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MIRANDO AL SUR - augusto alvarado


LA INSOLENCIA DEL PODER

<hr><h2><u>LA INSOLENCIA DEL PODER</hr></u></h2>

Por Enrique Lacolla

La Voz del Interior
– Enero 2004

El pasado jueves, el presidente George W. Bush asumió su segundo mandato en Estados Unidos. El miércoles, quien fungiera como Consejera de Seguridad Nacional durante el primer período, Condoleezza Rice, uno de los halcones de esa administración, recibió el visto bueno del Comité de Política Exterior del Senado, por 16 votos contra dos, para desempeñarse como secretaria de Estado.

Si no fuera porque respecto del curso general de los actos de la megapotencia hay certidumbres y no hipótesis, no se podría menos que observar con inquietud esta confirmación que el pueblo y el Congreso norteamericano dieron a dos figuras que simbolizan lo más duro de su política exterior.

En la práctica, sin embargo, no parece que existan en el esquema de poder norteamericano alternativas a esta orientación, como no sean algunas variaciones cosméticas que los demócratas podrían haber introducido respecto de cuestiones de procedimiento.

La agresividad estadounidense se pone de manifiesto tanto en lo aparentemente menor como en lo grande. El maltrato de que fuera objeto el canciller argentino, Rafael Bielsa, en el aeropuerto de Miami, fue una demostración de arrogancia y desprecio en pequeña escala. Bielsa fue sometido a un desagradable interrogatorio en el hall de la estación aérea luego de protestar por la demora de su vuelo, sin tomar en cuenta su investidura ni el hecho de que venía de presidir la reunión del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Luego le devolvieron su equipaje revuelto, con la notificación de que había sido inspeccionado. No hubo excusas oficiales, que sepamos, ni el canciller se ocupó de reclamarlas, aunque el Ministerio de Relaciones Exteriores argentino elevó después una protesta por el episodio.

Desparpajo

Aún más preocupante es que este estilo matonesco no sólo se ejerce contra un funcionario de un país latinoamericano sino que se explaya en las tribunas más altas y se matiza con esa insolencia que deviene del desparpajo y de la negación deliberada y maliciosa de lo que es a todas luces evidente.

En su exposición ante el comité del Senado que debía confirmar su nominación como secretaria de Estado, Condoleezza Rice, por ejemplo, tras repetir sus amenazas a Irán y Corea del Norte, arremetió otra vez contra Venezuela.

“Hay que mirar al gobierno venezolano como una fuerza negativa en la región”, dijo. “Dedicaré tiempo a la Organización de Estados Americanos para que aplique su Carta Democrática a los dirigentes que no gobiernan en forma democrática a sus países, a pesar de haber sido elegidos democráticamente”...

Seis victorias electorales en un marco de turbulencia golpista parecen ser insuficientes a la flamante secretaria de Estado para otorgarle al gobierno de Hugo Chávez las credenciales de demócrata.

Aunque revuelvan el estómago, es inútil enojarse por estas expresiones: son parte del viejo juego del cinismo que los poderosos suelen desplegar contra los débiles en el escenario mundial.

Parafraseando a Pascal, podríamos decir que “la fuerza tiene razones que la razón no entiende”.

Pero lo que sí hay que tomar en cuenta son las proyecciones concretas que esos despliegues de arrogancia implican. Irán y Venezuela parecen ser los próximos blancos del activismo de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) y el Pentágono, y esto es grave.

En este marco hay que evaluar el secuestro de Rodrigo Granda, en Caracas. Presunto “canciller” de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc), Granda no tenía requerimientos de parte de la Justicia colombiana, aunque con posterioridad a su secuestro el pedido de captura fue sometido a Interpol Venezuela.

Es difícil que este episodio –que promovió un distanciamiento en las relaciones entre Bogotá y Caracas– resulte sólo del deseo de neutralizar a un elemento subversivo. Detrás de él, parece diseñarse una maniobra típica de inteligencia. Una ofensiva a fondo para terminar de desgastar a Chávez sería una forma de torpedear por largo tiempo la incipiente unidad
latinoamericana
. Ésta comenzó a tomar cuerpo con el rechazo al Área de Libre
Comercio de las Américas (Alca) y la conformación de la Unión Sudamericana, hoy apenas algo más que un sello sobre el papel, pero con potencialidades asombrosas.

Catalogar a Chávez como protector de la narcoguerrilla y arrastrarlo a un foro donde debería defenderse de ese cargo, promovería un circo mediático dirigido a desestabilizarlo. A partir de allí sólo faltaría darle la puntilla. Aunque, ¿quién le pone el cascabel al gato?


LA POESÍA DE JOSE ÁNGEL CUEVAS

<hr><u><h2>LA POESÍA DE JOSE ÁNGEL CUEVAS</u></h2>

Por Aristóteles España

“1973”, es el título del nuevo libro del poeta José Ángel Cuevas (Santiago, 1945), editado por LOM ediciones. “1973”, a secas. Para el mundo chileno y latinoamericano ese año es fatídico. El golpe de estado en Chile y el exterminio de miles de militantes que habían hecho suyo el sueño de lograr mejores días para los desposeídos. Este texto de gran belleza y lleno de emoción nos traslada a los días del gobierno de la Unidad Popular, los deseos de llevar a cabo transformaciones en todos los ámbitos de la sociedad chilena. Hay voces de militantes desesperados, dirigentes aislados de la realidad, evocaciones al proletariado alemán, a la construcción de vanguardias que iban a llevar directamente al paraíso a todo un mundo que no lograba entender lo que estaba sucediendo. Seres mesiánicos que pensaron estaban iluminados para construir una sociedad sin clases, dice en un poema.

