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MIRANDO AL SUR - augusto alvarado


CONFESIONES DE BRYCE ECHENIQUE

<HR><h1><u>CONFESIONES DE BRYCE ECHENIQUE</h1></u>

A 13 años de Permiso para Vivir, el tomo uno de su autobiografía, el autor de Un Mundo para Julios abre su segundo álbum de recuerdos, que titula Permiso para Sentir. El libro llega esta semana a estanterías locales. "Escribir como si uno estuviera muerto" fue la premisa de Bryce. El resultado es un texto cargado de humor, nostalgia e infidencias: un relato de 600 páginas por donde aparecen y desaparecen amores, amigos, alumnas y, sobre todo, Perú, el país del que salió -y al que está siempre volviendo- hace 40 años

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Andrés Gómez Bravo
La Tercera (Chile) – 2 de Octubre de 2005



La escena ocurrió en Puerto Rico. Alfredo Bryce Echenique oficiaba de profesor invitado en la universidad local cuando el amor se atravesó en su camino: una sensual morena de ojos verdes. La atracción fue fulminante y no hubo resistencia posible: "Primero hubo una sonrisa y después nos saltamos al cuello y a los labios y a los brazos, y así sucesivamente", cuenta. El problema para el escritor peruano es que entonces no era un hombre libre, y cuando el rector de la universidad -un señor no muy letrado- se cruzó con él y su nuevo amor en un bar, Bryce tuvo que echar mano a la ficción: "Le presento a... a... a la escritora chilena Isabel Allende!".
Bryce mató así dos pájaros de un tiro: salió del paso y dejó muy contento al rector, que creyó haber conocido a la best seller chilena. "Y dejé muy bien parada a Isabel, porque esa chica era guapísima", añade al teléfono desde su casa en Barcelona.

La anécdota está en Permiso para Sentir, segundo tomo de sus memorias. Un libro traspasado de humor y nostalgia que lanza esta semana en España y, simultáneamente, llega a librerías chilenas.

A 13 años de Permiso para Vivir, primer volumen de su autobiografía, el autor de Un Mundo para Julios pide licencia para declarar sentimientos. Con honestidad y esa ironía que es el sello Bryce, el libro es una confesión de 600 páginas por donde aparecen y desaparecen amores, amigos, alumnas, paisajes y, sobre todo, Perú, el país del que salió hace 40 años. Y al que siempre está volviendo.

Una paliza



Dos grandes secciones forman el libro: Por Orden de Azar, que Bryce define como "una miscelánea de recuerdos" guiada por el caos, y Che te Dice la Patria, título de un cuento de Ernest Hemingway que utiliza para hablar y declarar su amor, pena y odio por Perú.

Bryce estampa varios epígrafes que preparan al lector para lo que viene, como: "La felicidad no existe. Hay que tratar de ser feliz sin ella" (Jerry Lewis) o "Avanza Perú, gol de Brasil" (anónimo). Pero el que guía todo su texto es de Henry de Montherlant: "Es preciso escribir como si uno fuera amado, como si uno fuera comprendido, y como si uno estuviera muerto".

Y eso es lo que intenta el narrador peruano con estas memorias a las que prefiere llamar antimemorias: escribir sin recaudos.

El libro se publicó hace dos meses en Perú y los lectores y los personajes mencionados por Bryce pueden atestiguar cuán fiel ha sido el autor a Montherlant: hubo cartas de protesta en los diarios, algunos familiares se ofendieron y hasta recibió amenazas de querellas.

"En general se comentó que era una visión muy auténtica, dura, pero novedosa: la de un hombre que ha estado lejos del país más de 30 años y ve lo que los peruanos ya no ven, porque lo tienen incorporado a su sistema nervioso. Dijeron que dolía, pero que era sincero", recuerda Bryce desde su departamento en España.

Es cierto: Permiso para Sentir entrega una visión dura, a menudo cruel, pero sobre todo dolida de Perú. Es la tristeza y la rabia de Julius -aquel niño de familia aristócrata, sensible e inteligente- que ve su antiguo mundo irremediablemente perdido.

Tras dejar Lima rumbo a París, Bryce volvió en forma intermitente a su ciudad. Hasta 1999, cuando decidió retornar. Llegó ilusionado, pero el aterrizaje fue brusco.

"Asistí al final de Fujimori. Fue algo feroz, ese régimen destruyó Perú", afirma. Y le dio una bienvenida aleccionadora: poco después de rechazar una condecoración del gobierno, Bryce sufrió un secuestro express. No lo difundió entonces, pero ahora lo cuenta.

"Fue una paliza que me dieron y marcó mi vuelta al Perú. Me pescaron cuando salí a caminar, me subieron a una camioneta y me dijeron que no me metiera en política. Después me tiraron de nuevo a la calle", relata.

¿Por qué no lo denunció?

Imagínese: eso ocurría a diario. La corrupción llegaba a límites increíbles.

