Así se titula esta nueva novela del escritor magallánico, Eugenio Mimica Barassi (Punta Arenas, Chile, 1949). La obra, ambientada en esos confines misteriosos en el sur del mundo, es un canto a la soledad de esa isla que junto a Chiloé y Cuba son las más grandes de Sudamérica. Mimica rinde homenaje a Gumercindo Torres Vera, quien desapareció misteriosamente el 23 de febrero de 1985 en el Campamento Cerro Sombrero, hoy comuna de Primavera; construye diferentes escenarios que relatan la búsqueda de este pionero que desde 1929 había comenzado a trabajar en las primeras prospecciones de la Superintendencia de Salitres y Minas del gobierno de Chile. Torres Vera había trabajado en Tres Puentes y Tierra del Fuego, plantas de la Empresa Nacional del Petróleo, desde que descubrieron el Oro Negro el 29 de diciembre de 1945. Una vez jubilado, después de 25 años en esas faenas, y en pleno descanso existencial después de toda una vida dedicada al trabajo decide regresar a Cerro Sombrero, junto a su esposa, para visitar a una de sus hijas.
Un 23 de febrero de 1985 desaparece sin dejar rastros. Lo buscaron con helicópteros, en los pozos abandonados, en los riachuelos, en pequeñas cuevas donde habitan castores, depredadores de todo tipo, gatos salvajes, pero de don Gumercindo nunca más se supo, hasta que diez meses después, en diciembre, su hijo Héctor lo encuentra en un sector del Río Side, lugar al que habían acudido decenas de veces, a doce kilómetros al norte de Cerro Sombrero.
El novelista indaga en la memoria y en la sicología de sus parientes y amigos, los instantes donde Alfonso lo busca en su moto, con el viento de fondo como un personaje colosal, la tristeza de su hija quien le preparó la última cazuela ese día fatídico. La novela reconstruye un modo de vida del minero del petróleo. (“Mientras se procede a la búsqueda va desarrollándose el devenir de la vida de aquel que se perdió”, dicen los editores en la contraportada) Las soledades de Cullen, Manantiales, Clarencia, Percy, Posesión, lugares sin cementerios ni tumbas llenas de huesos sin sonido como decía Neruda. La vida de estos primeros pobladores que hicieron historia como don Gumercindo es narrada con fuerza y gran asertividad en este libro donde es posible escuchar la nieve, la lluvia, lejanos incendios, mujeres que miran el atardecer junto a la ventana y de nuevo los helicópteros que buscan a este hombre, cuya desaparición fue noticia nacional hace dos décadas.
Mimica ha escrito, sin duda, la primera novela del petróleo. Los mundos que subyacen en esos lugares cuyo nombre se debe al humo de fogatas encendidas por los indígenas que observó Hernando de Magallanes en 1520, son descritos en estas páginas con talento y emoción. El autor conoce e investigó esta patria fueguina, similar en tamaño a Irlanda, donde vive como ganadero varios meses del año.
Conocimos a Eugenio Mimica Barassi a fines de 1975 a través del poeta José Grimaldi y el novelista Carlos Vega Letelier. Integramos el Taller Literario que este último dictó en la ex Universidad Técnica del Estado el año siguiente. Y por esa misma época publicamos nuestros primeros libros junto a Elisa Rojas, Luis Alberto Barría. Leímos los versos inéditos de Mario Oyarzún (qepd), Hernán Andrade, Hortensia Fuentes, María Neira, Juan Garay.
Autor de “Comarca Fueguina” (1977); “Los Cuatro Dueños” (1979); “Quien es quién en las letras chilenas” (1981); “Travesía sobre la cordillera Darwin” (1983); “Un adiós al descontento” (1991); “Agenda de efemérides magallánicas” (1993 a 1997); “Enclave para dislocados” (1995). El año 1980 obtuvo el Premio Municipal de Literatura de Santiago. Es Miembro Correspondiente de la Academia Chilena de la Lengua. Reside en Punta Arenas. Chile.
Miércoles, 10 de Noviembre de 2004 17:23 ;?> Hay 2 comentarios.
LA IZQUIERDA NACIONAL ACOMPAÑA EL DOLOR DEL PUEBLO PALESTINO
El Movimiento CAUSA POPULAR, expresión del ideario de Arturo Jauretche, Jorge Abelardo Ramos y Juan Domingo Perón, comparte la congoja del hermano pueblo de Palestina ante la irreparable pérdida de quien lo condujera en la áspera batalla por recuperar el propio suelo patrio.
Ahora más que nunca, Yasser Arafat será, no sólo el Presidente-mártir de un pueblo en lucha, sino bandera de combate contra la pandilla sionista , los usurpadores y genocidas de toda laya y sus compinches imperialistas.
¡HONOR Y GLORIA AL PRESIDENTE YASSER ARAFAT! ¡POR LA JUSTA CAUSA DEL PUEBLO PALESTINO! ¡POR LA UNIÓN FRATERNA DE LOS PUEBLOS DEL MEDIO ORIENTE!
Alberto Guerberof guerbe@fibertel.com.ar
Buenos Aires, 11 de noviembre de 2004
Martes, 16 de Noviembre de 2004 17:22 ;?> No hay comentarios. Comentar.
Ya hay varios libros sobre ellas, incluyendo el del español Gervasio Sánchez. Hay también una canción de Víctor Manuel que proclama la heroica gesta de la “mujer de Calama”: casi veinte años recorriendo el árido desierto de Atacama, en el norte de Chile, buscando en la arena una señal de la tumba clandestina donde sepultaron a sus hombres.
Calama es una ciudad pequeña, construida a dos mil 500 metros de altura y al alero de la mina de cobre de Chuquicamata, la mina a tajo abierto más grande del mundo. La rodea el desierto más seco del mundo. Dos récord de la geografía que conforman el escenario para otro que habla sobre la crueldad humana.
La tragedia ocurrió el 19 de octubre de 1973. A Calama llegó ese día la misión militar ordenada por el general Pinochet. Veintiséis prisioneros políticos fueron sacados de la cárcel y –sin mediar condena de tribunal militar- fueron asesinados. Con las manos amarradas con alambre de púas, fueron masacrados con “corvos” (un grueso cuchillo curvo) y luego ráfagas de metralleta. Los asesinos cargaron los mutilados cadáveres en un camión y enfilaron quince kilómetros desierto adentro. Allí cavaron una gran fosa y los sepultaron clandestinamente. Lo cierto es que los asesinos –oficiales de Ejército- dejaron la tarea a soldados rasos que debieron beber mucho aguardiente para embotar la conciencia.
La esposa de Domingo. La hermana de José. La hija de Alejandro. La madre de Rafael. Las mujeres de Calama -madres, esposas, hijas, novias- clamaron por años en los vientos del desierto y golpearon puertas de regimientos y tribunales. Hasta que al iniciarse la transición en Chile, en 1990, dieron con la fosa casi vacía. Sólo algunos huesos indicaban que allí fueron enterrados esos veintiséis hombres justos para transformarse en detenidos-desaparecidos. Diez años después, en el 2001, un informe oficial del Ejército reveló el nuevo crimen. Para evitar que fueran hallados algún día, el general Pinochet había ordenado exhumar los cuerpos y lanzarlos al mar.
Al conmemorarse 31 años de la tragedia de Calama, se inauguró el Memorial a las Víctimas. En la impresionante construcción alrededor de la fosa, las columnas evocan a cada asesinado con placas de metal grabadas con sus nombres. Allí estuvieron las mujeres de Calama, rodeadas de los nietos que sus hombres no llegaron a conocer. La pregonera fue voceando cada nombre. La campana lanzó un tañido por cada uno, un tañido que parecía lamento y que resumió más de tres décadas de dolor y peregrinaje por el desierto.
No hubo autoridades de gobierno en la ceremonia, pese a que el Ministerio de Interior colaboró con fondos para la construcción. Los representantes locales del Presidente Lagos recibieron la instrucción de no asistir. ¿Razón? La placa central redactada por las mujeres de Calama indica que los asesinos pertenecían al Ejército de Chile. No aceptaron eufemismos.
Hace 31 años que las mujeres de Calama esperan justicia. El caso judicial de la “caravana de la muerte” sigue en manos del juez Juan Guzmán, luego que el 2001 debió sobreseer al general Pinochet por “demencia senil”. Una demencia que encubrió una “razón de Estado” para garantizar impunidad al otrora poderoso dictador. Allí siguen, en el banquillo de los acusados, los altos oficiales –encabezados por el general Sergio Arellano Stark- que formaron parte de la “caravana de la muerte”. Y las mujeres de Calama, en su heroica gesta de lealtad, despliegan la paciencia que enseña el desierto en la espera de sentencia.
(*) Patricia Verdugo es periodista y autora del libro “Los zarpazos del puma”.
Martes, 16 de Noviembre de 2004 16:47 ;?> No hay comentarios. Comentar.
La Jornada - México D.F. Miércoles 17 de noviembre de 2004
Por José Steinsleger
Cuando un intelectual o corresponsal del "primer mundo" se instala en el tercero para interpretarlo o, viceversa, siendo del tercero lo interpreta con ojos del primero, nada impide que pueda convertirse en talentoso supermán de la interpretación. Pero, al igual que el doctor Jekyll y Clark Kent, vivirá debatiéndose en la doble identidad.
Hay quienes creen que ser "progresista" es igual a "tener identidad". ¿Lo uno incluye lo otro? Hay progresistas que viven en la indefinición, y están los que reivindican con claridad su identidad. ¿Qué propuesta política progresista puede surgir sin identidad?
En su artículo "¿Qué dirán de Arafat?" (“La Jornada”, 12/11/04), Robert Fisk arranca diciendo: "Fue (Arafat) totalmente leal al sueño palestino y ese sueño lo hizo miserable", y asocia al dirigente con el maldito: "Como tantos líderes árabes, Arafat gobernó por la emoción más que por la razón; George Bush hijo es el equivalente más cercano, con su guerra en Irak".
¿Es justo? Seguramente muchos progresistas como Fisk creerán que no hay diferencia entre los niños que gritaban en Gernika y Auschwitz y los gaseados en Fallujah, Gaza y Afganistán. Está muy bien decir que los niños son inocentes y está menos bien recordar que niños como Bush y Sharon se formaron y se forman en la cultura que del genocidio hizo negocio supeditado a "opinión", y construye endecasílabos fervorosos para llorar la "crisis ética y moral del mundo" con vehemencia profesional.
En el pasado medio siglo, el Norte produjo las grandes mentiras que han servido para beneficiar al imperialismo. Una de tantas sostiene que la nación es algo abstracto, cuyo origen y fin no están claros pues sólo puede constituirse en el nivel de lo imaginario.
Idem con el pim-pam-pum del "fin de las ideologías", desarrollado por Seymour Lipset en El hombre político (1955), el sociólogo Daniel Bell en libro homónimo (1960) y el economista gringo Lester Brown, para quien la nación "... impedía la organización eficaz de la actividad económica y la transferencia de tecnología en todo el mundo" (1972).
Ideas que empezaron a circular en el Congreso por la Libertad de la Cultura, financiado por la CIA (Milán, 1955), cuando se constituyó el Movimiento de los No Alineados. Lo del "fin de la historia" tampoco fue invento de Francis Fukuyama, burócrata del Departamento de Estado, sino de su maestro, el ruso neofascista Alexander Kójeve (1902-68) quien dijo que la historia había terminado en tanto conflicto, y que en su lugar regía la lógica del mercado impuesto por las naciones hegemónicas.
Clonados por los capataces criollos del intelecto, se cae en herejía cuando se propone examinar la validez de criterios revestidos de "cientificidad" y aplicados mecánicamente a realidades que no son aquéllas para las cuales fueron concebidos. Por izquierda y derecha, sin pensamiento propio, preocupada por los prestigios que les fabrica el aparato cultural, la inteligencia liberal carece de identidad porque piensa de afuera hacia adentro, quedando atrapada en los temas y "puntos de vista" buenos para abrir la puerta de ciertos círculos, universidades, centros de investigación, editoriales y periódicos.
El sociólogo argentino Carlos Paz dice: "Un pensamiento no es nacional por su localización geográfica, atavismo folclórico o mezquino patriotismo, sino porque renuncia a la imitación, a la repetición, y el hábito acomplejado de quienes revuelven pensamientos de segunda mano". Refutando al historiador liberal Tulio Halperin Donghi, de igual nacionalidad, Paz agrega:
"En la construcción de una nación interviene lo imaginario, pero aún en ese imaginario interviene la historia y los actores de la historia. Creer que la nación es una abstracción importa en los hechos derogarla y renunciar a plantear la cuestión nacional" (“Aportes” Núm. 3, Buenos Aires, 12/1994).
En suma, lo imaginario no sería la nación ni el estado-nacional, sino el racionalismo conservador o liberal que Israel y Estados Unidos pretenden imponer al mundo. Modalidad del pensamiento que, devenido en artículo de fe y consumo, avanza sobre las nuevas "tierras prometidas". Racionalismo vs. racionalidad. ¿Qué vencerá?
Islámico de confesión, laico de ideas, Yasser Arafat resucitó a Palestina, nación negada, pueblo oprimido, cultura soterrada y tierra ocupada, cuya identidad nació con el despertar de las civilizaciones. Para ello luchó y negoció con todos y contra todos: cristianos, islámicos, judíos y... palestinos.
La exigencia de Arafat fue clara: devolución de la Franja de Gaza, la Rivera Occidental, Jerusalén Este (árabe), desmantelamiento de todos los asentamientos ilegales y las tierras ocupadas en la guerra de 1967. Dice Fisk que Arafat"... era un soñador, característica popular entre los palestinos, que sólo tienen los sueños para darse esperanza". ¿Sólo ellos? Los palestinos sueñan y combaten. El Estado terrorista y criminal de Israel también combate. Pero tras haber sido sueño, hoy es pesadilla.
Jueves, 18 de Noviembre de 2004 20:59 ;?> No hay comentarios. Comentar.
-En una entrevista que concedió a BRECHA hace diez años, la primera después de haber sido electo diputado, usted sostenía que estaba trabajando de trueno para que de otros fuera la llovizna. Pero todo indica que ahora lloviznó, y mucho, sobre su cabeza...
-Sí... Nos cayó mucha llovizna en forma de votos (se ríe). Se verá ahora qué hacemos. La noche del festejo, alguna gente pensó que me había venido un vahído de emoción. ¡No, qué va!, porque estaba en la baranda y me agarré la cabeza, mirando para abajo: me agarré la cabeza de la tremenda sensación de responsabilidad y de tragedia. Yo sé que toda esa alegría es por la cantidad de cosas postergadas y el afán que tiene la gente por progresar y todo lo demás, y que eso que ahora es alegría dentro de poco será un reclamo. Yo estoy en cana de vuelta, me siento abrumado. Porque además, cuando teníamos dos diputados, éramos un testimonio. Pero la tragedia del gobierno de Vázquez es nuestra tragedia.
