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MIRANDO AL SUR - augusto alvarado


LA POESÍA DE PATRICIO MANNS

<h2><hr><u>LA POESÍA DE PATRICIO MANNS</h2></u>

Por Alejandro Lavquén

Publicado en Punto Final N° 581 (noviembre 26/ 2004)

Acaba de aparecer "Cantología" (Ed. Catalonia) de Patricio Manns, el destacado trovador chileno. En este trabajo, con prólogo de Pedro Lastra, nos entrega por primera vez –en un libro- los poemas que sirvieron de base a sus inolvidables canciones. La temática de este autor es extensa. Abarca desde la geografía hasta el compromiso político, pasando por el amor, la ciudad y los mundos interiores del ser humano, pero sobre todo por las grandes luchas sociales de la época que le ha tocado vivir.

Dos ejemplos. En el poema "Llegó volando", se refleja todo el clamor de los pueblos latinoamericanos ante la opresión de los tiranos que surgieron durante el siglo pasado en nuestro continente:

"Hay algunos que se hinchan con gran esmero
Sirviendo la codicia del extranjero
Y otros que se solazan por mil dolares
Entregando su pueblo a los militares"
(...)

"Un paredón exijo con Cal y Canto
Para que el pueblo juzgue
De tanto en tanto".

En otro texto, "Cuando me acuerdo de mi país", nos habla acerca del exilio. Son algunos de los más bellos versos escritos sobre el tema:

"Cuando me acuerdo de mi país
Me muero de pan
Me nublo y me voy
Me aclaro y me doy
Me siembro y se van
Me duele y no soy
Cuando me acuerdo de mi país"
(...)
"Me escribo de sal
Me atraso de bien
Me angustio de tren
Me agrieto de mal
Me enfermo de andén
Cuando me acuerdo de mi país"
(...) "Me enojo de ayer"
(...) "Me lluevo en abril
Cuando me acuerdo de mi país
Me calzo el deber, me ofusco gentil
Me enciendo candil
Me encrespo de ser
Despierto fusil”.

”Cuando me acuerdo de mi país". Compromiso, rabia y nostalgia conjugados con una profunda belleza poética. En "Vuelvo", que debe ser el mayor poema sobre el retorno que se haya escrito, nos dice:

"Con ceniza, con desgarros
Con esta altiva impaciencia
Con una honesta conciencia
Con enfado con sospecha
Con activa certidumbre
Pongo el pie en mi país
Y en lugar de sollozar
De moler mi pena al viento
Abro el ojo y su mirar
Y contengo el descontento."
(...) "Vuelvo al fin sin humillarme
Sin pedir perdón ni olvido:
Nunca el hombre está vencido
Su derrota es siempre breve"
(...)
"Vuelvo hermoso, vuelvo tierno
Vuelvo con mi esperadura
Vuelvo con mis armaduras
Con mi espada, mi desvelo
Mi tajante desconsuelo
Mi presagio, mi dulzura
Vuelvo con mi amor espeso
Vuelvo en alma
Vuelvo en hueso
A encontrar la patria pura
Al pie del último beso".

En "América novia mía", nos encontramos ante el dolor de la conquista, pero también ante la esperanza y el coraje de luchar por un futuro sin opresión. En este poema, la voz del ser oprimido se sublima ante su amada (la tierra):

"América novia mía; tomamé
Entre tus brazos mulatos
Ciñemé
En la boca tus dulzores
Viertemé" (...)
"Morena América mía:
No hay dolor
Al cual el hombre
No aplaste triunfador.
Es duro el camino del libertador
Es largo el regreso del conquistador".

En la poesía de Manns también nos hallamos con pueblos, ríos, puertos y montañas, pero esa geografía siempre va acompañada por sus habitantes. Obreros, mineros, campesinos y toda clase de personajes populares conviven en ella. Es el caso de "En Lota la noche es brava", donde nos encontramos con la tragedia del minero en toda su dimensión:

"El hombre por quien preguntas
Bajó al turno de la sombra
Lo encontré allá en las laderas
Mujer: ya regresará
Llevaba el pan en las manos
Y en los ojos tu mirada
Volverá en la madrugada
pero alguno no vendrá"
(...) "en Lota la noche acaba
Con sangre en el mineral
El mar y el grisú están cerca
Y es de vida o muerte el pan".

La vida de los arrieros, sus victorias y derrotas quedaron estampados en los versos de "Arriba en la cordillera", su más famosa creación:

"La Viuda Blanca en su grupa
-la maldición del arriero-
Llevó mi viejo esa noche
Para arrear ganado ajeno
Junto al paso de Atacalco
A la entrada del invierno
Le preguntaron a golpes
Y él respondió con silencios:
Los guardias cordilleranos
Clavaron su cruz al viento"
(...)
"Nosotros cruzamos hoy
Con un rebaño del bueno
Arriba en la cordillera
No nos vio pasar ni el viento
Con qué orgullo me querría
Si ahora llegara a saberlo
Pero el viento no más sabe
Dónde se durmió mi viejo
Con su pena de hombre pobre
Y dos balas en el pecho".

Una de las características más sobresalientes de Manns está en el uso que hace del lenguaje, como por ejemplo en "Palimsesto", donde logra una fusión notable de imágenes:

"Huelga deciros que yo os quiero más
En la profunda pulpa de antesueño
Cuando el glaciar se reconvierte al sol
Y se nos va el esperma en el empeño
Y se nos cuaja el sueño de cenizas
Ávidas de hendir el cavilar del leño"
(...) "Qué hombre volver para que Osuna libre
Su libre nombre y su veloz corpiño
Su vientre cuarzo y su agonía historia
Y sus cadenas, su reloj, su niño
Y os avecine, os una y os ausculte
Con sus dos manos y sus tres cariños
Y su refulgir
Su oficio de herir
La luz por venir".

O en estos otros versos pertenecientes al poema "El equipaje del destierro":

"Tú me preguntas cómo fue el acoso aquel que obtuve
Metes la lengua en mi cabeza, en mi pensar, en mi algo"
(...)
"Pues, ¿cómo van a robar mi volcán con su volcana?
¿Desviar de mi alma el embocar del río con su ría?
¿Hacharme en el paisaje el árbol con su arboladura?
¿Quemar con un fósforo usual mi libro y su librea?
¿Untar el yatagán de mi dolor con su dolora?
¿Hacer aguar en temporal mi bote con su bota?
¿Batir en retirada mi conjuro y su conjura?
Vibrar la cuerda de mi solfeo
Con su solfear"
(...)
"¿Pues cómo van a extenuar mi caso con su caza?
¿Adelgazar mi saco vecinal con su saqueo?
¿Uncir mi canto universal de grillo a su grillete?
¿Vaciar de contenido mi araucano y su araucaria?
¿Cavar con fúnebre placer mi tumbo con su tumba?
¿Frenar la turbulencia de mi gesto con su gesta?
¿El choque de mis esperantes con su esperadura?".

