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MIRANDO AL SUR - augusto alvarado


ROLANDO CÁRDENAS VIENE VOLANDO

<HR><H1><U>ROLANDO CÁRDENAS VIENE VOLANDO</h1></u>

Por Aristóteles España
Desde Punta Arenas – XII Región - Chile

Con los poetas Pavel Oyarzún y Marcela Baratelli, parafraseábamos el célebre verso de Neruda dedicado a Alberto Rojas Jiménez ese domingo 30 de octubre al mediodía, en el aeropuerto “Carlos Ibáñez del Campo”, de Punta Arenas. Rolando Cárdenas, (Punta Arenas, 1933), uno de los grandes vates chilenos contemporáneos venía para quedarse definitivamente en su tierra natal. El ánfora con sus cenizas lo traían Reynaldo Lacámara, Secretario General de la Sociedad de Escritores de Chile y Dinko Pavlov, Presidente de la SECH local.


Sus restos estaban desde el 17 de octubre del año 1990 en el cementerio general de la capital chilena, abandonados a su suerte, sin visitas, rumiando al olvido. Gestiones de sus compañeros escritores de la patagonia permitían este retorno que él siempre anheló para cuando deje de estar en este mundo.

El avión aterrizaba en el sur del planeta y sus poemas sobre las aves ateridas en el último confín de la tierra, la soledad y la neblina que juegan en sus versos se transformaban en extrañas premoniciones. Lo esperaban su hermana Clorinda, su cuñado Enrique, su sobrina Gobernadora de Magallanes, Ana María Díaz, su sobrino Héctor, Miguel Palma, Director Regional de Cultura, en representación del Intendente y el Alcalde, parientes, amigos, niños que bailaron tres pies de cueca, mientras el cielo se vestía de rojo y amarillo en su honor. De fondo, un perro lanzaba gemidos en las sombras como en su poema “Noches de mi ciudad” y los fantasmas que lo invaden en el texto que dedica a Jorge Teillier empiezan a deambular en el viento patagónico. Los Grandes Láricos chilenos se reúnen en el más allá. Jorge le dice al día siguiente de su muerte: “Espérame, Rolando, haz dado la señal”. A lo lejos, se divisa Tierra del Fuego, la tierra magallánica dispersa y el mar misterioso que Rolando cantó en sus versos llenos de nieve.

En Santiago había sido despedido en La Unión Chica y la Sech por su amigos Ramón Díaz Eterovic, Roberto Araya, Ronnie Muñoz, Alvaro Ruiz, Juan Guzmán. También, desde sus hogares de la capital, le dijeron adiós Jorge Babarovic y Ernesto Aguila, sus grandes amigos puntarenenses y compañeros generacionales.

Después de los saludos de rigor en el recinto aéreo, con discursos y homenajes, el ánfora, con permiso de su hermana, fue custodiada por los poetas de la ciudad en un misterioso lugar de calle Chiloé, antes de iniciar un periplo por bares y centros nocturnos que el escritor visitaba en sus viajes al lar. Era el gran homenaje de sus pares, único en Chile y poco frecuente en el mundo cultural: llevar el ánfora para cumplir los ritos dionisíacos y leer sus poemas a los parroquianos.

La gira se inició en el bar “Sargento Aldea”, continúo en “La Sociedad de Empleados” y en “El Zurich”. Los integrantes de esta cita histórica fueron Reynaldo Lacámara, Dinko Pavlov, Pavel Oyarzún, Marcela Baratelli, Margarita Navarro, Fernanda Hernández, Oscar Barrientos, Víctor Hernández, Enrique Ojeda (cuñado de Rolando), Guillermo Toro, Marco Quiroz, Guillermo Carvajal, Aristóteles España.

En cada lugar se leían sus textos y los contertulios, emocionados, recitaban viejos poemas de José Martí, Federico García Lorca, Pablo Neruda. Alguien cantó un tango, mientras la música inundaba el aire de magia. Fue el ensayista Jaime Valdivieso quien dijo que “Cárdenas construye un mundo fantasmagórico en el cual el poeta es soberano y esclavo a la vez: soberano en la evasión; esclavo frente a una realidad cruel, degradada y brutal que no puede eludir. Afortunadamente, el poeta lárico, niño y anciano al mismo tiempo, siempre derrota a la realidad con la creación de un universo paralelo más fuerte e indestructible que el mundo cotidiano y banal”.

Reynaldo Lacámara pedía vino tinto con su brazo enyesado, Pavel recordaba el día en que leyó por vez primera al Chico Cárdenas, la Marcela fotografiaba hasta los vasos de vino con su máquina digital, Víctor Hernández brindaba con el ánfora que estaba en la mitad de la mesa de todos los lugares que frecuentamos, Dinko vigilaba el cofre con las cenizas del poeta, como quien cuida un tesoro, Oscar Barrientos hablaba de literatura y mujeres, Enrique Ojeda decía que este homenaje será recordado por siempre, Marco Quiroz movía sus manos como un jugador de tenis, Margarita Navarro construía un mundo interior con las luces de los bares a medianoche, Fernanda Hernández se acordaba de un extraño duende llamado Serafín y de poemas de Rolando.

Era el regreso de un poeta inolvidable como dijo en alguna crónica el novelista Juan Mihovilovich. Por nuestra parte, nos acordábamos del cuento de Francisco Coloane, “Cinco marineros y un ataúd verde”, cuando un grupo de marinos deja abandonado el ataúd con el cadáver de un colega en las cercanías de un bar de Punta Arenas, y del célebre relato del escritor brasileño Jorge Amado “A Morte e a Morte de Quincas Berro de Agua”, en el cual, según la critica, se anticipa al realismo mágico en 1961 y que narra la historia de un grupo de amigos poetas que pasean de bar en bar a un muerto de verdad y que los contertulios confunden con un ebrio en estado calamitoso.

Sin embargo, Rolando vivía en el ánfora y colocábamos siempre un vaso de vino tinto en la parte de arriba para que compartiera con nosotros ese viaje al País de Nunca Jamás.

Al finalizar la primera parte del periplo y ahora rumbo a lugares nonc santos, como dijo alguien, quedamos Dinko, Pavel, Oscar, Reynaldo y el suscrito. Nuestro destino: “El Jaco”s Bar”, un famoso local frecuentado por personajes locales de todo ámbito. Allí fuimos recibidos por la Barwoman Adelita y sus amigas Alexandra, Carola, Jacqueline. La anfitriona pidió silencio al público presente y junto a Dinko leímos poemas de Rolando Cárdenas Vera como si hubiéramos estado en el Madison Square Garden de Nueva York. Aplausos, saludos, todas las mujeres fueran a tocar el ánfora para que les diera energía y desearle suerte al poeta en su viaje a la eternidad.

