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MIRANDO AL SUR - augusto alvarado


EL ORO DE LA DISCORDIA

<hr><h2><u>EL ORO DE LA DISCORDIA</u></h2>

Ing. Juan Luis Gardes
Cipolletti, Junio del 2005

Con una carga de cansancio, algo de fastidio y mucho de estupor, el ciudadano rionegrino ha recibido el mensaje del Gobernador de la provincia referido al rechazo al proyecto de minería en la localidad de Ingeniero Jacobacci.

La comunicación del Dr Saiz, profusamente difundida en todos los medios periodísticos, habla de la decisión política adoptada por la máxima autoridad provincial, donde con poco pudor y bastante demagogia, se impugna esta inversión pasando por encima de los organismos habilitados institucionalmente para dar opinión fundada sobre el tema. Ya que en efecto, tanto la Dirección de Minería como el CODAMA (vinculado a la gestión y contralor ambiental) no tuvieron participación con la decisión gubernamental, dado que la misma fue adoptada con un aapuro poco habitual en las decisiones del gobierno provincial.

En medios políticos -tanto oficiales como de oposición- se preguntaban las razones de la posición asumida, como así del apresuramiento adoptado. Sobre el apuro de la decisión -y su onerosa difusión-, los analistas regionales sostienen que no caben demasiadas dudas sobre que es producto de las internas del partido gobernante, sumado a la necesidad de comenzar a decir algo de cara a las próximas elecciones de Octubre. Indiscretamente, un importante dirigente del mismo palo del Gobernador, filosofaba sobre el estilo en la toma de decisiones del Dr Saiz -más próximo a la exasperante lentitud de los ex presidentes Illia y De La Rua-, quebrado en esta oportunidad por la súbita actitud adoptada sobre el oro sureño.

Ecología y ecologismo: un poco de historia

Quizás para entender y diferenciar la ecología -en tanto ciencia- del
Ecologismo -movimiento político fundamentalista basado en la ecología-, convenga historiar el desarrollo de la Europa moderna. Es así que, debido a una industrialización tan ineludible como incontrolada, emerge en la Europa de la post guerra -mitad del siglo XX- la necesidad de controlar y moderar los efectos negativos y contaminantes de esta industrialización forzada, surgiendo con empuje una relativamente nueva ciencia, la ecología, que generó en el Viejo Mundo notables cambios sociales y tecnológicos y, desde luego, culturales y políticos.

En los países del llamado Tercer Mundo, que estaban fuera de la seductora sociedad de bienestar europea financiada por las reconstituidas y pujantes factorías, vieron surgir junto a una corriente ideológica-política industrialista, encarnada en la Argentina fundamentalmente por el peronismo, grupos ecologistas que priorizaron el statu-quo de la Naturaleza frente a los beneficios sociales de una industria de por sí difícil de desarrollar. La mayoría de estos grupos, leyendo mal la experiencia europea y trasponiendo alegremente situaciones distintas, generaron políticas conservadoras frente al esperado y esperanzado desarrollo industrial de las sociedades latinoamericanas. Lo hicieron -y lo hacen- con más fuerza militante que espíritu científico, con más testarudo voluntarismo que inteligencia social; lo que hace recordar aquello que escribía el filosofo alemán Goethe: "No hay nada más horrendo que la ignorancia activa".

Por ello, más importante que las cambiantes y mezquinas posturas coyunturales asumidas en el Gobierno rionegrino, es el haber adoptado una posición política que avala a estos grupos del fundamentalismo ecologista, para los que toda actividad humana es contaminante y por consiguiente rechazable; dónde -in extremis- es más importante un pingüino empetrolado que un niño con hambre.

Naturaleza pura vs industria contaminante: una falsa opción

Lo grupos que adhieren a este ecologismo militante adoptaron en general actitudes de rechazo a todo proyecto industrial, sin detenerse a analizar aquello que primordialmente las sociedades deben estudiar: cómo se controlan, minimizan o se anulan los efectos contaminantes que necesariamente aparecen en todo proyecto productivo. Y es aquí donde aparece el ineludible papel que debe jugar el Estado (en este caso provincial) para dar una opinión fundada sobre los alcances y controles que toda industria debe adoptar para evitar contaminar el medio donde se irá a desarrollar.

Resulta por demás triste que la siempre postergada Línea Sur rionegrina, a quienes algunos parecen resignar a una región habitada por cuidadores de ovejas sin futuro, sea el campo de batalla ideológico y político dónde una vez más se posterga alguna posibilidad de progreso de cara a un destino mejor.

Como reflexión final, parece por demás apropiado la frase que pronunció en una oportunidad Indira Gandhi, la valiente Primer Ministro hindú que logró el autoabastecimiento alimentario en uno de los países más atrasados y poblados del mundo: "No hay peor contaminación que la miseria humana".


NÉSTOR KIRCHNER

<hr><h2><u>NÉSTOR KIRCHNER</h2></u>

HOMENAJE A LAS VÍCTIMAS DE LOS
BOMBARDEOS A PLAZA DE MAYO
Casa Rosada, Salón Blanco, 16 de junio de 2005



Autoridades presentes; familiares; amigos; víctimas de ese lamentable 16 de junio: la verdad es que se me hace muy difícil poder hablar después de escuchar a nuestras dos queridas amigas que sintetizan la parte viva y doliente, pero real, de la historia argentina.

Cuando leí tu carta (le habla a Liliana Bacalja) sentí dolor y vergüenza, porque no es un presidente de una ideología, de un partido determinado, quien tendría que haber colocado en el lugar de la historia que merece el 16 de junio de 1955, porque es una piedra angular y un dolor muy grande de todos los argentinos. Cualquier presidente constitucional de todos los argentinos tenía la obligación política y moral de colocarlo en el lugar de la historia, de la memoria, de la justicia que correspondía. (Aplausos)

Pero nos han enseñado a justificar las cosas en la Argentina. Siempre en nombre de la unidad nacional, cualquier hecho que busca la memoria, la justicia y la verdad es un hecho que va contra la unidad de los argentinos. Les puedo asegurar con el corazón en la mano que no tengo ni odios, ni broncas, ni rencores; no soy así, no es mi personalidad esa, sí tengo convicciones, acertadas o equivocadas pero las tengo. (Aplausos)

Leí con mucha profundidad, escuché, analicé qué significaba este 16 de junio. También hay otro tema que los argentinos tenemos que asumir, muchas cosas nos pasaron porque hemos vivido con el miedo en la mano, a ver cómo sobrevivíamos cada uno de nosotros individualmente. Perdimos esa necesidad de conciencia colectiva que debe tener una sociedad para generar los anticuerpos necesarios para que ciertas cosas no pasen, permitimos que pasaran ciertas cosas.

El 16 de junio de 1955 no murieron solamente ciudadanos de un partido determinado, murieron argentinos, chicos que iban en colectivo, hombres y mujeres que por ahí salían a buscar trabajo, a encontrarse con sus familiares, que salían de almorzar; murieron argentinos que por allí estaban de acuerdo con los que tiraban las bombas. Pero la incomprensión, la intolerancia y la irracionalidad de quienes las tiraban ni siquiera ese tipo de cosas alcanzaban a medir, era tal la acción de odio que no importaba.

