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MIRANDO AL SUR - augusto alvarado


ANTOLOGÍA SEÑALADA

<hr><h2><u>ANTOLOGÍA SEÑALADA</h2></u>

LA POESÍA DE DAVID VALJALO



Por Aristóteles España

El escritor David Valjalo (Santiago, 1924) , residió fuera de Chile durante 35 años, en Los Angeles, California, y en Madrid. En esas ciudades dirigió una de las más importantes revistas de literatura chilena, denominada justamente así: “Literatura Chilena, Creación y Crítica”, que difundió a los autores de este rincón del mundo en otras lenguas y latitudes. Director del Teatro de Cámara de Hollywood, fue cronista del periódico “Los Angeles Times”. Amigo de Roberto Matta, Pablo Neruda, Enrique Lihn, Rolando Cárdenas, acaba de publicar en Santiago su libro “Antología Señalada” (Ediciones La Frontera, 2005). Este es un libro antológico que reúne gran parte de su producción poética. En sus textos habitan los rincones vacíos, nostalgia de la patria chica, homenajes a parientes literarios; particularmente emotivo es su homenaje a Vicente Huidobro, a los obreros metalúrgicos del Chile que soñaba desde el Imperio. Y al destierro. Pocos como él se preocuparon en tiempos complejos a salvar vidas y ayudar a los exiliados que llegaban por doquier a las costas de todos los continentes del planeta.

Sonetista de los buenos, introdujo en sus tiempos juveniles a Góngora, Quevedo, Lope. Ayudó a los jóvenes a rescatar los endecasílabos desde todos los muros, sobre todo el de las consonantes. Nadie como él llegó a escribir, también sonetos sobre los tiempos en los cuales vivió y vive aún en su casa de Ñuñoa. Amigo de Salvador Allende ha escrito grandes textos sobre el ex Presidente chileno, los cuales fueron publicados en la década del 70 en todo el mundo.

Su antología habla de sus ritos cotidianos en Estados Unidos, el pan, la nostalgia, los atardeceres en California, los viejos relojes con los cuales sueña en medio de una urbe tan distinta a su lar sudamericano.

Valjalo es un escritor preocupado de los avatares de la vida de un mundo que fue. En el soneto “Junto a mis manos” dice: “Junto a mis manos tengo un cuerpo entero/ que me molesta a veces/ Su manera presiento que me sobra, pasajera/ Por supuesto a los huesos me refiero".

Los poetas de su generación en Chile fueron, en algún sentido, cronistas de su tiempo. Militantes de la Guerra Fría, nunca rehuyeron el combate contra el poderoso, e incluso llegaron a escribir textos sobre esos paisajes culturales y políticos. Por eso mismo, nunca fueron partidarios de la exposición pública ni del debate sin contenido. Sus palabras no eran dogmas en sí mismas, sino emoción. Emoción pura, desde la nostalgia a la metafísica, desde el fusil, a la clandestinidad.

David Valjalo ha publicado libros sobre cine, la nueva canción chilena, mujer y cultura en el mundo hispánico. Su poesía ha sido traducida al inglés, francés, rumano, portugués y antologada en Chile y América. Fue Agregado Cultural del gobierno de Salvador Allende en California.

Entre sus publicaciones mencionaremos “Presencia de Chile en California” (1974); “Diez años de cine chileno” (1980); “Nueva canción/ Canto Nuevo” en colaboración con Eduardo Carrasco y Patricio Manns, ( 1984); “Teatro Chileno (dentro / fuera)" en colaboración con Jorge Díaz. Editor y autor de las antologías “Antología de Poesía Chilena a través del soneto”, en colaboración con Antonio Campaña (1987); “25 poetas chilenos” (1994). En poesía: “Los momentos sin números” (1948); “El otro fuego” (1960); “Poemas de la resistencia” (1984); “Elegía al aniversario del universo” (1985). Actualmente reside en Santiago donde imparte talleres y seminarios en universidades chilenas.


BOLIVIA

EL FRAUDE EN LA LEY DE HIDROCARBUROS


Por Andrés Soliz Rada

El país cree que el tema básico de la próxima Ley de Hidrocarburos está en saber si las petroleras pagarán el 50% de regalías o si la tributación se desglosará en 18% de regalías y 32% de impuestos, cuando la esencia del problema está en saber si los precios de exportación del gas natural serán fijados por las transnacionales o por el Estado nacional.

Felizmente, el Centro de Información y Documentación (CEDIB) hizo notar que si Bolivia exporta el millar de pies cúbicos (MPC) a un dólar (a la Argentina lo hizo a 0.98 dólares), recibirá, en el mejor de los casos, el 50% de esa cantidad, o sea 0.50 dólares por MPC. Entre tanto, EEUU vende el MPC a Canadá y México a 6 dólares y los bolivianos pagamos también 6 dólares en el mercado interno.

