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MIRANDO AL SUR - augusto alvarado


LOLITA Y LOS HÉROES DE BORINQUEN

<hr><h2><u>LOLITA Y LOS HÉROES DE BORINQUEN</h2></u>

México D.F. Miércoles 3 de marzo de 2004
José Steinsleger

En la cafetería de la Estación Central de Nueva York, tres hombres y una mujer ajustaron los detalles de la causa que los había reunido aquella mañana del primero de marzo de 1954. Los cuatro compraron boletos one way a Washington DC y los cuatro se miraron con los ojos confiados de quienes saben que no habrá retorno.
Horas después, desde una de las galerías del Capitolio, Lolita Lebrón (34 años) empezó a disparar con su pistola al techo del recinto, en tanto Rafael Cancel Miranda (23), Irving Flores Rodríguez (27) y Andrés Figueroa Cordero (29) abrían fuego contra los 243 congresistas en sesión que debatían asuntos de la inmigración ilegal de trabajadores mexicanos.

Lolita desplegó una bandera enorme al grito de Free Puerto Rico now!, ¡Viva Puerto Rico libre! y el mundo quedó estremecido ante un hecho que silenció el ruido de la potentísima bomba de hidrógeno que Estados Unidos había detonado en la madrugada sobre las islas Marshall del Pacífico. Tres demócratas y dos republicanos quedaron heridos.

Desde San Juan, el gobernador colonial Luis Muñoz Marín se solidarizó con el Imperio ante la "canallesca acción". El líder independentista Pedro Albizú Campos (1893-1965), jefe del comando, habló de "acto sublime de heroísmo". ¿Quién tenía razón? Ocupada la isla por el general Nelson.

Miles durante la guerra con España (1898), Estados Unidos impuso a los puertorriqueños la ciudadanía estadunidense (Ley Foraker, 1917) y después aplastó, reprimió, encarceló y asesinó a miles de nacionalistas hasta que en 1952 maquilló el régimen colonial del país convirtiéndolo en Estado libre asociado.

No sólo eso. A inicios de 1930, en consonancia con las prácticas médicas de la Alemania nazi, la Fundación Rockefeller patrocinó los experimentos de un grupo de médicos que inyectaban con elementos radioactivos a campesinos y presos políticos, sin que supiesen que los estaban usando como conejillos de Indias. Albizú Campos, entre ellos. Además trascendió que de 1960 a 1970 la esterilización masiva era rutina de los yanquis entre las mujeres pobres de Puerto Rico.

El comando que hace 50 años atacó el Capitolio no actuó a ciegas. En Naciones Unidas, Washington había logrado que la Asamblea General aprobase una resolución (748-VIII), en la que Puerto Rico quedaba excluido del listado de territorios coloniales sobre los que las potencias administradoras tenían que rendir cuentas ante la administración general. Asimismo, el asiento que aquel 1º de marzo de 1954 se había concedido al Partido Nacionalista (PNP) como observador ante la décima Conferencia de la OEA en Caracas quedó vacío luego que los delegados puertorriqueños no recibieron el visado para entrar a Venezuela, debido a presiones del gobierno estadunidense.

El 30 de octubre de 1950, el PNP dirigido por Albizú Campos se levantó en armas contra el gobierno invasor, proclamando en el pueblo de Jayuya la República Libre y Soberana de Puerto Rico. Los alzados fueron masacrados por aire y tierra y los nacionalistas respondieron atacando Casa Blair en Washington, residencia del presidente Harry Truman, responsable de las bombas atómicas sobre Japón.

Encabezada por Griselio Torresola y Oscar Collazo, la acción causó la muerte del primero y la condena a muerte del segundo, sentencia conmutada por prisión perpetua. Andrés murió de cáncer. Lolita, Irving, Rafael y Collazo pasaron 25 años en prisiones de Estados Unidos y fueron indultados en 1979 por el gobierno de James Carter. El apóstol Albizú Campos, puesto en libertad a inicios de 1960, falleció al poco tiempo a causa de las torturas recibidas.

Ninguno de los sobrevivientes aceptó la libertad bajo fianza y, tras ser liberados, retornaron a su patria, donde la multitud los cargó en hombros. Allí siguen hasta hoy, peleando. En marzo de 2001, a los 81 años, Lolita ingresó al polígono de tiro que la armada yanqui tiene en la isla de Vieques. Citada por un tribunal federal, se negó a comparecer.

"Yo no le reconozco jurisdicción sobre mi persona a ese tribunal", dijo.

No pudieron con ella. En septiembre del mismo año, Lolita fue oradora única en el acto de conmemoración del Grito de Lares (1868), donde manifestó: "El régimen colonial es destructivo para la dignidad del hombre. Es un régimen que corrompe conciencias. Conciencias a las que se le pone precio en oro".

El 1º de marzo de 1954, la policía encontró en su cartera una nota que decía: "Ante Dios y el mundo mi sangre clama por la independencia de Puerto Rico. Mi vida doy por la libertad de mi patria". ¿Algo distinto del "Dadme la libertad o dadme la muerte" de los textos escolares que en Estados Unidos cuentan la gesta de su propia independencia? "Libertad o muerte", rezan las placas de los automóviles que circulan en Massachussets y los estados de Nueva Inglaterra.