Patricio Manns también se reconoce en una serie de personajes de nuestra historia reciente. Es el caso de Bautista van Schouwen, al que le dedica el poema "La dignidad se convierte costumbre". El martirio de Van Schouwen es retratado en este poema de manera cruda pero con una sensibilidad que no pierde jamás el contexto poético:

"Silencioso
Con silencio de piedra submarina
Con la conciencia sometida al hierro
Con la muerte trenzando sus cuchillos
Sintió que se quedaba desvestido
De sangre, de cabellos y de uñas
De ojo y de piel, como si fueran
Un violento equipaje, el único equipaje
O un dosel, un visillo, una terca ventana
Que atajaran el ojo a los verdugos
De Bautista van Schouwen, compañeros"
(...)
"Secando la memoria
Clausurando la boca
No dijo una palabra ni una fecha
Ni un nombre, ni un país
Ni un río, ni una flor
Ni un bosque, ni una abeja
Que sirvieran
De mapa a los verdugos de su pueblo".

Otro tema importante en su poesía es el amor, cuya máxima expresión la alcanza en el poema "Balada de los amantes del camino de Tavernay", donde erotismo y amor son expresados con un vuelo poético del más alto nivel:

"El cuarto donde habita mi ruiseñora
Se nutre con el ruido de mi demora
Los cantos de la calle se están plegando
Y el mórbido reloj mira blasfemando"
(...)
"La cama donde escurro mis homenajes
Es donde desterramos
la barrera de los trajes
Y donde, de algún modo su resolana
Se adueña de mi lengua tan soberana.
Allí nos respiramos de diestra suerte
Allí nos cobijamos (por si la muerte)
Allí yo le regalo mis estertores
Y allí ella me devora con mil amores
Cogiendo de mi sangre
Las frescas flores".

La edición de este libro viene a pagar una deuda con este magnífico autor. Porque más allá de sus composiciones musicales, novelas, cuentos y ensayos, Patricio Manns es fundamentalmente uno de los mayores poetas de nuestro continente.


JORGE ABELARDO RAMOS Y LA UNIÓN SUDAMERICANA

<h2><hr><u>JORGE ABELARDO RAMOS Y LA UNIÓN SUDAMERICANA</h2></u>

Texto completo de la intervención del pensador cordobés Enrique Lacolla en el panel realizado el 2 de diciembre en Buenos Aires en homenaje a Jorge Abelardo Ramos y a la Unidad Sudamericana, organizado por CEDEA y Causa Popular



La unidad bajo la España parasitaria


El concepto de unidad de América latina ha estado presente en nuestra historia desde la Independencia. Era, por aquella época, la consecuencia natural de nuestra subordinación a España, que proveía a la vasta geografía iberoamericana de un relativo grado de unidad política, reforzado por la religión y por el cemento de la lengua que se hablaba en las dependencias regionales en que se dividía la América hispana: el virreinato del Río de la Plata, el reino de Chile, el virreinato del Alto Perú, la gobernación de Quito, el virreinato de Nueva Granada y el de Nueva España.

Esa vinculación a la Corona española era laxa y escondía apenas las tendencias centrífugas que recorrían a estos territorios, resultado de la existencia de núcleos de burguesía compradora situados en las ciudades portuarias y que propendían a comerciar sin someterse al monopolio español, recurriendo en ocasiones, si era necesario, al contrabando. No se distinguían, sin embargo, estos sectores, por una genuina voluntad de autonomía regional, sino que propendían a un localismo acendrado, que visualizaba la perspectiva económica que podría aparejar la independencia no como una oportunidad para proyectar un país integrado en torno a una economía autosuficiente, sino sobre todo para visualizarlo como un mercado en el cual descargar los mismos géneros con los que comerciaba; barriendo, si convenía a la ocasión, las industrias artesanales que atendían al mercado interno. La diferencia con el carácter de las colonias anglosajonas de la América del Norte no podía ser más marcada.

La responsabilidad de la misma España en este estado de cosas era enorme. Como apunta nuestro homenajeado Jorge Abelardo Ramos en su estupenda Historia de la Nación Latinoamericana, la industria española había sido arruinada o abandonada por el descubrimiento de América y la fluencia de los metales preciosos que desde allí hincharon las arcas reales, acrecentando el parasitismo de las clases ricas y acentuando la pobreza de las clases pobres. Sin industria, España no podía proveer a sus colonias de los elementos manufacturados que estas necesitaban. Pero este fenómeno, en vez de incentivar la creación de industrias en las colonias, por efecto de una rara, o no tan rara, traslación psicológica, vino a replicar en el continente americano los mismos rasgos que distinguían a los potentados españoles que monopolizaban el comercio con las colonias desde el puerto de Cádiz. Ese monopolio impedía el comercio entre las colonias entre sí y asimismo con puertos extranjeros, "pero sólo superficialmente era españolista -dice Ramos- puesto que el comercio exterior de ese monopolio estaba en mano de los proveedores europeos de España. Los monopolistas españoles tan solo remarcaban esas mercaderías y las revendían a las colonias… Los monopolistas de Cádiz eran, en realidad, un sector de la burguesía importadora de España y virtuales agentes comerciales de la industria inglesa, holandesa, francesa o italiana".

¿Debemos sorprendernos porque nuestras burguesías comerciales repitiesen esta condición y ese modelo de conducta? En la negación de la autoctonía que a lo largo del tiempo ha formulado nuestra clase dirigente, cabe rastrear quizá este volverse de espaldas al mercado interior y esa introyección de una actitud dependiente del extranjero. La mirada exógena sobre nuestra realidad reproduce en cierto modo la de aquellos ávidos comerciantes de la Península. A eso habría que añadir la herencia de aquella proclividad a la existencia suntuaria que hipnotizó por largo tiempo a los "palurdos españoles" (la definición es de Ramos) trasladados al nuevo mundo y ennoblecidos no ya por la conquista de América sino por su colonización.

