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MIRANDO AL SUR - augusto alvarado


JORGE ABELARDO RAMOS

<hr><h1><u>JORGE ABELARDO RAMOS</h1></u>

Jorge Abelardo Ramos

¿Por qué se plantea hoy la unidad de América Latina?
(De “Historia de la Nación Latinoamericana”)



La unidad del Estado se forma en Europa como resultado del desarrollo del capitalismo. Al trocarse en potencias imperialistas, impiden a su vez a otras regiones del planeta históricamente rezagadas que ingresen al camino del capitalismo y se constituyan en Estados Nacionales unificados. Tal es el caso del Medio Oriente árabe o de los Estados de la América Criolla. El imperialismo se opone al crecimiento del capitalismo en las colonias. Gracias al resorte propulsor e involuntario de las grandes crisis mundiales (1914, 1939, el crack del 1929) aparecen en los países coloniales o semi-coloniales formas embrionarias de capitalismo industrial. Grupos de burguesías locales se vinculan al mercado interno. Por su parte, el gran capital imperialista, estrechamente vinculado a las oligarquías agrarias, mineras o financieras, se opone al desenvolvimiento de estas nuevas burguesías, empleando todos los medios, sean políticos, económicos o militares.

Esta lucha de clases se da con frecuencia, pero no se trata de la lucha de clases habitualmente conocida como el duelo entre la burguesía y el proletariado según el modelo europeo, sino de una lucha menos mencionada en los libros y más vista en la realidad, que es la lucha entre la clase oligárquica y la nueva burguesía. En este sentido, podría decirse que la dictadura militar en la Argentina, guiada por la pandilla de Martínez de Hoz, ha luchado con tal éxito contra la burguesía nacional, que ha terminado por destruirla. Pero esto no podría significar en modo alguno que Martínez de Hoz ha llegado al socialismo, sino, por el contrario, que la oligarquía ha logrado dejar sin trabajo a dos millones de obreros y obligado a los industriales a transformarse en importadores, financieros, estafadores, o, en otros casos, a emigrar. A diferencia de todos los países de Europa o Estados Unidos, donde la norma es el triunfo económico y político de la burguesía urbana sobre sus antiguos adversarios de la nobleza agraria, en América Latina la burguesía industrial es minoritaria en todas partes y rara vez está en condiciones de ocupar el poder, sino mediante caminos indirectos como en el caso del Ejército y del peronismo entre 1945 y 1955, en la Argentina.

Resulta evidente, ante todo lo dicho, que la unidad de América Latina no se plantea hoy como exigencia del desarrollo de las fuerzas productivas en busca del grandioso mercado interno de las 20 Repúblicas, sino justamente por la razón opuesta. A fin de lanzarnos resueltamente por el camino de la civilización, la ciencia y la cultura, exactamente para desenvolver el potencial económico de nuestros pueblos sea por la vía capitalista, por medio del capitalismo de Estado, por la ruta de un socialismo criollo o por una combinación de todas las opciones mencionadas, América Latina necesita unirse para no degradarse. No es el progreso del capitalismo, como lo fue en Europa o Estados unidos el que exige hoy la unidad de nuestros Estados, sino la crisis profunda y el agotamiento de la condición semi-colonial que padecemos.

La guerra de las Malvinas, en el cuadro de esta lenta decadencia, ha irrumpido y vuelto a plantear todo de nuevo y aquella figura retorizada, abrumada en el bronce, venerada en la rutina escolar inmovilizada y divinizada, es decir Simón Bolívar, ha cobrado vida en el Atlántico Sur. Vuelve a montar a caballo. Toda la América Latina ha recobrado la memoria histórica perdida. Ahora se entiende al fin el significado de voces olvidadas y precursoras: Torres Caicedo, Manuel Ugarte, José Vasconcelos, Haya de La Torre. Y se podrá comprender que ni el nacionalismo, ni la democracia, ni el socialismo poseen el menor significado en América Latina, si no se reencarnan en un programa general de Revolución Nacional Unificadora de La Patria Grande. La guerra de Malvinas, con el fulgor del relámpago, enseñó a los latinoamericanos que realmente tienen una patria común.