Lima sin limeños



Las cosas parecieron cambiar con Alejandro Toledo, pero éste no pudo con la fuerza del resentimiento. "Toledo es el cholo de mierda que todos los peruanos llevamos dentro, nos avergüenza Toledo, ha llegado demasiado lejos", escribe Bryce. O lo que es lo mismo: es el blanco del racismo solapado peruano.
"Toledo es increíblemente impopular. Ha hecho cosas estupendas en macroeconomía, pero nadie le reconoce sus logros. Ojalá lo suceda un presidente serio", dice el escritor, que también se mofó del mandatario y su señora, Eliane Karp, cuando en una entrevista bromeó que ella -antropóloga de profesión- había cumplido su sueño al casarse con "su tesis".

"Sí, es verdad", comenta Bryce entre risas. "Es que ella ha tenido muchas metidas de pata. Es la típica intelectual europea que exalta a los blancos de San Isidro. Es la típica alumna mía de mayo del '68, revolucionaria cuando de América Latina se trataba", señala.

Pero su frase ingeniosa no tuvo repercusiones: "Me imagino que le han dicho cosas peores", especula.
Lo que sí tuvo repercusión fue el retrato que hace de su hermano Eduardo, ya muerto, al que describe como un "vago maravilloso", estafador y mujeriego. "Tuve la tristeza y el placer de reunirme con el hijo de Eduardo, que vino a hablarme a nombre de todos los hermanos. La conversación fue hermosa, pero dura para ambos. No es que estés mintiendo, me dijo, nadie lo ha sufrido a él como nosotros. Yo también lo sufrí, le dije, lo conocí 25 años antes".

Pero más allá de este episodio, lo que le duele a Bryce es constatar que la ciudad en que creció ya no existe. "La Lima de hoy es mucho menos alegre y viva, mucho menos humana y habitable que la que dejé hace tres largas décadas", escribe. Lima ahora es chicha: "Chicha es el señor presidente, el tráfico, la música, el gusto, el clima, la televisión peruana, el equipo peruano de fútbol (...) chicha es el medio ambiente, chicha es el alma, chicha es la idiosincrasia, chicha la corrupción y la degradación moral".

En Lima ya no hay limeños, afirma Bryce, "todo el mundo es provinciano. Los valores tradicionales de la historia del Perú no existen. No aman Lima".

El lado cómico



Pero no todo es Perú en el libro. También hay espacio para la literatura y los amigos escritores. Aunque José Donoso lo reconoció como miembro del "boom junior" y él mantiene amistad con todos los sobrevivientes, Bryce nunca se sintió parte. "Ellos escribieron novelas muy grandes, dictaban clase, pero a los maestros del boom les faltaba algo: era el humor, muy típico de esta sociedad", cuenta.

Por eso fue tan importante para él conocer a Julio Cortázar: "Cortázar fue la gran influencia de mi vida literaria, aunque los logros hayan sido totalmente distintos. Me reveló lo que yo llevaba dentro, me enseñó a liberarme de todo estreñimiento literario y a usar la intuición y a ver el lado cómicamente grave de la realidad", dice.

Con todo, en Perú le ocurrió algo bueno: escribió El Huerto de mi Amada, la novela con que ganó el Premio Planeta y gracias al cual hoy puede vivir seis meses en España y otros seis en su país. Y de rebote originó su próxima obra: "Se llama Las Obras Infames de Pancho Marambio y es sobre la estafa que me hizo un falso arquitecto al restaurar mi casa en Barcelona. Es un exorcismo". Y aún habrá más memorias: "Va a haber un tercer volumen y se va a llamar Arrabal de Senectud", adelanta.


¿QUIÉN ESCRIBE LA HISTORIA?

<hr><h1><u>¿QUIÉN ESCRIBE LA HISTORIA?</h1></u>

Por Roberto Ampuero
La Tercera - Fecha edición: 02-10-2005



Pocas semanas después de la caída del Muro de Berlín, en 1989, llegó hasta mi departamento de la capital de Alemania occidental, tenso y pálido, un amigo germano oriental con una caja de zapatos en su maleta. Vivía en Berlín Este, donde gozaba de un buen pasar, pero ahora temía que allanasen su casa y dieran con esa caja que, dijo, pertenecía a su padre ya fallecido, un comunista simpatizante de la república española y miembro de la resistencia antinazi. En la caja había medallas y condecoraciones de la RDA, país que desaparecía en esos meses, y del Ministerium für Staassicherheit, la temida Stasi, "espada y escudo del partido".

Con la caja entre mis manos comprendí que tenía sólo dos opciones. La primera era aceptar la versión del amigo y permitir que el vínculo cultivado durante años con él por sobre el Muro continuara como siempre, caso en que mi reconocimiento hacia su persona debía continuar inalterable. La segunda opción consistía en suponer lo contrario: que eran condecoraciones que la Stasi le había otorgado por sus servicios y que él, con el Estado comunista en las últimas, necesitaba ocultar. Esto implicaba una verdadera confesión y que había actuado adecuándose a las conveniencias, confundiendo sus convicciones de izquierda con la entrega a un aparato represivo disfrazado de izquierda.

Mitrokhin



Recordé esta escena al leer extractos de El Archivo Mitrokhin II, libro que afirma que la KGB le entregó secretamente dinero a Salvador Allende cuando era senador y Presidente de la República. No se trata de casos idénticos, pero sí en alguna medida cercanos. Así como por bastante tiempo me pregunté si debía romper con el amigo o comprender las circunstancias en que había vivido, hoy no sé si corresponde condenar a Allende a la luz de estos archivos, considerados auténticos por la CIA, el FBI y el MI6, o comprender la polarizada lógica de los años 60 y 70.