-Están abrazados a Vázquez como a un rencor, utilizando su expresión.
-Sí señor, no hay escapismo, vamos en el mismo paquete. Y vas a tener herencia maldita y todas esas cosas, pero la gente quiere soluciones. Por lo menos la sensación de que, aunque sea de a centímetros, mejora.
-Estará bravo para cumplir con las expectativas que generaciones de uruguayos depositaron en un gobierno de izquierda. ¿Usted tiene la fórmula?
-A todos mis compañeros de gobierno les quisiera trasmitir en dos palabras por dónde pasa ese desafío: la estética de hoy es la ética. La ética tiene que ver con desde lo que ganás a cómo vivís, a cómo atendés a la gente, a cómo te rompés el alma por la gente. La gente te va a perdonar que no puedas por las dificultades, o porque la embarraste, pero no tiene más paciencia para tolerar que la jodas, que la cagues. Tampoco te va a permitir que no reconozcas tus errores y los rectifiques. Estoy planteando una honradez al tope.
-Bien, eso desde el punto de vista de la noción de valores con que se debe encarar el gobierno. Pero falta el contenido. ¿Qué sería lo imperdonable que la izquierda no hiciera en su primeros meses de gobierno?
-Dos cosas fundamentales: la atención de los derechos humanos, de los que están vivos (golpea la mesa), y el laburo, tener políticas que busquen generar laburo. Y esto no es sencillo, porque la tendencia estructural de la economía contemporánea es a solucionar cualquier cosa menos el problema del laburo. Me encuentro con una Alemania que tiene el 15 por ciento de desocupados declarados...
-No parece sencillo, además, porque en el Frente hay distintas ideas acerca de cómo generar trabajo. Usted enfatiza en la revalorización del papel del mercado interno, pero la concepción económica dominante en la izquierda apuesta al crecimiento asentado en las exportaciones, para lo cual estimula la inversión extranjera. Está el caso de la empresa Botnia, por ejemplo, que parece concitar cada vez más adhesiones en la izquierda.
-Sí, quiero señalar que yo concuerdo con que debemos tener una economía exportadora y en términos de largo plazo veo que el mundo va hacia procesos progresivos de liberación comercial. Ahora, el sector exportador no le da trabajo a más del 30 por ciento de la población activa de Uruguay. Que hay que incrementarlo, macanudo; que hay que aumentar la productividad y apostar a la inversión, macanudo y vamo' arriba. ¿Pero mientras tanto? Por eso creo que necesitamos combinar todo: una economía abierta, una economía entreabierta y una economía cerrada. Si no puedo vender el trabajo para afuera, por nuestras limitaciones, tengo que venderme trabajo a mí mismo. Verme también como mercado, porque ahí hay una franja, y lo discutiremos. Si tengo una fabriquita que hace baterías, la tengo que apoyar. No poner fábricas nuevas de baterías, pero esas que están las tengo que exprimir, darles un poco de protección, porque hay gente que sabe trabajar con eso. Si hay zapateros...estos zapatos que tengo son uruguayos, el taller está en Ángel Salvo, ¿me entendés? No son inversiones nuevas que tengo que hacer, tengo que exprimir lo que hay, darle vida. Aplico esa mentalidad entre nosotros: pensé que íbamos a tener una bancada de 26 legisladores y saqué cuentas: tres diarios por día, tantos pesos cada uno. Hay un negrito que puede vivir con eso. Estoy inventando el trabajo como militante. Necesitamos un auto para movernos, y les dije a los compañeros: "vamos a estudiar contratar dos taxímetros, así se podrán ganar el mango". Esto te lo digo en la chiquita, pero se puede aplicar en lo macro. Hablan de puestos de trabajo y entonces piensan en grandes planes. No, loco, dejame arrancar con lo que hay, le quiero dar vida a todo lo que hay, pero con un criterio selectivo, no inventar cosas que son imposibles.
-Insisto: ¿no hay un choque entre la visión que usted plantea y otra, dominante, que jerarquiza sobre todo las variables de la macroeconomía?
-La macroeconomía tiene que crear la atmósfera pero no genera valor, genera condiciones; el valor lo genera la micro o meso economía, es decir las líneas sectoriales que tengo que tener para que tal sector se revuelva. Claro, yo estoy embretado porque no puedo poner aranceles como en 1966, pero tengo que apelar al recurso antiguo del Estado.
-No entiendo…
-Claro, alguien me dice "tengo que importar ajo", y yo le digo que no, que no importe ajo chino. El tipo jode, insiste, y yo le digo "bueno, traé un contenedor". Cuando lo va a buscar a la aduana le falta un sellito, le falta esto o lo otro... Pero para el mundo soy liberal.
-Se trata de un sentido heterodoxo del respeto a las normas y reglas de juego
-(Se ríe de manera socarrona.) Las respeto, sí. Cuando me patean mucho, bueno, dejo pasar. ¿Acaso los brasileños no encontraron una bacteria en un cargamento de ropa y lo mandaron para atrás? Yo estuve peleando una vuelta en Salto con dos camiones de frutillas que estaban autorizados a entrar a Argentina, pero cuando autorizaron la pasada ya estaban podridas las frutillas.
-¿Este tipo de medidas están conversadas en el equipo de gobierno?
-No, no están conversadas. Claro, para esto hay que tener un poco de rostro y un poco de decisión. Para mí ese tipo de política me va a generar trabajo. Si yo les digo a los importadores de autos "paren, por un par de añitos sin importar no pasa nada", me van a patear. Nuestra industria automovilística, que se rehaga en los talleres; después si respiramos traemos algunos autos. ¿Entendés? Porque somos unos cracs los de izquierda: hablamos de emergencia social, y la emergencia laboral, loco, ¿cómo la vamos a bancar?
-Le van a decir que induciendo a doña María a que compre zapatos uruguayos la estará castigando, al impedirle que compre importados más baratos.
-Es que ya la estoy castigando. Hay un gasto público que recae siempre en los bolsillos más humildes. Cuando un desocupado va a Salud Pública nos cuesta 8 mil pesos y cada gurí del Iname otros 17 mil. No importa si los consumos finales me cuestan un poco más, pero estoy generando trabajo; capaz que en lugar de gastar tres pares de zapatos gastaremos uno, pero como te cuesta más caro le vas a hacer poner media suela y va a haber un viejo, que hoy está al pedo, que se revolverá remendando los zapatos. Por supuesto que no puedo aplicar ese criterio para hacer un tractor al torno porque me encarece el trabajo. Por eso digo la palabra selectivo. En el caso que me citabas de Botnia, que se habla de una inversión de mil millones de dólares para generar 2.000 puestos de trabajo indirectos, grito socorro. Yo no tengo posición respecto a esto, lo que tengo claro es que debo colocar arriba de la mesa todo el tema de la forestación.
-Evaluar esa inversión en función de la política forestal.
-Claro, hacer un balance profundo y completo sobre qué nos aportó, qué no y a qué costo. Si a mí me ponen una empresa que va a consumir 300 hectáreas por día, estamos hablando de 100 mil hectáreas por año. Estamos hablando de que todo lo que está plantado teóricamente tiene que ser para esa empresa, y por lo tanto hay que plantar mucho más para las otras. Me pregunto cuál es el tope, y me pregunto si no cambió nada en el mundo desde que se votó la ley forestal. Hace 15 años la mayoría de la gente no sabía que había tierras que eran arables y se destinaban a la actividad forestal. Esas tierras hoy se pueden sembrar. Cuando se hizo la ley forestal andaba en 45 o 50 dólares la tonelada de madera y ahora estamos vendiendo a 30. Los números que me va a dar la forestación tienen que ser superiores, para que me rindan, a los de la ganadería extensiva. Y tengo que compaginar este tipo de forestación con el ciclo de pastoreo, con la producción de madera que no sea para celulosa. Es una discusión cojonuda a poner sobre la mesa antes de tomar una decisión. Me parece que uno no se puede encandilar con los mil millones de inversión de que se habla. Esas empresas me van a tener que poner mucha cosa en el balance que se les exija, por ejemplo una valoración de lo que significa la desaparición de la culebra por falta de hábitat de los bañados y la multiplicación de la yara. De repente tendremos que desembocar en otro tipo de forestación. Yo quisiera reconciliar el árbol con las vacas y con las ovejas.
-¿Le parece que con esas ideas le van a ofrecer un ministerio de producción?
-Y bueno, yo no las disimulo, digo lo que pienso. Tampoco soy fanático, porque si me demuestran lo contrario capaz que rebobino. Pero quiero sopesar todos los intereses en juego.
-Cuando la izquierda habla de reforma del Estado a menudo la asocia con el objetivo de una mejor distribución del gasto, pero muy poco con el de la mejora de su gestión. ¿En ese campo el modelo a seguir es el de la Intendencia de Montevideo?
-Primero una definición teórica: cada vez estoy más convencido de que la gestión es del poder. Ese es el talón de Aquiles del país. Hay dos caminos: sos patrón o incluís a la gente para que la gente se sienta patrón y tenga estímulos; hay que elegir, definirse. No se puede ser una cosa chirle. Incluir a la gente significa inculcar el sentido de responsabilidad y eso significa premio y castigo. El problema es cuál es el juez que lauda eso; si los jueces están arriba o están abajo. Me pueden matar por lo que te voy a decir, pero creo que habría que empezar a experimentar con un pago distinto, por sección, allí donde se pueda calcular el valor anual que tiene el trabajo de un equipo o de un conjunto de hombres, y que después la barra se lo reparta. Pero no los jerarcas de arriba, sino los de abajo, y darles libertad para organizar el trabajo y hasta para vender trabajo para fuera. De tal manera que si vos te rompés el orto, te vas a llevar un peso en la mano, pero también controlás a ese que está garroneando, porque indirectamente te está jodiendo. Ahora me enteré de que esto se está discutiendo en Dinamarca y se está empezando a aplicar en Suecia. Yo quisiera hacer una reforma del Estado con la participación comprometida de los trabajadores, no contra ellos, porque si no no se puede. Lo que ellos, los trabajadores, tienen que entender es que si me sobra gente en tal banco, tengo que discutir cuáles son los trabajos que inventamos para esa gente, pero no insistir en que sigan laburando diez donde pueden hacerlo tres. Quiero transferirle el poder a la gente, por lo menos una cuota de poder en las baldosas que están todos los días trabajando, y despertar su ambición, que es muy bueno que exista mientras no joda al otro. No me vengas con igualar para arriba, hay que igualar por el mérito. Qué sé yo, tenemos que dar vuelta tantas cosas... A mí me tiene que doler cuando una cola de viejas está en la Intendencia para pagar un recibo piojoso, porque los que tienen guita no van a las colas, tienen gestores. En realidad estoy castigando a todos los que están jodidos.
-Entonces el modelo de gestión de la Intendencia de Montevideo no es aplicable a escala nacional.
-No, yo creo que al sistema hay que cambiarlo; la Intendencia está englobada en el sistema de todo el Estado, como lo está toda nuestra sociedad. Nosotros no somos tan diferentes; estamos en la misma. La revolución mental que requiere todo esto no nos llegó.
-¿No afecta la necesaria diversidad del Frente el hecho de que sus sectores radicales carezcan de representación parlamentaria? ¿De qué modo puede incidir esto en la administración de los disensos? Porque buena parte de la gobernabilidad futura residirá en la unidad de su fuerza política.
-Hay que perseguir siempre la unidad, mantener la libertad de opinión y dar lugar a que las minorías existan y disientan, entre otras cosas porque la minoría te puede enseñar la cagada que vos no estás viendo. La unidad de acción no puede querer decir unidad de opinión. El Frente tiene ahora un fuerte desafío: gobernar conservando la libertad de pensamiento interna sin perder la capacidad de conducción.
-¿El hecho de que esos sectores hayan quedado fuera del Parlamento no contribuye a colocarlos en la vereda de enfrente?
-Pienso que contribuye, porque les deja el grito social como única alternativa, pero no el grito político. Hasta donde pueda voy a procurar que tengan presencia o participación en algún lugar del gobierno. Entre otras cosas porque tenemos que meter todos las patas en la batea.
-Usted decía, en aquella entrevista de BRECHA de hace una década: "Me parece que vivimos una época naturalmente centrista, en la que nosotros representamos un tipo de propuestas demasiado duras. Pero igualmente vamos a mantener el estandarte, sin apearnos del lugar. Lo medular siguen siendo las cuestiones estratégicas, y en ese sentido cualquier proyecto que le intente rayar un poco el lomo a ese nudo que llamamos oligarquía conlleva un proceso frente al cual sólo quedan dos caminos: radicalizarse en profundidad o abdicar de los principios". ¿Cuál de los dos caminos siente que está transitando?
-El de la lucha por la liberación nacional en un contexto del mundo que es muy distinto, penoso. Esto supone una larga lucha, pero hay que darla. No creo que se pueda construir ninguna sociedad mejor con un país pobre y analfabeto. Pude haber creído distinto pero hoy he cambiado. Estoy más cerca de Marx que de Lenin, en el plano de definiciones primigenias. Estamos en una época distinta, en la que no nos podemos olvidar que un cowboy anda suelto. Y si me olvido es dramático. El camino que tenemos planteado en el Frente no es otra cosa que un conjunto de reformas, que desde el punto de vista teórico de la década del 60 es meramente reformista, no cuestiona el sistema. Pero pienso que es la lucha de esta hora. Si no la gente no te entiende, te quita el hombro y vos te quedás como un intelectual rezongón en el cordón de la vereda. Descubrí que en política, si no lográs construir grandes seres colectivos que te den pelota, no existís. Los compañeros que no fueron electos en gran medida es por esto, porque no le sirven a la gente en este momento; ellos consideran que tragarse sapos es una cuestión de principios; no entienden que no tiene nada que ver con los principios comer sapos, sólo hay que condimentarlos. Ellos tienen una sensibilidad pequeñoburguesa porque no pasaron hambre. No jodamos: si el Frente no da respuestas a problemas elementales la gente le dará la espalda, lo castigará, y votará a los colorados y a los blancos. El país que tengo estaba estructurado de determinada manera, y yo hoy no lo puedo cambiar, tengo que hacerlo andar lo mejor que pueda. Esta libertad de pensamiento me permite negociar de igual a igual y saber que cuando estoy negociando con un burgués él está buscando llenar su morral. Con él haré un contrato que comprenda esas reglas de juego. No es que las comparta, pero si quiero hacer que el tipo piense como yo ¡estoy loco!