Al día siguiente, la despedida final en El Columbario del cementerio de Punta Arenas, discursos de los invitados y la lectura de un valioso ensayo sobre la poesía del vate, a cargo de René “Popeye” Cárdenas, compañero de juventud y militancia política en el Partido Comunista. Por la noche, la Gala en el Teatro Municipal bajo la dirección de Luis Vidal. Teatro, danza, poesía, un ballet folclórico, el Grupo Hoshken, un diaporama sobre su vida, lectura de poetas de la región austral. Un espectáculo digno de una capital latinoamericana frente al Estrecho de Magallanes. Y por la noche, una gran tertulia literaria en el Hotel Hain. Canciones de Diego Concha, la animación de Jeannette Antonin, himnos de gloria y júbilo de parte de Dinko, lecturas de Arturo Mansilla y del poeta argentino Julio Leite.

Rolando Cárdenas, el fundador de la Patagonia como espacio poético descansa para siempre en su patria chica. Que nunca falten flores en el Columbario. Una calle lleva su nombre en el Barrio Norte de la ciudad de nieve. “A pesar de su estatura de niño –dijo Jaime Gómez Rogers- de sus piernas arqueadas como un cowboy, y de su nariz evidentemente desviada, se sentía buen mozo y se lo hacía saber a todas las mujeres”. Con su aire de caballero antiguo y su aristocrático ademán en los modales, lo recordaremos para siempre. Adiós hermano, descansa en paz.


LA PLUMA DE UN MAESTRO

<hr><h1><u>LA PLUMA DE UN MAESTRO</h1></u>

Por Jorge Abelardo Ramos
“Advertencia” para una nueva edición de su libro “Las masas y las lanzas”, Buenos Aires, Octubre de 1981.
 

He pensado y escrito este libro muchas veces. Cada vez imaginaba que sería leído ávidamente por algún argentino muy joven, atraído hacia la búsqueda de la historia patria por la marea y contra marea del turbio presente. Siempre ocurre así: es el presente, con su borroso perfil, su confusión, propia de lo inacabado y de lo que está naciendo, el mayor impulso que recibe la generación nueva para indagar el pasado y explicar su propio destino en el mundo que descubre ante sus ojos.

Perseguido por esa obsesión me propuse exhibir ante ese supuesto lector, mi contemporáneo, en orden coherente, la multitud de hechos no escritos o maliciosamente interpretados por la historia oficial, aquella tediosa historia que se reza en escuelas y universidades. Aunque extraje los hechos de los papeles y libros antaño publicados, el olvido de las generaciones y la censura oligárquica habían filtrado sutilmente tales documentos hasta volverlos poco menos que inéditos.
 

En Las masas y las lanzas relato la aventura de los argentinos en el período comprendido entre la hispanoamericana Revolución de Mayo y la dictadura porteña del general Mitre. Son los años del famoso y mal comprendido San Martín –revolucionario, conspirador, camarada de armas de Bolívar-, ni varón casto, ni jubilado europeo, siempre calumniado, siempre sigiloso, en lucha infatigable por la independencia y unidad del continente-Nación. Son los años de Artigas, el caudillo rioplatense, proteccionista y unificador, padre político de Andresito, el indio misionero y encarnación de la esperanza de los últimos indios guaraníes. Son los años de la rebelión gauchesca en la guerra civil contra los patrones de la Aduana de Buenos Aires, importadores de la pacotilla inglesa que destruía la industria argentina del Interior productivo.
 

Explico en este volumen el significado del gran conflicto entre el Puerto y las Provincias que se extiende por décadas, así como la patraña del dilema entre “Civilización” y “Barbarie” que aún hoy justifica el desdén de Buenos Aires por los criollos de las patrias de provincia. Juan Manuel de Rosas, el dictador de Buenos Aires, es descripto en su complejidad de estanciero y político y, aunque jamás soltó la Aduana nacional de su mano, no se olvida que enfrentó a franceses e ingleses en el Paraná.


En las últimas páginas asoma su barba bíblica el soldado federal José Hernández. El genio poético del autor del Martín Fierro anonadó a los cultos doctores de la época y sus labios infundieron inmortalidad al desconocido hijo de la pampa. El volumen se cierra con la figura venerable del Chacho Peñaloza. Caudillo de los Llanos riojanos, fue degollado por orden del pedagogo Sarmiento, su cabeza clavada en una pica y expuesta al horror público en una plaza de Olta. Pero ni el Chacho moriría del todo, ni Sarmiento era solamente un degollador. El autor se propuso entrelazar la historia personal de héroes y villanos y recortar sus figuras sobre la trama estructural de los intereses económicos y regionales de las clases sociales y poderes mundiales de la época. Para nacer, las Provincias Unidas del Río de la Plata tuvieron que deshacerse del viejo imperio español, sólo para encontrarse con los Imperios anglosajones en la boca del gran río, con sus dientes filosos, su diplomacia y hasta su literatura. Aquí se cuenta lo que ocurrió.


CHILE - PERÚ

<hr><h1><u>CHILE - PERÚ</h1></u>

UN DOBLE DISCURSO

 

 Estación Cuzco, desde donde salen los trenes al Macchu Picchu, año 1997. Foto Sergio L. Klimovsky

Columna de Juan Pablo Cárdenas

Director Radio Universidad de Chile
Publicado el 11-11-2005 8:32:26

Mientras disputamos algunos kilómetros de “soberanía” al norte o al sur de una imaginaria raya en el agua, vigilamos celosamente hitos fronterizos en cumbres y soledades inaccesibles, permitimos que se extraigan millones de toneladas de cobre, oro y plata y se vacíe nuestro Océano de peces y mariscos que podrían mitigar el hambre y la desnutrición de casi la mitad de los latinoamericanos.  

