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15/04/2004
ESMERALDA, FRAGATA INFERNAL
México D.F. Miércoles 14 de abril de 2004 José Steinsleger
Un país que entre sus naves cuenta con un buque insignia tiene de qué enorgullecerse. De niño, uno de mis paseos favoritos consistía en visitar la fragata Libertad cuando anclaba en el puerto de Buenos Aires, hermoso buque insignia de tres palos. Hasta el día que en Valparaíso quedé azorado ante los cuatro palos de la Esmeralda, belleza homóloga. Los buques insignias suelen ser escuelas que tienen por misión completar la formación profesional de los guardiamarinas. Además, estos navíos conllevan la noble misión de ser embajadas itinerantes, contribuyendo a difundir la imagen del país en los puertos del mundo. Las primeras escuadras de Chile y Argentina guardan origen histórico similar y nacieron ligadas a la causa de quienes no andaban en chiquitas. Patriotas que en tierra peleaban por lo nuestro y en el mar, junto a europeos y estadunidenses, aprendían los gajes del oficio: los palos de una fragata se llaman bauprés, trinquete, mayor y mesana; las velas pueden ser de 15 tipos: madrás, estays, trinquetilla, cangreja... ¿Quién no soñó alguna vez con navegar por los mares del globo, cruzar el Cabo de Hornos, donde en 350 años 160 barcos acabaron en los feudos de Neptuno, o librar batallas como aquellos corsarios reacios a la piratería liberal, que sirvieron a la causa de la independencia hispanoamericana? El irlandés William Brown y el francés Hipólito Bouchard en Argentina, el inglés Thomas Cochrane, "guerrillero del mar", en Chile, y tantos europeos y yanquis revolucionarios que lucharon junto a los pueblos de México y Perú, Brasil y Venezuela, Cuba y Ecuador. Con los primeros gritos de independencia, de Ushuaia a California vivieron hombres y mujeres convencidos, quizá prematuramente, de que sólo un espíritu políticamente confederado podía evitar lo que hoy, sin catalejo, salta a la vista: el remendado velamen de tantas patrias chicas enajenadas por capitanes sin brújula ni timón. Uno de ellos, en la ceremonia de despedida de La Dama Blanca (como el pueblo chileno llama a la Esmeralda), dijo en Valparaíso el 6 de abril de 2003: "Con ustedes zarpa el espíritu de la Armada de Chile y también zarpa un país orgulloso con lo que se está haciendo. Durante esta travesía... ustedes son una embajada especial que envía Chile en sus deseos de integrarse en un mundo global". Las palabras del "socialista" Ricardo Lagos, presidente de Chile (¡ejem!), chocaban con las del almirante Jorge Arancibia, ex comandante de la Armada, actual senador de la pinochetista Unión Democrática Independiente (UDI) y primer marino en reconocer que el Esmeralda fue un campo de concentración donde se aplicó tortura después del golpe de Estado de 1973. No voy a explayarme acerca de lo difundido por organismos de derechos humanos que sustentan lo manifestado por Arancibia, quien ensayó un curioso mea culpa en la televisión chilena: "Era como un partido de futbol en que van uno a uno y hay que ganar, y están las barras de uno y otro lado". Más bien creo necesario destacar el comentario del señor embajador de Chile en México, cuando en Acapulco calificó de "antipatriotas" y "anclados en el pasado que se guían por rumores" a las personas que protestaron por la visita del buque (La Jornada, 11/4/04). ¡Qué ruindad! ¿Pero acaso el cinismo y la cobardía no han sido velos recurrentes en los gobiernos de la concertación? Recordemos al ex presidente demócrata cristiano Patricio Aylwin: "Pinochet se ha ganado mis respetos" (El País, 08/4/91); o al bilioso "socialista" José Miguel Insulza, ministro del interior: "no tiene mucho sentido comenzar la persecución de miles de personas que participaron en torturas para llegar a 'la verdad que sabemos todos'" (La Jornada, 15/2/01). Por tanto, mejor cuidarse de esos caballeros (tan antipopulistas, tan de izquierda ellos) que del caballero de la muerte real, quien a los 88 años y con 322 querellas criminales encima, sigue siendo coherente con lo que piensa y siente: "son los comunistas los que deben pedirme perdón". Cosa que se entiende. Así están las cosas en el país que hoy envía soldados para la "reconstrucción" de Haití y mercenarios para la "reconstrucción" de Irak. Michelle Bachelet, ministro de Defensa, dijo que la segunda iniciativa está "dentro del marco de las libertades individuales". ¿Pensaría lo mismo su papá, el general Alberto Bachelet, muerto a causa de las torturas recibidas en la Academia de Guerra Aérea el 14 de marzo de 1974? Cuando quería ser corsario vi una película formidable: La fragata infernal, con Peter Ustinov y Robert Ryan. En batalla librada en alta mar con un mercante británico, la fragata infernal se impone y recluta marineros por la fuerza. La nave victoriosa se llamaba Vengador. La que se fue a pique se llamaba Derechos del hombre. La Jornada
Jueves, 15 de Abril de 2004 21:53 ;?> No hay comentarios. Comentar.
ADIÓS AL MAESTRO
Por Augusto Alvarado
Recuerdos de Charlie 47 (0)
A Aurelio Rosas Arancibia, in memoriam
Mis primeros recuerdos, más o menos nítidos, de Aurelio Rosas, se remontan a 1963. En ese año la Escuela Consolidada de Experimentación de Puerto Natales (creo que se llamaba así, entonces) incorporó a su enseñanza al cuarto año de humanidades, como una manera de postergar por un tiempo el obligado viaje de sus alumnos a Punta Arenas, para terminar sus estudios secundarios. Formé parte de esa camada de once alumnos (ocho mujeres y tres hombres). Aurelio Rosas fue nuestro profesor jefe. Apenas iniciado el año escolar comenzó a organizarnos para realizar un viaje de egresados. Idea totalmente novedosa para esa época. Se trataba de realizar una gira a fondo por la Patagonia austral, nuestro entorno más inmediato, nuestra patria pequeña y querida: las estancias, las ciudades, los campamentos petrolíferos, los sitios históricos, las fronteras, el estrecho, las pampas interminables (donde Chile deja de ser “una larga y angosta faja de tierra”, aprisionada entre la cordillera y el mar pacífico, para transformarse en una ancha pradera de cientos de kilómetros de ancho entre una cordillera casi inexistente, el estrecho de Magallanes y … el mar atlántico). Y realizamos ese inolvidable viaje. Estuvimos en Punta Dungeness (donde se mezclan las aguas de los dos océanos) y en Fuerte Bulnes (donde aún se escuchan las palabras de O’Higgins: “Magallanes … Magallanes”); en Punta Arenas y en Puerto Porvenir; cruzamos el estrecho en barco y regresamos en avión; conocimos el esfuerzo de los trabajadores del petróleo en el continente y la Tierra del Fuego; las tareas ganaderas en las estancias de la pampa magallánica.
Teníamos quince años entonces y estoy seguro que esa experiencia de aprendizaje y camaradería perdura aún en todos los protagonistas de esa verdadera aventura. Aurelio Rosas fue el alma de esa expedición pedagógica y un verdadero tutor y amigo para todos nosotros. Nunca olvidaré aquella madrugada en que estábamos en el muelle fiscal de Punta Arenas, esperando la barcaza que nos llevaría a Porvenir, para iniciar la etapa fueguina de nuestro viaje. Estaba avanzada la primavera y muy temprano el sol empezaba a aparecer tras los cerros de la Tierra del Fuego. Sólo Aurelio Rosas y yo estábamos en la punta del muelle contemplando el nacimiento y la belleza del nuevo día. Encendió un pitillo y me dijo: “Puedes fumar, si quieres, yo sé que todos ustedes fuman, y este amanecer bien merece una pitada”. Y así creció aún más el respeto que sentí siempre por ese maestro que aún cuando había venido “del norte” supo amar a la Patagonia y a su gente, así como supo amar las causas justas y nobles del pueblo.
Pasaron diez años. Entre el Liceo de Punta Arenas, la Universidad, el trabajo, la pareja, los hijos, la militancia política, no había mucho tiempo para volver a Natales. Sin embargo regresé en 1973 a trabajar en los servicios del agro, en el área comunicaciones (Abel Paillamán, gran amigo de mi familia, era mi jefe). Y allí me sorprendió el fatídico 11 de septiembre. Después de estar detenido en diferentes sitios de Natales una madrugada de septiembre fui sacado de la cárcel pública para ser embarcado en un vehículo con destino al regimiento “Pudeto” de Punta Arenas. Grande fue mi sorpresa al encontrarme allí dentro con queridos amigos que en esos días habían sufrido tanto o más que yo (Antonio González, Julio Águila, Juan Carlos Álvarez, César Valenzuela y mi querido maestro Aurelio Rosas). Aurelio era uno de los más afectados: fuertes golpes en el rostro habían dañado seriamente su visión. En el regimiento Pudeto nos encontraríamos con otros natalinos: Abel Paillamán, Carlos Bustamante, Alejandro Ferrer, Franklin Olavarría, Baldovino Gómez.
La historia que sigue es más conocida. En diciembre nos trasladarían a isla Dawson y Aurelio no nos acompañaría. Al parecer, se recomendó su libertad por sus serios problemas de salud.
Hace un par de semanas ha venido mi madre, desde Punta Arenas, a visitarnos. Como es costumbre la atosigo con preguntas sobre los seres queridos. Cada vez que viene ocurre lo mismo: “¿Has sabido de éste?”; ¿Tienes noticias de aquél?…”. Y como siempre le pregunté por Aurelio Rosas: “Falleció en Santiago, me dijo. Tenía 82 años y pidió que sus cenizas fueran esparcidas en el sector de las Torres del Paine”. En ese momento comencé a escribir este pequeño y dolido recuerdo. Con afecto y admiración por el maestro, el amigo, el patagónico, el militante, el profesor jefe con el cual compartí una primavera, hace muchos años, un pitillo a orillas del estrecho de Magallanes. Con el que sufrí el dolor del golpe militar de 1973. Con el que seguramente, aún cuando sus partículas de polvo besan el macizo andino del Paine, seguimos compartiendo la esperanza de una patria mejor.
Jueves, 15 de Abril de 2004 21:45 ;?> No hay comentarios. Comentar.
LA LÓPEZ PEREYRA
Por Augusto Alvarado
Recuerdos de Charlie 47 (1)
Yo quisiera olvidarte / me es imposible mi bien, mi bien tu imagen me persigue, / tuya es mi vida, mi amor también, y cuando pensativo yo solo estoy / deliro por la falsía con que ha pagado tu amor, mi amor.
En 1872 nació en Salta el músico Artidorio Cresseri, autor de letra y música de la zamba "La López Pereyra", expresión emblemática del folklore argentino hecha popular, entre otros grandes, por “Los Chalchaleros” y “Los Fronterizos”. Escrita a finales de la década de 1910, su título original fue: "Chilena dedicada al doctor Carlos López Pereyra", título que no es casual pues el padre del músico formaba parte de esa legión de salteños que comerciaban con vastas regiones de los países andinos. El arriero, que llevaba hacia esos sitios mulas engordadas en los valles salteños, retornaba con monedas de plata, artículos traídos de España, modismos, elementos de música y baile y hasta con mujer. Del Perú trajeron la vidala, mientras que la zamba antigua procede del norte chileno. En los descansos del largo y fatigante sendero, los arrieros podían entibiar el alma y apaciguar las penas recitando y cantando coplas inspiradas o aprendidas en el camino. A los once años, Artidorio comenzó a viajar acompañando a su padre a esas tierras, lo que determinó que se quedara luego residiendo en Tarija y desde allí comenzó a viajar a Sucre, familiarizándose con la música y los bailes andinos.
Yo quisiera tenerte / a mi lado todo el día de mis ocultos amores / paloma te contaría pero es inútil mi anhelo jamás, jamás, / vivo solo para amarte callado y triste llorar, llorar.
Tenía más de sesenta años de vida la zamba y había transcurrido más de un siglo desde el nacimiento del músico cuando la escuché por primera vez. Lo que había nacido cerca de los Andes altiplánicos llegó hasta la patagonia, viajando en las guitarras de los modernos arrieros, en las mochilas de los estudiantes, en los infinitos fogones de la Patria Grande. No la conocí en un instante feliz pues un par de días después del golpe militar del 11/09/73 fui detenido en mi domicilio por una patrulla militar. “Mi coronel Gallardo quiere hablar con usted…abríguese por las dudas” me dijo el suboficial a cargo. La conversación con el coronel duró quince meses, sin duda un diálogo largo…a veces tortuoso. Entonces conocí a mi primer compañero de cárcel en los calabozos de Carabineros, en la calle Tomás Rogers de Puerto Natales. Se llamaba Rubén Cárdenas y era funcionario del Ministerio del Trabajo. Estábamos en celdas contiguas y después de los saludos y averiguaciones de rigor comenzamos a conversar de temas diversos. Me contó que formaba parte de un conjunto folklórico del magisterio, pues su esposa era profesora. A René le encantaban la música y el canto. “¿Quieres escuchar algo?”, preguntó “es una zamba que estoy aprendiendo en estos días…te va a gustar”. Y haciendo con su boca sonidos como de bombo a manera de introducción comenzó a desgranar los versos sentidos:
Yo bien sé que no me quieres / pero eso no es un motivo me privas de tus miradas, / mi alma, sin ellas no vivo, voy a ocultarme a una selva solo a llorar, / pueda ser que en mi destierro tus ojos negros pueda olvidar.
Rubén y su zamba fueron como un anticipo de lo que vendría. Porque entre tanto dolor e incertidumbre la música nos acompañaría como amiga fiel en los coros, en las guitarras, en las veladas artísticas que supimos organizar en los escasos resquicios de libertad que lográbamos conseguir. Nunca volví a saber de Rubén Cárdenas. Esa fría noche de septiembre, nieve incluida, nos sacaron violentamente de los calabozos y enfrentaríamos nuestra primera sesión de torturas. Durante todo el tiempo escuché sus gritos. Al amanecer me regresarían a la celda pero mi vecino no volvió. Su canción, sin embargo, me acompañó en esa etapa interminable y aún hoy, casi treinta años después, la recuerdo como portadora del maravilloso mensaje de la música.
En una noche serena / al cielo azul miré, miré, contemplando a las estrellas / a la más bella le pregunté, era ella la que alumbraba mi amor, mi amor, / para pedirle por ella al Dios piadoso resignación.
Grande fue mi sorpresa al descubrir que más de un compañero, en isla Dawson u otros lugares de confinamiento, entonaría las estrofas de la querida zamba. Tal vez fue la mención al destierro, o a la selva, o simplemente por la belleza y el amor que despierta su poesía, “La López Pereyra” se grabó en nuestro corazón para siempre. Gracias, Artidorio Cresseri, hijo de Salta y de Nuestra América por dejarnos esa fiel compañera con ritmo de zamba que no ha envejecido, ni envejecerá jamás.
Jueves, 15 de Abril de 2004 21:40 ;?> No hay comentarios. Comentar.
NÉSTOR KIRCHNER: NUESTRO VECINO PRESIDENTE
Por Augusto Alvarado
A la memoria de Alberto “Cunfi” Quirós, compañero y amigo
Néstor Carlos Kirchner Ostoic nació en Río Gallegos (Provincia de Santa Cruz, República Argentina) el 25 de febrero de 1950. Hijo de Néstor Carlos Kirchner, argentino, descendiente de alemanes y suizos y de María Ostoic, chilena de Punta Arenas, hija de inmigrantes croatas. Dicen algunos biógrafos que sus padres se conocieron mientras ejercían como telegrafistas en sus respectivos correos nacionales. Era don Néstor Kirchner padre una especie de Florentino Ariza (Gabriel García Márquez: “El amor en los tiempos del cólera”), que transmitía el amor a su amada a través del alfabeto Morse. Se ve que don Néstor padre ganó la pequeña batalla y logró llevar a su mujer a Río Gallegos. ¿Hubiera sido muy distinta la historia si se afincaban en Punta Arenas y Néstor hijo resultaba siendo chileno? Podemos intentar un ejercicio de adivinación.
El futuro presidente habría tenido 20 años cuando Salvador Allende asumió la presidencia de Chile en noviembre de 1970. Habría cursado sus estudios básicos y medios en escuelas públicas, tal como lo hizo en su país natal. Y no hubiera podido sustraerse a la atracción de la política en una provincia chilena, la de Magallanes, con una fuerte presencia socialista. Con toda seguridad habría leído a Francisco Coloane y Baldomero Lillo, a Manuel Rojas y Rubén Azócar. Y también miraría con ojos enamorados a alguna magallánica a la que recitaría los versos de Neruda: “Amo el amor de los marineros / que vienen y se van”…
Y nuestro vecino presidente habría tenido 23 años en septiembre de 1973, cuando fue derrocado Salvador Allende y miles de chilenos fueron exonerados de sus trabajos, prisioneros en recintos militares, torturados para después ser arrojados al exilio. Y Magallanes no fue la excepción. Habría conocido el Regimiento Pudeto y el Regimiento Cochrane, el Estadio Fiscal y el Palacio de la Risa (Centro de Torturas) para terminar, como cientos de nosotros, confinado en isla Dawson, en el centro del estrecho de Magallanes, entre Fuerte Bulnes y la Tierra del Fuego.
Pero doña María Ostoic cruzó la frontera y se radicó en Río Gallegos, donde vivía su esposo y allí nació su hijo Néstor Carlos, ya lo dijimos, el 25 de febrero de 1950, en pleno primer gobierno del General Perón. Tenía dos años cuando murió Evita y cinco cuando fue derrocado el presidente constitucional. Cursó sus estudios básicos y medios en escuelas públicas. Pudo haber leído, tal vez, al más grande cuentista chileno del siglo veinte: el chilote Francisco Coloane. Pero con toda seguridad leyó, como miles de otros jóvenes de una generación de argentinos, a Arturo Jauretche y Hernández Arregui, a Puigróss y Jorge Abelardo Ramos, a Leopoldo Marechal y Scalabrini Ortiz, maestros en la política, la literatura y la sociología, la historia y la economía. Había que encontrar las claves de una derrota y descubrir los caminos de una nueva victoria. Como no podía ser de otro modo, se hizo peronista, de la mano de su viejo maestro, don Mario Cepernic. Y esa Argentina que va del 73 al 76, pletórica de esperanzas y tragedias, lo encuentra estudiando derecho en La Plata y militando en la izquierda peronista. En 1975 contrajo matrimonio con la platense Cristina Fernández, compañera de estudios y de partido. Vivió la alegría del triunfo de Cámpora y la de una nueva presidencia de Perón. Sufrió la muerte del general y una nueva agonía del peronismo en el poder. Una vez más en su patria la restauración oligárquico-militar descargaba su odio contra el pueblo.
Vuelve al pago chico, a su patagonia, donde instala un estudio jurídico junto a su colega y compañera. Hay que reorganizar el movimiento, esperar mejores momentos. Se dice, aunque no está documentado, que en aquella época fue perseguido y encarcelado. Después, a partir de 1983, el torbellino, las responsabilidades administrativas y políticas. A cargo de la Caja de Previsión Social de Santa Cruz pone orden en el caos y hace justicia con jubilados y pensionados. Luego, la Intendencia de Río Gallegos, feudo radical (en connivencia con los jefes militares). A continuación, tres períodos consecutivos a cargo de la gobernación provincial.
Cuando asume su primer gobierno la provincia estaba asolada por la crisis económica, altos niveles de desocupación y un elevado déficit en sus cuentas públicas. Informes actuales indican que Santa Cruz es la provincia con mejor distribución de la riqueza y menor índice de pobreza, sólo superada por la Ciudad de Buenos Aires.
Visitar Río Gallegos u otras zonas de la provincia de Santa Cruz (El Calafate, por ejemplo) mueve al asombro. No es necesario leer estadísticas. Basta observar el ritmo febril de la construcción, el enorme empuje de la obra pública (el Hospital de Río Gallegos, todo un ejemplo), el crecimiento en los niveles de consumo, la reactivación de Río Turbio, el mejoramiento de las carreteras existentes y nuevos planes de expansión vial en rutas interiores y hacia la frontera con Chile. Para no hablar del turismo (que no es sólo el Perito Moreno), actividad en expansión de la cual el Presidente es el principal y más entusiasta operador.
¿Cómo entender este “milagro” mientras Menem aplicaba a nivel nacional el más crudo modelo neoliberal durante la década de los noventa? En aras de la síntesis, sólo abordaremos algunos aspectos. Primero, una fuerte inyección de capitales provinciales en actividades productivas, lo que generó altos niveles de empleo y de consumo; segundo, una inteligente negociación política con el gobierno nacional para obtener regalías petroleras, la principal riqueza del territorio; tercero, un manejo eficiente y transparente del presupuesto provincial.
Y en estos días, cuando desde hace nueve meses es el presidente de todos los argentinos, está enfrentando el desafío más grande de toda su carrera política: las negociaciones con el Fondo Monetario Internacional y con los acreedores privados de bonos por el valor de ¡60 mil millones de dólares! Ha apelado el presidente a la solidaridad continental (principalmente Brasil y Venezuela) y lo ha conseguido. Dice que no pactará acuerdos con los acreedores internacionales que impliquen más pobreza para los argentinos. Los gurúes del neoliberalismo enquistados en la prensa local vaticinan: no es posible gobernar al margen del mundo real (léase FMI, Grupo de los Siete, Wall Street); gobernadores, dirigentes políticos de “primera línea”, dirigentes sindicales, escatiman su respaldo; la “izquierda”, perdida en el tiempo y en el espacio, ya se pronunció: Kirchner es un presidente “burgués”.
Tenemos todo el derecho a pensar que podemos enfrentarnos a una nueva decepción. Pero también tenemos derecho a la esperanza. Desde la patagonia, donde se ha fundido por generaciones la sangre de argentinos y chilenos, hacemos fuerza para que nuestro vecino presidente encuentre el respaldo y la sabiduría necesarios para superar este duro momento y empecemos a consolidar, en conjunto, la grandeza de la Patria Grande.
Jueves, 15 de Abril de 2004 21:39 ;?> No hay comentarios. Comentar.
EL TIGRE DE LA MEMORIA
Poemas de Hugo Vera Miranda
nos habíamos amado tanto
no pienses que es fácil olvidarte, pasarán los trenes, las lluvias, las estaciones, llegarán los barcos repletos de turistas y una gaviota quemará sus alas al sol.
pero por favor …
no pienses que es fácil olvidarte, la vida habrá de cachetearme paso a paso, el tiempo me cubrirá de arrugas y en cuanto menos lo piense ¡saltará la liebre! tendré una mujer, hijos, una casa de madera, una caña enorme para atrapar peces diminutos, una vida hecha, una posición respetable, pero no pienses que es fácil olvidarte.
ya moribundo, sin curas, poses ni ceremonias y de cuerpo presente al infinito habré de pensar en ti, habré de pensar que nunca fue fácil olvidarte.
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marilyn 2004
entraremos al 2004 abrazados al telescopio gigante que nos permitirá ver la estrella ignorada, ya la fibra óptica preanunciaba el vertiginoso desarrollo de las comunicaciones.
en milésimas de segundo podremos hablar con tío robert que estará instalado en el infierno, la realidad virtual nos ha de permitir conversar con truman capote y jack kerouac en el paraíso.
todo a nuestro alcance y al momento, todos en línea e interconectados, todos; menos tu maldito teléfono que sigue ocupado, siempre ocupado, mil años ocupado, extrañamente ocupado.
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ataque de pánico
es absolutamente lamentable que siga escribiendo el mismo poema durante años y años que trata del túnel, la asfixia, el abandono y la muerte.
¿es que no existe acaso la guerra, el huracán, la peste y el irremediable crepitar del infierno? no, nada de esto existe; sólo el túnel, la asfixia, el abandono y la muerte.
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hubo una vez un hombre
hubo una vez un hombre y en sus ojos palomas; de sus zapatos cada agujero era testigo del desdén de los caminos, batalló con las mareas, los artefactos y los hombres de su época.
él vive en cada borrachera de pueblo cordillerano, su mirada de cóndor vigila el derrotero del sol, hubo una vez un hombre; un hombre que fue el Genio del Pueblo, hubo una vez un pablo de rokha.
Jueves, 15 de Abril de 2004 21:38 ;?> Hay 1 comentario.
LAS BIBLIOTECAS PERDIDAS DE JORGE ABELARDO RAMOS
Este año se cumplen diez de la desaparición física de Jorge Abelardo Ramos. El 15 de Noviembre de 1996 se realizó un acto en la Biblioteca Nacional en el que se le rindió homenaje póstumo con motivo de la donación de su biblioteca de Historia. En aquella oportunidad, entre otros oradores que recordaron al político y al pensador, su hija, la escritora y periodista Laura Ramos, leyó el siguiente texto. Lo reproduzco con emoción en "Mirando al Sur" como una manera de homenajear a ese gran argentino que, entre otras muchísimas cosas, nos enseñó a pensar como latinoamericanos.
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Por Laura Ramos
Si me permiten, creo que mi papá se hubiera muerto de risa en este acto. Porque él, como el Scaramouche de Rafael Sabattini, "nació con el don de la risa, y con la sensación de que el mundo estaba chiflado. Y ese fue todo su patrimonio".
Me parece que mi padre se hubiera muerto de risa con toda esta pompa: él era capaz de hacer cosas brutales con los libros. Partía un libro para prestarle la mitad que ya había leído a un amigo; regalaba o tiraba bibliotecas enteras, cuando ya no le servían; polemizaba con los autores desde los márgenes, con una pluma azul y en su estilo furibundo y pasional, orlado de irónicos signos de admiración.
Quiero decir que él tenía una relación muy entrañable con los libros, casi doméstica. En una especie de principio zen creo que iba al fondo del asunto, que despojaba a los libros de cualquier categoría que lo apartara de una relación intrínsecamente utilitaria con ellos. Creo que formaba parte de cierto tipo de determinado desprecio que sentía por la intelligentzia y el saber académico que le hacía repetir el adagio de que él, en vez de ser un hombre de letras, había preferido escribir letras para los hombres. Y tenía bibliotecas enormes que se iban renovando todo el tiempo, un circuito de libros que compraba, regalaba y perdía; eran bibliotecas circulantes en las que sólo los clásicos permanecían.
Quería hablarles de esos clásicos. Allí permanecían Balzac, Dickens, el Rojo y Negro de Stendhal en una edición que él había traducido, Borges y "Los tres mosqueteros" (y también "Veinte años después" y "El vizconde Bragelone"). Y quería hablarle de los libros que me fue regalando desde que aprendí a leer. De "Los diez días que conmovieron al mundo" de John Reed, un libro sobre la revolución rusa bastante gordo para los nueve años de edad que yo tenía en ese momento. (Creo que lo decepcioné: me aburrió espantosamente y lo dejé por "Mujercitas".) Con el siguiente libro ya no se equivocó: fue "La escuela de las hadas" de Conrado Nalé Roxlo. Nunca mas volvió a equivocarse, excepto con los volúmenes de poesía de Vallejo, que me regaló varias veces. Él pobló mi infancia con héroes heroicos. Me decía que yo había sido amamantada con sopa de letras.