-¿Qué atributos propios que lo distingan de los anteriores debería tener en su función un ministro de Trabajo, un ministro de Economía, de un gobierno progresista?
-Hay una cuestión metodológica que pasa a ser central: no habría que hacer nada sin consultarlo con la gente que está involucrada. No debés permitirte el lujo de tirar una cosa sin considerar la situación de los distintos niveles de víctimas y sin escuchar lo que tengan para decir. De alguna manera hay que encontrar formas de que mucha gente participe en las decisiones. Participar no es decir "vamos a tal barrio y hacemos unos arreglitos". No, no. Participar es llamar a los representantes naturales de la gente y ver qué pueden aportar. Con los niveles de información tan distintos que hay en la sociedad, yo le puedo tirar a una asamblea un montón de cosas y no entenderá nada. Eso no es participación. Pero si voy a tomar una medida con el calzado y llamo a los zapateros, perdé cuidado de que me la van a desmenuzar, me la van a hacer pelota en un montón de cosas y me van a poner otras. Ojo que a los tipos les voy a reclamar que piensen, que se pongan de gobernantes y me hagan una propuesta con el orden de dificultades en cada etapa. Yo abro la cancha, pero vos laburá.
-¿Pero da lo mismo que el Ministerio de Trabajo sea comandado por una figura asociada a los trabajadores que por otra más ligada al universo empresarial?
-No, no, no, qué va a dar. Yo me lamo por poner a alguno de los que siempre han estado del otro lado (se ríe).
-¿La retirada de los cuadros del gobierno actual será tan ordenada como sugieren las primeras señales, o cabe esperar algún tipo de "herencia maldita", al margen de la económica?
-No, creo que la herencia maldita está en lo económico, y que no viene de ahora sino de bastante atrás. A pesar de estos problemas de fondo brutales, espero una transición sin muchos sobresaltos. No veo ningún capitalista que saque la guita desesperado.
-Quiere decir que esta izquierda, siguiendo su razonamiento, ya no jode a nadie.
-Eso mismo, ya ni siquiera somos capaces de meter miedo a nadie (se ríe). Ellos saben que tenemos libertad condicional en este mundo, que tenemos una libertad relativa. Miden también cuáles son nuestras limitaciones. La jugada de Tabaré de llevar a Astori es una señal, va a asegurar un tránsito. Desde ese punto de vista estamos bastante bien. Los que son problemas para algunos, también son posibilidades para otros; en puerta está una negociación que requiere garantías internacionales, y eso va a establecer el margen...
-¿También en el tema de la deuda el MPP se va a alinear como un soldado disciplinado a lo que decida el equipo económico...?
-Bueno, nosotros no vamos a interpelar a Astori.
-Pero ganas de incidir en las negociaciones supongo que no les faltan.
-Y claro que no, tenemos seis senadores, imaginate. Igual pienso que de algún detalle nos vamos a enterar.
-El diario argentino Crónica tituló hace unos días con una declaración suya: "La deuda no se puede pagar"...
-Chocolate por el título rimbombante. Un liberal te dice "la deuda no se paga, se maneja", otros dicen "se negocia". ¿Dónde está la diferencia? Como te digo una cosa te digo la otra. Pagarla con teca no se puede, y eso lo sabemos todos. Pero pasar de la convicción a la acción no es sencillo. Hasta que el mundo no cambie, hasta que algún rottweiler de la región plantee alguna otra cosa... Si es así nosotros ponemos un cuzquito atrás del rottweiler, pero solos no, ¿eh?
Tomado de Reconquista Popular
Jueves, 18 de Noviembre de 2004 22:06 ;?> Hay 1 comentario.
Amanecía el 20 de noviembre de 1845 cuando aparecieron los invasores. Una poderosa escuadra anglo-francesa se internaba en el Paraná al frente de un convoy de 90 buques repletos de mercaderías. El conjunto de la expedición estaba al mando del almirante Hotham. La flota británica, a cargo del almirante Inglefield, estaba compuesta por 9 naves de guerra a vela y 3 vapores portando 136 cañones Peysar de “última generación”, que acababan de ser entrenados en China, en la llamada Guerra del Opio, última tropelía del Imperio antes de su incursión en el Río de la Plata. La francesa, al mando de Lainé, incluía 3 grandes fragatas, corbetas y bergantines en número de 5, y dos vapores. En total 282 cañones-obuses Paixhans que disparaban proyectiles de 80 libras tanto o más potentes que los de sus aliados.
La defensa de la Confederación Argentina fue encomendada por Juan Manuel de Rosas, gobernador de Buenos Aires y encargado de negocios de la Confederación, al general Lucio Mansilla, un veterano de la guerra de la Independencia.
En la Vuelta de Obligado, donde el Paraná dibuja un recodo y se estrecha, Mansilla se preparó para resistir. Atravesó el río con 3 gruesas cadenas sostenidas por 24 lanchones. La singular barrera era custodiada por el único barco con el que contaba la milicia criolla, el Republicano. Sobre la orilla derecha del río se colocaron 2 baterías antes de las cadenas, una a la altura de las mismas y una cuarta por encima de ellas. La suma daba 30 viejos cañones de pequeño calibre atendidos por 160 artilleros y 2.000 hombres atrincherados, apenas armados con fusiles.
Soberanía y globalización en el Siglo XIX
¿Por qué se producía la intervención europea? En julio de 1845 los enviados de las potencias europeas, Ouseley y Deffaudis, presentaron a Rosas un ultimátum, exigiendo el retiro de los buques de Brown que sitiaban Montevideo, el retiro de las fuerzas argentinas destacadas por Rosas en la Banda Oriental, y la renuncia del general oriental Oribe a recuperar Montevideo con el apoyo del gobernador bonaerense. El gobierno de Rosas se mantuvo firme y no cedió a ninguna de las pretensiones imperiales. Con la máscara de una “mediación” en la prolongada guerra civil que se desarrollaba en la Banda Oriental, los comisionados de Londres y París encubrían objetivos más vastos, más globales. Estos se cifraban en la obtención de la libre navegación de los ríos, en este caso el Paraná, en la búsqueda de nuevas rutas de penetración comercial. En lo inmediato del mercado paraguayo.
En el trasfondo histórico de los acontecimientos de 1845 se desenvolvía la avasallante expansión del capitalismo británico y –socios y rivales al mismo tiempo- las aspiraciones de la Francia colonialista. Los ejes que guiaban la política exterior inglesa consistían en conquistar mercados para sus exportaciones y plazas para colocar sus empréstitos e inversiones. Para ello los conflictos que escapaban a esa estrategia, debían ser eliminados. Entre ellos estaba la lucha de Oribe por recuperar toda la Banda Oriental para su legítimo gobierno. De ahí que con la excusa de una “mediación” pacificadora se gestó la invasión anglo-francesa.
El clima de la misma fue creado por una copiosa campaña periodística y literaria destinada a probar la barbarie de los argentinos, en la que se destacaron desde Europa, la Revista de los Dos Mundos y desde Chile el diario El Progreso donde el emigrado sanjuanino Domingo Faustino Sarmiento empieza a publicar un folletín titulado Facundo en el que contraponía la “civilización europea” a la “barbarie gaucha”. Corría mayo de 1845. Las potencias europeas ya estaban alistando la fuerza expedicionaria.
El bloqueo de puertos y países, la apertura forzosa de ríos interiores y la creación de estados-tapón son componentes esenciales de esa estrategia. La “independencia” del Uruguay había tenido ese origen. Ahora se buscaba la segregación de Corrientes y Entre Ríos de la Confederación, y convertir a Montevideo en puerto franco internacional. Se propiciaban las soberanías ficticias para desintegrar a las naciones históricas y reales que se presentaban como obstáculos para la expansión mundial del capitalismo europeo presentado como sinónimo de “progreso”. ¿Aquellos viejos argumentos, no son exhumados hoy, en la era del capitalismo neoliberal, para justificar los bloqueos de Cuba, Irak o Libia y otras delicias intervencionistas de la posguerra fría? Es a la luz de estos rasgos de la política inglesa de la época, que podrá entenderse la naturaleza del conflicto que enfrentó la Confederación Argentina. A mediados del siglo XIX todo el planeta estaba claramente dividido en metrópolis imperiales y opresoras y en pueblos y naciones oprimidos. Las tierras del Plata pertenecían claramente a esta última categoría, y es en ese contexto que debe medirse –cualquiera sea la valoración que se haga de su política interna- la dimensión del patriotismo de Rosas, que rechazó con dignidad y resistió valientemente la extorsión globalizante de la potencia hegemónica de su tiempo.
Una victoria nacional
Los argentinos se encontraron en definitiva ante una instancia crucial. Para el historiador A. J. Pérez Amuchástegui: “Ya no quedaba alternativa, había llegado la hora de poner las cartas sobre la mesa y decidir cada cual con su conciencia, si peleaba del lado de la soberanía nacional o del lado de los que venían a arrasarla. Nacionalismo o colonialismo eran los términos reales del problema, y nadie se podía llamar a engaño”. Nadie lo hizo. Ni la emigración unitaria en Montevideo, que mendigó y colaboró con la fuerza intervencionista extranjera, ni el Libertador San Martín que desde el primer momento se solidarizó con la causa de la Confederación Argentina antes de legar su sable a Juan Manuel de Rosas. Dos actitudes diametralmente opuestas que reaparecerían en ocasión de la Guerra de Malvinas y cada vez que el interés nacional entraba en disputa con un poder foráneo.
El día del combate de Obligado, 20 de noviembre, dio comienzo con un intenso bombardeo por ambas partes. La superioridad de la artillería enemiga, en tres horas de fuego nutrido, se impuso a las baterías de la costa. Por dos veces la marinería de los invasores intenta el desembarco pero es repelida por los gauchos-soldados de Mansilla que hacen derroche de heroísmo e infligen fuerte daño al enemigo. Este tiene 150 hombres fuera de combate y 4 naves muy averiadas. Por su parte, las tropas argentinas sufren la muerte de 240 hombres, 400 heridos y la destrucción de las baterías. Mansilla es seriamente herido y Juan B. Thorne, el valiente artillero que ensordece en la batalla, recibirá para siempre el apodo de El sordo de Obligado. Habían sido 10 horas de lucha sin cuartel que cubrieron con cadáveres las barrancas del Paraná.
Forzado el paso, y después de reparar las naves dañadas, la flota imperialista remonta el río. Ha sufrido la deserción de numerosos mercantes, y al resto le espera un completo fracaso comercial al que concurren la pobreza de los pobladores y la hostilidad de los criollos hacia los extranjeros intrusos. El investigador canadiense H. S. Ferns coincide con que: “Los resultados políticos y económicos de esa acción fueron, por desgracia, insignificantes”. En otras palabras, Inglaterra y Francia habían tenido una muy ajustada victoria militar y una clara derrota política. Los gauchos de Mansilla con cadenas y viejos fusiles y la hábil diplomacia de la Confederación habían obligado a las dos primeras potencias mundiales a firmar poco tiempo después la paz y a retirarse del Río de la Plata, envueltas en el fracaso y en el abatimiento.
(*) Revista “Compartir” – Octubre de 1997.
Sábado, 20 de Noviembre de 2004 20:42 ;?> No hay comentarios. Comentar.
“Óyeme Como Quien Oye Llover” es el título del nuevo libro del poeta Sergio Mansilla Torres, actual académico de la Universidad de los Lagos en la ciudad de Osorno y oriundo de la Isla de Quinchao del Archipiélago de Chiloé, donde nació en 1958. El nombre del poemario está basado en un verso de Octavio Paz, lo que permite introducirnos a este espacio poético lleno de reminiscencias del mundo lárico fundado por Jorge Teillier, pero con una acabada reelaboración escritural y cósmica donde cohabitan sus vientos de infancia, islas remotas, perdidas en los mapas, con fantasmagorías de otras culturas que el autor conoció en sus viajes de estudios en Estados Unidos, Francia, en lecturas de los clásicos de nuestra lengua.
En sus poemas se escucha la lluvia del sur chileno, el agua territorial, metafísica donde sueñan los alerces, los chucaos, los viejos traucos que cantan al atardecer cerca de Chonchi o Llau-Llao, las mareas altas y bajas donde aparecen rocas que raras veces se ven al aire, dice el poeta, para contarnos “que la marisca se entume por el frío y se endurece por la sal invisible de los muertos”.
Por todas partes se respira el sur del mundo y especialmente Chiloé, su patria ancestral, llena de mitologías, leyendas, peces, la lluvia torrencial del invierno con crepúsculos llenos de aves que no pueden volar, brujos que sobrevuelan Quellón, Ancud, Quehui, junto a La Fiura, La Voladora, El Camahueto, y se escucha a lo lejos música en la cubierta de El Caleuche, esa nave que ha hecho soñar a muchas generaciones.
El escritor, junto a otros autores del Grupo Literario “Aumen” de Castro, creado en 1975, que en lengua Huilliche significa “Eco de la Montaña”, son los fundadores de la poesía contemporánea en ese lugar del planeta. Citaremos, además, a Carlos Alberto Trujillo, Nelson Torres, como los tres mejores exponentes de ese universo donde se conjugan la fabulación, con una cosmogonía clásica que representa fielmente el habla de su pueblo, la historia y geografía del mundo Chono, Veliche, la presencia española desde el siglo XVII, donde se hace más fuerte el mestizaje.
Este libro nos entrega una fisonomía de la nostalgia por un mundo que fue. Sergio Mansilla viaja por el tiempo, juega con las nubes que anuncian un aguacero, o el temible surazo que los abuelos chilotes describen como un castigo de los dioses. A lo lejos se divisan embarcaciones que recorren las islas buscando paisanos que van a la feria de Dalcahue a intercambiar papas por chombas, corderos por camisas, azúcar, remedios, como en uno de sus poemas de juventud donde dice “Anda al pueblo, hermano, a vender estas cuantas gallinitas”.
Todo un acierto este libro que recrea un mundo poco conocido en nuestra poesía y lo transforma en aire, belleza, magia.
Sergio Mansilla Torres es autor de “De la huella sin pie”, “Respirar en el desfiladero”, “Noche de Agua”, “El sol y los acorralados danzantes” y una decena de textos de crítica literaria. Pertenece a la Generación NN, poetas que comienzan a escribir en los inicios de la dictadura militar. Obtuvo un doctorado en literatura en la Universidad de Washington, Seattle.
Sábado, 20 de Noviembre de 2004 20:23 ;?> No hay comentarios. Comentar.
