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MIRANDO AL SUR - augusto alvarado


NUESTRO GLOBALISMO PROVINCIANO

<hr><h2><u>NUESTRO GLOBALISMO PROVINCIANO</h2></u>

Por Carlos Parker Almonacid (*)

El Mostrador
- 7 de Enero del 2005

El reciente cataclismo y maremoto que afectó a las costas de Asia ha vuelto a poner de relieve esta costumbre informativa tan nuestra. Que es un hábito de los medios, pero que se funda en una determinada manera, pequeña, provinciana y ombliguista de ver el mundo y sus circunstancias.

Con ocasión de los atentados terroristas a las Torres Gemelas, aquel fatídico 11 de septiembre, los medios nacionales de prensa y particularmente la televisión, informaron de las alternativas del suceso en un tono y un modo tal, que un observador desaprensivo hubiese perfectamente podido imaginar que los acontecimientos que se mostraban en vivo y en directo no estaban teniendo lugar en el extremo sur de la Isla de Manhattan, Nueva York, sino que, más o menos, en la intersección de avenida Santa Rosa con la Alameda.

Una vez pasado el estruendo inicial, los énfasis informativos de nuestros medios comenzaron a ser colocados, no en las causas probables que habrían motivado este acto deleznable ni en sus consecuencias venideras, de las cuales han habido muchas y muy graves, sino en las impresiones de testigos casuales u observadores improvisados. Así las cosas, las pantallas, las portadas y las notas de fondo fueron reservadas mayoritariamente no a los analistas expertos, sino a los
testigos presenciales, preferentemente compatriotas, quienes nos relataron con lujo de detalles sus sensaciones, sentimientos y temores tras el atentado.

Daba lo mismo si los entrevistados hubiesen presenciado los impactos y el derrumbe de las torres a kilómetros de distancia o incluso si hubiesen seguido el mortal acontecimiento por la televisión, tal como usted o como yo lo hicimos desde Chile. Lo importante era que los entrevistados nos brindaran sus impresiones desde Nueva York y sobre todo, que no se tratara de cualquier testimonio, sino de uno rendido por chilenos. Como si aquellas impresiones, por el solo hecho de provenir de compatriotas, estuvieran a diferencia de otras, revestidas de un colorido y un valor objetivo e informativo especial.

Más recientemente, con motivo del atentado criminal a la estación de Atocha en Madrid volvimos a ser testigos de un tratamiento periodístico semejante del suceso. Otra vez la prensa concentró su atención en los testimonios de compatriotas. De modo que vimos comparecer a algunos que habían estado en el sitio del suceso en el momento de la tragedia, o poco antes, y supimos de varios otros testimonios de chilenos o chilenas que por la sola y aleatoria circunstancia de vivir en Madrid, o estar de paso por la capital española, se estimaron como fuentes informativas privilegiadas.

Tal pareciera que cualquier tragedia de proporciones que tenga lugar en algún sitio de nuestro asolado mundo no llega a ser verdaderamente tal, si acaso no llega a afectar directa o indirectamente a alguno de nuestros compatriotas. Más todavía, uno llega a pensar que para que dicha tragedia pueda verdaderamente llegar a interesarnos y eventualmente a conmovernos, fuese preciso que la misma fuese experimentada directamente por un chileno, o cuando menos, teniendo como testigo presencial a un compatriota.

No resistimos no estar ahí. Precisamente en el lugar mismo donde la tragedia que golpeará al mundo está ocurriendo o acaba de ocurrir. Así es que buscamos cualquier subterfugio mediático para marcar nuestra presencia, de modo tal que cuando este enganche no está presente o no es posible improvisarlo, ni llegamos a enterarnos de lo que ha ocurrido y mucho menos a impresionarnos.

Mencionemos el caso de África sub-sahariana. Una región que está casi permanentemente sometida a devastadores fenómenos naturales y sociales que han costado y sigue costando diariamente la vida a miles de personas. Hambrunas, sequías inclementes, guerras civiles, luchas étnicas, pandemias, etc., son el pan amargo de cada día en una región que se debate cotidianamente en medio de la tragedia más pavorosa. Pero de todo aquello, la mayoría de las veces ni llegamos a imponernos. O al menos lo que llegamos a conocer no alcanza para indigestarnos mientras degustamos nuestra cena, en el preciso instante en que los noticiarios, nos muestran al pasar como niños africanos son literalmente comidos por
las moscas.

De modo que mientras no existan chilenos de por medio, podemos soportar impávidos y casi indiferentes los destrozos y pérdidas de vidas humanas con motivo de un terremoto, una inundación, un tifón, una erupción volcánica o cualquier otro desastre provocado por fenómenos naturales. También será posible que podamos resistir sin echarnos a llorar a mares, el conocer del descarrilamiento de un tren en Bangladesh, las consecuencias de un devastador desastre aéreo en el Kurdistán, el estallido de una nueva guerra civil sangrienta en Liberia, un atentado terrorista en alguna ciudad iraquí o el transitar galopante del Sida por medio continente africano.

Pero no dejaremos de estar atentos y sobrecogidos ante el avance de un huracán que amenaza las Costas de Florida. Especialmente si tal situación de pánico e incertidumbre puede ser ilustrada con los irremplazables testimonios de compatriotas residentes, o por lo menos, que se encuentren pasando sus vacaciones en Miami o algún otro punto turístico de la zona bajo peligro.

Sin ir más lejos, la sempiterna tragedia de Haití estuvo siempre allí, o al menos por más de un centenar de años para quién quisiera verla, condolerse y rebelarse contra ella. Pero solo vinimos a reparar verdaderamente en su existencia cuando nos involucramos como país en el proceso pacificación tras la debacle generalizada y enviamos nuestras tropas. Como se sabe, ello fue la consecuencia de un acto que involucró una definición y una decisión política meditada y de la mayor trascendencia.

Aun así, no deja de llamar la atención que la mayoría de los despachos periodísticos provenientes de la isla caribeña no tengan como propósito principal difundir la situación imperante, que es catastrófica y dramática, sino de informarnos sobre las condiciones de existencia y trabajo de nuestros efectivos militares, con especial énfasis en los naturales sentimientos de nostalgia de la patria y la familia lejana.

El reciente cataclismo y maremoto que afectó a las costas de Asia ha vuelto a poner de relieve esta costumbre informativa tan nuestra. Que es un hábito de los medios, pero que se funda en una determinada manera, pequeña, provinciana y ombliguista de ver el mundo y sus circunstancias.

Se conoce de más de 150 mil victimas fatales y un nivel de destrucción impresionante. Las imágenes que ha mostrado la televisión sobre el momento mismo en que ocurre el desastre son impactantes. Más todavía lo son las rumas de cadáveres y el dolor y la tristeza reflejado en los rostros de los sobrevivientes.