MUJER: EL TANGO TE HIZO DAÑO

<hr><h2></U>MUJER: EL TANGO TE HIZO DAÑO</h2></U>

Ana María Giacosa (*)

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(*) Ana María Giacosa, tempranamente desaparecida, fue una brillante argentina. Desplegó su talento tanto en la acción política –fue Convencional Constituyente de su provincia natal, Salta, candidata a gobernadora de esa provincia y dirigente del Movimiento Patriótico de Liberación- como en el periodismo, la crítica de costumbres, la literatura y la defensa de los derechos de las mujeres.
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Permítasenos no descalzarnos para entrar al sagrado tabernáculo de la “canción ciudadana”. Entiéndase el misterio profundo del escaso aporte femenino al caudal de los fanáticos del tango. Ajenas al desarraigo, la nostalgia, la reciedumbre, el fatalismo y otras implicancias con mayúscula, las mujeres expusimos el cuello inerme al cuchillo de obsidiana de letristas. En el ara de ese “sentimiento triste que se baila”, fuimos sacrificadas sin piedad.
Percanta, Milonguita, Purreta Arrabalera, Santa Madrecita. Ser sin infancia que nunca “pegó la ñata contra el vidrio” ni indagó en el futuro. Adornando estática la humilde casita con su juventud y sus trenzas, mientras dormita su tendencia al lodo. Indefectiblemente cambiarían el percal por el lamé y la casita de los viejos por el cabaret.
Eva pecadora, atemporal y eterna –salvo la madre de espinazo clavado al pie del piletón que aguarda siempre el regreso del hijo calavera- puesta en escena para sumir tarde o temprano al sufrido varón en abismos de desdicha. La traición femenina, agotada en las mil letras y acordes sirvió para destacar la presencia del matón engañado, llorón y nostalgioso. Debía realzar las muestras de nobleza, coraje e hidalguía de aquellos engañados que corrían al reencuentro de las nobles virtudes, con la vieja y los amigos trasnochados. El “macho corazón” que se vengaba malamente en “Noche de Reyes”, y dibujaba merecidas “flores de cuchillo” en la mejilla de las volubles muchachas, también tuvo en la literatura tanguera una ancha franja para la comprensión, el perdón y el “pecho fraterno”. No diremos que en la mayoría de los tangos los caracteres masculinos fueron pintados con trazos magistrales, pero no hay duda que para los femeninos se usó la brocha gorda. Descontemos una “Malena” entre cientos. Abrazada al arte de la traición, al licor y el “Parné”, las pobres mujeres del tango tuvieron un destino inevitable. Ajenas a los sentimientos nobles fueron recortadas en el papel de pecadoras. Casi nunca ejercieron la comprensión. No otorgaron perdón. Hasta su sufrimiento fue de segunda. La que rió y se hartó de champán en la primera estrofa llorará hecha una lástima y toserá en la última.
De aquellas milonguitas sin más capital que su hermosura, muchachitas cegadas por el brillo y la buena vida, que dan la espalda al amor sincero, al mate amargo; “los tarritos con moñitos, los malvones del balcón”; de las “Venus de quilombo, que al final se van al bombo” se encargaría el destino, sabio y varón, castigándolas con la decrepitud y la miseria. Desvencijadas y solas tocarían la puerta de sus antiguos amores buscando arrepentidas un pecho fraterno o un palenque donde rascarse. ¿Lo encontrarían alguna vez? En general las sacaban con cajas destempladas enrostrándoles su pecado. Porque en esto la “canción ciudadana” fue inflexible. En lo que a pecado se refiere, para las mujeres una vez basta. ¡Dichosos aquellos que agotaron la lista de las flaquezas humanas para resurgir incólumes como un fuego purificador!
Exiliadas del cafetín metafísico, de la amistad en la órbita del vino, el pernod o la cortada mistonga, el bulín de la calle Ayacucho o el cuartito azul tendrían para las mujeres del tango un regusto amargo. Allí los muchachos se convertían en hombres y las mujeres en una ruina. “Yo no puedo acordarme del pasado / aunque tuve veinte años como vos”. Los recuerdos eran tan sospechosos como el “pasado”, aunque esté difuminado por barcos y brumas. Recordar sin arrepentimiento es cosa de varones. Pero tampoco se avizoraba un futuro que no fuera negro para estas pobres muchachas: tendrían “veinte abriles carnavaleros” y luego serían irrevocablemente “monedas de cobre, que nadie las quiere”, “descolado mueble viejo” y otros apelativos tan alejados de la metáfora como éstos. Aquellos altivos varones heridos por la traición se sentarían a esperar “la fiera venganza del tiempo” sobre el objeto de sus amores. Salvo escasos tangos, donde Cronos se permite platearles discretamente las sienes o arruinarles el hígado, los varones del tango parecen todos munidos de un retrato de Dorian Grey. Como las mujeres no hablaban, ni recordaban, ni por supuesto filosofaban, nos quedamos sin saber si ellas hubieran reconocido en esos vejetes apostados a la puerta del cabaret a sus fogosos amantes.
Imprevisoras hasta la exageración, caerían en un pozo de desgracia en el umbral de los cuarenta. A pesar de los consejos y advertencias, ninguna comprendió que la “pollera cortona y las trenzas” se acaban un día. Terminados “los brillos y el rango” regresarían siempre vencidas al cabo de los años, arrastrando el visón apolillado y en estado físico lamentable; sin duda la previsión del futuro y la humana capacidad de remontar la adversidad les fueron negadas a las indefensas mujeres del tango. El llanto vendría puntualmente a buscar a las desgraciadas y el anatema a las que tuvieron un poco de suerte. Para las mujeres, la última farra llegaba temprano y sin el consuelo de “la vieja” y de la “barra”. Unos pocos años de champán y de frío nocturno y … a toser en los boulevares de París, el centro o el suburbio. Sólo les quedaba añorar el percal y aquel amor de barrio que les obsequiaba glicinas de los cercos. No negamos en absoluto que les restaba la posibilidad de redención a través del sufrimiento, la muerte o, con suerte, la toca y el jardín conventual. De todas maneras, un sufrimiento en tono menor que nunca oscureció el dolor con mayúscula que padece el varón del tango, víctima constante de ingratitudes y traiciones, dueño del amor, del odio y del desdén; de la redención, la nostalgia y el perdón. Por supuesto, cantor y autor.
En el tango, la que se va pierde. No podrá aducir en su defensa ninguna razón tanguísticamente válida. ¿Cómo no emocionarnos con aquellos versos “No habrá ninguna igual, todas murieron / en el momento en que dijiste adiós”? Nos dejaban partir con enamorados compases. Gracias Homero Manzi, gracias por el Tango, en nombre de nosotras mismas y de tantas mujeres vapuleadas en inolvidables versos sin recibir “una ayuda, una mano, ni un favor”.
Más allá de meditaciones sociológicas, psicológicas y de amor a su música, ¿cómo sofocar la sensación que nos arruga el corazón y nos pone en guardia cada vez que escuchamos el grito de “¡Música, Maestro!”,seguido del son de un bandoneón?


