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Se muestran los artículos pertenecientes a Abril de 2005.

02/04/2005


CUASIMODO

Por Pedro Godoy P.
Centro de Estudios Chilenos
- Abril 2005

Semana Santa posee un remate criollo y huaso. El primer domingo -después de Pascua de Resurrección- el campo de la Región Metropolitana aparece, como obedeciendo a un conjuro, florecido de chamantos y banderas. Es la fiesta de Cuasimodo. Congrega en torno a la parroquia a feligreses ecuestres. Esos jinetes escoltan al señor cura para administrar la comunión a enfermos e inválidos. La caravana es acompañada por carretelas y bicicletas. Todo se engalana con el tricolor y el pabellón vaticano. La cofradía cuasimodista comienza la peregrinación rumbo a los hogares donde el sacerdote administra el sacramento de la eucaristía. El viejo grito “¡Viva Cristo Rey!” quiebra la quietud aldeana de Talagante a Colina y de Lo Barnechea a arrancas. Son los cuasimodistas -niños, muchachos, adultos y ancianos- con sus cabezas cubiertas de blanco pañuelo al estilo moro y los pechos condecorados de escapularios. Al galope o pedaleando conservan la noble tradición.

Cuasimodo no es un santo. Tampoco guarda relación con el jorobado de Notre Dame. Es un brote de religiosidad popular arraigado en el área rural de Santiago. Su nombre deriva de la vulgarización de una frase en latín de un arcaico texto litúrgico; “quasi modo” que significa “a manera de…” De allí la huasería acuña el término para designar un festejo cuyo propósito -en su origen- es proteger a los párrocos de los bandoleros. Estos, con frecuencia, los despojaban de sus paramentos y del cáliz. Nacen entonces como milicia protectora. Hoy la meta es facilitar que comulguen los fieles incapacitados de concurrir al templo. En cada hogar se agasaja a los cuasimodistas… Nunca falta el “engañito”. Aunque lo permitido es sólo agua y pan, de modo discreto hay chacolí y pequenes. Al medio día es la misa de campaña. Al caer la tarde culmina la tarea con refrigerio de “chicha y chancho” no sin antes expresar el júbilo con cuecas y topeaduras. Fe y chilenidad son los rasgos de este epílogo campero de Semana Santa.
Sábado, 02 de Abril de 2005 16:07 ;?> No hay comentarios. Comentar.


JUAN PABLO II: SOLDADO DE LA PAZ

AABT002569[1].jpgPor Pedro Godoy P.
Centro de Estudios Chilenos


A propósito de la enfermedad que aqueja a Su Santidad se reseñan diversas actuaciones y enfoques que singularizan su pontificado. Sin embargo, no se registran referencias al esfuerzo denodado que efectúa por evitar una guerra chilenoargentina por el Beagle.

A mis desmemoriados paisanos se les debe recordar que la mediación vaticana logra el apaciguamiento. Este clima cristaliza en el Tratado de Paz suscrito por los Presidentes Pinochet y Alfonsín. La amistad se prueba en los momentos difíciles: el Vicario de Cristo vive ahora un instante muy amargo por su salud quebrantada.

Más que antes hoy lo acompañamos. La ocasión es propicia para recordar aquella épica guerra por la concordia entre dos repúblicas católicas y sanmartinianas. Su aporte pacifista compromete nuestra gratitud y, en el silencio elocuente, coreamos -como cuando nos visitara- “¡Papa, amigo, el pueblo está contigo!”.
Sábado, 02 de Abril de 2005 16:18 ;?> No hay comentarios. Comentar.


25 AÑOS DE MALVINAS

M009R[1].jpg

ACTO DE UNIDAD PATRIÓTICO Y POPULAR
EN HOMENAJE A LA RECONQUISTA
DE LAS ISLAS MALVINAS



El sábado 2 de abril se realizará en el Cenotafio a los Muertos de la Guerra Nacional de Malvinas, un acto de homenaje y recordación a las gesta y sus caídos, convocado por representantes de distintas organizaciones nacionales políticas, sociales, y de Veteranos de Guerra, habiendo sido designado orador el Almirante Carlos Büsser.

Los convocantes dieron a conocer el siguiente documento:

"El 2 de abril de 1982, la Argentina recuperó para su soberanía los territorios y mares que desde 1833 Gran Bretaña usurpaba. En las Islas Malvinas, Georgias del Sur, Sándwich del Sur, otras y mares australes cesó así la ocupación colonialista británica. Hasta ese 2 de abril Gran Bretaña había ignorado nuestros derechos soberanos y
las resoluciones internacionales que la obligaban a resolver su dominio colonialista sobre estas tierras y mares argentinos.

Inmediatamente de producida la reconquista argentina, el colonialismo británico -asistido por EE.UU. y con la complacencia de las otras potencias mundiales (por caso el bloqueo económico de la CEE)-, puso en marcha su maquinaria bélica, imponiéndole a la Nación Argentina una guerra de agresión y de conquista.

Aquella coalición que impuso su guerra de agresión a nuestro país, es la misma que hoy invadió a Irak y amenaza a otras naciones.

"Malvinas -escribió el historiador inglés Paul Johnson- fue parte de algo que se hizo en Granada, Panamá y en el raíd a Libia. Eso permitió que se llegase al Golfo como se llegó. Y eso comenzó en Malvinas". Del 2 de abril al 14 de junio, soldados, suboficiales, oficiales y civiles argentinos enfrentaron valientemente la agresión británica. En muy difíciles condiciones, -por enfrentar un país empobrecido y saqueado como la Argentina a la tercera potencia militar del mundo asistida por una de las dos superpotencias de entonces (EE.UU.)-, nuestros hombres en tierra, aire y mar libraron duras y heroicas batallas en las que ofrendaron la vida 649 héroes. Producida la recuperación, el pueblo argentino se movilizó multitudinariamente en apoyo a la Guerra Nacional de Malvinas y ganó la solidaridad de los pueblos de Latinoamérica y el Tercer Mundo, porque comprendió que era una guerra justa, como son justas las guerras de cualquier país oprimido como el nuestro contra un país opresor, independientemente de quien la inicie y del carácter del gobierno del país oprimido. Los argentinos nos vimos en una situación semejante a la de 1806 y 1807 con las invasiones inglesas. Independientemente del carácter tiránico del gobierno del virreinato colonial español, el pueblo tuvo claro en ese momento cuál era su enemigo principal, y enfrentó a Inglaterra. Lo mismo ocurrió en 1982.

El 14 de junio las fuerzas argentinas fueron derrotadas militarmente en una batalla, pero la Nación Argentina no se rindió ni aceptó el cese del fuego como eran las pretensiones británicas. Al retornar al continente, los combatientes argentinos fueron dispersados, silenciados y humillados: era el inicio del proceso de desmalvinización cuyo cometido principal era borrar de la memoria del pueblo la osadía argentina de atreverse a recuperar lo que le pertenecía. Sobre todos nuestros combatientes se abatió una campaña de desprestigio y la Argentina fue víctima del "castigo infinito" por haber enfrentado a los poderosos del mundo.

El "Proceso", en su último turno, inició el camino de la desmalvinización. El gobierno del Dr.Alfonsín profundizó esa política, y fue con el Dr.Menem que ese proceso se completó con los "Acuerdos de Madrid" y el "Tratado de Londres" que fueron, en los hechos, la rendición incondicional ante la potencia ocupante. Otros acuerdos posteriores con Gran Bretaña consolidarían la rendición y la entrega nacional. Hasta la fecha esa situación no ha variado. Gran Bretaña ostenta con soberbia su dominio colonial en tierras y mares argentinos. La causa de Malvinas, el reconocimiento a todos sus combatientes y muy especialmente a quienes dieron su vida, es parte del largo camino del pueblo y la Nación Argentina por su verdadera independencia de todo dominio extranjero. Por todo esto, los abajo firmantes, convocamos al pueblo argentino a movilizarse este 2 de abril a lo largo y ancho de la patria por la reafirmación de los derechos de soberanía sobre tierras y mares australes, en homenaje a nuestros veteranos de la Guerra Nacional de Malvinas, y manifestamos:

1. Los plenos derechos soberanos de la República Argentina sobre los archipielagos de Islas Malvinas, Georgias del Sur (San Pedro), Sandwich del Sur y otras, por sus indeclinables e indelegables títulos históricos-jurídicos-geográficos.

2. La plena conciencia que esta Causa y las acciones de todo tipo en pos de su sostenimiento y defensa, revisten un carácter Nacional, Latinoamericano, y Antiimperialista.

3. Establecer claramente que el recordatorio del 2 de Abril es el aniversario de la recuperación del ejercicio pleno de la soberanía en una porción del territorio nacional, de la cual el Pueblo fue el actor principal e imprescindible, con los hijos, hermanos, padres, esposos que brindó, y sin cuya participación y aceptación no hubiera sido posible realizarla.

4. Fijar con énfasis la necesidad que los cinco siglos que abarca el espectro de antecedentes de la Causa y su tratamiento actual y futuro, sean ampliamente difundidos al Pueblo, por cuanto como consecuencia del perverso proceso de "desmalvinización", iniciado en el propio Proceso y continuado por los gobiernos gerenciales posteriores, el Pueblo carece de veraces canales oficiales de concientización.

5. Denunciar públicamente los acuerdos de Madrid y Londres de 1989 y 1990, que por sus características han adquirido el rango de Tratados, y que son lesivos a la Soberanía Argentina.

6. Aplicar el mismo criterio para con la Ley 24.184 del 4 de Noviembre 1992, de Aprobación del Convenio para la Promoción y Protección de Inversiones con Gran Bretaña.

7. Reclamar con toda firmeza el tratamiento de Malvinas en el nivel de la Asamblea General de las Naciones Unidas, del que fue abandonado en 1989. Que la OEA reclame ante las Naciones Unidas el cumplimiento por parte de Gran Bretaña de las resoluciones que respaldan nuestros derechos de soberanía sobre tierras y mares australes.

8. Plantear al Pueblo la realidad que significa la presencia de un virtual estado limítrofe a nuestras aguas continentales, cuya capital, Londres, se halla a través del mar en otro continente, a miles de kilómetro de distancia.

9. Los peligros políticos, estratégicos, que significa tal situación.

10. El perjuicio económico actual y futuro que ella ha significado y significa, en tanto se mantenga el estado de quebrantamiento territorial de nuestro País por la ocupación extranjera de esos archipiélagos y espacios adyacentes.

11. Reiterar la falta de hipótesis de conflicto, concepción geopolítica y estratégica de defensa del interés nacional evidenciada por las diversas conducciones políticas.

12. Recordar a la opinión pública que los actuales habitantes de las Islas no constituyen una población autóctona, sino que fue introducida por el colonialismo británico como instrumento de su dominio, y por lo tanto, como señalan las resoluciones internacionales, no pueden invocar derechos de autonomía o autodeterminación. Son meros custodios de las usurpaciones perpetradas que Gran Bretaña utiliza como ariete en los foros internacionales, con un pretendido respeto de "sus deseos".

13. Puntualizar que no obstante ello, nuestro País ha manifestado internacionalmente su disposición a respetar "sus intereses".

14. Rendir por la presente, un Homenaje a los 649 Héroes de la Patria caídos en combate en 1982, y de aquellos que han sufrido secuelas físicas y psíquicas, sin distinción de funciones, en un solo símbolo, pues está nutrido por sangre del Pueblo: Conscriptos, Suboficiales, Oficiales, Fuerzas de Fronteras y Civiles voluntarios.

15. Dar a quienes regresaron al Continente, la pública y merecida recepción que nunca tuvieron, ya que les fue negada en la soberbia que no supo discernir cuan cerca están entre sí la derrota y el triunfo.

16. Sea este Documento el fraternal abrazo a los Veteranos de la Guerra Nacional de Malvinas".
Sábado, 02 de Abril de 2005 20:33 ;?> No hay comentarios. Comentar.

04/04/2005


128 “CHANCHITOS”

sepulveda[1].jpgPor Luis Sepúlveda (*)

La sombra del viejo punga llamado Augusto Pinochet, Ramón Ugarte, Daniel López o como quiera autonombrarse, persigue como una maldición que, si bien es verdad me alegra porque el viejo rufián lo está pasando mal, también lo es que me molesta como chileno, porque en Varsovia o Cracovia, Lisboa o Pisa, Povoa do Varzim o mi querida Pietra Santa, las preguntas sobre Chile siempre terminan citando al viejo cogotero.

