No para dar por pensado, sino para dar en qué pensar Agenda de Reflexión Número 244, Año III, Buenos Aires, sábado 1º de enero de 2005
2005
"En un día del hombre están los días" (James Joyce, de Jorge Luis Borges)
"El tiempo es el único enemigo que mata huyendo" (Francisco de Quevedo y Villegas)
El rapsoda inmortal lo definía: enemigo que huyendo nos da muerte; oscuro manto del olvido inerte, que alumbra otros días tras el día.
El tiempo nos humilla y nos guía por sus senderos de tragedia y suerte, con cambio calendario que lo alerte a ese cálido canto de utopía.
El espejo, la flecha, el laberinto, azar de Cronos, que muestra cada año el sutil arabesco de su danza,
latiendo tan igual y tan distinto, renovando la cita del extraño encuentro entre el destino y la esperanza.
Oscar Sbarra Mitre Buenos Aires, diciembre de 2004
(Soneto inédito, difundido con autorización expresa del autor exclusivamente para la Agenda de Reflexión)
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Día del año nuevo, día eléctrico, fresco, todas las hojas salen verdes del tronco de tu tiempo. Corónanos con agua, con jazmines abiertos, con todos los aromas desplegados aunque sólo seas un día, un pobre día humano, tu aureola palpita sobre tantos cansados corazones...
Pablo Neruda, Tercer libro de las Odas
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PRIMERO DE ENERO
Las puertas del año se abren, como las del lenguaje, hacia lo desconocido. Anoche me dijiste: mañana habrá que trazar unos signos, dibujar un paisaje, tejer una trama, sobre la doble página del papel y del día. Mañana habrá que inventar, de nuevo, la realidad de este mundo. Ya tarde abrí los ojos. Por el segundo de un segundo sentí lo que el azteca, acechando desde el peñón de promontorio, por las rendijas de los horizontes, el incierto regreso del tiempo.
No, el año había regresado. Llenaba todo el cuarto y casi lo palpaban mis miradas. El tiempo, sin nuestra ayuda, había puesto, en un orden idéntico al de ayer, casas en la calle vacía, nieve sobre las casas, silencio sobre la nieve.
Tú estabas a mi lado, aun dormida. El día te había inventado pero tú no aceptabas todavía tu invención en este día. Quizá tampoco la mía. Tú estabas en otro día.
Estabas a mi lado y yo te veía, como la nieve, dormida entre las apariencias. El tiempo, sin nuestra ayuda, inventa casas, calles, árboles, mujeres dormidas.
Cuando abras los ojos caminaremos, de nuevo, entre las horas y sus invenciones y al demorarnos en las apariencias daremos fe del tiempo y sus conjugaciones. Abriremos las puertas de este día, entraremos en lo desconocido.
Octavio Paz
Sábado, 01 de Enero de 2005 20:23 ;?> No hay comentarios. Comentar.
Así se titula el último libro del poeta Reinaldo Lacámara, (Santiago, 1956) publicado por Ediciones Del Gallo. Se trata de un poema homenaje a los mineros de Lota, que fueron capaces de crear una cultura propia en medio de condiciones de trabajo deplorables e indignas. Este pueblo que hoy se recuerda como un espacio de esperanza y de luchas por la dignificación del trabajo, cuna de grandes movimientos sociales, permanece olvidado por cronistas y escritores chilenos. Sin embargo, es posible, verlo en páginas y revistas europeas como símbolo de la cultura del esfuerzo tan propia de los países subdesarrollados.
Reinaldo Lacámara, investiga en terreno, sueña en medio de las calles de ese campamento, comparte con los viejos mineros, trazando rutas invisibles a las cuales sólo llegan los verdaderos poetas.
José Santos González Vera, Nicomedes Guzmán, el mismo Pablo de Rocka, Francisco Coloane, y otros escritores trabajaron con la realidad, en el barro que emana de sus fauces, aunque ésta les escamoteara la vida y salieran sangrando de narices de los grandes episodios de la vida nacional. Las aventuras secretas de los conventillos, de las plazas de provincia, de pueblos olvidados, cobran vida cuando un autor se compromete con su historia y con sus sueños, ya sean éstos de futuro, o de hecatombes.
Dice el poeta: “El carbón vino del fondo de la tierra / fue una corriente insostenible / más tarde, quedó hecha estría geológica / se hizo vena del planeta”.
En este libro, en el fondo húmedo de sus versos, repletos de sal y sonidos de locomotoras, de paredes de agua, de sudor, de olvido, el escritor logra atrapar el tiempo, como en “Sewell” de Baltazar Castro; “Subterra”, de Baldomero Lillo; “Chuquicamata, imágenes en poesía”, de Héctor Lagos. Detener para la eternidad los instantes de esplendor de los mundos olvidados, ajenos al progreso y al conocimiento, donde sólo importó la explotación del hombre por el hombre para enriquecer a compañías extranjeras que finalmente terminaron por alejarse para siempre de estos lugares inhóspitos para su sed de riqueza.
Personajes como Luis Cunahuel, Pedro Ñeuquil, Juan Lámpara, cobran vida en medio de los rieles, de los piques, del cielo de Lota, de las noches llenas gases tóxicos, de las manos llenas de fuego y sangre.
El poeta se compromete con los mineros olvidados, con sus recuerdos, con un mundo que ya no existe pero que fue parte de los mejor de nuestras tradiciones culturales e históricas. Este largo poema épico quedará en la historia de nuestra poesía como un aporte al rescate de las luchas del mundo de los oprimidos en un tiempo como el actual donde los vates están ensimismados con la palabra pero no con la emoción.
Reinaldo Lacámara fue parte del grupo fundador del Colectivo de Escritores Jóvenes de Chile en 1982. Autor de “Huellas urbanas” (1989); “Pasajes de otro año” (1997); Su poesía está editada en cassette y discos compactos bajo de el título de “Un giro, todo un mundo” (1992). En la actualidad integra el directorio y el comité ejecutivo de la Fundación Delia Del Carril, y es director de Arte de la Casa Michoacán de Los Guindos, en Santiago.
En la década del 70 estudió Ingeniería Electrónica en la Universidad Católica de Valparaíso.
Sábado, 01 de Enero de 2005 20:02 ;?> No hay comentarios. Comentar.
“SI EL IDEAL DE LA PATRIA GRANDE SE POSTERGA O MUERE, LA CAUSA DE LA LIBERTAD ESTÁ PERDIDA” Simón Rodríguez
Un gran abrazo y que los sueños y la lucha que nos hermana nos encuentre juntos en este nuevo año. El 2005 necesita del peronismo histórico, de la izquierda nacional y el Nacionalismo popular. Feliz 2005.
Causa Popular
Sábado, 01 de Enero de 2005 20:38 ;?> No hay comentarios. Comentar.
Una reciente medición que dejó al descubierto el bajísimo nivel de los conocimientos matemáticos de los jóvenes chilenos, provocó una ola de alegatos contra la educación del país. Cuando en realidad no son una novedad los malos resultados educacionales en Chile. No queramos engañarnos rasgando recién ahora vestiduras. Que salgan a la luz pública pésimas cifras de alguna prueba específica cada cierto tiempo es otra cosa. De tal modo, por nuestro nivel quedamos apenas en lista de espera para ser jaguares (y para qué decir por inversión en educación).
Por unos diez años he trabajado con jóvenes de dos “mundos” diferentes. Mundos que les han entregado recursos y posibilidades muy distintas. Por un lado, con universitarios que en su mayoría provienen de la educación secundaria pagada privada: los más con grandes potencialidades a la vez que con una débil formación general. Por otro, con jóvenes que pasaron por el sistema municipalizado de educación, donde un número no menor son verdaderos analfabetos funcionales. Y, en el caso de muchos jóvenes con talento, esas instituciones municipalizadas no tienen la capacidad o los recursos (ni a veces las ganas) de desarrollarlo.
No obstante, a pesar de las diferencias en ambos grupos se deja notar una generalizada y tremenda falta de información, una deplorable capacidad de expresión oral y escrita, de análisis, de establecer relaciones certeras y más aún de crítica. Su sociedad y el mundo les son lejanos o ajenos, con sus vagas nociones no pueden comprenderlos ni menos enjuiciarlos. A lo que hay que sumar que están insertos en una cultura donde disentir y discutir es mal mirado, y hasta una forma indebida de desafío a la autoridad del educador.
Aunque no pretendo situar mi experiencia como una muestra estadística totalmente válida, tampoco creo que sea poco generalizable. Más todavía con las mediciones internacionales y nacionales que dan cuenta de nuestra ignorancia. Entonces, ¿no es hora que después de tantos años de vigencia de la educación municipalizada se acepte su fracaso?. Porque a los años de la dictadura hay que sumarle los de democracia.
En cuanto a la educación básica y secundaria privada pagada, por tanto para una minoría, tampoco su formación sería ni de lejos óptima. Simplemente pareciera que se realiza un buen entrenamiento, de hecho mejor que el de las instituciones municipalizadas, para contestar antaño la PAA y hoy la PSU. Y en el caso de la educación superior, también limitada a quien pueda pagarla, hay sospechas razonables sobre cuál es el peso real de un título hoy.
Después de tantos resultados deplorables, creo que llegó la hora de preguntarse qué educación queremos dar a nuestros niños y jóvenes. Porque el mercado autorregulado -¿el mejor asignador de planes de estudio?- es un hecho que no sirve tampoco en este ámbito. El modelo implementado desde mediados de la década del setenta del siglo pasado a la fecha es entrenar mano de obra con ciertos rudimentos de lo que antiguamente se llamó educación liberal. Fuera de eso, o por eso mismo, la política educacional ha sido no tener política educacional. El resultado está a la vista. Así, por obvio que suene, se debería abrir un debate racional, sensato y general que fije prioridades, roles del Estado y los privados, y planes de financiamiento. Porque el tema no compete exclusivamente a los padres, ni menos sólo a los empresarios. Es un problema de la nación. En realidad, como es una discusión por el futuro de todos, interesa hasta a los que ya estudiaron. Hay que ponerse serios y dejar de confiar ciegamente en las señales irracionales del “mercado laboral” para guiar el “mercado educacional”.
Aquí creemos en la formación de ciudadanos virtuosos capacitados en diversos ámbitos técnico-profesionales para satisfacer las necesidades de sus compatriotas y desarrollar al país en su conjunto. Porque Chile no es sólo economía. Incluso básicamente es un sistema sociopolítico que requiere algo más que analfabetos funcionales que produzcan y hedonistas que consuman. Porque en Chile viven millones de personas más fuera de las élites empresariales y como cualquiera tienen requerimientos materiales, de salud, artísticos, recreacionales, etc. Porque Chile es una nación particular y la educación permite su reproducción como esa entidad cultural particular que es o que aspiramos que sea.
La actual educación para el mercado es simple entrenamiento. Es crear brutos hábiles. Es fabricar en serie algo parecido a las focas de un circo que realizan piruetas mecánicamente a cambio de un pescado. Entrenar exclusivamente o con grosera preeminencia para el trabajo, es un aprendizaje para esclavos: para quienes están condenados a vivir sólo para producir. Es negar la riqueza de la vida humana, es sentenciar a los chilenos a la vacuidad.
Pero además, lo que no es un detalle menor, ese tipo de “educación” es un medio efectivo para facilitar que el Estado siga en manos de los “especialistas”, no de los ciudadanos. Aquellos pueden así continuar gobernando y legislando a favor de los grupos económicos bajo la cantinela del bien común. Pues, una mala educación permite engañar a los ignorantes. Por ejemplo, a principios del siglo XXI se ufanan de la ley que rebaja la jornada laboral, ¡cuando ése fue un logro del movimiento obrero de Europa y Estados Unidos en el siglo XIX!.
El apagón cultural en dictadura fue fruto de una política que buscó banalizar el país para minimizar la posibilidad de pensamiento crítico y distraernos de la realidad: si no había pan, por lo menos de circo no podíamos quejarnos. Actualmente, es resultado de una política nefasta que busca consagrar nuestra vida a la producción que crea riqueza (y no vamos a preguntar para quién).
En ese contexto hay que destacar también la responsabilidad de los medios que, en tanto son los actuales referentes masivos, no sólo sostienen la superficialidad sino que la ensalzan y multiplican al punto de dejarnos casi sin otro tipo de oferta. Basta escuchar a esa especie de Corte de los Milagros intelectual que aparece en televisión: novias y amigas de, animadores, modelos, periodistas, actores, cantantes y otros tipos de famosillos. Del mismo modo, una buena cuota de responsabilidad la tiene parte importante del periodismo que ha rebajado la profesión a nivel de pasatiempo. Han asumido un rol de comparsa del sistema que es un insulto para las pretensiones de ser un cuarto poder.
En ese escenario general el jaguar seguirá siendo porro por mucho tiempo. En verdad, seguirá sin ser jaguar.
(*) Andrés Monares. Antropólogo, profesor en la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile.
Miércoles, 05 de Enero de 2005 02:52 ;?> No hay comentarios. Comentar.
Entrevista realizada al líder de la rebelión indígena peruana en marzo de 2004
Por Carlos Aznárez Resumen Latinoamericano
"Resumen Latinoamericano" estuvo con Humala en marzo del 2004 y logró reunir datos sobre este hombre que hoy se ha convertido en noticia en Perú. De firmes convicciones nacionalistas, solidario con los indígenas de su país, polémico en sus comentarios y acérrimo enemigo de la oligarquia, el fujimorismo y el actual presidente Toledo, Humala impresiona como un militar cansado de que las armas de la institución apunten siempre al pueblo. Estas son sus opiniones.
Algo nuevo se mueve en Perú. Por un lado, el resurgir de la rebeldía campesina protagonizada por la gigantesca marcha hacia Lima de miles de cocaleros, exigiendo al gobierno de Alejandro Toledo que dé marcha atrás en su idea de erradicar los cultivos de coca, y por el otro, se hace cada vez más visible el crecimiento del Movimiento Nacionalista Peruano (MNP) y del carisma del líder de esa organización, el Mayor (r) Antauro Humala. ¿Quién es este hombre que recoge adhesiones en los sectores más pobres de las zonas urbanas y también cuenta con el apoyo de las franjas mayoritarias del indigenismo peruano? Nada menos que aquel militar que en octubre del 2000 se levantó en armas, junto a su hermano, el teniente coronel Ollanta Humala, contra Alberto Fujimori, cuya gestión agonizaba en medio de un escándalo de corrupción.
En ese momento, los hermanos Humala recorrieron buena parte de las sierras de la zona sur del país, rebelando pueblos para terminar reuniendo a su alrededor a casi 600 reservistas. Después de varios días de resistencia fueron apresados, pero después de la caída de Fujimori, el presidente interino Valentín Paniagua los rehabilitó. Ollanta volvió al ejército y hoy es agregado militar en la embajada peruana en París, y Antauro se volcó de pleno a la carrera política, demostrando que su discurso, tan llano y agresivo "como habla nuestro pueblo", ha ido consiguiendo muchos adeptos. Amigo de los indígenas ecuatorianos de la CONAIE, pero también de Evo Morales y Felipe Quispe, en Bolivia, "me considero hermano de ideas de Hugo Chávez", dice y admirador de "la lucha nacionalista de la Revolución Cubana", Humala ha ido construyendo una organización que se define como antiimperialista, etnocacerista y enemiga acérrima de la oligarquía peruana y del actual presidente Alejandro Toledo.
Los militantes del MNP recorren las barriadas obreras y más golpeadas por el hambre y suelen trabajar en tareas de alfabetización y concientización política sobre los males que aquejan a América Latina. Son los reservistas de Humala, vestidos con ropa militar de fajina (como cuando siguieron a su jefe en el "levantamiento heroico"), y muy al contrario de lo que ocurre con los generales de Toledo, la gente los recibe con abrazos y ovaciones. Allí precisamente, entre esa gente "golpeada por el liberalismo", al decir de Humala, es que "está creciendo la nueva Revolución que dará vuelta las viejas y caducas estructuras del Perú".
Sus enemigos sobre todo las campañas mediáticas que éstos vehiculizan- acusan al ex Mayor de "no respetar las reglas de juego mínimas para una convivencia pacífica". Sin embargo, Humala le dijo que "no es la gente la que me ve así, sino los politiqueros y periodistas a sueldo de éstos. Son una minoría extraterrestre que existe en el Congreso y en muchos ministerios, hacen bien en estar preocupados. Yo los desprecio como lo hace el 90% de la población".
A Humala no le gusta que le hablen de "democracia" ya que sostiene que lo que se conoce con ese nombre en Perú, es una verdadera "timocracia", un "gobierno de los timadores o en todo caso democracia prostituida". Para el líder nacionalista, "en mi país hay que dar un giro total en su política económica y obviamente eso no lo va a hacer Toledo porque se trata de un gobierno hipotecado a los intereses extranjeros, vale decir a la Carta de Intención del FMI, o sea al neoliberalismo".
En cuanto a qué puede ocurrir con las elecciones planteadas para el 2006 (ya hay algunos rumores de que Toledo estaría dispuesto a adelantarlas), el jefe nacionalista no cree que sea una solución mover el calendario. "Si se adelantan competirían los mismos de siempre que ahora están sentados en el Congreso. Eso sería cambiar mocos por babas", señaló. Para su Movimiento, la salida se vislumbra a través de una Asamblea Constituyente, donde estén representadas todas las fuerzas vivas: Reservistas, cocaleros, SUTEP, jubilados, Construcción Civil, asociaciones de despedidos, gremios agrarios, sindicatos obreros. Algo así como una suerte de Estados Generales de la Francia Revolucionaria, con rodamientos de cabezas inclusive.
El tema de resolver "la crisis de corrupción y entrega del patrimonio nacional" por vía expeditiva "si hay que fusilar a unos cuantos generales no nos debe temblar el pulso"-, es otro aspecto con el que Humala pone nerviosos a sus oponentes. "Parece que muchos no han leído la Constitución vigente ni las pasadas. En todas ellas dice pena de muerte para quienes cometen delitos graves contra el país. También lo estipulan los códigos militares de todos los ejércitos del mundo. Acá simplemente prostituyen los términos: democracia es equivalente a elecciones, alfabetizar a castellanizar, religión a catolicismo y pena de muerte a asesinato".
LAS FRONTERAS SON VERTICALES
El Movimiento Nacionalista Peruano encara con mirada polémica aspectos claves que hacen a la soberanía y a ciertas debilidades que los países del continente tienen frente a los patrones coloniales. Así es que Humala viene afirmando en sus charlas públicas y ahora lo repite en este entrevista un particular concepto sobre las fronteras, "eso afirma- de lo que tanto le gusta hablar a los militares".
Sobre el particular, el ex Mayor nacionalista dice: "Según el criterio importado de la doctrina de la Escuela de las Américas, las fronteras son simplemente horizontales. Y eso es un error, ya que las fronteras, a nuestro entender, son verticales, puesto que el espacio aéreo es también territorio peruano, por donde van las líneas aéreas extranjeras o las ondas que permiten que veamos televisión. Todo eso circula por territorio patrio y se da la paradoja de que los grandes empresarios privados que tergiversan la información, utilizan ese territorio nacional en forma injusta y violatoria de nuestros derechos. El suelo es también parte importante de la Nación, el agro no puede estar en manos extranjeras, el oro, la plata, el zinc, son nuestros. El mar es también parte de la Patria y no podemos privatizarlo permitiendo a barcos extranjeros que se lleven todas nuestras riquezas".
Por allí hay que arrancar la visión para definir el nuevo rol de las Fuerzas Armadas del continente. Tenemos que tener presente y yo siempre se los digo a mis compatriotas en el Perú, de que arranquemos de la premisa y en esto obviamente excluyo hoy a Cuba y a Venezuela- de que seguimos siendo colonia.