Defender una idea es algo glorioso, a mí me encanta la gente que tiene ideas y principios, defenderlas con la palabra, con la decisión, con la militancia, con la pasión, eso es lo que le hace falta profundamente a la Argentina. Pero tener la cobardía de defender las ideas y los conceptos con los aviones y las bombas que paga el pueblo, es algo absolutamente inaceptable e intolerable.

Sé que después puedo recibir algunas agudas críticas de aquellos que quieren justificar lo injustificable, pero en nombre tuyo y de todos los familiares que están acá, no como un circunstancial y temporal Presidente de los argentinos -que eso es lo bueno de la democracia, la alternancia, la convivencia, la posibilidad de pensar, de elegir, de debatir, de cambiar- sino como Presidente de los argentinos en
todo su rol institucional, les quiero pedir perdón a las víctimas en nombre del Estado argentino, no en nombre de Néstor Kirchner. (Aplausos)

Les quiero ser sincero, si hablara como Néstor Kirchner estaría diciendo otras cosas, estoy hablando como Presidente de todos los argentinos. La vida no se alimenta de hipocresías, y lo que hago no es una hipocresía sino es asumir con todo respeto el rol formal que me dio todo el pueblo argentino, los que piensan como uno y los que no que no piensan como uno; pero los que piensan como uno y los que no piensan como uno estoy seguro que estamos tomados y abrazados para que estas cosas no sucedan nunca más.

Hoy el Ejército Argentino, nuestro Ejército, descubría una placa recordando a nueve granaderos que murieron ese día (Aplausos), nueve chicos jóvenes, como los del 76, la misma edad, las mismas ganas de vivir, de soñar y de pensar, que en su rol de granaderos honraron a la Nación defendiendo, no a un Presidente determinado, al Presidente votado por el pueblo argentino en esta Casa de Gobierno, haciendo respetar la Constitución. Son nueve granaderos, y por supuesto todos los que estuvieron con ellos en ese regimiento, que han honrado la Nación, y nosotros los argentinos lo reconocemos con total y absoluta claridad. Lo que ha hecho el Ejército Argentino es un acto de absoluta justicia y realmente me honra que tomen este tipo de determinaciones porque es reencontrarse con la historia y con su pueblo. Estas son las cosas que van a hacer encontrar el verdadero cauce institucional que esta Argentina merece.

Como dijo Estela venimos de una semana que es muy importante, porque las leyes de Obediencia Debida y Punto Final, que deshonraban la institucionalidad y la democracia en la Argentina, han sido declaradas inconstitucionales por una Corte independiente, con la que a veces uno coincide con las determinaciones y otras veces no, pero creo que los argentinos tenemos la tranquilidad hoy de que empiece a funcionar la institucionalidad. ue funcionen rápidamente todas las instituciones que componen la justicia, que funcionen la justicia y la memoria y que también se castigue la impunidad. Y que podamos determinar con absoluta claridad quiénes fueron los responsables de esa horrenda dictadura

Costó mucho la lucha que llevaron las Madres, las Abuelas, los Hijos, los Hermanos de Plaza de Mayo. Como quienes cayeron en el 55 en la Plaza de Mayo y en tantos hechos aberrantes que nos tocaron vivir a los argentinos, tuvieron un reconocimiento, es un primer paso. Dios quiera que sigan alumbrando estos pasos para consolidar definitivamente a este país.

Este Salón Blanco fue escenario de cosas y de hechos que han colmado de dolor y han escandalizado a los argentinos. Colmado de dolor por las decisiones que se han tomado, no sólo en gobiernos de facto, sino lamentablemente en gobiernos constitucionales. Por eso en esta tarea de volver a emparentar a la Casa Rosada, en su globalidad, con su pueblo, casa que no pertenece a un gobierno circunstancial, sino al pueblo argentino, es una tarea que hace a la consolidación de una conciencia distinta. Es la casa de todos, la tenemos que honrar y cuidar todos, y tenemos que tratar que cada día entre más aire fresco aquí, porque de esa manera vamos a ir reencontrándonos con la institucionalidad y los argentinos unos con otros.

Dios quiera que nunca más tengamos que ver las horrendas imágenes que vimos en ese bombardeo, que cuando uno lo mira queda como un gesto de asombro y dolor, hasta el grado de la incomprensión, de cómo alguien puede llegar a tomar semejante decisión. Dios quiera que definitivamente en la Argentina, y estoy convencido, estos hechos nunca más se vuelvan a dar.


LA NACIÓN ES AMÉRICA LATINA

Es hora de pasar a la ofensiva: las nuevas generaciones y la cuestión nacional latinoamericana. No habrá independencia sin unidad. Juventud de Causa Popular.



Valiéndonos del salto cualitativo que implica que el eje de la discusión se sitúe hoy sobre la táctica de la integración (unidad) latinoamericana, pues no está en debate la integración misma, resulta crucial que las nuevas generaciones reflexionemos certeramente sobre los grandes problemas comunes. A saber: dado que el proceso de fragmentación fue y es la clave de nuestra dependencia semicolonial y del sojuzgamiento padecido por cada una de sus partes, en pleno siglo XXI la cuestión nacional aún irresuelta pasa por la reunificación política, económica y militar de los Estados al sur del Río Grande. Aquí la clave de la revolución latinoamericana.

Los problemas por enfrentar emanados de la cuestión nacional latinoamericana inconclusa son inmensamente superiores a los presentados hace cien o ciento cincuenta años, lo cual nos obliga a ser, en el transcurso de este siglo, aun más radicales en las respuestas al mismo desafío: ser libres y estar unidos. En la actualidad, para alcanzar cierto grado de desarrollo (capitalista) en verdadera democracia no basta con reproducir en la periferia lo que se realizó en el centro; debemos ir por mucho más. Nos hallamos al principio del camino, allí donde la historia nos reserva para emprenderlo la mejor creación socioeconómica y política de la Patria Grande: un sistema de poder social endógeno, fundamentado en la unidad de los Estados latinoamericanos -dueños reales de las riquezas humanas y naturales de su tierra-, que priorice la justicia social, la paz interna y la externa, la soberanía, la democracia y la autodeterminación a estar unidos. En suma, un sistema de poder social propio, pues no se trata de adaptar alguno antiguo que reemplace el capitalismo sino de crear uno nuevo, profundamente arraigado en nuestro pasado y destino comunes. El retorno a la propiedad pública de los medios de producción no debe ser un fin en sí mismo sino parte del proceso de democratización de América latina.

