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MIRANDO AL SUR - augusto alvarado


SE REMATA LINDO PAÍS

<H1><HR><U>SE REMATA LINDO PAÍS</h1></u>

Por Pedro Lemebel
Clarinet - 23-12-2005
 

Demasiado barato quiere comprar este paisito, don Piñi; usted que va por la vida tasando y preguntando cuánto vale todo. Y de un guaracazo se compra medio Chiloé, con botes y palafitos incluidos. Con cerros, bosques y ríos, hasta que se pierde la mirada en la distancia, le pertenece a usted.
 

¿Cómo puede haber gente dueña de tanto horizonte? ¿Cómo puede haber gente tan enguatada de paisaje? Me parece obscena esa glotonería de tanto tener. Me causa asombro que, más encima, quiera dirigirnos la vida desde La Moneda.
Muy barata quiere rematar esta patria, don Piñi, y sólo con un discurso liviano de boy scout buena onda. Pura buena onda ofrece usted, don Piñi boy, como si estuviera conquistando al populacho con maní y papas fritas. Nada más, el resto pura plata; empachado de money, quiere pasar a la posteridad sólo por eso. Porque cuando cita mal a Neruda se nota que a usted le dio sólo para los números y no para la letra.
 

Es decir, usted es puro número y cálculo, señor Piñi, poca reflexión. Poco verbo, poca idea, aunque esa es la única palabra que usa entre sus contadas palabras efectistas. Buena onda y futurismo. Las heridas se parchan con dólares. La memoria queda atrás como una tétrica película que olvidar.
 

Sin vacilar marchar, que el futuro es nuestro (parece himno de la juventud nazi). Así arenga usted a este pueblo embelesado con los adelantos urbanos hechos por la Concertación. Nadie sabe para quién trabaja, y usted la encontró lista.
O sea, usted se pasa de listo, don Piñi. Quiere hacernos creer que siempre fue demócrata, pero lo recordamos clarito sobándole el lomo a la dictadura, haciéndole campaña a Büchi, amigote de la misma patota facha que le anima la campaña. Los peores, la gorilada del terror.

Parece que este suelo nunca aprendió la lección, ni siquiera a golpes, y con facilidad se traga el sermón de la derecha pinochetista, ahora remasterizada con piel de oveja neoliberal. Pero son los mismos de entonces, soberbiamente gozando los privilegios de la democracia que conseguimos nosotros, y sólo nosotros, porque también yo dudo que en el plebiscito votara que no simpatizando por la derecha.

Mire usted qué fácil le resultaba tratar de transformar el Mapocho en un Sena con sauces. Puro arribismo, intentar domesticar con terracitas y botecitos parisinos a nuestro roto Mapocho, quizás lo único rebelde que le va quedando a esta ciudad. Qué delirio, míster Piñi, ¿por qué no se va a Europa si cacha que nunca va a poder blanquear la porfiada cochambre india de nuestra raza? Quizás todo el país se acuerda de usted formando parte de la nata panzona del derechismo empresarial. Por entonces, en aquella época de terror, quien hacía fortuna de alguna manera era a costa de las garantías de la represión. Usted llenaba sus arcas, don Piñi, y nosotros sudábamos la gota gorda, o la gota de sangre. Fíjese que no se nos ha olvidado, y nunca se nos olvidará, aunque a usted le reviente que el pasado aflore cuando menos se lo espera. A usted ni a sus yuntas de pacto les conviene el pasado, por eso miran turnios y amnésicos al futuro.
 

Su discurso Disneyworld, míster Piñi, no resiste análisis, y sólo el arribismo miamista de algunos chilenos le compra su receta de vida fácil, su filosofía banal de texano paticorto. Usted me recuerda a Bush, a Menem, Piñito. Es la nueva derecha titiritesca y farandulona. Puro show, pura foto tecnicolor de mundo feliz con sus sombreros republicanos en el Crown Plaza. Pero le falta la cultura a su centroderecha inmediatista. No hay peso intelectual en su carnavaleo de propaganda. Nada más que modelos tetudas y parientes de hippysmo revenido. Demasiado barato quiere rematar este país, Piñito. Ni siquiera basta con su cátedra fantasma en las aulas de Harvard. Tampoco, usar de propaganda la limosna que puso por mi amiga Gladys en sus últimos momentos; eso es muy feo, y de mal gusto. Sobre todo para usted que es tan humanista cristiano. Porque usted es pillo, Piñín. Quiere sacar adherentes de todos lados, como si este país fuera sombrero de mago. Lástima que la oferta de su vanidosa feria de variedades huele a ventaja populista. Nada más, don Piñi; el resto, esperar con cueva lo que ocurra en el transpirado enero.

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ELECCIONES PERUANAS

<h1><hr><u>ELECCIONES PERUANAS</h1></u>

EL FACTOR DE LOS HUMALA

Carlos Angulo Rivas

rodelu.net - 6 de enero de 2006

En un terreno generosamente abonado y bien sembrado, de guerra abierta contra el neoliberalismo, la corrupción, la inmoralidad y contra los políticos tradicionales y sus viejas armaduras partidarias, la aparición de un liderazgo ajeno al manejo del sistema político imperante era una necesidad inconfundible. Además el aval a esta tendencia contestataria y antiimperialista no provenía sólo del país (Perú) sino del poder integracionista sudamericano en gestación avanzada (MERCOSUR como bloque de poder regional y rechazo al ALCA en Mar del Plata.) Y una muestra representativa de todo este trabajo de la vanguardia política de izquierda y los gobiernos progresistas de Brasil, Argentina y Venezuela fue el inobjetable triunfo del Frente Amplio de Tabaré Vásquez en Uruguay y hoy en día ha sido la aplastante derrota de la maquinaria oligárquica boliviana con el triunfo de Evo Morales y el significativo alcance de un 53.7% de los votos válidos a su favor (cifra oficial.) Resultado que para unos fue una sorpresa y para otros el fruto de una dinámica evolutiva de las fuerzas anticapitalistas en los propios Estados burgueses que bien podríamos llamar una revolución de los votos o de los procesos electorales avivados por las caídas de varios presidentes constitucionales provocadas por la insurgencia popular participativa.