El proyecto del gobierno indica que las ventas se regirán “por el precio real de exportación del Titular”. Donde dice “Titular” léase la transnacional y donde se escribe “precio real” quiere decir precio ficticio. En Argentina, Bolivia y Chile, las empresas exportadoras y compradoras del gas son las mismas. Pluspetrol”, filial Bolivia, le vende a “Pluspetrol” Argentina; Repsol Bolivia a Repsol Argentina y Chile, y Petrobrás Bolivia a Petrobrás Brasil. En otras palabras, las empresas se venden a si mismas el gas que Gonzalo Sánchez de Lozada les entregó de campos clasificados como "inexistentes", a fin de rebajar la tributación del 50 al 18%. Los nuevos dueños se apropiaron también de nuestros gasoductos y refinerías.

En esas condiciones, el gas boliviano, al cruzar la frontera, se convierte en termoelectricidad, GLP, GNC, Metanol (con destino a EEUU y Europa) y otros productos petroquímicos, los que permiten a las transnacionales obtener enormes ganancias, a costa de Bolivia. En el actual debate, solo se discutió la forma en que Bolivia compartirá la torta pequeña, o sea el producto de la venta -ficticia- de materia prima, ocultando la torta grande, vale decir el valor agregado que solo beneficiará a las transnacionales. Las dimensiones del daño afectarán a la totalidad de las reservas del país, cuyo valor mínimo asciende a 53 mil millones de dólares.

A mayores tributos, las petroleras disminuirán el precio de exportación fijado por ellas mismas. El daño se incrementará al imponerse precios congelados, en momentos de continuo ascenso del precio del petróleo y de angustia cada vez mayor de industriales chilenos y argentinos por la escasez de gas en sus respectivos países. Es vital, en consecuencia, que el gas boliviano tenga un precio similar al precio en boca de pozo vigente en EEUU y que Bolivia participe en proporciones significativas en la globalidad del negocio de la refinación y comercialización de derivados de sus materias primas. Los especialistas calculan que el precio del MPC equivale a un séptimo del precio del barril de petróleo. Si un barril cuesta 49 dólares, el MPC es de 7 Dls.

Bolivia vende su gas al Brasil al precio promedio de una canasta de fuels sustituidos por nuestro energético. Esta es otra irracionalidad, ya que el gas es un combustible limpio, de gran valor ecológico. Los fuels, en cambio, son sucios y muy contaminantes. Brasil, por su parte, presiona para que Bolivia rebaje su gas a un dólar el MPC, lo que sería otro crimen, si se piensa que se pretende ampliar el contrato de exportación de 30 millones a 70 MPC, con el pretexto de explotar el hierro del Mutún. Entre tanto, Bolivia ha vuelto a incrementar los volúmenes de venta a la Argentina (ahora llega a 7.5 millones de metros cúbicos día), a precios fijados por Pluspetrol (dos dólares).

El Estado, además de fijar los precios de exportación, debe recuperar el 70% de las reservas de gas y petróleo en poder de las compañías, las que incumplieron la obligación legal de perforar un pozo por parcela, bajo pena de reversión. YPFB tiene que refundarse con las acciones que los bolivianos tenemos en Transredes, Chaco y Andina. Las AFPs pretenden cobrar una indemnización por esa transferencia, cuando son apenas depositarias (y no propietarias) de las mismas.

Finalmente, planteamos que por lo menos el 30% de los volúmenes exportables de gas sean industrializados en territorio nacional.


EL BALCÓN NATALINO

<hr><h2><u>EL BALCÓN NATALINO</h2></u>

La página www.patagoniaaustral.net publica todos los meses la sección "Desde mi balcón natalino", comentarios breves, apostillas sobre lo que ocurre en ese lejano rincón de la patagonia chilena. Publicamos dos breves menciones del "balcón" de enero de 2005, de las cuales surgen preocupaciones y comentarios que compartimos totalmente

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JUBILADOS NATALINOS DE RÍO TURBIO


Quienes se muestran muy apesadumbrados ante el cambio de moneda son los alrededor de 800 jubilados mineros que prestaron servicios en Río Turbio que viven en Puerto Natales. Para ellos se ha transformado en un Vía Crucis recibir sus sueldos en pesos argentinos y después cambiarlos a moneda chilena. Sus pensiones promedian los $ 500 argentinos. Si se hubiese perpetuado la paridad de la moneda argentina con el dólar, estarían ganando promedio $ 250 mil chilenos. Pero hoy esas pensiones bordean los $ 100 mil chilenos. Un minero jubilado nos confidenciaba que felizmente en diciembre recibieron algunos “ pitutitos” en sus sueldos, pero no quieren ni pensar en lo que será en el invierno. Es el momento que la nación chilena les entregue algo en retribución a estos compatriotas, gracias a quienes fue posible poblar Natales. Por años estos hombres aportaron al estado chileno sin costo para éste.