Cualquiera puede ver que estamos frente a una catástrofe de proporciones bíblicas cuyo costo en vidas humanas y bienes materiales quizá nunca se llegue a conocer exactamente. Pero nosotros, los chilenos, optamos por permanecer aferrados, en lo principal, a escudriñar en la vida del grupo de compatriotas que resultaron afectados, la gran mayoría de los cuales lograron sobrevivir, como si nada más nos importara real y sinceramente, y la tragedia en si no fuera más que el contexto, el paisaje desolado que encuadra la dura experiencia que casualmente experimentaron nuestros compatriotas de vacaciones por tan infaustas latitudes.

Quizás por lo mismo las entidades que abrieron cuentas bancarias para recolectar ayuda para las victimas no han querido dar a conocer los montos hasta ahora acumulados. Se sabe, sin embargo, que las cifras son vergonzosamente escuálidas para un país que se precia de exitoso e integrado plenamente al mundo. Hasta allí no más llega nuestra capacidad de compasión y solidaridad. Justo hasta el momento de tener que ser lo suficientemente generoso como para llevarse la mano al bolsillo, por lo menos al propio.

Triste y limitado entendimiento de la globalización el nuestro. Más triste todavía nos parece cuando nuestra falta de generosidad tiene lugar cuando todavía se escuchan los ecos de la muy reciente Cumbre APEC, ocasión en que precisamente acogimos cálida y entusiastamente a los líderes de varias de las economías de países afectados por la tragedia. Claro que para entonces los veíamos como socios y por lo mismo como canales para concretar nuevas oportunidades para incrementar nuestro comercio. No como las víctimas arrasadas de un evento telúrico que inopinadamente vino a poner de relieve las precariedades de toda índole tras el boato y la espectacularidad de las ceremonias.

Para variar, los chilenos podríamos volver a mirar el mundo como lo que esencialmente es. Una tierra poblada por personas de carne y hueso, que son y representan bastante más que potenciales mercados para nuestras exportaciones. Si nos esforzamos un poco, veremos a seres que efectivamente consumen, pero que también sufren y lloran cuando son golpeados por la adversidad y deben perder a sus familiares y sus escasos bienes. Ni más ni menos que como nosotros, que bien sabemos de catástrofes y de la importancia de la solidaridad internacional, generosa y oportuna frente al dolor y la necesidad.

(*) Carlos Parker Almonacid es cientista político.


LA PESADILLA DEL GENERAL LÓPEZ

<hr><h2><u>LA PESADILLA DEL GENERAL LÓPEZ</u></h2>

por Carlos Parker Almonacid

El Mostrador
– Enero de 2005

Cuando abrió los ojos, lo primero que el anciano general Daniel López pudo ver fue la figura rechoncha e inconfundible de su fiel ayudante Máximo Gutiérrez, la que parada de espaldas a su lecho de enfermo, se recortaba perfectamente al trasluz del amplio ventanal, cuyos velos de mecían suavemente al compás de la suave brisa de la tibia tarde del domingo, de esa semana, ese mes y ese año completamente desconocidos.

El general parpadeó y apretó los puños mientras trataba de incorporarse sin lograrlo. Y no hizo falta alguna que Gutiérrez le viera ese gesto ni le dijera nada, para darse cuenta por sí mismo que venía despertando de un pesado sueño que había durado más tiempo de lo debido.

Unos minutos más tarde, después que su ayudante se hubiera sorprendido y emocionado con el sorpresivo regreso de su ex jefe al mundo de los despiertos, el viejo general supo que efectivamente hacía una pila de años que había estado inconsciente. Sumido en el reparador olvido y la ausencia total del coma profundo, tranquilo, negro y silencioso al que le había arrastrado un accidente vascular cerebral, acontecido justo mientras celebraba unos de sus incontables cumpleaños plagados de rancheras, arengas de homenaje y brindis en su honor.

¿Y mi esposa, donde está? Fue la primera frase que el viejo pronunció. Ella estuvo por acá hace un par de semanas, le respondió Gutiérrez, pero me han dicho que no ha vuelto a venir desde hace rato. Al principio, los primeros meses y años la señora venía a menudo. Después comenzó a espaciar sus visitas y las reemplazó por llamadas telefónicas para preguntar por su estado. Pero como siempre recibía la misma respuesta: “ el general sigue sin novedad”, creo que se fue cansando o resignando, hasta que prácticamente desapareció. Si le sirve de consuelo, quienes le han visto me han dicho que la señora, con todo respeto, está más cascarrabias e insoportable que nunca.

Lo mismo pasó con sus hijos e hijas, aunque ellos desertaron mucho antes que su esposa. Así es que después de los primeros meses de su enfermedad nunca más se aparecieron por acá, ni tampoco llamaron para interesarse por su estado. Se sabe que están todos peleados entre sí por cuestiones de plata. Una de sus hijas acaba de casarse por novena vez y lamento decirle que Daniel junior se metió nuevamente en líos, por lo que ha vuelto a caer en la cárcel.

Por lo que cuentas, sospecho que he pasado varios años en estado de coma. Pero te agradeceré que no me digas exactamente cuántos han sido, dijo el general, mientras luchaba por aparentar frialdad y compostura frente al vómito de malas noticias sobre sus familiares que acababa de escuchar de boca de Gutiérrez.

Te parecerá extraño, mi viejo amigo, pero yo me siento igual como si viniera despertando del sueño de una noche cualquiera. Hasta tengo hambre y sed, así es que ordena a alguno de mis escoltas que me traiga algo de comer, bramó el general con la particular voz que le era conocida y como en los viejos tiempos.

Me temo que eso no será tan fácil, musitó Gutiérrez como pidiendo excusas de antemano, mientras sentía cómo comenzaba a apoderarse lentamente de su organismo el miedo reverencial que el anciano ahora postrado le había inspirado en los casi treinta años en que había estado a su servicio.

Sucede, señor, que le retiraron la escolta de seguridad, hace como seis años a la fecha. La institución consideró que ya no le hacía falta protección, si me permite decirlo, porque llegaron a la conclusión que era muy improbable que alguien quisiera causar algún daño y mucho menos tratar de matar a una persona que ya estaba muerta. O que al menos parecía estarlo, o efectivamente lo estaba para todos los fines prácticos de la vida verdadera.

Incluso puedo decirle que se comenta que algunos turistas de visita en el cementerio general, solo por curiosidad supongo, preguntan por la ubicación de su tumba. Y cuando les dicen que no hay tal tumba puesto que usted no ha fallecido, se sorprenden mucho y se niegan a creer que esté realmente respirando todavía en alguna parte.

Así es que usted, mi general, se ha pasado su largo estado de coma, que más parecía un punto final profundo y definitivo, casi siempre solo y abandonado en esta habitación. Salvo por algunos pocos de nosotros que de vez en cuando pasamos a darle una mirada. O por las enfermeras que vienen cada ciertas horas a ver el funcionamiento de las máquinas a las que lo tenían conectado, o para bañarlo. Cosa que a juzgar por el aroma reinante parece ser que hace rato que no hacen.