En la España de la Ilustración

Pero esa era la mirada sobre América propia de la España inmóvil. La otra mirada, la de la España contagiada por los ideales de la Ilustración, la de la España popular que se manifestó en la guerra contra el invasor napoleónico, se proyectaba hacia el continente americano de forma muy distinta. Y como la primera, estuvo fuertemente enraizada entre nosotros y tuvo como parámetros a nuestras figuras señeras: San Martín y Bolívar. ¿Cuánto había de la comprensión unitaria del Imperio español en la visión unitaria de América que compartían los dos Libertadores?

Esa conciencia, que en ellos era con toda probabilidad sistemática y lúcida, también existía, a un nivel visceral, en las capas populares; pero su factibilidad a la hora de la guerra de la Independencia se vio trabada por la existencia de obstáculos que a la postre la paralizaron. El poderío económico y el secesionismo de los núcleos de la burguesía compradora -que, en el caso argentino, monopolizaba la renta del Puerto, cosa que le permitía dotarse de recursos militares y comprar voluntades-, se veían incrementados por los obstáculos geográficos de los que estaba sembrado un territorio enorme; por la exigüidad y dispersión de la población y por la inexistencia o escasa presencia de una producción manufacturera que excediese el nivel artesanal. Este conjunto de fatalidades determinó el triunfo de las tendencias centrífugas sobre las centrípetas en la América española, y decidió nuestra suerte por casi dos siglos. Pero la tendencia aglutinadora, esa oscura hermandad que vinculaba a los pueblos iberoamericanos, nunca se extinguió del todo y encontró voceros en el campo del arte y analistas en el plano de los estudios sociales, de los cuales nuestro Manuel Ugarte fue uno de los más preclaros.

La visión de Jorge Abelardo Ramos

Con el curso del tiempo, con el surgimiento de los proletariados modernos, con la progresiva abolición de las barreras naturales por obra del ferrocarril, las carreteras y el avión; con el surgimiento de los movimientos nacional populares que expresaron la voz de los sin voz, lo que Tulio Halperín Donghi ha llamado el orden neocolonial comenzó a entrar en crisis. Fue entonces cuando la reivindicación poética de la Amerindia empezó a convertirse en la reivindicación crítica de la misma. Y fue entonces cuando Jorge Abelardo Ramos ingresó a la palestra ideológica con varios libros fundamentales, en los que muchos de nosotros nos reconocimos y que proveyeron de una columna vertebral a lo que vagamente presentíamos.

El concepto de unidad latinoamericana se convierte por primera vez en un instrumento ideológico operante a través de la obra del "Colorado". Ramos no estuvo solo, desde luego; fue acompañado o anticipado por una pléyade de figuras entre las que cabe mencionar a Raúl Scalabrini Ortiz, Arturo Jauretche, Juan José Hernández Arregui, Rodolfo Puiggrós, Alberto Methol Ferré, Jorge Enea Spilimbergo y Alfredo Terzaga, entre otros, pero él fue el condensador y divulgador genial de una visión americana en la cual ingresaba la óptica interpretadora del marxismo con una fuerza que devenía de su adaptación de esa doctrina a nuestra propia circunstancia. Lejos de leer la realidad iberoamericana con anteojos europeos, como solían y suelen hacer los exponentes de todas las variantes del espectro ideológico que se obstinan, desde nuestros orígenes, en vernos con ojos ajenos, Ramos supo incorporar las categorías críticas del marxismo a partir de la experiencia de nuestra propia historia. "Lo nacional es lo universal…, visto desde aquí", dice un aforismo, que nunca será citado bastante, de Arturo Jauretche.

Una visión marxista de nuestra Historia

Esta percepción fue la que permitió a Ramos estructurar la primera visión marxista de conjunto de nuestra historia. Pero la apoyó en un talento que fue esencial al logro de su obra y que residía en sus excepcionales dotes de escritor. Ramos poseía un estilo pleno, rebosante de giros ingeniosos, estupendamente dotado para el sarcasmo cuando la ocasión lo requería; ágil y rico en un vocabulario que sabía otorgar plasticidad y consistencia a los hechos que describía. No tenía nada que envidiar, desde mi punto de vista, al acerado estilo de León Trotsky; pero no era en absoluto imitativo: brotaba de su propia mollera y de una captación sensual de la historia, que encontraba en sus dotes de narrador y en su capacidad para plasmar las ideas en conceptos fuertes, un magnífico vehículo de persuasión crítica.

Había en el Ramos escritor mucho de la facundia española y latinoamericana, ponderada por el método marxista. Pero recuerdo haberle oído manifestar una vez que, tras muchos años de reprocharse su propensión a la desmesura expresiva, había decidido no preocuparse más por esa conciencia purista que le susurraba al oído cuando escribía, y aceptar esa forma de manifestarse como la legítima emanación de su propia naturaleza iberoamericana. Aunque fue también esta aceptación de su propia naturaleza tumultuosa que lo llevó quizá a excederse a veces en su propensión a la diatriba, cosa no siempre aconsejable en un constructor político.

Todos sus libros llevan la impronta de su visión latinoamericana. Desde América latina, un país, un libro secuestrado por la comisión Visca, de infausta memoria, emanación de los aspectos más negativos del primer peronismo que tuvieron mucha gravitación en la creación de las condiciones que llevaron a su derrocamiento en 1955, a la Historia de la Nación Latinoamericana, pasando por Revolución y Contrarrevolución en la Argentina que si bien se ocupa de este pedazo de América no deja verlo inserto en una peripecia continental, la apreciación como conjunto del destino iberoamericano estuvo en el centro de su interpretación de la historia. Y digo iberoamericano no porque esta formulación se oponga a la más abarcadora de latinoamericano, sino porque en ella se sitúa también Brasil, cuya existencia reproducía muchos de los rasgos que distinguían a nuestras oligarquías dependientes y también la proyección de otra fragmentación, de otra división hasta cierto punto artificialmente inducida: la del reino de Portugal respecto del de España, favorecida por el interés británico.

La nueva realidad latinoamericana

Hoy, las divisiones y las tendencias centrífugas que fueron casi fatales en el pasado, está perdiendo su razón de ser. No sólo porque los puntos señalados más arriba –comunicaciones, demografía, infraestructuras productivas, cuyos datos conspiraron durante mucho tiempo contra la unidad latinoamericana- están revertiendo su signo y de menos pasan a más, sino porque el modelo semicolonial que ha presidido nuestro desarrollo y contra el cual estos países se han rebelado confusamente muchas veces, exhibe el agotamiento de sus posibilidades y sólo tiene para ofrecernos mercados desregulados, desindustrialización, derogación del Estado, asimetría social y pauperización generalizada.

