se vuelve inexplicable para Ti Noel, el antiguo esclavo, ya anciano, que lo está viendo todo con ojos de asombro, y sobre cuya espalda los capataces van a encajar pronto una piedra para que la lleve, uno más entre aquel hormiguero de esclavos, hasta la cumbre donde se construye la fortaleza de La Ferrière.

Cuánto tiene que ver la ambición de poder con estas fantasmagorías. Es que somos parte de una misma tramoya, imágenes del mismo juego de espejos. Una gran olla en la lumbre, donde hierven ambiciones y delirios. Y, otra vez, la vieja pregunta acerca de la realidad y la imaginación. En las páginas de su otra novela memorable, El siglo de las luces, suena el clarín de una batalla, la batalla por los derechos del hombre que encandilará la imaginación de ese héroe confuso que es Víctor Huges, comerciante de ultramarinos transfigurado en revolucionario.

La Revolución Francesa viene a proclamar la abolición de todos los privilegios reales, y los de casta, a anunciar algo tan peligroso y disolvente como la abolición de la esclavitud. Y Víctor Huges abolirá en Cayena y Guadalupe la esclavitud bajo el directorio, agente fiel de Robespierre, y la restablecerá sin parpadeos bajo el consulado, agente fiel de la restauración. Lo que importa es el poder, no su color. Las palabras que llevan a la acción, y la acción que contradice las palabras. No hay conciliación posible. Lo alegórico para Carpentier es que las revoluciones son hechos históricos que desbordan la suerte de los personajes. Un péndulo que va y viene, de la luz hacia la oscuridad, repitiendo el mismo viaje desde siempre. El poder, que se vuelve contra los ideales. Las revoluciones que terminan en fracasos éticos, y devoran a sus propios hijos, como Saturno. Es una lección que todavía seguimos aprendiendo.

No libra Carpentier a las revoluciones de su sino trágico. Las revoluciones son deidades mudas, como la guillotina embozada que Víctor Huges trae a América desde Francia, y que navega en las aguas del Caribe sobre la cubierta de un barco que será luego un barco fantasma. Nadie puede librar su cabeza de ese péndulo con filo de guillotina que es el destino vestido con los ropajes del poder.

Ya hemos oído muchas necedades acerca del fin de la historia, y Carpentier no iba a ser quien se adelantara a proclamar esas necedades. “Una revolución no se discute, se hace”, proclama Víctor Huges. Pero para un novelista, que prueba no ser ingenuo, la repetición de la historia humana no termina con ninguna ideología, o con la imposición de un régimen político. Porque los seres humanos siguen siendo los mismos, nos advierte. Víctor Huges, el paladín de los ideales libertarios, termina cazando con perros de presa por los montes a los esclavos que él mismo había liberado.

Esta es una de las mejores lecciones de la imaginación, dictada por la inclemente realidad, que Carpentier, nuestro padre fundador, real y maravilloso, nos deja como perdurable herencia literaria.


EL COMANDANTE SÍ TIENE QUIEN LE ESCRIBA

Por Juan Carlos Escudier

Rebelión


Cuando le conocí hace diez años, Hugo Chávez Frías, cabecilla de la intentona golpista contra Carlos Andrés Pérez, acababa de salir de la cárcel gracias a un indulto del entonces presidente Rafael Caldera. Paradojas de la vida, quien se encontraba entonces entre rejas era Pérez, por algo que siempre ha caracterizado a la clase política venezolana: su desmedida afición por el dinero público. Mientras Chávez empezaba a recorrer el país para extender su incipiente programa político, el ex presidente recibía visitas en su celda de El Junquito, que era como un bungalow con patio abierto, les ofrecía refrescos y pistachos, y les explicaba como era posible que se le permitiera que dos de sus guardaespaldas siguieran protegiéndole con sus pistolones dentro del penal.