Sin duda, éste es un libro de la derrota, de sangre por las calles como en los versos de Neruda en la guerra civil española, de alucinaciones, de alcohol, bares, bohemia. El hablante que recorre este texto es como un peatón que deambula por los rincones de una urbe llena de locura y con la angustia de que sus mejores hermanos, están muertos o se auto exiliaron en su propio país, insertos en delirantes análisis para explicar lo sucedido. A su lado hay palomas, perros vagos, gatos en tejados llenos de telarañas, prostitutas, poetas que escriben poemas de amor y muerte. De repente este libro de José Ángel Cuevas nos recuerda el “Aullido” de Allen Ginsberg. No hay escapatoria para el lector. Por sus palabras fluye todo el dolor del mundo, tanques que arrasan la ciudad, sus edificios, dejaron sólo al Presidente, dice, hay perros malditos que nos les importa la poesía política. El poeta cuestiona desde la lírica a sectores de la izquierda chilena, los retornados nos dijeron que en la Urss y en el bloque del Este no existía el socialismo, relata. Para comprender mejor este poemario hay que decir que el autor siempre permaneció en Chile, y que el personaje que construye en este libro, en gran parte, es él; con toda la voluntad de quien no tuvo ayuda para sobrevivir en medio del horror imperante en los años dictatoriales.

En el poema 212 saluda a su generación que estuvo en el hospital psiquiátrico de Santiago, a sus cuerpos llenos de alcohol, drogas, miseria, a sus amigos estudiantes que salían de las prisiones con los dientes quebrados y sin uñas. Los obreros y campesinos ya no están unidos, afirma, los boleros no son los de antes, Allende está muerto y cada día los partidos lo olvidan más.

Esta es una poesía de la aniquilación, los hablantes que participan de esta experiencia tienen sus propias alucinaciones, son los desechos históricos de una “temporada en el infierno nacional”, dicen los editores.

José Ángel Cuevas ha publicado “Introducción a Santiago” (1981); “Adiós muchedumbres” (1989); “30 poemas del ex poeta” (1992); “Proyecto de país” (1994); “Poemas de la comisión liquidadora” (1997); “Diario de la ciudad ardiente” (1998); “Maxim” (2000).

Ha obtenido premios de Consejo Nacional del Libro; de la revista de libros del diario “El Mercurio”, de la Federación de Estudiantes de Chile. Sus obras han sido publicadas en revistas de América Latina y Europa. En la década del sesenta estudió Filosofía en el Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile


ENTREVISTA A HUGO CHÁVEZ

<h2><u><hr>ENTREVISTA A HUGO CHÁVEZ</h2></u>

"NO HAY SOLUCIÓN SIN INTEGRACIÓN LATINOAMERICANA"



Por Gennaro Carotenuto (*) - Enero de 2005

La construcción de la unidad latinoamericana es el sueño frustrado desde la derrota política del libertador Simón Bolívar, hace ya casi dos siglos. Para liquidar este sueño, proyecto político que ha sido derrotado en varias circunstancias, en ningún lugar como en Latinoamérica el imperio estadounidense ha utilizado la herramienta del divide et impera del antiguo imperio romano.

- Usted vuelve a proyectar y a presentar, como un paso fundador de su programa político, la necesidad ineludible de un proceso integrador, de la construcción de una patria grande latinoamericana desde el Río Grande hasta Tierra del Fuego.

- Hay mucho de sueño en esto de la integración latinoamericana. Pero nosotros creemos que es un sueño posible. Una utopía realizable. Yo creo que este es un buen momento para realizar sueños. Nosotros estamos avanzando hacia este objetivo en varias direcciones, por varios frentes. Y creo que ningún otro sueño puede ser realizado si no se empieza por un proceso unitario latinoamericano.

- Sin embargo ya una serie de siglas quedan para la historia, desde ALALC, ALCAN y el Mercosur. Ahora en Cusco se acaba de crear la Comunidad Sudamericana de Naciones, a la que es necesario dar contenido.

- La Comunidad Sudamericana de Naciones es un paso importante: no importa que avancemos un milímetro en el camino, siempre y cuando sea en la dirección correcta, porque podemos andar como un avión en la dirección incorrecta. Tengamos clara la brújula, el rumbo, el mapa y avancemos contra viento y marea. A veces el viento es muy fuerte y no podemos avanzar, a veces es un pie atrás, pero esa es la dirección. No importa cuánto tardemos. Dimos un paso en esa dirección, la dirección correcta.

Pero fíjese cómo ha cambiado, al menos el discurso, en estas cumbres. Antes cuando yo llegaba decían: “Ahí anda el loco de Chávez”. Recuerdo que en una de las primeras cumbres en las cuales nos encontramos, yo intervengo, Fidel interviene. Luego Fidel me manda un papelito que dice: “Chávez, siento que ya no soy el único diablo en estas reuniones”. Es que nosotros tenemos una propuesta integradora, para los pueblos y los trabajadores. No van a poder con nosotros, unidos como estamos. Tenemos un proyecto, tenemos una estrategia y mil tácticas, mil regimientos en ofensiva. No habrá quién pare este movimiento revolucionario por todas estas tierras.

Ahora hay que darle forma a este movimiento internacional y esto es urgente, porque la agresión que Cuba ha resistido por más de 40 años, y sigue resistiendo, con la amenaza allí creciente, y las agresiones que Venezuela lleva más de cinco años resistiendo, igual serán lanzadas contra cualquier gobierno o cualquier país que se deslinde del imperio.

- Sin embargo la construcción de la patria grande latinoamericana que usted ha vuelto a llevar a la agenda política es un sueño tan grande que ni siquiera muchos latinoamericanos, especialmente en el sur del continente, se atreven a soñarlo. Hay gobiernos progresistas que hacen apenas referencias pálidas y rituales. Sería interesante para los lectores de BRECHA enmarcar su sueño bolivariano en el marco de una agenda política concreta.

