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MIRANDO AL SUR - augusto alvarado


JORGE ABELARDO RAMOS

<h2><hr><u>JORGE ABELARDO RAMOS</h2></u>

”Para llamar a los leones calvos,
de una vez y para siempre, pumas"



Por Julio Fernández Baraibar
Buenos Aires, 3 de octubre de 2004

A poco más de una semana de publicado, acabo de leer la abyecta deposición que un renegado político -al que por alguna misteriosa razón académica se lo ha ungido con los perfumados óleos de la sabiduría social- ha escrito sobre Jorge Abelardo Ramos, como presunto homenaje a los diez años de su desaparición física. Me refiero al deshilachado artículo -y nunca mejor usada la palabra en su etimología originaria de arte pequeño, cautela, maña, astucia- aparecido en el suplemento "Ñ" del Clarín, bajo el título "Abelardo Ramos: sarcasmo y revolución", firmado por el señor Horacio González.

Las miserables y mezquinas palabras del miserable y mezquino escriba, que hoy convive con los espectros de Paul Groussac y Jorge Luis Borges -mas no con sus talentos- en los sótanos de la Biblioteca Nacional, en el mismo solar donde Juan Domingo Perón y Eva Duarte desarrollaran el idilio más trascendental del siglo XX argentino, hablan más del retratista que del retratado, más de su esterilidad intelectual, de su envidia mediocre por el talento ajeno, de su pusilánime admiración por el mandarinato intelectual oligárquico, de su vacío formalismo, de su derrotada visión del mundo, que de la figura cuyo pensamiento profético pretende escamotear bajo un torrente de "sonido y furia, como el discurso de un idiota".

Jorge Abelardo Ramos perteneció a una muy criolla tradición de pensadores que eran a la vez políticos y escritores y que la medianía de la "democracia colonial" -para utilizar un concepto acuñado por el propio Ramos- y sus corifeos consideran, erróneamente, anacrónica y agotada. Como no puede sino reconocer el casi bibliotecario González, sus dos libros fundamentales "Revolución y contrarrevolución en la Argentina" e "Historia de la Nación Latinoamericana" fueron devorados por los jóvenes de la generación a la que él mismo pertenece, convirtiéndose sus tesis históricas y políticas fundamentales, en las décadas posteriores, casi en un lugar común del pensamiento político argentino.

Posiblemente, el primer tomo de su "Revolución y Contrarrevolución.", llamado "Las Masas y las Lanzas" esté llamado a ser un clásico de la literatura argentina, a la altura literaria del "Facundo" de Sarmiento, "Una excursión a los indios ranqueles" de Mansilla o "Grandes y Pequeños Hombres del Plata" de Alberdi. Es que todo lo que Ramos ha escrito, desde sus artículos periodísticos, que son miles, hasta sus trabajos de más largo aliento, están escritos con la misma pasión fundacional, con el mismo deseo de construir una Patria a la altura de sus compatriotas y de sus sueños.

Si según ha dicho Marx de su relación con Hegel es haberlo puesto patas para arriba, la misma tarea se puso Ramos frente a la herencia intelectual de Carlos Marx. Donde el adocenamiento marxista de la época -con sus socialistas, comunistas y trotskistas- veía atraso, Ramos veía el verdadero y sólido camino al progreso histórico. Donde aquellos, haciendo abuso de sus categorías, veían barbarie, Ramos veía el fundamento de una civilización real y sustentable. Donde la subordinación al pensamiento dominante veía una ruptura con la negra herencia hispánica, Ramos veía la continuidad con las aspiraciones revolucionarias peninsulares. Donde la admiración de siervos a Gran Bretaña veía el peso de la tradición católica y española, Ramos veía la formidable capacidad de cohesión que la religión y la lengua tenían para enfrentar al imperialismo inglés y protestante. Donde la ceguera eurocentrista veía naciones, Ramos veía fragmentos desarticulados de una inmensa nación a construir.

Para llevar adelante esta ciclópea tarea debió combatir encarnizadamente el aislamiento y desprecio que el establishment político e ideológico de la Argentina colonial impuso a su herejía, desprecio del cual el asmático libelo de González es un edulcorado y tardío ejemplo, Ramos debió apelar a su formidable pluma, a su singular talento y a su inagotable capacidad polémica.

Eran épocas de una insoportable soledad. Sostener al régimen instaurado con la movilización obrera y popular del 17 de Octubre y a su conductor, el general Juan Domingo Perón, desde la tradición de la Comuna de París de 1871, la Revolución Rusa de 1917, la Oposición de Izquierda a la dictadura burocrática de José Stalin y la rebelión de Cataluña en 1935 era colocarse en una situación en la que el pensamiento políticamente correcto de la época podía ver un síntoma de insanía o de colaboración con la policía. Ver en Perón a un jefe bonapartista -rescatando una categoría que sólo aparece en la correspondencia Marx-Engels- en lugar de un demagógico dictador fascista, nazi o "nipo-nazi-falanjo-peronista" como macarrónicamente trató de definirlo Victorio Codovila, requería entrar al debate pateando puertas, llevándose por delante, sin falsos respetos, la totalidad de la estructura dominante de pensamiento, lanzarse a un combate en todos los frentes y contra todos los enemigos, simultáneamente. Sólo un cerebro privilegiado, una voluntad de acero y un enorme talento posibilitaban entrar al ruedo, y, por supuesto, no garantizaban la victoria. Esta sólo sería el resultado de que las ideas se convirtiesen en fuerza material encarnando políticamente en las nuevas generaciones de trabajadores, peones de campo, estudiantes, militares, profesionales y maestros.

Y esa fue la tarea sobre la que volcó toda su actividad intelectual y literaria. Sus trabajos, con toda la erudición de que hacen gala, con el enorme aparato crítico con que están sostenidos, con el novedoso y antidogmático uso de las categorías e interpretaciones marxistas, no fueron escritos para la esterilidad de la academia o la obtención de subsidios universitarios. Fueron escritos como herramienta de una vasta y compleja actividad política que significaba generar los cuadros militantes necesarios para la constitución de un amplio movimiento popular que, con sus propias banderas socialistas, aportase a la causa común de la liberación nacional o la acaudillase, si caían las banderas iniciales.

La unidad latinoamericana, la reconstrucción de la Patria Grande fue el otro objetivo central de su vida y su actividad intelectual. También en esto fue un profeta. Mucho ha tenido que sufrir nuestra Patria, mucho ha debido perder de su vieja e inmotivada soberbia que se expresaba en aquel "Dios es argentino" que ha desaparecido afortunadamente de los lugares comunes nacionales, para que la idea y el sentimiento de pertenencia a la mancomunidad latinoamericana, a la herencia hispánica en el Nuevo Mundo, se haya convertido, por fin, en punto de partida para un nuevo renacimiento.