El diferendo limítrofe con el Perú  ha servido para comprobar lo arraigadas que todavía están en nuestras culturas los  “patrioterismos” extremos. Se proclama que estamos en un mundo globalizado, se habla de la imperiosa necesidad de acceder a los mercados mundiales, pero no estamos mínimamente disponibles para integrar nuestras vastedades territoriales y marítimas al goce común de nuestros pueblos. Porque la verdad es que somos apenas unos cuantos millones de seres humanos en la inmensidad y riqueza de nuestros recursos minerales, agrícolas y pesqueros inexplotados o cedidos a dominio de las empresas transnacionales. Entidades para las cuales no rigen demarcaciones algunas a su voracidad y desprecio por la protección de nuestro medio ambiente natural.

 Mientras disputamos algunos kilómetros de “soberanía” al norte o al sur de una imaginaria raya en el agua, vigilamos celosamente hitos fronterizos en cumbres y soledades inaccesibles, permitimos que se extraigan millones de toneladas de cobre, oro y plata y se vacíe nuestro Océano de peces y mariscos que podrían mitigar el hambre y la desnutrición de casi la mitad de los latinoamericanos. Ni un centímetro de costa para que Bolivia supere su mediterraneidad e histórico afán de recuperar simbólicamente lo que perdió en aquella guerra fratricida, al mismo tiempo que el mar de Antofagasta es agredido por un derrame petrolero que una compañía completamente foránea ocasiona a su flora y fauna, la fuente de trabajo de sus pesqueros artesanales y la actividad turística. Fronteras artificiales que incluso han sido sembradas de minas antipersonales para que maten o mutilen a quienes las traspasen en aquel inmenso y bello desierto que, por supuesto, no sabe de tratados internacionales y convenciones impuestas únicamente por la superioridad militar y la destreza de los burócratas internacionales. Como si el agua, el gas natural y otros inmensos recursos del suelo y del subsuelo estuvieran asignados  a nuestros absurdos y particulares gentilicios. Témpanos ancestrales que pueden ser ofrendados a precio vil a proyectos ecocidas (como Pascualama), mientras nos negamos chilenos, bolivianos, peruanos y argentinos a la posibilidad de ampliar TODOS nuestras fronteras de la cooperación y el progreso.

Políticos irresponsables de aquí y de allá que presumen de estadistas, de modernizadores, ¡hasta de izquierdistas!  Y que, sin embargo, no son capaces de ver más allá de la frontera de sus ambiciones personales, de su afán de seguir vigentes con el apoyo de aquel chovinismo  tan directamente proporcional a la existencia de poblaciones pobres, incultas e incivilizadas. De estos millones de despojados y marginados física o culturalmente que, sin embargo, se complacen en sentir dominio intangible sobre extensiones que nunca alcanzarán a ver, imaginar, ni disfrutar. Presidentes, parlamentarios y medios de comunicación que ven en el conflicto la posibilidad de distraer la conciencia de sus pueblos hartos de privaciones y segregación. La oportunidad de ser nuevamente regaloneados por los traficantes de armas y satisfacer la sed belicista de sus ejércitos que de tanto esperar más charreteras, las emprenden periódicamente contra sus propias naciones y estados de derecho.

Es triste observar la cantidad de millones de chilenos y peruanos que en estos días sacan cuentas de lo que “nos pertenece” y de lo que podríamos ganar en la eventualidad de un conflicto desquiciado. 

La guerra es muy improbable, sin embargo, lo que ya ha sucedido redundará en nuevas desconfianzas, en la justificación de las siguientes y millonarias adquisiciones de armas, en la postergación de proyectos que nos encaminen a cumplir esa visionaria promesa de Bolívar, San Martín y el propio O’Higgins, quien justamente escogiera a Perú como la tierra de su asilo y para vivir sus últimos años de vida.

Una América Latina enmarcada por las fronteras comunes de su identidad y geografía. Empeñada en la inversión y explotación común de nuestras complementarias y todavía insondables riquezas. Dispuesta a fundar dignidad en el éxito y la felicidad de sus pueblos. Donde la justicia social se imponga como la única soberana de nuestro presente y porvenir. Cuyos dirigentes aprendan del avance de otros continentes como Europa que, en la babel histórica de sus odios, culturas y lenguas, funda ahora su convivencia y progreso en la unidad y cooperación.

 

 


MICHELLE BACHELET

<h1><hr><u>MICHELLE BACHELET </h1></u>

CARTA A LA
COMUNIDAD CHILENA EN EL EXTERIOR

Amigas y amigos,

El mes de septiembre pasado se inició con buenas noticias para nuestros compatriotas en el exterior. Previamente, el 26 de agosto, se publicaron las reformas por las cuales la Concertación ha luchado desde 1990 y que hacen de Chile un país más democrático, dejando en el pasado las ataduras del régimen militar. Y en virtud de esas reformas, nuestros ciudadanos tendrán la nacionalidad chilena sin necesidad de avecindarse en Chile y quienes adopten o hayan adoptado otra nacionalidad, podrán seguir siendo chilenos. 

Como madre de tres hijos, el primero de los cuales –Sebastián –­ nació en el exilio, compartí el sentimiento de amargura de muchas madres y padres chilenos cuyos hijos se habían visto obligados hasta ahora, a ser apátridas por el solo hecho de haber nacido fuera de nuestro país. Con estas reformas, se incorpora a nuestro ordenamiento jurídico el principio del ius sanguinis, lo que significa que todo hijo o hija de padre o madre chilena, independientemente del lugar del mundo en que nazca, tendrá nuestra nacionalidad y formará parte de nuestra comunidad nacional.  Comparto con ustedes que se trata sin duda de un avance notable respecto a la situación de flagrante discriminación en que habían estado hasta ahora nuestros hijos nacidos en el exterior. Asimismo, los compatriotas que, por diferentes razones, han tenido que adoptar otra nacionalidad, seguirán siendo reconocidos como chilenos por nuestro Estado, a no ser que renuncien expresamente a serlo.

Sin duda, la reforma deja aún temas pendientes para alcanzar la completa igualdad entre nuestros ciudadanos de la XIV Región y los de las otras trece regiones del país, y por ello seguiremos trabajando.
Otra buena noticia es la reciente publicación del Registro de Chilenos en el Exterior, según cuyas estimaciones son más de 850.000 los compatriotas que por una u otra razón han emigrado a otras tierras y hacia los cuales, sin duda, debemos tener una política de integración y acogida en todos los ámbitos.
 