NEGOCIOS Y PRINCIPIOS


Le sucedió al presidente de la Cámara de Turismo, Ahmed Zalej Arteaga, quien junto a su familia son propietarios de una empresa de buses que habitualmente hace el recorrido hacia Calafate. Varios de estos vehículos llevan pintados los colores de la bandera palestina, tierra de sus antepasados. Resultó que uno de estos buses fue contratado para transportar pasajeros de un “tour” que llegaría al aeropuerto de Punta Arenas.
La sorpresa del conductor del bus vino cuando le hicieron saber - personeros de la empresa turística - que los pasajeros eran profesionales israelitas y que se negaban a subir a un bus con los colores palestinos, que debía ser cambiado de inmediato. El sorprendido conductor se comunicó con Lalo Zalej a Natales para hacerle saber las condiciones. Este le hizo saber que no cambiaría el bus por razones practicas y que además le parecía poco adecuado que extranjeros vinieran a imponer los problemas internos de su país en Chile. Al final, la empresa transportadora, contrató otro bus. Pensamos que la familia Zalej, debe estar conforme por una actitud donde por sobre todo hicieron valer su dignidad.


AFASIA Y ESPAÑOL

<hr><h2><u>AFASIA Y ESPAÑOL</h2></u>

Por José Steinsleger

Fueron los griegos los primeros en entender, hace 2 mil 740 años, que el lenguaje es un instrumento de la expresión humana. Acaso por esto, relacionaron la capacidad de la persona para decir lo que siente y piensa con la invención de la democracia y de la poesía. Y aquellos pueblos vecinos o ajenos a la Hélade que hablaban mal su lengua fueron ridiculizados con la expresión "bar-bar", raíz etimológica del vocablo "bárbaro".

Más que los ojos, la palabra es el espejo del alma. Somos como hablamos. De ahí la conveniencia de que la democracia bien entendida empiece por casa: qué, cómo y para qué hablamos. El reaccionario Pedro Damiano (988-1072), obispo de Rávena, tenía tan claro las potencias emancipadoras del lenguaje que decía que el diablo, inventor de la filosofía, había sido el primer profesor de gramática.

Sin embargo, el diablo parece jugar ahora para el bando contrario: los
profesores universitarios que en los exámenes han dejado de tomar en cuenta los errores y los horrores de la ortografía y la sintaxis. Total ¿qué importa? ¿Acaso los humanoides de Bill Gates no trabajan empecinadamente para reducir al mínimo los lenguajes de la cultura universal?

Que el español sea una de las lenguas más importantes del mundo es un dato de la estadística. La realidad es la idea rectora de la disparatada "modernización educativa", centrada en la economía y la informática. Modernización que, conducida según las pautas y exigencias de la tecnocracia, parece dispuesta a prescindir de la comunicación, requisito fundamental de la democracia. Si los pueblos de América Latina, de lenguajes y usos diversos del español, siguen en su actual situación intelectiva, a la desnutrición y el analfabetismo sobrevendrá un padecimiento mayor: la afasia, incapacidad para articular y comprender las palabras. Y entonces la democracia será pura palabrería, "profanas y vanas palabras que nos conducirán más y más a la impiedad" (Timoteo. 2:16).

El ímpetu modernizador de la educación debería ser sinónimo de comunicación antes que de información. Quien sólo se informa a duras penas entiende. Quien a más de entender se comunica forma el criterio. El uso y dominio de la tecnología informativa sólo garantiza la destreza del mono. La información elabora datos. La comunicación es capaz de aprovechar o desechar datos. La información es antidemocrática: impone y actúa. La comunicación es democrática: dispone e interactúa. La una expectora los hechos; la otra los ordena.

Rubén Darío, mestizo de sangre chorotega que a fines del siglo pasado enseñó a hablar a los españoles, temía que algún día los latinoamericanos terminásemos hablando inglés. Ojalá. Porque la tendencia en curso ni siquiera apunta a que la negligencia y el desdén para con nuestra lengua sea sustituida por la de Shakespeare, Faulkner o Anthony Hopkins. No. Al paso que vamos nuestros nietos hablarán con los mil 500 vocablos del pidgin english, ese rudimentario idioma comercial que se habla en las islas de Melanesia y que todos entienden sin esfuerzo. Basta con escuchar a los genios de la "globalización" latinoamericana, que después de "consensuar" sus deliberaciones las "facsean" y "forwardean" en máquinas debidamente "accesadas" en tanto millones de latinoamericanos se divierten a diario con el "spanglés", ese puré miamesco que tartamudean los asistentes a El show de Cristina.


AHORA HABLEMOS DE LOS VIVOS

<hr><h2><u>AHORA HABLEMOS DE LOS VIVOS</h2></u>

(A propósito de Gladys Marín)


por Andrés Monares

El Mostrador
- 16 de Marzo del 2005

No quiero escribir sobre Gladys Marín. Venimos saliendo de una sobresaturación mediática donde se le trató con exagerada zalamería y, como es costumbre en el país, una vez fallecida se elevó su vida por sobre el resto de los mortales. Además, ya se ha hecho en este mismo espacio. Pero, sí quiero escribir a partir de su figura pública sobre los políticos que se quedaron.