Por el Prof. Pedro Godoy Perrín Centro de Estudios Chilenos – CEDECH Noviembre de 2004
Se conmemoraba el Centenario de la Guerra del Pacífico... Un grupo de allendistas sueltos, la mayoría académicos exonerados de la Universidad de Chile, reunidos en “Tambo Libros” –una librería de viejos que sostenía el colega Leonardo Jeffs, en la segunda cuadra de Avenida España- resolvimos el montaje de la postulación al Premio Nóbel de la Paz de Víctor Raúl Haya de la Torre. Aquello constituía un gesto de audacia en un Chile ocupado por sus FF.AA. y bajo crónico estado de queda. Nos atrevimos y con ello dábamos una bofetada al aquelarre chauvinista derivado de la conmemoración de un fratricidio que repudiamos.
La candidatura permitía renuclear a un Chile disperso por efecto de la represalia y el terror. Aquellos no eran tiempos fáciles. Sin embargo, la iniciativa cuaja. Recuerdo que nos reuníamos en la oficina del ex senador Tomás Pablo, ubicada en Huérfanos. Obtuvimos más adhesiones que las imaginadas. Cito de memoria... Suscriben el documento enviado al Parlamento de Noruega –entre otros- ex rectores de Universidades como Ignacio González Ginouves y David Stitchkin, el Premio Nacional de Educación Roberto Munizaga Aguirre, el ex embajador en la RFA e historiador Enrique Zorrilla, el periodista Wilfredo Mayorga, el sociólogo Hernán Godoy Urzúa...
Lo interesante de destacar –en esta ocasión- es nuestra visita al hogar del sindicalista... También padecía el exilio interior. No recuerdo quien me acompañó. El intermediario fue, sin duda, Oscar Ortiz. Diáfano y sintético no necesitó mayores argumentos ni energía convincente. Escucha el comienzo de la presentación y acto seguido comentó: “yo siempre he sido bolivariano y esta es oportunidad para reiterarlo”. Acto seguido estampa la rúbrica. Quedamos impactados por la decisión y por proclamar como propia una tesis que en Chile –hasta la aparición de Hugo Chávez- es evaluada como anacronismo o quimera tanto por la derecha como por la izquierda.
Quienes han estudiado la trayectoria de Clotario proporcionan datos interesantes. Demuestran que ese apoyo que nos brindara no era caprichoso ni oportunista, sino la continuidad de una idea-fuerza. En los años 30 al organizar el Partido Corporativista Popular ya se registran atisbos de latinoamericanismo. Aun más, apoya siendo muy joven la epopeya del caudillo César A. Sandino contra la invasión de marines a Nicaragua. Así también está con el FSLN en las jornadas de combate guerrillero contra Somoza. En 1952 –cosa extraña en el país y otro signo de su clarividencia- solidariza con la Revolución Boliviana que encabezan Víctor Paz Estensoro y Juan Lechín. Eso en momentos que los triunfantes MNR y la COB son tachados de “fascistas” por nuestra izquierda europeizante y de “comunistas” por El Mercurio.
En los 40 Clotario cultiva nexos estrechos con Luis Alberto Sánchez y, sobre todo, con Manuel Seoane. Ambos son los más representativos cabecillas apristas desterrados en Santiago. El antimperialismo del APRA de entonces nutre a quien fuese, como se sabe, fundador de la CUTCH (Central Única de Trabajadores de Chile). Admira –por otro lado- el proceso mexicano cuyo mayor esplendor se vive con el general Lázaro Cárdenas, pero es adversario de Vicente Lombardo Toledano, marioneta de Moscú en suelo azteca. Observa con simpatía el proceso argentino y saluda 1945 como una aurora cívica en el país de Martín Fierro. Sin embargo, pese a simpatizar con Juan D. Perón no lo acompaña en la empresa de fundar la Alianza de Trabajadores de Latinoamérica ATLAS. Ello porque don Clotario –contra viento y marea- privilegia el sindicalismo sin tutela de Estado y sin control de Partido.
Esto último explica su ruptura en los 60 con el PC por el afán de esa tienda de copar la CUTCH. Antes, en la fase fidelista, durante 1959 abraza la Revolución Cubana. El giro posterior de La Habana a un sistema de Partido Unico bajo tutela de la URSS lo empujan a distanciarse, pese a su inalterable amistad con el Dr. Ernesto Guevara. Hay testimonios de esto en “Adiós al cañaveral” de Matilde Ladrón de Guevara. El antimperialismo y su convicción que nuestra América no es un racimo de naciones, sino una sola nación desmembrada por las clases dominantes y las maniobras de los imperialismos es lo que estimula, en aquel ya distante 1979, a suscribir el Acta Postulatoria de Haya de la Torre no sin antes comentar que el cardenal Samoré –arquitecto de la paz chilenoargentina- le parecía también un excelente candidato.
Hoy en el 105º aniversario de su natalicio el Centro de Estudios Chilenos CEDECH -por mi intermedio- se asocia al homenaje y depositando, de modo simbólico un copihue sobre su tumba, expresa: ¡COMPAÑERO CLOTARIO BLEST, PRESENTE! ¡HONOR A TU MEMORIA!.
Sábado, 20 de Noviembre de 2004 20:46 ;?> No hay comentarios. Comentar.
Discurso del Sr. Canciller Rafael Antonio Bielsa Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales Presentación del libro "La Nación Sudamericana" 07 Octubre 2004
Señoras y señores Amigos y amigas Estimado Carlos
Cuando fui invitado a presentar este nuevo libro de Carlos Piñeiro Iñiguez, titulado "La Nación Sudamericana", me pregunté: "¿Qué mejor invitación puede recibir un Canciller sino la propuesta de presentar un libro cuyo título resume -de manera acabada- el objetivo estratégico central de la política exterior que -sobre la base de los lineamientos trazados por el Presidente de la Nación- instrumenta día a día?”
Como todos hemos aprendido -a veces de modo doloroso- no siempre nuestra primera reacción es la correcta. Por cierto, en más de una ocasión, hubiéramos deseado -ex post- que no se nos hubieran ofrecido ciertas oportunidades o, en su caso, haber rehuido a tiempo tentativos convites. Decía Teresa de Ávila que se va al infierno mucho más por las plegarias que Dios atiende, que por aquellas a las que no hace caso.
No es éste el caso. La lectura y relectura de esta nueva obra de un reconocido estudioso del pensamiento latinoamericano -que reúne tanto la condición de académico como el valor agregado que brinda la experiencia de un diplomático- reafirmó lo acertado de mi primera reacción.
"La Nación Sudamericana", además de reconstruir la idea de la integración regional -abarcada desde los entresijos de la historia política, económica, social y cultural hasta los desafíos de hoy- aborda, aportando claridad a la complejidad, diversas cuestiones que hemos transformado en prioridades de nuestra labor cotidiana en la Cancillería.
A título meramente enunciativo, y en atención a la necesaria brevedad en función del tiempo disponible, me referiré a algunos puntos salientes:
Carlos Piñeiro nos dice que "sin consenso de los pueblos, no hay integraciones sustentables". Esta frase resume mi convicción sobre la importancia crucial que reviste la participación de la sociedad civil en el proceso de integración regional. Conscientes de la relevancia de este tema, hemos creado -en el ámbito de la Cancillería- una Representación Especial para la Integración Económica Regional y la Participación Social, que contribuye de modo activo para consolidar la idea del Mercosur como patrimonio de la sociedad y no de la circunstancial autoridad. Esta Representación Especial desarrolla su labor en dos grandes ámbitos:
El Consejo Consultivo de la Sociedad Civil, que nació con el fin de informar sobre el desarrollo de las negociaciones del ALCA en el marco de transparencia propiciado por el Gobierno y cuyo espectro se amplió al conjunto de los temas que hacen a la política exterior, y el Foro Consultivo Económico y Social del MERCOSUR.
La decisión de crear la Representación Especial antes mencionada implica el reconocimiento de que, ante coyunturas de creciente complejidad en las que se juegan definiciones críticas relativas al desarrollo de nuestros países, resulta fundamental avanzar hacia consensos nacionales que generen entendimiento y compromisos entre los diversos sectores sociales.
Esta decisión se funda asimismo en nuestra concepción del Estado como el Yo común del sistema de libertades que posee una sociedad. Parafraseando al sociólogo Alvaro García Linera: "lo que importa es la capacidad del Estado de sintetizar a la sociedad… Cuando esto no sucede, el Estado se presenta como parte, no como resumen y entonces el Estado vivirá bajo acecho de la sociedad y el lenguaje gubernamental se agazapará en el castigo, la disuasión y la amenaza de una parte de la sociedad contra otra".
El autor hace referencia también a la conciencia de nacionalidad común, destacando que "las fórmulas supra-estatales de organización regional que han cobrado impulso contienen una doble virtud: son fruto de la globalización -es decir: marchan con los tiempos- y, al mismo tiempo, le ponen límites razonables".Al respecto, desde la Cancillería, comprobamos y destacamos que la estrecha articulación de nuestra región constituye la alternativa más idónea para preservar nuestra identidad nacional, incorporándole una dimensión latinoamericana, fundada en nuestra comunidad de destino. El fenómeno de la globalización, sin las nociones de singularidad en la universalidad, y sin la influencia aleccionadora de una cultura humanitaria templada en la espiritualidad, nos hará sufrir las consecuencias malsanas de la tentación materialista.
En este sentido, podemos extrapolar a nuestro hemisferio las siguientes afirmaciones de Jürgen Haberlas y Jacques Derrida: "La solidaridad del ciudadano del Estado nacional limitado a la solidaridad con la propia nación, deberá extenderse en el futuro a los ciudadanos de otras naciones del continente…. La cultura (en el caso citado, la cultura europea) tuvo que aprender dolorosamente de qué manera se puede establecer una comunicación en la diversidad, institucionalizar diferencias y estabilizar tensiones. También el reconocimiento de las diferencias -el reconocimiento mutuo del otro dentro de su carácter diferente- puede convertirse en característica de una identidad común".
Carlos Piñeiro también se refiere en su obra a la dimensión cultural del MERCOSUR. Nada más afín a la agenda de la Cancillería de hoy. Nosotros concebimos al Mercosur como un proyecto estratégico de vasto alcance que trasciende el plano económico-comercial y constituye la base desde la cual nos proyectamos hacia nuestro objetivo más abarcativo: la creación de un espacio sudamericano que maximice la capacidad de la región de incidir de modo efectivo en el escenario internacional.
En este proyecto -que desarrollamos en forma discreta pero a la vez continua, persistente y profunda- la dimensión cultural reviste importancia superlativa.
La integración de nuestra América Latina refuerza la idea de universalidad como síntesis de lo diferente y esa misma integración, para ser "turbión del espíritu" americano, debe asumirse desde su nivel primario y determinante, es decir, desde la cultura. Sólo así construimos una auténtica amistad, algo muy diferente y más poderoso que la mera ausencia de rivalidad. Consciente de la importancia de este aspecto, quisiera mencionar -a título de ejemplo- un par de iniciativas que hemos plasmado con Brasil en el Acta de Copacabana suscripta en marzo de este año. Los Presidentes Kirchner y Lula advirtieron que la consolidación de una cultura de amistad requiere de una educación para la integración.
Con tal propósito, convinieron instituir el "Día de la Amistad Argentino-Brasileña" que se celebrará el 30 de noviembre de cada año, en conmemoración del encuentro que mantuvieran en Foz do Iguazú los Presidentes Alfonsín y Sarney y en cuya ocasión se suscribiera la Declaración de Iguazú, que dio origen al proceso de integración regional como lo concebimos actualmente. Los institutos educativos argentinos y brasileños dedicarán esta jornada conmemorativa a actividades destinadas a difundir recíprocamente la cultura y la historia del país asociado. Este mismo espíritu inspiró la decisión de crear el Premio Binacional de las Artes y la Cultura, destinado a reconocer la obra y trayectoria de artistas e intelectuales de ambos países.
Señoras, señores
Hemos cambiado la matriz sobre la cual articulamos nuestra política exterior. No adscribimos a concepciones providencialistas del relacionamiento externo y sus consiguientes ilusiones de poder aparente.
Existe hoy conciencia colectiva de que, para que nuestra voz sea escuchada y nuestros países ocupen el espacio que les corresponde en el escenario internacional, debemos trabajar -con las dosis adecuadas de realismo, visión de futuro, creatividad y grandeza de miras- en pos de fortalecer y de profundizar la empresa integradora a la que nos hemos comprometido públicamente.
En nuestra labor cotidiana buscando materializar nuestra empresa, la empresa de nuestros ciudadanos, nos guía la certeza de que la integración no es una panacea que resuelve mágicamente nuestros problemas. La integración es una dinámica de cultura política donde marchan en un equilibrio -difícil, pero auspicioso y esperanzador- el fortalecimiento de los Estados junto a la construcción de instituciones supranacionales; la defensa de los intereses económicos y estratégicos nacionales y su potenciación dentro del marco del proceso integrador.
Estoy convencido que hemos avanzado razonablemente en el camino que nos hemos trazado. Para fundar esta afirmación, quisiera mencionar algunos ejemplos. Y cuando pienso en ejemplos, evoco hitos salientes, indicadores de que estamos transitando una senda adecuada.
Evoco así el Consenso de Buenos Aires, un punto de inflexión en la política exterior de la región a partir de la afirmación inequívoca respecto de la integración regional como opción estratégica de inserción en el escenario internacional.
Recuerdo también el Compromiso de Buenos Aires, firmado con Bolivia, que constituye mucho más que un acuerdo de provisión de energía. Constituye por cierto un acuerdo de futuro compartido. En este mismo orden de ideas, no podemos soslayar la importancia de las iniciativas que -sobre la base de lo acordado en el Acta de Copacabana- estamos instrumentando con Brasil para fortalecer la coordinación de nuestras políticas. La serie de acuerdos firmados con Chile hemos que, al tiempo que consolidan nuestra sociedad estratégica, constituyen la puesta en marcha de proyectos que inciden de manera directa en la calidad de vida de nuestros ciudadanos.
Debemos sumar a esta enunciación, de por si limitada como toda selección, otros ejemplos, y me refiero a:
el Encuentro de Caracas, germen de la idea de trabajar en forma conjunta ante los organismos internacionales de crédito;
la Declaración Conjunta sobre Cooperación para el Crecimiento Económico con Equidad firmada en Río de Janeiro, donde se sentó el principio de que el pago de la deuda no se haría a expensas del crecimiento;
los sustantivos avances logrados en materia de ampliación gradual del MERCOSUR, en forma paralela a los importantes pasos dados en pro de su fortalecimiento institucional para superar lo que Carlos Piñeiro denomina las "tareas pendientes del Mercosur".