Consecuentemente, y dado el carácter desigual y combinado de América latina, sostenemos que la revolución deberá combinar, fusionándolas en un solo proceso, las tareas nacional-democráticas y socialistas. Es decir, debemos realizar las tareas burguesas y democráticas no verificadas (unidad nacional, reforma agraria, liquidación de la Edad de Bronce, del Medioevo, incorporación de indígenas a la lengua española y a la producción mercantil, etc.) al mismo tiempo que controlar la producción capitalista en las ciudades (empresas imperialistas) mediante la expropiación, nacionalización o reestatización. Como señaló Jorge Abelardo Ramos: “América latina debe reunir en un mismo proceso la Revolución Francesa del siglo XVIII y la Rusa del siglo XX. Se impone la concreción de una revolución democrática que para consolidarla requiera obligadamente la realización de una revolución socialista”, itinerario por otra parte cumplido por la revolución cubana y ahora la bolivariana.

En este sentido, la experiencia histórica nos enseña que los movimientos nacionales y populares del siglo pasado constituyen el único instrumento por el cual se avanza en este camino, esto es, el del desarrollo de las fuerzas productivas (industrialización), la justicia social (tendencias socializantes), la independencia militar, económica y política, en franco antagonismo con las recetas del libre mercado y del neoliberalismo, en suma, del imperialismo.

Descontando las particularidades propias de cada país, encontramos en ellos las siguientes características comunes: la aglutinación de todas las clases oprimidas por el imperialismo, de donde se destacan el proletariado o el campesinado o ambos, apoyados en el ejército y sectores de la burguesía nacional, bajo la dirección de un caudillo o jefe representativo. Asimismo son nacionales por su carácter de frente de clases, aunque estaduales desde la óptica latinoamericana y por esa misma razón, sólo podrán cumplir sus objetivos de liberación en el marco de la verdadera unidad latinoamericana, esto es: la Confederación de Estados Sudamericanos. Constituyen ejemplos categóricos de movimientos nacionales y populares: Gualberto Villarroel en Bolivia, el aprismo y Velasco Alvarado en el Perú, Salvador Allende en Chile, Fidel Castro en Cuba, Hipólito Yrigoyen y Juan D. Perón en la Argentina, Venustiano Carranza y Lázaro Cárdenas en México, Getulio Vargas en Brasil, etcétera. También es dable destacar que todos ellos -sin excepción- han sido catalogados tanto por la derecha como por la izquierda tradicional de regímenes dictatoriales nazis o fascistas y sus líderes de carismáticos, demagogos y locos mesiánicos. La intelectualidad local, oculta bajo la careta que más le convenga -marxista, progresista, democrática o liberal- no pueden romper con el colonialismo mental norteamericano y europeo. Nosotros sí.

La dominación cultural es, sin dudas, la mejor y más eficiente arma con la cual el imperialismo ha mantenido una América Latina decadente, sumisa y atrasada (y no subdesarrollada) por tantas décadas. Sin el dominio cultural, la dominación económica y política ve reducida enormemente sus posibilidades de ejecución. Revertir esta falsa imagen, esto es, descolonizarnos mentalmente, será fundamental para desandar el camino de la Nación Latinoamericana.

Las nuevas generaciones de latinoamericanos -fundamentales para la revolución antiimperialista en América latina- congregadas y movilizadas bajo las banderas nacionales y populares de la Comunidad Sudamericana de Naciones y de la revolución bolivariana, debemos retomar el contacto con lo propio, reconociéndonos en la corta pero intensa experiencia endógena. De esta manera y no de otra haremos frente con la verdad a las falsas disyuntivas, las más de las veces impulsadas desde los centros de poder mundial: ni izquierdas ni derechas, ni marxismo ni neoliberalismo. Precisamos, asimismo, irrumpir en la sociedad con un análisis original y opuesto al pensamiento único, globalizador e imperialista. Debemos ahondar en las entrañas de nuestra historia verdadera para buscar las claves del presente. Nosotros, desde aquí, debemos responder que América Latina tiene aún como prioridad la consolidación y el forjamiento de una conciencia propia, afirmada en la propia elaboración teórica y fundamentada en la propia experiencia y confrontación con las vicisitudes de nuestros pueblos. Lo medular de nuestra cuestión pasa por lo nacional, no por lo social. Empecemos a pensar en latinoamericano. Inventemos para no errar más.

Bioq. Federico Bernal
Secretario Juventud
Causa Popular
- Argentina


ENTREVISTA A ALBERTO METHOL FERRÉ

<hr><h2><u>ENTREVISTA A ALBERTO METHOL FERRÉ</u></h2>

"No es tiempo de un papa latinoamericano"


Por Carmen María Ramos - Para La Nación
Miércoles 6 de abril de 2005

El teólogo uruguayo Alberto Methol Ferré cree que el mundo y la Iglesia atraviesan un momento de gran complejidad. Methol Ferré se formó con algunos de los más importantes teólogos del Concilio Vaticano II: Yves Congar, Henri de Lubac, Romano Guardini, Hans Urs Balthasar. Sin embargo, ese catedrático de la Universidad de Montevideo, profesor de Historia de América latina, de Historia Contemporánea y de Historia de la Iglesia, se define como un hijo de la Ilustración. Tuvo una educación afrancesada y sus vocación cristiana, su conversión y su primera comunión sólo llegaron en una tardía adolescencia.

Entre los hitos más importantes de su trayectoria está el haber sido miembro del equipo de reflexión teológico-pastoral del Celam (Consejo Episcopal Latinoamericano) desde 1975 y durante casi veinte años. Fue consultor y participó como experto designado por el Vaticano en la Conferencia Episcopal de Puebla (1979) y su influencia pudo percibirse en varios de los documentos redactados por los obispos.

Sobre los temas de su especialidad ha dictado cursos y conferencias y colaboró en distintas publicaciones. Dirigió la revista latinoamericana Nexo y ha publicado, entre otras obras, "Las corrientes religiosas en el Uruguay", "El resurgimiento católico latinoamericano" y "La Iglesia en la historia de América latina. De la posguerra a nuestros días", así como numerosos estudios en obras colectivas.

"Soy un uruguayo, es decir, un argentino oriental; ustedes son argentinos occidentales", dice Methol Ferré, casado y padre de tres hijos de 11, 14 y 18 años. Esta definición sintetiza perfectamente su sentir sobre lo que deberían ser estos países y sobre su pensamiento, siempre proclive al afianzamiento de una identidad latinoamericana.

En materia religiosa prefiere que no lo encasillen. "He sido un Vito Dumas, un navegante solitario dentro de la Iglesia. Tengo amigos en Comunión y Liberación, en Schoenstatt, en el Opus Dei. Pero no pertenezco a ningún grupo." Respecto de este último -en una de cuyas universidades es profesor- subraya que tiene buena opinión. "Pienso que uno de los aportes esenciales de monseñor Escrivá de Balaguer fue afirmar la santificación por el trabajo", dice.

-Pero daría la impresión de que el Opus no arraiga en las capas más desfavorecidas de la sociedad...

-Lo reconozco. Pero más bien diría que lo que intenta es estimular una mentalidad empresarial, y esa mentalidad no solamente puede arraigar en la clase dominante.

-Se habla de la posibilidad de que el sucesor de Juan Pablo II sea un latinoamericano. ¿Lo cree posible?