LA TRIPLE FRONTERA DEL PRESIDENTE

<hr><h2><u>LA TRIPLE FRONTERA DEL PRESIDENTE</h2></u>

Entre el pejotismo, el progresismo y el peronismo



Por Alberto Guerberof
Causa Popular


El presidente Kirchner inició su gestión disponiendo de un margen muy estrecho de poder real. Para muchos era un presidente sin partido de una nación sin estado. Para otros tantos, sorprendidos por los primeros anuncios, podía pertenecer a ese reducido lote de mandatarios latinoamericanos que suben al caballo por la derecha y bajan por la izquierda. Para todos, en el severo banco de pruebas de la interminable crisis argentina, pronto se desbrozarían las ilusiones de las esperanzas, y ocuparían su correspondiente lugar, las palabras y los hechos.

Se entiende que las poderosas fuerzas que dominan la Argentina semicolonial y que lucran con la impotencia a que la condenaron, propicien la parálisis de la voluntad presidencial. Entretanto, se han hecho apenas audibles los ecos de los acontecimientos de diciembre de 2001 y febriles personeros del establishment buscan sin descanso alentar un escenario de restauración del neoliberalismo; mientras, la dirigencia pejotista mira para otro lado. Los otros partidos están igual de desorientados. La izquierda bochinchera, seudopiquetera e inepta sigue deshojando la margarita y favoreciendo los planes de la reacción.

Una sociedad que cambia

El peronismo, derrocado en 1955, fue – decía Arturo Jauretche – el último ensayo de una economía nacional independiente. Sobre la base de un capitalismo autónomo y una justicia social distributiva, el desarrollo, durante aquellos diez años de gobierno popular no dependió de una burguesía nacional fuerte y propia que no llegó a ser. No siempre se recuerda que la élite gobernante oligárquico-terrateniente que se impone en la batalla de Pavón (1861), se caracterizó por no invertir, por derrochar el excedente, y transmitía esa conducta de “vivir de renta”, a las clases subalternas. El lugar de una burguesía lo ocupó el Estado como el gran empresario y banquero de los emprendimientos e inversiones más importantes. Es un dato que debe retenerse cuando parece que se propicia la creación de una “burguesía nacional” como la clave para retomar aquel camino que frustraron la oligarquía de la época y las potencias mundiales hostiles a la industrialización argentina.
No obstante los golpes recibidos, la producción industrial – como verifica el economista Eduardo Basualdo – siguió siendo el factor preponderante de la economía hasta 1976, en que por medio de la dictadura salvaje del “proceso”, Martínez de Hoz desplazó a la industria nacional y le arrancó el control de los segmentos del mercado interno que había puesto en sus manos con el régimen de sustitución de importaciones.

En la década del 80, y en sintonía con la “revolución conservadora” en los centros de poder mundial, el país ya había pegado un fuerte retroceso. La antigua oligarquía terrateniente y ganadera sucumbía a la sombra de la extinción del vínculo comercial estable con Europa. Ese espacio en la cúspide progresivamente fue ocupado por grandes firmas trasnacionales de la intermediación parásita, mientras los descendientes de las familias oligarcas se volcaban al sector financiero u organizaban circuitos turísticos a sus estancias convertidas en museos.
En medio siglo se había transitado de la República vacuna, conservadora y probritánica de los 30 a la República sojera, monoproductora, excluida y castigada de comienzos de milenio. En el ínterin, la decrépita oligarquía europeizante no pudo ni sostenerse a sí misma como grupo hegemónico, pero tuvo la fuerza e influencia suficientes para frustrar el proyecto industrializador, soberano y con justicia social del peronismo.
Una impresionante vuelta atrás experimentaba el país cada vez que las clases gobernantes se empecinaban en ajustar la realidad al esquema importado. Así fue durante muchos años. Para ponerle una fecha, en el campo de la política financiera, verdadero grifo por el que se producía la descapitalización nacional a favor del capitalismo extranjero, desde que en 1956, la “revolución libertadora” afilió al país al FMI y aceptó sus ajustes y monitoreos. Habitualmente, todo se reducía a un golpe de furca cuyo botín compartían los socios extranjeros del bloque dominante. La convertibilidad fue la culminación de todo un ciclo histórico. Tan virulento retroceso debía tener su correlato en la degradación de las prácticas políticas.

Del peronismo al pejotismo

El peronismo fue parte de los levantamientos nacionales y antiimperialistas que conmovieron al planeta al finalizar la segunda guerra mundial. Con jefes nacionalistas o socialistas, civiles o militares, dichos movimientos se proponían reducir la brecha histórica que separaba a sus países del Occidente hiperdesarrollado que los oprimía. Con la caída del imperio soviético y la globalización capitalista, las revoluciones y movimientos nacionales de aquel período, sin respuestas a la nueva situación, se enfrentaron en crecido número a una franca decadencia. El peronismo no fue ajeno a ese proceso y las peores prácticas de los partidos que apuntalaban la dependencia penetraron profundamente el tejido político del gran movimiento creado por Perón. El clientelismo, la corrupción parlamentaria, los despotismos locales, los internismos salvajes, sepultaron la herencia del 17 de octubre. De ese modo las banderas populares fueron archivadas y con aportes parejos de la “ortodoxia” y de la “renovación” fue posible el apoderamiento del PJ por parte del menemismo y su proyecto ultraliberal.

El transversalismo, concepto y categoría atribuidos al Presidente, se propondría apartar la capa más contaminada de la dirigencia del PJ y de todos los partidos, facilitando el sinceramiento del sistema político y la creación de una fuerza propia. El legítimo propósito del kirchnerismo y la necesidad impostergable de sanear las representatividades políticas enfrenta también no pocos peligros. Si el transversalismo se limita a una operación de aritmética electoral, sumando fracciones y tendencias con una visión que no va más allá de las siguientes elecciones, será el rótulo de un nuevo fracaso o el ingenioso ardid de los personeros del statu-quo. Apuntará en la dirección correcta, en cambio, si se propone ser cauce de unidad de las fuerzas patrióticas y populares hoy dispersas bajo diversas siglas y que constituyen el motor de una profundización de los cambios iniciados.

