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MIRANDO AL SUR - augusto alvarado


SI ES MEDIANOCHE EN EL SIGLO...

<hr><h2><u>SI ES MEDIANOCHE EN EL SIGLO...</h2></u>

Por Enrique Lacolla

Fuente: Diario La Voz del Interior- Cordoba – 21 noviembre de 2004
http://www.lavozdelinterior.net

A principios de 1940, el escritor Víctor Serge publicaba en París una novela titulada “Si es medianoche en el siglo...”. Serge, un militante comunista de larga trayectoria, acababa de salir de las prisiones de Stalin y meses más tarde debió huir de la capital francesa ante la victoria alemana en el frente del Oeste, que lo forzó a buscar refugio en México.

Tomada entre el totalitarismo estalinista y la barbarie nazi, Europa se bamboleaba en el borde de un abismo al que no tardaría en caer.

Nos preguntamos si ese título no conviene también al presente. La elección que legitimó al presidente George Bush, la espiral de violencia que ciñe a Medio Oriente y la prosecución de la obscena guerra que los norteamericanos llevan en Irak, más la sofocante hipocresía que los grandes medios y buena parte de la intelectualidad de Occidente despliegan al describir la realidad, de alguna manera así lo indican.

Por estos días muere –en circunstancias poco claras–, Yasser Arafat, líder de un pueblo oprobiosamente privado de su nacionalidad y sujeto al desprecio y al maltrato; los mandos estadounidenses desencadenan una brutal ofensiva contra Faluja, cubriéndola con la habitual cortina de humo de la desinformación, y Bush reorganiza su gabinete de acuerdo con líneas que apuntan a confirmar y profundizar la tesitura militarista e intervencionista de Estados Unidos en el mundo.

La muerte del principal referente del pueblo palestino fue recibida con una apenas velada satisfacción de parte de Bush y del premier británico Tony Blair.

En cuanto a las figuras de proa del gabinete israelí, huelgan los comentarios. Baste recordar que un año atrás, el viceprimer ministro Ehud Olmert afirmó que la eliminación de Arafat no era asunto de moral, sino de saber si era práctica o no... Desde luego, Israel niega con vehemencia un involucramiento en la muerte
de Arafat. Más allá del carácter natural o inducido de la muerte del líder palestino, está claro que tanto para la derecha israelí como para Bush, la desaparición de Arafat implica la remoción de un obstáculo.

¿Obstáculo para qué?, cabe preguntar. Pues, para implementar el megaproyecto de modernización neocolonial de Medio Oriente, al que Bush y los halcones que lo rodean se han lanzado de manera decidida y que requiere hacer tabla rasa con las soluciones de compromiso.

Carta blanca

Lo más duro de la ecuación actual, sin embargo, reside en el refrendo que el pueblo norteamericano dio a su actual presidente. No se trata de que su adversario fuese mucho mejor que él, sino de que, con su voto, los estadounidenses ratificaron en forma explícita que quieren más intervención, más guerra fuera de sus fronteras, más supresión de libertades civiles en su propia casa; y demostraron que la infatuación y el desdén hacia la realidad mundial siguen predominando entre ellos.

Esto plantea un grave caso de responsabilidad colectiva. No es la primera vez ni será la última en la historia que un gran pueblo elige mal a sus representantes.

Pero, en el caso norteamericano, por la enorme incidencia global de su país, el dato resulta ominoso.

Hoy, Bush ganó por derecho propio el sillón que ocupa. Sus primeros movimientos inducen a creer que profundizará el rumbo adoptado. Se ha sacado de encima a una dudosa “paloma” al frente del Departamento de Estado, el general Colin Powell, y puso en su lugar a Condoleezza Rice, ex asesora en asuntos de seguridad y casada con los criterios duros de la política de Washington.

A Powell se lo definía como un hombre razonable, a quien se otorgaba cierto crédito como contrapeso a los ideólogos neoconservadores y belicistas al estilo de Paul Wolfowitz o Donald Rumsfeld; aunque su despedida congratulándose de haber servido, durante su gestión, a “la liberación de los pueblos de Afganistán e Irak”, dice mucho sobre los alcances de su moderación.

Ahora se verá cómo Bush lidia con el paquete que se obsequió a sí mismo en Medio Oriente.

La destrucción del bastión rebelde de Faluja no impide que las hostilidades se generalizasen en todo Irak, mientras el body count del ejército norteamericano intenta tapar, con cadáveres de imprecisa procedencia, su fracaso en ordenar al país.

¿Habrá envíos masivos de tropas a la región? Los ayatolas iraníes, por si acaso, decidieron poner sus barbas en remojo, suspendiendo su plan para el enriquecimiento de uranio.

Mientras tanto, Rusia anuncia una nueva generación de misiles nucleares, en directo mensaje al gobierno norteamericano.

Es medianoche en el siglo.