- Nosotros estamos aprendiendo muchas cosas. El pueblo está aprendiendo estas cosas. Y hemos aprendido que la técnica tiene que servir a la política. La política tiene que ser la reina, arriba de la técnica y de la economía. Y bueno, de aquí nace la idea de Petrosur. Por primera vez Petrosur o Petroamérica, o Petrocaribe, imagínese sumar el potencial
petrolífero que tiene México, con el que tiene Argentina, Venezuela, Bolivia, Colombia. En todos estos países hay petróleo, donde más, donde menos. Y el gas natural. Cuba tiene mucho petróleo. Fidel dice que va directo a la OPEP.

- Se entiende que para usted la vía de acercamiento pasa por la integración económica, según un modelo parecido al de la Unión
Europea
.

- Nosotros propusimos la creación de un Banco Central Latinoamericano. ¿Dónde están las reservas de Venezuela? En los bancos del Norte. Oro, dólares, euros. Y más allá: un fondo monetario latinoamericano. Nosotros queremos salir del Fondo Monetario Internacional. Pero en todo el continente no hay nadie más que Cuba y Venezuela de acuerdo con esta
propuesta. Y como Cuba no está en el Fondo Monetario Internacional, nos quedamos nosotros.

Pero no es sólo esto. En lo que concierne a las propuestas concretas para frenar también en materia cultural el dominio imperialista, nosotros proponemos una televisión del Sur. Este es un proyecto concreto en el cual trabajamos desde hace tres años y que está a punto de salir a la luz. Y en fin está el ALBA (Alternativa Bolivariana para América), una integración basada en la colaboración y no en la competencia, que además tomaría en cuenta a los sectores sociales más desprotegidos y que se movería sobre las bases del desarrollo endógeno ya impulsado por nuestra Constitución Bolivariana. Todos estos son sueños posibles. Todo es atreverse.

Publicado en Brecha

* Periodista Italiano. Analista Internacional.


MANUELA SÁENZ, UNA HISTORIA MALDICHA

<hr><u><h2>MANUELA SÁENZ, UNA HISTORIA MALDICHA</h2></u>

Presentación: Manuela Sáenz es, por lejos, la mujer más grande del siglo XIX suramericano. Su historia de amor y revolución -dos palabras que sólo pueden andar en pareja- me viene azorando desde hace veinte años. La nota que envío da cuenta de la aparición de una nueva novela sobre la Libertadora del Libertador, una mujer cuya vida, cuya entrega y cuya muerte aún esperan al director cinematográfico que convierta, con la magia de las luces y las sombras, la epopeya de nuestro continente que Manuelita vivió, quizás, como nadie. Todo lo que se diga de ella y de su historia es poco. Su vida fue una hipérbole, como una hipérbole fue la gesta increíble que nos dio la independencia.

Julio Fernández Baraibar – Reconquista Popular

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Por Marcelo Larrea
Argenpress
– Enero de 2005

Con un trabajo arduo, persistente, apasionado, realizado durante por lo menos 6 años, Tania Roura, ha producido una imagen de la Manuela, que tanto nuestros pueblos requieren para redescubrir su propia génesis y vencer las adversidades que los oprimen.

(Palabras del escritor Marcelo Larrea, director de la editorial La Iguana Bohemia, en la presentación de la novela, 'Manuela Sáenz, una historia maldicha' de Tania Roura, realizada en la Fundación Guayasamín en Quito).

La editorial 'La Iguana Bohemia', presenta con un profundo amor la novela 'Manuela Sáenz, una historia maldicha' de Tania Roura. Es el tercer libro que publica en su biblioteca, sobre esa mujer que nació aquí en Quito y encarnó en su vida, la más grande revolución de la historia latinoamericana. Le han precedido 'Versos de Manuela', un libro de poesía pura del escritor venezolano, Edmundo Aray, construido con las propias palabras de Manuela e ilustrado por la artista cuencana, Sara Palacios. Y, 'Manuela Sáenz, esa soy yo', un guión cinematográfico del mismo Edmundo Aray, que sintetiza para el lenguaje de las imágenes, las diversas, maravillosas e infinitas aristas de esa mujer que desafío y cambio al mundo.

Dije que presentamos éste libro, con un profundo amor, por el amor de
Manuela con Simón Bolívar. Aquel revolucionario que estremeció las entrañas de nuestros pueblos y con ellos expulsó al imperialismo español y fundó la República. La única República que todo ciudadano honesto debe reconocer. Aquella que empieza en el Orinoco y se extiende hasta la nación de Quito. Que hoy yace mutilada, desangrada, expuesta a la ocupación militar extranjera y al saqueo colonial de sus riquezas, como si acaso, se hubiesen borrado las huellas de la revolución bolivariana, pero que, sin embargo, en Venezuela, por ejemplo, en la manos del bravo pueblo, empieza a renacer.

Ese amor de Manuela y Simón, fue una dramática, doliente, crítica,
apasionada, ensoñación viva. Atravesó los senderos más diversos que el amor puede encontrar, el beso, la política, la sensualidad, la filosofía, la sexualidad, la guerra, la poesía. Y por cierto, revolucionó también el sentido del amor, al conferirle todos los sentidos y al reivindicar el derecho al amor, despreciado en las culturas monogámicas que han legislado tratando al amor como una cosa, como un objeto de 'propiedad privada' y no como un sentimiento humano, tan esencial, que sin él, la vida no es posible.

Presentamos la novela 'Manuela Sáenz, una historia maldicha', con amor, por el amor que no podemos dejar de sentir por Manuela. Por ella, la mujer que entregó su vida a esa revolución que buscó acabar con la esclavitud de nuestras naciones. Una revolución que empezó siglos antes, en la resistencia de los pueblos originarios y de la misma sociedad mestiza. Ya en 1592 en Quito, proclamó su desobediencia al rey y en una insurrección popular, su derecho a coronar a su propio Rey, iniciando una batalla anti-colonial que continua en luchas heroicas año tras año durante siglos y sigue pendiente hoy.