De mis conversaciones con algunos de estos compatriotas radicados en los más diversos lugares del mundo, he recogido la sentida y legítima aspiración que tienen de participar activamente en el quehacer nacional y en el desarrollo del país, a través del sufragio. En concordancia con las nuevas condiciones de un mundo cada vez más globalizado y con el derecho que la Constitución otorga a todos los chilenos y chilenas mayores de 18 años, considero fundamental que sigamos trabajando para adecuar la legislación electoral vigente de forma tal que los y las compatriotas que viven fuera de nuestras fronteras puedan ejercer el derecho a voto, tanto para elegir a sus representantes como para participar en los plebiscitos. Afortunadamente, como han informado ampliamente los medios de prensa, también este tema se está abriendo camino rápidamente en la sociedad chilena, al calor del debate suscitado por la moción presentada por la diputada Isabel Allende que reforma la Ley de Votaciones Populares y Escrutinios, posibilitando la inscripción en los registros electorales y la votación de las chilenas y chilenos en el país donde residen. Esta moción ya cuenta con el patrocinio del Ejecutivo y han emergido voces de apoyo desde sectores que hasta aquí se habían opuesto sistemáticamente a este derecho, abriéndose con ello posibilidades de legislar sobre esta materia en este período. Por cierto, mantengo mi compromiso de siempre con esta justa aspiración y, de no ser aprobado el proyecto en este gobierno, me comprometo a patrocinarlo, cuando asuma la Presidencia de la República.

Así caminaremos hacia una sociedad más justa, plural, diversa e integradora, donde todas las mujeres y hombres de nuestra patria, estén dentro o fuera de nuestras fronteras geográficas, puedan expresar de manera libre y democrática sus anhelos y sueños para la construcción de un país mejor.
Aspiro a que en el próximo gobierno de la Concertación, ustedes puedan seguir aportando al país desde sus saberes y sentires adquiridos en la diversidad de sociedades en las que les ha tocado vivir. Esa riqueza cultural y social, con visiones distintas dentro de un mundo globalizado, son un aporte sustantivo para nuestro desarrollo como nación. 

Es por ello que me comprometo a impulsar en mi gobierno una política de Estado en esta materia que responda a los siguientes principios:

El respeto irrestricto de los derechos humanos –civiles, laborales y culturales– de las y los inmigrantes, lo que, en cuanto compete al Estado de Chile, importa la ratificación y promulgación de toda la normativa internacional que proteja tales derechos.

El impulso, desde el Estado, de una cultura de respeto, tolerancia, acogida y solidaridad a los inmigrantes y sus familias, así como a las chilenas y chilenos que retornan a su patria, fundada en los principios de igualdad y no discriminación, mediante la creación de condiciones institucionales y comunicacionales que favorezcan su integración y comprometan al conjunto de la sociedad civil.

 La promoción de la asociatividad, para mejorar la interlocución de los inmigrantes y de las chilenos y chilenos residentes en el exterior con el Estado de Chile, asegurar el carácter participativo de la generación e implementación de las políticas e iniciativas relacionadas con las y los inmigrantes y estimular el fortalecimiento de las identidades y culturas nacionales de unos y otros, en un marco de aceptación de la diversidad.

La suscripción de nuevos acuerdos bilaterales en materia de nacionalidad, revalidación de estudios y ejercicio profesional, salud, continuidad de la previsión social, seguridad en el traspaso de remesas, etc. 

La creación de una institucionalidad estatal adecuada, que garantice la efectiva implementación de esta política de Estado en materia de migraciones, basada en los principios señalados precedentemente y que promueva la incorporación de la sociedad civil.

Junto al perfeccionamiento de las normas sobre nacionalidad, la implementación del derecho a voto y a la ampliación de convenios en materia de salud, educación y previsión, a los que nos hemos referido, perseveraremos en la política de coordinar todos los esfuerzos gubernamentales tendientes a facilitar los trámites de nuestros compatriotas con los diversos ámbitos de la institucionalidad estatal chilena. Particular atención merecen los casos de exonerados, ex presos políticos y torturados e hijos de ejecutados y detenidos desaparecidos que, por encontrarse en el extranjero, han tenido dificultades para acogerse a los beneficios otorgados por las leyes de reparación que han dictado nuestros gobiernos.

En conclusión, entiendo el reconocimiento de todos vuestros derechos como fundamental, pues garantiza la plena participación en un régimen democrático. Tengo la certeza que constituye una aspiración de la más alta significación para todos nosotros.

Yo, al igual que ustedes, también he sabido de penas y alegrías cuando se vive fuera de la patria. Y también al igual que ustedes, he estado fuera de Chile por muy diferentes razones: siendo niña, por traslado familiar; siendo joven, a consecuencia de la dictadura, y ya adulta, por perfeccionamiento profesional.

Por eso he querido compartir estos sentimientos y propuestas. Entiendo que el solo hecho de pensar que nuestra tierra, desde la lejanía, nos espera y nos acoge, es una alegría y una esperanza para la gran familia chilena en el exterior.

Los invito a construir juntos un sendero de continuidad entre el Chile de adentro y el Chile más allá de nuestras fronteras. Porque efectivamente Chile somos todos.

Reciban un caluroso abrazo,
                                              
MICHELLE BACHELET
Santiago de Chile, Octubre, 2005


OBJETOS PERDIDOS

<hr><h1><u>OBJETOS PERDIDOS</h1></u>

Por Eduardo Galeano
Brecha – Montevideo – Uruguay
www.brecha.com.uy

La noche del Día de Muertos, en noviembre de 2005, Helena Villagra y yo tuvimos que pasar, en tránsito, por el aeropuerto de Miami.
Veníamos de Honduras, El Salvador y México. A la salida del aeropuerto de México, nuestras cuatro maletas fueron cuidadosamente revisadas, ante nuestros ojos, por manos enguantadas que las hurgaron hasta el último rinconcito y las despacharon a Montevideo.

Todo bien, pero la cosa no terminaba ahí. A continuación, nos tocaba el cambio de avión en Miami. Allí estuvimos unos cuarenta minutos, que raspando alcanzaron para cumplir con el calvario de las colas, los formularios, las preguntas, las impresiones digitales, las fotos y el strip-tease previo al embarque.

Horas después, al fin del viaje, descubrimos que dos de nuestras maletas habían sido violadas.