Para más INRI, en la prensa internacional de la semana pasada se citó el drama de un sobrino del viejo malversador, que vende un riñón para sacar a su familia de la indigencia. Por fortuna para él ofrece un riñón y no el cerebro, órgano bastante atrofiado en esa recua.

Los polacos, italianos y portugueses insisten en que les explique y cuente qué se sabe de los bienes del viejo carcamán, y debo emplear toda mi capacidad pedagógica para detallar los misterios que el Banco Riggs va soltando a gotas.

Empiezo explicando que en la localidad de Pomaire, los artesanos de la greda, además de vasijas hacen unas alcancías, o huchas, con forma de coquetos cerditos y que en Chile, con el amoroso trato que damos a todo a fuerza de diminutivos, llamamos “chanchitos”. Pues bien, sucede que estos chanchitos de Pomaire dan unos intereses altísimos, pero no a todos. Si un civil mete una moneda por la ranurita, ahí se queda, tiesa e improductiva, pero si en cambio lo hace un milico, esa moneda se multiplica, el chanchito eructa intereses, sonoros pedos multiplicadores, y luego se clona a sí mismo, hasta llegar a los 128 chanchitos que hasta ahora ha reconocido el Banco Riggs.

Este portento permite llegar a dos conclusiones: la primera es que Daniel López, Ramón Ugarte o como se llame el viejo punga, es un extraordinario pastor de chanchitos que, al compás de “yo tenía un camarada”-su himno preferido- conduce como el Flautista de Hamelin a las ratas, hasta las bóvedas secretas de bancos como el Riggs, especializados en dineros mal habidos, robados, expoliados, de procedencia siempre dudosa. La otra, más que una conclusión es una pregunta; ¿por qué los chanchitos prodigiosos de Pomaire no son la principal exportación chilena?

La existencia de los 128 chanchitos generó un cataclismo en la derecha chilena, en manadas “se desmarcan” del viejo ladrón y, de la misma manera como nunca supieron de violaciones a los derechos humanos, torturas y desaparición de compatriotas, tampoco sabían, ni siquiera intuían, que el fabuloso patrimonio personal del viejo sátrapa tenía orígenes inexplicables, las cuentas sencillamente no cuadraban, ni cuadran, aunque en los 128 chanchitos se encuentren entre ocho y once millones de dólares.

El robo, el fraude, la malversación, el pillaje, el saqueo al erario público, el delito ya es tan obvio, que no resta sino el proceder de la justicia y en dos direcciones: la primera y urgente es salvar el prestigio de los inocentes chanchitos de Pomaire. La segunda es de lesa decencia y consiste en embargar todos los bienes del clan Pinochet.

El viejo pillo se encuentra en libertad bajo fianza, ignoramos si el dinero con que pagó esa fianza era también fruto del robo, pero sigue leyendo cuatro periódicos al día y dirigiendo desde su “demencia vascular” sus operaciones bancarias y chanchullos que aún no conocemos.

Es justo desear que la puerta de Los Boldos se adorne con esa bellas cintas de plástico con que los encargados de velar por los bienes del país precintan las propiedades de origen dudoso. Es justa y deseable una investigación rápida que restituya al estado chileno los bienes mal habidos, y ahora.

Nadie pensó que el fin del viejo ratero sería el mismo de Al Capone, encarcelado por fraude fiscal y, como tan bien dice Mario Benedetti: “un torturador no se redime con la muerte, pero algo es algo”.

Me preocupa que la defensa del viejo pelafustán intente vincular la “demencia vascular moderada” al caso de las vacas locas, culpando de todo a 128 chanchitos locos de Pomaire. Pero la justicia chilena empezó por fin a caminar, y hombres como el Juez Guzmán nos devuelven ese viejo orgullo de ser chilenos.

(Gijón, 20 de marzo de 2005)

* Luis Sepúlveda es escritor y adherente de Attac.
Lunes, 04 de Abril de 2005 19:48 ;?> No hay comentarios. Comentar.


LAS DALCAS BAJO LA ARENA

FOT2002250029[1].jpgPor Aristóteles España

Este es el cuarto libro de poemas de Víctor Hugo Cárdenas (Castro, Chiloé, 25 de agosto de 1962). Uno de los jóvenes poetas olvidados de Chile, ausente del marketing, de los premios gubernamentales y la crítica, construye en este poemario un espacio enteramente chilote, con todo el mestizaje y toda su cultura. En este libro están los traucos inolvidables, los camahuetos, la Pincoya que muestra sus piernas al mundo; el joven Jote, ese pájaro con el cual volaba en su niñez de Nercón, donde su padre construía utopías en el viento,los Veliches, Chonos, Españoles de todas las partes de su ejercicio de dominio metafísico; ahí están las dalcas, esos pequeños botes que eran capaces de llevar a sus antepasados a Punta Arenas o la Ciudad de los Césares. Es decir, pura fabulación, pura historia construida en los margenes de la inteligencia y el miedo.

Las Dalcas de este poeta son los helicópteros de Pedro Ñancupel, los viejos aviones hechos de los cipreses de su estirpe. De repente, aparece una Ñata, una abuela en Villa Francia, sin que él lo sepa. Por todos sus ríos se respira libertad y ausencia. Este poeta es amigo de los imbunches, donde hay huellas de pájaros que se repiten, y donde queda el alma de Dios, nos dice en este libro lleno de fantasmagorías de la patria chilota.

Víctor Hugo Cárdenas es un poeta de la lluvia; cuando el lector ingresa a este libro ve caer granizos, la lluvia de Chiloé en todo su apogeo. El poeta dice que los turistas que observan su país ancestral miran las postales que ellos construyen en sus cámaras fotográficas. El poeta vuela como un ave sobre los atardeceres de su infancia. De repente hay llanto, el mismo sentimiento que embargó a los extranjeros cuando llegaron a esa isla mágica.

Contemporáneo de Nelson Torres, Mario García, Héctor Véliz, Rosabetty Muñoz perteneció al Grupo “Aumen” (eco de la montaña, en el idioma Huilliche) que formaron Carlos Alberto Trujillo y Renato Cárdenas en 1975 en la capital del archipiélago.

La propuesta de Víctor Hugo Cárdenas es que hay un tiempo mítico, un breve lugar donde los intelectuales sueñan, los poetas inventan ríos, los profesores también sueñan pero con un tiempo que fue; los pescadores recrean el pasado y dibujan en el agua, los agricultores sueñan en los bosques y esperan que pase La Voladora y La Fiura sobre los mañíos, mientras escuchan a los zorzales y tordos.

Hoy es el vuelo de las hortalizas, de los duendes, de los repollos y donde el surazo deja sus raíces y muere despresado por el hambre. Otro mundo, la cultura chilota está arrinconada. Otros líderes, los “viejos ya se fueron”, los palafitos son como una nube que está detenida en el tiempo.

Poesía del mestizaje la de este poeta. Por sus páginas está la cosmovisión Veliche, Chona, Española. Nunca Bernardo O”Higgins entró a estos territorios, tampoco los chilenos. Sólo el viento, dicen sus poetas.

Víctor Hugo Cárdenas construye ángeles que cabalgan en Ancud, Castro, Chonchi, junto a sus abuelos, amigos de infancia que dan cuenta de una realidad literaria poco difundida en tiempos actuales. Autor de “El juego de la Oca” (1977); “Treca treca peñi” (1986); “Entre la playa y el mar” (1988); “Las dalcas sobre la arena” (2005). Actualmente es profesor de literatura en la comuna de Maipú, en Santiago de Chile.
Lunes, 04 de Abril de 2005 14:05 ;?> No hay comentarios. Comentar.


CRÓNICAS DE JOAQUÍN EDWARDS BELLO (*)

3[1].jpg

El mito de Manuel Rodríguez y la
Batalla de Maipo



Abril, 1955

La historia ha de atreverse a decirlo todo, según Tácito. Maurois recomendó prescindir de simpatías y antipatías personales. Sé poco más o menos lo que dirán en este aniversario del día cinco de abril glorioso y a la vez plagado de obscuridades. Sé de memoria lo que dijo San Martín cuando comenzaba la batalla: "El sol por testigo y la tontería de Osorio". Sé lo que dijo al final, ante los cadáveres de sus pobres negros y de sus simpáticos rotos. La batalla nos ofusca. Pensamos en penachos, en alegorías, en enormes pinturas murales para escolares y versos marciales. Los estrategas hicieron especulaciones guerreras a posteriori. Notaron los errores de San Martín, de Primo de Rivera y de Ordóñez. Descubrieron que San Martín no debió ir por ahí, sino por acá. Me parece que ya es tiempo de ir descubriendo algo de lo que ocurrió antes, pero un mundo antes de la definición sangrienta en el campo de batalla, que según unos se llama Maipo y según otros Maipú. A ver, una pregunta: ¿Por qué razones llegaron jefes argentinos a darnos la libertad y no fuimos nosotros a dársela a ellos? No serían tan lerdos San Martín, ni Las Heras, ni sus granaderos, ni sus negros mendocinos, cuando ayudaron a nuestros bravos rotitos, a O'Higgins, a Freire y a Bueras, para salvar a nuestra patria. ¿Qué había ocurrido en Chile en 1818? ¿Cómo se comportaban los hombres chilenos de los primeros rangos durante los años anteriores a dicha batalla? La respuesta en síntesis se resume: intriga.

Esto es, impedimento sistemático por parte de vanidosos que condensaban su vitalidad en el aforismo: "¡Quítate tú para ponerme yo!" En el magistral estudio sobre O'Higgins, de Encina, tomo séptimo, encontré esta pepa de oro, página 299: "Si don José Miguel Carrera hubiera tenido algunas aptitudes de gobernante, de organizador y general, O'Higgins, ahogando sus antipatías de temperamento y su repugnancia moral, se habría convertido espontáneamente en instrumento suyo, como lo hizo con San Martín y con el mismo Carrera cuando participó de la creencia en su imaginario genio militar".

He leído todo lo que alcanzaron mis ojos respecto de Cancha Rayada y de Maipo. Barros Arana, Zapiola, Vicente Pérez Rosales, Abel Rosales, Mitre, y entre los más modernos Encina, Blanchard Chessi, Díaz Meza y abundante crónica con la última de Manuel Gandarillas, ilustrada y con citas de Antonio Bizama Cuevas. El gran poeta y colega Gandarillas ha recordado el uso del aguardiente en la batalla de Maipo. El documento del aguardiante apareció antes en un Zig-Zag de 1906 ó 1907. El uso del alcohol u otros excitantes en las batallas ha sido universal. En Venezuela, el guarapo ayudó a la independencia. En Waterloo, al final, Blucher hedía como un odre de alcohol. El general francés Marchand, héroe de Fachoda, al escultor que le hacía el busto, dijo: "A quien debieran levantar un monumento es al general Pinard". En argot, pinard es vino.

El ataque nocturno de Cancha Rayada, que dispersó las tropas de San Martín y dejó herido a O'Higgins, se debió en parte a la fiesta que celebraban, o santo de San Martín. El San José estuvo a punto de terminar con el ejército patriota si no hubiera sido por el general Las Heras. El argentino prefiere el mate al aguardiente. El militar Cruz se asombró al ver dispersos y derrotados esa noche a los mismos soldados vencedores en Chacabuco y denodados asaltantes en Talcahuano. ¿Hay un misterio de psicología en el asunto? Según Mitre, los negros de Cuyo fueron los mejores soldados en Cancha Rayada.