En este contexto, la recepción a un líder antisistema en el Perú estaba descontada. En octubre pasado, en mi artículo "El cambio está sólo en el campo popular" mencioné: "Existe un bolsón de votos no definidos que son anti-sistema, anti-corrupción e inmoralidad, que aunque pesimistas irán a definir la elección en el tramo final apostando por un cambio viable. Se habla con insistencia de Ollanta Humala, el nacionalista comandante del ejército pasado a retiro, quien para llegar a convertirse en el outsider buscado deberá entender la política con el más amplio criterio consensual y pluralista del campo popular. Si así lo entiende bien podría ser el candidato presidencial en un frente amplio de todas las fuerzas sociales innovadoras." Al respecto, una parte de esta visión se ha cumplido. El candidato Ollanta Humala ha llenado el espacio vacío dejado a disposición de él por una vanguardia de izquierda incapaz de haber creado el líder ideal para los tiempos que sobrevendrían, los de juntar la enorme pluralidad de los representantes independientes de izquierda (expertos, intelectuales, técnicos, cristianos progresistas, ecologistas, etc.) cuyo denominador común es el anticapitalismo y, en consecuencia, el antineoliberalismo unido a la desacertada idea (para los países pobres) de la globalización.

A la fecha Ollanta Humala ha llenado ese vacío electoral del hartazgo con los partidos tradicionales, pero lo ha hecho de una manera tal vez precipitada por la urgencia de su inscripción presidencial ante el Jurado nacional de Elecciones y la falta de reconocimiento oficial a su partido (PNP.) Esta dinámica de atolondrada negociación permitió la invasión de elementos corruptos, ávidos comerciantes de la política. No de otra manera se explica la presencia en la fórmula presidencial de un funcionario dorado del equipo inicial de Pedro Pablo Kuczynski y un abogado nexo con el fujimorismo; esto separadamente de su unidad partidaria con la UPP, cascarón partidario tradicional de sagaces utilitarios. Tal vez esta premura de la inscripción sin partido reconocido lo puede haber llevado a una confusa situación que contrariamente a la ambigüedad lleva como capital político el bolsón de los votos de la confrontación con el sistema o sea del espacio izquierdista que los partidos socialistas y afines no pudieron conquistar. Y hoy a pesar del espaldarazo internacional recibido de parte Evo Morales y Hugo Chávez en Caracas, no sabemos si Ollanta Humala es el candidato ideal buscado, aunque sí por las simpatías que despierta el llamado a derrotar al conjunto de los partidos tradicionales del sistema neoliberal impuesto desde Washington: Unidad Nacional de Lourdes Flores, el APRA del acusado de corrupción y genocidio Alan García y el Frente de Centro del ex presidente provisorio Valentín Paniagua.

Sin embargo, no por una cuestión de simpatías sino de seguridad en torno a la verdadera transformación del país, el requisito indispensable era la conformación de un frente amplio popular como el uruguayo, representativo de las luchas anticapitalistas y contra la vieja clase política anillada en torno al cabecilla inmoral Alejandro Toledo. Y digo era sólo porque sigue siendo aún una posibilidad. Ya que si bien hubo algunas conversaciones alrededor de esta posible alianza de frente amplio popular a ser encabezado por Ollanta Humala, el descalabro sobrevino de una parte por la falta de consistencia ideológica y política de un candidato confundido por la velocidad de los acontecimientos; y de otra por el dogmatismo de los partidos de izquierda de auto-promoverse con la dirigencia en primera instancia y no con el naipe abierto hacia los intelectuales y técnicos del vasto campo popular. Debemos mencionar que Ollanta Humala es un candidato caudillista (cuando la costumbre del caudillismo no ha sido desterrada de América Latina;) y es uno, que de buenas a primeras encontró la mesa servida gracias al trabajo de muchas fuerzas en juego en el ambiente nacional exacerbado por la corriente sudamericana de los golpes de la insurgencia popular producidos, principalmente en Argentina, Ecuador y Bolivia; de los paros nacionales contra la política servil y de hambre de Alejandro Toledo; y también del empuje de la revolución bolivariana de Hugo Chávez secundada por Cuba. Por esas razones justamente, la izquierda partidaria o política dejó pasar la oportunidad de la confluencia abierta a todos los sectores agraviados por el sistema político vigente regido por el espurio estatuto de Alberto Fujimori. Y esta clamorosa falta de dirección y visión política de la izquierda se fundamenta en el perdurable dogmatismo de haber privilegiado a la militancia, como siempre jugando a la posible representación parlamentaria dentro del actual orden gubernativo (mínima en el mejor de los casos) antes que pensar en la viabilidad de ser gobierno de cambio radical, para lo cual es básico y forzoso ir contra el sistema vigente del llamado consenso y el ilusorio Acuerdo de Gobernabilidad (lugar donde esta izquierda tiene la triste presencia de los convidados de piedra).