"Voy a ser más polémico aún: en el caso peruano, boliviano y ecuatoriano, que son pueblos étnicamente hermanos, la gesta de emancipación de 1821, que proclamó la independencia de esos países, fue un acto de liberación sí, pero para los sectores criollos y minoritarios. Los cholos de los tres países siguieron siendo tributarios de las castas blancas y los de origen africano continuaron siendo esclavos. Era una independencia virtual, un separatismo criollo de los españoles, pero para nosotros, los que estamos al lado de los pueblos originarios, la colonia ha cambiado de amo. La relación de sumisión que ayer teníamos con Madrid hoy se da con Washington".
"Contra toda esta hipocresía nos hemos levantado en el Perú", dice y enseguida añade a manera de conclusión: "Una persona agoniza en horas o días; un gobierno lo hace en semanas o meses (Fujimori demoró casi un año); y una República en años o décadas. Así son los procesos históricos. Toledo ya es cadáver, el Gobierno agoniza, pero la Republiqueta Criolla aún da coletazos, por más herida que esté. Por algo no lleva a cuestas, a manera de "banderillas", 14 constituciones con olor a gas lacrimógeno".
EL ETNO-CACERISMO DE HUMALA
Como el mismo Antauro Humala lo explicó en ocasión del histórico levantamiento que protagonizó contra Fujimori y Wladimir Montesinos, su movimiento nacionalista reivindica la doctrina etno-cacerista. Etno porque viene de etnia, teniendo en cuenta que en Perú pero lo mismo se da en Bolivia y Ecuador- la población mayoritaria es indígena. De allí la estrecha relación de Humala con movimientos como el que llevan adelante Felipe Quispe con la población aymara en el territorio boliviano al que desconocen como propio.
En el caso de Perú, para los etno-caceristas pesa mucho la tradición cultural incaica y anteponen la lucha indígena por sus reivindicaciones por encima incluso de la lucha de clases.
Andrés Avelino Cáceres fue un Mariscal que como tantos otros caudillos del continente se puso al frente de un ejército de indígenas y guerrilleros para luchar contra los oligarcas de adentro y los conspiradores que venían del exterior. En 1879 llevó adelante la conducción de su ejército con Chile, que intentaba instalar un protectorado en suelo peruano. Lo particular de este jefe militar que luego fue proclamado Presidente- era que todas las instrucciones de formación y disciplina se inspiraban en la cultura de los jefes Incas, así como las voces de mando se formulaban en quechua, rechazando de plano toda "infiltración del lenguaje centro-europeo", como predominaba en los ejércitos de esa época.
Humala recoge estos principios y se planta con sus seguidores contra toda intromisión occidental y reivindica una especie de socialismo indígena que si bien coincide con el movimiento de rebeldía bolivariana que atraviesa el continente, se distancia de ciertos conceptos que esgrime un sector de la izquierda continental que ignora el peso de los pueblos originarios en el quehacer nacional.
Miércoles, 05 de Enero de 2005 02:39 ;?> Hay 1 comentario.
El primer día del año un grupo de ex-militares comandados por el mayor (r) Antauro Humala tomó una comisaría en Andahuaylas (Perú). Dicha acción se dio en la misma región que hace 25 años se insurreccionó el senderismo y en la misma fecha en que 11 años atrás se levantaron los zapatistas en Chiapas.
Las tres sublevaciones tienen en común el haberse producido en zonas muy deprimidas, abandonadas y con una alta concentración de campesinos de raza y habla indígenas. Los tres movimientos, si bien plantean defender a los pobres, tienen estrategias y bases sociales disímiles.
El senderismo fue el último movimiento armado latino americano de cierta envergadura que planteó la toma del poder o nada. Atacó a todo el resto de partidos así como a organizaciones sindicales y comunitarias que no se le subordinasen. Esto le enajenó apoyo popular y permitió que Fujimori se fortalezca polarizando al país entre su dictadura ‘constitucional’ y lo que denominada el ‘terrorismo’. Poco después de la caída de Guzmán en 1992, el jefe maoísta dio un viraje de 180 grados demandando un ‘acuerdo de paz’ a cambio de mejores condiciones carcelarias y de una probable amnistía.
El zapatismo ha declarado no querer formar un partido ni querer tomar el poder. Su meta es utilizar la sublevación para presionar a un cambio de la constitución y una mejoría de la situación de los indios y marginados. Se auto-proclama como más democrático y estar basado en asambleas comunitarias.
El motín de Andahuaylas ha sido hecho no por un movimiento de origen marxista sino por un sector de exsoldados descontentos. Los hermanos Humala anteriormente se levantaron en Tacna para pedir la renuncia de Fujimori y hoy han vuelto a demandar lo mismo con respecto al presidente Toledo.
Los Humala se inspiran en la experiencia ecuatoriana y venezolana en la cual un ala militar golpea reivindicando a clases y razas subyugadas pero que, al final, busca llegar a palacio por la vía de las urnas y no de las armas. Chávez, Gutiérrez y el panameño Torrijos llegaron a la presidencia con amplia votación queriendo capitalizar el descontento ante gobiernos liberales de derecha mostrando la herencia o las ventajas del nacionalismo populista castrense.
A diferencia de Chávez y Gutierrez los Humala no han logrado apasionar a la población y no han tejido una alianza con las principales organizaciones sindicales o campesinas. Su discurso es más duro y chauvinista. Plantean una nueva república que fusile a los ‘traidores’ y una campaña armamentista anti-Chile.
La ideología que propugnan los humalistas es el auto-proclamado ‘etno-cacerismo’. Un movimiento étnico se entiende como uno que defiende a un grupo humano que tiene una lengua, raza o cultura diferenciadas. En el Perú hay quechuas, aymaras y otras etnias indias pero Cáceres no es una etnia sino el nombre de un mariscal que inicialmente peleó contra Chile pero que también se enfrentó a sus propias montoneras indias, que él mismo inicialmente alentó para resistir a la ocupación mapochina.
Sus principales propuestas son reconstituir el incario, promover una fuerte Chile-fobia, liberalizar la producción de la coca y reivindicar a la junta militar de 1968-75, aunque sin llegar a promover las nacionalizaciones o el discurso socialista que ésta tuvo.
El ‘etno-cacerismo’ ha sido tildado en diversos medios de la izquierda y derecha peruanas como una forma de ‘fascismo cholo’. El motín de Andahuaylas sería, según esta versión, la versión criolla del ‘Pustch’ de Munich tras el cual Hitler fue a la cárcel como antesala de volverse en un líder de masas.
Esta caracterización se debería a que sus militantes usan uniformes (que no son camisas negras sino parodias del ejército peruano), a su discurso ultra-nacionalista y racial y a sus proclamas autoritarias.
El peronismo argentino, el APRA peruano, el MNR boliviano o el chavismo venezolano han llegado a ser erróneamente catalogados como ‘fascistas’ debido a ciertos rasgos que sus críticos decían que éstos tenían con respecto al fascismo.
Sin embargo, un rasgo esencial del fascismo es que es un movimiento que impulsa un sector del empresariado que desea aplastar la belicosidad sindical y el ascenso de la izquierda.
Este no es el caso del humalismo. Los sindicatos y la izquierda peruanas están debilitados y no son mayor peligro para las grandes compañías y la casi totalidad de los inversionistas privados es muy dura frente a los ‘etno-caceristas’.
No existen tampoco posibilidades para que en la actualidad se genere un movimiento fascista de masas en América Latina. Lo que el humalismo expresa es un descontento frente a regímenes electos que se tornan impopulares y están llenos de acusaciones de ser ‘corruptos’ o ‘vendidos’ a capitales extranjeros.
Ellos tratan de canalizar esa protesta reivindicando la tradición de caudillos militares como Cáceres y Velasco. Los nuevos levantamientos armados en América Latina tienen un nuevo carácter desde los 1990s, cuando sucumbió el bloque soviético, fracasó Guzmán y se consolidaron las democracias liberales en la región. Ya no se han venido dando para tomar el poder mediante un cuartelazo o una revolución, sino para presionar, renegociar y eventualmente querer llegar electoralmente al gobierno.
Chávez y Gutiérrez hicieron sus putschs como antesala para llegar a palacio por la vía de las urnas y no de las armas. Humala se inscribe en dicha tendencia.
Jueves, 06 de Enero de 2005 21:40 ;?> No hay comentarios. Comentar.
La tragedia ocurrida en la discoteca República Cromagnon nos obliga a una interpretación que trasciende la realidad de tanta muerte y de las posibles culpas.
Centenares de jóvenes reunidos en uno de los tantos centros de desquicio se inmolaron en una tremenda llamarada que conmovió al país. Esa terrible antorcha ilumina hacia los cuatro puntos cardinales de la Nación la nada en que malvive buena parte de la juventud argentina.
La llamarada de los inmolados nos muestra el mundo chato y sin salida de probablemente tres millones de adolescentes y jóvenes a la deriva, sin convocatorias ni vocaciones, excluidos en silencio en los márgenes de una sociedad que calla y no sabe integrarlos, positivizarlos.
La tragedia señala la insoslayable realidad de nuestra caída educativa y cultural. Nos muestra el grado de improvisación y de indisciplina colectiva. El problema está más allá de la puerta de emergencia cerrada con cadenas o de la renovación de las inspecciones o de las supuestas responsabilidades de los políticos. Más bien se habla de estos aspectos para omitir la realidad del desbordamiento subcultural que padecemos.
Los sacrificados representan esos miles de jóvenes que una o dos veces por semana se entregan al rito de saltar, gritar, sudar, emocionarse hasta el éxtasis ante el ruido estupidizante y las contorsiones de esas bandas de música estupidizadora, chamánica.
Se acepta sin mayores comentarios esa fatalidad de sound and fury (el sonido y la furia) de las discotecas y bailantas. Los chicos sienten que afuera y durante la larga semana es el territorio de inexistencia y de frustración. En el enloquecimiento colectivo y la confraternización, encuentran una imitación de lo espiritual, de cierta plenitud.
En ese otro mundo, penumbroso y ensordecedor, impulsados por el alcohol y las pastillas de moda, encuentran la exaltación vital que la sociedad diurna no sabe darles. En esa liberación patológica de energía y de afecto fácil encuentran alguna recuperación de la nadería de los estudios sin convicción y ante el escepticismo y las dificultades para acceder al universo del trabajo. Sienten que están en una tierra de nadie. Sobreviven incluso al margen en sus propios hogares. Nadie supo encender en ellos la pasión educativa, la cultura del trabajo o un sentido atractivo de la vida. Sólo al ingresar en la discoteca irán creciendo desde su aburrimiento a una exaltación vital al menos parecida a la de los avisos del hedonismo televisivo.
Nadie los convoca. Los políticos no tienen respuesta. Se finge que todo es normal. Agredidos y expulsados por el sol del domingo, los padres los verán llegar como a demacrados vampiros, con sus zapatillas calientes y sus remeras sudadas. Descienden del éxtasis falso a la pura nada .
Esta vez muchos no regresaron. Se sublimizaron en esa llamarada que ojalá nos sirva para una reflexión comprometida y extensa del tema, más allá del problema de las inspecciones y responsabilidades empresariales o municipales.
La Argentina está sumida en una costumbre de indisciplina y de permisividad comodona. Las expresiones colectivas se cargan invariablemente de un tono agresivo, insultante. Sea una protesta gremial o piquetera, sean las barras bravas o un mitin político, todo asume una expresión simiesca. Saltos y cánticos idiotas, insultos fáciles. La constante es el bombo atronador. El bombo, el instrumento más primario de la sinfónica.
¿Quién hubiera podido contener a esos miles de adolescentes que buscaban el delirio, el desarreglo de todos los sentidos? El empresario del local imploró para que no encendiesen las bengalas y los petardos. Fue insultado. En la Argentina, toda transgresión parece digna de mérito. Toda llamada a la disciplina parece ejercicio de represión.
El permisivismo de Estado (aparentemente una buena cualidad democrática) en el fondo oculta la cobardía del Estado. Para los políticos, desobligarse del mando es una forma de sobrevivir, escabullendo su presencia ante los problemas. Para los padres, desobligarse de la corrección y educación de los hijos es una comodidad que se paga cara.
Tal vez es por esto que los padres de los jóvenes muertos y heridos se empeñan en encontrar un chivo emisario que los calme de su hipocresía de renunciantes. Si involucran al jefe de gobierno o al empresario, creen poder aliviar el tremendo dolor de la pérdida. No saben que la culpa pertenece a otro mundo. El dolor es absoluto, intransferible, insuperable. La justicia, entendida como venganza, en nada cambia el absoluto existencial de la muerte.
Los padres, en su dolor, reiteran el esquema de exculpación personal y de inculpación de alguien que pueda cubrirlos de la responsabilidad que no supieron asumir ante sus hijos.
Pero más allá del problema legal, la llamarada trágica del Cromagnon ilumina la indigencia juvenil y la enfermedad profunda de esta Argentina incapaz de enfrentar con coraje y movilizarse ante la evidencia de su caída educativa, cultural, espiritual.
(*) El autor es diplomático y escritor.
Jueves, 06 de Enero de 2005 02:25 ;?> Hay 6 comentarios.
Edición chilena de Le Monde Diplomatique - 04 01 2005
Hace pocas horas despedía a mi hijo Sebastián en el aeropuerto de Gijón. Como siempre disfracé la tristeza del adiós con un par de chistes, y vi como mi joven hombre de veinte años, de la mano de su chica, me hacía señas antes de subir a la sala de embarque. Como siempre, porque el hombre es animal de costumbres protectoras por absurdas que éstas parezcan, permanecí ahí hasta que el avión despegó. Como siempre, hice un recuento de las días y horas compartidos, y me detuve en el recuerdo de una caminata por la playa solitaria mientras él me pedía que le contara mi último viaje a Chile. Emocionado le narré que había sido un buen viaje, que me había reencontrado con mis viejos amigos, con mis queridos compañeros de la guardia del presidente Allende, y que lentamente empezaba a planear mi regreso.
Mi hijo lucía con orgullo una camiseta del Foro Social Chileno, el bello dibujo de Federica Matta resplandecía con la luz marina.
- ¿Esa bestia sigue ahí, sin que lo toquen?, preguntó de pronto.
Sí, la bestia, el criminal, el asesino, el ladrón seguía en Chile, protegido por la más odiosa impunidad.
- Lo pasaremos bien en Chile. Tendré un par de caballos - respondí para conjurar esa presencia avergonzante.
Cuando el vuelo de mi hijo desapareció del panel de información regresé al auto, eché a andar el motor, y entonces el milagro de la radio me entregó la noticia más esperada: la Corte Suprema de Justicia rechazaba el recurso de amparo presentado por la defensa de la bestia, del criminal, del asesino, del ladrón, y sería sometido al juicio que espera la sociedad chilena, los chilenos que viven entre la cordillera y el mar, los que viven en la diáspora, los que nacieron bajo otros cielos y han crecido con nuestro amor por el lejano país salpicado de islas.
Confieso que creí que este día tan esperado no llegaría jamás, y no por desconfianza en la justicia, sino en los encargados de administrarla. ¿Cuántas vidas se habrían salvado si los tribunales chilenos hubiesen aceptado los recursos de amparo presentados por los familiares de los desaparecidos, de los asesinados en los centros de detención y tortura, de los degollados a medianoche y en horas en que sólo los criminales podían moverse por las calles de Chile?
Entre 1973 y 1989 se presentaron miles de recursos de amparo, los familiares acudían con testigos que habían presenciado las detenciones, los secuestros, los robos de personas, y ninguno fue aceptado pues la justicia chilena estaba en manos de prevaricadores, de cómplices del dictador.
No creí posible este día, pero al mismo tiempo, porque conozco y admiro la historia cívica de mi país, siempre intenté convencerme de que el juicio a Pinochet empezó cuando el último defensor del palacio de La Moneda disparó el último tiro en defensa de la constitución y la legalidad.
No será juzgado por todos sus crímenes, sino por algunos, tan salvajes y bestiales como todos los que ordenó desde su cobardía de sátrapa, desde su vileza de ser mediocre y obtuso, desde el hedor de su traición. Pero será juzgado, con todas las garantías que nosotros no tuvimos, y nos alegra que así sea porque creemos en la justicia.
Es deber de todos velar porque no le ocurra nada, que su salud se mantenga, que no le falte nada, y si es preciso hacer una colecta pública para mantenerlo vivo, pues la hacemos, ¿cuánto hay que poner? Lo que importa es que mi hijo, los hijos de todos los que sufrieron, y las viudas, y los padres que enterraron a sus hijos, y las novias de ajuar frustrado, y las abuelas que se quedaron con los mimos sin dueño, vean a la bestia fascista, al criminal a sueldo, al asesino de sueños, al ladrón de vidas y de bienes, fotografiado de frente y de perfil, con el número de reo bajo la quijada, estampando las huellas digitales de sus zarpas con la tinta negra de la vergüenza. Eso es lo que importa.
Mientras escribo estas líneas, mi hijo Sebastián vuela rumbo a Alemania y yo recuerdo el paseo por la playa desierta. Ahí le conté de mi regreso a El Cañaveral, aquel lugar sagrado entre los montes en donde el Dispositivo de Seguridad del Presidente Allende, el GAP, se preparaba para defender la vida de nuestros dirigentes, de los encargados de hacer realidad el más bello sueño colectivo de mi generación. Ahí, junto a "Patán", "Galo", "El Pelao" y otros de los mejores, de los más valientes compañeros que he conocido y cuya amistad es mi gran orgullo, simplemente recordábamos aquel sueño lleno de anécdotas y juventud.
Sé que ellos comparten esta serena alegría por este día, por este día tan esperado, en que la débil luz de la justicia se deja ver entre el humo de La Moneda en llamas, entre los rostros luminosos de todos los compañeros del GAP que cayeron y que jamás desaparecieron de nuestra memoria.
Jueves, 06 de Enero de 2005 19:52 ;?> No hay comentarios. Comentar.
Posted by Milodon City - Saturday, January 01, 2005
También aquí, donde los castores desvían el curso de los ríos y los guanacos miran con esbelta tristeza, ha surgido la vieja voz envolviéndome en vagos sueños. En esta tierra seca donde los grandes lagos escarchados inician su deshielo y las avutardas, siempre en pareja, gris el macho, marrón la hembra, picotean el suelo, algo irreprimible me ha obligado de nuevo a tratar de decir la vida con palabras insuficientes. A pensar en la blanca euforia de la nieve y en el caparazón rosa de las centollas cambiando de color a medida que cambia el día incierto. Cuántos años, cuánto tiempo, sin más ley, que la ineluctable que rige las mareas. Que la de los bosques de lenga envueltos en su barba verde, muriendo y renaciendo incluso antes de la llegada del hombre a la Tierra. Por tal razón trabajo los vocablos que deben introducirse en algún remoto pecho omo quien miles de años después recoge un pedazo de vidrio golpeado hasta conformar una punta de flecha, o como quien derriba todo un árbol para extraer de su tronco, ya pulido y desbastado, apenas un arco matemáticamente perfecto. Que me sea dada la paciencia con que la estalactita elabora su cuchillo transparente o la tenacidad con que el albatros viaja 20.000 kilómetros desde las Canarias hasta esta América. Me pregunto, entonces, si nuestra tarea podrá hallar tales equivalencias. Sin embargo en éste, el lugar más austral del planeta, donde los continentes a la deriva parecen concluir su errante viaje por la Tierra, algo que aún no sé nombrar te advierte sin remedio. Poesía, fatalidad del instinto reconociendo su cría entre los centenares de miles de ese rebaño que bala y se atropella. Desaparecen los últimos onas en medio de la peste del progreso y se esfuma el recuerdo de los anarquistas grabando en un fósforo, y desde su celda, himnos de independencia, pero del mismo modo, con la misma minuciosidad estéril, enciendo en la alta noche los extraños fuegos para que los perdidos navegantes a punto de naufragar (como don Hernando de Magallanes) encuentren su rumbo y sigan viaje en pos de su presa. Esa voluble, frágil y sonámbula quimera tras de la cual los hombres viajan y luego desaparecen.