UN MUNDO QUE ESTALLA

<HR><h1><u>UN MUNDO QUE ESTALLA</u></h1>

Por Enrique Lacolla
La Voz del Interior – Córdoba – Argentina



La presión inmigrante sobre las fronteras del mundo desarrollado no es de hoy: hace rato que viene produciéndose. Y no representa sino uno de los factores que se conjugan para hacer, del siglo 21 en prospectiva, un lugar no sólo peligroso sino, con toda probabilidad, insostenible en unas pocas décadas más.

Las avalanchas de negros (el código de lo políticamente correcto exigiría quizá que nos refiriésemos aquí a “gentes de color”) que asaltan las vallas elevadas por la policía española en Ceuta y Melilla para frenar el acceso de las poblaciones norafricanas y, sobre todo, subsaharianas al umbral del territorio de la Unión Europea, son el síntoma más espectacular y patético del callejón sin salida en que se encuentra el mundo como consecuencia de un sistema económico connotado por el egoísmo, el racismo y la búsqueda desaforada de la renta de parte de un orden mundial decadente.

Al revés de lo que acontecía en el pasado, cuando el imperialismo se expandía aplastando pero también renovando las sociedades en las que hacía mella, hoy, lejos de promover desarrollos así sean deformes, se limita a extraer de las sociedades sometidas a su férula los réditos que provienen de un capitalismo parasitario: los intereses de la deuda que, reciclados en las plazas financieras del Primer Mundo, proveen superávit que se inflan a sí mismos. De esta manera, se alimenta a sectores que concentran cada vez más la riqueza dineraria, mientras el resto de la humanidad, en una gradación descendente que va de la clase trabajadora europea a los parias del África profunda, se mueven en un territorio que se desplaza desde una regresión social paulatina a la miseria absoluta.

Aunque parecen incomparables, hay que asociar el asalto a las alambradas de Ceuta y Melilla por los “condenados de la Tierra” a las manifestaciones populares que paralizaron a París y a toda Francia por estos mismos días. Son las dos puntas de la cadena que une a los excluidos del sistema: la clase trabajadora que, como consecuencia de la revolución tecnotrónica, tiene cada vez menos empleo, y la muchedumbre de los desesperados que no tienen nada que hacer salvo morirse de hambre en sus respectivos países.

LAS ASPIRINAS NO ALCANZAN



Este tipo de opiniones nos puede valer el mote de apocalípticos. Pues bien, no hay más que mirar en derredor para darse cuenta de que la enfermedad senil del sistema que nos envuelve no se cura con aspirinas ni con los expedientes administrativos que, en el fondo, están elucubrando sus exponentes intelectuales. Esto es, con intervenciones militares o con la reducción de los nacimientos, es decir, de las bocas que hay que alimentar, como sostiene incluso un intelectual tan respetable como Giovanni Sartori.

Ambos expedientes, por otra parte, pueden casarse muy bien: convengamos que el recurso nuclear y el armamento biológico pueden suministrar resultados impresionantes en este terreno, aunque con seguridad no es esto lo que auspicia Sartori.

La racionalización de la natalidad, por otra parte, no va a corregir la estrangulación del sistema por su propia avidez de ganancia. La acumulación continua, que es la razón de ser del capitalismo, no puede prolongarse hoy si no existe el punto de impacto sobre el cual esa acumulación se producía, que era la clase trabajadora. Ésta proveía plusvalía con su trabajo, pero al mismo tiempo podía hacer crecer el ciclo de la acumulación convirtiéndose en masa consumidora.

El mundo de hoy parece una caldera a punto de explotar. Cuanto más se lo globaliza en lo financiero, más se lo segmenta en regiones que se pretende sean incomunicables entre sí. Y más se aumenta el nivel de la intervención “policial” que pretende asegurar las bases para perpetuar por la fuerza el actual estado de cosas.

Ahora bien, si el fiasco de las ocupaciones norteamericanas en Irak y Afganistán no sólo no desalienta a quienes las idearon sino que los empecina en la misma idea, debería ser evidente para todos que el sistema perdió sus reflejos. Si existiese una alternativa de cambio a mano, podría saludarse esa terquedad con beneplácito, pues estaría proclamando la inminente derrota del régimen.

Lamentablemente, esa opción no está a la vista. Lo que tenemos es un Leviatán senil que se revuelve sobre sí mismo, con sacudidas feroces y que proyectan desastres en todas direcciones.

