Blogia

MIRANDO AL SUR - augusto alvarado


CREER EN EL AMOR E IMAGINAR LA FELICIDAD

<hr><h2><u>CREER EN EL AMOR E IMAGINAR LA FELICIDAD</h2></u>

A PROPÓSITO DEL IDEARIO DE SALVADOR ALLENDE



Por Ramón Díaz Eterovic

En el mes de septiembre de 1973 era un adolescente que, como otros jóvenes de mi generación, me sentía parte del proceso de cambios políticos que hasta esa fecha vivía el país ; y cuyo acercamiento al quehacer político había nacido bajo la inspiración del entonces líder indiscutido de la izquierda chilena: Salvador Allende.

El ideario de Allende fue un poderoso imán para que nos sintiéramos atraídos por el proyecto de construir el socialismo en Chile, y sus tres años de gobierno, fue un tiempo en el que soñamos vivir en un país distinto, sin los desequilibrios sociales ni las injusticias que conocíamos a diario. Su pensamiento nos instaba a sumar la rebeldía juvenil a los cambios que era necesario generar, y en sus palabras, como las dichas al asumir como Presidente de Chile, había un llamado atrayente y motivador: "Miles y miles de jóvenes reclamaron un lugar en la lucha social. Ya lo tienen. Ha llegado el momento de que todos los jóvenes se incorporen. El escapismo, la decadencia, la futilidad, la droga, son el último recurso de muchachos que viven en países notoriamente opulentos, pero sin ninguna fortaleza moral. No es ese nuestro caso. Sigan los mejores ejemplos. Los de aquellos que lo dejan todo por construir un futuro mejor".

Palabras como esas, que inspiraron a los que éramos adolescentes al inicio de los años setenta, siguen vigentes y son cada vez más necesarias para los jóvenes de este fin de siglo.

De la edad de los sueños a la era del ogro

En tanto novel escritor, los años del gobierno de Salvador Allende fue el tiempo en que, atraídos por la literatura, pergeñábamos los primeros esbozos literarios y vivimos la efervescencia cultural que caracterizó al gobierno de Salvador Allende. Chile era un país culturalmente activo, bullente y las expresiones culturales estaban al alcance de la gente. Veíamos lo mejor del cine mundial, nos visitaban escritores de la talla de Julio Cortázar y Ernesto Cardenal, leíamos con avidez a los autores del "boom" latinoamericano, seguíamos las colecciones de libros publicadas por la Editorial Quimantú, celebrábamos a Pablo Neruda, nuestro segundo Premio Nobel de Literatura. Se respiraban aires libertarios para las expresiones artísticas, y nuestras aspiraciones literarias estaban unidas a esos aires, al deseo de escribir y de expresar a través de cuentos y poemas nuestra adhesión al nuevo tiempo. Pensábamos que nuestro futuro iba a ser muy distinto al que después nos correspondió vivir, y por eso, junto al desarrollo de las inquietudes literarias, participábamos en la lucha política, las marchas, concentraciones, tomas; elementos todos de un período de cambio social acelerado y de enfrentamiento entre clases antagónicas.

Nuestro habitat fue la violencia

Después del 11 de septiembre de 1973 nuestro habitat fue la violencia. Vivimos una dictadura que, desde sus primeras manifestaciones declaró la guerra a la cultura. Quema de libros, cierre de revistas e editoriales, exilio de escritores, fueron la pauta inicial que nos indicó la posición de los golpistas respecto a la cultura. Vino la censura y el miedo como instrumentos para acallar las ideas libertarias. La mayoría de los autores chilenos se vieron impedidos de publicar sus obras y cuando lo hicieron, ellas debieron circular por canales marginales, cuando no clandestinos. Fueron años duros de vivir y escribir, pero la inmensa mayoría de los escritores se sintieron comprometidos con las luchas de ese tiempo. Vivimos bajo un sistema que impuso la fuerza en todo el acontecer social, y el quehacer cultural se menoscabó hasta niveles que hasta hoy hacen ardua la tarea de recuperar. Como una forma de querer obviar la creación contestataria que se daba en el país, se genera la idea de un supuesto "apagón cultural" que no era tal, porque los escritores estaban produciendo sus obras. De lo que se trataba era de la inexistencia de canales que permitieran dar a conocer sus trabajos. La industria editorial estaba destruida, los diarios y revistas controlados. Frente a eso, muchos escritores recurrieron al expediente de la autoedición, desafiaron la censura y dieron a conocer sus obras, aunque sólo fuera dentro de círculos restringidos. Surgen talleres y colectivos de escritores en Santiago y regiones; revistas artesanales. Se organizan lecturas y pequeños encuentros. La Sociedad de Escritores de Chile se convierte en bastión para la defensa de la libertad de expresión y de los derechos humanos. Se sobrevive a los primeros años de la dictadura, y con el inicio de la década de los ochenta, las iniciativas en el campo literario y cultural crecen y se amplían, constituyéndose en un elemento importante en lo que fue la recuperación democrática a comienzos de los años noventa.

La necesidad de reencontrar el ideario de Allende

Hoy, continuamos siendo un pueblo que lucha por su identidad. En el que la implantación de un modelo económico neoliberal se contrapone a las necesidades de su gente; donde las exitosas cifras macroeconómicas se desdibujan frente a la pobreza; donde la imagen publicitaria de los medios de comunicación confunden incluso a los que sólo reciben los despojos del sistema. Se nos dice que terminó el tiempo de las ideologías, de la pugna entre distintas opciones políticas, y la verdad es que detrás de esa negación existe la imposición de una ideología única, que no tiene otro norte que establecer un modelo de vida chato, conformista, acrítico, que inmovilice a la gente.

Hoy es cada día más urgente reencontrarse con el pensamiento humanista y revolucionario de Salvador Allende. Hasta el año 1973, vivíamos en un país modesto, pero, sin duda, más solidario, y más consciente de la importancia de la justicia social y del desarrollo cultural a través de la educación, la literatura, las artes. Hoy olvidamos nuestra historia, promovemos la amnesia colectiva y nos ufanamos de la riqueza que se cosecha sobre un campo de ignorancia y banalidad. Olvidamos ese pasado en el que valiosas consquistas sociales se lograron bajo el influjo de líderes políticos, entre los cuales Allende tiene un lugar primordial, pese a que hoy su obra se distorsiona y su pensamiento se olvida, incluso por muchos de los que, en otra época, decían compartir su proyecto.

Allende fue modelo de lucha y esperanza; y su obra política, en el tiempo que le correspondió vivir, nos hace recordar una cita de García Márquez: "En este mundo existió la vida, prevaleció el sufrimiento y reinó la injusticia, pero también fuimos capaces de creer en el amor y hasta imaginar la felicidad". Por ello, el pensamiento de Allende sigue vigente, en todo lo que se relaciona con la profundización real de la democracia; con la resistencia que hay que oponer a esa "certeza incuestionable" que nos impone el neoliberalismo y que a muchos les hace pensar que vivimos el fin de la utopías, olvidando que hay una vida que construir en este nuevo siglo, sin los errores del pasado ni la desigualdad del presente.


PERDÓN, VIOLETA

<hr><h2><u>PERDÓN, VIOLETA</h2></u>

José Steinsleger

A Safa Karim, de once años, y a su mamá de velo negro les enviamos los versos de una canción de Violeta Parra (1917-66), madre nuestra de la tierra nuestra:

Cuando yo salí de aquí
dejé mi corazón en la cuna
creí que l'mamita Luna
me l'iba a cuidar a mí
.

Safa agoniza en el hospital Hindi de Bagdad. "La niña -dice el colega Robert Fisk- sangra por dentro y se retuerce en la cama con un enorme vendaje en el vientre y... cuatro pañuelos corrientes y sucios que la sujetan de muñecas y tobillos a la cama. Gime y se revuelve en la cama, luchando a la vez contra el dolor y el cautiverio..."

En el mismo lugar, Fisk describe el estado de Saadia Hussein al-Shomari, de 50 años, "...cuyo largo cabello se desparramaba sobre la toalla en la cual estaba recostada, con la cara, los senos, las pantorrillas, los brazos, las piernas, el vientre y los pies llenos de agujeritos...". A Saadia le enviamos el adagio del Concierto para clarinete en la, de Mozart, y versos de Violeta también:

Miren como nos hablan
del paraíso
cuando nos llueven balas
como granizo
.