LA FRAGMENTACIÓN DE AMÉRICA LATINA

<hr><h2><u>LA FRAGMENTACIÓN DE AMÉRICA LATINA</h2></u>

Por Jorge Abelardo Ramos

En realidad, la política del librecambismo, sin mencionar la formación de una ideología “democrática” semi-colonial que implicó, aniquiló toda posibilidad de industrias regionales, en la medida que podían significar un peligro de competencia en sus similares extranjeras. Así quedó subordinado el destino histórico del continente latinoamericano al capitalismo europeo en su etapa preimperialista. Y fue justamente esta subordinación la que permitió a las naciones adelantadas obtener la capitalización suficiente para facilitar al régimen capitalista su proceso hacia el imperialismo. Redondeando el ciclo, la etapa imperialista remachó las cadenas del continente semicolonial. Aumentó su dependencia del mercado europeo, transformándolo en proveedor de materias primas y en comprador de productos industriales.

La tradición ideológica de la revolución francesa, fundamental y fecunda para la lucha contra el feudalismo europeo antihistórico, resultó funesta para la evolución latinoamericana, pues fue uno de los factores paradojales que le impidió realizar en suelo americano una revolución semejante; bajo la máscara del liberalismo político, se introdujo el liberalismo económico, dos caras de una moneda colonial que iba a circular como símbolo de nuestro atraso histórico. En esta contradicción fundamental radica el fraude elaborado por un siglo y medio de crónica oligárquica.

Los fundamentos materiales de la unificación no estaban al alcance de los precursores. Apenas disponían de la limitada realidad aludida en el aforismo de Sarmiento: “Las ideas de los pueblos están escritas en el suelo que habitan”, aforismo no menos limitado, pero ideal para deducir de las llanuras de Venezuela y Argentina un destino de países ganaderos –y el mito de la barbarie llanera o gaucha-. Bolívar y San Martín, y los que siguieron, no tenían otra cosa que el suelo, inmenso, despoblado, inculto. Representantes de una clase dominante, ligada primero por la geografía y luego por la historia a los litorales extra-nacionales, era la suya una sociedad de transición surgida en el siglo de los grandes estados, y, peor aún, en el siglo engendrador de los grandes imperios del capital financiero. América Latina pagaba con la entrega de su economía el tributo de haber sido descubierta y colonizada por España en el período de su “putrefacción lenta e ingloriosa”.

Ese es, en grandes líneas, el itinerario de la desintegración de los viejos Virreinatos americanos. A pesar de que recién en el período iniciado con la guerra de Cuba (1898-1914), puede situarse la aparición histórica del imperialismo, a mediados del siglo XIX las grandes potencias daban los primeros pasos para consolidar políticamente sus conquistas coloniales. Es de fundamental importancia indicar que, según Lenín, antes del surgimiento formal del imperialismo, ya existían en Inglaterra dos de sus grandes elementos distintivos: inmensas posesiones coloniales y situación monopolista en el mercado mundial. El continente latinoamericano era un bocado apetitoso y de su fragilidad política dependería que el régimen de inversiones que sucedió al régimen de saqueo, tuviera abierto el camino, favorable la legislación, reducidos los impuestos, abiertas las aduanas. Convenientes eran también gobiernos amigos, pero poco fuertes. La política de división en las colonias emancipadas fue la norma número uno del capitalismo europeo. Es por ese motivo que la diplomacia británica, desde los comienzos de la existencia política “independiente”, ejerciese un importante rol en América Latina. Las palabras del Ministro Canning definían en 1825 la política británica: “Los hechos están ejecutados, la cuña lanzada. Hispano América es libre y si nosotros llevamos bien nuestros asuntos ella será inglesa”. En cuanto a los resultados prácticos de esa política, el Imperio inglés no pudo quejarse de sus ministros.

Los ganaderos y terratenientes argentinos, agentes de esa política inglesa, gobernaron la Argentina desde la caída de Rosas. Ellos designaron con el nombre de Jorge Canning una calle de Buenos Aires.

En algunos casos, la diplomacia europea promovió y financió directamente la guerra de independencia de España; en otros, apoyó a los terratenientes criollos que iniciaron el movimiento. En los casos restantes, se vio reducida a esperar y “observar”. Los desinteresados viajeros ingleses que animaron la literatura de costumbres con sus detallados relatos, no deben haber escrito solamente esas crónicas en sus instructivos viajes. Los archivos del Ministerio de Colonias de Su Majestad Británica podrían revelar quizás que esos viajeros cultivaron otro género de “reports”, además de la literatura descriptiva. Pero esta es una conjetura estética. Lo indudable es que la abierta aparición del capitalismo europeo en el continente latinoamericano (en 1823 Inglaterra abre consulados en todos los “países” y Baring Brothers realiza el primer empréstito en 1824), coincide simétricamente con la pérdida efectiva de la autodeterminación nacional de América Latina. En el período mundial en que se organizaban las naciones, era quebrantada la unidad política del continente hispánico. La verdadera colonia comenzaba.


NUDOS DE LA IZQUIERDA

<hr><h2><u>NUDOS DE LA IZQUIERDA</h2></u>

Por José Steinsleger

En Utopía (1516), el político y religioso Tomás Moro esbozó una tibia reflexión sobre la miseria de Inglaterra. Moro fue canciller, consejero y amigo de Enrique VIII, aquel monarca que decapitaba esposas cuando se cansaba de ellas y murió de desnutrición pese a su apetito legendario por la comida y las mujeres (falta de vitamina C y no sífilis, como se creía, según la historiadora Susan Maclean Kybett, Time, 11.9.89).