En cuanto al desayuno, no estoy muy seguro que se lo pueda conseguir muy fácilmente. En especial, porque hace mucho que no se paga la cuenta del hospital, la que parece ser la razón por la cual desde los médicos hasta las auxiliares lo basurean y ningunean siempre que pueden. Sin ir más lejos, una vez escuché a unas enfermeras burlarse de usted y de su estado comatoso, opinando que sería mejor que usted se muriera de una buena y verdadera vez, para poder ocupar la cama con alguien con alguna esperanza de sobrevivir.

Bueno, dijo el general en tono ladino, pareciendo súbitamente recuperar el ánimo con alguna ocurrencia. Esto último al menos no debiera ser problema. Te puedo contar, mi buen Gutiérrez, que tengo unos cuantiosos ahorros guardados a buen recaudo para eventuales tiempos difíciles como parecen ser estos. Así es que esos billetes nos devolverán a todos el alma al cuerpo debilitado. Por lo que me cuentas, supongo que mis rapaces parientes no han podido echar el guante a esos recursos, así es que me pondré manos a la obra rápidamente para recuperarlos.

Si yo fuera usted no contaría con eso, mi general, le retrucó Gutiérrez, en un tono que no dejaba lugar a dudas. Fíjese que poco después que usted cayera en coma sus enemigos, que eran muchos y poderosos, le cayeron encima y comenzaron a hurguetear por aquí y por allá en sus cosas personales, hasta que descubrieron unas cuentas gordas y secretas de su propiedad en bancos extranjeros.

A pesar de que algunas de ellas estaban a nombre de un tal Augusto José, de cuyo apellido ahora mismo no me acuerdo, no tardó en comprobarse que en verdad eran suyas y correspondían, o al menos así se dijo, a platas mal habidas o de dudosa procedencia. Así es que moros y cristianos aplaudieron cuando el juez, junto a Impuestos Internos, procedieron a incautar sus haberes, junto con todos sus otros bienes. Así es que lamento decirle que actualmente usted, mi general, no es propietario de absolutamente nada. De modo que ya no tiene ni parcelas de agrado, ni vehículos, ni casas, ni departamentos, ni depósitos a plazo, ni cuentas bancarias en dólares, nada de nada. Todo se escurrió por el water. Ni siquiera tiene usted donde caerse muerto, mi general, si me permite que se lo diga de ese modo tan directo y en estas circunstancias.

Dicho con todo respeto, creo que la cuestión de las cuentas secretas fue lo que terminó por alejar completamente de su lado a sus amigos, siguió relatando Gutiérrez, mientras el general lo observaba con los ojos desmesuradamente abiertos y la barbilla caída sobre el pecho.

Los primeros en hacerle la desconocida fueron los políticos de derecha y ciertos empresarios, con todos los cuales usted fue muy generoso mientras estuvo al mando. Estos venían desde antes tratándolo con indiferencia y poniendo caras de “yo no fui” o de “a mí que me registren”. Hasta que llegó un momento en que casi todos apretaron cachete lejos y en tropel.

Ocurrió que hace unos años el gobierno ordenó hacer un informe sobre los fulanos que estuvieron presos durante su régimen autoritario, y que dijeron haber sido torturados. Ni le cuento la escandalera que se armó. Aprovechándose que usted estaba en coma y no podía decir ni pío, y mucho menos defenderse, todos sus ex colaboradores civiles se lavaron olímpicamente las manos, como verdaderos Judas, diciendo a coro que nunca supieron nada y lo culparon a usted exclusivamente de todo, mientras proclamaban a los cuatro vientos sus totales y completas inocencias e ignorancias.

A poco andar, algunos de los más osados y tránsfugas, incluso comenzaron a tratarlo como el ex dictador, el tirano depuesto y cosas por el estilo. Así que no hay que extrañarse de que muchos de estos personajes que un día le juraron lealtad eterna e incondicional se hicieran los lesos y miraran para el techo cuando apagaron la Llama de la Libertad, esa misma que se inauguró con tanta pompa y ceremonia prometiendo que ardería por los siglos de los siglos. El caso fue que un día cualquiera llegaron los operarios de una constructora, y sin decir agua va, sin bandas ni discursos, ni salvas al aire, cerraron la llave del gas y se acabó la cuestión

¿Y la fundación que lleva mi nombre, inquirió el general, apesadumbrado? La Fundación ya no existe desde hace años. Ahora funciona en la casa un hogar para ancianos desvalidos. Antes de eso, sus integrantes fueron desalojados varias veces por la fuerza pública por no pagar el arriendo ni las cuentas de servicio. Felizmente cuando pasaron estas cosas vergonzosas ya casi nadie la visitaba. Todo se acabó definitivamente cuando un día un miembro del directorio colgó en el frontis un lienzo con una leyenda que decía “Si tocan a algunos de mis hombres, se acaba el estado de derecho”. No sé que habrá querido decir el gallo con esa frase, aunque dicen que el señor estaba algo mal de la cabeza. Quizá por eso mismo después de hacer eso, el caballero apagó la luz y cerró la puerta por fuera. Luego sacó una muñeca que llevaba en el maletín y comenzó a peinarla enérgicamente. Me han contado que este señor esta ahora recluido en Punta Peuco, cuyas instalaciones llevan a la fecha como diez ampliaciones sucesivas.

A propósito de la famosa llama ahora apagada, le cuento que precisamente hace pocos días atrás la Presidenta de la República inauguró las nuevas obras en ese sector del barrio cívico, el que ha sido completamente remodelado como ofrenda al bicentenario de la patria.

¿La Presidenta de la República has dicho, o te escuche mal? No, general, escuchó perfectamente. Es que todavía no había tenido ocasión de contarle que tenemos una Presidenta, que es la señora Michelle Bachelet, la que según leí en alguna parte, es hija de un colega suyo ya fallecido, o algo así.

¡Pero que dices insensato, chilló el general. ¿Qué es eso de la presidenta Bachelet? ¿Tratas acaso de volverme loco con esta sarta de malas noticias?

No, general, solo estoy tratando de ponerlo al día de lo que ha ocurrido en el país durante su largo sueño. Y no se enoje conmigo que yo no tengo la culpa de nada. Creo que tampoco le gustará oír que la señora, además de mujer es socialista. Como lo fue también su antecesor en el cargo, el presidente Lagos, de quien doña Michelle fue nada menos que su ministra de Defensa.

¡Una mujer socialista como ministra de Defensa y ahora como presidenta de Chile¡ dijo el general como atragantado con sus propias palabras. ¡Este país se ha vuelto completamente loco¡ Pero aguarda, ¿dijiste el presidente Lagos? Supongo que no te estarás refiriendo a Ricardo Froilán.

