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MIRANDO AL SUR - augusto alvarado


NELTUME: EL VUELO QUEBRADO

<h2><hr><u>NELTUME: EL VUELO QUEBRADO</h2></u>

(Cuentos de Rubén González)



Por Aristóteles España

En las selvas cordilleranas de Neltume, al interior de Valdivia, en el sur de Chile, el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) intentó desarrollar una experiencia guerrillera a comienzos de los años 80, con el objetivo final de derrocar a la dictadura y llegar al poder con un sistema de alianzas -en ese período- en vías de construcción. Esta apasionante e histórica experiencia ha sido analizada desde el punto de vista político por los actores de ese proceso, por la institucionalidad orgánica e ideológica de quienes llevaron a cabo ese proyecto y las conclusiones han sido conocidas en parte: la derrota, el desamparo, la aniquilación física de los combatientes.

Rubén González nos propone otra lectura: los retratos íntimos de esos seres que hace veinticinco años creyeron que esa vía era la mejor para su pueblo y fueron capaces de abandonar estudios, planes personales, familia, en pos de una idea: la utopía central, el paraíso en la tierra.

El autor ingresa a la memoria del lenguaje, atrapa fantasmas, traza un corpus donde reconstruye visualmente hechos, situaciones, sonidos en los bosques, ruidos de hojas invisibles, el olor a la persecución, los nidos donde pernoctan pensando en un mañana luminoso; por todas partes hay sueños, tanto de futuro como de espacios blancos donde ese destacamento de hombres va escribiendo en el pasto de la selva chilena un croquis de los análisis que los convencían que estar ahí era luchar en el centro del mundo. No era Viet Nam, ni Angola: sólo Chile, un remoto país al cual un grupo de gendarmes había confiscado a sus habitantes, pertenencias metafísicas y terrenales. Ellos luchaban por la liberación. Ahí estaba el nervio de todo. Por otra parte, estaba el ejército, los servicios de inteligencia de las Fuerzas Armadas, quienes habían desplegado todo el poder del Estado para aniquilarlos.

"Conversación en un bar", "El vuelo quebrado", "Aquel largo tiempo del amanecer", "Los Extraños". "El otro retorno", "Repliegue" son textos de largo aliento. El lector no queda indiferente. Rubén González crea una atmósfera intimista, donde se dialoga con la historia, y los paisajes mentales de sus personajes adquieren ribetes fantasmagóricos.

Este tipo de episodios de la vida nacional han sido obviados por la mayoría de los escritores; les da pavor volver al miedo, jugar con él, como quien tiene un bomba en las manos. Sin embargo, este tipo de libros contribuye a reencontrarnos con nuestro pasado más reciente y a pensar en un mañana distinto para las nuevas generaciones.

Hoy resulta inverosímil pensar qué motivación poderosa los llevó a un lugar tan desamparado, sin pertrechos ni apoyo social; un territorio desconocido a enfrentarse con un ejército de miles de hombres armados hasta los dientes. A una muerte segura, sin ninguna duda. El libro cuenta esas motivaciones, esos momentos frente al espejo de la soledad. El escritor cumple aquí dos funciones: recrear un tiempo que fue, con talento y vigor. En segundo lugar, rescatar del olvido una de tantas gestas de seres anónimos cuyo afán de justicia los llevó a dar la vida por sus ideas. Ni más ni menos.

Conocimos a Rubén González (Valdivia, 1950) en la Isla de Chiloé en los años 80. Fue fundador del famoso Festival Internacional de Cine de Valdivia. Actualmente vive en la capital del Río Calle - Calle donde se dedica a la docencia universitaria en la Universidad Austral de Chile y a la difusión cultural. Ha publicado: "El último crepúsculo" (Cuentos, 1994); "Historia del Cine y Video en Valdivia" (1996) y varias antologías de cuentos y poesía del sur del país. Como cineasta tiene varias realizaciones, entre ellas "Chiloé, la cultura de la madera" (1982).

“Neltume, El Vuelo Quebrado” (Pentagrama, Editores, Valdivia, 2003) es su última publicación.


LA INTELIGENCIA SEMI-COLONIAL

<hr><h2><u>LA INTELIGENCIA SEMI-COLONIAL</h2></u>

Por Jorge Abelardo Ramos (*)

(*) De su libro “La era del peronismo”, Ediciones del Mar Dulce, 10° edición, Buenos Aires, Junio de 1982 – Páginas 188 a 190.

Los intelectuales argentinos, una parte de ellos ¿rechazan su país? Vale la pena indagar el asunto.