Y no era una metáfora. Casi. La idea del alimento bajo la forma de libros viene de cuando vivíamos en Montevideo, en un barrio hermoso llamado Malvín. Mi padre viajaba cada veinte o treinta días de Buenos Aires a Montevideo en el vapor de la carrera, con varias valijas cargadas de libros. Eran libros editados por él mismo o dados en consignación por un librero de la calle Corrientes llamado Hernández, un tipo sensacional al que mi hermano y yo debemos, por lo bajo, varios kilos de pan y fiambre alemán, miles de bananas y cajas de puré instantáneo.
De modo que mi padre traía estos cargamentos de montones de libros: sólo restaba venderlos. Hasta entonces, hasta ese momento en que termináramos de venderlos, debían esperar en algún sitio, pero nuestros padres no contaban con local para guardar esos libros temporariamente. Por entonces vivíamos en un departamento de dos ambientes, frente a la playa. Era un poco pequeño para nosotros, pero muy pronto los dos ambientes dejaron de ser un problema, porque empezaron a alzarse unas paredes divisorias hechas, imagínense, de libros. Así que teníamos el living y el comedor, y cuantas más valijas cargadas de libros llegaban, más bibliotecas, es decir, más dormitorios o estudios se fueron alzando.
Las bibliotecas habían sido instaladas por nuestros propios padres. Clavos en el piso, alambres anudados. Una noche volvimos a casa un poco tarde y nos encontramos con nuestro living, comedor y estudio convertidos en un loft: se había venido abajo una enorme biblioteca.
Muchos de esos libros que decoraban nuestro departamento mientras aguardaban para darnos de comer eran unos ejemplares de colores, muy finitos, de la colección Coyoacán que había fundado mi padre (había tomado el nombre de la casa de Trotsky en México.) Con mi hermano Víctor hacíamos juegos de memoria: uno citaba el nombre de un libro y el otro tenía que adivinar el color, el número de la colección y el autor. "La cuestión judía", decía él. Amarillo, 14, Juan Bautista Alberdi, arriesgaba yo. No, perdiste, es verde, 23, Carlos Marx, me decía él. Fabi, nuestra mamá, los vendía a las distribuidoras, a las librerías y, en las épocas duras, también de puerta en puerta. Pero mi hermano y yo no tenemos malos recuerdos de esas épocas duras. Nos acordamos, más bien, de los fuegos artificiales que tirábamos en la playa, de las tertulias de música, poesía y cigarrillos, de la voz de nuestro padre cantando, para despertarnos, La Internacional.
Yo no sé por qué, pero quienes lo conocieron van a entenderme porque ésa era su cualidad, él nos hacía sentir que éramos los millonarios numero uno del barrio de Malvín. Y en realidad de eso era de lo que quería hablarles. Creo que mi padre tenía algunos rasgos de sus personajes favoritos de la literatura. La pasión, y la ambición, de Julián Sorel y de Luciano de Rubempré, el optimismo a toda prueba de Micabwer. Micabwer era un entrañable personaje de Dickens que siempre estaba a un paso de acometer una grandiosa empresa que lo sacaría definitivamente de la miseria y lo llevaría hasta la cima. Entretanto, gastaba a cuenta. A Micabwer y a mi papá, los acreedores los persiguieron toda la vida.
Sólo no tuvo deudas cuando era joven y vivía con Fabi en La Farnesina, un palacio italiano que cobijaba a los artistas argentinos en los años cincuenta; dormían allí mientras recorrían Roma en una motoneta con side-car. Pero las deudas comenzaron a morderle los pies al tiempo de las primeras luchas revolucionarias y la edición de periódicos, la impresión de libros y folletos y el alquiler de oficinas para los grupos políticos. Por entonces aparecieron los contratos apócrifos, los falsos garantes y los avenegras truhanes. Cierta vez unos acreedores contrataron a unos sujetos vestidos con frac y galera con el propósito de cobrarle una vieja cuenta. No fuimos a la prisión por deudas, como Micabwer, porque afortunadamente no vivíamos en el Londres del siglo XIX.
Como David Séchard, otro personaje, pero de Balzac, atesoraba la obsesión de tener una imprenta. Me acuerdo de varias imprentas que iba fundando, y fundiendo. Yo trabajé en todas: me enseñó a corregir pruebas a los doce años y me pagaba por pagina. Todavía me debe algunas.
Llegó a tener, con Fabi, la Librería del Mar Dulce, de la que Jauretche, su viejo amigo, era parroquiano asiduo. El negocio no era muy próspero, pero el cenáculo de amigos y camaradas se reunió en su estrecho corredor a charlar, fumar y tomar café casi todas las noches, hasta que la bomba de un grupo derechista incendió hasta el último libro.
Alquilaba locales para el partido con un entusiasmo irrefrenable y contagioso. Aquí vamos a hacer un palacio, decía, extendiendo los brazos sobre los caños rotos de un cuartucho húmedo y oscuro. Allí pondremos las máquinas más modernas, y señalaba el paso furtivo de un ratón por un agujero en el piso. Él tenía el poder de convertir las calabazas en carruajes cargados de joyas. Podemos tener este salón veneciano por un alquiler insignificante, decía.
Bueno, merced a esos alquileres insignificantes nos embargaron varias veces. Y así yo pude obtener muchísimo material para mis historias. También hubo persistentes emprendimientos agropecuarios, como la crianza de cerdos, un tambo y un corto período de soja. Ninguno resultó un éxito económico. Estoy orgullosa de esos resultados. Un éxito de ese orden sería políticamente sospechoso. "Tengo lo suficiente para vivir el resto de mis días. A condición de que me muera mañana mismo", citaba a Groucho Marx. Pero el no creía en la muerte. Él vivía como un joven inmortal. Era muchísimo mas joven que yo. Cuando tenía dinero era dispendioso como un rey, como un bandolero generoso. Nombraba al dinero, como Yrigoyen, "las patéticas miserabilidades". ¿Tenés patéticas?, me preguntaba en un susurro, llevando la mano a su bolsillo, cuando yo lo iba a ver en medio de una conferencia o una reunión política.
En simultáneo a las catástrofes económicas surgieron las grandes realizaciones: dirigió decenas de periódicos y revistas, fundó varios movimientos y partidos y editó a Manuel Ugarte y a muchos de los ensayistas latinoamericanos que no encontraban editor. Nunca dejó de hacer política. Mientras eludía a los señores de la galera viajaba por América Latina dando conferencias en las universidades, tuvo una columna en el diario "Democracia" que hizo temblar a los políticos de derechas e izquierdas, y, durante largos períodos, se dedicó a escribir y repensar la historia de América Latina. Su lucha continental fundó una corriente de pensamiento que hizo un sesgo en el marxismo y abarcó a toda la Patria Grande.
Cierta vez, cuando yo tenía 13 o 14 años, nos explicó a una amiga y a mí el proceso revolucionario por el cual el mundo marchaba inexorablemente hacia el socialismo. Desgranó diáfanamente los procesos de descomposición del capitalismo, del excedente y la planificación, el problema de las semicolonias, el proletariado y las clases medias, el arribo del gobierno popular con hegemonía obrera, la cibernética, el ocio creativo, la realización de la Utopía.
Era una historia tan simple y tan bella. Quiero decirles que él creía realmente en ella. Mi amiga y yo nos fuimos con estrellas y planetas girando alrededor de la cabeza.
En cierto modo el se reía de todo, y en algún sentido se reía de su condición de embajador, del protocolo y la fastuosidad. Una noche, en México, después de una recepción con unos diplomáticos muy clasistas, de espíritu pedestre, horteras, a los que escuchamos silenciosamente desplegar su estupidez, nos quedamos tentados de risa, nos quedamos riendo en el living de la embajada hasta las tres de la mañana. Con él podías reírte. Podías zambullirte en la risa y dejarla crecer. Al llegar a la embajada lo primero que hizo fue sacar los gobelinos ingleses de las paredes y llenarlas de tapices aztecas. Y nunca dejó de usar su poncho salteño.
Detestaba la TV, la estrechez de miras de la pequeño burguesía y ciertas convenciones burguesas. Él nadaba contra la corriente. "Contre la courant", así se llamaba un periódico trotskista europeo. Solía decir: si nací zurdo, judío, pelirrojo y usaba anteojos: ¿cómo no iba a ser trotskista?.
Creo que en una especie de exorcismo del lujo cuando volvió de México se fue a pasar el invierno a una tierra que tenía en Colonia, en un rancho de dos metros por dos con techo de chapa, primus y una luz eléctrica, que, como decía citando a un paisano, "es una comodidad".
Fabi, que ahora está con él en el cielo impío de los librepensadores, observaba que cuando mi padre describía alguna nueva idea encendía las luces de un gran teatro victorioso: sonaban las trompetas en una escenografía azul y oro, los bailarines surcaban el aire envueltos en capas luminosas; cuando él se retiraba de la escena las luces se apagaban, las trompetas comenzaban a desafinar y los bailarines se convertían en unos tipejos torpes y opacos.
Me parece que (citando a J.D.Salinger) desde que él se retiró definitivamente de la escena no conocí a nadie que pudiera encender las luces en su lugar.
Me gustaría despedirme como en los funerales de Nueva Orleáns, en los que los invitados se van caminando despacio, bailando, tocando melodías y cantando canciones. Creo que a mi viejo le gustaría una despedida así.
Jueves, 15 de Abril de 2004 21:36 ;?> No hay comentarios. Comentar.
16/04/2004
NUESTRO PEQUEÑO COPÉRNICO
Augusto Alvarado
Recuerdos de Charlie 47 (2)
Trabajaba en el observatorio astronómico de Cerro Sombrero, en Tierra del Fuego. Sentía verdadera pasión por los misterios del universo y la investigación espacial. Vino a parar al Pudeto junto a un grupo de enapinos, todos ellos fáciles de identificar porque vestían un saco largo de cuero negro. Era bajo de estatura, más bien pequeño, tenía una nariz ancha y aplastada, como de boxeador y ojos chiquitos y divertidos, como un simpático simio. Por eso le decíamos “el astro-mono”. A diferencia de muchos de los presos, que trataban de disimular sus ideas políticas (hasta llegar a negarlas, en algunos casos), Pedro González Vera reafirmaba sus ideales cada vez que podía. Más de una vez me lo encontré en los lavatorios del baño, a la hora de la higiene matinal. Mientras la mayoría de nosotros sólo nos dábamos una manito de gato, un poco de agua por la cara para despabilarnos, González Vera se desnudaba el torso completo. Allí eran visibles las huellas de los castigos recibidos: hematomas por doquier, quemaduras de cigarrillos en el vientre. Entonces me miraba, y haciendo girar su dedo índice sobre su abdomen para mostrar los golpes me decía: “Por esto soy comunista, compañero”. Sin duda esta obcecada fidelidad ideológica le trajo sus problemas, aún estando preso. Pero resultó beneficiosa para el conjunto de los detenidos. Cuando la primera delegación de la Cruz Roja Internacional visitó el gimnasio del Pudeto (entre otros lugares de detención de la región y del país) para corroborar lo que se estaba denunciando en todo el mundo, esto es, que los presos políticos estaban siendo brutalmente torturados por los militares, González Vera solicitó una audiencia privada con los funcionarios internacionales. Y en los baños del gimnasio desnudó su torso como siempre lo hacía y mostró las huellas de las vejaciones sobre su cuerpo. Desde que ingresó detenido al regimiento, y para demostrarnos que no siempre vivía en la estratosfera, se propuso dos objetivos inmediatos: dictar una conferencia sobre la carrera espacial al conjunto de los detenidos y lograr que le trajeran al gimnasio un telescopio portátil de su propiedad para mostrarnos, por las noches, las maravillas del cielo magallánico, un verdadero regalo celestial en las noches despejadas. Obcecado como era, consiguió ambos objetivos. La charla resultó instructiva, entretenida e hilarante porque era evidente que tenía que hablar de la Unión Soviética en términos elogiosos. El oficial a cargo, al conceder la autorización, le advirtió que no toleraría ninguna mención de la dictadura comunista, que se las arreglara como pudiera, que a la primera trasgresión del acuerdo se terminaba la charla. Y así estuvimos, hora y media o dos, escuchando una conferencia pletórica de analogías, metáforas, frases sobreentendidas, dichas por un conferenciante que demostró un enorme ingenio para guardarse lo que seguramente hubiera querido gritar a los cuatro vientos: el triunfo, en la carrera espacial, del mundo del trabajo y el progreso comunista contra la decadencia capitalista. La llegada del telescopio resultó ser otro acierto. Todas las noches, antes de dormir, salían del gimnasio hacia el polígono de tiro pequeños grupos de prisioneros detrás de Pedro González Vera. La belleza del universo, que siempre estuvo ahí pero no veíamos, aparecía en todo su esplendor en las lentes del telescopio del astro-mono. El Cinturón de Orión, la Cruz del Sur, Antares, Alfa y Beta de Centauro, pasaron a formar parte de nuestras conversaciones diarias y las jornadas empezaron a ser más llevaderas sabiendo que alguna de esas noches tendríamos la suerte de acompañar a González Vera hasta el polígono de tiro. Hubo quienes organizaban coros, partidas de naipes, encuentros de fútbol o de básquet. Todos con la intención de aliviar la pesada carga de días de temor, confusión y horror. González Vera aportó lo suyo con simpatía y amor por la astronomía y la belleza del universo. Seguramente andará por ahí, todavía, diciendo: “Por esto soy comunista, compañero”. Un gran abrazo y un saludo fraterno para Pedro González Vera, nuestro pequeño Copérnico.
augusto alvarado
Viernes, 16 de Abril de 2004 21:33 ;?> No hay comentarios. Comentar.
"COMO EL AVE SOLITARIA..."
Augusto Alvarado
Recuerdos de Charlie 47 (3)
“Era un mago del arpa. En los llanos de Colombia, no había fiesta sin él. Para que la fiesta fuese fiesta, Mesé Figueredo tenía que estar allí, con sus dedos bailanderos que alegraban los aires y alborotaban las piernas. Una noche, en algún sendero perdido, lo asaltaron los ladrones. Iba Mesé Figueredo camino de una boda, a lomo de mula, en una mula él, en la otra el arpa, cuando unos ladrones se le echaron encima y lo molieron a golpes. Al día siguiente, alguien lo encontró. Estaba tirado en el camino, un trapo sucio de barro y sangre, más muerto que vivo. Y entonces aquella piltrafa dijo, con un resto de voz: -Se llevaron las mulas. Y dijo: -Y se llevaron el arpa. Y tomó aliento y se rió, echando baba y sangre se rió: -Pero no se llevaron la música”. EDUARDO GALEANO – INÉDITO
A nosotros también nos asaltaron los ladrones en septiembre de 1973. Se llevaron las mulas, el arpa y nos molieron a golpes. Pero no se llevaron la música, ni la solidaridad, ni la esperanza…
Ya he hablado de Rubén Cárdenas y “La López Pereyra”, en Puerto Natales. En el Regimiento de Infantería Pudeto del Ejército, en Punta Arenas, había un dentista preso. No pude conservar su nombre pues estuvo poco tiempo con nosotros, aunque siempre lo recordaré por su tenacidad y entusiasmo por la música. Se propuso organizar un coro y andaba siempre por ahí, con su oído atento para encontrar las voces que necesitaba. Y en esos primeros días en el gimnasio, donde el miedo y la incertidumbre prevalecían sobre cualquier otro estado de ánimo, podían escucharse los ensayos del coro del dentista: “Bajo de un botón, tón tón / que encontró Martín, tín, tín / había un ratón, tón, tón / hay que chiquitín, tín, tín”. Canción simple y alegre que no sólo servía para mezclar las voces sino que, por sobre todas las cosas, nos ayudaba a formar parte de algo superior a nosotros y a nuestras pequeñas o grandes miserias y temores. Cuando nos sacaban al polígono de tiro a tomar aire el coro nos dejaba escuchar sus progresos: “Yo soy un pobre diablo / me siento muy cansado / cansado caminando tanto…”. O cuando algún compañero tenía la suerte de salir en libertad el coro cantaba, con alegría y tristeza: “Ya te vas / ve muy feliz / por allá recuérdame…”. También en el Pudeto era muy popular la canción “Libre”, que por esos días se había hecho muy conocida entre los jóvenes. Era un tema que cantaba el desaparecido Nino Bravo (“Piensa que la alambrada sólo es / un trozo de metal…”). Con toda seguridad se cantó la Nochebuena de 1973 en Dawson, en la velada artística donde recordamos con emoción, entre otras, las canciones de Orlando Letelier y Aniceto Rodríguez, ambos figuras destacadas del gobierno popular, ya fallecidos.
Y en isla Dawson los músicos de la esperanza aparecieron en todo su esplendor. Uno de ellos era Augusto Vera, dirigente de la Juventud Socialista que oficiaba de ayudante en la panadería del campamento Río Chico. Augusto amaba las canciones mexicanas y sin duda su tema preferido era “El Jinete”, ese inolvidable tema de José Alfredo Jiménez: “Por la lejana montaña / va cabalgando un jinete / vaga solito en el mundo / y va deseando la muerte. / Lleva en el pecho una herida, / va con su alma destrozada / quisiera perder la vida / y reunirse con su amada”. Había una canción que siempre le pedíamos para hacer enojar a Pedro Calisto, querido y entrañable compañero que ya no está con nosotros. Pedro tenía unas gruesas cejas y se molestaba cuando Augusto cantaba “La Malagueña” (de Pedro Galindo y Elpidio Ramírez): “¡Qué bonitos ojos tienes / debajo de esas dos cejas, / debajo de esas dos cejas, / qué bonitos ojos tienes! / Ellos me quieren mirar, /pero si tu no los dejas, / pero si tu no los dejas, / ni siquiera parpadear”.
Curiosamente la llamada “música comprometida”, pese a tener enorme vigencia en Chile en ese momento, no tuvo una presencia notable durante nuestro cautiverio. De Violeta Parra recuerdo que se cantaba uno de sus últimos temas, que compuso junto a Patricio Manns, “La exiliada del sur”: “Un ojo dejé en Los Lagos / por un descuido casual, / el otro quedó en Parral / en un boliche de tragos, / recuerdo que mucho estrago / de niña vio el alma mía, / miserias y alevosías / anudan mis pensamientos, / entre las aguas y el viento / me pierdo en la lejanía”. De Víctor Jara, pese a su variada y riquísima producción, recuerdo haber escuchado varias veces, a tal punto que se grabó a fuego en mi memoria, un clásico tema social caribeño de Rafael Hernández, que Jara incluyó en su cancionero, “Lamento borincano”, también conocido como “El jibarito”: “Sale loco de contento / con su cargamento / para la ciudad, sí, / para la ciudad. / Lleva, en su pensamiento / todo un mundo / lleno de felicidad, sí, / de felicidad. / Piensa remediar la situación / de su hogar que es toda su ilusión”. Y de Patricio Manns sin duda se cantó, y muchas veces, “El cautivo de Til-Til”: “Dicen que es Manuel su nombre / y que se lo llevan camino a Til-Til / que el gobernador no quiere / ver por la cañada su porte gentil / dicen que en la guerra fue / el mejor y en la ciudad / le llaman el Guerrillero de la Libertad”. Quienes con más calidad, dedicación y entusiasmo entonaban estas canciones, y muchas otras, eran Fernando Lanfranco, Víctor Salvo y Sergio Urrutia. Tras ellos, un grupo de admiradores coreaba las canciones y copiaba las letras para repartirlas entre todos los prisioneros.
Pero la vertiente principal de la música que se cantaba y escuchaba en Dawson provenía del Río de la Plata. Sería tal vez por la relación estructural e histórica de chilenos y argentinos en la zona austral; o por la importancia que tuvo el último festival folklórico de la patagonia, que se realizó en el invierno de 1973 con una gran presencia de músicos argentinos, o simplemente por el valor intrínseco de las canciones, lo cierto es que “Alfonsina y el mar”, de Ariel Ramírez y Félix Luna (“Por la blanda arena que lame el mar / tu pequeña huella no vuelve más / Un sendero solo de pena y silencio / llegó hasta el agua profunda. / Un sendero solo de penas mudas / llegó hasta la espuma”.); "Balderrama”, de Leguizamón y Castilla (“A orillitas del canal / cuando llega la mañana / sale cantando la noche / desde lo de Balderrama. / Adentro puro temblor / el bombo / con las bagualas / y se alborotan quemando / déle chispear las guitarras”); “Canción por todos” de César Isella o “Volver en vino”, de Horacio Guaraní, entre muchas, muchísimas otras, pasaron a formar parte desde entonces de nuestros recuerdos y momentos más sentidos.
Y había más, mucho más: el regionalismo de los porteños de Valparaíso (Rudecindo Valderrama, entre otros) que derramaba sus lagrimones cuando se escuchaba: “eres un arco iris de múltiples colores”; o el de los magallánicos: “te ha rodeado el cielo de hermosura sin igual”; o el de los yugoeslavos (perdón, me cuesta decir “croatas”) o sus descendientes con: “tamo daleko, daleko od krai morá”; o el de los chilotes: “dicen que no caben dos en un canasto, hagamos la prueba, con una de Castro”. Y por ahí, por la barraca Alfa, andaba Carlos González, querido “Grasa”, y su conjunto (¿Valderrama? ¿Pelao España?) cantando “Si usted piensa que cachaza es agua / cachaza no es agua, no”…
Y hasta nuestros carceleros, al observar nuestro entusiasmo por la música, trataron de incorporar a nuestro repertorio cuanto himno de regimiento o fuerza armada podíamos imaginar. Hasta “Lili Marlen” y “Los viejos estandartes”. Pero la memoria fue sabia y archivó esos sones marciales en zonas recónditas de la corteza cerebral en bien de la salud general de nuestro organismo.
En fin, nos molieron a palos y nos robaron las mulas y el arpa, pero no se llevaron la música, ni la esperanza, ni la solidaridad, ni mucho menos, como puede apreciarse, la memoria.
augusto alvarado"
Viernes, 16 de Abril de 2004 21:32 ;?> No hay comentarios. Comentar.
LA NOCHE TRISTE
Augusto Alvarado
Recuerdos de Charlie 47 (4)
El 20 de diciembre (de 1973) no había sido un día más en el regimiento Pudeto. Algún compañero que trabajaba en la panadería, o en la cocina, había escuchado en la radio una noticia que nos conmovería a todos. Se decía que la dictadura militar estudiaba la posibilidad de conceder “una amplia y generosa amnistía” para los presos políticos, considerando la cercanía de la “Pascua” (Navidad). Se agregaba que el Papa presionaba a los militares al respecto. En los habituales “paseos” dentro del gimnasio, donde los presos caminábamos para estirar las piernas y conversar, las opiniones estaban divididas. Algunos, los más optimistas, le daban crédito a la información y se imaginaban en sus casas compartiendo la cena familiar y esperando al “Viejito de Pascuas” la noche del 24. Del otro lado, los más desconfiados, sostenían… “nos van a liquidar a todos”. Lo cierto es que para lo único que servían esos debates era para matar el tiempo y no perder habilidad en el arte de la dialéctica y de la polémica.
Porque el hermetismo informativo en los sitios de reclusión era absoluto. Durante un tiempo contamos con un televisor que había conseguido Goyco Maslov, conocido por ser corredor de autos y que estaba preso por ser dirigente del sindicato de camioneros que apoyaba al gobierno popular. Pero sólo podíamos escuchar los noticieros de Televisión Nacional y un informativo regional, que era lo mismo que no escuchar nada. Sólo calumnias y mentiras sobre los hombres del gobierno “depuesto” y alabanzas para los “salvadores de la Patria”. Carlos Zanzi, que había sido amigo personal de Allende y presidente de la Corporación de Magallanes, era uno de los blancos preferidos de los canallas. Con su esposa también prisionera y sin tener noticias de sus hijos, Zanzi daría muestras de ejemplar fortaleza en tan difíciles momentos.
Pero decía que ese 20 de diciembre había sido un día agitado. Estábamos expectantes y nerviosos, presentíamos que algo inesperado podía suceder. Nos acostamos como siempre, a las diez de la noche, en las graderías o en la cancha de básquet del gimnasio. Un par de horas después, en la madrugada del 21 de diciembre (solsticio de verano en el hemisferio austral) se encendieron las luces e ingresaron a la carrera numerosos soldados metralletas en mano y gritando que teníamos algunos minutos para preparar nuestras cosas y salir del gimnasio. (“Nuestras cosas”: sacos de dormir y colchones inflables en algunos casos; colchones comunes de lana y frazadas en otros; algunos libros, cartas censuradas, ropa, barajas de naipes… alguna guitarra). El desconcierto y el temor aumentaban, sobre todo cuando descubrimos que afuera había una serie de contenedores y en cada uno de ellos un jeep con sus focos encendidos iluminándolo y sobre el vehículo un par de soldados con una ametralladora de punto fijo. Nos llevaban por grupos a los “containers” (conmigo estaba el “Pollo” Radic, conocido deportista, que lloraba sin consuelo) y allí teníamos que mostrar detenidamente “nuestras cosas”. ¿Cómo no pensar, en ese momento y en esas circunstancias, que había llegado el fin? ¿Cómo no recordar la frase que habíamos escuchado durante el día: “nos van a liquidar a todos”?
Sin embargo, los jefes militares habían resuelto un traslado masivo de prisioneros para desocupar el gimnasio del regimiento Pudeto. Allí quedaría sólo un puñado de compañeros sometidos a proceso por la justicia militar. Otros, muy pocos, saldrían en libertad en los días siguientes. La gran mayoría fuimos embarcados en camiones y trasladados hasta el muelle fiscal de Punta Arenas. Aunque el temor aumentaba no dejamos de sentir la emoción de recorrer “nuestras calles nuevamente”. En el muelle estaba apostado el destructor “Serrano” de la Armada de Chile. Nos subieron, nos “acomodaron” y la nave partió proa al Sur. A bordo continuaban las especulaciones entre los prisioneros: “Nos van a fondear (echar al mar)”, decían algunos. “Nos llevan a Pisagua”, sostenían otros. “A la Quiriquina”, corregían los de más allá.
Pocas horas después la nave se detenía un par de kilómetros al sur del campamento “Río Chico”, establecimiento que originalmente estaba destinado a cobijar a un destacamento de la Infantería de Marina. Frente a nosotros, en pleno estrecho de Magallanes, estaba isla Dawson. El sol aparecía siempre por el Este, pero en este caso en el Este estaba el mar. (¿No habíamos aprendido, acaso, que Chile limita al Este con la cordillera de los Andes?). Nos bajaron en lanchas de desembarco, pisamos tierra firme, otra vez los camiones, e ingresamos al campo de prisioneros donde permaneceríamos hasta septiembre de 1974. En la puerta de una de las barracas el “Pibe” Aníbal Palma nos saluda con la mano…
Allí comenzaría otra parte de la historia, cien kilómetros más lejos de nuestras familias y de la civilización. De las barracas “Alfa”, “Bravo”, “Charlie”, “Isla” y “Remo”, de lo que allí sucedió, hablaremos en próximos relatos.
augusto alvarado
Viernes, 16 de Abril de 2004 21:30 ;?> Hay 1 comentario.