Al mismo me refiero, exclamó el fiel Gutiérrez con aire casi triunfal. Bien conozco que a usted nunca le simpatizó el hombre, tanto que una vez hasta lo metió a la cárcel. Pero le repito lo que dicen casi todos y hasta yo mismo pienso. El gallo hizo un gran gobierno, tanto que si la Constitución lo hubiera permitido, hasta lo hubiésemos reelegido como presidente por aclamación popular.

A propósito, le contaré que tenemos una nueva Constitución. A la anterior le hicieron tantas reformas, le pusieron tantos parches y remiendos que la convirtieron en un mamarracho inservible. Así es que un buen día tirios y troyanos estuvieron de acuerdo en derogarla y en hacer otra.

Pero volviendo a lo que le estaba contando, creo que don Lagos lo hizo tan bien como presidente que le va a alcanzar hasta para estatua. Así es que no sería raro que alguna vez viéramos su estampa en bronce, dedo en ristre, muy cerca de la estatua de Salvador Allende. Allí mismito en la Plaza de la Constitución.

¿Me estás diciendo que hay una estatua de Allende en la Plaza de la Constitución, frente a La Moneda? Así es, general, y eso no es todo. Un poco mas allá hay también una estatua de Eduardo Frei Montalva, y frente a la Catedral, una del cardenal Silva Henríquez, otro de sus archienemigos, cuyo rostro, por cierto, aparece además en las nuevas monedas de 500 pesos.

Ahora si quiere que le haga un resumen de la situación, sin entrar en más detalles, éste sería mas o menos el siguiente. Usted está más solo que un dedo. No tiene familia, ni amigos, ni aliados ni admiradores. Tampoco tiene plata, ni propiedades ni influencia. No tiene poder, ni prestigio alguno. Ya nadie le recuerda ni le teme, y si acaso usted logra inspirar algún sentimiento, es el de indiferencia, cuando no de simple lástima. Todas las personas e ideas que usted combatió en vida hoy gozan de respeto y consideración. Y en cuanto a sus enemigos, usted representa tan poco para ellos que ni siquiera se molestan en mencionar su nombre.

Al final, usted, mi general, en verdad ya no existe ni siquiera ni en el recuerdo, el odio o el rencor. Y si yo fuera usted, en vista de las circunstancias, dejaría las cosas tal y como estaban hasta antes que despertara de su largo sueño.

El viejo general había enmudecido y su avejentado rostro no reflejaba sentimiento ni expresión alguna. Cerró los ojos y se quedó en silencio un largo rato. Hasta que de pronto, como quién llega a una conclusión meditada y categórica, se incorporó un poco y emitió su última y postrera orden. El último de los incontables veredictos que le tocaría emitir en su larga y mandona vida militar.

Gutiérrez, le agradezco su dedicación, su charla y su consejo. Pero ahora debo ordenarle dos cosas. La primera, que se olvide del desayuno y sobre todo, que considere que esta conversación jamás tuvo lugar, por cuanto yo jamás nunca desperté de mi letargo. La segunda, es que se vaya, me deje solo y no regrese jamás. Me siento muy cansado y necesito seguir durmiendo. Dígale a las enfermeras que no admitan visitas y que no traten de despertarme por ningún motivo. Que me dejen dormir en paz, por lo menos por los próximos cien años. Ahí veremos que se hace.

(*) Carlos Parker Almonacid es cientista político.


LOS TRES MOSQUETEROS

<h2><hr><u>LOS TRES MOSQUETEROS</h2></u>

Por Manuel Suárez Arce

Suplemento El Natalino de La Prensa Austral de Punta Arenas – Chile - Publicado el 28 de julio de 2004

Lo que tienen en común Alejandro Ferrer, Bruno Rodríguez y Ricardo Willer con los tres mosqueteros, los personajes salidos de la pluma de Alejandro Dumas, es su lema “Uno para todos, todos para uno”. Y tal como ellos, pero en una versión moderna al más puro estilo natalino, alrededor de una mesa bohemia decidieron juntarse para filmar un corto cinematográfico, juramentándose no alzar los sables sino las copas.
Y así nació -como las grandes cosas- “Milodón 50”, una productora que se lanzó a una aventura, que les podía dejar un sabor a triunfo o bien perderse sin pena ni gloria en el hoyo negro del universo. Y tal como lo vimos en esta versión en DVD, usando más la creatividad y el ingenio que los recursos que se necesitan, superaron con creces la idea que se transformó no sólo en una película, sino que por el contrario cada escena evocaba un hecho real, un recuerdo en el tiempo, nostalgia toda, bellos paisajes de nuestra comarca, todo ello girando en el marco de aquel conjunto que ya es historia en Magallanes, el fabuloso grupo Alturas.
Buena iluminación, mejor sonido, buena coordinación donde se nota la mano de su director Alejandro Ferrer, quien lleva en la sangre el arte en sus diferentes facetas. Los “Ferrer” forman parte de nuestra historia. Me detengo un minuto para recordar a mi gran amigo Fernando. Lo conocí en la década del ‘60 cuando empezó en radio Payne de la cual yo era, en esos tiempos, barredor, jefe de prensa y director. Tenía un verbo fuera de lo común, su imaginación volaba más rápido que el tiempo. La tecnología recién balbuceaba sus primeros pasos, pero él se ingeniaba para crear cosas nuevas. Fue el primero que redactó avisos no tradicionales, en el que se complementan varios personajes.
Pasaron 20 años para que otras radios hicieran lo mismo. Se desplazó después a Punta Arenas y siguió haciendo lo que le gustaba hasta su famoso “Canto a Magallanes”, que perdurará por siempre. Y vemos después a Alejandro con ese mismo espíritu que desde el exilio se convierte en profesor, escritor y otras cosas. Más pareciera que el alma y el espíritu de Fernando se adentró en el cuerpo de su hermano.
Pero esta historia tiene un segundo mosquetero. Nadie pensaba que Bruno Rodríguez, que se ve serio desde su observatorio Melissa, fuera más allá del materialismo y también teniendo la capacidad necesaria para una empresa de esta envergadura que viene a ser como el primer piloto de una nave y tiene que tener una buena mano para arribar a puertos seguros. ¿De dónde viene esta veta? Con su padre Solano, Carlos Alvarez y Roberto Wegman y otros dimos vida a un grupo de teatro al que llamamos Milodón Film. Corría la década del ‘60 y el Teatro Palace se repletaba del respetable cuando presentábamos las obras que nosotros mismos escribíamos. Uno de los actores principales era Solano con sus dotes histriónicas fuera de serie . También pertenecía a este grupo doña Blanca Mattioni, quien compuso los mejores poemas que he conocido.
Completa el terceto Roberto Willer, un simpático argentino, amigos de sus amigos y que nos trajo entre otras cosas el conocido canal del cable TV Natales. El es de las tomas. Se nota un excelente profesional que dio vida a este filme.
Quiero pensar que este primer plano no va a quedar hasta ahí. Que vendrán cosas nuevas. Vivimos en una de las zonas más bellas del mundo, rodeados de montañas, lagos y glaciares. Vienen de todas partes del mundo a filmarnos ¿por qué nosotros no? La evaluación general es buena. Si de la nada hicieron algo que le ha gustado a todos, sin quererlo han establecido un compromiso con “su pueblo”. A no dudar, la gente quiere más.


