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MIRANDO AL SUR - augusto alvarado


JORGE ABELARDO RAMOS (I)

<h2><hr><u>JORGE ABELARDO RAMOS (I)</h2></u>

El próximo 2 de octubre se cumplirán 10 años de la muerte de Jorge Abelardo Ramos, notable pensador argentino. Por ese motivo en “Mirando al Sur” iremos publicando fragmentos de su obra, en momentos en que en América Latina resurge el nacionalismo revolucionario (en Venezuela) y se abren perspectivas emancipadoras en otras regiones de la “Patria Grande”. Pensamos que es la mejor manera de recordar y homenajear al más importante pensador de la Izquierda Nacional argentina.

LA GRAN DÉCADA



De su libro “La era del peronismo”, Ediciones del Mar Dulce, Buenos Aires, décima edición, junio de 1982. Páginas 112 a 115.

EL CORONEL ELOCUENTE Y LA BELLA ACTRIZ eran la “pareja reinante” en un país próspero. Si Perón había abandonado el uso del uniforme por vestimentas civiles y aún informales, Eva renunció rápidamente a los vestidos de Christian Dior y las joyas prodigiosas para usar un simple “tailleur” y un breve rodete en la nuca. El Presidente era el caudillo de los trabajadores, “El primer trabajador”. Y su mujer pasaba los días y las noches en el edificio del antiguo Consejo Deliberante, ahora Ministerio de Trabajo y Previsión, en la Diagonal Sur, bajo la mirada escéptica de Roca. Día y noche se ocupaba en atender viudas y huérfanos, mujeres abandonadas, madres desesperadas, chicos sin hogar. Todo esto era una sopa agria para el paladar de la oligarquía estupefacta. Su vieja hipocresía apenas podía soportarla; la clase media “culta” imitaba a la aristocracia en el asombro que les producía el gran espectáculo.

Con el fraude y la década infame, el país parecía haber dejado atrás el formalismo de Tartufo de la clase dominante, que escondía sus vicios y crímenes tras los gestos solemnes del formalismo jurídico. El Presidente tenía aires de un “bon enfant”, como dijo Ugarte. Su perpetua sonrisa era una especie de símbolo de la Argentina de posguerra. Habíamos salido del gran conflicto como neutrales y en calidad de acreedores. “No se puede caminar por los pasillos del Banco Central, porque están cubiertos de cajas de oro”, se jactaba Perón. Evita, por su parte, cobró pasión por su trabajo: descubrió la política, las mujeres pobres y la maravilla anti-borgeana de que no hay nada más estupendo que el amor colectivo. Oro en las arcas del Estado, hechizo en la multitud, uso y disfrute del poder ¿Qué más podían pedir esa muchacha provinciana y ese maduro oficial sin caer en uno de los defectos del carácter argentino, la fanfarronería? Así es como Eva envió juguetes a los niños pobres de Nueva Cork o regaló trigo a España. Pero no todo era fanfarronería. Cuando el verdugo Castillo Armas derribó con el dinero de la United Fruit Company al gobierno del Coronel Arbenz en Guatemala, varios centenares de perseguidos se refugiaron en la embajada argentina de la capital. Las compañías norteamericanas rehusaron venderles pasajes para salir del país. Perón resolvió entonces desviar de sus vuelos regulares a Europa a algunos aviones de la flota aérea estatal (FAMA) y tendió un puente aéreo entre Ciudad de Guatemala y Buenos Aires para salvar a los refugiados. La prensa norteamericana redobló sus ataques contra el “dictador sudamericano”. Su desafío a los Estados Unidos no sería olvidado.

Era una época barroca de pagana religiosidad popular. Los dos grandes héroes cívicos constituían, cosa extraña, un matrimonio. Innumerables procesiones, manifestaciones o concentraciones populares, homenajes al Presidente, montañas de flores de agradecidos gremios, campeonatos de fútbol o de sable, de box o de billar, eran “brindados” a Perón o Evita por los triunfadores. Las placas de bronce conmemorativos se acumulaban sobre las escasas paredes para recordar tal o cual ley benéfica. Raúl Alejandro Apolo, Secretario de Prensa, se encontraba al frente de una imponente burocracia de papel. Derramaba sobre la República millones de discursos, reseñas de actos, folletos conmemorativos, fascículos, volúmenes de propaganda o retratos. Pero ya nadie los veía, leía, conservaba o recordaba, tal era su profusión, equivalente a los nombres aduladores de estaciones de ferrocarriles, capital de provincia, pueblos, calles o provincias enteras: Provincia Eva Perón, Estación Juan Domingo Perón, calle Eva Perón, Ciudad Evita. La nomenclatura era abrumadora. Perón recibía este diluvio impreso con la más perfecta naturalidad y con una sonrisa cautivante. Siempre era locuaz, muchas veces demasiado. Tenía algo de picardía criolla, con una pizca de compadre, y un perpetuo guiño de complicidad en un ojo comprensivo. En sus discursos se permitía contar algún cuento de Discépolo ante la multitud. Otras veces, en un rapto de furor, como ocurrió después del atentado con bombas homicidas en la Plaza de Mayo, el 1° de mayo de 1953, cerró el acto con las palabras de Marx: “Trabajadores del mundo, uníos”. Agudo y también vulgar, rápido para capturar una buena idea al vuelo y hacerla suya, osado y prudente a la vez, tenía a su lado a otra criatura impar. Era preciso admitir que se movían en el vasto público dos actores que se “sobreactuaban” y se disputaban la escena. Era la victoria a dos voces. Parecía repetirse aquí la ocurrencia de Jean Cocteau: “Víctor Hugo era un loco que se creía Víctor Hugo”.