En 1950, la idea de que formábamos parte de una unidad inconclusa con Ecuador o con Paraguay podía ser considerado un delirio obsesivo. El conjunto de las fuerzas políticas, a excepción de Perón y un grupo de allegados, entendían el sistema de relaciones entre nuestros países del continente del mismo modo que el que se establecía entre el Reino Unido, Alemania, Francia, Bélgica y los Países Bajos, entre nacionalidades distintas, entre estados definitivamente constituidos y cuyas fronteras eran producto de siglos de guerras y diplomacia. Tan sólo Juan Domingo Perón, desde la cúspide del estado argentino -y sin ser muy comprendido por sus propios seguidores- y Jorge Abelardo Ramos, un joven de 30 años, sin títulos universitarios, sin prestigio académico y sin cuenta corriente bancaria, sostenían con firmeza y convicción el objetivo estratégico de la unificación de nuestras pequeñas patrias. Su afirmación "Fuimos argentinos, porque fracasamos en ser latinoamericanos" puso en negro sobre blanco el drama de nuestra fragmentación y el norte de nuestra historia.

A lo largo de cincuenta años formó a miles de compatriotas en este pensamiento. Recorrió varias veces el país, a lo largo y a lo ancho. Explicó su punto de vista millones de veces en conferencias universitarias, en reuniones de militantes, en charlas personales -su magnetismo personal era irresistible- en artículos en la prensa partidaria, en notas de la prensa comercial -en una época en que ya no era posible silenciarlo-, en folletos y en libros. Pocos hombres han influido como él en el pensamiento de sus contemporáneos. Sería sorprendente saber la cantidad de diputados, senadores, gobernadores, ministros y funcionarios de la actualidad que han abrevado en sus obras o lo han acompañado en parte del camino.

Su última gran batalla fue la Guerra de Malvinas. Dice el poeta romano Horacio que "Dulce y honroso es morir por la Patria: / la muerte persigue al hombre que huye / y no perdona de una juventud cobarde / ni las rodillas ni la temerosa espalda". Dice Horacio González, el degradado intelectual colonizado: "imaginó que la Guerra de Malvinas era 'un nuevo Ayacucho'. Estaba construyendo así el lenguaje que lo convertiría en un alma en pena, expulsada de nuestra actualidad". Y al decirlo, ratifica y hace cada vez más cierto el desprecio que producía en Ramos la fatuidad vacía y la cobardía moral del pensamiento oficial de la Argentina semicolonial.

Ramos vio en la Guerra de Malvinas lo que vio el conjunto del pueblo argentino, sin necesidad de frecuentar a Horacio, y desconociendo la certeza de este otro Horacio González: la inesperada posibilidad de romper militarmente con el bloque imperialista anglo norteamericano y arrancar a las Fuerzas Armadas argentinas de su sujeción ideológica a éste, reintroduciendo en ellas el viejo espíritu sanmartiniano, el de los ejércitos de la Independencia. Ignoro si esto ayudó a expulsarlo de la actualidad de González. Lo que sí es cierto es que el nombre de Jorge Abelardo Ramos y sus libros entraron en los casinos de oficiales, su convincente palabra pudo alternar con jóvenes oficiales que por primera vez enfrentaban con las armas -y quizás sin tener mucha conciencia de ello- al enemigo histórico de los argentinos. Y si la influencia del imperialismo impidió que esas ideas y esa política pudiesen influir en las jóvenes generaciones militares de la década del 60 como influyeron en jóvenes trabajadores y estudiantes, el enfrentamiento bélico con el imperialismo las hizo entrar en las discusiones militares posteriores a Malvinas.

En más de cincuenta años de una intensa vida política, Jorge Abelardo Ramos tuvo cinco años de extrema defección, convirtiéndose, como se ha señalado hasta el hartazgo, en defensor del menemismo, llegando a disolver su partido e ingresándolo al PJ presidido por Menem. Enanos mediocres de cuya cabeza jamás ha salido una idea, politicastros sin principios, ganapanes académicos han pretendido aprovecharse de esta triste y humana defección para intentar ensombrecer una personalidad, una acción y una obra que, antes de ese final, vituperaron, silenciaron y calumniaron.

Jorge Abelardo Ramos, su genial obra literaria, su juvenil impulso revolucionario y sus magistrales aportes a la causa argentina y latinoamericana, no han muerto para quienes hemos sido formados por su enseñanza, ni la importancia estratégica de su pensamiento se opaca en el recodo final de su vida. La causa de la liberación nacional y la unidad latinoamericana, la lucha por una sociedad libre y justa, nos obligan, no a recuperar, pues nunca lo perdimos, sino a profundizar, actualizar y poner en marcha el poderoso sistema de ideas políticas que constituyen su más grande legado.

En las últimas palabras de su magnífica conferencia en Rimini, Italia, se condensa este emocionante mandato para nuestra generación y las que nos sobrevendrán:

"Pero una gran época define su carácter por el tamaño de las empresas que son capaces de concebir sus contemporáneos. Hemos brindado tolerancia -impuesta o inducida- durante cuatro siglos. Ahora necesitamos cincuenta o cien años de conflicto. Conflicto político, cultural, económico, para unir a la gran Patria disgregada. Después podremos ofrecer al mundo, de igual a igual, milenios de tolerancia. Con la realización de ese magno objetivo, transformaremos una historia pasiva en historia creadora. La utopía se trocara en acto. Y llamaremos pumas, soberbios pumas, a los leones calvos de la leyenda europea".

A esta tarea estamos llamados todos, según nuestra experiencia y de acuerdo a nuestras convicciones.


LA IMPORTANCIA POLÍTICA DE LA HISTORIA

<h2><hr><u>LA IMPORTANCIA POLÍTICA DE LA HISTORIA</h2></u>

Por Jorge Abelardo Ramos (*)

Es un fenómeno reciente en el país la comprensión de la importancia política de la historia. El carácter semicolonial de la Argentina y de América Latina no podía manifestarse tan sólo en la esfera de su economía, pues el imperialismo extranjero, al modelar a la sociedad colonial, deformó asimismo su cultura y su historia, “maestra de la vida”. No cabía esperar otra cosa, si bien se mira, pues la dominación imperialista en un país semicolonial, (donde no pernoctan las tropas extranjeras), se habría vuelto imposible sin cierto grado de conformidad ideológica con la situación existente, que sólo una concepción interesada de la historia, la literatura y la sociedad puede lograr. Este es el rasgo fundamental que diferencia a una colonia de un país semicolonial o dependiente y por el cual un partido revolucionario libra su combate en dos frentes simultáneos: el de la política y el de la cultura nacional, incluida la reelaboración de una nueva historia.

La juventud histórica del país determina que los problemas del pasado y las valoraciones de las clases y sus héroes de ayer se combinen y se empleen en las luchas políticas del presente. Esta participación de las generaciones muertas en las luchas de las generaciones vivas obedece al incumplimiento de las tareas clásicas de la revolución democrática; en nuestro caso, el de la Unidad Latinoamericana y la creación del Estado Nacional. A la balcanización consolidada por el imperialismo, sucedió la justificación teórica del provincialismo “nacional” en la historia escrita. Y a la derrota de las fuerzas nacionales en cada “provincia” latinoamericana se agregó su lapidación literaria, que se prolonga hasta nuestros días a pesar del desarrollo capitalista nativo y del desplazamiento de las clases oligárquicas del antiguo predominio absoluto del poder. Tal es el caso de la Argentina, donde la oligarquía terrateniente y la burguesía comercial han perdido el control exclusivo del poder sin que la burguesía industrial haya podido a su vez obtenerlo por entero.