Como se repitió hasta la saciedad luego de su muerte, destacó sobre todo en los últimos años por no callar lo que creía tenía que decirse. En lo personal, su estilo no me cautivaba: no me seducía su discurso ni sus muletillas de la cultura de izquierda. Aunque, al escucharla las veces que fue candidata, le dejaba a uno la agradable convicción de que en verdad creía en lo que hablaba y proponía. O sea, tuvo la credibilidad para convencer que tras sus palabras estaban ideas sentidas y no eslóganes vacíos ni jingles pegajosos con letras igual de vacías. Por mucho tiempo debe haber sido una de las pocas candidatas reales. Lo cual se realzaba más en nuestro ambiente “político” lleno de malos actores y actrices inventados en brain storming de publicistas (¡y que aún así salen elegidos!).

De hecho, dentro de las zalamerías mediáticas, la más repetida fue sobre su consecuencia. Sus críticos dirán que es fácil serlo cuando no se tiene el poder y más cuando no hay ni visos de acceder a él. Puede ser. Sin embargo, lo que debería de ser signo de que algo anda mal, es escuchar repetidamente a los propios políticos destacando tanto esa cualidad. Me refiero a que cuando uno cree en un modelo de sociedad, se supone que habla desde esa base y actúa en consecuencia. No debería ser una gracia, sino lo lógico. Lo cual nos da una pista del nivel al que hemos llegado en nuestra “democracia”: cuando un político se comporta como político se le admira... ¡y sobre todo sus pares!

Por algo, de la gran mayoría de quienes pertenecen al ámbito político-partidario de la Concertación o la Alianza, unos se enorgullecen de su buena administración del modelo y los otros -huérfanos por el plagio que los dejó sin propuesta- sólo reclaman acerca de detalles. Mas, ninguno osa salirse ni un pelo del libreto preestablecido para hacer “política”. Por eso, a estas alturas a nadie debería sorprender que se rechacen de plano hasta insinuaciones sobre discutir una posible alteración del orden existente. Porque ni pensar en cambios al modelo. Sin que llame la atención, cualquier propuesta de fondo es deslegitimada como demagogia y desechada luego. Hasta las campañas han dejado de ser una instancia de debate político real o de ideas. Así, de haber algo que discutir en este paraíso del consenso cupular, sólo debe circunscribirse a tecnicismos que mejoren la administración de lo que hay.

Esos mismos administradores, con cara compungida o de estadista en situación, robaron cuanta cámara pudieron para dar una declaración que dejara en evidencia su “altura”. Aunque, fueron esos mismos los que por años, fuera de declaraciones, no han movido un dedo para cambiar el sistema binominal y que el PC esté debidamente representado en el Congreso. Otros compungidos, los hoy salomónicos-reconocedores-de-méritos, sólo ayer fueron cómplices en secuestros, torturas, exilios, muertes y en desaparecimientos de cuerpos de los propios militantes del PC. Desaparecidos entre los que aún se cuenta el esposo de la que ahora ensalzan -la cual de haber sido ubicada habría sido también asesinada- y que murió sin conocer el paradero de los restos de su marido. ¡Con razón se admiran tanto de la consecuencia!

Con todo lo que se le pueda criticar, Gladys Marín llegó a ser una especie de conciencia de nuestro sistema “democrático”. No ella, sino lo que representó su figura política. Estuvo encargada de manifestar lo que la mayoría de los políticos “progresistas” (o incluso los que por ser simplemente chilenos) debían decir y han callado para no perder su sillón en el Congreso o su puesto de trabajo en el aparato del Estado. Eso creo que explica la cantidad de gente que asistió a su velatorio y a su funeral. Si cree Ud. que exagero con eso de “conciencia”, se lo concedo. Pero, lo siento, no es mi culpa que en el país de los ciegos el tuerto sea rey.

No obstante, los “políticos” (esos “administradores realistas”) ya estarán preparando sus intervenciones y campañas calculando que conceptos como “debate”, “redistribución”, “justicia social” o “leyes laborales” deberán emplearse en los discursos, carteles y jingles. Sesudamente habrán concluido, del funeral de Marín como antes del Foro Social Chileno, que eso le interesa a la “gente”. Claro que en su caso es oportunismo. No convicción, ni consecuencia, ni real interés en las verdaderas condiciones de vida del pueblo.

Ojalá algún día nuestros “políticos” se aburran de la administración de empresas y del mercadeo y quieran hacer política, vuelvan a tener ideologías y las confronten. Tal vez hasta les guste. Debe ser satisfactorio eso de trabajar en verdad para quienes les pagan su sueldo legal. Debe ser bueno vivir con honor y morir con gloria.


