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MIRANDO AL SUR - augusto alvarado

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LA POESÍA DE MARCELA MUÑOZ

<hr><h2><u>LA POESÍA DE MARCELA MUÑOZ</h2></u> Por Aristóteles España

“Poemas para no matar”
(Autoedición, 2005) se titula el último libro de Marcela Muñoz Molina (Puerto Natales, 1966). Textos del hastío, de la furia, la violencia interior que se produce cuando se espanta a la muerte, ya sea a través de una escoba, de un ave que llora en medio de remolinos azules como señala en los comienzos de su poemario. Estos versos son un canto a un pasado que aún permanece en la nostalgia; hay instantes de magia cuando divaga sobre quien cuidará de los libros cuando todos nos hayamos ido. La atmósfera teilleriana es nítida, audaz; recrea un mundo lleno de soledad donde habitan los desamparados, los niños vagabundos, ciudades perdidas en un país inexistente.

Con este libro, Marcela Muñoz se sitúa entre las mejores poetas de su generación en Chile. Sin duda alguna. Por sus páginas llenas de nieve dice que algún día volveremos a ser espíritus, bailaremos como lenguas de fuego, cuenta en su homenaje a las mujeres de la etnia Selk”Nam, que poblaron los territorios de la patagonia.

Los “Poemas para no matar” de la autora magallánica están imbuidos de fantasmas de todo tipo; almas que navegan por el Golfo de Penas o las Torres del Paine; aparece un sol, una explosión, un relámpago donde la escritora sueña con un mundo mejor y parte llena de lluvia hacia avenidas infinitas, a lugares remotos, con los poemas que cantan y despiertan en Bruselas, Buenos Aires, Barcelona.

La autora siente que la vida se va por todos los costados: “Debería salir de mi casa/ y morder las piernas de los transeúntes/ sólo porque sus pies manchan irresponsablemente/ las calles”. Gran parte del libro tiene ese hálito. Cierta desesperanza, el olor a libertad que desaparece por las calles de Punta Arenas, las luces de las noches heladas en invierno donde nunca se logra alcanzar la intensidad de la lluvia, el viento gélido del austro, como en los mejores momentos de Rolando Cárdenas, Olga Acevedo, María Cristina Ursic; árboles que no lo son; sino espectros en la memoria desesperada que vuela sobre el Estrecho de Magallanes.

“Escritura de los patíbulos, con las manos en el viento, donde se pierde el tiempo soberanamente, porque lo sabemos de arena”, dice de este texto el poeta Pavel Oyarzún en el prólogo.

Hay una línea de trabajo en la autora que establece sus dominios en el vértigo patagónico, allá donde el cielo se pierde en cavidades blancas y donde el sol aparece vestido de rojo en las aguas.

Marcela Muñoz Molina ha publicado los libros “Angeles y limusinas” (1989); “El salvavidas lleva mi nombre” (1994). Sus textos han sido publicados en la antología “Poetas jóvenes de Chile”, Universidad de Concepción (1998); “Antología insurgente, la nueva poesía magallánica”, de Pavel Oyarzún y Juan Magal (1998).

Actualmente reside en Santiago donde realiza estudios de dramaturgia.


POESÍA EN MAPUDUNGUN

<h2><hr><u>POESÍA EN MAPUDUNGUN</h2></u> Por Aristóteles España

Graciela Huinao (Rahue, Osorno, 14 de octubre de 1956) es una de las más importantes poetas mapuche - huilliche que escribe, además, en mapudungun y traduce su obra al español. La editoriales Ayun y Tiempo Nuevo en Santiago acaban de publicar su libro “Walinto” , un profundo canto a su pueblo, desde las mismas entrañas del lenguaje aprendido en los bosques del sur del mundo y un ejercicio lleno del aire de la cosmogonía donde nacen los sueños de sus antepasados, de la historia aprendida en medio de los fogones de su infancia y juventud como lo señala en la introducción de su poemario. Graciela Huinao comienza de la siguiente forma su relato poético: “Nunca fuimos el pueblo señalado pero nos matan en señal de la cruz”.

Los versos son breves, concisos. A través de su lectura el lector ingresa al país de la infancia de esta autora que cultiva la oralidad con una metodología rigurosa donde las palabras e imágenes saltan y juegan en el libro para mostrarnos el invierno que dejaba caer sus armas en el patio de su casa, los amaneceres de la pobreza, la violencia del poderoso en contra de sus hermanos.