Estos ejemplos, complementados con otros tantos, que todos los aquí presentes conocen, podemos concluir que no estamos lejos, más aún, estamos muy cerca de nuestro concepto de "nación sudamericana". Basta para ello con extrapolar a nuestra región, la siguiente definición clásica de nación; "algo que tiene un pasado de glorias comunes que reconoce, que tiene un deseo de construir juntos en el presente y que tiene una visión compartida del futuro".
Señoras y señores
Nos encontramos ante una oportunidad histórica para cimentar la nación sudamericana y la unión de América Latina. Si no la aprovechamos, será porque no somos capaces, no por ausencia de oportunidad. En este siglo XXI, la integración ya no es una causa. Constituye un imperativo de la realidad, indispensable para avanzar en nuestro empeño por vigorizar el proceso de crecimiento económico con equidad social y garantizar niveles de vida dignos para el conjunto de nuestros ciudadanos.
Enfrentamos un gran desafío: consolidar, en todos nuestros países, una auténtica democracia de ciudadanos y no meramente de electores. Para lograr este propósito, utilizando todo el potencial de nuestras capacidades, la región debe trabajar en forma coordinada en pos de un orden internacional solidario y multilateral, promoviendo el imperio de la legalidad y privilegiando un modelo cooperativo, superador de la mera coexistencia. No tenemos opción: nuestro camino es la integración inteligente. Caso contrario, deberemos conformarnos con la intrascendencia permanente.
Amigos:
Tenemos la capacidad y los recursos para escribir nuestra propia historia en el marco del proceso de globalización. No hay destino individual para los países de la región. Mi convicción personal es que el futuro pertenece a los continentes. Debemos por tanto trabajar para que nuestro continente tenga futuro. Para ello, debemos -con coraje y creatividad- aprovechar la oportunidad que nos ofrece la comunidad de principios que compartimos con nuestros socios de la región. Sólo así haremos realidad -de manera conjunta- el sueño de una América del Sur más solidaria, moderna e integrada, capaz de proyectarse al mundo con el vigor que nuestros pueblos merecen y esperan.
La tarea no es sencilla. Al sesgo puramente comercial y
arancelario que caracterizó al proceso de integración desde sus inicios, deberíamos sumarle, de manera decisiva, la construcción y el perfeccionamiento de instituciones políticas que den forma, tal vez, a ámbitos supranacionales en lugar de los actuales intergubernamentales. El MERCOSUR, de ese modo, ganaría agilidad, efectividad, y también, por ejemplo, la vigencia inmediata e irrestricta de sus normas. Si así no lo hacemos, no podremos aspirar al respeto de las generaciones más jóvenes. En tal sentido, quisiera evocar las palabras de un gran poeta paraguayo, quien también fue un entrañable amigo de la Argentina y un ferviente apóstol de la fraternidad americana.
Me refiero a don Elvio Romero, quien afirmara: "En los días venideros, cada cual tendrá su sitio; aquellos que derramaron su vida por conseguirlos y su juventud volcaron sobre los anchos caminos. Esos llevan en la frente duro metal encendido, simientes de sembradura, relentes de sol invicto. Los que se han puesto de lado, eludiendo su camino, irán como pobres sombras sin saber ni lo que han sido, sin tener en la vejez el respeto de los hijos".
Estimado Carlos:
La lectura de "La Nación Sudamericana" constituye el mejor testimonio de tu compromiso profesional y de tu decisión personal de "no eludir el camino". Te deseo el éxito que la calidad de tu obra preanuncia.
Muchas gracias."
Sábado, 20 de Noviembre de 2004 20:40 ;?> No hay comentarios. Comentar.
Desde los centros de poder mundial nos llega la corrupción, la absolución y el castigo. Ellos miden la corrupción, de acuerdo a sus propios parámetros, elaboran sus escalas de países más o menos corruptos. Entregan los premios y las censuras. Pero no todo es ceguera en el primer mundo. La demostración de lo anterior está en el libro de la juez noruega-francesa, Eva Joly: “La Corrupción en las Entrañas del Poder” (Editorial Fondo de Cultura Económica. Buenos Aires. 2003).
La juez recuerda que las Islas Caimán es uno de los diez centros financieros más importantes del planeta. Su soberanía pertenece a la Corona Británica, cuyo gobernador es designado desde Londres por el Ministro de Justicia. Los grandes bancos norteamericanos tienen sucursales en esas islas alejadas de la mirada de dios, de policías y de fiscales. Es uno de los paraísos financieros más renombrados del universo en el que narcotraficantes, gerentes de transnacionales, dictadores y genocidas “lavan” los dólares de la cocaína o giran dineros destinados a sobornos que, el año pasado, ascendieron a 400.000 millones de dólares, sólo en el rubro de licitaciones (“La Razón”, de La Paz, 21-X-04).
El sonoro nombre de Gran Ducado de Luxemburgo genera una suerte de respeto reverencial entre los hombres de a pie y sin corbata. Pocos saben, dice Eva Joly, que ese “honorable” país es, además de residencia de la Corte Europea de Justicia, el lugar donde 12.000 sociedades de pantalla y 320 Bancos de respetabilidad mundial tienen filiales debido a que los jueces de Luxemburgo traban, de manera sistemática, todo intento por intervenir en ese remanso de la delincuencia financiera.
El juez Baltasar Garzón, quien escribe el colofón del libro de Eva Joly, se queja por las crecientes dificultades jurídicas para juzgar en Italia los delitos de Silvio Berlusconi, paradigma de la corrupción en el viejo continente. Sus defensores sostienen que investigar cuentas secretas de los Bancos es una violación a los derechos humanos. En respuesta a los que luchan contra el delito, Berlusconi ha bautizado a su nueva organización política con el nombre de “Casa de las Libertades”. Y hablando de corrupción, ¿no es corrupción reelegir a George W Bush, como presidente de EEUU, quien al invadir a Irak, con la oposición de las Naciones Unidas, se ha convertido en criminal de guerra?
Desde su sede en Alemania, Transparencia Internacional (TI), entidad que dice luchar contra la corrupción, informa, en su página web, que, gracias a sus gestiones, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo (OCDE), conformada por los países más ricos del mundo, ha constituido una comisión de lucha antisoborno, financiada, entre otras compañías, por la Shell, la Rio Tinto Zinc (RTZ), Price Water House y el City Group. La Shell, al inflar sus reservas, ha alcanzado los niveles de corrupción de la ENRON. La inglesa RTZ, que apoyó a Hitler, es socia del derrocado Gonzalo Sánchez de Lozada (GSL) y saquea el cobre de Chile y de otros países “en vías de desarrollo”. Price Water House es encubridora de la ENRON. Los delitos del City Group ya no caben en esta corta nota.
Lo anterior no implica dejar de luchar contra la corrupción en Bolivia y en otros países semicoloniales. No se trata de aceptar el adagio “mal de muchos consuelo de tontos”. Todo lo contrario. El convencimiento de que la corrupción nos desangra y nos destruye espiritual y económicamente nos llevó, en 1990, a presentar la Ley de Investigación de Fortunas, que desde entonces duerme el sueño de los justos, así como a escribir “La Fortuna del Presidente”, libro en el que se detallan las tropelías delincuenciales de GSL.
Poner a la cabeza de la corrupción mundial a Bangla Desh, Haití, Ecuador, Bolivia o Paraguay, como hace TI, y no mencionar en los primeros lugares a Inglaterra, EEUU, Francia, Alemania, Italia y Bélgica, por el manejo de los paraísos financieros, por su responsabilidad en la destrucción del medio ambiente y por ser los fabricantes más descarados de armas de destrucción masiva, implica creer que, además de pueblos saqueados somos pueblos de idiotas.
Sábado, 20 de Noviembre de 2004 20:14 ;?> No hay comentarios. Comentar.
En Utopía (1516), el político y religioso Tomás Moro esbozó una tibia reflexión sobre la miseria de Inglaterra. Moro fue canciller, consejero y amigo de Enrique VIII, aquel monarca que decapitaba esposas cuando se cansaba de ellas y murió de desnutrición pese a su apetito legendario por la comida y las mujeres (falta de vitamina C y no sífilis, como se creía, según la historiadora Susan Maclean Kybett, Time, 11.9.89).
Moro fue el primer político de la modernidad con una sensibilidad de izquierda. El vocablo de su libro (inspirado en La república de Platón y en La ciudad de Dios de San Agustín), trascendió más que los pormenores de la historia. Pero desde entonces no sabemos bien qué quiere decir una palabra que denota imposibilidad desde el momento de su formulación.
De la utopía de Moro a la parusia de Marx, la izquierda racionalista (no la racional) ha vivido haciéndose bolas. Y en cada ocasión en que sus ideales salen maltratados, echa mano a los vocablos “utopía” y “autocrítica” (de raíz confesional), con el fin de explicar lo que aparentemente es inexplicable ¿De qué sirve esto? En alguna de las escasas ocasiones en que su espada descansaba de eliminar bárbaros, Marco Aurelio escribió: “No sueñes con ver establecida la república de Platón”.
Moro desaprobó los proyectos matrimoniales y religiosos del rey y fue sentenciado a la horca y el descuartizamiento. En el juicio se ventilaron las “ideas disolventes” de Utopía. En 1535, a punto de subir al cadalso, Moro se hizo la “autocrítica”, convirtiéndose en pionero de los arrepentidos de la izquierda: “... esa bagatela literaria que, casi sin darme cuenta, escapó de mi pluma”. Conmovido, Enrique VIII conmutó la sentencia y ordenó la decapitación.
En nuestros días, el drama de Moro puede ser interpretado así: la derecha, cuya misión es conservar o tomar el poder real, destruye lo mejor del presente. Y la izquierda, que es liberal, cree que salvará su pellejo si acepta la carta del menú “plural”. ¿Qué tenemos hoy? ¿Mole globalizado “a la parisiense”, barbacoa integrada “a la efemeí”, ceviches chilenos “a la tonibler”, y otros platillos amenizados con los violines de “Savater ética sounds”, las sevillanas de Felipillo González y las marineras de "Vargas Llosa y sus libertarios”?
Al empezar el siglo XXI, conforme la derecha solipsista pudre el tejido social, la izquierda insomne se pregunta qué va primero, si la “utopía” o la “autocrítica”. Primer nudo de la izquierda: el amasijo de humanitarismo y racionalismo y la pretensión de que todo puede ser explicado. La derecha es más simple. Estimula el instinto primario de las personas y cultiva ideales que suelen estar a la altura de sus intereses. La violencia, método que no descarta, le interesa cada vez menos pues para lo mismo sirve la televisión y los planes educativos que la representan. Segundo nudo de la izquierda: quiere cambiar la realidad pero le otorga a la conciencia un lugar aleatorio si es que no prescinde de ella.
La derecha defiende las cosas como están. Suprime sin piedad lo que la cuestiona y fortalece lo establecido en su provecho. Tercer nudo de la izquierda: critica a las cosas tal como están, con una epistemología colapsada que nace en la cabeza de Platón, estalla en la de Marx y se gelatiniza en el marasmo conceptualista del siglo XX.
Si la democracia le favorece, la derecha decreta que la democracia es principio y fin de todas las cosas. Si le es adversa grita “contra todas las dictaduras”, con énfasis en “todas”. Todas menos las del capital, que son casi todas. Cuarto nudo de la izquierda: piensa en la democracia con el lenguaje de la derecha, extinguiendo la fuerza impulsora que podría haber en los debates necesarios.
La tortuga le está ganando a Aquiles. Pero la izquierda insomne no se da cuenta y acepta la democracia en el terreno que la derecha le propone. Finalmente, la derecha entendió que debía aceptar la democracia, noción que antaño, cuando le repugnaba, la izquierda subestimaba. La derecha cambia de piel y la izquierda siente que no le queda más que la “utopía” y la “autocrítica”. Ni la derecha de hoy es la de ayer, ni la izquierda de ayer es la de hoy. Pero cuando la derecha funde los ideales del medioevo con los de la izquierda del siglo XIX, aparece el quinto nudo de la izquierda: ya ni siquiera sabe qué debe condenar, resignándose a comer en la cocina las sobras del festín democratizador."
Martes, 23 de Noviembre de 2004 00:42 ;?> No hay comentarios. Comentar.
WASHINGTON ACELERA PLAN TERRORISTA In memoriam Danilo Anderson
Por Heinz Dieterich – Rebelión – 20/11/2004
Danilo Anderson, fiscal venezolano democrático y patriótico, fue asesinado la noche de ayer en un sofisticado atentado con bombas contra su vehículo en el sureste de Caracas. Con este magnicidio, precedido por el asesinato de seis militares y una ingeniera de PDVSA en la frontera colombiana, el plan de destrucción terrorista de la Revolución Bolivariana por parte de Washington entra en su fase virulenta y abierta.
Asesinar a Danilo fue, desde el punto de vista de la subversión, una operación de alto rendimiento propagandístico y de guerra psicológica, con un riesgo mínimo. Danilo fue un hombre emblemático del proceso bolivariano. Dentro del corrupto aparato de la justicia clasista venezolana, fue uno de los pocos abogados que aplicaron la ley a los golpistas y delincuentes de la subversión nacional y que enfrentaron su impunidad.
Era el Fiscal que llevó el caso de Capriles Radonski por la agresión a la Embajada de Cuba durante el golpe de Estado, el 12 de abril; estaba llevando el caso de Súmate; fue quien citó a la Fiscalía a los dueños de los medios que conspiraron con el golpista Carmona aquel 12 de Abril en Miraflores; estaba citando, en calidad de imputados, a todos los firmantes del Decreto Carmona y estaba investigando a los sicarios de la Policía Metropolitana del alcalde Alfredo Peña.
El peligro de Danilo para el proyecto terrorista de Washington era doble: le quitaba uno de sus principales instrumentos de poder, la corrupta justicia de clase venezolana, y se convertía en símbolo del patriota honesto y servidor de las mayorías en la nueva Patria bolivariana.
Asesinarlo no era difícil. Porque ese hombre modesto, joven de 38 años, detestaba los atributos del poder, como guardaespaldas, carros blindados, de tal manera que se convirtió en un blanco fácil para los terroristas de Washington. Lo conocí por primera vez, durante la subversión urbana foquista de la "guarimba”. Yo salí de una entrevista con el Ministro de Defensa, General García Carneiro; él esperaba para entrar. Aprovechamos para hablar y me quedé impresionado con el valor de ese joven “flaquito”, casi tímido y reservado, que ponía su vida en la línea del fuego. Preguntado al respecto, respondió con una sonrisa y esa tranquilidad estoica de la gente que valora su misión por encima de cualquier riesgo personal.
El 11 de septiembre, Danilo estuvo en la presentación del libro: Hugo Chávez, El Destino Superior de los pueblos latinoamericanos, en el Teatro Municipal Teresa Carreño. Tuvimos la misma conversación sobre los peligros que corría; pero el se reía e insistía que estaba bien y que se acercaba la hora de la justicia para los implicados del golpe de Estado.