Viernes, 07 de Enero de 2005 01:41 ;?> No hay comentarios. Comentar.
María Cecilia Magnet y Guillermo Tamburini, mis amigos, fueron secuestrados en Buenos Aires en la madrugada del 16 de julio de 1976. La hermana de María Cecilia, Odette, periodista radicada en Washington, en la carta llena de amor y dolor que publicamos a continuación, hace justicia al recordar a dos seres maravillosos que tuve la oportunidad de conocer en Buenos Aires entre 1975 y 1976.
* * * * * * * * * * * * * * *
Esta noche te escribo, hermana mía. No sé que decirte, ni siquiera sé si debo decirte algo en particular. Más bien quiero hablarte, saber que estás ahí, que me escuchas. Tengo el puro deseo de que nos juntemos no sé dónde pero que hablemos. Que me tomes de la mano como solías hacerlo cuando íbamos al colegio temprano por la mañana, tú caminabas y yo trotaba para seguirte el paso y hacía frío y andábamos un montón de cuadras. Tú dirás que eran unas pocas. Yo le pedía no sé a quién que no soltaras mi mano mientras me decías algo sobre que hay que mirar para lado y lado antes de cruzar la calle y yo te quería más que al recreo y odiaba a esas monjas alemanas que nos decían guten morgen al entrar.
Tantos años más tarde, me volverías a tomar de la mano. La noche del 14 de septiembre cuando me paré a hablar en la Universidad de Nueva York sobre mi hermana, María Cecilia, y su marido, Guillermo Tamburini. Sentí tu respiración en mi cuello mientras me acariciabas la espalda, mi espalda que siempre me duele. Estabas entre agradecida y sorprendida por lo que iba diciendo. La sala estaba llena y el silencio era profundo. Detrás de mí, la pantalla mostraba tu foto de niña con tu pelo rubio y tus manos cruzadas sobre tu falda, tu vestido de terciopelo azul y cuello de encaje blanco. Y luego tú con Willy en la orilla de algún mar. Otra foto de la familia, en un parque de Santiago a fines de los 50 y yo, la más pequeña, con ojos de asombro. Mariana no había nacido aún. La memoria desordenada en el tiempo, color sepia.
Con tu ayuda esa noche me armé de valor, aclaré la garganta y, salvo un quiebre leve en el tercer párrafo, leí mi texto con voz firme y resuelta. Por dentro, sangraba. Recordé cómo ambos habían sido secuestrados del departamento de la calle Córdoba 3386, cuarto piso, en Buenos Aires, en la madrugada del 16 de julio de 1976. Hablarlo, ponerlo en palabras, fue muy aliviador, sanador. Perdóname, no quise ser indiscreta ni violar nuestra privacidad pero tienes que entenderme, necesitaba hablar, necesitaba escucharme, necesitaba que supieran. Y necesitaba que tú supieras que no te he olvidado, que lo recuerdo todo, que mi memoria está fresca como ayer y antes de ayer y que sólo nuestras fotos se han teñido de sepia. Porque después de muchos años, voy lentamente quitándome las telarañas de silencio, de inercia, en la cual me sentí entrampada durante tanto tiempo. Poco a poco me he ido liberando de la sensación de culpa, de esa idea loca de que quienes debiéramos sentir verguenza o pudor o algo parecido somos nosotros, las familias de las víctimas, de los caídos, y no ellos. No sé bien quiénes somos los nosotros y menos sé quiénes son los ellos.
Nadie lo dijo así, claro. Nadie dijo que mejor no digan nada, no se sientan mal, no hagan olitas y la procesión va por dentro. Pero hoy me doy cuenta que eso estaba en el aire. En el país, incluso en la familia. Ya no más. En Nueva York lancé mi primer aullido público, mi primer grito y gemido. Y lo seguiré haciendo, con todo el dolor que pueda cargar, frente a quien me quiera oir. O leer. Porque sólo tengo la palabra y la memoria. Tanto dolor descoloca. Cuesta abrazarlo, lavar la herida del otro, cuesta más limpiar la propia.
Quedamos mudos, torpes, con nuestras bocas cerradas en una mueca rara y las manos de barro y a veces sonrío con tanta tristeza que mis labios se secan como en los peores días de invierno. Eso les sucedió a mis padres, es decir, a los nuestros, una vez que desapareciste. No es que la vida no volvió a ser la misma, como dice la gente. La vida no volvió a ser. A mi madre se le quebró la voz para siempre. A veces, cuando quería respirar profundo, se le escapaban unos sollozos que despertaban a mi hija recién nacida, Catalina. Mi hija. No tuviste tiempo de conocerla, de tomarla en brazos, de darle un beso. Te gustaría mi hija, hermana mía. Linda por dentro y por fuera, como eras tú. Un tornado, un huracán, como eras tú. Un remolino con dos piernas largas, una melena al viento. Pero, quién sabe, tal vez la conoces, la has visto caminar por las calles de Washington o de Santiago, tal vez escuchaste su risa gruesa, capaz de despertar a los muertos. Se parece mucho a ti, también a mí y a sí misma. Suelo decir, medio en broma, medio en serio, que tengo una hija activista.
-¿A quién habrá salido?- preguntan mis amigos.
Yo me sonrío de nuevo y pienso en ti. Mi hija no se pierde protesta, pega carteles, enciende velas, reparte volantes, ve los debates, apoya candidatos, defiende sus ideas y grita consignas. Es activa y activista. Le importa el mundo, le interesa de verdad la gente, traga ideas y mastica noticias, discursos y declaraciones. Pura vida. Ella sabe de ti y, sin decirlo, también te extraña.
¿Nuestro padre? ¿Quieres saber de él? ¿Lo ves, lo sigues desde dónde estás? Perdón, ¿dónde estás? Un día abrió un libro y el olor a polvo y tabaco de las páginas ya no estaba. Entonces supo que se había quedado más solo que nunca, con las manos vacías y el corazón lleno de angustia, de pura memoria. Entrampado en su dolor. Habría querido que no se enterara de lo que vino después. Incluso habría querido que tú no hubieras sabido pero difícil porque tú siempre te enterabas de todo. Llegó el día -no hace mucho- en que nos tocó ver cómo esos buzos se sumergieron en las aguas frías de la costa de Quintero y salieron a la superficie con unos rieles de hierro, pesados, mohosos. Fueron varios y sospecho que no serán los últimos. Hacía frío, era septiembre, mes de la patria, y el viento soplaba fuerte. Entonces pensé en ti. Se me escaparon unos sollozos muy similares a los de mi madre, nuestra madre. Y cuando el juez dijo lo que no queríamos escuchar, cuando confirmó nuestras sospechas y entendimos que los detenidos desaparecieron bajo el mar porque sus cuerpos fueron atados a esos rieles, pensé en ti. No pude atajar mi llanto. No pude contener mi pena, mi rabia la puta que lo parió y me sumergí en mis propias aguas de tristeza, de memoria queda, allá, al fondo de mi propio mar, el mío, el que nadie conoce. Ni siquiera tú.
Un sábado por la mañana, el juez entró a la casa del dictador, del asesino, y lo interrogó durante una hora sobre su participación en la Operación Cóndor y él contestó seis preguntas, después de aclarar que la operación ésa no era problema de él. De nuevo, pensé en ti. Y ya no más, dijeron sus abogados, no ve que le cuesta respirar y está agripado, se cansa, no puede mantenerse sentado, no tiene memoria pero así y todo contestó con dignidad de soldado. Rogué no sé a quién, a Dios, a alguien que me escuchara, que tú no estuvieras viendo, que no supieras, hermana. Pero no, sabía que estabas siendo testigo. Como yo, como tantos. Yo acuso. Acusamos. Te enteraste. Y escuchaste cuando el juez le preguntó si él había dado las órdenes para las detenciones, interrogatorios, torturas o desaparecimiento forzados de personas. Y él respondió que cómo se le ocurre, que él era Presidente de la República, que no le iban a informar de esas cosas chicas, que a él le informaban de cosas grandes, como el tema de la seguridad nacional y Argentina. No tenía tiempo para ocuparse de menudencias, ¡no ve que para eso estaban los mandos medios!
Entonces pensé en la gente que se enjuaga la boca con el perdón y la reconciliación y la necesidad de dar vuelta la hoja mientras levanta la copa en el cóctel de rigor y las palabras caen del aire como bolas de fuego en una magistral proeza circense que se cierra con un brindis. Sentí náuseas y en vez del llanto me inundó el vómito. Quise compartir contigo mi tristeza, mi vómito, mi rabia, lavar mis heridas, escupir la hiel, pararme de nuevo. Quise saber si a ti también te dieron arcadas mientras leías la declaración del dictador, si te refugiaste en tu propio mar, no el océano al que te arrojaron desde un helicóptero esa noche de invierno sino ése que es tuyo, de aguas tibias, calmas, con el sol que se desliza por la cresta de la ola y las gaviotas que hacen piruetas cuando se levanta la espuma. Quise saber si la mentira te duele, si la barbarie te hiere, si todavía puedes llorar y extrañar a los ausentes. Como tú, quise saber, comprender por qué tú ya no estás, por qué me dejaste sola, por qué soltaste mi mano.
Pero no soy la única que quiere entender. No sé por qué te lo cuento porque ya lo debes saber pero el año nuevo arrancó muy bien porque esta semana, precisamente, el dictador fue notificado en su parcela de Los Boldos de su arresto domiciliario y procesamiento como autor de nueve secuestros y un homicidio calificado en la llamada Operación Cóndor. Sus voceros dijeron que había firmado lo que correspondía, con altivez y el entusiasmo de un soldado. Te lo cuento y no lo creo. No, ni tú ni Willy están entre los casos pero está bien, sabes, lo importante es que ya no hay vuelta atrás y el dictador está tan solo en el mundo que ni sombra tiene ya y nadie en su sano juicio le cree su amnesia falsa.
También quiere entender por qué de pronto cambió el libreto y las cosas no están resultando como lo tenía pensado. Las hojas de Chile se están moviendo y él no lo sabe y parece remota la idea de esperar la muerte en su cama tibia, rodeado de su familia, con una sonrisa de misión cumplida en los labios. Poco promisorio se le presenta el mañana porque ahora resulta que no puede conciliar el sueño y en sus noches de insomnio no cuenta ovejas sino cadáveres. Cientos y miles se amontonan a los pies de su cama, a los costados, en la cabecera, entre las sábanas, frente al espejo. Son los caídos bajo la tortura o lejos en el exilio, los que no pudieron más y se suicidaron, los arrojados al mar y los enterrados en el desierto, los guardados vivos en los hornos de cal, los de las fosas comunes, los que nunca supieron de fuga ni enfrentamiento alguno, los quemados vivos, los secuestrados, los enemigos, los terroristas, los antipatriotas. La verdadera demencia puede resultar inevitable. Quizás. Pero ése ya no es mi problema, como diría él.
Yo sólo quiero pensar que tú estás muy lejos, hermana mía, lejos de la noche y el dolor. Lejos del olvido. No sé dónde, no importa porque ya nadie te puede tocar, empujar, humillar, maltratar, torturar. Nadie, nunca más. Estás a salvo, apañada en mi abrazo, clavada en mi memoria, acurrucada por el ruido de las olas de tu mar, con tu sonrisa dulce y tu alma en paz.
Viernes, 07 de Enero de 2005 17:36 ;?> Hay 1 comentario.
“Pero en la punta del árbol más alto haremos nidos... Y buscaremos otro viento mejor, uno que nos devuelva la voz. Y habrá estrellas como huellas del destino. Del camino de los que siempre gritaron y nadie escuchó. De los que siempre buscaron un viento mejor".
de la letra de “Otro viento mejor” del grupo “Los Callejeros”
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Estuve el lunes en la marcha por lo de la disco. Estoy tan indignado como el que más por la ineptitud de todo el sistema municipal de controles, habilitaciones, corrupción estructural, e incapacidad de gestión de las autoridades de la ciudad de Buenos Aires.
La imbecilidad y falta de respuestas del “progresismo-sopa boba” del Jefe de gobierno Ibarra, apesta. En Octubre habrá elecciones, y a Ibarra (Ex FREPASO), al que aun le restan dos años de mandato (no puede ser reelecto)ya no lo sostiene nadie. A su derredor, cada cual hace su juego. Unos con Lilita Carrio, otros con el socialismo. Otros con el transversalismo. Como cuervos que sobrevuelan la carroña, los “legisladores”, funcionarios, ex concejales, y burócratas de cuarta, se frotan las manos, reprimen una sonrisa burlona y se preparan para ver como es enterrado políticamente, su antiguo jefe, el ex fiscal Ibarra.
Hasta aquí nada nuevo. Me rebelo, pero no me sorprendo. Pero lo que es totalmente inadmisible, dentro de este cuadro miserable y patético, es el intento descaradamente oportunista de la izquierda testimonial y citadina por montarse en la legítima bronca popular contra todo el sistema de corruptos e ineptos funcionarios, pretendiendo reflotar y montar un revival nostálgico del “que se vayan todos” de Diciembre del 2001. Esterilizan todo cuanto tocan. Sean asambleas barriales, conflictos gremiales o protestas populares legítimas, con un accionar hegemonista, agitacionista y sectario, como lo demostraron en la marcha protagonizada por más de seis mil personas, el día lunes por la tarde.
El comisario que hoy está internado en terapia intensiva, producto de un certero baldosazo en la cabeza es el mismo que dos semanas antes reprimió con violencia a las organizaciones sociales Aukache, Jauretche y 30 de Enero, cuando protestaban pacíficamente frente a la Jefatura de gobierno por otro incumplimiento del gobierno de Ibarra: El pago y la renovación de unos pocos y miserables planes sociales con que se sostienen decenas de familias de la Boca y San Telmo.
Pero no es a baldosazos como vamos a arreglar esto. En todo caso, deberán ser baldosazos políticos. A la cabeza del sistema. Organizándonos y tomando el poder gubernamental, aquellas organizaciones político-sociales identificadas con un proyecto popular, de inclusión social. Debemos delimitarnos tajantemente de cualquier tentación de ejercicio de la violencia elitista y provocadora.
La canalización espuria de la legítima bronca, la frustración y la impotencia de los de abajo, a través de salidas oportunistas y provocaciones como las protagonizadas por un grupito, ya sobre el final de la marcha, no nos llevarán a ningún lado. O si. A que haya otro muerto que lamentar, y se desate una represión, desde la cual, poder cerrar la explicación, de que “la policía de Kirchner, está del lado de los poderosos, contra los pibes de la disco”, que protestan con justa razón.
Se está armando el un frente gorila con un ala derecha (Macri-Lopez Murfi-Blumberg) y un ala Izquierda (Zamora-Altamira-Castells) para golpear al gobierno nacional, responsabilizándolo por la masacre de la disco. Colaboran en forma entusiasta: Haddad, La Nación, Continental, y casi todo el sistema de multimedios cipayo.
Los mismos liberales que desmontaron el estado, reclaman hoy ofuscados frente a la inacción del estado. Los enemigos de las regulaciones y los controles, exigen mayor regulación y control. Los mismos adalides del libre mercado, y la responsabilidad empresaria privada, se trasvisten en indignados ciudadanos, y reclaman cual si fuesen ciudadanos suecos. Los Blumberg que no pagan sus impuestos al estado provincial, reclaman al gobierno nacional, por no aparecer hablando en cadena. Los mismos que acusan de personalismo, hegemonismo, autoritarismo, y manejo mediático de todos los temas al presidente, chillan hipócritas, porque el presidente evitó - con buen tino- quedar como un oportunista y demagogo, frente al dolor ciudadano.
No jodamos. No nos dejemos joder !!
Estemos atentos, exijamos justicia, pero no nos dejemos usar en una campaña política que a través del golpe al desahuciado Ibarra, busca, por elevación, golpear al gobierno nacional, y no precisamente por sus ostensibles limitaciones, sino por que no es un gobierno propio, de la clase “decente”, en el sentido Blumbergeano del término.
En mi opinión, lo de Ibarra es absolutamente indefendible. Hizo muy bien el gobierno nacional en delimitarse y tomar contacto directo con los familiares de las víctimas.
Hay en curso una movida de la derecha oligarca, que busca identificar y atacar “al progresismo y al montonerismo gubernamental” como un todo demoníaco y enemigo de la “sociedad decente”, especie de hidra de mil cabezas hecha de rockanroleros, garantistas, drogadictos, estatistas, ateos, montoneros, homosexuales, defaulteadores y travestis. Esta campaña comenzó con los ataques al acto de la ESMA, siguió con la campaña ultramontana contra el programa de educación sexual en las escuelas de la ciudad de Bs As, y cristalizó en la reacción conservadora e intolerante frente a la polémica exposición del pintor Ferrari o la propuesta de despenalización del aborto. Por el otro lado, la izquierda, atiza el fuego, con provocaciones irresponsables, buscando -pareciese- un nuevo Kosteki o Santillan para enrostrarle al gobierno “represor” de Kirchner, su claudicación total.
Su último hallazgo, es reclamar (a falta de soviets, buenas son las comisiones..) la formación de una “comisión investigadora autónoma” que determine las responsabilidades y castigue a los culpables... Sin palabras...
En la marcha del lunes, el Sr Blumberg, fue expulsado a escupitajos, y a puteada limpia. Con mejores modos, a Castells y Nina Peloso, también les pidieron no sumarse a la movida.Los familiares de las víctimas permanentemente repetían por los micrófonos: “Cuidado, no permitamos que se “infiltren” en la marcha los políticos... Ellos mataron a nuestros hijos”. Y en realidad, esta prevención de los pibes y pibas “Callejeros”, lejos de demostrar una despolitización o una actitud sectaria, expresa más bien, una clara intuición y una sana desconfianza frente a la “partidocracia corrupta” del Ibarro-delaruismo-Macrismo, pero también frente a la imbecilidad esterilizante de una izquierda testimonial, sin ideas y sin votos.
Los pibes seguidores de Los Callejeros tienen razón. Como la tenían los motoqueros combativos en aquel otro caliente Diciembre del 2001. El hartazgo, y el rechazo a los políticos oportunistas, es síntoma vital de salud. Sean del signo que sean.
Quienes apostamos a recuperar nuestra patria, cambiándola de raíz, debemos redoblar nuestra confianza en la sabiduría profunda de nuestro pueblo. Debemos estar atentos a todos los signos, aún los más imperceptibles, pues indican que algo importante está por pasar.
Dicen que en la víspera del Tsunami que arrasó el sudeste asiático, los animales percibieron el peligro y se pusieron a salvo, veinticuatro horas antes que la ola gigante devastara todo a su paso.
Bueno sería que algunos políticos argentinos, tomen nota de ciertos signos aparentemente nimios que están pasando hoy mismo frente a sus narices. Suena como un latir agitado de corazones, Suena como un murmullo sordo, que viene de allende la Av.Gral Paz...Se parece a la impaciencia. Se parece a la frustración. Se parece al hartazgo popular. Sería bueno que tomen ejemplo de los sabios perros de Tailandia. No sea cosa que luego, sea demasiado tarde.