Safa y Saadia fueron alcanzadas por las esquirlas de las bombas de fragmentación (cluster bomb o de racimo). Durante la guerra Irán-Irak (1980-88), con el visto bueno de Ronald Reagan y la CIA, ambos países se arrojaron mutuamente estas bombas de uso prohibido por su alto poder destructivo, que la invasión de Washington sigue arrojando a discreción sobre miles de civiles iraquíes.

Desde la guerra de Vietnam, Estados Unidos emplea en todas sus guerras las bombas de racimo, compuestas por centenares de pequeñas bombas del tamaño de una bebida gaseosa, que se arrojan en paracaídas y se esparcen en un área de 500 metros cuadrados antes de que el proyectil llegue al suelo.

En Laos, más de 25 años después del fin de la guerra en Vietnam, unas 500 mil toneladas de estas bombas no han explotado y esperan a su víctima; en las islas Malvinas los ingleses lanzaron más de 100 con mil 500 latas de este tipo, que también pueden estallar 24 y 72 horas después de haber sido sembradas.

En Afganistán las latas tienen un color amarillo vistoso. El mismo color de los paquetes "humanitarios" que arroja la Agencia Internacional para el Desarrollo de Estados Unidos (AID), por lo que son una atracción para incautos, niños y agricultores.

El modelo se fabrica con base en un generador para hacerlas explotar; fue inventado por el chileno Carlos Cardoen en los años 70. Cardoen vendió bombas de racimo a Etiopía durante la guerra de Mengistu contra los civiles de Eritrea; a los racistas sudafricanos a quienes ayudó a burlar el embargo de armas mediante la colocación de etiquetas made in Chile; a Zimbabwe en su lucha contra la guerrilla rebelde; a los fascistas croatas en la guerra contra Yugoslavia, y después se puso a experimentar con bombas de "combustible aire", llamadas la "bomba atómica del pobre".

En Estados Unidos la empresa Allian Techsystems, de Minesotta, produce desde 1984 las bombas de racimo CBU-87, como las usadas en Afganistán e Irak.

Graduado en ingeniería metalúrgica por la Universidad de Utah, Cardoen empezó con la fabricación de minas antitanques. En 1981 obtuvo la licencia suiza de la Mowag para armar dos prototipos de vehículos blindados anfibios (Piraña), casquillos de artillería y cohetes.

En la gerencia general de Industrias Cardoen de Santiago destacaban en los años 80 dos grandes fotografías. En la una figuraba el inventor estrechando la mano del presidente Saddam Hussein; en la otra el personaje sonríe junto al general Augusto Pinochet, quien en 1977 pidió a las empresas locales suplir el faltante tras la prohibición internacional de vender armas a la dictadura fascista.

Cardoen tiene una filosofía profunda y enternecedora: "Las armas no deberían existir. El problema está en los seres humanos que las utilizan", repite en las entrevistas como si fuese discípulo de Sun Tse, Mao o el general vietnamita Nguyen Giap. "Sin embargo -añade-, sería una grave irresponsabilidad cerrar o terminar con la fabricación de armamentos."

Los gobiernos de la concertación, a los que ha regalado millones de dólares, y en particular el presidente Ricardo Lagos, ponderan a Cardoen como un "hombre de éxito". Y además, súper culto.
La semana pasada Isabel y Ángel Parra, hijos de Violeta que ya no distinguen "el negro del blanco", agradecieron al alcalde pinochetista Joaquín Lavín el comodato por 30 años donde funcionará el Museo Violeta Parra, sostenido por la Fundación Cardoen.

"¡Por fin un museo para que se le devuelva la obra de Violeta al pueblo de Chile!", dijo Ángel. "La obra de Violeta nos pertenece a todos los chilenos", declaró Lavín. En los años 60 Nicanor, hermano de la poetisa, publicó el famoso antipoema “La izquierda y derecha unidas/ jamás serán vencidas”. Fue escrito mientras Violeta cantaba acerca de lo que se tiene que hacer:

cuando nos venden la patria
como si fuera alfiler
quiero un hijo guerrillero
que la sepa defender
.

México D.F. 9 de abril de 2003
La Jornada


AMÉRICA LATINA: LA PATRIA INCONCLUSA (I)

<hr><h2><U>AMÉRICA LATINA: LA PATRIA INCONCLUSA (I)</h2></U>

(Conferencia brindada en el Paraninfo de la Universidad Mayor de San Andrés, La Paz, Bolivia, el 24 de septiembre de 2003, por Andrés Soliz Rada. (Periodista, abogado, ex legislador nacional -Diputado y Senador por Conciencia de Patria de 1989-2002. Columnista de PSI).

Nota de Mirando al Sur: Por razones de extensión publicaremos esta magnífica conferencia de Andrés Soliz Rada en tres partes. De ese modo, creemos, facilitaremos la lectura y la comprensión de un documento que consideramos fundamental para el mejor entendimiento de la doctrina nacional latinoamericana, que tiene en Soliz Rada a uno de sus más brillantes exponentes.

PRIMERA PARTE

Política y Derecho en los procesos de integración latinoamericanos

Considero oportuno iniciar esta disertación con un homenaje al historiador argentino Jorge Abelardo Ramos, autor, entre muchos libros, de “América Latina un País”, en el que, a diferencia de todo lo escrito hasta entonces, 1949, sostiene que la autodeterminación de los pueblos en América Latina es el derecho a unirse, como la única posibilidad de que el sub continente adquiriera personalidad y presencia importante en el agitado acontecer contemporáneo. Diecinueve años más tarde, vale decir en 1968, “América Latina un País” se transforma en la primera edición de la “Historia de la Nación Latinoamericana”, obra fundamental para entender nuestro atraso, pero también para pergeñar un futuro promisorio. Es verdad que antes de Ramos hubo diversos impulsores académicos de la unidad de América Latina, pero el escritor argentino fue el primero que transformó radicalmente el concepto leninista de la autodeterminación como el derecho a separarse, por el derecho a unirse, a fin de construir los Estados Unidos Latinoamericanos. La otra enorme contribución de Ramos consistió en unir dos figuras aparentemente enfrentadas en la historia de las ideas: Carlos Marx y Simón Bolívar. Es sabido que el autor de “El Capital” escribió en la Enciclopedia Americana la ficha bibliográfica del Libertador de cinco Naciones y que en ese texto Marx trata a Bolívar de manera injusta y despectiva. Ramos, en lugar de desorientarse por los adjetivos de Marx, explica que la grandiosa idea de la Patria Bolivariana necesita de la dialéctica, entendida, en la concepción de Engels, como herramienta para comprender y transformar la realidad, lo que, en el acontecer latinoamericano, quiere decir el instrumento de análisis que permita identificar y vencer los obstáculos que han impedido e impiden la articulación económica y política de nuestras provincias fragmentadas. Ramos, sin negar la importancia del pensamiento Occidental, enseñó, asimismo, la necesidad de que los latinoamericanos pensemos con cabeza propia, de manera que las inevitables influencias foráneas pasen por el filtro de nuestro cerebro crítico, desechando lo que nos separa y adoptando lo que nos fortalece y nos une. Por esta razón hizo suya esta divisa de Simón Rodríguez, el maestro del Libertador: “o creamos o erramos”, la cual repite en sus escritos de manera casi obsesiva.
Sobre la base de esas premisas, el historiador argentino afirma, siguiendo a Lenin, que la contradicción fundamental de nuestro tiempo, en los países sometidos, no es la que enfrenta al socialismo con el capitalismo, en lo externo, ni a la burguesía con el proletariado, en lo interno, sino a las naciones opresoras con las naciones oprimidas. No es que este planteamiento niegue la lucha de clases, sino que ella no tienen un papel separado de la contradicción fundamental, al existir clases sociales al servicio del imperialismo y clases sociales al servicio de la nación oprimida. Es importante destacar que los planteamientos de Ramos, conocidos como los de la Izquierda Nacional Latinoamericana, no se desmoronaron junto al muro de Berlín, en 1989, como ocurrió con otras propuestas revolucionarias, sino que mantuvieron y mantienen plena vigencia. En consecuencia, si el imperialismo, hoy oculto detrás de la palabra “globalización”, es el enemigo principal de la unidad latinoamericana, corresponde estructurar movimientos patrióticos, capaces de aglutinar al conjunto de la nación oprimida, con la sola exclusión de los agentes de la explotación extranjera. Como resulta fácil suponer, esta línea de pensamiento, enfrentó a Ramos con el “establishment”, así como con los dogmáticos repetidores de modelos políticos ajenos a nuestra realidad. Según Ramos, la conquista hispana no encontró en el nuevo continente una “nación” constituida, sino un conjunto de sociedades y grupos étnicos en diversos estadios de evolución, los que lentamente se van conociendo entre sí gracias al común denominador de la lengua castellana. El reconocimiento de este hecho no implica desconocer u olvidar los genocidios y abusos de los conquistadores, muchas veces encubiertos con el manto del catolicismo. La herencia religiosa de España es aún muy importante, aunque debilitada por las iglesias evangélicas de raíz sajona. En cambio, el idioma castellano sigue siendo el vínculo cultural más importante entre los latinoamericanos y entre estos y la península Ibérica. Como es fácil de prever, el pensamiento de Ramos no ha permanecido estático. Quienes nos declaramos sus seguidores en Bolivia observamos la restringida importancia que otorgó a nuestras raíces milenarias. De ahí que en Bolivia incorporamos a su pensamiento el rescate indomestizo de nuestra sociedad, que nos permite añadir a nuestro sistema de ideas los valores de nuestro ancestro andino, sin olvidar que, vía mestizaje, somos también herederos de los enormes aportes del viejo continente a la cultura universal.