En esta enorme confusión electoral peruana con la vergonzosa presencia de una veintena de candidaturas presidenciales, una vez más la izquierda partidaria padece no sólo de la falta de unidad sino también de la insolvencia para comunicarse con amplios y diversos sectores de la sociedad. Y en esta dirección como ocurrió en el 2000 y el 2001 los izquierdistas activados han dejado la cancha libre para el advenimiento de otro Alejandro Toledo, el hombre que se subió al coche en marcha de la rotunda oposición al delincuente prófugo Alberto Fujimori, y lo hizo con un discurso emotivo de raigambre popular, aprovechando sus inconfundibles rasgos indígenas, para luego desde el poder servir con la mayor eficiencia a los propósitos de la Casa Blanca. Sin embargo, hay que resaltar que Ollanta Humala posee una formación diferente a la de Toledo y no ha sido incubado en las regias hospitalidades de los organismos internacionales y la Casa Blanca. Y si esto abona en su favor para no ser confundido con otro Toledo, no se puede decir lo mismo de su miedo a la definición cabal y auténtica, porque una cosa es su ideario de la creación de una Segunda República y otra muy distinta su alianza con algunos políticos corruptos de vieja data. Aquí no cabe duda que la creación homérica de Ollanta se debe al esfuerzo de su hermano Antauro, los reservistas y el periódico que bajo el nombre del candidato circuló por más de dos años con ataques virulentos contra el régimen pronorteamericano de Toledo, la clase política corrupta y la costra inmoral de los fujimoristas y los generales corrompidos encumbrados por el asesor y agente de la CIA Vladimiro Montesinos. No obstante, todo aquello ha sido dejado de lado a fin de tomar una distancia con su propia familia y fundamentalmente con la sublevación de Antauro Humala en Andahuaylas que en un momento de desbarajuste gubernativo (enero de 2005) pedía sólo la cabeza de Toledo y la restitución del orden constitucional (Carta de1979) violada y burlada por el ciudadano japonés Alberto Fujimori y sus sucesores, seguidores del estatuto dictatorial que rige hasta nuestros días. Sublevación de Andahuaylas que no apuntaba, como la prensa de la derecha quiere mostrarla, a la imposición dictatorial del etnocacerismo. ("Perú: evasión deliberada") Ollanta Humala sólo reivindica la "quijotada" de Moquegua (levantamiento contra Fujimori en las postrimerías de su huida a Japón) como bien lo ha señalado el presidente Hugo Chávez; y no la de Andahuaylas tal vez por temor a ser tachado de insurgente por una derecha hábil en la demolición de los candidatos populares, lo cual es impropio en tanto y en cuanto en la lucha política existen ejemplos de sublevaciones lícitas, de llamadas de atención a la podrida clase gobernante, como por ejemplo la del propio Hugo Chávez contra el impenitente inmoral Carlos Andrés Pérez; o la del mismo Evo Morales contra Sánchez de Losada donde hubo decenas de muertos. Entonces, debemos pensar seriamente en varios aspectos de esta candidatura vinculada a la figura de Velasco Alvarado en la historia peruana, reivindicación internacional hecha en el discurso de Hugo Chávez. ¿Significa este acercamiento a Chávez una política de raigambre fundamental, de identificación firme con el bloque de poder sudamericano en formación o es sólo una pose electorera? Ulises Humala, el hermano también candidato presidencial identificado con Antauro, piensa que tanto el presidente electo de Bolivia, Evo Morales, como Hugo Chávez están equivocados respecto a la posición progresista e innovadora de Ollanta. Pero, lo que cuenta en el oficio político son los compromisos, los programas y las líneas de acción inmediata y de ahora en adelante, para creerle, Ollanta Humala debe dejar de lado su don de confusa presencia para reencontrarse con los mejores cuadros del conglomerado disperso de las candidaturas de izquierda y las progresistas a fin de conformar el más amplio frente popular de respaldo a su candidatura, confluencia posible a través de las lista congresal y la renuncia de las mini-candidaturas sin opción alguna. Si la izquierda peruana ha madurado lo suficiente debe pensar seriamente en compartir el gobierno, en ser gobierno, no elementos aleatorios de oposición consentida y alegre en un Acuerdo Nacional que no sirve para nada, excepto para reforzar el sistema de dominación y colonialismo dirigido por los partidos tradicionales. Y tomándole la palabra a Ollanta Humala, después de su visita a Caracas, estamos por su llamado a "la unidad política de todas las organizaciones sociales y fuerzas de izquierda del país, ronderos, cocaleros, mineros, alpaqueros; las puertas están abiertas en este proyecto nacionalista en condiciones de igualdad," ha señalado. En este sentido, adelantó que en los próximos días tomará contacto con los principales líderes de la izquierda y otras organizaciones sociales para explicarles su propósito.

 

 


ÁNGELES EN LA DEHESA

<h1><hr><u>ÁNGELES EN LA DEHESA</h1></u>

Foto de Cecilia Castro Salvadores 

Patricia Verdugo *

Página12 de Argentina - 4 de enero de 2006

Cuando entraron a la casona de La Dehesa (donde Pinochet tiene su mansión), los funcionarios de la Policía de Investigaciones y del Registro Civil llevaban sobre sus cabezas –invisibles– al menos 119 espíritus que han clamado por justicia por tres décadas. Las 119 víctimas de la llamada Operación Colombo. De frente, general. Ahora, de perfil. Su mano derecha, general. Ahora su izquierda. Estire bien los dedos.