Si Rabindranath Tagore, en la India de Gandhi, hubiera adoptado la ciudadanía inglesa mientras el pueblo hindú era azotado y expoliado por Gran Bretaña, el hecho hubiera ocasionado un escándalo. Pero la circunstancia de que Julio Cortázar –ex gerente de Editorial “Sur”, y habilidoso urdidor de cuentos leves y “puzzles” literarios- adoptara la nacionalidad francesa, no impresionó a nadie en la Argentina semi-colonial y “europea”. Al contrario, cuando el mismo Cortázar, que había manifestado una altanera indiferencia o, en el mejor de los casos, escasas simpatías hacia el peronismo, se declaró bruscamente partidario de la Revolución Cubana, despertó una acusada admiración entre sus lectores, que integran la misma clase a la que pertenece Cortázar (la clase media, más o menos mejorada por una mano de cultura). En Francia, Cortázar, como ciudadano francés, observa buena conducta hacia De Gaulle. Solo se manifestaba contra la dictadura de Onganía en Argentina y a favor de Fidel Castro en La Habana. El primero se encontraba, por lo menos, a unos 12.000 kilómetros de París; y el segundo, a unos 6.000 kilómetros. El cultivo de esta prudente ideología geográfica ha deparado muchas satisfacciones a Cortázar. La tranquilidad no es la menor de ellas. Todo era distante en Cortázar, menos su condición de francés, que le imponía buenos modales. En la Polonia martirizada y humillada por el zarismo ruso del siglo XIX, los poetas cantaban a su pobre patria. Aquí en la Argentina, el más notable de todos, Borges, se burla de la noción misma de patria: acaso, dice, ¿debemos repetir como algunos antiguos el absurdo de que la luna de Corinto sea más bella que la luna de Atenas? Y aboga por la extinción de las fronteras.

La Argentina, a diferencia de las colonias de corte clásico, que sufren la dominación extranjera directa (como en el caso de Argelia, la India o Angola) es una semicolonia en cuyo suelo habita un desdoblamiento de una parte de la sociedad española y europea mestizada con los criollos originarios. Hablamos y escribimos en lengua europea. La religión dominante es el catolicismo de Roma. El núcleo criollo de la Argentina, y la constitución multiétnica de su población es, pues, muy diferente a las colonias antedichas, en cuyo territorio se oponen dos religiones, dos lenguas, dos culturas, dos estilos de vida y de hábitos. La formación de la conciencia nacional es más simple y directa en la colonia africana o asiática que en la semi-colonia latinoamericana, impregnada de ideas, lenguas, costumbres y hasta intereses de clases internas articuladas a las grandes metrópolis. Las dificultades del proceso de autoconciencia crítica de su identidad nacional y cultural surgen para los argentinos –y para los intelectuales en particular- de ese hecho.

No es posible olvidar en este análisis que una parte considerable de las clases medias urbanas (y portuarias) de la Argentina habían sido destinatarias específicas de los beneficios proporcionados por la estrecha asociación entre el Litoral cultivable y la economía europea. El “europeismo” y el librecambismo de esas capas de las clases medias no eran flores del aire. Todos los patrones culturales de Europa eran absorbidos a bocanadas, como aire fresco renovador, por incontables generaciones del mandarinato. Según las épocas y modas, la “inteligencia” había literalmente renovado el positivismo, el simbolismo, el evolucionismo, el ultraismo, el socialismo y el comunismo, la arquitectura de Gropius y Le Corbusier, la literatura proletaria de la escuela de Lunatcharsky y el arte abstracto de Mondrian, la música de Stravinsky. Toneladas de Anatole France y Romaní Rolland, Huxley y Eliot, Milosc o Sartre, sin olvidar a Monnier, Marx, Russell y (hablando lúgubremente) Giovanni Gentile y Stalin. Más cerca aún, Althousser y Gramsci. ¿Para qué serviría a la fastuosa colonia rioplatense esa tienda de “bric a brac” teórica, esa ropavejería de las culturas clásicas o revolucionarias, sino para trabar, por ausencia de elaboración interior, el crecimiento de una visión singular de la Argentina, nacida y acariciada en el latido del subsuelo, formada en el aire, sabor y perfil del cielo hispanocriollo, sustancia única que no puede encontrarse fuera de aquí en el ancho universo? No había servido para nada.

Y no había servido para nada porque cuando la historia, con su vozarrón, se ponía en movimiento, todo ese equipaje europeo era demasiado pesado para comprender como argentinos lo que estaba ocurriendo ante nuestros ojos. De un solo trazo los acontecimientos desnudaban la imagen del pueblo real, del pueblo de aquí. Y los intelectuales de izquierda manifestaban el mismo desagrado visceral que los intelectuales de derecha ante aquello que presenciaban. Es que el “pueblo-Nación” del que hablaba Gramsci (se decían en voz baja, como en secreto) no era éste, que tenía olor a sudor y era procaz en sus grandes días, sino aquél otro, el amado pueblo de los libros, esa multitud abstracta de las bibliotecas y de los cafés humosos, dócil multitud que podría ser adecuadamente ilustrada en un falansterio situado en el futuro.