El enemigo intenta levantar cabeza. Este, a pesar de sus luces y sombras, no es su gobierno. Ya están en los medios, con frecuencia creciente, López Murphy, el Cema, Menem. Los autores y cómplices del gran desfalco de los 90, vuelven a circular. El blanco es el Presidente. Éste a su vez, deberá calibrar muy bien la política de alianzas que le permitirá afirmar y ampliar el espacio del nuevo poder. Será el momento de evaluar con todo rigor el papel del progresismo, estuche brilloso de una quimera que cuando cobró realidad se presentó con la silueta del verbalismo alfonsinista o con la no menos ruinosa de la Alianza de triste recuerdo.

¿Que se hará con las FFAA? Los recientes episodios, incluidos el acto y cierre de la Esma, no contribuyeron a esclarecer el tema. Menos aún, la eliminación de retratos. Los antiguos Incas borraban de sus inscripciones o registros llamados quipus toda referencia a sus enemigos vencidos. Creían de ese modo borrarlos de la historia. Perversidad ingenua a la que no le faltarían imitadores modernos. La galería de retratos podrá estar poblada por figuras venerables o execrables, pero las oportunidades históricas para retomar, las FFAA, la senda de los Libertadores y asumir el papel militar, productivo e iberoamericano que demanda el presente, no se repetirán fácilmente.

¿Que pasará con los sindicatos? ¿Se los seguirá juzgando desde el ángulo de verlos poco rentables electoralmente? La existencia de una clase trabajadora reducida por una brutal y prolongada desindustrialización, no habilita a dejar de lado a un sector decisivo, cuyo realismo político y peso social, se incrementarán en la misma medida que se ingrese en serio a un nuevo modelo económico donde los salarios no los fije el FMI ni el empleo o el nivel de actividad se regulen con los acreedores fraudulentos y bonistas de una deuda ilegitima.

En otras palabras, desde la Izquierda Nacional sostenemos que hay que contar a la máxima brevedad con un amplio frente político y social, nacional, popular, democrático y latinoamericanista, que promueva y organice la movilización popular, que respalde e impulse la profundización de las medidas adoptadas que por sí mismas son insuficientes, que neutralice el peso muerto de aparatos partidarios y que garantice que el cauce abierto con la agenda del kirchnerismo: ruptura y rechazo al neoliberalismo, derechos humanos y sociales, Mercosur y Unión Sudamericana sean los pasos iniciales de la revolución nacional y social que, en diversos modos y tonos el pueblo argentino reclama y merece.


RIQUEZA Y MISTERIO DE BUENOS AIRES

<hr><h2><u>RIQUEZA Y MISTERIO DE BUENOS AIRES</h2></u>

Abel Posse

Mi Buenos Aires. Tu Buenos Aires. Nuestro Buenos Aires. La Ciudad se conjuga con cada uno de sus protagonistas. Hay tantas Buenos Aires como vivencias individuales.

Incluso ahora, en tiempo de miseria, penuria y dolor, sigue creciendo su prestigio de fascinación. Esta ciudad sin palmeras, pirámides o playas rientes, logra seducir con su misterio. Tiene carisma. Miles de turistas la acosan. Es destino preferido de diplomáticos de todo el mundo. Podríamos decir que es una de las cinco o seis urbes capaces de ejercer una misteriosa devoción, de segregar su leyenda.

A diferencia de las ciudades de belleza evidente, como Río de Janeiro, el poder atractivo de Buenos Aires es inefable. ¿Dónde situarlo en estos tiempos de sombríos cartoneros que parecen condenados de un nuevo círculo dantesco, en estos años de indefensión urbana, de agresividad, crimen y peligro?

Esa calle Corrientes, roñosa, con sus veredas quebradas y el desaliño de sus edificios desparejos, ¿cómo puede seguir reteniendo algún interés?, ¿qué extraña metafísica planea sobre el desorden urbano?, ¿qué indicarle o señalarle al entusiasmado turista que bajó del avión?

No es ciudad para turistas. El turismo apenas se desliza sobre lo afamado o lo evidente, desde el Taj-Mahal hasta la Plaza de San Marcos. Buenos Aires parece hecha para viajeros lentos, para descubridores de gestos inesperados, para quienes son capaces de observar la discreta fuga de un gato por la pared baja con malvón y jazmín del país.

Para los porteños, más allá de lo tanto perdido, ganado, padecido o gozado, Buenos Aires es un ser vivo, un marco insoslayable. Una presencia indirecta, de madre regando en el jardín, de amigo desolado en una mesa de café.

Los que vienen de Europa hacia nuestro profundo sur encuentran un bastión marginal de su propia cultura. Una Europa exterior. Una Europa desvencijada. Un Shangri-La en los confines de Occidente.

“Insoportable, nadie podrá componerla. No tiene arreglo”, dijo Le Corbusier cuando la visitó. Escándalo para urbanistas, sin embargo tiene ese encanto de ciertas callejas de Nápoles, de Roma, de París. Carece de la monumentalidad de Manhattan, pero destila iguales blues de angustia y de inesperadas alegrías. Rilke decía que toda gran ciudad es un hecho contra natura. Buenos Aires nació como un acto de voluntad. La Ciudad empujó al país tradicional, alteró con sus angustias y su fuerza la siesta sudamericana. Sin Buenos Aires, la Argentina entera carecería de profundidad. Hay en sus calles mucho dolor y esperanza de inmigrantes, muchas generaciones que aspiraron a lo mejor, muchos sueños de poetas, carreristas, inventores, erotómanos, revolucionarios, chicas que dejaron el percal y buscaron el Centro. Alegría de tierra prometida, dolor de ilusión perdida. El tango es el verdadero corpus poético que la describe cabalmente. El tango es la caja de resonancia de un particularísimo sentido trágico de la vida (o de la vida como insignificancia y desilusión de efímeros triunfadores).

Incluso el tango for export del actual auge, con sus coreografías falsas y bailarines atléticos, sigue transmitiendo la esencia de la Ciudad. Todo porteño lleva en el alma dos compases o dos versos de tango que lo sitúan en los días de la infancia perdida, en la exaltación del primer amor o del primer fracaso.