Pese a que el libro de Vasili Mitrokhin, ex archivista jefe del espionaje extranjero KGB, recientemente fallecido, y el historiador Christopher Andrew, causa sensación en Gran Bretaña, pocas novedades aporta en lo referente a Chile. El espía se pasó al espionaje británico en 1992 llevándose consigo millares de páginas de los archivos de la KGB. Tal vez la novedad esté en que, basados en documentos, los autores precisan que la KGB entregó alrededor de US$ 300.000 a Allende, el Partido Comunista y un diario entre 1969 y 1971. La suma es muy inferior a la que donaron instituciones de Estados Unidos y Europa para impedir el triunfo de Allende, desestabilizar la economía y financiar el paro de transportistas. Además, todos los partidos de esa época en que Chile era escenario de la Guerra Fría, que libraban globalmente la Unión Soviética y EE.UU., recibían fondos del extranjero, algo que, al igual que hoy, no estaba prohibido.

Dólares de la CIA y oro de Moscú



En las décadas del 50, 60 y 70 existían en Chile dos conceptos básicos para explicar el financiamiento de los principales actores de la política nacional: "Los dólares de la CIA" y "el oro de Moscú". Se hablaba menos, es cierto, de lo que fluía de Alemania e Italia para financiar a democratacristianos y conservadores.

Esa visión simplista buscaba caricaturizar a ciertos protagonistas políticos como agentes pagados por superpotencias. Entonces todo aliado, fuese temporal o de largo plazo, era bienvenido, pues primaba la lógica de que "el enemigo de mi enemigo es mi amigo". Por ello sectores del exilio buscaron también ayuda en Libia y Corea del Norte, el exilio renovado golpeó puertas en la Bucarest de Ceaucescu, y sectores de la derecha liberal buscaron respaldo en la España de Franco. Es más, entre 1970 y 1973 todo militante de izquierda hubiese considerado un honor ser reclutado por el espionaje soviético, germano oriental o cubano, y militantes de derecha habrían aceptado gustosos colaborar con la CIA o la inteligencia militar. Para todos era, además, legítimo conseguir apoyo en dinero, tecnología u hombres de los países con los cuales se identificaban. Negar hoy este grado febril de politización, que justificaba todo con tal de golpear al enemigo dentro de Chile, es hipócrita.

Mientras políticos derechistas de hoy colaboraban con la dictadura, muchos políticos exiliados en el socialismo real recibían sueldo y beneficios de regímenes para nada democráticos. La ideología lo justificaban todo.

La imagen de Allende



El libro no alterará, además, la imagen de Allende por tres razones. Primero, porque era conocido su estilo de vida "aburguesado", que destacan los archivos; segundo, porque es indudable que Allende fue el único inspirador de su trayectoria política y no un agente al servicio de fuerzas foráneas, y tercero, porque nadie que tenga como meta enriquecerse mediante la política se suicida en lugar de huir al exilio "dorado", donde lo esperan cuentas abultadas en bancos discretos.

La decisión final de Allende revela no sólo consecuencia, sino también que carecía de un paraíso donde lo aguardasen depósitos secretos, como ocurre a menudo con ex mandatarios y generales de nuestras repúblicas. Ahora que abundan nepotismo, corrupción y tráfico de influencias, políticos que privilegian su bienestar, el de familiares o amigos por sobre lo que postulan en público, el idealismo de Allende raya en lo quijotesco, en la ingenuidad de alguien que no intuyó que el poder es muchas veces un mero pretexto para disfrazar objetivos inconfesables.

Un maniqueo podría ponerse suspicaz por el hecho de que la aparición del libro de Mitrokhin, en Londres, coincida con el lanzamiento, en París, de Cuba Nostra, libro de Alain Ammar que se basa en declaraciones de dos ex agentes cubanos. En él Juan Vives y Daniel Alarcón Ramírez afirman que Allende no se habría suicidado, sino que habría sido ejecutado por el oficial cubano Patricio de la Guardia al ver que el Presidente planeaba pedir asilo político desde La Moneda. El libro presenta a Allende como hombre acobardado y nervioso, en una imagen que no coincide con la que revelan las fotos de sus últimos instantes, en las que lleva casco militar y subametralladora, dispuesto a resistir, ni tampoco con su última alocución al país, en la que deja entrever la muerte. De la Guardia fue condenado a 30 años de prisión en el juicio-farsa al general Arnaldo Ochoa, y hoy vive en residencia vigilada en La Habana.

Después del Archivo Mitrokhin II y de Cuba Nostra cabe plantearse la pregunta de quién escribe entonces la historia definitiva. Pareciera que hoy lo hacen los archivos de policías secretas. Según esta lógica, la versión final de la historia reciente de Alemania estaría en los archivos de la Stasi, la de Rusia en los de la KGB, y la de Cuba en los de la DGI. Por lógica, la versión definitiva de nuestra historia de la Guerra Fría yacería en las bóvedas secretas de la Stasi, la KGB, la DGI, la CIA o la Dina. Es angustiante que la historia final la escriban los servicios secretos, más aún cuando sabemos que éstos la manipulan a su antojo precisamente para justificar las acciones que ellos mismos narran.