“Pero en la punta del árbol más alto haremos nidos... Y buscaremos otro viento mejor, uno que nos devuelva la voz".
Sábado, 08 de Enero de 2005 23:32 ;?> No hay comentarios. Comentar.
El horrible episodio del boliche Cromagnon sintetiza los rasgos del proceso destructivo a que está siendo sometido el país. El terrible episodio del boliche incendiado en el barrio porteño del Once, en vísperas del Año Nuevo, provoca horror, indignación y náusea
.
Este hecho se erige en un símbolo que condensa casi todas las maldiciones de la Argentina actual, a saber: irresponsabilidad estatal, en lo referido al incumplimiento de los controles que deben ser de rutina en ese tipo de lugares; corrupción vinculada a esa falta de vigilancia y/o falta de presupuesto para tornarla eficiente; codicia empresarial que valora más el "ahorro" de unos miserables pesos que la seguridad de un local al que se había provisto de un aislamiento sonoro prohibido por su combustibilidad y toxicidad en caso de incendio; más codicia, evidenciada en el cerramiento hermético de las salidas de emergencia para evitar la presencia de colados; imbecilidad de quienes arrojaron la pirotecnia que desencadenó el desastre; desprecio por el otro, ínsito en todas estas actitudes; desorganización en la provisión del socorro y cobertura mediática afligida por el sensacionalismo y la demagogia.
Hubo incluso un periodista que se indignó en cámara porque un funcionario tuvo la osadía de definir el comportamiento de los "chicos" que tiraron la cañita voladora, como imprudente.
Pues sí, fue imprudencia: hubo inconsciencia suicida en esa actitud, aunque obviamente a quien eso hizo se lo deba colocar último en el listado de las responsabilidades. Como también a quienes, estando a su lado, no intervinieron para impedir que hiciera lo que estaba haciendo. La generosidad de quienes se jugaron luego la vida para sacar a sus compañeros de la trampa mortal, no basta para equilibrar los pesos.
Pero el problema es más vasto, está en la recurrencia de la impunidad y negligencia que rodean a estos y a tantos otros episodios que quebrantan la ley. Y sobre todo en el carácter de síntoma que estos tienen respecto de los gérmenes autodestructivos que se han inoculado en la sociedad argentina y que algo tienen que ver con su incapacidad para exigir de sus dirigentes las pruebas de idoneidad, ética e inteligencia que cabe requerir de quienes se hacen cargo de esa responsabilidad.
No comparto el criterio de quienes piensan que los argentinos estamos afligidos de una tara genética, que nos haría incurrir en una criminal ligereza. Creo más bien que esa liviandad, si bien puede ser en parte un sedimento no asumido de las ilusiones (perdidas) que informaron al país en épocas más pródigas, es un dato inyectado deliberada y lentamente en la psiquis nacional para anular su autoconciencia y para arrojar a quienes se encuentran más indefensos ante el ataque -esto es, a los jóvenes- al culto de una transgresión inútil, segura garantía de que no se les pasará por la cabeza cuestionar las causas de la situación del país y las de su propio desarme frente al sistema.
El culto a la incultura
Se ha tejido, desde los medios en general y desde la televisión en especial, una cultura de la banalidad, de la mediocridad y de la bobada que no tiene paralelo en el mundo. Sus ecos los encontramos en el lenguaje cotidiano: no sólo por la incapacidad para designar que deviene de la cada vez mayor pobreza lingüística, sino por el empleo de muchos términos característicos de una actitud, entre mimosa y blandengue, que impregna a gran parte de los estratos medios de nuestra sociedad y que trasunta un apartamiento de cualquier tesitura tónica y severa frente a la realidad.
Los medios se hacen diligentes propaladores de términos que se suponen cariñosos como "los chicos", "las mamás", "los abuelos" y "la gente" para designar a los jóvenes, las madres, los ancianos y el pueblo.
En cierto modo, este lenguaje refleja la tesitura renunciataria de que hablamos. "Chicos" es una extensión de bebés, las "mamás" hacen pensar en el café con leche antes que en las madres dadoras de vida, los "abuelos" parecen ser los seres provectos a los que hay que cuidar (en teoría) antes que los ancianos transmisores de la sabiduría de una experiencia existencial, y la "gente" es una entidad amorfa, muy distante de los contenidos implícitos en la palabra pueblo, que suponen una disposición volitiva y un sentido de la dirección, incluso en el seno del tumulto.
Esos sectores propensos al uso de este lenguaje indeterminado, cuando son golpeados por la tragedia, como en este caso, o por el desastre económico, como en ocasión del "corralito" (otro eufemismo para no decir expropiación), tienen reacciones de rabia y desesperación, pero que se agotan en su formulación, no cuestionan los motivos por los cuales pasa lo que pasa y no llegan a articular una alternativa coherente para salir del impasse.
En este esquema mental, la culpa la tienen siempre otros, lo cual puede ser cierto; pero nadie se pregunta por qué esos otros avanzaron hasta poseer ese poder discrecional, de vida o muerte, sobre el destino de millones de personas, incluidas aquellas que protestan.
El núcleo del problema
Esta descomposición de la voluntad arranca de una falta de identidad provocada por el sistemático oscurecimiento de la naturaleza de los procesos que gestaron nuestra historia. Y del sabotaje que se ejerce para impedir ir al centro de una problemática nacional generada por nuestra situación dependiente.
En este tipo de procedimiento, la inducción de la anomia social es un recurso maestro. Después de la catastrófica experiencia de la dictadura, se hizo más fácil montar el escenario para esta cancelación de la conciencia. Incluso la gesta de Malvinas, mal parida por el oportunismo y la inepcia de quienes la impulsaron, pero punto de referencia identitario para millones de argentinos, fue desvalorizada sistemáticamente.
La oleada de liberalización que siguió al régimen militar instrumentó el legítimo rechazo a sus abusos, dirigiéndolo a alentar una pseudo rebeldía juvenil que se volcó en las formas de vestir, de hablar, de vincularse y de adscribirse a distintas tribus. Librados a sí mismos, carentes de la orientación de unas familias cada vez menos contenedoras y atraídos por la trampa de un consumismo imposible, el inconformismo juvenil se transmutó en una agitación sin objetivos y propensa a la autodestrucción.
Las responsabilidades por el desastre del boliche Cromagnon son específicas y tocan primordialmente a las autoridades y a los empresarios que incumplieron todas y cada una de sus obligaciones. Deben pagar por ello. strong>Pero las raíces del problema son más hondas y se vinculan a la incapacidad de comprender que no hay libertad individual sin libertad colectiva, y que no basta con pedir la cabeza de un funcionario público para que las cosas se encarrilen, sino que se requiere de una búsqueda de conocimiento y de una voluntad de transformación activa, sólo verificable en un compromiso político, para develar las causas de lo que nos está pasando y para operar sobre ellas.
Sábado, 08 de Enero de 2005 20:01 ;?> No hay comentarios. Comentar.
VENTA, RE-VENTA Y OTRA VEZ VENTA DE UN MONOPOLIO: ESSBIO
1 - Para el hombre existen tres elementos materiales vitales: El Agua, la Tierra y el Aire.
2 - LA PRIVATIZACIÓN DEL AGUA POTABLE se ha convertido en el símbolo de la barbaridad cometida por las autoridades al privatizar un elemento esencial para la vida.
3 - PRIMERA VENTA. Hace 15 años atrás resultaba inconcebible que se vendiera este elemento esencial para la vida. El Presidente Lagos vendió un bien de todos los chilenos, sabiendo que sus propietarios (los ciudadanos) NO estaban de acuerdo con esta enajenación. Se vendió a la empresa inglesa Thames Water.
4 - SEGUNDA VENTA. Los propietarios de Thames Water a las 24 horas, de adquirida, la vendieron a la tercera empresa más grande en el mundo que gestiona el Agua Potable: La empresa Alemana RWE.
5 - TERCERA VENTA. Esta empresa alemana coloca en venta en Enero del 2005 Thames Water que es el monopolio en la VI, VII, VIII Regiones.
6 - Resulta evidente que esta empresa extranjera ANTEPONE SUS NEGOCIOS al servicio y bienestar de los chilenos. Quedamos a merced de la magnitud de las utilidades que desean obtener. NO tenemos otra alternativa.
7 - SE PRIVATIZÓ ESTA EMPRESA PÚBLICA. Su funcionamiento era modelo de eficiencia y eficacia en todo el país. Que estaba realizando sus inversiones programadas, construcción de plantas de tratamiento de aguas servidas, sus tarifas eran muy inferiores, se desarrollaba con un sentido y sensibilidad sociales, sus trabajadores estaban en mejores condiciones...
8 - NO SE ESCUCHÓ A LA CIUDADANÍA. Nuestro Movimiento realizó una consulta. Votaron 136.783 personas. El 99,01 % se opuso a la enajenación de su empresa.. Todos con su carné de identidad en lugares y escrutinios públicos. El Presidente Lagos fue informado personalmente. Ministros, Intendentes, todas las autoridades y los dirigentes políticos estuvieron informados de este resultado. No cumplieron lo prometido: Consultar y escuchar a la gente.
9 - ¿DE QUIÉN ES LA RESPONSABILIDAD? Es responsable el Presidente Lagos que ya como Ministro había privatizado empresas de Agua Potable de otras Regiones. También el Ministro de OOPP; el Intendente, el Presidente y Miembros del Directorio de la empresa pública ESSBIO, otras autoridades...
10 - ELLOS DEBEN RECONOCER QUE COMETIERON UN GRAVE ERROR AL ENAJENAR EL AGUA. DEBEN CORREGIRLO.
11 - SOLUCIÓN. Que esta empresa monopólica y estratégica vuelva a ser de todos los chilenos.
12 - ¿POR QUÉ NO SE CONSULTA A LOS CIUDADANOS? Se realizan encuestas para conocer la opinión de los ciudadanos sobre los pre - candidatos y otras materias menores. ¿Por que no se realiza una encuesta para conocer la opinión de los ciudadanos sobre la calidad de los servicios, sobre el alza de tarifas, el despido de los trabajadores, la falta de mantenimiento de los grifos de agua -que ya han resultado inútiles- para que puedan ser usados por los bomberos en caso de incendios? ¿Por qué no se consulta a los ciudadanos sobre nuestra propuesta que ESSBIO vuelva a ser pública?
ESTO ES LA CRÓNICA DE UN DESASTRE QUE ANUNCIAMOS.
Atenta y cordialmente:
Dr. Edgardo Condeza Presidente MOVIMIENTO POR LOS DERECHOS Y LA CONSULTA CIUDADANA econdeza@entelchile.net
Lunes, 10 de Enero de 2005 15:07 ;?> No hay comentarios. Comentar.
FRAGMENTOS DEL LIBRO "CHÁVEZ NUESTRO", PUBLICADO EN CUBA
Lo que sigue fue tomado del diario "Juventud Rebelde" que comparte en exclusiva con sus lectores fragmentos de la entrevista concedida por el Presidente venezolano a los periodistas Rosa Miriam Elizalde y Luis Báez, para el libro "Chávez nuestro", que fuera presentado durante la reciente visita a Cuba del líder de la Revolución bolivariana
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Por Rosa Miriam Elizalde y Luis Báez
TODOS LOS NIÑOS TIENEN UN SUEÑO
Todos los niños tienen sueños y yo no tuve uno, sino dos. El primero nació uno de esos fines de año en que mi papá, quien acababa de regresar de Caracas tras un curso de mejoramiento profesional del magisterio, me regaló un ejemplar de la Enciclopedia Autodidacta Quillet. Eran cuatro tomos grandes y gruesos, con muchas figuras y gráficos. Me los bebí y viajé por el mundo a través de las ilustraciones y las historias. Hasta un pequeño curso de alemán traían aquellos libros, y me empeñé, con mi primo Adrián, en aprender ese idioma. Adrián soñaba con ser torero, miraba una foto y decía: “Cuando yo esté en la monumental de Valencia…” Ese era su sueño, y el mío era ser pintor. Gracias a aquellos ejemplares empecé a dibujar y, años más tarde, pasé unos cursos de pintura en Barinas, durante el bachillerato. Salía del liceo por la tarde y me iba a la escuela de pintura Cristóbal Rojas. Me daba clases una profesora bien bonita que nos advertía: “Lo más difícil de pintar son las manos”, y nos ponía unos moldes para que las dibujáramos. Ella nos explicó la técnica del claroscuro y la combinación de colores.
Mi otro gran sueño era el béisbol. Lo traía en el alma desde niño, pero fue en Barinas donde se consolidó, cuando ingresamos en un equipo organizado en 1967 ó 1968. Mi ídolo era Isaías “Látigo” Chávez, magallanero, un muchacho de Chacao que no era familia nuestra. A los 21 años estaba ya pitcheando en las Grandes Ligas. Le decían Látigo porque lanzaba como si tuviera un látigo en la mano derecha. Nunca lo vi porque televisión uno nunca veía -vine a verla de cadete-, pero logré imaginarlo muy bien, gracias a un extraordinario narrador que tuvimos en Venezuela, Delio Amado León. Lo escuchaba por radio: “Se prepara Isaías Chávez, levanta una pierna… El Juan Marichal venezolano lanza una recta…; strike, el primero”. Eso todavía lo tengo aquí, dentro de la cabeza.
El 16 de marzo de 1969, un domingo, me levanté un poco más tarde. Mi abuelita Rosa estaba preparándome el desayuno, y encendió el radio para oír música y de repente: “Última hora, urgente”, y salió la noticia, fue como si por un momento me hubiera llegado la muerte. Se había desplomado un avión poco después de despegar del aeródromo en Maracaibo y no había sobrevivientes. Entre ellos iba el “Látigo” Chávez. Terrible. No fui a clases ni lunes ni martes. Me desplomé. Hasta me inventé una oración que rezaba todas las noches, en la que juraba que sería como él: un pitcher de las Grandes Ligas.
A partir de ahí, el sueño de ser pintor fue desplazado totalmente por el de ser pelotero. Empecé a darme a conocer en el ambiente beisbolero de Barinas, y al año siguiente estaba en un campeonato zonal, como pitcher. Me decían que necesitaba fortalecer las piernas, y me ponía a trotar. Corría todos los días. Mi abuelita: “Se va a volver loco usted”. Llegaba del liceo y empezaba a lanzar piedras y cosas contra una lata que ponía junto a una palmera del patio. Hasta construí un dispositivo muy rústico para batear limones y perfeccionar los lanzamientos: “Usted me está acabando con los limones” -decía Mamá Rosa.
Se me metió una idea fija, pero fija, fija, de que tenía que ser pelotero profesional. Estuve tres años como pitcher abridor en Barinas. Eso me hizo daño, porque, además de mi obsesión, que ya era exagerada, me pusieron a pitchear en la categoría superior, como relevo. El brazo no aguantó.
LA PASIÓN POLÍTICA
Mi hermano Adán fue uno de los que más influyó en mis actitudes políticas. Él es muy humilde y no lo dice expresamente, pero tiene una gran responsabilidad en mi formación. Mi hermano estaba en Mérida y era militante del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR). Yo no lo sabía, solo me llamaba la atención que él y sus amigos iban todos de pelo largo, algunos con barba. Aparentemente yo desentonaba con mi cabello cortico, mi uniforme.
Estaba naciendo el Movimiento al Socialismo (MAS), y yo andaba por ahí. Otros -Vladimir Ruiz y los hijos de Ruiz Guevara, un viejo comunista- estaban fundando la Causa R. Éramos amigos, y me aceptaron, con uniforme y todo. También hubo su discusión, claro. Cierta vez uno de esos muchachos, un hombre joven, me dijo: “Este uniformado debe ser uno de esos parásitos”. Casi nos entramos a golpes, pero el grupo me defendió. “Respeta, vale, que este es Hugo Chávez, amigo nuestro”.
Había una gran discusión política y muchas lecturas. Ahí me fui interesando por el tema social, aunque si miro más atrás, siempre tuve, desde niño, simpatías por los rebeldes. Esa zona de Sabaneta fue una zona insurgente. De mi pueblo varios se fueron a la guerrilla, y mi padre estuvo vinculado al Movimiento Electoral del Pueblo (MEP), de tendencia socialista, dirigido por el viejo Luis Beltrán Prieto Figueroa. Aunque tenía esa inclinación hacia la izquierda y el camino abonado hacia las preocupaciones políticas, nunca me incorporé a partido alguno. En una ocasión asistí con Adán a una de sus reuniones, como oyente, vestido de civil.
Fueron dos los acontecimientos que dispararon en mí una vocación política, que radicalizaron mi pensamiento. En primer lugar, el hecho de haber formado parte de un experimento educativo en la Fuerza Armada Nacional (FAN), conocido como el Plan Andrés Bello. Nos hicieron exámenes muy rigurosos y, ya en la Academia, nos aplicaron un filtro. Entramos 375 y nos graduamos 67. Hay un corte bastante profundo entre la vieja escuela militar y la nueva, con un grupo de oficiales de primera línea, entre ellos el director de la Academia, que es nuestro actual embajador en Canadá, el general Jorge Osorio García. También, Pérez Arcay, Betancourt Infante, Pompeyo Torralba...
Ese grupo de oficiales se dio a la tarea de forjar aquel ensayo a conciencia. Incorporaron también a profesores civiles y se preocuparon por darnos una formación humanista. Con ellos estudiamos Metodología, Sociología, Economía, Historia Universal, Análisis, Física, Química, Introducción al Derecho, Derecho Constitucional… El Consejo Nacional de Universidades (CNU) exigía estudios superiores para avalar la licenciatura.
El Plan Andrés Bello contribuyó enormemente a nuestra formación, aun cuando no basta con él para entender lo que ha ocurrido en la FAN. Hay otros muchos factores, porque también han salido de ahí unos cuantos traidores. De mi promoción y de las que vinieron después he recibido solidaridad y una compenetración mayor de las que imaginaba. Sin duda, los que se prestaron al golpe de abril de 2002 fueron graduados anteriores a nosotros, especialmente de la promoción inmediatamente anterior, que ha sido la última línea de retaguardia de la oligarquía, el último arañazo del fascismo y del anticomunismo.
El segundo acontecimiento, asociado a lo anterior, fue el descubrimiento de Bolívar. Comencé a leer vorazmente de todo, pero en particular sus propios textos y los materiales relacionados con su pensamiento y su biografía. Noche tras noche me iba para las aulas a estudiar, después del toque de silencio, a las nueve. Nos permitían estar allí hasta las 11 de la noche, y a veces me quedaba. En ocasiones me encontraron dormido encima de un pupitre y con un libro abierto. Recuerdo a un brigadier colombiano, que hoy es general en su país, quien un día me encontró así y pensé que me iba a castigar. Me dijo: “No, no, lo felicito, cadete, por su espíritu de superación”.
BOLÍVAR
A mi promoción le dieron el nombre de Bolívar. Ese fue para mí un día de emoción y júbilo. Se oponían algunos viejos militares, quienes argumentaban que el nombre de Bolívar era muy grande para un grupo, que sería enorme el compromiso que llevaríamos, que ya había otra promoción llamada de esa manera -la de 1940-. Aun así, nos dieron ese nombre y a partir de entonces no fuimos otra cosa que “los bolivarianos”, y nos sentíamos como tales.
Desde la Academia, no solo impartía de vez en cuando algunas charlas a los soldados sobre el pensamiento del Libertador, sino que cuando me tocaba sancionar a los cadetes, jamás les imponía un esfuerzo físico -dar vueltas al patio corriendo, que era lo que se hacía-, sino que los paraba en grupitos frente a la estatua de Bolívar. Les leía sus textos, o los llevaba a un salón de clases, a la hora del casino y de la diversión, y les contaba pasajes de la Campaña Admirable.