Moro fue el primer político de la modernidad con una sensibilidad de izquierda. El vocablo de su libro (inspirado en La república de Platón y en La ciudad de Dios de San Agustín), trascendió más que los pormenores de la historia. Pero desde entonces no sabemos bien qué quiere decir una palabra que denota imposibilidad desde el momento de su formulación.

De la utopía de Moro a la parusia de Marx, la izquierda racionalista (no la racional) ha vivido haciéndose bolas. Y en cada ocasión en que sus ideales salen maltratados, echa mano a los vocablos “utopía” y “autocrítica” (de raíz confesional), con el fin de explicar lo que aparentemente es inexplicable ¿De qué sirve esto? En alguna de las escasas ocasiones en que su espada descansaba de eliminar bárbaros, Marco Aurelio escribió: “No sueñes con ver establecida la república de Platón”.

Moro desaprobó los proyectos matrimoniales y religiosos del rey y fue sentenciado a la horca y el descuartizamiento. En el juicio se ventilaron las “ideas disolventes” de Utopía. En 1535, a punto de subir al cadalso, Moro se
hizo la “autocrítica”, convirtiéndose en pionero de los arrepentidos de la izquierda: “... esa bagatela literaria que, casi sin darme cuenta, escapó de mi pluma”. Conmovido, Enrique VIII conmutó la sentencia y ordenó la decapitación.

En nuestros días, el drama de Moro puede ser interpretado así: la derecha, cuya misión es conservar o tomar el poder real, destruye lo mejor del presente. Y la izquierda, que es liberal, cree que salvará su pellejo si acepta la carta del
menú “plural”. ¿Qué tenemos hoy? ¿Mole globalizado “a la parisiense”, barbacoa integrada “a la efemeí”, ceviches chilenos “a la tonibler”, y otros platillos amenizados con los violines de “Savater ética sounds”, las sevillanas de Felipillo González y las marineras de "Vargas Llosa y sus libertarios”?

Al empezar el siglo XXI, conforme la derecha solipsista pudre el tejido social, la izquierda insomne se pregunta qué va primero, si la “utopía” o la “autocrítica”. Primer nudo de la izquierda: el amasijo de humanitarismo y
racionalismo y la pretensión de que todo puede ser explicado
. La derecha es más simple. Estimula el instinto primario de las personas y cultiva ideales que suelen estar a la altura de sus intereses. La violencia, método que no descarta, le interesa cada vez menos pues para lo mismo sirve la televisión y los planes educativos que la representan. Segundo nudo de la izquierda: quiere cambiar la realidad pero le otorga a la conciencia un lugar aleatorio si es que no prescinde de ella.

La derecha defiende las cosas como están. Suprime sin piedad lo que la cuestiona y fortalece lo establecido en su provecho. Tercer nudo de la izquierda: critica a las cosas tal como están, con una epistemología colapsada que nace en la cabeza de Platón, estalla en la de Marx y se gelatiniza en el marasmo conceptualista del siglo XX.

Si la democracia le favorece, la derecha decreta que la democracia es principio y fin de todas las cosas. Si le es adversa grita “contra todas las dictaduras”, con énfasis en “todas”. Todas menos las del capital, que son casi todas.
Cuarto nudo de la izquierda: piensa en la democracia con el lenguaje de la derecha, extinguiendo la fuerza impulsora que podría haber en los debates necesarios.

La tortuga le está ganando a Aquiles. Pero la izquierda insomne no se da cuenta y acepta la democracia en el terreno que la derecha le propone. Finalmente, la derecha entendió que debía aceptar la democracia, noción que antaño, cuando le
repugnaba, la izquierda subestimaba. La derecha cambia de piel y la izquierda siente que no le queda más que la “utopía” y la “autocrítica”. Ni la derecha de hoy es la de ayer, ni la izquierda de ayer es la de hoy. Pero cuando la derecha funde los ideales del medioevo con los de la izquierda del siglo XIX, aparece el quinto nudo de la izquierda: ya ni siquiera sabe qué debe condenar, resignándose a comer en la cocina las sobras del festín democratizador."


CLOTARIO BLEST Y EL PROYECTO BOLIVARIANO

<hr><h2><u>CLOTARIO BLEST Y EL PROYECTO BOLIVARIANO</h2></u>

Por el Prof. Pedro Godoy Perrín
Centro de Estudios Chilenos – CEDECH

Noviembre de 2004

Se conmemoraba el Centenario de la Guerra del Pacífico... Un grupo de allendistas sueltos, la mayoría académicos exonerados de la Universidad de Chile, reunidos en “Tambo Libros” –una librería de viejos que sostenía el colega Leonardo Jeffs, en la segunda cuadra de Avenida España- resolvimos el montaje de la postulación al Premio Nóbel de la Paz de Víctor Raúl Haya de la Torre. Aquello constituía un gesto de audacia en un Chile ocupado por sus FF.AA. y bajo crónico estado de queda. Nos atrevimos y con ello dábamos una bofetada al aquelarre chauvinista derivado de la conmemoración de un fratricidio que repudiamos.