De una, había desaparecido el candado. En la otra, había sido roto el cierre de seguridad. Adentro encontramos, a Bush gracias, una explicación. La violación había ocurrido en Miami. “Objetos prohibidos”: ése era el asunto. Dentro de cada valija había un impreso de la Administración de Seguridad en el Transporte de Estados Unidos, que nos decía: “Su maleta ha sido elegida para la inspección física. Durante la inspección, la maleta y su contenido pueden haber sido revisados en busca de objetos prohibidos”. Y tenía la gentileza de agradecer: “Apreciamos su comprensión y cooperación”.*

Helena tiene la afortunada o desgraciada costumbre de ver la realidad antes de que ocurra. La ve mientras duerme. Dormida la vio, poco antes de que nuestras maletas sufrieran este ataque de la curiosidad oficial. Nos vio en un aeropuerto, haciendo fila, obligados a pasar, a través de una máquina, nuestras almohadas. La máquina leía, en las almohadas, los sueños que habíamos soñado. Era una máquina detectora de sueños peligrosos para el orden público.

¿Qué encontraron los agentes de seguridad que abrieron nuestras maletas? Me temo que no resultaron sospechosas por lo que llevaban, sino por lo que no llevaban. Las maletas no tenían armas de destrucción masiva. Por eso merecían ser invadidas. Como Irak.

Y para colmo, ahí adentro no había ni un solo objeto de esos que no sólo no están prohibidos, sino que son recomendables, y hasta imprescindibles, en la cartera de la dama y en el bolsillo del caballero:

• Había muchos libros, pero entre ellos no figuraba la colección completa de los discursos del presidente del planeta, que desde sus primeras piezas oratorias en Texas se ha destacado por su fina prosa, su fervor místico, su transparente honestidad y su involuntario sentido del humor.

• Los agentes no encontraron, entre nuestros papeles, ningún contrato de trabajo al estilo de la empresa WalMart, modelo universal del éxito, que prohíbe los sindicatos y otras molestias enemigas de la productividad obrera.

• No encontraron ningún documento de los sabios expertos internacionales capaces de demostrar que hasta la lluvia debe ser privatizada, como ocurrió en Bolivia hasta que el pueblo la desprivatizó.

• No llevábamos ningún tratado de libre comercio, de esos que dicta el todopoderoso país que jamás ha practicado ni practica semejante cosa.

• Tampoco llevábamos picanas eléctricas, ni otros instrumentos de tortura necesarios para los interrogatorios que ese país sí ha practicado, y practica, para promover la libertad de expresión.

• En nuestras valijas no había bandejas de Mc Donald’s ni de Burger King, ni de ninguna otra empresa consagrada a la noble misión de luchar contra el hambre multiplicando a los gordos.

• Tampoco había ningún automóvil, lo que sin duda tiene que haber llamado la atención en un país donde hasta los bebés tienen permiso de conducir y desde que nacen pueden pudrir la atmósfera sin que les suene para nada la palabra Kyoto.

• Resultaba también reveladora la ausencia de semillas transgénicas, de esas que están convirtiendo a los campesinos del mundo en felices funcionarios de la empresa Monsanto.

Y no menos reveladora era la ausencia de la prensa transgénica, cuyos transgénicos periodistas llaman catástrofes naturales a los cotidianos actos terroristas de la sociedad de consumo.

Nosotros veníamos corridos por los huracanes. Habíamos estado en algunos de los países más golpeados por estas locuras, ciclones, sequías, inundaciones, cada vez más frecuentes y más feroces.

¿Qué tienen de naturales estas catástrofes matapobres? ¿Tan perversa es la naturaleza? ¿Loca de nacimiento? ¿Perversa y loca? ¿O estamos confundiendo al verdugo con la víctima? ¿Es la naturaleza la que envenena el aire, intoxica el agua, arrasa los bosques y envía el clima al manicomio?

En Honduras visitamos las ruinas de Copán. Éste fue uno de los reinos mayas misteriosamente derrumbados seis siglos antes de la conquista española. O no tan misteriosamente: los investigadores tienden a creer, con creciente fundamento, que esos fueron desastres ecológicos. En el caso de Copán, al menos, está claro que los bosques se habían reducido a desiertos que daban piedras en lugar de maíz. ¿No se está repitiendo esa historia? Sólo en Honduras, el exterminio avanza a un ritmo de 75 mil árboles por día, según denuncia el sacerdote Andrés Tamayo, que vive al servicio del cielo y de la tierra. En las Américas, y en muchos otros parajes del mundo, los bosques naturales, verdes fiestas de la diversidad, están siendo brutalmente reducidos a la nada o convertidos en pasturas de ganado o en falsos bosques industriales que resecan la tierra. ¿No podemos mirarnos en el espejo de los tiempos pasados? ¿Será la memoria un objeto prohibido?

El desastre del ciclón Stan en Chiapas se hubiera reducido a la mitad, afirman los entendidos, si esa región estuviera todavía defendida por sus bosques. En Cancún, donde Wilma no dejó nada en pie y vació de arena las playas, los inmensos hotelones del negocio turístico habían aniquilado las dunas y los manglares que protegían esas costas.

¿Y los otros huracanes? Esas imparables ventoleras que arrastran gentíos desesperados desde el Sur hacia el Norte, ¿son catástrofes naturales? En Tegucigalpa, en San Salvador, en Oaxaca, vimos largas filas de mujeres descalzas, cargadas de niños, venidas de aldeas lejanas, ante las casas de cambio. Ellas esperaban el dinero enviado, desde Estados Unidos, por el marido, el hermano o el hijo.

Las desgracias se disfrazan de fatalidades del destino y dicen ser naturales. ¿Es natural que un país condene a sus hijos más pobres a jugarse la vida y a perseguir la esperanza al precio de la humillación y el desarraigo?

En toda América Latina, los filántropos del Fondo Monetario y del Banco Mundial han multiplicado las exportaciones… de carne humana.

¿Emigrantes o expulsados? Muchos de los idos, los llamados “mojados”, caen en el camino, por sed o por bala, o regresan mutilados a sus pueblitos de origen. Los que sobreviven y llegan al prometido paraíso se desloman trabajando en lo que sea y como sea, día y noche, para que sobrevivan, allá lejos, en el país que los expulsó, sus familias despojadas de tierra y de comida.

Dura odisea.

Ellos también son objetos prohibidos.

* Transportation Security Administration: “Your bag was among those selected for physical inspection. During the inspection, your bag and its contents may have been searched for prohibited items. We appreciate your understanding and cooperation”.