Los ejemplos de ese desinterés esencial por lo propio son innumerables. La inteligencia argentina (que se reclutaba entre algunos pocos hijos de la oligarquía y la tropa de la ambiciosa clase media) desconocía todo lo importante y acogía con pasión aquello que no merecía ni una mirada. En 1944 había pasado como una sombra melancólica por Buenos Aires el impar venezolano Rufino Blanco Bombona, ante la indiferencia general. Era una de las pocas voces de América Latina. Había sido amigo de Manuel Ugarte y de Unamuno. Su vida de conspirador, prisionero, gobernador en América y España duelista y polemista era más extraordinaria que la más intensa de las novelas. Hombre de carne y hueso, lleno de vitalidad, brillo e ironía, conocía la historia argentina y sus supercherías mejor que la mayor parte de los argentinos. Esto no se perdonaba. Sus memorias y ensayos son de los pocos libros que pueden leerse con placer después de ochenta años de haber sido escritos. (Confesemos que esto es muy raro en América Latina, donde con frecuencia no vale la pena leer hasta libros que aún chorrean tinta fresca). Blanco Bombona vagó por las calles de la gran ciudad totalmente solo. Murió un día de 1944 y en la comisaría donde yacía su cadáver nadie sabía cómo identificarlo.

Había vivido sus últimos días en el City Hotel. La SADE (Sociedad Argentina de Escritores) opuso reparos para velarlo en su sede. ¡Y pensar que era la única actividad a la que se consagraba! “La Nación” omitió su muerte, como había ignorado su vida. ¡Qué poderoso es el silencio de esos diarios que ahogan la verdad en el océano de sus avisos de rematadores! “Crítica”, espuma del chantaje, lo difama. Justo homenaje de los coloniales al gran bolivariano. Blanco Bombona ya los había retratado:

“Nadie deseaba la originalidad, sino la imitación: continuar a Europa, simularla, simiarla. El mono es animal del Nuevo Mundo. Haremos con la cultura lo que hizo con la navaja el orangután que vio afeitarse a un hombre: nos degollaremos”. (1)

(1) Rufino Blanco Fombona, “Camino de imperfección”, Ed. América, Madrid, 1932.


¿TRATADO DE PAZ Y AMISTAD?

<h2><hr><u>¿TRATADO DE PAZ Y AMISTAD?</h2></u>

CIEN AÑOS DE ENEMISTAD ENTRE BOLIVIA Y CHILE



Por Hernán Uribe (*)

(Especial para ARGENPRESS.info)
(Fecha publicación: 18/10/2004)

El 28 de septiembre pasado cuando fue destituido el cónsul de Chile en La Paz porque dijo que Bolivia podría recuperar el mar perdido faltaban sólo 22 días para que se cumpliera el centenario del tratado que legalizó la segregación de la provincia de Antofagasta conquistada por el ejército chileno en la denominada Guerra del Pacífico que estalló en 1879 y finalizó en 1883.

La destitución de Emilio Ruiz-Tagle, diplomático profesional con rango de embajador, fue quizás la última medida adoptada por la canciller Soledad Alvear que al día siguiente y por otras causas, abandonó el cargo a petición del presidente Ricardo Lagos, quien obviamente es el autor intelectual de lo obrado.

Los dichos de Ruiz-Tagle al semanario boliviano 'La Epoca' provocaron en Chile un alud de protestas y una alharaca en la prensa y círculos políticos conscientes de la fecha, es decir, las vísperas del Tratado de Paz y Amistad Chileno-Boliviano, firmado el 20 de octubre en 1904 y acerca del cual comenzó a reclamar Bolivia tan sólo unas semanas después de que sus plenipotenciarios lo suscribieran.

El desprevenido cónsul tuvo, además, la ingenuidad de sostener que los tratados no son realmente intangibles pues todo se puede modificar si hay aprobación previa, pero esa cuerda afirmación se oponía por completo a la tesis oficial de Santiago que ha venido subrayando, casi con majadería, que los convenios de esa naturaleza no son modificables, son intangibles según el término favorito empleado.

La postura chilena, peligrosa para sus autores por su debilidad, cae de lleno en el área del sofisma, primero porque se estrella con la realidad históricamente comprobada de modificaciones o nulidades con acuerdos de las partes; en segundo plano- y de igual importancia- en atención que no se discute lo tangible o su contrario, sino el indesmentible hecho de que Bolivia perdió territorio y mar en una guerra en la que fue el agredido.