Esa pasión por Bolívar comenzó en aquellos años, estudiando la Historia Militar con el general Jacinto Pérez Arcay y con el comandante Betancourt Infante, que era otro excelente instructor de Historia. Pérez Arcay les contó a ustedes el lío del cual me salvó, luego de una conferencia en la casa natal de Bolívar, en la que me enfrenté públicamente a alguien que dijo que el Libertador era un tirano.
En mi intervención de ese día traté de argumentar la situación que afrontó Bolívar. Sí, él gobernó realmente bajo dictadura; pero una cosa es una dictadura por necesidad, por obligación, debido a la anarquía, y otra, tiranizar a un pueblo. En una ocasión, le dijo a su pueblo: “No me pidan que hable de libertad, ¿cómo hablar de libertad, si he asumido la dictadura?”.
Frente a aquella tendencia antibolivariana, de descrédito a su figura, comencé a argumentar con datos históricos esa situación. ¡Ah!, entonces alguien dice -una mujer-: “Estos son unos pichones de dictadores”, le repliqué duro y se abrió el debate. Después se paró un profesor de historia del MEP y defendió mi posición. La novedad llegó a la Academia. Tuve que hacer un informe el domingo por la noche y Pérez Arcay me salvó de aquel lío que hubiera podido costarme la expulsión de la Academia por emitir opiniones políticas.
Cuando Carlos Andrés Pérez me entregó el sable de graduado en la Academia, ya yo traía el acimut, la brújula perfectamente orientada. El Hugo Chávez que entró allí fue un muchacho del monte, un llanero con aspiraciones de jugador de béisbol profesional. Cuatro años después, salió un subteniente que había tomado el rumbo del camino revolucionario. Alguien que no tenía compromisos con nadie, que no pertenecía a movimiento alguno, que no estaba enrolado en ningún partido, pero sabía muy bien a dónde me dirigía. Como dijo José Ortega y Gasset, “soy yo y mi circunstancia”. Hugo Chávez ya era el hombre y su circunstancia.
LOS PRIMEROS SIGNOS DE REBELDÍA
El dolor disparó en mí muchas cosas. El año 1982 fue de muerte y de vida. Nació mi hijo Hugo. Ascendí a capitán. Fue, también, el año del juramento del Samán de Güere. Ya estaba prácticamente consolidado como militar, después de haber pasado por muchas dificultades, por dudas: me quería ir, no me quería ir…
En la profesión militar, la Orden de Mérito es muy importante. Eres de los primeros o eres de los últimos. Por tanto, ser de los primeros es muy importante para el militar, particularmente para quienes hemos tomado la carrera como un apostolado. Me gradué con el número siete en la Academia, y éramos 67. Sin embargo, llegué a teniente entre los últimos, porque tuve muchos problemas. Como vaticinaría mi abuela, era rebelde pues.
Discutía con los superiores, nunca me quedaba callado. Tuve un lío serio en un campo antiguerrillero, porque vi cómo torturaban a unos campesinos, supuestos guerrilleros, prisioneros de guerra. Les estaban pegando con un bate forrado en una cobija y daban unos gritos tremendos. Se notaba que eran pobres gentes, casi muertos de hambre, flaquitos. Me enfrenté al coronel: “No, yo no acepto esto aquí”, y le quité el bate y lo lancé lejos. Luego el coronel hizo un informe en mi contra, acusándome de haber entorpecido el trabajo de Inteligencia… Llegué incluso a pensar en irme para la guerrilla y hasta fundé en 1977 un ejército: el Ejército de Liberación del Pueblo de Venezuela. Ahora me río cuando lo recuerdo, porque sus miembros no llegábamos a diez.
Después de graduarme en la Academia y pasar por Barinas, formé parte de un batallón antisubversivo, primero en Cumaná y luego en San Mateo, en Anzoátegui. Estudiamos lo que era la guerra subversiva, pero ya yo me lo cuestionaba todo. Creo que desde que salí de la Academia ya estaba orientado hacia un movimiento revolucionario. Andaba muy inquieto, conversaba mucho con Adán y con otros compañeros de la izquierda. A esta influencia, se unió la investigación histórica sobre Maisanta. Todo ello fue alimentando mi sentimiento de rebeldía. En esa etapa comencé a leer a Fidel, Che, Mao, Plejanov, Zamora…, y libros como Los peces gordos, de Américo Martín; El papel del individuo en la historia; ¿Qué hacer? Y, claro, ya había empezado a estudiar profundamente a Bolívar.
Por cierto, algunos de aquellos libros aparecieron en la maletera de un Mercedes Benz viejo y agujereado por los tiros, que encontramos casualmente en un puesto antiguerrillero. El carro llevaba no sé cuántos años allí, arrumado dentro del monte. Agarré aquel botín, recompuse los libros, los mandé a empastar, me los leí y los guardé. Creo que todavía conservo algunos por ahí. Por tanto, me hice un hombre de izquierda a los 21 ó 22 años.
¿Cómo definir políticamente a una persona que se ha declarado maoísta, guevariano, marxista, bolivariano, peronista…?
Sencillamente soy un revolucionario.
Lunes, 10 de Enero de 2005 01:07 ;?> No hay comentarios. Comentar.
El 22 de marzo de 1960 fueron depositados en Montegrande los restos mortales de nuestra poetisa Gabriela Mistral. Se cumplían así sus deseos de reposar en las tierras familiares y silenciosas de su amado valle del Elqui, su río de la infancia. A nombre de la Sociedad de Escritores de Chile, el poeta Julio Barrenechea pronunció algunas palabras para despedir a la ilustre viajera en su última andadura: “La hemos traído al sitio que modeló su espíritu, que templó con esmero la primitiva cuerda de su gracia en germen. Aquí la hemos traído y aquí la sembramos, para que su árbol prospere eternamente, abriendo benéfica sombra sobre el mundo. Del Cementerio General de Santiago, camino a Montegrande, partió como el fondo de un río dormido, entre dos orillas de niños chilenos. Su paso dejó por las largas calles, una huella de flores. Fue como si hubiera pasado la primavera”.
Gabriela Mistral se llamó así desde 1914, cuando ganó en Santiago los juegos florales organizados por la Sociedad de Artistas y Escritores con sus “Sonetos de la Muerte”. Un jurado que formaron Manuel Magallanes Moure, Miguel Luis Rocuant y Armando Donoso escogieron su nombre entre los numerosos poetas que postularon al triunfo. El premio consistía en una flor natural, una medalla de oro y una corona de laureles.
En ese tiempo era profesora del Liceo de Niñas de Los Andes y en sus ratos de ocio se dedicaba a leer y escribir.
Profesionalmente se llamaba Lucila Godoy Alcayaga y había nacido en la pequeña ciudad de Vicuña el 7 de abril de 1889, en la calle Maipú 759, que ocupaban sus padres Jerónimo Godoy Villanueva y Petronila Alcayaga. Su padre era un hombre culto que enseñaba en escuelas provinciales. Era músico y poeta y le gustaban las fiestas y pasarlo bien. Abandonó el hogar y murió en 1915.
Entre 1918 y 1920, Gabriela Mistral fue directora del Liceo de Niñas de Punta Arenas. Aquí hizo clases a las mujeres obreras y a los trabajadores rurales, escribió buena parte de los originales de “Desolación” y miró la nieve melancólica de esta tierra “que no tiene primavera”.
Nuestra Premio Nobel de Literatura falleció en el Hemsptead General hospital de Nueva York el 10 de enero de 1957, de un cáncer al páncreas.
Martes, 11 de Enero de 2005 03:19 ;?> Hay 3 comentarios.
El reciente cataclismo y maremoto que afectó a las costas de Asia ha vuelto a poner de relieve esta costumbre informativa tan nuestra. Que es un hábito de los medios, pero que se funda en una determinada manera, pequeña, provinciana y ombliguista de ver el mundo y sus circunstancias.
Con ocasión de los atentados terroristas a las Torres Gemelas, aquel fatídico 11 de septiembre, los medios nacionales de prensa y particularmente la televisión, informaron de las alternativas del suceso en un tono y un modo tal, que un observador desaprensivo hubiese perfectamente podido imaginar que los acontecimientos que se mostraban en vivo y en directo no estaban teniendo lugar en el extremo sur de la Isla de Manhattan, Nueva York, sino que, más o menos, en la intersección de avenida Santa Rosa con la Alameda.
Una vez pasado el estruendo inicial, los énfasis informativos de nuestros medios comenzaron a ser colocados, no en las causas probables que habrían motivado este acto deleznable ni en sus consecuencias venideras, de las cuales han habido muchas y muy graves, sino en las impresiones de testigos casuales u observadores improvisados. Así las cosas, las pantallas, las portadas y las notas de fondo fueron reservadas mayoritariamente no a los analistas expertos, sino a los testigos presenciales, preferentemente compatriotas, quienes nos relataron con lujo de detalles sus sensaciones, sentimientos y temores tras el atentado.
Daba lo mismo si los entrevistados hubiesen presenciado los impactos y el derrumbe de las torres a kilómetros de distancia o incluso si hubiesen seguido el mortal acontecimiento por la televisión, tal como usted o como yo lo hicimos desde Chile. Lo importante era que los entrevistados nos brindaran sus impresiones desde Nueva York y sobre todo, que no se tratara de cualquier testimonio, sino de uno rendido por chilenos. Como si aquellas impresiones, por el solo hecho de provenir de compatriotas, estuvieran a diferencia de otras, revestidas de un colorido y un valor objetivo e informativo especial.
Más recientemente, con motivo del atentado criminal a la estación de Atocha en Madrid volvimos a ser testigos de un tratamiento periodístico semejante del suceso. Otra vez la prensa concentró su atención en los testimonios de compatriotas. De modo que vimos comparecer a algunos que habían estado en el sitio del suceso en el momento de la tragedia, o poco antes, y supimos de varios otros testimonios de chilenos o chilenas que por la sola y aleatoria circunstancia de vivir en Madrid, o estar de paso por la capital española, se estimaron como fuentes informativas privilegiadas.
Tal pareciera que cualquier tragedia de proporciones que tenga lugar en algún sitio de nuestro asolado mundo no llega a ser verdaderamente tal, si acaso no llega a afectar directa o indirectamente a alguno de nuestros compatriotas. Más todavía, uno llega a pensar que para que dicha tragedia pueda verdaderamente llegar a interesarnos y eventualmente a conmovernos, fuese preciso que la misma fuese experimentada directamente por un chileno, o cuando menos, teniendo como testigo presencial a un compatriota.
No resistimos no estar ahí. Precisamente en el lugar mismo donde la tragedia que golpeará al mundo está ocurriendo o acaba de ocurrir. Así es que buscamos cualquier subterfugio mediático para marcar nuestra presencia, de modo tal que cuando este enganche no está presente o no es posible improvisarlo, ni llegamos a enterarnos de lo que ha ocurrido y mucho menos a impresionarnos.
Mencionemos el caso de África sub-sahariana. Una región que está casi permanentemente sometida a devastadores fenómenos naturales y sociales que han costado y sigue costando diariamente la vida a miles de personas. Hambrunas, sequías inclementes, guerras civiles, luchas étnicas, pandemias, etc., son el pan amargo de cada día en una región que se debate cotidianamente en medio de la tragedia más pavorosa. Pero de todo aquello, la mayoría de las veces ni llegamos a imponernos. O al menos lo que llegamos a conocer no alcanza para indigestarnos mientras degustamos nuestra cena, en el preciso instante en que los noticiarios, nos muestran al pasar como niños africanos son literalmente comidos por las moscas.
De modo que mientras no existan chilenos de por medio, podemos soportar impávidos y casi indiferentes los destrozos y pérdidas de vidas humanas con motivo de un terremoto, una inundación, un tifón, una erupción volcánica o cualquier otro desastre provocado por fenómenos naturales. También será posible que podamos resistir sin echarnos a llorar a mares, el conocer del descarrilamiento de un tren en Bangladesh, las consecuencias de un devastador desastre aéreo en el Kurdistán, el estallido de una nueva guerra civil sangrienta en Liberia, un atentado terrorista en alguna ciudad iraquí o el transitar galopante del Sida por medio continente africano.
Pero no dejaremos de estar atentos y sobrecogidos ante el avance de un huracán que amenaza las Costas de Florida. Especialmente si tal situación de pánico e incertidumbre puede ser ilustrada con los irremplazables testimonios de compatriotas residentes, o por lo menos, que se encuentren pasando sus vacaciones en Miami o algún otro punto turístico de la zona bajo peligro.
Sin ir más lejos, la sempiterna tragedia de Haití estuvo siempre allí, o al menos por más de un centenar de años para quién quisiera verla, condolerse y rebelarse contra ella. Pero solo vinimos a reparar verdaderamente en su existencia cuando nos involucramos como país en el proceso pacificación tras la debacle generalizada y enviamos nuestras tropas. Como se sabe, ello fue la consecuencia de un acto que involucró una definición y una decisión política meditada y de la mayor trascendencia.
Aun así, no deja de llamar la atención que la mayoría de los despachos periodísticos provenientes de la isla caribeña no tengan como propósito principal difundir la situación imperante, que es catastrófica y dramática, sino de informarnos sobre las condiciones de existencia y trabajo de nuestros efectivos militares, con especial énfasis en los naturales sentimientos de nostalgia de la patria y la familia lejana.
El reciente cataclismo y maremoto que afectó a las costas de Asia ha vuelto a poner de relieve esta costumbre informativa tan nuestra. Que es un hábito de los medios, pero que se funda en una determinada manera, pequeña, provinciana y ombliguista de ver el mundo y sus circunstancias.
Se conoce de más de 150 mil victimas fatales y un nivel de destrucción impresionante. Las imágenes que ha mostrado la televisión sobre el momento mismo en que ocurre el desastre son impactantes. Más todavía lo son las rumas de cadáveres y el dolor y la tristeza reflejado en los rostros de los sobrevivientes.
Cualquiera puede ver que estamos frente a una catástrofe de proporciones bíblicas cuyo costo en vidas humanas y bienes materiales quizá nunca se llegue a conocer exactamente. Pero nosotros, los chilenos, optamos por permanecer aferrados, en lo principal, a escudriñar en la vida del grupo de compatriotas que resultaron afectados, la gran mayoría de los cuales lograron sobrevivir, como si nada más nos importara real y sinceramente, y la tragedia en si no fuera más que el contexto, el paisaje desolado que encuadra la dura experiencia que casualmente experimentaron nuestros compatriotas de vacaciones por tan infaustas latitudes.
Quizás por lo mismo las entidades que abrieron cuentas bancarias para recolectar ayuda para las victimas no han querido dar a conocer los montos hasta ahora acumulados. Se sabe, sin embargo, que las cifras son vergonzosamente escuálidas para un país que se precia de exitoso e integrado plenamente al mundo. Hasta allí no más llega nuestra capacidad de compasión y solidaridad. Justo hasta el momento de tener que ser lo suficientemente generoso como para llevarse la mano al bolsillo, por lo menos al propio.
Triste y limitado entendimiento de la globalización el nuestro. Más triste todavía nos parece cuando nuestra falta de generosidad tiene lugar cuando todavía se escuchan los ecos de la muy reciente Cumbre APEC, ocasión en que precisamente acogimos cálida y entusiastamente a los líderes de varias de las economías de países afectados por la tragedia. Claro que para entonces los veíamos como socios y por lo mismo como canales para concretar nuevas oportunidades para incrementar nuestro comercio. No como las víctimas arrasadas de un evento telúrico que inopinadamente vino a poner de relieve las precariedades de toda índole tras el boato y la espectacularidad de las ceremonias.
Para variar, los chilenos podríamos volver a mirar el mundo como lo que esencialmente es. Una tierra poblada por personas de carne y hueso, que son y representan bastante más que potenciales mercados para nuestras exportaciones. Si nos esforzamos un poco, veremos a seres que efectivamente consumen, pero que también sufren y lloran cuando son golpeados por la adversidad y deben perder a sus familiares y sus escasos bienes. Ni más ni menos que como nosotros, que bien sabemos de catástrofes y de la importancia de la solidaridad internacional, generosa y oportuna frente al dolor y la necesidad.
(*) Carlos Parker Almonacid es cientista político.
Miércoles, 12 de Enero de 2005 23:13 ;?> No hay comentarios. Comentar.
La Corte Suprema rechazó el recurso de amparo en favor de Augusto Pinochet. Y es que -aparte de razones jurídicas- no hay nada que amparar. Su corpus está a salvo, no necesita de ningún habeas. De su cuerpo cuida el Hospital Militar cada vez que hay un nuevo juicio en su contra. O la guardia del Ejército en su parcela de Los Boldos. Y pagamos todos los chilenos, con nuestros impuestos, este cobarde modo suyo de huir.
Las familias de las víctimas y los ciudadanos éticos celebramos la decisión del máximo tribunal como un milagro de Reyes. Y lo cierto es que el caso Operación Cóndor -por el que ahora se procesa a Pinochet- se inició con un milagro.
Veamos la historia. El sociólogo Martín Almada, paraguayo, fue arrestado en Asunción en noviembre de 1974. Fue llevado a la jefatura de Investigaciones de la Policía, donde el jefe -un tal Pastor Coronel- lo interrogó en una sala de audiencias, una especie de tribunal de inquisición. Lo presentó como el “terrorista” más peligroso de Paraguay. El doctor Almada reconoció entre los presentes a altas autoridades políticas y militares de su país. Pero había también militares con uniformes extranjeros. Llevaban gafas oscuras. Un mes estuvo en ese recinto, sometido a crueles tormentos. Entre los interrogadores estuvo un chileno -el coronel de aviación Jorge Oteíza López- y un argentino, el comisario Héctor García Rey. En ese mes, vio ser torturados a unas mil 200 personas en ese cuartel.
Llevaron luego al doctor Almada a la Comisaría primera de la Capital del Paraguay, asiento de la INTERPOL. Allí había 43 presos políticos. Cada detalle se registró a fuego en su memoria. Si lograba sobrevivir iba a necesitar hasta del más minúsculo de esos recuerdos para saber dos cosas. Uno, cómo y quiénes mataron a su esposa. Dos, quiénes fueron sus torturadores.
Compartió celda con un policía, el comisario Mancuello, quien había caído en desgracia por no informar a la Policía Política que su hijo Carlos fue miembro del centro de estudiantes de Ingeniería de la Universidad de La Plata.
Se lo preguntó al comisario Mancuello:
-¿Por qué fui interrogado por un militar chileno y por un comisario argentino?
-Martín Almada, estamos en las garras de Cóndor -dijo Mancuello en tono grave.
-¿Cóndor? ¿Ese bicho?
-No, hablo de Pinochet y de Contreras- dijo refiriéndose al dictador chileno, Cóndor Uno, y al jefe de su aparato represor, el coronel Manuel Contreras.
Fue la primera vez que Almada oyó de la Operación Cóndor. Era marzo de 1975. ¿Cómo es que el comisario Mancuello sabía? Porque formó parte del equipo de telecomunicaciones de la policía paraguaya. Y le dio otro dato al doctor Almada: “Si logras salir vivo, puedes saber todo con sólo leer la revista mensual de la policía paraguaya”.
La tercera estación de la pasión de Almada fue la Comisaría Tercera, llamada “Sepulcro de los Vivos”. Los presos eran tratados como muertos, es decir, no existían. Las condiciones eran infrahumanas. Lo pusieron en la celda del Partido Comunista paraguayo, acusado de “subversión intelectual”. En la celda vecina estaba el abogado argentino Almincar Latino Santucho, quien le dijo que en su interrogatorio habían participado los agregados militares de Argentina, Brasil, Chile, Uruguay, Bolivia y Paraguay. Le habló también de la Operación Cóndor.