Después del desastre nocturno, la situación en Santiago era aterradora. Creyeron que se repetiría el caso de Rancagua. Las Heras salvó la situación. Dejemos de lado lo simbólico y monumental para imaginar cómo llegaría a Santiago en general Las Heras, bragado y de mirada terrible. Chamuscado y patilludo, insomne, casi en cueros. Sable en mano daba órdenes como truenos y amenazaba de muerte a los desertores. La deserción era otro enemigo terrible como los Burgos y Talaveras. Las Heras estaba cocinándose un charqui frito, cerca del mate, en el momento de la sorpresa. ¡Ahijuna! Con feroz energía, el hombre de las cejas como cerdas montó y se hizo obedecer en las sombras de la noche triste chilena. No aflojó. Libró a tres mil quinientos hombres, base de la libertad. De un galope llegó a Santiago y acampó en La Pampa, lo que ahora es el Matadero. En llegando quedó esperando órdenes. Llegó San Martín y le dio diez pesos para que comprara un uniforme. La ciudad de Santiago había pasado una noche de pesadilla. Saqueos, tiros perdidos, gritos de auxilio, estertores de agonizantes. ¡Misericordia! ¡Misericordia! Zapiola contó que los batallones de milicianos, formados de prisa, no sirvieron. Unos huían de noche a remoler. Otros huían a engrosar el ejército ... de Osorio. La población, en un noventa por ciento, no sentía la guerra. El pánico de Santiago ha quedado descrito por testigos como Pérez Rosales y Zapiola. No hubo mulas ni caballos suficientes para los que huían a Mendoza. Los partidarios del rey se quitaron las caretas y los ladrones se dedicaban de preferencia a asaltar las casas de los patriotas. Los monarquistas esperaban los resultados como en la copla de La Mascotta: "En las batallas estar detrás mientras peleen los demás, y en la victoria estar al frente ... ¡Es conveniente!" Hubo indiferentes de gran calidad, como don Diego Portales. Zapiola lo llamó "Machiavello de chingana". El libro de Zapiola "Recuerdos de treinta años" es el documento más franco y libre de su tiempo.

Pérez Rosales dice: "Espantaba ver al gentío, de a pie y a caballo, que se lo llevaba todo por delante, en el camino de los Andes". La familia de Pérez Rosales pagó catorce mil pesos por unas mulas. Su madre estuvo a punto de morir despedazada en la cordillera.

Manuel Rodríguez, un mito nacional, según Encina y según toda persona franca que conozca la historia, deseaba la derrota del ejército de San Martín y de O'Higgins para quedar, con Carrera, dueño de una pequeña tropa, sin valor militar, pero que se imponía a la primitiva imaginación popular. Los soldados de Rodríguez usaron una divisa espantable, compuesta de una calavera de trapo blanco en fondo negro, como la que usan nuestros niños piratas de primavera. Eran como un coro de zarzuela con uniformes de Húsares de la Muerte. Un cuco. En todo, quinientos de caballería. Estos salvadores de la patria tenían más ganas de molestar a O'Higgins que de combatir a los españoles. Los oficiales eran en su totalidad carrerinos.

Conozcámonos. En estas condiciones, con O'Higgins herido gravemente y Rodríguez en sus espaldas, preparaba San Martín la batalla decisiva. La noche anterior, dice Encina, "llegaba hasta los escasos transeúntes el murmullo de las plegarias que desde los hogares subían al cielo, rogando por el marido, el hermano, el padre o el novio que estaban en el campo de batalla".

Amaneció el día milagroso: 5 de abril de 1818. Copia feliz del Edén. Cielo limpio, cantos de diucas, olor a frutas y flores.

San Martín tenía dos amigos seguros en Chile, a los que nunca olvidó: el huaso Estay y O'Higgins. Era O'Higgins el más capaz de reconocer jerarquías, de obedecer y de organizar, virtudes que a veces parecen ser ajenas a nuestra raza. Esta capacidad de obediencia y de organización fue obstaculizada por personas que tuvieron un concepto silvestre personal del patriotismo: los carrerinos. Manuel Rodríguez era el cónsul general o representante del carrerismo en Chile, el año 1818, en ausencia de los ídolos. San Martín era para los carrerinos un patán cuyano y O'Higgins un guacho bruto.

Veamos la conducta de Rodríguez. Dice Zapiola: "El regimiento de Rodríguez no concurrió a la batalla. Esperaba la llegada de Juan José y Luis Carrera, cuya libertad creía inminente. En todo caso, contaba con don José Miguel. El regimiento de húsares sería la base de una revolución contra aquel orden de cosas".

Dice Encina: "A Manuel Rodríguez lo único que le interesaba era que el nuevo desastre de San Martín, que creía indudable, lo encontrara en el poder". "Era incapaz de organizar nada. Armó al pueblo para dejar vacíos los almacenes, de manera que San Martín no pudiera rearmar a sus soldados". "Después de eliminar a San Martín y O'Higgins, barrerían de Chile a los españoles, si antes no huían aterrados con las proclamas que don José Miguel sabía lanzar". "La intensidad del odio anulaba todo ideal". "Ellos se retirarían a Coquimbo con caudales y con todo lo que pudieran acarrear". "El Ministro del Interior Miguel Zañartu comprendió, después de Cancha Rayada, que el peligro no estaba en el desastre mismo, sino en Manuel Rodríguez". "Los realistas y los carrerinos contaban con la derrota de San Martín".

La victoria llegó, gracias a San Martín, a Las Heras y a O'Higgins, en gran parte. O'Higgins levantó a un muerto. El resto lo hicieron el roto chileno y los argentinos. Al finalizar el año 1817, el ejército constaba de dos mil setecientos argentinos y seis mil quinientos catorce chilenos. La formación de este ejército, dice Encina, da a San Martín títulos para ser considerado el primer general y el máximo libertador de América. Sin sombra para Bolívar, el genio.

Datos son éstos más útiles, en 5 de abril, que los discursos, los cañonazos y las charangas. Es una manera de espejo de ayer para mirarnos la cara de hoy. Si ha crecido Manuel Rodríguez en el corazón popular es a causa de un apego entrañable a la oposición y a lo que llamamos bochinche. Ya dijo Miranda: Bochinche, bochinche, no saben más que bochinche. Últimas palabras antes de la prisión. Bochinchero típico, enemigo del orden jerárquico, fue Urriola, y hay calle Urriola en todo pueblo chileno. Mi padre decía que entre la maldad y la virtud no hay términos medios. "Son como el permanganato y el chocolate".

Las mentiras, o mitos, traen familia y aumentan sin cesar. Nuestro buen pueblo ha engordado la gloria de Manuel Rodríguez. En ello influye la emotividad de la muerte. Muerte violenta. Asesinato y animita. El eterno revolucionario es endiosado. Se dijo que San Martín había huido a Buenos Aires, que O'Higgins estaba en cama y que Rodríguez a la cabeza del pueblo, había derrotado a Osorio en Maipo. Lo creyeron así durante algunos años. "Corrió en textos de enseñanza".

De mi parte digo: soy apolítico. Nunca voté desde 1920. No odio bastante a una persona para desearle que vaya a La Moneda a servir de pararrayos de pasiones como la vanidad, la envidia y la codicia. Es imposible contentar a mi tierra desde el Poder.

San Martín escribió a un amigo de Buenos Aires lo siguiente, desde Santiago: "Me hago violencia en habitar este país: en medio de su belleza, todo me repugna en él; los hombres, en especial, son de un carácter que no confronta con mis principios, y me producen un disgusto continuado que corroe mi triste existencia". "Dos meses de tranquilidad en el virtuoso pueblo de Mendoza me volverían la vida".

San Martín quiso ser amigo de Manuel Rodríguez. Este lo sabía y recurría a él en los momentos difíciles. Los enemigos de San Martín inventaron la fábula de su intervención en el asesinato de Til-Til. Navarro, el matador, urgido para que declarara contra O'Higgins, confesó que había recibido la orden del coronel Alvarado y de Monteagudo. San Martín se esforzó sin cesar para atraer a Manuel Rodríguez. Tenía simpatías por el eterno guerrillero.

(*) Chileno. Premio Nacional de Literatura y de Periodismo. La siguiente crónica ha sido tomada de: Mitópolis, Editorial Nascimento, Santiago de Chile, 1973. Páginas 81 a 87
.
Lunes, 04 de Abril de 2005 19:48 ;?> No hay comentarios. Comentar.

05/04/2005


HUGO CHÁVEZ Y EL OTRO SOCIALISMO

chavez1-homenajemarti[1].jpgPor Jorge Gómez B.(*)

Abril de 2005

En Europa, donde nació, el Socialismo es un hecho sociológico, un peldaño en la civilización y una opción política compatible con los valores cristianos, la cultura occidental y los prolegómenos del sistema, no una ruptura con ellos.

El siglo XIX europeo fue escenario de una prodigiosa revolución tecnológica que tuvo entre sus protagonistas a científicos, políticos, empresarios, inventores y hombres de fe, que contribuyeron a modelar el modo de vivir y pensar de la humanidad, entre ellos: Carlos Marx, Charles Darwin y Vicenio Gioacchino Pecci, el Papa León XIII.

Carlos Marx, uno de los hombres intelectualmente mejor dotados de su tiempo, el que situó la sociología sobre bases científicas y puso al servicio de las ciencias sociales eficaces herramientas metodológicas, debutó en 1848 con el «Manifiesto Comunista». Nunca hizo nada clandestino, jamás empuñó un arma ni participó en revuelta alguna.

Charles Darwin, se dio a conocer cuando en 1859, mediante «El Origen de las Especies por Medio de la Selección Natural», sostuvo la tesis de que en la lucha por la supervivencia en la naturaleza, actúan leyes en virtud de las cuales, los organismos más aptos sobreviven legando a sus descendientes los mejores caracteres, tejiéndose así la cadena de la herencia, por medio de la cual las especies se preservan y perfeccionan. Ese proceso forma la base de la evolución de las especies, incluyendo al hombre al que atribuyó un origen natural.

León XIII, Papa desde 1878 hasta 1903, justo a tiempo para asistir al auge del capitalismo salvaje europeo, confrontar ideológicamente al marxismo, orientar el nacimiento de las organizaciones social cristianas y mediar entre los gobiernos de Estados Unidos y de España para tratar de evitar la guerra entre ambos por la posesión de Cuba, levantó la polvareda en sacristías y palacios al emitir el más importante documento de política social de la Iglesia católica romana, la Encíclica «Rerum Novarum» (De las Cosas Nuevas) que retrató una conflictiva época en la que los trabajadores cargaron con los costos sociales del desenfrenado auge del capitalismo que provocó tensiones sociales extremas y determinó la búsqueda de opciones teóricas y prácticas.

Movido por las urgencias de la confrontación ideológica, tanto como por ideales de justicia social y por la fe en las posibilidades de mejoramiento humano, León XIII, promovió la creación de las organizaciones políticas, laborales, femeninas y juveniles cristianas, lideradas después por los partidos socialcristianos.

Por ese camino surgió el concepto de socialismo cristiano, rechazado a medias por el Papa Pio XI que rechazaba el «socialismo católico», aunque admitía a los «católicos socialistas». Es decir, no auspiciaba una doctrina política cobijada en la fe, pero admitía que viviendo su fe, los católicos se integran al movimiento histórico en una opción que juzgaba, sino positiva, por lo menos, legítima.

Mediante aquel proceso, plagado de incomprensiones, retrocesos y obstáculos, la iglesia se actualizó y trató de ponerse a tono con las realidades y de ser contemporánea con su presente y, en lugar de mediante dogmas, intentó un consenso edificado sobre valores compartidos, tratando de estar atenta y preparada para como dijera Juan XXIII: «para percibir los signos de los tiempos».

En ese entendido, sin renunciar a la demonización del comunismo en su diseño eurosoviético, partes sustantivas de la Iglesia, sobre todo de las comunidades de base en América Latina, incluyendo ilustres dignatarios, figuras de las jerarquías nacionales e incluso de la curia vaticana, sin excluir a algunos papas, asumieron con mayor tolerancia las aspiraciones humanas, acogidas bajo el común denominador de luchas de liberación nacional e incluso socialismo.

El cristianismo se emparenta con las distintas opciones socialistas al conferir una dimensión social al amor que trasciende la experiencia sentimental individual, para abarcar a la sociedad, con justificado énfasis en quienes más necesitan ser amados: los pobres, los vulnerables y los excluidos por un sistema social oligárquico que genera pobreza y exclusión. La única doctrina política que incluye el amor como precepto es el socialismo.