Lo que Bolivia ha planteado es un nuevo acuerdo con base en los cambios que transcurrido un siglo han experimentado las relaciones internacionales, como asimismo los lazos con naciones vecinas, y por cierto, en consideraciones éticas ya que fue un tratado impuesto al vencido. Por sí o por no, Chile debería responder a eso tan concreto y dejar de mano el sofístico recurso de lo intangible.

¿Que ocurrirá ahora cuando Bolivia ha dicho con claridad que Chile no ha cumplido el tratado de marras al privatizar el puerto de Arica utilizado por La Paz en el intercambio internacional de mercancías? El convenio de 1904 obliga a la 'República de Chile' a otorgar facilidades a la 'República de Bolivia' y, naturalmente no contempla para nada a una empresa particular que de inmediato ha subido las tarifas en un 250 por ciento.

El 80% de las exportaciones y el 61% de las importaciones bolivianas transitan por Arica, en tanto que el 60 % del comercio exterior se realiza en ese, el primer puerto geográfico chileno en el norte, a 2000 kilómetros de la capital. Con sobrada razón, pues, La Paz ha anticipado que para zanjar el asunto recurrirá a la Organización de Estados Americanos, OEA (si es que encuentra un secretario general incorrupto , agreguemos), a la Organización Mundial del Comercio (OMC) y , eventualmente, a la Corte Internacional de Justicia.

100 años de enemistad

Aunque un explicable encono y una persistencia boliviana enfilada a recuperar un puerto marítimo han caracterizado el transcurso de ese siglo, ha habido también en ese lapso intentos favorables a una solución y ésta ha sido- y es -respaldada por importantes sectores del pueblo chileno.

El tratado de la discordia- nombre más merecido- no hizo otra cosa que reiterar el traspaso a Chile de Antofagasta que ya se había establecido en el Pacto de Tregua suscrito entre ambas naciones en 1884, un año después de terminada la guerra. Mas, fue un parto difícil y en él Chile utilizó de inicio la táctica de ofrecer a Bolivia una solución y luego, al fracasar ese método la amenaza de la fuerza armada.

Según historiadores chilenos, particularmente Francisco A. Encina surgió la idea de entregar a Bolivia- y así se le hizo saber a sus gobernantes- las provincias de Tacna y de Arica, territorios peruanos ocupados por el ejército chileno durante la guerra y que colindaban con Bolivia. Con referencia explícita al presidente chileno Domingo Santa María que gobernó desde 1881 hasta 1886, Encina apunta: 'El pensamiento de Santa María era también ceder Tacna y Arica a Bolivia, en cambio de compensaciones, si las provincias quedaban en poder de Chile' (1)

Santa María, que no era proclive a las dádivas, propició el entendimiento con Bolivia por poderosas razones geopolíticas: al interponer Tacna y Arica, el límite septentrional de Chile sería Bolivia y no Perú. Desde luego que en La Paz había partidarios de esa solución y en especial -opina Encina- el entonces Vicepresidente, Mariano Baptista (Después presidente en 1892-96).

Sin embargo, aquella posibilidad fracasó porque en el tratado chileno peruano posguerra se estatuyó que la suerte de aquellas zonas fronterizas con Chile serán objeto de un referéndum dentro de diez años. Santiago, por ende, no podía disponer de algo que legalmente no estaba aún en su poder. (El plebiscito nunca se efectuó y en 1929, por otro tratado, el problema se arregló salomónicamente: Perú conservó Tacna y Arica pasó a Chile).Al inicio de las negociaciones pro tregua con Bolivia, intervino descaradamente un enviado de Washington, Charles Adams, quien 'representó a la cancillería boliviana que el arreglo pactado con Chile contrariaba los propósitos del gobierno de Estados Unidos' (2). En los hechos, en esos días Washington 'protegía' a Perú donde tenía intereses económicos.

Frustrada aquella gestión, Chile optó por la fuerza y amenazó con invadir el Altiplano. Sostiene Encina: 'La guerra efectiva entre Chile y Bolivia pareció inminente(...) Lynch (jefe militar en la ocupación de Perú) podía abrir en el acto hostilidades con 15.000 hombres'. Agrega que Bolivia cedió y sus representantes firmaron el documento de 1884 redactado personalmente por Santa María. El tratado de 1904 reitera para Bolivia la perdida de Antofagasta, mar incluido, y en un plano genérico es otro ejemplo del legendario ¡vae victis!.

Luis Galdames, otro historiador chileno expresa que el movimiento reivindicativo por el mar, se manifestó con fuerza en 1919 y que se comenzó a exigir a Chile la
construcción de un puerto en el Pacífico para Bolivia y luego una salida al mar por territorio soberano, puntos que fueron planteados ante la recién creada Liga de las Naciones (3).