Cuando ya se cumplían casi dos años de prisión, en septiembre de 1976, Almada fue llevado al campo de concentración “Emboscada”. Allí había más de 400 presos políticos. Y un año más tarde, agosto del 77, hizo una larga huelga de hambre que movilizó a Amnistía Internacional. Pudo recuperar su libertad y, tras un mes de hospital para recuperarse, se asiló en la embajada de Panamá.
Hasta ahí es la historia de un sobreviviente más. Lo peculiar comienza cuando, en mayo de 1989, decide interponer una querella criminal contra el general Stroessner, sus cómplices y sus encubridores. Acababa de terminar la dictadura de 35 años. Aún así, era tan peligrosa la misión justiciera que se había propuesto, que decidió dar cada paso con la máxima publicidad posible. Si lo mataban, que les costara caro, se dijo el doctor Almada.
Y fue en diciembre de 1992 cuando, al visitar uno de los lugares que aparecían fotografiados en la Revista Policial (dato que le fue dado en prisión), ocurrió el milagro. Se le acercó, caminando lento, una anciana de más de 80 años. Y le habló en guaraní, la lengua de los indígenas paraguayos:
-Te saludo a ti, el educador combatiente…
El doctor Almada se la quedó mirando, sorprendido por la solemnidad de la anciana. Se acercó, abrió los brazos y ella rozó con suavidad la palma de sus manos.
-Los que se fueron, vuelven como héroes. Los que se quedaron, siguen sufriendo -sentenció la mujer.
-¿Y qué significa eso, señora? -preguntó él.
-Mire esa propiedad. Era mi casa, hasta que vino el jefe de la policía y me exigió vendérsela…
El doctor Almada se acercó más, para escuchar mejor.
-Yo me negué. Tomaron a mi hijo mayor. Lo torturaron. Dijeron que era comunista. Y yo tuve que hacer el trueque: el cuerpo de mi hijo a cambio de entregar la casa…
La anciana, hablando en guaraní, lo decía con tal certeza y claridad que su palabra no podía ser puesta en duda.
-Hijo mío, le aconsejo que no se acerque a ese lugar cuando hay “amenazo”…
-¿Amenazo? ¿Qué es eso, señora? -preguntó el doctor Almada.
-Cada vez que va a llover, los argentinos lloran, los chilenos lloran, los brasileños lloran, los uruguayos lloran…
-¿Dice usted que hay, en esa casa, chilenos, argentinos, brasileños?...
-No, hijo, no entiendes. Son sus almas que penan. Las almas de los torturados…
El doctor Almada se quedó mirando la casa largo rato después que la anciana se alejó del lugar. ¿Qué significaba todo eso? No tuvo la respuesta en ese momento.
Dos semanas más tarde, consiguió que el tribunal ordenara el allanamiento al cuartel central de la policía. Objetivo: buscar los archivos. Poco antes de que se iniciara la diligencia, una voz de mujer -en el teléfono- pidió verlo con premura. El aceptó.
-Los papeles que usted busca no están en los archivos de la policía central -dijo ella, lacónica.
-¿Dónde están?
-Fuera de la capital. Ahí tiene un plano- dijo al tiempo que le daba un papel.
El doctor Almada miró el plano mientras la mujer se alejaba. ¡Era la casa de la anciana!
No había duda alguna.
Le encajaron las piezas y entendió el mensaje. Corrió donde el juez y fue tan convincente que logró el cambio. Al punto que el juez aceptó realizar un allanamiento en un lugar que ni siquiera tenía dirección, por razones de seguridad.
A las once de la mañana llegaron a la remota comisaría, en las afueras de Asunción. Era el 22 de diciembre de 1992. La reacción policial fue muy violenta. El juez se impuso finalmente y el grupo ingresó a la comisaría de Lambaré. En el fondo del patio, cinco toneladas de documentos. Cinco toneladas de papeles que documentaban medio siglo de represión paraguaya, la conexión nazi, el tráfico de armas y todos los papeles de la Operación Cóndor.
El general Augusto Pinochet -llamado Cóndor Uno- jamás imaginó la afición del general Stroessner por archivar papeles. Y quizás nunca sepa que una anciana que hablaba en guaraní blandía una invisible espada de justicia.
(*) Patricia Verdugo es escritora y periodista.
Miércoles, 12 de Enero de 2005 16:36 ;?> No hay comentarios. Comentar.
Venezuela dio vida legal hoy al proyecto de Televisión del Sur (Telesur) que buscará difundir la realidad de los países de Latinoamérica y el Caribe.
El Jefe de Estado venezolano, Hugo Chávez, dio lectura, en su programa radiotelevisado 'Aló, Presidente', al decreto que firmó y pasa a la aprobación del Consejo de Ministros creando la empresa, la cual aspira a recibir el apoyo de otras naciones del Hemisferio.
Por el momento, esa empresa tendrá como único accionista al gobierno venezolano, pero las negociaciones ya emprendidas con otros países, permiten asegurar la pronta participación de sus Ejecutivos en el mencionado programa.
Las transmisiones de Telesur se iniciarán en la segunda quincena del mes de marzo, de acuerdo al anuncio hecho en 'Aló, Presidente' por el ministro de Comunicación e Información, Andrés Izarra.
Varios periodistas y especialistas de Colombia, Argentina, Uruguay y otros Estados, hablaron en el programa para destacar la importancia del nuevo medio de comunicación y señalar que cumple un anhelo de los pueblos sometidos tradicionalmente a la propaganda neoliberal.
En principio, se tiene previsto incluir como receptores de Telesur a las ciudades de Bogotá, Lima, Brasilia, México y Los Angeles, con transmisiones de 3 segmentos de 8 horas de duración cada uno.
Miércoles, 12 de Enero de 2005 21:20 ;?> No hay comentarios. Comentar.
El autor de “Fundación de las Aguas”, (Ediciones del Grupo Fuego de la Poesía, 1973), uno de los principales libros de la poesía chilena contemporánea, acaba de editar “Territorio Celeste” (Ediciones del Concolorcorvo, Colección Papel de Poesía, Santiago, 2004).
Se trata de un espacio lleno de rituales y sueños donde la soledad es la principal protagonista, como en una película. El poeta recorre los ríos de Heráclito, “río lentísimo dentro de la flecha”, dice, para conversar con el “Cuerpo de Dios”. Es decir, poesía de la religiosidad vista desde el punto de vista de un hablante desesperado por conocer su destino. Juegan los rayos, la voz de los ángeles se deslizan por un cielo lleno de fantasmas, hay un coro de hombres y mujeres que cierra los ojos frente al cielo; es la sombra de Dios dicen los cánticos. Es un himno de gloria. La vida, la plenitud de un ser que ama sus temblores y su relación con la muerte. La idea es atrapar el tiempo, detener los instantes de magia.
Pablo Guíñez nos habla de días de piedra y de luna entre los árboles del rayo. Las paredes de sus círculos personales tiemblan en humos verdes, en territorios donde la religiosidad es un país sin fronteras. Por sus poemas atraviesan insectos, colibríes, pájaros de sus mundos de infancia, pétalos, árboles enormes que cobijan zorzales, jotes, toda la lluvia del sur de Chile.
El poeta nació a la vida literaria chilena en la década del 50 apadrinado nada menos que por Juvencio Valle y Nicomedes Guzmán. Este último dijo de su obra: “Pablo tiene un vigor conceptual único, ausencia de imágenes demasiado trabajadas, instinto lírico que trasciende en una expresión serena, transparente y cordial”. Juvencio Valle lo situó de inmediato entre los grandes de su generación junto a Jorge Teillier, Rolando Cárdenas y Enrique Lihn.
Otra de las particularidades de su propuesta lírica es el juego. En todos sus poemas se siente un aire de alegría por conversar con las palabras. Los adjetivos, los adverbios; todo está donde debe estar. La misma construcción de los escenarios del poema; es un artesano que conoce su oficio, lo domina, por lo tanto las lecturas de su vida aparecen nítidas y resplandecientes sin que se noten las influencias; al contrario, incorpora a su acervo, poesía nórdica, poesía lárica, pero sin el hálito teilleriano. Aparecen otras cosmogonías, otros refugios, otros pueblos perdidos, en otras latitudes.
Junto a Gonzalo Rojas y Neruda, es el único autor chileno que tiene uno de los mejores poemas a las piedras reales y metafísicas; las piedras rodeadas de hojas, de ancianas con ojos de pajaritos, piedras con cáscaras y manos que sostienen el aire del universo, dice en su poema “Transparencia”.
Pablo Guíñez nació en Lumaco en 1926. Pertenece a la Generación del 50, término creado por Pedro Lastra y que comprende autores nacidos a partir de 1925 a 1939. Estudió en el Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile y ha ejercido la docencia en la capital chilena. Autor de “Miraje solitario” (Santiago, 1952); “Ocho poemas para una ventana” (Santiago, 1956); “Afonía total” (Santiago, 1967); “Fundación de las Aguas” (Santiago, 1973); “Territorio Celeste” (Santiago, 2004). Fue fundador del Grupo Literario “La Fraternidad del Agua”, entre 1973 y 1973. Obtuvo el Premio de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Concepción en 1967 y ha sido un permanente animador de talleres de creación literaria en las universidades de su país y en la Sociedad de Escritores de Chile.
Miércoles, 19 de Enero de 2005 00:45 ;?> No hay comentarios. Comentar.
Extraño, como salido de las profundidades del realismo mágico, aparece el Movimiento Etnocacerista, liderado por un mayor retirado del ejército peruano, Antauro Humala, que días pasados se sublevó contra el gobierno de Alejandro Toledo y tomó una comisaría en la ciudad de Andahuaylas, al sur del Perú.
El levantamiento se cerró en un fracaso, con el saldo de varios muertos, pero es difícil reducirlo a una muestra de idiosincrasia folklórica. Si su líder no es asesinado, tampoco cabe suponer que el movimiento acabe allí.
El realismo mágico, como se sabe, es la arborescencia poética de situaciones bien concretas, que tienen a la pobreza y al sincretismo cultural de las sociedades de América latina como factores determinantes.
Antauro Humala, junto a su hermano Ollanta, fue el cabecilla de la sublevación militar que inició el ocaso del régimen de Alberto Fujimori y la caída en desgracia de su eminencia gris, Vladimiro Montesinos.
Humala encabeza el Movimiento Nacionalista Peruano (MNP), que crece en las zonas más pobres de las aglomeraciones urbanas y cuenta con el apoyo de las franjas mayoritarias del indigenismo peruano.
El referente político de Antauro es Hugo Chávez; sus amigos bolivianos son Evo Morales y Felipe Quispe y también se vincula al indigenismo ecuatoriano. Se define como antiimperialista y admirador de la revolución cubana, reivindicando, a partir del nombre que ha dado a su movimiento –“etnocacerista”– la raigambre indígena de la cultura de su pueblo y la figura del mariscal Andrés Avelino Cáceres, quien reorganizó el ejército peruano para enfrentar la invasión chilena en la Guerra del Pacífico (1879-1883).
Sin lugar para el reduccionismo
Este complejo espectro de afinidades y simpatías torna a Humala en una figura que escapa al encuadramiento simplista. Su reivindicación indigenista estaría lejos del particularismo que propugnan quienes sirven a los intereses de la balcanización latinoamericana, vinculándose más bien a la naturaleza de la base social peruana y a la necesidad de darle una proyección y una presencia hasta aquí negadas por el desigual sistema de reparto que preside, allí como en otras partes de América latina, una oligarquía cuyos intereses son funcionales al estancamiento dependiente.
La finalidad de la sublevación de Andahuaylas no parece haber sido el derrocamiento de Toledo, sino la generación de un acto testimonial, que buscaría dotar de proyección a su jefe y a las ideas que éste propugna.
Esto ha hecho que algunos asimilasen ese levantamiento al putsch de Munich encabezado por Adolfo Hitler en 1923. Éste es un argumento tonto o perverso: la comparación del jefe de un movimiento en pro de los sumergidos y desposeídos de un país subdesarrollado con la figura del factótum del revanchismo de un país imperialista, es inviable.
Ocurre que el populismo latinoamericano, cualquiera sea la forma en que se exhiba, siempre ha repelido a las clases dominantes, a su clientela consciente o inconsciente y al poder foráneo que negocia con ellas o las manipula. Esa antipatía no se deriva de los defectos del populismo, que son muchos y, en el caso de Humala, aún no predecibles, sino del potencial liberador que aquél supone, en la medida en que puede movilizar a enormes masas humanas hacia metas que impliquen la ruptura del statu quo.
El establishment imperial siempre ha tenido esto en cuenta. Y sigue estando alerta respecto de las manifestaciones del fenómeno. La hostilidad contra Chávez así lo manifiesta. Del ejemplo de éste, que seduce a Humala, el Pentágono ha deducido también la necesidad de enfrentar al próximo peligro que avizora sobre América latina: el “populismo radical”, del cual figuras como Chávez y el oficial peruano son un embrión peligroso.
Fue el jefe del Comando Sur norteamericano, el general James T. Hill, quien acuñó el término y definió al populismo radical como la mayor amenaza que se cierne sobre Sudamérica. Sabe de lo que habla, aunque se cuida muy bien de decir que estos eventuales movimientos conectarían con las experiencias, frustradas, de otros intentos de renovación que llenan nuestra historia. Ensayos en parte fallidos, por falta de coherencia y, sobre todo, por una concepción acotada de su proyección geográfica, limitada a las fronteras del país en que se daba el fenómeno. Hoy el panorama es distinto, como lo demuestra la irradiación del movimiento que inquieta ahora al Pentágono
El realismo mágico no ha dicho su última palabra, todavía.
Enviado por Prensa Causa Popular – Horacio Cesarini.
Miércoles, 19 de Enero de 2005 00:30 ;?> No hay comentarios. Comentar.
Presentación: Manuela Sáenz es, por lejos, la mujer más grande del siglo XIX suramericano. Su historia de amor y revolución -dos palabras que sólo pueden andar en pareja- me viene azorando desde hace veinte años. La nota que envío da cuenta de la aparición de una nueva novela sobre la Libertadora del Libertador, una mujer cuya vida, cuya entrega y cuya muerte aún esperan al director cinematográfico que convierta, con la magia de las luces y las sombras, la epopeya de nuestro continente que Manuelita vivió, quizás, como nadie. Todo lo que se diga de ella y de su historia es poco. Su vida fue una hipérbole, como una hipérbole fue la gesta increíble que nos dio la independencia.
Julio Fernández Baraibar – Reconquista Popular
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Por Marcelo Larrea Argenpress – Enero de 2005
Con un trabajo arduo, persistente, apasionado, realizado durante por lo menos 6 años, Tania Roura, ha producido una imagen de la Manuela, que tanto nuestros pueblos requieren para redescubrir su propia génesis y vencer las adversidades que los oprimen.
(Palabras del escritor Marcelo Larrea, director de la editorial La Iguana Bohemia, en la presentación de la novela, 'Manuela Sáenz, una historia maldicha' de Tania Roura, realizada en la Fundación Guayasamín en Quito).
La editorial 'La Iguana Bohemia', presenta con un profundo amor la novela 'Manuela Sáenz, una historia maldicha' de Tania Roura. Es el tercer libro que publica en su biblioteca, sobre esa mujer que nació aquí en Quito y encarnó en su vida, la más grande revolución de la historia latinoamericana. Le han precedido 'Versos de Manuela', un libro de poesía pura del escritor venezolano, Edmundo Aray, construido con las propias palabras de Manuela e ilustrado por la artista cuencana, Sara Palacios. Y, 'Manuela Sáenz, esa soy yo', un guión cinematográfico del mismo Edmundo Aray, que sintetiza para el lenguaje de las imágenes, las diversas, maravillosas e infinitas aristas de esa mujer que desafío y cambio al mundo.
Dije que presentamos éste libro, con un profundo amor, por el amor de Manuela con Simón Bolívar. Aquel revolucionario que estremeció las entrañas de nuestros pueblos y con ellos expulsó al imperialismo español y fundó la República. La única República que todo ciudadano honesto debe reconocer. Aquella que empieza en el Orinoco y se extiende hasta la nación de Quito. Que hoy yace mutilada, desangrada, expuesta a la ocupación militar extranjera y al saqueo colonial de sus riquezas, como si acaso, se hubiesen borrado las huellas de la revolución bolivariana, pero que, sin embargo, en Venezuela, por ejemplo, en la manos del bravo pueblo, empieza a renacer.
Ese amor de Manuela y Simón, fue una dramática, doliente, crítica, apasionada, ensoñación viva. Atravesó los senderos más diversos que el amor puede encontrar, el beso, la política, la sensualidad, la filosofía, la sexualidad, la guerra, la poesía. Y por cierto, revolucionó también el sentido del amor, al conferirle todos los sentidos y al reivindicar el derecho al amor, despreciado en las culturas monogámicas que han legislado tratando al amor como una cosa, como un objeto de 'propiedad privada' y no como un sentimiento humano, tan esencial, que sin él, la vida no es posible.
Presentamos la novela 'Manuela Sáenz, una historia maldicha', con amor, por el amor que no podemos dejar de sentir por Manuela. Por ella, la mujer que entregó su vida a esa revolución que buscó acabar con la esclavitud de nuestras naciones. Una revolución que empezó siglos antes, en la resistencia de los pueblos originarios y de la misma sociedad mestiza. Ya en 1592 en Quito, proclamó su desobediencia al rey y en una insurrección popular, su derecho a coronar a su propio Rey, iniciando una batalla anti-colonial que continua en luchas heroicas año tras año durante siglos y sigue pendiente hoy.
Manuela, empezó a vivir la ensoñación de la revolución, en todo su esplendor en la revolución del 10 de agosto de 1809, que abrió el camino a la independencia. En todo su dolor, con la ocupación de Quito por las tropas de los Virreinatos de Lima y Bogotá, la provocación y la masacre despiadada comandada por Arredondo, a un estilo genocida indiscriminado que manchó de sangre las paredes de la ciudad heroica, el 2 de agosto de 1810, con el propósito de estrangular a la revolución naciente. Genocidio que por la crueldad de sus cualidades, no ha podido ser igualado por los Pinchotes de nuestro tiempo. En su tragedia gloriosa, en eventos de dimensiones mundiales como la Batalla del Pichincha, a la cual Manuela acude, bella, como era, presta a la lucha, con vituallas y mulas, a exponer su propia vida, e incluso con un lápiz y un papel para describir el suceso épico en el mismo campo de batalla.
No, no podemos dejar de amar a esa mujer, la estratega política, que construyó el puente para que Bolívar y Sucre fuesen al Perú y al alto Perú, a afirmar su independencia y garantizar la derrota definitiva de la Corona en Ayacucho, donde ella, por su participación en el campo de batalla, armas en la mano y bajo el fuego cruzado del enemigo, obtuvo por mérito propio, el grado de Coronela.
No, no podemos dejar de amar a la mujer que reivindica a la mujer y a la liberación de la mujer y, prueba con su vida que, no cabe ninguna discriminación sexista. A la Manuela solitaria del exilio eterno, que en Paita reposa y espera.
Entonces, no hemos podido sino, amar el trabajo arduo, persistente, apasionado de Tania Roura, realizado durante por lo menos 6 años, para producir una imagen de esa Manuela, que tanto nuestros pueblos requieren para redescubrir su propia génesis y vencer las adversidades que los oprimen. La labor de tejer letra por letra, las palabras que dibujan a una Manuela de carne y hueso. Valiente, desconsolada, triste, iracunda. Capaz de destrozar las conspiraciones para matar a la revolución en el cuerpo de Simón Bolívar, como en la noche septembrina. Capaz de fusilar la traición de Santander. Capaz de avanzar a fundar la utopía en Bolivia. La labor de horas, días y años de Tania, por investigar y descubrir los rostros de ella, simplemente de ella: la madre de la Patria.