Emotivos son los pasajes donde recuerda a su padre que atrapaba brujos y duendes en medio de la lluvia y ella los soltaba bajo el calor de un mate en su hogar donde el viento era la música y el fuego.

Sigamos ahora con los rituales de su pueblo. En el poema “Nguillatun en la costa” dice:

“Para poner tranca a la miseria
cada cierto tiempo
los wuilliche de la costa
desclavan de sus ruka las penas.

Se descuelgan de la historia
y a Pukatriwe llegan
espantando con el Nguillatun
al maligno espíritu del hambre
que va en estampida por la cordillera.

Los williche y el mar
en vigilia
comulgan tiempos de miseria”

Poesía dolorosa, de ausencias, que escarba los sentidos y los transforma en un canto de amor. La escritora Cecilia Vicuña quien la publicó en Nueva York dice: “Escribir es una actividad cargada, cuando la que escribe es la primera que toma el lápiz en una línea familiar de mujeres raptadas y violadas. La primera que escribe debe empezar por establecer sus territorios, delineándolos como una marca. Aceptando el desafío Graciela Huinao ha dicho que quiere escribir la historia de su familia. “Soy la primera que se atreve”.

Consultada por la prensa chilena acerca de si existe discriminación en Chile hacia la poesía mapuche- huilliche, Huinao señala que no “sólo a los poetas se nos discrimina por nuestra raza, sino a los pobres, a los gordos, a los discapacitados, a los feos”.

Los editores de la revista “Intramuros” en Santiago señalaron: “Ser mujer, pobre y más encima mapuche son tres estigmas que esta artista ha tenido que sortear para desarrollar su carrera. Como primera mujer de esta etnia en las letras nacionales, debió tocar muchas puertas antes de publicar un libro en nuestro país. Y, como ya parece ser parte de nuestra idiosincrasia, sus poemas fueron editados con anterioridad en Estados Unidos”.

En 1998 Cecilia Vicuña la incluyó en su antología publicada en Pittsburg, USA, titulada “UI, Tour Mapuche poets”, junto a Elicura Chihuailaf, Leonel Lienlaf, Lorenzo Aillapán, Pedro Aguilera Milla, Jaime Huenún, José Ancán, Victorio Pronao.

Autora de “La Loika” (1980); “La nieta del brujo” (1985); “Walinto” (2005) su obra ha sido traducida a varios idiomas y publicada en revistas especializadas de Chile y América Latina.


SOCIALISMO SIGLO XXI

<hr><h2><u>SOCIALISMO SIGLO XXI</h2></u>

"Entonces si no es el capitalismo, ¿qué es? Yo no tengo dudas: el socialismo. Ahora, ¿cuál de tantos? Pudiéramos pensar incluso que ninguno de los que han sido: hay que inventar el socialismo del siglo XXI" - Comandante Hugo Chávez Frías


EL POETA MIGUEL ARTECHE

<hr><h2><u>EL POETA MIGUEL ARTECHE</h2></u> Por Aristóteles España

Osvaldo Miguel Salinas Arteche
, conocido como Miguel Arteche en los medios literarios de Chile y Latinoamérica, nació el 24 de junio de 1926 en Nueva Imperial (Cautín). Uno de los grandes poetas chilenos, cultiva con maestría el verso religioso, incorporando formas clásicas e introduciendo en nuestro sistema literario a Berceo, Quevedo, Góngora, Garcilaso, Lupercio, Argensola, Vallejo, Juan Ramón Jiménez. Ajeno al influjo nerudiano, en entrevistas recientes reconoce que no conoció a Huidobro ni a De Rocka, siempre se alejó de Pablo Neruda “porque había en él una atmósfera de idolatría que no acepto. No tengo afinidad con ninguno de ellos, mi sintonía poética parte con Gabriela Mistral. Es la más grande poeta de Chile y tal vez del continente. Mis raíces están en su obra. Ella es mi punto de partida. Admiro su poesía y su posición ética”, dijo al periodista chileno Luis Alberto Mansilla en la revista a“Punto Final”.