“ILUMINADOS POR EL FUEGO”

<HR><H1><U>“ILUMINADOS POR EL FUEGO”</H1></U>

Cine sin profundidad de campo



Por Enrique Lacolla



El cine argentino perdió una oportunidad para asomarse a la historia reciente sin los resabios de un espíritu de parte que lo esteriliza como esfuerzo comprensivo.

La Argentina no lo tiene fácil a la hora de definir su identidad. Y eso se puede demostrar de muchas maneras, a veces con una película que debería, por su tema, concitar una identificación y una adhesión inmediata y espontánea en torno al reconocimiento en valores comunes. Iluminados por el fuego, por el contrario, suscita una sensación compleja, dividida, incómoda y, para decirlo francamente, indignada, en muchos espectadores; los cuales, sin embargo, no atinan a terminar de explicarse qué es lo que motiva su rabia o su molestia.

Como quien esto escribe formo parte de ese público sumido en el desconcierto, intentará dialogar consigo mismo antes que hacer de crítico; es decir de quien se supone actúa de mediador entre una obra y la platea.

Antes de entrar en materia conviene salvar los méritos técnicos de la producción de Tristán Bauer, ciertamente apreciable en el manejo de los recursos que hacen a un género poco frecuentado por el cine nacional, como es el bélico. Pero una vez establecido este valor, todo el resto del filme queda en entredicho.

Optica distorsionada



La película asume el punto de vista de un soldado raso, pero no se limita a ese enfoque sino que, como hasta cierto punto resulta lógico, a través de él suministra un juicio crítico de la empresa que se cerró con la rendición de Puerto Argentino. Al hacerlo se carga de todos los conceptos y preconceptos que distinguen a la visión de la progresía argentina respecto del acontecer nacional de las últimas décadas.

Esa visión se distingue por una antinomia simplista que viene de lo profundo de nuestra historia y que se resume en la dicotomía mecánica entre la civilización y la barbarie. En la óptica de los epígonos "progres" del unitarismo ilustrado, el rol del gaucho bruto y chorreante de sangre de El Matadero, de Esteban Echeverría, compete hoy a los militares. Convengamos que el estamento militar, durante los años de la dictadura, hizo (de)méritos más que abundantes para recibir el repudio de la ciudadanía.

Pero su presuntuosidad, su torpeza y sobre todo la aberrante sevicia con que muchos de sus elementos procedieron a una represión innecesariamente sobredimensionada contra los elementos que atentaron contra el Estado durante "los años de plomo", no eran sólo la emanación de su propia esencia, sino también y sobre todo el producto de una ecuación política que tenía a la dependencia cultural del imperialismo como factor determinante.

Este misma distorsión óptica impregnó a los integrantes de las facciones extremistas y permitió que actuaran como agentes provocadores que dinamitaron, desde dentro, a un movimiento nacional contradictorio, que estaba muy lejos de ser perfecto pero que expresaba, mal que bien, las aspiraciones y los límites de los sectores más populares de esta sociedad.

Después del horrible castigo a que fue sometido el país a partir de 1976 y que permitió dar comienzo a su descalabro económico, la dictadura, amenazada por una insurrección social de un signo muy distinto al de los elementos de ultraizquierda que habían copado el escenario años antes, optó por la fuga hacia adelante y trató de lavar sus desatinos previos con un emprendimiento de carácter nacional, cual era la recuperación de Malvinas, muy sentido por el pueblo, pero que en forma irrevocable la introducía en un terreno que implicaba romper con la configuración global en la que estaba inserta. Que ese arrebato haya estado mal planificado, que haya sido oportunista o quizá inducido por la inteligencia enemiga, que se haya cedido a él sin una clara conciencia de adónde se iba o en la boba creencia que Estados Unidos se pondría de nuestra parte contra Gran Bretaña, no importa a los efectos del resultado, que supuso un salto cualitativo que encerraba potencialidades de desarrollo muy distintas de las que hasta entonces habían predominado.

Cuando algunos o algunas llaman la "plaza de la vergüenza", al pueblo reunido para ovacionar a Leopoldo Galtieri en el balcón de la Rosada, no ven la singularidad dialéctica de ese momento, ni el carácter contradictorio, matizado y ambiguo que tienen todos los desarrollos históricos. De la misma manera, cuando Tristán Bauer y su guionista Miguel Bonasso se aproximan al hecho Malvinas con una visión maniquea, que se centra casi con exclusividad en el maltrato y la indefensión de los conscriptos en manos de una oficialidad bestial y corta de entendederas, no sólo cometen una injusticia flagrante con respecto de los muchos oficiales y cuadros que ejercíeron de manera responsable, sacrificada y heroica el oficio de soldados, sino que prolongan las líneas de una discordia interna equivocándolas con las de un conflicto internacional.