La generación posterior difícilmente puede imaginar el odio que tal pareja suscitó en la oligarquía tradicional y en la clase media urbana del sector profesional universitario o “intelectual”. Es claro que ese odio social estaba ampliamente compensado con el amor que las masas más pobres o desvalidas depositaban en Perón y Evita. Esta polarización enseña mucho más que una biblioteca consagrada al “populismo” y cuyos estupefacientes ejemplares pueden adquirirse a bajo costo en Europa o Estados Unidos.

Según lo establecía la tradición, las damas de la Sociedad de Beneficencia designaban Presidenta honoraria a las esposas de los Presidentes. Por lo general estas esposas pertenecían a la misma clase social, las mismas entidades mundanas y tenían los mismos gustos que las mencionadas Damas del viejo régimen. ¡Pero era una actriz! ¡Pero era la mujer de Perón! Eva era considerada universalmente como una prostituta, aún en ciertos círculos del Ejército, hostiles a Perón. Versiones escandalosas de sus humillaciones como aspirante a actriz o de sus romances con generosos protectores, eran voz corriente en la Argentina de 1945 a 1952. No resultó una sorpresa que la Sociedad de Beneficencia, formada por mujeres que hacían todo lo posible para que los pobres o desvalidos no desaparecieran jamás del país, y que también disponían de tiempo para alcanzarles un pedazo de pan, rehusaran designar a Eva como su Presidenta. La excusa fue “la juventud de la señora de Perón”. La respuesta de Evita fue mordaz: “Si no me aceptan a mí pueden nombrar a mi madre”. Era previsible el decreto del Poder Ejecutivo del 7 de setiembre de 1946 por el que se resolvía liquidar la entidad y sus bienes. Toda transacción entre Perón y la oligarquía, entre Eva y la Sociedad de Beneficencia, resultaba imposible.

Cinco días más tarde Eva Perón se entrevistaba con Ricardo Guardo, Presidente de la Cámara de Diputados de la Nación y le solicitaba la pronta sanción de los derechos políticos de la mujer. Sus dos artículos principales decían:

Artículo 1 – Las mujeres argentinas tendrán los mismos derechos políticos y estarán sujetas a las mismas obligaciones que les acuerden o imponen las leyes a los varones argentinos.

Artículo 2 – Las mujeres extranjeras residentes en el país tendrán los mismos derechos políticos y estarán sujetas a las mismas obligaciones que les acuerden o imponen las leyes a los varones extranjeros, en caso de que éstos tuvieran tales derechos políticos
.

Algún tiempo después, un diputado radical, verboso y bilioso, Ernesto Sanmartino, había calificado a las masas populares del 17 de octubre de 1945 como un verdadero “aluvión zoológico”. En la Cámara, el 22 de julio, el mismo diputado presentó un proyecto de ley que establecía que

“las esposas de los funcionarios públicos, políticos y militares, no pueden disfrutar de honores ni de ninguna clase de prerrogativas de las que gozan sus maridos, ni pueden asumir la representación de éstos en los actos públicos”.

Pero eran días huracanados. Evita ignoró todas las críticas. Se había lanzado a la política con un aire desafiante, orgullosa de ser ella misma y encarnar a los olvidados, pisoteados y ofendidos. Fue la gran vengadora. Perón no ahorraba tampoco sus críticas a la antigua clase dominante. Rindió un homenaje a las enfermeras, a la mujer argentina:

“no a la que gasta sus noches en una boite, sino a la que consume su juventud y su vida al lado de un enfermo; no a la que gasta sus días recorriendo tiendas, buscando pretextos para gastar dinero, sino a la que lleva a sus hijos el pan ganado en las fábricas o en las tareas domésticas”.

Era un homenaje del Coronel, ahora General, a las obreras y a las sirvientas. Pero ya no había sirvientas.