Muriel

Uno de esos espíritus es el de Muriel Dockendorff. Era muy linda y tenía sólo 23 años. Estudiaba economía en la universidad. Era prima de quien hoy es ministro de la Presidencia, Eduardo Dockendorff. Fue arrestada en 1974 en su casa, arrancándola de brazos de su madre, que clamó por saber adónde la conducirían los agentes secretos. Muriel se perdió en la espesa niebla de los detenidos que desaparecieron en los campos de concentración. Y como si hubiera intuido lo que iba a ocurrirle, escribió estas líneas a una amiga que también estaba arrestada en Cuatro Álamos: “Nos encontraremos a través de la niebla que despejaremos. No me olvides, camarada”.

Cecilia

 También de 23 años y estudiante de derecho de la Universidad de Chile era Cecilia Castro Salvadores. Fue arrestada en 1974, un año después del golpe militar. Era una de las mejores amigas de la senadora electa Soledad Alvear. Su hija Valentina ya incursiona en el periodismo. Muriel y Cecilia eran dos jóvenes chilenas, cultas e inquietas, que soñaban con un mundo mejor y no habían cargado más armas que sus lápices para dibujar un Chile justo y solidario. Eso era todo y eso las hacía peligrosas. Pertenecer a un partido de izquierda y no rendir su conciencia ante el terror de la dictadura.

No hubo tribunales de justicia. No hubo acusaciones ni derecho a defensa. Sabemos lo que hubo y no es necesario entrar en detalles para sentir escalofríos. Podríamos hasta rogar por un rápido disparo en la nuca, pero sabemos que la tortura se toma días y semanas que parecen eterna pesadilla hasta destruir a un ser humano.

No hubo tribunales de justicia. No hubo acusaciones ni derecho a defensa. Sabemos lo que hubo y no es necesario entrar en detalles para sentir escalofríos. Podríamos hasta rogar por un rápido disparo en la nuca, pero sabemos que la tortura se toma días y semanas que parecen eterna pesadilla hasta destruir a un ser humano.

Operación Colombo

Muriel y Cecilia son dos de los 119 chilenos que sucumbieron en la llamada Operación Colombo, por la que el general (R) Pinochet está siendo procesado y fue prontuariado. La mayor parte de las víctimas son jóvenes, menores de 30 años. Los 119 no tienen en común ni el partido político ni la fecha de arresto ni el campo de concentración. Su común denominador es una siniestra operación matemática que eligió 60 nombres para conformar una lista y 59 para otra, sumando 119 en una “acción de comunicaciones” que requirió de apoyo de la prensa pinochetista.

Los hechos son simples. La ONU presionaba a la dictadura chilena para que respetara los derechos humanos. La Iglesia Católica presentaba recursos de amparo por los prisioneros que no aparecían. Y el general Pinochet aceptó la propuesta de su jefe de Inteligencia, el coronel Manuel Contreras. ¿En qué consistió la Operación Colombo? En inventar una “noticia” para deshacerse de más de un centenar de muertos. La tal noticia informó que guerrilleros chilenos, infiltrados clandestinamente en Argentina, se habían enfrentado en una batalla por pugnas internas. Y el trágico saldo era de 119 muertos.

La prensa

 

Las listas fueron publicadas por dos revistas de única edición –la argentina Lea y la brasileña O’Dia– y la agencia UPI difundió la noticia que fue titular de portada de los diarios chilenos por varios días. Incluso el vespertino La Segunda –perteneciente a la cadena de El Mercurio– tituló “Exterminados como ratas”.

Imagine por un momento que, en esas listas, aparece el nombre de su hermano, de su padre, de su hijo. Imagine lo que ocurrió con los padres de Muriel y de Cecilia. Las listas se publicaron hace 30 años y de más está decir que nunca aparecieron –en Argentina– los cuerpos de los muertos en esa supuesta batalla.

 

Justicia

El dolor de las familias ahora se alivia. El ahora lúcido Pinochet está sometido a proceso y un juez valiente, Víctor Montiglio, ordenó prontuariarlo. Paso a paso, a golpes de sol y de agua, de memoria y de coraje, se avanza en la tarea de hacer justicia.

* Periodista chilena. Premio Moors Cabot de la Universidad de Columbia. Autora de once libros, entre los que destacan Interferencia secreta, La caravana de la muerte y Los zarpazos del puma, el más vendido de la historia de su país. De Diario 7. Especial para Página/12

 


BOLIVIA

<h1><hr><u>BOLIVIA<h1></u>

CUANDO LOS PUEBLOS RESUCITAN

Por Andrés Soliz Rada

En nota titulada “La Agonía Nacional”, publicada en “La Epoca”, del 4-12-05,  decíamos que Bolivia estaba en camino de desintegrarse por haber perdido su “ajayu” (palabra aymara que significa alma). Añadíamos que, para revertir la situación, el triunfo de Evo Morales, en las elecciones del 18 de diciembre último, era insuficiente, ya que, si se deseaba detener la debacle y reabrir el camino de la esperanza, esa victoria tenía que ser contundente, a fin de convertir al Movimiento al Socialismo (MAS), de mero frente electoral en Movimiento Patriótico capaz de aglutinar al conjunto de  la nación oprimida. Y el milagro se produjo. Evo obtuvo el 54 % de los sufragios, lo que le proporciona la legitimidad que necesita para revertir las políticas neoliberales, que llevaron al país al borde de la desintegración. Se confirmó, una vez más, que los pueblos saben encontrar las respuestas que necesitan para preservar su existencia.