Por añadidura, la Doctrina Social de la Iglesia atribuye a los Estados legítimamente constituidos, como es el caso de la Venezuela Bolivariana, la responsabilidad por la búsqueda del bien común, la promoción de la justicia social, sin excluir las acciones de beneficencia, asistencia social, elementos tan inequívocamente socialistas como ajenos a la codicia capitalista, la mezquindad de la oligarquía y la brutalidad neoliberal.

Mucho antes de que Hugo Chávez, mencionara el socialismo cristiano como opción política, los redactores de las Sagradas Escrituras, reflexionaron y pontificaron acerca de elementos sociales y políticos, normas de convivencia, instituciones, preceptos legales y valores éticos que definen al cristianismo original como una opción por los pobres, los débiles, excluidos y marginados y una apelación a la solidaridad, la caridad y una actitud generosa hacía el prójimo.

Los críticos del líder venezolano omiten que Chávez, profundamente bolivariano, martiano militante y católico sincero, como él mismo ha aclarado, se afilia a un socialismo con raíces, tanto en la tradición revolucionaria latinoamericana, como en una ética cristiana que redondean su ideología.

El presidente venezolano no es el primer luchador que encuentra analogías entre su fe y las doctrinas revolucionarias y sitúa a Jesucristo como paradigma del revolucionario que apostó por los pobres y los excluidos.

Para Chávez la revolución no es un asunto filosófico, sino un cometido histórico. En su boca el término socialista está desprovisto de connotaciones doctrinarias, remitiéndose exclusivamente a las prioridades y los énfasis del proceso bolivariano orientados hacía la solución de graves, masivos y complejos problemas de las mayorías, algunos de los cuales, como los de la salud y la pobreza, aluden a mínimos de los que depende la vida de millones de venezolanos.

El conjunto de esos problemas forman la deuda social que, dicho sea de paso, no ha creado la revolución, sino la oligarquía ligada al capital extranjero. Chávez y la revolución no son parte del problema, sino de la solución.

El contenido del empeño bolivariano, ejemplarmente transparente porque se realiza con el concursos de la mayoría de los venezolanos y respaldado por su carácter genuinamente democrático, se legitima en sus obras, en la confianza del pueblo en sus lideres, en la unidad de los venezolanos y en la solidaridad latinoamericana, inspirándose también en la limpieza de la fe conque el líder asume su credo.

Para Chávez la revolución bolivariana no es un camino, sino un destino. El prójimo de un humano son todos los humanos, lo mismo que de un venezolano son todos los venezolanos.

Quien quiera ser consecuente con el ideal cristiano sin asumir el colectivismo y la socialización, es mal catecúmeno o lo que es peor, un hipócrita
.

(*) Profesor universitario, investigador y periodista cubano, autor de numerosos estudios sobre EEUU.

www.altercom.org
Martes, 05 de Abril de 2005 14:30 ;?> No hay comentarios. Comentar.

06/04/2005


ESCRIBIR DESDE LA REGIÓN XIV

por Javier Campos (*)

3 de Abril del 2005

En el 2001 comencé a escribir columnas para El Mostrador. Nadie me lo pidió ni fui nominado por su director. Por el contrario ninguno de ellos, desde el director mismo, la editora de entonces, los periodistas que trabajaban desde sus inicios y Fundación -el verano de 2000- tenían la más remota idea de este desconocido chileno que “insistía” en enviarles algunos escritos.

Más aun, como el correo electrónico suele ser anónimo, puede venir desde Paris, Temuco o Moscú, el que lo recibe no sabrá nunca donde reside el remitente. En suma, poco sabían de que yo no vivía en Chile. Asunto que ha sido, lo digo ahora claramente, un factor en contra para los chilenos y chilenas cuyo interés es escribir y desean les den un espacio en medios masivos de su propio país. Pedir un espacio es loable, especialmente si creemos en la diversidad en estos tiempos globales. Si pensamos que un país informado y bajo una democracia es imprescindible dar espacio también a los que viven en “otras galaxias”.

En ese aspecto El Mostrador nos dio un espacio a los chilenos de fuera del país, los que por distintas razones ejercemos nuestro trabajo “allende la Cordillera”. Sin ser oráculo de nada, en mi caso, este medio ha sido receptivo a la mirada del que tuvo que salir de Chile pero que -en otras “galaxias”- su perspectiva cambió, lo cual es normal en muchos casos de gente que salió de su país.

El viaje cambió al navegante, se puede decir metafóricamente de cualquier experiencia cuando se deja la patria, los orígenes. Algunos no cambiarán nunca sin embargo. Entonces cambia también la escritura o lo que uno hace en otras tierras que lo recibieron lejos de su propia Itaca. No escribe mejor ni peor pero sí la perspectiva se torna distinta. En ese sentido El Mostrador comprendió, como ningún otro medio chileno actual, y abrió sus paginas a columnistas chilenos y no chilenos que vivimos fuera del Chile físico de todos los días. Si uno lee otros diarios latinoamericanos o europeos, es habitual que siempre haya un columnista “extranjero”. Y es saludable.

Hay una cantidad muy grande de chilenos a los que ahora, eufemísticamente y ficticiamente, se les llama desde Chile “los que pertenecen a la Región XIV”. En esa “región” hay escritores, periodistas, científicos en distintas áreas, politólogos, sociólogos, académicos en universidades de diferentes partes del mundo, investigadores que trabajan en centros importantes de investigación, cineastas, actores, pintores, músicos. Son miles los chilenos que pertenecen a la denominada "Región XIV”.

El asunto es que oficialmente, desde alguna parte del gobierno, o desde el ministerio de Educación, o Departamento Cultural, etc., no ha surgido hasta ahora ningún reconocimiento oficial de dicha región. Oficialmente no se ha reconocido a esa vasta cantidad de chilenos/as que son también parte de la cultura nacional pero que viven fuera del país. Se hacen sí homenajes a cómo Chile recibió durante la Guerra Civil española a tantos refugiados. O se destaca cuán generoso fue aquel gobierno en preocuparse y darles una nueva patria a esos cientos de refugiados pero no a los chilenos que por razones de exilio se quedaron fuera del país.

Termino con varias preguntas y con copia al ministerio de Educación y al gobierno de don Ricardo Lagos: ¿cuál es la diferencia de que un gobierno ahora no sea solidario -como lo fue en los '40 con cientos que
arrancaban de los horrores del Guerra Civil española- con los miles de chilenos que viven fuera de la patria? ¿Por qué no se hace un encuentro permanente cada año, organizado por el ministerio de Educación, Cultura, para invitar a distintos chilenos en distintas aéreas a presentar su experiencia, su trabajo, para compartirlo con los chilenos de dentro? ¿Por qué en las importantes “charlas presidenciales” no han invitado aún a ningún chileno de fuera del país para que dicte o muestre su trabajo que ha hecho fuera o son sólo los excelentes Vargas Llosa, Carlos Fuentes, José Saramago, entre otros, los únicos fuera de Chile que pueden iluminar con su trabajo a los chilenos de dentro del país?

Por lo anterior, pienso como muchos columnistas chilenos fuera de Chile, los que escribimos en El Mostrador, que este medio sí ha contribuido sin darse cuenta, al abrir sus páginas a la diversidad, dió un espacio a la olvidada Región XIV aun cuando tal “región” aparece por ahí mencionada en algún papel oficial, con timbres y firmas ampulosas, pero convertida en pura “letra muerta”.

(*) Javier Campos es poeta, escritor y académico. Reside en EE.UU."

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Miércoles, 06 de Abril de 2005 19:22 ;?> No hay comentarios. Comentar.


CRÓNICAS DE JOAQUÍN EDWARDS BELLO

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El maestro de Bolívar



Marzo, 1954 (*)

Algunos historiadores creen todavía que don Simón Rodríguez regresó a Caracas después de sus viajes; que lo pasó muy bien en Chile y que murió en Huaymas, o en Huaylas, en marzo de 1854. Nada de esto es verdad. Después de sus viajes, Rodríguez vino a América y le pesó. No quiso ver su ciudad natal. Le era antipática. La tierra nativa no tenía para él atractivos, ni su gente, que le recordaba sus primeros choques. "Los hombres y las cosas de su tierra le eran indiferentes", dice Cova, uno de sus biógrafos.

Rodríguez no murió en Huaymas, ni en marzo, sino en San Nicolás de Amotape el 28 de febrero de 1854. Este villorrio está situado en la provincia de Paita, departamento de Piura en Perú. He escrito esto y no me han leído, quizás porque escribo largo. Me informé en Lozano, en Picón Febres, en Ramón Aspurua y en Eloy González, aparte de diarios y de otros libros referentes al Libertador. En el libro de J. A. Cova, de la Academia de Historia de Venezuela y Ecuador, encontré el dato del lugar de la muerte de don Simón Rodríguez, en la página 181. Dice así: "En el registro de defunciones del Archivo de Amotape se encontró la partida de don Simón, que dice textualmente: Año del Señor de mil ochocientos cincuenta y cuatro, a primero de marzo, yo, don Santiago Sánchez, presbítero, cura propio de la parroquia de San Nicolás de Amotape, en su santa iglesia dí sepultura aclesiástica al cuerpo difunto de don Simón Rodríguez, casta de español, como de edad de noventa años, al parecer, el que se confesó en su entero conocimiento y dijo que fue casado dos veces y que era hijo de Caracas, y la última mujer finada se llamó Manuela Gómez, hija de Bolivia, y sólo dejaba un hijo que se llama José Rodríguez. Recibió todos los sacramentos y se enterró de mayor, para que conste firmo - Santiago Sánchez - Hay una rúbrica".

El 28 de noviembre de 1854, a las diez de la mañana, fueron descubiertos los restos mortales de don Simón Rodríguez dentro de una caja cerrada, en una bóveda de la iglesia de Amotape.

El presidente Leguía, de Perú, en el Centenario de Ayacucho, diciembre de 1924, ordenó que los restos de don Simón fueran trasladados al Panteón de los Héroes, de Lima. En la ceremonia del traslado estuvo presente el embajador de Venezuela en Lima, don Fabio Lozano y Lozano, biógrafo de don Simón y uno de los investigadores que contribuyeron al hallazgo de los restos en Amotape. Del Panteón de los Héroes de Lima fueron trasladados a Caracas. Alrededor de sesenta mil personas asistieron al acto de colocación de los restos en el Panteón de los Próceres, en Caracas, el 28 de febrero de este año, centenario de su muerte.

Respecto de los trabajos de don Simón en Chile, puedo declarar que fracasaron por completo. La Escuela de Valparaíso cerró por falta de alumnos. La de Concepción, a causa del terremoto, que solamente anticipó la clausura. Don Simón decía: "En Chile prediqué en el desierto". No conservó buenos recuerdos de nuestro país, ni de los ministros de nuestro gobierno. (El Maestro del Libertador, por Fabio Lozano y Lozano).

(*) Mitópolis, páginas 159-160.

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Miércoles, 06 de Abril de 2005 19:20 ;?> No hay comentarios. Comentar.


UNA VOZ EN LA TORMENTA

logo_visita[1].gifPor Enrique Lacolla

La Voz del Interior
(Córdoba) - Abril de 2005

El pontificado de Juan Pablo II estuvo señalado por una serie de acontecimientos dramáticos que lo proclaman como uno de los más significativos de este siglo. Es, desde luego, imposible mensurar sus alcances a la luz de la historia milenaria de la Iglesia; pero, a la escala contemporánea, su importancia es innegable en la medida en que coincide con la ruina del comunismo, la gran profecía laica que intentó suplantar, con una afirmación de voluntad inmanente, la proposición trascendentalista de la fe cristiana.

La Iglesia, se ha dicho, no tiene prisa. Tomada de sorpresa por la irrupción del racionalismo a fines del siglo XVIII, batida en brecha en el XIX por un liberalismo, un progresismo, un industrialismo y un socialismo vigorosamente ascendentes, durante mucho tiempo luchó contra la corriente, adaptándose a sus meandros cuando no quedaba más remedio, pero resistiéndose a admitir esa dialéctica de la Ilustración que absolutizaba la razón pura en detrimento del principio moral que distingue entre el bien y el mal a partir de parámetros inmutables. En esa lucha aparentemente en retirada, la Iglesia puso de manifiesto -aunque su advertencia solía ser ignorada por quienes sólo percibían el exterior reaccionario de su accionar político- que si los grandes principios no tienen un fundamento espiritual, subordinado a un dictamen trascendente, la ley entonces sólo puede ser provisional... Y, en consecuencia, infinitamente derogable. La arbitrariedad, por lo tanto, termina justificándose por su misma ausencia de justificación: desde el terrorismo revolucionario al terrorismo de Estado, desde la contraconcepción a la manipulación genética, todo es viable, todo es admisible, todo puede terminar en una inconmensurable indiferencia.