ESCRITORES EN EL CORAZÓN SECRETO DE SANTIAGO

<hr><h2><u>ESCRITORES EN EL CORAZÓN SECRETO DE SANTIAGO</h2></u>

Por: Ramón Díaz Eterovic

Desde la fundación de la ciudad, el río Mapocho fue una línea divisoria entre el centro de Santiago y los barrios que se proyectaban hacia el norte, en una especie de tierra de nadie que, en un comienzo sirvió de camino de entrada para viajeros y comerciantes, y más tarde fue poblado por artesanos y campesinos. Luego, con el paso de los años y el natural crecimiento de la ciudad, las riberas mapochinas se convirtieron en un espacio donde convivían lo popular y lo marginal. “La Chimba” por el lado norte de el Mapocho, y el “Barrio Chino” de la calle Bandera eran sinónimos de extramuros, de lugares donde todo parecía estar permitido, y por lo mismo, un territorio atractivo para escritores, poetas y artistas de toda clase que prolongaban sus noches en largas horas de bohemia o buscaban algún material que les sirviera de inspiración.

LA ORILLA NORTE

Cruzando el Mapocho hacia el norte, con el recuerdo del puente de Calicanto construido bajo la despiadada mirada del corregidor Zañartu, a fines del siglo XIX, se levantaban las modestas casas de La Chimba. Un paisaje de construcciones modestas, de paja y barro, apenas alteradas por la altura de alguna iglesia, rodeadas de chacras que proveían a las familias santiaguinas. Y entre esas casas de modestos agricultores, la presencia de posadas clandestinas a las que con frecuencia llegaban escritores o poetas. A ese entorno llegó en 1886 el poeta nicaragüense Rubén Darío, creador de “Azul” y “Abrojos” y otros textos que le dieron fama e inmortalidad en las letras hispanoamericanas. Joven, taciturno, algo acomplejado por la pobreza, su estancia en Santiago no generó en él recuerdos especialmente felices. Consiguió trabajo en el diario “La Epoca” y la amistad de algunos jóvenes poetas, entre los que destacaba Pedro Balmaceda, hijo del presidente José Manuel Balmaceda. Huraño y de trato arisco, la crónica menciona que en más de una ocasión, Rubén Darío cruzó el Mapocho para internarse en algún lupanar de La Chimba, donde se perdía por semanas y debía ser rescatado por sus amigos. En su libro “Viaje Literario”, el ensayista Domingo Melfi, señala: “entre seres desconocidos, que solían estarse quietos en los mesones de la cantina, mientras Darío encendía junto a ellos, la llama azul o verde de la embriaguez”. Darío dejó en Santiago un puñado de versos y un amor clandestino que se supone motivaba sus excursiones hacia “La Chimba”.

Años más tarde, al inicio del siglo XX, otro poeta daría de que hablar por su desenfrenada bohemia a uno y otro lado del río Mapocho. Pedro Antonio González, poeta proveniente de Curepto, hizo de la noche su hábitat favorito hasta ganarse el derecho a ser considerado como el “primer poeta maldito chileno”. González tuvo una breve existencia que, en el plano de las publicaciones se materializó en su único poemario: “Ritmos”. Oreste Plath, en su libro de recuerdos “El Santiago que fue”, dice: “En 1900, para el poeta maldito Pedro Antonio González, el “Quitapenas” era dormitorio, biblioteca, cuarto de tarea y bar”. Perdido en la noche santiaguina, Pedro Antonio González dejó en la literatura chilena un puñado de poemas que sentaron escuela y aún se recuerdan en antologías y revistas.

Y si se trata de poetas de fugaz estadía terrena, es preciso mencionar a Domingo Gómez Rojas, quien vivió la bohemia febril de los primeros años del siglo XX y murió el año 1920, en la Casa de Orates de Santiago, después de ser detenido y torturado por la policía, acusado de ser un anarquista revoltoso. Su única obra publicada se llamó “Rebeldías Líricas”. En la calle Pío Nono, frente a la Escuela de Derecho de la Universidad de Chile, en el comienzo del barrio Bellavista, se encuentra el parque que recuerda al poeta y hasta hace unos años, existía un monolito que recordaba su nombre. Hoy, en ese lugar, se ubica una feria de artesanía que sirve de entrada a la bulliciosa calle que conduce hacia el Cerro San Cristóbal. La vida de Gómez Rojas y de otros escritores de la época está recreada en el libro “El año 20” de Luis Enrique Délano y “Cuando era muchacho” de José Santos González Vera.