-Diría, en principio, que aún no me parece que sea el tiempo para que esto ocurra. Sencillamente, porque desde la última conferencia del episcopado latinoamericano, en Santo Domingo, en 1992, no se ha dado una relatinoamericanización profunda de la Iglesia de nuestro continente. La Conferencia de Medellín (1968) y la de Puebla (1979) -esta última, a poco de iniciarse el pontificado de Juan Pablo II- se hicieron en tiempos de una intensa fermentación espiritual de América latina. La de Santo Domingo, en cambio, se produjo apenas dos años después del derrumbe del comunismo, que significó el fin del mundo bipolar y un cambio drástico en el escenario mundial. En Santo Domingo, los obispos no tuvieron ni los elementos ni una idea nítida de cómo se iba a rehacer ese escenario mundial, porque les cambiaron abruptamente las circunstancias. De modo que, a mi entender, Santo Domingo fue un acto superfluo, porque no tuvo las condiciones necesarias para pensar un mundo en un momento en que en el planeta se había levantado una verdadera polvareda. Esto eclipsó al Consejo Episcopal Latinoamericano
(Celam) como presencia real en las iglesias de toda América latina.

-¿Se podría decir que el Celam quedó mudo desde Puebla, que la Iglesia latinoamericana ya no ha hecho oír del mismo modo su voz?

-Exacto. Desde entonces, cada Iglesia está en su país: la Iglesia argentina volvió a ser argentina, la brasileña, brasileña. Se "deslatinoamericanizaron" y ahora hay que "relatinoamericanizarlas". Esa es la gran meta para 2007, año de la próxima conferencia. Por eso yo creo que solamente podrá haber un papa latinoamericano si las iglesias de América latina tienen una interacción profunda, porque si no tendríamos un papa argentino, o chileno, o brasileño: una cuestión de aldeíta.

-Se dice que el futuro cónclave de cardenales será el más abierto y complejo que haya registrado la historia y que no entrarán en juego prejuicios de raza o nacionalidad. ¿Coincide?

-A mí me parece que lo más conveniente sería un papado de transición. Y un papa de transición sería, todavía, europeo.

-¿Por qué?

-Porque la Iglesia está saliendo de Europa, pero éste es un proceso reciente, que aún necesita maduración. Europa fue el centro del mundo hasta hace 50 años. A partir de la descolonización surge todo un mundo de iglesias nuevas, en la India, en Asia, pero son procesos muy incipientes. La Iglesia más madura, aparentemente, sería la latinoamericana, porque es la más antigua entre las no europeas. Tiene cinco siglos, contra un siglo de las de Africa. Por eso no me parece que las iglesias de la periferia europea estén en condiciones de una conducción mundial, todavía. Dentro de pocos años seguramente sí, porque la intensidad de la globalización y de la coparticipación interna de la Iglesia es cada vez más fuerte.

-Tampoco habría que esperar, siguiendo su lógica, que se eligiera a un papa africano?

-Me parece muy difícil. Las iglesias más antiguas estuvieron en Egipto y en Africa del Norte, pero eso desapareció. No es que yo esté en contra de un papa negro. Estoy diciendo que se trata de una Iglesia nueva, que todavía no arraigó en su propia cultura, por lo que difícilmente sea fuente y no mero reflejo de lo que piensan las iglesias europeas. Hace falta que maduren más y que asimilen las experiencias de evolución real de sus iglesias y no de lo que piensa o propone un tipo que está en Roma. El punto no es que el candidato sea de raza negra o amarilla, sino que las conferencias episcopales de cada una de esas regiones del mundo tienen que madurar. No olvidemos que las iglesias de Africa se hicieron musulmanas. En Túnez estaba nada menos que la iglesia que alumbró a San Agustín, pero hoy no queda nada ni comparable a lo que fueron los inicios de la cristiandad en el Mediterráneo. Se trata de una cuestión de maduración y, en ese sentido, sí diría que la que parecería estar más lista es la Iglesia latinoamericana.

-Su papa de transición europeo, ¿tiene nombre y apellido?

-Yo soy un gran partidario de Joseph Ratzinger. Pienso que es el hombre más indicado para ser papa en estos momentos.

-¿Por qué?

-Porque es una de las últimas grandes expresiones de una generación intelectual que tiene un esplendor intelectual equiparable a los siglos XII y XIII de la Edad Media, equiparable también a la mejor época de la
patrística griega y latina, que es cuando comienza la evangelización. Ratzinger es uno de los últimos hombres de la Iglesia actual que representan eso. Además ha sido, en mi opinión, la persona de mayor confianza intelectual y espiritual de Juan Pablo II, con un papel muy definido: estar en el centro de la escena para ver las evoluciones intelectuales y espirituales en el mundo.

-¿Le dan los años?

-Es mayor: ha de tener 77 años. Pero yo hablo de un papa de transición. Primero, porque es uno de los hombres que más comprenden la situación mundial actual. Pero además, porque es un alemán. Eso me importa mucho, en la medida en que el origen del árbol de la Reforma se llamó Lutero. La relación del ecumenismo de la Iglesia Católica con los luteranos va muy bien. Pienso que para el pueblo y la Iglesia alemanas y para la Unión Europea es indispensable un papa católico alemán, que cerraría el ciclo de la gran herida de la Reforma en el corazón de Europa. Creo que Ratzinger es el hombre para una presencia espiritual que subsane las raíces de las culturas básicas de la modernidad.

-Lo cierto es que no se lo menciona entre los papables, aunque también se afirma que "quien entra papa al cónclave, sale cardenal"?

-Yo expreso mi opinión dentro de lo que conozco, que es limitado. No estoy interiorizado de todos los nombres importantes de la Iglesia mundial, entre otras cosas porque hoy hay menos información que hace 10 o 15 años.

-¿En qué sentido?

-En tiempos de la bipolaridad mundial, la Iglesia estaba en una gran tensión, pero al aflojarse la bipolaridad no ha logrado reponer una nueva lógica misional adecuada a un escenario político. La Iglesia está sintiendo el amorfismo de la transición de épocas. Durante medio siglo, hasta la caída de la URSS, el enemigo principal era el ateísmo mesiánico, materialista, que se había difundido por el mundo en apenas un siglo y medio, con una velocidad extraordinaria, sólo comparable a la del islam. Ahora no hay nada de eso. Resulta mucho más complejo discriminar quién es el enemigo y darles una jerarquía a los peligros. Eso genera un gran estancamiento en la dinámica misional de la Iglesia.

-Se ha dicho que el futuro papa no tendrá que luchar contra estructuras políticas o ideológicas demasiado visibles, pero sí tendrá que confrontar con transformaciones culturales cada vez más desafiantes. ¿Coincide?

-Yo creo que éste es un instante de gran perplejidad, de acumulación de problemas. Cuando se juntan los cristianos para ver los problemas del mundo no logran articular una visión de la coyuntura en su conjunto.

-¿Usted cree que hay temas que inevitablemente habrá que encarar?