CON TEILLIER EN LA MEMORIA
Aristóteles España
Conocimos a Jorge Teillier en el verano de 1980. Junto a Luis Aravena (hoy radicado en Canadá) y el novelista Ramón Díaz Eterovic nos encaminamos al ya mítico bar La Unión Chica en Santiago y procedimos a esperarlo. Un par de semanas antes habíamos conocido a Rolando Cárdenas y a Francisco Coloane. El autor de “Muertes y maravillas” y “El árbol de la memoria” llegó puntual al mediodía y nació allí una amistad que se prolongó hasta su fallecimiento en abril de 1996. Dotado de un talento único era un especialista en cosas inútiles, como le gustaba denominarse. Este mes se cumplen 8 años de su partida y la fuerza del mito a su persona y obra es cada día más grande. Teillier retrató como nadie la soledad, los recuerdos de infancia, los pueblos perdidos, el lar de La Frontera, los trenes, los bosques, la lluvia, el poeta como sobreviviente de un paraíso perdido, el sur de Chile con todas sus características. Fundador e ideólogo de la Poesía de los Lares, fundamenta su posición estética en el prólogo a su libro antológico editado en 1971 por editorial universitaria. El poeta había realizado una síntesis incorporando elementos de la tradición literaria nórdica y en la atmósfera que rodea la construcción de sus textos se advierte su admiración por Rilke, K:Hamsum, S. Lagerlof, Georg Tralk, Poe, Francis James, Miloz, Alain Fournier. Ignacio Valente al analizar la poética teilleriana dice que “la poesía de los lares es una trasposición de mundos y universos eslavos y germánicos sobre la experiencia nativa del sur chileno”. Jaime Valdivieso señala en su artículo “La otra realidad de Jorge Teillier” publicado por la revista “Trilce” de Concepción (Junio de 1997) que “algunos poemas de Jorge me recuerdan a los poetas chinos de la dinastía Tang, Li Po, Du Fu, Bo Juyi por la serenidad y autocomplacencia ante una realidad que se detiene y se vuelve poesía por el sólo ángulo desde la cual se contempla. Sus poemas han configurado una filosofía de la existencia, como en todo gran poeta, una manera de jerarquizar y transmitir valores sensoriales, espirituales y éticos que dan sentido y organizan la vida” Con Jorge Teillier solíamos caminar por el centro de Santiago, recorrer librerías de libros usados y coleccionábamos primeras ediciones de Pezoa Véliz, Neruda, De Rocka, Huidobro, originales de Teófilo Cid, Samuel Donoso, Carlos De Rocka, Héctor Barreto y muchos más. Buena parte de nuestro tiempo también lo dedicábamos a recorrer bares donde otrora se reunían intelectuales y artistas como el Isla de Pascua, el Cu cú, el Patito, el Parrón, La Fuente, el Nacional, y todos los sábados de los comienzos de los ochenta nos encontrábamos en las tertulias de la Editorial Nascimento, lugar presidido por Oreste Plath y donde coincidíamos a veces con Juan Cámeron, Nelly Cid, Martín Cerda, Stella Díaz Varín, Braulio Arenas, Alfonso Calderón, Gonzalo Rojas, Miguel Arteche., Enrique Lafourcade, Isabel Velasco, Yolanda Lagos, Floridor Pérez, Jaime Quezada. Extrañamos su pasión por la poesía, la forma de relacionarse con sus mundos literarios y su compromiso con la palabra. Contemporáneo de Enrique Lihn, Efraín Barquero, su obra sigue creciendo con el tiempo, especialmente en las nuevas generaciones de poetas latinoamericanos quienes ven en él a un auténtico artista, comprometido con su tiempo y con la historia.
Viernes, 16 de Abril de 2004 21:32 ;?> Hay 4 comentarios.
NATALINO... SIEMPRE
Alejandro Ferrer Fernández
La máxima está entroncada en nuestros inicios, en nuestros fundamentos: los celtíberos -abuelos paternos- adoraban el villorrio, el lugar, el río, el viejo castaño, la piedra propia, el polvo de sus caminos, y se jugaban la vida en su defensa. De ahí nació el sentido del honor, de la dignidad, del estoicismo.
Poco antes de echarse a dormir, mi hermano Fernando, otro empedernido natalino. escribió: “No nos dejes, Señor, que en tentación caigamos/ de abandonar la tierra que los viejos nos legaron”. Sin embargo, lector, a veces no tenemos alternativa: o partimos o nos parten.
Así las cosas, de pronto nos vemos lanzados a la conquista de esa línea mítica llamada horizonte, a la cual suelen avecinarse los pájaros en alguna brisa que reconocemos como propia. Nuestro recorrido hacia el nuevo destino no deja de ser una ruta de aprendizaje, aunque también de desilusión. Y es que la realidad, implacable, desmorona la imaginación, los cuentos, las descripciones de viajeros, las ideas preconcebidas, las noticias de anacrónicos juglares.
Las mega-ciudades no son como creemos, estimados coterráneos.
Luego de cinco minutos de deslumbramiento descubrimos, por ejemplo, que Santiago de la Nueva Extremadura, es simplemente...Santiago; una ciudad sin historia; acaso, la más anodina de las capitales de América Latina. Para mí, taiwanesca, cubierta de humos negros y putos barrios altos. Como será que hasta la Cordillera de los Andes prefirió desaparecer envuelta en “smog” para no ser cómplice de tanta modernidad neoliberal.
No se piense que la cosa mejora un poco más arriba. Lima, que aún huele a Virreinato y a barroco de Indias, ha encontrado en el siglo XX su peor enemigo: la inestabilidad política, el fujimoriato y un tal Montecinos han hecho lo posible por descaderar a la mismísima flor de la canela. Ya en el norte, en México, la Gran Tenochtitlan yace boca abajo y sobre ella un fauno gigantesco de 30 millones ha dado cuenta de sus islas artificiales -“chinampas”- y de sus jardines flotantes. Hoy, el Templo Mayor, Chapultepec, Xochimilco o Coyoacan dan la última guerra florida antes del ritual sacrificio. Por último, en Chicago, lugar de destino final, los héroes del Primero de Mayo permanecen en el más completo olvido y en los callejones los fantasmas en pena de los gangsters de verdad palidecen ante la violencia absurda de pandilleros de peso menor.
Mientras tanto, los rascacielos deshumanizados proliferan como esas callampitas pluviales de los campos magallánicos. Ante tamaña desilusión, necesariamente surge la nostalgia, que es enfermedad de viajeros, y con ella la comparación. Pero no una comparación material, sino espiritual. (recién ahora respondo lo que siente un natalino fuera de Natales). Desde esa perspectiva, el pueblito querido, el nido, el lugar de los recuerdos, crece y crece hasta transformarse en el terruño indispensable. Puerto Natales pasa así a ser un lugar mítico, idealizado; de buenos recuerdos, de infancias, de primeros amores...
Y claro, no queremos recordar el otro Natales; el de las tristezas, el de los rigores y de las pérdidas...aquel que, por ejemplo, vio morirse de pena a mi padre. El anciano madrileño, querido padre mío, que creía ver en cada niño del pueblo el rostro de sus nietos. No. Para amarguras ya tenemos suficiente con la sociedad. Preferimos el Natales que “cauteloso engaña mis sentidos” como diría Sor Juana Inés de la Cruz. El jovial, de sobrenombres y locuras; de solidaridad y amistades perpetuas. Un Natales único, con un tren-meadero como monumento en plena plaza; lugar propio de la literatura mágica, donde los árboles en lugar de estar cargados de frutas están cargados de niños en plenos ritos de iniciación. El pueblo donde todos reconocen y adoran la belleza que nos rodea, aunque pocos o nadie seamos capaces de identificar las montañas por su nombre. En definitiva, el lugar amado.
Así vemos Natales a la distancia.
Hermoso, todo mío, sin cementerios ni penas; y como buen natalino, sin aceptar críticas de “fuereños” convencidos de que el pueblito es mil veces mejor que cualquier ciudad del mundo (dijo el picado).
Y así continuará siendo hasta que un día la vida nos traicione y la Muerte, con el as de espadas cortándole los dedos, nos grite: ¡Quiero vale cuatro, canijo!
Ese infausto día, que ojalá no llegue tan pronto, la miraremos de frente y con una sonrisa nos iremos a la baraja...
Viernes, 16 de Abril de 2004 21:31 ;?> Hay 3 comentarios.
¿PATRIA CHICA A PATRIA GRANDE?
Augusto Alvarado
a Andrés Solíz Rada
Cuando en la madrugada del dos de abril de 1982, con un operativo conjunto de sus fuerzas armadas, la Argentina recobró la soberanía sobre sus islas Malvinas, un sentimiento de fervor y esperanza se esparció por los cuatro puntos cardinales de la patria de San Martín. Y no sólo allí. En Perú y Bolivia, en Ecuador y Venezuela, en Centroamérica y en México, los pueblos y algunos gobiernos se expresaron inequívocamente en apoyo a la causa argentina. Vivían entonces en la Argentina miles y miles de latinoamericanos, muchos de ellos en situación ilegal. La dictadura militar antinacional de Videla y sucesores no había sido generosa con los inmigrantes de los países hermanos, como no podía ser de otra manera, tratándose de un régimen pro oligárquico y antipopular. Deportaciones masivas, interminables exigencias burocráticas para obtener la residencia legal y definitiva, cuando no la persecución y asesinato de aquellos más comprometidos en la lucha política, en un programa represivo coordinado con otras dictaduras de la región (“Plan Cóndor”). Entre estos residentes eran mayoría los paraguayos, bolivianos, uruguayos, chilenos y peruanos, muchos de ellos en situación ilegal o con residencias precarias. Pero el sentimiento de solidaridad y, por qué no, el de agradecimiento al país que pese a todo los cobijaba, y donde habían nacido hijos y nietos, generó en ellos la necesidad de expresarse orgánicamente en respaldo a la causa argentina y en contra del imperialismo británico. Así nació en Buenos Aires una Coordinadora de Residentes Latinoamericanos que en esos meses de angustia y esperanza emitió declaraciones, participó en marchas multitudinarias, organizó festivales artísticos y, lo más importante, promovió la inscripción masiva de sus adherentes en los registros de voluntarios para combatir en Malvinas, si fuese necesario. Desgraciadamente este nuevo ejército sanmartiniano nunca llegó a constituirse (ya nos veíamos marchando por la turba malvinense, con banderas de todos nuestros países, y “a paso de vencedores”). Era de rigor que la Coordinadora naciera con una “Declaración de Principios”, para lo cual se designó una comisión que redactaría un documento inicial. En poco más de dos carillas se condensó la historia de la Patria Grande de la Malinche a Galtieri, pasando por Tupac Amaru, la lucha contra los españoles, Bolívar, San Martín, Sandino, Martí, las venas abiertas de América Latina, hasta llegar a Malvinas y el desafío de la unidad continental. Una belleza de síntesis. Pero los problemas comenzaron cuando uno de los redactores incorporó en el texto la cuestión marítima boliviana como uno de los problemas irresueltos por la diplomacia latinoamericana, y que en el nuevo contexto de efervescencia continental debería comenzar a discutirse. Esa salida al mar debía ser en el Pacífico y por la antigua provincia boliviana de Antofagasta. (Como dicen ahora la canciller Alvear y el presidente Lagos, el hombre incorporó una discusión “bilateral” en un ámbito “multilateral”. Y ahí se estropeó todo, como veremos más adelante). Se leyó la declaración, para su aprobación, ante una numerosa asamblea. Todo el mundo maravillado, sin objeciones, acuerdo por unanimidad con vítores y aplausos. Se repartían copias para hacerlas llegar a los medios de comunicación y los delegados comenzaban a levantarse de sus asientos cuando desde el fondo alguien pide la palabra. Era un hombre sencillo, de baja estatura, que dijo ser dirigente del Centro Chileno tal, y que representaba a numerosas agrupaciones de chilenos del interior de la Argentina, todos con personería jurídica, aclara. Dice que su organización ni ninguna otra agrupación firmarán un documento donde se avale otorgar una salida al mar para Bolivia que pase por territorio chileno. Que él y sus compañeros manifestaban su protesta, que se retiraban indignados y que se comunicarían de inmediato con todos los centros chilenos existentes en la Argentina para abandonar la Coordinadora mientras en la Declaración de Principios se mantuviera la reivindicación marítima boliviana. Sorpresa, estupefacción en la asamblea. Intento expresar una opinión divergente a la de mi compatriota, quiero decir que Malvinas es lo más importante, que no vale la pena… cuando soy violentamente increpado por otro chileno. Me dice que no tengo derecho a hablar, primero “porque no represento a nadie” y segundo “porque soy un traidor a la patria”. En segundos paso a ser un “don nadie” y más encima “antipatriota”. Se cita a una nueva asamblea para dentro de 48 horas. A los dos días el hombre aparece con telegramas de apoyo a su posición de aquellas provincias de la Argentina con mayor presencia de chilenos: Santa Cruz, Chubut, Neuquén, Mendoza, Salta, algunas localidades de la provincia de Buenos Aires, Bahía Blanca y Mar del Plata. “-Este tipo es un agente del consulado chileno, un espía de Pinochet o un provocador-, pienso”. Impasse. La comisión redactora se reúne en secreto. Sale humo blanco a los pocos minutos. Se mantiene la mención a la salida al mar de Bolivia como una reivindicación justa, pero nada se dice sobre la responsabilidad histórica de Chile en la solución del problema ni mucho menos a que necesariamente dicha salida debía ser por territorio soberano de Chile. Con el tiempo comprendí que mi compatriota no era agente del consulado, ni provocador, ni pinochetista (de hecho era un simpatizante comunista). Era un chileno común, uno más de ese casi setenta por ciento (y tal vez nos quedamos cortos) que, según encuestas actuales, cree que Chile no debe ceder territorio soberano para que Bolivia acceda a una salida al mar por el Pacífico. Un hombre intelectualmente colonizado, alimentado en la autosuficiencia y el desprecio desde la cuna, el colegio, el púlpito, la milicia, la literatura, la militancia política. Un chileno hecho y derecho que no se rinde, mierda. El ciudadano que se estremecía escuchando por la radio los episodios heroicos de “Adiós al Séptimo de Línea”. El hombre para el cual todos los argentinos son “maricones” porque se rindieron en Malvinas. En fin, el tipo de ciudadano que necesita Ricardo Lagos para justificar su postura autoritaria e indiferente frente a las demandas bolivianas. No vaya a ser cosa que por ser generosos con Bolivia la “concertación democrática” pierda las elecciones presidenciales del 2005. No nos engañemos. No es la sólo la “derecha” chilena y los milicos. No es sólo la oligarquía y los fascistas. Es la plebe, el roto, la dueña de casa, el trabajador común, que han sido modelados intelectualmente durante más de un siglo de fino trabajo de colonización pedagógica por las clases dominantes chilenas. “En Chile no llora nadie / porque hay puros corazones”. Chile, desde Pinochet hasta hoy, es el niño mimado de la Casa Blanca, no sólo por sus “éxitos económicos” (no es casual que haya sido el primer país de Sudamérica en establecer un Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos). También lo es desde el punto de vista político. Para Bush, Chile es también un importante aliado. Cuando con intermitencias, idas y venidas, el continente vislumbra el camino de la unidad, dignidad y soberanía (Venezuela, Cuba, Argentina, Brasil, ¿Bolivia?) Chile se ha transformado en un verdadero “ariete de la balcanización” como ha escrito de modo brillante José Steinsleger en “La Jornada”, de México, el 22 de junio de 2003: “Con la firma del tratado de ‘libre comercio’ (TLC) con Estados Unidos (Miami, 6 de junio de 2003), Chile convalidó, finalmente, el modelo a seguir en América del Sur y el papel divisionista que las oligarquías del país andino jugaron en la subregión desde la expulsión de Bernardo O'Higgins del poder (1823)”. Ahora bien, ¿se necesitará un siglo o más para revertir este verdadero trabajo de joyería ideológica de la oligarquía chilena? ¿Seguiremos siendo los chilenos los arietes de la fragmentación? Indudablemente no. La historia es sabia y en determinados momentos nos ofrece la posibilidad de aprender (o desaprender) en poco tiempo lo que le ha costado siglos de trabajo consolidar. Son los momentos revolucionarios en que los pueblos y sus líderes conmueven al mundo. Fue lo que ocurrió en Chile entre 1970 y 1973 bajo la presidencia de Salvador Allende. Relata Andrés Solíz Rada (“Allende, el presidente solitario”) que el escritor Néstor Taboada Terán visitó al presidente chileno en los primeros días de su mandato. Allí Allende le manifestó que “Bolivia retornaría soberana a las costas del mar Pacífico”, para luego añadir que “los escritores y todos los hombres de buena voluntad deben venir a Chile y explicar sus anhelos, discutir, crear las condiciones subjetivas en el pueblo para llegar al feliz entendimiento. Ahora no somos gobierno de la oligarquía minoritaria, somos el pueblo. No nos guían intereses de clase dominante. No les pedimos nada, queremos solamente reparar el despojo cruel del que ha sido víctima el pueblo boliviano” (páginas 63 y 64 del libro “La Decapitación de los Héroes” del autor citado). No es casualidad que el verdadero presidente socialista se haya manifestado de ese modo frente al aislamiento boliviano. Allende era fundador y también heredero del mejor pensamiento latinoamericano del Partido Socialista de Chile, que nace a la vida política en 1933 de la mano de Marmaduque Grove (inspirador de la República Socialista de 1932), Erich Schnake y Eugenio Matte Hurtado e influenciado fuertemente por las ideas de Haya de la Torre y el APRA. La bandera del partido se engalanaba con un mapa de la América Latina donde se destacaba en su centro un hacha de guerra mapuche. Poco y nada queda de ese socialismo. ¡Cómo no pensar hoy en Raúl Ampuero, Clodomiro Almeyda y Aniceto Rodríguez! Sin embargo reconforta saber que el Jefe del Partido Socialista, Gonzalo Martner; el Ministro de Educación, Sergio Bitar; el Alcalde de Iquique, Jorge Soria y el diputado penquista Alejandro Navarro reivindican en estos duros momentos lo mejor de la tradición socialista y se unen en la historia a Gabriela Mistral y Vicente Huidobro, a Domingo Santa María y Aquiles Vergara Vicuña, a Enrique Zorrilla y Oscar Pinochet de la Barra. Y cómo no mencionar a los maestros Pedro Godoy y Leonardo Jeffs, que hace más de cuarenta años, desde la cátedra y el periodismo han mantenido enhiestas, contra viento y marea, las banderas de la Patria Grande y defendido la justa causa boliviana de su propio mar. Y cómo no alegrarse, también, al comprobar que Armando Uribe y Belarmino Elgueta continúan difundiendo, con su pluma certera, el mejor pensamiento socialista para Chile y el continente. Con el comandante Chávez, Salvador Allende y Jorge Abelardo Ramos, con Alberto Guerberof y Manuel Ugarte, con Fidel y el Ché quisiera sumergirme en las gélidas aguas del Pacífico en un mar boliviano y bolivariano. Así nadaremos a favor de la corriente de la Historia.
Viernes, 16 de Abril de 2004 21:30 ;?> Hay 1 comentario.
17/04/2004
MUJER: EL TANGO TE HIZO DAÑO
Ana María Giacosa (*)
********************* (*) Ana María Giacosa, tempranamente desaparecida, fue una brillante argentina. Desplegó su talento tanto en la acción política –fue Convencional Constituyente de su provincia natal, Salta, candidata a gobernadora de esa provincia y dirigente del Movimiento Patriótico de Liberación- como en el periodismo, la crítica de costumbres, la literatura y la defensa de los derechos de las mujeres. ********************
Permítasenos no descalzarnos para entrar al sagrado tabernáculo de la “canción ciudadana”. Entiéndase el misterio profundo del escaso aporte femenino al caudal de los fanáticos del tango. Ajenas al desarraigo, la nostalgia, la reciedumbre, el fatalismo y otras implicancias con mayúscula, las mujeres expusimos el cuello inerme al cuchillo de obsidiana de letristas. En el ara de ese “sentimiento triste que se baila”, fuimos sacrificadas sin piedad. Percanta, Milonguita, Purreta Arrabalera, Santa Madrecita. Ser sin infancia que nunca “pegó la ñata contra el vidrio” ni indagó en el futuro. Adornando estática la humilde casita con su juventud y sus trenzas, mientras dormita su tendencia al lodo. Indefectiblemente cambiarían el percal por el lamé y la casita de los viejos por el cabaret. Eva pecadora, atemporal y eterna –salvo la madre de espinazo clavado al pie del piletón que aguarda siempre el regreso del hijo calavera- puesta en escena para sumir tarde o temprano al sufrido varón en abismos de desdicha. La traición femenina, agotada en las mil letras y acordes sirvió para destacar la presencia del matón engañado, llorón y nostalgioso. Debía realzar las muestras de nobleza, coraje e hidalguía de aquellos engañados que corrían al reencuentro de las nobles virtudes, con la vieja y los amigos trasnochados. El “macho corazón” que se vengaba malamente en “Noche de Reyes”, y dibujaba merecidas “flores de cuchillo” en la mejilla de las volubles muchachas, también tuvo en la literatura tanguera una ancha franja para la comprensión, el perdón y el “pecho fraterno”. No diremos que en la mayoría de los tangos los caracteres masculinos fueron pintados con trazos magistrales, pero no hay duda que para los femeninos se usó la brocha gorda. Descontemos una “Malena” entre cientos. Abrazada al arte de la traición, al licor y el “Parné”, las pobres mujeres del tango tuvieron un destino inevitable. Ajenas a los sentimientos nobles fueron recortadas en el papel de pecadoras. Casi nunca ejercieron la comprensión. No otorgaron perdón. Hasta su sufrimiento fue de segunda. La que rió y se hartó de champán en la primera estrofa llorará hecha una lástima y toserá en la última. De aquellas milonguitas sin más capital que su hermosura, muchachitas cegadas por el brillo y la buena vida, que dan la espalda al amor sincero, al mate amargo; “los tarritos con moñitos, los malvones del balcón”; de las “Venus de quilombo, que al final se van al bombo” se encargaría el destino, sabio y varón, castigándolas con la decrepitud y la miseria. Desvencijadas y solas tocarían la puerta de sus antiguos amores buscando arrepentidas un pecho fraterno o un palenque donde rascarse. ¿Lo encontrarían alguna vez? En general las sacaban con cajas destempladas enrostrándoles su pecado. Porque en esto la “canción ciudadana” fue inflexible. En lo que a pecado se refiere, para las mujeres una vez basta. ¡Dichosos aquellos que agotaron la lista de las flaquezas humanas para resurgir incólumes como un fuego purificador! Exiliadas del cafetín metafísico, de la amistad en la órbita del vino, el pernod o la cortada mistonga, el bulín de la calle Ayacucho o el cuartito azul tendrían para las mujeres del tango un regusto amargo. Allí los muchachos se convertían en hombres y las mujeres en una ruina. “Yo no puedo acordarme del pasado / aunque tuve veinte años como vos”. Los recuerdos eran tan sospechosos como el “pasado”, aunque esté difuminado por barcos y brumas. Recordar sin arrepentimiento es cosa de varones. Pero tampoco se avizoraba un futuro que no fuera negro para estas pobres muchachas: tendrían “veinte abriles carnavaleros” y luego serían irrevocablemente “monedas de cobre, que nadie las quiere”, “descolado mueble viejo” y otros apelativos tan alejados de la metáfora como éstos. Aquellos altivos varones heridos por la traición se sentarían a esperar “la fiera venganza del tiempo” sobre el objeto de sus amores. Salvo escasos tangos, donde Cronos se permite platearles discretamente las sienes o arruinarles el hígado, los varones del tango parecen todos munidos de un retrato de Dorian Grey. Como las mujeres no hablaban, ni recordaban, ni por supuesto filosofaban, nos quedamos sin saber si ellas hubieran reconocido en esos vejetes apostados a la puerta del cabaret a sus fogosos amantes. Imprevisoras hasta la exageración, caerían en un pozo de desgracia en el umbral de los cuarenta. A pesar de los consejos y advertencias, ninguna comprendió que la “pollera cortona y las trenzas” se acaban un día. Terminados “los brillos y el rango” regresarían siempre vencidas al cabo de los años, arrastrando el visón apolillado y en estado físico lamentable; sin duda la previsión del futuro y la humana capacidad de remontar la adversidad les fueron negadas a las indefensas mujeres del tango. El llanto vendría puntualmente a buscar a las desgraciadas y el anatema a las que tuvieron un poco de suerte. Para las mujeres, la última farra llegaba temprano y sin el consuelo de “la vieja” y de la “barra”. Unos pocos años de champán y de frío nocturno y … a toser en los boulevares de París, el centro o el suburbio. Sólo les quedaba añorar el percal y aquel amor de barrio que les obsequiaba glicinas de los cercos. No negamos en absoluto que les restaba la posibilidad de redención a través del sufrimiento, la muerte o, con suerte, la toca y el jardín conventual. De todas maneras, un sufrimiento en tono menor que nunca oscureció el dolor con mayúscula que padece el varón del tango, víctima constante de ingratitudes y traiciones, dueño del amor, del odio y del desdén; de la redención, la nostalgia y el perdón. Por supuesto, cantor y autor. En el tango, la que se va pierde. No podrá aducir en su defensa ninguna razón tanguísticamente válida. ¿Cómo no emocionarnos con aquellos versos “No habrá ninguna igual, todas murieron / en el momento en que dijiste adiós”? Nos dejaban partir con enamorados compases. Gracias Homero Manzi, gracias por el Tango, en nombre de nosotras mismas y de tantas mujeres vapuleadas en inolvidables versos sin recibir “una ayuda, una mano, ni un favor”. Más allá de meditaciones sociológicas, psicológicas y de amor a su música, ¿cómo sofocar la sensación que nos arruga el corazón y nos pone en guardia cada vez que escuchamos el grito de “¡Música, Maestro!”,seguido del son de un bandoneón?
Sábado, 17 de Abril de 2004 19:55 ;?> Hay 1 comentario.
LOLITA Y LOS HÉROES DE BORINQUEN
México D.F. Miércoles 3 de marzo de 2004 José Steinsleger
En la cafetería de la Estación Central de Nueva York, tres hombres y una mujer ajustaron los detalles de la causa que los había reunido aquella mañana del primero de marzo de 1954. Los cuatro compraron boletos one way a Washington DC y los cuatro se miraron con los ojos confiados de quienes saben que no habrá retorno. Horas después, desde una de las galerías del Capitolio, Lolita Lebrón (34 años) empezó a disparar con su pistola al techo del recinto, en tanto Rafael Cancel Miranda (23), Irving Flores Rodríguez (27) y Andrés Figueroa Cordero (29) abrían fuego contra los 243 congresistas en sesión que debatían asuntos de la inmigración ilegal de trabajadores mexicanos.
Lolita desplegó una bandera enorme al grito de Free Puerto Rico now!, ¡Viva Puerto Rico libre! y el mundo quedó estremecido ante un hecho que silenció el ruido de la potentísima bomba de hidrógeno que Estados Unidos había detonado en la madrugada sobre las islas Marshall del Pacífico. Tres demócratas y dos republicanos quedaron heridos.