No podemos seguir aquí el hilo rojo de esta polémica sorda que informa el decurso de la historia contemporánea desde la Revolución Francesa hasta nuestros días; pero sí debemos tener en cuenta su enorme importancia, que la ubica muy por encima de las ironías someras que con frecuencia se le disparan desde el progresismo elemental. El pontificado de Juan Pablo II debe ser evaluado en ese marco de referencias, que se engarza con un proceso histórico del cual el Papa fue testigo y a veces decisivo protagonista.

Años de cambio

Entre 1978 y 1994, el mundo presencia el vertiginoso vaciamiento de las convicciones abstractas que habían guiado su avance. La avalancha del consumo; la explosión de individualismo y hedonismo suscitada por el desborde material; el fracaso del comunismo, vaciado de contenidos pero cuya superestructura comprimía y ahogaba el deseo de libertad bajo un caparazón muerto; y la cobertura del mundo por una red informática que todo lo revela y que no explica nada, son los rasgos genéricos de una época signada por el cambio permanente y por el naufragio de toda voluntad dirigida a controlar o a guiar ese cambio.

Después de las tormentas de la Segunda Guerra Mundial y a la luz de las paroxísticas transformaciones generadas durante el período que va desde 1914 hasta 1945, la Iglesia comienza a producir modificaciones en su seno que apuntan a dar una respuesta a las dudas y los desafíos del mundo moderno. La necesidad de levantar una barrera contra las pretensiones del Estado totalitario, que encuentran en la formulación comunista un arquetipo brutal, no puede disimular la razón de esta última clase de estructuraciones: la injusticia de un mundo moderno, donde proliferan la desigualdad y la injusticia al lado de la riqueza más insolente y de la negativa a echar mano a las posibilidades financieras y tecnológicas con que se cuenta para empezar a poner remedio a las primeras.

La identificación entre Iglesia y reacción, que se había convertido en una fórmula sacramental para las izquierdas y hasta para ciertas derechas radicalizadas, y que estaba justificada por la frecuente adscripción de la Iglesia a los sistemas instituidos, a los que respaldaba por desconfianza a lo nuevo, debía ser combatida para
rescatar lo que también había de social e igualitario en el mensaje cristiano. La Ciudad Universal fue católica antes de ser comunista, y sus premisas podían y debían ser recuperadas si se quería afrontar el desafío de la modernidad con una perspectiva actualizada y con una efectiva voluntad de erigirse en un factor de acción, además de consolación.

A partir del Concilio Vaticano II, esta vocación de compromiso con la realidad -que nunca había estado ausente de la dialéctica profunda de la vida eclesial- se pronunció en forma manifiesta y emergió no sólo a través de la simplificación de los rituales, del aggiornamento de las prédicas y prácticas del culto, de una intensa preocupación por los temas macroeconómicos y macropolíticos, sino también de la irrupción de corrientes que, como la teología de la liberación, borraban casi los límites entre marxismo y cristianismo y propiciaban el ingreso directo a la lucha política y, eventualmente, si se seguía su lógica hasta el límite extremo, a la lucha armada contra el opresor.

Esto, en cierta manera, habría supuesto la disolución de la Iglesia en un todo multitudinario, donde el peso de esa extraña y excepcional formulación que conjuga espíritu y materialidad se habría desvanecido en una nube de amor y liturgia, cuando no en el ingreso directo en la vida civil. Para que el impalpable poder de un principio espiritual tenga vigencia en el mundo entero, es en efecto necesaria, si no se cuenta con un marco nacional solidario y con un Estado configurado como tal en un espacio concreto, la presencia de una autoridad efectiva, de una autoridad operante.

l valor del orden

Juan Pablo II vino en cierto modo a restituir ese valor. Lo singular fue que su pontificado coincidió con la crisis final del comunismo, a la que su elección contribuyó a acelerar. No sólo porque el Papa provenía de un país, Polonia, cuyo sentido nacional se fundía con su catolicidad y que, en consecuencia, se convertía en un hueso muy duro de roer -en realidad, en una piedra indigerible- para el ruso-marxismo; sino también porque la gestión de Juan Pablo II se perfiló en una actitud efectivamente combativa respecto del sistema imperante en el Este, cuyas grietas y crisis sustancial conocía mejor que nadie.

Si bien en tiempos lentos, la Iglesia también conoce pleamares y bajamares, acción y estabilización. Después de los pontificados realmente revolucionarios de Juan XXIII y Pablo VI, Juan Pablo II vino a reordenar lo que, para los criterios eclesiásticos, se había salido de madre. De ahí los énfasis en la disciplina, la desconfianza y eventualmente la oposición ante las manifestaciones de la teología de la liberación; y sobre todo el rechazo de las actitudes concesivas respecto de políticas muy a la moda en el mundo posmoderno. Por ejemplo, las que extreman la liberalización en materia de aborto y de experimentación genética; o que, so pretexto del respeto a las minorías, apuntan a lo que la Iglesia entiende como una distorsión de los mandatos de la naturaleza e intentan no sólo una institucionalización de la excepcionalidad, sino su proliferación y, llegado el caso, su conversión en regla, al consentir la adopción de niños por parejas constituidas por homosexuales.

Estas batallas, aún en curso, no deben sin embargo oscurecer la que podría considerarse como la más paradójica y positiva de todas las inflexiones producidas por el papado de Juan Pablo II: ante el hundimiento del comunismo, que durante muchos años se erigiera en el sistema rival del capitalismo, la Iglesia Católica aparece perfilándose como la única institución capaz de estructurar un discurso que, si no se opone frontalmente a la sociedad capitalista, se funda en un tipo de valores que recusa -implícita o explícitamente- sus distorsiones.

Según Juan Pablo II, el capitalismo podía ser aceptable para la doctrina social de la Iglesia en la medida en que, a nivel de sus principios básicos, se adecua en muchos aspectos a la ley natural. Pero, según sus explícitas manifestaciones, deben rechazarse sus prácticas abusivas, como la explotación, la injusticia, la violencia y la arrogancia, que en años recientes -más precisamente a partir de la caída del comunismo- han empezado a encontrar buena prensa y a ser aceptadas como parte de un retorno (no siempre admitido francamente, pero claramente visible en los hechos) al capitalismo salvaje. Un capitalismo salvaje que originó, precisamente, una saludable reacción, que al final terminó en la fallida utopía comunista.

En un mundo dividido entre el vacío ideológico dejado por el hundimiento de la profecía laica del comunismo y el vacío espiritual de una sociedad de consumo que hace del goce hedonista, de la indiferencia y del individualismo más egoísta las prendas de una seudolibertad sin mañana, el papado de Juan Pablo II vino a proponerse como un espacio para la protesta reflexiva. Aunque revistió en su caso la singularidad de la cultura occidental y no renegó de sus dones, es difícil disociar la reproyección que la Iglesia Católica tuvo en este período de las inquietudes y agitaciones que recorren a otros movimientos confesionales en el Tercer Mundo -un espacio al cual el Pontífice dedicó preferente atención- y hacia los cuales se dirigen confusamente las muchedumbres de desheredados para buscar una guía en medio del
desorden
.

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Miércoles, 06 de Abril de 2005 19:21 ;?> No hay comentarios. Comentar.

07/04/2005


MARADONA

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MARADONA

Jueves, 07 de Abril de 2005 13:46 ;?> No hay comentarios. Comentar.


EL PONTÍFICE DEL PUEBLO

papa.gifPor Ignacio Ramonet

La Voz de Galicia
- 4 de abril de 2005

Nadie sabe si la historia clasificará a Juan Pablo II como conservador o no. Ha sido conservador en su relación con el Opus Dei, en sus amonestaciones sobre la moral sexual, las parejas que utilizan la píldora o el preservativo, los homosexuales, los Estados que legalizan el aborto y la eutanasia. También ha sido conservador en su obstinación en rechazar el acceso de las mujeres al sacerdocio, el matrimonio de los curas, en el perfil de los obispos que ha nombrado, o en su actitud hostil hacia los teólogos modernistas y en particular hacia los partidarios latinoamericanos de la teología de la liberación.

Pero ha tenido otros aspectos desconcertantes: su compromiso en favor del diálogo interreligioso con los protestantes, los judíos y los musulmanes; sus llamamientos repetidos para la anulación de la deuda de los países pobres y sus invitaciones a construir un mundo más solidario. También hay que recordar sus denuncias repetidas de la guerra de Irak, así como su deseo de ver a la Iglesia y a las organizaciones católicas participar de modo masivo en las manifestaciones populares de protesta contra esa guerra.

Algunos se sorprendieron de esa actitud tan antibelicista del difunto Papa. Olvidaban que Juan Pablo II se percató muy pronto de que la invasión de Irak, en marzo del 2003, podía haber sido interpretada en muchos países del Sur como un conflicto entre ricos y pobres, o como un enfrentamiento de civilizaciones.

Oponiéndose a esa guerra, el Papa fallecido consiguió evitar que los musulmanes del mundo la interpretasen como un choque entre cristianos y musulmanes.

Y también, de esa manera, Juan Pablo II quiso subrayar que el cristianismo ya no es reductible a Occidente. Si, hace cincuenta años, las tres primeras naciones católicas del mundo eran Francia, Italia y Alemania, hoy lo son Brasil, México y Filipinas. La mayoría de los católicos viven ahora en el Sur. El catolicismo se ha convertido en una religión del tercer mundo, en una fe de los pobres. Por eso, entre las especulaciones que circulan sobre la identidad del próximo Papa, muchos apuestan sobre la posibilidad de que el sucesor de Juan Pablo II sea, por vez primera en la historia milenaria de la Iglesia, un no europeo, un latinoamericano o un asiático.

En los Evangelios, los pobres ocupan un lugar central. La Iglesia siempre ha estado preocupada, acosada o atormentada por la cuestión de los pobres. Juan Pablo II decidió hacer suya la causa de los pobres y desafiar la globalización liberal. Por eso condenó muchas veces, de manera radical, el ultraliberalismo económico. Ya en 1987, en la encíclica Sollicitudo Rei Socialis, afirmaba que un crecimiento económico que no respetaba los derechos de los trabajadores «no era digno del hombre». En 1991, en Centessimus Annus, denunció los estragos de la globalización: despidos, precarización, salarios indecentes, marginalización de los inmigrantes y explotación de los países del Sur. En el 2001, ante la Academia Pontificia de Ciencias Sociales, declaró que «la globalización es una inundación destructora que amenaza las normas sociales». Llegó a afirmar, como lo hacen los altermundialistas , que eran legítimas «las luchas contra un sistema económico que establece la superioridad absoluta del capital y de la propiedad de los instrumentos de producción sobre la libertad y la dignidad del trabajo del hombre».

En innumerables ocasiones, Juan Pablo II recordó que consideraba los derechos sociales, económicos y culturales como indivisibles. Y lamentó que estos derechos reciban mucha menos atención que los derechos políticos. Estimaba que había violación de los derechos de los más humildes cuando los medios financieros se oponían a la supresión de la deuda externa de los países pobres. En 1998 declaró que había una contradicción entre liberalismo económico y cristianismo, y repitió que «la pobreza constituye una de las situaciones que violan de la manera más grave el pleno ejercicio de los derechos humanos».

Hijo de una familia de trabajadores, Juan Pablo II deja el recuerdo de un Papa del pueblo, defensor de los derechos de los trabajadores. Queda ahora por esperar que el futuro pontífice no sea menos progresista frente a la globalización. Pero que lo sea muchísimo más en materia de doctrina y de moral.
Jueves, 07 de Abril de 2005 13:59 ;?> No hay comentarios. Comentar.