BOLIVIA

<hr><h1><u>BOLIVIA</h1></u>

OMISIÓN EN LA CUMBRE

Por Andrés Soliz Rada
La Paz – Bolivia

El documento de la tercera cumbre de los pueblos de América, suscrito el 4-XI-05 en Mar del Plata, Argentina, paralelo a la reunión de presidentes del continente, resume las respuestas a la opresión imperial. En ese sentido, rechaza al Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), la deuda externa, el terrorismo de Estado, la detención política de ciudadanos cubanos en EEUU y la protección de Bush al terrorista Posada Carriles, defiende los derechos humanos, la integración Latinoamérica, una mejor distribución de la riqueza y seguridad hemisférica frente al neoliberalismo genocida.


Como todo en la vida es perfectible, el analista Enrique Oliva, en “Rebanadas de la Realidad”, del 8-XI-05 (distribuido por Internet), indica que la declaración debió exigir también el retiro de enclaves coloniales en las Malvinas, en las Guayanas y en islas del Caribe, convertidas en paraísos financieros. Admite, sin embargo, que el tema Malvinas fue subsanado en el vigoroso discurso del Presidente Hugo Chávez, quien concluyó vitoreando a las Malvinas argentinas.

Desde nuestro punto de vista, el documento de Mar del Plata debió denunciar, además, los desembozados intentos de desmembrar a Bolivia, en beneficio de las petroleras. En momentos en que concluía el evento contestatario, el ex canciller boliviano, Juan Ignacio Siles del Valle, revelaba que Chile promovió una invasión armada en Bolivia, el 24 de junio de 2004. Ese día se produjo la renuncia del Jefe de Estado, Carlos Mesa, quien dejó el cargo al Presidente de la Corte Suprema. Eduardo Rodríguez Veltzé. La sugerencia fue presentada por José Miguel Insulza, delegado de Santiago ante la asamblea de la Organización de Estados Americanos (OEA), razón por la que Bolivia, explicó Siles, no apoyó su designación como secretario general de ese organismo. (“El Diario”, de La Paz, 5-X-05).

Insulza, según Siles, explicó que no estaba pidiendo la intervención de “cascos azules”, de las Naciones Unidas, sino una incursión internacional, basada en el artículo 20 de la “Carta Democrática” de la OEA, que justifica esa acción en caso de riesgo para la democracia en la región. Añadió que, felizmente, ningún país respaldo esa moción. En la misma publicación, otro ex canciller boliviano, Javier Murillo de la Rocha, acusa a Insulza de actuar “como un vulgar invasor”.

El analista Juan Ramón Quintana recordó que Chile se ha convertido en el aliado estratégico de EEUU en la región, que gastó, en los últimos años, más de 8.000 millones de dólares en armamentos, con lo que rompió el equilibrio militar en la zona, que envió tropas a Haití, vendió armas a Ecuador y permitió que su territorio sea utilizado por Inglaterra en la guerra con Argentina (“La Prensa”, 7-XI-05). Las transnacionales asentadas en Chile necesitan las reservas bolivianas de gas y agua dulce y han logrado que importantes empresarios chilenos se asocien a oligarcas de Santa Cruz, en rubros importantes como la Banca y la agroindustria.

Los acosos a la integridad de Bolivia no tienen pausa. Esa oligarquía, que deseaba designar un gobernador para Santa Cruz, impuso, mediante la manipulación de los grandes medios de comunicación masiva, la elección de prefectos desvinculados del Estado nacional, a realizarse en próximas semanas. El presidente de sus industriales, Gabriel Dabdoub, demandó la inmediata venta de gas a Chile, en lugar de que esta materia prima sea utilizada como elemento de negociación de Bolivia para recuperar su salida marítima y en contra de lo decidido por un referéndum nacional.

Esa oligarquía acoge en su seno a las petroleras que urgen las ventas de gas a sus filiales asentadas en Argentina y Brasil, vetando la industrialización interna el gas. Ya circulan libros pidiendo la “independencia” de Santa Cruz. En forma previa, el Ministro de Defensa argentino, Jorge Pampuro, declaró que Bolivia ya está libanizada. El prófugo Gonzalo Sánchez de Lozada (GSL) pronosticó que Bolivia será invadida como Afganistán. Mark Falcoff, asesor de Dick Cheney, aseguró que Bolivia será “borrada del mapa”. Bush insiste en que el país firme el tratado de inmunidad para sus tropas, ya instaladas en Paraguay. Tantos antecedentes ameritaban una advertencia en la cumbre de los pueblos de América.


CHILE

<HR><H1><U>CHILE</h1></u>

ES URGENTE EL CAMBIO DE POLÍTICA EXTERIOR

por  Juan Andrés Lagos (*)
El Mostrador - 10 de Noviembre del 2005

No son casuales los "errores" recurrentes que el gobierno del Presidente Lagos y la Concertación han cometido en muy poco tiempo, en política exterior. No es creíble culpar, ahora, a la burocracia policial, por el ingreso de Fujimori a Chile. Y tampoco es suficiente reconocer, tardíamente, que no era adecuado pedir la intervención de la Organización de Estados Americanos en el diferendo con Perú, sobre límites marítimos.

El tema, como ha quedado demostrado, no se enfrenta "cerrando filas" con la extremista derecha criolla, o apelando a discursos belicistas, para estimular a quienes creen en las armas como solución de los conflictos. Esa no es la forma de defender los intereses nacionales, si comprendemos esos intereses como expresión de un estado-nación cuya soberanía radica en el Soberano, que es el pueblo. Y cuyo sentido primordial es la mantención de la paz y la democracia.

Por algunas décadas, hasta el golpe de 1973, la diplomacia chilena y su política exterior fueron comprendidas en este sentido, como expresión estratégica de un estado democrático, y esa tradición era considerada y respetada en América y el mundo. Chile era un país con identidad internacional, sin engreimiento de sus gobernantes; sin ostentación y orgullos chauvinistas; sin mirar hacia abajo a los vecinos y sin considerar que por estar al lado del más poderoso, se estaba al lado de lo justo y lo correcto.

Todo eso se ha perdido, y hoy, objetivamente, tenemos una severa crisis de política exterior, que ya no se puede seguir explicando con el argumento pueril de que nuestros vecinos "hacen las cosas mal", "tienen malos gobernantes", en fin, deberían aprendernos a nosotros.

Si es necesario establecer causas de esta crisis, proponemos un "inventario" inicial:

1) Un militarismo que los gobiernos civiles no han terminado, que implica no solo compra de armamentos, sino también una política de seguridad hemisférica estrechamente aliada a la política de los Estados Unidos.