La guerra de Malvinas se transforma así, de una guerra patria contra los ingleses, en la prolongación de una guerra civil. O, mejor dicho, de una discordia interna entre dos rencores sectarios, de los cuales sólo uno encuentra ocasión de expresarse en esta película



Al proceder de esta manera, los autores desperdician la oportunidad de efectuar un esfuerzo de comprensión que ayude a soldar la escisión argentina. En vez de tender un puente, ahondan el foso que separa al pueblo de las Fuerzas Armadas, sin una clara visión, por otra parte, de la función que este punto de vista puede jugar para el ocupante de las islas. Hay un largo plano, hacia el final del filme, cuando Pauls-Esteban vuelve de visita a Malvinas, que sostiene ante el espectador un cartel pintado frente al hotel donde se aloja el protagonista y que reza: "los argentinos serán bienvenidos cuando reconozcan nuestro derecho a la autodeterminación". Exista esa leyenda o haya sido escrita ex profeso para el filme, hay el dato de que este no suministra ninguna respuesta -explícita o implícita- al mismo, lo cual puede significar que lo asume, y es inevitable la sospecha de si su inclusión no ha sido exigida por los auspiciantes europeos de la película como recaudo que consienta su circulación por el mercado internacional...

Suicidas



La película hace hincapié en el hecho de que el número de ex-combatientes que se suicidaron en los 23 años corridos después del conflicto iguala o excede ya al de los soldados del Ejército que cayeron en combate. Es un dato real y doloroso.

Pero, ¿cuál es la causa de esto? ¿Son las secuelas del estrés de la guerra? ¿O es más bien la consecuencia de la traición que la sociedad misma o al menos sus mandantes y exponentes intelectuales más caracterizados cometieron respecto de los muchachos que dieron lo mejor de sí en la batalla?

El filme de Bauer-Bonasso habla de que la Junta militar ocultó a los soldados en los cuarteles a su retorno al continente, en vez de hacerlos desfilar con honor. Es cierto, y se trata de uno de los hechos más vergonzosos que haya consumado la dictadura, expresión de su mala conciencia y de su absoluta ineptitud para asumir las consecuencias de sus actos.

Pero ese escamoteo fue seguido de otro aun peor, cual fue la deliberada política de "desmalvinización" puesta en práctica por los gobiernos democráticos que la sucedieron. Se ignoró Malvinas como gesta nacional, se tuvo vergüenza de ella, se hizo burla del sobresalto de orgullo que había supuesto, se desasistió a los ex-combatientes, no sólo desde el punto de vista económico y social sino también y sobre todo en lo referido al significado de la batalla que habían sostenido



Otra película denominó a Malvinas una "historia de traiciones". Inconscientemente, tal vez, la película de Bauer-Bonasso puede ser otra de esas traiciones, en la medida que se vale de elementos genuinamente heroicos, por muy manchados que hayan estado por la incompetencia o la criminalidad, para introducir un mensaje derrotista, que sólo encuentra el lamento como registro de un arrebato de orgullo nacional al que, sin embargo, no se anima a descalificar del todo. Quizá porque siente vibrar bajo sus pies la protesta sorda de un país inexpresado, que lo conmueve pese a todo y al que no se anima despreciar; tal vez porque, en el fondo, le tiene miedo.

Si la realidad está recorrida por ambivalencias y ambigüedades, “Iluminados por el fuego” es un ejemplo de estas. Y desaprovecha la óptima oportunidad que se le ofrecía para abordar su tema con "profundidad de campo". Una profundidad de campo que en este caso no debía estar en el objetivo de la cámara, sino en la capacidad de reflexión abarcadora de quienes le daban un libreto.


CORREDOR PATAGÓNICO

<HR><H1><U>CORREDOR PATAGÓNICO</h1></u>

Atlántico a Pacífico, por tierra y por mar.
En sintonía con los empresarios de la Corporación de Comercio e Industria de Bahía Blanca, exportadores de Chile y autoridades políticas pidieron avanzar con el proyecto



Francisco Martirena
(c) Infobae Diario



Con el objetivo de hacer realidad el proyecto de infraestructura con mayor impacto económico para el país, autoridades de la Comisión de Comercio Exterior de la Cámara de Diputados bonaerense viajaron recientemente a Chile, para sondear el grado de apoyo de sectores empresariales y políticos al proyecto Corredor Trasandino del Sur (conocido como CTS), que registra un convenio entre la provincia de Buenos Aires y la Novena Región del país trasandino.

En diálogo con Infobae, el titular de la Comisión de Comercio Exterior, Nicolás Castiglione, quien encabezó la delegación argentina, dejó en claro que “el gobierno de Ricardo Lagos quiere que la Argentina acompañe la creación del corredor bioceánico”, que tendría como extremos los puertos de Bahía Blanca y de Talcahuano (Chile), y recorrería las provincias de Buenos Aires, La Pampa, Río Negro y el Neuquén.

Hace dieciséis meses, en junio del 2004, el gobernador bonaerense Felipe Solá firmó un convenio de adhesión al proyecto ferrocarretero con el gobierno de la provincia de Talcahuano, pero desde entonces la obra no ha comenzado.

“No se descarta que empresarios y funcionarios del sur de Chile visiten la provincia porque el corredor representa no sólo la posibilidad comercial para productos argentinos en el sur de Chile y con salida a Oriente, sino para los chilenos el transporte y la exportación de materias primas y manufacturas por el océano Atlántico, a través del poderoso puerto de Bahía Blanca”.