Manuela, empezó a vivir la ensoñación de la revolución, en todo su esplendor en la revolución del 10 de agosto de 1809, que abrió el camino a la independencia. En todo su dolor, con la ocupación de Quito por las tropas de los Virreinatos de Lima y Bogotá, la provocación y la masacre despiadada comandada por Arredondo, a un estilo genocida indiscriminado que manchó de sangre las paredes de la ciudad heroica, el 2 de agosto de 1810, con el propósito de estrangular a la revolución naciente. Genocidio que por la crueldad de sus cualidades, no ha podido ser igualado por los Pinchotes de nuestro tiempo. En su tragedia gloriosa, en eventos de dimensiones mundiales como la Batalla del Pichincha, a la cual Manuela acude, bella, como era, presta a la lucha, con vituallas y mulas, a exponer su propia vida, e incluso con un lápiz y un papel para describir el suceso épico en el mismo campo de batalla.

No, no podemos dejar de amar a esa mujer, la estratega política, que
construyó el puente para que Bolívar y Sucre fuesen al Perú y al alto Perú, a afirmar su independencia y garantizar la derrota definitiva de la Corona en Ayacucho, donde ella, por su participación en el campo de batalla, armas en la mano y bajo el fuego cruzado del enemigo, obtuvo por mérito propio, el grado de Coronela.

No, no podemos dejar de amar a la mujer que reivindica a la mujer y a la liberación de la mujer y, prueba con su vida que, no cabe ninguna
discriminación sexista. A la Manuela solitaria del exilio eterno, que en Paita reposa y espera.

Entonces, no hemos podido sino, amar el trabajo arduo, persistente,
apasionado de Tania Roura, realizado durante por lo menos 6 años, para producir una imagen de esa Manuela, que tanto nuestros pueblos requieren para redescubrir su propia génesis y vencer las adversidades que los oprimen. La labor de tejer letra por letra, las palabras que dibujan a una Manuela de carne y hueso. Valiente, desconsolada, triste, iracunda. Capaz de destrozar las conspiraciones para matar a la revolución en el cuerpo de Simón Bolívar, como en la noche septembrina. Capaz de fusilar la traición de Santander. Capaz de avanzar a fundar la utopía en Bolivia. La labor de horas, días y años de Tania, por investigar y descubrir los rostros de ella, simplemente de ella: la madre de la Patria.

Se trata de una novela que cautiva, que nos lleva a la búsqueda de Manuela. Escrita al estilo con el que Tania ha vivido y vive, escribe y pinta, con las libertades que el género de la novela otorga al autor, a su imaginación, a su fábula, y que incluyen además, algunas deliberadas omisiones, unas justas, otras tal vez, no. Se trata de una novela que es un ser vivo y está expuesta a la polémica, porque se dirige a abrir una perseguida historia que la historiografía oficial ha proscrito, para arrebatarnos de la memoria, las huellas de nuestro propio sentido. Por todas las causas que se entrecruzan, es una novela para leerla con amor, como si se estuviese leyendo a una amante. Se la puede leer y releer varias veces, sin miedo a descubrir que en el destino de esa amante, está una nación que combate, que sufre y resiste.

Por Manuela Sáenz, por la Patria de ella, la grande, que merece nuestros mejores talentos y sacrificios, tenemos el honor de presentarles esta noche este nuevo hijo de La Iguana Bohemia, impreso por Laser editores, 'Manuela Sáenz, una historia maldicha', de Tania Roura.


TERRITORIO CELESTE

<hr><h2><u>TERRITORIO CELESTE</h2></u>

LA POESÍA DE PABLO GUÌÑEZ



Por Aristóteles España

El autor de “Fundación de las Aguas”, (Ediciones del Grupo Fuego de la Poesía, 1973), uno de los principales libros de la poesía chilena contemporánea, acaba de editar “Territorio Celeste” (Ediciones del Concolorcorvo, Colección Papel de Poesía, Santiago, 2004).

Se trata de un espacio lleno de rituales y sueños donde la soledad es la principal protagonista, como en una película. El poeta recorre los ríos de Heráclito, “río lentísimo dentro de la flecha”, dice, para conversar con el “Cuerpo de Dios”. Es decir, poesía de la religiosidad vista desde el punto de vista de un hablante desesperado por conocer su destino. Juegan los rayos, la voz de los ángeles se deslizan por un cielo lleno de fantasmas, hay un coro de hombres y mujeres que cierra los ojos frente al cielo; es la sombra de Dios dicen los cánticos. Es un himno de gloria. La vida, la plenitud de un ser que ama sus temblores y su relación con la muerte. La idea es atrapar el tiempo, detener los instantes de magia.

Pablo Guíñez nos habla de días de piedra y de luna entre los árboles del rayo. Las paredes de sus círculos personales tiemblan en humos verdes, en territorios donde la religiosidad es un país sin fronteras. Por sus poemas atraviesan insectos, colibríes, pájaros de sus mundos de infancia, pétalos, árboles enormes que cobijan zorzales, jotes, toda la lluvia del sur de Chile.

El poeta nació a la vida literaria chilena en la década del 50 apadrinado nada menos que por Juvencio Valle y Nicomedes Guzmán. Este último dijo de su obra: “Pablo tiene un vigor conceptual único, ausencia de imágenes demasiado trabajadas, instinto lírico que trasciende en una expresión serena, transparente y cordial”. Juvencio Valle lo situó de inmediato entre los grandes de su generación junto a Jorge Teillier, Rolando Cárdenas y Enrique Lihn.