Pero, cuanto más herida esté la bestia, más peligrosa se hace. El brutal disciplinamiento del patio trasero efectuado en los ’70 con expedientes militares, fue seguido por una oleada falsamente democratizadora que, valiéndose de la condición postraumática de nuestros pueblos, culminó la labor desintegradora y le añadió, como remate, la sanción de una legalidad ficticia.

Las naciones latinoamericanas han empezado a salir del estado catatónico provocado por la represión de "los años de plomo" y se buscan para configurar un reducto regional que permita resistir las mareas de una globalización asimétrica, regulada desde arriba. Esa búsqueda enfrenta enormes obstáculos, pero estos provienen ahora del imperialismo y de las complicidades internas con este, no de dificultades de orden objetivo. Esto representa un salto decisivo, cuantitativamente mensurable, pero que requiere de una cualidad dirigencial que seguimos echando de menos para tornarse en plenamente efectivos.

Expresiones de esta resolución las hay –por ejemplo, el rechazo en el foro de Quito de las pretensiones estadounidenses sobre la transformación de las fuerzas armadas de nuestros países en prolongaciones policiales del Pentágono, ocupadas en combatir el "narcotráfico-, y también cabe contar entre ellas el rechazo que el ex presidente Eduardo Duhalde formuló contra la arremetida del secretario de Comercio norteamericano, Robert Zoellick, efectuó contra el Mercosur. Pero sigue faltando la vertebración político-ideológica que transforme estas tendencias en una corriente sostenida.

En este contexto, la obra de Ramos respira nuevamente y se transforma, en realidad, en un recurso necesario para volver a acercarnos a la raíz de la problemática latinoamericana. Más allá de la sorprendente inflexión que tuvo su trayectoria al final de su vida -que no se puede disimular ni negar-, los aportes que efectuó a la comprensión viva de nuestra historia son definitivos. Revolución y contra y la Historia de la nación latinoamericana son hitos insoslayables que han de sostener la lucha de las generaciones actuales y futuras, proveyéndolas de un instrumento interpretador de las claves de nuestro pasado y, por consiguiente, de nuestro futuro. Pues, como afirmara Hernández Arregui, la historia fue la política de ayer, así como la política de hoy será la historia de mañana."


ERRORES, HORRORES: EL GOLPE DE ESTADO Y LOS DERECHOS HUMANOS

<hr><h2><u>ERRORES, HORRORES: EL GOLPE DE ESTADO Y LOS DERECHOS HUMANOS</h2></u>

por Jorge Arrate (*)

El Mostrador
- 15 de Diciembre de 2004

Los acontecimientos ocurridos a partir de la publicación del informe Valech han significado un positivo avance para los objetivos de verdad y justicia en materia de derechos humanos. La iniciativa, destinada a investigar e informar públicamente sobre los casos de prisión política y tortura ocurridos bajo la dictadura de Pinochet, es un logro del gobierno y del Presidente Lagos. Para las organizaciones de derechos humanos -las grandes protagonistas de una lucha sin interrupciones ni vacilaciones por la verdad y la justicia- ha sido un nuevo triunfo de sus planteamientos.

Como se sabe, las reacciones han sido diversas. El Ejército ha reconocido responsabilidades institucionales y ha señalado, acertadamente, la vía judicial como la apta para establecer y sancionar las individuales. El General Cheyre ha asumido una posición digna y ha puesto en juego su prestigio y liderazgo.

Diversa ha sido la reacción de otras ramas de las Fuerzas Armadas, de los civiles comprometidos gravemente con las violaciones a los derechos humanos y de la Corte Suprema. En algunos de estos discursos resurge una intencionada interpretación que tiende a justificar las violaciones pretextando la situación de agudo enfrentamiento social que precedió al golpe. El paso siguiente es predecible: la izquierda -Allende, sus partidos, sus partidarios- son también responsables del golpe militar y de los inicuos acontecimientos que lo siguieron. En consecuencia -continúa el argumento- "todos somos culpables".

Se trata de un burdo acto de prestidigitación. Como el propio General Cheyre ha señalado, nada puede justificar los crímenes de lesa humanidad cometidos sistemáticamente y durante largo tiempo por la dictadura.

Como señalé hace catorce años en el debate público que siguió al informe Rettig, el allendismo y particularmente los socialistas cometimos errores, pero jamás horrores. Y, como acaba de reiterarlo el Presidente del Partido Socialista Gonzalo Martner, la responsabilidad exclusiva y directa del golpe militar de 1973 es de quienes lo propiciaron violentamente desde antes que Allende asumiera la presidencia: la derecha chilena y el intervencionismo norteamericano.

El Presidente Allende buscó con denuedo evitar el enfrentamiento y el golpe y se aprestaba a anunciar, el día de su muerte, la convocatoria a un plebiscito democrático para resolver sobre los destinos del país y evitar el derramamiento de sangre.

Se trata de dos planos diversos que deben distinguirse, salvo que se quiera embrollar la conciencia colectiva. Uno es el plano de las responsabilidades políticas de cada uno, otro el del respeto a los derechos humanos fundamentales. En el gobierno de Allende, éstos nunca fueron violados. Esa es la realidad indesmentible.

El aprecio por la actitud asumida por el General Cheyre no debe significar concesiones benevolentes ni penosas expresiones de edulcorada comprensión avaladas por la asunción de culpas que no existen.

No nos dejemos confundir. Efectivamente, todos cometimos errores políticos. Pero los horrores los cometió a plena conciencia la dictadura de Pinochet.

(*) Jorge Arrate fue Presidente del Partido Socialista y actualmente es Presidente del Directorio de la Corporación Universidad de Arte y Ciencias Sociales (ARCIS).


URUGUAY

<hr><h2><u>URUGUAY</h2></u>

LA SOBERANÍA Y LOS INTERESES SUDAMERICANOS



Por Luis Godoy Gómez

La Prensa Austral – Punta Arenas – 29 de diciembre de 2004

Entre los hispanoamericanos abundan los discursos sobre la hermandad. Sin embargo, el desconocimiento mutuo abisma. ¿Cuánto sabemos de las respectivas historias de los pueblos hermanos? Y desde largo tiempo se habla sobre el imperativo de conocernos mejor. Esto, a propósito del proceso de cambios que experimenta la República Oriental del Uruguay.