Los muros de Berlín al revés proliferan por todo el mundo desarrollado. Desde Texas a Marruecos. No parece que vayan a poder detener la avalancha. El Nuevo Orden mundial se está acercando demasiado rápido a la fase senil del Imperio Romano, al que tuvo la osadía de querer duplicar.


JUAN VELASCO ALVARADO

<hr><h1><u>JUAN VELASCO ALVARADO</h1></u>

A treinta años de una infame felonía



Por Carlos Angulo Rivas
Rodelu - 4 de septiembre 2005



Para quienes recién egresados de la universidad vivimos el proceso revolucionario de la Fuerza Armada, encabezado por el general Juan Velasco Alvarado, nos queda poner en tela de juicio la interrupción escabrosa de una traición. El primer pasaporte peruano obtenido por mí, allá en esa mi juventud, llevaba un sello destacado de restricción, vamos de prohibición digamos, para viajar a los países del ámbito socialista soviético, a Cuba, China, Vietnam y Corea del norte. Estábamos en el primer gobierno democrático de Fernando Belaúnde y ya la arbitraria expulsión de la hermana república de Cuba de la Organización de los Estados Americanos (OEA) había sido obedecida por los gobiernos sicarios de América Latina. Ninguno levantaba la voz contra el amo rutinario del continente sometido. La ciega obediencia a Estados Unidos, como hasta ahora subsiste en la mayoría de los mandatarios, ni siquiera era discutida. Esa prohibición en los pasaportes era sólo un símbolo de la servil subordinación de los Estados llamados libres, soberanos y democráticos de América Latina. Pero a los pocos años, mi pasaporte inicial tenía fecha de 1964, una sombra de esperanza se alzó victoriosa en dos países importantes: Perú con Juan Velasco Alvarado y Chile con Salvador Allende.

Velasco inició un proceso de ruptura con la oligarquía, los terratenientes y la sujeción al mandato imperialista expulsando de palacio de gobierno, en octubre de 1968, a Fernando Belaúnde, un presidente que si bien llegó al poder como líder progresista en pos de la reforma agraria, la reforma de la empresa y la nacionalización del petróleo, terminó en medio de los escándalos de la corrupción y el inhumano entreguismo que agobia a nuestros pueblos hasta ahora. Allende como sabemos sucumbió en el intento de llevar el socialismo adelante por la vía democrática y constitucional, pero el imperialismo norteamericano terminó con la vida del presidente y su gobierno. Ya para nadie es un secreto que el sangriento golpe de Estado de Augusto Pinochet fue una hechura del gobierno de Nixon y Kissinger; y que la cruenta dictadura militar de los 17 años en Chile contó siempre con el apoyo directo de la Casa Blanca.

Velasco Alvarado fue un general del ejército fuera del estándar, pues encabezó un gobierno de la Fuerza Armada como tratando de vencer con ello el síndrome de todas las derrotas, en especial la de la guerra con Chile. Y desde el comienzo no sólo rompió con la oligarquía y los terratenientes sino, principalmente, con la hegemonía de Estados Unidos en el aspecto militar y económico. La compra de armamento y equipamiento de la Fuerza Armada hasta su modernización más completa en lo fue la historia del país se realizó con la Unión Soviética; y la nacionalización de los yacimientos de Talara pertenecientes a la Internacional Petroleum Company IPC subsidiaria de la Standard Oil y la de todos los yacimientos mineros importantes en manos extranjeras como la Cerro de Pasco, Marcona, etc. marcaron el carácter del proceso y la recuperación de la dignidad nacional. Sin embargo, aquello no fue todo. Lo fundamental del nacionalismo castrense fueron las reformas estructurales hacia una sociedad distinta enumerada como Democracia Social de Participación Plena. En efecto, el proyecto denominado plan Inca inició un camino sindicado como irreversible con la reforma agraria, la reforma de la empresa, la reforma educativa, la reforma judicial, la comunidad industrial (participación de los trabajadores en la gestión y la propiedad de las empresas), la movilización social y el sistema prioritario de propiedad social como base del futuro autogestionario de la sociedad peruana.