Otra de las particularidades de su propuesta lírica es el juego. En todos sus poemas se siente un aire de alegría por conversar con las palabras. Los adjetivos, los adverbios; todo está donde debe estar. La misma construcción de los escenarios del poema; es un artesano que conoce su oficio, lo domina, por lo tanto las lecturas de su vida aparecen nítidas y resplandecientes sin que se noten las influencias; al contrario, incorpora a su acervo, poesía nórdica, poesía lárica, pero sin el hálito teilleriano. Aparecen otras cosmogonías, otros refugios, otros pueblos perdidos, en otras latitudes.

Junto a Gonzalo Rojas y Neruda, es el único autor chileno que tiene uno de los mejores poemas a las piedras reales y metafísicas; las piedras rodeadas de hojas, de ancianas con ojos de pajaritos, piedras con cáscaras y manos que sostienen el aire del universo, dice en su poema “Transparencia”.

Pablo Guíñez nació en Lumaco en 1926. Pertenece a la Generación del 50, término creado por Pedro Lastra y que comprende autores nacidos a partir de 1925 a 1939. Estudió en el Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile y ha ejercido la docencia en la capital chilena. Autor de “Miraje solitario” (Santiago, 1952); “Ocho poemas para una ventana” (Santiago, 1956); “Afonía total” (Santiago, 1967); “Fundación de las Aguas” (Santiago, 1973); “Territorio Celeste” (Santiago, 2004). Fue fundador del Grupo Literario “La Fraternidad del Agua”, entre 1973 y 1973. Obtuvo el Premio de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Concepción en 1967 y ha sido un permanente animador de talleres de creación literaria en las universidades de su país y en la Sociedad de Escritores de Chile.


ASOMA EL "POPULISMO RADICAL"

<hr><h2><u>ASOMA EL &quot;POPULISMO RADICAL&quot;</h2></u>

Por Enrique Lacolla

Extraño, como salido de las profundidades del realismo mágico, aparece el Movimiento Etnocacerista, liderado por un mayor retirado del ejército peruano, Antauro Humala, que días pasados se sublevó contra el gobierno de Alejandro Toledo y tomó una comisaría en la ciudad de Andahuaylas, al sur del Perú.

El levantamiento se cerró en un fracaso, con el saldo de varios muertos, pero es difícil reducirlo a una muestra de idiosincrasia folklórica. Si su líder no es asesinado, tampoco cabe suponer que el movimiento acabe allí.

El realismo mágico, como se sabe, es la arborescencia poética de situaciones bien concretas, que tienen a la pobreza y al sincretismo cultural de las sociedades de América latina como factores determinantes.

Antauro Humala, junto a su hermano Ollanta, fue el cabecilla de la sublevación militar que inició el ocaso del régimen de Alberto Fujimori y la caída en desgracia de su eminencia gris, Vladimiro Montesinos.

Humala encabeza el Movimiento Nacionalista Peruano (MNP), que crece en las zonas más pobres de las aglomeraciones urbanas y cuenta con el apoyo de las franjas mayoritarias del indigenismo peruano.

El referente político de Antauro es Hugo Chávez; sus amigos bolivianos son Evo Morales y Felipe Quispe y también se vincula al indigenismo ecuatoriano. Se define como antiimperialista y admirador de la revolución cubana, reivindicando, a partir del nombre que ha dado a su movimiento –“etnocacerista”– la raigambre indígena de la cultura de su pueblo y la figura del mariscal Andrés Avelino Cáceres, quien reorganizó el ejército peruano para enfrentar la invasión chilena en la Guerra del Pacífico (1879-1883).

Sin lugar para el reduccionismo

Este complejo espectro de afinidades y simpatías torna a Humala en una figura que escapa al encuadramiento simplista. Su reivindicación indigenista estaría lejos del particularismo que propugnan quienes sirven a los intereses de la balcanización latinoamericana, vinculándose más bien a la naturaleza de la base social peruana y a la necesidad de darle una proyección y una presencia hasta aquí negadas por el desigual sistema de reparto que preside, allí como en otras partes de América latina, una oligarquía cuyos intereses son funcionales al estancamiento dependiente.

La finalidad de la sublevación de Andahuaylas no parece haber sido el derrocamiento de Toledo, sino la generación de un acto testimonial, que buscaría dotar de proyección a su jefe y a las ideas que éste propugna.

Esto ha hecho que algunos asimilasen ese levantamiento al putsch de Munich encabezado por Adolfo Hitler en 1923. Éste es un argumento tonto o perverso: la comparación del jefe de un movimiento en pro de los sumergidos y desposeídos de un país subdesarrollado con la figura del factótum del revanchismo de un país imperialista, es inviable.

Ocurre que el populismo latinoamericano, cualquiera sea la forma en que se exhiba, siempre ha repelido a las clases dominantes, a su clientela consciente o inconsciente y al poder foráneo que negocia con ellas o las manipula. Esa antipatía no se deriva de los defectos del populismo, que son muchos y, en el caso de Humala, aún no predecibles, sino del potencial liberador que aquél supone, en la medida en que puede movilizar a enormes masas humanas hacia metas que impliquen la ruptura del statu quo.

El establishment imperial siempre ha tenido esto en cuenta. Y sigue estando alerta respecto de las manifestaciones del fenómeno. La hostilidad contra Chávez así lo manifiesta. Del ejemplo de éste, que seduce a Humala, el Pentágono ha deducido también la necesidad de enfrentar al próximo peligro que avizora sobre América latina: el “populismo radical”, del cual figuras como Chávez y el oficial peruano son un embrión peligroso.

Fue el jefe del Comando Sur norteamericano, el general James T. Hill, quien acuñó el término y definió al populismo radical como la mayor amenaza que se cierne sobre Sudamérica. Sabe de lo que habla, aunque se cuida muy bien de decir que estos eventuales movimientos conectarían con las experiencias, frustradas, de otros intentos de renovación que llenan nuestra historia. Ensayos en parte fallidos, por falta de coherencia y, sobre todo, por una concepción acotada de su proyección geográfica, limitada a las fronteras del país en que se daba el fenómeno. Hoy el panorama es distinto, como lo demuestra la irradiación del movimiento que inquieta ahora al Pentágono

El realismo mágico no ha dicho su última palabra, todavía.