Se enfatiza que la historia no se repite, pero podríamos asegurar que en veces si los episodios se parecen muchísimo.

Notas:

1) Encina, Francisco Antonio, Historia de Chile, Santiago, Ercilla, 1984.
2) Encina, obra citada.
3) Galdames, Luis, Estudio de la Historia de Chile, 1925

(*) Periodista chileno.


LA ESPERANZA URUGUAYA

<hr><h2><u>LA ESPERANZA URUGUAYA</h2></u>

Por José Steinsleger

La Jornada, México D.F., 20 de octubre de 2004

Argentina y Uruguay ocupan la llamada "pampa húmeda", ubérrima subregión de la cuenca hidrográfica del Plata que abarca sureste de Brasil, Paraguay, sur de la provincia de Córdoba y Buenos Aires y concita los afanes de integración económica del Mercosur.

Sin embargo, no hay lectura geoeconómica válida sin historia política que la interprete. Tautología rioplatense: ¿Argentina extensión del Uruguay, o viceversa? Lo cierto es que pocos peatones que circulan por Piedras, en el centro de Buenos Aires, saben que la calle evoca la batalla que dio inicio a las luchas de emancipación de la corona española (1811). José Artigas, el vencedor, no distinguía entonces entre "orientales" y "porteños". La Liga Federal artiguista (1811-16) se proponía articular una gran nación rioplatense. Pero las oligarquías de Buenos Aires y Montevideo desbarataron el proyecto y acataron la cartografía impuesta por el Banco de Londres.

La separación de Uruguay de Argentina (1830) y la terrible Guerra de la Triple Alianza, que redujo el Paraguay a cenizas (Argentina, Brasil, Uruguay, 1865-70), fueron sendos capítulos de la dramática balcanización de la Patria Grande pensada por San Martín y Bolívar.

Demográfica y culturalmente, la historia cambió. Pero los nativos sobrevivientes al genocidio "civilizador" supieron enriquecer sus ideas libertarias con los inmigrantes llegados de España, Inglaterra, Italia y Europa central. El espíritu artiguista rencarnó en la figura del montonero uruguayo Aparicio Saravia (1855-1904) y el tupamaro Raúl Sendic (1925-89). ¿Podemos dudar si al prócer uruguayo-argentino le hubiese sorprendido la ferocidad represiva de sus enemigos en el trasiego de torturados, asesinados y desaparecidos de la Operación Cóndor (1974-82)? El terrorismo de Estado globalizó el sufrimiento y la explotación de uruguayos, argentinos, paraguayos, bolivianos, chilenos y brasileños. Los tecnócratas se lanzaron al deshuesamiento y subasta de los estados nacionales y los políticos de la "democracia" se convirtieron en predicadores del "mirar hacia adelante", pues a juicio de ellos la sociedad toda debía cargar con el genocidio y la deuda externa.

¿Qué prevén ahora, cuando el Mercosur debe tomar posición ante el modelo esclavista del ALCA? El argentino Néstor Kirchner y el paraguayo Duarte simpatizan con el venezolano Hugo Chávez. Pero con Lula (el "obrero pragmático"), Brasil ya le hizo ojitos al ALCA. ¿Qué esperar del Chile de Ricardo Lagos, ariete de Washington en la subregión? ¿Qué del boliviano Carlos Mesa y su política económica entreguista?

Ningún país del Cono Sur puede ya funcionar por su cuenta. Por ejemplo, el estado de Rhode Island, el más pequeño de Estados Unidos, cabe 100 veces en Uruguay, el estado más pequeño de América del Sur. De modo que los uruguayos que vivieron en el otrora "Estado de bienestar" podrían preguntarse lo siguiente: ¿Por qué Rhode Island, con poco más de un millón de habitantes, supera en 30 por ciento el PIB de Uruguay, con 3.5 millones de habitantes? ¿Por qué los uruguayos destacaron por su nivel educativo y organización social y luego se dispersaron por el mundo? ¿Por qué la población total de Rhode Island equivale al total de uruguayos que viven en la pobreza relativa y extrema (40 por ciento)? ¿Por qué a pesar de tantos uruguayos insertos en la cultura universal, Uruguay encabezó en 2003 la lista de suicidios en América Latina (18 por cada 100 mil habitantes, 612 al año, 1.67 al día)? ¿Qué posibilidad tiene Uruguay para salir de un "pozo" más angustiante que la novela homónima de Juan Carlos Onetti?

Una esperanza asoma en el horizonte: la coalición de centro-izquierda Encuentro Progresista Frente Amplio (EP-FA), liderada por Tabaré Vásquez, que a fines de agosto pasado tenía 46 por ciento de la intención de voto para las elecciones presidenciales del 31 de octubre próximo y grandes posibilidades de evitar el ballotage (segunda vuelta). Si las urnas confirman la proyección, el poder oligárquico coloranco (de los partidos "blanco" y "colorado") estaría llegando al fin de un ciclo histórico, dejando en la desocupación a 20 por ciento de la población económicamente activa.