STELLA DÍAZ VARIN

<h2><hr><u>STELLA DÍAZ VARIN</h2></u>

Por Aristóteles España

Conocimos a Stella Díaz Varín (La Serena, agosto 11 de 1926) en 1980 en casa de la escritora y fotógrafa Leonora Vicuña en calle San Isidro en Santiago. Estaban Jorge Teillier, Rolando Cárdenas, Eduardo “Chico” Molina, Germán Arestizábal, Alvaro Ruiz, José María Memet, Verónica Poblete, Bárbara Martinoiya, pintores, escultores. Era el cumpleaños de alguien; un invierno de lluvia en el Santiago del Toque de Queda y de uniformes verdes en cada esquina. Todo el mundo le decía “la Colorina” y ella se dejaba querer como Dios manda. Habíamos leído “Razón de mi ser” (1949), “Sinfonía del hombre fósil” (1953), “Tiempo, medida imaginaria” (1959). Alone la había comparado con Huidobro, y Enrique Lihn decía que era una de las pocas artistas con voz propia en el mundo literario chileno. Ni más ni menos. Admirada por toda una generación, Stella conservaba la viveza de sus ojos y una fuerte voz para declamar textos propios o ajenos. Solía recitar de memoria versos de Rimbaud; “Los motivos del lobo”, de Rubén Darío; algo de “Las Flores del Mal”, con un acento baudeleriano inconfundible, según Molina. Leamos a Lihn: “Su poesía tiene un fondo de violencia y en sus versos largos, acumulativos, se ve la fuerza de su voz interior, imperiosa, arbitraria, como una cantante desconsolada y frenética, orgullosa de sus imágenes”.

Esa noche de tertulia nos habló de su vida en La Serena; de cómo –al igual que Neruda- le escribió un poema al Presidente Gabriel González Videla, antes de la traición de éste. Estoy arrepentida, nos dijo, pero a los 16 años uno es demasiado joven. Llegó a Santiago a estudiar medicina, trabajó en los diarios “La Opinión”, “Extra”, conoció a los mejores de su tiempo, fue muy amiga de Pablo de Rocka, quien la apoyó señalándola como una de las grandes de nuestra lírica. Compartió tertulias con Francisco Coloane, Carlos Droguett, Nicanor Parra, Luis Oyarzún, Humberto Díaz Casanueva, Alberto Romero, Teófilo Cid, Andrés Sabella.

En los poemas de Stella Díaz Varín uno puede observar la angustia de la descomposición del tiempo en las imágenes, a través de perros azules que se confunden con la vigilia, semillas que huyen despavoridas y la palabra, las famosas palabras de su cotidianidad que la llevan a la infancia, a los riachuelos de su despertar sexual. Poesía dentro de la poesía. La originalidad de esta autora consiste en que supo incorporar lecturas de los clásicos franceses y alemanes en pequeñas dosis de locura y frenesí, a través del cual, medita, indaga en la razón de la existencia en un mundo como el nuestro, tan lleno de copias, de maderas de Dios, como dice en uno de sus textos.

Reflexiona la escritora: “Nunca he pensado qué es la poesía. Es algo absolutamente fuera de mi misma. En el mismo momento en que lo haga jamás volvería a escribir un poema. Existen instantes poéticos en los que tú existes, pero no se puede decir nada más, porque la poesía trasciende a todo. Tampoco sé lo que siento cuando escribo, porque me encuentro totalmente ida”.

Organizamos eventos en la Sociedad de Escritores de Chile, junto a Luis Sánchez Latorre, Emilio Oviedo, Isabel Velasco, Teresa Hamel, Walter Garib; solíamos tomar café con Enrique Lihn en la Plaza del Mulato Gil, compartimos la militancia contra la dictadura. El año 1990 (con Stella) fuimos campeones de polka en un baile de la Sociedad de Escritores de Chile ante la envidia de decenas de poetas que deseaban bailar con ella. Nos reencontramos este año en la Feria del Libro de La Serena. Andaba con sus últimas obras: “Los dones previsibles” (Premio Pedro de Oña, 1987), “La Arenera” (1993), “De cuerpo presente” (1999). El año 1994 los escritores cubanos le rindieron un homenaje en La Habana y editaron una antología de su obra en la misma Colección de Clásicos junto a Mallarmé y Dylan Thomas, sus favoritos. Ahora, y después de haber contribuido durante décadas a nuestra literatura espera sentada junto a sus nietos, el pago de Chile.


ESPAÑA EN AMÉRICA

Por Luis López Nieves – “Cartas Bizantinas” – Octubre 2003

El príncipe Constantino Paleólogo, embajador de Bizancio en Puerto Rico, le escribe a la princesa Eudocia, su hermana menor, quien actualmente reside en la capital bizantina.