Desde San Juan, el gobernador colonial Luis Muñoz Marín se solidarizó con el Imperio ante la "canallesca acción". El líder independentista Pedro Albizú Campos (1893-1965), jefe del comando, habló de "acto sublime de heroísmo". ¿Quién tenía razón? Ocupada la isla por el general Nelson.
Miles durante la guerra con España (1898), Estados Unidos impuso a los puertorriqueños la ciudadanía estadunidense (Ley Foraker, 1917) y después aplastó, reprimió, encarceló y asesinó a miles de nacionalistas hasta que en 1952 maquilló el régimen colonial del país convirtiéndolo en Estado libre asociado.
No sólo eso. A inicios de 1930, en consonancia con las prácticas médicas de la Alemania nazi, la Fundación Rockefeller patrocinó los experimentos de un grupo de médicos que inyectaban con elementos radioactivos a campesinos y presos políticos, sin que supiesen que los estaban usando como conejillos de Indias. Albizú Campos, entre ellos. Además trascendió que de 1960 a 1970 la esterilización masiva era rutina de los yanquis entre las mujeres pobres de Puerto Rico.
El comando que hace 50 años atacó el Capitolio no actuó a ciegas. En Naciones Unidas, Washington había logrado que la Asamblea General aprobase una resolución (748-VIII), en la que Puerto Rico quedaba excluido del listado de territorios coloniales sobre los que las potencias administradoras tenían que rendir cuentas ante la administración general. Asimismo, el asiento que aquel 1º de marzo de 1954 se había concedido al Partido Nacionalista (PNP) como observador ante la décima Conferencia de la OEA en Caracas quedó vacío luego que los delegados puertorriqueños no recibieron el visado para entrar a Venezuela, debido a presiones del gobierno estadunidense.
El 30 de octubre de 1950, el PNP dirigido por Albizú Campos se levantó en armas contra el gobierno invasor, proclamando en el pueblo de Jayuya la República Libre y Soberana de Puerto Rico. Los alzados fueron masacrados por aire y tierra y los nacionalistas respondieron atacando Casa Blair en Washington, residencia del presidente Harry Truman, responsable de las bombas atómicas sobre Japón.
Encabezada por Griselio Torresola y Oscar Collazo, la acción causó la muerte del primero y la condena a muerte del segundo, sentencia conmutada por prisión perpetua. Andrés murió de cáncer. Lolita, Irving, Rafael y Collazo pasaron 25 años en prisiones de Estados Unidos y fueron indultados en 1979 por el gobierno de James Carter. El apóstol Albizú Campos, puesto en libertad a inicios de 1960, falleció al poco tiempo a causa de las torturas recibidas.
Ninguno de los sobrevivientes aceptó la libertad bajo fianza y, tras ser liberados, retornaron a su patria, donde la multitud los cargó en hombros. Allí siguen hasta hoy, peleando. En marzo de 2001, a los 81 años, Lolita ingresó al polígono de tiro que la armada yanqui tiene en la isla de Vieques. Citada por un tribunal federal, se negó a comparecer.
"Yo no le reconozco jurisdicción sobre mi persona a ese tribunal", dijo.
No pudieron con ella. En septiembre del mismo año, Lolita fue oradora única en el acto de conmemoración del Grito de Lares (1868), donde manifestó: "El régimen colonial es destructivo para la dignidad del hombre. Es un régimen que corrompe conciencias. Conciencias a las que se le pone precio en oro".
El 1º de marzo de 1954, la policía encontró en su cartera una nota que decía: "Ante Dios y el mundo mi sangre clama por la independencia de Puerto Rico. Mi vida doy por la libertad de mi patria". ¿Algo distinto del "Dadme la libertad o dadme la muerte" de los textos escolares que en Estados Unidos cuentan la gesta de su propia independencia? "Libertad o muerte", rezan las placas de los automóviles que circulan en Massachussets y los estados de Nueva Inglaterra.
Sábado, 17 de Abril de 2004 19:55 ;?> No hay comentarios. Comentar.
18/04/2004
LA TRIPLE FRONTERA DEL PRESIDENTE
Entre el pejotismo, el progresismo y el peronismo
Por Alberto Guerberof Causa Popular
El presidente Kirchner inició su gestión disponiendo de un margen muy estrecho de poder real. Para muchos era un presidente sin partido de una nación sin estado. Para otros tantos, sorprendidos por los primeros anuncios, podía pertenecer a ese reducido lote de mandatarios latinoamericanos que suben al caballo por la derecha y bajan por la izquierda. Para todos, en el severo banco de pruebas de la interminable crisis argentina, pronto se desbrozarían las ilusiones de las esperanzas, y ocuparían su correspondiente lugar, las palabras y los hechos.
Se entiende que las poderosas fuerzas que dominan la Argentina semicolonial y que lucran con la impotencia a que la condenaron, propicien la parálisis de la voluntad presidencial. Entretanto, se han hecho apenas audibles los ecos de los acontecimientos de diciembre de 2001 y febriles personeros del establishment buscan sin descanso alentar un escenario de restauración del neoliberalismo; mientras, la dirigencia pejotista mira para otro lado. Los otros partidos están igual de desorientados. La izquierda bochinchera, seudopiquetera e inepta sigue deshojando la margarita y favoreciendo los planes de la reacción.
Una sociedad que cambia
El peronismo, derrocado en 1955, fue – decía Arturo Jauretche – el último ensayo de una economía nacional independiente. Sobre la base de un capitalismo autónomo y una justicia social distributiva, el desarrollo, durante aquellos diez años de gobierno popular no dependió de una burguesía nacional fuerte y propia que no llegó a ser. No siempre se recuerda que la élite gobernante oligárquico-terrateniente que se impone en la batalla de Pavón (1861), se caracterizó por no invertir, por derrochar el excedente, y transmitía esa conducta de “vivir de renta”, a las clases subalternas. El lugar de una burguesía lo ocupó el Estado como el gran empresario y banquero de los emprendimientos e inversiones más importantes. Es un dato que debe retenerse cuando parece que se propicia la creación de una “burguesía nacional” como la clave para retomar aquel camino que frustraron la oligarquía de la época y las potencias mundiales hostiles a la industrialización argentina. No obstante los golpes recibidos, la producción industrial – como verifica el economista Eduardo Basualdo – siguió siendo el factor preponderante de la economía hasta 1976, en que por medio de la dictadura salvaje del “proceso”, Martínez de Hoz desplazó a la industria nacional y le arrancó el control de los segmentos del mercado interno que había puesto en sus manos con el régimen de sustitución de importaciones.
En la década del 80, y en sintonía con la “revolución conservadora” en los centros de poder mundial, el país ya había pegado un fuerte retroceso. La antigua oligarquía terrateniente y ganadera sucumbía a la sombra de la extinción del vínculo comercial estable con Europa. Ese espacio en la cúspide progresivamente fue ocupado por grandes firmas trasnacionales de la intermediación parásita, mientras los descendientes de las familias oligarcas se volcaban al sector financiero u organizaban circuitos turísticos a sus estancias convertidas en museos. En medio siglo se había transitado de la República vacuna, conservadora y probritánica de los 30 a la República sojera, monoproductora, excluida y castigada de comienzos de milenio. En el ínterin, la decrépita oligarquía europeizante no pudo ni sostenerse a sí misma como grupo hegemónico, pero tuvo la fuerza e influencia suficientes para frustrar el proyecto industrializador, soberano y con justicia social del peronismo. Una impresionante vuelta atrás experimentaba el país cada vez que las clases gobernantes se empecinaban en ajustar la realidad al esquema importado. Así fue durante muchos años. Para ponerle una fecha, en el campo de la política financiera, verdadero grifo por el que se producía la descapitalización nacional a favor del capitalismo extranjero, desde que en 1956, la “revolución libertadora” afilió al país al FMI y aceptó sus ajustes y monitoreos. Habitualmente, todo se reducía a un golpe de furca cuyo botín compartían los socios extranjeros del bloque dominante. La convertibilidad fue la culminación de todo un ciclo histórico. Tan virulento retroceso debía tener su correlato en la degradación de las prácticas políticas.
Del peronismo al pejotismo
El peronismo fue parte de los levantamientos nacionales y antiimperialistas que conmovieron al planeta al finalizar la segunda guerra mundial. Con jefes nacionalistas o socialistas, civiles o militares, dichos movimientos se proponían reducir la brecha histórica que separaba a sus países del Occidente hiperdesarrollado que los oprimía. Con la caída del imperio soviético y la globalización capitalista, las revoluciones y movimientos nacionales de aquel período, sin respuestas a la nueva situación, se enfrentaron en crecido número a una franca decadencia. El peronismo no fue ajeno a ese proceso y las peores prácticas de los partidos que apuntalaban la dependencia penetraron profundamente el tejido político del gran movimiento creado por Perón. El clientelismo, la corrupción parlamentaria, los despotismos locales, los internismos salvajes, sepultaron la herencia del 17 de octubre. De ese modo las banderas populares fueron archivadas y con aportes parejos de la “ortodoxia” y de la “renovación” fue posible el apoderamiento del PJ por parte del menemismo y su proyecto ultraliberal.
El transversalismo, concepto y categoría atribuidos al Presidente, se propondría apartar la capa más contaminada de la dirigencia del PJ y de todos los partidos, facilitando el sinceramiento del sistema político y la creación de una fuerza propia. El legítimo propósito del kirchnerismo y la necesidad impostergable de sanear las representatividades políticas enfrenta también no pocos peligros. Si el transversalismo se limita a una operación de aritmética electoral, sumando fracciones y tendencias con una visión que no va más allá de las siguientes elecciones, será el rótulo de un nuevo fracaso o el ingenioso ardid de los personeros del statu-quo. Apuntará en la dirección correcta, en cambio, si se propone ser cauce de unidad de las fuerzas patrióticas y populares hoy dispersas bajo diversas siglas y que constituyen el motor de una profundización de los cambios iniciados.
El enemigo intenta levantar cabeza. Este, a pesar de sus luces y sombras, no es su gobierno. Ya están en los medios, con frecuencia creciente, López Murphy, el Cema, Menem. Los autores y cómplices del gran desfalco de los 90, vuelven a circular. El blanco es el Presidente. Éste a su vez, deberá calibrar muy bien la política de alianzas que le permitirá afirmar y ampliar el espacio del nuevo poder. Será el momento de evaluar con todo rigor el papel del progresismo, estuche brilloso de una quimera que cuando cobró realidad se presentó con la silueta del verbalismo alfonsinista o con la no menos ruinosa de la Alianza de triste recuerdo.
¿Que se hará con las FFAA? Los recientes episodios, incluidos el acto y cierre de la Esma, no contribuyeron a esclarecer el tema. Menos aún, la eliminación de retratos. Los antiguos Incas borraban de sus inscripciones o registros llamados quipus toda referencia a sus enemigos vencidos. Creían de ese modo borrarlos de la historia. Perversidad ingenua a la que no le faltarían imitadores modernos. La galería de retratos podrá estar poblada por figuras venerables o execrables, pero las oportunidades históricas para retomar, las FFAA, la senda de los Libertadores y asumir el papel militar, productivo e iberoamericano que demanda el presente, no se repetirán fácilmente.
¿Que pasará con los sindicatos? ¿Se los seguirá juzgando desde el ángulo de verlos poco rentables electoralmente? La existencia de una clase trabajadora reducida por una brutal y prolongada desindustrialización, no habilita a dejar de lado a un sector decisivo, cuyo realismo político y peso social, se incrementarán en la misma medida que se ingrese en serio a un nuevo modelo económico donde los salarios no los fije el FMI ni el empleo o el nivel de actividad se regulen con los acreedores fraudulentos y bonistas de una deuda ilegitima.
En otras palabras, desde la Izquierda Nacional sostenemos que hay que contar a la máxima brevedad con un amplio frente político y social, nacional, popular, democrático y latinoamericanista, que promueva y organice la movilización popular, que respalde e impulse la profundización de las medidas adoptadas que por sí mismas son insuficientes, que neutralice el peso muerto de aparatos partidarios y que garantice que el cauce abierto con la agenda del kirchnerismo: ruptura y rechazo al neoliberalismo, derechos humanos y sociales, Mercosur y Unión Sudamericana sean los pasos iniciales de la revolución nacional y social que, en diversos modos y tonos el pueblo argentino reclama y merece.
Domingo, 18 de Abril de 2004 19:53 ;?> No hay comentarios. Comentar.
20/04/2004
RIQUEZA Y MISTERIO DE BUENOS AIRES
Abel Posse
Mi Buenos Aires. Tu Buenos Aires. Nuestro Buenos Aires. La Ciudad se conjuga con cada uno de sus protagonistas. Hay tantas Buenos Aires como vivencias individuales.
Incluso ahora, en tiempo de miseria, penuria y dolor, sigue creciendo su prestigio de fascinación. Esta ciudad sin palmeras, pirámides o playas rientes, logra seducir con su misterio. Tiene carisma. Miles de turistas la acosan. Es destino preferido de diplomáticos de todo el mundo. Podríamos decir que es una de las cinco o seis urbes capaces de ejercer una misteriosa devoción, de segregar su leyenda.
A diferencia de las ciudades de belleza evidente, como Río de Janeiro, el poder atractivo de Buenos Aires es inefable. ¿Dónde situarlo en estos tiempos de sombríos cartoneros que parecen condenados de un nuevo círculo dantesco, en estos años de indefensión urbana, de agresividad, crimen y peligro?
Esa calle Corrientes, roñosa, con sus veredas quebradas y el desaliño de sus edificios desparejos, ¿cómo puede seguir reteniendo algún interés?, ¿qué extraña metafísica planea sobre el desorden urbano?, ¿qué indicarle o señalarle al entusiasmado turista que bajó del avión?
No es ciudad para turistas. El turismo apenas se desliza sobre lo afamado o lo evidente, desde el Taj-Mahal hasta la Plaza de San Marcos. Buenos Aires parece hecha para viajeros lentos, para descubridores de gestos inesperados, para quienes son capaces de observar la discreta fuga de un gato por la pared baja con malvón y jazmín del país.
Para los porteños, más allá de lo tanto perdido, ganado, padecido o gozado, Buenos Aires es un ser vivo, un marco insoslayable. Una presencia indirecta, de madre regando en el jardín, de amigo desolado en una mesa de café.
Los que vienen de Europa hacia nuestro profundo sur encuentran un bastión marginal de su propia cultura. Una Europa exterior. Una Europa desvencijada. Un Shangri-La en los confines de Occidente.
“Insoportable, nadie podrá componerla. No tiene arreglo”, dijo Le Corbusier cuando la visitó. Escándalo para urbanistas, sin embargo tiene ese encanto de ciertas callejas de Nápoles, de Roma, de París. Carece de la monumentalidad de Manhattan, pero destila iguales blues de angustia y de inesperadas alegrías. Rilke decía que toda gran ciudad es un hecho contra natura. Buenos Aires nació como un acto de voluntad. La Ciudad empujó al país tradicional, alteró con sus angustias y su fuerza la siesta sudamericana. Sin Buenos Aires, la Argentina entera carecería de profundidad. Hay en sus calles mucho dolor y esperanza de inmigrantes, muchas generaciones que aspiraron a lo mejor, muchos sueños de poetas, carreristas, inventores, erotómanos, revolucionarios, chicas que dejaron el percal y buscaron el Centro. Alegría de tierra prometida, dolor de ilusión perdida. El tango es el verdadero corpus poético que la describe cabalmente. El tango es la caja de resonancia de un particularísimo sentido trágico de la vida (o de la vida como insignificancia y desilusión de efímeros triunfadores).
Incluso el tango for export del actual auge, con sus coreografías falsas y bailarines atléticos, sigue transmitiendo la esencia de la Ciudad. Todo porteño lleva en el alma dos compases o dos versos de tango que lo sitúan en los días de la infancia perdida, en la exaltación del primer amor o del primer fracaso.
El tango. Un silbido en la noche alta, unas notas que caen de una ventana o iluminan de nostalgia el viaje en taxi. Siempre está a lo lejos, en lo profundo, en el margen, en la más rigurosa intimidad.
Buenos Aires de las fruterías abiertas en la madrugada, de librerías de urgencia metafísica extrema, de bobería de fútbol y de domingo arruinado por las disonancias de locutores vulgares. Buenos Aires, hacia Recoleta, va de francesa a colonial; de las meditaciones de Ortega por la calle Quintana, enamorado de una patrona de estancia, a los gomeros que Severo Sarduy consideraba asombrosos dioses vegetales.
El sino y el signo de Buenos Aires es la creatividad, el talento, una persistencia y recóndita mirada de nostalgia. Es la alegría del encuentro de amor. Es sus mujeres, deliciosas, elegantes, juguetonamente perversas, complicadas hasta el freudismo.
Es también la torpeza y la incapacidad políticas como un destino incesante. El destino de un Sísifo sureño.
En Praga y en Venecia, aprendí que hay ciudades con otra dimensión. Tal vez en esto se centre ese inexplicable atractivo de Buenos Aires. Y creo que más que en el Barrio Norte o en la Recoleta, es internándose por las calles empedradas, Buenos Aires adentro, donde aparecen los signos de su encanto. Sábato situaba la particularidad de Buenos Aires en esa profundidad de barrio, enriquecida por tantas razas y sensibilidades quebradas. Españoles, criollos, italianos, alemanes, judíos askenazis, ucranios, fueron dejando en esas calles su alma perdida, su nostalgia, los logros y desesperanzas.
Calles arboladas en siesta de verano. Calles de Evaristo Carriego, de improbables malevos de Borges. Cuchilleros de letras de tango, prostitución a destajo y la amoralidad chic de los años treinta con aquellas mujeres de fabulosas espaldas desnudas y boquillas a lo Pola Negri en el Armenonville, el Royal Pigalle y después el Tabarís. La elegancia de una burguesía que se cargó a Europa por asalto, a golpes de cultura. Y luego, el Buenos Aires de los cafés donde el respetado era el inteligente, el soñador. Las mesas de Arlt, de Discépolo, de Eva Perón y sus amigos del teatro. El Buenos Aires de los exiliados españoles y de todo el mundo, desde Ramón Gómez de la Serna, con su pipa en el Edelweiss hasta Gombrowicz a las cuatro de la tarde en la vacía confitería del Rex esperando a Sabato, o a su partner para el ajedrez.
Las calles largas que se abren hacia Flores, Villa Crespo, Colegiales y el espanto del cementerio... Calles custodiadas por la disciplinada legión de plátanos o de tipas, sahumadas en la primavera por el jazmín de las macetas. Las paredes bajas que domina aquel gato que se dijo y que nos mira fijo, durante un instante, para luego desaparecer en su reino de sombra.
Si el viajero pudo iniciarse en el misterio de esas calles infinitas, puede estar seguro de llevarse su Buenos Aires, el personal, para siempre.
Nuestra América era en 1880 un desierto insignificante. Buenos Aires, por entonces, un aldeón con más adobe que ladrillo, con más lapacho que metal. Un extraño daimón, una misteriosa voluntad de ser la sacudió y la arrebató del placer soso de la siesta colonial.
Misteriosamente se le ocurrió ser. Ser la puerta abierta al mundo ofreciendo la nada del desierto como posibilidad para todos. Ya en 1910, apenas en tres décadas, se asombraron los europeos, desde la infanta Isabel hasta Clemenceau. El Congreso, el Colón, los hospitales, los palacios de la avenida Alvear, los bosques de Palermo, el hipódromo con los fracs, las capelinas y las galas de Longchamps en aquel 9 de Julio triunfal.
Buenos Aires ya lanzaba su mitología propia. Esa voluntad de poder se plasmó en un cosmos entrañable de la Ciudad. Su sola presencia nos debería dar la energía que necesitamos en este mal paso histórico en el que nos hemos metido. Tenemos una amiga poderosa. Una gran amiga que no tolera la queja ni la flojera.
Martes, 20 de Abril de 2004 19:49 ;?> Hay 1 comentario.
21/04/2004
POEMAS DE RAMÓN DÍAZ ETEROVIC
MUCHACHAS COMUNES
Alguien como yo también las ama.
Las veo cuando van rumbo a la fábrica, o tras las cajas de un supermercado contando treinta monedas que no le pertenecen.
A veces ríen –simples y momentáneas– como flores que no resistirán el invierno.
A su manera son felices, y sé que alguien como yo también las ama.
TARDES EN EL CAFÉ
Todas las tardes se observan entre los vahos del Café.
Algunas veces se sonríen y otras, no.
Ella es la señora, él, Julito, el garzón.
GATO DE BARRIO
El gato me observa desde su rebeldía azul.
Suave, arisco, como dulce enigma.
Adormilado en sus recuerdos él entiende mis dolores cotidianos, la pequeña muerte que me espera cuando cada mañana abro la puerta de mi casa y me clausuro.
AUTORRETRATO DEL OTRO
Hay un hombre que recorre por las noches las calles de un país que no se nombra. Se parece a mí, a otros, a todos. A veces sueña y a veces ríe, mientras mira sus dientes en una vitrina. Le gusta detenerse en las esquinas, explorar sombras y temores, ocultar su rostro a los extraños. Al amanecer reniega de sí mismo y de sus pecados inconfesables. Regresa a su casa. Bebe un café, lava su cara y aprisiona su corbata entre los dedos. Luego, despojado de su verdad y de sus sueños sale a recorrer las calles, enmascarado.
DESPUÉS DE TODO
Después de todo, y pese a la vida misma, la esperanza me acompaña y mal aconseja.
Después de todo, y pese a la vida misma, la esperanza me obliga a rayar la muralla prohibida.
ESTE DÍA
Me rompo de tristezas y silencio. Escribo un número por las mañanas y atisbo el sol tras una nube de cifras y expedientes. A media mañana, clandestino, enhebro un verso como una sombra sin destino. Soy y no soy. Me rompo de tristezas y silencio. Palpo tres monedas en mis bolsillos y pienso en la muchacha del café que me desea un buen día y luego se olvida de mi nombre.
VIDA
I
Voz, pequeña voz que dentro de mí se apaga.
II
¿Para qué tanto afán? A la muerte nadie renuncia.
III
Sueño del niño que jugó en un columpio del sur, con sus mejillas sonrosadas por el viento y el nombre de su madre como único verbo cierto.
IV
Mi madre. Como extraño su fresco aroma a esperanza. Sus dulces ojos de niña que soñaba con terrones de azúcar y muñecas.
V
Verbos y naufragios.
Agua, inútil oficio de la palabra. Dudas, temblores, risas.
Vivo y es suficiente.
VI
Un año se suma a otro y sigo viviendo en la boca del lobo.
Miércoles, 21 de Abril de 2004 19:48 ;?> Hay 3 comentarios.
MÉXICO EN CHILE
Joaquín Edwards Bello Enero 1960
Curioso homenaje al Presidente de México, en Chile, consistiría en llevarle una tarde de día festivo a observar en la entrada de algún cine de barrio. Aquí, como en Valparaíso y otras regiones, el cine de barrio es ochenta por ciento mexicano. Superficialmente el asunto es banal. En el fondo es un drama. Es el drama de un pueblo que no supo o no pudo cantarse a sí mismo. No nos engañemos. Engañarnos es pecado grave. Chile es un país hospitalario, cosmopolita, con costumbres y arte cosmopolitas. La parte popular de Chile, “los de abajo”, diría Azuela, ha sido estrangulada por las migraciones sanas y progresistas de vascos, de alemanes, de ingleses, de italianos y de toda suerte de razas más preparadas para desplazar a la gente antigua. En México el pueblo presume de tener sangre india. A los rubios les llaman despectivamente “hueros”. Aquí ocurre lo contrario. He visto individuos morenos, con cabelleras negras, tiesas como alambres, enderezados con petulancia para proclamar: “Nosotros los vascos”. La casta social que nuestro Encina llamó “aristocracia castellano-vasca” se separó de la más antigua casta con sangre india, extremeña y andaluza, en verdad más aristocrática que la nueva. Con un desprecio amable, muy hipócrita, se separó de dicha clase, burlándose de ella mediante apodos y expresiones despreciativas. En mi niñez la clase alta se decía la “gente decente”. Esta clase rica, con sangre vasca, algo mezclada con africana y andaluza, se destacó de la clase pobre de manera comparativa. La antipalabra para decente es indecente. La aristocracia, más bonachona e infantil que sádica, se irguió feliz en su superioridad vistosa, más alta, más blanca y elegante. La mujer vasca es la más esbelta y elegante de España. Las expresiones patricias despectivas referentes al tipo y costumbres de la masa pobre profundizaron el barranco separador hasta ridículos e increíbles extremos, como las plazas públicas de aquellos pueblos con tres secciones limitadas, para la aristocracia, la clase media y para el roto. El “Día del Roto Chileno” es un portento de hipocresía saludable. El tipo de la gente popular y sus manifestaciones más expresivas han sufrido de burlas y de desprecios. Estas burlas serían criminales y odiosas si la parte de la aristocracia culpable de ellas hubiera tenido responsabilidad. La verdad es que aquella clase carecía de talento y de maldad. Las expresiones denigrantes para la masa popular provenían de un sector femenino frívolo e indiferente. Típicas expresiones para opacar al pueblo hispano indio son la de “tapamugre”, para el manto femenino; la de “chinas”, para las sirvientas, y la de “olor a patriotismo”, para el aliento condensado de las masas populares en las fiestas patrióticas. Las costumbres, las cosas, se parecen, con nombres diferentes. Las ojotas, en México, son guaraches; los porotos son frijoles; el poncho es sarape. En mucho parecidos, menos en la tradición artística. Tal vez haya en México Estados con gente parecida a los chilenos en todo. No lo dudo, México es un continente. De todas maneras, con matices de una u otra clase, nos entendemos y nos apreciamos. El cariño de Chile a México es comprensión. Se trata de un mensaje moreno, y se escuchaba ya en el siglo pasado. Yo lo escuché. Nuestro pueblo se vio interpretado y engrandecido en el arte mexicano, no solamente en la edad del cine. Tendría yo once años cuando oí a mi madre interpretar, en el piano, entre “Carmen” y “Gioconda”, el vals “Sobre las olas”, de Juventino Rosas, un músico de Guanajuato. ¡Cuánta dulzura! “… Olas que al llegar plañideras muriendo a mis pies…”. En la misma época habíamos descubierto, en el Liceo, a los poetas Juan de Dios Peza y Manuel Acuña. Soy viejo y podría recitar de memoria el “Reír llorando”, “Frente a Toledo”, de Peza, y el “Nocturno”, de Acuña. Más tarde leí a no pocos escritores mexicanos, sin prejuicios de lector snob. Tanto me interesa Alfonso Reyes como Manuel Payno. Casi más este último en “El fistol del diablo”. Gutiérrez Nájera y Díaz Mirón son fascinantes. Inclán es sobremanera excitante. Llené de anotaciones los libros de Vega Arizpe y de Icaza. Maples y Arce, Azuela y Martín Luis Guzmán me son familiares, como Nervo, Del Castillo, Nuñez y Domínguez, Trejo y cuanto sea mexicano. Los chilenos encontramos en ello algo que nos habían quitado. Los payadores, el romanticismo, la virilidad de los instrumentos musicales. En ese Chile de mi niñez, pobrísimo en arte, nos aseguraban que el cante con guitarras o piano era cosa de mujeres. Absurdo concepto de la virilidad. He oído a un matón de cabaret lo siguiente: “En Argentina cantan los hombres. En Chile cantan las mujeres”. Estupidez divulgada con jactancia. La costumbre, en Chile, del cante en grupos masculinos es nueva. No tiene más de veinte años. Es imitación de mariachis y de tanguistas. Algo le faltaba al pueblo. Algo necesitaba. Después de Pancho Villa, la música y el cine mexicanos dieron a nuestra masa popular un tónico de confianza y de seguridad personal. En 1920 la revolución social chilena cantó su triunfo en trinos mexicanos, el “Cielito lindo” y “La cucaracha”. Un plato popular se llama Pancho Villa. Manjar picante para hombrecitos. Mexicanos y chilenos somos vecinos y parientes con espinazo de volcanes. Los cuchillos mexicanos y chilenos en la California de la avalancha del oro se juntaron en la leyenda de Joaquín Murieta. Guatimozín y Caupolicán son hermanos. Nuestro Vicente Pérez Rosales, personaje novelesco, aventurero y hombre de Estado, tras de peripecias de Jack London en California, llegó a la casa de cierto mexicano rico, de nombre Alvarado. Las damas de la casa de Alvarado huyeron con terror. Sería un bandido. Cuando conocieron la calidad del visitante lo colmaron con atenciones. Antes de partir, el señor Alvarado regaló al señor Pérez Rosales la más rica silla de montar mexicana con adornos de oro y plata. Un verano, en la parte más pintoresca de Valparaíso, donde está la admirable feria de la Avenida Argentina, se desarrolló un cuadro inolvidable ante mis ojos. Montada en un burrito, la más linda chiquilla descalza del cerro próximo se acomodó la blusa en sus pequeños senos puntiagudos, animó al burrito y elevó la voz aguda, enfilando a la Calaguala: - “Allá en el rancho grande…”.