Consecuencias de la balcanización

Ramos sostiene que España no exportó su feudalismo a Indoamérica (esta expresión fue acuñada por Víctor Raúl Haya de la Torre), sino un capitalismo mercantil, fundado en la esclavitud y en el trabajo servil. La falta de una burguesía latinoamericana, capaz de acaudillar los procesos de independencia de España, y las fuerzas centrífugas encarnadas en oligarquías retrógradas, que heredaron los privilegios de los encomenderos, así como la succión descontrolada de los recursos naturales impidieron concretar el ideal bolivariano. Tengamos presente que, en los inicios del siglo XIX, la revolución burguesa también fue derrotada en España, lo que precipitó el estallido de los movimientos independentistas en “nuestra” América, como decía José Martí. Lo anterior explica el por qué la revolución latinoamericana tuvo un carácter inmaduro y fragmentario. El mexicano José Vasconcelos describió el hecho con estas palabras: “Nuestras naciones surgieron a la vida independiente como los restos de un naufragio ... cada nación iberoamericana, si se exceptúa a Brasil, aparece como un aborto antes que como un fruto. La madre enferma que era España no tuvo poder para arrojar de tierras y mares a los agentes ingleses que nos urgían a la discordia, y salimos a la vida obligados por el fórceps de la intriga extranjera antes que el pellejo adquiriera consistencia”. Norberto Galasso, discípulo de Ramos en la Argentina, describe esta situación con las siguientes palabras: “... el pensamiento unificador de Bolívar, San Martín, Artigas o Padilla fue derrotado por la ausencia de una burguesía nacional y por la presencia más bien de oligarquías centrípetas que balcanizaron a la América Latina, de acuerdo al interés de Estados Unidos e Inglaterra ... Lo que pudo ser la victoria de la Patria Grande se convirtió en las veinte derrotas de las patrias chicas”. Ramos acota lo siguiente: “De la disgregación nacieron las pequeñas patrias, estas miserables y arrogantes ‘naciones’, pavoneándose de sus ejércitos sin armas, sus aduanas de bajas tarifas, sus territorios desolados y sus monedas permanentemente devaluadas y las prolijas fronteras de los incontables ‘principados de Luxemburgo’, que colorean en el mapa gigante”. Galasso añade que “sólo hace falta el sentido común para advertir que el fabuloso desarrollo de los Estados Unidos de Norte América no se hubiese producido si en lugar de la nación poderosa que emergió de la guerra de secesión hubieran existido 13 republiquetas, sobre la base de los 13 estados que estuvieron presentes en la fundación de su república. Y mientras el norte progresaba y se expandía sin cesar, a costa de la nación latinoamericana inconstituida, el analfabetismo y la miseria hacían presa de sus provincias aisladas. Se apagaban esplendentes focos de cultura -como el de Charcas--, regiones ricas se convertían en zonas pobrísimas, grandes núcleos de población se transformaban en desiertos, las artesanías desaparecían ante la victoriosa entrada del artículo extranjero... los veinte nacionalismos impotentes expresaban la ausencia del único nacionalismo soberano posible: el nacionalismo latinoamericano”. Dice Ramos: “Los 30 años posteriores a nuestra independencia constituyen el espectáculo tragicómico de una nación despedazada, cuyos muñones y órganos imitan los gestos y movimientos de seres normalmente conformados. Aparecen escudos, símbolos, monedas, mapas, uniformes, estampillas, libros geográficos y textos de historia nacionales tan contrahechos como las geografías mutiladas”. Y concluye Galasso: “América Latina sufrió (a raíz de su balcanización), todos los métodos imaginables de la succión de plusvalía. Desde la estafa hasta las concesiones leoninas, pasando por los contratos tramposos, los préstamos condicionados, los sobornos, la intermediación de ‘respetable’ organismos internacionales, hasta la invasión de los marines y la moderna intervención de la CIA. A la penetración económica siguió la penetración cultural. La mano del imperialismo se introdujo en las redacciones de los grandes diarios, ingresó en las universidades, se filtró a través de las fundaciones seudo científicas y editoriales misteriosas, oprimió los cerebros de los ensayistas y congeló el corazón de los poetas. Generó una pléyade de brillantes escritores que dan la espalda a América Latina y sólo se ocupan de las ‘innovaciones’ europeas. Analistas políticos especialistas en chismes, que jamás hablan del imperialismo. La historia de la Patria Grande quedó destrozada en una veintena de historias chicas, relatadas en manuales incomprensibles. Así se formaron economistas coloniales en Harvard, escritores coloniales en París, gremialistas coloniales en la ORIT y soldados coloniales en las escuelas de Panamá. La mayoría de esos intelectuales no elaboraron, remedaron; no produjeron luces, distribuyeron sombras” (Citas del folleto “La Caracterización de Bolivia y la Contradicción Fundamental” de Andrés Soliz Rada. Ediciones “Octubre”. 1978. La Paz-Bolivia. Páginas 3, 4 y 5). Permítanme una brevísima digresión personal: Al final de su vida, Ramos aceptó el cargo de Embajador de la Argentina en México durante el gobierno de Menem, lo que originó nuestro distanciamiento político. Hoy en día seguimos pensando que fue un error aceptar la representación diplomática de un gobierno tan sumiso a EEUU y que liquidó las empresas estratégicas argentinas. Pese a ello, estimamos que la herencia de sus ideas pesa mucho más que sus errores de coyuntura.