-Sí; la sociedad contemporánea hace inevitable una reflexión muy profunda sobre temas hasta ahora no abordados, probablemente porque en el repertorio de los desafíos de la Iglesia eran nuevos y de segundo orden. Pero hoy resultan mucho más ostensibles. Hace apenas diez años el asunto de la unión de homosexuales no se planteaba, o si se planteaba era en algún núcleo ínfimo, pero no era una ola, como lo es hoy. Para mí, resulta obvio que la unión civil de los homosexuales no es un matrimonio, porque el matrimonio implica la reproducción, pero eso no significa que la Iglesia, ante situaciones especiales, pueda llegar a aceptar la unión civil de estas personas. Entonces aunque no se le ponga el mismo rango que el matrimonio, ya que está justamente en las antípodas de lo que significa el matrimonio, de algún modo ese mal puede encerrar un bien. Estas son cosas que se tienen que empezar a discutir en la Iglesia con un análisis que no sea juridicista y abstracto. La sociedad no tiene por qué legislar como si todos sus miembros fueran religiosos y católicos.

-Proyectos como la educación sexual en las escuelas, la despenalización del aborto, el uso de profilácticos para prevenir el sida y otras cuestiones prometen encrespar más las aguas entre la Iglesia y los gobiernos civiles de la región. ¿Cómo prevé que evolucionará la relación en estos aspectos?

-Yo soy partidario, en general, de que haya educación sexual a las edades que corresponda. Me parece obvio. Ahora, por supuesto, esa educación puede ser de múltiples contenidos y múltiples significados. Yo soy partidario de que se enseñen bien los aspectos físicos, psíquicos, espirituales, porque si no, ponemos a los chiquilines a ver cine ##### y listo, ¿no le parece? En cuanto a otros temas, como el uso del preservativo, la Iglesia se recuesta en la intimidad del confesionario. La diferencia entre Calvino y la Iglesia Católica es que para Calvino todo pecado era mortal. La Iglesia distinguió siempre entre pecado mortal y venial. Para mí, el preservativo es un asunto venial, pero necesario, porque si no el matrimonio se expone a tener veinte hijos, y eso es imposible. Lógicamente, la Iglesia no puede decir urbi et orbi "Usen preservativo", pero lo contempla, caso por caso.

-Pero la Iglesia no dice que eso queda librado al confesionario...

-Yo digo que ésa es, un poco, la realidad.

-¿No es un doble discurso?

-No; es aconsejar ante cada caso concreto. Es no herir la esencia del asunto desde el principio, es tratar de que las heridas sean menores. La Iglesia no lo recomienda, pero es consciente de que una buena educación sexual evitaría muchos abortos y es mejor usar un preservativo que exponerse a un aborto. ¡Por Dios! El aborto es una cosa muy grave. Para la Iglesia, desde que un óvulo es fecundado hay un ser humano, y punto. Ahí sí que no hay matiz posible. Por eso yo digo que era mucho más fácil ser monje en el siglo XI. Hoy vivimos en un mundo erotizado y en una cultura que no tiene parangón en la historia mundial, que plantea todos estos problemas.

-Y usted, ¿qué piensa?

-Pienso que el enemigo principal es lo que yo llamo el ateísmo libertino, que está en el corazón de la sociedad opulenta euronorteamericana y que consiste en la gratificación de todos los deseos. La gente tiene como valor fundamental la satisfacción de sus deseos. Esa es la propaganda que irradia el capitalismo y que está ligada a las nuevas formas de comunicación y, por supuesto, al deseo fundamental, que es Eros. El ateísmo mesiánico se transformó en una rueda de placer del poder y de poder del placer. Esa es la rueda que empieza a hacer girar la sociedad de consumo del mundo capitalista actual, como no había ocurrido nunca antes. El capitalismo nos ofrece millones de cosas buenas, pero -sobre todo en los países pobres- también se multiplican los problemas de los paraísos artificiales, como la corrupción, la droga, la pedofilia. Un mundo donde todo es posible.

-¿Cómo se revierte?

-Ese es, a mi entender, el problema pastoral fundamental. Es muy difícil identificar al enemigo, porque el ateísmo mesiánico tenía estados, partidos, instituciones multitudinarias. Acá, en cambio, no hay una cara visible ni un aparato social expreso. Todo es amorfo, individual y no identificable fácilmente, pero hay una incitación perpetua. Por eso hay que intentar comprender sus orígenes, su lógica, su forma de expansión. Solamente si se tiene una visión totalizadora, mundial, de esa lógica es posible un enfrentamiento real. Zbigniew Brzezinski, a mi entender uno de los pensadores contemporáneos más brillantes, ha llamado al corazón de la sociedad opulenta "la cornucopia permisiva". Cornucopia es el cuerno con que Zeus se alimentaba de todos los deseos posibles. Bueno, Brzezinski cree que en el apogeo del poder de Occidente están todos los síntomas de su
decadencia, y eso se propaga en las zonas no centrales, por la hegemonía de los medios de comunicación
. Ellos nos comunican a los que no estamos a su altura de opulencia la cornucopia permisiva que no estamos en condiciones de sostener.


AMÉRICA LATINA: NUEVOS TIEMPOS

<hr><h2><u>AMÉRICA LATINA: NUEVOS TIEMPOS</h2></u>

Es de supervivencia incrementar la lucha continental contra el ALCA, los TLCs y el amenazante Plan Colombia



Ángel Guerra Cabrera (*) - Altercom

Quito (Ecuador) - 9 de abril de 2005

Entre mediados de la década de los noventa y la actual se ha producido en América Latina un cambio apreciable en la relación de fuerzas a favor de la soberanía nacional. Hasta hace cinco años era impensable un MERCOSUR en proceso de fortalecimiento, el surgimiento de una Comunidad Suramericana de Naciones y el lanzamiento de un proyecto contrapuesto al ALCA como es la Alternativa Bolivariana de las Américas(ALBA), que patrocina el presidente venezolano Hugo Chávez.

Esta mutación no habría sido posible sin el accionar de los novedosos, disímiles y vigorosos movimientos sociales latinoamericanos. Con mayor fuerza y persistencia en unos países que en otros, no hay una sola nación en América Latina donde estos movimientos no presenten batalla al neoliberalismo. Su lucha es profundamente antiimperialista en la medida que las políticas neoliberales representan la total absorción económica, política y cultural de nuestra América por el imperialismo de Estados Unidos.

Los movimientos sociales han logrado frenar en muchos casos la privatización de empresas públicas, derrocar gobiernos neoliberales sin disparar un tiro como en Argentina, Bolivia y Ecuador y, sobre todo, romper con la modorra, el conformismo y el pesimismo de que fue víctima gran parte de la izquierda después del desplome soviético. Los movimientos han desbordado la agenda de la izquierda tradicional al incluir como puntos fundamentales los derechos de los pueblos indios y de los afrodescendientes, la ecología y la diversidad sexual. El rechazo a las vanguardias por autoproclamación los ha liberado de un lastre del pasado y proporcionado una saludable autonomía.