El tango. Un silbido en la noche alta, unas notas que caen de una ventana o iluminan de nostalgia el viaje en taxi. Siempre está a lo lejos, en lo profundo, en el margen, en la más rigurosa intimidad.

Buenos Aires de las fruterías abiertas en la madrugada, de librerías de urgencia metafísica extrema, de bobería de fútbol y de domingo arruinado por las disonancias de locutores vulgares. Buenos Aires, hacia Recoleta, va de francesa a colonial; de las meditaciones de Ortega por la calle Quintana, enamorado de una patrona de estancia, a los gomeros que Severo Sarduy consideraba asombrosos dioses vegetales.

El sino y el signo de Buenos Aires es la creatividad, el talento, una persistencia y recóndita mirada de nostalgia. Es la alegría del encuentro de amor. Es sus mujeres, deliciosas, elegantes, juguetonamente perversas, complicadas hasta el freudismo.

Es también la torpeza y la incapacidad políticas como un destino incesante. El destino de un Sísifo sureño.

En Praga y en Venecia, aprendí que hay ciudades con otra dimensión. Tal vez en esto se centre ese inexplicable atractivo de Buenos Aires. Y creo que más que en el Barrio Norte o en la Recoleta, es internándose por las calles empedradas, Buenos Aires adentro, donde aparecen los signos de su encanto. Sábato situaba la particularidad de Buenos Aires en esa profundidad de barrio, enriquecida por tantas razas y sensibilidades quebradas. Españoles, criollos, italianos, alemanes, judíos askenazis, ucranios, fueron dejando en esas calles su alma perdida, su nostalgia, los logros y desesperanzas.

Calles arboladas en siesta de verano. Calles de Evaristo Carriego, de improbables malevos de Borges. Cuchilleros de letras de tango, prostitución a destajo y la amoralidad chic de los años treinta con aquellas mujeres de fabulosas espaldas desnudas y boquillas a lo Pola Negri en el Armenonville, el Royal Pigalle y después el Tabarís. La elegancia de una burguesía que se cargó a Europa por asalto, a golpes de cultura. Y luego, el Buenos Aires de los cafés donde el respetado era el inteligente, el soñador. Las mesas de Arlt, de Discépolo, de Eva Perón y sus amigos del teatro. El Buenos Aires de los exiliados españoles y de todo el mundo, desde Ramón Gómez de la Serna, con su pipa en el Edelweiss hasta Gombrowicz a las cuatro de la tarde en la vacía confitería del Rex esperando a Sabato, o a su partner para el ajedrez.

Las calles largas que se abren hacia Flores, Villa Crespo, Colegiales y el espanto del cementerio... Calles custodiadas por la disciplinada legión de plátanos o de tipas, sahumadas en la primavera por el jazmín de las macetas. Las paredes bajas que domina aquel gato que se dijo y que nos mira fijo, durante un instante, para luego desaparecer en su reino de sombra.

Si el viajero pudo iniciarse en el misterio de esas calles infinitas, puede estar seguro de llevarse su Buenos Aires, el personal, para siempre.

Nuestra América era en 1880 un desierto insignificante. Buenos Aires, por entonces, un aldeón con más adobe que ladrillo, con más lapacho que metal. Un extraño daimón, una misteriosa voluntad de ser la sacudió y la arrebató del placer soso de la siesta colonial.

Misteriosamente se le ocurrió ser. Ser la puerta abierta al mundo ofreciendo la nada del desierto como posibilidad para todos. Ya en 1910, apenas en tres décadas, se asombraron los europeos, desde la infanta Isabel hasta Clemenceau. El Congreso, el Colón, los hospitales, los palacios de la avenida Alvear, los bosques de Palermo, el hipódromo con los fracs, las capelinas y las galas de Longchamps en aquel 9 de Julio triunfal.

Buenos Aires ya lanzaba su mitología propia. Esa voluntad de poder se plasmó en un cosmos entrañable de la Ciudad. Su sola presencia nos debería dar la energía que necesitamos en este mal paso histórico en el que nos hemos metido. Tenemos una amiga poderosa. Una gran amiga que no tolera la queja ni la flojera.


POEMAS DE RAMÓN DÍAZ ETEROVIC

<hr><h2><u>POEMAS DE RAMÓN DÍAZ ETEROVIC</h2></u>

MUCHACHAS COMUNES

Alguien como yo también las ama.

Las veo
cuando van rumbo a la fábrica,
o tras las cajas de un supermercado
contando treinta monedas
que no le pertenecen.

A veces ríen
–simples y momentáneas–
como flores
que no resistirán el invierno.

A su manera son felices,
y sé
que alguien como yo
también las ama.

TARDES EN EL CAFÉ

Todas las tardes
se observan entre los vahos del Café.

Algunas veces se sonríen
y otras, no.

Ella es la señora,
él,
Julito, el garzón.

GATO DE BARRIO

El gato
me observa
desde
su rebeldía azul.

Suave,
arisco,
como dulce enigma.

Adormilado en sus recuerdos
él entiende
mis dolores cotidianos,
la pequeña muerte que me espera
cuando cada mañana
abro la puerta de mi casa
y me clausuro.

AUTORRETRATO DEL OTRO

Hay un hombre que recorre por las noches
las calles de un país que no se nombra.
Se parece a mí, a otros, a todos.
A veces sueña y a veces ríe,
mientras mira sus dientes en una vitrina.
Le gusta detenerse en las esquinas,
explorar sombras y temores,
ocultar su rostro a los extraños.
Al amanecer reniega de sí mismo
y de sus pecados inconfesables.
Regresa a su casa.
Bebe un café, lava su cara
y aprisiona su corbata entre los dedos.
Luego,
despojado de su verdad y de sus sueños
sale a recorrer las calles,
enmascarado.

DESPUÉS DE TODO

Después de todo,
y pese a la vida misma,
la esperanza
me acompaña y mal aconseja.

Después de todo,
y pese a la vida misma,
la esperanza
me obliga a rayar la muralla prohibida.