Oreste Plath, destacado escritor y recopilador de nuestras tradiciones y costumbres populares, recuerda que en alguna época existió el grupo literario “Avance”, integrado por estudiantes de la Escuela de Derecho, entre los que destacaban Hernán Cañas, Augusto Santelices y Julio Barrenechea, poeta que llegaría a obtener el Premio Nacional de Literatura. Después de recorrer los bares aledaños a la Escuela de Derecho, Plath dice que estos poetas “se volcaban alegres en los negocios de la calle San Pablo y Bandera (...) y más de una vez, cuando ya venía el alba, comían pequenes en la puerta del Mercado”. El Mercado Central, tanto como La Vega, también han sido puntos recurrentes para los poetas y escritores, ya sea para comer un plato barato o recuperarse de la última borrachera. Según Plath, Mariano Latorre, el padre del criollismo chileno, autor de “Zurzulita” y “Cuna de cóndores”, entre otras obras, solía comer en ese lugar “caldo de cabeza, chanfainas y choros crudos”. En los años 80’, cuando por culpa del toque de queda la bohemia literaria se hizo diurna y urgente, era posible encontrar al poeta Mario Ferrero -autor de “Capitanía de la sangre” y otros notables poemarios- en un bar de Pío Nono, próximo a una sucursal del Hipódromo Chile en la que hacía sus apuestas y luego volvía para compartir una copa con algún amigo o conocido.

Hoy en día La Chimba sigue siendo un lugar de atracción para los escritores, en especial el sector que se conoce como el Barrio Bellavista. Por la calle Pío Nono hacia el norte, y en las calles vecinas, son numerosos los locales nocturnos que acogen a los escritores, y también destacan las numerosas salas de teatro donde se representa buena parte de la producción de los dramaturgos chilenos. Un punto de encuentro de escritores es el “Thelonius”, en la calle Bombero Ñuñez, donde al alero del jazz y las copas generosas se suelen efectuar presentaciones de libros o lecturas de textos, o el “Eladio” célebre no solo por sus carnes asadas, sino que también por sus noches de tango. Otro lugar clásico en este barrio es “El Venecia”, frecuentado en alguna época por el vecino Pablo Neruda. También hay restaurantes cuyos nombres tienen raíces literarias: “Off the records”, “Altazor” y “Como agua para chocolate”. En las veredas de Bellavista es frecuente encontrar ofertas de “libros de segunda mano” y con dispar fortuna han funcionado librerías como “El libro Café” y “La Calabaza del Diablo”. Pero, sin duda, el mayor atractivo del barrio está en sus calles y casas en las que se respiran aires de otras épocas, y sus bares y restaurante que alientan la bohemia santiaguina.

LA ORILLA SUR

El “Barrio Chino” que se extiende por la calle Bandera, desde la calle Compañía y hasta la añosa Estación Mapocho es parte indiscutible de la bohemia literaria chilena. En su época de esplendor acogió a numerosos bares, restaurantes y cabarés que terminaron siendo lugares frecuentados por poetas y narradores, solo o acompañados de sus musas. Un barrio vinculado a la época joven de Pablo Neruda quien, junto a amigos como Juvencio Valle, Diego Muñoz, Alberto Valdivia, Rubén Azócar, Alberto Rojas Giménez y Tomás Lagos solían compartir muchas horas de poesía y copas.

En la calle San Pablo, al llegar a Bandera, se encontraba “El Jote”, boliche en el que Neruda y sus amigos comían chupe de guatitas. Próximo a este restaurante se encontraba “El Venezia”, donde según cuentan algunos cronistas, una noche Neruda habría leído a sus amigos fragmentos de las obras de Marcel Proust y James Joyce, entonces dos autores poco conocidos en Chile. Siguiendo en la calle Bandera se encontraba “La Antoñana” que ofrecía a los poetas el “sandwich de los pobres”, consistente en un pan untado en salsa de ají. Pero, sin duda las dos picadas más famosas del sector eran “El Hércules” y la boite “Zeppelín” donde un grupo de escritores protagonizó una singular anécdota contada por Diego Muñoz en su libro “La bohemia Nerudiana”. Una noche, a pocos días del regreso de Diego Muñoz desde el Ecuador, a donde había ido a dar perseguido por la dictadura del General Ibañez, fue informado por Neruda y otros amigos que se inauguraría una nueva boite en el barrio. Neruda presentó a Muñoz al dueño de la boite como un destacado muralista de apellido Muñiz y se llegó a un trato especial. Muñoz pintaría un mural en la boite y como retribución a su trabajo se le pagarían $10.000 pesos de la época, de los cuales la mitad se haría en billetes y el resto en cervezas.

Francisco Coloane, el autor de “El grumete de la Baquedano” y otros textos que dieron estatura literaria a la región magallánica, también fue en su juventud un asiduo visitante de los bares de la calle Bandera. El periodista Luis Alberto Mansilla, en una crónica publicada en la revista “Punto Final”, recuerda que fue en un bar de la calle Bandera donde Coloane conoció al periodista José Boch, él que lo convenció para escribir un cuento y de paso ganarse algunos pesos con su publicación en el diario “El Mercurio”. Coloane escribió el cuento en un par de horas y se publicó con el título de “Lobo de un pelo”. Más tarde, ese mismo cuento, mejorado por su autor, pasó a ser su célebre relato “Cabo de Hornos”. Otro escritor que frecuentaba los bares de la calle Bandera fue Teófilo Cid, considerado el primer poeta surrealista chileno y autor de un valioso volumen de crónicas titulado “Hasta Mapocho no más”. Cid, al que el poeta Gonzalo Rojas llamó “lobo estepario de las noches santiaguinas” murió pobre y prácticamente botado en la calle, después de una vida dedicada a la poesía, el periodismo y la diplomacia. Al escribir sobre la muerte de Cid, Jorge Teillier, señaló que “fue uno de los últimos bohemios, en el buen sentido de la palabra”.