Un resultado de su lucha a escala de la región ha sido impedir la entrada en vigor del ALCA en enero del 2005, como era el plan de Washington. Se trata de una victoria parcial pero muy importante en la que también ha influido la resistencia de gobiernos como los de Brasil y Argentina, pero muy especialmente el de Venezuela. De Caracas emana una radical posición antineoliberal y antiimperialista inspirada y apoyada en un gran movimiento popular de alcance nacional conducido firme y audazmente por Hugo Chávez. Ello ha insuflado impulso y estímulo moral a los demás movimientos sociales del continente y con el proyecto del ALBA dotado de una auténtica alternativa de integración autónoma y no subordinada a los pueblos latinoamericanos. El ALBA se basa en la solidaridad y la cooperación. No desecha la ganancia de las empresas pero la subordina al beneficio mutuo.

Estados Unidos, al ver que su plan de tener funcionando el ALCA en enero de este año estaba condenado al fracaso, optó por la modalidad divisionista de los tratados de libre comercio bilaterales(TLCB). Es significativo que estos se hayan firmado o estén en proceso de negociación por los gobiernos más dóciles a Washington; ergo Chile; Perú, Ecuador, Colombia y los centroamericanos.

Los TLCs son aún más peligrosos que el ALCA para los Estados latinoamericanos porque los privan de las relativas ventajas que pudieran lograr en una negociación colectiva de este ominoso instrumento recolonizador. Es decir, la posibilidad de condicionar la conclusión del tratado a la aceptación por Estados Unidos de una serie de puntos en los que eventualmente convengan los latinoamericanos. La victoria lograda contra el ALCA es por eso parcial y además porque Washington ha mostrado la intención de reanudar las negociaciones colectivas durante el segundo mandato de Bush.

De allí que sea una cuestión de supervivencia incrementar por igual la lucha continental contra el ALCA, los TLCs y el amenazante Plan Colombia. Será una brega larga en la que es indispensable la vigilancia de los gobiernos entreguistas o vacilantes por los movimientos populares para impedir su quiebra ante Washington.

La victoria no concluye hasta conseguir la integración económica y política de América Latina y el Caribe. Y es que la concreción en los hechos del ideal bolivariano, como lo vienen haciendo Venezuela y Cuba en sus relaciones, es lo único que puede evitar la anexión de nuestra región por Estados Unidos y propiciar que se desenvuelva con independencia y dignidad plena en el ámbito internacional.

Lograrlo exige la definición de un programa mínimo que agrupe en cada país a las diferentes luchas sociales en un gran movimiento nacional capaz de impulsar transformaciones antiimperialistas y socialistas.

(*) Angel Guerra Cabrera es un destacado articulista de La Jornada de México. Sus artículos son reproducidos por Altercom con autorización expresa del autor.


AMÉRICA LATINA: SU UNIÓN ES SU FUERZA

Por Ángel Guerra Cabrera
La Jornada
- Marzo de 2005

La asunción de la presidencia por Tabaré Vázquez, del Encuentro Progresista-Frente Amplio-Nueva Mayoría, significa que Uruguay y su experimentado movimiento popular ensanchan la franja de naciones encabezadas por gobiernos progresistas en América Latina. Con diferentes grados de radicalidad, estos gobiernos -que no son homogéneos ni enfrentan situaciones iguales- coinciden en ofrecer una mayor resistencia a las políticas recolonizadoras encarnadas en el ALCA y los tratados bilaterales de libre comercio, encaminados al saqueo de los recursos naturales y la anulación de las soberanías; o a los designios de subordinar los ejércitos latinoamericanos a la estrategia de Washington, como se demostró en la reunión de Ministros de Defensa del hemisferio el año pasado en Quito.

Se advierten limitaciones en la ejecutoria de algunos de ellos al no satisfacer las expectativas creadas en cuanto a una lucha frontal contra el neoliberalismo, pero se incurriría en grave miopía política si se subestimara su importante significación en la retoma del objetivo de la integración económica y política y la independencia de nuestra América. Antes de que llegaran a la presidencia Hugo Chávez en Venezuela, Lula en Brasil, Kirchner en Argentina y ahora Tabaré Váquez en Uruguay la única resistencia a las acciones recolonizadoras de Washington se levantaban desde Cuba o desde los movimientos sociales de la región. Los gobiernos existentes hasta entonces no ponían la menor objeción a los planes yanquis, bien porque estaban de acuerdo con ellos o bien porque no se atrevían.

Aunque la llamada globalización ha colocado una camisa de fuerza a los Estados latinoamericanos, reduciendo su capacidad de articular políticas auténticamente nacionales, hay ejemplos de que todavía quedan espacios para rebelarse contra el embate recolonizador en dependencia de la voluntad política de los gobiernos, de la correlación de fuerzas nacional e internacional, de su capacidad para gestar alianzas y lograr apoyo de masas a su actuación. Prescindiendo de Hugo Chávez, un caso excepcional por todo lo que su gobierno ha sido capaz de hacer en materia de recuperación de los recursos energéticos, de despliegue de una política exterior independiente, de programas sociales de hondo calado y de identificación entre gobierno y movimiento popular, hay que anotarle a Lula y a Kirchner el impulso al MERCOSUR como alternativa al ALCA y el haber abierto la puerta a Venezuela en este mecanismo. Los dos han sido muy activos junto a Caracas en la defensa de los derechos de los pueblos tercermundistas en la Organización Mundial de Comercio, donde Brasil fue el inspirador del grupo que impidió la imposición por Estados Unidos de sus condiciones en Cancún. Al mandatario argentino hay que reconocerle una consistente labor a favor del esclarecimiento de los crímenes contra la humanidad de las dictaduras militares y también la quita de una apreciable parte de la deuda externa defendida con gran firmeza y sentando un precedente muy valioso en América Latina. Ambos, unidos a Chávez y, en sus primeros actos de gobierno, a Tabaré, han constituido Petrosur, un ente petrolero sudamericano y también Telesur, que en breve comenzará a transmitir programas con la óptica latinoamericana. Tabaré reanudó en su primer día de gestión las relaciones diplomáticas plenas con Cuba.

De lo anterior deriva una cuestión clave para fortalecer la resistencia latinoamericana contra el imperialismo y es la necesidad de que los movimientos populares de la región brinden su apoyo en aspectos puntuales a estos gobiernos cuando actúan en defensa de los intereses nacionales. Esto es perfectamente posible siempre que no pierdan por ello su independencia política y crítica. Son las luchas antineoliberales y antiimperialistas de los movimientos los que han hecho posible el ascenso de estos gobiernos y nadie mejor que ellos sabe cuáles son las aspiraciones que esperan ver satisfechas por los mismos. Del otro lado está el agresivo derrotero antilatinoamericano que sigue la administración de Bush con sus continuas amenazas a Cuba, a Venezuela y a las insurgencias que por distintos caminos siguen los pueblos de Colombia y Bolivia, pero también más veladamente contra los demás gobiernos progresistas, que hace necesario que los movimientos populares se preparen para contrarrestar futuras agresiones con una solidaridad indeclinable, seguros de que en la unión está la fuerza de América Latina.

aguerra12@prodigy.net.mx

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17 DE OCTUBRE

<hr><h2><u>17 DE OCTUBRE</h2></u>

Una jornada muy particular



Por Abel Posse
(para La Nación – Octubre 1998)

Días agobiantes de verano húmedo, malsano. Buenos Aires jadeaba como una bestia desganada y febril. Victoria Ocampo debió de haber abierto su balcón en Barrio Parque para refrescar desde la mañana sus jazmines y rosales.