2) Una creciente identificación de la política exterior con los intereses de grupos económicos con base en Chile, y también con los intereses de transnacionales y clanes financieros que están en plena disputa del Asia-Pacífico, y del Cono Sur americano, como plataforma de despegue. En parte, los problemas con Argentina, Perú y Bolivia tienen esa raíz.

3) Una concepción engreída de las formas diplomáticas, que nos produce aislamiento, y no amistades. Pensar que Chile se ha insertado en el mundo globalizado, y que América Latina es "una parte" de sus relaciones, y no la prioridad, nos lleva a errores recurrentes en materia energética; de integración de mercados; de defensa de la paz en la región.

La reciente Cumbre en Argentina, dejó en evidencia que la ola viene de vuelta, y que los integristas pro Estados Unidos son cada vez menos. Los proyectos nacionales comienzan a girar. Por todo esto, y por sus responsabilidades, es que para comenzar a superar la crisis, los ministros de Interior, Exterior y Defensa, deberían renunciar. Las cosas las han llevado a tal extremo, que no son creíbles, simplemente.

(*) Juan Andrés Lagos, académico USACH-ARCIS, dirigente nacional del Juntos Podemos Más, candidato a diputado del Distrito 20.


LA GAUCHADA

<hr><u><h1>LA GAUCHADA </h1></u>

Germán Altamirano

(Cuento)

Incapaz de ocultar su malestar, el ofuscado taxista alcanzó el teléfono a su colega aquella brillante mañana de primavera:

"¡Otra llamá pa’ vos Alfonso... la tercera de esta mañana! ¡Esto ya parece carrera’e botes...!"

"Gracias turco... ¡no te enojís puh hue’on...!

Alfonso Parra Donoso llevaba más de tres años como propietario de un moderno taxi que operaba en el paradero de la "Plaza Condell" en el puerto nortino de Iquique. En poco más de cinco meses y medio terminaría de pagarlo. La vida había sido difícil y dura para el joven taxista, especialmente durante los primeros años cuando era un simple chofer. Entonces había trabajado largas horas ganando un sueldo escaso que apenas le permitía mantener a su joven mujer y a un hijo recién nacido. En algunas oportunidades se vio obligado a hacer algunos negocios ilícitos envolviendo "coca". Tenía que mantener a su familia de alguna manera.

Gracias a su habilidad para administrar su escaso ingreso, después de poco más de cinco años adquirió un coche nuevo. Algunos parientes avalaron el préstamo y se endeudó "hasta los huesos", jugándose entero en la inversión de su taxi nuevo. Felizmente para Alfonso y los suyos todo resultó bien.

Sus primeros años como dueño de taxi fueron difíciles, pero últimamente las cosas marchaban mucho mejor y resultarían mejor aún una vez que su auto estuviese pagado. Durante el último año, había logrado ahorrar suficiente dinero para pagar la cuota inicial de una casita y por el momento el saldo de su cuenta de ahorro seguía aumentando. Parecía que la vida tomaría un vuelco positivo para el esforzado Alfonso. Se lo merecía pues era trabajador, excelente marido y padre; no tenía vicios. Las mujeres habían sido siempre su única debilidad pero desde que su esposa se enteró de su último idilio, Alfonso cambió por completo al comprobar cuanto había herido a su fiel compañera. Aún joven a los treinta años, el futuro de Alfonso se avistaba muy prometedor. Su sueño era adquirir dos o tres taxis nuevos y entonces no tendría que manejar, solamente administrarlos.

"Chao m’hijito... que le vaya bien. Cuídese mucho mire que no sé por qué he estado nerviosa todo el día... tuve un sueño tan re’feo..."

"No se preocupe m’hija... ¿qué puede pasar? No piense así," despidiéndose con un beso.

Contento, ese día de primavera, Alfonso fue a pagar la patente de su taxi. También fue a mirar unos neumáticos nuevos a la "Importadora Tassara". Aunque todavía no necesitaba los neumáticos, Alfonso prefería anticiparse a cualquier situación. Era cauteloso en especial tratándose de su carro. Después de todo, el taxi era el que ponía el pan en la mesa y la razón de todo el progreso que él y su familia empezaban a disfrutar.

"Cuando quieras te doy los neumáticos, tú sabes que aquí tienes las puertas abiertas...," le aseguró el dueño.

"Gracias Tito, te pasaste..."

Astuto para el negocio, Alfonso distribuía tarjetas de negocio entre sus clientes. En ellas, además de su nombre y los teléfonos de su casa y del paradero, incluía un atractivo descuento. De esa forma había conseguido muchos viajes fuera de la ciudad. A fin de conseguirlos, a veces no le cobraba a algunos clientes claves. En la gran mayoría de los casos, la retribución posterior era mayor que el costo inicial.

Como propietario, ahora manejaba solamente media jornada. Trabajaba lo que él consideraba el mejor horario, de las siete de la mañana hasta las dos de la tarde. Entonces entregaba el vehículo a su chofer quien era muy responsable y honesto. Alfonso trataba bien a su ayudante y le pagaba un poco más de lo normal. Pocho le retribuía demostrando honestidad, cuidándole el carro con esmero y generando más utilidades para el justo patrón.

Una vez cumplidos los trámites relacionados con su carro, Alfonso se dirigió al Banco Español a depositar su ingreso diario para después visitar una oficina de bienes raíces.

"Gracias señor Ahumada... Hasta mañana...," agradeciendo con amabilidad al cajero.

Hacía tiempo que conversaba con un tasador de propiedades acerca de una casita. Todavía no se lo había hecho saber a su mujer, sería una sorpresa. Terminados sus quehaceres regresó al paradero a reemplazar a Pocho quien, generosamente había cubierto su turno al volante, permitiéndole a Alfonso el tiempo libre necesario para hacer sus negocios.

"Háceme caso Pocho, no seai hue’on... Ahorra tu plata poco a poco, como se pue’a y en cuanto sea posible comprai tu taxi... Si es necesario, yo te ayudo..." No era la primera vez que Alfonso aconsejaba a Pocho; era sincero.

"Gracias Alfonso, te voy a hacer caso..."

"Gracias a ti por cubrir mi turno..."