UNA BODA NO TAN BOBA

carlos.gifPor José Steinsleger

La Jornada
(México D.F. - Miércoles 6 de abril de 2005)

El Reino Unido de Gran Bretaña y Norte de Irlanda es un país muy raro: exporta republicanismo, pero vela por la monarquía; al cristianismo puro debe su democracia impura; buena parte de sus reyes fueron o son zurdos; sus políticos conducen por izquierda, pero se adelantan por derecha; y la Iglesia anglicana (nacida en el siglo XVI de los despechos conyugales de un rey) hizo que el matrimonio fuese, como el gobierno del Estado, una serie de acontecimientos.

En la abadía de Westminster, junto a los restos de los reyes, reinas y glorias de Inglaterra, descansan poetas como Chaucer y Tennysson, científicos como Newton y Darwin, escritores como Dickens y Kipling y hasta una placa recuerda desde 1995 a Oscar Wilde, quien sufrió persecución y prisión a causa de su homosexualismo. Sin embargo, los restos del almirante Horacio Nelson, el más amado de los héroes navales, reposan en la catedral de San Pablo. Nelson era divorciado y mantuvo una relación de amor épico con Ema Hamilton, quien murió en la miseria.

Londres da por sentado que el Reino Unido es una "monarquía constitucional parlamentaria" en la que los reyes sólo ejercen funciones ceremoniales. En Escocia (poblada por irlandeses de origen vikingo a los que el imperio romano nunca dominó) y en Gales (de origen celta) piensan distinto. Y si usted cree que ser "nacionalista" o hablar de "500 años de opresión en América" equivale a ser anacrónico, dígale "inglés" a un escocés o a un galés, y una botella de whisky galés o escocés se partirá sobre su cabeza.

¿"Constitucionalismo parlamentario" más "monarquía hereditaria"? Desde la Carta Magna de 1215 hasta la Ley de Representación Popular de 1918, el Reino Unido se rige por un conjunto de estatutos, decisiones judiciales, costumbres y tradiciones de siglos. Pero el país carece de esa "ley fundamental del Estado" que las democracias modernas llaman “constitución".

Casi todo lo que se cree sobre la monarquía inglesa proviene de The English Constitution, libro escrito en 1867 por Walter Bagehot, devoto de la reina Victoria. Bagehot definió los atributos del monarca como "el derecho a ser consultado, el derecho de alentar lo que considera justo y el derecho a prevenir acerca de lo que considera malo". Muy constitucional y democrático. Pero Baghelot observa: "el misterio es la magia de la monarquía".

En tiempos de la puritana Victoria corrió la voz de que la reina dormía abrazada al camisón del príncipe Alberto (1819-61). Y durante 40 años el pueblo inglés supo por los sirvientes que el finado disponía a diario de ropa limpia, como si aún estuviera vivo. Pero en 1936, cuando Eduardo VIII, el pro nazi duque de Windsor, anunció que abdicaba a la corona por amor a Wallis Simpson, la vampírica, divorciada, extranjera y plebeya mujer tuvo tal arrebato de ira que estrelló varios jarrones contra las paredes.

La premisa de Baghelot ("no debe permitirse que la luz del Sol destruya la magia de la monarquía") empezó a ser cosa del pasado y los ingleses empezaron a sospechar que la corona hace más de lo que parece. En 1995, año en que la incómoda Diana Spencer consiguió el divorcio del príncipe Carlos (ahondando la preocupación de la monarquía), el experto David Cannadine recordó que el rey o la reina cuentan con "... el derecho a pedir la renuncia a un primer ministro, el derecho a negarse a disolver un Parlamento y el derecho a vetar una ley".

Así es que la telenovela real amerita leerse con cuidado. La reina Isabel está a punto de cumplir 80 años, su esposo tiene 83, y el sábado entrante el príncipe Carlos (56), primero en la línea de sucesión, contraerá nupcias con Camilla Parker Bowles luego de las entusiastas diligencias de Rowan Williams, arzobispo de Canterbury, quien superó en tiempo récord la oposición de la Iglesia anglicana al matrimonio de divorciados. Porque más allá de que Williams oficie de primado espiritual, todas las confesiones episcopales del reino reconocen al soberano de Inglaterra como jefe supremo de la Iglesia, después de Dios.

Caracterizados por coser la más alada letra evangélica a las más rechonchas ventajas materiales, los altos representantes del clero anglicano fueron o son terratenientes, o accionistas de las fábricas de armas. Además de su trato estrecho con los anglocatólicos y los angloisraelitas, comparten bajo cuerda que, después de la dispersión del pueblo de Israel, el inglés es el pueblo elegido.

Causa, por fin, que la derecha británica comparte con sus primos del otro lado del Atlántico, y con el influyente rabino estadunidense Schmuley Boteach, quien asegura que "Estados Unidos es el nuevo pueblo elegido".

¿Diana? Por no leer libros de historia, Lady Di y Carlos, bobo de capirote, creían que los príncipes se casan por amor. Más versada y estreñida, Camilla siempre supo lo que buscaba. Historia que arrancó el día en que, frotando sus narices a las del ungido, ella le dijo en escocés tha gradh, agam ort (te quiero, gaélico), y Carlos respondió igual, en galés: rwy'n dy garu di."
Jueves, 07 de Abril de 2005 13:59 ;?> No hay comentarios. Comentar.

08/04/2005


DEBATEN EN CUBA LA RENOVACIÓN DEL SOCIALISMO

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Reivindican la figura de Trotsky.
Buscan los jóvenes una alternativa de izquierda.



Por Gerardo Arreola
Corresponsal - La Jornada
, México D.F.
La Habana, 5 de abril de 2005

"Hay una nueva generación de cubanos que, de forma desprejuiciada, se ha acercado a los valores de la revolución de octubre, a Trotsky, a Gramsci, a Lukács y a Rosa Luxemburgo", dice en entrevista Celia Hart Santamaría, impulsora del debate sobre el socialismo en la isla.

Una nueva visión crítica del socialismo está empezando a debatirse en Cuba en medios académicos. Incluye la reivindicación abierta del revolucionario ruso León Trotsky y se ha puesto a remover la historia para explorar el futuro que espera en la isla a las nuevas generaciones.

"Apenas estamos saliendo de la amnesia en que nos consumió la desesperación económica por la caída de la Unión Soviética", dice a La Jornada una de las animadoras del debate, Celia Hart Santamaría, física de profesión, quien renunció a su especialidad en la Universidad de La Habana para dedicarse a la investigación y la discusión políticas.

En el periodo especial (la crisis que siguió al colapso del socialismo) "las opciones que se buscaron, como la de los balseros, fueron desesperanzadas y sobre todo de derecha", dice Celia, graduada en 1987 en la desaparecida República Democrática Alemana (RDA), quien se mantiene como militante del Partido Comunista de Cuba (PCC).

"Pero hay una nueva generación que, de forma desprejuiciada, se ha acercado a los valores de la revolución de octubre (de 1917, en Rusia), a los nuevos pensadores como Trotsky, (Antonio) Gramsci, (György) Lukács, Rosa Luxemburgo", agrega Celia.

Aunque los tres últimos autores se conocen marginalmente en Cuba, Trotsky aún es un desconocido. Durante una semana, en una reciente feria editorial, dos de sus obras se exhibieron por primera vez aquí. Pero cuenta Celia que dos artículos suyos se publicaron el año anterior en el diario Juventud Rebelde sin la mención que ella hizo del fundador del Ejército Rojo.

"Creo que el gran desarrollo educacional de nuestro país ha permitido que este grupo de jóvenes, que no es mayoría todavía, logre integrarse y buscar una alternativa de izquierda", dice respecto al naciente debate. "Muchas veces los jóvenes no querían ingresar al PCC porque lo veían burocratizado. Ahora yo creo que, sin que sean un partido, hay jóvenes que buscan en Cuba una alternativa de izquierda, que va a ser nuestra mejor defensa cuando ocurra que Fidel (Castro) ya no esté."

Celia es hija de dos veteranos de la revolución cubana: Armando Hart, actual director de la Oficina del Programa Martiano, y la fallecida Haydée Santamaría. Ahora dirige el museo Abel Santamaría, dedicado a la memoria de su tío, otro de los iniciadores de la insurrección de los cincuenta.

"La situación económica del país, con empresas mixtas donde hay de alguna manera propiedad privada, aunque sea extranjera, puede hacer que haya fuerzas restauradoras del capitalismo, como ocurrió en la Unión Soviética", señala Celia.

Herencias de Octubre

La entrevista se realizó a raíz del seminario Las otras herencias de Octubre, que a mediados del mes sesionó en la Unión de Escritores y Artistas de Cuba y fue organizado por la cátedra Haydée Santamaría (el foro académico que ha ido articulando el debate), con el respaldo de la Asociación Hermanos Saiz (entidad gremial de jóvenes creadores).

Celia dice que ese encuentro fue el primero que realiza este conglomerado universitario, paulatinamente cohesionado por una discusión que ella calcula que tiene no más de año y medio. Señala que hace pocos años hubiera sido "impensable" reivindicar públicamente a Trotsky en Cuba y reseña su propio giro intelectual: "A mí me salvó mi padre para las ideas del socialismo. Cuando llegué de la RDA me entregó El profeta armado y El profeta desarmado (dos de los tres tomos de la monumental biografía del dirigente ruso, de Isaac Deutscher). Yo no creía en el socialismo. Para mí no era una sociedad viable. Cuando leí a Trotsky y a Rosa me di cuenta de que no, de que aquello no era el socialismo. Que hay una nueva manera de hacer el socialismo, que el socialismo está por hacerse. Doy mil gracias de que se haya caído la Unión Soviética, con el dolor que me dan tantos camaradas muertos."

Celia señala que el debate no tiene aún impacto en el PCC ni en su rama juvenil, la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC). "El estatus del partido es la inercia que le queda. Pero ya la cosa no está en tratar de reformar ese partido. La cosa está en formar estos grupos, en debatir primero las ideas, en ponernos de acuerdo y por supuesto no quedarse ahí. Lo que le espera a mi generación es muy fuerte: la manera en que nosotros podamos estructurar una revolución dentro de la revolución, una revolución que a lo mejor puede que fracase en Cuba, pero triunfe en Venezuela o en otra parte de América Latina."

La difusión en un sitio electrónico trotskysta del artículo "La bandera de Coyoacán" fechado el 19 de diciembre de 2003, de Celia Hart, marcó la primera reivindicación pública desde Cuba de la figura y el pensamiento de Trotsky, a lo que siguió otro texto de la autora replicando a la tesis estalinista de que es posible construir el socialismo en un solo país. El seminario sobre "Las otras herencias..." fue una especie de tormenta de ideas, que cruzaron en numerosas direcciones la historia del pensamiento y la obra de la izquierda en el siglo pasado.

"Pensar las herencias de la revolución rusa de 1917 en el siglo XXI, luego de una hegemonía casi absoluta del imaginario estatista dentro de las izquierdas y de la trivialización de la idea misma de revolución en las derechas y en la vida cotidiana, implica echar a andar una memoria crítica", indicaba la convocatoria, que invitó a examinar octubre "como un documento de cultura, sin olvidar que lo fue también de barbarie".
Viernes, 08 de Abril de 2005 10:43 ;?> No hay comentarios. Comentar.

09/04/2005


ENTREVISTA A ALBERTO METHOL FERRÉ

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"No es tiempo de un papa latinoamericano"


Por Carmen María Ramos - Para La Nación
Miércoles 6 de abril de 2005

El teólogo uruguayo Alberto Methol Ferré cree que el mundo y la Iglesia atraviesan un momento de gran complejidad. Methol Ferré se formó con algunos de los más importantes teólogos del Concilio Vaticano II: Yves Congar, Henri de Lubac, Romano Guardini, Hans Urs Balthasar. Sin embargo, ese catedrático de la Universidad de Montevideo, profesor de Historia de América latina, de Historia Contemporánea y de Historia de la Iglesia, se define como un hijo de la Ilustración. Tuvo una educación afrancesada y sus vocación cristiana, su conversión y su primera comunión sólo llegaron en una tardía adolescencia.