Sin embargo, sería grave error creer que la recuperación de la autoestima, de la dignidad, de la soberanía y de los recursos naturales serán tareas fáciles. Todo lo contrario. Voceros del Partido de Aznar, en España, ya mostraron las uñas, al afirmar, sin prueba alguna, que Evo ganó los comicios con los petrodólares de Venezuela. ¿Desde cuando los recursos de un país latinoamericano son superiores a los del Imperio y de las transnacionales?

En lo interno, la oligarquía nativa se aglutinará alrededor del Senado de la República, donde, gracias a un absurdo sistema electoral, los derrotados tienen un senador más que los partidarios de Evo, lo que los llevaría a sabotear todos los proyectos de ley, por la vía de falta de quórum en la Cámara Alta. Ante esta situación, dirigentes del MAS advirtieron que los movimientos sociales impedirán  el sabotaje oligárquico. Los grandes medios de comunicación social están en manos neoliberales. Así ocurre con un matutino nacional, cuyo director es parte del Movimiento Bolivia Libre (MBL), responsable, junto a Gonzalo Sánchez de Lozada (GSL), de la desaparición del ente petrolero estatal.

Los neoliberales controlan también importantes gobiernos departamentales, desde donde tratarán de impedir que el Estado recupere el control de los hidrocarburos en toda la cadena productiva y convoque a una Asamblea Constituyente, que debe colocar los cimientos de un país menos excluyente, con autonomías departamentales, en el marco de la unidad nacional, que impulse la industrialización del país y lo inserte en proyectos de contenido latinoamericano, como la empresas petroleras de la América del Sur, propuesta por el Presidente de Venezuela.

Sin embargo, los problemas vendrán también de una izquierda “termocéfala”, que ha comenzado a otorgar plazos de cien días a Evo para resolver problemas estructurales, como la desocupación, e incrementos salariales al margen de la realidad. Hoy, más que nunca, los movimientos sociales deben enfrentar los grandes desafíos de Bolivia junto a Evo y no contra él. La vigencia de una tregua social para enfrentar al Imperio y encarar con éxito las tremendas dificultades que se avecinan es indispensable.

También pueden surgir corrientes, dentro del MAS, que pongan en jaque al propio MAS. En ese listado se hallan los militantes de partidos conservadores que ingresaron a sus filas, con la finalidad de mantener sus privilegios y los de las clases sociales a las que representan. Ellos predicarán “prudencia” para que nada cambie, lo que erosionaría las esperanzas y la credibilidad de Evo Morales. Pero también dentro del MAS se hallan grupos fundamentalistas, aunque de escasa importancia, que predican un indigenismo a ultranza, lo que impedirá que el instrumento político del cambio se consolide en todos los distritos del país. Las tareas que los bolivianos tenemos por delante son gigantescas y difíciles. Sin embargo, al haber recuperado nuestro “ajayu”, permite observar el horizonte con una mirada de esperanza.


LA ILUSIÓN LA ESPARCE EL AIRE

<HR><h1><u>LA ILUSIÓN LA ESPARCE EL AIRE</h1></u>

por  Nelson Villagra


El Mostrador - 6 de Enero del 2006

Circula una carta abierta en internet sobre los Derechos Humanos en Chile, dirigida a ambos candidatos presidenciales, firmada por un número apreciable de personas, además de varias organizaciones víctimas de tortura residentes en el exterior.

Luego de hacer un recuento de lo que se ha hecho o dejado de hacer en nuestro país en los últimos años respecto a DDHH, la carta dirigida a Michelle Bachelet y Sebastián Piñera plantea varias reivindicaciones.

Desgraciadamente el tema de los DDHH continúa siendo un tema sensible, un estilete clavado en el corazón y la conciencia. Porque francamente no sé si con nuestro estilo chilensis seremos capaces de cerrar heridas. No sé si Michelle Bachelet o Sebastián Piñera tendrán la inteligencia de hacerlo. No sé si los parientes; amigos; los ciudadanos que necesitamos volver a sentir que las instituciones del Estado son la expresión de nuestra alma nacional, encontraremos la paz que restituya la ilusión y la esperanza en ese futuro que es tan fácil de prometer, pero tan difícil de cumplir.

Porque los DDHH en Chile, si bien sufrieron los peores atropellos de la historia durante la dictadura de Pinochet, no son un tema desconocido en nuestra historia. Nuestros gobernantes, y nuestras FFAA, históricamente han sido sueltos de mano con la rotá. Desde 1833, el gatillo en nuestro país ha estado siempre demasiado sebado (exceptuando la Concertación, noblesse oblige).

Sin embargo en países como el nuestro los DDHH no solamente se vulneran cuando nos provocan una guerra civil; cuando los gobernantes provocan dos guerras con los vecinos; cuando se masacra a los huelguistas; cuando se tortura; o cuando se exhuman los cadáveres para echarlos al mar o a los cráteres de los volcanes; cuando se fusila sumariamente y/o se hacen desaparecer los cuerpos de las víctimas, etcétera, etcétera, horriblemente etc., etc. Y en esas condiciones es difícil construir una patria solidaria, con ilusión y esperanza.