Chávez no era ni mucho menos el político histriónico en que luego se ha convertido. Le vi por primera vez en el mercado de Carúpano, una pequeña localidad del estado de Sucre, a 40 grados a la sombra, vestido de militar y con su boina roja calada, repartiendo saludos a una multitud que le veneraba. Me habló de Bolívar, de la “utopía concreta” en un país que, como pude comprobar, hacía vecinos a los harapientos y a los magnates, y de algunas de las medidas que tomó, ya como presidente cuatro años después. Decía que quedaba poco tiempo antes de que estallara una guerra civil y que la “revolución” que quería para Venezuela se abriría paso con votos o con plomo.

El comandante eligió el camino de los votos. Pese a la insistencia de los medios de comunicación en seguir tildándole de golpista, Chávez ha ganado en las ocho ocasiones en las que él o sus propuestas se han sometido a la voluntad popular. Triunfó en las presidenciales de diciembre de 1998, con un apoyo del 62,46%; al año siguiente, en abril, sometió a referéndum la convocatoria de una asamblea nacional constituyente que recibió el respaldo del 87,75% de los electores. En diciembre de ese mismo año, otro referéndum aprobaba con el 71,78% de los votos el proyecto de Constitución.

En las presidenciales de julio de 2000, se impuso con el 59,76% de los sufragios; su partido, el Movimiento V República fue el más votado en las municipales de diciembre, cuando también se sometía a referéndum su propuesta de remover a la cúpula de los sindicatos, que fue aprobada por una mayoría del 62,02%. El pasado 15 de agosto, ante la mirada de centenares de observadores internacionales, superó con un 59,09% el referéndum revocatorio que la oposición le había obligado a convocar; y, por último, en octubre, sus candidatos a gobernadores se impusieron en una veintena de los 23 estados del país. Así se escribe la historia de este ‘golpista’.

Es posible que Chávez se haya acaudillado, pero pocos gobernantes hubieran soportado tantas campañas de descrédito, una huelga indefinida de seis semanas, financiada por la vieja oligarquía del país, y un golpe de Estado en toda regla, que convirtió durante 48 horas en presidente a un demócrata de toda la vida como era Pedro Carmona, el líder de la patronal, más conocido desde entonces como ‘Pedro el breve’

El ‘dictador’ venezolano no ha cerrado ni uno solo de los medios de comunicación que le ridiculizan a diario y no ha encarcelado a nadie por motivos políticos. Lo que sí ha hecho es mejorar la sanidad con ayuda de médicos cubanos, subir el sueldo de los maestros, reactivar un plan de escuelas en las zonas más desfavorecidas del país con ocho horas y media de clases en las que a los niños se les da el desayuno, la comida y la cena, y avanzar en una reforma agraria
que, resultado de la Ley de Tierras –el principal motivo de la ira de los opositores-, castiga con multas primero y con la expropiación después a los latifundistas –propietarios de terrenos de más de 5.000 hectáreas- que no pongan sus propiedades en producción.

De visita en España, la polémica ha surgido ahora por unas declaraciones del ministro Moratinos en las que ha asegurado que el anterior Gobierno dio instrucciones al embajador Viturro para apoyar el golpe contra Chávez, algo que fácilmente podría deducirse tanto de la declaración conjunta de EEUU y España en la que, lejos de condenar la intentona, expresaban su deseo de que “la excepcional situación que experimenta Venezuela conduzca en el plazo más breve a la normalización democrática plena”, como de la rapidez con la que Viturro y el embajador estadounidense Charles S. Schapiro acudieron a reunirse con el presidente del ‘gobierno provisional’, el ya citado Carmona, en las horas posteriores a la asonada.

Es obvio que Chávez no es perfecto, que canta mal, que no juega bien al béisbol, que resulta caricaturesco en sus alocuciones públicas, que se lleva bien con Fidel Castro y hasta que ha engordado desde que le conocí. También es cierto que el suyo es un movimiento personalista y que no ha sido capaz de generar liderazgos alternativos. Pero resulta hipócrita que quienes robaron a manos llenas, quienes desprestigiaron la política hasta lo irreconocible, sean quienes representen los valores democráticos a ojos de la comunidad internacional.