En caso de que el Mercosur pudiese revertir el modelo neoliberal con una redistribución del ingreso más justa, las potencialidades de Uruguay, país de alimentos, dan para mucho, siempre que sus pueblos se integren dinámicamente al crecimiento con desarrollo social. De lo contrario (y con el ALCA a punto de entrar en vigencia en 2005), la tragedia uruguaya se ahondará hasta la exasperación y ex gobernantes como Julio María Sanguinetti seguirán dando clases de democracia por el mundo, en tanto Enrique Iglesias, director uruguayo del BID, seguirá engordando hasta reventar.


LA RAZÓN NO BASTA

<hr><h2><u>LA RAZÓN NO BASTA</h2></u>

Por Rafael Hernández Bolívar - Octubre 2004

No cuestiono los fundamentos ideológicos del movimiento indigenista. Aplaudo que la actual generación de americanos hagamos un juicio al terrible genocidio que se cometió contra los pueblos indígenas, ocupantes del territorio que hoy es América. Admito que el día 12 de octubre es el día apropiado para realizar un acto de masas en el cual quede patente una manera nueva de asumir nuestra identidad. Pero estoy en total desacuerdo con el derribamiento y destrucción de la estatua de Colón por tratarse –entre otras consideraciones- de un error político garrafal, más propio de los obcecados de la Coordinadora Democrática que de auténticos revolucionarios empeñados en construir una sociedad nueva. Hay por lo menos tres argumentos sólidos a favor de esta aseveración.

1. Obliga al gobierno revolucionario a reprimir a sus partidarios. El derribamiento de la estatua es un atentado contra el patrimonio de la ciudad cuya custodia y defensa es responsabilidad del gobierno municipal. Al ponerse fuera de la ley, los ejecutores obligan al gobierno revolucionario a reprimir a sus propios partidarios que, por lo demás, realizaban un acto motivado por nobles intenciones reivindicatorias. Esto trae confusión y decepción en los amigos que no tienen toda la información sobre el asunto. Nuestra imagen internacional de revolución democrática, tolerante y pacífica, ganada en fiera lucha contra la oposición nacional y extranjera, a fuerza de grandes movilizaciones alrededor de elecciones participativas, transparentes y democráticas, tiene ahora el tiro en el ala de actos salvajes y negadoras de la civilización. Y no es que la estatua de Colón sea intocable. No. Pero no es lo mismo que en un acto institucional de la Asamblea Nacional o de Cámara Municipal de la Alcaldía de Caracas o del Concejo Metropolitano, se tome la decisión de retirar la estatua de Colón y enviarla a algún depósito de trastos, a que un grupo de exaltados decida, sin consultar a nadie, destruir una estatua que pertenece a la ciudad, usurpando además funciones que competen a instituciones del Estado y, en última instancia, es potestad de todos los ciudadanos o de su mayoría. Podría disentirse o no de esa decisión; pero, sería inobjetable políticamente, pues sería una decisión soberana y ajustada a derecho.

2. El medio distorsiona el mensaje. La violencia física contra un bien cultural utilizada como medio para expresar el rechazo al genocidio y la destrucción de la cultura indígena distorsiona el mensaje reivindicatorio de nuestra identidad. Pasan a segundo plano las motivaciones. Se destacan el hecho y las generalizaciones fáciles y abusivas –“de la destrucción de la imagen de la persona a la persona misma, no hay distancias”, “la soga saltará del cuello de Colón a los opositores de la Revolución”, y otras sandeces similares-. Pero estas constituyen opiniones reales que se difunden y tienen efecto no solo sobre los opositores sino también sobre los partidarios de la revolución. Se convierte en un elemento evasor del debate político actual y de las mismas reivindicaciones indigenistas.