REFLEXIONES

<h2><hr><u>REFLEXIONES</h2></u>

Soneto de Octavio Castro Sáez.

Profesor, dirigente político del Partido Socialista de Chile en la antigua provincia de Magallanes. Varias veces Alcalde de Puerto Natales. Destacada figura intelectual de la patagonia. (Enviado gentilmente por Hugo Vera Miranda

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Cuando fallezca morirá conmigo
todo lo que en la vida me rodea;
y esta amarga creencia me golpea
como hosco reto a corazón mendigo.

Toda luz de esperanza está apagada;
luchan con la razón las ilusiones,
la llama del ensueño está llagada,
ya el corazón no escucha las pasiones.

Todo parece de la sombra un manto
y agita la visión inútil llanto,
en cada pensamiento hay una queja.

Súmese en roja niebla la memoria.
¿De qué sirven amor, luchas y glorias
cuando la vida se nos va o nos deja?


LAS EXPLORACIONES DEL PADRE DE AGOSTINI (I)

<hr><h2><u>LAS EXPLORACIONES DEL PADRE DE AGOSTINI (I)</h2></u>

El Padre De Agostini, en 1910 en Punta Arenas,
con un grupo de alumnos del Liceo San José


ÚLTIMA ESPERANZA Y MONTE MAYO



Tecpetrol - 2000

Entre 1916 y 1917 las exploraciones de De Agostini tuvieron como campo de acción la Patagonia y, precisamente, los grupos del Balmaceda y del Paine. El primer macizo surge al fondo de la bahía Ultima Esperanza, unos setenta kilómetros al nordeste de Puerto Natales. Alrededor de las laderas de la montaña De Agostini realizó algunos relevamientos para mejor definir la orografía. Bastante más laboriosa e interesante fue la exploración del macizo del Paine, situado un poco más al norte del Balmaceda.

De las descripciones conservadas es fácil comprender que ese grupo montañoso suscitó en el misionero una muy fuerte impresión, ya sea por la majestuosidad de las cimas como por la belleza del ambiente natural. En la región Última Esperanza, De Agostini veía (y no se equivocaba) un rincón del paraíso terrestre que había quedado oculto, durante años, a los ojos humanos. Varias veces efectuó excursiones por la zona, dejándonos una admirable descripción en sus libros y acompañándola de espléndidas fotografías.

A propósito del Paine se expresa así: "El lugar es de los más salvajes y grandiosos. Selvas, lagos, ríos, cascadas, constituyen el pedestal de este fantástico castillo torreado, con murallones gigantescos, acorazado de hielos, sobrepasado por agujas de terrible aspecto que tanta seducción ofrecen al denuedo de los montañistas."

En 1929 De Agostini efectuó la exploración del último extremo de territorio aún desconocido de la cadena, la cuenca terminal del Paine, que, por su forma perfectamente circular, fue confundida por Moyano, quien la entrevió a la distancia, con el cráter de un volcán extinguido. Del mismo año es la travesía de la Sierra de Los Baguales, macizo basáltico que separa el Paine del Lago Argentino. El grupo montañoso, aislado y salvaje, reservaba nuevas e inusitadas vistas al explorador, quien, en sólo siete horas de caballo, llegó de la estancia "Los Leones" a la estancia "Anita", sobre las orillas del Lago Argentino.

Concluida esta campaña, el salesiano proyectó su interés más al norte, sobre el mismo Lago Argentino y hacia los glaciares que allí se precipitan alimentándose en el corazón de la Cordillera. La región estaba prácticamente inexplorada, y eran desconocidos el paisaje y la orografía interna. Entre diciembre de 1930 y enero de 1932 De Agostini colmó estas lagunas geográficas visitando los fiordos Mayo y Spegazzini. Como siempre, su primera preocupación fue procurar alcanzar alguna cima que pudiese ser punto panorámico para los relevamientos. Con los guías Croux y Bron y con el doctor Egidio Feruglio, el padre De Agostini se dirigió primeramente al glaciar interno y después intentó la ascensión de la imponente pirámide del Monte Mayo. Favorecidos por un poco común período de buen tiempo, los cuatro lograron escalarlo y alcanzaron sin problemas los 2430 metros de la cima, de la cual podían dominar el fiordo y las tierras que se extienden lejos del mar.

Era el 14 de enero de 1931, y desde la cima De Agostini tuvo una vista completa del territorio que lo circundaba. "Un panorama estupendo, indescriptible por la profunda vastedad del horizonte y por la sublime grandiosidad de los centenares de cumbres... son las primeras miradas humanas que contemplan estas soledades de hielo entre arrebatos de alegría y atónito recogimiento... La mirada se dirige ávida a través de aquella inmensa extensión de nieves, de hielo y de cumbres, que la cristalina transparencia de la atmósfera y la fulgurante luz del sol tornan aún más nítida, y procuro escrutar sus secretos."

Bastan estas palabras para aclarar las ideas acerca de qué tipo de explorador fue De Agostini: un científico riguroso, pero también y sobre todo un hombre sediento de conocimientos, impulsado por un fuerte deseo romántico hacia las soledades y lo desconocido, y además, un hombre de fe siempre pronto para asombrase ante las maravillas de la creación.


LAS EXPLORACIONES DEL PADRE DE AGOSTINI

<h2><u><hr>LAS EXPLORACIONES DEL PADRE DE AGOSTINI</u></h2>

EXPLORACIÓN AÉREA DE LA REGIÓN ÚLTIMA ESPERANZA



Tecpetrol - 2000

Entre las tantas iniciativas tendientes al conocimiento de la Cordillera, es necesario sin duda recordar también el vuelo sobre una parte de ella, cumplido por De Agostini en 1937. Hombre abierto y atento a toda novedad, el misionero ya había sabido valerse magníficamente de la técnica fotográfica para documentar sus propios logros, y supo utilizar siempre toda nueva posibilidad ofrecida por el progreso. Fue, pues, espontáneo en él tratar de poder emplear también los medios aéreos para tener una visión aún más clara de la cadena montañosa. El vuelo de 1937 forma siempre parte de aquellos emprendidos por los pioneros de la aviación, por cuanto, no obstante los progresos de la industria, las particulares condiciones climáticas de la Patagonia tornaban arduo, de cualquier modo, el normal vuelo en avión. Dice al respecto De Agostini: "La navegación aérea en este sector austral de los Andes es una de las más difíciles del mundo... las ráfagas de viento... son terriblemente poderosas y vertiginosas, y producen en su carrera pozos de aire y fuertes remolinos que pueden hacer descender de golpe al aparato centenares de metros".