Nos hemos acostumbrado a contemplar la realidad de Venezuela y la del conjunto de Iberoamérica con nuestros esquemas, desde nuestra propia cultura, obviando que cada pueblo merece buscar libremente su propia identidad. García Márquez lo advirtió en su discurso de aceptación del Premio Nobel: “Tal vez la Europa venerable sería más comprensiva si tratara de vernos en su propio pasado. Si recordara que Londres necesitó 300 años para construir su primera muralla y otros 300 para tener un obispo, que Roma se debatió en las tinieblas de incertidumbre durante 20 siglos antes de que un rey etrusco la implantara en la historia, y que aún en el siglo XVI los pacíficos suizos de hoy, que nos deleitan con sus quesos mansos y sus relojes impávidos, ensangrentaron a Europa con soldados de fortuna”.

Mis últimos recuerdos de Chávez de aquel día de mayo del 94 son los del militar subido a una tribuna en Maturín, la capital petrolera del estado de Moragas. Caían chuzos de punta. Tengo apuntada una frase que me impresionó: “Que muera lo que tenga que morir y que nazca lo que tenga que nacer. No podemos pasar a la historia como una generación de cobardes”.


EL COMPAÑERO DE SANTIAGO

<hr><h2><u>EL COMPAÑERO DE SANTIAGO</h2></u>

Cuento de Alejandro Ferrer

A Doña Carmela y Don Coqui


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pero de cada niño muerto sale un fusil con ojos,
pero de cada crimen nacen balas
que os hallarán un día el sitio
del corazón.

Pablo Neruda – “España en el corazón”
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La noche anterior había tenido un sueño premonitorio: en un callejón desconocido ardía inexplicablemente un libro de tapas oscuras junto a unos cajones de manzanas vacíos. La llovizna fina y persistente apagaba las llamas y el humo no me permitía leer el título. Insistí en mi propósito sólo para comprobar que se habían borrado las letras; sin embargo, con dificultad pude distinguir un par de consonantes flotando en el vértice del libro. Un grotesco ruido a la puerta de la celda interrumpió mi angustia, y aunque era el día de nuestra sentencia, tuve el ánimo de mencionar el sueño a mi compañero.

-Soñar con libros quemados es mala suerte -me dijo con una sonrisa desganada que reflejaba el infausto día que teníamos por delante.

A media tarde, con la boca seca y el estómago endurecido, frente al fiscal acusador que leía mi condena escrita en lenguaje babélico, pude distinguir a los lejos la hoja número 365 que al tenor de lo que escuchaba, daría conmigo en uno de los lugares más remotos del país por los próximos cinco años.

Lo más penoso de mi relegación no fue lo alejado de aquel pueblo ni el constante asedio a que me sometió la autoridad, sino la dificultad en comunicarme con sus habitantes: mi presencia allí era motivo de suspicacia y temor, y desde el principio la gente me evitaba a pesar de mis intentos por ser aceptado. Creo que fue en aquella época cuando adquirí la costumbre de hablar solo.

Comencé a vivir mi destierro cerca de la playa -allí todo estaba cerca de la playa-, en una pequeña habitación de paredes descascarilladas, aunque con suficiente espacio para mis pertenencias: una maleta de cartón, un catre desvencijado y un par de libros que habría de leer y releer hasta el cansancio. Como el tiempo era lo único que me sobraba, recordando mis experiencias en la cárcel, consumí largas horas embelleciendo aquel cuartucho con dibujos de barcos, montañas y árboles, y al cabo de un tiempo, a pesar de mi pobreza, mi hogar adquirió cierta dignidad de la cual me sentí orgulloso.