3. Opaca hechos políticos importantes ocurridos ese mismo día. El acto en el Teatro “Teresa Carreño” y el homenaje a Guaicaipuro en el Panteón Nacional hablan más de la identidad y del esfuerzo del gobierno revolucionario por la reivindicación de nuestro pasado indígena, de nuestra voluntad de lucha y de nuestra identidad que la destrucción de la estatua de Colón y de todas las estatuas de los conquistadores que pudieran haber en Venezuela. Sin embargo, el hecho noticioso nacional e internacional fue la destrucción de la estatua. Hay, además, un hecho político sumamente importante desarrollado el 12 de octubre que también fue relegado. Ese día se realizó una marcha -encabezada por Diosdado Cabello, candidato a la Gobernación de Miranda y Simón Pestana, candidato a la Alcaldía de Baruta-, por las avenidas principales de Las Mercedes y El Cafetal. Y esta marcha tiene una significación de primer orden en el esfuerzo que hace la revolución por conquistar espacios geográficos y sociales que venían constituyéndose en cotos cerrados de la reacción. Una multitud numerosa, compacta, cívica y entusiasta hizo el recorrido recibiendo saludos y expectación de los vecinos del sector. También, abucheos y agresiones de uno que otro grupito insignificante de opositores. En algunos balcones, personas orgullosas y alegres, agitaban banderas rojas al paso de la multitud. En la gran mayoría de los balcones, rostros expectantes o incrédulos. En la zona comercial, cocineros y panaderos, trabajadores de los hoteles y de las clínicas, saludaron con alegría el paso de la marcha. Incluso, las muestras de agresión, grabadas por camarógrafos, revelaron el comportamiento político mas atrasado de la oposición venezolana. Vimos a una mujer, armada de un palo que blandía amenazante hacia los marchistas, profería insultos y que al ser grabada abofeteó al camarógrafo y lanzó el palo que tenía en sus manos hacia la multitud. Hasta vimos muestras simpáticas de tolerancia cuando en un mismo balcón había gente que blandía símbolos inequívocamente chavistas y otra que tocaba cacerola en rechazo a la marcha. Pues, bien este importante evento de penetración y conquista de espacios en la clase media, fue también opacado por el acto de vandalismo.

No estamos solos. Nuestra lucha se desarrolla frente a un enemigo tenaz, dispuesto a aprovechar nuestras fallas y errores y bajo la mirada evaluadora de nuestros potenciales aliados u enemigos. En íntima honestidad, debemos estar concientes que muchos de nuestros éxitos se deben más a las torpezas de nuestros enemigos que a la lucidez de la estrategia revolucionaria. No imitemos al enemigo. La verdad está de nuestro lado. Pero, tener razón no es suficiente. Hace falta también capacidad y talento para hacer valer esa razón. Con modo todo se puede, decía Bolívar. Y en este caso específico, el modo es esencial.


PAZ MOLINA

<h2><u><hr>PAZ MOLINA</h2></u>

MEMORIAS DE UN PAJARO ASUSTADO


Por Aristóteles España

Así se titula este libro de poemas de Paz Molina (Santiago, 1945) editado en 1982, es decir, hace 22 años y siempre vigente. Autora también de “Noche Valleja (1990) y “Cantos de Ciega” (1994), es una de las principales voces femeninas de Chile y una de las primeras en identificarse y cultivar la imagen del poeta como personaje, como ser que mira al vacío pero con la mente puesta en la historia y en el devenir del tiempo. “El poeta es un espécimen –dice Molina- que vive una dualidad o duplicidad, de tener que estar siempre dispuesto a vivir de cualquier cosa menos de la poesía. Esa forma de vida, siempre me interesó, aunque reconozco que puede ser desgarradora en algunos momentos de la vida”.

“Memorias de un Pájaro Asustado” es un libro revelador, lleno de instantes de plenitud donde el hablante usa máscaras para descifrar la angustia del hombre del siglo XX. No de otro tiempo. Sus textos son fieles a su pensamiento poético: la voz lírica no es la de “los escritores”; “los poetas están al otro lado de la escritura”, dice.

Interesante propuesta porque esta forma de abordar el lenguaje conlleva riesgos, saltos mortales, intentos de suicidio, caídas al vacío desde un despeñadero. Sobre todo cuando no hay talento, lo cual no es su caso. Paz Molina construye lugares míticos a partir de conversaciones con esos fantasmas de las duplicidades; transforma a esas máscaras de las que hablábamos en referentes de la nostalgia. La angustia de vivir una hora al cual no se pertenece.

En sus poemas se advierten los humus vallejeanos, las desolaciones mistralianas, pero no como influencias definitorias, sino como escenarios donde la escritora dibuja poéticamente, paso a paso, esos fantasmas aún vivos, de un corpus literario que alcanza toda la fuerza y el desgarro que la transformaron en la década del 80 en un ícono de la poesía escrita por mujeres en Chile. En su escritura hay olas de magia, la emoción no es un dogma como en otras escritoras de su generación, sino es sangre compartida, frenesí erótico, las palabras cobran significado a medida que enumera los rituales de la cultura en la que está inserta y a la cual rinde homenaje por la variedad de significados de las obras que contribuyeron a su formación y que le permiten seguir escribiendo, ya sea en Isla Negra o Santiago.