Arteche es un poeta del descubrimiento. En sus poemas las elegías tienen tanta importancia como las bicicletas abandonadas en la lluvia, las arpas rotas en el agua y se escuchan los ecos de los trenes que pasan y dejan en los durmientes sus metálicas furias. Admirador de la obra de Luis Cernuda, tiene una fuerte vinculación con la Generación del 27 en España, producto de sus constantes lecturas y de su vinculación con el mundo cultural de ese país durantes sus residencias en la capital española, como estudiante y diplomático chileno en el gobierno de Eduardo Frei Montalva, desde 1965 a 1970.

El poeta Andrés Morales lo describe como un vate vinculado al sur profundo de Chile, a sus árboles, paisajes, a sus vientos que tienen un indiscutible protagonismo. Señala que “Invitación al olvido” (1947) es uno de los mejores primeros libros editados por autores chilenos en el siglo XX.

El novelista José Donoso escribió un artículo en el diario “El Mercurio”> el 10 de octubre de 1963 sobre la obra de Arteche que tituló “la realidad que nos sobrepasa”: Allí rescata su fuerte raigambre hispánica. Dice: “La poesía de Miguel es de corte tradicional y se desarrolla siempre en presencia de las grandes cosas inmutables: Dios, el amor, la muerte”.

Podemos señalar que este poeta ha dado una dimensión religiosa del mundo a nuestra poesía y logrado crear una corriente en este sentido en nuestro país. Además, ha sido riguroso en su escritura, en el sentido que la poesía es, en primer lugar, un arte, y que no se puede escribir bien sin que se domine ese arte.

Arteche es también un poeta bíblico en el sentido de que en sus textos siempre están presentes los elementos de las Sagradas Escrituras, de los sueños que allí subyacen y de los recodos que hay en los pasajes más elementales y significativos como el amor, la creación de un mundo nuevo, los mandamientos.

Sus principales obras son: “Invitación al olvido” (1947); “Oda fúnebre” (1948); “Una nube” (1949); “El sur dormido” 1950; “Solitario, mira hacia la ausencia” (1953); “Otro continente” (1957); “Quince poemas” (1961); “Antología de 20 años” (1972); “Variaciones alemanas” (1986); “Tercera antología” (1991). Novelas: “La otra orilla” (1964); “La disparatada vida de Félix Palissa” (1975); "El alfil negro” (1992). Cuentos: “Mapas del otro mundo” (1977); “Las naranjas del silencio” (1987: Autor de ensayos antologías, ha recibido premios de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Concepción, de Municipalidades chilenas. Es miembro de la Academia Chilena de la Lengua y de la Real Academia Española.

Fue subdirector de la Biblioteca Nacional de Chile y en 1996 se le otorgó el Premio Nacional de Literatura."


ADIÓS POETA

Por Aristóteles España

Hace pocos meses falleció el poeta y periodista Raúl Mellado Castro (Neblinto-Collipulli, 1931). Su poesía se caracterizó por un enorme amor por la tierra, la lluvia y los bosques del sur de Chile. Retrató parajes escondidos; sonidos ancestrales de los bosques de su patria metafísica; llamó por su nombre a las distintas variedades de pájaros y árboles de su mundo de infancia y redescubrió amaneceres; cánticos tan propios de La Frontera.

De alguna forma sus versos tienen que ver con la poesía de Juvencio Valle y Jorge Teillier. La miradas a las estaciones de trenes, a los relámpagos, a los bosques milenarios, a los insectos y musgos de su región interior.

Desde su primer libro se destacó como un poeta con un profundo sentido de la instrospección, como señaló el propio Pablo Neruda al incluirlo en antologías de su tiempo. Desde sus versos es posible observar y sentir los granizos que caen en los inviernos; el sonido del vuelo rasante de los cóndores, jotes, canarios, zorzales y los vientos helados de otoño cuando los niños van al colegio a kilómetros de distancia de sus hogares, a pie, o en un caballo mojado por la neblina y la humedad.

Raúl Mellado ejerció también el periodismo político y cultural. Tenaz luchador por los derechos del hombre, siempre estuvo al lado de los desposeídos y en contra de la injusticia. Su poesía es un canto a la libertad, a favor de los sueños, contra la muerte; por todos los costados del lenguaje sus versos irradian alegría de vivir.
En su ocasión, Neruda le dijo en una nota referida a su libro “Tren del Sur”: “Hermosísimo tu tren, me consta, lo hemos vivido, pero tú lo haces cantar, y echar fuego, humo, estrellas”.