La reforma agraria bajo el lema "campesino: el patrón no comerá más de tu pobreza" confiscó de manera radical los latifundios azucareros, algodoneros y todas las propiedades consideradas como una representación antisocial de la tenencia de la tierra. Esta confiscación tuvo dos ejes principales: el de la justicia social, sin llegar a destruir el complejo industrial en torno a la propiedad de la tierra; y el de promoción, a través de la incorporación de nuevas tierras de cultivo, la eliminación del minifundio y la propuesta pro-industrialista de usar los bonos del tesoro público producto del pago a justiprecio de las tierras expropiadas en la creación de empresas productivas de los diversos sectores. Sólo en estos casos los bonos de la reforma agraria se hacían efectivos de inmediato en un cincuenta por ciento de la inversión estimada, el otro cincuenta por ciento lo ponía el inversionista. Dionisio Romero, dueño del banco de Crédito (el principal del Perú) y de múltiples empresas industriales aprovechó al máximo los bonos de la reforma agraria para multiplicar su fortuna. Los resultados hablan por sí solos. El establecimiento de las cooperativas agrarias de producción para operar los latifundios y la creación de distintas empresas asociativas de base campesina con la finalidad de dar cabida al esfuerzo de los agricultores fue otro de los aspectos fundamentales de la ley. Así surgieron las sociedades agrícolas de interés social SAIS, las asociaciones agrarias y las ligas agrarias de campesinos.
Dentro del proyecto de la Fuerza Armada, la sustitución de la gran propiedad privada se encausaba hacia un sistema de propiedad social autogestionaria y hacia la industria básica y estratégica en manos del Estado; allí también podían convivir las empresas privadas medianas y pequeñas reformadas a través de la comunidad industrial. El tránsito progresivo de una sociedad existente a otra totalmente distinta significaba por supuesto la transformación global de las estructuras sociales, económicas y políticas; proceso en el que los sectores populares de marginados urbanos, de trabajadores, obreros y campesinos debían jugar el papel dinámico de la revolución nacional. Sin embargo, planteado el esquema de transformación revolucionaria faltó la clara visión de la institucionalización democrática constitucional que diera legalidad al trabajo organizativo de la población a cargo del sistema de la movilización social.La revolución bolivariana del presidente Hugo Chávez sí posee esta herramienta fundamental de la legalidad constitucional, ventaja que le da argumento y base en torno a la aplicación de su programa nacionalista, revolucionario y organizativo. No obstante, guardando la distancia de treinta años y las características de cada país, Perú y Venezuela, los proyectos tienen muchas más semejanzas que diferencias. Chávez viene reafirmando el proceso de cambios revolucionarios en permanente consulta popular, disputando a los corruptos partidos políticos tradicionales el espacio ciudadano. Competencia de irrestricto orden constitucional donde la revolución bolivariana lleva una ventaja enorme, habiendo ganado el liderazgo de Chávez ocho consultas nacionales y otras tantas comunales, municipales y estatales. En retrospectiva este ingrediente fue una ausencia sensible en la revolución peruana de la Fuerza Armada y sobre todo de Velasco Alvarado.

Pero no se piense que Velasco Alvarado carecía de sustento popular. Lo tenía, y mucho más que cualquiera de los partidos políticos tradicionales; y lógicamente aflige ahora el que ninguno de sus asesores le hiciera ver la necesidad de refrendar las reformas del proceso a través de una Asamblea Constituyente al tercer año de producidas; y por supuesto su elección como presidente constitucional de la república. Pues creo que de esa ausencia se aprovechó la derecha y las fuerzas retardatarias internacionales para combatir a Velasco hasta derrocarlo, conspiración que también se presenta y seguirá presentándose con Hugo Chávez si se descuida. La institucionalidad de la Fuerza Armada en el proceso peruano jugó el papel principal, sin embargo, pasada la euforia popular por el cambio revolucionario tantos años esperado, no fue suficiente. Faltó la institucionalización del país, más aún porque a inicios del proceso éste nació también como un movimiento militar contrainsurgente habida cuenta de las derrotadas guerrillas del MIR y ELN en 1965. En ese entonces los estrategas de la Fuerza Armada tomaron juicio de un país convulsionado, enfrentado y dividido, sujeto a ser visto bajo la lupa de la justicia social; y no les faltó razón porque al cabo de seis años de derrocado Velasco, Sendero Luminoso inició la insurgencia armada y el MRTA lo suyo propio. Inicio de quince años de una guerra civil en la práctica, la misma que trajo el lamentable saldo de 70,000 víctimas como ha calculado la Comisión de la Verdad y Reconciliación. Y todavía no está dicho todo porque el país continúa dividido aún más entre los inmensamente ricos y las grandes mayorías marginadas y hambrientas; situación endeble, sostenida por una legalidad deleznable, espuria y corrompida, auspiciada por el estatuto de Fujimori que presume de ley de leyes, muy acorde a la putrefacción de la clase política en el gobierno. Contexto propicio para los golpes de la insurgencia popular en contra de la usurpación del poder soberano del pueblo.