El país vivió un prolongado período de dictadura militar, sobrellevando una deuda externa que sobrepasó los cinco mil millones de dólares, con sus sindicatos y partidos políticos perseguidos, desaparecimientos de personas, torturas y cesantía.

Los valores democráticos, así como el desarrollo cívico y un sindicalismo de tradición unitaria, el Frente Amplio y los partidos tradicionales, han coexistido y reinstalaron la democracia. La elección de octubre pasado, que ungió presidente de la república al Dr. Tabaré Vásquez, del Frente Amplio, pone punto final a la hegemonía del poder alternativo entre los partidos Colorado y Blanco.

Los uruguayos disponen de un método digno de ser imitado: el recurso del voto popular directo y por plebiscito o referéndum de iniciativa popular. El plebiscito contra la privatización del agua obliga a la empresa española concesionaria a abandonar el país. La experiencia privatizadora del líquido, que significó un desastre sanitario, le cuesta al país más de cien millones dólares. No tenemos tiempo de comparar con lo que sucedió aquí, en Sacor y Esmag...

Los hermanos uruguayos nos indican el camino democrático y combatiente por sus intereses nacionales. La figura del general José Gervasio Artigas, el héroe venerado, orienta los destinos del país de la Banda Oriental. En la constitución quedó estatuido que el agua pertenece al dominio público, y no puede ser objeto de privatización. No hay pretextos engañosos ni entreguistas. Si agregamos a lo dicho la firma del Acta fundacional de la Unión Sudamericana de Naciones, podemos fortificar las esperanzas de desarrollo independiente e integrado de diez naciones sudamericanas. Simbólicamente, el Acta se suscribió en Ayacucho, Perú, donde hace ciento ochenta años los ejércitos independentistas abatieron los estandartes de la monarquía peninsular.

Antes que los centros mundiales de poder continúen soñando con la ampliación de sus mercados, y Bush nos crea todavía su “patio trasero”, los firmantes del Acta les notifican de su decisión soberana. Su cristalización puede cambiar el mapa político del planeta que nos cobija. Y para bien.


TIERRA DEL FUEGO

<hr><h2><u>TIERRA DEL FUEGO </h2></u>

EN DÍAS DE VIENTO AUSENTE



Por Aristóteles España

Así se titula esta nueva novela del escritor magallánico, Eugenio Mimica Barassi (Punta Arenas, Chile, 1949). La obra, ambientada en esos confines misteriosos en el sur del mundo, es un canto a la soledad de esa isla que junto a Chiloé y Cuba son las más grandes de Sudamérica. Mimica rinde homenaje a Gumercindo Torres Vera, quien desapareció misteriosamente el 23 de febrero de 1985 en el Campamento Cerro Sombrero, hoy comuna de Primavera; construye diferentes escenarios que relatan la búsqueda de este pionero que desde 1929 había comenzado a trabajar en las primeras prospecciones de la Superintendencia de Salitres y Minas del gobierno de Chile. Torres Vera había trabajado en Tres Puentes y Tierra del Fuego, plantas de la Empresa Nacional del Petróleo, desde que descubrieron el Oro Negro el 29 de diciembre de 1945. Una vez jubilado, después de 25 años en esas faenas, y en pleno descanso existencial después de toda una vida dedicada al trabajo decide regresar a Cerro Sombrero, junto a su esposa, para visitar a una de sus hijas.

Un 23 de febrero de 1985 desaparece sin dejar rastros. Lo buscaron con helicópteros, en los pozos abandonados, en los riachuelos, en pequeñas cuevas donde habitan castores, depredadores de todo tipo, gatos salvajes, pero de don Gumercindo nunca más se supo, hasta que diez meses después, en diciembre, su hijo Héctor lo encuentra en un sector del Río Side, lugar al que habían acudido decenas de veces, a doce kilómetros al norte de Cerro Sombrero.

El novelista indaga en la memoria y en la sicología de sus parientes y amigos, los instantes donde Alfonso lo busca en su moto, con el viento de fondo como un personaje colosal, la tristeza de su hija quien le preparó la última cazuela ese día fatídico. La novela reconstruye un modo de vida del minero del petróleo. (“Mientras se procede a la búsqueda va desarrollándose el devenir de la vida de aquel que se perdió”, dicen los editores en la contraportada) Las soledades de Cullen, Manantiales, Clarencia, Percy, Posesión, lugares sin cementerios ni tumbas llenas de huesos sin sonido como decía Neruda. La vida de estos primeros pobladores que hicieron historia como don Gumercindo es narrada con fuerza y gran asertividad en este libro donde es posible escuchar la nieve, la lluvia, lejanos incendios, mujeres que miran el atardecer junto a la ventana y de nuevo los helicópteros que buscan a este hombre, cuya desaparición fue noticia nacional hace dos décadas.

Mimica ha escrito, sin duda, la primera novela del petróleo. Los mundos que subyacen en esos lugares cuyo nombre se debe al humo de fogatas encendidas por los indígenas que observó Hernando de Magallanes en 1520, son descritos en estas páginas con talento y emoción. El autor conoce e investigó esta patria fueguina, similar en tamaño a Irlanda, donde vive como ganadero varios meses del año.

Conocimos a Eugenio Mimica Barassi a fines de 1975 a través del poeta José Grimaldi y el novelista Carlos Vega Letelier. Integramos el Taller Literario que este último dictó en la ex Universidad Técnica del Estado el año siguiente. Y por esa misma época publicamos nuestros primeros libros junto a Elisa Rojas, Luis Alberto Barría. Leímos los versos inéditos de Mario Oyarzún (qepd), Hernán Andrade, Hortensia Fuentes, María Neira, Juan Garay.

Autor de “Comarca Fueguina” (1977); “Los Cuatro Dueños” (1979); “Quien es quién en las letras chilenas” (1981); “Travesía sobre la cordillera Darwin” (1983); “Un adiós al descontento” (1991); “Agenda de efemérides magallánicas” (1993 a 1997); “Enclave para dislocados” (1995). El año 1980 obtuvo el Premio Municipal de Literatura de Santiago. Es Miembro Correspondiente de la Academia Chilena de la Lengua. Reside en Punta Arenas. Chile.