Miércoles, 21 de Abril de 2004 19:46 ;?> No hay comentarios. Comentar.
MÁS POEMAS DE HUGO VERA MIRANDA
una mañana en puerto natales
íbamos con mi novia al puerto, íbamos con mi novia a comprar pescado, al puerto; de improviso el cielo estalla, una bandada de gorriones se posa delicadamente sobre la nieve, la nieve del puerto.
me alejé de mi novia, el pescado se olvidó de mí y eché a volar con los gorriones.
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lejos de natales I
el partir nunca es un acto solitario; cuando la sombra del viajero se mece en la luna de otros lares, va con él la dispersa memoria de aquello que dejó en su camino, un amor de furia de los mares, el surcado rostro de la madre ausente, dos o tres promesas que no se cumplieron, y en el recuerdo el mar, el viento, las montañas.
el partir nunca es un acto solitario; le sigue a su partida el viento inexorable, el recuerdo de aquel difuso bar donde entre dimes y diretes se bebe a sorbos el brebaje incierto del desamparo, el aroma de los pinos de la plaza principal, la imagen del orgulloso dorotea y la lancha que ingresa a la bahía.
el partir nunca es un acto solitario; se parte, es cierto que se parte, pero también se queda, se queda en la retina de los que no partieron, en las calles tantas veces recorridas, en la impaciente espera de los viejos afectos, en las sigilosas estanterías de los recuerdos.
el partir nunca es un acto solitario; nos acompaña siempre la luna natalina.
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mensaje a débora en pinar del río
salgo a navegar con mi alma pirata en mares indómitos de alcohol, dulces putas infectadas de melancolía vienen a mi encuentro, la noche sangra en la letanía de un perro y un tiburón lleno de flores se encuentra varado en mi abdomen; en lo alto la cruz del sur abajo el cementerio, el polvo de los huesos se funde con el polvo de los caminos, los turistas trepan a los cerros cantandocantando verybonitonatalesyesyes.
a través del insobornable espejo vemos pasar la velocidad del minuto, nos desprendemos del disfraz y el espanto de las arrugas horroriza nuestra conciencia; llevamos en la frente los crímenes que por lamentables descuidos no hemos cometido.
¿adónde ir con nuestro esqueleto?
el gusano perfectible sabe; en el truco de la vida él siempre tiene el as de espadas.
Miércoles, 21 de Abril de 2004 19:44 ;?> No hay comentarios. Comentar.
ARTERIAS ABIERTAS
La República de Uruguay - 5 de Febrero de 2004
Eleuterio Fernández Huidobro Senador nacional por el Movimiento de Participación Popular
Recién terminado uno de los congresos más largos en la izquierda uruguaya (el del MPP que consumió parte de 1998 y principios de 1999) y a punto de comenzar la campaña electoral rumbo a las elecciones internas de abril de 1999, diezmados y divididos, quienes nos quedamos en el MPP sosteníamos, ya entonces, ideas como las que se podrán leer a continuación. Vuelvo a publicar entonces, en esta columna de "La República", lo escrito en mi columna de Mate Amargo el 25 de febrero de 1999 para refrescar la memoria de quienes la hayan leído hace cinco años, darla al conocimiento de quienes no la hayan leído, y cimentar de modo irrefutable la demostración de que hoy podremos estar equivocados pero no levantamos propuestas oportunistas, circunstanciales, efímeras, fatuas, acomodadas a las circunstancias de 2004... Esta es una de las grandes ventajas de escribir: seguimos hoy sosteniendo lo mismo de hace cinco años y que, lamentablemente para todos, fue duramente confirmado por la experiencia empírica, en sus pésimas advertencias, con un altísimo costo para la gente. De modo pues que lo que sigue es, textual, lo escrito hace cinco años bajo el mismo título (Arterias abiertas), en otro medio de prensa. Ojalá dentro de otro lustro no tengamos que volver a publicar lo mismo:
Debemos tener la valentía de 1971. Estamos ante la posibilidad de ser gobierno y costó mucho llegar. Desde el Frente Amplio y el Encuentro Progresista (dos instrumentos imprescindibles y complementarios), debemos anunciar que en cinco años de gobierno no podemos ser ni reformistas ni revolucionarios por la sencilla razón de que debemos ser constructores y hasta reconstructores. Estamos ante una situación de emergencia nacional y ese concepto determina nuestra propuesta. No se trata de hacer proyectos sobre un país en marcha sino sobre un país amenazado.
Se trata de acudir con poco tiempo disponible a cubrir una urgencia y, como en tiempos artiguistas, a sembrar una "admirable alarma". Las arterias de la nación están abiertas.
La acción de sucesivos gobiernos de variado tipo ha ocasionado una alarmante destrucción del país y de las reformas de sus mejores reformistas. No han respetado nada y, si esto sigue así, de Uruguay no quedará piedra sobre piedra.
En cinco años de gobierno lo principal será detener la demolición de la Patria.
Siempre hemos querido ser revolucionarios y, como tales, nos daríamos por satisfechos si entre todos logramos en un lustro ese objetivo.
La guerra
La única y principal guerra de hoy es contra la pobreza. Y en ella deben y pueden participar todos los que se sientan orientales. Cada uno, y cada organización, es hija de su época. Nos ha tocado enfrentar la triste realidad actual y es por ella que hoy es posible y necesaria una gran Unidad Nacional.
El Frente Amplio y el Encuentro Progresista, que aún no han aglutinado todo lo que pueden y deben convocar, son respuestas a esa necesidad de movilización, porque los instrumentos políticos y sociales generados al calor de las luchas populares, no son inventos caprichosos sino expresión de realidades.
No será fácil llegar al gobierno y menos fácil lograr en cinco años metas que antes podían parecer menores, como por ejemplo que cada persona pueda poner pan y dignidad sobre su mesa. No podemos hablar, sin mentir, de grandiosos proyectos cuando la cuestión dramática hoy es lograr alimento, techo, salud y enseñanza con trabajo para todos.
El programa
Lo esencial: nuestro programa es un mensaje de salvación nacional y esperanza. Sencillo como una paloma:
La comida es, en los países gobernados seriamente, un problema de seguridad nacional. Para ello se debe expandir el mercado interno y proteger a quienes deben protagonizar esa empresa. De ello emerge una alianza indisoluble entre la ciudad y el campo. Ese abrazo histórico entre las capitales y los interiores, tan demorado, se está expresando ya en movilizaciones sociales y también en datos económicos y electorales de variado tipo. Es de mucha evidencia la posibilidad de conquistar ese decisivo escalón estratégico.
Tenemos tres armas fundamentales para esgrimir; las tres más abundantes y económicas con que cuenta el país; la ética, la tierra y la cultura.
La salud moral de nuestro pueblo, la tierra y el mar mal cultivados, y la inteligencia abundante y disponible. El capítulo "inversiones" de nuestro programa comienza por ahí.
La ética
No robar, sencillamente eso, es palanca de progreso. A este país lo viene robando una minoría de cuello duro y pararle la mano será fuente de riqueza. A tanto se ha llegado. Hay que reducir en un 30% los sueldos de todos los cargos de confianza política. Recortar drásticamente los gastos privilegiados de ciertos poderes del Estado.
Descentralización y participación activa en el gobierno y en el control de sus expresiones nacionales como municipales, de las fuerzas sociales directamente interesadas. Aumento grave de las penas, la vigilancia y la represión, contra los delitos de cuello duro, públicos o privados. Ley de enriquecimiento injustificado que traslada, por vía de excepción, la carga de la prueba al acusado y presupone su culpabilidad hasta que demuestre lo contrario.
En suma, que el ejemplo de solidaridad y sacrificio provenga de las alturas.
Poblar
Dado el atraso ocasionado, no se puede hablar hoy de Reforma Agraria y a veces ni siquiera de Colonización: debemos repoblar el país que han vaciado. Eso es defender la soberanía nacional, zafar de la trampa tendida en los cinturones de miseria urbanos, evitar que la juventud emigre, crear la riqueza que necesitamos. Las políticas aplicadas desde hace años en base al engaño, han dado espaldas al mar y a la tierra en aras de un país urbano, de servicios, especulativo, macrocefálico, monstruoso. Hay que impedir por ley la extranjerización de la tierra y del mar, y hay que echarles familias, créditos, agua, juventud, ciencia y docencia a la pampa.
Tenemos un ineludible y envidiable destino marítimo y una vasta "pradera" en nuestras riquísimas aguas territoriales y debajo de ellas. Nunca más los peritos y los ingenieros agrónomos, los veterinarios, los productores rurales, los marineros y pescadores, emigrando a otros oficios, países y a la miseria.
No hay "máquina", "inversión", ni "capital" más rentable que ellos, a corto, mediano y largo plazo.
Esta es una propuesta civilizatoria distinta a la del "neoliberalismo". Esto es el "Uruguay Productivo". Sólo de ahí puede desprenderse la propuesta educativa. 0ruguay necesita para poder ganar esta "guerra", la sangre nueva de su juventud y la riqueza de su "materia gris". La "reforma educativa" debe estar en función de los fines y del proyecto. La del actual gobierno se contrapone al único futuro posible del país. Lo descarta y lo impide.
La alianza
Nadie debe ser excluido a priori de esta empresa. Todos deben ser invitados a participar en ella. El Frente Amplio y el Encuentro Progresista pueden darse el lujo de abrir sus puertas a la inmensa mayoría de la población gracias a este programa.
Los otros no pueden y por eso buscan captar voluntades mediante otros mecanismos. Pero además sólo el Frente Amplio y el Encuentro Progresista pueden invitar a proponer, decidir, exigir y controlar.
Los privilegiados
Queda claro que con este proyecto en el Uruguay sólo caben, y debe haber, cuatro grandes jerarquías "privilegiadas". Mejor dicho, cuatro grandes conjuntos de acreedores: la patria, los enfermos, los ancianos, los niños y por lo tanto el nido, que es casa y vientre de mujer. Por patria, el terruño, la naturaleza, el ecosistema o como quiera llamársele: esa valiosa herencia que disfrutamos gratis gracias al sacrificio de quienes nos precedieron, y que debemos legar mejorada y no envilecida, para que los que vienen después puedan seguir existiendo. Pradera y mar, pero también cultura, las tres cosas en la vasta extensión de su significado. Pájaros pintados, barcos y corazones hospitalarios que el mundo conozca como "Uruguay".
Donde sencillamente se pueda vivir y criar con dignidad.
Miércoles, 21 de Abril de 2004 19:43 ;?> No hay comentarios. Comentar.
22/04/2004
CREER EN EL AMOR E IMAGINAR LA FELICIDAD
A PROPÓSITO DEL IDEARIO DE SALVADOR ALLENDE
Por Ramón Díaz Eterovic
En el mes de septiembre de 1973 era un adolescente que, como otros jóvenes de mi generación, me sentía parte del proceso de cambios políticos que hasta esa fecha vivía el país ; y cuyo acercamiento al quehacer político había nacido bajo la inspiración del entonces líder indiscutido de la izquierda chilena: Salvador Allende.
El ideario de Allende fue un poderoso imán para que nos sintiéramos atraídos por el proyecto de construir el socialismo en Chile, y sus tres años de gobierno, fue un tiempo en el que soñamos vivir en un país distinto, sin los desequilibrios sociales ni las injusticias que conocíamos a diario. Su pensamiento nos instaba a sumar la rebeldía juvenil a los cambios que era necesario generar, y en sus palabras, como las dichas al asumir como Presidente de Chile, había un llamado atrayente y motivador: "Miles y miles de jóvenes reclamaron un lugar en la lucha social. Ya lo tienen. Ha llegado el momento de que todos los jóvenes se incorporen. El escapismo, la decadencia, la futilidad, la droga, son el último recurso de muchachos que viven en países notoriamente opulentos, pero sin ninguna fortaleza moral. No es ese nuestro caso. Sigan los mejores ejemplos. Los de aquellos que lo dejan todo por construir un futuro mejor".
Palabras como esas, que inspiraron a los que éramos adolescentes al inicio de los años setenta, siguen vigentes y son cada vez más necesarias para los jóvenes de este fin de siglo.
De la edad de los sueños a la era del ogro
En tanto novel escritor, los años del gobierno de Salvador Allende fue el tiempo en que, atraídos por la literatura, pergeñábamos los primeros esbozos literarios y vivimos la efervescencia cultural que caracterizó al gobierno de Salvador Allende. Chile era un país culturalmente activo, bullente y las expresiones culturales estaban al alcance de la gente. Veíamos lo mejor del cine mundial, nos visitaban escritores de la talla de Julio Cortázar y Ernesto Cardenal, leíamos con avidez a los autores del "boom" latinoamericano, seguíamos las colecciones de libros publicadas por la Editorial Quimantú, celebrábamos a Pablo Neruda, nuestro segundo Premio Nobel de Literatura. Se respiraban aires libertarios para las expresiones artísticas, y nuestras aspiraciones literarias estaban unidas a esos aires, al deseo de escribir y de expresar a través de cuentos y poemas nuestra adhesión al nuevo tiempo. Pensábamos que nuestro futuro iba a ser muy distinto al que después nos correspondió vivir, y por eso, junto al desarrollo de las inquietudes literarias, participábamos en la lucha política, las marchas, concentraciones, tomas; elementos todos de un período de cambio social acelerado y de enfrentamiento entre clases antagónicas.
Nuestro habitat fue la violencia
Después del 11 de septiembre de 1973 nuestro habitat fue la violencia. Vivimos una dictadura que, desde sus primeras manifestaciones declaró la guerra a la cultura. Quema de libros, cierre de revistas e editoriales, exilio de escritores, fueron la pauta inicial que nos indicó la posición de los golpistas respecto a la cultura. Vino la censura y el miedo como instrumentos para acallar las ideas libertarias. La mayoría de los autores chilenos se vieron impedidos de publicar sus obras y cuando lo hicieron, ellas debieron circular por canales marginales, cuando no clandestinos. Fueron años duros de vivir y escribir, pero la inmensa mayoría de los escritores se sintieron comprometidos con las luchas de ese tiempo. Vivimos bajo un sistema que impuso la fuerza en todo el acontecer social, y el quehacer cultural se menoscabó hasta niveles que hasta hoy hacen ardua la tarea de recuperar. Como una forma de querer obviar la creación contestataria que se daba en el país, se genera la idea de un supuesto "apagón cultural" que no era tal, porque los escritores estaban produciendo sus obras. De lo que se trataba era de la inexistencia de canales que permitieran dar a conocer sus trabajos. La industria editorial estaba destruida, los diarios y revistas controlados. Frente a eso, muchos escritores recurrieron al expediente de la autoedición, desafiaron la censura y dieron a conocer sus obras, aunque sólo fuera dentro de círculos restringidos. Surgen talleres y colectivos de escritores en Santiago y regiones; revistas artesanales. Se organizan lecturas y pequeños encuentros. La Sociedad de Escritores de Chile se convierte en bastión para la defensa de la libertad de expresión y de los derechos humanos. Se sobrevive a los primeros años de la dictadura, y con el inicio de la década de los ochenta, las iniciativas en el campo literario y cultural crecen y se amplían, constituyéndose en un elemento importante en lo que fue la recuperación democrática a comienzos de los años noventa.
La necesidad de reencontrar el ideario de Allende
Hoy, continuamos siendo un pueblo que lucha por su identidad. En el que la implantación de un modelo económico neoliberal se contrapone a las necesidades de su gente; donde las exitosas cifras macroeconómicas se desdibujan frente a la pobreza; donde la imagen publicitaria de los medios de comunicación confunden incluso a los que sólo reciben los despojos del sistema. Se nos dice que terminó el tiempo de las ideologías, de la pugna entre distintas opciones políticas, y la verdad es que detrás de esa negación existe la imposición de una ideología única, que no tiene otro norte que establecer un modelo de vida chato, conformista, acrítico, que inmovilice a la gente.
Hoy es cada día más urgente reencontrarse con el pensamiento humanista y revolucionario de Salvador Allende. Hasta el año 1973, vivíamos en un país modesto, pero, sin duda, más solidario, y más consciente de la importancia de la justicia social y del desarrollo cultural a través de la educación, la literatura, las artes. Hoy olvidamos nuestra historia, promovemos la amnesia colectiva y nos ufanamos de la riqueza que se cosecha sobre un campo de ignorancia y banalidad. Olvidamos ese pasado en el que valiosas consquistas sociales se lograron bajo el influjo de líderes políticos, entre los cuales Allende tiene un lugar primordial, pese a que hoy su obra se distorsiona y su pensamiento se olvida, incluso por muchos de los que, en otra época, decían compartir su proyecto.
Allende fue modelo de lucha y esperanza; y su obra política, en el tiempo que le correspondió vivir, nos hace recordar una cita de García Márquez: "En este mundo existió la vida, prevaleció el sufrimiento y reinó la injusticia, pero también fuimos capaces de creer en el amor y hasta imaginar la felicidad". Por ello, el pensamiento de Allende sigue vigente, en todo lo que se relaciona con la profundización real de la democracia; con la resistencia que hay que oponer a esa "certeza incuestionable" que nos impone el neoliberalismo y que a muchos les hace pensar que vivimos el fin de la utopías, olvidando que hay una vida que construir en este nuevo siglo, sin los errores del pasado ni la desigualdad del presente.
Jueves, 22 de Abril de 2004 19:39 ;?> No hay comentarios. Comentar.
PERDÓN, VIOLETA
José Steinsleger
A Safa Karim, de once años, y a su mamá de velo negro les enviamos los versos de una canción de Violeta Parra (1917-66), madre nuestra de la tierra nuestra:
Cuando yo salí de aquí dejé mi corazón en la cuna creí que l'mamita Luna me l'iba a cuidar a mí.
Safa agoniza en el hospital Hindi de Bagdad. "La niña -dice el colega Robert Fisk- sangra por dentro y se retuerce en la cama con un enorme vendaje en el vientre y... cuatro pañuelos corrientes y sucios que la sujetan de muñecas y tobillos a la cama. Gime y se revuelve en la cama, luchando a la vez contra el dolor y el cautiverio..."
En el mismo lugar, Fisk describe el estado de Saadia Hussein al-Shomari, de 50 años, "...cuyo largo cabello se desparramaba sobre la toalla en la cual estaba recostada, con la cara, los senos, las pantorrillas, los brazos, las piernas, el vientre y los pies llenos de agujeritos...". A Saadia le enviamos el adagio del Concierto para clarinete en la, de Mozart, y versos de Violeta también:
Miren como nos hablan del paraíso cuando nos llueven balas como granizo.
Safa y Saadia fueron alcanzadas por las esquirlas de las bombas de fragmentación (cluster bomb o de racimo). Durante la guerra Irán-Irak (1980-88), con el visto bueno de Ronald Reagan y la CIA, ambos países se arrojaron mutuamente estas bombas de uso prohibido por su alto poder destructivo, que la invasión de Washington sigue arrojando a discreción sobre miles de civiles iraquíes.
Desde la guerra de Vietnam, Estados Unidos emplea en todas sus guerras las bombas de racimo, compuestas por centenares de pequeñas bombas del tamaño de una bebida gaseosa, que se arrojan en paracaídas y se esparcen en un área de 500 metros cuadrados antes de que el proyectil llegue al suelo.
En Laos, más de 25 años después del fin de la guerra en Vietnam, unas 500 mil toneladas de estas bombas no han explotado y esperan a su víctima; en las islas Malvinas los ingleses lanzaron más de 100 con mil 500 latas de este tipo, que también pueden estallar 24 y 72 horas después de haber sido sembradas.
En Afganistán las latas tienen un color amarillo vistoso. El mismo color de los paquetes "humanitarios" que arroja la Agencia Internacional para el Desarrollo de Estados Unidos (AID), por lo que son una atracción para incautos, niños y agricultores.
El modelo se fabrica con base en un generador para hacerlas explotar; fue inventado por el chileno Carlos Cardoen en los años 70. Cardoen vendió bombas de racimo a Etiopía durante la guerra de Mengistu contra los civiles de Eritrea; a los racistas sudafricanos a quienes ayudó a burlar el embargo de armas mediante la colocación de etiquetas made in Chile; a Zimbabwe en su lucha contra la guerrilla rebelde; a los fascistas croatas en la guerra contra Yugoslavia, y después se puso a experimentar con bombas de "combustible aire", llamadas la "bomba atómica del pobre".
En Estados Unidos la empresa Allian Techsystems, de Minesotta, produce desde 1984 las bombas de racimo CBU-87, como las usadas en Afganistán e Irak.
Graduado en ingeniería metalúrgica por la Universidad de Utah, Cardoen empezó con la fabricación de minas antitanques. En 1981 obtuvo la licencia suiza de la Mowag para armar dos prototipos de vehículos blindados anfibios (Piraña), casquillos de artillería y cohetes.
En la gerencia general de Industrias Cardoen de Santiago destacaban en los años 80 dos grandes fotografías. En la una figuraba el inventor estrechando la mano del presidente Saddam Hussein; en la otra el personaje sonríe junto al general Augusto Pinochet, quien en 1977 pidió a las empresas locales suplir el faltante tras la prohibición internacional de vender armas a la dictadura fascista.
Cardoen tiene una filosofía profunda y enternecedora: "Las armas no deberían existir. El problema está en los seres humanos que las utilizan", repite en las entrevistas como si fuese discípulo de Sun Tse, Mao o el general vietnamita Nguyen Giap. "Sin embargo -añade-, sería una grave irresponsabilidad cerrar o terminar con la fabricación de armamentos."
Los gobiernos de la concertación, a los que ha regalado millones de dólares, y en particular el presidente Ricardo Lagos, ponderan a Cardoen como un "hombre de éxito". Y además, súper culto. La semana pasada Isabel y Ángel Parra, hijos de Violeta que ya no distinguen "el negro del blanco", agradecieron al alcalde pinochetista Joaquín Lavín el comodato por 30 años donde funcionará el Museo Violeta Parra, sostenido por la Fundación Cardoen.
"¡Por fin un museo para que se le devuelva la obra de Violeta al pueblo de Chile!", dijo Ángel. "La obra de Violeta nos pertenece a todos los chilenos", declaró Lavín. En los años 60 Nicanor, hermano de la poetisa, publicó el famoso antipoema “La izquierda y derecha unidas/ jamás serán vencidas”. Fue escrito mientras Violeta cantaba acerca de lo que se tiene que hacer:
cuando nos venden la patria como si fuera alfiler quiero un hijo guerrillero que la sepa defender.
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23/04/2004
AMÉRICA LATINA: LA PATRIA INCONCLUSA (I)
(Conferencia brindada en el Paraninfo de la Universidad Mayor de San Andrés, La Paz, Bolivia, el 24 de septiembre de 2003, por Andrés Soliz Rada. (Periodista, abogado, ex legislador nacional -Diputado y Senador por Conciencia de Patria de 1989-2002. Columnista de PSI).
Nota de Mirando al Sur:Por razones de extensión publicaremos esta magnífica conferencia de Andrés Soliz Rada en tres partes. De ese modo, creemos, facilitaremos la lectura y la comprensión de un documento que consideramos fundamental para el mejor entendimiento de la doctrina nacional latinoamericana, que tiene en Soliz Rada a uno de sus más brillantes exponentes.