El 29 de agosto pasado, hace treinta años, el general Francisco Morales Bermúdez y un grupo de militares corruptos como él traicionaron a Velasco Alvarado, aprovechando de su enfermedad. El relevo del presidente Velasco fue una infame felonía de quienes días anteriores lo celebraban como líder de la revolución; y cuyo temor a la reacción popular les hizo demorar la contrarreforma llevándola a cabo paulatinamente en varios episodios que ellos mismos llamaron la segunda fase. El APRA, partido gemelo de Acción Democrática en Venezuela, jugó el principal papel desestabilizador mediante una asonada de vandalismo y saqueos en febrero de 1975, meses antes de la traición de Morales Bermúdez. Pero seamos claros, la traición y la infame felonía no fue contra una hombre, Juan Velasco Alvarado, sino contra una nación en busca de la justicia social, contra un país con estabilidad económica y contra las propias instituciones castrenses que volvieron a degenerarse en un mar de corrupción y mafia como hemos visto en el balance de los diez años del gobierno de Fujimori y Montesinos. El desmontaje de las reformas estructurales no pudo ser total en la aventura de Morales Bermúdez porque tenía la oposición popular a cuestas, de allí que durante dos años consecutivos impuso el toque de queda, el estado de emergencia y la ley de seguridad interior, hasta que un Paro Nacional de gran envergadura en julio de 1977 lo obligó a la convocatoria de una Asamblea Constituyente. La suerte del Perú estaba echada, porque con la ayuda de Morales Bermúdez regresaron los corruptos partidos políticos tradicionales a terminar su trabajo de desmontaje y destrucción, también a dictar la cátedra del país con los resultados que el pueblo hoy lamenta hasta las lágrimas después de sufrir a Fernando Belaúnde en su segundo período, a Alan García acusado de ladrón y genocida, a Alberto Fujimori el delincuente prófugo y genocida; y al actual Alejandro Toledo de comentarios reservados por cuanto gobierna única y exclusivamente a favor de las transnacionales y los designios de Washington.


PATAGONIA

<hr><h1><u>PATAGONIA</h1></u>

Buque Comandante Irízar

Por Arq. Aurelio Horacio Bujaldón
Reconquista Popular



Si hay un modo de ir venciendo la muralla mental de algunos sectores de las sociedades argentina y chilena, que pretenden seguir "haciendo rancho aparte" en un tema donde sólo la MANCOMUNIÓN lo puede mantener a salvo de las fauces piratas, es plantearse metas; hechos encarados en común.

Porque vecino a la Patagonia hay otro territorio, tan valioso como ésta, que igualmente sólo la mancomunión logrará preservar nuestros accesos y derechos soberanos.

Hay 2 metas muy buenas:

- Una, muy simbólico pero de mucho impacto, la realización del campeonato mundial de fútbol con Argentina y Chile como sede compartida/unificada.

.- Dos, tener una base antártica compartida, argentino-chilena.

La Antártida es el otro territorio donde a argentinos y chilenos nos sacarán por separado a los panzazos, si no encaramos en común la defensa de los derechos adquiridos allí.

Y, ¡por favor!, déjense de joder con que la ecología es un arma del enemigo. La ecología es como un balde de pintura: depende del uso. Si la usamos para proteger monumentos contra la corrosión o para contaminar adrede un curso de agua, no es propiedad de la pintura sino de la mente de quien la utiliza. Si "el enemigo" la puede utilizar contra nuestros intereses, igualmente la podemos utilizar en DEFENSA de nuestros intereses.