Aporte de Bolivia al pensamiento antiimperialista

Carlos Montenegro es la figura cumbre del nacionalismo revolucionario de Bolivia. Nadie duda que su “Nacionalismo y Coloniaje” sea el ensayo político más importante escrito en nuestro país en la primera mitad del Siglo XX. Muchos ignoran, en cambio, que otras dos obras del mismo autor: “Las Inversiones Extranjeras en América Latina” y “La Hora Cero del Capitalismo” aportan denuncias fundamentales sobre la opresión imperialista. El ideólogo demuestra en esas obras que, contrariamente a lo que se cree, las inversiones extranjeras en América Latina y en el resto del denominado “Tercer Mundo” no obedecen a móviles filantrópicos, caritativos o humanistas. Llegan, simplemente, porque saben que obtendrán mayores utilidades que en sus países de origen. Montenegro demuestra que en la vanguardia de acciones tan vergonzosas, como la invasión de EEUU a México, que, en 1835, le arrebatara Nueva México, Arizona, Texas y la baja California, se hallaban capitalistas norteamericanos que impulsaron esa acción de armas. Ni qué decir de las maniobras militares, económicas y políticas que culminaron con la segregación de la Provincia de Panamá del territorio colombiano, a fin de construir el canal interoceánico sin interferencias del gobierno de Bogotá. Montenegro desmiente que la Doctrina Monroe hubiera sido inspirada en el afán norteamericano de defender a Latinoamérica de las asechanzas europeas, ya que, en realidad, sirvió para que EEUU facilitara el cobro de deudas asumidas con Europa. En consecuencia, esa Doctrina convirtió a Washington en el cobrador compulsivo e implacable de esas deudas. En muchos casos, EEUU pagó esas obligaciones de manera anticipada, para, con el pretexto de recuperar su dinero, invadir y ocupar las aduanas y los territorios de Haití, Santo Domingo, Nicaragua o República Dominicana. Esa complicidad euro-norteamericano hace que Montenegro titule el capítulo relativo a la Doctrina Monroe en su libro sobre la inversiones extranjeras, “América Latina para los europeos”.
Si se piensa que la anexión de Puerto Rico, la enmienda Platt para Cuba o la intervención en Guatemala son hechos irrepetibles, se olvida que, en 1973, la CIA norteamericana derrocó a Salvador Allende y que en las últimas décadas el Departamento de Estado ha instalado cruentas dictaduras en América del Sur y en el Caribe y que, hoy mismo, a través del Acuerdo de Libre Comercio de las Américas (ALCA), ha resuelto mantener su dominación o, lo que es lo mismo, impedir la integración de nuestras patrias desmembradas. De lo expuesto se deduce que, según Montenegro, el nacionalismo y el antiimperialismo son conceptos sinónimos. Esta idea fue compartida por el cuatro veces ex presidente Víctor Paz Estenssoro, quien, según su biógrafo Guillermo Bedregal Gutiérrez, hoy Embajador en España, definió al Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR), antes de la Revolución del 9 de abril de 1952, como “instrumento de ejecución de los anhelos de todo el pueblo boliviano con la única excepción de los sirvientes del imperialismo” (Guillermo Bedregal: “Víctor Paz Estenssoro, el Político”. Fondo de Cultura Económica. México. 1999. Página 173). Ahora el MNR ha sido transformado por Gonzalo Sánchez de Lozada (GSL) en instrumento de ejecución de los anhelos del imperialismo en contra del pueblo boliviano.


VIGENCIA DE ENRIQUE LIHN

<hr><h2><u>VIGENCIA DE ENRIQUE LIHN</h2></u>

Por Aristóteles España

Con Enrique Lihn nos tocó participar en el primer encuentro de artistas por la democracia en 1983 en Padre Hurtado. Organizamos cada detalle de las ponencias, actuaciones, diálogos, tertulias, junto a Jorge Narváez, Lautaro Labbé, Diego Muñoz, Antonio Cadima, María Maluenda. Artistas de la literatura, la plástica, el teatro aglutinados en torno a la idea de darle un contenido mayor a la lucha contra la dictadura.

Lihn tenía un gran sentido histriónico y sus intervenciones eran un espectáculo aparte. El poeta Rodrigo Lira lo imitaba en público y provocaba una risotada general en los auditorios culturales del Santiago de los 80.
El autor de “La pieza oscura”, era un polemista inteligente y un creador innato, de aquellos tocados por la vara de los dioses como le gustaba decir a Rolando Cárdenas. Siempre nos pareció que este libro, escrito entre 1956 y 1962 es uno de los grandes poemas escritos en Chile. Monólogos dramáticos con tonos elegíacos en muchos de ellos.

Pedro Lastra en su libro “Conversaciones con Enrique Lihn” dice que “la pieza oscura es el poema central del libro, el que le confiere la unidad de una constelación; y esto no solo o únicamente por su ritmo semántico sino por la tonalidad del fraseo verbal, de un ritmo fónico que atraviesa el conjunto. Yo creo que casi todos los textos, descontadas sus particularidades en otros planos, ingresan de algún modo en la atmósfera que se proyecta desde allí”.

Nuestra admiración por este poema viene desde Punta Arenas, ciudad que el escritor visitó y donde escribió textos notables, entre ellos uno dedicado al cementerio de esa ciudad. A comienzos de la década del 70, en los talleres literarios de la patagonia descubrimos este libro dotado de una fuerza impresionante y tan poco conocido por las actuales generaciones.

Enrique Lihn nace en Santiago el 3 de septiembre de 1929. Parte de su infancia transcurre en la casa de la abuela materna y comparte aficiones artísticas con su tío el pintor Gustavo Carrasco.

En 1942 ingresa a la Escuela de Bellas Artes de Santiago como estudiante libre de dibujo y a los 20 años publica su primer libro “Nada se escurre”. Compañero generacional de Jorge Teillier, Martín Cerda, Armando Uribe Arce, Efraín Barquero, su obra ha sido traducida a varios idiomas y es reconocido como un artista innovador que exploró géneros como el teatro, el comic, la novela, el ensayo, el cuento.

Vivió en Cuba y París, pero al poco tiempo regresó a Chile donde se transformó en editor de revistas, profesor investigador de la Universidad de Chile, cronista de diarios, realizador de videos.

Lihn fue también un gran sonetista, ese género que cultivaron con maestría Góngora y Quevedo. Dice el poeta: “Yo empleé el soneto para hablar desde el terror, en opresión, el soneto barroco, esa prótesis verbal que yo actualizo a fuerza de distorsionarla. Los sonetos del Siglo de Oro son ya piezas canónicas. Para tomarse las libertades que ellos se tomaron y prolongar su gesto trasgresor hay que empezar por agredir a esos poetas: en la cárcel de los cuartetos y tercetos la palabra tiene que hacer movimientos inesperados”.

Enrique Lihn fallece en Santiago el 10 de julio de 1988. Al año siguiente Adriana Valdés y Pedro Lastra publican Diario de Muerte, su último libro que empezó a escribir el primer día que supo que le quedaba poco tiempo en este mundo. Al enterarnos de su deceso en Buenos Aires organizamos un evento con poetas argentinos y leímos su texto “Por qué escribí, estoy vivo”.


AMÉRICA LATINA: LA PATRIA INCONCLUSA (II)