Entre los hitos más importantes de su trayectoria está el haber sido miembro del equipo de reflexión teológico-pastoral del Celam (Consejo Episcopal Latinoamericano) desde 1975 y durante casi veinte años. Fue consultor y participó como experto designado por el Vaticano en la Conferencia Episcopal de Puebla (1979) y su influencia pudo percibirse en varios de los documentos redactados por los obispos.

Sobre los temas de su especialidad ha dictado cursos y conferencias y colaboró en distintas publicaciones. Dirigió la revista latinoamericana Nexo y ha publicado, entre otras obras, "Las corrientes religiosas en el Uruguay", "El resurgimiento católico latinoamericano" y "La Iglesia en la historia de América latina. De la posguerra a nuestros días", así como numerosos estudios en obras colectivas.

"Soy un uruguayo, es decir, un argentino oriental; ustedes son argentinos occidentales", dice Methol Ferré, casado y padre de tres hijos de 11, 14 y 18 años. Esta definición sintetiza perfectamente su sentir sobre lo que deberían ser estos países y sobre su pensamiento, siempre proclive al afianzamiento de una identidad latinoamericana.

En materia religiosa prefiere que no lo encasillen. "He sido un Vito Dumas, un navegante solitario dentro de la Iglesia. Tengo amigos en Comunión y Liberación, en Schoenstatt, en el Opus Dei. Pero no pertenezco a ningún grupo." Respecto de este último -en una de cuyas universidades es profesor- subraya que tiene buena opinión. "Pienso que uno de los aportes esenciales de monseñor Escrivá de Balaguer fue afirmar la santificación por el trabajo", dice.

-Pero daría la impresión de que el Opus no arraiga en las capas más desfavorecidas de la sociedad...

-Lo reconozco. Pero más bien diría que lo que intenta es estimular una mentalidad empresarial, y esa mentalidad no solamente puede arraigar en la clase dominante.

-Se habla de la posibilidad de que el sucesor de Juan Pablo II sea un latinoamericano. ¿Lo cree posible?

-Diría, en principio, que aún no me parece que sea el tiempo para que esto ocurra. Sencillamente, porque desde la última conferencia del episcopado latinoamericano, en Santo Domingo, en 1992, no se ha dado una relatinoamericanización profunda de la Iglesia de nuestro continente. La Conferencia de Medellín (1968) y la de Puebla (1979) -esta última, a poco de iniciarse el pontificado de Juan Pablo II- se hicieron en tiempos de una intensa fermentación espiritual de América latina. La de Santo Domingo, en cambio, se produjo apenas dos años después del derrumbe del comunismo, que significó el fin del mundo bipolar y un cambio drástico en el escenario mundial. En Santo Domingo, los obispos no tuvieron ni los elementos ni una idea nítida de cómo se iba a rehacer ese escenario mundial, porque les cambiaron abruptamente las circunstancias. De modo que, a mi entender, Santo Domingo fue un acto superfluo, porque no tuvo las condiciones necesarias para pensar un mundo en un momento en que en el planeta se había levantado una verdadera polvareda. Esto eclipsó al Consejo Episcopal Latinoamericano
(Celam) como presencia real en las iglesias de toda América latina.

-¿Se podría decir que el Celam quedó mudo desde Puebla, que la Iglesia latinoamericana ya no ha hecho oír del mismo modo su voz?

-Exacto. Desde entonces, cada Iglesia está en su país: la Iglesia argentina volvió a ser argentina, la brasileña, brasileña. Se "deslatinoamericanizaron" y ahora hay que "relatinoamericanizarlas". Esa es la gran meta para 2007, año de la próxima conferencia. Por eso yo creo que solamente podrá haber un papa latinoamericano si las iglesias de América latina tienen una interacción profunda, porque si no tendríamos un papa argentino, o chileno, o brasileño: una cuestión de aldeíta.

-Se dice que el futuro cónclave de cardenales será el más abierto y complejo que haya registrado la historia y que no entrarán en juego prejuicios de raza o nacionalidad. ¿Coincide?

-A mí me parece que lo más conveniente sería un papado de transición. Y un papa de transición sería, todavía, europeo.

-¿Por qué?

-Porque la Iglesia está saliendo de Europa, pero éste es un proceso reciente, que aún necesita maduración. Europa fue el centro del mundo hasta hace 50 años. A partir de la descolonización surge todo un mundo de iglesias nuevas, en la India, en Asia, pero son procesos muy incipientes. La Iglesia más madura, aparentemente, sería la latinoamericana, porque es la más antigua entre las no europeas. Tiene cinco siglos, contra un siglo de las de Africa. Por eso no me parece que las iglesias de la periferia europea estén en condiciones de una conducción mundial, todavía. Dentro de pocos años seguramente sí, porque la intensidad de la globalización y de la coparticipación interna de la Iglesia es cada vez más fuerte.

-Tampoco habría que esperar, siguiendo su lógica, que se eligiera a un papa africano?

-Me parece muy difícil. Las iglesias más antiguas estuvieron en Egipto y en Africa del Norte, pero eso desapareció. No es que yo esté en contra de un papa negro. Estoy diciendo que se trata de una Iglesia nueva, que todavía no arraigó en su propia cultura, por lo que difícilmente sea fuente y no mero reflejo de lo que piensan las iglesias europeas. Hace falta que maduren más y que asimilen las experiencias de evolución real de sus iglesias y no de lo que piensa o propone un tipo que está en Roma. El punto no es que el candidato sea de raza negra o amarilla, sino que las conferencias episcopales de cada una de esas regiones del mundo tienen que madurar. No olvidemos que las iglesias de Africa se hicieron musulmanas. En Túnez estaba nada menos que la iglesia que alumbró a San Agustín, pero hoy no queda nada ni comparable a lo que fueron los inicios de la cristiandad en el Mediterráneo. Se trata de una cuestión de maduración y, en ese sentido, sí diría que la que parecería estar más lista es la Iglesia latinoamericana.

-Su papa de transición europeo, ¿tiene nombre y apellido?

-Yo soy un gran partidario de Joseph Ratzinger. Pienso que es el hombre más indicado para ser papa en estos momentos.

-¿Por qué?

-Porque es una de las últimas grandes expresiones de una generación intelectual que tiene un esplendor intelectual equiparable a los siglos XII y XIII de la Edad Media, equiparable también a la mejor época de la
patrística griega y latina, que es cuando comienza la evangelización. Ratzinger es uno de los últimos hombres de la Iglesia actual que representan eso. Además ha sido, en mi opinión, la persona de mayor confianza intelectual y espiritual de Juan Pablo II, con un papel muy definido: estar en el centro de la escena para ver las evoluciones intelectuales y espirituales en el mundo.

-¿Le dan los años?

-Es mayor: ha de tener 77 años. Pero yo hablo de un papa de transición. Primero, porque es uno de los hombres que más comprenden la situación mundial actual. Pero además, porque es un alemán. Eso me importa mucho, en la medida en que el origen del árbol de la Reforma se llamó Lutero. La relación del ecumenismo de la Iglesia Católica con los luteranos va muy bien. Pienso que para el pueblo y la Iglesia alemanas y para la Unión Europea es indispensable un papa católico alemán, que cerraría el ciclo de la gran herida de la Reforma en el corazón de Europa. Creo que Ratzinger es el hombre para una presencia espiritual que subsane las raíces de las culturas básicas de la modernidad.

-Lo cierto es que no se lo menciona entre los papables, aunque también se afirma que "quien entra papa al cónclave, sale cardenal"?

-Yo expreso mi opinión dentro de lo que conozco, que es limitado. No estoy interiorizado de todos los nombres importantes de la Iglesia mundial, entre otras cosas porque hoy hay menos información que hace 10 o 15 años.

-¿En qué sentido?

-En tiempos de la bipolaridad mundial, la Iglesia estaba en una gran tensión, pero al aflojarse la bipolaridad no ha logrado reponer una nueva lógica misional adecuada a un escenario político. La Iglesia está sintiendo el amorfismo de la transición de épocas. Durante medio siglo, hasta la caída de la URSS, el enemigo principal era el ateísmo mesiánico, materialista, que se había difundido por el mundo en apenas un siglo y medio, con una velocidad extraordinaria, sólo comparable a la del islam. Ahora no hay nada de eso. Resulta mucho más complejo discriminar quién es el enemigo y darles una jerarquía a los peligros. Eso genera un gran estancamiento en la dinámica misional de la Iglesia.

-Se ha dicho que el futuro papa no tendrá que luchar contra estructuras políticas o ideológicas demasiado visibles, pero sí tendrá que confrontar con transformaciones culturales cada vez más desafiantes. ¿Coincide?

-Yo creo que éste es un instante de gran perplejidad, de acumulación de problemas. Cuando se juntan los cristianos para ver los problemas del mundo no logran articular una visión de la coyuntura en su conjunto.

-¿Usted cree que hay temas que inevitablemente habrá que encarar?

-Sí; la sociedad contemporánea hace inevitable una reflexión muy profunda sobre temas hasta ahora no abordados, probablemente porque en el repertorio de los desafíos de la Iglesia eran nuevos y de segundo orden. Pero hoy resultan mucho más ostensibles. Hace apenas diez años el asunto de la unión de homosexuales no se planteaba, o si se planteaba era en algún núcleo ínfimo, pero no era una ola, como lo es hoy. Para mí, resulta obvio que la unión civil de los homosexuales no es un matrimonio, porque el matrimonio implica la reproducción, pero eso no significa que la Iglesia, ante situaciones especiales, pueda llegar a aceptar la unión civil de estas personas. Entonces aunque no se le ponga el mismo rango que el matrimonio, ya que está justamente en las antípodas de lo que significa el matrimonio, de algún modo ese mal puede encerrar un bien. Estas son cosas que se tienen que empezar a discutir en la Iglesia con un análisis que no sea juridicista y abstracto. La sociedad no tiene por qué legislar como si todos sus miembros fueran religiosos y católicos.

-Proyectos como la educación sexual en las escuelas, la despenalización del aborto, el uso de profilácticos para prevenir el sida y otras cuestiones prometen encrespar más las aguas entre la Iglesia y los gobiernos civiles de la región. ¿Cómo prevé que evolucionará la relación en estos aspectos?

-Yo soy partidario, en general, de que haya educación sexual a las edades que corresponda. Me parece obvio. Ahora, por supuesto, esa educación puede ser de múltiples contenidos y múltiples significados. Yo soy partidario de que se enseñen bien los aspectos físicos, psíquicos, espirituales, porque si no, ponemos a los chiquilines a ver cine ##### y listo, ¿no le parece? En cuanto a otros temas, como el uso del preservativo, la Iglesia se recuesta en la intimidad del confesionario. La diferencia entre Calvino y la Iglesia Católica es que para Calvino todo pecado era mortal. La Iglesia distinguió siempre entre pecado mortal y venial. Para mí, el preservativo es un asunto venial, pero necesario, porque si no el matrimonio se expone a tener veinte hijos, y eso es imposible. Lógicamente, la Iglesia no puede decir urbi et orbi "Usen preservativo", pero lo contempla, caso por caso.

-Pero la Iglesia no dice que eso queda librado al confesionario...

-Yo digo que ésa es, un poco, la realidad.

-¿No es un doble discurso?

-No; es aconsejar ante cada caso concreto. Es no herir la esencia del asunto desde el principio, es tratar de que las heridas sean menores. La Iglesia no lo recomienda, pero es consciente de que una buena educación sexual evitaría muchos abortos y es mejor usar un preservativo que exponerse a un aborto. ¡Por Dios! El aborto es una cosa muy grave. Para la Iglesia, desde que un óvulo es fecundado hay un ser humano, y punto. Ahí sí que no hay matiz posible. Por eso yo digo que era mucho más fácil ser monje en el siglo XI. Hoy vivimos en un mundo erotizado y en una cultura que no tiene parangón en la historia mundial, que plantea todos estos problemas.

-Y usted, ¿qué piensa?