El primer vuelo sobre tierras magallánicas había sido realizado por el francés Omar Page no muchos años antes. El 23 de agosto de 1914 se lanzó al cielo de Punta Arenas frente los ojos maravillados de poderosos y humildes. Pocos días más tarde el mismo Page sobrevolaba el Cabo de Hornos. En 1916 los chilenos Fuentes y Castro, con un Bleriot de 80 HP, efectuaron la primera travesía del Estrecho de Magallanes, en 23 minutos. Inmediatamente después del conflicto mundial nació el Aero Club de Punta Arenas, y el 21 de mayo de 1921, el SVA de 220 caballos del club, comandado por Mario Pozzatti, efectuaba el primer vuelo postal de la América Austral, transportando una valija con cartas de Punta Arenas a Río Gallegos. El segundo vuelo fue cumplido de Punta Arenas a Ushuaia en 1928 por el alemán >Gunther Plüschow, con el hidroavión "Cóndor de Plata".

Este piloto debe ser considerado un pionero, precursor de una nueva era: sus vuelos con propósitos de exploración aportaron una riquísima documentación acerca de toda la región. Plüschow logró sobrevolar también el terrible Monte Sarmiento y, de regreso, pasó sobre el fiordo De Agostini. De este pasaje dejó una impresión escrita: "¡Oh, monseñor De Agostini! ¡Tú que tanto has trabajado por descubrir las bellezas de la Tierra del Fuego. Ahora experimento la emoción inmensa que sentiste tú al descubrir este magnifico fiordo, que justamente lleva tu nombre!" Después de esta necesariamente breve historia de los pioneros de la aeronáutica en las tierras magallánicas, volvamos a De Agostini y a su vuelo sobre el Balmaceda y el Paine, que le permitió reunir una enorme documentación fotográfica, la que continuó siendo, durante muchos años indispensable y única para el conocimiento de esas regiones. Compañero en la empresa y piloto del monoplano "Saturno" era uno de los animadores del Aero Club de Punta Arenas, Franco Bianco, hijo de piamonteses, que llegó a ser famoso por haber cumplido el raid Punta Arenas - Santiago - Mendoza - Buenos Aires - Punta Arenas: 6700 kilómetros viajando solo.

Para emprender el vuelo De Agostini se dirigió a Puerto Natales, donde esperó un par de días que el tiempo mejorara. Al tercer día, el 13 de abril, aclaró. "A las 10 envío un fonograma a Bianco: 'Tiempo óptimo - Cordillera al descubierto'. Respuesta inmediata: 'Voy al campo y parto'." Esa tarde iniciaba el vuelo."Dos carabineros chilenos vigilan el aparato... Cuando subo a la carlinga, uno de ellos me pregunta por qué no me coloco el paracaídas. Pienso entre mí que el único paracaídas que llevo siempre conmigo es una reliquia de San Juan Bosco, a quien invoco en las dificultades y peligros". El avión despega. "Es la primera vez que sobrevuelo la inmensa Cordillera Patagónica, que desde tantos años es meta predilecta de mis estudios y de mis investigaciones. En pocos minutos el avión, con rápida subida, está a gran altura".El liviano aparato ha llegado a los 2000 metros, y penetra en el estrecho valle entre el Balmaceda y el Cerro Prat. " ... Cuando de pronto siento que el aparato desciende y cae verticalmente en el vacío, como si hubiese perdido las alas a una velocidad impresionante, cincuenta, cien metros? Franco me aseguró después que debían ser doscientos metros. No me he todavía recuperado de la sorpresa de aquel salto acrobático, cuando ahora una fuerza invisible nos lanza velozmente hacia lo alto en tremenda subida. El "Saturno" tiembla y oscila, se hunde y se eleva como si estuviese a merced de una gigantesca marejada... Franco domina con maestría y seguridad el aparato, y a mis temerosas preguntas responde que, apenas salidos de esa garganta, entraremos en una zona de mayor calma".

Apenas hay tiempo de tomar la máquina fotográfica y ya el avión está sobre el Paine, "que absorbe nuestras mirada con la belleza y majestad de innumerables pirámides, torres y penachos, que lo hacen aparecer como una gigantesca catedral gótica... Con una subida a todo motor, Franco lleva el aparato a 3200 metros". Desde allí arriba el horizonte se abre sobre ángulos conocidos y desconocidos, despertando el entusiasmo del misionero.

"Por todas partes hielo y nieves eternas, cadenas de montañas de las cuales los mapas no dan noticia alguna, dejando solamente un espacio en blanco con la inscripción 'inexploradas'.. Ahora nuestros ojos son irresistiblemente atraídos por una inmensa avenida de hielo que la Cordillera, horrendamente revuelta, regurgita".

El vuelo prosigue sobre el Lago Argentino. Los dos pasan junto a las cimas del Monte Mayo y se dirigen un poco más al norte, hasta entrar en el Hielo Continental. "Más a septentrión se extiende la inmensa avenida de hielo del Glaciar Upsala, bordeada por ambos costados por montañas que blanquean por la nieve, entre las cuales se destaca, altísima y dominadora, la imponente torre del Fitz Roy. Hemos entrado en el reino misterioso de las blancas soledades, donde el viento y las tempestades imperan como soberanos, pero hoy todo es luz y silencio profundo, herido tan solo por el rugir del motor. Permanezco absorto ante el fascinante espectáculo y saboreo anticipadamente la alegría de develar los últimos secretos de estos hielos eternos."

Después de cuatro horas de vuelo, el "Saturno" retorna a la base con De Agostini consciente de haber dado la última pincelada al ya completo cuadro de sus exploraciones.


1911 - PUERTO NATALES - 1956

<h2><hr><u>1911 - PUERTO NATALES - 1956</h2></u>

La siguiente nota, escrita por Octavio Castro Sáez, apareció
publicada en "El Austral" de Puerto Natales el 29 de mayo de 1956. Castro, maestro primario y dirigente político del Partido Socialista, desempeñó durante varios períodos el cargo de Alcalde de Puerto Natales dejando como legado una vida al servicio de su comunidad y su preocupación social. También le dedicó tiempo a escribir poesía y artículos periodísticos que aparecieron publicados en la prensa de la región. Con motivo de aproximarse el Centenario de Puerto Natales (Mayo de 2011) publicaremos en nuestro espacio trabajos de Octavio Castro y de otros notables natalinos, hombres y mujeres que han dejado su marca en la casi centenaria historia de Puerto Natales, en la patagonia chilena. Esta nota apareció reproducida en el blog “Milodon City” de Hugo Vera Miranda.