Llegada demasiado tarde a la escena, la burguesía nacional quizás ya no lo logre jamás, mientras que, por el contrario, la oligarquía cuenta todavía con el viejo dispositivo cultural e ideológico creado a lo largo de su prolongada dominación. Es así que la lucha por la emancipación política y económica del país y del continente, a la clase obrera y a su partido le corresponden no sólo la primogenitura en la revolución nacional, sino también el primer puesto en la lucha crítica contra la vieja historia falsificada y su constelación de mitos. Esta búsqueda de una historia verídica y científica no está espoleada por ningún afán académico extraño a la política revolucionaria, sino que dimana de las necesidades de la revolución misma. Todos los partidos y las clases actuantes en la Argentina invocan sistemáticamente a la historia, cuyos prototipos, ideas o símbolos intervienen en las luchas contemporáneas, lo que revela la vitalidad actual de los intereses que encarnan.

Si la formación del radicalismo está vinculada con la crisis del roquismo, del mismo modo que la aparición del partido conservador, ¿acaso el surgimiento del Partido Socialista primero y del Partido Comunista más tarde, no se vinculan con un proletariado europeo, desvinculado orgánicamente de la historia argentina? Es así que por primera vez y como fruto de la penetración imperialista, una nueva clase social argentina crea partidos que no pueden filiarse en las tradiciones nacionales sino en las tradiciones extranjeras. Esta fisura no será salvada nunca por los partidos “obreros”, ni el “marxismo” proclamado en sus declaraciones servirá para inteligir las leyes del proceso histórico argentino. Muy por el contrario, tanto el Partido Socialista como en Partido Comunista aceptarán las ideas históricas que la oligarquía terrateniente impuso al país como credo oficial. Semejante impostura sólo puede explicarse en virtud de la quiebra de la tradición oral. Viva aún en los partidos argentinos a pesar de los manuales escolares, será inexistente para los artesanos europeos de la clase trabajadora que formarán los partidos obreros y que ajenos al tejido vital de la sociedad que venían a integrar, sólo pudieron conocerla por sus textos.

El nacionalismo liberal de Roca, fundado en la Argentina precapitalista del Interior y en los soldados del Desierto, se extingue sin que el yrigoyenismo semiliberal, semiclerical, sea capaz de engendrar una historia nacional veraz. En suma, la burguesía nacional, muy débil todavía, aunque toma el poder varias veces, es totalmente incapaz de sustituir en la enseñanza y en el “aparato” de la cultura general, una concepción histórica diferente a la sostenida por la burguesía comercial mitrista que será la que realmente impondrá sus normas de valor. A los artesanos europeos de los partidos obreros, a sus hijos y a sus nietos, se les enseñará la historia que todos conocemos, y sus partidos asimilarán las categorías de la “civilización y la barbarie”, modernizándolas con los vocablos recién importados: capitalismo y feudalismo. Por su propia condición de partidos europeos en América, el esquema despectivo de la oligarquía portuaria será admitido integralmente por los comunistas y socialistas, que antes ni después sabrán aplicar el pensamiento nacional de Lenin a la política argentina ni a su historia.

Al mismo tiempo que el stalinismo introducía en la política argentina las fórmulas abstractas del marxismo europeo, sometidas a las ya mencionadas variaciones “tácticas” de la burocracia soviética, se adaptaba al sistema de ideas históricas creado por la oligarquía mitrista, cuyo carácter extranjerizante satisfacía la visión extra nacional del stalinismo. El Partido Comunista incorporará a su ideología oficial la historia oligárquica, sin encontrar resistencia en sus filas, precisamente porque esa historia era anticriolla y proeuropea. Los europeos, europeizantes, cosmopolitas, o pequeños burgueses del stalinismo se sentirán interpretados en la condenación mitrista de las montoneras, de los caudillos, de Solano López y la guerra del Paraguay, de Rosas como de Roca. Esa identificación en la historia equivalía a la coincidencia política de la oligarquía con el stalinismo en las horas decisivas de la política contemporánea, cuando los nietos de los montoneros, trocados en obreros industriales, bajaron de las provincias bárbaras como otrora las peonadas yrigoyenistas, para protagonizar el 17 de Octubre de 1945. La misma burguesía comercial del Puerto que enviara los Ejércitos de línea contra las provincias federales, prolongará su influencia y sus intereses en la burguesía comercial, financiera y terrateniente del siglo XX, dotada de Universidad y de prensa, de partidos y de “instituciones”. A su izquierda tendrá también sus unitarios, que serán los “unitarios” stalinistas, permanentes partidarios de la “unidad”, aunque sea a palos, como querían los rivadavianos siempre que los palos fueran contra el pueblo.

Pacifistas en la época de la revolución mundial, partidarios de la representación proporcional contra los partidos de masas, unitarios y liberales a fuer de cosmopolitas, sostenedores de la intervención militar extranjera contra su propio país, ayer en la Vuelta de Obligado como luego en la Vuelta de 1945, alvearistas en lugar de yrigoyenistas, antirroquistas y antirrosistas, rivadavianos y adversarios de los caudillos, antirreformistas cuando la Reforma del 18 tenía un sentido latinoamericano y reformistas cuando la Reforma se vuelve cipaya, stalinistas en lugar de marxistas, he aquí la figura y contrafigura del Partido Comunista en la política argentina.

(*) De su libro “Breve historia de las izquierdas en la Argentina”, Tomo II – Editorial Claridad, Buenos Aires, 1990. Capítulo XIV – “La historia argentina y el stalinismo”, páginas 175 a 180.


PERÓN Y EL PERONISMO

<h2><hr><u>PERÓN Y EL PERONISMO</h2></u>

por Jorge Arrate

elmostrador.cl – 5 de octubre de 2004

El incidente a propósito de la asunción de Ignacio Walker como canciller de Chile puede traer secuelas preocupantes. Al calor de lo ocurrido algunos, so pretexto de defender al ministro recién designado, comienzan a dar curso a un nacionalismo pequeño. Es una oportunidad favorable para atizar la beligerancia de "barras bravas" que, al igual que en los partidos de fútbol, aprovechan la ocasión para denostar al país ocasionalmente adversario.

Argentina y Chile son naciones distintas. Si bien comparten muchos rasgos culturales, en otros se diferencian claramente. Sus intereses son coincidentes en una amplia franja de materias, pero en otros aspectos son o podrían ser contrapuestos. Hay algo que ambos comparten y que no puede ser modificado por mayorías democráticas o por dictaduras, ni siquiera por la unanimidad de sus ciudadanos: son vecinos por los siglos de los siglos.

Por eso uno siente pena -y vergüenza, naturalmente- cuando a veces se escucha esa estúpida fórmula acuñada por chilenos que se creen "exitosos": Chile es un país al que le va bien, pero habita un "mal barrio". Pena y vergüenza porque quienes así piensan reniegan de un rasgo de nuestro ser, la calidad de latinoamericanos. Estupidez porque ni siquiera el "arribismo" odioso de los autores de la frase podría modificar la realidad.

Una de las grandes diferencias entre los dos países es su historia y su cultura políticas. El orden chileno instaurado tempranamente en el siglo XIX no tuvo parangón en una Argentina anárquica y donde operaban las fuerzas centrífugas. Chile continuó siendo en el siglo XX una sociedad más disciplinada, con una hegemonía conservadora que sólo fue amenazada a fondo por el gobierno del Presidente Allende. Argentina, en cambio, vivió una gran conmoción social con el proceso migratorio que significó una verdadera revolución cultural que remeció todo el país. Y, luego, con Perón.