-Pienso que el enemigo principal es lo que yo llamo el ateísmo libertino, que está en el corazón de la sociedad opulenta euronorteamericana y que consiste en la gratificación de todos los deseos. La gente tiene como valor fundamental la satisfacción de sus deseos. Esa es la propaganda que irradia el capitalismo y que está ligada a las nuevas formas de comunicación y, por supuesto, al deseo fundamental, que es Eros. El ateísmo mesiánico se transformó en una rueda de placer del poder y de poder del placer. Esa es la rueda que empieza a hacer girar la sociedad de consumo del mundo capitalista actual, como no había ocurrido nunca antes. El capitalismo nos ofrece millones de cosas buenas, pero -sobre todo en los países pobres- también se multiplican los problemas de los paraísos artificiales, como la corrupción, la droga, la pedofilia. Un mundo donde todo es posible.

-¿Cómo se revierte?

-Ese es, a mi entender, el problema pastoral fundamental. Es muy difícil identificar al enemigo, porque el ateísmo mesiánico tenía estados, partidos, instituciones multitudinarias. Acá, en cambio, no hay una cara visible ni un aparato social expreso. Todo es amorfo, individual y no identificable fácilmente, pero hay una incitación perpetua. Por eso hay que intentar comprender sus orígenes, su lógica, su forma de expansión. Solamente si se tiene una visión totalizadora, mundial, de esa lógica es posible un enfrentamiento real. Zbigniew Brzezinski, a mi entender uno de los pensadores contemporáneos más brillantes, ha llamado al corazón de la sociedad opulenta "la cornucopia permisiva". Cornucopia es el cuerno con que Zeus se alimentaba de todos los deseos posibles. Bueno, Brzezinski cree que en el apogeo del poder de Occidente están todos los síntomas de su
decadencia, y eso se propaga en las zonas no centrales, por la hegemonía de los medios de comunicación
. Ellos nos comunican a los que no estamos a su altura de opulencia la cornucopia permisiva que no estamos en condiciones de sostener.
Sábado, 09 de Abril de 2005 20:08 ;?> Hay 2 comentarios.

10/04/2005


CINE EN LA ANTÁRTIDA

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Como resultado de la iniciativa de Jorge Coscia del INCAA y de Mariano Memolli, director nacional del Antártico, será inaugurada la sala de cine más austral del mundo. Una iniciativa patriótica y loable.



Por Julio Fernández Baraibar – Reconquista Popular
Abril de 2005

El lunes 11 de abril se inaugura la única sala ubicada en la Antártida, el Espacio INCAA Lat. 90º de la Base Jubany, Sala del Bicentenario, será la sala cinematográfica más austral del mundo. Viajan para el acto, entre otros, el Secretario de Medios de Comunicación, Enrique Albistur, el Lic. Jorge Álvarez, vicepresidente del INCAA y el Director Nacional del Antártico, Mariano Arnaldo Memolli. Inaugura la sala el film Luna de Avellaneda de Juan José Campanella, quien estará presente junto a su coguionista, Fernando Castets y el productor de Pol-ka Cine Juan Vera. La ceremonia se transmitirá en directo por TV, con la presencia de medios periodísticos gráficos y televisivos de Argentina y del exterior. La programación del Espacio INCAA Lat. 90º tiene previstas unas sesenta películas para la temporada 2005, con títulos como El abrazo partido, El hijo de la novia, La tregua, Historias mínimas, Patoruzito, Garage Olimpo, Nueve Reinas, La película del Rey, Valentín, Un oso rojo, y El bonaerense.

Nobleza obliga: vale mencionar que la Embajada de Alemania aportará quince películas de producción germánica subtituladas en español.
Domingo, 10 de Abril de 2005 19:59 ;?> No hay comentarios. Comentar.


"MIÉRCOLES NATALINOS"

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Vida, sentimientos e ironía incluyen las columnas escogidas
de Manuel Suárez Arce



Suplemento El Natalino - La Prensa Austral
Punta Arenas - 6 de abril de 2005

Ayer fue presentado a la comunidad regional el libro “Miércoles Natalinos” que recopila 100 columnas escogidas creadas por Manuel Suárez Arce y publicadas en los últimos 20 años en el diario La Prensa Austral. En una emotiva ceremonia efectuada en la sala de eventos de la Biblioteca Pública se presentó este libro, que en 500 ejemplares se encuentra a disposición de la comunidad regional.

Cada columna es un reflejo del ojo observador de Suárez, de sus conocimientos de los temas locales abordados en muchos años ligado a las comunicaciones y de su sutil manejo de la ironía. Frente a las autoridades locales encabezadas por el alcalde Mario Margoni, familiares, amigos y vecinos, se realizó la presentación de la obra editada en la imprenta de La Prensa Austral. Junto a él estaba en el estrado el director del diario regional, periodista Manuel González Araya, quien se dirigió a los presentes destacando que en los comentarios de Manuel Suárez Arce se ve una vocación de servicio: “es un hombre múltiple que no se rinde y que desde el lugar en que se encuentre, no pierde el norte de querer lo mejor para su provincia”. Agregó que “las temáticas abordadas tienen que ver con el desarrollo de la provincia. Están presentes, por cierto, los proyectos y sueños, muchos de los cuales, al cabo de 20 años, se fueron convirtiendo en realidad. Otros siguen esperando y los desmenuza a través de la ironía”.

Después de una reseña de la dilatada vida pública de este Hijo Ilustre de Magallanes, Manuel Suárez expresó que “uno no hace más que escribir lo que siente, lo que pasa y lo que le cuentan y a la vez mostrarse como un defensor, si así se le puede llamar, de nuestra comunidad tan pequeña como es Ultima Esperanza”. También en sus columnas se refiere a la región y en algún momento realiza una reflexión hacia las autoridades no sólo de Magallanes, sino del país, sin hacer distingos políticos. El libro que cuenta con una presentación del gerente de La Prensa Austral en Santiago, periodista Jorge Babarovic, entrega también una reflexión de su autor, donde expresa que “el valor de esta obra es dejar como testimonio una parte de la historia de la provincia de Ultima Esperanza a través de estos 20 años, de más de mil columnas, no son éstas quizás las mejores pero sí las más representativas, porque la mayor parte de ellas dan forma a las inquietudes de la gente de mi pueblo”. En su intervención tuvo emocionadas palabras al recordar a su desaparecida esposa, Bruna Mattioni, expresando que muchos de estos miércoles natalinos fueron parte no de su inspiración “sino de su crítica cuando consideraba que a mí se me pasaba la mano”. Dedicó la obra a su familia, compuesta por hijos y nietos, quienes le supieron comprender y apoyar en la que denominó “la alocada carrera de mi vida”. El acto culminó con el sorteo de 20 ejemplares entre los asistentes al evento.
Domingo, 10 de Abril de 2005 23:02 ;?> No hay comentarios. Comentar.


SOBRE EL GUATÓN ABDALA

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Tampoco son muchos 30, 32 años



Jorge Lagos Nilsson – Piel de Leopardo
www.pieldeleopardo.com


Lo triste, inevitable de la historia es que nos comprende –ciñe, abraza, rodea– a todos. No es posible concebirla, no es posible vivir sólo entre algunos: la historia es una casa sin puertas. Si en algún momento ella se vuelve pasión, crueldad, egoísmo, intolerancia, luego exige entendimiento, esa potencia del alma –dice el Diccionario de la Real Academia Española–, “en virtud de la cual concibe las cosas, las compara, las juzga, e induce y deduce otras de las que ya conoce”. Es lo que procura en su relato Augusto Alvarado.

Al final de un proceso social violento, luego del apagón que ciega todo cuanto conformó la vida social hasta su estallido, quienes emplearon la mayor crueldad y violencia, los en apariencia más fuertes, intentan definir el futuro remodelando el presente por la reconstrucción del pasado. Se equivocan. No vencen los que ganan; la historia en verdad pertenecerá a los sobrevivientes, porque los sobrevivientes son la memoria de lo destruido y los ladrillos de la nueva edificación. Con una condición: que abarquen. Ni el pretérito ni el futuro son terreno acotado. La memoria, así, implica –contiene– tanto la necesidad de pedir perdón como la de perdonar. Lo contrario es abandonarnos a los arbitrios del olvido; es decir: apostar que se cometerá el mismo error, se tropezará con la misma piedra, caeremos en el mismo –u otro– despeñadero, haremos de la historia una farsa, la viviremos como tragedia.

Augusto Alvarado nació en la Patagonia –detrás de la frontera chilena–. Reside en Buenos Aires desde 1975. Tiene seis hijos y cinco nietos. La historia del “guatón” (gordo) Abdala debe haber sido escrita pensando en ellos.

No es tarea de esta sección de Piel de Leopardo la exégesis ni la crítica –ni la interpretación ni el examen– sino la difusión de textos literarios. En el caso de la Historia de un represor, no obstante, quisiéramos llamar la atención del lector acerca de los aspectos sincréticos de la escritura de Alvarado, que sintetiza –creemos de que manera admirable– el habla chilena y argentina, construyendo una estructura lingüística bella y precisa, que permite especular en estos tiempos de forzada “globalización” sobre la velocidad con que avanzaría la integración de los pueblos americanos si sus ¿conductores? leyeran más y discursearan menos.
Domingo, 10 de Abril de 2005 15:18 ;?> No hay comentarios. Comentar.

12/04/2005


DON PANCHO Y YO

por Luis Sepúlveda

Septiembre de 2002

Me cuesta hablar de Coloane, porque todavía no me repongo de saber que nunca más lo veré, y porque tuve que soportar los llamados telefónicos de muchos carroñeros que desde Chile querían saber la razón de nuestro alejamiento. Advierto que si alguno intenta enmierdar la memoria de don Pancho, tal como lo empiezan a hacer con la de Neruda y Matilde, independientemente de su sexo, estado civil o pasquín para el que escriba, va a escupir los dientes.

Empecé a leerlo cuando era un muchacho. Mis autores preferidos de entonces eran London, Salgari, y un chileno injustamente olvidado que se llama Lautaro Yankas. En sus libros había algo que me conmovía especialmente y era el culto a la lealtad que practicaban sus personajes. Para mí Coloane fue una revelación porque era la primera vez que me enfrentaba a historias en las que el viento soplaba de verdad, y porque me enseñaba que Chile era algo más que el aburrido Santiago, que existía el profundo sur donde la épica era el pan de cada día. Él supo conferir a sus personajes, todos seres marginales, perdedores que sabían por qué perdían, una identidad inédita en la literatura escrita en español. Coloane no escribía desde el punto de vista de la compasión, lo hacía desde una barricada, del lado de los jodidos, y eso fue para mí una invitación a imitarlo.

No adornaba con floridos barroquismos los errores del narrador tan visibles en otros contemporáneos suyos, pero sus libros destilan un rigor de corrector que, modestamente, hice parte de mi bagaje. A él le debo la determinación final de dedicarme a la escritura.

Lo conocí personalmente recién a inicios de los noventa, y, de inmediato, nació una gran amistad que nunca se interrumpió ni se interrumpirá. Yo no he sido, como se ha dicho, el promotor de su literatura porque la obra del más grande de nuestros narradores se impone por sí misma. Pero cuando llegué a Europa, y no como turista ni diplomático, en 1980, constaté que aquí Coloane no se conocía a pesar de que había habido varios escritores chilenos que fueron diplomáticos, porque jamás hicieron nada por difundir su obra. Y me propuse terminar con esa injusticia.

La oportunidad se dio en Saint Malo mientras comentaba este asunto con el gran escritor colombiano Álvaro Mutis. Este movió la cabeza y exclamó que era absurdo porque Coloane era un autor de la talla de London o de Stevenson. Esto lo escuchó un editor francés, que quiso saber más del chileno del que hablábamos. Yo me limité a contarle, en resumen, el mejor y más perfecto relato escrito en los últimos cien años: El témpano de Kanasaka. Él escuchó, tomó nota, pesó la conveniencia de editar a un escritor sudamericano octogenario y ajeno al boom, y meses más tarde me pidió que prologara el primer libro de don Pancho en francés. Éste se convirtió desde su aparición en un éxito de crítica y ventas. Luego, mi editor italiano me propuso dirigir una colección de literatura iberoamericana, para publicar autores cuya obra se acercara a lo que los dos considerábamos como literatura universal escrita en español y en portugués. Así nació la colección La Frontiera Scomparsa. Y, cuando me consultó por el primer título, dije de inmediato Tierra del Fuego, de Francisco Coloane.

Desde la publicación d