27 MILLONES DE DÓLARES

Clarín de Chile – 7 de Octubre de 2005



Santiago.- A pocos días de dejar la investigación de las cuentas de Augusto Pinochet y su evasión tributaria, el ministro Sergio Muñoz entregó un detallado informe sobre este botín, el que, según informa, asciende a 27 millones de dólares.

La información la entregó junto al jefe del equipo de la Brigada Investigadora de Lavado de Activos (Brilac), subcomisario Luis Orellana. Ambos han explicado cómo se calcularon los 27 millones de dólares que se descubrieron en diversas cuentas en bancos extranjeros a nombre de Pinochet, su esposa Lucía Hiriart y las empresas ficticias que creó en diferentes paraísos fiscales.

Muñoz, como se sabe, ha sido nombrado para formar parte de la Corte Suprema, por lo cual dejará la investigación de las cuentas de Pinochet.


“PETRÓLEO, ESTADO Y SOBERANÍA”

<HR><h1><u>“PETRÓLEO, ESTADO Y SOBERANÍA”</h1></u>

Dip. Carbonetto, Lic. Bernal, Gral. Bendini y moderador

Gacetilla Biblos – 6 de Octubre 2005



En el día de ayer se celebró la presentación del libro "Petróleo, Estado y Soberanía: hacia la empresa multiestatal latinoamericana de hidrocarburos" (Biblos, Mayo de 2005), del Lic. Federico Bernal. Ante un auditorio colmado, el encuentro realizado en la Biblioteca Nacional de esta Capital contó con la participación especial del Jefe de Estado Mayor General Roberto F. Bendini, del Diputado Nacional Daniel Carbonetto y del periodista Marcelo Zlotogwiasda, como moderador.

El acto, emotivo desde un comienzo, se inició cuando la madre del autor le entregó una probeta con petróleo recolectado en 1907 por su abuelo (bisabuelo de Bernal), el Ing. Enrique Martín Hermitte, descubridor de petróleo en la Argentina ese mismo año. Entonces tocó el turno al novel escritor de 31 años, quien se refirió a la necesidad de que el Estado retome su rol director y planificador en materia energética pues "la ley que preside el desarrollo en un país semicolonial como el nuestro, es la combinación de un Estado rector de la economía más uno industrialista".

Señaló además que la renta petrolera calculada en US$7.300 millones de dólares (de la que el Estado retiene solamente un 36%) debe renacionalizarse para así volcarse al desarrollo económico endógeno y a la búsqueda de fuentes alternativas de energía, porque "la Argentina pasará a ser importador neto de petróleo en 2009 y para 2015 ‘habrán agotado’ nuestras reservas certificadas". Remitiéndose a la segunda parte de su libro, manifestó que: "es mi más profunda convicción que América latina, la Nación de la que la Argentina es sólo un Estado más, se salvará unida o no podrá superar el atraso y la dominación a la que parece estar destinada".

Siguió al autor la intervención del Diputado Carbonetto, quien se refirió a los gobiernos peronistas de mediados del siglo pasado, "donde la soberanía energética apuntalaba la económica, a su vez fundamental para la política redistributiva y socialmente justa de Perón". Además destaco la importancia del libro de Bernal, libro que "permitía al lector tener una cabal idea no sólo de la historia de los hidrocarburos en el país, sino además la posibilidad de comprender la relación de éstos con los modelos de país antagónicos que aún luchan por establecerse en la Argentina: el industrialista y el exportador-importador".

Finalmente y cerrando el acto, tocó el turno al General Bendini. Su intervención fue una síntesis perfecta de la YPF estatal, su rol en el desarrollo del país y el papel del nacionalismo económico del ejército argentino en su construcción y consolidación, destacando figuras emblemáticas como los generales Enrique Mosconi, Alonso Baldrich y Manuel Savio. Asimismo, no se cansó de remarcar en numerosas oportunidades –cada una de las cuales fue ovacionada por los presentes- la necesidad de recuperar la renta hidrocarburífera para que la Argentina reconquiste su soberanía económica y las fuerzas armadas puedan realizar la grande tarea de velar por la defensa nacional de todos los argentinos: "sin la recuperación del petróleo no existe soberanía económica ni territorial".