Querida Eudocia:

He aprendido muchas cosas sobre América Latina desde que nuestro gobierno me nombró embajador en Puerto Rico. Hoy quisiera hablarte sobre los españoles.

Como sabes, fueron ellos quienes descubrieron y luego conquistaron el hemisferio americano. Lo hicieron con furia genuina. Hay regiones completas, como el Caribe en que hoy vivo, en que no sobrevivió un indígena. Los que perduran, en países como México y Perú, lo hacen de un modo miserable. Cuando visito otras naciones latinoamericanas en mis funciones oficiales, siempre me reúno con descendientes de europeos, que son quienes controlan toda la riqueza y los gobiernos de este continente. Es muy raro ver a un indígena que tenga una posición importante en un gobierno o en una empresa.

Una vez exterminados los indios del Caribe, la rapacidad española no se detuvo. Ante la apremiante necesidad de mano de obra para trabajar la tierra y las minas, raptaron de sus hogares a millones de africanos. Los vendieron como reses en el mercado, al mejor postor. No tengo que describirte, querida hermana, el trato que recibieron de parte de sus dueños.

Y esa fue la historia de la América Española durante sus primeros tres siglos: brutalizadas colonias que existían para enriquecer a la metrópoli.

Al comenzar el siglo XIX, Napoleón invadió España. Los españoles, con muchísima razón, se rebelaron heroicamente y lucharon por la libertad. Finalmente expulsaron a Napoleón y recobraron la tan anhelada independencia, que las colonias hispanoamericanas también habían proclamado.

Pero comienza entonces una de esas grandes paradojas de la historia. Tan pronto recobra su valiosa independencia, lo primero que hace España es decirle a sus colonias de América que no tienen derecho a la libertad. Como resultado, empiezan las guerras de independencia, en las que una tras otra las nuevas repúblicas derrotan a la irracional madre patria. España sólo pudo retener las islas de Cuba y Puerto Rico, desde donde te escribo.

En el 1898, casi cien años después de estas guerras, los norteamericanos deciden aprovechar el atraso militar e industrial de España. Le declaran la guerra y muy fácilmente le arrebatan las colonias de Cuba y Puerto Rico, lo único que le quedaba en América. Ésta, hermana mía, es una síntesis de la presencia española en América. Lo que ahora me comentan los hispanoamericanos es que, después de tantos siglos de atropellos, de pronto algunos funcionarios de la España actual, sin que nadie entienda por qué, han pretendido erigirse en árbitros de las acciones de los latinoamericanos.

Un juez español, que acá muchos tildan de loco delirante porque se cree Juez del Mundo, primero quiso meter preso a un ex dictador de Chile. Desde Madrid quería juzgarlo por crímenes cometidos en la ex colonia española de Chile. Luego este mismo juez quiso encerrar a decenas de militares de la ex colonia española de Argentina. Todos acá concuerdan con que estos sangrientos militares deberían estar presos. Pero nadie entiende por qué este asunto le incumbe a un juez español. “¿Este entrometido, qué pito toca?”, me comentan entre risas.

En fin, hermana mía, como representante del Gobierno de Bizancio me limito a escuchar y no opino en público. Pero te admito que, en privado, me pregunto si el Gobierno de España se habrá enterado de que ya no tiene colonias en América Latina. Otras veces me pregunto si es que ya han metido en la cárcel a todos los franquistas que durante décadas privaron a los propios españoles de la libertad.

Recibe un fuerte abrazo de tu hermano

Constantino


CHILE: POESÍA Y FIESTAS PATRIAS

<h2><u><hr>CHILE: POESÍA Y FIESTAS PATRIAS</h2></u>

Por Aristóteles España

Poetas y narradores han contribuido a la búsqueda de la denominada “identidad nacional”; recreando gestas, epopeyas, cánticos donde la vida de Chile se va conformando lentamente. Somos un país joven, que construye elementos de paisajes terrenales y metafísicos. Fue Alonso de Ercilla quien describió como ninguno los lugares habitados por nuestros pueblos originarios diciendo “Aquí llegó donde otro no ha llegado”. La inmensidad de la cordillera, los bosques, ese enorme mar que inspiró a Samuel y Eusebio Lillo.

Carlos Pezoa Véliz descubrió al pintor pereza, a los vagabundos que pululaban en ríos y callejones de las ciudades que comenzaban a arder. Diego Dublé Urrutia le cantó a las tías Paulinas de Chile que tejían bufandas y sueños. Víctor Domingo Silva le puso alma a la bandera de una nación que necesitaba y necesita aún de símbolos para reconocerse.