Enviado por Prensa Causa Popular – Horacio Cesarini.


10 DE ENERO DE 1957 - MUERTE DE GABRIELA MISTRAL

<hr><h2><u>10 DE ENERO DE 1957 - MUERTE DE GABRIELA MISTRAL</h2></u>

Por Marino Muñoz Lagos

La Prensa Austral
- 6 de enero de 2005

El 22 de marzo de 1960 fueron depositados en Montegrande los restos mortales de nuestra poetisa Gabriela Mistral. Se cumplían así sus deseos de reposar en las tierras familiares y silenciosas de su amado valle del Elqui, su río de la infancia. A nombre de la Sociedad de Escritores de Chile, el poeta Julio Barrenechea pronunció algunas palabras para despedir a la ilustre viajera en su última andadura: “La hemos traído al sitio que modeló su espíritu, que templó con esmero la primitiva cuerda de su gracia en germen. Aquí la hemos traído y aquí la sembramos, para que su árbol prospere eternamente, abriendo benéfica sombra sobre el mundo. Del Cementerio General de Santiago, camino a Montegrande, partió como el fondo de un río dormido, entre dos orillas de niños chilenos. Su paso dejó por las largas calles, una huella de flores. Fue como si hubiera pasado la primavera”.

Gabriela Mistral se llamó así desde 1914, cuando ganó en Santiago los juegos florales organizados por la Sociedad de Artistas y Escritores con sus “Sonetos de la Muerte”. Un jurado que formaron Manuel Magallanes Moure, Miguel Luis Rocuant y Armando Donoso escogieron su nombre entre los numerosos poetas que postularon al triunfo. El premio consistía en una flor natural, una medalla de oro y una corona de laureles.

En ese tiempo era profesora del Liceo de Niñas de Los Andes y en sus ratos de ocio se dedicaba a leer y escribir.

Profesionalmente se llamaba Lucila Godoy Alcayaga y había nacido en la pequeña ciudad de Vicuña el 7 de abril de 1889, en la calle Maipú 759, que ocupaban sus padres Jerónimo Godoy Villanueva y Petronila Alcayaga. Su padre era un hombre culto que enseñaba en escuelas provinciales. Era músico y poeta y le gustaban las fiestas y pasarlo bien. Abandonó el hogar y murió en 1915.

Entre 1918 y 1920, Gabriela Mistral fue directora del Liceo de Niñas de Punta Arenas. Aquí hizo clases a las mujeres obreras y a los trabajadores rurales, escribió buena parte de los originales de “Desolación” y miró la nieve melancólica de esta tierra “que no tiene primavera”.

Nuestra Premio Nobel de Literatura falleció en el Hemsptead General hospital de Nueva York el 10 de enero de 1957, de un cáncer al páncreas.


"SOY SENCILLAMENTE UN REVOLUCIONARIO"

<hr><h2><u>&quot;SOY SENCILLAMENTE UN REVOLUCIONARIO&quot;</h2></u>

FRAGMENTOS DEL LIBRO "CHÁVEZ NUESTRO", PUBLICADO EN CUBA



Lo que sigue fue tomado del diario "Juventud Rebelde" que comparte en exclusiva con sus lectores fragmentos de la entrevista concedida por el Presidente venezolano a los periodistas Rosa Miriam Elizalde y Luis Báez, para el libro "Chávez nuestro", que fuera presentado durante la reciente visita a Cuba del líder de la Revolución bolivariana
.

Por Rosa Miriam Elizalde y Luis Báez

TODOS LOS NIÑOS TIENEN UN SUEÑO

Todos los niños tienen sueños y yo no tuve uno, sino dos. El primero nació uno de esos fines de año en que mi papá, quien acababa de regresar de Caracas tras un curso de mejoramiento profesional del magisterio, me regaló un ejemplar de la Enciclopedia Autodidacta Quillet. Eran cuatro tomos grandes y gruesos, con muchas figuras y gráficos. Me los bebí y viajé por el mundo a través de las ilustraciones y las historias. Hasta un pequeño curso de alemán traían aquellos libros, y me empeñé, con mi primo Adrián, en aprender ese idioma. Adrián soñaba con ser torero, miraba una foto y decía: “Cuando yo esté en la monumental de Valencia…” Ese era su sueño, y el mío era ser pintor. Gracias a aquellos ejemplares empecé a dibujar y, años más tarde, pasé unos cursos de pintura en Barinas, durante el bachillerato. Salía del liceo por la tarde y me iba a la escuela de pintura Cristóbal Rojas. Me daba clases una profesora bien bonita que nos advertía: “Lo más difícil de pintar son las manos”, y nos ponía unos moldes para que las dibujáramos. Ella nos explicó la técnica del claroscuro y la combinación de colores.

Mi otro gran sueño era el béisbol. Lo traía en el alma desde niño, pero fue en Barinas donde se consolidó, cuando ingresamos en un equipo organizado en 1967 ó 1968. Mi ídolo era Isaías “Látigo” Chávez, magallanero, un muchacho de Chacao que no era familia nuestra. A los
21 años estaba ya pitcheando en las Grandes Ligas. Le decían Látigo porque lanzaba como si tuviera un látigo en la mano derecha. Nunca lo vi porque televisión uno nunca veía -vine a verla de cadete-, pero logré imaginarlo muy bien, gracias a un extraordinario narrador que tuvimos en Venezuela, Delio Amado León. Lo escuchaba por radio: “Se prepara Isaías Chávez, levanta una pierna… El Juan Marichal venezolano lanza una recta…; strike, el primero”. Eso todavía lo tengo aquí, dentro de la cabeza.