PRIMERA PARTE
Política y Derecho en los procesos de integración latinoamericanos
Considero oportuno iniciar esta disertación con un homenaje al historiador argentino Jorge Abelardo Ramos, autor, entre muchos libros, de “América Latina un País”, en el que, a diferencia de todo lo escrito hasta entonces, 1949, sostiene que la autodeterminación de los pueblos en América Latina es el derecho a unirse, como la única posibilidad de que el sub continente adquiriera personalidad y presencia importante en el agitado acontecer contemporáneo. Diecinueve años más tarde, vale decir en 1968, “América Latina un País” se transforma en la primera edición de la “Historia de la Nación Latinoamericana”, obra fundamental para entender nuestro atraso, pero también para pergeñar un futuro promisorio. Es verdad que antes de Ramos hubo diversos impulsores académicos de la unidad de América Latina, pero el escritor argentino fue el primero que transformó radicalmente el concepto leninista de la autodeterminación como el derecho a separarse, por el derecho a unirse, a fin de construir los Estados Unidos Latinoamericanos. La otra enorme contribución de Ramos consistió en unir dos figuras aparentemente enfrentadas en la historia de las ideas: Carlos Marx y Simón Bolívar. Es sabido que el autor de “El Capital” escribió en la Enciclopedia Americana la ficha bibliográfica del Libertador de cinco Naciones y que en ese texto Marx trata a Bolívar de manera injusta y despectiva. Ramos, en lugar de desorientarse por los adjetivos de Marx, explica que la grandiosa idea de la Patria Bolivariana necesita de la dialéctica, entendida, en la concepción de Engels, como herramienta para comprender y transformar la realidad, lo que, en el acontecer latinoamericano, quiere decir el instrumento de análisis que permita identificar y vencer los obstáculos que han impedido e impiden la articulación económica y política de nuestras provincias fragmentadas. Ramos, sin negar la importancia del pensamiento Occidental, enseñó, asimismo, la necesidad de que los latinoamericanos pensemos con cabeza propia, de manera que las inevitables influencias foráneas pasen por el filtro de nuestro cerebro crítico, desechando lo que nos separa y adoptando lo que nos fortalece y nos une. Por esta razón hizo suya esta divisa de Simón Rodríguez, el maestro del Libertador: “o creamos o erramos”, la cual repite en sus escritos de manera casi obsesiva. Sobre la base de esas premisas, el historiador argentino afirma, siguiendo a Lenin, que la contradicción fundamental de nuestro tiempo, en los países sometidos, no es la que enfrenta al socialismo con el capitalismo, en lo externo, ni a la burguesía con el proletariado, en lo interno, sino a las naciones opresoras con las naciones oprimidas. No es que este planteamiento niegue la lucha de clases, sino que ella no tienen un papel separado de la contradicción fundamental, al existir clases sociales al servicio del imperialismo y clases sociales al servicio de la nación oprimida. Es importante destacar que los planteamientos de Ramos, conocidos como los de la Izquierda Nacional Latinoamericana, no se desmoronaron junto al muro de Berlín, en 1989, como ocurrió con otras propuestas revolucionarias, sino que mantuvieron y mantienen plena vigencia. En consecuencia, si el imperialismo, hoy oculto detrás de la palabra “globalización”, es el enemigo principal de la unidad latinoamericana, corresponde estructurar movimientos patrióticos, capaces de aglutinar al conjunto de la nación oprimida, con la sola exclusión de los agentes de la explotación extranjera. Como resulta fácil suponer, esta línea de pensamiento, enfrentó a Ramos con el “establishment”, así como con los dogmáticos repetidores de modelos políticos ajenos a nuestra realidad. Según Ramos, la conquista hispana no encontró en el nuevo continente una “nación” constituida, sino un conjunto de sociedades y grupos étnicos en diversos estadios de evolución, los que lentamente se van conociendo entre sí gracias al común denominador de la lengua castellana. El reconocimiento de este hecho no implica desconocer u olvidar los genocidios y abusos de los conquistadores, muchas veces encubiertos con el manto del catolicismo. La herencia religiosa de España es aún muy importante, aunque debilitada por las iglesias evangélicas de raíz sajona. En cambio, el idioma castellano sigue siendo el vínculo cultural más importante entre los latinoamericanos y entre estos y la península Ibérica. Como es fácil de prever, el pensamiento de Ramos no ha permanecido estático. Quienes nos declaramos sus seguidores en Bolivia observamos la restringida importancia que otorgó a nuestras raíces milenarias. De ahí que en Bolivia incorporamos a su pensamiento el rescate indomestizo de nuestra sociedad, que nos permite añadir a nuestro sistema de ideas los valores de nuestro ancestro andino, sin olvidar que, vía mestizaje, somos también herederos de los enormes aportes del viejo continente a la cultura universal.
Consecuencias de la balcanización
Ramos sostiene que España no exportó su feudalismo a Indoamérica (esta expresión fue acuñada por Víctor Raúl Haya de la Torre), sino un capitalismo mercantil, fundado en la esclavitud y en el trabajo servil. La falta de una burguesía latinoamericana, capaz de acaudillar los procesos de independencia de España, y las fuerzas centrífugas encarnadas en oligarquías retrógradas, que heredaron los privilegios de los encomenderos, así como la succión descontrolada de los recursos naturales impidieron concretar el ideal bolivariano. Tengamos presente que, en los inicios del siglo XIX, la revolución burguesa también fue derrotada en España, lo que precipitó el estallido de los movimientos independentistas en “nuestra” América, como decía José Martí. Lo anterior explica el por qué la revolución latinoamericana tuvo un carácter inmaduro y fragmentario. El mexicano José Vasconcelos describió el hecho con estas palabras: “Nuestras naciones surgieron a la vida independiente como los restos de un naufragio ... cada nación iberoamericana, si se exceptúa a Brasil, aparece como un aborto antes que como un fruto. La madre enferma que era España no tuvo poder para arrojar de tierras y mares a los agentes ingleses que nos urgían a la discordia, y salimos a la vida obligados por el fórceps de la intriga extranjera antes que el pellejo adquiriera consistencia”. Norberto Galasso, discípulo de Ramos en la Argentina, describe esta situación con las siguientes palabras: “... el pensamiento unificador de Bolívar, San Martín, Artigas o Padilla fue derrotado por la ausencia de una burguesía nacional y por la presencia más bien de oligarquías centrípetas que balcanizaron a la América Latina, de acuerdo al interés de Estados Unidos e Inglaterra ... Lo que pudo ser la victoria de la Patria Grande se convirtió en las veinte derrotas de las patrias chicas”. Ramos acota lo siguiente: “De la disgregación nacieron las pequeñas patrias, estas miserables y arrogantes ‘naciones’, pavoneándose de sus ejércitos sin armas, sus aduanas de bajas tarifas, sus territorios desolados y sus monedas permanentemente devaluadas y las prolijas fronteras de los incontables ‘principados de Luxemburgo’, que colorean en el mapa gigante”. Galasso añade que “sólo hace falta el sentido común para advertir que el fabuloso desarrollo de los Estados Unidos de Norte América no se hubiese producido si en lugar de la nación poderosa que emergió de la guerra de secesión hubieran existido 13 republiquetas, sobre la base de los 13 estados que estuvieron presentes en la fundación de su república. Y mientras el norte progresaba y se expandía sin cesar, a costa de la nación latinoamericana inconstituida, el analfabetismo y la miseria hacían presa de sus provincias aisladas. Se apagaban esplendentes focos de cultura -como el de Charcas--, regiones ricas se convertían en zonas pobrísimas, grandes núcleos de población se transformaban en desiertos, las artesanías desaparecían ante la victoriosa entrada del artículo extranjero... los veinte nacionalismos impotentes expresaban la ausencia del único nacionalismo soberano posible: el nacionalismo latinoamericano”. Dice Ramos: “Los 30 años posteriores a nuestra independencia constituyen el espectáculo tragicómico de una nación despedazada, cuyos muñones y órganos imitan los gestos y movimientos de seres normalmente conformados. Aparecen escudos, símbolos, monedas, mapas, uniformes, estampillas, libros geográficos y textos de historia nacionales tan contrahechos como las geografías mutiladas”. Y concluye Galasso: “América Latina sufrió (a raíz de su balcanización), todos los métodos imaginables de la succión de plusvalía. Desde la estafa hasta las concesiones leoninas, pasando por los contratos tramposos, los préstamos condicionados, los sobornos, la intermediación de ‘respetable’ organismos internacionales, hasta la invasión de los marines y la moderna intervención de la CIA. A la penetración económica siguió la penetración cultural. La mano del imperialismo se introdujo en las redacciones de los grandes diarios, ingresó en las universidades, se filtró a través de las fundaciones seudo científicas y editoriales misteriosas, oprimió los cerebros de los ensayistas y congeló el corazón de los poetas. Generó una pléyade de brillantes escritores que dan la espalda a América Latina y sólo se ocupan de las ‘innovaciones’ europeas. Analistas políticos especialistas en chismes, que jamás hablan del imperialismo. La historia de la Patria Grande quedó destrozada en una veintena de historias chicas, relatadas en manuales incomprensibles. Así se formaron economistas coloniales en Harvard, escritores coloniales en París, gremialistas coloniales en la ORIT y soldados coloniales en las escuelas de Panamá. La mayoría de esos intelectuales no elaboraron, remedaron; no produjeron luces, distribuyeron sombras” (Citas del folleto “La Caracterización de Bolivia y la Contradicción Fundamental” de Andrés Soliz Rada. Ediciones “Octubre”. 1978. La Paz-Bolivia. Páginas 3, 4 y 5). Permítanme una brevísima digresión personal: Al final de su vida, Ramos aceptó el cargo de Embajador de la Argentina en México durante el gobierno de Menem, lo que originó nuestro distanciamiento político. Hoy en día seguimos pensando que fue un error aceptar la representación diplomática de un gobierno tan sumiso a EEUU y que liquidó las empresas estratégicas argentinas. Pese a ello, estimamos que la herencia de sus ideas pesa mucho más que sus errores de coyuntura.
Aporte de Bolivia al pensamiento antiimperialista
Carlos Montenegro es la figura cumbre del nacionalismo revolucionario de Bolivia. Nadie duda que su “Nacionalismo y Coloniaje” sea el ensayo político más importante escrito en nuestro país en la primera mitad del Siglo XX. Muchos ignoran, en cambio, que otras dos obras del mismo autor: “Las Inversiones Extranjeras en América Latina” y “La Hora Cero del Capitalismo” aportan denuncias fundamentales sobre la opresión imperialista. El ideólogo demuestra en esas obras que, contrariamente a lo que se cree, las inversiones extranjeras en América Latina y en el resto del denominado “Tercer Mundo” no obedecen a móviles filantrópicos, caritativos o humanistas. Llegan, simplemente, porque saben que obtendrán mayores utilidades que en sus países de origen. Montenegro demuestra que en la vanguardia de acciones tan vergonzosas, como la invasión de EEUU a México, que, en 1835, le arrebatara Nueva México, Arizona, Texas y la baja California, se hallaban capitalistas norteamericanos que impulsaron esa acción de armas. Ni qué decir de las maniobras militares, económicas y políticas que culminaron con la segregación de la Provincia de Panamá del territorio colombiano, a fin de construir el canal interoceánico sin interferencias del gobierno de Bogotá. Montenegro desmiente que la Doctrina Monroe hubiera sido inspirada en el afán norteamericano de defender a Latinoamérica de las asechanzas europeas, ya que, en realidad, sirvió para que EEUU facilitara el cobro de deudas asumidas con Europa. En consecuencia, esa Doctrina convirtió a Washington en el cobrador compulsivo e implacable de esas deudas. En muchos casos, EEUU pagó esas obligaciones de manera anticipada, para, con el pretexto de recuperar su dinero, invadir y ocupar las aduanas y los territorios de Haití, Santo Domingo, Nicaragua o República Dominicana. Esa complicidad euro-norteamericano hace que Montenegro titule el capítulo relativo a la Doctrina Monroe en su libro sobre la inversiones extranjeras, “América Latina para los europeos”. Si se piensa que la anexión de Puerto Rico, la enmienda Platt para Cuba o la intervención en Guatemala son hechos irrepetibles, se olvida que, en 1973, la CIA norteamericana derrocó a Salvador Allende y que en las últimas décadas el Departamento de Estado ha instalado cruentas dictaduras en América del Sur y en el Caribe y que, hoy mismo, a través del Acuerdo de Libre Comercio de las Américas (ALCA), ha resuelto mantener su dominación o, lo que es lo mismo, impedir la integración de nuestras patrias desmembradas. De lo expuesto se deduce que, según Montenegro, el nacionalismo y el antiimperialismo son conceptos sinónimos. Esta idea fue compartida por el cuatro veces ex presidente Víctor Paz Estenssoro, quien, según su biógrafo Guillermo Bedregal Gutiérrez, hoy Embajador en España, definió al Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR), antes de la Revolución del 9 de abril de 1952, como “instrumento de ejecución de los anhelos de todo el pueblo boliviano con la única excepción de los sirvientes del imperialismo” (Guillermo Bedregal: “Víctor Paz Estenssoro, el Político”. Fondo de Cultura Económica. México. 1999. Página 173). Ahora el MNR ha sido transformado por Gonzalo Sánchez de Lozada (GSL) en instrumento de ejecución de los anhelos del imperialismo en contra del pueblo boliviano.
Viernes, 23 de Abril de 2004 19:35 ;?> Hay 1 comentario.
VIGENCIA DE ENRIQUE LIHN
Por Aristóteles España
Con Enrique Lihn nos tocó participar en el primer encuentro de artistas por la democracia en 1983 en Padre Hurtado. Organizamos cada detalle de las ponencias, actuaciones, diálogos, tertulias, junto a Jorge Narváez, Lautaro Labbé, Diego Muñoz, Antonio Cadima, María Maluenda. Artistas de la literatura, la plástica, el teatro aglutinados en torno a la idea de darle un contenido mayor a la lucha contra la dictadura.
Lihn tenía un gran sentido histriónico y sus intervenciones eran un espectáculo aparte. El poeta Rodrigo Lira lo imitaba en público y provocaba una risotada general en los auditorios culturales del Santiago de los 80. El autor de “La pieza oscura”, era un polemista inteligente y un creador innato, de aquellos tocados por la vara de los dioses como le gustaba decir a Rolando Cárdenas. Siempre nos pareció que este libro, escrito entre 1956 y 1962 es uno de los grandes poemas escritos en Chile. Monólogos dramáticos con tonos elegíacos en muchos de ellos.
Pedro Lastra en su libro “Conversaciones con Enrique Lihn” dice que “la pieza oscura es el poema central del libro, el que le confiere la unidad de una constelación; y esto no solo o únicamente por su ritmo semántico sino por la tonalidad del fraseo verbal, de un ritmo fónico que atraviesa el conjunto. Yo creo que casi todos los textos, descontadas sus particularidades en otros planos, ingresan de algún modo en la atmósfera que se proyecta desde allí”.
Nuestra admiración por este poema viene desde Punta Arenas, ciudad que el escritor visitó y donde escribió textos notables, entre ellos uno dedicado al cementerio de esa ciudad. A comienzos de la década del 70, en los talleres literarios de la patagonia descubrimos este libro dotado de una fuerza impresionante y tan poco conocido por las actuales generaciones.
Enrique Lihn nace en Santiago el 3 de septiembre de 1929. Parte de su infancia transcurre en la casa de la abuela materna y comparte aficiones artísticas con su tío el pintor Gustavo Carrasco.
En 1942 ingresa a la Escuela de Bellas Artes de Santiago como estudiante libre de dibujo y a los 20 años publica su primer libro “Nada se escurre”. Compañero generacional de Jorge Teillier, Martín Cerda, Armando Uribe Arce, Efraín Barquero, su obra ha sido traducida a varios idiomas y es reconocido como un artista innovador que exploró géneros como el teatro, el comic, la novela, el ensayo, el cuento.
Vivió en Cuba y París, pero al poco tiempo regresó a Chile donde se transformó en editor de revistas, profesor investigador de la Universidad de Chile, cronista de diarios, realizador de videos.
Lihn fue también un gran sonetista, ese género que cultivaron con maestría Góngora y Quevedo. Dice el poeta: “Yo empleé el soneto para hablar desde el terror, en opresión, el soneto barroco, esa prótesis verbal que yo actualizo a fuerza de distorsionarla. Los sonetos del Siglo de Oro son ya piezas canónicas. Para tomarse las libertades que ellos se tomaron y prolongar su gesto trasgresor hay que empezar por agredir a esos poetas: en la cárcel de los cuartetos y tercetos la palabra tiene que hacer movimientos inesperados”.
Enrique Lihn fallece en Santiago el 10 de julio de 1988. Al año siguiente Adriana Valdés y Pedro Lastra publican Diario de Muerte, su último libro que empezó a escribir el primer día que supo que le quedaba poco tiempo en este mundo. Al enterarnos de su deceso en Buenos Aires organizamos un evento con poetas argentinos y leímos su texto “Por qué escribí, estoy vivo”.
Viernes, 23 de Abril de 2004 19:34 ;?> No hay comentarios. Comentar.
24/04/2004
AMÉRICA LATINA: LA PATRIA INCONCLUSA (II)
Andrés Soliz Rada
Luces y sombras de los movimientos nacionales latinoamericanos
Ante la imposibilidad de avanzar de manera conjunta hacia la integración latinoamericana, surgieron después de la gesta independentista de Bolívar y San Martín importantes discípulos suyos. En Bolivia, emergió la figura del mayor de nuestros estadistas, el Mariscal Andrés de Santa Cruz y Calahumana, hijo de un hidalgo español y de una princesa aymara, quien intentó forjar la Confederación Perú - Boliviana, como una forma de ir soldando las piezas de la Patria Grande. Santa Cruz fracasó en su intento, pero su legado está vigente al recordarnos, hoy en día, que Bolivia y Perú deberían aunar esfuerzos, para defender de manera coordinada el gas existente en sus territorios, a fin de que las transnacionales, vinculadas a los centros de poder mundial, no se aprovechen de ella, de modo excluyente, como ocurrió en el pasado con el oro, la plata, la quina, la goma, el petróleo y el estaño. La experiencia crucista, como sabemos, fue aplastada sin miramientos por las oligarquías de Chile, Perú y Bolivia, las que sí supieron actuar de manera unitaria. Los movimientos de liberación nacional en los países coloniales y semi-coloniales se abren paso sobre todo en épocas en que las potencias mundiales están ocupadas en preparar sus guerras inter-imperialistas, en medio de ellas o al finalizar las mismas, por encontrarse aún debilitadas. Tales movimientos necesitan, sin embargo, de motivaciones propias. Como ocurrió con la Revolución agrarista mexicana, iniciada en 1910, o con la Reforma Universitaria de Córdoba, de 1918, que unió la protesta contra la enseñanza dogmática con consigna de la unidad de América Latina. En este último aspecto, resulta esencial la contribución del también argentino, Manuel Ugarte, figura eximia en la terca obsesión por concretar el sueño de Bolívar. En Bolivia, la primera guerra mundial, la debacle financiera de 1929 y la fratricida guerra del Chaco, que desnuda las miserias de la oligarquía minero-feudal, explican el surgimiento de corrientes nacionales encarnadas en militares como David Toro, Germán Busch y Gualberto Villarroel, quienes crean las condiciones para la Revolución de 1952, el acontecimiento más importante de nuestra historia republicana. La segunda guerra mundial incidió en el surgimiento del peronismo argentino, que logró, sobre la base de una creativa alianza entre Fuerzas Armadas y clase trabajadora, nacionalizar los ferrocarriles ingleses y promover la industria liviana, recortando el excedente que durante décadas benefició a su oligarquía vacuna, aliada al capitalismo inglés. Perón postuló la defensa conjunta de las economías de Argentina, Brasil y Chile, concebida como un bloque capaz de contener las interminables asechanzas euro- norteamericanas. Correspondió al propio general Perón formular esta frase profética: “El año 2000, encontrará a los latinoamericanos unidos o dominados”. El pensamiento revolucionario peruano tuvo entre sus figuras prominentes a José Carlos Mariátegui, empeñado en indianizar al marxismo, y en el indoamericanismo de Víctor Raúl Haya de la Torre, quien, sin embargo, en lugar de asumir la posición del neutralismo en la segunda guerra mundial, prefirió claudicar al apoyar a la coalición ruso-norteamericana. El neutralismo permitió al general Lázaro Cárdenas nacionalizar, en 1938, el petróleo mexicano. Un año antes, en 1937, el general David Toro decretó la caducidad de las concesiones de la todopoderosa Standard Oil de Nueva Jersey. En consecuencia, corresponde a Bolivia el mérito de haber llevado a cabo la primera nacionalización de una transnacional petrolera en el Continente. Los choques bélicos interimperialistas permitieron que triunfen movimientos anticoloniales en otras latitudes, como en la India de Gandhi o en la Indonesia de Sukarno. En la segunda mitad del Siglo XX, el nacionalismo latinoamericano ha continuado generando movimientos antiimperialistas aislados y desconectados, pero no menos heroicos. Estamos pensando en el Panamá de Torrijos, en el Perú de Velasco Alvarado, en la Bolivia de Ovando y Torres, en el Chile de Allende, en la Cuba de Fidel Castro, más allá de la polémica que inevitablemente se abre al juzgar a la revolución caribeña. Existió en esta lucha por las ideas bolivarianas periodos de desesperación, cercanos al suicidio. Quien puede negar el heroísmo de un Ernesto Guevara y de miles y miles de combatientes que inmolaron su vida por la liberación de nuestros pueblos, lo que no impide constatar que el voluntarismo guerrillero no reemplaza la lucha organizada de los pueblos. Ahora sabemos con más claridad que antes que América Latina necesita triunfos, no mártires.
¿Cuánto han cambiado las cosas?
Vladimir Ilich Lenin, en su libro clásico: “El Imperialismo, Fase superior del Capitalismo”, cita esta frase de Cecil Rhodes, célebre financista inglés y, en ese tiempo, Primer Ministro en la ciudad de El Cabo, en África del Sur: “La idea que yo acaricio es la solución del problema social, es decir que para salvar a los 40 millones de habitantes del Reino Unido de una sangrienta guerra civil, nosotros, estadistas coloniales, debemos obtener nuevas tierras donde instalar el exceso de población, donde encontrar nuevos mercados para los productos de nuestras fábricas y minas. El imperio, como siempre lo he dicho, es una cuestión de estómago. Si se quiere evitar la guerra civil hay que convertirse en imperialistas”. Resulta claro que la succión de los excedentes económicos de las colonias y semicolonias amortigua la lucha de clases en las metrópolis, en las que, al distribuirse el botín entre las burguesías y el proletariado, así sea de manera desigual, emergen direcciones obreras reformistas que se convierten en cómplices de la explotación de las naciones oprimidas. En ese marco, la democracia, entendida como la forma de gobierno más avanzada que conoce la humanidad, es manipulada por las metrópolis en su propio beneficio. Para confirmar lo anterior, obsérvese cómo George W. Bush usó la supuesta defensa de la democracia para bombardear Afganistán e Irak, sin el respaldo, en este último caso, de las Naciones Unidas. Por esos los leninistas decían que en una guerra entre una monarquía tercermundista y una metrópoli democrática, los revolucionarios dignos de tal nombre debían apoyar a la monarquía, por dictatorial que sea, y oponerse a la metrópoli, aunque esté gobernada por laboristas o socialdemócratas. Lo anterior sirve para reiterar que en la medida en que disminuye la succión del excedente que fluye a los imperios, en esa misma medida es posible pensar en un nuevo orden económico internacional, más humano y más justo. Pero volvamos a la pregunta inicial: ¿Cuanto han cambiado las cosas desde los tiempos de Lenin? Sobre el particular, conviene recordar al conocido jurista, politólogo, escritor, periodista y diputado eurocomunista francés, Maurice Duverger, quien, en su libro: “Carta a los Socialistas” (Ediciones “Martínez - Roca S.A.”. Barcelona-España- 1976. Páginas 149, 150 y 151), dice lo siguiente: “Hemos hablado del socialismo en la nación francesa o en el conjunto europeo. No hemos hablado del socialismo en otras naciones. Una Francia socialista, una Europa socialista no dejarán de ser islas privilegiadas en medio de un océano de servidumbre, de desigualdad, de penuria. El socialismo democrático transformaría la vida en el interior de una nación industrial o de un grupo de naciones industriales. No transformaría la vida de los países subdesarrollados. No suprimiría la enorme distancia que los separa de las naciones industrializadas. Pondría fin a la explotación de los pobres por los ricos, no a la explotación de los países pobres por los países ricos”. “Una nación o un grupo de naciones socialistas, prosigue Duverger, serían más generosas con el Tercer Mundo. No sería mucho más que una caridad, tal como la practicaban los burgueses bienpensantes del Siglo XIX. Igualar los niveles de vida entre naciones equivaldría a sumergir el reducido grupo de países adelantados en la marea de países atrasados, frenando el progreso de todos. Los ciudadanos de las naciones avanzadas, aunque sean socialistas, no se prestarán a ello. Para construir un socialismo auténtico, concluye el politólogo francés, la primera condición es librarse de ilusiones acerca del socialismo”. Como puede advertirse, con las actuales reglas de juego, ni aún con el triunfo del socialismo en el viejo continente, los países coloniales y semicoloniales en general, y América Latina, en particular, pueden esperar cambios profundos en su destino, sobre todo si hacen depender esos cambios de países interesados en mantener la balcanización de América Latina.
De Cecil Rhodes y Duverger a George Bush
Podría pensarse que con el correr de los años y una mayor conciencia mundial acerca de la equidad y la justicia social se producirían cambios importantes en la actitud de los centros de poder económico con relación a los países explotados. Infelizmente, los resultados son exactamente inversos. Está claro que la última invasión norteamericana a Irak, sin el respaldo de Naciones Unidas, hizo retroceder al derecho internacional al tiempo de las cavernas, ya que implicó el desconocimiento expreso de principios fundamentales como son el respeto a las soberanías nacionales, a la autodeterminación de los pueblos y la no ingerencia de un Estado en los asuntos internos de otro. ¿Qué diferencia hoy en día a Bush del expansionismo hitleriano? Lo que lastima aún más de los últimos actos de barbarie son los pretextos utilizados para la agresión, como la supuesta existencia de arsenales de armas químicas en Irak o que el régimen de Sadam Hussein era un peligro militar para EEUU. Bush piensa que pueda liberarse de su responsabilidad aduciendo que los informes que recibió de la CIA no eran correctos. ¿Servirá de algo ese pretexto a los cientos de miles de víctimas inocentes, a viudas y huérfanos, asesinados con bombas “inteligentes”? Es lamentable que esos actos demenciales hubieran contado con el apoyo de España e Inglaterra. Ojalá el repudio universal a esa política agresiva sirva para que ningún país del mundo vuelva a respaldarlas. Esta es tal vez la primera condición para que actos terroristas caracterizados por su brutalidad, como lo fueron los atentados a las torres gemelas de Nueva York, del 11 de septiembre de 2001, no se repitan en ninguna parte. En noviembre de 2002, el Presidente norteamericano hizo estas afirmaciones: “Soy el comandante. No necesito explicar por qué digo las cosas. Esto es lo interesante de ser presidente. Puede ser que alguien sienta la necesidad de explicarme por qué dice algo, pero yo siento no deberle a nadie una explicación”. (Semanario “Pulso”, del 29 de noviembre al 5 de diciembre de 2002). Sólo semejante autoritarismo, que hace retroceder el pensamiento humano a los tiempos de Gengis Kan, puede explicar el por qué EEUU ha resuelto no apoyar el funcionamiento de la Corte Penal Internacional (CPI), considerada como otro de los avances de nuestro tiempo, destinados a acercarnos a los ideales de dignidad y de justicia. Pero para Bush no es suficiente no respaldar a esa Corte, sino que, además, está presionando, uno por uno, a cada uno de los países latinoamericanos, para que acepten la inmunidad de los soldados norteamericanos que podrían desembarcar en nuestros territorios. En esa conducta, se inscribe, asimismo, la decisión estadounidense de no suscribir el protocolo de Kyoto, que busca detener los daños, al parecer irreparables, que están causando a la humanidad los cambios climáticos. Cabe denunciar, asimismo, que los gobiernos de Washington utilizan la lacra del tráfico de drogas para incrementar el sometimiento de nuestros pueblos. Centenares de analistas han advertido que EEUU se niega, de manera sistemática, a eliminar el lavado de dólares procedentes del narcotráfico, debido a que el 50% de los dineros que tienen ese origen son “legalizados” en Bancos norteamericanos. En lugar de esta medida sensata, Washington prefiere militarizar extensas zonas de Colombia, Bolivia o Perú, ya que lo anterior le sirve para digitar a las Fuerzas Armadas y policías de los países nombrados. Para mantener cierto equilibrio en el análisis de las asechanzas actuales que pesan sobre América Latina debemos reconocer que ellas no provienen sólo de Estados Unidos, sino que, en varios rubros, se entremezclan con intereses europeos. Tengamos en cuenta que en la Argentina, por ejemplo, se ha denunciado la intencionalidad de Bancos norteamericanos y del viejo continente de obligar al gobierno de Buenos Aires a pagar su enorme deuda externa con la entrega del territorio patagónico, cuyos preciados recursos naturales aún no están debidamente cuantificados. El parlamento argentino ha dedicado varias sesiones a analizar los alcances de esa denuncia. En otro momento, dos prominentes economistas del Massachussets Institute of Technology (MIT), Rudiger Dombusch y Ricardo Caballero, propusieron que el gobierno de Eduardo Duhalde entregue el manejo del Banco Central a tecnócratas del Primer Mundo (“Página 12”, de Buenos Aires, del 17 de abril de 2002). Si alguien se extraña por estos datos, bastaría que tome en cuenta las presiones cotidianas del Fondo Monetario Internacional (FMI) y otros organismos contra los países de la periferia económica del planeta. Tuvo razón el general Perón cuando dijo que “el FMI es el engendro del imperialismo para dominar a nuestros pueblos”. También estremece el descaro con que las grandes potencias nos empujan a practicar el libre comercio, sin restricciones, cuando, de manera paralela, ejercen, bajo el paraguas de la Organización Mundial del Comercio (OMC), el proteccionismo agrícola más desembozado, que es, justamente, el rubro en que los países del sur tienen ventajas comparativas. Claro que el rubro agrícola no es el único en el que aparecen estas distorsiones. Si no pregúntese a los brasileños las ilegales barreras económicas que deben vencer cuando quiere vender acero al mercado norteamericano .Pero si de locuras se trata, cómo no mencionar la persistencia de las grandes potencias de seguir fabricando armas, atómicas y convencionales, mientras de dientes para afuera aparecen como defensoras de la paz mundial. Deseo formular una rápida referencia a la actuación del famoso juez español Baltazar Garzón. Estimo que América Latina tiene una deuda con este personaje, ya que gracias a sus acciones hubo un sacudón en nuestros gobiernos para no dejar impunes a dictadores, torturadores y asesinos. Sin embargo, aún no está claro de donde emerge el derecho de un juez de un país para juzgar a personas de países distintos. Si la acción de Baltazar Garzón se llevara a cabo dentro de las prescripciones de la Corte Penal Internacional no habría problema alguno. Como ello no es así, surgen, entre otras, estas preguntas: ¿Se atreverá alguna vez el juez Garzón a enjuiciar a genocidas del primer mundo, por hechos cometidos, por ejemplo, por ingleses y norteamericanos en Irak y por estos últimos en Vietnam? ¿Por qué no dice nada acerca de los autores de matanzas ocurridas durante la guerra civil española, sobre todo después que en las últimas semanas aparecieron fosas comunes con centenares de personas, como informó el Boletín “Rebelión”, de Uruguay, el l0 de agosto pasado? ¿Se permitirá alguna vez a un juez de un país semicolonial enjuiciar a violadores de derechos humanos del primer mundo? Por ahora, dejo la pregunta seguida de puntos suspensivos.