Para los chilenos no ha sido fácil comprender el fenómeno Perón. No se trata de amar a Perón. Su participación en un incidente de espionaje cuando fue Agregado Militar en Santiago (actividad cuya práctica pareciera no haber terminado, como queda claro del episodio bufo ocurrido en el consulado argentino de Punta Arenas hace algunos meses) posiblemente sigue sustentando la antipatía de algunos. Su modo militar de pensar, las ambigüedades de su trayectoria política, una cierta falta de sobriedad en su actuar público, habrán de alimentar apreciaciones negativas de otros.

Ya en los años 50, cuando Perón visitó Chile, hubo polémicas e incidentes relacionados con su figura, como el desafuero de la senadora María de la Cruz y las sospechas de influencias peronistas en sectores del "ibañismo". Se recuerda menos, sin embargo, que en aquel viaje Perón e Ibáñez suscribieron un tratado de integración económica que, aunque nunca se aplicó, era visionario. Precedió en quince años al Pacto Andino, en veinticinco al Mercosur, en casi medio siglo a los acuerdos comerciales bilaterales que hoy causan tanto beneplácito.

En la propia Argentina debieron pasar muchos años antes que Perón recibiera, como ha ocurrido, el reconocimiento de casi todos los sectores políticos como una de las grandes figuras de la historia de su país. Efectivamente, Perón -y su esposa, Eva Duarte- generaron en Argentina un proceso social revolucionario de extraordinaria magnitud que, complementado con el aporte cultural de los inmigrantes, ha dotado a Argentina y a su pueblo de formas de convivencia, conductas sociales e individuales y estilos de relación entre clases sociales, que lo hacen un país con una extendida cultura cívica. Perón y Evita levantaron también la conciencia del argentino respecto a las formas imperialistas de relación entre naciones.

La derecha clásica argentina no perdona a Perón y al peronismo el incendio del Jockey Club, el despliegue insolente de los "descamisados" por los barrios ricos. El radicalismo, los socialistas y los comunistas consideraron a Perón como un resabio del fascismo. Era la segunda mitad de los cuarenta, recién terminada la Guerra Mundial. Todos se coaligaron para enfrentar a Perón, con el apoyo abierto del Embajador de Estados Unidos. Unos veían amenazados sus intereses económicos, otros el destino democrático de la Argentina. Perón, sin embargo, nunca fue un dictador. Triunfó siempre en elecciones democráticas y, si bien ejerció el poder con exagerada autoridad, jamás rompió las normas institucionales básicas.

El peronismo es el movimiento político más complejo de América Latina, como lo prueba la infinidad de estudios académicos realizados en el mundo entero destinados a analizarlo. Su fuerza social y cultural ha sido tan grande que sus enemigos principales -las dictaduras militares argentinas- lo proscribieron por largo tiempo e intentaron exterminar físicamente a sus sectores más de izquierda.

Reestablecida la democracia, el peronismo con Perón, brevemente hasta su muerte, y luego sin Perón, hasta hoy, se ha constituido en un heterogéneo movimiento de fuerte raigambre social, asociado en todas sus variantes a la identidad popular argentina, que por sí solo es capaz de ofrecer diversas opciones a la ciudadanía. Desde el ex Presidente Menem, de orientación claramente liberal, pasando por importantes sectores demócrata cristianos, hasta el Presidente Kirchner, con definiciones de centro izquierda.

Ni los argentinos, menos aún los chilenos, han terminado de comprender cabalmente el desarrollo y complejidades del peronismo, esa fuerza encarnada por sesenta años en la conciencia del pueblo argentino. Es no sólo posible, sino también inevitable, la existencia de visiones diversas. Aquella que expresó Ignacio Walker en mayo pasado es una de ellas. Cada uno de nosotros, cuando actúa como simple ciudadano, es libre de expresar lo que quiera. Es de lamentar, sin embargo, que su autor, un hombre culto y de reconocida carrera política y académica, deba ahora encabezar la Cancillería chilena, una de cuyas tareas primordiales es manejar las relaciones con Argentina y su gobierno.

Deseo sinceramente que este episodio no siga dando ocasión para descalificaciones. No las creo necesarias, pero probablemente serán inevitables algunos arrestos de nacionalismo pobre y vacío. Frente a ellos es indispensable no dejarse atemorizar y reproponer un nuevo espíritu latinoamericanista que defienda aquella identidad que compartimos, no mire a naciones hermanas como adversarios y se reconozca en la herencia de Bolívar, O'Higgins y San Martín.


CHILE: NUEVO CANCILLER Y VIEJA POLÍTICA

<hr><h2><u>CHILE: NUEVO CANCILLER Y VIEJA POLÍTICA</h2></u>

Por Pedro Godoy – Centro de Estudios Chilenos

“El Mercurio” –prestigioso rotativo- lo aplaude. No podía ser de otro modo porque es un colaborador frecuente y pertenece a “la gente linda”, es decir, a nuestros pitucos, futres, palogruesos, es decir, a las elegantes familias de la clase alta. De inmediato se recordaron sus antepasados. El apellido paterno lo ostenta un diplomático que opera en la Guerra del Pacífico y luego es tenaz opositor al Presidente Balmaceda. El apellido materno corresponde a José Joaquín Prieto. Este mandatario, en contubernio con Portales, impulsa otra reyerta fratricida: la Guerra contra la Confederación Perú-Boliviana. Son abolengos netamente antisuramericanos.

El flamante canciller ha publicado notas de prensa contra Perón y Kirchner, contra Argentina y su presunta vocación corporativista y militarista... No me sorprende. Esa gente adoctrina, a nuestra población, en el antiperuanismo, el antibolivianismo y el antiargentinismo. Son docentes eficaces porque ocupan posiciones clave en los medios, la política y la academia. Además disponen de ese carisma propio de quienes mandan. Desde la izquierda no existe, en un siglo, una política destinada a desenmascararlos proponiendo visiones alternativas. El ABC impulsado por la Casa Rosada en 1953... encuentra oposición de unos y otros.

El canciller designado por el “socialista” Presidente Lagos integra la plana mayor del PDC. Esta tienda mesocrática dispone de jefatura oligárquica. Eso no es extraño. Incluso el PS, el PPD y en su momento la IC, el MAPU y el MIR tuvieron cuadros directivos provenientes de ese estrato. Ocurre que, por factores de prestigio, están en los diversos grupos y los mismos “patipelados” y “mediopelos” les facilitan la opción de ocupar jefaturas y con satisfacción se inclinan ante los bisnietos de los encomenderos. La “facha” y los apellidos abren puertas en nuestra premoderna república. La Cancillería está monopolizada por esa casta omnipresente e hiperinfluyente.

El canciller Ignacio Walker Prieto es un exalumno de esa escuela aislacionista y proimperialista. La actualiza, en los 50, Alejandro Magnet. Es un hijo de inmigrantes y no oligarca que, en el sobaco de la Falange Nacional, publica “Nuestros vecinos justicialistas” y “Nuestros vecinos argentinos”. La meta: hundir el ABC y denunciar a Perón como un nuevo Hitler en el Cono Sur. Tras suyo –no cabe duda- estaba la CIA, la clase alta de aquí y de allá y el Comité Antiperonista que operaba en Montevideo. Ese es uno de los maestro del nuevo titular de las RREE de Chile. No se extrañen, pues la Alvear empuja el TLC con EEUU en reemplazo del MERCOSUR.