YASSER ARAFAT

<h2><hr><u>YASSER ARAFAT</h2></u>

LA IZQUIERDA NACIONAL ACOMPAÑA
EL DOLOR DEL PUEBLO PALESTINO



El Movimiento CAUSA POPULAR, expresión del ideario de Arturo Jauretche, Jorge Abelardo Ramos y Juan Domingo Perón, comparte la congoja del hermano pueblo de Palestina ante la irreparable pérdida de quien lo condujera en la áspera batalla por recuperar el propio suelo patrio.

Ahora más que nunca, Yasser Arafat será, no sólo el Presidente-mártir de un pueblo en lucha, sino bandera de combate contra la pandilla sionista , los usurpadores y genocidas de toda laya y sus compinches imperialistas.

¡HONOR Y GLORIA AL PRESIDENTE YASSER ARAFAT!
¡POR LA JUSTA CAUSA DEL PUEBLO PALESTINO!
¡POR LA UNIÓN FRATERNA DE LOS PUEBLOS DEL MEDIO ORIENTE!

Alberto Guerberof
guerbe@fibertel.com.ar


Buenos Aires, 11 de noviembre de 2004


MAGNICIDIO EN CARACAS

<hr><h2><u>MAGNICIDIO EN CARACAS</h2></u>

WASHINGTON ACELERA PLAN TERRORISTA
In memoriam Danilo Anderson



Por Heinz Dieterich – Rebelión – 20/11/2004

Danilo Anderson, fiscal venezolano democrático y patriótico, fue asesinado la noche de ayer en un sofisticado atentado con bombas contra su vehículo en el sureste de Caracas. Con este magnicidio, precedido por el asesinato de seis militares y una ingeniera de PDVSA en la frontera colombiana, el plan de destrucción terrorista de la Revolución Bolivariana por parte de Washington entra en su fase virulenta y abierta.

Asesinar a Danilo fue, desde el punto de vista de la subversión, una operación de alto rendimiento propagandístico y de guerra psicológica, con un riesgo mínimo. Danilo fue un hombre emblemático del proceso bolivariano. Dentro del corrupto aparato de la justicia clasista venezolana, fue uno de los pocos abogados que aplicaron la ley a los golpistas y delincuentes de la subversión nacional y que enfrentaron su impunidad.

Era el Fiscal que llevó el caso de Capriles Radonski por la agresión a la Embajada de Cuba durante el golpe de Estado, el 12 de abril; estaba llevando el caso de Súmate; fue quien citó a la Fiscalía a los dueños de los medios que
conspiraron con el golpista Carmona aquel 12 de Abril en Miraflores; estaba citando, en calidad de imputados, a todos los firmantes del Decreto Carmona y estaba investigando a los sicarios de la Policía Metropolitana del alcalde
Alfredo Peña.

El peligro de Danilo para el proyecto terrorista de Washington era doble: le quitaba uno de sus principales instrumentos de poder, la corrupta justicia de clase venezolana, y se convertía en símbolo del patriota honesto y servidor de las mayorías en la nueva Patria bolivariana.

Asesinarlo no era difícil. Porque ese hombre modesto, joven de 38 años, detestaba los atributos del poder, como guardaespaldas, carros blindados, de tal manera que se convirtió en un blanco fácil para los terroristas de Washington.
Lo conocí por primera vez, durante la subversión urbana foquista de la "guarimba”. Yo salí de una entrevista con el Ministro de Defensa, General García Carneiro; él esperaba para entrar. Aprovechamos para hablar y me quedé
impresionado con el valor de ese joven “flaquito”, casi tímido y reservado, que ponía su vida en la línea del fuego. Preguntado al respecto, respondió con una sonrisa y esa tranquilidad estoica de la gente que valora su misión por encima
de cualquier riesgo personal.

El 11 de septiembre, Danilo estuvo en la presentación del libro: Hugo Chávez, El Destino Superior de los pueblos latinoamericanos, en el Teatro Municipal Teresa Carreño. Tuvimos la misma conversación sobre los peligros que corría; pero el se reía e insistía que estaba bien y que se acercaba la hora de la justicia para los implicados del golpe de Estado.

El asesinato de Danilo Anderson evidencia que la subversión ha dado un salto cualitativo hacia una ofensiva generalizada. A partir de ahora, personajes emblemáticos del proceso, cuya muerte tendrá un alto valor propagandístico para Washington y sus cohortes, estarán en peligro agudo. Asimismo, la subversión iniciará atentados contra la infraestructura energética y de transporte y más asesinatos e incursiones en la frontera colombiana.

Haciendo memoria histórica, podemos decir que la Revolución bolivariana ha entrado en la fase de la Revolución cubana de 1960, cuando la contrarrevolución estadounidense-cubana dio inicio a la lucha armada, sabotajes y asesinatos desde
los núcleos subversivos en la sierra del Escambray o, también, de Nicaragua, a partir de 1983.

La respuesta a esa peligrosa escalada de la subversión en Venezuela debe construirse sobre las experiencias de ambos modelos contrarrevolucionarios (Cuba y Nicaragua), porque la amenaza es seria y potente. Solo una campaña masiva y
rápida, inteligentemente planeada en todos los niveles, va a derrotar definitivamente a los mercenarios de Bush.

La violencia antidemocrática de la derecha, sin embargo, no es nueva; más bien, no ha sido discutida en su justa dimensión. Hay, por ejemplo, más de ochenta líderes campesinos, que han sido asesinados por las fuerzas subversivas a raíz de la reforma agraria, en los últimos años, sin que haya habido una respuesta contundente del Estado.

En su tiempo como Comandante de la base de Maracay, la vida del General Raúl Baduel estuvo alrededor de diez veces en peligro, a raíz de atentados planeados no solo por operadores venezolanos de la subversión, sino también por
mercenarios introducidos desde Colombia y Centroamérica. (Casualmente hoy en el semanario Quinto Dia, en la columna “Las verdades de Miguel”, se advierte que el General es la persona en mayor peligro de magnicidio en el país, después del Presidente Chávez, por incorruptible y por ser el hombre de “más autoridad moral en el Ejército”.) Otro ejemplo es un plan de magnicidio contra el Presidente Hugo Chávez que fue desbaratado hace pocos meses por sectores de la inteligencia venezolana.