La candidatura permitía renuclear a un Chile disperso por efecto de la represalia y el terror. Aquellos no eran tiempos fáciles. Sin embargo, la iniciativa cuaja. Recuerdo que nos reuníamos en la oficina del ex senador Tomás Pablo, ubicada en Huérfanos. Obtuvimos más adhesiones que las imaginadas. Cito de memoria... Suscriben el documento enviado al Parlamento de Noruega –entre otros- ex rectores de Universidades como Ignacio González Ginouves y David Stitchkin, el Premio Nacional de Educación Roberto Munizaga Aguirre, el ex embajador en la RFA e historiador Enrique Zorrilla, el periodista Wilfredo Mayorga, el sociólogo Hernán Godoy Urzúa...

Lo interesante de destacar –en esta ocasión- es nuestra visita al hogar del sindicalista... También padecía el exilio interior. No recuerdo quien me acompañó. El intermediario fue, sin duda, Oscar Ortiz. Diáfano y sintético no necesitó mayores argumentos ni energía convincente. Escucha el comienzo de la presentación y acto seguido comentó: “yo siempre he sido bolivariano y esta es oportunidad para reiterarlo”. Acto seguido estampa la rúbrica. Quedamos impactados por la decisión y por proclamar como propia una tesis que en Chile –hasta la aparición de Hugo Chávez- es evaluada como anacronismo o quimera tanto por la derecha como por la izquierda.

Quienes han estudiado la trayectoria de Clotario proporcionan datos interesantes. Demuestran que ese apoyo que nos brindara no era caprichoso ni oportunista, sino la continuidad de una idea-fuerza. En los años 30 al organizar el Partido Corporativista Popular ya se registran atisbos de latinoamericanismo. Aun más, apoya siendo muy joven la epopeya del caudillo César A. Sandino contra la invasión de marines a Nicaragua. Así también está con el FSLN en las jornadas de combate guerrillero contra Somoza. En 1952 –cosa extraña en el país y otro signo de su clarividencia- solidariza con la Revolución Boliviana que encabezan Víctor Paz Estensoro y Juan Lechín. Eso en momentos que los triunfantes MNR y la COB son tachados de “fascistas” por nuestra izquierda europeizante y de “comunistas” por El Mercurio.

En los 40 Clotario cultiva nexos estrechos con Luis Alberto Sánchez y, sobre todo, con Manuel Seoane. Ambos son los más representativos cabecillas apristas desterrados en Santiago. El antimperialismo del APRA de entonces nutre a quien fuese, como se sabe, fundador de la CUTCH (Central Única de Trabajadores de Chile). Admira –por otro lado- el proceso mexicano cuyo mayor esplendor se vive con el general Lázaro Cárdenas, pero es adversario de Vicente Lombardo Toledano, marioneta de Moscú en suelo azteca. Observa con simpatía el proceso argentino y saluda 1945 como una aurora cívica en el país de Martín Fierro. Sin embargo, pese a simpatizar con Juan D. Perón no lo acompaña en la empresa de fundar la Alianza de Trabajadores de Latinoamérica ATLAS. Ello porque don Clotario –contra viento y marea- privilegia el sindicalismo sin tutela de Estado y sin control de Partido.

Esto último explica su ruptura en los 60 con el PC por el afán de esa tienda de copar la CUTCH. Antes, en la fase fidelista, durante 1959 abraza la Revolución Cubana. El giro posterior de La Habana a un sistema de Partido Unico bajo tutela de la URSS lo empujan a distanciarse, pese a su inalterable amistad con el Dr. Ernesto Guevara. Hay testimonios de esto en “Adiós al cañaveral” de Matilde Ladrón de Guevara. El antimperialismo y su convicción que nuestra América no es un racimo de naciones, sino una sola nación desmembrada por las clases dominantes y las maniobras de los imperialismos es lo que estimula, en aquel ya distante 1979, a suscribir el Acta Postulatoria de Haya de la Torre no sin antes comentar que el cardenal Samoré –arquitecto de la paz chilenoargentina- le parecía también un excelente candidato.

Hoy en el 105º aniversario de su natalicio el Centro de Estudios Chilenos CEDECH -por mi intermedio- se asocia al homenaje y depositando, de modo simbólico un copihue sobre su tumba, expresa: ¡COMPAÑERO CLOTARIO BLEST, PRESENTE! ¡HONOR A TU MEMORIA!.


LA VUELTA DE OBLIGADO

20 de Noviembre: Día de la Soberanía



Por Alberto Guerberof (*)

Amanecía el 20 de noviembre de 1845 cuando aparecieron los invasores. Una poderosa escuadra anglo-francesa se internaba en el Paraná al frente de un convoy de 90 buques repletos de mercaderías. El conjunto de la expedición estaba al mando del almirante Hotham. La flota británica, a cargo del almirante Inglefield, estaba compuesta por 9 naves de guerra a vela y 3 vapores portando 136 cañones Peysar de “última generación”, que acababan de ser entrenados en China, en la llamada Guerra del Opio, última tropelía del Imperio antes de su incursión en el Río de la Plata. La francesa, al mando de Lainé, incluía 3 grandes fragatas, corbetas y bergantines en número de 5, y dos vapores. En total 282 cañones-obuses Paixhans que disparaban proyectiles de 80 libras tanto o más potentes que los de sus aliados.