De acuerdo con un exhaustivo informe del Centro de Estudios Económicos de Bahía Blanca (Creebba), el producto bruto geográfico de la Norpatagonia argentino-chilena es de u$s20.000 millones y concentra una población de más de 6 millones de habitantes.

Potencial



El informe define cuatro regiones que exigen la concreción del megaproyecto.

Sobre el Atlántico, el principal núcleo es Bahía Blanca, con la posibilidad de consolidar un eje de integración con Santa Rosa. Los principales sectores económicos son la actividad agropecuaria, la agroindustria y la industria petroquímica.

La segunda región es el valle del Río Negro y el Neuquén, con producción de frutas como pera y manzana; y vitivinicultura.

En tercer lugar, las localidades de la precordillera con yacimientos minerales, gas y combustibles, y finalmente, la región sur de Chile, donde el núcleo de actividad económica se encuentra en torno de las ciudades de Concepción y Talcahuano.

Ésta es una de las principales regiones exportadoras de Chile, reconocida por sus cadenas productivas de la industria forestal y pesquera, en este último caso con centro en el salmón y la trucha.


LA ENSEÑANZA

<hr><h1><u>LA ENSEÑANZA</h1></u>

Poema de César Bizzo – Santa Fe (1952)
Suplemento “Ñ” – Diario “Clarín” – 1º de Octubre de 2005



Las cosas tenían que ocurrir. No pensarse.
Sin darnos cuenta
sobrevivimos al dolor mayor de nuestras vidas.

Creímos torcer el rumbo desde una guitarra
amparados en el ocio de la noche y el tabaco.
Muy cerca, el espanto anidaba en las esquinas.

Por ríos inciertos navegamos juntos
sin remos firmes.
Miedo a las tempestades,
angustia de llegar hasta algún puerto,
ansiedad de cruzar la otra orilla.
La imposibilidad del retorno.

Tú conservas la canción. Yo disfruto el poema.
La patria aún agoniza. Como entonces
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EL LIBRO DE KAREN

<hr><h1><u>EL LIBRO DE KAREN</h1></u>

Valparaíso


Por Aristóteles España



El Gobierno Regional de Valparaíso a través de su Programa de Ediciones que coordina el poeta Juan Cameron acaba de publicar “El silencio crece en mi jardín” (2005), de la poeta Karen Toro.

Se trata de un libro de la ausencia, con gestos perdidos en la memoria que el libro rescata para devolverles un lugar en el tiempo. Hay viajes hacia el invierno pero también a la soledad. En el epígrafe de Jorge Teillier leemos: “Nadie ha muerto en esta casa. / Ninguna mano busca una mano ausente. / El fuego aún no añora a quien cuidó encenderlo. / La noche no ha cobrado sus poderes”.

La atmósfera del libro de Karen Toro recorre estos parajes, donde en ventanas perdidas se cuelga de la humedad del día, y lleva la carga del olvido en sus pies. Aparecen fantasmas en momentos que ella jugaba a cuidar hijos que no tenía y entonces se enciende el fuego. Los fantasmas que rodean el poemario entibian el hogar que la escritora ha construido en este espacio mítico que sólo el oficio poético puede lograr. Este texto hay que incluirlo en lo mejor de la tradición literaria chilena construida por mujeres. De pronto está el hálito de Olga Acevedo, Stella Díaz Varín, Eliana Navarro, Yolanda Lagos, sobre todo en el poema “En el nombre del padre”. Dice: “Mi esperanza/ habita tras una sala blanca/ hasta que tú llames a la puerta/ para yo responder/ para yo ver a mi defensor/ a mi escudo/ a ese señor que no me refugia”.

Cuando decimos que éste es un libro de la ausencia pensamos en sueños inconclusos, en regresos a lugares donde alguna vez habitamos disfrazados de pañuelos, con insectos que avisan cada paso que el lenguaje va diseñando antes de ser un poema, antes de ser un espejo donde el artista, hombre o mujer, se refugia para atrapar pequeños instantes. Poesía dentro de la poesía, sin duda. Particulares momentos logra cuando el silencio es un bosque lleno de miedos, cuando escribe que un cazador no debería admirar tanto a su presa, cuando dice que un cazador no debería llorar cuando dispara. Una metáfora, sin duda, del Chile actual donde todos sus actores viven de arrepentimientos y calvarios. Es la decisión lo que cuenta en el lenguaje poético. No hay pavores ni mentiras en la página en blanco. Se trata de enfrentar el mundo como un zorzal enfrenta a su depredador, un gato, un ciudadano cualquiera que pasa por un sendero de alerces en el sur de Chile.

Volvamos a su lugar secreto: un espacio como un lar de infancia, donde la felicidad es una mujer esquiva, o un hombre sin proyectos de futuro. Temas complejos en la poesía chilena pero no hay que esquivarlos. Cuando hoy existe un ensimismamiento con la palabra y no con la emoción este libro nos recuerda que la poesía nunca va a terminar como ya señalan los agoreros de siempre



Karen Toro Espinoza nació en Valparaíso en 1980. Estudió pedagogía en Castellano en la Universidad de Playa Ancha. Su poesía aparece en recopilaciones : “23 escritores jóvenes de Valparaíso”, de Nancy Fuentes Correa (1998); “2000 palabras” y “La poesía se encuentra en Valparaíso”, ambas de Juan Cameron (2000); “Taller de poesía La Sebastiana”, de Sergio Muñoz Arraigada (2000); “Creación desde la palabra”, de Felipe Ugalde y Arturo Rojas (2001).