Pero si duda, el lugar más afamado del barrio Chino era y lo sigue siendo “La Piojera”. Su nombre original y legal es “Restaurante Santiago Antiguo”, pero casi nadie lo recuerda. La Piojera está ubicada en Aillavillú, una calle breve y vital donde sobreviven algunos bares, cabarés, boliches de venta de yerbas, salones de pool. La Piojera se creó el año 1916 y su dueño fue Carlos Benedetti. El nombre del bar se le atribuye al presidente Arturo Alessandri, político aficionado a las parrandas que murió en el cálido lecho de su amante. Se dice que llevado al lugar por un grupo de sus partidarios, habría exclamado: "¡Me han traído a una piojera”.

“La Piojera” es una estación obligada para quien desee beber una buena copa de chicha o pipeño, o quiera conocer un sitio singular del centro de Santiago. Pocos deben ser los escritores y artistas que no han cruzado sus puertas y ocupado una de sus añosas mesas. Se cuenta que Francisco Coloane era uno de sus visitantes habituales y que el tenor Ramón Vinaí habría interpretado arias de Verdi subido arriba de un tonel de chicha. En crónicas periodísticas se recuerda al pintor Pacheco Altamirano como otro de sus clientes, y en los años 80, nos tocó vivir algunas improvisadas lecturas de poemas en las que participaban Jorge Teillier, Rolando Cárdenas, Alvaro Ruiz y Aristóteles España, entre otros poetas.

Pablo De Rokha vivió a una cuadra de “La Piojera”, en el desaparecido hotel Bristol, ubicado frente a la Estación Mapocho. En ese lugar recibió al poeta Allan Ginsberg, cuando este realizó una gira por Chile, a fines de los años sesenta. ¿De Rokha era cliente de “La Piojera”? No se sabe, pero la periodista María Soledad de la Cerda, en una crónica publicada en la revista ¿Qué Pasa?, anota: “ Si se trataba de celebrar fuera de casa, el poeta gozaba yendo al Mercado Central, para disfrutar junto a sus amigos de un buen plato de mariscos. En una de esas ocasiones lo acompañó un joven poeta, que confesó abominar de los productos del mar, y que por lo tanto pediría un berlín y una Bilz. De Rokha, incrédulo y horrorizado ante lo que consideró una herejía, le respondió que "ningún carajo se come ante mí esa porquería; por favor pida lo que quiera, pero póngase a comer contra el muro para que yo no lo vea".

Con la llegada del nuevo siglo, el tradicional Barrio Chino de la calle Bandera muestra los embates del tiempo y de la modernidad. De las viejas picadas a las que llegaban Neruda y sus amigos, hoy solo sobreviven los recuerdos. La popular boite “Zepellín” y el bar “Hercules” están convertidos en tiendas de ropa usada proveniente de Alemania o los Estados Unidos. La calle Bandera se ha llenado de cabarés de dudosa reputación que empiezan a ser desalojados para dar paso a nuevos edificios que pretenden cambiar el rostro a este sector tradicional de Santiago. Sobreviven algunas picadas populares, como la ya mencionada “Piojera”, el bar “Central” en la calle San Pablo y el “Wonder” en General Mackenna, a pocos pasos de la Estación Mapocho.

Santiago es una ciudad que crece y se renueva, muchas veces al costo de borrar su memoria urbana y cultural. Las riberas mapochinas siguen observando el ir y venir de los santiaguinos, y en sectores como “La Chimba” y el “Barrio Chino” se respira aún cierto aire suspendido en el tiempo. Un aire que nos trae el rumor de la ciudad y a veces también las anécdotas de muchos escritores y artistas que recorrieron sus calles anhelando escuchar el palpitar del corazón secreto de la ciudad."


TABARÉ Y BENEDETTI

<hr><h2><u>TABARÉ Y BENEDETTI</h2></u>

Histórico cambio



Por Lisandro Otero *
La Habana (Cuba) - 10 de marzo de 2005
Publicado por Red Voltaire

Durante las ceremonias de toma de posesión del nuevo presidente uruguayo, Tabaré Vázquez, pudo advertirse entre los asistentes a un complacido Mario Benedetti. Es comprensible: El histórico triunfo de Tabaré Vázquez abre una etapa de cambios y esperanzas. Es un eslabón más en la cadena de transformaciones cuya enumeración va siendo estimulante: Chávez, Lula, Kirchner.