PROYECTO NACIONAL Y DEUDA EXTERNA

<hr><h2><u>PROYECTO NACIONAL Y DEUDA EXTERNA</h2></u>

Entrevista al Dr. Alfredo Calcagno (*)



Como funcionario público, desempeñó el cargo de Secretario General del Consejo General de Inversiones durante la gobernación bonaerense de Oscar Alende y trabajó 20 años como economista en las Naciones Unidas en Santiago de Chile y Ginebra.

- ¿Con qué corriente económica se identifica?

- Soy bastante heterodoxo. Trabajé en la CEPAL (Comisión Económica para América Latina y el Caribe) muchos años y en UNCTAD (Conferencia de Naciones Unidas para el Comercio y el Desarrollo). No estoy metido en ninguna de las corrientes, sino que desarrollo un pensamiento crítico. Si bien no estoy con ninguna en particular, sí estoy contra una en particular: la neoliberal.

- ¿Por qué cree Usted que ésta corriente neoliberal domina el mundo?

- Porque es la que impulsa los Estados Unidos. Es la primera potencia mundial y tiene los medios de comunicación a su favor, tiene el ámbito académico. Es decir, tiene una tremenda fuerza. Se impone a los gobiernos a través de las políticas que le recomienda el FMI (Fondo Monetario Internacional) y el Banco Mundial.

- El saldo argentino entre las exportaciones y las importaciones es cada vez más negativo, ¿por qué?

- La Argentina aceptó los dictámenes del FMI entre los cuales estaba la apertura económica. Al haber apertura económica, muchísimas industrias tuvieron que cerrar porque no podían competir con las de Asia del sudeste y otras. Por lo tanto, hubo que importar los productos que ésas empresas dejaron de producir para el consumo interno.

- Pero éste saldo del comercio exterior no es un buen dato para el FMI…

- El FMI es la ambulancia que pasa a recoger los muertos y heridos que deja la política económica que hacen ellos. Un país puede costear sus importaciones por las exportaciones que haga o por endeudamiento. Al tener un balance negativo, quiere decir que el país cada vez se endeuda más. Otra cosa es utilizar el endeudamiento para industrializar el país. Un ejemplo claro es la deuda externa de los años '70. Nada de esa deuda se usó para el sistema productivo. En esa época, Brasil también contrajo una gran deuda externa pero la usó para industrializarse. La cuestión no es si hay que endeudarse o no, todo depende de cómo y para qué. Aquí se usó para financiar la evasión de capitales.

- ¿Por que cree que no se debate sobre que Proyecto Nacional que nos merecemos cuando todo parece indicar que nuestros padecimientos son las consecuencia directa de la falta de uno?

- Lamentablemente se eluden las discusiones de fondo: cuál es el proyecto de país deseable, mediante qué mecanismos podría lograrse y qué beneficios y cargas obtendrá o soportará cada grupo social. En cambio, presentan como objetivos: el equilibrio fiscal, el superávit de la balanza de pagos y la apertura comercial y financiera externas. Así, los instrumentos adquieren categoría de objetivos, y se escamotean los verdaderos objetivos. Este empobrecimiento conceptual permite afirmar que la política económica aplicada es la única posible.

- ¿Cómo debería producirse un cambio en el rumbo económico?

- Para hacer un cambio, primero debe haber consenso social, después debe haber voluntad política, luego reestructurar el Estado y desde ahí hacer los cambios. Lo que pasa es que cuando una fuerza política ve la posibilidad de acceder al gobierno, parte del supuesto de que tiene que respetar las relaciones existentes, entonces adopta el mismo modelo. Para entender este proceso, es muy útil una frase de Maurice Godelier: "Para mantener una dominación, tanto o más
importante que la violencia ejercida por los dominadores ha sido el consentimiento de los dominados".

- Los datos macroeconómicos, entre ellos el índice de crecimiento, son aceptables ¿Por qué éstos datos no se reflejan en el bienestar de la gente común?

- El problema no es crecer, sino cómo crecer. El tema es cómo se distribuye, como está la industria nacional, si el país fabrica lo que necesita. Un buen índice de producto no significa que hay bienestar general, no es lo único que hay que analizar. En lugar de darle 800.000 dólares por día a Ferrocarriles Metropolitanos, por ejemplo, ese dinero podría usarse de otra manera. Podría generarse más empleo si en vez de pagar subsidios o intereses, ese dinero se distribuyera mejor.

- ¿Quién fue -a su criterio- el mejor ministro de Economía que tuvo el país?

- Para saber si alguien es un buen ministro de Economía hay que conocer dos cosas: qué intereses defiende y si esto lo hace bien o mal. El gobierno es el
que decide a quiénes se va a favorecer con la política económica que implementa. Para mí, la primera presidencia de Perón, y las de Arturo Frondizi y Humberto Illia fueron las gestiones que más favorecieron al país. Todo dentro de un contexto político y social que lo permitió.

(Un dato para destacar: todos los dichos y cifras citadas por el doctor Calcagno están efectivamente documentados. Lleva escritos 14 libros. Entre ellos: "El Universo neoliberal", conjuntamente con uno de sus hijos, y "La perversa deuda externa". Sobre éste último tema, y café de por medio, se habló al final de la entrevista.)

- ¿Qué monto debe la Argentina hoy en concepto de deuda externa?

- Según datos oficiales, la Argentina debe -más o menos- 180.000 millones de dólares entre deuda externa pública y privada. Por año, debe pagar -aproximadamente- 16.000 millones de dólares entre capital e intereses, pero se endeuda anualmente para poder cumplir estas obligaciones.

- Para poder tomar dimensión de ésa cifra, ¿a qué equivalen 16.000 millones de dólares?

- Es el valor de casi una cuarta parte del valor de la pampa húmeda. Eso es lo que debe pagar nuestro país por año de deuda externa.

- ¿Es posible pagarla o renegociarla?

- No hay voluntad política para renegociar la deuda, que tal como está es impagable. Se podría saldar por una negociación o por actos unilaterales. Pero no puede ser una reacción aislada ni temeraria. Debe ser parte de una política integral de gobierno y del plan económico vigente. Además, lógicamente, debe haber divisas para recomprar los bonos que son ahora de los acreedores. Nadie quiere que se pague porque el negocio es el pago de los intereses. Los acreedores no quieren un país serio, quieren que se paguen los intereses.

- ¿A qué se le llama "deuda vieja"?

- Es una estrategia de largo plazo del conglomerado dominante a escala mundial, constituido por la banca transnacional, un puñado de empresas transnacionales, el gobierno de los Estados Unidos, el FMI y el Banco Mundial. Abarca el período de entrada de capitales del '76 al '82 y de salida del '83 al '90.

- ¿Cómo se produjo esa deuda inicial?

- Con la primera crisis del petróleo, la banca internacional recibió una avalancha de petrodólares que los países desarrollados no podían absorber por su propia crisis. Los prestaron entonces a los países subdesarrollados y obtuvieron enormes ganancias, aunque el reintegro del capital fuera cada vez más improbable.

- ¿Para qué usó nuestro país ese dinero?