ESTE DÍA

Me rompo de tristezas
y silencio.
Escribo un número por las mañanas
y atisbo el sol tras una nube de cifras
y expedientes.
A media mañana,
clandestino,
enhebro un verso
como una sombra
sin destino.
Soy
y no soy.
Me rompo de tristezas
y silencio.
Palpo tres monedas en mis bolsillos
y pienso en la muchacha del café
que me desea un buen día
y luego se olvida de mi nombre.

VIDA

I

Voz, pequeña voz
que dentro de mí se apaga.

II

¿Para qué tanto afán?
A la muerte nadie renuncia.

III

Sueño del niño que jugó en un columpio del sur,
con sus mejillas sonrosadas por el viento
y el nombre de su madre como único verbo cierto.

IV

Mi madre.
Como extraño su fresco aroma a esperanza.
Sus dulces ojos de niña que soñaba
con terrones de azúcar y muñecas.

V

Verbos y naufragios.

Agua,
inútil oficio
de la palabra.
Dudas,
temblores,
risas.

Vivo y es suficiente.

VI

Un año se suma a otro
y sigo viviendo en la boca del lobo.


MÉXICO EN CHILE

<hr><h2><u>MÉXICO EN CHILE</h2></u>

Joaquín Edwards Bello
Enero 1960

Curioso homenaje al Presidente de México, en Chile, consistiría en llevarle una tarde de día festivo a observar en la entrada de algún cine de barrio. Aquí, como en Valparaíso y otras regiones, el cine de barrio es ochenta por ciento mexicano.
Superficialmente el asunto es banal. En el fondo es un drama.
Es el drama de un pueblo que no supo o no pudo cantarse a sí mismo. No nos engañemos. Engañarnos es pecado grave. Chile es un país hospitalario, cosmopolita, con costumbres y arte cosmopolitas. La parte popular de Chile, “los de abajo”, diría Azuela, ha sido estrangulada por las migraciones sanas y progresistas de vascos, de alemanes, de ingleses, de italianos y de toda suerte de razas más preparadas para desplazar a la gente antigua. En México el pueblo presume de tener sangre india. A los rubios les llaman despectivamente “hueros”. Aquí ocurre lo contrario. He visto individuos morenos, con cabelleras negras, tiesas como alambres, enderezados con petulancia para proclamar: “Nosotros los vascos”. La casta social que nuestro Encina llamó “aristocracia castellano-vasca” se separó de la más antigua casta con sangre india, extremeña y andaluza, en verdad más aristocrática que la nueva. Con un desprecio amable, muy hipócrita, se separó de dicha clase, burlándose de ella mediante apodos y expresiones despreciativas. En mi niñez la clase alta se decía la “gente decente”. Esta clase rica, con sangre vasca, algo mezclada con africana y andaluza, se destacó de la clase pobre de manera comparativa. La antipalabra para decente es indecente. La aristocracia, más bonachona e infantil que sádica, se irguió feliz en su superioridad vistosa, más alta, más blanca y elegante. La mujer vasca es la más esbelta y elegante de España. Las expresiones patricias despectivas referentes al tipo y costumbres de la masa pobre profundizaron el barranco separador hasta ridículos e increíbles extremos, como las plazas públicas de aquellos pueblos con tres secciones limitadas, para la aristocracia, la clase media y para el roto. El “Día del Roto Chileno” es un portento de hipocresía saludable.
El tipo de la gente popular y sus manifestaciones más expresivas han sufrido de burlas y de desprecios. Estas burlas serían criminales y odiosas si la parte de la aristocracia culpable de ellas hubiera tenido responsabilidad. La verdad es que aquella clase carecía de talento y de maldad. Las expresiones denigrantes para la masa popular provenían de un sector femenino frívolo e indiferente.
Típicas expresiones para opacar al pueblo hispano indio son la de “tapamugre”, para el manto femenino; la de “chinas”, para las sirvientas, y la de “olor a patriotismo”, para el aliento condensado de las masas populares en las fiestas patrióticas.
Las costumbres, las cosas, se parecen, con nombres diferentes. Las ojotas, en México, son guaraches; los porotos son frijoles; el poncho es sarape.
En mucho parecidos, menos en la tradición artística. Tal vez haya en México Estados con gente parecida a los chilenos en todo. No lo dudo, México es un continente. De todas maneras, con matices de una u otra clase, nos entendemos y nos apreciamos.
El cariño de Chile a México es comprensión. Se trata de un mensaje moreno, y se escuchaba ya en el siglo pasado. Yo lo escuché.
Nuestro pueblo se vio interpretado y engrandecido en el arte mexicano, no solamente en la edad del cine. Tendría yo once años cuando oí a mi madre interpretar, en el piano, entre “Carmen” y “Gioconda”, el vals “Sobre las olas”, de Juventino Rosas, un músico de Guanajuato. ¡Cuánta dulzura! “… Olas que al llegar plañideras muriendo a mis pies…”.
En la misma época habíamos descubierto, en el Liceo, a los poetas Juan de Dios Peza y Manuel Acuña. Soy viejo y podría recitar de memoria el “Reír llorando”, “Frente a Toledo”, de Peza, y el “Nocturno”, de Acuña. Más tarde leí a no pocos escritores mexicanos, sin prejuicios de lector snob. Tanto me interesa Alfonso Reyes como Manuel Payno. Casi más este último en “El fistol del diablo”. Gutiérrez Nájera y Díaz Mirón son fascinantes. Inclán es sobremanera excitante. Llené de anotaciones los libros de Vega Arizpe y de Icaza. Maples y Arce, Azuela y Martín Luis Guzmán me son familiares, como Nervo, Del Castillo, Nuñez y Domínguez, Trejo y cuanto sea mexicano. Los chilenos encontramos en ello algo que nos habían quitado. Los payadores, el romanticismo, la virilidad de los instrumentos musicales. En ese Chile de mi niñez, pobrísimo en arte, nos aseguraban que el cante con guitarras o piano era cosa de mujeres. Absurdo concepto de la virilidad. He oído a un matón de cabaret lo siguiente: “En Argentina cantan los hombres. En Chile cantan las mujeres”. Estupidez divulgada con jactancia. La costumbre, en Chile, del cante en grupos masculinos es nueva. No tiene más de veinte años. Es imitación de mariachis y de tanguistas.
Algo le faltaba al pueblo. Algo necesitaba. Después de Pancho Villa, la música y el cine mexicanos dieron a nuestra masa popular un tónico de confianza y de seguridad personal. En 1920 la revolución social chilena cantó su triunfo en trinos mexicanos, el “Cielito lindo” y “La cucaracha”. Un plato popular se llama Pancho Villa. Manjar picante para hombrecitos. Mexicanos y chilenos somos vecinos y parientes con espinazo de volcanes. Los cuchillos mexicanos y chilenos en la California de la avalancha del oro se juntaron en la leyenda de Joaquín Murieta.
Guatimozín y Caupolicán son hermanos.
Nuestro Vicente Pérez Rosales, personaje novelesco, aventurero y hombre de Estado, tras de peripecias de Jack London en California, llegó a la casa de cierto mexicano rico, de nombre Alvarado. Las damas de la casa de Alvarado huyeron con terror. Sería un bandido. Cuando conocieron la calidad del visitante lo colmaron con atenciones. Antes de partir, el señor Alvarado regaló al señor Pérez Rosales la más rica silla de montar mexicana con adornos de oro y plata.
Un verano, en la parte más pintoresca de Valparaíso, donde está la admirable feria de la Avenida Argentina, se desarrolló un cuadro inolvidable ante mis ojos. Montada en un burrito, la más linda chiquilla descalza del cerro próximo se acomodó la blusa en sus pequeños senos puntiagudos, animó al burrito y elevó la voz aguda, enfilando a la Calaguala:
- “Allá en el rancho grande…”.