Se trata de una novela que cautiva, que nos lleva a la búsqueda de Manuela. Escrita al estilo con el que Tania ha vivido y vive, escribe y pinta, con las libertades que el género de la novela otorga al autor, a su imaginación, a su fábula, y que incluyen además, algunas deliberadas omisiones, unas justas, otras tal vez, no. Se trata de una novela que es un ser vivo y está expuesta a la polémica, porque se dirige a abrir una perseguida historia que la historiografía oficial ha proscrito, para arrebatarnos de la memoria, las huellas de nuestro propio sentido. Por todas las causas que se entrecruzan, es una novela para leerla con amor, como si se estuviese leyendo a una amante. Se la puede leer y releer varias veces, sin miedo a descubrir que en el destino de esa amante, está una nación que combate, que sufre y resiste.
Por Manuela Sáenz, por la Patria de ella, la grande, que merece nuestros mejores talentos y sacrificios, tenemos el honor de presentarles esta noche este nuevo hijo de La Iguana Bohemia, impreso por Laser editores, 'Manuela Sáenz, una historia maldicha', de Tania Roura.
Jueves, 20 de Enero de 2005 01:36 ;?> Hay 1 comentario.
La construcción de la unidad latinoamericana es el sueño frustrado desde la derrota política del libertador Simón Bolívar, hace ya casi dos siglos. Para liquidar este sueño, proyecto político que ha sido derrotado en varias circunstancias, en ningún lugar como en Latinoamérica el imperio estadounidense ha utilizado la herramienta del divide et impera del antiguo imperio romano.
- Usted vuelve a proyectar y a presentar, como un paso fundador de su programa político, la necesidad ineludible de un proceso integrador, de la construcción de una patria grande latinoamericana desde el Río Grande hasta Tierra del Fuego.
- Hay mucho de sueño en esto de la integración latinoamericana. Pero nosotros creemos que es un sueño posible. Una utopía realizable. Yo creo que este es un buen momento para realizar sueños. Nosotros estamos avanzando hacia este objetivo en varias direcciones, por varios frentes. Y creo que ningún otro sueño puede ser realizado si no se empieza por un proceso unitario latinoamericano.
- Sin embargo ya una serie de siglas quedan para la historia, desde ALALC, ALCAN y el Mercosur. Ahora en Cusco se acaba de crear la Comunidad Sudamericana de Naciones, a la que es necesario dar contenido.
- La Comunidad Sudamericana de Naciones es un paso importante: no importa que avancemos un milímetro en el camino, siempre y cuando sea en la dirección correcta, porque podemos andar como un avión en la dirección incorrecta. Tengamos clara la brújula, el rumbo, el mapa y avancemos contra viento y marea. A veces el viento es muy fuerte y no podemos avanzar, a veces es un pie atrás, pero esa es la dirección. No importa cuánto tardemos. Dimos un paso en esa dirección, la dirección correcta.
Pero fíjese cómo ha cambiado, al menos el discurso, en estas cumbres. Antes cuando yo llegaba decían: “Ahí anda el loco de Chávez”. Recuerdo que en una de las primeras cumbres en las cuales nos encontramos, yo intervengo, Fidel interviene. Luego Fidel me manda un papelito que dice: “Chávez, siento que ya no soy el único diablo en estas reuniones”. Es que nosotros tenemos una propuesta integradora, para los pueblos y los trabajadores. No van a poder con nosotros, unidos como estamos. Tenemos un proyecto, tenemos una estrategia y mil tácticas, mil regimientos en ofensiva. No habrá quién pare este movimiento revolucionario por todas estas tierras.
Ahora hay que darle forma a este movimiento internacional y esto es urgente, porque la agresión que Cuba ha resistido por más de 40 años, y sigue resistiendo, con la amenaza allí creciente, y las agresiones que Venezuela lleva más de cinco años resistiendo, igual serán lanzadas contra cualquier gobierno o cualquier país que se deslinde del imperio.
- Sin embargo la construcción de la patria grande latinoamericana que usted ha vuelto a llevar a la agenda política es un sueño tan grande que ni siquiera muchos latinoamericanos, especialmente en el sur del continente, se atreven a soñarlo. Hay gobiernos progresistas que hacen apenas referencias pálidas y rituales. Sería interesante para los lectores de BRECHA enmarcar su sueño bolivariano en el marco de una agenda política concreta.
- Nosotros estamos aprendiendo muchas cosas. El pueblo está aprendiendo estas cosas. Y hemos aprendido que la técnica tiene que servir a la política. La política tiene que ser la reina, arriba de la técnica y de la economía. Y bueno, de aquí nace la idea de Petrosur. Por primera vez Petrosur o Petroamérica, o Petrocaribe, imagínese sumar el potencial petrolífero que tiene México, con el que tiene Argentina, Venezuela, Bolivia, Colombia. En todos estos países hay petróleo, donde más, donde menos. Y el gas natural. Cuba tiene mucho petróleo. Fidel dice que va directo a la OPEP.
- Se entiende que para usted la vía de acercamiento pasa por la integración económica, según un modelo parecido al de la Unión Europea.
- Nosotros propusimos la creación de un Banco Central Latinoamericano. ¿Dónde están las reservas de Venezuela? En los bancos del Norte. Oro, dólares, euros. Y más allá: un fondo monetario latinoamericano. Nosotros queremos salir del Fondo Monetario Internacional. Pero en todo el continente no hay nadie más que Cuba y Venezuela de acuerdo con esta propuesta. Y como Cuba no está en el Fondo Monetario Internacional, nos quedamos nosotros.
Pero no es sólo esto. En lo que concierne a las propuestas concretas para frenar también en materia cultural el dominio imperialista, nosotros proponemos una televisión del Sur. Este es un proyecto concreto en el cual trabajamos desde hace tres años y que está a punto de salir a la luz. Y en fin está el ALBA (Alternativa Bolivariana para América), una integración basada en la colaboración y no en la competencia, que además tomaría en cuenta a los sectores sociales más desprotegidos y que se movería sobre las bases del desarrollo endógeno ya impulsado por nuestra Constitución Bolivariana. Todos estos son sueños posibles. Todo es atreverse.
Publicado en Brecha
* Periodista Italiano. Analista Internacional.
Jueves, 20 de Enero de 2005 01:55 ;?> No hay comentarios. Comentar.
Esto, el reportaje de Radio Polar de Punta Arenas, va para los que conocieron a Pablo Jeria Ríos, nuestro recordado compañero, camarada y amigo "Mosca".
Y para los que no lo conocieron, Pablo fue uno de los secuestrados políticos más jóvenes que pasó por los recintos de tortura y los campos de concentración de Magallanes, incluido el de Río Chico en Isla Dawson, fue condenado en Consejo de Guerra a cárcel y luego al exilio.
A consecuencia de las torturas, sus riñones comenzaron a fallar a muy temprana edad debiendo serles extirpados. Vivió alrededor de diecisiete años sin riñones, a excepción de un breve período de casi dos años cuando se le implanto un riñón donado, que para su mala suerte, el donante no era una persona sana y tuvo que serle extirpado también, dejándolo con una secuela de enfermedades y complicaciones que finalmente lo llevaron a la muerte a la edad de 49 años.
Pablo nos acompañó en Septiembre de 2003, durante los actos de conmemoración de los treinta años de la perdida de la democracia en nuestro país. Es importante recordar que llegó hasta Punta Arenas con la esperanza de llegar hasta la Isla Dawson, lo que no sucedió, vino como les decía desde el otro lado del mundo para estar en su ciudad, con su gente en condiciones de pobrísima salud, ya con más de un año de haber perdido el riñón donado. Tan mal estaba que a su regreso, en la escala en Santiago llego con un ataque al corazón por lo que fue sacado del avión en ambulancia e internado de inmediato en la Clínica Alemana donde lo vi un par de días después, ya pleno de su imbatible animo, con sus clásicos garabatos y haciendo planes para cuando nos encontráramos de nuevo en New York. Allí volvió a trabajar, ya en la medida que podía, en sus funciones en una oficina de asistencia legal donde ayudaba a aquellos que no podían pagar por esa clase de servicios.
Todo un ejemplo de valor de ese joven escolar transformado en prisionero de guerra, de una guerra inexistente, siempre soñando con su tierra y siempre con su espíritu en alto, como lo retrató tan gráficamente uno de sus colegas en la ceremonia funeraria en New York, Pablo solía decir: "Yo nunca tengo días malos, todos los días son buenos, a excepción de algunos que son ... excelentes."
"Tamo Daleko", la canción que cantamos tanto en Dawson, que se ha hecho tradicional en las despedidas de los dawsonianos, es una canción de muchos siglos que cantaban los serbios que se debieron exiliar en distintas direcciones durante la ocupación turca de su país que duró, si no me equivoco alrededor de siete siglos. Aquí en Toronto me he encontrado con inmigrantes llegados desde allá que cantan la misma canción y se sorprenden que yo la conozca.
Honrado de haber conocido a Pablo, un valiente como pocos. Saludos
Héctor Avilés (Chercán)
Entre lágrimas y con un emotivo Tamo Daleko coreado por todos los asistentes
FAMILIARES Y AMIGOS DE PABLO JERIA CUMPLIERON ANOCHE SU ÚLTIMO DESEO Y DEPOSITARON SUS CENIZAS EN AGUAS DEL ESTRECHO DE MAGALLANES
Momentos de honda emoción se vivieron en el reencuentro de sus familiares y viejos amigos en su postrer adiós a orillas del mar, en el cual todos corearon entre lágrimas el conocido tema croata “Tamo Daleko”.
Las cenizas de Pablo fueron arrojadas al mar por su esposa Elaine Rosner, y sus hijos Henry, de 18 años y Pablo, de 14. Sus cenizas fueron traídas desde New York, por su esposa e hijos, en respuesta a su última petición.
El acto comenzó a las 21 horas en el salón ubicado en calle Ignacio Carrera Pinto con Quillota. En una ceremonia breve pero sencilla, que contó con la presencia de aproximadamente unas sesenta personas, la mayoría de ellas, detenidos políticos en el período del 73, gobernada por la Junta Militar presidida por Augusto Pinochet.
Con respecto a Pablo Jeria, Baldovino Gómez manifestó que Pablo quería que sus cenizas quedasen en Magallanes. Recordó que fue detenido a los 17 años, y que en mayo del año pasado cumplió 48 años, falleciendo en Nueva York justamente el 11 de septiembre, tal vez queriendo expresar un mensaje de que no se debe olvidar lo que pasó y que se debe seguir trabajando para que nunca mas ocurra en Chile que haya niños y jóvenes detenidos y se destruyan muchas ilusiones y proyectos de vida. Agregó que Pablo nunca se recuperó de todos los dolores infligidos contra su persona.
El año pasado estuvo en Punta Arenas cuando conmemoraron los 30 años de la pérdida de la democracia. Luis Valencia, con un español complicado por mas de treinta años viviendo en estados Unidos, dijo el también estuvo detenido, y procesado, durante dos años y once meses en Punta Arenas en los distintos puntos de detención existentes en aquella época incluyendo Dawson. Detalló que salió en libertad condicional en 1976, siendo uno de los últimos prisioneros que abandonaron la cárcel, saliéndole la visa para Estados Unidos en enero del 77.
Dijo que con Pablo fueron grandes amigo especialmente en el extranjero, y que por eso estaba presente en este momento tan especial, aprovechando la ocasión para visitar a su familia, particularmente a su madre a quien no veía desde hace catorce años.
La ex alcaldesa Nelda Panicucci, expresó que para todos quienes asistieron a la ceremonia de hoy, fue tremendamente conmovedor, resaltando de cuanto debemos luchar, para que los sueños, de Pablo como de tantos jóvenes de esa época se lleguen a cumplir.
Añadió que ellos lucharon por una sociedad mas justa y de iguales, donde los jóvenes tuvieran un buen espacio, y que si bien se ha ido avanzando en el tema aun queda mucho por cumplir.
“1973”, es el título del nuevo libro del poeta José Ángel Cuevas (Santiago, 1945), editado por LOM ediciones. “1973”, a secas. Para el mundo chileno y latinoamericano ese año es fatídico. El golpe de estado en Chile y el exterminio de miles de militantes que habían hecho suyo el sueño de lograr mejores días para los desposeídos. Este texto de gran belleza y lleno de emoción nos traslada a los días del gobierno de la Unidad Popular, los deseos de llevar a cabo transformaciones en todos los ámbitos de la sociedad chilena. Hay voces de militantes desesperados, dirigentes aislados de la realidad, evocaciones al proletariado alemán, a la construcción de vanguardias que iban a llevar directamente al paraíso a todo un mundo que no lograba entender lo que estaba sucediendo. Seres mesiánicos que pensaron estaban iluminados para construir una sociedad sin clases, dice en un poema.
Sin duda, éste es un libro de la derrota, de sangre por las calles como en los versos de Neruda en la guerra civil española, de alucinaciones, de alcohol, bares, bohemia. El hablante que recorre este texto es como un peatón que deambula por los rincones de una urbe llena de locura y con la angustia de que sus mejores hermanos, están muertos o se auto exiliaron en su propio país, insertos en delirantes análisis para explicar lo sucedido. A su lado hay palomas, perros vagos, gatos en tejados llenos de telarañas, prostitutas, poetas que escriben poemas de amor y muerte. De repente este libro de José Ángel Cuevas nos recuerda el “Aullido” de Allen Ginsberg. No hay escapatoria para el lector. Por sus palabras fluye todo el dolor del mundo, tanques que arrasan la ciudad, sus edificios, dejaron sólo al Presidente, dice, hay perros malditos que nos les importa la poesía política. El poeta cuestiona desde la lírica a sectores de la izquierda chilena, los retornados nos dijeron que en la Urss y en el bloque del Este no existía el socialismo, relata. Para comprender mejor este poemario hay que decir que el autor siempre permaneció en Chile, y que el personaje que construye en este libro, en gran parte, es él; con toda la voluntad de quien no tuvo ayuda para sobrevivir en medio del horror imperante en los años dictatoriales.
En el poema 212 saluda a su generación que estuvo en el hospital psiquiátrico de Santiago, a sus cuerpos llenos de alcohol, drogas, miseria, a sus amigos estudiantes que salían de las prisiones con los dientes quebrados y sin uñas. Los obreros y campesinos ya no están unidos, afirma, los boleros no son los de antes, Allende está muerto y cada día los partidos lo olvidan más.
Esta es una poesía de la aniquilación, los hablantes que participan de esta experiencia tienen sus propias alucinaciones, son los desechos históricos de una “temporada en el infierno nacional”, dicen los editores.
José Ángel Cuevas ha publicado “Introducción a Santiago” (1981); “Adiós muchedumbres” (1989); “30 poemas del ex poeta” (1992); “Proyecto de país” (1994); “Poemas de la comisión liquidadora” (1997); “Diario de la ciudad ardiente” (1998); “Maxim” (2000).
Ha obtenido premios de Consejo Nacional del Libro; de la revista de libros del diario “El Mercurio”, de la Federación de Estudiantes de Chile. Sus obras han sido publicadas en revistas de América Latina y Europa. En la década del sesenta estudió Filosofía en el Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile
Lunes, 24 de Enero de 2005 18:55 ;?> Hay 1 comentario.
Cuando abrió los ojos, lo primero que el anciano general Daniel López pudo ver fue la figura rechoncha e inconfundible de su fiel ayudante Máximo Gutiérrez, la que parada de espaldas a su lecho de enfermo, se recortaba perfectamente al trasluz del amplio ventanal, cuyos velos de mecían suavemente al compás de la suave brisa de la tibia tarde del domingo, de esa semana, ese mes y ese año completamente desconocidos.
El general parpadeó y apretó los puños mientras trataba de incorporarse sin lograrlo. Y no hizo falta alguna que Gutiérrez le viera ese gesto ni le dijera nada, para darse cuenta por sí mismo que venía despertando de un pesado sueño que había durado más tiempo de lo debido.
Unos minutos más tarde, después que su ayudante se hubiera sorprendido y emocionado con el sorpresivo regreso de su ex jefe al mundo de los despiertos, el viejo general supo que efectivamente hacía una pila de años que había estado inconsciente. Sumido en el reparador olvido y la ausencia total del coma profundo, tranquilo, negro y silencioso al que le había arrastrado un accidente vascular cerebral, acontecido justo mientras celebraba unos de sus incontables cumpleaños plagados de rancheras, arengas de homenaje y brindis en su honor.
¿Y mi esposa, donde está? Fue la primera frase que el viejo pronunció. Ella estuvo por acá hace un par de semanas, le respondió Gutiérrez, pero me han dicho que no ha vuelto a venir desde hace rato. Al principio, los primeros meses y años la señora venía a menudo. Después comenzó a espaciar sus visitas y las reemplazó por llamadas telefónicas para preguntar por su estado. Pero como siempre recibía la misma respuesta: “ el general sigue sin novedad”, creo que se fue cansando o resignando, hasta que prácticamente desapareció. Si le sirve de consuelo, quienes le han visto me han dicho que la señora, con todo respeto, está más cascarrabias e insoportable que nunca.
Lo mismo pasó con sus hijos e hijas, aunque ellos desertaron mucho antes que su esposa. Así es que después de los primeros meses de su enfermedad nunca más se aparecieron por acá, ni tampoco llamaron para interesarse por su estado. Se sabe que están todos peleados entre sí por cuestiones de plata. Una de sus hijas acaba de casarse por novena vez y lamento decirle que Daniel junior se metió nuevamente en líos, por lo que ha vuelto a caer en la cárcel.
Por lo que cuentas, sospecho que he pasado varios años en estado de coma. Pero te agradeceré que no me digas exactamente cuántos han sido, dijo el general, mientras luchaba por aparentar frialdad y compostura frente al vómito de malas noticias sobre sus familiares que acababa de escuchar de boca de Gutiérrez.
Te parecerá extraño, mi viejo amigo, pero yo me siento igual como si viniera despertando del sueño de una noche cualquiera. Hasta tengo hambre y sed, así es que ordena a alguno de mis escoltas que me traiga algo de comer, bramó el general con la particular voz que le era conocida y como en los viejos tiempos.
Me temo que eso no será tan fácil, musitó Gutiérrez como pidiendo excusas de antemano, mientras sentía cómo comenzaba a apoderarse lentamente de su organismo el miedo reverencial que el anciano ahora postrado le había inspirado en los casi treinta años en que había estado a su servicio.
Sucede, señor, que le retiraron la escolta de seguridad, hace como seis años a la fecha. La institución consideró que ya no le hacía falta protección, si me permite decirlo, porque llegaron a la conclusión que era muy improbable que alguien quisiera causar algún daño y mucho menos tratar de matar a una persona que ya estaba muerta. O que al menos parecía estarlo, o efectivamente lo estaba para todos los fines prácticos de la vida verdadera.
Incluso puedo decirle que se comenta que algunos turistas de visita en el cementerio general, solo por curiosidad supongo, preguntan por la ubicación de su tumba. Y cuando les dicen que no hay tal tumba puesto que usted no ha fallecido, se sorprenden mucho y se niegan a creer que esté realmente respirando todavía en alguna parte.