La defensa de la Confederación Argentina fue encomendada por Juan Manuel de Rosas, gobernador de Buenos Aires y encargado de negocios de la Confederación, al general Lucio Mansilla, un veterano de la guerra de la Independencia.

En la Vuelta de Obligado, donde el Paraná dibuja un recodo y se estrecha, Mansilla se preparó para resistir. Atravesó el río con 3 gruesas cadenas sostenidas por 24 lanchones. La singular barrera era custodiada por el único barco con el que contaba la milicia criolla, el Republicano. Sobre la orilla derecha del río se colocaron 2 baterías antes de las cadenas, una a la altura de las mismas y una cuarta por encima de ellas. La suma daba 30 viejos cañones de pequeño calibre atendidos por 160 artilleros y 2.000 hombres atrincherados, apenas armados con fusiles.

Soberanía y globalización en el Siglo XIX

¿Por qué se producía la intervención europea? En julio de 1845 los enviados de las potencias europeas, Ouseley y Deffaudis, presentaron a Rosas un ultimátum, exigiendo el retiro de los buques de Brown que sitiaban Montevideo, el retiro de las fuerzas argentinas destacadas por Rosas en la Banda Oriental, y la renuncia del general oriental Oribe a recuperar Montevideo con el apoyo del gobernador bonaerense. El gobierno de Rosas se mantuvo firme y no cedió a ninguna de las pretensiones imperiales. Con la máscara de una “mediación” en la prolongada guerra civil que se desarrollaba en la Banda Oriental, los comisionados de Londres y París encubrían objetivos más vastos, más globales. Estos se cifraban en la obtención de la libre navegación de los ríos, en este caso el Paraná, en la búsqueda de nuevas rutas de penetración comercial. En lo inmediato del mercado paraguayo.

En el trasfondo histórico de los acontecimientos de 1845 se desenvolvía la avasallante expansión del capitalismo británico y –socios y rivales al mismo tiempo- las aspiraciones de la Francia colonialista. Los ejes que guiaban la política exterior inglesa consistían en conquistar mercados para sus exportaciones y plazas para colocar sus empréstitos e inversiones. Para ello los conflictos que escapaban a esa estrategia, debían ser eliminados. Entre ellos estaba la lucha de Oribe por recuperar toda la Banda Oriental para su legítimo gobierno. De ahí que con la excusa de una “mediación” pacificadora se gestó la invasión anglo-francesa.

El clima de la misma fue creado por una copiosa campaña periodística y literaria destinada a probar la barbarie de los argentinos, en la que se destacaron desde Europa, la Revista de los Dos Mundos y desde Chile el diario El Progreso donde el emigrado sanjuanino Domingo Faustino Sarmiento empieza a publicar un folletín titulado Facundo en el que contraponía la “civilización europea” a la “barbarie gaucha”. Corría mayo de 1845. Las potencias europeas ya estaban alistando la fuerza expedicionaria.

El bloqueo de puertos y países, la apertura forzosa de ríos interiores y la creación de estados-tapón son componentes esenciales de esa estrategia. La “independencia” del Uruguay había tenido ese origen. Ahora se buscaba la segregación de Corrientes y Entre Ríos de la Confederación, y convertir a Montevideo en puerto franco internacional. Se propiciaban las soberanías ficticias para desintegrar a las naciones históricas y reales que se presentaban como obstáculos para la expansión mundial del capitalismo europeo presentado como sinónimo de “progreso”. ¿Aquellos viejos argumentos, no son exhumados hoy, en la era del capitalismo neoliberal, para justificar los bloqueos de Cuba, Irak o Libia y otras delicias intervencionistas de la posguerra fría? Es a la luz de estos rasgos de la política inglesa de la época, que podrá entenderse la naturaleza del conflicto que enfrentó la Confederación Argentina. A mediados del siglo XIX todo el planeta estaba claramente dividido en metrópolis imperiales y opresoras y en pueblos y naciones oprimidos. Las tierras del Plata pertenecían claramente a esta última categoría, y es en ese contexto que debe medirse –cualquiera sea la valoración que se haga de su política interna- la dimensión del patriotismo de Rosas, que rechazó con dignidad y resistió valientemente la extorsión globalizante de la potencia hegemónica de su tiempo.