MÁS POEMAS DE HUGO VERA MIRANDA

<hr><h2><u>MÁS POEMAS DE HUGO VERA MIRANDA</h2></U>

una mañana en puerto natales

íbamos con mi novia al puerto,
íbamos con mi novia a comprar pescado,
al puerto;
de improviso el cielo estalla,
una bandada de gorriones
se posa delicadamente sobre la nieve,
la nieve del puerto.

me alejé de mi novia,
el pescado se olvidó de mí
y eché a volar con los gorriones.

********************

lejos de natales I

el partir nunca es un acto solitario;
cuando la sombra del viajero se mece
en la luna de otros lares,
va con él la dispersa memoria
de aquello que dejó en su camino,
un amor de furia de los mares,
el surcado rostro de la madre ausente,
dos o tres promesas que no se cumplieron,
y en el recuerdo el mar, el viento, las montañas.

el partir nunca es un acto solitario;
le sigue a su partida el viento inexorable,
el recuerdo de aquel difuso bar
donde entre dimes y diretes se bebe a sorbos
el brebaje incierto del desamparo,
el aroma de los pinos de la plaza principal,
la imagen del orgulloso dorotea
y la lancha que ingresa a la bahía.

el partir nunca es un acto solitario;
se parte, es cierto que se parte,
pero también se queda,
se queda en la retina de los que no partieron,
en las calles tantas veces recorridas,
en la impaciente espera de los viejos afectos,
en las sigilosas estanterías de los recuerdos.

el partir nunca es un acto solitario;
nos acompaña siempre la luna natalina.

********************

mensaje a débora en pinar del río

salgo a navegar con mi alma pirata
en mares indómitos de alcohol,
dulces putas infectadas de melancolía
vienen a mi encuentro,
la noche sangra en la letanía de un perro
y un tiburón lleno de flores
se encuentra varado en mi abdomen;
en lo alto la cruz del sur
abajo el cementerio, el polvo de los huesos
se funde con el polvo de los caminos,
los turistas trepan a los cerros
cantandocantando
verybonitonatalesyesyes.

a través del insobornable espejo
vemos pasar la velocidad del minuto,
nos desprendemos del disfraz
y el espanto de las arrugas
horroriza nuestra conciencia;
llevamos en la frente los crímenes
que por lamentables descuidos
no hemos cometido.

¿adónde ir con nuestro esqueleto?

el gusano perfectible sabe;
en el truco de la vida
él siempre tiene el as de espadas.


ARTERIAS ABIERTAS

La República de Uruguay - 5 de Febrero de 2004

Eleuterio Fernández Huidobro
Senador nacional por el Movimiento de Participación Popular


Recién terminado uno de los congresos más largos en la izquierda uruguaya (el del MPP que consumió parte de 1998 y principios de 1999) y a punto de comenzar la campaña electoral rumbo a las elecciones internas de abril de 1999, diezmados y divididos, quienes nos quedamos en el MPP sosteníamos, ya entonces, ideas como las que se podrán leer a continuación.
Vuelvo a publicar entonces, en esta columna de "La República", lo escrito en mi columna de Mate Amargo el 25 de febrero de 1999 para refrescar la memoria de quienes la hayan leído hace cinco años, darla al conocimiento de quienes no la hayan leído, y cimentar de modo irrefutable la demostración de que hoy podremos estar equivocados pero no levantamos propuestas oportunistas, circunstanciales, efímeras, fatuas, acomodadas a las circunstancias de 2004... Esta es una de las grandes ventajas de escribir: seguimos hoy sosteniendo lo mismo de hace cinco años y que, lamentablemente para todos, fue duramente confirmado por la experiencia empírica, en sus pésimas advertencias, con un altísimo costo para la gente. De modo pues que lo que sigue es, textual, lo escrito hace cinco años bajo el mismo título (Arterias abiertas), en otro medio de prensa. Ojalá dentro de otro lustro no tengamos que volver a publicar lo mismo:

Debemos tener la valentía de 1971. Estamos ante la posibilidad de ser gobierno y costó mucho llegar. Desde el Frente Amplio y el Encuentro Progresista (dos instrumentos imprescindibles y complementarios), debemos anunciar que en cinco años de gobierno no podemos ser ni reformistas ni revolucionarios por la sencilla razón de que debemos ser constructores y hasta reconstructores. Estamos ante una situación de emergencia nacional y ese concepto determina nuestra propuesta. No se trata de hacer proyectos sobre un país en marcha sino sobre un país amenazado.