Nuestro pueblo cumple el jueves un año más de progresiva existencia. Al traspasar el umbral de sus 45 años de vida, no podemos menos que consignar en estas hojas periodísticas que, por tantos años viene sirviendo a la población, algunos conceptos relacionados con su desarrollo y crecimiento.
Nadie podrá negar buenamente que Natales es, sin duda alguna de esos pueblos que se hacen acreedores de la admiración de la ciudadanía, por el tesón que ha caracterizado a su población, por el esfuerzo, sacrificio y espíritu de lucha que ha demostrado siempre para batallar por su destino y progreso.
Pueblo acunado y mecido en su crecer de todos los días por rudas y limpias manos de gente humilde, trabajadora, dueña de su propio destino y capaz de vencer los peores obstáculos, entra a vivir un nuevo año con crecida confianza en su progreso.
De simple factoría, nacida al impulso potente de una industria, se ha convertido, con el correr del tiempo, en una ciudad que, si bien es cierto no ofrece aún las comodidades, ha logrado grandes avances debido más que nada al esfuerzo, al entusiasmo y afán de progreso de su población que día a día, aumenta ostensiblemente. Decidimos así basados en hechos irrefutables como lo es la vida institucional de Natales, como lo demuestra el pie en que se encuentran sus instituciones deportivas, sociales y de todo orden. Mientras pueblos muchos más antiguos que el nuestro se debaten en un atraso colonial y no cuentan con los más elementales servicios públicos, Natales ofrece a la consideración de todos un avance efectivo y prometedor.
La progresiva disminución de sus fuentes de trabajo ha hecho pensar a muchos que el pueblo perecería como tal. Pues bien, ante este pesimismo, muchas veces fundado por cierto, hemos sostenido junto con la población nuestro derecho a la existencia como pueblo, como ciudad y creemos que cada día estamos logrando mayor éxito.
Ante el cierre de uno de los frigoríficos se creyó que se podría producir el desbande de los pobladores. Ello no ocurrió, pues vino en nuestro auxilio la puesta en marcha del Yacimiento Carbonífero de Río Turbio, en la República Argentina, y los natalinos una vez más pudimos salir adelante. Ahora confiamos en el Puerto Libre y en la subdivisión de las tierras para asentar en forma definitiva las bases de un seguro progreso para nuestro pueblo. Los agoreros y los intereses en juego para derribar el espíritu de lucha de los trabajadores de Natales, que constituyen la gran mayoría de la población, serán vencidos una vez más. Natales ha adquirido el vigor de pueblo adulto y las nuevas familias que acoge en su seno con bondad, cariño y fraternidad natalinas tan alabadas en la provincia y en Chile, han de sumarse al esfuerzo general para seguir avanzando sin cesar.
Las obras de alcantarillado, próximas a iniciarse, así como los planes de edificación puestas en marcha, la construcción de un hospital y poblaciones permitirán en breve plazo lograr nuevas fisonomías urbanísticas, de salubridad uy confort ciudadano. Bastante nos ha costado a los natalinos conseguir todo lo alcanzado. Hace falta que no se desmaye en ningún instante para seguir abriendo y empujando las puertas del progreso. Le ha cabido en esta lucha de todos los días papel preponderante a las organizaciones políticas y sindicales; esto debe reconocerse hidalgamente. Es cierto en muchas ocasiones se ha cargado la nota en esta actitud combativa, pero no lo es menos que ello se justifica por el afan de avanzar rápido en la solución de nuestros problemas y al hecho que no siempre pueden conciliarse las posiciones de lucha.
Natales, en su corta vida, como le ocurre a todos los pueblos, ha tenido adversidades, en el orden administrativo. Aquí no haremos crítica ni el panegírico. La tarea sería larga. Por otra parte nuestra historia como pueblo es muy breve y por lo mismo conocida. Por lo demás el propio pueblo siempre y en todas las circunstancias ha superado todos los obstáculos porque hay que decirlo de una vez, los trabajadores, el pueblo de Natales ha sido el protagonista único y exclusivo de su propia gesta de pueblo libre que sabe lo que quiere, sabe como obtenerlo y que por lo tanto no necesita de tutorías de ninguna clase. Y si no, recordemos las luchas sostenidas por la población natalina, gente digna y respetable por su altivez y espíritu de superación.
En este aniversario saludamos a nuestro pueblo y le decimos, ¡Adelante, siempre adelante y sin desmayos ni flaquezas! Hagamos de la honradez, el esfuerzo y la lealtad nuestro lema de pueblo esforzado y viril.


UNA VISION DE ÚLTIMA ESPERANZA

<hr><h2><u>UNA VISION DE ÚLTIMA ESPERANZA</u></h2>

PRESENCIA PATAGÓNICA



La siguiente nota, escrita por Octavio Castro Sáez, apareció
publicada en "Austro", órgano oficial de la Escuela Centralizada de Puerto Natales en septiembre de 1957. Castro, maestro primario y dirigente político del Partido Socialista, desempeñó durante varios períodos el cargo de Alcalde de Puerto Natales dejando como legado una vida al servicio de su comunidad y su preocupación social. También le dedicó tiempo a escribir poesía y artículos periodísticos que aparecieron publicados en la prensa de la región. Con motivo de aproximarse el Centenario de Puerto Natales (Mayo de 2011) publicaremos en nuestro espacio trabajos de Octavio Castro y de otros notables natalinos, hombres y mujeres que han dejado su marca en la casi centenaria historia de Puerto Natales, en la patagonia chilena. Esta nota apareció reproducida en el blog “Milodon City” de Hugo Vera Miranda y fue preparada por Jorge Díaz Bustamante.


En el confín austral de nuestra América, "al sur del sur del mundo", según feliz expresión de un escritor; golpeada por fieros y constantes ventarrones que no dejan erguirse a los árboles; rodeada por su costado occidental de multitud de islas y canales, sobre los cuales otrora reinaron onas y yaganes; de pampas inconmensurables, por el Este; metida en un cerco de frío durante largos meses del año, con noches que pareciera que no aceptan el día como su complemento; espejeada de lagos y lagunas; mostrando las luminosas heridas de sus innúmeros ventisqueros y glaciares; exhibiendo por todas partes su quebrada arquitectura y la rudeza de la abrupta violencia de sus cerros, montes y picachos, se encuentra la provincia de Magallanes, cortada por el Estrecho que le dio su nombre. A una orilla del paso interoceánico: Punta Arenas, "La Perla de Estrecho".

Rebautizada "Tierra de Hombres", Magallanes debe su progreso a la visión, al esfuerzo, al sacrificio, y al espíritu de aventura y conquista de horizontes de toda laya, de españoles, chilotes, yugoeslavos y de hombres emprendedores de todas las latitudes y meridianos del globo.

LA REGION ESPERANZADA

Al norte de Punta Arenas, se encuentra el departamento de Ultima Esperanza, nombre que le viene de cuando el piloto Juan Ladrillero, al servicio de España, desesperaba al creer, luego de perderse, que no llegaría al Estrecho de Magallanes, del cual debía tomar posesión en nombre de la corona española.
Es en Ultima Esperanza donde pueden encontrarse los más bellos parajes de toda la provincia. Así lo testifican viajeros que han andado mucho por el mundo, gozando sus ojos y sus espíritus con las bellezas panorámicas. Entre todos vale destacar la opinión del famoso explorador salesiano Alberto M. De Agostini, quién dice de la región esperanzada: "Situada al levante de la gran cordillera de los Andes, donde está, al aproximarse al Estrecho de Magallanes, convierte sus glaciares y picachos en modestas colinas y amenas terrazas, hasta transformarse en la inmensa pampa patagónica encierra tesoros de arcana belleza, donde toda la poesía del paisaje andino va armonizándose con una grandiosidad de líneas, en una vivacidad de colores y de luces capaces de impresionar vivamente aún a los más reacios al influjo de la belleza".