El periodista Luis Alberto Mansilla publicó en la revista “Pluma y Pincel”: “Raúl ha sido siempre un poeta-periodista. No ha dejado jamás de redactar crónicas y párrafos: Pero también nunca ha cesado de escribir poesía. Su producción está dispersa en diarios populares, suplementos, páginas culturales, en los rincones desdeñosos que la prensa le dedica a la poesía, siempre expuestos a ser suprimidos o a ser reemplazados por un aviso de colchones o desodorantes”.

El escritor Alejandro Lavquén señaló: “Con la misma sorpresa que de pronto nos llega un poema que jamás imaginamos, nos sorprende el encuentro con la muerte. No existe hora ni lugar, sólo toca y susurra, inesperadamente. Así sucedió con la partida de nuestro querido poeta”.

Autor de “Poemas” (1950); “La tierra colorada” (1958), Premio “Alerce” de la Sociedad de Escritores de Chile, siendo jurados Nicanor Parra, Juvencio Valle, Luis Oyarzún; “Cuerdas de lluvia” (1978); “Verbo de la tierra” (1981); “Tren del sur y otros poemas” (1989); “Musas a la cacerola” (1994); “Como si fuera un puente” (1999), su obra antológica.

Fue director de la revista “Vistazo”; director del suplemento cultural del diario “El siglo”; redactor del diario “Central” de Chillán y Jefe del departamento de prensa de la radio de la ex Universidad Técnica del Estado hasta 1973.

Estos últimos años se desempeñó como Secretario Técnico de la Sociedad de Escritores de Chile, y director de la revista de poesía “La Hoja Verde”, junto a su esposa Lavinia Lara, donde editó a cientos de vates de Chile y del mundo, en un esfuerzo por dar a conocer lo mejor de la producción poética de comienzos de siglo.


LA POESÍA DE JOSE ÁNGEL CUEVAS

<hr><u><h2>LA POESÍA DE JOSE ÁNGEL CUEVAS</u></h2> Por Aristóteles España

“1973”, es el título del nuevo libro del poeta José Ángel Cuevas (Santiago, 1945), editado por LOM ediciones. “1973”, a secas. Para el mundo chileno y latinoamericano ese año es fatídico. El golpe de estado en Chile y el exterminio de miles de militantes que habían hecho suyo el sueño de lograr mejores días para los desposeídos. Este texto de gran belleza y lleno de emoción nos traslada a los días del gobierno de la Unidad Popular, los deseos de llevar a cabo transformaciones en todos los ámbitos de la sociedad chilena. Hay voces de militantes desesperados, dirigentes aislados de la realidad, evocaciones al proletariado alemán, a la construcción de vanguardias que iban a llevar directamente al paraíso a todo un mundo que no lograba entender lo que estaba sucediendo. Seres mesiánicos que pensaron estaban iluminados para construir una sociedad sin clases, dice en un poema.

Sin duda, éste es un libro de la derrota, de sangre por las calles como en los versos de Neruda en la guerra civil española, de alucinaciones, de alcohol, bares, bohemia. El hablante que recorre este texto es como un peatón que deambula por los rincones de una urbe llena de locura y con la angustia de que sus mejores hermanos, están muertos o se auto exiliaron en su propio país, insertos en delirantes análisis para explicar lo sucedido. A su lado hay palomas, perros vagos, gatos en tejados llenos de telarañas, prostitutas, poetas que escriben poemas de amor y muerte. De repente este libro de José Ángel Cuevas nos recuerda el “Aullido” de Allen Ginsberg. No hay escapatoria para el lector. Por sus palabras fluye todo el dolor del mundo, tanques que arrasan la ciudad, sus edificios, dejaron sólo al Presidente, dice, hay perros malditos que nos les importa la poesía política. El poeta cuestiona desde la lírica a sectores de la izquierda chilena, los retornados nos dijeron que en la Urss y en el bloque del Este no existía el socialismo, relata. Para comprender mejor este poemario hay que decir que el autor siempre permaneció en Chile, y que el personaje que construye en este libro, en gran parte, es él; con toda la voluntad de quien no tuvo ayuda para sobrevivir en medio del horror imperante en los años dictatoriales.