Se trata de acudir con poco tiempo disponible a cubrir una urgencia y, como en tiempos artiguistas, a sembrar una "admirable alarma". Las arterias de la nación están abiertas.

La acción de sucesivos gobiernos de variado tipo ha ocasionado una alarmante destrucción del país y de las reformas de sus mejores reformistas. No han respetado nada y, si esto sigue así, de Uruguay no quedará piedra sobre piedra.

En cinco años de gobierno lo principal será detener la demolición de la Patria.

Siempre hemos querido ser revolucionarios y, como tales, nos daríamos por satisfechos si entre todos logramos en un lustro ese objetivo.

La guerra

La única y principal guerra de hoy es contra la pobreza. Y en ella deben y pueden participar todos los que se sientan orientales. Cada uno, y cada organización, es hija de su época. Nos ha tocado enfrentar la triste realidad actual y es por ella que hoy es posible y necesaria una gran Unidad Nacional.

El Frente Amplio y el Encuentro Progresista, que aún no han aglutinado todo lo que pueden y deben convocar, son respuestas a esa necesidad de movilización, porque los instrumentos políticos y sociales generados al calor de las luchas populares, no son inventos caprichosos sino expresión de realidades.

No será fácil llegar al gobierno y menos fácil lograr en cinco años metas que antes podían parecer menores, como por ejemplo que cada persona pueda poner pan y dignidad sobre su mesa. No podemos hablar, sin mentir, de grandiosos proyectos cuando la cuestión dramática hoy es lograr alimento, techo, salud y enseñanza con trabajo para todos.

El programa

Lo esencial: nuestro programa es un mensaje de salvación nacional y esperanza. Sencillo como una paloma:

La comida es, en los países gobernados seriamente, un problema de seguridad nacional. Para ello se debe expandir el mercado interno y proteger a quienes deben protagonizar esa empresa. De ello emerge una alianza indisoluble entre la ciudad y el campo. Ese abrazo histórico entre las capitales y los interiores, tan demorado, se está expresando ya en movilizaciones sociales y también en datos económicos y electorales de variado tipo. Es de mucha evidencia la posibilidad de conquistar ese decisivo escalón estratégico.

Tenemos tres armas fundamentales para esgrimir; las tres más abundantes y económicas con que cuenta el país; la ética, la tierra y la cultura.

La salud moral de nuestro pueblo, la tierra y el mar mal cultivados, y la inteligencia abundante y disponible. El capítulo "inversiones" de nuestro programa comienza por ahí.

La ética

No robar, sencillamente eso, es palanca de progreso. A este país lo viene robando una minoría de cuello duro y pararle la mano será fuente de riqueza. A tanto se ha llegado. Hay que reducir en un 30% los sueldos de todos los cargos de confianza política. Recortar drásticamente los gastos privilegiados de ciertos poderes del Estado.

Descentralización y participación activa en el gobierno y en el control de sus expresiones nacionales como municipales, de las fuerzas sociales directamente interesadas. Aumento grave de las penas, la vigilancia y la represión, contra los delitos de cuello duro, públicos o privados. Ley de enriquecimiento injustificado que traslada, por vía de excepción, la carga de la prueba al acusado y presupone su culpabilidad hasta que demuestre lo contrario.

En suma, que el ejemplo de solidaridad y sacrificio provenga de las alturas.

Poblar

Dado el atraso ocasionado, no se puede hablar hoy de Reforma Agraria y a veces ni siquiera de Colonización: debemos repoblar el país que han vaciado. Eso es defender la soberanía nacional, zafar de la trampa tendida en los cinturones de miseria urbanos, evitar que la juventud emigre, crear la riqueza que necesitamos. Las políticas aplicadas desde hace años en base al engaño, han dado espaldas al mar y a la tierra en aras de un país urbano, de servicios, especulativo, macrocefálico, monstruoso. Hay que impedir por ley la extranjerización de la tierra y del mar, y hay que echarles familias, créditos, agua, juventud, ciencia y docencia a la pampa.

Tenemos un ineludible y envidiable destino marítimo y una vasta "pradera" en nuestras riquísimas aguas territoriales y debajo de ellas. Nunca más los peritos y los ingenieros agrónomos, los veterinarios, los productores rurales, los marineros y pescadores, emigrando a otros oficios, países y a la miseria.

No hay "máquina", "inversión", ni "capital" más rentable que ellos, a corto, mediano y largo plazo.

Esta es una propuesta civilizatoria distinta a la del "neoliberalismo". Esto es el "Uruguay Productivo". Sólo de ahí puede desprenderse la propuesta educativa. 0ruguay necesita para poder ganar esta "guerra", la sangre nueva de su juventud y la riqueza de su "materia gris". La "reforma educativa" debe estar en función de los fines y del proyecto. La del actual gobierno se contrapone al único futuro posible del país. Lo descarta y lo impide.

La alianza

Nadie debe ser excluido a priori de esta empresa. Todos deben ser invitados a participar en ella. El Frente Amplio y el Encuentro Progresista pueden darse el lujo de abrir sus puertas a la inmensa mayoría de la población gracias a este programa.

Los otros no pueden y por eso buscan captar voluntades mediante otros mecanismos. Pero además sólo el Frente Amplio y el Encuentro Progresista pueden invitar a proponer, decidir, exigir y controlar.

Los privilegiados

Queda claro que con este proyecto en el Uruguay sólo caben, y debe haber, cuatro grandes jerarquías "privilegiadas". Mejor dicho, cuatro grandes conjuntos de acreedores: la patria, los enfermos, los ancianos, los niños y por lo tanto el nido, que es casa y vientre de mujer. Por patria, el terruño, la naturaleza, el ecosistema o como quiera llamársele: esa valiosa herencia que disfrutamos gratis gracias al sacrificio de quienes nos precedieron, y que debemos legar mejorada y no envilecida, para que los que vienen después puedan seguir existiendo. Pradera y mar, pero también cultura, las tres cosas en la vasta extensión de su significado. Pájaros pintados, barcos y corazones hospitalarios que el mundo conozca como "Uruguay".

Donde sencillamente se pueda vivir y criar con dignidad.