El 16 de marzo de 1969, un domingo, me levanté un poco más tarde. Mi abuelita Rosa estaba preparándome el desayuno, y encendió el radio para oír música y de repente: “Última hora, urgente”, y salió la noticia, fue como si por un momento me hubiera llegado la muerte. Se había desplomado un avión poco después de despegar del aeródromo en Maracaibo y no había sobrevivientes. Entre ellos iba el “Látigo” Chávez. Terrible. No fui a clases ni lunes ni martes. Me desplomé. Hasta me inventé una oración que rezaba todas las noches, en la que juraba que sería como él: un pitcher de las Grandes Ligas.

A partir de ahí, el sueño de ser pintor fue desplazado totalmente por el de ser pelotero. Empecé a darme a conocer en el ambiente beisbolero de Barinas, y al año siguiente estaba en un campeonato zonal, como pitcher. Me decían que necesitaba fortalecer las piernas, y me ponía a trotar. Corría todos los días. Mi abuelita: “Se va a volver loco usted”. Llegaba del liceo y empezaba a lanzar piedras y cosas contra una lata que ponía junto a una palmera del patio. Hasta construí un dispositivo muy rústico para batear limones y perfeccionar los lanzamientos: “Usted me está acabando con los limones” -decía Mamá Rosa.

Se me metió una idea fija, pero fija, fija, de que tenía que ser pelotero profesional. Estuve tres años como pitcher abridor en Barinas. Eso me hizo daño, porque, además de mi obsesión, que ya era exagerada, me pusieron a pitchear en la categoría superior, como relevo. El brazo no aguantó.

LA PASIÓN POLÍTICA

Mi hermano Adán fue uno de los que más influyó en mis actitudes políticas. Él es muy humilde y no lo dice expresamente, pero tiene una gran responsabilidad en mi formación. Mi hermano estaba en Mérida y era militante del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR). Yo no lo sabía, solo me llamaba la atención que él y sus amigos iban todos de
pelo largo, algunos con barba. Aparentemente yo desentonaba con mi cabello cortico, mi uniforme.

Estaba naciendo el Movimiento al Socialismo (MAS), y yo andaba por ahí. Otros -Vladimir Ruiz y los hijos de Ruiz Guevara, un viejo comunista- estaban fundando la Causa R. Éramos amigos, y me aceptaron, con uniforme y todo. También hubo su discusión, claro. Cierta vez uno de esos muchachos, un hombre joven, me dijo: “Este uniformado debe ser uno de esos parásitos”. Casi nos entramos a golpes, pero el grupo me defendió. “Respeta, vale, que este es Hugo Chávez, amigo nuestro”.

Había una gran discusión política y muchas lecturas. Ahí me fui interesando por el tema social, aunque si miro más atrás, siempre tuve, desde niño, simpatías por los rebeldes. Esa zona de Sabaneta fue una zona insurgente. De mi pueblo varios se fueron a la guerrilla, y mi padre estuvo vinculado al Movimiento Electoral del Pueblo (MEP), de tendencia socialista, dirigido por el viejo Luis Beltrán Prieto Figueroa. Aunque tenía esa inclinación hacia la izquierda y el camino abonado hacia las preocupaciones políticas, nunca me incorporé a partido alguno. En una ocasión asistí con Adán a una de sus reuniones, como oyente, vestido de civil.

Fueron dos los acontecimientos que dispararon en mí una vocación política, que radicalizaron mi pensamiento. En primer lugar, el hecho de haber formado parte de un experimento educativo en la Fuerza Armada Nacional (FAN), conocido como el Plan Andrés Bello. Nos hicieron exámenes muy rigurosos y, ya en la Academia, nos aplicaron un filtro. Entramos 375 y nos graduamos 67. Hay un corte bastante profundo entre la vieja escuela militar y la nueva, con un grupo de oficiales de primera línea, entre ellos el director de la Academia, que es nuestro actual embajador en Canadá, el general Jorge Osorio García. También, Pérez Arcay, Betancourt Infante, Pompeyo Torralba...

Ese grupo de oficiales se dio a la tarea de forjar aquel ensayo a conciencia. Incorporaron también a profesores civiles y se preocuparon por darnos una formación humanista. Con ellos estudiamos Metodología, Sociología, Economía, Historia Universal, Análisis, Física, Química,
Introducción al Derecho, Derecho Constitucional… El Consejo Nacional de Universidades (CNU) exigía estudios superiores para avalar la licenciatura.

El Plan Andrés Bello contribuyó enormemente a nuestra formación, aun cuando no basta con él para entender lo que ha ocurrido en la FAN. Hay otros muchos factores, porque también han salido de ahí unos cuantos traidores. De mi promoción y de las que vinieron después he recibido solidaridad y una compenetración mayor de las que imaginaba. Sin duda, los que se prestaron al golpe de abril de 2002 fueron graduados anteriores a nosotros, especialmente de la promoción inmediatamente anterior, que ha sido la última línea de retaguardia de la oligarquía, el último arañazo del fascismo y del anticomunismo.

El segundo acontecimiento, asociado a lo anterior, fue el descubrimiento de Bolívar. Comencé a leer vorazmente de todo, pero en particular sus propios textos y los materiales relacionados con su pensamiento y su biografía. Noche tras noche me iba para las aulas a estudiar, después del toque de silencio, a las nueve. Nos permitían estar allí hasta las 11 de la noche, y a veces me quedaba. En ocasiones me encontraron dormido encima de un pupitre y con un libro abierto. Recuerdo a un brigadier colombiano, que hoy es general en su país, quien un día me encontró así y pensé que me iba a castigar. Me dijo: “No, no, lo felicito, cadete, por su espíritu de superación”.