Señaló además la importancia de que ENARSA retome la línea del General Mosconi y cumpla el rol industrializador e impulsor del desarrollo económico del país como lo hiciera YPF SE. De igual forma, y refiriéndose a la segunda parte del libro destinado a la integración energética latinoamericana, expresó a las claras su ideología profundamente sanmartiniana y bolivariana: "la Patria Grande se salva unida. Sin integración latinoamericana, sin integración como la que Mosconi profesaba en materia petrolera, la Argentina no tendrá remedio ni destino", subrayando paralelamente la importancia estratégica de los acuerdos energéticos firmados en Brasilia por los presidentes Chávez, Kirchner y Lula de Silva.


"PETRÓLEO, ESTADO Y SOBERANÍA"

<hr><h1><u>&quot;PETRÓLEO, ESTADO Y SOBERANÍA&quot;</h1></u>

La nota que presentamos a continuación es un “informe” de Rolando Mermet sobre su presencia en el acto de presentación del libro “Petróleo, Estado y Soberanía” de Rafael Bernal, y que está dirigido a sus compañeros de la lista “Reconquista Popular”.Aunque no es exactamente un artículo periodístico lo publicamos en toda su extensión pues consideramos que contiene elementos valiosos para la comprensión de los nuevos y buenos vientos que soplan en la sociedad argentina



La Redacción de Mirando al Sur

Anoche tuve la fortuna de estar presente en el acto de presentación del libro “Petróleo, Estado y Soberanía - Hacia la empresa multiestatal latinoamericana de hidrocarburos” del insolentemente joven (amigo y contertulio de Reconquista Popular) Federico Bernal, que se efectuó en la Biblioteca Nacional.

Ante un auditorio colmado, fundamentalmente por personas de no más de treinta años de edad promedio, y con la moderación de un incisivo Marcelo Zlotowajda, y con las presencias del diputado Carbonetto y el Jefe del Estado Mayor del Ejército, Gral. Bendini, comenzó el acto.

El autor, nieto de Heremite, descubridor en 1907 del primer pozo petrolero, recibió de manos de su madre, una pipeta conteniendo una preciosa reliquia con parte de ese mismo petróleo hallado, como regalo sorpresa, y de alguna manera como merecido reconocimiento, por el libro que presentaba.

No voy a referirme al contenido de cada una de las intervenciones. Todas de lujo.

Simplemente quiero destacar que el discurso del Gral Bendini, fue de una solidez, de una profundidad y de una claridad conceptual que me dejaron anonadado. Me conmovió profundamente, y llenaron mi espíritu – habitualmente escéptico- de un optimismo vital, que espero me dure, al menos, hasta la próxima maratón... sino hasta la victoria final.

La profunda visión nacional desarrollada, su explicación sobre el carácter estratégico que tiene el control de los recursos energéticos por parte de una nación –si no quiere ser tan solo una mera colonia- y si desea ser verdaderamente soberano, fue magistral. Su rescate de figuras como Mosconi, Baldrich, Savio, Heremite entre tanto patriota, fue impecable.

Se refirió además al papel de hacedor de soberanía y colonización que tuvo Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF), como algo que iba mucho más allá de una mera empresa comercial. Explicó y coincidió con el autor en la necesidad de retomar la política latinoamericanista ya propuesta por Mosconi, en el sentido de la conformación de una gran empresa latinoamericana de combustibles.

Habló de la Patria Grande. Habló de los golpes de estado “con olor a petróleo”, como el de Uriburu en el treinta. Dijo que no en vano, Uriburu era salteño, región donde tenía sus reservas la Standard Oil.

Se refirió con amenidad, y apoyándose en varias anécdotas históricas y datos precisos, a la urgente necesidad de recobrar para el estado nacional el control no solo de la renta petrolera, sino de todo recurso estratégico, como son los energéticos. Se mostró esperanzado en que ENARSA, rumbee por allí. Habló con cauto o esperanzado (según como se mire) optimismo, de los acuerdos firmados con Chávez y Lula. Apostó a que ese es el rumbo correcto.

Se lo notaba con muchas ganas de extenderse más. Se lo veía sólido conocedor del tema, y con vastos y fundados puntos de vista que desarrollar. Se salía de la vaina por hacerlo, pero conciente quizás de la trascendencia que sus palabra pudieran tener, sobre todo, si eran descontextualizas, máxime en período preelectoral, se contuvo, y comenzó a redondear.