Huidobro creó “Altazor”, ese enorme túnel por donde atraviesan los hálitos de Chile, sus costas y besos perdidos. Neruda reescribió la historia a pesar de los historiadores; Pablo de Rokha cantó a las comidas y bebidas del país, de norte a sur. Gabriela Mistral indagó en las desolaciones del austro y en el desierto florido de Coquimbo.

Andrés Sabella describió un norte riguroso y nostálgico, las ensoñaciones del desierto más árido del mundo.

Raúl Rivera, homenajeó a la mujer chilena que cría chiquillos, da comida al marido, lava la ropa, sustenta el hogar lleno de privaciones de la clase media desde tiempos inmemoriales.

Francisco Coloane da vida y más fuerza al Cabo de Hornos y construye su otra península con el Chilote Otey incomparable.

Nicanor Parra dio un remezón a la poesía de este Chile en crecimiento tenaz como dice Gonzalo Rojas y funda un corpus maravilloso en lo estético con la Antipoesía. Jorge Teillier funda la lírica de los lares inventando un lugar donde habitan mariposas y pueblos perdidos y se escuchan desde lejos los pitos de los trenes.

Nicomedes Guzmán en su “Autorretrato de Chile” da cuenta de las ilusiones y leyendas que dan vida a una comunidad tan disímil como la chilena. El pueblo Lican Antai y los Chonos son tan distintos y habitan históricamente el mismo territorio para efectos del estudio de nuestra historia y geografía.

Sólo la poderosa palabra poética y literaria nos une como el cielo, la nubes , el aire. Poesía para volver a los 17 como decía Violeta Parra. Para decir “Gracias a la vida”. Canciones para amar como en los textos de Sergio Hernández, para imprecar como Armando Uribe Arce, para fabular con ciudades de sol como dijo Humberto Díaz Casanueva, para inventar lluvias de aire como Rolando Cárdenas, jugar con sonetos, como lo hizo Enrique Lihn, en la misma atmósfera de la poesía chilena, única en su matriz y en sus sonidos en estos días en que celebramos la independencia de un imperio, poéticamente hablando.


BENEDETTI

<h2><hr><u>BENEDETTI</h2></u>

Benedetti cumple 84 años que celebra con "Memorias y esperanzas"



Por Venpres

Publicado el Martes, 14/09/04

Madrid, 14 Sep. Venpres.- El escritor uruguayo Mario Benedetti llega a sus 84 años y dedica su libro más reciente, "Memorias y esperanzas", a las incontables hornadas de lectores jóvenes que lo vienen acompañando desde que publicara “Poemas de oficina”.

El volumen aparecerá aquí coincidiendo con el onomástico del poeta, ensayista y novelista, que lo festejará en su tierra natal donde vive la mitad del año mientras la otra transcurre en España, país al que llegó por primera vez en 1977, exiliado, revela una nota de la agencia Prensa Latina.

Benedetti aborda en “Memoria...” los temas más disímiles en una larga reflexión que va de la política a los valores morales, el sexo, la infancia, la globalización, la hipocresía, la pasión deportiva (es un fanático del fútbol, como todos los uruguayos), la juventud, la conciencia, la canción chatarra o la política de Estados Unidos.

También hace profesión de fe, como la que se desprende al expresar: “me siento satisfecho cuando octogenario, veo que mis valores de toda la vida siguen vivos, que nunca tuve la tentación de renunciar, y que los sigo sosteniendo. Y que toda la vida pude arreglármelas con tan poco, y estar tan contento".

"Que, pese a haber vivido bombardeado por la misma publicidad que a todos nos dice que lo importante es el consumo, que lo importante es generar riqueza (monetaria) y que la globalización y el libre mercado son el único camino que nos queda por delante, sigo pensando que nada de esto es cierto"
, agrega.

Editado por el sello Destino, “Memoria y esperanza” es una especie de testamento legado a la multitud de jóvenes que repiten en todas las latitudes poemas como Táctica y estrategia o los convierten en materia prima de composiciones musicales.

Con ellos me siento a mis anchas -certifica- los entiendo y me entienden.

Al final de Memoria... hace un llamado: "Hombres y mujeres, adultos o hasta viejos, sintámonos jóvenes por un instante y medio, quizás así percibamos que la juventud no es un enigma, sino un inapreciable azar que a todos nos ilustra y nos descubre".


ESPECIES MENORES

<hr><h2><u>ESPECIES MENORES</h2></u>

La Jornada - México D. F.