En el poema 212 saluda a su generación que estuvo en el hospital psiquiátrico de Santiago, a sus cuerpos llenos de alcohol, drogas, miseria, a sus amigos estudiantes que salían de las prisiones con los dientes quebrados y sin uñas. Los obreros y campesinos ya no están unidos, afirma, los boleros no son los de antes, Allende está muerto y cada día los partidos lo olvidan más.

Esta es una poesía de la aniquilación, los hablantes que participan de esta experiencia tienen sus propias alucinaciones, son los desechos históricos de una “temporada en el infierno nacional”, dicen los editores.

José Ángel Cuevas ha publicado “Introducción a Santiago” (1981); “Adiós muchedumbres” (1989); “30 poemas del ex poeta” (1992); “Proyecto de país” (1994); “Poemas de la comisión liquidadora” (1997); “Diario de la ciudad ardiente” (1998); “Maxim” (2000).

Ha obtenido premios de Consejo Nacional del Libro; de la revista de libros del diario “El Mercurio”, de la Federación de Estudiantes de Chile. Sus obras han sido publicadas en revistas de América Latina y Europa. En la década del sesenta estudió Filosofía en el Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile


TERRITORIO CELESTE

<hr><h2><u>TERRITORIO CELESTE</h2></u>

LA POESÍA DE PABLO GUÌÑEZ



Por Aristóteles España

El autor de “Fundación de las Aguas”, (Ediciones del Grupo Fuego de la Poesía, 1973), uno de los principales libros de la poesía chilena contemporánea, acaba de editar “Territorio Celeste” (Ediciones del Concolorcorvo, Colección Papel de Poesía, Santiago, 2004).

Se trata de un espacio lleno de rituales y sueños donde la soledad es la principal protagonista, como en una película. El poeta recorre los ríos de Heráclito, “río lentísimo dentro de la flecha”, dice, para conversar con el “Cuerpo de Dios”. Es decir, poesía de la religiosidad vista desde el punto de vista de un hablante desesperado por conocer su destino. Juegan los rayos, la voz de los ángeles se deslizan por un cielo lleno de fantasmas, hay un coro de hombres y mujeres que cierra los ojos frente al cielo; es la sombra de Dios dicen los cánticos. Es un himno de gloria. La vida, la plenitud de un ser que ama sus temblores y su relación con la muerte. La idea es atrapar el tiempo, detener los instantes de magia.

Pablo Guíñez nos habla de días de piedra y de luna entre los árboles del rayo. Las paredes de sus círculos personales tiemblan en humos verdes, en territorios donde la religiosidad es un país sin fronteras. Por sus poemas atraviesan insectos, colibríes, pájaros de sus mundos de infancia, pétalos, árboles enormes que cobijan zorzales, jotes, toda la lluvia del sur de Chile.

El poeta nació a la vida literaria chilena en la década del 50 apadrinado nada menos que por Juvencio Valle y Nicomedes Guzmán. Este último dijo de su obra: “Pablo tiene un vigor conceptual único, ausencia de imágenes demasiado trabajadas, instinto lírico que trasciende en una expresión serena, transparente y cordial”. Juvencio Valle lo situó de inmediato entre los grandes de su generación junto a Jorge Teillier, Rolando Cárdenas y Enrique Lihn.

Otra de las particularidades de su propuesta lírica es el juego. En todos sus poemas se siente un aire de alegría por conversar con las palabras. Los adjetivos, los adverbios; todo está donde debe estar. La misma construcción de los escenarios del poema; es un artesano que conoce su oficio, lo domina, por lo tanto las lecturas de su vida aparecen nítidas y resplandecientes sin que se noten las influencias; al contrario, incorpora a su acervo, poesía nórdica, poesía lárica, pero sin el hálito teilleriano. Aparecen otras cosmogonías, otros refugios, otros pueblos perdidos, en otras latitudes.

Junto a Gonzalo Rojas y Neruda, es el único autor chileno que tiene uno de los mejores poemas a las piedras reales y metafísicas; las piedras rodeadas de hojas, de ancianas con ojos de pajaritos, piedras con cáscaras y manos que sostienen el aire del universo, dice en su poema “Transparencia”.