El asesinato de Danilo Anderson evidencia que la subversión ha dado un salto cualitativo hacia una ofensiva generalizada. A partir de ahora, personajes emblemáticos del proceso, cuya muerte tendrá un alto valor propagandístico para Washington y sus cohortes, estarán en peligro agudo. Asimismo, la subversión iniciará atentados contra la infraestructura energética y de transporte y más asesinatos e incursiones en la frontera colombiana.
Haciendo memoria histórica, podemos decir que la Revolución bolivariana ha entrado en la fase de la Revolución cubana de 1960, cuando la contrarrevolución estadounidense-cubana dio inicio a la lucha armada, sabotajes y asesinatos desde los núcleos subversivos en la sierra del Escambray o, también, de Nicaragua, a partir de 1983.
La respuesta a esa peligrosa escalada de la subversión en Venezuela debe construirse sobre las experiencias de ambos modelos contrarrevolucionarios (Cuba y Nicaragua), porque la amenaza es seria y potente. Solo una campaña masiva y rápida, inteligentemente planeada en todos los niveles, va a derrotar definitivamente a los mercenarios de Bush.
La violencia antidemocrática de la derecha, sin embargo, no es nueva; más bien, no ha sido discutida en su justa dimensión. Hay, por ejemplo, más de ochenta líderes campesinos, que han sido asesinados por las fuerzas subversivas a raíz de la reforma agraria, en los últimos años, sin que haya habido una respuesta contundente del Estado.
En su tiempo como Comandante de la base de Maracay, la vida del General Raúl Baduel estuvo alrededor de diez veces en peligro, a raíz de atentados planeados no solo por operadores venezolanos de la subversión, sino también por mercenarios introducidos desde Colombia y Centroamérica. (Casualmente hoy en el semanario Quinto Dia, en la columna “Las verdades de Miguel”, se advierte que el General es la persona en mayor peligro de magnicidio en el país, después del Presidente Chávez, por incorruptible y por ser el hombre de “más autoridad moral en el Ejército”.) Otro ejemplo es un plan de magnicidio contra el Presidente Hugo Chávez que fue desbaratado hace pocos meses por sectores de la inteligencia venezolana.
El terrorismo de la derecha no es nuevo, pero ha entrado en otro nivel. Por lo tanto, la violencia de la agresión va a potenciarse rápidamente. Esto por dos razones: 1. Las sucesivas derrotas en el referendo revocatorio y las posteriores elecciones han dejado a la derecha sin vías institucionales para conquistar el poder antes de las elecciones presidenciales del 2006. 2. El rotundo fracaso de Rumsfeld y Uribe en la VI Conferencia de Ministros de Defensa de América, en Quito, donde su intento de constituir una fuerza militar latinoamericana para Colombia fue derrotada con 16 votos -en una alianza protagonizada por Brasil, Argentina y Ecuador, con apoyo de Chile y Bolivia y un papel sorprendentemente desdibujado de la delegación venezolana- aumentará la propensión del terrorista Bush para intensificar la desestabilización paramilitar y el sicariato político.
Y no hay que tener ilusiones sobre la dimensión de la amenaza y la brutalidad de sus operadores. Se trata de la misma red que ha orquestado más de 600 intentos de asesinato contra el presidente cubano Fidel Castro, en los últimos cuarenta años, es decir, más de uno por mes.
En todo proceso revolucionario hay acontecimientos claves, que indican cuándo la contrarrevolución pasa a la ofensiva del terror. Viviendo en Buenos Aires en 1974, participé en el entierro del Padre Carlos Mugica quien había sido asesinado brutalmente el 11 de mayo por las bandas paramilitares de la AAA. En ese entierro del “Protector de los Humildes”, no entendía todavía que el proceso había pasado un umbral y que la derecha comenzaba una guerra sin cuartel. Hoy lo entiendo, en el caso de Danilo Anderson.
El Padre Mugica, quien había dejado atrás su familia oligárquica para compartir la cruz de los pobres, reaccionaba ante las amenazas de muerte de los terroristas, diciendo: “Nada ni nadie me impedirá servir a Jesucristo y a su Iglesia, luchando junto a los pobres por su liberación. Si el Señor me concede el privilegio, que no merezco, de perder la vida en esta empresa, estoy a su disposición.”
Nunca le pregunté a Danilo si era cristiano. Pero la verdad es que no importa. Murió, como el Padre Mugica, “junto a los pobres, luchando por su liberación”."
Martes, 23 de Noviembre de 2004 17:19 ;?> No hay comentarios. Comentar.
Los sucesos entre el golpe y su partida al exilio tras su detención en Villa Grimaldi son claves en la trayectoria de la candidata presidencial del PS-PPD
Por Paula Canales y Maureen Halpern – www.latercera.cl
Domingo 21 de noviembre de 2004
El 11 de septiembre de 1973 Michelle Bachelet Jeria partió, como siempre, a la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile, en la que estudiaba desde 1970. En el trayecto desde la villa de la FACH en Las Condes, donde vivía con sus padres, hasta la sede de Avenida Independencia, no sabía aún cómo esa jornada cambiaría su vida y la de su familia, pero lo intuía. A las 4 de la madrugada de la noche anterior, un llamado telefónico había despertado a su madre, Angela Jeria, para alertarla sobre sospechosos movimientos de la Armada, pero el general Alberto Bachelet, cansado ya de los rumores sobre un levantamiento, les había sugerido no prestar atención y seguir durmiendo.
Cuando llegó a la facultad, la confusión se tornó en certeza: el general Javier Palacios se aprestaba a rodear La Moneda y pronto se despejaban las dudas sobre el golpe. Vestida de jeans y la camisa verde olivo distintiva de la Juventud Socialista, cerca del mediodía Michelle Bachelet y decenas de estudiantes subieron a la azotea de la Escuela de Medicina, situada a un costado del Hospital José Joaquín Aguirre. Desde las alturas de ese edificio, observaron cómo la formación de cuatro cazas Hawker Hunter de la Fuerza Aérea hacía sus vuelos de aproximación de norte a sur hacia la casa de gobierno, lanzaban sus descargas de cohetes Sura P-3 y la envolvían en llamas.
Mirando por la ventana de su oficina en el Ministerio de Defensa, el general Bachelet vio la misma escena que su hija. Horas antes había sido detenido por el general Orlando Gutiérrez, quien -apuntándolo con un revólver- lo había apresado por orden del general Gustavo Leigh, quien recelaba de él por el trabajo que durante los últimos 12 meses había desempeñado a cargo de la oficina de distribución del gobierno de la UP. Aunque esa tarde pudo partir, tras renunciar a la FACH, de vuelta a su casa, pocos días después fue detenido.
Su hija, en cambio, permaneció en la facultad, discutiendo junto a sus compañeros qué hacer. Los 18 meses siguientes, hasta su partida al exilio el 31 de enero del 75, marcaron profundamente la vida de la candidata: murió su padre, víctima de apremios, y tanto ella como su madre fueron detenidas y torturadas por la DINA (Dirección de Inteligencia Nacional). En esa misma época Bachelet inició su largo tránsito político hacia el ala izquierda del PS.
Hasta ahora había evitado hablar de esos años. Lo hizo, hace unos días, a propósito del informe sobre la tortura y sus derivaciones. Los hechos de este período son indispensables para comprender la trayectoria de Bachelet.
La medicina y el PS
Michelle Bachelet tenía 18 años cuando comenzó a estudiar Medicina en la U. de Chile. Aunque provenía de una familia de izquierda, se había mantenido apartada de la política hasta entonces. En 1970, con su ingreso a la facultad, comenzó a aproximarse a los jóvenes estudiantes socialistas y en especial a Carlos Lorca, estudiante de Siquiatría y carismático líder de la juventud del partido, que solía trasnochar en La Moneda jugando partidas de ajedrez con Salvador Allende. Junto a otros compañeros como el cardiólogo Marcos Arriagada, Bachelet vivió la UP entre los estudios y el trabajo político, especialmente en la formación de nuevos cuadros.
Arriagada recuerda hoy que después del bombardeo se reunieron en el Salón Croizet del hospital para definir qué hacer. Mientras un grupo de miembros del MIR decidió trasladarse hacia las zonas industriales para resistir el golpe, Bachelet y los socialistas optaron por permanecer en el centro asistencial. Temiendo que el Ejército allanara el lugar, se hicieron pasar por pacientes, auxiliares o estudiantes internos. Ella, simulando ser la asistente de un doctor, estuvo allí hasta el 13 de septiembre, cuando el toque de queda fue flexibilizado.
Al día siguiente su padre se presentó otra vez en el Ministerio de Defensa, donde se le advirtió que enfrentaría un juicio. Luego fue trasladado a la base aérea de Colina y tiempo después a la Academia de Guerra Aérea, donde comenzó a ser torturado. Durante los meses siguientes, el general vivió entre ese recinto de la Fach y la Cárcel Pública, mientras comenzaba el Consejo de Guerra ordenado por Leigh.
A fines de septiembre volvieron las clases. Bachelet retomó sus estudios, pero también comenzó su trabajo político clandestino. Con el PS proscrito y sus máximos dirigentes detenidos o en el exilio, Bachelet se enfocó en apoyar a los militantes ocultos, a surtir de víveres a las casas de seguridad y a asistir a las familias de los prisioneros.
Por esa época Bachelet comenzó una relación sentimental con Jaime López, otro joven dirigente de la JS que, junto a Carlos Lorca y el dirigente sindical Exequiel Ponce, habían comenzado a rearticular una dirección interior tras la salida de Chile de Carlos Altamirano. López conectaba a Bachelet con la cabeza del PS, dedicada por esos días -a espaldas de los viejos jerarcas en el exilio- a hacer una severa autocrítica del fracaso de la UP y a definir la estrategia para enfrentar el régimen militar. La reflexión quedó plasmada en el llamado "documento de marzo" de 1974, en el que acusaban a los dirigentes socialistas de no haber respaldado a Allende, proponían reorganizar al difuso PS como un partido proletario de corte leninista y proponían una alianza con el PC y otras agrupaciones de izquierda para enfrentar a Pinochet.
El martes 11 de marzo de 1974 Bachelet estaba en clases de cirugía cuando su madre llegó a buscarla a la sala. Su padre había muerto de un infarto, sólo horas después de volver de una sesión de torturas. "Vi a mi madre en la puerta, me llamaron afuera y me informó que mi padre había fallecido en la cárcel pública. Partimos para tratar de tener más información. Fuimos al (Instituto) Médico Legal y yo volví a la universidad para intentar hablar con el médico que le había hecho la autopsia, que había sido profesor mío, pero que no podía decirme nada. Fueron momentos muy duros", recordó Bachelet en septiembre del 2003, durante una ceremonia en la Facultad de Medicina para conmemorar los 30 años del golpe.
Según el libro "Disparen a la Bandada", de Fernando Villagrán, la muerte del general reforzó el compromiso político de Bachelet y su madre. Angela Jeria siguió apoyando a las esposas de los oficiales de la Fach enfrentados al Consejo de Guerra, y cuyas duras condenas fueron dictadas en octubre de 1974.
Villa Grimaldi
Mientras Bachelet continuaba respaldando el trabajo de la dirección interior -que comenzaba un proceso de radicalización ideológica-, su madre conoció a una joven militante del MIR de 25 años llamada María Eugenia Ruiz-Tagle. Pese a la diferencia de edad, las dos se veían con cierta frecuencia a conversar sobre sus experiencias personales. Había sido así también, en charlas al pasar, que María Eugenia había sabido de la conexión de Michelle con la cúpula del PS.
El 10 de enero de 1975, un grupo de agentes de la Dina llegó hasta el departamento de Angela Jeria y su hija en Apoquindo con Américo Vespucio.
En los pocos minutos que tuvieron antes de ser llevadas a Villa Grimaldi, Bachelet llamó a su novio Jaime López para advertirle mediante una clave previamente establecida ("Mi amiga Dina-Marca me invitó a tomar té y no sé a qué hora voy a volver", le dijo) que había sido detenida y que tomara precauciones. Por esos mismos días la dirección del partido planeaba una reunión secreta.
El motivo de su captura, que no tenía que ver con sus contactos políticos, quedó claro recién al llegar al recinto de Peñalolén. Separada de su madre, Bachelet fue encerrada en una habitación en la que estaban otras 10 prisioneras. Cuando entró, aún vendada, y vistiendo sandalias, jeans y una camiseta deportiva, la primera cara conocida que vio fue la de María Eugenia Ruiz-Tagle. La joven se le abalanzó a los pies y le pidió perdón, llorando. Había sido detenida seis días atrás, le dijo. La habían torturado brutalmente. Las había mencionado a ella y a su madre. Otra de sus compañeras de celda, Angeles Alvarez, recuerda que Bachelet le dijo que no se preocupara, y que entendía lo que había ocurrido.
Angela Jeria fue conducida a otro lugar e interrogada. Permaneció la mayor parte del tiempo en un estrecho cajón sin ventanas. Desde el comienzo exigió que llamaran al general Leigh, que ya sabía de su detención por el general (R) Croqueville, cuñado de Alberto Bachelet y quien lo había alertado sobre su captura. Fue por este motivo, quizás, que ella y su hija se libraron de los apremios más duros, como la parrilla eléctrica, aplicados a las otras detenidas. Bachelet también fue interrogada en varias ocasiones. En su celda había dos mujeres embarazadas: Lucrecia Brito y Patricia Guzmán. Usando colonia y un poco de tela, y aplicando sus conocimientos de medicina, atendió a varias detenidas, recuerda Brito.
De Cuatro Alamos al exilio
El 10 de enero del 75 madre e hija fueron trasladadas a un pabellón de incomunicados llamado Cuatro Alamos, situado al interior del centro de prisioneros Tres Alamos, en Avenida Vicuña Mackenna. Encerradas en celdas contiguas, podían hablar por las noches. El 19 de enero, Bachelet fue puesta en libertad. Su madre, que pudo despedirse de ella, continuó detenida hasta el 30 de enero. Su hija y el resto de la familia lograron interceder ante el ministro del Interior, el general Benavides, y consiguió que Angela Jeria fuese liberada, pero al mismo tiempo expulsada del país.
El 31 de enero, después de pasar la última noche en Chile en un cuartel de Investigaciones, Angela Jeria fue trasladada a Pudahuel y embarcada en un avión rumbo a Australia, donde vivía su hijo Alberto junto a su esposa y sus dos hijos. En el aeropuerto la esperaba, para partir al exilio, su hija Michelle.