- Para financiar la evasión de capitales de agentes privados, nacionales y extranjeros (44%), pagar intereses a la banca extranjera (33%) y un conjunto de importaciones no registradas (23%). Brasil lo utilizó para convertirse en una potencia industrial, Colombia para financiar grandes obras públicas de infraestructura y México para construir sus instalaciones petroleras.

- Usted mencionó una "deuda vieja". ¿Es que hay una "deuda nueva"?

- La "deuda nueva" la tenemos con los ingresos de capitales desde 1991, que tienen agentes y finalidades diferentes No obstante, ambas coexisten. Los principales agentes económicos fueron los inversores institucionales (fondos de pensiones, compañías de seguros, etc.). El objetivo principal fue lucrar con las altísimas tasas de interés.

- ¿Y qué pasó del '80 al '90?

- Se produjo un aumento exorbitante de la tasa de interés, la cesación de pagos de México de l982, la necesidad de renegociar de los países deudores, el condicionamiento de su política económica en función de los intereses del conglomerado dominante, la estatización de la deuda privada y el cobro de parte importante de la deuda con activos físicos; lo que provocó la privatización de una gran parte de las empresas públicas.

- ¿Trajo alguna consecuencia para la Argentina la crisis mexicana del ´94?

- Sí, fue grave. Cayeron el empleo, el producto, la inversión, el consumo y las importaciones; junto con el aumento de las exportaciones y el mantenimiento de la estabilidad de precios y del tipo de cambio.
- El término globalización, ¿es un eufemismo por el antiguo mote de imperialismo?

- Si, pero hay que distinguir entre globalización en las comunicaciones, de lo cultural y lo financiero. Puede haber una globalización bien utilizada. La globalización financiera mueve en el mundo 1.300 trillones de dólares por día. Eso es una timba, no hay bienes que puedan representar esos valores.

- El presidente Menem y el ex ministro Cavallo se adjudican la paternidad de éste modelo económico. ¿Quién es "el padre de la criatura"?

- El establishment nacional, la banca transnacional, el FMI y otros, son los padres de esta política económica que no tiene estos efectos porque ellos son malos. El objetivo es el de ganar dinero, es un negocio. Y si el gobierno de esos países paga, mejor. No valen ni rigen las leyes morales sino las del mercado.

Entrevistó Omar Eduardo Penna para EL ETERNAUTA IS BACK

(*) Alfredo Eric Calcagno es abogado egresado de la Universidad de La Plata, doctor en Derecho y Ciencias Sociales de la UBA y completó el tercer ciclo en la Escuela de Ciencias Políticas de la Universidad de París, Francia


ARISTÓTELES ESPAÑA: EL POETA DE DAWSON

<h2><hr><u>ARISTÓTELES ESPAÑA: EL POETA DE DAWSON</h2></u>

Por Alejandro Lavquen

Fuente www.puntofinal.cl

Nacido en Castro, Aristóteles España es licenciado en derechos humanos en el Instituto Argentino por los Derechos del Hombre, y tiene estudios en comunicaciones y guión cinematográfico. Ha publicado entre otros libros Incendio en el silencio (1978), Equilibrios e incomunicaciones (1980), Dawson (1985), Contra la corriente (1989), El sur de la memoria (1992), Poesía chilena: la generación NN (Antología, 1993), Los pájaros de post-guerra (1995), Tardes extranjeras y otros poemas (1998) y Materia de eliminación (1998). En 1983 obtuvo el Premio Gabriela Mistral de la Municipalidad de Santiago; en 1985, el premio especial Rubén Darío por el libro Dawson, del Ministerio de Cultura de Nicaragua y en 1998, el Premio Alerce de la Sociedad de Escritores de Chile y el Consejo Nacional del Libro por Materia de eliminación. Trabaja en la Fundación Educacional de Chuquicamata, en el Departamento de Extensión y Comunicaciones y dirige talleres de literatura en la Universidad Arturo Prat. Aristóteles España fue quizá el prisionero político más joven en Isla Dawson, Punto Final conversó con él de este y otros temas.

Usted fue uno de los prisioneros políticos más jóvenes de Isla Dawson. ¿A 30 años del golpe de 1973, cómo recuerda aquel suceso?

-“Con mucho dolor aún. Fui detenido por la Fuerza Aérea a los 17 años de edad. Era presidente de la Federación de Estudiantes Secundarios de Magallanes. También dirigente regional de la Juventud Socialista. Me llevaron a la Base Aérea Bahía Catalina y posteriormente a Dawson, con un grupo de cuarenta dirigentes políticos, sociales y juveniles de Punta Arenas. A Francisco Alarcón, dirigente comunista, lo desnudaron y hundían en el Estrecho de Magallanes, en redes de pesca. Al resto, nos tenían convencidos de que nos iban a ‘fondear’. Sentíamos pánico. Además, todos vestíamos ropas livianas y estábamos muertos de hambre. Fuimos recibidos por el mando naval en la playa, y con infantes de Marina armados hasta los dientes. Se nos comunicó que éramos prisioneros de guerra, que estábamos en Isla Dawson y que seríamos tratados de acuerdo a los convenios de Ginebra. Esa fue la primera gran mentira. No sólo nos torturaron salvajemente sino que, además, practicaron simulacros de fusilamiento con los presos, nos hacían comer comida hirviendo, fuimos sometidos a un régimen de trabajos forzados que consistía en cavar hoyos y zanjas, colocar postes, botar árboles en medio de golpes e insultos. La idea, como me dijo un oficial de la Armada ‘es que pierdan la capacidad de pensar, ustedes deben entender que son sólo números’; en mi caso era el F-13. Recuerdo a Clodomiro Almeyda, Orlando Letelier, Sergio Bitar, Aniceto Rodríguez, y al Dr. Arturo Jirón, quien me cuidó cuando fui sometido a torturas y me envió al hospital naval de Punta Arenas, junto a José Tohá y Orlando Letelier. Otros dawsonianos con quienes tengo historia fueron Sergio Urrutia, Osvaldo Puccio (hijo), Sergio Cárdenas, Fulvio Molteni, Manuel Reyes, Antonio González Yacksic, con quienes conversábamos cosas de este mundo y del otro. Historia aparte fue nuestro traslado al campo de concentración de Río Chico, una réplica en miniatura de un campo nazi. No lo podíamos creer. Nunca pensé que eso iba a suceder en Chile. A treinta años de esos sucesos pienso que nuestro país estaba enfermo del alma. Yo era un adolescente que adhirió a la causa de los desposeídos y por eso me castigaban”.

¿De qué manera influyó la prisión en su poesía?

- “Me enseñó a entender el mundo desde otra perspectiva, aparte de la ideológica. Aprendí que el poder total distorsiona a los seres humanos y su visión se vuelve reduccionista, excluyente, y que los dictadores se creen enviados de Dios, de cualquier signo sea la dictadura y cualquiera sean sus dioses. La poesía me enseñó a ser libre y a creer en la diversidad. Escribir poesía en un campo de concentración como Dawson fue escribir un canto de amor en medio de la muerte. La prisión influyó en mi poesía para darle un carácter más cósmico. Mi libro Dawson es un texto que se inscribe en el género testimonial, pero al releerlo me di cuenta que está vigente porque logró atrapar el tiempo, y a una remota isla en el paralelo 53 sur de este mundo”.