¡HASTA SIEMPRE … “POCHITA”!

<hr><h1><u>¡HASTA SIEMPRE … “POCHITA”!</h1></u>

MARÍA VIVANCO ALVARADO
(Q.E.P.D.)



Llegó a Río Gallegos hace treinta años, con su compañero de siempre, René Muñoz Ortega y sus cuatro hijos, todavía adolescentes. En Chile, su país natal, no soplaban vientos favorables y había que pensar en los chicos, en el trabajo… en el futuro. Fueron muy duros los primeros tiempos. René era un buen mecánico de automóviles y de todo tipo de máquinas. Algo se podía hacer por aquí y por allá. Los chicos continuaron estudiando pero también trabajando. Había que “parar la olla” todos los días pero en Argentina también se vivían tiempos difíciles. Ella, la “Pocha”, en la vanguardia, en la casa, era el sostén del grupo familiar, con su empeño, su alegría, haciendo milagros con la comida, la ropa, el colegio de los chicos.

Y así fueron pasando los años. Los chicos crecieron, se casaron, vinieron los nietos y los bisnietos, pudo tener su propia casa que pasó a ser el centro de la familia y amable cobijo para los parientes que venían de Punta Arenas, Puerto Natales, Río Turbio, de Santiago de Chile, de Buenos Aires.

Estuve con ella este verano en Río Gallegos, en su casa del Barrio Jorge Newbery. Pasaba por un mal momento personal y pensé que un poco de aire patagónico me vendría bien. Estuve un mes con la “Pocha” y su familia y no me equivoqué en la elección. Recibí toda su solidaridad y su afecto.

Esta tarde, hace unas horas, recibí la noticia cruel. La querida “Pocha”, María Vivanco Alvarado, mi querida prima, falleció en Río Gallegos.

Deja una familia enorme de chilenos y argentinos y su partida enluta los dos lados de la Patagonia.

Desde Buenos Aires, en este triste Día del Padre, un abrazo fraterno con toda mi solidaridad y la de mi familia para René Muñoz Ortega, René, Nelson, Mirna y José Muñoz Vivanco, primos queridos, amigos del alma.


"CLOROFORMO"

<hr><h1><u>&quot;CLOROFORMO&quot;</h1></u>

(UN NATALINO CAMPEÓN)



Por Augusto Alvarado
Mirando al Sur – Julio de 2005



Eran los tiempos dorados de la juventud y también los años prósperos de la patria. Con toda seguridad, junio de 1972. Viajaba de noche, en bus, de Concepción a Santiago, con la inseparable radio a transistores pegada a la oreja. Sintonizaba radio "Corporación" porque esa noche transmitirían, desde el Teatro Circo "Caupolicán", una nueva edición del Campeonato Nacional de Box Amateur de Chile.

Mi interés estaba puesto en la presentación del mediano natalino "Cloroformo" Andrade, ex compañero de colegio, púgil que había recorrido un largo camino de nocauts en los cuadriláteros de su pueblo, todos de la mano de un golpe casi secreto, un derechazo de arriba hacia abajo, de preferencia aplicado sobre la sien del oponente y conocido en los corrillos locales, bares, clubes deportivos y chincheles varios como "gualetazo". Golpe que a la larga haría conocido a Andrade con el adormecedor apodo de "Cloroformo".

(Aunque "Cloroformo", antes de ser "Cloroformo", había portado otros apodos: "Pepille" en su tierna infancia y "Ministro" después, cuando se vino más grandecito. Había en el pueblo entonces toda una dinastía de "Ministros" y aunque nunca tuve una versión cabal del origen del apodo me imagino que habrá sido porque el "Ministro" originario, el padre de "Pepille", más conocido como "Ministro Viejo", peón en el frigorífico "Bories", tenía la inveterada y extraña costumbre de vestirse bien, hasta con elegancia podríamos decir. Entonces, mientras sus compañeros de trabajo en el frigorífico, con toda lógica y buen criterio, se ponían ropa de batalla para moverse en un medio pletórico de sangre, grasa y caca de oveja, nuestro buen Andrade se aparecía en el trabajo con ropa de vestir, un infaltable sobretodo en invierno y verano, sombrero, camisa y corbata. El extraño proceder ameritaba un apodo. Y en el pueblo donde están los campeones mundiales del sobrenombre no faltó el chusco que asoció la pretendida elegancia de Andrade con la vestimenta de los funcionarios que acompañan al presidente de la nación y así nació, creo yo, la familia de los "Ministros", todos tipos macanudos, buenas personas, amigos de los amigos).

"Pepille", entonces, era el "Ministro Chico". Petiso, rechoncho, piernas cortas y firmes, abundante tórax, tendría que rebuscárselas en el Nacional en una categoría difícil, los medianos, categoría casi universal para el tipo chileno donde se hacía evidente, como en ninguna otra, la diferencia entre los elegantes "boxeadores" y los temibles "pegadores".