<hr><h2><u>AMÉRICA LATINA: LA PATRIA INCONCLUSA (II)</h2></u>

Andrés Soliz Rada

Luces y sombras de los movimientos nacionales latinoamericanos


Ante la imposibilidad de avanzar de manera conjunta hacia la integración latinoamericana, surgieron después de la gesta independentista de Bolívar y San Martín importantes discípulos suyos. En Bolivia, emergió la figura del mayor de nuestros estadistas, el Mariscal Andrés de Santa Cruz y Calahumana, hijo de un hidalgo español y de una princesa aymara, quien intentó forjar la Confederación Perú - Boliviana, como una forma de ir soldando las piezas de la Patria Grande. Santa Cruz fracasó en su intento, pero su legado está vigente al recordarnos, hoy en día, que Bolivia y Perú deberían aunar esfuerzos, para defender de manera coordinada el gas existente en sus territorios, a fin de que las transnacionales, vinculadas a los centros de poder mundial, no se aprovechen de ella, de modo excluyente, como ocurrió en el pasado con el oro, la plata, la quina, la goma, el petróleo y el estaño. La experiencia crucista, como sabemos, fue aplastada sin miramientos por las oligarquías de Chile, Perú y Bolivia, las que sí supieron actuar de manera unitaria.
Los movimientos de liberación nacional en los países coloniales y semi-coloniales se abren paso sobre todo en épocas en que las potencias mundiales están ocupadas en preparar sus guerras inter-imperialistas, en medio de ellas o al finalizar las mismas, por encontrarse aún debilitadas. Tales movimientos necesitan, sin embargo, de motivaciones propias. Como ocurrió con la Revolución agrarista mexicana, iniciada en 1910, o con la Reforma Universitaria de Córdoba, de 1918, que unió la protesta contra la enseñanza dogmática con consigna de la unidad de América Latina. En este último aspecto, resulta esencial la contribución del también argentino, Manuel Ugarte, figura eximia en la terca obsesión por concretar el sueño de Bolívar. En Bolivia, la primera guerra mundial, la debacle financiera de 1929 y la fratricida guerra del Chaco, que desnuda las miserias de la oligarquía minero-feudal, explican el surgimiento de corrientes nacionales encarnadas en militares como David Toro, Germán Busch y Gualberto Villarroel, quienes crean las condiciones para la Revolución de 1952, el acontecimiento más importante de nuestra historia republicana.
La segunda guerra mundial incidió en el surgimiento del peronismo argentino, que logró, sobre la base de una creativa alianza entre Fuerzas Armadas y clase trabajadora, nacionalizar los ferrocarriles ingleses y promover la industria liviana, recortando el excedente que durante décadas benefició a su oligarquía vacuna, aliada al capitalismo inglés. Perón postuló la defensa conjunta de las economías de Argentina, Brasil y Chile, concebida como un bloque capaz de contener las interminables asechanzas euro- norteamericanas. Correspondió al propio general Perón formular esta frase profética: “El año 2000, encontrará a los latinoamericanos unidos o dominados”. El pensamiento revolucionario peruano tuvo entre sus figuras prominentes a José Carlos Mariátegui, empeñado en indianizar al marxismo, y en el indoamericanismo de Víctor Raúl Haya de la Torre, quien, sin embargo, en lugar de asumir la posición del neutralismo en la segunda guerra mundial, prefirió claudicar al apoyar a la coalición ruso-norteamericana. El neutralismo permitió al general Lázaro Cárdenas nacionalizar, en 1938, el petróleo mexicano. Un año antes, en 1937, el general David Toro decretó la caducidad de las concesiones de la todopoderosa Standard Oil de Nueva Jersey. En consecuencia, corresponde a Bolivia el mérito de haber llevado a cabo la primera nacionalización de una transnacional petrolera en el Continente. Los choques bélicos interimperialistas permitieron que triunfen movimientos anticoloniales en otras latitudes, como en la India de Gandhi o en la Indonesia de Sukarno. En la segunda mitad del Siglo XX, el nacionalismo latinoamericano ha continuado generando movimientos antiimperialistas aislados y desconectados, pero no menos heroicos. Estamos pensando en el Panamá de Torrijos, en el Perú de Velasco Alvarado, en la Bolivia de Ovando y Torres, en el Chile de Allende, en la Cuba de Fidel Castro, más allá de la polémica que inevitablemente se abre al juzgar a la revolución caribeña.
Existió en esta lucha por las ideas bolivarianas periodos de desesperación, cercanos al suicidio. Quien puede negar el heroísmo de un Ernesto Guevara y de miles y miles de combatientes que inmolaron su vida por la liberación de nuestros pueblos, lo que no impide constatar que el voluntarismo guerrillero no reemplaza la lucha organizada de los pueblos. Ahora sabemos con más claridad que antes que América Latina necesita triunfos, no mártires.

¿Cuánto han cambiado las cosas?

Vladimir Ilich Lenin, en su libro clásico: “El Imperialismo, Fase superior del Capitalismo”, cita esta frase de Cecil Rhodes, célebre financista inglés y, en ese tiempo, Primer Ministro en la ciudad de El Cabo, en África del Sur: “La idea que yo acaricio es la solución del problema social, es decir que para salvar a los 40 millones de habitantes del Reino Unido de una sangrienta guerra civil, nosotros, estadistas coloniales, debemos obtener nuevas tierras donde instalar el exceso de población, donde encontrar nuevos mercados para los productos de nuestras fábricas y minas. El imperio, como siempre lo he dicho, es una cuestión de estómago. Si se quiere evitar la guerra civil hay que convertirse en imperialistas”.
Resulta claro que la succión de los excedentes económicos de las colonias y semicolonias amortigua la lucha de clases en las metrópolis, en las que, al distribuirse el botín entre las burguesías y el proletariado, así sea de manera desigual, emergen direcciones obreras reformistas que se convierten en cómplices de la explotación de las naciones oprimidas. En ese marco, la democracia, entendida como la forma de gobierno más avanzada que conoce la humanidad, es manipulada por las metrópolis en su propio beneficio. Para confirmar lo anterior, obsérvese cómo George W. Bush usó la supuesta defensa de la democracia para bombardear Afganistán e Irak, sin el respaldo, en este último caso, de las Naciones Unidas. Por esos los leninistas decían que en una guerra entre una monarquía tercermundista y una metrópoli democrática, los revolucionarios dignos de tal nombre debían apoyar a la monarquía, por dictatorial que sea, y oponerse a la metrópoli, aunque esté gobernada por laboristas o socialdemócratas. Lo anterior sirve para reiterar que en la medida en que disminuye la succión del excedente que fluye a los imperios, en esa misma medida es posible pensar en un nuevo orden económico internacional, más humano y más justo.
Pero volvamos a la pregunta inicial: ¿Cuanto han cambiado las cosas desde los tiempos de Lenin? Sobre el particular, conviene recordar al conocido jurista, politólogo, escritor, periodista y diputado eurocomunista francés, Maurice Duverger, quien, en su libro: “Carta a los Socialistas” (Ediciones “Martínez - Roca S.A.”. Barcelona-España- 1976. Páginas 149, 150 y 151), dice lo siguiente: “Hemos hablado del socialismo en la nación francesa o en el conjunto europeo. No hemos hablado del socialismo en otras naciones. Una Francia socialista, una Europa socialista no dejarán de ser islas privilegiadas en medio de un océano de servidumbre, de desigualdad, de penuria. El socialismo democrático transformaría la vida en el interior de una nación industrial o de un grupo de naciones industriales. No transformaría la vida de los países subdesarrollados. No suprimiría la enorme distancia que los separa de las naciones industrializadas. Pondría fin a la explotación de los pobres por los ricos, no a la explotación de los países pobres por los países ricos”. “Una nación o un grupo de naciones socialistas, prosigue Duverger, serían más generosas con el Tercer Mundo. No sería mucho más que una caridad, tal como la practicaban los burgueses bienpensantes del Siglo XIX. Igualar los niveles de vida entre naciones equivaldría a sumergir el reducido grupo de países adelantados en la marea de países atrasados, frenando el progreso de todos. Los ciudadanos de las naciones avanzadas, aunque sean socialistas, no se prestarán a ello. Para construir un socialismo auténtico, concluye el politólogo francés, la primera condición es librarse de ilusiones acerca del socialismo”. Como puede advertirse, con las actuales reglas de juego, ni aún con el triunfo del socialismo en el viejo continente, los países coloniales y semicoloniales en general, y América Latina, en particular, pueden esperar cambios profundos en su destino, sobre todo si hacen depender esos cambios de países interesados en mantener la balcanización de América Latina.