Una victoria nacional

Los argentinos se encontraron en definitiva ante una instancia crucial. Para el historiador A. J. Pérez Amuchástegui: “Ya no quedaba alternativa, había llegado la hora de poner las cartas sobre la mesa y decidir cada cual con su conciencia, si peleaba del lado de la soberanía nacional o del lado de los que venían a arrasarla. Nacionalismo o colonialismo eran los términos reales del problema, y nadie se podía llamar a engaño”.
Nadie lo hizo. Ni la emigración unitaria en Montevideo, que mendigó y colaboró con la fuerza intervencionista extranjera, ni el Libertador San Martín que desde el primer momento se solidarizó con la causa de la Confederación Argentina antes de legar su sable a Juan Manuel de Rosas. Dos actitudes diametralmente opuestas que reaparecerían en ocasión de la Guerra de Malvinas y cada vez que el interés nacional entraba en disputa con un poder foráneo.

El día del combate de Obligado, 20 de noviembre, dio comienzo con un intenso bombardeo por ambas partes. La superioridad de la artillería enemiga, en tres horas de fuego nutrido, se impuso a las baterías de la costa. Por dos veces la marinería de los invasores intenta el desembarco pero es repelida por los gauchos-soldados de Mansilla que hacen derroche de heroísmo e infligen fuerte daño al enemigo. Este tiene 150 hombres fuera de combate y 4 naves muy averiadas. Por su parte, las tropas argentinas sufren la muerte de 240 hombres, 400 heridos y la destrucción de las baterías. Mansilla es seriamente herido y Juan B. Thorne, el valiente artillero que ensordece en la batalla, recibirá para siempre el apodo de El sordo de Obligado. Habían sido 10 horas de lucha sin cuartel que cubrieron con cadáveres las barrancas del Paraná.

Forzado el paso, y después de reparar las naves dañadas, la flota imperialista remonta el río. Ha sufrido la deserción de numerosos mercantes, y al resto le espera un completo fracaso comercial al que concurren la pobreza de los pobladores y la hostilidad de los criollos hacia los extranjeros intrusos. El investigador canadiense H. S. Ferns coincide con que: “Los resultados políticos y económicos de esa acción fueron, por desgracia, insignificantes”. En otras palabras, Inglaterra y Francia habían tenido una muy ajustada victoria militar y una clara derrota política. Los gauchos de Mansilla con cadenas y viejos fusiles y la hábil diplomacia de la Confederación habían obligado a las dos primeras potencias mundiales a firmar poco tiempo después la paz y a retirarse del Río de la Plata, envueltas en el fracaso y en el abatimiento.

(*) Revista “Compartir” – Octubre de 1997.


POESÍA DELSUR DE CHILE

<hr><h2><u>POESÍA DELSUR DE CHILE</h2></u>

SERGIO MANSILLA TORRES



Por Aristóteles España

“Óyeme Como Quien Oye Llover”
es el título del nuevo libro del poeta Sergio Mansilla Torres, actual académico de la Universidad de los Lagos en la ciudad de Osorno y oriundo de la Isla de Quinchao del Archipiélago de Chiloé, donde nació en 1958. El nombre del poemario está basado en un verso de Octavio Paz, lo que permite introducirnos a este espacio poético lleno de reminiscencias del mundo lárico fundado por Jorge Teillier, pero con una acabada reelaboración escritural y cósmica donde cohabitan sus vientos de infancia, islas remotas, perdidas en los mapas, con fantasmagorías de otras culturas que el autor conoció en sus viajes de estudios en Estados Unidos, Francia, en lecturas de los clásicos de nuestra lengua.

En sus poemas se escucha la lluvia del sur chileno, el agua territorial, metafísica donde sueñan los alerces, los chucaos, los viejos traucos que cantan al atardecer cerca de Chonchi o Llau-Llao, las mareas altas y bajas donde aparecen rocas que raras veces se ven al aire, dice el poeta, para contarnos “que la marisca se entume por el frío y se endurece por la sal invisible de los muertos”.

Por todas partes se respira el sur del mundo y especialmente Chiloé, su patria ancestral, llena de mitologías, leyendas, peces, la lluvia torrencial del invierno con crepúsculos llenos de aves que no pueden volar, brujos que sobrevuelan Quellón, Ancud, Quehui, junto a La Fiura, La Voladora, El Camahueto, y se escucha a lo lejos música en la cubierta de El Caleuche, esa nave que ha hecho soñar a muchas generaciones.

El escritor, junto a otros autores del Grupo Literario “Aumen” de Castro, creado en 1975, que en lengua Huilliche significa “Eco de la Montaña”, son los fundadores de la poesía contemporánea en ese lugar del planeta. Citaremos, además, a Carlos Alberto Trujillo, Nelson Torres, como los tres mejores exponentes de ese universo donde se conjugan la fabulación, con una cosmogonía clásica que representa fielmente el habla de su pueblo, la historia y geografía del mundo Chono, Veliche, la presencia española desde el siglo XVII, donde se hace más fuerte el mestizaje.

Este libro nos entrega una fisonomía de la nostalgia por un mundo que fue. Sergio Mansilla viaja por el tiempo, juega con las nubes que anuncian un aguacero, o el temible surazo que los abuelos chilotes describen como un castigo de los dioses. A lo lejos se divisan embarcaciones que recorren las islas buscando paisanos que van a la feria de Dalcahue a intercambiar papas por chombas, corderos por camisas, azúcar, remedios, como en uno de sus poemas de juventud donde dice “Anda al pueblo, hermano, a vender estas cuantas gallinitas”.