El poco dinero que tenía se me iba en una miserable cantina que se transformó en el lugar natural para gastar las noches húmedas de mi condena. Fue allí donde yo -párpados caídos y lengua traposa- revivía vociferando mis infortunios. Se podría decir que entre cumbias rayadas y boleros de Lucho Barrios, cubierto de humo y rodeado de sedientos, encontré la posibilidad de recuperar mi individualidad perdida en mazmorras carcelarias o mamotretos leguleyos.

Los parroquianos me miraban con temor y muchos se marchaban sin decir palabra. De vez en cuando, uno que otro me prestaba su mirada vidriosa o sus gestos incoherentes a cambio de una historia mal contada o de un dibujo improvisado en el borde de una servilleta; pero en general, la mayoría me ignoraba o no se arriesgaba a acercarse. Entonces, molesto, levantaba la voz, exageraba mis gestos y, conminado a abandonar el lugar, me marchaba riendo sarcásticamente.

Sin embargo, un día alguien muy diferente se me acercó por detrás y me tomó del brazo con firmeza:

-Tenga cuidado con lo que dice -me dijo con voz suave y profunda-. No olvide usted lo que pasó con el compañero de Santiago. Miré asombrado a aquel hombre que sin esperar respuesta caminó hacia la puerta y salió; intenté decirle algo, pero él no se detuvo ni contestó.

Durante los días en que infructuosamente lo busqué, sus palabras siguieron dándome vueltas en la cabeza. Aquel encuentro había desatado mi curiosidad a tal extremo que me era imprescindible encontrarlo. Hasta ese momento mis conversaciones con otros habían sido triviales, sobre cosas sin importancia; en cambio, las advertencias de ese hombre constituían la primera muestra fraterna de mi destierro. Por fin, cuando menos lo esperaba, estando yo una mañana en el muelle, sentí sus codos a escasos centímetros de los míos.

-Esta conversación puede ser peligrosa para ambos -me dijo sin siquiera mirarme de reojo-, pero cumplo con el deber de aconsejarle discreción; si ellos lo escuchan no tendrán piedad con usted.

-Pero yo ya estoy condenado -murmuré-. ¿Qué más podrían hacerme?

-Aún podrían hacerle muchísimo más daño del que usted cree. Nunca se confíe.

-¿Quién es el compañero de Santiago? -aproveché a preguntarle.

-Era de los nuestros -respondió dando énfasis al verbo y esbozando una sonrisa amable se marchó.

Me quedé en la playa observando a los pescadores descalzos, con sus pantalones oscuros arremangados, que extendían sus buzos al sol mientras otros coreaban sus productos o atracaban las chalupas al malecón. Algunas mujeres, vestidas de negro como si fuesen viudas, compraban mariscos o pescados que guardaban en cestas de mimbre y regresaban a sus casas seguidas por niños sin zapatos, aunque alegres.

Aquella noche permanecí en mi habitación tratando de reconstruir cada instante de nuestro breve encuentro. Medí y pesé al revés y al derecho sus palabras, y finalmente tuve la impresión de estar viviendo una pesadilla. No obstante el sentimiento de paz y tranquilidad que a primera vista proyectaba aquel villorrio, algo siniestro y absurdo se traslucía ahora con más nitidez. Las casitas juguetonas, cubiertas con lentejuelas de alerce de color grisáceo por la acción de la lluvia y adornadas por indiferentes jotes apostados sobre sus tejados, habían perdido su inocencia inicial. El ambiente era desolador y por primera vez me sentí desamparado...

Volví a la cantina; bebí y grité mi soledad de paria, de hombre perseguido, de víctima. Sólo el alcohol era capaz de devolverme el valor que tanta falta me hacía, y por breves momentos, al ir borrando del calendario los días cumplidos de mi condena, recuperaba la esperanza.

Una noche cualquiera, cuando menos lo esperaba, vi una vez más a aquel hombre. Noté que caminaba con lentitud hacia mi, mirándome directamente a los ojos:

-Alguien quiere verlo -me dijo-. Me atreví a decirle que usted vendría conmigo.