Así es que usted, mi general, se ha pasado su largo estado de coma, que más parecía un punto final profundo y definitivo, casi siempre solo y abandonado en esta habitación. Salvo por algunos pocos de nosotros que de vez en cuando pasamos a darle una mirada. O por las enfermeras que vienen cada ciertas horas a ver el funcionamiento de las máquinas a las que lo tenían conectado, o para bañarlo. Cosa que a juzgar por el aroma reinante parece ser que hace rato que no hacen.
En cuanto al desayuno, no estoy muy seguro que se lo pueda conseguir muy fácilmente. En especial, porque hace mucho que no se paga la cuenta del hospital, la que parece ser la razón por la cual desde los médicos hasta las auxiliares lo basurean y ningunean siempre que pueden. Sin ir más lejos, una vez escuché a unas enfermeras burlarse de usted y de su estado comatoso, opinando que sería mejor que usted se muriera de una buena y verdadera vez, para poder ocupar la cama con alguien con alguna esperanza de sobrevivir.
Bueno, dijo el general en tono ladino, pareciendo súbitamente recuperar el ánimo con alguna ocurrencia. Esto último al menos no debiera ser problema. Te puedo contar, mi buen Gutiérrez, que tengo unos cuantiosos ahorros guardados a buen recaudo para eventuales tiempos difíciles como parecen ser estos. Así es que esos billetes nos devolverán a todos el alma al cuerpo debilitado. Por lo que me cuentas, supongo que mis rapaces parientes no han podido echar el guante a esos recursos, así es que me pondré manos a la obra rápidamente para recuperarlos.
Si yo fuera usted no contaría con eso, mi general, le retrucó Gutiérrez, en un tono que no dejaba lugar a dudas. Fíjese que poco después que usted cayera en coma sus enemigos, que eran muchos y poderosos, le cayeron encima y comenzaron a hurguetear por aquí y por allá en sus cosas personales, hasta que descubrieron unas cuentas gordas y secretas de su propiedad en bancos extranjeros.
A pesar de que algunas de ellas estaban a nombre de un tal Augusto José, de cuyo apellido ahora mismo no me acuerdo, no tardó en comprobarse que en verdad eran suyas y correspondían, o al menos así se dijo, a platas mal habidas o de dudosa procedencia. Así es que moros y cristianos aplaudieron cuando el juez, junto a Impuestos Internos, procedieron a incautar sus haberes, junto con todos sus otros bienes. Así es que lamento decirle que actualmente usted, mi general, no es propietario de absolutamente nada. De modo que ya no tiene ni parcelas de agrado, ni vehículos, ni casas, ni departamentos, ni depósitos a plazo, ni cuentas bancarias en dólares, nada de nada. Todo se escurrió por el water. Ni siquiera tiene usted donde caerse muerto, mi general, si me permite que se lo diga de ese modo tan directo y en estas circunstancias.
Dicho con todo respeto, creo que la cuestión de las cuentas secretas fue lo que terminó por alejar completamente de su lado a sus amigos, siguió relatando Gutiérrez, mientras el general lo observaba con los ojos desmesuradamente abiertos y la barbilla caída sobre el pecho.
Los primeros en hacerle la desconocida fueron los políticos de derecha y ciertos empresarios, con todos los cuales usted fue muy generoso mientras estuvo al mando. Estos venían desde antes tratándolo con indiferencia y poniendo caras de “yo no fui” o de “a mí que me registren”. Hasta que llegó un momento en que casi todos apretaron cachete lejos y en tropel.
Ocurrió que hace unos años el gobierno ordenó hacer un informe sobre los fulanos que estuvieron presos durante su régimen autoritario, y que dijeron haber sido torturados. Ni le cuento la escandalera que se armó. Aprovechándose que usted estaba en coma y no podía decir ni pío, y mucho menos defenderse, todos sus ex colaboradores civiles se lavaron olímpicamente las manos, como verdaderos Judas, diciendo a coro que nunca supieron nada y lo culparon a usted exclusivamente de todo, mientras proclamaban a los cuatro vientos sus totales y completas inocencias e ignorancias.
A poco andar, algunos de los más osados y tránsfugas, incluso comenzaron a tratarlo como el ex dictador, el tirano depuesto y cosas por el estilo. Así que no hay que extrañarse de que muchos de estos personajes que un día le juraron lealtad eterna e incondicional se hicieran los lesos y miraran para el techo cuando apagaron la Llama de la Libertad, esa misma que se inauguró con tanta pompa y ceremonia prometiendo que ardería por los siglos de los siglos. El caso fue que un día cualquiera llegaron los operarios de una constructora, y sin decir agua va, sin bandas ni discursos, ni salvas al aire, cerraron la llave del gas y se acabó la cuestión
¿Y la fundación que lleva mi nombre, inquirió el general, apesadumbrado? La Fundación ya no existe desde hace años. Ahora funciona en la casa un hogar para ancianos desvalidos. Antes de eso, sus integrantes fueron desalojados varias veces por la fuerza pública por no pagar el arriendo ni las cuentas de servicio. Felizmente cuando pasaron estas cosas vergonzosas ya casi nadie la visitaba. Todo se acabó definitivamente cuando un día un miembro del directorio colgó en el frontis un lienzo con una leyenda que decía “Si tocan a algunos de mis hombres, se acaba el estado de derecho”. No sé que habrá querido decir el gallo con esa frase, aunque dicen que el señor estaba algo mal de la cabeza. Quizá por eso mismo después de hacer eso, el caballero apagó la luz y cerró la puerta por fuera. Luego sacó una muñeca que llevaba en el maletín y comenzó a peinarla enérgicamente. Me han contado que este señor esta ahora recluido en Punta Peuco, cuyas instalaciones llevan a la fecha como diez ampliaciones sucesivas.
A propósito de la famosa llama ahora apagada, le cuento que precisamente hace pocos días atrás la Presidenta de la República inauguró las nuevas obras en ese sector del barrio cívico, el que ha sido completamente remodelado como ofrenda al bicentenario de la patria.
¿La Presidenta de la República has dicho, o te escuche mal? No, general, escuchó perfectamente. Es que todavía no había tenido ocasión de contarle que tenemos una Presidenta, que es la señora Michelle Bachelet, la que según leí en alguna parte, es hija de un colega suyo ya fallecido, o algo así.
¡Pero que dices insensato, chilló el general. ¿Qué es eso de la presidenta Bachelet? ¿Tratas acaso de volverme loco con esta sarta de malas noticias?
No, general, solo estoy tratando de ponerlo al día de lo que ha ocurrido en el país durante su largo sueño. Y no se enoje conmigo que yo no tengo la culpa de nada. Creo que tampoco le gustará oír que la señora, además de mujer es socialista. Como lo fue también su antecesor en el cargo, el presidente Lagos, de quien doña Michelle fue nada menos que su ministra de Defensa.
¡Una mujer socialista como ministra de Defensa y ahora como presidenta de Chile¡ dijo el general como atragantado con sus propias palabras. ¡Este país se ha vuelto completamente loco¡ Pero aguarda, ¿dijiste el presidente Lagos? Supongo que no te estarás refiriendo a Ricardo Froilán.
Al mismo me refiero, exclamó el fiel Gutiérrez con aire casi triunfal. Bien conozco que a usted nunca le simpatizó el hombre, tanto que una vez hasta lo metió a la cárcel. Pero le repito lo que dicen casi todos y hasta yo mismo pienso. El gallo hizo un gran gobierno, tanto que si la Constitución lo hubiera permitido, hasta lo hubiésemos reelegido como presidente por aclamación popular.
A propósito, le contaré que tenemos una nueva Constitución. A la anterior le hicieron tantas reformas, le pusieron tantos parches y remiendos que la convirtieron en un mamarracho inservible. Así es que un buen día tirios y troyanos estuvieron de acuerdo en derogarla y en hacer otra.
Pero volviendo a lo que le estaba contando, creo que don Lagos lo hizo tan bien como presidente que le va a alcanzar hasta para estatua. Así es que no sería raro que alguna vez viéramos su estampa en bronce, dedo en ristre, muy cerca de la estatua de Salvador Allende. Allí mismito en la Plaza de la Constitución.
¿Me estás diciendo que hay una estatua de Allende en la Plaza de la Constitución, frente a La Moneda? Así es, general, y eso no es todo. Un poco mas allá hay también una estatua de Eduardo Frei Montalva, y frente a la Catedral, una del cardenal Silva Henríquez, otro de sus archienemigos, cuyo rostro, por cierto, aparece además en las nuevas monedas de 500 pesos.
Ahora si quiere que le haga un resumen de la situación, sin entrar en más detalles, éste sería mas o menos el siguiente. Usted está más solo que un dedo. No tiene familia, ni amigos, ni aliados ni admiradores. Tampoco tiene plata, ni propiedades ni influencia. No tiene poder, ni prestigio alguno. Ya nadie le recuerda ni le teme, y si acaso usted logra inspirar algún sentimiento, es el de indiferencia, cuando no de simple lástima. Todas las personas e ideas que usted combatió en vida hoy gozan de respeto y consideración. Y en cuanto a sus enemigos, usted representa tan poco para ellos que ni siquiera se molestan en mencionar su nombre.
Al final, usted, mi general, en verdad ya no existe ni siquiera ni en el recuerdo, el odio o el rencor. Y si yo fuera usted, en vista de las circunstancias, dejaría las cosas tal y como estaban hasta antes que despertara de su largo sueño.
El viejo general había enmudecido y su avejentado rostro no reflejaba sentimiento ni expresión alguna. Cerró los ojos y se quedó en silencio un largo rato. Hasta que de pronto, como quién llega a una conclusión meditada y categórica, se incorporó un poco y emitió su última y postrera orden. El último de los incontables veredictos que le tocaría emitir en su larga y mandona vida militar.
Gutiérrez, le agradezco su dedicación, su charla y su consejo. Pero ahora debo ordenarle dos cosas. La primera, que se olvide del desayuno y sobre todo, que considere que esta conversación jamás tuvo lugar, por cuanto yo jamás nunca desperté de mi letargo. La segunda, es que se vaya, me deje solo y no regrese jamás. Me siento muy cansado y necesito seguir durmiendo. Dígale a las enfermeras que no admitan visitas y que no traten de despertarme por ningún motivo. Que me dejen dormir en paz, por lo menos por los próximos cien años. Ahí veremos que se hace.
(*) Carlos Parker Almonacid es cientista político.
Martes, 25 de Enero de 2005 23:12 ;?> Hay 1 comentario.
El pasado jueves, el presidente George W. Bush asumió su segundo mandato en Estados Unidos. El miércoles, quien fungiera como Consejera de Seguridad Nacional durante el primer período, Condoleezza Rice, uno de los halcones de esa administración, recibió el visto bueno del Comité de Política Exterior del Senado, por 16 votos contra dos, para desempeñarse como secretaria de Estado.
Si no fuera porque respecto del curso general de los actos de la megapotencia hay certidumbres y no hipótesis, no se podría menos que observar con inquietud esta confirmación que el pueblo y el Congreso norteamericano dieron a dos figuras que simbolizan lo más duro de su política exterior.
En la práctica, sin embargo, no parece que existan en el esquema de poder norteamericano alternativas a esta orientación, como no sean algunas variaciones cosméticas que los demócratas podrían haber introducido respecto de cuestiones de procedimiento.
La agresividad estadounidense se pone de manifiesto tanto en lo aparentemente menor como en lo grande. El maltrato de que fuera objeto el canciller argentino, Rafael Bielsa, en el aeropuerto de Miami, fue una demostración de arrogancia y desprecio en pequeña escala. Bielsa fue sometido a un desagradable interrogatorio en el hall de la estación aérea luego de protestar por la demora de su vuelo, sin tomar en cuenta su investidura ni el hecho de que venía de presidir la reunión del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Luego le devolvieron su equipaje revuelto, con la notificación de que había sido inspeccionado. No hubo excusas oficiales, que sepamos, ni el canciller se ocupó de reclamarlas, aunque el Ministerio de Relaciones Exteriores argentino elevó después una protesta por el episodio.
Desparpajo
Aún más preocupante es que este estilo matonesco no sólo se ejerce contra un funcionario de un país latinoamericano sino que se explaya en las tribunas más altas y se matiza con esa insolencia que deviene del desparpajo y de la negación deliberada y maliciosa de lo que es a todas luces evidente.
En su exposición ante el comité del Senado que debía confirmar su nominación como secretaria de Estado, Condoleezza Rice, por ejemplo, tras repetir sus amenazas a Irán y Corea del Norte, arremetió otra vez contra Venezuela.
“Hay que mirar al gobierno venezolano como una fuerza negativa en la región”, dijo. “Dedicaré tiempo a la Organización de Estados Americanos para que aplique su Carta Democrática a los dirigentes que no gobiernan en forma democrática a sus países, a pesar de haber sido elegidos democráticamente”...
Seis victorias electorales en un marco de turbulencia golpista parecen ser insuficientes a la flamante secretaria de Estado para otorgarle al gobierno de Hugo Chávez las credenciales de demócrata.
Aunque revuelvan el estómago, es inútil enojarse por estas expresiones: son parte del viejo juego del cinismo que los poderosos suelen desplegar contra los débiles en el escenario mundial.
Parafraseando a Pascal, podríamos decir que “la fuerza tiene razones que la razón no entiende”.
Pero lo que sí hay que tomar en cuenta son las proyecciones concretas que esos despliegues de arrogancia implican. Irán y Venezuela parecen ser los próximos blancos del activismo de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) y el Pentágono, y esto es grave.
En este marco hay que evaluar el secuestro de Rodrigo Granda, en Caracas. Presunto “canciller” de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc), Granda no tenía requerimientos de parte de la Justicia colombiana, aunque con posterioridad a su secuestro el pedido de captura fue sometido a Interpol Venezuela.
Es difícil que este episodio –que promovió un distanciamiento en las relaciones entre Bogotá y Caracas– resulte sólo del deseo de neutralizar a un elemento subversivo. Detrás de él, parece diseñarse una maniobra típica de inteligencia. Una ofensiva a fondo para terminar de desgastar a Chávez sería una forma de torpedear por largo tiempo la incipiente unidad latinoamericana. Ésta comenzó a tomar cuerpo con el rechazo al Área de Libre Comercio de las Américas (Alca) y la conformación de la Unión Sudamericana, hoy apenas algo más que un sello sobre el papel, pero con potencialidades asombrosas.
Catalogar a Chávez como protector de la narcoguerrilla y arrastrarlo a un foro donde debería defenderse de ese cargo, promovería un circo mediático dirigido a desestabilizarlo. A partir de allí sólo faltaría darle la puntilla. Aunque, ¿quién le pone el cascabel al gato?
Miércoles, 26 de Enero de 2005 20:56 ;?> No hay comentarios. Comentar.
¿Qué intereses acechan y cuán legítimas son las pretensiones "autonomistas" de los departamentos (estados) bolivianos de Santa Cruz y Tarija? En días pasados, Guillermo Almeyra develó algunas claves de la crisis y la manipulación del oncepto "autonomía", que en la jerga del proyecto anexionista y desestabilizador del Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA) es presentado como sinónimo de "civismo" y "democracia" ("Santa Cruz: la autonomía reaccionaria", La Jornada, 23/1/05).
Hace unos años, la reaparición de tendencias separatistas en Ecuador hizo que un dirigente indígena dijese: "Los oligarcas de Guayaquil son los primeros que nos mandaron al diablo cuando pedimos autonomía, y ahora son los primeros en plantearlas para ellos".
¿Qué fuerzas criollas fomentaron el separatismo de Texas (1835), acabaron con las Provincias Unidas de América Central (1838), se declararon "súbditos" de la reina Victoria de Inglaterra en Yucatán (1849), solicitaron el protectorado de Francia en Ecuador (1859), impulsaron la "independencia" de Panamá (1903) o propusieron formar la República del Soconusco al tirano de Guatemala Manuel Estrada Cabrera (1913)? ¿Qué linaje de "demócratas" promueven hoy la "autonomía" de la provincia ecuatoriana de Manabí (donde una base militar del Pentágono opera como factor de "desarrollo") y en la República Bolivariana de Venezuela abogan por la "independencia" del Estado de Zulia?
En carta a Bernardo de Monteagudo, secretario del Libertador José de San Martín, Bolívar comenta un proyecto de sometimiento a Inglaterra, impulsado por la oligarquía de Buenos Aires y "el viento pampero que ocupa el cerebro de don Bernardino" (en alusión al argentino Rivadavia): "... Luego que Inglaterra se ponga a la cabeza de esta Liga seremos sus humildes servidores, porque, formando una vez el pacto con el fuerte, ya es eterna la obligación del débil. Todo bien considerado, tendremos tutores en la juventud, amos en la madurez y en la vejez seremos libertos..." (5 de agosto de 1823).
¿El proyecto del ALCA merece comentario distinto? Tras ser proclamada la Confederación de los Andes (Lima, 1826), que debía reunir en un solo haz a la gran Colombia, Perú y Bolivia, el Libertador dejó en la presidencia interina del Perú al mestizo boliviano Andrés de Santa Cruz y se devolvió a Bogotá para conjurar "la pérfida ingratitud" de Francisco de Paula Santander (vocero de tenderos y cafetaleros) y otros generales reacios a los hábitos democráticos de los pueblos liberados en las guerras de independencia.
Durante la efímera Confederación peruano-boliviana (1837-39), Santa Cruz trató de impulsar la integración subregional. Sin embargo, su propia pertenencia a la casta clásica de la dominación racial, la feroz oligarquía de Perú y las intrigas de pequeños o grandes caudillos, como el chileno Agustín Gamarra y el argentino Juan Manuel de Rosas, hicieron que en la Bolivia naciente también abortase el ideal bolivariano.
La vocación entreguista del nuevo eje económico que pasaba por Valparaíso y Buenos Aires (sobre el viejo centro Charcas-Potosí) hizo de Bolivia un país empobrecido, aislado y mordido por sus vecinos. Si en el norte de la subregión andina Ecuador siempre vivió al borde de la desintegración nacional, en el sur Bolivia la vivió de modo descarnado: Chile le arrebató la provincia de Antofagasta, dejándola sin mar (guerra del Pacífico, 1879-83); Brasil ocupó parte de su territorio amazónico (guerra del Acre, 1901-03) y Paraguay extensas regiones del suroeste, ricas en petróleo (guerra del Chaco, 1932-35).
Ahora llegó el turno de Santa Cruz. Con cerca de 2 millones de habitantes, limítrofe con Brasil y Paraguay y poco más extensa que Alemania (82 millones de habitantes), la economía de Bolivia depende de la ubérrima y próspera Santa Cruz: recursos agrícola-ganaderos, industria forestal avanzada, oro, gas y petróleo, a más de guardar en sus entrañas uno de los yacimientos de hierro más importantes del mundo: el Mutún.
Santa Cruz es un bocado suculento para los intereses económicos de Estados Unidos liderados por el Instituto de las Américas, en cuyo directorio figura el ex presidente boliviano Gonzalo Sánchez de Losada (derrocado por una rebelión popular en octubre de 2003), junto a representantes de Enron, British Petroleum, Shell y Maratón Oil. Sánchez de Losada también integra el American Council (que preside David Rockefeller), junto con delegados del Chase Manhatan Bank, el City Group y grupos económicos de la oligarquía chilena.
Al escribir sobre Santander, el venezolano Rufino Blanco Fombona (1874-1944) observó: "Quería a Cundinamarca, su patria chica, como Páez quería al Apure, como Nariño quería al Oriente. Estos mediocres localistas fueron, andando con el tiempo, los nacionalicidas de la gran patria que nos legó Bolívar. Ellos querían patrias del tamaño de su ambición: patrias microscópicas".
Miércoles, 26 de Enero de 2005 21:22 ;?> No hay comentarios. Comentar.