A mi modesto parecer, su intervención estuvo mucho más “a la izquierda” –disculpen el anacronismo terminológico- o fue muchísimo más Nacional, así con mayúsculas, que la del diputado Carboneto, por decir algo.

Finalizó recordando que el año próximo, se cumplen 200 años del episodio que representó – por así decir- el primer encuentro y amalgama del pueblo argentino y de constitución de sus primeros batallones militares, cuando la defensa y reconquista de la ciudad frente a las invasiones inglesas. Hizo un llamado, a que aprovechando esa fecha, nuevamente, como entonces, el pueblo y sus militares, emprendan la verdadera tarea de reconquistar la soberanía nacional, la refundación de un estado presente, la impostergable integración latinoamericana, como requisitos para conquistar la felicidad de nuestro pueblo.

Creo, - y lo digo con orgullo y convicción- que tenemos un Jefe de Estado Mayod del Ejército de lujo. Sus posiciones son ejemplares. Y creo que en el auditorio de ayer, como bien señaló Carbonetto, en tantos jóvenes que estudian, se preparan, y creen en el país, como Federico Bernal, y como tantos que allí estaban presentes, resurge con fuerza el Proyecto Nacional. Y que ese proyecto terminará triunfando, irremediablemente.


LOS EMIGRANTES, AHORA

<HR><h1><u>LOS EMIGRANTES, AHORA</h1></u>

Por Eduardo Galeano
La Nación de Chile - 5 de octubre de 2005



Desde siempre, las mariposas y las golondrinas y los flamencos vuelan huyendo del frío, año tras año, y nadan las ballenas en busca de otra mar y los salmones y las truchas en busca de su río. Ellos viajan miles de leguas, por los libres caminos del aire y del agua.

No son libres, en cambio, los caminos del éxodo humano.

En inmensas caravanas, marchan los fugitivos de la vida imposible.

Viajan desde el sur hacia el norte y desde el sol naciente hacia el poniente.

Les han robado su lugar en el mundo. Han sido despojados de sus trabajos y sus tierras. Muchos huyen de las guerras, pero muchos más huyen de los salarios exterminados y de los suelos arrasados.

Los náufragos de la globalización peregrinan inventando caminos, queriendo casa, golpeando puertas: las puertas que se abren, mágicamente, al paso del dinero, se cierran en sus narices. Algunos consiguen colarse. Otros son cadáveres que la mar entrega a las orillas prohibidas, o cuerpos sin nombre que yacen bajo la tierra en el otro mundo adonde querían llegar.

Sebastiao Salgado los ha fotografiado, en cuarenta países, durante varios años. De su largo trabajo, quedan trescientas imágenes de esta inmensa desventura humana caben, todas, en un segundo.

Suma solamente un segundo toda la luz que ha entrado en la cámara, a lo largo de tantas fotografías: apenas una guiñada en los ojos del sol, no más que un instantito en la memoria del tiempo.

La pobreza



Las estadísticas dicen que son muchos los pobres del mundo, pero los pobres del mundo son muchos más que los muchos que parecen que son.

La joven investigadora Catalina Álvarez Insúa ha señalado un criterio útil para corregir los cálculos:
-Pobres son los que tienen la puerta cerrada- dijo

Cuando formuló su definición, ella tenía tres años de edad.

La mejor edad para asomarse al mundo, y ver.

La historia que no pudo ser



Cristóbal Colón no consiguió descubrir América, porque no tenía visa y ni siquiera tenía pasaporte.

A Pedro Alvares Cabral le prohibieron desembarcar en Brasil, porque podía contagiar la viruela, el sarampión, la gripe y otras pestes desconocidas en el país.

Hernán Cortés y Francisco Pizarro se quedaron con las ganas de conquistar México y Perú, porque carecían de permiso de trabajo.

Pedro Alvarado rebotó en Guatemala y Pedro de Valdivia no pudo entrar a Chile, porque no llevaba certificados policiales de buena conducta.

Los peregrinos del Mayflower fueron devueltos a la mar, porque en las costas de Massachusetts no había cuotas abiertas de inmigración.

Menos mal.

Estos textos se publican con la autorización del autor y se encuentran en el libro “Bocas del tiempo”. (Ediciones del Chanchito, año 2004).