Su generación fue importante en el sentido de representar la resistencia contra la tiranía desde la palabra escrita. ¿Es la poesía (al decir de Gabriel Celaya) un arma cargada de futuro?

-“La poesía es poderosa en el sentido de representar los vientos de la historia y de no sucumbir ante los cantos de sirena del poder de turno. En ese sentido, adquiere mayor fuerza en su expresión creadora durante los períodos de dictadura, sean de Izquierda o derecha. Mi generación, junto con salir a las calles a luchar contra el tirano, mantuvo una actitud ética y de responsabilidad frente a la palabra escrita. Además, siempre estuvimos cerca de los escritores que se habían quedado en Chile, como Jorge Teillier, Enrique Lihn, Nicanor Parra, Miguel Arteche. Estuvimos cuando regresó Gonzalo Rojas, nos acercamos a Manuel Silva Acevedo, Jaime Quezada, Floridor Pérez, Stella Díaz Varín, Cecilia Casanova, Edmundo Herrera, Rolando Cárdenas, Miguel Morales Fuentes. Y muchos otros. Contribuimos a organizar concursos, revistas como La Gota Pura, cuyo creador fue Ramón Díaz Eterovic y La Castaña, de Jorge Montealegre”.

¿Es tan NN su generación, como generalmente se la califica?

- “Fuimos NN en el sentido de la marginalidad casi total, sin apoyo del mundo académico ni de becas ni trabajos públicos. Muchos fuimos dirigentes clandestinos de las juventudes opositoras a la dictadura. Habíamos estado en las cárceles siendo muy jóvenes, como Raúl Zurita, Jorge Montealegre, Mauricio Redolés, Heddy Navarro, Bruno Serrano. Nuestros refugios muchas veces eran la Biblioteca Nacional y los bares. Eso sí, creo que hicimos un aporte a la literatura escribiendo desde el miedo, desde el terror con textos que quedarán en la memoria histórica”.

Usted participó en la Unión de Escritores Jóvenes, de la Sech. ¿Cómo recuerda esa experiencia?

- “Nosotros fuimos la continuidad de esa experiencia que desarrolló en 1976 Ricardo Wilson (¿qué será de él?). Nos denominamos Colectivo de Escritores Jóvenes. Los dirigentes fueron Carmen Berenguer, Diego Muñoz, Ramón Díaz Eterovic, Jorge Montealegre y el suscrito. Me tocó presidir este Colectivo en 1985. Un año antes, organizamos el Primer Encuentro de Escritores Jóvenes de Chile, en la Sech. Allí, por primera vez y ya con un movimiento político, social y estudiantil más o menos desarrollado, se muestra a una generación de creadores que venía desarrollando una enorme labor en las regiones. A este evento llegaron delegaciones de todo Chile. No sé cómo lo hicimos, pero había un ambiente bastante ideologizado, fruto de nuestras experiencias; los temas programáticos tenían que ver con nuestro desarrollo escritural y como telón de fondo, el retorno a la democracia. Los temas estéticos no fueron relevantes. Una época dura, sin duda”.

¿Cómo ve hoy a esa generación de escritores? ¿Cuál diría que es su mayor aporte en el Chile de hoy, literaria y políticamente hablando?

-“Es -somos- una generación audaz y sin miedo que hoy está disgregada, pero que mantiene siempre una preocupación por lo social y por la difusión editorial, y un respeto absoluto por la palabra. Pía Barros es un ejemplo, dirige talleres, editoriales alternativas, su escritura es de gran calidad. Ya vendrá la hora del análisis, de los recuentos. Aparecimos casi cerca de los treinta años en el mundo editorial y todo el mundo nos mira con desconfianza. Los muy jóvenes dicen que fuimos más comprometidos con lo político que con lo poético, y los viejos nos miran con sospecha. Fuimos dignos de la historia literaria del país; continuamos lo que décadas atrás realizó la generación del 38 en el ámbito político. Pero fuimos cómplices con la generación del 50, con Teillier, Lihn, Martín Cerda, y amigos de los creadores de Tebaida y Trilce. Los contenidos de nuestras propuestas no te los podría decir, porque estamos en la mejor etapa en lo creativo. Y en lo político, somos diversos, y eso se nota en el gobierno del presidente Lagos”.

Respecto a los derechos humanos, ¿cree que en Chile habrá verdad y justicia de manera real?

- “En Chile nunca va a existir justicia de manera real, eso lo tengo claro. El país está demasiado polarizado y los bandos en pugna no ceden en sus posiciones, de tal forma que tendrán que desaparecer los protagonistas para aquietar las pasiones. Pero en los círculos intelectuales y culturales la pugna va a seguir por mucho tiempo. Acá hay que tener claro que esa generación se equivocó. La Izquierda y la derecha. Pero hoy hablan ambos sectores como héroes. El absurdo
total”.

En cuanto a su trabajo, ¿prepara algún libro?

- “Terminé la novela Chayanco que narra historias de la visita de Charles Darwin a Chiloé. Tengo varios libros de poesía inéditos. Mi vida ha sido y será siempre la poesía”.

Finalmente, ¿cómo recordará estos treinta años en lo personal?

- “En paz conmigo mismo. Y a los torturadores que conozco les deseo lo mismo, pero no sé si podrán dormir. El 11 de septiembre en la mañana, donde quiera que esté, voy a escribir un poema de amor”


ARTIGAS Y EL MERCOSUR

<hr><h2><u>ARTIGAS Y EL MERCOSUR</h2></u>

Por José Steinsleger – La Jornada

A bordo de un tren obsequiado por la reina Victoria, el general Julio A. Roca emprendió su último recorrido por la pampa (1879). La importación masiva del fusil Remington, con alcance de mil metros, había ejecutado el milagro. En la pampa ya no quedaban indios alzados. El "progreso" se repartió sus territorios. Desparramadas por la inmensa geografía, las líneas férreas dibujaron la nueva cartografía nacional. Los trenes, extensión terrestre de la flota naval inglesa, llegaban y partían del puerto de Buenos Aires, transportando cifras récord de carne, trigo y cereales. El mapa del ferrocarril aisló a las Provincias Unidas de América del Sur. La región fue balcanizada.

Convertida en carnicería y panadería de Su Majestad británica, la Argentina se abrió a la "civilización". Y Buenos Aires fue sinónimo de Argentina. Los gobiernos de Roca (1880-86 y 1898-1904) plasmaron las iniciativas de Inglaterra: el "protectorado inglés" de Carlos María de Alvear (1815); el enclave de Bernardino Rivadavia, agente financiero del Baring Brothers (1821); la "República del Río de la Plata" soñada por Bartolomé Mitre (1852) y el exterminio del Paraguay, pionero del industrialismo, durante la primera guerra imperialista moderna financiada por el Banco de Londres (1865-70).

Los historiadores y sociólogos criollos, que en Harvard, Princeton y Yale cursan sus doctorados leyendo Time y Selecciones del Reader's Digest, preguntan: ¿por qué Argentina y Uruguay no fueron potencias económicas como Australia y Nueva Zelanda, de economía y población similar? ¿Motivos de "idiosincrasia"? ¿Fascinación por los caudillos de ibérica impronta? ¿Problemas de "sicología social", como acaba de insinuarlo el economista Tomás Raichman?