El terrorismo de la derecha no es nuevo, pero ha entrado en otro nivel. Por lo tanto, la violencia de la agresión va a potenciarse rápidamente. Esto por dos razones: 1. Las sucesivas derrotas en el referendo revocatorio y las posteriores
elecciones han dejado a la derecha sin vías institucionales para conquistar el poder antes de las elecciones presidenciales del 2006. 2. El rotundo fracaso de Rumsfeld y Uribe en la VI Conferencia de Ministros de Defensa de América, en Quito, donde su intento de constituir una fuerza militar latinoamericana para Colombia fue derrotada con 16 votos -en una alianza protagonizada por Brasil, Argentina y Ecuador, con apoyo de Chile y Bolivia y un papel sorprendentemente desdibujado de la delegación venezolana- aumentará la propensión del terrorista Bush para intensificar la desestabilización paramilitar y el sicariato político.

Y no hay que tener ilusiones sobre la dimensión de la amenaza y la brutalidad de sus operadores. Se trata de la misma red que ha orquestado más de 600 intentos de asesinato contra el presidente cubano Fidel Castro, en los últimos cuarenta
años, es decir, más de uno por mes.

En todo proceso revolucionario hay acontecimientos claves, que indican cuándo la contrarrevolución pasa a la ofensiva del terror. Viviendo en Buenos Aires en 1974, participé en el entierro del Padre Carlos Mugica quien había sido asesinado brutalmente el 11 de mayo por las bandas paramilitares de la AAA. En ese entierro del “Protector de los Humildes”, no entendía todavía que el proceso había pasado un umbral y que la derecha comenzaba una guerra sin cuartel. Hoy lo entiendo, en el caso de Danilo Anderson.

El Padre Mugica, quien había dejado atrás su familia oligárquica para compartir la cruz de los pobres, reaccionaba ante las amenazas de muerte de los terroristas, diciendo: “Nada ni nadie me impedirá servir a Jesucristo y a su Iglesia, luchando junto a los pobres por su liberación. Si el Señor me concede el privilegio, que no merezco, de perder la vida en esta empresa, estoy a su disposición.”

Nunca le pregunté a Danilo si era cristiano. Pero la verdad es que no importa. Murió, como el Padre Mugica, “junto a los pobres, luchando por su liberación”."


LOS AÑOS MÁS DUROS DE MICHELLE BACHELET

<hr><h2><u>LOS AÑOS MÁS DUROS DE MICHELLE BACHELET</h2></u>

Los sucesos entre el golpe y su partida al exilio tras su detención en Villa Grimaldi son claves en la trayectoria de la candidata presidencial del PS-PPD



Por Paula Canales y Maureen Halpern – www.latercera.cl

Domingo 21 de noviembre de 2004

El 11 de septiembre de 1973 Michelle Bachelet Jeria partió, como siempre, a la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile, en la que estudiaba desde 1970. En el trayecto desde la villa de la FACH en Las Condes, donde vivía con sus padres, hasta la sede de Avenida Independencia, no sabía aún cómo esa jornada cambiaría su vida y la de su familia, pero lo intuía. A las 4 de la madrugada de la noche anterior, un llamado telefónico había despertado a su madre, Angela Jeria, para alertarla sobre sospechosos movimientos de la Armada, pero el general Alberto Bachelet, cansado ya de los rumores sobre un levantamiento, les había sugerido no prestar atención y seguir durmiendo.

Cuando llegó a la facultad, la confusión se tornó en certeza: el general Javier Palacios se aprestaba a rodear La Moneda y pronto se despejaban las dudas sobre el golpe. Vestida de jeans y la camisa verde olivo distintiva de la Juventud Socialista, cerca del mediodía Michelle Bachelet y decenas de estudiantes subieron a la azotea de la Escuela de Medicina, situada a un costado del Hospital José Joaquín Aguirre. Desde las alturas de ese edificio, observaron cómo la formación de cuatro cazas Hawker Hunter de la Fuerza Aérea hacía sus vuelos de aproximación de norte a sur hacia la casa de gobierno, lanzaban sus descargas de cohetes Sura P-3 y la envolvían en llamas.

Mirando por la ventana de su oficina en el Ministerio de Defensa, el general Bachelet vio la misma escena que su hija. Horas antes había sido detenido por el general Orlando Gutiérrez, quien -apuntándolo con un revólver- lo había apresado por orden del general Gustavo Leigh, quien recelaba de él por el trabajo que durante los últimos 12 meses había desempeñado a cargo de la oficina de distribución del gobierno de la UP. Aunque esa tarde pudo partir, tras renunciar a la FACH, de vuelta a su casa, pocos días después fue detenido.

Su hija, en cambio, permaneció en la facultad, discutiendo junto a sus compañeros qué hacer. Los 18 meses siguientes, hasta su partida al exilio el 31 de enero del 75, marcaron profundamente la vida de la candidata: murió su padre, víctima de apremios, y tanto ella como su madre fueron detenidas y torturadas por la DINA (Dirección de Inteligencia Nacional). En esa misma época Bachelet inició su largo tránsito político hacia el ala izquierda del PS.

Hasta ahora había evitado hablar de esos años. Lo hizo, hace unos días, a propósito del informe sobre la tortura y sus derivaciones. Los hechos de este período son indispensables para comprender la trayectoria de Bachelet.

La medicina y el PS

Michelle Bachelet tenía 18 años cuando comenzó a estudiar Medicina en la U. de Chile. Aunque provenía de una familia de izquierda, se había mantenido apartada de la política hasta entonces. En 1970, con su ingreso a la facultad, comenzó a aproximarse a los jóvenes estudiantes socialistas y en especial a Carlos Lorca, estudiante de Siquiatría y carismático líder de la juventud del partido, que solía trasnochar en La Moneda jugando partidas de ajedrez con Salvador Allende. Junto a otros compañeros como el cardiólogo Marcos Arriagada, Bachelet vivió la UP entre los estudios y el trabajo político, especialmente en la formación de nuevos cuadros.

Arriagada recuerda hoy que después del bombardeo se reunieron en el Salón Croizet del hospital para definir qué hacer. Mientras un grupo de miembros del MIR decidió trasladarse hacia las zonas industriales para resistir el golpe, Bachelet y los socialistas optaron por permanecer en el centro asistencial. Temiendo que el Ejército allanara el lugar, se hicieron pasar por pacientes, auxiliares o estudiantes internos. Ella, simulando ser la asistente de un doctor, estuvo allí hasta el 13 de septiembre, cuando el toque de queda fue flexibilizado.

Al día siguiente su padre se presentó otra vez en el Ministerio de Defensa, donde se le advirtió que enfrentaría un juicio. Luego fue trasladado a la base aérea de Colina y tiempo después a la Academia de Guerra Aérea, donde comenzó a ser torturado. Durante los meses siguientes, el general vivió entre ese recinto de la Fach y la Cárcel Pública, mientras comenzaba el Consejo de Guerra ordenado por Leigh.