Poco tiempo después, Bachelet y su madre se trasladaron a Alemania Oriental, donde el PS había instalado su dirección exterior. En ese país, de rígida ortodoxia comunista, la actual candidata intentó retomar sus estudios y vivió el quiebre del partido entre las facciones de Altamirano -inclinada hacia una renovación socialdemócrata- y la de Clodomiro Almeyda, partidaria de mantener la inspiración leninista y la orientación hacia Moscú. Bachelet, que se mantendría en el ala más dura del socialismo hasta fines de los 80, se sumó a la segunda.
Martes, 23 de Noviembre de 2004 17:18 ;?> No hay comentarios. Comentar.
Era la segunda oportunidad que el “Magda” llegaba al muelle de Punta Arenas. Su arribo estaba anunciado para el día sábado primero de abril y muchos vecinos se aprestaban a ir a dar un paseo para esperarlo. Era agradable ver llegar un barco de modernas líneas y de una capacidad que era difícil encontrar por esos años en los transportes de carga regular. El “Magda” era de propiedad de la Compañía Sueca de Navegación, empresa que se lo había arrendado a la Interoceánica de Navegación. Esta empresa naviera cubriría con esta nave los viajes regulares entre El Callao en Perú y Buenos Aires. En este segundo viaje, Correos de Chile, aprovechaba de enviar 58 sacos de correspondencia con destino a los hogares y oficinas públicas de Magallanes.
El “Magda” era un barco de carga. En este viaje traía una tripulación de 30 personas en su mayoría de nacionalidad sueca y algunos daneses. Todo en la navegación se venía dando excelente. Antes de llegar a Chiloé el telegrafista del navío, Jacob Svenson, comunicó al segundo piloto, Costa Bernstson, que los barcos navegando por la zona de los canales en las cercanías del Estrecho de Magallanes, estaban reportando endemoniados temporales. Rápidamente la oficialidad se reunió con el Capitán del “Magda”, Iván Henry Blucker, en el puente. Este oficial sueco se había graduado en la Marina Mercante de su país en 1915. Este era su décimo viaje por los canales magallánicos; otros ocho viajes los había hecho en el vapor “Cordelia”.
La idea fue esperar el paso por el golfo Corcovado y de acuerdo a las condiciones de navegación en el lugar más las informaciones de radio se tomaría la decisión de salir a mar abierto o bien seguir por los canales interiores. Estaba tan malo el golfo que ni siquiera se dio la opción de salir mar afuera. Además influyó la confianza del capitán Blucker, quien ya se creía un conocedor de los canales. El día 31 de marzo, a las 19.30 horas, el “Magda” entra al temido Canal Smith (tumba de muchos barcos). Si bien es cierto había amainado un poco el temporal, el lugar estaba invadido por una espesa neblina. En sus declaraciones del sumario, el capitán sueco describe el entorno...”No pudimos encontrar un lugar adecuado para capear el mal tiempo. Tampoco era prudente volver atrás. De aquí, entonces, que seguimos despacio, a media marcha, vigilando continuamente. En las primeras horas de la noche, divisamos una luz, suponiendo que era la del Faro Fairway y seguimos adelante” (“El Magallanes” - 3/4/1933).
La investigación naval, constató que el presunto faro estaba esa noche descompuesto y la luz débil provenía del Faro Félix. Con esa percepción equivocada del lugar, mas el viento que volvió a soplar fuerte a las 23.00 horas, tenía que ocurrir lo peor. El sentir los roqueríos en el vientre del pesado buque; la llegada del agua desde las bodegas a la cubierta; la rápida inclinación del barco entre 12 a 15 grados; eran evidencias que el “Magda” había quedado entrampado y mortalmente herido sobre los roqueríos de la Península Muñoz Gamero en el Canal Smyth, frente a la Isla Larga. Esa penosa noche, a las dos de la madrugada el capitán ordenó alistar los botes, llevar lo indispensable considerando perdida la nave. El temor era sobrevivir en aquel embravecido mar en los botes salvavidas. La desdicha de aquellos rubios marinos, que tenían ante sus ojos, aquel hermoso mercante que había sido su hogar en estas lejanas tierras, duraría hasta el mediodía del día siguiente. Raudamente y alertado por las estaciones de radio de la Armada y de otros barcos que pasaban por el lugar, el vapor “Don Ricardo”, que también viajaba a Punta Arenas, los recoge llevándolos sanos y salvos a Punta Arenas.
Recién el día miércoles 5 de abril de 1933 por orden del Gobernador Marítimo de Punta Arenas, Capitán de Fragata Guillermo Arroyo, zarpa hacia el lugar del accidente el escampavía “Colo-Colo”. En este viaje se embarca el capitán Bluker, conocedor de su barco; deberá informar el lugar exacto donde están los sacos de correspondencia. El “Magda” en este su último viaje transportaba 1830 toneladas de mercaderías varias. Entre otras cosas en las bodegas habían sacos de azúcar, café, arroz, azúcar, cacao, arvejas y lentejas. Otros productos además de la correspondencia para Punta Arenas- que viene a rescatar el “Colo-Colo” - consisten en 300 toneladas de postes telefónicos y 18 chassis de automóviles.
Llegados al barco siniestrado y al recorrer los compartimentos que aún no estaban inundados, el capitán sueco y los marinos chilenos, constataron que del lunes al miércoles se había producido un raqueo de proporciones. Las cámaras de los tripulantes habían sido saqueadas; igual suerte corrieron comedores y todas las dependencias donde se guardaba vestuario, repuestos e instrumental de navegación. Al parecer los saqueadores habían escapado hacía poco- porque aún había olor a alcohol- retirado del bar del comedor de oficiales. Para los marinos chilenos no fue difícil saber que quienes habían participado en el saqueo eran indios alacalufes dirigidos por José Viejo. Este grupo siempre estaba navegando por el sector, intercambiando mercaderías por cueros de nutrias con aventureros que obedecían ciegamente las ordenes de Demógenes Guajardo Rivera.
El escampavía “Colo-Colo”, luego de extraer toda la correspondencia desde la bodega Nº1 del “Magda” partió de regreso a Punta Arenas. A juicio de los oficiales del barco siniestrado era imposible liberar su carga. Ni siquiera valía la pena tratar de salvar los alimentos, puesto que estos estaban contaminados con 481 toneladas de azufre. La posición del barco indicaba que de seguir los temporales, este sería destrozado hasta desaparecer entre roqueríos y sargazos. En algún lugar cercano, deberían estar las canoas alacalufes de José Viejo y los nutrieros de Guajardo, esperando la partida del “Colo-Colo”.
Miércoles, 24 de Noviembre de 2004 18:23 ;?> No hay comentarios. Comentar.
Hace algunos días le contaba a un amigo que en octubre pasado llegaron a Calafate 29.975 turistas -casi mil por día-, me contestó que “eran puros argentinos, porque a ellos les sale barato”. No sé si tan barato o no, pero a mí me parece que como cualquier ser normal, necesita comer, más los gastos del viaje, estadía, etc. O sea, mi amigo creo que estaba sacando las “cuentas del picado”. Esto significa que en esta temporada según cálculos estimativos Calafate recibirá más de 200 mil turistas, de los cuales un número determinado, no sé cuántos, vendrá a visitar el Paine y los menos, pero siempre algún tentado, llegará hasta Puerto Natales donde cada vez con más fuerza estamos ofreciendo nuestras ofertas para visitar los hermosos ventisqueros que tenemos y que ahora están apareciendo como una fuerza turística perdida en el tiempo y que aflora a través de los esfuerzos especialmente de los privados.
Si hacemos un ejercicio simple matemático nos daremos cuenta que en el ámbito patagónico chileno-argentino podríamos tener, no como dice una canción por ahí, un millón de amigos, sino que un millón de turistas dando vueltas en el año, solamente poniéndonos de acuerdo con nuestros vecinos para explotar en conjunto por avión los aeropuertos de Natales, Punta Arenas y Porvenir, en Chile, y Turbio, Calafate, Río Gallegos, Río Grande y Ushuaia, en Argentina. Bastaría para ello propiciar una política de cielos abiertos, que por lo demás está firmada en los protocolos bilaterales de los gobiernos de Aylwin, Frei y ahora Ricardo lagos.
Como me preguntó un cabro chico el otro día, oiga abuelo (ahí me tiró a partir de un viaje) mientras yo escribía esta crónica ¿qué falta, si los aviones están, las pistas de aterrizaje también y la otra infraestructura necesaria también?
Falta “mijito” -le contesté- que los hombres se pongan de acuerdo y eso es lo difícil y a continuación le pregunté ¿no has oído hablar de los convenios bilaterales, de los comités de frontera, de los consulados y las embajada, del Congreso, Cámara de Diputados y senadores? Todo esto tiene en algún momento que ser aprobado por ellos... y que si lo aprueban rápido muchos de ellos se quedan sin “pega”.
Querido nieto ahí está el meollo del asunto, lo demás son peras y naranjas chinas. O mejor dicho puro cuento. En todo caso, vamos bien y creo que mañana mejor. Aprovechemos el envión de las próximas elecciones de Presidente de la República, senadores y diputados para pasarles el dato y se apronten a promesas que con buena suerte puedan ser cumplidas.
Quién dice que a nuestra estrella, el flamante aeropuerto, no le toque trabajar.
¡En una de ésas!
Jueves, 25 de Noviembre de 2004 23:04 ;?> No hay comentarios. Comentar.
En realidad, la política del librecambismo, sin mencionar la formación de una ideología “democrática” semi-colonial que implicó, aniquiló toda posibilidad de industrias regionales, en la medida que podían significar un peligro de competencia en sus similares extranjeras. Así quedó subordinado el destino histórico del continente latinoamericano al capitalismo europeo en su etapa preimperialista. Y fue justamente esta subordinación la que permitió a las naciones adelantadas obtener la capitalización suficiente para facilitar al régimen capitalista su proceso hacia el imperialismo. Redondeando el ciclo, la etapa imperialista remachó las cadenas del continente semicolonial. Aumentó su dependencia del mercado europeo, transformándolo en proveedor de materias primas y en comprador de productos industriales.
La tradición ideológica de la revolución francesa, fundamental y fecunda para la lucha contra el feudalismo europeo antihistórico, resultó funesta para la evolución latinoamericana, pues fue uno de los factores paradojales que le impidió realizar en suelo americano una revolución semejante; bajo la máscara del liberalismo político, se introdujo el liberalismo económico, dos caras de una moneda colonial que iba a circular como símbolo de nuestro atraso histórico. En esta contradicción fundamental radica el fraude elaborado por un siglo y medio de crónica oligárquica.
Los fundamentos materiales de la unificación no estaban al alcance de los precursores. Apenas disponían de la limitada realidad aludida en el aforismo de Sarmiento: “Las ideas de los pueblos están escritas en el suelo que habitan”, aforismo no menos limitado, pero ideal para deducir de las llanuras de Venezuela y Argentina un destino de países ganaderos –y el mito de la barbarie llanera o gaucha-. Bolívar y San Martín, y los que siguieron, no tenían otra cosa que el suelo, inmenso, despoblado, inculto. Representantes de una clase dominante, ligada primero por la geografía y luego por la historia a los litorales extra-nacionales, era la suya una sociedad de transición surgida en el siglo de los grandes estados, y, peor aún, en el siglo engendrador de los grandes imperios del capital financiero. América Latina pagaba con la entrega de su economía el tributo de haber sido descubierta y colonizada por España en el período de su “putrefacción lenta e ingloriosa”.
Ese es, en grandes líneas, el itinerario de la desintegración de los viejos Virreinatos americanos. A pesar de que recién en el período iniciado con la guerra de Cuba (1898-1914), puede situarse la aparición histórica del imperialismo, a mediados del siglo XIX las grandes potencias daban los primeros pasos para consolidar políticamente sus conquistas coloniales. Es de fundamental importancia indicar que, según Lenín, antes del surgimiento formal del imperialismo, ya existían en Inglaterra dos de sus grandes elementos distintivos: inmensas posesiones coloniales y situación monopolista en el mercado mundial. El continente latinoamericano era un bocado apetitoso y de su fragilidad política dependería que el régimen de inversiones que sucedió al régimen de saqueo, tuviera abierto el camino, favorable la legislación, reducidos los impuestos, abiertas las aduanas. Convenientes eran también gobiernos amigos, pero poco fuertes. La política de división en las colonias emancipadas fue la norma número uno del capitalismo europeo. Es por ese motivo que la diplomacia británica, desde los comienzos de la existencia política “independiente”, ejerciese un importante rol en América Latina. Las palabras del Ministro Canning definían en 1825 la política británica: “Los hechos están ejecutados, la cuña lanzada. Hispano América es libre y si nosotros llevamos bien nuestros asuntos ella será inglesa”. En cuanto a los resultados prácticos de esa política, el Imperio inglés no pudo quejarse de sus ministros.
Los ganaderos y terratenientes argentinos, agentes de esa política inglesa, gobernaron la Argentina desde la caída de Rosas. Ellos designaron con el nombre de Jorge Canning una calle de Buenos Aires.
En algunos casos, la diplomacia europea promovió y financió directamente la guerra de independencia de España; en otros, apoyó a los terratenientes criollos que iniciaron el movimiento. En los casos restantes, se vio reducida a esperar y “observar”. Los desinteresados viajeros ingleses que animaron la literatura de costumbres con sus detallados relatos, no deben haber escrito solamente esas crónicas en sus instructivos viajes. Los archivos del Ministerio de Colonias de Su Majestad Británica podrían revelar quizás que esos viajeros cultivaron otro género de “reports”, además de la literatura descriptiva. Pero esta es una conjetura estética. Lo indudable es que la abierta aparición del capitalismo europeo en el continente latinoamericano (en 1823 Inglaterra abre consulados en todos los “países” y Baring Brothers realiza el primer empréstito en 1824), coincide simétricamente con la pérdida efectiva de la autodeterminación nacional de América Latina. En el período mundial en que se organizaban las naciones, era quebrantada la unidad política del continente hispánico. La verdadera colonia comenzaba.
Jueves, 25 de Noviembre de 2004 20:45 ;?> No hay comentarios. Comentar.
Fuente: Diario La Voz del Interior- Cordoba – 21 noviembre de 2004 http://www.lavozdelinterior.net
A principios de 1940, el escritor Víctor Serge publicaba en París una novela titulada “Si es medianoche en el siglo...”. Serge, un militante comunista de larga trayectoria, acababa de salir de las prisiones de Stalin y meses más tarde debió huir de la capital francesa ante la victoria alemana en el frente del Oeste, que lo forzó a buscar refugio en México.
Tomada entre el totalitarismo estalinista y la barbarie nazi, Europa se bamboleaba en el borde de un abismo al que no tardaría en caer.