De Cecil Rhodes y Duverger a George Bush

Podría pensarse que con el correr de los años y una mayor conciencia mundial acerca de la equidad y la justicia social se producirían cambios importantes en la actitud de los centros de poder económico con relación a los países explotados. Infelizmente, los resultados son exactamente inversos. Está claro que la última invasión norteamericana a Irak, sin el respaldo de Naciones Unidas, hizo retroceder al derecho internacional al tiempo de las cavernas, ya que implicó el desconocimiento expreso de principios fundamentales como son el respeto a las soberanías nacionales, a la autodeterminación de los pueblos y la no ingerencia de un Estado en los asuntos internos de otro. ¿Qué diferencia hoy en día a Bush del expansionismo hitleriano? Lo que lastima aún más de los últimos actos de barbarie son los pretextos utilizados para la agresión, como la supuesta existencia de arsenales de armas químicas en Irak o que el régimen de Sadam Hussein era un peligro militar para EEUU. Bush piensa que pueda liberarse de su responsabilidad aduciendo que los informes que recibió de la CIA no eran correctos. ¿Servirá de algo ese pretexto a los cientos de miles de víctimas inocentes, a viudas y huérfanos, asesinados con bombas “inteligentes”? Es lamentable que esos actos demenciales hubieran contado con el apoyo de España e Inglaterra. Ojalá el repudio universal a esa política agresiva sirva para que ningún país del mundo vuelva a respaldarlas. Esta es tal vez la primera condición para que actos terroristas caracterizados por su brutalidad, como lo fueron los atentados a las torres gemelas de Nueva York, del 11 de septiembre de 2001, no se repitan en ninguna parte.
En noviembre de 2002, el Presidente norteamericano hizo estas afirmaciones: “Soy el comandante. No necesito explicar por qué digo las cosas. Esto es lo interesante de ser presidente. Puede ser que alguien sienta la necesidad de explicarme por qué dice algo, pero yo siento no deberle a nadie una explicación”. (Semanario “Pulso”, del 29 de noviembre al 5 de diciembre de 2002). Sólo semejante autoritarismo, que hace retroceder el pensamiento humano a los tiempos de Gengis Kan, puede explicar el por qué EEUU ha resuelto no apoyar el funcionamiento de la Corte Penal Internacional (CPI), considerada como otro de los avances de nuestro tiempo, destinados a acercarnos a los ideales de dignidad y de justicia. Pero para Bush no es suficiente no respaldar a esa Corte, sino que, además, está presionando, uno por uno, a cada uno de los países latinoamericanos, para que acepten la inmunidad de los soldados norteamericanos que podrían desembarcar en nuestros territorios. En esa conducta, se inscribe, asimismo, la decisión estadounidense de no suscribir el protocolo de Kyoto, que busca detener los daños, al parecer irreparables, que están causando a la humanidad los cambios climáticos.
Cabe denunciar, asimismo, que los gobiernos de Washington utilizan la lacra del tráfico de drogas para incrementar el sometimiento de nuestros pueblos. Centenares de analistas han advertido que EEUU se niega, de manera sistemática, a eliminar el lavado de dólares procedentes del narcotráfico, debido a que el 50% de los dineros que tienen ese origen son “legalizados” en Bancos norteamericanos. En lugar de esta medida sensata, Washington prefiere militarizar extensas zonas de Colombia, Bolivia o Perú, ya que lo anterior le sirve para digitar a las Fuerzas Armadas y policías de los países nombrados. Para mantener cierto equilibrio en el análisis de las asechanzas actuales que pesan sobre América Latina debemos reconocer que ellas no provienen sólo de Estados Unidos, sino que, en varios rubros, se entremezclan con intereses europeos. Tengamos en cuenta que en la Argentina, por ejemplo, se ha denunciado la intencionalidad de Bancos norteamericanos y del viejo continente de obligar al gobierno de Buenos Aires a pagar su enorme deuda externa con la entrega del territorio patagónico, cuyos preciados recursos naturales aún no están debidamente cuantificados. El parlamento argentino ha dedicado varias sesiones a analizar los alcances de esa denuncia. En otro momento, dos prominentes economistas del Massachussets Institute of Technology (MIT), Rudiger Dombusch y Ricardo Caballero, propusieron que el gobierno de Eduardo Duhalde entregue el manejo del Banco Central a tecnócratas del Primer Mundo (“Página 12”, de Buenos Aires, del 17 de abril de 2002). Si alguien se extraña por estos datos, bastaría que tome en cuenta las presiones cotidianas del Fondo Monetario Internacional (FMI) y otros organismos contra los países de la periferia económica del planeta. Tuvo razón el general Perón cuando dijo que “el FMI es el engendro del imperialismo para dominar a nuestros pueblos”. También estremece el descaro con que las grandes potencias nos empujan a practicar el libre comercio, sin restricciones, cuando, de manera paralela, ejercen, bajo el paraguas de la Organización Mundial del Comercio (OMC), el proteccionismo agrícola más desembozado, que es, justamente, el rubro en que los países del sur tienen ventajas comparativas. Claro que el rubro agrícola no es el único en el que aparecen estas distorsiones. Si no pregúntese a los brasileños las ilegales barreras económicas que deben vencer cuando quiere vender acero al mercado norteamericano .Pero si de locuras se trata, cómo no mencionar la persistencia de las grandes potencias de seguir fabricando armas, atómicas y convencionales, mientras de dientes para afuera aparecen como defensoras de la paz mundial.
Deseo formular una rápida referencia a la actuación del famoso juez español Baltazar Garzón. Estimo que América Latina tiene una deuda con este personaje, ya que gracias a sus acciones hubo un sacudón en nuestros gobiernos para no dejar impunes a dictadores, torturadores y asesinos. Sin embargo, aún no está claro de donde emerge el derecho de un juez de un país para juzgar a personas de países distintos. Si la acción de Baltazar Garzón se llevara a cabo dentro de las prescripciones de la Corte Penal Internacional no habría problema alguno. Como ello no es así, surgen, entre otras, estas preguntas: ¿Se atreverá alguna vez el juez Garzón a enjuiciar a genocidas del primer mundo, por hechos cometidos, por ejemplo, por ingleses y norteamericanos en Irak y por estos últimos en Vietnam? ¿Por qué no dice nada acerca de los autores de matanzas ocurridas durante la guerra civil española, sobre todo después que en las últimas semanas aparecieron fosas comunes con centenares de personas, como informó el Boletín “Rebelión”, de Uruguay, el l0 de agosto pasado? ¿Se permitirá alguna vez a un juez de un país semicolonial enjuiciar a violadores de derechos humanos del primer mundo? Por ahora, dejo la pregunta seguida de puntos suspensivos.


IRAK

<hr><h2><u>IRAK</H2></U>

DE LA LÁGRIMA A LA REBELIÓN



Por Pedro Godoy P.
Centro de Estudios Chilenos


Cuando todo parecía perdido y la esperanza de sacudirse del yugo colonial una quimera un pueblo, según Condolessa Rice, ubicado “en un obscuro rincón del planeta” devuelve la esperanza a los “condenados de la tierra”. Casa por casa, barrio por barrio, villorrio por villorrio, ciudad por ciudad hoy se combate en Irak. El suelo que vio florecer por vez primera la civilización a orillas del Tigris y del Eufrates enarbola bandera negra. Cócteles Molotov y metralletas Aka, misiles desplazados desde el lomo de borricos y bazookas antitanques... jaquean a la coalición angloyanqui. Se ha visto obligada a pedir un armisticio con lo cual eleva el status de la insurgencia patriótica.

Niños y ancianos, hombres y mujeres, indigentes y adinerados, baathistas e islámicos, fedayines y mujadines integran el Frente Nacional en medio de la sangre que ya reemplaza a la lágrima. El heroísmo desnudo –aquel que seducía a Paul Nizan- está presente en ese escenario donde el primermundismo quizo una victoria arrolladora y hoy cosecha derrotas. Quizás no se esté en la víspera de la ofensiva Tet que precipita la caída de Saigón, pero la insurrección de Irak es generalizada. Está en juego la aspiración presidencial del mayor terrorista de nuestro tiempo: George W. Bush. Ya Aznar pierde la jefatura del gobierno y se anuncia el retorno de las tropas hispanas.

La ciencia militar se ha enriquecido con una estrategia no imaginada por Ho ni Mao. Consiste en llevar el amedrentamiento a la entraña misma del adversario. Las Torres Gemelas, el Metro de Moscú y el Teatro Bolshoi, el nudo ferroviario de Madrid. Sin duda, represalias atroces tanto como el arrasamiento por la artillería primermundista de aldeas afganas, chechenas e iraquíes. Se alude al terror. En efecto existe y de ambos contrincantes. Nos pronunciamos por erradicarlo. Ello no es óbice para hoy, desde este otro “polvoriento rincón de la humanidad sumergida”, se brinde un aplauso a aquellos corajudos partisanos.