De manera que según lo pienso, no es fácil para el próximo presidente de Chile dejar de atropellar los DDHH de un poco más 3.000.000 de chilenos que viven en la extrema pobreza. Difícil no atropellar los DDHH de miles de estudiantes que por no tener dinero se ven aventajados por aquellos que tienen los medios para elegir su educación privada, perjudicándose evidentemente el país. Y otra vez el horrible etc, etc, etc.

Los peores estragos en una nación, los provoca el desencanto. Porque éste suele atravesar transversalmente el alma de su pueblo. Y cuando se aplaude un modelo económico como el actual en Chile, que estimula la cultura de la competencia en vez de la emulación, el riesgo del desencanto entra todos los días al hogar, corroe la familia, las instituciones, se pasea por parques y jardines.

Para quienes vivimos en el exterior y sobre todo para aquellos que estamos saliendo y entrando al país en los últimos años nos resulta notorio cómo los diarios, la televisión y la radio nacionales, dejan traslucir algo más que una nota de desencanto en la falta de ilusión y esperanza que expresan los diferentes entrevistados o notas periodísticas (excepto las declaraciones de quienes tienen la sartén por el mango, obviamente).

Y es que las imágenes que nos comunican las instituciones y los personeros que hacen noticia en Chile provocan el escepticismo ciudadano. Porque la palabra y el hecho, mezclados, adquieren ese salto de calidad que es el fenómeno de la imagen, fenómeno inmanejable para el emisor.

Así las cosas, ¿podrá la señora Bachelet o el señor Piñera transformar por ejemplo la imagen de un ex general del Ejército, quien siendo el más aberrante criminal y ladrón de nuestra historia patria, no solamente está siendo enjuiciado “a la chilena”, sino además sigue ostentando el título de Benemérito de la Patria y todas las regalías de un ex presidente? ¿Los señores candidatos, los poderes del Estado, piensan que un escándalo de esa envergadura pasa inadvertido para quienes deseamos mantener la esperanza en que otro país es posible?

Ante tanta desigualdad social, develada y agitada por los propios candidatos en aras del voto, imagen que está todos los días ahondando la herida de los ciudadanos, ¿creen que estimula la honestidad, la probidad? ¿O la gente termina por “cabrearse” cuando se da cuenta que es el único “gil” que llega a la hora al trabajo, que acepta el irrisorio sueldo mínimo, que aguanta tener que arrendar una pieza en la playa para meterse con todos los chiquillos, mientras los “ubicados tiran p’arriba”?

El desencanto corroe más que la misma pobreza, porque esta última tiende a conservar la esperanza, pero aquél termina por buscar el camino fácil, ese que aparentemente te convierte en triunfador de la noche a la mañana. Léase corrupción o delincuencia.

Quién sabe si las generaciones futuras –a pesar de las instituciones que funcionan, y otros oropeles actuales– analizarán estos primeros 200 años de nuestra República simplemente como una etapa primitiva –de barbarie- que no habría tenido otro sentido que la explotación desmedida de un puñado de grupos económicos sobre las grandes mayorías nacionales.

Porque lo que es claro a estas alturas es que en 2010 el libro de Alejandro Venegas, “Sinceridad, Chile íntimo en 1910”, y la conferencia de Luis Emilio Recabarren, “Ricos y Pobres”, dictada a propósito del primer Centenario, no necesitarían casi correcciones para referirse al Bicentenario.

Y más vergüenza nos dará -yo espero que nos quede- como ciudadanos si en el Bicentenario volviéramos a leer fragmentos del discurso “La Crisis moral de la República” de Enrique Mac-Iver en 1900. Y omito comentar “El manuscrito del diablo”, ensayo escrito a fines del S. XIX por José Victorino Lastarria – del cual sólo advierto que donde diga Europa cámbienlo por Miami -, porque al igual que las grandes mayorías, pese a todo quiero guardar un cachito de ilusión para poder creer que de verdad en estos dos primeros siglos hemos ayudado a construir una nación y no una factoría.

Escuché alguna vez una cueca del folklore que tal vez sustente mi corazón chileno: “La ilusión la esparce el aire/ y una niña jardinera/ Lo hace con su mano suave/ cuidando de que no muera…”

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MUJERES CHILENAS

<h1><hr><u>MUJERES CHILENAS</u></h1>

Un lazo indivisible e inquebrantable desde la historia hasta el presente.
El 11 de diciembre, llegué a votar sola, al Estadio Nacional.

Cuando salí, una gran cantidad de mujeres me acompañaba.

Por María Eugenia Meza - ClariNet


Por primera vez en la historia, me decía emocionada mientras caminaba bajo el implacable sol en busca de mi mesa, podría votar por tres mujeres para los principales cargos de representación en el país.

Cuando entré a la caseta, sentí a mi madre a mi lado. Y a mi abuelita. Ellas, claro, no podían votar. De haber estado vivas, mi madre habría estado votando dos mesas más al sur que la mía. Y mi abuelita en Curicó, adonde viajaba puntual y sagradamente, cada vez que había elecciones.

Ambas fueron avanzadas de su época.