Toda opinión de "los que saben" será bienvenida con tal de ignorar que las oligarquías del Río de la Plata no surgieron de burguesías nacionales como las que realizaron las grandes revoluciones de Gran Bretaña, Francia y Estados Unidos. Se trata de negar el imperialismo, ese invento del marxismo, difundiendo clichés que justifiquen el dinámico proceso académico de mentalización neocolonial.

Los genios se niegan a entender que oligarquías como la rioplatense, fanáticamente conservadoras, practicaron un liberalismo económico intransigente para quedarse con las rentas de los puertos y aduanas, empobreciendo a los pueblos "del interior". Tal es el meollo de las actuales presiones del FMI sobre el gobierno argentino: la reformulación de su relación económica con las provincias, abandonándolas a su suerte. El Estado-nación ha muerto. ¿Okey?

Artigas dijo: "La independencia que propugnamos para los pueblos no es una independencia nacional; por consecuencia ella no debe conducirnos a separar a ningún pueblo de la gran masa que debe ser la Patria Americana, ni a mezclar diferencia alguna en los intereses generales de la revolución" (artículo cuarto del proyecto presentado al gobierno de Buenos Aires, abril de 1814). Obviamente, el ideal artiguista fue el primero en ser aniquilado.

Sin embargo, una mirada al mapa del Protectorado de Artigas (1813-1820) muestra como un todo los territorios de Uruguay, el estado brasileño de Rio Grande do Sul y las provincias argentinas de Entre Ríos, Corrientes, Santa Fe y Córdoba. ¿Qué otra cosa dibuja el mapa del Mercosur, torpedeado por el Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA)? Las exigencias del FMI son claras: ocúpense de la ciudad de Buenos Aires, tan culta, liberal y elegante, con su prosperidad excluyente. Obsesión renovada que consentiría, cuando mucho, en aceptar un nacionalismo oligárquico, que a punto de cumplir 200 años sigue mostrándose hostil a los factores integradores que vislumbró José Artigas (1764-1850) durante las guerras de la independencia.

Estados Unidos exige un continente a su medida. Por el norte, el Plan Puebla-Panamá. Por el sur, el Plan Colombia, que generosamente incluye Patagonia y Amazonia. Si estos planes se imponen, serán pecado mortal y motivo de invasión militar las iniciativas proteccionistas destinadas a frenar el consumo de alimentos transgénicos o la difusión del filme número 13 mil 457 de Arnold Schwarzenegger, salvador del "mundo libre".

Hay que ser "modernos" y adoptar el dólar, pues Estados Unidos, pobrecito, no puede cambiar pesos mexicanos o argentinos en China, ni bolívares o quetzales en Chechenia y Malasia. Que ningún Estado imponga tributo a quienes han tenido ganancias exorbitantes con su comercio, sus seguros y sus intereses. Y que la democracia sea dirigida por los discípulos de Alejandro Vegh Villegas, aquel ministro de Economía del gobierno uruguayo de Juan María Bordaberry (1971-76), quien dijo: "No, señores... No soy pro-yanqui. Simplemente, soy yanqui".

De Seattle a Génova, de Porto Alegre a Monterrey, el espíritu integracionista y modernizador de Artigas coincide con el clamor de la globalización incluyente. Ante el ALCA, umbral de la anexión de nuestros países al Imperio neoesclavizador, el nacionalismo unificador artiguista resulta, sin duda, estremecedoramente vigente.


JORGE ABELARDO RAMOS (II)

<hr><h2><u>JORGE ABELARDO RAMOS (II)</h2></u>

UN PIONERO REBELDE, INFLUYENTE Y VISIONARIO



Por Ernesto Laclau (*)

Publicado en diario Clarín de Buenos Aires, Suplemento “Ñ”, edición del sábado 25 de septiembre de 2004.

A diez años de la muerte de Jorge Abelardo Ramos, es tiempo de evocar la significación de su obra. Puntualizo dos aspectos de su reflexión. El primero se vincula a la trayectoria del socialismo internacional en el siglo XX; el segundo al modo en que Ramos reflejó esa trayectoria en su interpretación de los procesos políticos argentinos.

El marco teórico-político de referencia de Ramos es la tradición leninista y hay un aspecto de esa tradición que fue para él decisivo: la consideración de los fenómenos del desarrollo desigual y combinado y el modo en que ella se reflejó en la crítica al socialismo "etapista" de la Segunda Internacional. De acuerdo a este último, el epicentro de la transformación político-social en los países en vías de desarrollo era la revolución democrático-burguesa contra el feudalismo y sus versiones adláteres. En la Argentina, el socialismo de Juan B. Justo era la expresión acabada de esta visión evolucionista. El leninismo había roto con esta visión gradualista. ¿Qué ocurría si la burguesía era demasiado débil para llevar a cabo su propia revolución democrática? La idea trotskysta de una "revolución permanente" era la expresión más acabada de esta lectura: la revolución democrática debía iniciarse bajo banderas burguesas, pero sólo podía consolidarse bajo un liderazgo socialista.

Este fue el punto de partida de Ramos, que lo llevó a una relectura profundamente original del proceso político argentino. El liberalismo político, lejos de ser en la Argentina la expresión de una burguesía en proceso de ruptura con el Antiguo Régimen, era la forma política de la dominación oligárquica. Frente a él, las formas de la revolución democrática tenían que ser necesariamente anómalas respecto a los esquemas clásicos: ellas se expresaban a través del nacionalismo militar aliado, en el caso argentino, a la fuerza de los sindicatos. Todo esto hoy es moneda corriente en la interpretación histórica, pero es preciso volver a los 40, para advertir la originalidad de la intervención teórica de Ramos y el coraje político para nadar contra la corriente y dar apoyo crítico al peronismo. El equilibrio teórico que intentaba se componía de una interpretación del peronismo como revolución democrática y de la afirmación de la perspectiva socialista en de la revolución nacional.

Toda esta perspectiva nueva de la naturaleza de los políticos y de la significación de sus ideologías se tradujo en una visión global de la historia argentina que puso en cuestión los fundamentos interpretativos del liberalismo mitrista. Nuevamente, hoy día muchas de las tesis de Ramos han pasado a ser generalmente aceptadas, pero es necesario remontarse en el tiempo para ver la originalidad profunda que este enfoque implicaba en su formulación originaria. No es exagerado afirmar que "Revolución y Contrarrevolución en la Argentina" fue el libro político más influyente de mi generación.

Yo colaboré políticamente con Ramos durante cinco años. Después tuve mis disidencias y en 1968 dejé el partido que él había fundado. Estos desacuerdos se vinculaban, al momento de mi ruptura, con la viabilidad de un partido separado del peronismo y, más en general, con la universalidad que Ramos atribuía a la formación del partido como modo de mediación política, pero después de mi partida los desacuerdos hubieran sido más profundos (yo no hubiera apoyado su acercamiento al menemismo). Pocos meses antes de su muerte me envió a Londres uno de sus libros, con una dedicatoria sumamente afectuosa. Habíamos quedado en encontrarnos, pero poco antes de mi viaje a Buenos Aires él falleció. Nos queda, en todo caso, el recuerdo de un hombre admirable, cuyo nombre está indeleblemente inscripto en la historia de la izquierda argentina.

(*) Politólogo