Sábado, 24 de Abril de 2004 19:32 ;?> No hay comentarios. Comentar.
IRAK
DE LA LÁGRIMA A LA REBELIÓN
Por Pedro Godoy P. Centro de Estudios Chilenos
Cuando todo parecía perdido y la esperanza de sacudirse del yugo colonial una quimera un pueblo, según Condolessa Rice, ubicado “en un obscuro rincón del planeta” devuelve la esperanza a los “condenados de la tierra”. Casa por casa, barrio por barrio, villorrio por villorrio, ciudad por ciudad hoy se combate en Irak. El suelo que vio florecer por vez primera la civilización a orillas del Tigris y del Eufrates enarbola bandera negra. Cócteles Molotov y metralletas Aka, misiles desplazados desde el lomo de borricos y bazookas antitanques... jaquean a la coalición angloyanqui. Se ha visto obligada a pedir un armisticio con lo cual eleva el status de la insurgencia patriótica.
Niños y ancianos, hombres y mujeres, indigentes y adinerados, baathistas e islámicos, fedayines y mujadines integran el Frente Nacional en medio de la sangre que ya reemplaza a la lágrima. El heroísmo desnudo –aquel que seducía a Paul Nizan- está presente en ese escenario donde el primermundismo quizo una victoria arrolladora y hoy cosecha derrotas. Quizás no se esté en la víspera de la ofensiva Tet que precipita la caída de Saigón, pero la insurrección de Irak es generalizada. Está en juego la aspiración presidencial del mayor terrorista de nuestro tiempo: George W. Bush. Ya Aznar pierde la jefatura del gobierno y se anuncia el retorno de las tropas hispanas.
La ciencia militar se ha enriquecido con una estrategia no imaginada por Ho ni Mao. Consiste en llevar el amedrentamiento a la entraña misma del adversario. Las Torres Gemelas, el Metro de Moscú y el Teatro Bolshoi, el nudo ferroviario de Madrid. Sin duda, represalias atroces tanto como el arrasamiento por la artillería primermundista de aldeas afganas, chechenas e iraquíes. Se alude al terror. En efecto existe y de ambos contrincantes. Nos pronunciamos por erradicarlo. Ello no es óbice para hoy, desde este otro “polvoriento rincón de la humanidad sumergida”, se brinde un aplauso a aquellos corajudos partisanos.
Sábado, 24 de Abril de 2004 19:30 ;?> No hay comentarios. Comentar.
25/04/2004
AMÉRICA LATINA: LA PATRIA INCONCLUSA (III)
Andrés Solíz Rada - Tercera y última parte
Globalización y Ongs
El panorama apretadamente descrito está encubierto por la palabra “globalización”, que no es otra cosa que la acepción moderna del imperialismo. Según los “globalizadores”, los Estados nacionales están en decadencia, de manera que la pasada dependencia de los países sometidos ha sido reemplaza por la interdependencia entre todos los países del mundo. Quienes formulan esa aseveración, deberían responder esta pregunta. ¿Alguien ha visto que al producirse fuga de capitales de Rusia, Argentina, Brasil, México o Japón, estos huyan a Tanganica, Haití o Bolivia? ¿No es acaso evidente que esos dineros fugan indefectiblemente a los centros de poder mundial? No es verdad que los Estados nacionales estén en proceso de decadencia en todas partes del mundo. Es cierto que agonizan en muchos países periféricos, sobre todo a partir del denominado “Consenso de Washington”, de 1989, pero es evidente, asimismo, que los Estados de los centros de poder mundial son cada vez más poderosos y que la “globalización” es el taparrabos de las grandes potencias para ejercitar sus políticas de siempre. Sobre esa supuesta interdependencia, el “Financial Times”, del 10 de mayo de 2002, informó que de las 500 compañías más grandes del mundo, casi todas son norteamericanas o europeas. Al desglosar el concepto, indica que el 48 por ciento de las empresas y bancos más importantes del mundo, son de Estados Unidos y 30 por ciento de la Unión Europea. Sólo el 10 por ciento restante pertenece a Japón. En otras palabras, casi el 90 por ciento de las corporaciones más grandes del mundo, en industria, banca y comercio, son estadounidenses, europeas y japonesas. El poder económico se concentra en estas tres unidades económicas geográficas, y no en conceptos vacíos como “Imperio”, sin Imperialismo o en “corporaciones multinacionales sin territorio”, como dice el italiano Antonio Negri. (“Página 12”, 5-06-02). El sometimiento de las colonias y semicolonias sería incompleto sino alcanzara a la mente de los dominados. Se ha dicho, desde hace tiempo, que las periferias envían materias primas a las metrópolis, a cambio de lo cual, reciben análisis periodísticos. Ese criterio aún tiene validez, siquiera parcial. Ha sido Pierre Bordeau quien ha explicado que, en el pasado, los grupos de poder manipulaban a la opinión pública ocultando y restringiendo información. Ahora, en cambio, la desorientan con exceso de información. Los medios de comunicación, cada vez más poderosos, tienen tal poder para confundir al receptor que, no pocas veces, éste es incapaz de distinguir los bombardeos a Irak o Afganistan de una película de ficción sobre las futuras guerras en el espacio. El retroceso de la libertad de expresión puede ser advertido, a nivel mundial, al comparar, desde el punto de vista informativo, la guerra de Vietnam con las de Irak. La de Vietnam fue objeto de amplia cobertura noticiosa. Como puede recordarse hojeando publicaciones de la época, en Vietnam hubo periodistas de medios escritos, radiales y televisivos de una enorme cantidad de países, que tenían enorme libertad de movimiento. Debió ser, además, la guerra en la que los reporteros gráficos lograron tomar fotografías admirables y filmaron documentales que seguirán siendo admirados por las próximas generaciones. El ejercicio de la libertad de información redundó en la publicación de reportajes, entrevistas, crónicas, análisis y críticas inscriptas en el más amplio espectro democrático. Sin embargo, el resultado fue el fortalecimiento creciente de corrientes de opinión contrarias a la guerra, que debilitaron la moral de los invasores. La lección fue aprendida por la Casa Blanca, ya que en las guerras contra Irak impuso férrea censura. Salvo minúsculas excepciones, el mundo fue informado a través de la CNN, digitada, obviamente, por el departamento de Estado. Esa misma CNN es la que orienta, con sutileza es cierto, acerca de elecciones en Uruguay, Chile y El Salvador, y nos dice, así sea de manera subliminal, cual debería ser nuestro candidato favorito. Es obvio, finalmente, que las transnacionales, al debilitar al máximo a los Estados nacionales de las periferias, han dejado vacíos que el capital financiero foráneo no tiene interés de llenar. Este detalle permite entender el por qué las obligaciones sociales, o en salud, educación y otras, desatendidas por gobiernos sumisos, están ahora a cargo de Organizaciones No Gubernamentales (ONGs). Llegó un momento en el gobierno nacional que era tan grande la dificultad de saber cuantas ONGs operaban en Bolivia, que se resolvió contratar a otra ONG para que hiciera ese trabajo. Las ONGs operan en Bolivia, y creo que en otros países vulnerables de América Latina, con tal grado de descontrol que se ha vuelto imposible promulgar una ley que fiscalice sus tareas. Cuando tratamos de hacerlo en la Comisión de Política Internacional de la Cámara de Diputados, las presiones de las Embajadas de EEUU y de los países europeos, así como de organismos internacionales nos convencieron de la imposibilidad fáctica de hacerlo. En síntesis, las potencias mundiales, transnacionales, organismos financieros internacionales, las ONGs y las grandes cadenas informativas, manejadas por los centros de poder, cierran el paso a la integración efectiva de América Latina.
La integración de América Latina: desafíos y perspectivas
Por lo expuesto, puede colegirse que no es lo mismo avanzar en la integración de Estados nacionales con alto grado de autonomía económica y ejercicio real de soberanía, como ocurre en Europa, que buscar la integración de Estados semicoloniales, incapaces de retener el grueso del excedente económico que generan nuestros pueblos y cuyas decisiones, en temas fundamentales, están sujetas a criterios y presiones foráneas. Lo anterior explica, por lo menos en parte, los fracasos, en unos casos, o, en otros, los escasos avances integradores en la región. Cabe advertir que las mejores perspectivas en materia de integración en América del Sur tuvieron lugar en gobiernos con mayores espacios de autodeterminación. Estamos hablando de lo que ocurrió con el Pacto Andino, a cuya fundación concurrieron, el 26 de mayo de 1969, Bolivia, Chile, Perú y Ecuador. El momento cumbre del Pacto Andino tuvo lugar un año después de su creación, con la aprobación de la denominada “Decisión 24”, mediante la cual se obligaba a las transnacionales a reinvertir parte de sus utilidades en los países en los que se habían asentado, dentro de una estrategia industrialista de América Latina, basada en la sustitución de importaciones, planteada por la CEPAL, a través de Raúl Prebisch. Lo anterior es incomprensible si se olvida que el 26 de septiembre de 1969, había tomado el poder en Bolivia el general Alfredo Ovando Candia, quien, con el respaldo de jóvenes nacionalistas, como Marcelo Quiroga Santa Cruz y José Ortiz Mercado, nacionalizó a la Bolivian Gul Oil Company, instaló hornos estatales de fundición de estaño y, sobre todo, elaboró una estrategia nacional de desarrollo, que, treinta y tres años después, es todavía un referente de lo que debería hacerse en Bolivia, si se quiere salir de la crisis que nos agobia. La “Decisión 24” es también incomprensible si se olvida que en esos años el Perú estuvo gobernado, a partir de 1968, por el general Juan Velasco Alvarado, quien dictó la primera reforma agraria en la historia de su país, nacionalizó la Banca, la minería, el petróleo y su industria pesquera, de manera que el Estado se convirtió en el rector de su economía. Chile estaba gobernado, en ese tiempo, por el demócrata cristiano Eduardo Frei Montalva, quien ya impulsó importantes medidas destinadas a incrementar la participación estatal en la minería del cobre, lo que fue profundizado aun más, en 1970, con la llegada al poder de Salvador Allende. Los derrocamientos de Ovando y de su sucesor en la misma línea nacionalista, el general Juan José Torres González, en Bolivia, de Juan Velasco Alvarado, en el Perú, y de Salvador Allende, en Chile, debilitaron profundamente al Pacto Andino. La “Decisión 24” fue anulada poco después, produciéndose, por orden del general Augusto Pinochet, el retiro de Chile del Pacto Andino. La incorporación de Venezuela al Pacto Andino, en 1973, no compensó el cambio de correlación de fuerzas producido en el Cono Sur latinoamericano. El cambio de nombre del Pacto Andino por el de Comunidad Andina de Naciones, en agosto de 1997, no implicó cambios a la situación descrita. El 26 de marzo de 1991. Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay suscribieron el Tratado de Asunción, punto de arranque del Mercado Común del Sur o Mercosur, al cual se asociaron después Chile, Bolivia y, hace pocos meses, Perú. Las perspectivas del Mercosur están asentadas en la potencialidad económica de Argentina y Brasil, los países de mayor desarrollo en América del Sur, los que, durante décadas, estuvieron geopolíticamente enfrentados, por prédicas disociadoras procedentes de Europa y Washington. Por fin en los últimos años las FFAA argentinas y brasileñas han dejado de trabajar en las hipótesis de conflicto que las tornaba, supuestamente, enemigas irreconciliables. Desde nuestro punto de vista, el Mercosur ha estado trabado en los dos gobiernos de Carlos Menem en la Argentina, caracterizado por la privatización de sus industrias estratégicas y de sus Bancos, lo que precipitó a su país en la crisis económica más dura de su historia. Sin embargo, es notoria la recuperación de la Argentina, a partir del gobierno de Néstor Kirchner, la que, como es obvio, se ha iniciado con el rescate de la autoestima de su pueblo. En agosto pasado, se realizó también en Asunción la reunión de mandatarios del Mercosur a la cual asistió el presidente venezolano Hugo Chávez, en cuya oportunidad planteó la articulación de las empresas petroleras estatales de América Latina. ¿Puede imaginarse la forma en que empezaría a cambiar América Latina si coordinan sus esfuerzos, para evitar la fuga irracional de divisas, empresas de las dimensiones de Petrobrás de Brasil, Pemex de México y PDVESA de Venezuela, además de las existentes en Colombia, Ecuador, Chile y Perú? Chávez ha advertido la carencia de una petrolera estatal en la Argentina, razón por la cual ofreció la ayuda de su país a fin de lograr la refundación de YPF. Bolivia necesita transitar por el mismo camino. El Presidente Chávez ha tocado, a mi juicio, la tecla exacta. América Latina necesita, más allá de desarrollar a las burguesías nacionales, generalmente cobardes y sumisas al capital foráneo, impulsar el capitalismo de Estado, cuyos cimientos existían al iniciarse la década de los años setenta. El gran argumento, una vez más, que conspira contra esta idea, reside en difundir la idea de que los latinoamericanos somos incapaces y ladrones. Necesitamos desmentir esos argumentos. Requerimos volver a creer en nosotros mismos y desarrollar prácticas de control social a fin de evitar la corrupción. Precisamos, finalmente, impulsar la interculturalidad, la unidad en la diversidad y el respeto a lo diverso, a fin de preservar a nuestras patrias de los riesgos de disgregación, como los que ahora enfrenta Bolivia. Con esas bases, podemos terminar de construir la Patria Grande soñada por el Libertador. Al concluir estas reflexiones, hago notar que la Izquierda Nacional, precisamente por su vocación bolivariana, no puede callar el daño que causa a la integración latinoamericana la no solución del enclaustramiento geográfico de Bolivia, causado por la oligarquía chilena, aliada al imperialismo inglés, en la guerra del Pacífico de 1879 Se trata de una herida profunda y dolorosa que sólo quedará cicatrizada cuando nuestro país recobre su condición de país ribereño del océano Pacífico, con la que nació a la vida independiente.
Domingo, 25 de Abril de 2004 19:26 ;?> No hay comentarios. Comentar.
CONDORITO
50 AÑOS JUNTO AL PUEBLO
Augusto Alvarado
Nota del autor: Este artículo lo escribí en Buenos Aires a fines de 1982. Sin mayor apoyo documental, sólo apelando a la memoria y conversando con amigos sobre "Condorito" y su irrupción en el Río de la Plata. En 1999, a cincuenta años de la aparición del personaje, actualicé el título. Originalmente el título fue: "Reflexiones sobre Condorito" y apareció en la revista "Aconcagua" (de la cual fuí director), en Buenos Aires, publicación que alcanzó los seis números y que estaba realizada por un grupo de chilenos radicados entonces en la capital argentina. - - - - - - - - - -
Por estos días está ha cumplido más de medio siglo de vida, aunque es difícil para nosotros averiguar exactamente su fecha de nacimiento. Pero los chilenos de los años 50 crecimos junto al personaje de Pepo en las páginas de la revista "Okey". También existía entonces "El Peneca" y luego aparecería "Barrabases". Todas fueron desapareciendo. No pudieron sobrevivir a la invasión de revistas procedentes de México, a bajo precio, con los clásicos de Walt Disney, más tarde también editados en Chile. Los que vivimos nuestra infancia en la Patagonia también conocimos "Billiken". Circulaba entre los hijos de los chilenos que "cruzaban el alambre" para trabajar en el yacimiento de carbón de Río Turbio, o en Río Gallegos, o en alguna de las estancias de la pampa santacruceña. Pero... esa es otra historia.
Condorito, la revista del dibujante chileno Pepo, libró su propia y victoriosa batalla contra el Pato Donald y Los Tres Chanchitos. Con miles de lectores en su país de origen, conquistó el mercado andino, sin duda el ámbito más propicio para el alto vuelo de este cóndor de "ojotas", "poncho" y "chupalla". Bolivia, Perú y Ecuador se convirtieron en sólidas plazas comerciales de Condorito, para ventura de Pepo y de los amantes de un genuino y unitario humor latinoamericano. Tuvieron los dibujantes el buen criterio de ir incorporando personajes propios en cada país, y lo hicieron respetando el sentir del pueblo. Notable es el caso de "Titicaco", personaje del Condorito boliviano, un pequeño indio kolla simpático, alegre, amistoso y, por sobre todas las cosas, respetuoso de sus tradiciones.
Desde hace varios años la revista chilena incursiona en el Río de la Plata, más exactamente en la Argentina. Para sorpresa de los chilenos residentes, el éxito de Condorito por estos pagos ha sido espectacular. Se pensaba que le resultaría difícil competir en un medio donde el humor gráfico goza de merecido prestigio: Quino, Cognini, Landrú, Caloi, Fontanarrosa, aparecían como obstáculos casi insalvables para el que propusiera "arrastarles el poncho" jugando de visitante. Sin embargo, Condorito y sus amigos han conquistado el corazón de los lectores argentinos. Frente al fenómeno intentaremos una explicación que no pretende ser "ideológica" ni mucho menos "semiológica", pues es "siútico" hilar fino cuando de cosas gordas se trata.
Condorito es, por sobre todas las cosas, un personaje popular, simple, autóctono, latinoamericano. Aunque puede ser, en sus aventuras, astronauta, bombero, médico, fakir o peluquero sus ojotas o su poncho delatarán siempre su estirpe de roto. Nuestro personaje habita junto a su sobrino Coné, su compadre Chuma, su novia Yayita, su suegrita doña Treme y su perro Washington en un imaginario pueblo del Chile central denominado Pelotillehue. Es un marginal, un "afuerino" en la ciudad y en el campo. Con trabajo siempre escaso y poco dinero en el bolsillo. No obstante, le sobra imaginación y le llueven los amigos. Con ambos supera los problemas del diario vivir. El humor de Condorito no es intelectual ni rebuscado. Es directo. Su lenguaje es el que usa la gente común. Los nombres de los personajes y sus características no son producto sólo de la imaginación de Pepo, sino más bien, de su observación de los tipos sociales y de la realidad popular chilena que, sabemos, no es esencialmente diferente a la de otros países del continente ¿Quién no ha tenido un compadre "paleteado" como Chuma? ¿Quién no ha conocido en su familia o entre sus vecinos a un Comegatos, a un Garganta de Lata o un Pepe Cortisona?
Condorito, necesario es manifestarlo, no es un personaje querido por moros y cristianos. Tiene, aunque Pepo no se lo proponga, un inconfundible olor a pueblo. Ello no es del agrado de los sectores "cultos" o de las clases medias intelectualizadas, más entusiasmadas con "Mafalda" que con las aventuras de un cóndor supuestamente apolítico y conformista.
En la Argentina está ocurriendo lo mismo. Es en el pueblo donde ha calado hondo este curioso personaje andino. La gente anónima, los "hombres oscuros" hacen circular de mano en mano la revista de Pepo. Condorito -roto y huaso- ha volado de las altas y frías cumbres andinas a la ciudad portuaria y a la pampa generosa e infinita. "Nada hay más poderoso en el mundo que una idea cuya hora ha llegado" sostenía Víctor Hugo. Condorito sólo podía alcanzar un triunfo definitivo en una Argentina que se latinoamericaniza porque tiene más de Martín Fierro que de cajetilla de arrabal. Por este motivo dan ganas de gritar, al más puro estilo condoril, como expresión de júbilo: "¡Viva el roto Quezada!"
Domingo, 25 de Abril de 2004 19:24 ;?> No hay comentarios. Comentar.
CRÓNICA DE UN BOCHORNO ANUNCIADO
Augusto Alvarado
Nota del autor: Hace un par de años un partido de tenis entre argentinos y chilenos originó bochornosos hechos de violencia. A raíz de esos acontecimientos escribí la nota que les ofrezco a continuación: -------------------- Estaban los tres ciegos ante el elefante. Uno de ellos le palpó el rabo y dijo: -Es una cuerda. Otro ciego acarició una pata del elefante y opinó: -Es una columna. Y el tercer ciego apoyó la mano en el cuerpo del elefante y adivinó: -Es una pared. Así estamos: ciegos de nosotros, ciegos del mundo. Desde que nacemos, nos entrenan para no ver más que pedacitos. La cultura del desvínculo nos prohíbe armar el rompecabezas. Eduardo Galeano - Ser como ellos
Quienes quieran explicar los hechos de violencia ocurridos en el estadio del Parque O'Higgins (escenario del partido Argentina-Chile por la Copa Davis) sólo por sus manifestaciones más visibles, a saber, los errores (o no) del árbitro general; la provocación (o no) de Mariano Zabaleta; la manifiesta agresividad del público chileno hacia jugadores e hinchas argentinos; la poca seguridad que ofreció el ámbito del nuevo estadio (construido a revientacaballos especialmente para este partido); etc., seguramente encontrarán respuestas equivocadas, superficiales, que no irán al fondo del asunto y que, lo más probable, harán aún más difícil la comprensión de un tema que no es sólo de interés deportivo sino que tiene que ver con las relaciones globales entre chilenos y argentinos.
Dentro de este abanico de explicaciones superficiales, y en este caso absurdas y hasta jocosas (si fuera posible reírse ante tan grave situación), aparece la esgrimida por Enrique Morea, Presidente de la Federación Argentina de Tenis, repetida hasta el cansancio por los periodistas "especializados" ... en decir zonceras. Trátase de la temeraria afirmación que "las entradas eran muy baratas" ... "lo que permitió que accediera al estadio gente sin cultura tenística". Hablando en criollo, "negros hinchas del fútbol", "barrabravas" manipulados por la Federación Chilena de Tenis para intimidar a los argentinos. O sea, que quede claro, el tenis es para Amalia Lacroze de Fortabat y no para el "Perro" Santillán. No obstante, la TV nos mostró que el sector más violento se encontraba en las tribunas con sillas (donde el público con "cultura tenística" pagó 20 dólares por la entrada) y no en las galerías, donde los "bárbaros" sólo pagaron 6 dólares para presenciar el partido.
Guillermo Salatino, una especie de patriarca del periodismo "tenístico", en una bien intencionada columna de opinión en el diario "La Tercera" de Santiago (titulada "Derribemos las diferencias") afirma: "... que no nos extrañe cuando en Europa nos llamen sudacas, porque con este tipo de actos nos estamos ganando con creces el apelativo". ¡Justo cuando hace pocos días en Turquía, a raíz de un partido de fútbol por la Copa UEFA, murieron dos hinchas ingleses por golpes y cuchilladas propinados por los turcos! Salatino debe conocer, aunque más no sea porque viaja mucho, cuál es la situación de los marroquíes en España, los turcos en Alemania, etc. No nos dicen sudacas en Europa porque tiramos sillas en los partidos de tenis, Salatino. Nos dicen sudacas sencillamente porque nos desprecian, a todos los hispanoamericanos por igual.
Pero decía que la citada nota de Salatino era bien intencionada y ahora explicaré por qué. Sostiene al finalizar ... "No nos engañemos cuando nos decimos hermanos porque hay muchos elementos históricos que han creado una valla tan enorme como la cordillera de Los Andes y que las nuevas generaciones están llamadas a derribarla, con buenas armas, por supuesto". Salatino intenta, con buena voluntad, buscar la respuesta en la parte oculta del témpano, no se conforma con ver y describir sólo su parte visible. A partir de ahora nos dedicaremos también nosotros a hurgar en la parte invisible del témpano.
Las "historias oficiales" de los países de Hispanoamérica son las historias del desvínculo. Si la Academia Chilena de la Historia entregara Premios Oscar el General San Martín no estaría nominado ni como mejor actor de reparto. La explicación de moros y cristianos es que "con San Martín o sin él Chile igual hubiera sido libre". Salvo excepciones (Joaquín Edwards Bello, entre otros) los historiadores y divulgadores realzan la presencia de intrigantes y espías antiamericanos (Lord Cochrane, por ejemplo) en detrimento del Ejército de Los Andes. Esta historia oficial ha sido digerida por miles de maestros, padres de familia, instructores militares, que han transmitido por décadas y décadas la versión de un Chile autosuficiente, altanero, jamás vencido en el campo de batalla. La síntesis: los ingleses de América del Sur.
Y así a lo largo de toda la vida independiente. En la Guerra contra la Confederación Peruano-Boliviana (del Mariscal Santa Cruz); en la Guerra del Pacífico (1879); en la Guerra de Malvinas (1982) donde el gobierno militar de Pinochet con la abierta complicidad de la prensa, el sistema de partidos y hasta la sociedad civil (con muy pocas excepciones) simpatizó abiertamente con los ingleses. ¿Debemos asombrarnos, entonces, cuando los hinchas chilenos de fútbol gritan "argentinos maricones" cada vez que se le presenta la oportunidad? ¿O que se levanten banderas inglesas en los mismos escenarios? ¿O que pisoteen una bandera argentina como vimos el último viernes en el Parque O'Higgins?