Alrededor de las once de la mañana, Alfonso tomó un pasajero que se dirigía a las afueras de la ciudad; era una buena carrera. Entretuvo a su cliente con su amena e interesante conversación durante la mayor parte del trayecto, ello le permitió obtener una generosa propina.

"Gracias patrón. Ya sabe, si necesita regresar al centro me llama nomás y le damos un buen descuento; aquí tiene mi tarjeta..."

Mientras regresaba al paradero y encontrándose aún en las afueras de la ciudad, abruptamente interrumpió su alegre silbar con que acompañaba una popular canción que escapaba de la radio al notar a un chico mugriento y vestido con harapos. El pequeño no podía tener más de diez años y llevaba cargado a su espalda un enorme saco que doblaba por completo su cuerpo débil. Rápidamente, Alfonso se acercó y deteniendo su vehículo al lado del muchacho, cordialmente le preguntó:

"Hey, chiquillo, ¿pa’onde vai con semejante carga...?" El niño le miró con desconfianza, respondiendo en voz baja.

"Pa’ la casa..."

"¿Y dónde queda la casa, muy lejos...?"

"No, no mucho..."

"Mira, yo voy en la misma dirección y te puedo llevar en mi auto... ¿qué te parece?...no te va a costar na’a..."

Incrédulo y vacilante, el niño demoró algunos segundos antes de aceptar el generoso ofrecimiento. Alfonso bajó de su auto y le ayudó a poner el saco en la maletera.

"¿Y qué llevai en el saco...?," preguntó curioso.

"Güesos... vengo de Punta Negra..."

"¿Y que hací con la plata...?"

"Se la doy a mi mamá..."

"Y tú taita, ¿no trabaja...?"

"No tengo taita..."

La breve conversación bastó para que Alfonso comprendiera la tragedia que rodeaba la vida del pequeño, desgraciadamente era una situación muy común. La indigencia extrema que consumía a algunas familias convertía las miserables existencias de sus miembros en un infierno o en milagro o, mejor aún, en ambos. Durante su infancia, Alfonso había conocido muy de cerca dicha realidad en carne propia aunque no al extremo del infortunio del niño presente; simplemente similar. No obstante, muchos de sus amigos de infancia no resultaron tan afortunados y sus vidas se vieron llenas de sacrificios y necesidades.

Alfonso se sintió satisfecho de haber recogido al muchacho y haber ayudado aunque en forma mínima. Pronto llegaron a una esquina donde el niño pidió que le permitiera bajarse.

"¿Cuál es tu casa...?"

"Está unas cuadras más arriba, pero aquí está bien... gracias."

"No... te dejo a la puerta de tu casa... total un par de cuadras más o menos no hacen ninguna diferencia..."

Minutos después, el pequeño le pidió se detuviera enfrente de una casucha situada casi al final de calle Ferrocarril, tan lastimosa que hacía infructuoso todo esfuerzo por describirla. Varios pequeños, todos sucios, de edades fluctuando entre los dos y ocho años jugaban con tierra. Sorprendidos y curiosos, detuvieron su juego y se acercaron presurosos al ver a su hermano mayor llegar en taxi.

Alfonso se ofreció para acarrear el saco con huesos hasta la puerta de la "casa". Una vez allí, dio al niño unas pocas monedas que encontró en su bolsillo y al retirarse notó que, ocultos por las tablas llenas de agujeros que formaban el frente de la pocilga, los ojos de una mujer de edad incierta le observaban con desconfianza.

Rápidamente subió a su carro. Sintió de pronto la necesidad de alejarse de tan triste espectáculo; se sentía agobiado. Debido a la posición en que había aparcado el taxi al arribar, retrocedió unos pocos metros para poder salir. Mientras retrocedía, con sorpresa notó que un obstáculo inadvertido hizo levantar visiblemente la rueda trasera del lado del pasajero. En ese preciso momento escuchó los gritos de los niños que parados alrededor, curiosos observaban el taxi que raramente tenían oportunidad de admirar.

Espantado, Alfonso bajó del auto de un salto corriendo hacia donde se dirigían las miradas aterradas de los pequeños, notando un cuerpo diminuto que yacía inmóvil debajo del taxi. No podía tener más de diez meses y sin que nadie notara, gateando, se había metido bajo el vehículo. Lleno de pánico, horrorizado, Alfonso pudo notar que su cabeza pequeña había sido aplastada por una de las ruedas.

Rápidamente levantó el pequeño cuerpo y junto a la madre quien había salido corriendo, inmediatamente trasladaron al pequeño a la sala de emergencia del Hospital Regional. Mientras conducía su taxi y a pesar de estar seguro que el pequeño no viviría, trató de conformar a la madre que lloraba en silencio. Le ofreció ayudarla económicamente cubriendo todos los gastos provocados por el accidente, incluso ayudaría a financiar los estudios del resto de sus hijos.

Una multitud de oscuros pensamientos inundaron la agitada mente de Alfonso. En segundos vio todos sus sueños y esperanzas desvanecidos; su buena acción había tenido un resultado completamente opuesto. Estaba seguro que una vez que los abogados tomaran parte en el litigio legal que obviamente se crearía, toda la ayuda económica ofrecida a la familia resultaría insuficiente para calmar la avaricia de los leguleyos. Su ruina económica era inevitable.

Minutos después de arribar al hospital, un doctor les informó que el niño había muerto en forma instantánea. Inmediatamente, el médico llamó a los carabineros; el proceso legal se iniciaba y los sueños y esperanzas de Alfonso por lograr una vida mejor para él y su familia desaparecían rápidamente.

"¡Dios mío! ¿Por qué me castigai así...?," desconsolada la madre lloraba desesperada.

Alfonso se sintió enfermo. Se dirigió al baño más cercano y vomitó profusamente. Su cabeza giraba como trompo cucarro y sus pasos eran rápidos y erráticos. No tenía idea cómo se lo diría a su mujer, necesitaría mucho valor para hacerlo. Con pasos lentos, como rehuyendo cumplir con su deber, se dirigió al teléfono público más cercano. Antes de llamar a su hogar, inútilmente secó su frente cubierta por un frío sudor y enjugó las testarudas lágrimas que nublaban sus ojos enrojecidos.

Junto con escuchar la voz alegre de su esposa contestar desde el otro extremo de la línea, a través de una ventana, Alfonso divisó una pareja de carabineros que apresuradamente caminaba en su dirección.

"Maruja... m’hijita... no quiero que se asuste, pero algo muy serio acaba de pasarme..."