Por José Steinsleger

Por sobre ideologías y modos de entender la vida, la suerte de la humanidad depende del gobierno de George W. Bush, uno de los más incompetentes, agresivos y peligrosos de la historia de Estados Unidos. Todo lo que intenta limitar su poder internacional es visto como una "amenaza". Todo lo que cuestiona su expansión es "terrorismo". Parecería que el equipo de la Casa Blanca se ha tomado en serio las palabras del general retirado Brent Scowcroft ante la Convención Nacional Republicana que en 2000 apoyó la candidatura de Bush: "...desde el imperio romano no se ha dado que un país haya dominado al mundo de la manera que lo hemos hecho nosotros" (Cason, Brooks, La Jornada, 2/8/00).

Opinión desmesurada pues si en mil años el imperio romano legó una civilización, el estadounidense, que lleva poco más de 200 años, promete destruir el equilibrio ambiental y sociocultural del planeta. A causa, justamente, de lo que el imperio romano tenía y el imperio yanqui carece: "una gran estrategia", como dice el historiador Paul Kennedy en “Auge y caída de los imperios”.

Millones de voces aseguran que sólo el amor puede salvar al mundo. Pero en agosto de 1990, tras la ocupación de Kuwait por Irak, la Cicciolina declaró estar dispuesta a hacer el amor con el malísimo Saddam Hussein con el fin de lograr la paz. La propuesta de la ex diva del cine porno y fogosa legisladora italiana quedó en agua de borrajas. Papá Bush fue a la "guerra" y el gobierno que le sucedió en el mando, el de William Clinton, sólo tenía a Madeleine Albright para transar con Saddam. Naturalmente, fracasó. La bella secretaria de Estado prefirió posar con los gobernantes de Corea del Norte, Arafat y otros actores de la política mundial a los que hoy George W. Bush exorciza a diario porque pertenecen al "eje del mal".

En diciembre de 2000, el implacable Donald Rumsfeld, hoy jefe del Pentágono, fue muy claro con tales flirteos: "La historia -dijo- nos enseña que la debilidad es una provocación. La tarea es fijar disuasivos y capacidades de defensa para que nuestro país pueda contribuir a la paz y a la estabilidad en el mundo". ¡Bien dicho! Sin embargo, los centuriones del imperio romano sostenían sus verdades en el campo de batalla. En cambio, muy pocos de los que integran el equipo de Bush fueron a la guerra. El vicepresidente Dick Cheney, quien en las bombas que mataban niños en Irak escribía: "A Saddam, con afecto...", gestionó cinco aplazamientos durante la guerra de Vietnam. Y el patriota George W. Bush se refugió en su rancho de Texas para no ir a la guerra.

Genocida y bufonesca, la política exterior de Washington responde a lecturas del mundo que coinciden con las de aquel enciclopedista conocido, precisamente, con el nombre de Buffon (1707-1788). En sus escritos sobre América hispana, el conde de Buffon aseguró que el nativo de América (al que llama "salvaje") "...es débil y pequeño por los órganos de la generación; no tiene pelo ni barba, ningún ardor con su hembra". Según la tesis bufonesca, las plantas, los animales y hasta los hombres sufren en estas tierras un proceso de involución que los convierte en especies menores, en versiones degeneradas de los originales (Antonello Gerbi, “La disputa del Nuevo Mundo: historia de una polémica: 1750-1900”, FCE, México, 1960). Lo triste es que para buena parte de los gobernantes latinoamericanos no ser WASP (white, anglosaxon, protestant) les obliga al ejercicio de lo "bufonesco". O sea al supuesto de que nuestros pueblos respaldan su propia capacidad de autodenigración. En este sentido el imperio yanqui y sus acólitos parecen haber olvidado la derrota del general Pershing en Chihuahua y las de sus tropas en Nicaragua y Playa Girón.

Luego del entusiasmo de los medios de comunicación ante la "arrasadora" victoria del Pentágono en Afganistán, en la remota localidad de Gardes la resistencia afgana derribó un helicóptero MH-47 Chinook en el que murieron nueve soldados estadounidenses. ¿Pero cómo? ¿No era que los afganos eran "hombres de las cavernas" que habían huido ante las tropas "de la libertad", temblando de miedo?

Estas meditaciones nos recuerdan a un famoso cazador estadounidense, John Walter Pearson, que a fines de los años sesenta llegó a Buenos Aires. Ganador de numerosos trofeos, traía consigo una decena de rifles de las mejores marcas europeas que mostró orgulloso a los periodistas. "Vengo más en plan de turismo que para cazar porque no hay en estos países más que 'especies menores', inofensivas...". Interrogado acerca de qué zonas recorrería dijo que pensaba visitar el noroeste argentino y, si le quedaba tiempo, cazaría unos "gatos" (pumas).

En la provincia de Salta, Pearson contrató dos baqueanos para que lo acompañaran a cazar unos pumas. Días más tarde regresaron y contaron lo sucedido. Desoyendo sus consejos, se había internado en el monte por la noche. A la mañana siguiente salieron a buscarlo. Los baqueanos encontraron su cuerpo destrozado a zarpazos. En una mano, el cadáver apretaba todavía su rifle preferido. No había alcanzado a disparar ni un tiro.