Aunque el riesgo de caminar de noche era enorme, sin preguntas seguí a mi compañero por las calles empinadas del pueblo. Al cabo de mucho andar, me pareció distinguir la silueta de una mujer que nos esperaba, sigilosa, en la puerta de su casa.

-Señor -me dijo mientras entrábamos-, necesito su ayuda. ¿Es usted artista?

-Puedo dibujar, señora -contesté asombrado de lo rápido que corrían las noticias en aquel lugar.

La mujer extendió una pequeña fotografía un tanto estropeada y amarillenta. Pude ver la imagen de un muchacho alegre con el cabello sobre la frente, sujetando sus libros y apoyado a un enorme árbol.

-Era mi hijo, señor -dijo al cabo de un rato.

-¿Su hijo?

-Es todo lo que ha quedado de él. Si usted pudiera hacerme un dibujo...

No pudo continuar; tenía una mirada triste y profunda, y cuando clavó sus ojos en mí supe -como nunca antes-, de desesperación y dulzura, de amor y odio, de esperanza, de madre en definitiva.

Dediqué el resto de la noche a mirar aquella fotografía; era pequeña, demasiado pequeña, pero de alguna manera logré internarme en el rostro del muchacho, con su nariz firme y sus pómulos altos, cuya agresividad era disimulada por ese pelo sobre la frente y su sonrisa casi infantil. Absorto como me encontraba, no escuché un extraño ruido en mi puerta, ni tampoco supe en qué momento me quedé profundamente dormido. Pero a la mañana siguiente cuando, como de costumbre, traté de bajar a la playa para ver a los pescadores en su faena, una misteriosa caja con mi nombre me impidió el paso. Contenía paquetes de alimentos, frutas, leche, y lo más importante: lápices, papel, gomas y algunas reglas. Tuve la impresión que mi existencia comenzaba a tener sentido.

El destino había puesto en mis manos la posibilidad de recrear -aunque ilusoriamente- un hijo a una mujer desesperada.

Mi habitación tenía el privilegio de una ventana al mar y a través de ella, mientras comía apresurado, pude notar por primera vez la belleza de la bahía de aquel pueblo y de su gente; hasta aquellos pajarracos negros sobre los tejados, ayer príncipes diabólicos, hoy se me ofrecían hermosos y dignos.

Limpié como pude el cajón que hacía las veces de mesa y me senté a dibujar. Medí sus ojos claros, la boca sonriente que permitía ver algunos milímetros de sus dientes, aunque por el tamaño de la fotografía sólo se trataba de una
insinuación; medí el contorno y finalmente cuadriculé el papel blanco para asegurarme de captar sin errores las proporciones del rostro.

Delineé los ojos para poder llegar a través de este punto de referencia al lugar exacto de la boca. Pensé que era imperioso hacerlo rápido y bien.

Por un instante me sentí artista, algo así como una pequeña divinidad en aquella isla casi mitológica. Bajé el lápiz con mucho cuidado hacia el centro del papel y lancé dos o tres líneas apenas perceptibles; agregué otras tantas arriba y a los lados y cargué la mano ahora con mas resolución. Alejé el dibujo, lo observé detenidamente y lo comparé con la fotografía; me pareció haber capturado su candidez inicial. Fue en ese momento cuando noté aquel movimiento en sus labios.

Incrédulo, me acerqué al dibujo y sólo pude ver unas líneas prometedoras pero sin sentido aún. Culpé a la falta de luz o al cansancio de todo un día de trabajo. Afuera el viento norte arreciaba y tenía a todos los botes con la proa
apuntando hacia mi ventana. El cielo se oscureció y después comenzó a llover a torrentes.

Encendí la vela y continué trabajando. Los ojos y la boca parecían astros sin sentido flotando en el universo blanco del papel. Esbocé rápidamente la base de la nariz y fui hacia arriba para rematar con suavidad a la altura de las cejas. Fue entonces cuando salí de dudas: el muchacho movió las líneas de sus labios...