Mi abuelita había sido jefa de hogar y también jefa de una central y connotada sastrería de Santiago. Sacó adelante su familia no sin grandes esfuerzos y con el apoyo de su propia madre. Su hija –mi madre- fue profesora guía de planes educacionales modelos, discípula de Amanda Labarca y militante y dirigente socialista, desde muy joven. De ellas aprendí la fuerza, la decisión, los valores de la justicia social, del compromiso y de la coherencia. Aprendí que las mujeres podemos. Y que hacemos las cosas bien hechas, porque ambas fueron excelentes en sus desempeños fuera y dentro de la casa. Y de mi madre aprendí sobre la igualdad de capacidades de los géneros y la necesidad de que la sociedad diera a mujeres y hombres igualdad de oportunidades.

Así es que cuando puse mi decidido voto por Michelle Bachelet en la urna, sentí que iba de la mano de ellas. Porque ellas estarían tanto o más emocionadas que yo de ser parte del histórico momento en que podemos entrar a la Moneda representadas por la doctora Bachelet.
Pero no solo estaban ellas conmigo.

Sentí clarito que detrás de mí y de mis sueños y de los de ellas, estaba Belén de Sárraga trayendo consigo a las mujeres de las salitreras, de las Filarmónicas y los Clubes de Lectura nortinos. Estaban también las ocho serenenses y a las tantas de San Felipe que, en 1875, se inscribieron en el Registro Electoral porque se dieron cuenta de que las constituciones políticas del 28 y del 33 no decían de modo expreso que las mujeres estaban impedidas de votar. Como su intención no era ilegal, las inscribieron (después de 1884, sí que lo sería).
Estaban Paulina Starr, que ese mismo año de 1884 se tituló como la primera dentista; Eloísa Díaz y Ernestina Pérez, las primeras médicas; Matilde Troup y Matilde Brandau, las primeras abogadas; y la farmacéutica Gricelda Hinojosa. Y, por cierto Amanda Labarca, primera mujer en desempeñar una cátedra universitaria. Y Elena Caffarena con Olga Poblete traían a todas las luchadoras del Memch (Movimiento de Emancipación de la Mujer Chilena) que hicieron posible el voto y el derecho universal de ser elegidas que permitió que en 1951, cuando yo nacía, la radical Inés Henríquez fuera la primera diputada. Y Gabriela. Y María Luisa.

Venía también Julieta Kirkwood junto con las que dieron la pelea en los 60, los 70 y los 80 y que no están porque nos las arrebataron. Laura Rodríguez, Rebeca Giglioto y Sonia Viveros tejían igualmente la ronda.

Así es que salí del Estadio rodeada de mujeres. Mujeres que hicieron posible que estemos a un paso de protagonizar un cambio historico. Mujeres que araron y sembraron para que esto fuera posible. Mujeres que nos dicen que están felices por nosotras y por Chile. Que envían toda su fuerza para tender un lazo invisible e inquebrantable desde la historia hasta el presente. En medio de ellas, éramos una gran marcha por Avenida Grecia. Y sus voces en el viento decían “Michelle, Michelle, Michelle”.


CHILE: DEJAR ATRÁS EL MIEDO

<h1><hr><u>CHILE: DEJAR ATRÁS EL MIEDO</h1></u>

 

"De frente, general. Ahora, de perfil, por favor. Su mano derecha, general. ¿Me permite su izquierda? Estire mejor los dedos para facilitar el entintado".

Patricia Verdugo*
www.pieldeleopardo.com

Palabras más, palabras menos, eso fue lo que escuchó el general Pinochet cuando diciembre de 2005 agonizaba. Funcionarios del Registro Civil y de la Policía de Investigaciones llegaron hasta su casa de La Dehesa, en la capital chilena, y lo ficharon. "Un agravio" irreparable, dijo su defensor, el abogado Pablo Rodríguez, otrora jefe del grupo terrorista de ultraderecha Patria y Libertad.

El supuesto agravio se reforzó cuando la Corte de Apelaciones, por 21 votos contra tres, lo desaforó nuevamente para que sea juzgado por malversación de caudales públicos.

Más de alguien puede extrañarse de que un simple fichaje se transforme en noticia. Lo normal, en un estado de Derecho, es que le ocurra a toda persona procesada por delitos. Pero el general Pinochet, ya sabemos, no es una persona cualquiera.

Una dictadura –cualquiera sea su signo ideológico– utiliza el miedo como la herramienta clave de dominio. Miedo que va desde perder la vida hasta perder el empleo, pasando por campos de concentración y cámaras de tortura. Terror a perder el derecho a vivir en la patria o a ser relegado –dentro de ella-– a gulags en sitios lejanos e inhóspitos. Incluso hablamos del miedo a perder la tranquilidad cotidiana, ese estado que nos permite equilibrarnos en la cuerda floja de la aparente normalidad aún cuando se viva en dictadura. Y las voces se silencian, cunde la delación y se imponen autocensuras tan sutiles que ni los propios afectados reconocen lo que les está prohibido.

La dictadura del general Pinochet –como todas– usó grandes dosis de miedo como política de Estado. La primera fue inyectada el 11 de septiembre de 1973 al tiempo que los aviones bombardeaban el Palacio de Gobierno. Imagen imborrable, casi tanto como el ataque a las Torres Gemelas.

Y si la dictadura usa el terror, la democracia y su estado de Derecho busca dar confianza a los ciudadanos. El paso de una a otra es lo que llamamos "transición". A veces se da por terminada la transición porque se cumplen requisitos democráticos: ejercicio de la soberanía popular, separación de poderes, libertad de prensa, entre otros. Pero una transición termina cuando un pueblo recupera plenamente el estado de confianza y de dignidad que tenía antes de la dictadura.