RÉQUIEM PARA HABITANTES DE LOS DÍAS VENIDEROS

<h2><u><hr>RÉQUIEM PARA HABITANTES DE LOS DÍAS VENIDEROS</h2></u>

(Homenaje a Carlos Zanzi Cuccuini,
Sergio Cárdenas Torres, Pablo Jeria Ríos)



Por Aristóteles España

Han partido de este mundo con pocas semanas de diferencia tres ex presos políticos de Isla Dawson, Chile; emblemático Campo de Prisioneros del planeta, que recluyó treinta años antes que se acabe el siglo XX a un conjunto de personas cuyo único delito fue optar por la causa de los desposeídos. A este lugar ubicado en el paralelo 53 sur de este mundo, en el final de los mapas, donde las estrellas y fantasmas se pasean bajo la lluvia durante el verano, acudieron los ex confinados en noviembre de 2003. Era como reencontrarse con un mundo donde alguna vez existió el infierno en la tierra.

Sin embargo, descubrimos que ese territorio era hermoso, lleno de vegetación, de pájaros extraños y multicolores, con caminos de tierra donde pastaban animales y los árboles daban la bienvenida a las cuatro estaciones que se ven en un solo día en esa isla.

Estos tres habitantes que se marcharon al país de nunca jamás como en el poema de Jorge Teillier son Carlos Zanzi Cuccuini, Sergio Cárdenas Torres y Pablo Jeria Ríos. Este último falleció este 11 de septiembre a las cuatro de la madrugada en Nueva York, ciudad que lo acogió desde los 20 años cuando fue desterrado. Pablo había sido dirigente estudiantil del Liceo de Hombres de Punta Arenas y en Dawson perteneció a la barraca de los Condenados en Consejos de Guerra (Remo).

Carlos Zanzi era amigo de Salvador Allende; dirigió durante ese período una Corporación de Desarrollo Regional en la Patagonia y al asumir el gobierno de Patricio Aylwin fue nombrado Gobernador de Magallanes. En Dawson, fue delegado de la barraca Charlie en el campamento Río Chico. Falleció en Punta Arenas, en el mes de julio donde fue despedido por toda la comunidad, a la cual siempre respetó. Por eso mismo fue un hombre querido por moros y cristianos.

Sergio Cárdenas llegó el mismo día del golpe de estado al campamento de la compañía de ingenieros navales, conocido como Compingin. Era locutor de radio Polar donde animaba espacios para jóvenes con música de la época y eventos políticos de apoyo a los trabajadores. Le decían Pete el Negro, pero no tenía nada que ver con el personaje de la caricatura, pues era un joven bonachón, siempre contando anécdotas relacionadas con el mundo del austro. Falleció en Santiago hace un par de semanas, después de saludar a sus amigos Daniel Ruiz y Yerko Hromic, hombres de radio como él, quienes lo agasajaron con un asado en Santiago, donde residía hace dos décadas haciendo doblajes para el cine.

A Pablo Jeria le decían El Mosca. Visitó Punta Arenas en septiembre del año pasado ya enfermo y cansado a pesar de tener apenas 49 años.

Los tres sufrieron la tortura y recordamos aún sus gritos, vendados por oficiales del ejército y la armada de nuestro país, quienes aún se deben preguntar el por qué de tanto encono.

En nuestro viaje a la isla el año pasado le preguntamos a los altos jefes militares qué había ocurrido, dónde, en qué momento cambió la historia para ellos, por qué agredían a un enemigo inexistente, en una guerra inexistente, cuando hasta el más inocente transeúnte sabe ahora y supo siempre que todo fue un invento del Imperio para que no perdure, para que no exista jamás un gobierno para los humildes. Ahora que están desclasificando los archivos de la época las nuevas generaciones podrán entender el por qué en un país tan remoto, y alejado de los temas del poder mundial, se realizó un golpe de estado contra gente indefensa, que alguna vez soñó que era posible la felicidad a través de una vida digna y con sueños posibles de cumplir.

Adiós Carlos, Sergio, Pablo, amigos dawsonianos que una vez habitaron esos parajes de viento y nieve. Su vida no fue en vano, ya son una semilla. Ya vendrán esos frutos que esperamos estén maduros para los días venideros.


MOSCÚ O GROSNY

<h2><hr><u>MOSCÚ O GROSNY</h2></u>

Por Pedro Godoy P.
Centro de Estudios Chilenos


La campaña contra el terrorismo que desata Washington permite a Rusia y, en general al Primer Mundo, disponer de argumentos para aniquilar a los pueblos coloniales y dependientes que sacuden el yugo. Washington, en Irak y Afganistán, oprime. La réplica militar es denunciada como “terrorismo”.