Nos preguntamos si ese título no conviene también al presente. La elección que legitimó al presidente George Bush, la espiral de violencia que ciñe a Medio Oriente y la prosecución de la obscena guerra que los norteamericanos llevan en Irak, más la sofocante hipocresía que los grandes medios y buena parte de la intelectualidad de Occidente despliegan al describir la realidad, de alguna manera así lo indican.
Por estos días muere –en circunstancias poco claras–, Yasser Arafat, líder de un pueblo oprobiosamente privado de su nacionalidad y sujeto al desprecio y al maltrato; los mandos estadounidenses desencadenan una brutal ofensiva contra Faluja, cubriéndola con la habitual cortina de humo de la desinformación, y Bush reorganiza su gabinete de acuerdo con líneas que apuntan a confirmar y profundizar la tesitura militarista e intervencionista de Estados Unidos en el mundo.
La muerte del principal referente del pueblo palestino fue recibida con una apenas velada satisfacción de parte de Bush y del premier británico Tony Blair.
En cuanto a las figuras de proa del gabinete israelí, huelgan los comentarios. Baste recordar que un año atrás, el viceprimer ministro Ehud Olmert afirmó que la eliminación de Arafat no era asunto de moral, sino de saber si era práctica o no... Desde luego, Israel niega con vehemencia un involucramiento en la muerte de Arafat. Más allá del carácter natural o inducido de la muerte del líder palestino, está claro que tanto para la derecha israelí como para Bush, la desaparición de Arafat implica la remoción de un obstáculo.
¿Obstáculo para qué?, cabe preguntar. Pues, para implementar el megaproyecto de modernización neocolonial de Medio Oriente, al que Bush y los halcones que lo rodean se han lanzado de manera decidida y que requiere hacer tabla rasa con las soluciones de compromiso.
Carta blanca
Lo más duro de la ecuación actual, sin embargo, reside en el refrendo que el pueblo norteamericano dio a su actual presidente. No se trata de que su adversario fuese mucho mejor que él, sino de que, con su voto, los estadounidenses ratificaron en forma explícita que quieren más intervención, más guerra fuera de sus fronteras, más supresión de libertades civiles en su propia casa; y demostraron que la infatuación y el desdén hacia la realidad mundial siguen predominando entre ellos.
Esto plantea un grave caso de responsabilidad colectiva. No es la primera vez ni será la última en la historia que un gran pueblo elige mal a sus representantes.
Pero, en el caso norteamericano, por la enorme incidencia global de su país, el dato resulta ominoso.
Hoy, Bush ganó por derecho propio el sillón que ocupa. Sus primeros movimientos inducen a creer que profundizará el rumbo adoptado. Se ha sacado de encima a una dudosa “paloma” al frente del Departamento de Estado, el general Colin Powell, y puso en su lugar a Condoleezza Rice, ex asesora en asuntos de seguridad y casada con los criterios duros de la política de Washington.
A Powell se lo definía como un hombre razonable, a quien se otorgaba cierto crédito como contrapeso a los ideólogos neoconservadores y belicistas al estilo de Paul Wolfowitz o Donald Rumsfeld; aunque su despedida congratulándose de haber servido, durante su gestión, a “la liberación de los pueblos de Afganistán e Irak”, dice mucho sobre los alcances de su moderación.
Ahora se verá cómo Bush lidia con el paquete que se obsequió a sí mismo en Medio Oriente.
La destrucción del bastión rebelde de Faluja no impide que las hostilidades se generalizasen en todo Irak, mientras el body count del ejército norteamericano intenta tapar, con cadáveres de imprecisa procedencia, su fracaso en ordenar al país.
¿Habrá envíos masivos de tropas a la región? Los ayatolas iraníes, por si acaso, decidieron poner sus barbas en remojo, suspendiendo su plan para el enriquecimiento de uranio.
Mientras tanto, Rusia anuncia una nueva generación de misiles nucleares, en directo mensaje al gobierno norteamericano.
Es medianoche en el siglo.
Domingo, 28 de Noviembre de 2004 01:42 ;?> No hay comentarios. Comentar.
El sistema centralista de gobierno es condenado por todos los sectores del país, sin una reflexión histórica previa. Los analistas olvidan que el centralismo boliviano es una herencia de la oligarquía de la plata y de los barones del estaño, aliados al latifundismo, ya que empresarios mineros y terratenientes se consideraban el ombligo de la República. En el Siglo XX, los liberales, liderados por Simón I. Patiño, utilizaron las indemnizaciones que pagaron Chile y Brasil, por las guerras del Pacífico y del Acre, para construir ferrocarriles entre el océano Pacífico y los yacimientos mineros, los que, a tiempo de exportar el estaño, traían de retorno ropa y alimentos extranjeros, que condenaron a la inanición a la agricultura cruceña, la ganadería beniana y las artesanías de Cochabamba. Víctimas del centralismo fueron no sólo esos departamentos sino el conjunto del país, sumido en el atraso y en la explotación casi esclava de la mano de obra, principalmente de quechuas y aymaras.
En el Siglo XIX, los oligarcas de la plata, con Aniceto Arce a la cabeza, digitaron el asalto a las tierras de comunidad, que alcanzó inimaginables límites de crueldad con el más obsecuente de sus servidores: el general Mariano Melgarejo. Gonzalo Sánchez de Lozada (GSL), curioso ídolo de oligarcas tarijeños y cruceños, es la prolongación de Arce, Patiño y Melgarejo, por esto no se cansaba de repetir que “primero lo quemarían vivo” antes de aceptar la elección democrática de prefectos. La antítesis del centralismo minero-feudal es la Revolución del 9 de abril de 1952. Su impulso conquistó el voto universal, para hombres y mujeres. Con esta medida, y con la reforma agraria que terminó con el “pongüeaje” (servidumbre de la gleba), los herederos de la casta encomendera perdieron sus bases de sustentación. Con la nacionalización de las minas, dice Sergio Almaraz, los bolivianos podían ser sujetos de su propio destino.
La Revolución inauguró, con dineros de la Corporación Minera de Bolivia (COMIBOL) y de Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB), la carretera Cochabamba-Santa Cruz, que articuló, después de 128 años de vida republicana, al Occidente y al Oriente del territorio nacional. Este camino pavimentado abrió las compuertas a una masiva migración quechuaymara a Santa Cruz y, sin necesidad de carreteras, a Beni, Pando y Tarija, de manera que hoy en día no existe un pueblo de Bolivia en el que los migrantes del ande no se hubieran mezclado con las valiosas culturas del oriente, del norte y del sur del país. La primera señal de interculturalidad irreversible tuvo lugar en la fratricida Guerra con Paraguay (1932-1935), en la que habitantes de toda Bolivia mezclaron sus sangres, desatada por la norteamericana Standard Oil y la angloholandesa Royal Dusch Shell por el control del petróleo.
El proceso descentralizador, que permite al ciudadano de cada región elegir a sus autoridades y fiscalizarlas mejor, fue frenado por la derrota de la revolución nacional y por las políticas neoliberales de Víctor Paz Estensoro, primero, y de GSL después. Este último debilitó al Estado Nacional hasta extremos demenciales, exacerbando los regionalismos y los etnicismos que hoy padecemos. Como contrapartida, el gobierno del general Alfredo Ovando, que, en 1969, nacionalizó la Gulf e instaló los hornos de fundición de estaño, elaboró, a través del cruceño José Ortiz Mercado, la Estrategia para el Desarrollo Nacional (1970-1990), modelo de descentralización armónica, capaz de potenciar a a Bolivia.
Las elites de Tarija y Santa Cruz, al aliarse con las petroleras, usando el centralismo como pretexto, enarbolan consignas secesionistas, a fin de no modificar la Ley de Hidrocarburos de GSL, ejemplo de succión inmisericorde de los hidrocarburos del país. Tales elites y GSL sirven a las petroleras, odian al Estado nacional, al movimiento popular así como a gobiernos antiimperialistas como el de Hugo Chávez. No les interesa la unidad nacional ni la descentralización que profundice la revolución nacional. GSL y los separatistas forman parte del coro integrado por los norteamericanos Charles Shapiro y Michael Falcoff, por el ministro argentino Jorge Pampuro y por el asesor de Lula, Marco Aurelio García, quienes, junto a la Repsol, la Total, la British Gas, la Embajada de EEUU, el Bancos Mundial, BID, el FMI y la CAF pretenden convertir a Bolivia en otra Yugoslavia, si se atreve a recuperar su gas y su petróleo.
Lunes, 29 de Noviembre de 2004 21:13 ;?> No hay comentarios. Comentar.
A 53 AÑOS DE SU MUERTE UN GRAN ARGENTINO OLVIDADO TIENE ALGO QUE DECIRNOS
Por Alberto Guerberof(*)
A pesar de los esfuerzos desplegados por los teóricos del posmodernismo, que postulaban archivar la historia, ésta vuelve una y otra vez por sus fueros. Y cuando el país, literalmente desmantelado y vaciado por décadas de políticas liberales impuestas desde los centros de poder trasnacionales, queda reducido a escombros, es el turno de ciertos analistas ligados al poder financiero mundial para quienes la Argentina no es ya capaz de ser “autosustentable” y es mejor que desaparezca devorada por el “riesgo país”.
Los contornos borrosos de un contorno caótico, con esa espesa bruma que todo lo envuelve, crean un auténtico clima de fin de época y un afán por comprender lo que ocurre que arranca volviendo una mirada al pasado.
La memoria y la esperanza
Pocas semanas atrás, sorprendió en Buenos Aires el interés que acompañó a los actos con que se recordó el centenario del nacimiento de Arturo Jauretche, ese olvidado y enorme pensador argentino (1901-1974), poeta y verseador, paisano alzado en armas en la patriadas radicales de la Década Infame, orador, escritor y gauchipolítico, nexo entre el yrigoyenismo histórico y el peronismo, sin cuya penetrante mirada no sería comprensible la Argentina del siglo XX. Rescatar la memoria de los argentinos que pelearon por un país distinto, que fuera dueño de su destino, parece ser un fenómeno que se despliega en múltiples direcciones.
El 2 de diciembre se cumplen 50 años de la muerte de Manuel Ugarte, otro luchador notable. Integrante de la Generación del 900 junto a figuras de excepción como José Vasconcelos, Manuel Gálvez, Leopoldo Lugones, Rubén Darío, Gabriela Mistral, Rufino Blanco Bombona, Ugarte, nacido en Buenos Aires en 1878, sintetizó mejor que ningún otro, uno de los rasgos esenciales de aquella generación: el redescubrimiento de la unidad de Iberoamérica, apenas conquistada la primera Independencia, frustrada por las intrigas de las grandes potencias y la europeización de las clases dirigentes locales.
La reunificación de Latinoamérica, la Nación inconclusa, fue la gran bandera de Ugarte. Ella le valió una gran popularidad en los países latinoamericanos, a los que visitó en resonantes campañas, pero le acarreó la hostilidad o el desconocimiento en su propio país, envuelto en la burbuja de prosperidad agropecuaria en que se sustentaba la alianza anglo-oligárquica que lo gobernaba en los albores del Centenario (1910) de la Revolución de Mayo.
Pero Ugarte no se limitó a enarbolar esa gran causa. Fue un socialista criollo, en un país en que se había formado un Partido Socialista enteramente moldeado en una concepción europea de la cuestión social. Por su postura fue expulsado del citado partido, creado y dirigido por el Dr. Juan B. Justo, un destacado dirigente político y traductor de El Capital, rabiosamente adscripto a los dogmas económicos, históricos y políticos del liberalismo, que Sarmiento había resumido en la célebre antinomia político-cultural: civilización o barbarie.
Ugarte juzgaba pertinente que Hispanoamérica se enrolase resueltamente en el campo de los países pobres, de los así llamados sin historia, mientras el núcleo dirigente del socialismo clásico, con Juan B. Justo a la cabeza, se consideraban a sí mismos y a su proyecto político como parte de “la carga del Hombre Blanco” o, lo que es lo mismo, de la misión “civilizatoria” de Occidente sobre el resto del planeta.
Los libros de Ugarte conforman una obra que es imprescindible conocer para recrear una conciencia nacional sin la cual las nuevas generaciones difícilmente encuentren la salida al laberinto de una crisis como la que se padece. Escribió “El Porvenir de América Española” (1910), “La Patria Grande” (1922), “El destino de un continente” (1923), entre otros títulos, todos ellos editados fuera del país. Recién en 1953, cuando habían transcurrido dos años de su muerte, el historiador y político Jorge Abelardo Ramos publica “El porvenir de América Latina” con un estudio previo que rescata por primera vez la figura y la trayectoria de este argentino de la Patria Grande.
“Somos lo que somos”
No sorprende que Manuel Ugarte fuera un activo neutralista en las dos guerras mundiales que las grandes potencias, Europa y EEUU, libraron en el siglo XX con la complicidad de las clases gobernantes y de los círculos ilustrados de las capitales del continente.
Al mismo tiempo, afirmaba en cada ocasión su condición de argentino, pero sobre todo de latinoamericano que debía recuperar su Patria Grande impedida de constituirse por el imperialismo. En otro período de su lucha encaró con firmeza la defensa de la industria nacional, ahogada por el librecambio. Lo hizo desde las páginas del diario “La Patria” que dirigió en 1915 y desde otras tribunas después. Defensor consecuente de los derechos sociales de los trabajadores, Ugarte había cometido todas las transgresiones que la oligarquía dominante no perdonaba. Concluyó con coherencia su vida política apoyando al Coronel Perón en 1945 y como embajador de su gobierno en México, Nicaragua y Cuba. En la noche del 1° al 2 de diciembre de 1951 falleció en Niza, sin saberse si el suicidio o un desafortunado accidente puso fin a los días de este gran argentino que supo afirmar (1912): “Soy un hombre sereno y amigo de la paz … pero ante la agresión sistemática, ante la intriga permanente, ante la amenaza manifiesta, todos los atavismos se sublevan en mi corazón y digo que si un día llegara a pesar sobre nosotros una dominación directa, si naufragaran nuestras esperanzas, si nuestra bandera estuviera a punto de ser sustituida por otra, me lanzaría a las calles a predicar la guerra santa brutal y sin cuartel, como la hicieron nuestros antepasados en las primeras épocas de América, porque en ninguna forma ni bajo ningún pretexto podemos aceptar la hipótesis de quedar en nuestros propios lares en calidad de raza sometida ¡Somos indios, somos españoles, somos latinos, somos negros, pero somos lo que somos y no queremos ser otra cosa!”.
(*) Publicado en la Revista Compartir – Diciembre 2001
Lunes, 29 de Noviembre de 2004 21:15 ;?> No hay comentarios. Comentar.