Pablo Guíñez nació en Lumaco en 1926. Pertenece a la Generación del 50, término creado por Pedro Lastra y que comprende autores nacidos a partir de 1925 a 1939. Estudió en el Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile y ha ejercido la docencia en la capital chilena. Autor de “Miraje solitario” (Santiago, 1952); “Ocho poemas para una ventana” (Santiago, 1956); “Afonía total” (Santiago, 1967); “Fundación de las Aguas” (Santiago, 1973); “Territorio Celeste” (Santiago, 2004). Fue fundador del Grupo Literario “La Fraternidad del Agua”, entre 1973 y 1973. Obtuvo el Premio de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Concepción en 1967 y ha sido un permanente animador de talleres de creación literaria en las universidades de su país y en la Sociedad de Escritores de Chile.


LOTA SOBRE LA TIERRA

<hr><h2><u>LOTA SOBRE LA TIERRA</h2></u>

(Un poema de fin de año)



Por Aristóteles España

Enero de 2005

Así se titula el último libro del poeta Reinaldo Lacámara, (Santiago, 1956) publicado por Ediciones Del Gallo. Se trata de un poema homenaje a los mineros de Lota, que fueron capaces de crear una cultura propia en medio de condiciones de trabajo deplorables e indignas. Este pueblo que hoy se recuerda como un espacio de esperanza y de luchas por la dignificación del trabajo, cuna de grandes movimientos sociales, permanece olvidado por cronistas y escritores chilenos. Sin embargo, es posible, verlo en páginas y revistas europeas como símbolo de la cultura del esfuerzo tan propia de los países subdesarrollados.

Reinaldo Lacámara, investiga en terreno, sueña en medio de las calles de ese campamento, comparte con los viejos mineros, trazando rutas invisibles a las cuales sólo llegan los verdaderos poetas.

José Santos González Vera, Nicomedes Guzmán, el mismo Pablo de Rocka, Francisco Coloane, y otros escritores trabajaron con la realidad, en el barro que emana de sus fauces, aunque ésta les escamoteara la vida y salieran sangrando de narices de los grandes episodios de la vida nacional. Las aventuras secretas de los conventillos, de las plazas de provincia, de pueblos olvidados, cobran vida cuando un autor se compromete con su historia y con sus sueños, ya sean éstos de futuro, o de hecatombes.

Dice el poeta: “El carbón vino del fondo de la tierra / fue una corriente insostenible / más tarde, quedó hecha estría geológica / se hizo vena del planeta”.

En este libro, en el fondo húmedo de sus versos, repletos de sal y sonidos de locomotoras, de paredes de agua, de sudor, de olvido, el escritor logra atrapar el tiempo, como en “Sewell” de Baltazar Castro; “Subterra”, de Baldomero Lillo; “Chuquicamata, imágenes en poesía”, de Héctor Lagos. Detener para la eternidad los instantes de esplendor de los mundos olvidados, ajenos al progreso y al conocimiento, donde sólo importó la explotación del hombre por el hombre para enriquecer a compañías extranjeras que finalmente terminaron por alejarse para siempre de estos lugares inhóspitos para su sed de riqueza.

Personajes como Luis Cunahuel, Pedro Ñeuquil, Juan Lámpara, cobran vida en medio de los rieles, de los piques, del cielo de Lota, de las noches llenas gases tóxicos, de las manos llenas de fuego y sangre.

El poeta se compromete con los mineros olvidados, con sus recuerdos, con un mundo que ya no existe pero que fue parte de los mejor de nuestras tradiciones culturales e históricas. Este largo poema épico quedará en la historia de nuestra poesía como un aporte al rescate de las luchas del mundo de los oprimidos en un tiempo como el actual donde los vates están ensimismados con la palabra pero no con la emoción.

Reinaldo Lacámara
fue parte del grupo fundador del Colectivo de Escritores Jóvenes de Chile en 1982. Autor de “Huellas urbanas” (1989); “Pasajes de otro año” (1997); Su poesía está editada en cassette y discos compactos bajo de el título de “Un giro, todo un mundo” (1992). En la actualidad integra el directorio y el comité ejecutivo de la Fundación Delia Del Carril, y es director de Arte de la Casa Michoacán de Los Guindos, en Santiago.

En la década del 70 estudió Ingeniería Electrónica en la Universidad Católica de Valparaíso.