Todo un acierto este libro que recrea un mundo poco conocido en nuestra poesía y lo
transforma en aire, belleza, magia.

Sergio Mansilla Torres es autor de “De la huella sin pie”, “Respirar en el desfiladero”, “Noche de Agua”, “El sol y los acorralados danzantes” y una decena de textos de crítica literaria. Pertenece a la Generación NN, poetas que comienzan a escribir en los inicios de la dictadura militar. Obtuvo un doctorado en literatura en la Universidad de Washington, Seattle.


LA CORRUPCIÓN DE LOS PODEROSOS

<hr><h2><u>LA CORRUPCIÓN DE LOS PODEROSOS</h2></u>

Por Andrés Soliz Rada

Noviembre de 2004

Desde los centros de poder mundial nos llega la corrupción, la absolución y el castigo. Ellos miden la corrupción, de acuerdo a sus propios parámetros, elaboran sus escalas de países más o menos corruptos. Entregan los premios y las censuras. Pero no todo es ceguera en el primer mundo. La demostración de lo anterior está en el libro de la juez noruega-francesa, Eva Joly: “La Corrupción en las Entrañas del Poder” (Editorial Fondo de Cultura Económica. Buenos Aires. 2003).

La juez recuerda que las Islas Caimán es uno de los diez centros financieros más importantes del planeta. Su soberanía pertenece a la Corona Británica, cuyo gobernador es designado desde Londres por el Ministro de Justicia. Los grandes bancos norteamericanos tienen sucursales en esas islas alejadas de la mirada de dios, de policías y de fiscales. Es uno de los paraísos financieros más renombrados del universo en el que narcotraficantes, gerentes de transnacionales, dictadores y genocidas “lavan” los dólares de la cocaína o giran dineros destinados a sobornos que, el año pasado, ascendieron a 400.000 millones de dólares, sólo en el rubro de licitaciones (“La Razón”, de La Paz, 21-X-04).

El sonoro nombre de Gran Ducado de Luxemburgo genera una suerte de respeto reverencial entre los hombres de a pie y sin corbata. Pocos saben, dice Eva Joly, que ese “honorable” país es, además de residencia de la Corte Europea de Justicia, el lugar donde 12.000 sociedades de pantalla y 320 Bancos de respetabilidad mundial tienen filiales debido a que los jueces de Luxemburgo traban, de manera sistemática, todo intento por intervenir en ese remanso de la delincuencia financiera.

El juez Baltasar Garzón, quien escribe el colofón del libro de Eva Joly, se queja por las crecientes dificultades jurídicas para juzgar en Italia los delitos de Silvio Berlusconi, paradigma de la corrupción en el viejo continente. Sus defensores sostienen que investigar cuentas secretas de los Bancos es una violación a los derechos humanos. En respuesta a los que luchan contra el delito, Berlusconi ha bautizado a su nueva organización política con el nombre de “Casa de las Libertades”. Y hablando de corrupción, ¿no es corrupción reelegir a George W Bush, como presidente de EEUU, quien al invadir a Irak, con la oposición de las Naciones Unidas, se ha convertido en criminal de guerra?

Desde su sede en Alemania, Transparencia Internacional (TI), entidad que dice luchar contra la corrupción, informa, en su página web, que, gracias a sus gestiones, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo (OCDE), conformada por los países más ricos del mundo, ha constituido una comisión de lucha antisoborno, financiada, entre otras compañías, por la Shell, la Rio Tinto Zinc (RTZ), Price Water House y el City Group. La Shell, al inflar sus reservas, ha alcanzado los niveles de corrupción de la ENRON. La inglesa RTZ, que apoyó a Hitler, es socia del derrocado Gonzalo Sánchez de Lozada (GSL) y saquea el cobre de Chile y de otros países “en vías de desarrollo”. Price Water House es encubridora de la ENRON. Los delitos del City Group ya no caben en esta corta nota.

Lo anterior no implica dejar de luchar contra la corrupción en Bolivia y en otros países semicoloniales. No se trata de aceptar el adagio “mal de muchos consuelo de tontos”. Todo lo contrario. El convencimiento de que la corrupción nos desangra y nos destruye espiritual y económicamente nos llevó, en 1990, a presentar la Ley de Investigación de Fortunas, que desde entonces duerme el sueño de los justos, así como a escribir “La Fortuna del Presidente”, libro en el que se detallan las tropelías delincuenciales de GSL.

Poner a la cabeza de la corrupción mundial a Bangla Desh, Haití, Ecuador, Bolivia o Paraguay, como hace TI, y no mencionar en los primeros lugares a Inglaterra, EEUU, Francia, Alemania, Italia y Bélgica, por el manejo de los paraísos financieros, por su responsabilidad en la destrucción del medio ambiente y por ser los fabricantes más descarados de armas de destrucción masiva, implica creer que, además de pueblos saqueados somos pueblos de idiotas.