Chechenia es un legado de los Zares. La Rusia imperial llega tarde al festín. Ya Francia, Gran Bretaña, Holanda, Bélgica se apoderan de Asia, África y de segmentos atlánticos de Latinoamérica. La Italia del Duce se apodera en el XX de Etiopía y Eritrea. Poco antes la Alemania del Káiser se engulle Tanganika e islas del Pacífico sur. EEUU destruye en 1898 el Imperio de España y se fagocita Filipinas, Puerto Rico, Hawai, Guam e impone dependencia a Cuba.

Rusia no interviene planetariamente en esta campaña –como diría Sarmiento- de la “civilización contra la barbarie”. Su intervención es continental y sin fanfarria, sin prensa y sin films. Se apoya en la ferrovía: el Transiberiano y el Transcaspiano y su expansión es sobre el Asia Central y la Siberia. Había estado encajonada por siglos y sin acceso a mares abiertos. Además, inclinada ante los khanes mogoles. Ahora inicia su revancha desde Moscú. Hacia el Occidente choca con los Imperios Centrales.

La alianza Berlín-Viena es sólida y sólo un peligro mayor como Bonaparte le da luz verde. Entonces emprende el camino inverso. Apenas un tropiezo: el Japón que en 1905 la frena. ”Asia para los asiáticos” parece ser el lema del Imperio del Sol Naciente.

Pese a esa derrota se posesiona de varios países como Kasakhtan, Uzbekistán, Kirguisia, Turquestán, Mongolia Exterior... La mayoría musulmanes y otros cristianos como Armenia y Georgia. Todos conocieron por siglos el despotismo del Zar de todas las Rusias que incluso tuvo, hasta 1869, como dependencia a Alaska en el Nuevo Mundo. Una plataforma territorial gigantesca que se extendía desde Varsovia a Vladivostok. En su vientre opera la burocracia rusa tolerando diferencias, acantonando tropas, tendiendo ferrovías, residenciando migrantes rusos y exigiendo acatamiento a los úkases de la Corona. Establecido un modus vivendi con Tokio, Moscú cultiva nexos con Paris-Londres –la petit entente- para equilibrar la gravitación austroalemana.

La I Guerra Mundial origina el desmenuzamiento del gigantesco imperio. Con la derrota se astilla. Al oeste se emancipan Finlandia y Polonia y también los países bálticos. Estalla una revolución militar-sindicalista y la fracción heterodoxa del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia toma el poder. El zarismo y la efímera república demoburguesa quedan atrás. Comienza ahora el experimento bolchevique. Lenín proclama el derecho de las nacionalidades oprimidas a escindirse de la Rusia ayer de los Romanoff y ahora de los bolcheviques. Sin embargo, esa política de fomento de la autodeterminación no cuaja. El afán por barrer la contrarrevolución obliga al Ejército Rojo a “liberar” a las mismas nacionalidades oprimidas. A renglón seguida se “armaban” PPCC locales fieles al Politburo domiciliado en Moscú.

Pese a lo prometido con el comunismo se regresa a la rusificación. La identidad soviética como esfuerzo de alianza entre Estados igualtarios y fraternos resulta una quimera. El coloniaje perdura. Los comisarios del Soviet, los uniformados del nuevo ejército, las brigadas de aparachtik, las fuerzas de la policía continuaron siendo rusos. Ese “nacionalismo gran ruso” tan vilipendiado por Lenin, porque estimula el desprecio por el tártaro como expresión de la barbarie, continuaba vivo. Pierde todo pudor durante y después de la II Guerra Mundial cuando Stalin –pese a su condición de georgiano- atribuye todo el honor de la victoria sobre el III Reich a la Santa Madre Rusia. Se deportan pueblos enteros como los kalmucos también a los alemanes del Volga y se refuerza la política rusificadora comenzada por los zares.

Al derrumbarse en 1990 la URSS, con medio siglo de retardo respecto a Bandung, comienza la rebelión del III mundo al interior de esa gigantesco “presidio de naciones”. El Islam ha sido el condimento y Chechenia la bandera. Quizás la gravitación de Afganistán –el Vietnam de la URSS- sea factor importante. La Federación Rusa –hoy capitalista y aliada de EEUU y la CE- acusa de terrorismo a los patriotas chechenos. Ese país caucásico es el Irak de Moscú. Quienes se enternecen por Guernica debieran contemplar Grozny reducida a escombros por la artillería primermundista gatillada desde el Kremlin.

Los bolivarianos, es decir, los nacionalistas iberoamericanos debemos estar con Chechenia en su guerra de liberación. Otra postura es eurocentrismo.