AMÉRICA LATINA: LA PATRIA INCONCLUSA (III)

<hr><h2><u>AMÉRICA LATINA: LA PATRIA INCONCLUSA (III)</h2></u>

Andrés Solíz Rada - Tercera y última parte

Globalización y Ongs

El panorama apretadamente descrito está encubierto por la palabra “globalización”, que no es otra cosa que la acepción moderna del imperialismo. Según los “globalizadores”, los Estados nacionales están en decadencia, de manera que la pasada dependencia de los países sometidos ha sido reemplaza por la interdependencia entre todos los países del mundo. Quienes formulan esa aseveración, deberían responder esta pregunta. ¿Alguien ha visto que al producirse fuga de capitales de Rusia, Argentina, Brasil, México o Japón, estos huyan a Tanganica, Haití o Bolivia? ¿No es acaso evidente que esos dineros fugan indefectiblemente a los centros de poder mundial? No es verdad que los Estados nacionales estén en proceso de decadencia en todas partes del mundo. Es cierto que agonizan en muchos países periféricos, sobre todo a partir del denominado “Consenso de Washington”, de 1989, pero es evidente, asimismo, que los Estados de los centros de poder mundial son cada vez más poderosos y que la “globalización” es el taparrabos de las grandes potencias para ejercitar sus políticas de siempre.
Sobre esa supuesta interdependencia, el “Financial Times”, del 10 de mayo de 2002, informó que de las 500 compañías más grandes del mundo, casi todas son norteamericanas o europeas. Al desglosar el concepto, indica que el 48 por ciento de las empresas y bancos más importantes del mundo, son de Estados Unidos y 30 por ciento de la Unión Europea. Sólo el 10 por ciento restante pertenece a Japón. En otras palabras, casi el 90 por ciento de las corporaciones más grandes del mundo, en industria, banca y comercio, son estadounidenses, europeas y japonesas. El poder económico se concentra en estas tres unidades económicas geográficas, y no en conceptos vacíos como “Imperio”, sin Imperialismo o en “corporaciones multinacionales sin territorio”, como dice el italiano Antonio Negri. (“Página 12”, 5-06-02). El sometimiento de las colonias y semicolonias sería incompleto sino alcanzara a la mente de los dominados. Se ha dicho, desde hace tiempo, que las periferias envían materias primas a las metrópolis, a cambio de lo cual, reciben análisis periodísticos. Ese criterio aún tiene validez, siquiera parcial. Ha sido Pierre Bordeau quien ha explicado que, en el pasado, los grupos de poder manipulaban a la opinión pública ocultando y restringiendo información. Ahora, en cambio, la desorientan con exceso de información. Los medios de comunicación, cada vez más poderosos, tienen tal poder para confundir al receptor que, no pocas veces, éste es incapaz de distinguir los bombardeos a Irak o Afganistan de una película de ficción sobre las futuras guerras en el espacio. El retroceso de la libertad de expresión puede ser advertido, a nivel mundial, al comparar, desde el punto de vista informativo, la guerra de Vietnam con las de Irak. La de Vietnam fue objeto de amplia cobertura noticiosa. Como puede recordarse hojeando publicaciones de la época, en Vietnam hubo periodistas de medios escritos, radiales y televisivos de una enorme cantidad de países, que tenían enorme libertad de movimiento. Debió ser, además, la guerra en la que los reporteros gráficos lograron tomar fotografías admirables y filmaron documentales que seguirán siendo admirados por las próximas generaciones. El ejercicio de la libertad de información redundó en la publicación de reportajes, entrevistas, crónicas, análisis y críticas inscriptas en el más amplio espectro democrático. Sin embargo, el resultado fue el fortalecimiento creciente de corrientes de opinión contrarias a la guerra, que debilitaron la moral de los invasores. La lección fue aprendida por la Casa Blanca, ya que en las guerras contra Irak impuso férrea censura. Salvo minúsculas excepciones, el mundo fue informado a través de la CNN, digitada, obviamente, por el departamento de Estado. Esa misma CNN es la que orienta, con sutileza es cierto, acerca de elecciones en Uruguay, Chile y El Salvador, y nos dice, así sea de manera subliminal, cual debería ser nuestro candidato favorito.
Es obvio, finalmente, que las transnacionales, al debilitar al máximo a los Estados nacionales de las periferias, han dejado vacíos que el capital financiero foráneo no tiene interés de llenar. Este detalle permite entender el por qué las obligaciones sociales, o en salud, educación y otras, desatendidas por gobiernos sumisos, están ahora a cargo de Organizaciones No Gubernamentales (ONGs). Llegó un momento en el gobierno nacional que era tan grande la dificultad de saber cuantas ONGs operaban en Bolivia, que se resolvió contratar
a otra ONG para que hiciera ese trabajo. Las ONGs operan en Bolivia, y creo que en otros países vulnerables de América Latina, con tal grado de descontrol que se ha vuelto imposible promulgar una ley que fiscalice sus tareas. Cuando tratamos de hacerlo en la Comisión de Política Internacional de la Cámara de Diputados, las presiones de las Embajadas de EEUU y de los países europeos, así como de organismos internacionales nos convencieron de la imposibilidad fáctica de hacerlo. En síntesis, las potencias mundiales, transnacionales, organismos financieros internacionales, las ONGs y las grandes cadenas informativas,
manejadas por los centros de poder, cierran el paso a la integración efectiva de América Latina.

La integración de América Latina: desafíos y perspectivas

Por lo expuesto, puede colegirse que no es lo mismo avanzar en la integración de Estados nacionales con alto grado de autonomía económica y ejercicio real de soberanía, como ocurre en Europa, que buscar la integración de Estados semicoloniales, incapaces de retener el grueso del excedente económico que generan nuestros pueblos y cuyas decisiones, en temas fundamentales, están sujetas a criterios y presiones foráneas. Lo anterior explica, por lo menos en parte, los fracasos, en unos casos, o, en otros, los escasos avances integradores en la región. Cabe advertir que las mejores perspectivas en materia de integración en América del Sur tuvieron lugar en gobiernos con mayores espacios de autodeterminación. Estamos hablando de lo que ocurrió con el Pacto Andino, a cuya fundación concurrieron, el 26 de mayo de 1969, Bolivia, Chile, Perú y Ecuador. El momento cumbre del Pacto Andino tuvo lugar un año después de su creación, con la aprobación de la denominada “Decisión 24”, mediante la cual
se obligaba a las transnacionales a reinvertir parte de sus utilidades en los países en los que se habían asentado, dentro de una estrategia industrialista de América Latina, basada en la sustitución de importaciones, planteada por la CEPAL, a través de Raúl Prebisch. Lo anterior es incomprensible si se olvida que el 26 de septiembre de 1969, había tomado el poder en Bolivia el general Alfredo Ovando Candia, quien, con el respaldo de jóvenes nacionalistas, como Marcelo Quiroga Santa Cruz y José Ortiz Mercado, nacionalizó a la Bolivian Gul Oil Company, instaló hornos estatales de fundición de estaño y, sobre todo, elaboró una estrategia nacional de desarrollo, que, treinta y tres años después, es todavía un referente de lo que debería hacerse en Bolivia, si se quiere salir de la crisis que nos agobia.
La “Decisión 24” es también incomprensible si se olvida que en esos años el Perú estuvo gobernado, a partir de 1968, por el general Juan Velasco Alvarado, quien dictó la primera reforma agraria en la historia de su país, nacionalizó la Banca, la minería, el petróleo y su industria pesquera, de manera que el Estado se convirtió en el rector de su economía. Chile estaba gobernado, en ese tiempo, por el demócrata cristiano Eduardo Frei Montalva, quien ya impulsó importantes medidas destinadas a incrementar la participación estatal en la minería del cobre, lo que fue profundizado aun más, en 1970, con la llegada al poder de Salvador Allende. Los derrocamientos de Ovando y de su sucesor en la misma línea nacionalista, el general Juan José Torres González, en Bolivia, de Juan Velasco Alvarado, en el Perú, y de Salvador Allende, en Chile, debilitaron profundamente al Pacto Andino. La “Decisión 24” fue anulada poco después, produciéndose, por orden del general Augusto Pinochet, el retiro de Chile del Pacto Andino. La incorporación de Venezuela al Pacto Andino, en 1973, no compensó el cambio de correlación de fuerzas producido en el Cono Sur latinoamericano. El cambio de
nombre del Pacto Andino por el de Comunidad Andina de Naciones, en agosto de 1997, no implicó cambios a la situación descrita.
El 26 de marzo de 1991. Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay suscribieron el Tratado de Asunción, punto de arranque del Mercado Común del Sur o Mercosur, al cual se asociaron después Chile, Bolivia y, hace pocos meses, Perú. Las perspectivas del Mercosur están asentadas en la potencialidad económica de Argentina y Brasil, los países de mayor desarrollo en América del Sur, los que, durante décadas, estuvieron geopolíticamente enfrentados, por prédicas disociadoras procedentes de Europa y Washington. Por fin en los últimos años las
FFAA argentinas y brasileñas han dejado de trabajar en las hipótesis de conflicto que las tornaba, supuestamente, enemigas irreconciliables. Desde nuestro punto de vista, el Mercosur ha estado trabado en los dos gobiernos de Carlos Menem en la Argentina, caracterizado por la privatización de sus industrias estratégicas y de sus Bancos, lo que precipitó a su país en la crisis económica más dura de su historia. Sin embargo, es notoria la recuperación de la
Argentina, a partir del gobierno de Néstor Kirchner, la que, como es obvio, se ha iniciado con el rescate de la autoestima de su pueblo. En agosto pasado, se realizó también en Asunción la reunión de mandatarios del Mercosur a la cual asistió el presidente venezolano Hugo Chávez, en cuya oportunidad planteó la articulación de las empresas petroleras estatales de América Latina. ¿Puede imaginarse la forma en que empezaría a cambiar América Latina si coordinan sus esfuerzos, para evitar la fuga irracional de divisas, empresas de las
dimensiones de Petrobrás de Brasil, Pemex de México y PDVESA de Venezuela, además de las existentes en Colombia, Ecuador, Chile y Perú? Chávez ha advertido la carencia de una petrolera estatal en la Argentina, razón por la cual ofreció la ayuda de su país a fin de lograr la refundación de YPF. Bolivia necesita transitar por el mismo camino.
El Presidente Chávez ha tocado, a mi juicio, la tecla exacta. América Latina necesita, más allá de desarrollar a las burguesías nacionales, generalmente cobardes y sumisas al capital foráneo, impulsar el capitalismo de Estado, cuyos cimientos existían al iniciarse la década de los años setenta. El gran argumento, una vez más, que conspira contra esta idea, reside en difundir la idea de que los latinoamericanos somos incapaces y ladrones. Necesitamos
desmentir esos argumentos. Requerimos volver a creer en nosotros mismos y desarrollar prácticas de control social a fin de evitar la corrupción.
Precisamos, finalmente, impulsar la interculturalidad, la unidad en la diversidad y el respeto a lo diverso, a fin de preservar a nuestras patrias de los riesgos de disgregación, como los que ahora enfrenta Bolivia. Con esas bases, podemos terminar de construir la Patria Grande soñada por el Libertador.
Al concluir estas reflexiones, hago notar que la Izquierda Nacional, precisamente por su vocación bolivariana, no puede callar el daño que causa a la integración latinoamericana la no solución del enclaustramiento geográfico de Bolivia, causado por la oligarquía chilena, aliada al imperialismo inglés, en la guerra del Pacífico de 1879 Se trata de una herida profunda y dolorosa que sólo quedará cicatrizada cuando nuestro país recobre su condición de país ribereño del océano Pacífico, con la que nació a la vida independiente.