El año 1983 Paz Molina fue editora de poesía de la Revista “Huelén” que dirigió Hernán Ortega. Contribuyó desde sus páginas a dar a conocer a una pléyade de jóvenes poetas de norte a sur del país y rescató a Miguel Arteche como una voz ineludible para esos días complejos en que todo el sistema literario, o mejor dicho, el escenario poético chileno estaba dominado por la presencia de Nicanor Parra, Jorge Teillier, Enrique Lihn. Paz Molina nos habló de la religiosidad, de las vanguardias, del rescate de los vates que en las provincias daban a conocer su canto llenos de fuerza, en la adversidad total. Viajó, editó, difundió, sobre todo a las artistas mujeres que aún no tenían la presencia vigorosa que hoy poseen en la narrativa y la lírica nacional.

“Memorias de un Pájaro Asustado”, un libro que debe ser reeditado, nos trae a la memoria el furor del lenguaje de Alfonsina Storni, Alejandra Pizarnik, Olga Acevedo, Stella Díaz Varín, las mejores de este tiempo y del otro.


DESDE EL OESTE UN RUMOR ...

<hr><h2><u>DESDE EL OESTE UN RUMOR ...</h2></u>

No para dar por pensado,
sino para dar en qué pensar


Agenda de Reflexión

Número 227, Año III, Buenos Aires, domingo 17 de octubre de 2004

Era muy de mañana, y yo acababa de ponerle a mi mujer una inyección de morfina (sus dolores lo hacían necesario cada tres horas). El coronel Perón había sido traído ya desde Martín García. Mi domicilio era este mismo departamento de calle Rivadavia. De pronto me llegó desde el Oeste un rumor como de multitudes que avanzaban gritando y cantando por la calle Rivadavia: el rumor fue creciendo y agigantándose, hasta que reconocí primero la música de una canción popular y, enseguida, su letra:

Yo te daré,
te daré, patria hermosa,
te daré una cosa,
una cosa que empieza con P,
Perón...


Y aquel "Perón" resonaba periódicamente como un cañonazo.

Me vestí apresuradamente, bajé a la calle y me uní a la multitud que avanzaba rumbo a la Plaza de Mayo. Vi, reconocí, y amé los miles de rostros que la integraban: no había rencor en ellos, sino la alegría de salir a la visibilidad en reclamo de su líder. Era la Argentina "invisible" que algunos habían anunciado literariamente, sin conocer ni amar sus millones de caras concretas, y que no bien las conocieron les dieron la espalda. Desde aquellas horas me hice peronista.


17 DE OCTUBRE DE 1945

<hr><h2><u>17 DE OCTUBRE DE 1945</h2></u>

Por Pedro Godoy

Los chilenos -prolijamente manipulados por una oligarquía doctorada en zorrería- adolecemos de dos fallas ópticas. Una, vivimos con la pupila puesta en lo lejos: París o Washington así como en Moscú o Berlín. Un puñado las tuvo hasta en Peiping. Lo remoto hipnotiza. La otra opción: contemplarnos el ombligo y creer que el país es "la copia feliz del Edén". Ambas percepciones psicovisuales nos impiden captar la realidad intermedia. Aquí radio y TV dan "noticias de Chile y el mundo"... El mundo es Europa y EEUU. Este fenómeno impide a 15 millones conocer a las repúblicas vecinas y saberse y sentirse suramericanos. Hay mucho más que dialogar al respecto, pero aquí suele ocurrir -y el idioma de Cervantes desenmascara a etnocentricos y "remotistas"- que se bautiza como "exótico" lo que es "autóctono". Nuestros alumnos tienen en sus testas más datos de las Cruzadas que de las guerras de la emancipación y la bigrafía de Bonaparte desaloja la vida y obra de Bolívar..., pero se advierte: lo anotado es apenas uno de miles de síntomas y signos del síndrome.

Esto explica que la epopeya justicialista del "17" sea insuficientemente conocida. Sin embargo, se trata de una fecha histórica y -ojo- no solamente argentina, sino conosureña. Con Eva y Perón el país de San Martín vuelve por sus fueros continentalizadores como en 1810. La gesta de 1945 inaugura una época. Pocos rioplatenses captan que es un hito clave tanto como 1910 para México, 1952 para Bolivia o 1959 para Cuba. Comenzaba un experimento nacional y popular de insospechada trascendencia. Ya en 1946, 24 horas después de su victoria en las urnas, el héroe de aquella jornada convertido en Presidente Electo era entrevistado por periodista mapochino. Al analizar el documento detectamos las inquietudes integradoras del caudillo. Comenzaba una revolución constructivista irradiante. El año pasado -con la participación del cordobés Lizardo Sánchez, en la Biblioteca Nacional de Santiago de Chile- CEDECH conmemora esta fecha que coincide con el 50º aniversario de la visita de Perón a Chile.

Hoy se evoca la efeméride como propia mientras reitera su fe en el ABC.

Centro de Estudios Chilenos CEDECH.