Pero dejemos a Renato González, "Míster Huifa", maestro del periodismo deportivo de Chile, que nos presente la pelea:

"Y a continuación tenemos, estimados oyentes, uno de los combates estelares de la noche. Se presenta una de las figuras más prometedoras del boxeo de nuestro país. Julio Medina, de Arica, preseleccionado nacional para los Juegos Olímpicos, un mediano perfecto, buena estatura, pura fibra morena, excelente alcance de brazos, camina bien el ring, un boxeador con todas las letras que seguramente aprovechará este Campeonato Nacional para ponerse a punto. Su rival, que ya está en el cuadrilátero, un muchachito... Andrade... ¿de dónde es este muchacho, Parmisari? ¡Ah!, de Puerto Natales, me dice el relator. Si ustedes me permiten la figura, diría que se trata de un antiboxeador, y esto lo digo con todo respeto, un antiatleta, un muchacho muy joven, con un físico extraño, piernas cortas y fuertes, un tórax demasiado abultado, brazos cortos... Bueno, estas son las cosas que pasan en estos campeonatos nacionales, yo siempre he sido partidario de una preselección, realizar campeonatos regionales para que el nacional sea lo que verdaderamente debe ser, una competencia de alto nivel... (Se escucha la campana y el "segundos afuera" que anuncia el primer round). Estimados amigos, lo dejo Parmisari con el relato".

¡Ay! ¡Carajo! Esos tres minutos del primer round fueron terribles para mi amigo "Cloroformo". Medina lo cagó a trompadas, entraba y salía el hijo de puta con la derecha como un estilete mientras con la izquierda lo acomodaba y otro derechazo y otro... Y Medina bailaba y giraba (como Cassius Clay decía Parmisari) y entraba, salía, pegaba, bailaba y "Cloroformo" recibía y recibía hasta que milagrosamente sonó la campana que daba por terminado el primer round. Me lo imaginaba a "Pepille" con los ojos hinchados, la nariz sangrante, boqueando, sentado en el banquito en el rincón, esperando que de una buena vez se terminara la puta pelea.

"Bueno ("Míster Huifa" comenta la primera vuelta) ocurrió exactamente lo que yo había adelantado. Un Medina perfecto, dictando cátedra, desarrollando todo un repertorio de golpes, un desplazamiento perfecto por el cuadrilátero, entrando y saliendo como lo hacen los que saben, sin dar nunca la distancia para un golpe feliz del oponente. Sinceramente no sé como este muchachito ¿Andrade? todavía sigue en pie. Lo vemos en el rincón, el rostro acusa los impactos de los golpes de Medina, este muchacho de piel muy blanca muestra la huella de los golpes de la cintura para arriba, en los brazos... Vuelvo a repetir, con una buena preselección regional estos muchachitos no llegarían nunca a disputar un campeonato que debería ser serio como éste, la máxima expresión del box nacional...".

(Se escucha la orden de siempre: "Segundos afuera" y suena la campana que anuncia el próximo round).

"Cayó Medina" -interrumpe Parmisari. "Cayó Medina, don Renato" -repite Parmisari. "Es nocaut" -otra vez Parmisari. "Y Medina no se levanta, lo están reanimando don Renato". ("Y nos dieron las diez, y las once y las doce y la una y las dos" cantaría muchos años después Joaquín Sabina. Y Medina no reaccionaba).

"Cloroformo" sabía que tenía una única oportunidad de meter su temido golpe y terminar con la paliza que le estaban dando. En el momento del saludo, al comenzar la pelea y en cada round, los rivales se saludan chocando los guantes, una gentileza que resultó fatal para el mediano de Arica. Allí "Cloroformo" le puso el derechazo, el temido "gualetazo", de arriba hacia abajo, a la altura de la sien derecha y así terminó el Campeonato Nacional para el promisorio mediano Julio Medina, de Arica, preseleccionado chileno para los Juegos Olímpicos.

Comentario final de "Míster Huifa": "¿Qué puedo decirles estimados oyentes? Estas cosas pasan en este tipo de campeonatos. No tengo ninguna duda que Medina es mucho mejor boxeador que este muchachito... ¿Andrade? Pero el box, como otros deportes, tiene la magia de la sorpresa, un minuto de suerte, un golpe bien aplicado y la historia se da vuelta como un guante... Le deseo la mejor de las suertes a este muchachito aunque no creo que llegue muy lejos, carece de fundamentos boxísticos... Bueno, ya están sobre el ring los protagonistas del próximo combate...".

Y a punta de gualetazos y tortazos "Cloroformo" llegó a disputar la final del Campeonato de Box de Chile en la categoría mediano en el año 1972. Nunca estuvimos tan cerca los natalinos de tener un campeón nacional. En la final perdió con un mediano de Punta Arenas que lo conocía como si lo hubiera parido. Nunca se acercó a "Cloroformo", ni siquiera para saludar, metió un par de buenas manos por asalto y así ganó la pelea.

En ese largo viaje entre Concepción y Santiago, una fría y lluviosa noche de invierno de 1972, una sonrisa se dibujaba en mi rostro. Mi amigo "Pepille", "Ministro", "Cloroformo" Andrade, natalino de ley, había derrotado a una promesa del box nacional, el mediano Julio Medina de Arica, preseleccionado para los Juegos Olímpicos
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