BOLÍVAR

A mi promoción le dieron el nombre de Bolívar. Ese fue para mí un día de emoción y júbilo. Se oponían algunos viejos militares, quienes argumentaban que el nombre de Bolívar era muy grande para un grupo, que sería enorme el compromiso que llevaríamos, que ya había otra promoción llamada de esa manera -la de 1940-. Aun así, nos dieron ese nombre y a partir de entonces no fuimos otra cosa que “los bolivarianos”, y nos sentíamos como tales.

Desde la Academia, no solo impartía de vez en cuando algunas charlas a los soldados sobre el pensamiento del Libertador, sino que cuando me tocaba sancionar a los cadetes, jamás les imponía un esfuerzo físico -dar vueltas al patio corriendo, que era lo que se hacía-, sino que los paraba en grupitos frente a la estatua de Bolívar. Les leía sus textos, o los llevaba a un salón de clases, a la hora del casino y de la diversión, y les contaba pasajes de la Campaña Admirable.

Esa pasión por Bolívar comenzó en aquellos años, estudiando la Historia Militar con el general Jacinto Pérez Arcay y con el comandante Betancourt Infante, que era otro excelente instructor de Historia. Pérez Arcay les contó a ustedes el lío del cual me salvó, luego de una conferencia en la casa natal de Bolívar, en la que me enfrenté públicamente a alguien que dijo que el Libertador era un tirano.

En mi intervención de ese día traté de argumentar la situación que afrontó Bolívar. Sí, él gobernó realmente bajo dictadura; pero una cosa es una dictadura por necesidad, por obligación, debido a la anarquía, y otra, tiranizar a un pueblo. En una ocasión, le dijo a su pueblo: “No me pidan que hable de libertad, ¿cómo hablar de libertad, si he asumido la dictadura?”.

Frente a aquella tendencia antibolivariana, de descrédito a su figura, comencé a argumentar con datos históricos esa situación. ¡Ah!, entonces alguien dice -una mujer-: “Estos son unos pichones de dictadores”, le
repliqué duro y se abrió el debate. Después se paró un profesor de historia del MEP y defendió mi posición. La novedad llegó a la Academia. Tuve que hacer un informe el domingo por la noche y Pérez Arcay me salvó de aquel lío que hubiera podido costarme la expulsión de la Academia por emitir opiniones políticas.

Cuando Carlos Andrés Pérez me entregó el sable de graduado en la Academia, ya yo traía el acimut, la brújula perfectamente orientada. El Hugo Chávez que entró allí fue un muchacho del monte, un llanero con
aspiraciones de jugador de béisbol profesional. Cuatro años después, salió un subteniente que había tomado el rumbo del camino revolucionario. Alguien que no tenía compromisos con nadie, que no pertenecía a movimiento alguno, que no estaba enrolado en ningún partido, pero sabía muy bien a dónde me dirigía. Como dijo José Ortega y Gasset, “soy yo y mi circunstancia”. Hugo Chávez ya era el hombre y su circunstancia.

LOS PRIMEROS SIGNOS DE REBELDÍA

El dolor disparó en mí muchas cosas. El año 1982 fue de muerte y de vida. Nació mi hijo Hugo. Ascendí a capitán. Fue, también, el año del juramento del Samán de Güere. Ya estaba prácticamente consolidado como militar, después de haber pasado por muchas dificultades, por dudas: me quería ir, no me quería ir…

En la profesión militar, la Orden de Mérito es muy importante. Eres de los primeros o eres de los últimos. Por tanto, ser de los primeros es muy importante para el militar, particularmente para quienes hemos tomado la carrera como un apostolado. Me gradué con el número siete en la Academia, y éramos 67. Sin embargo, llegué a teniente entre los últimos, porque tuve muchos problemas. Como vaticinaría mi abuela, era rebelde pues.

Discutía con los superiores, nunca me quedaba callado. Tuve un lío serio en un campo antiguerrillero, porque vi cómo torturaban a unos campesinos, supuestos guerrilleros, prisioneros de guerra. Les estaban pegando con un bate forrado en una cobija y daban unos gritos tremendos. Se notaba que eran pobres gentes, casi muertos de hambre, flaquitos. Me enfrenté al coronel: “No, yo no acepto esto aquí”, y le quité el bate y lo lancé lejos. Luego el coronel hizo un informe en mi contra, acusándome de haber entorpecido el trabajo de Inteligencia… Llegué incluso a pensar en irme para la guerrilla y hasta fundé en 1977 un ejército: el Ejército de Liberación del Pueblo de Venezuela. Ahora me río cuando lo recuerdo, porque sus miembros no llegábamos a diez.

Después de graduarme en la Academia y pasar por Barinas, formé parte de un batallón antisubversivo, primero en Cumaná y luego en San Mateo, en Anzoátegui. Estudiamos lo que era la guerra subversiva, pero ya yo me lo cuestionaba todo. Creo que desde que salí de la Academia ya estaba orientado hacia un movimiento revolucionario. Andaba muy inquieto, conversaba mucho con Adán y con otros compañeros de la izquierda. A esta influencia, se unió la investigación histórica sobre Maisanta. Todo ello fue alimentando mi sentimiento de rebeldía. En esa etapa comencé a leer a Fidel, Che, Mao, Plejanov, Zamora…, y libros como Los peces gordos, de Américo Martín; El papel del individuo en la historia; ¿Qué hacer? Y, claro, ya había empezado a estudiar profundamente a Bolívar.

Por cierto, algunos de aquellos libros aparecieron en la maletera de un Mercedes Benz viejo y agujereado por los tiros, que encontramos casualmente en un puesto antiguerrillero. El carro llevaba no sé cuántos años allí, arrumado dentro del monte. Agarré aquel botín, recompuse los libros, los mandé a empastar, me los leí y los guardé. Creo que todavía conservo algunos por ahí. Por tanto, me hice un hombre de izquierda a los 21 ó 22 años.

¿Cómo definir políticamente a una persona que se ha declarado maoísta, guevariano, marxista, bolivariano, peronista…?

Sencillamente soy un revolucionario.