CONDORITO

<hr><h2><u>CONDORITO</h2></u>

50 AÑOS JUNTO AL PUEBLO



Augusto Alvarado

Nota del autor: Este artículo lo escribí en Buenos Aires a fines de 1982. Sin mayor apoyo documental, sólo apelando a la memoria y conversando con amigos sobre "Condorito" y su irrupción en el Río de la Plata. En 1999, a cincuenta años de la aparición del personaje, actualicé el título. Originalmente el título fue: "Reflexiones sobre Condorito" y apareció en la revista "Aconcagua" (de la cual fuí director), en Buenos Aires, publicación que alcanzó los seis números y que estaba realizada por un grupo de chilenos radicados entonces en la capital argentina.
- - - - - - - - - -

Por estos días está ha cumplido más de medio siglo de vida, aunque es difícil para nosotros averiguar exactamente su fecha de nacimiento. Pero los chilenos de los años 50 crecimos junto al personaje de Pepo en las páginas de la revista "Okey". También existía entonces "El Peneca" y luego aparecería "Barrabases". Todas fueron desapareciendo. No pudieron sobrevivir a la invasión de revistas procedentes de México, a bajo precio, con los clásicos de Walt Disney, más tarde también editados en Chile. Los que vivimos nuestra infancia en la Patagonia también conocimos "Billiken". Circulaba entre los hijos de los chilenos que "cruzaban el alambre" para trabajar en el yacimiento de carbón de Río Turbio, o en Río Gallegos, o en alguna de las estancias de la pampa santacruceña. Pero... esa es otra historia.

Condorito, la revista del dibujante chileno Pepo, libró su propia y victoriosa batalla contra el Pato Donald y Los Tres Chanchitos. Con miles de lectores en su país de origen, conquistó el mercado andino, sin duda el ámbito más propicio para el alto vuelo de este cóndor de "ojotas", "poncho" y "chupalla". Bolivia, Perú y Ecuador se convirtieron en sólidas plazas comerciales de Condorito, para ventura de Pepo y de los amantes de un genuino y unitario humor latinoamericano. Tuvieron los dibujantes el buen criterio de ir incorporando personajes propios en cada país, y lo hicieron respetando el sentir del pueblo. Notable es el caso de "Titicaco", personaje del Condorito boliviano, un pequeño indio kolla simpático, alegre, amistoso y, por sobre todas las cosas, respetuoso de sus tradiciones.

Desde hace varios años la revista chilena incursiona en el Río de la Plata, más exactamente en la Argentina. Para sorpresa de los chilenos residentes, el éxito de Condorito por estos pagos ha sido espectacular. Se pensaba que le resultaría difícil competir en un medio donde el humor gráfico goza de merecido prestigio: Quino, Cognini, Landrú, Caloi, Fontanarrosa, aparecían como obstáculos casi insalvables para el que propusiera "arrastarles el poncho" jugando de visitante. Sin embargo, Condorito y sus amigos han conquistado el corazón de los lectores argentinos. Frente al fenómeno intentaremos una explicación que no pretende ser "ideológica" ni mucho menos "semiológica", pues es "siútico" hilar fino cuando de cosas gordas se trata.

Condorito es, por sobre todas las cosas, un personaje popular, simple, autóctono, latinoamericano. Aunque puede ser, en sus aventuras, astronauta, bombero, médico, fakir o peluquero sus ojotas o su poncho delatarán siempre su estirpe de roto. Nuestro personaje habita junto a su sobrino Coné, su compadre Chuma, su novia Yayita, su suegrita doña Treme y su perro Washington en un imaginario pueblo del Chile central denominado Pelotillehue. Es un marginal, un "afuerino" en la ciudad y en el campo. Con trabajo siempre escaso y poco dinero en el bolsillo. No obstante, le sobra imaginación y le llueven los amigos. Con ambos supera los problemas del diario vivir. El humor de Condorito no es intelectual ni rebuscado. Es directo. Su lenguaje es el que usa la gente común. Los nombres de los personajes y sus características no son producto sólo de la imaginación de Pepo, sino más bien, de su observación de los tipos sociales y de la realidad popular chilena que, sabemos, no es esencialmente diferente a la de otros países del continente ¿Quién no ha tenido un compadre "paleteado" como Chuma? ¿Quién no ha conocido en su familia o entre sus vecinos a un Comegatos, a un Garganta de Lata o un Pepe Cortisona?

Condorito, necesario es manifestarlo, no es un personaje querido por moros y cristianos. Tiene, aunque Pepo no se lo proponga, un inconfundible olor a pueblo. Ello no es del agrado de los sectores "cultos" o de las clases medias intelectualizadas, más entusiasmadas con "Mafalda" que con las aventuras de un cóndor supuestamente apolítico y conformista.

En la Argentina está ocurriendo lo mismo. Es en el pueblo donde ha calado hondo este curioso personaje andino. La gente anónima, los "hombres oscuros" hacen circular de mano en mano la revista de Pepo. Condorito -roto y huaso- ha volado de las altas y frías cumbres andinas a la ciudad portuaria y a la pampa generosa e infinita. "Nada hay más poderoso en el mundo que una idea cuya hora ha llegado" sostenía Víctor Hugo. Condorito sólo podía alcanzar un triunfo definitivo en una Argentina que se latinoamericaniza porque tiene más de Martín Fierro que de cajetilla de arrabal. Por este motivo dan ganas de gritar, al más puro estilo condoril, como expresión de júbilo: "¡Viva el roto Quezada!"