LA CAUSA DE ARAFAT

<h2><hr><u>LA CAUSA DE ARAFAT</h2></u>

La Jornada - México D.F. Miércoles 17 de noviembre de 2004

Por José Steinsleger

Cuando un intelectual o corresponsal del "primer mundo" se instala en el tercero para interpretarlo o, viceversa, siendo del tercero lo interpreta con ojos del primero, nada impide que pueda convertirse en talentoso supermán de la interpretación. Pero, al igual que el doctor Jekyll y Clark Kent, vivirá debatiéndose en la doble identidad.

Hay quienes creen que ser "progresista" es igual a "tener identidad". ¿Lo uno incluye lo otro? Hay progresistas que viven en la indefinición, y están los que reivindican con claridad su identidad. ¿Qué propuesta política progresista puede surgir sin identidad?

En su artículo "¿Qué dirán de Arafat?" (“La Jornada”, 12/11/04), Robert Fisk arranca diciendo: "Fue (Arafat) totalmente leal al sueño palestino y ese sueño lo hizo miserable", y asocia al dirigente con el maldito: "Como tantos líderes árabes, Arafat gobernó por la emoción más que por la razón; George Bush hijo es el equivalente más cercano, con su guerra en Irak".

¿Es justo? Seguramente muchos progresistas como Fisk creerán que no hay diferencia entre los niños que gritaban en Gernika y Auschwitz y los gaseados en Fallujah, Gaza y Afganistán. Está muy bien decir que los niños son inocentes y está menos bien recordar que niños como Bush y Sharon se formaron y se forman en la cultura que del genocidio hizo negocio supeditado a "opinión", y construye endecasílabos fervorosos para llorar la "crisis ética y moral del mundo" con vehemencia profesional.

En el pasado medio siglo, el Norte produjo las grandes mentiras que han servido para beneficiar al imperialismo. Una de tantas sostiene que la nación es algo abstracto, cuyo origen y fin no están claros pues sólo puede constituirse en el nivel de lo imaginario.

Idem con el pim-pam-pum del "fin de las ideologías", desarrollado por Seymour Lipset en El hombre político (1955), el sociólogo Daniel Bell en libro homónimo (1960) y el economista gringo Lester Brown, para quien la nación "... impedía la organización eficaz de la actividad económica y la transferencia de tecnología en todo el mundo" (1972).

Ideas que empezaron a circular en el Congreso por la Libertad de la Cultura, financiado por la CIA (Milán, 1955), cuando se constituyó el Movimiento de los No Alineados. Lo del "fin de la historia" tampoco fue invento de Francis Fukuyama, burócrata del Departamento de Estado, sino de su maestro, el ruso neofascista Alexander Kójeve (1902-68) quien dijo que la historia había terminado en tanto conflicto, y que en su lugar regía la lógica del mercado impuesto por las naciones hegemónicas.

Clonados por los capataces criollos del intelecto, se cae en herejía cuando se propone examinar la validez de criterios revestidos de "cientificidad" y aplicados mecánicamente a realidades que no son aquéllas para las cuales fueron concebidos. Por izquierda y derecha, sin pensamiento propio, preocupada por los prestigios que les fabrica el aparato cultural, la inteligencia liberal carece de identidad porque piensa de afuera hacia adentro, quedando atrapada en los temas y "puntos de vista" buenos para abrir la puerta de ciertos círculos, universidades, centros de investigación, editoriales y periódicos.

El sociólogo argentino Carlos Paz dice: "Un pensamiento no es nacional por su localización geográfica, atavismo folclórico o mezquino patriotismo, sino porque renuncia a la imitación, a la repetición, y el hábito acomplejado de quienes revuelven pensamientos de segunda mano". Refutando al historiador liberal Tulio Halperin Donghi, de igual nacionalidad, Paz agrega:

"En la construcción de una nación interviene lo imaginario, pero aún en ese imaginario interviene la historia y los actores de la historia. Creer que la nación es una abstracción importa en los hechos derogarla y renunciar a plantear la cuestión nacional" (“Aportes” Núm. 3, Buenos Aires, 12/1994).

En suma, lo imaginario no sería la nación ni el estado-nacional, sino el racionalismo conservador o liberal que Israel y Estados Unidos pretenden imponer al mundo. Modalidad del pensamiento que, devenido en artículo de fe y consumo, avanza sobre las nuevas "tierras prometidas". Racionalismo vs. racionalidad. ¿Qué vencerá?

Islámico de confesión, laico de ideas, Yasser Arafat resucitó a Palestina, nación negada, pueblo oprimido, cultura soterrada y tierra ocupada, cuya identidad nació con el despertar de las civilizaciones. Para ello luchó y negoció con todos y contra todos: cristianos, islámicos, judíos y... palestinos.

La exigencia de Arafat fue clara: devolución de la Franja de Gaza, la Rivera Occidental, Jerusalén Este (árabe), desmantelamiento de todos los asentamientos ilegales y las tierras ocupadas en la guerra de 1967.
Dice Fisk que Arafat"... era un soñador, característica popular entre los palestinos, que sólo tienen los sueños para darse esperanza". ¿Sólo ellos? Los palestinos sueñan y combaten. El Estado terrorista y criminal de Israel también combate. Pero tras haber sido sueño, hoy es pesadilla.