Eran tiempos de afirmación democrática mundializada. Todavía humeaban las ruinas de Dresde, de Hamburgo, de Hiroshima. Los vencedores se repartían el mundo y escribían la nueva cartilla moral. La Argentina, gracias al neutralismo de Yrigoyen, de Justo, de Ruiz Guiñazú y de los militares, emergía económicamente triunfante. Pero se presentía que estaba terminando un ciclo de estabilidad y de corrección monetarista y macroeconómica, que como hoy, en 1998, dejaba un trasfondo de graves postergaciones sociales, de olvidos. Como lo había detallado Bunge en su famoso libro, el 80 por ciento de la riqueza argentina se concentraba en torno a Buenos Aires, en un irrisorio radio de 500 kilómetros. Era la increíble Reina del Plata con su noche incesante, su babilonia racial, ideológica, moral, y, por el otro lado, el bostezo infinito de las provincias olvidadas.

Braden, el toro de combate

Desde el Barrio Norte hasta Flores eran días de fervorosa movilización contra «la amenaza nazifascista» del coronel Perón. Una mañana después del generoso riego de geranios, Victoria habló con sus amigos. Se habían coordinado para enviar un telegrama al Departamento de Estado, en el que solicitaban el urgente envío de ese toro de combate que sería el embajador Spruille Braden. Sólo eso nos podía salvar de la fundación de un cuarto Reich. (Aparte de la promotora, lo firmaron Houssay, González Iramain, Moreau de Justo, Alejandro Ceballos, Juan Antonio Solari, y una decena más de gente seria y responsable.) El 19 de septiembre se había producido la Marcha de la Constitución y de la Libertad. Tal vez medio millón de porteños se expresó urgiendo el inmediato paso del gobierno a la Corte Suprema. Aunque ya había empezado en Berlín la Guerra Fría, Joaquín de Anchorena y Antonio Santamarina sellaban un caluroso pacto moscovita con Rodolfo Ghioldi y Ernesto Giúdice, los líderes del estalinismo local, que habían recibido desde el Kremlin el diagnóstico del fascismo terminal de Perón... Durante las jornadas de protesta en la plaza San Martín, el Comité Insurreccional comunista organizaba con Anchorena, María Rosa Oliver y Américo Ghioldi las idas y venidas de la conspiración democratizadora. El centro de operaciones estaba en la deliciosa y fenecida cervecería Adam.

Los militares, con su simpleza geométrica de entonces, pensaron que para mantener en el poder a la revolución del 43 y negociar con la presión nacional e internacional era necesario cortar la cabeza de la revolución: la del coronel Perón. No viene al caso repetir lo que está brillantemente escrito por Félix Luna o Ruiz Moreno. Perón fue desposeído de todos sus cargos y demonizado por los diarios, desde The New York Times hasta La Prensa. Nadie comprendía entonces que era pionero de una renovación de signo social que el mundo legitimaría después, con las socialdemocracias y hasta con esta temblequeante "tercera vía", laica, pragmatoide y municipal que hoy intentan ante la implosión mercantilista. Detuvieron a Perón, separaron a Evita a los empujones. (Ella estaba segura de que se lo llevaban para matarlo.)

La chispa y la leña

Antes, él se había despedido en la Secretaría de Trabajo y Previsión ante setenta mil, empleados, sindicalistas y obreros, lanzando su bomba secreta: esas generosas medidas que habían soñado los socialistas en su estética parlamentaria, después de aceptar el golpe de Uriburu-Justo y la institucionalización del fraude "patriótico" contra la mayoría radical. Aumento inmediato de sueldos, salario vital móvil, vacaciones pagas, participación obrera en las ganancias... Un fuego de revuelta y convocatoria recorrió la Argentina desesperada. Tal vez el capitán Russo, el coronel Mercante y un grupo de sindicalistas de izquierda encendieron una hoguera. Fue la chispa, pero la leña estaba reseca y había un líder...

A las seis de la mañana lo trajeron a Perón de Martín García en una lancha que se zangoloteaba. El coronel debe de haber visto en el capitán Mazza el perfil de carente, porque le preguntó con su humor medio ladino: "¿Me llevan a mi departamento de Posadas o a fusilarme?" Quedó detenido, con un piyama celeste, en el quinto piso del Hospital Militar. Conocemos la crónica. El levantamiento de los puentes, los camiones municipales, los tranvías desviados hacia la Plaza de Mayo.

Perón llamaba continuamente a Eva para tranquilizarla. Le dijo la verdad: que la política le daba asco y que ya en dos ocasiones le había pedido al presidente Farrell el retiro. Estaban perdidamente enamorados. Pondrían una chacra en Chubut. Era cuestión de horas... Pero ella no creía que no lo matarían. Lloraba y esperaba en el departamento de Posadas.

Algo pasa en la calle, Bachi...

A las siete de la tarde, Perón le preguntó al coronel Pistarini, emisario de los mandos militares: "¿Es verdad qué hay mucha gente, che?"

Vernengo Lima, el almirante, creyó que todavía había tiempo para "reprimir", pero ya eran casi cien mil y seguían viniendo como si cayesen de todas las costuras invisibles de la Argentina sumergida. Sanmartino los llamaría "el aluvión zoológico". El calor era agobiante. Gritaban estribillos pidiendo por Perón y se refrescaban los pies en las fuentes circulares, hasta entonces sólo mancilladas por las obesas palomas municipales, por el novio zambullido en despedidas de soltero o por el Negro Raúl vestido de almirante, que la barra de Macoco había tirado al agua.

A las nueve de la noche era un mar nuevo, de cabezas y torsos nada elegantes para la París del Plata. Pero era la mayor multitud espontánea que había conocido la historia argentina.

El coronel llegó a las seis de la tarde, preso y descompuesto. A las siete de la tarde era el hombre más poderoso de la Argentina y de nuestra América.

Después de la apoteosis se encontró con Eva, en el departamento de Posadas. Se abrazaron y partieron para refugiarse en lo de Subieza, en San Nicolás.

Para quien esto escribe, aquel día tan particular conlleva todo el recuerdo de ese octubre caliente, con las interminables tardes que pasaba preparándose para el ingreso al Nacional de Buenos Aires. La abuela estaba ya enferma. Era una tucumana orgullosa, de pocas palabras, como si su verdadera vida quedase para siempre hasta dos décadas atrás.

Al anochecer, aunque vivíamos a tres cuadras de Rivadavia, se oían los estribillos de las tandas de camiones. Mi abuela, cosa rara, abrió el balcón de la calle. Le pregunté:

-¿Qué pasa, abuela?