-Miedo -creí haber escuchado.

-¿Miedo? -pregunté sin apartar mi vista de su boca.

- Me fusilaron, señor.

-¿Te fusilaron?

-Tuve mucho miedo en los momentos finales -agregó sin responderme.
-¿Cuántos años tienes? -pregunté incrédulo.

-Tenía 16 años, casi 17.

-No puede ser; no se fusila a los niños -dije sin querer aceptar la realidad que se me revelaba. Tomé con resolución el lápiz; casi frenético daba líneas enérgicas y aparecieron de pronto sus cabellos que parecían una cascada de aguas oscuras; luego el contorno del rostro, el cuello. Era tarde y estaba cansado, pero ya no podría detenerme hasta terminar mi trabajo. Seguí escuchando con atención.

-Estaba en la escuela cuando llegó la carta del fiscal. Todos pensaban que sólo sería para alguna declaración sin mayor importancia -continuó diciendo el muchacho.

-¿Cómo te llamas? -pregunté interrumpiéndole.

-Todos me conocen como el compañero de Santiago.

Recordé en ese momento las advertencias de aquel hombre en la cantina, mientras de mi lápiz comenzaba a nacer un roble frondoso sobre el cual se apoyaba la figura.

-Mi propio maestro me dijo que debía presentarme tranquilo al fiscal: "Si fuese algo grave, vendrían por ti en lugar de enviarte una carta".

Me sentí incapaz de decir algo. La lluvia golpeaba con fuerza en mi ventana y el viento se filtraba por los cuatro costados de mi habitación.

Noté que tenía las manos empapadas de sudor. Como pude me sequé y encendí un cigarrillo.

-Todo fue en cosa de tres días. En la tarde del último -agregó-, cuando nos leyeron la sentencia, sentí que las piernas no me pertenecían. Era todo tan absurdo que no me resignaba a aceptarlo. Mi madre le rogó tanto; llorando se abrazó a las piernas del fiscal y le juró que me tendría en casa para siempre; que no me fusilaran, que no me dejaría salir nunca a la calle... Yo era su único hijo.

Sus labios dejaron de moverse y yo quedé en silencio con la mirada perdida en la oscuridad de la pieza, mientras la llama de la vela se movía haciendo bailar las sombras de las cosas. Después de un largo rato nuevamente me pareció escuchar su voz:

-Me llevaron por un callejón oscuro; mientras caminábamos pude ver un libro de tapas gruesas quemándose, pero me fue imposible leer el título. Recuerdo al tipo aquel caminando detrás mío y respirando agitado. Dimos unos pasos más y de pronto sentí un golpe seco y muy fuerte en la nuca; al principio creí que me había dado con un palo, pero al caer pude ver de reojo la pistola humeando en su mano. Cuando comprendí lo que estaba pasando, recuerdo haber visto un fogonazo y casi al instante una calma profunda.

-¿De qué te acusaban?

-Qué importa. Fui la cuota designada para este pueblo. Me eligieron por ser foráneo; eso les facilitó las cosas.

-¿Cómo es la vida en la muerte? -le pregunté, pero no recuerdo su respuesta.

Desperté con la cabeza apoyada sobre el dibujo. La luz entraba victoriosa de su batalla contra la lluvia y la noche, iluminando la sonrisa multiplicada y fresca del muchacho. Borré las líneas innecesarias y satisfecho pude observar una vez más a mi compañero, cuya sonrisa me contagiaba.

-Señora -le dije a la madre-, aquí lo tiene.

-Parece que estuviese vivo -me respondió ella derramando una lágrima reservada.

-Está vivo -creo haberle dicho mientras caminaba mirando sin atención los sargazos enredados en los restos de aquellos palafitos.

El día en que partí definitivamente, los ojos cómplices de una madre estaban allí, despidiéndome en silencio hasta que el vehículo se perdió en los polvorientos caminos de un verano que comenzaba auspicioso en el sur de Chile.