A fines de septiembre volvieron las clases. Bachelet retomó sus estudios, pero también comenzó su trabajo político clandestino. Con el PS proscrito y sus máximos dirigentes detenidos o en el exilio, Bachelet se enfocó en apoyar a los militantes ocultos, a surtir de víveres a las casas de seguridad y a asistir a las familias de los prisioneros.

Por esa época Bachelet comenzó una relación sentimental con Jaime López, otro joven dirigente de la JS que, junto a Carlos Lorca y el dirigente sindical Exequiel Ponce, habían comenzado a rearticular una dirección interior tras la salida de Chile de Carlos Altamirano.
López conectaba a Bachelet con la cabeza del PS, dedicada por esos días -a espaldas de los viejos jerarcas en el exilio- a hacer una severa autocrítica del fracaso de la UP y a definir la estrategia para enfrentar el régimen militar. La reflexión quedó plasmada en el llamado "documento de marzo" de 1974, en el que acusaban a los dirigentes socialistas de no haber respaldado a Allende, proponían reorganizar al difuso PS como un partido proletario de corte leninista y proponían una alianza con el PC y otras agrupaciones de izquierda para enfrentar a Pinochet.

El martes 11 de marzo de 1974 Bachelet estaba en clases de cirugía cuando su madre llegó a buscarla a la sala. Su padre había muerto de un infarto, sólo horas después de volver de una sesión de torturas. "Vi a mi madre en la puerta, me llamaron afuera y me informó que mi padre había fallecido en la cárcel pública. Partimos para tratar de tener más información. Fuimos al (Instituto) Médico Legal y yo volví a la universidad para intentar hablar con el médico que le había hecho la autopsia, que había sido profesor mío, pero que no podía decirme nada. Fueron momentos muy duros", recordó Bachelet en septiembre del 2003, durante una ceremonia en la Facultad de Medicina para conmemorar los 30 años del golpe.

Según el libro "Disparen a la Bandada", de Fernando Villagrán, la muerte del general reforzó el compromiso político de Bachelet y su madre. Angela Jeria siguió apoyando a las esposas de los oficiales de la Fach enfrentados al Consejo de Guerra, y cuyas duras condenas fueron dictadas en octubre de 1974.

Villa Grimaldi

Mientras Bachelet continuaba respaldando el trabajo de la dirección interior -que comenzaba un proceso de radicalización ideológica-, su madre conoció a una joven militante del MIR de 25 años llamada María Eugenia Ruiz-Tagle. Pese a la diferencia de edad, las dos se veían con cierta frecuencia a conversar sobre sus experiencias personales. Había sido así también, en charlas al pasar, que María Eugenia había sabido de la conexión de Michelle con la cúpula del PS.

El 10 de enero de 1975, un grupo de agentes de la Dina llegó hasta el departamento de Angela Jeria y su hija en Apoquindo con Américo Vespucio.

En los pocos minutos que tuvieron antes de ser llevadas a Villa Grimaldi, Bachelet llamó a su novio Jaime López para advertirle mediante una clave previamente establecida ("Mi amiga Dina-Marca me invitó a tomar té y no sé a qué hora voy a volver", le dijo) que había sido detenida y que tomara precauciones. Por esos mismos días la dirección del partido planeaba una reunión secreta.

El motivo de su captura, que no tenía que ver con sus contactos políticos, quedó claro recién al llegar al recinto de Peñalolén. Separada de su madre, Bachelet fue encerrada en una habitación en la que estaban otras 10 prisioneras. Cuando entró, aún vendada, y vistiendo sandalias, jeans y una camiseta deportiva, la primera cara conocida que vio fue la de María Eugenia Ruiz-Tagle. La joven se le abalanzó a los pies y le pidió perdón, llorando. Había sido detenida seis días atrás, le dijo. La habían torturado brutalmente. Las había mencionado a ella y a su madre. Otra de sus compañeras de celda, Angeles Alvarez, recuerda que Bachelet le dijo que no se preocupara, y que entendía lo que había ocurrido.

Angela Jeria fue conducida a otro lugar e interrogada. Permaneció la mayor parte del tiempo en un estrecho cajón sin ventanas. Desde el comienzo exigió que llamaran al general Leigh, que ya sabía de su detención por el general (R) Croqueville, cuñado de Alberto Bachelet y quien lo había alertado sobre su captura. Fue por este motivo, quizás, que ella y su hija se libraron de los apremios más duros, como la parrilla eléctrica, aplicados a las otras detenidas. Bachelet también fue interrogada en varias ocasiones. En su celda había dos mujeres embarazadas: Lucrecia Brito y Patricia Guzmán. Usando colonia y un poco de tela, y aplicando sus conocimientos de medicina, atendió a varias detenidas, recuerda Brito.

De Cuatro Alamos al exilio

El 10 de enero del 75 madre e hija fueron trasladadas a un pabellón de incomunicados llamado Cuatro Alamos, situado al interior del centro de prisioneros Tres Alamos, en Avenida Vicuña Mackenna. Encerradas en celdas contiguas, podían hablar por las noches. El 19 de enero, Bachelet fue puesta en libertad. Su madre, que pudo despedirse de ella, continuó detenida hasta el 30 de enero. Su hija y el resto de la familia lograron interceder ante el ministro del Interior, el general Benavides, y consiguió que Angela Jeria fuese liberada, pero al mismo tiempo expulsada del país.

El 31 de enero, después de pasar la última noche en Chile en un cuartel de Investigaciones, Angela Jeria fue trasladada a Pudahuel y embarcada en un avión rumbo a Australia, donde vivía su hijo Alberto junto a su esposa y sus dos hijos. En el aeropuerto la esperaba, para partir al exilio, su hija Michelle.

Poco tiempo después, Bachelet y su madre se trasladaron a Alemania Oriental, donde el PS había instalado su dirección exterior. En ese país, de rígida ortodoxia comunista, la actual candidata intentó retomar sus estudios y vivió el quiebre del partido entre las facciones de Altamirano -inclinada hacia una renovación socialdemócrata- y la de Clodomiro Almeyda, partidaria de mantener la inspiración leninista y la orientación hacia Moscú. Bachelet, que se mantendría en el ala más dura del socialismo hasta fines de los 80, se sumó a la segunda.