Porque los miedos se cuelan en los más finos intersticios de la sique colectiva. En Chile, por ejemplo, tras 16 años de transición, ni los socialistas se atreven a usar la palabra pueblo. Se habla de la "gente". Se autocensura el término justicia social. Se habla de equidad. Sólo hace un año se aceptó que los torturados tenían calidad de víctimas. Y los conflictos sociales se cubren con soluciones de consenso –entre el gobierno y la oposición– porque el disenso se sigue percibiendo como peligroso, como detonante de crisis política y no como parte del debate normal entre los diversos componentes de una sociedad pluralista.

La transición chilena, desde 1990, ha sido lenta y difícil. Y las razones están a la vista. El pacto que le dio inicio estuvo marcado por el miedo. Pinochet retuvo una cuota muy importante de poder por ocho años más. Como jefe del Ejército, se quedó con la llave del arsenal. Se instaló, pistola en mano, en la invisible mesa de negociación política. Era intocable. Y cuando dejó la jefatura castrense, pasó a ocupar un sillón vitalicio en el Senado (marzo de 1998). Mantuvo la coraza protectora, asegurando su impunidad. Hasta que la justicia de España abrió el primer boquete en esa coraza y logró su arresto en Londres.

Ese día de octubre de 1998 –con Pinochet en los titulares de todos los diarios del mundo– marcó el inicio real de la transición chilena, del proceso de pérdida del miedo. En los más de 500 días que España lo retuvo en Londres, le llovieron más de 300 querellas en los tribunales chilenos. Y cuando el ex dictador regresó a Chile (marzo de 2000), fue desaforado y sometido a juicio por un crimen masivo de disidentes, conocido como "la caravana de la muerte".

Entonces ocurrió el brusco frenazo. La derecha y las Fuerzas Armadas se jugaron a fondo. En ese escenario, el juez Guzmán no se atrevió a ficharlo. Y el inconfesado pacto político fue simple: otorgarle impunidad por "demencia" a cambio de que abandonara el escenario. Renunció al Senado y el Parlamento dictó una nueva ley para darle fuero como ex Presidente de la República. Único requisito: quedarse callado, hacerse invisible. Pero el arrogante Pinochet no resistió la tentación. Dio entrevistas, se paseó por las calles, presidió comidas de homenaje y siguió realizando hábiles operaciones bancarias en más de 150 cuentas secretas para aumentar su mal habida fortuna.

Una investigación del Senado de Estados Unidos develó su corrupción (julio de 2004) y de ahí en adelante la carga de los defensores de derechos humanos encontró acogida en las cortes. Fue declarado lúcido, sujeto apto para ser procesado. Vuelven a caer los fueros y avanzan los procesos por corrupción, evasión de impuestos y –lo más importante– crímenes de lesa humanidad.

La justicia aún no puede cantar victoria, pero el fichaje de Pinochet marca un punto clave de inflexión en este lento proceso de pérdida del miedo en Chile. Porque no hay nada que atemorice más a los pueblos – incluso más que actos de terrorismo, aumento de índices de delincuencia o crisis económica– que la impunidad de los más poderosos.

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* Periodista y escritora.

 

 


EVO: ¿AYMARA O BOLIVIANO?

<hr><h1><u>EVO: ¿AYMARA O BOLIVIANO?</h1></u>

Prof. Pedro Godoy P.

Centro de Estudios Chilenos CEDECH


 

La prensa oligárquica insistió en la condición indígena de Evo. Apuntaban a -de modo solapado- a degradar al entonces candidato y hoy Presidente Electo. Toda la carga estigmatizante que conlleva pertenecer a las etnias primitivas se volcaba en esa reiterada afirmación. Lo curioso es, desde otro ángulo, la ultraizquierda y los "progres" se unían al coro autogratificándose que ¡al fin se podría contar con un indio a la jefatura del Estado en Bolivia! Nos permitimos discrepar de ambos enfoques.


 

El primero oculta el ánimo de depreciar a Bolivia, su pueblo y su nuevo mandatario. No porque lo nativísimo sea un lastre, sino porque así lo han presentado centenariamente. El otro prisma, congruente con la difamación oligárquica, es apuntar a presentar a Bolivia como una sociedad fragmentada no sólo por enfrentamientos entre regiones, sino además por conflictos entre razas y más que eso entre nacionalidades. Usan incluso el erróneo gentilicio "indios".

Desde una concepción bolivarista y sanmartiniana hemos insistido en que Evo es un iberoamericano y como tal mestizo. En esa condición etnocultural asume la bolivianidad en bloque como legado y tarea. Eso es lo que beneficia a Nuestramérica. Denigrar o idolatrar lo indígena son posturas disolventes que terminan en la balcanización. Por eso si José Carlos Mariátegui emite la consigna "¡Peruanicemos al Perú!" Evo -a diferencia de Felipe Quispe- apunta a bolivianizar Bolivia.


 Eso de "respeto a la diversidad", de "interculturalidad" o "plurilingüismo" -para citar apenas tres lugares comunes en apariencia antropológicos- apuntan a legitimar la atomización y no sólo de Bolivia. Se trata de brulotes exóticos que ensamblan con el racismo blanquista de nuestras elites por lo "indio". Los discípulos de Bolívar y San Martín escogemos el tercer camino: el de la mestizofilia. Con ello rescatamos la identidad de 400 millones que, igual que Evo, somos "hijos de la mezcla".
 
 
   

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