Con tres millones y medio de habitantes, Uruguay emerge de una profunda crisis económica causada por el desgobierno del incapaz Jorge Batlle. El peso fue devaluado, muchas fábricas cerraron, los bancos quebraron y el capital inversionista huyó. Aunque la tasa oficial de desempleo es del 13.6% en realidad asciende, en algunas zonas al 40%. La deuda pública se remonta al 110% del producto interno bruto, la inflación
aumenta hasta el 40%. Un tercio de la población urbana vive en el umbral de la pobreza. El 20% de los niños no asiste a la escuela. El consumo de drogas, el aumento de la mortalidad infantil, la desnutrición y el incremento de la criminalidad son otros saldos adversos del régimen de Batlle.

El triunfo de Tabaré concluye la alternancia en el poder de los partidos Blanco y Colorado, dos caras de la misma moneda, del peor conservadurismo. Ese fue el escenario que condujo al golpe de los militares en 1976, al gobierno de los catorce generales, a la lucha heroica de los Tupamaros, a la represión brutal encabezada por el verdugo de la CIA, Dan Mitrione y a la clausura del periódico Marcha. Mario Benedetti ha venido denunciando esta situación desde hace años. Ha dicho que en América Latina siempre han existido autores de filo único y de doble filo, siendo estos últimos los que remueven la conciencia de sus lectores. Ese es el tipo de escritor que comparte lo que decía Rodó a Unamuno: "Luchamos por poner ideas en circulación"; ése es el paradigma intelectual que encarna Benedetti: un escritor de doble filo, un escritor de esta época que exige de sus hombres de letras una ubicación por encima de los políticos profesionales que han perdido su autoridad moral.

Ante la crisis social de América Latina, agudizada en la década del sesenta por los enfrentamientos y definiciones a que obligaron aquellos tiempos, Benedetti fue de los que afirmó que concluían los años del escritor puro. Ya en su primera obra importante de narrativa, "Montevideanos", caracterizó la rutina cotidiana del burócrata, su frustración perspectiva, que no era otra que la de todo Uruguay. Usando el microcosmos de la oficina, del negocito, de las apetencias tronchadas de la pequeña burguesía, Benedetti demolió la falacia de los lemas que en aquellos años mostraban al Uruguay como "La Suiza de América" o que proclamaban "Como el Uruguay no hay".

Benedetti afirmó, en uno de sus ensayos, que Uruguay era la única oficina del mundo que había alcanzado la categoría de república. Esa misma atmósfera asfixiante puede hallarse en su novela "La tregua" donde un hombre de mediana edad, abrumado ante el escritorio de un oficio, con expedientes, tinteros y planillas, donde todos vegetan confusos y abúlicos, como en una trampa, destruye con su timidez la posibilidad de emanciparse mediante una pasión.

Benedetti ha sabido asimilar las crisis y tensiones del prójimo, reflejando con excelencia artística la realidad de su país. El propio autor ha confesado que el libro que más le interesa de su obra prolífica es "El país de la cola de paja", un ensayo donde medita amargamente sobre el Uruguay de la década de los años cincuenta, cuando la gente temía comprometerse por el mejoramiento del destino patrio. Esa pesadilla ha quedado atrás.

El país respira libre de ataduras y de sometimientos vergonzosos como la supeditación servil adonde le condujo el fantoche de Batlle. El triunfo del Frente Amplio y de Tabaré abre perspectivas. Con Tabaré ya Uruguay no tendrá cola de paja sino plumaje de águila. Ya lo demostró con sus primeras medidas, con su coraje al restablecer las relaciones con Cuba, con el anuncio de una nueva conducta política ajena a los
decretos del imperio.

(*) Escritor y periodista cubano


POR LO QUE VIVO

Por Armando Cassígoli

Armando Cassígoli
(1928-1988). Nació en Santiago de Chile. Estudió en el Liceo Manuel Luis Amunátegui y cursó Filosofía y Psicología en la Universidad de Chile, donde fue profesor y Decano de la Facultad de Filosofía. Durante el exilio fue profesor en la Universidad Nacional Autónoma de México.

Maduro de esperar mis juventudes,
cansado de inventar mi propia suerte
veo pasar la vida en cada trino,
en cada soledad, en cada muerte.

Hay un parrón quizás en el recuerdo,
un perfume de sal en mares fríos,
un caballo de llamas en el lecho,
un andén provinciano en el estío.

Una gran rebeldía en el camino,
el recuerdo de viajes ya perdidos,
un largo atardecer, un largo vino
bebido en mi Santiago peregrino.

Un viento de nostalgia azota y quiebra
los tristes ventanales del exilio;
el Pacífico me baña en otras tierras,
pronuncia el nombre 'patria' en otro sitio.

Pesan mis siglos lentamente y quiero
reposar en Chillanes ya perdidos
recorrer esos mil Valparaísos
que hay en cada pedazo de mí mismo.

A esta hora es poco lo que pido;
sólo el pan, sólo el aire, sólo el vino,
la libertad de ver a mis montañas,
la libertad, en fin, por la que vivo
.