-Algo raro pasa en la calle, Bachi- me dijo.

Ella murió diez días después. No pudo enterarse de mi difícil ingreso al Nacional Central para las torturas educativas.


ANOMIA SOCIAL Y CATÁSTROFE

<hr><u><h2>ANOMIA SOCIAL Y CATÁSTROFE</h2></u>

Por Enrique Lacolla

La Voz del Interior
- Córdoba

El horrible episodio del boliche Cromagnon sintetiza los rasgos del proceso destructivo a que está siendo sometido el país. El terrible episodio del boliche incendiado en el barrio porteño del Once, en vísperas del Año Nuevo, provoca horror, indignación y náusea
.

Este hecho se erige en un símbolo que condensa casi todas las maldiciones de la Argentina actual, a saber: irresponsabilidad estatal, en lo referido al incumplimiento de los controles que deben ser de rutina en ese tipo de lugares; corrupción vinculada a esa falta de vigilancia y/o falta de presupuesto para tornarla eficiente; codicia empresarial que valora más el "ahorro" de unos miserables pesos que la seguridad de un local al que se había provisto de un aislamiento sonoro prohibido por su combustibilidad y toxicidad en caso de incendio; más codicia, evidenciada en el cerramiento hermético de las salidas de emergencia para evitar la presencia de colados; imbecilidad de quienes arrojaron la pirotecnia que desencadenó el desastre; desprecio por el otro, ínsito en todas estas actitudes; desorganización en la provisión del socorro y cobertura mediática afligida por el sensacionalismo y la demagogia.

Hubo incluso un periodista que se indignó en cámara porque un funcionario tuvo la osadía de definir el comportamiento de los "chicos" que tiraron la cañita voladora, como imprudente.

Pues sí, fue imprudencia: hubo inconsciencia suicida en esa actitud, aunque obviamente a quien eso hizo se lo deba colocar último en el listado de las responsabilidades. Como también a quienes, estando a su lado, no intervinieron para impedir que hiciera lo que estaba haciendo. La generosidad de quienes se jugaron luego la vida para sacar a sus compañeros de la trampa mortal, no basta para equilibrar los pesos.

Pero el problema es más vasto, está en la recurrencia de la impunidad y negligencia que rodean a estos y a tantos otros episodios que quebrantan la ley. Y sobre todo en el carácter de síntoma que estos tienen respecto de los gérmenes autodestructivos que se han inoculado en la sociedad argentina y que algo tienen que ver con su incapacidad para exigir de sus dirigentes las pruebas de idoneidad, ética e inteligencia que cabe requerir de quienes se hacen cargo de esa responsabilidad.

No comparto el criterio de quienes piensan que los argentinos estamos afligidos de una tara genética, que nos haría incurrir en una criminal ligereza. Creo más bien que esa liviandad, si bien puede ser en parte un sedimento no asumido de las ilusiones (perdidas) que informaron al país en épocas más pródigas, es un dato inyectado deliberada y lentamente en la psiquis nacional para anular su autoconciencia y para arrojar a quienes se encuentran más indefensos ante el ataque -esto es, a los jóvenes- al culto de una transgresión inútil, segura garantía de que no se les pasará por la cabeza cuestionar las causas de la situación del país y las de su propio desarme frente al sistema.

El culto a la incultura

Se ha tejido, desde los medios en general y desde la televisión en especial, una cultura de la banalidad, de la mediocridad y de la bobada que no tiene paralelo en el mundo. Sus ecos los encontramos en el lenguaje cotidiano: no sólo por la incapacidad para designar que deviene de la cada vez mayor pobreza lingüística, sino por el empleo de muchos términos característicos de una actitud, entre mimosa y blandengue, que impregna a gran parte de los estratos medios de nuestra sociedad y que trasunta un apartamiento de cualquier tesitura tónica y severa frente a la realidad.

Los medios se hacen diligentes propaladores de términos que se suponen cariñosos como "los chicos", "las mamás", "los abuelos" y "la gente" para designar a los jóvenes, las madres, los ancianos y el pueblo.

En cierto modo, este lenguaje refleja la tesitura renunciataria de que hablamos. "Chicos" es una extensión de bebés, las "mamás" hacen pensar en el café con leche antes que en las madres dadoras de vida, los "abuelos" parecen ser los seres provectos a los que hay que cuidar (en teoría) antes que los ancianos transmisores de la sabiduría de una experiencia existencial, y la "gente" es una entidad amorfa, muy distante de los contenidos implícitos en la palabra pueblo, que suponen una disposición volitiva y un sentido de la dirección, incluso en el seno del tumulto.

Esos sectores propensos al uso de este lenguaje indeterminado, cuando son golpeados por la tragedia, como en este caso, o por el desastre económico, como en ocasión del "corralito" (otro eufemismo para no decir expropiación), tienen reacciones de rabia y desesperación, pero que se agotan en su formulación, no cuestionan los motivos por los cuales pasa lo que pasa y no llegan a articular una alternativa coherente para salir del impasse.

En este esquema mental, la culpa la tienen siempre otros, lo cual puede ser cierto; pero nadie se pregunta por qué esos otros avanzaron hasta poseer ese poder discrecional, de vida o muerte, sobre el destino de millones de personas, incluidas aquellas que protestan.

El núcleo del problema

Esta descomposición de la voluntad arranca de una falta de identidad provocada por el sistemático oscurecimiento de la naturaleza de los procesos que gestaron nuestra historia. Y del sabotaje que se ejerce para impedir ir al centro de una problemática nacional generada por nuestra situación dependiente.

En este tipo de procedimiento, la inducción de la anomia social es un recurso maestro. Después de la catastrófica experiencia de la dictadura, se hizo más fácil montar el escenario para esta cancelación de la conciencia. Incluso la gesta de Malvinas, mal parida por el oportunismo y la inepcia de quienes la impulsaron, pero punto de referencia identitario para millones de argentinos, fue desvalorizada sistemáticamente.

La oleada de liberalización que siguió al régimen militar instrumentó el legítimo rechazo a sus abusos, dirigiéndolo a alentar una pseudo rebeldía juvenil que se volcó en las formas de vestir, de hablar, de vincularse y de adscribirse a distintas tribus. Librados a sí mismos, carentes de la orientación de unas familias cada vez menos contenedoras y atraídos por la trampa de un consumismo imposible, el inconformismo juvenil se transmutó en una agitación sin objetivos y propensa a la autodestrucción.

Las responsabilidades por el desastre del boliche Cromagnon son específicas y tocan primordialmente a las autoridades y a los empresarios que incumplieron todas y cada una de sus obligaciones. Deben pagar por ello. strong>Pero las raíces del problema son más hondas y se vinculan a la incapacidad de comprender que no hay libertad individual sin libertad colectiva, y que no basta con pedir la cabeza de un funcionario público para que las cosas se encarrilen, sino que se requiere de una búsqueda de conocimiento y de una voluntad de transformación activa, sólo verificable en un compromiso político, para develar las causas de lo que nos está pasando y para operar sobre ellas.