SUS LIMITES

Las denominaciones de sus límites, así como toda su toponimia, evocan historia, aventura y leyenda. Al Norte: Canales Castillo, Latorre, Search y Messier, desde el Pacífico hasta el seno Iceberg; desde el origen de éste hasta el brazo oeste del Lagos San Martín, y desde aquí hasta la frontera argentina en línea recta. Por el Este, la frontera argentina desde el Lago San Martín hasta el Chorrillo de los Alambres. Al Oeste, el gran Océano Pacífico, de furiosa conducta en toda su extensión que baña a la provincia. Por el Sur, sus límites son un dédalo: Lago Balmaceda, Chorrillo de los Alambres, Río Hollemberg, Golfo Almirante Montt y, los canales Valdés, Morla Vicuña, Unión, Victoria, Smith, Nelson y Kirke con su fatídico paso, cuya peligrosa travesía es morigerada sólo por el instinto náutico de los marinos chilotes…

LA TRADICION

Ultima Esperanza fue tierra muy disputada a fines del siglo pasado. Precisamente en el año 1896 llegó a sus playas, a Puerto Consuelo, un navío de la marina argentina, el "Azopardo", al mando del teniente José Mascarello con la evidente intención de tomar posesión de la región. Este propósito no pudo cumplirse ante la enérgica y patriótica oposición de don Ricardo Kruger Lei, que, en señal de soberanía había izado la bandera tricolor. Fue éste gesto la partida de una tradición que no se pierde: ahora, miles de chilenos, que pueblan Natales y sus alrededores y que quieren esta tierra de promisión, en medio de la ventisca, el frío y el aislamiento que a veces resulta desesperante siguen cubriendo guardia permanente en sus islas, campos y canales, para sostener y acrecentar con progreso, fruto del trabajo la soberanía nacional.

EL TRABAJO

Tiene Ultima Esperanza como capital a Puerto Natales, cuya población se compone de esforzada gente que se gana la vida fundamentalmente con su trabajo en las Estancias, Frigorífico Bories y en el mineral del carbón de Río Turbio, República Argentina - casi en el filo de la frontera - que da ocupación, desde hace varios años, a más de dos mil chilenos. Las estancias ocupan enormes extensiones de tierras (En Magallanes existen los latifundios más grandes del mundo), donde se crían miles y miles de ovejas. En estos establecimientos encontraremos al "ovejero", trabajador típico de la zona, arriero y cuidador del ganado, con sus infaltables e infatigables perros pastores: leales, inteligentes y activos, y a los cuales el ovejero entrega no poca parte de su afecto y hace partícipe de sus pesares y alegrías cuando vive con ellos en la soledad abismante de los campos.

Tenemos también a los "puesteros", hombres que, hasta hace algunos años vivían sólos y aislados durante largos meses, cuidando de la hacienda instalada en determinados campos alejados de las "casas" de la estancia. Para el tiempo de la "esquila" cobra presencia y valor, con su técnica y riñones, el "esquilador", que, con su "guía" o máquina eléctrica despoja al ganado de sus gruesos vellones, alba riqueza, que previa clasificación, será desparramada más tarde por los mercados laneros del país y del extranjero. En el Frigorífico de Puerto Bories se hace la "Faena de carneo" o sea el sacrificio de miles de reses que se conservan en las cámaras frías.
Puerto Natales cuenta con toda clase de servicios públicos y está unido a Punta Arenas por una carretera de más de 250 kilómetros. La Línea Aérea Nacional es actualmente su más valioso medio de comunicación con el resto de la provincia y el norte del país. Los barcos que en otros años llegaban habitualmente al puerto han espaciado tanto sus recaladas que bien puede decirse - ¡ridícula y cruel paradoja nacional! - que el mar aquí no puede cumplir su función de servir de medio de unión y progreso entre los pueblos.

LOS MINEROS

En la actualidad, por la decadencia que se advierte en las tradicionales fuentes de trabajo de la población, salva al pueblo de un colapso cierto - lo que debiera ser gran preocupación para gobernantes - el trabajo que proporciona a los natalinos el mineral argentino de Río Turbio. A él van como braceros nuestros compatriotas, dejando abandonadas a sus familias por períodos más o menos largos, semanales o mayores. Bajo la nieve o la lluvia, golpeados siempre por el viento o el frío; pero sin perder nunca la fe ni el optimismo, aunque mordiendo críticas contra su propia patria, todos los fines y comienzos de semanas se les ve llegar y partir en camiones y otros vehículos, cual marejadas humanas, plenas de vitalidad y pertinacia, para salir airosos en la lucha por la vida, y plenamente confiados de que alguna vez podrán entregar a su propio país los esfuerzos que vienen entregando al vecino…

SUS ATRACCIONES NATURALES

Está la Cueva del Milodón en cuyos alrededores o cercanías según Benjamín Subercaseaux, algún pueblo norteamericano habría construído hace tiempo el gran hotel "Milodón Palace". Cuenta también la zona con la región del Payne, de singular belleza y que se espera sea declarada Parque Nacional. Ventisquero Grey, Península, Puerto Consuelo, Casas Viejas, El Tranquilo, Tres Pasos, lugar donde vivió muchos días la Divina Gabriela escribiendo muchos de los poemas de su "Desolación". Hay otros lugares de gran belleza y que ofrecen, además, abundante y rica pesca y caza por lo que los entendidos estiman que Ultima Esperanza es una de las zonas de Chile que tiene mayor porvenir turístico, por cuanto cuenta con hermosos lugares para la práctica de skí.

LO QUE EL PUEBLO ESPERA

Con la lógica excepción de algunos grupos que trabajan en las Estancias durante el año redondo, la población estima que la subdivisión de las tierras será un poderoso factor de progreso, y de radicación de familias en los campos de la zona. Esperan también que la ENAP prolongue pronto al departamento las exploraciones petrolíferas pues por estudios realizados se tiene casi la certeza de que en su suelo existe petróleo. La explotación de los abundantes campos carboníferos que guarda su subsuelo; la aprobación de un convenio con Argentina que permita la salida del carbón de el Turbio por Puerto Natales, la industrialización de la zona y otras medidas de política económica, así como la mayor atención de los poderes públicos creen los habitantes de Ultima Esperanza que pueden ser la solución y término de muchas de sus angustias y las bases para hacer más grande y próspera una región del país que la naturaleza hizo grandiosa e imponente.