No estamos de acuerdo con Salatino en que sea responsabilidad de las nuevas generaciones conseguir una relación de hermandad entre chilenos y argentinos. Es una tarea de hoy. Es responsabilidad de los gobernantes, de los formadores de opinión, de los maestros, de los padres. Tiene que ver con enfrentar unidos un mundo que cada día nos segrega más en nombre de la religión del neoliberalismo y su nuevo instrumento: la globalización. Por nuestra parte, como integrantes de la izquierda nacional latinoamericana, hace varias décadas que estamos empeñados en vincular la gesta de San Martín, O'Higgins y Bolívar con los desafíos del presente: la independencia nacional y el socialismo latinoamericano.
Por eso nos ha dolido en el alma lo que ha ocurrido el último viernes en el Parque O'Higgins. Porque estamos con José Hernández: "Los hermanos sean unidos / porque esa es la ley primera / Tengan unión verdadera / en cualquier tiempo que sea / Porque si entre ellos pelean / los devoran los de ajuera".
Domingo, 25 de Abril de 2004 19:23 ;?> No hay comentarios. Comentar.
27/04/2004
Mujeres como ellas
José Steinsleger
A los 30 años, en la miseria y con tres hijos tras abandonar a un esposo violento y conservador, Flora Tristán se embarcó en Burdeos en Le Mexicain, hizo escala en Valparaíso y llegó a Arequipa en 1833. A los 30 años también, divorciada y con dos hijos del poeta chileno Jorge Tellier (1935-95), Sybila Arredondo se embarcó en Valparaíso y llegó a Lima en 1966. Flora buscaba el apoyo de un tío español que presumía ser descendiente de los Borgia y del emperador Moctezuma. Sybila llegó en mejores condiciones, enamorada del narrador José María Arguedas (1911-69), a quien conoció en una conferencia que dictó en la Universidad de Chile (UCH) y con quien contrajo matrimonio en 1967. De nombre libertario, Flora fue pionera de las luchas revolucionarias de Francia, abuela del pintor Paul Gauguin y autora de la frase "La emancipación de los trabajadores será obra de los propios trabajadores", escrita cuatro años antes de que Marx y Engels la empleasen en el Manifiesto Comunista (La Unión Obrera, 1843). De nombre que evoca a las pitonisas que en Grecia antigua protegían las bellas artes, hija de la escritora chilena Matilde Ladrón de Guevara y ahijada de la poeta Gabriela Mistral, Sybila se había graduado de antropóloga en el Instituto Pedagógico de la UCH. Y en el Perú del uno y el otro siglo, cuando en las calles de Arequipa y Lima los indios iban presos por tocar la quena (flauta quechua), ambas se hicieron revolucionarias. Flora regresó a Europa cuando el tío la desconoció como sobrina "legítima". De la experiencia brotaron las famosas páginas de Peregrinaciones de una paria (París, 1838) y la mirada penetrante acerca de la clase obrera de Inglaterra, que anteceden a las de Engels, mientras en el capítulo peruano describe la vida social y política del país recién liberado de la corona española, sin que por eso cambien las estructuras que Sybila observó en la sierra peruana 133 años después. Contratada por la Universidad de Huancayo durante el apogeo de las guerrillas de Hugo Blanco en el sur y de Luis de la Puente Uceda en el norte, Sybila se incorporó a una generación de militantes de la izquierda peruana y lo hizo en las comunidades indígenas y en las barriadas pobres de Lima. En tanto, Arguedas viajaba seguido a Chile para atender sus depresiones crónicas con la siquiatra Lola Hoffman, "...medio devorado por el despertar de mis antiguos males que esperaba estallarían en iluminación al contacto con la mujer amada... que vino entre muchos truenos, duelos y relámpagos" (Tercer diario, 18/05/69). Arguedas se suicidó en Chosica, en las afueras de Lima, en la misma casa que compartía con Sybila, testigo de sus alegrías y pesares. Mientras el cuerpo bajaba a tierra, el violinista indígena Máximo Damián Huamani ejecutó Huallpa wajari (La muerte del danzante). Después Sybila leyó para sí la carta de despedida: "¡Quédate en el Perú! Nuestro amor es uno solo con el amor a este país encantado y terrible, de tanto poder y cadenas que tiene. A través mío aprendiste a amar su música y sus danzas, su campesinado quechua, tan dulce, tan puro e inquebrantablemente fuerte... Y enciende el acero de tus nervios y tu ánimo" (28/11/69). Sybila se quedó. Y aquel Perú que Flora Tristán describió en Peregrinaciones..., el "...de la clase alta profundamente corrompida", el del cosmopolitismo pongo de los escritores que condenaron a Arguedas por su "indigenismo arcaico", se ensañó con la mujer del más grande narrador peruano del siglo xx. Sybila Arredondo pasó un total de 14 años en prisión. En marzo de 1985 el presidente Alan García la acusó de ser "una de las mujeres más peligrosas del Perú" y fue absuelta porque nada le pudieron comprobar. En junio de 1990 la acusaron de haber trasladado 200 kilos de dinamita en un Volkswagen... En 1995, durante el gobierno de Alberto Fujimori, un "tribunal sin rostro" la condenó a 15 años de prisión. Uno de los firmantes de la condena, esbirro del tenebroso Vladimiro Montesinos, está preso hoy por corrupción. Negándose a renunciar a su nacionalidad adoptiva para ser liberada ("traición a la patria" fue uno de los cargos), perturba entender cómo Sybila aguantó el régimen carcelario en el que fue apaleada, torturada y aislada, a más de sobrevivir a dos matanzas en el penal de Chorrillos. "¿De dónde sale esta fuerza tuya?", le preguntó un periodista en Santiago de Chile, luego de ser liberada en diciembre pasado. Con el cabello blanco y 67 años cumplidos, Sybila respondió: "La fuerza sale de lo colectivo... hay que dar gracias por lo que uno sufra o haga para las mayorías. Hay que saber lo bueno que uno tiene y darlo a los demás". Agotada y enferma, Flora Tristán dijo antes de morir, a los 41 años: "Siento que amo a la humanidad más que nunca". Sybila piensa regresar a Lima, donde sus planes son trabajar en las obras completas de Arguedas y "...buscar soluciones y apoyo a los miles de presas y presos políticos del Perú".
Martes, 27 de Abril de 2004 20:55 ;?> No hay comentarios. Comentar.
28/04/2004
LA "DIVINA" GABRIELA EN MAGALLANES
Gabriela Mistral (doña Lucía Godoy Alcayaga) llegó a Punta Arenas el 18 de mayo de 1918 con el amargo recuerdo de la ingratitud y la injusticia: Muy niña fue acusada injustamente de robo y de retardada mental; se rechazó su ingreso a la Escuela Normal por oposición del Pbro. Manuel Munizaga, quien la acusó de tener ideas disolventes y, por si fuera poco, se la despidió de la Inspección del Liceo de Niñas de La Serena porque no hizo distinción entre niñas ricas y pobres y las matriculó por igual. Reparó injusticias un ministro de educación, que luego sería Presidente Pedro Aguirre Cerda. La nombró directora del Liceo de Niñas de Punta Arenas. Y fue directora ejemplar. Propuso que las vacaciones escolares se hicieran en invierno. Su idea perdió por la implacable mayoría de votos pedagógicos y por oposición de diversos sectores de la comunidad, "porque los niños necesitaban el tiempo bueno para trabajar en el campo y ayudar así económicamente a sus familiares". Frente a su liceo plantó -junto a sus alumnas- árboles que denominó "árboles-hijos". Pero se lamentará: "éramos pocas, nuestro tiempo breve, la indiferencia densa y el mal infinito". Cobija los cursos nocturnos de la Sociedad de Instrucción Popular y hace clases en ellos. Escribe en la revista "Mireya", esfuerzo literario en colaboración con el poeta Julio Munizaga Ossandón. Aquí escribió "Desolación", cuyo capítulo "Paisajes de la Patagonia" dedicó a don Juan Contardi. A su partida dirá: "En estos tiempos, ser franca y ser maestra moderna es peligroso". Su despedida de Magallanes es casi solitaria. Pide a la prensa: "digan que el liceo que más he querido es este liceo mío de Punta Arenas, mi única ternura de dos años". Tiempo después, al recordar Magallanes, expresa: "aquel territorio dichosamente vasto, que fatiga la mirada, pero haciéndole bien, como hace bien la vista desenfrenada del mar"…
Desolación
La bruma espesa, eterna, para que olvide dónde me ha arrojado la mar en su ola de salmuera la tierra a la que vine no tiene primavera: tiene su noche larga que cual madre me esconde.
El viento hace de mi casa su ronda de sollozos y de alarido, y quiebra, como un cristal, mi grito y en la llanura blanca, de horizonte infinito, miro morir inmensos ocasos dolorosos.
¿A quién podrá llamar la que hasta aquí ha venido si más lejos que ella sólo fueron los muertos? ¡Tan sólo ellos contemplan un mar callado y yerto crecer entre sus brazos y los brazos queridos!
Los barcos cuyas velas blanquean en el puerto vienen de tierras donde no están los que son míos; y traen frutos pálidos, sin la luz de mis huertos, sus hombres de ojos claros no conocen mis ríos.
Y la interrogación que sube a mi garganta al mirarlos pasar, me desciende, vencida: hablan extrañas lenguas y no la conmovida lengua que en tierras de oro mi vieja madre canta.
Miro bajar la nieve como el polvo en la huesa; miro crecer la niebla como el agonizante, y por no enloquecer no cuento los instantes, porque la "noche larga" ahora tan sólo empieza.
Miro el llano extasiado y recojo su duelo, que vine para ver los paisajes mortales. la nieve es el semblante que asoma a mis cristales; ¡siempre será su albura bajando de los cielos!
Siempre ella, silenciosa, como la gran mirada de Dios sobre mí; siempre su azahar sobre mi casa; siempre, como el destino que ni mengua ni pasa, descenderá a cubrirme, terrible y extasiada.
Tres árboles
Tres árboles caídos quedaron a la orilla del sendero. el leñador los olvidó, y conversan, apretados de amor, como tres ciegos.
El sol de ocaso pone su sangre viva en los hendidos leños, ¡y se llevan los vientos la fragancia de su costado abierto!
Uno, torcido, tiende su brazo inmenso y follaje trémulo hacia otro, y sus heridas como dos ojos son, llenos de ruego.
El leñador los olvidó. La noche vendrá. Estaré con ellos. Recibiré en mi corazón sus mansas resinas. Me serán como de fuego.
Y mudos y ceñidos nos halle el día en un montón de duelo.
"Impactos" Año 2 Nº 18 - Punta Arenas (Chile) Marzo de 1991 Sin datos de autor
Miércoles, 28 de Abril de 2004 22:59 ;?> No hay comentarios. Comentar.
EL "TORO SALVAJE" DE LAS TORRES DEL PAINE
Jorge Díaz Bustamante
Las amarillas hojas de un periódico me devuelven la imagen de un hombre de baja estatura, más bien obeso y en guardia de boxeo. Bajo sus pies puedo leer un audaz desafío: "El Loco Ruiz" (como le llamaban) insta a todos los jóvenes de Puerto Natales a una justa deportiva: Una carrera con mochila y armas militares desde la ciudad hasta Morro Chico. ¡Premio para el vencedor!: Su sueldo de todo un mes de trabajado. Nadie aceptó el reto y es que este hombre ya tenía su fama de aguerrido deportista y osado aventurero. Motivado por esta lectura, nació mi interés por conocer un poco más de su vida y me sumergí en el apasionante mundo del pasado. Lo que se fue ofreciendo a mis ojos me llenó de asombro y comencé a experimentar una gran simpatía por un hombre al que no conocí, pero al que llegué a apreciar en su real dimensión humana.
Muchas veces la vida de un hombre transcurre entre la fantasía y la realidad. A veces ambas se confunden. Creo que esta es una de esas oportunidades, pues el "Loco Ruiz" se nos revela como un personaje singular, que refleja en suma el sentir de toda una época, a la que el velo del tiempo no logró cubrir realmente.
Cierto día en 194... la ciudad de Puerto Natales se engalanó para recibir un circo. Podemos imaginarnos al pequeño poblado alborotado, con sus niños corriendo y dejando volar sus ilusiones, con los payasos repartiendo papeles de propaganda y risas y un viejo león durmiendo en su jaula, indiferente a la curiosidad de los chiquillos. Bajo la vieja carpa circense se inició la función:
-¡Respetaable puúblico, con ustedes...!
Risas, algarabía, el pueblo de fiesta y con una emoción creciente en el público a medida que transcurría la función:
-¡Y ahora queda con ustedes el luchador ruso!... ¡Ben Levin!, vencedor de campeones, mostrando su prodigiosa fuerza.
El número comenzó con Levín rompiendo tablas sólo con la fuerza de sus manos, para continuar doblando fierros sin esfuerzo, levantando pesos descomunales y para finalizar realizando una demostración de lucha libre con su ayudante. ¡El público no salía de su asombro! ¡Pocas veces se había tenido la oportunidad de ver la pericia de un luchador como Ben Levin! Los aplausos y la admiración de los niños premiaron su actuación. Levin, de pie en medio de la lona, pidió silencio dejando oír su voz de trueno:
-¡Doy quinientos pesos al luchador que me venza!
Los pobladores se miraron, esperando y deseando secretamente que alguien aceptara el reto. Cuando parecía que nada ocurriría, desde un rincón se oyó un grito:
-¡Acepto el desafío!, soy el Toro Salvaje de Torres del Paine.
En la carpa circense nació un silencio sepulcral. Los pobladores contuvieron la respiración cuando los luchadores, en el centro de la lona, se observaban amenazantes. El Toro Salvaje de Torres del Paine resopló furiosamente e inició el ataque. Tomó de la cintura a su rival y lo lanzó a tierra. Ben Levín se escabulló velozmente. La lucha continuó confusa, con el Toro Salvaje atacando y Levin rehuyendo el combate franco. El público comenzó el abucheo y las risas. Al terminar la contienda niños y adultos, entusiasmados, levantaron al vencedor y corrieron sobre la lona gritando vivas al nuevo héroe.
Desde entonces el "Loco Ruíz", "El Toro Salvaje de Torres del Paine" o la "Fiera Natalina", como se hacía llamar para amedrentar a sus rivales, apareció periódicamente en diarios, lanzando desafíos deeportivos que al parecer nadie aceptaba, pues no se registran crónicas de que ello haya ocurrido.
Un buen día el "Loco Ruíz" desapareció. Nadie lo volvió a ver ni tampoco nadie se preocupó por él, pero la "Fiera Natalina" daría una nueva sorpresa. El encargado de entregarla sería nada menos que Manuel Andrade Leiva, periodista y escritor, quien bajo el seudónimo de Mandradel entregaba sus artículos en diarios y revistas de la Patagonia.
Mandradel se encontraba en Río Gallegos. Allí se entrevistó con el "Loco Ruíz", el que orgulloso le dio a conocer su reciente aventura: ¡Había realizado un raid pedestre desde Puerto Natales a Buenos Aires!
La caminata había comenzado un 20 de mayo de 194..., después de hacer registrar su partida en la gobernación del territorio de Santa Cruz. Podemos imaginarnos al hombre caminando por las desoladas pampas argentinas, soportando el viento, el hambre, el frío, anotando su paso por cada pueblo. Intendencias, puestos policiales y de fuerzas armadas fueron registrando su paso en una libreta que llevaba como bitácora de viaje para certificar la veracidad de su raid. ¡Ahora mostraba orgulloso la documentación a Mandradel, quien, inmediatamente, envió los cables a la revista "Noticias Gráficas" de Punta Arenas y a "El Austral" de Puerto Natales.
En la información se manifestaba además que "por intermedio de dicha revista envío un cordial saludo a mis amigos de Chile, a quienes comunico que próximamente realizaré un raid a pie, esta vez trataré de unir Punta Arenas, la ciudad más austral del mundo, con Lima, la ciudad de los virreyes, capital del Perú". El "Loco Ruíz" no dejaba jamás de sorprender. Siempre un nuevo proyecto, siempre una nueva "locura".
En 195... el Cuerpo de Bomberos de Puerto Natales, realizó un nuevo concurso: elegir "el deportista más popular de Natales". Los clubes llevaron sus favoritos, la vida social del pequeño poblado se agitó, cada uno defendiendo su abanderado. El "Loco Ruíz" venció una vez más y obtuvo el galardón del "Deportista más popular de Natales". Algo pasó en la vida de Ruíz, apariciones esporádicas, desafíos que a nadie llamaron la atención y su chispa y deseos de competir fueron desapareciendo. Por allí apareció donando premios para un campeonato de fútbol. Siempre el deporte, era su pasión. A pesar de ello la llama se apagó y no se volvió a saber de él.
Me queda una duda en el corazón. Me resisto a creer que haya desaparecido. Pregunto y obtengo vagas respuestas:
-Sí, me acuerdo de él, era medio loco.
-Era chico y gordo. Le gustaba la lucha, pero era buena persona.
Me cuentan un antecedente inimaginable: "El Loco Ruíz", "El Toro Salvaje de Torres del Paine",, el hombre que caminó desde Puerto Natales a Buenos Aires y venció al luchador Ben Levin, era un hombre bueno.
Solía pararse en la esquina de los colegios y regalar su sueldo en lápices y cuadernos a los niños pobres de Natales.
"Impactos" Año 3 Nº 31 Punta Arenas Chile Abril de 1992
Miércoles, 28 de Abril de 2004 19:21 ;?> No hay comentarios. Comentar.
DE TORRIJOS A TORRIJOS
José Steinsleger
La Jornada - México D.F. Miércoles 28 de abril de 2004
Quince años antes de la invasión yanqui a Panamá (1989), en el epicentro geográfico de un continente asolado por el terrorismo de Estado, el general Omar Torrijos (1929-81) condensaba la dignidad de América Latina proclamando la derogación de los tratados de 1903, que concedieron a Estados Unidos "a perpetuidad" el Canal de Panamá y los territorios adyacentes de la estratégica vía interoceánica.
En septiembre de 1977, Torrijos firmó con el gobierno de James Carter nuevos tratados, que a finales de 1999 permitieron al país istmeño la recuperación del enclave colonial. Quince años después de la invasión, en el centro de gravedad de un continente socialmente arrasado por gobiernos civiles democráticos, Martín Torrijos se apresta a "tomar el poder", una vez que las encuestas lo anuncian ganador en los comicios presidenciales del próximo 2 de mayo. Omar y Martín, padre e hijo, cara y cruz del nacionalismo panameño. Omar, alineado con la causa antimperialista del Movimiento de los No Alineados. Martín, alineado con el "pragmatismo democrático" que, posiblemente, acabe vendiendo el canal al mejor postor con el pretexto de que se trata de un dinosaurio tecnológico "premoderno", con valor estimado de 30 mil millones de dólares.
Todo dependerá de cuáles serán los centros comerciales del futuro. Si gravitan hacia el eje China-América del Sur, Panamá tendrá un papel muy importante. Si se inclinan hacia India, el canal de Suez (Egipto) será el beneficiado.
Por ahora, hay elecciones. Sin excepción, la visión política de los candidatos ha conseguido que el pueblo panameño arroje lágrimas en cantidad superior a los 52 millones de agua dulce que cada barco necesita para transitar por el canal. Comparando la actitud de los actuales candidatos con los de las tres campañas anteriores un sociólogo panameño trata de explicar: "... en 1989 la campaña estuvo dominada por la cuestión democrática y la presencia de un régimen militar autoritario. En 1994 la campaña giró en torno a la economía, las privatizaciones y la flexibilización. En 1999 el debate se centró nuevamente en la economía, pero en la necesidad de humanizar las medidas neoliberales que habían lanzado a más de la mitad de la población del país por debajo de la línea de pobreza."
Muy didáctico. El sociólogo parece decirnos que en 1989 el debate "autoritarismo vs democracia" fue asunto más trascendente que la invasión yanqui en ciernes. Y, soterradamente, reduce el debate político posterior a la ocupación yanqui (7 mil 500 muertos civiles asesinados), a las medidas neoliberales que en los años 90 arrojaron, "democráticamente", 30 por ciento de desempleo, 40 y 25 por ciento de pobreza relativa y extrema, respectivamente.
¿La invasión militar no fue para alcanzar esos indicadores en "libertad" y "democracia"? De 1984 a 1990 millones de páginas circularon por el mundo para decirnos que el general Manuel Antonio Noriega era un dictador "autoritario". En cambio, gobernantes como el lavador de dinero Guillermo Endara (1989-94), el corrupto Ernesto Pérez Balladares (1994-99) y la secretaria derechista Mireya Moscoso (1999-2004) fueron presentados como encarnación del "régimen de derecho".
A Torrijos, candidato del PRD (mejor olvidemos el significado de las siglas), le sigue en la lista de favoritos Guillermo Endara (67 años), aquel "demócrata" sonriente que el día de la invasión fue nombrado presidente por los yanquis y juró defender la soberanía del país en una base militar estadunidense. Le siguen José Miguel Alemán (50 años), brazo derecho de la presidenta Mireya Moscoso, y Ricardo Martinelli (53 años), miembro de la iniciativa privada que asegura tener "...total falta de interés en la política".
Vigilados por la Fundación Libertad (engendro local de la National Endowment Democracy -NED-), los integrantes del "gran-cuarteto presidenciable-gran", rasgan armónicamente sus guitarras: Torrijos dice que promoverá "el turismo y el transporte marítimo"; Endara se ilusiona con un "programa de trabajo"; Alemán jura que morirá luchando contra la corrupción, y Martinelli ofrece "crear empleos" y caminar "en los zapatos del pueblo", en el entendido de que los panameños tienen varios pares.
Decía Omar Torrijos que su mayor sueño era que los niños de Chorrillo (barrio popular contiguo a la zona del canal, ferozmente atacado durante la invasión) pudieran recoger los mangos que cada año se pudrían en el suelo del lugar, sin que policías gringos los arrestaran o encarcelaran con leyes y jueces de otro país. Los gringos se fueron. Panamá recuperó el canal. Y los niños panameños, uno de cada tres en la desnutrición, continúan recogiendo mangos... en "libertad". ¿El sueño de Torrijos se cumplió?
Miércoles, 28 de Abril de 2004 19:17 ;?> No hay comentarios. Comentar.
29/04/2004
BRASIL Y EL PACÍFICO
Por Pedro Godoy P. Centro de Estudios Chilenos - CEDECH
El gigante carioca pugna por asomarse al Pacífico. La expansión de los bandeirantes continúa hoy por los senderos de la diplomacia y la economía. Como Bolivia no pudo sacar su gas vía Pacífico por el "no" de La Moneda al trueque de energía por mar, Brasilia ofrece apoyarla con tuberías y puertos sobre el Atlántico. También preconiza el Corredor Ferroviario Santos-Antofagasta. Ya en los 80 Jorge Soria - alcalde de Iquique- programa con CEDECH la implementación de rutas interoceánicas que conecten el norte chileno con el sur brasilero. Se pensó en ensamblar ferrovías ya existentes y -por otro lado- tender dos mega-carreteras. También, Alfredo Gutiérrez Samohod de la Universidad de Tarapacá promueve plan similar. En la misma línea está Eugenio Celedón Gassols, afiliado a la Cámara ariqueña de Turismo.
Soria propuso ceder, a Bolivia, Patillo en comodato por 99 años. No obstante, pudo más la patriotería. Ahora Brasilia presiona a fin de acercarse a los mercados del Asia con su gigantesca producción. Por eso convoca a Argentina, Bolivia y Chile para "zurcir" las vías férreas de Sao Paulo con las de Santa Cruz de la Sierra, Salta y Antofagasta. En dos años la macro-ferrovía estaría en funciones. Ya el intendente de la II Región muy temeroso advierte: aquí se carece de normas que regulen el tránsito de un convoy que atraviese cuatro repúblicas (sic). Réplica: ¡genérenlas! Así lo exige el deprimido norte de Chile, la urgencia de poner fin al encierro boliviano y abrir surco a la unidad del Cono Sur. Ello implica desarrollo y soberanía. Lo otro es continuar insistiendo en el aislamiento y la arrogancia.
Jueves, 29 de Abril de 2004 19:16 ;?> Hay 2 comentarios.
30/04/2004
COLONIALISMO FRANCÉS
Por Pedro Godoy P. Centro de Estudios Chilenos - CEDECH
Francia invade -combinadamente con EEUU- Haití. Se atribuye a un comando francés el secuestro del Presidente Aristide y su deportación a la República Centroafricana. La censura del mundo recae sobre Washington y el penoso título de Caín de Latinoamérica lo conquista Chile. Sin embargo, pasa inadvertida la perversidad francesa. Se la conocía en Vietnam antes que Yanquilandia la relevara. De allí sale chamuscada después de Dien Bien Puh. Luego la vemos envuelta en la masacre de Argelia donde no menos de medio millón de árabes son víctimas de torturas, encarcelamientos y asesinatos por la tropa gala de ocupación.
No olvidemos que en París maneja el gobierno el Partido Socialista con Guy Mollet a la cabeza y Francois Mitterand en el Ministerio del Interior del cual dependía la siniestra Sureté. Es el mismo Mitterand que como premier aniquila a la plana mayor del Frente Melanesio de Liberación y se empeña en un plan de explosiones nucleares en la Polinesia. Como se maneja con un doble standard no tuvo obstáculos en extorsionar al régimen militar de Chile argumentando la violación de los DDHH y de apoyar a nuestra opoisición semiclandestina para restaurar la democracia neoliberal que soportamos de 1990 a la fecha.
Ahora -al conmemorase el bicentenario de la emancipación del país antillano- tropas de Francia ponen de rodillas a Haití. No sabemos de manifestaciones galas contra esta agresión. Tampoco las hubo cuando toda Europa y EEUU desmembra Yugoslavia so pretexto de apoyar la minoría albanesa de Kosovo. París desaprueba la invasión angloyanqui a Irak, pero porque estorbaba su propio negocio petrolero. Como se puede observar hay mucha tela que cortar. Aquí mismo se descoloniza la Guayana británica. La Guayana holandesa hoy es la República de Surinam, pero la Guayana francesa continúa siendo una colonia donde se entrenan comandos contrainsurgentes y funcionan laboratorios nucleares y armas de destrucción masiva de esa índole. Nuestra torpeza como cuerpo nacional es palpable en la incompetencia de México y Guatemala para evitar que la Hondura Británica se convirtiera en un Estado títere con 150 mil habitantes cuyo voto en la OEA posee la misma gravitación que el de Brasil con 200 millones. Menos mal que la epopeya del 2 de abril de 1982 evita, por ahora, la conversión de Malvinas en The Falkland´s Island Republic asociada a la Commonwealt. Mientras tanto hoy -a dos siglos de distancia- los haitianos padecen el retorno de los esclavistas.
Prof. Pedro Godoy P. Centro de Estudios Chilenos CEDECH cedech@chilesat.net